¿Cómo Nicaragua, como autocracias cerrada del continente americano, logra mantener su economía estable? A pesar de ser un régimen totalitario con rupturas diplomáticas, la economía del país está lejos de colapsar. De hecho, para este año la Comisión Económica para América Latina y el Caribe estima una tasa de crecimiento del 4,5% para la economía nicaragüense. Es la más alta del istmo centroamericano y también mayor a la media de América Latina.
¿Por qué no es un país económicamente arruinado como Cuba o Venezuela? Se observa que el clan autocrático de Daniel Ortega y Rosario Murillo (ORMU) se propuso no imitar la antieconomía del primer régimen sandinista de los años 80.
Para evitar la ruina económica del pasado, el sandinismo impuso un esquema corporativista con los grandes empresarios del país. Esto aseguró estabilidad y crecimiento hasta su punto de quiebre en 2018, cuando la insostenibilidad financiera del sistema de pensiones obligó a una cuestionable reforma que desencadenó protestas sociales y una posterior rebelión ciudadana reprimida con violencia estatal. Tras un trienio de recesión económica (2019-2021), el efecto rebote en 2021 antecedió la tendencia natural de crecimiento que se mantiene hasta hoy.
Qué explica la estabilidad macro
La estabilidad macroeconómica es posible a partir de un crecimiento productivo con cuatros determinantes. Hay un ritmo sostenido de exportaciones, con el oro en bruto como producto estrella. Las remesas monetarias constituyen más de ¼ del PIB. El acceso a préstamos de organismos multilaterales (el Banco Centroamericano de Integración Económica, la banca china, el Fondo de Kuwait y el Fondo Saudí). Y, la entrada de flujos de capital externo.
Las sanciones internacionales no han tenido un impacto negativo en el proceso económico. La emigración masiva de talento humano y mano de obra quitó presión al mercado laboral. La política fiscal es sostenible, la política monetaria eficaz y el grado de endeudamiento público es manejable. Los grandes grupos económicos se muestran sólidos, la actividad comercial es dinámica y la rentabilidad bancaria es muy lucrativa.
Paralelamente, el país aprovecha los beneficios del acuerdo comercial CAFTA-DR con EEUU, su principal socio comercial. El comercio centroamericano marcha bien y se mantiene el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea. A su vez, Managua profundiza sus relaciones bilaterales con Beijing para captar inversiones chinas en creación de infraestructura y actividad minera.
En 2024 las remesas monetarias alcanzaron los US $5.243 millones, superando por un factor de 3,4 el flujo de inversión extranjera directa del mismo año. Las divisas sostienen el consumo nacional y acrecientan las reservas internacionales que se aproximan a la cifra récord de US $10 mil millones.
Macro-espejismo y malestar económico
Pese a lo anterior, se trata de un crecimiento sin desarrollo. No se observa una transformación productiva, los indicadores de calidad de vida se reportan invariables y se aprecia una acelerada degradación ambiental. Esto denota una paradoja de crecimiento con malestar económico en un entorno institucional deficiente. La estabilidad macro proyecta un efecto espejismo, ya que como examen general no revela variables sensibles que ameritan análisis especial.
La canasta básica tiene un ascenso imparable mientras los salarios reales continúan estancados. Por otra parte, la trampa del desempleo encubierto explica que 3 de cada 10 personas estén subempleadas y una informalidad laboral que alcanza ¾ de la población ocupada. Nicaragua sigue registrando el PIB per cápita más bajo de Centroamérica, es la economía más pequeña de AL, una de las más pobres y con un documentado rezago educativo.
Patrimonialismo e intervención distorsiva
A diferencia del régimen estatista y de economía cerrada de La Habana, Managua conserva una economía de mercado y abierta. El estamento burocrático-militar ocupa los puestos de mando de la economía cubana. En cambio, el clan ORMU, a expensas de la captura estatal y los fondos públicos, participa en los negocios más rentables del sector empresarial nicaragüense.
La familia es el partido, el partido es la familia y ambos son el Estado. Este patrimonialismo es intrínseco a una especie de “socialismo corporativo”, ya que entre la casta familiar —sus operadores, militares y empresarios prebendarios— se socializan los privilegios y las ganancias fruto de convertir la macroestructura estatal en una inmensa corporación familiar, mercantil y delictiva.
La intervención estatal es distorsiva y extorsiva con la recaudación tributaria a punta de pistola, instituciones deficientes y atropello a los derechos económicos. Los servidores públicos pagan un “impuesto partidario” y se reportan violaciones a los derechos de propiedad. Acorde con fuentes serias, la percepción de corrupción es de las peores del mundo y el país económicamente es mayormente no libre. Pero las condiciones de mercado dan margen de maniobra para que los agentes económicos pacten sus propias transacciones.
En suma, si la gente resuelve económicamente no es gracias a la dictadura, sino a pesar de ella. El régimen sandinista sobrevive con su estrategia de “dictadura benevolente”, con rupturas diplomáticas pero sin aislamiento económico. La emigración masiva relajó la presión social y la estabilidad macro es un espejismo que no deja ver el malestar polivalente que podría estremecer el statu quo.
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