El Barómetro de las Américas 2026 ofrece una noticia favorable que exige cautela: después de más de una década de deterioro, el apoyo a la democracia volvió a crecer en América Latina. El 65% considera que, pese a sus problemas, la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno. Son seis puntos más que en 2023 y el nivel más alto en más de diez años. El aumento aparece en casi todos los países, edades y niveles educativos; no está concentrado en un sector. Además, el Barómetro de las Américas sirve como referencia clave para analizar esta tendencia positiva.
¿Reconciliados con la democracia o no?
La recuperación no equivale a una reconciliación definitiva con el sistema. Uruguay registra 86% de apoyo y Perú apenas 50%. Entre ambos extremos, la región vuelve a valorar la democracia, pero la juzga por resultados concretos. Quienes no sufrieron solicitudes de soborno policial muestran diez puntos más de apoyo democrático. Para aquellos que no padecieron inseguridad alimentaria, nueve puntos más. Y finalmente, quienes mejoraron sus ingresos económicos tuvieron siete puntos más que aquellos cuyos ingresos disminuyeron. La democracia recupera respaldo cuando la vida cotidiana deja de empeorar, según datos reflejados por el Barómetro de las Américas.
El problema es que la mejoría material no ha producido una recuperación equivalente de la confianza en el gobierno. El informe no presenta una única medida general de “satisfacción con las instituciones”, pero sí indicadores precisos sobre cómo la ciudadanía experimenta al Estado. La satisfacción con los servicios municipales subió desde cerca de 30% en 2018/19 hasta 36% en 2026. Permanece baja y desigual: alcanza 52% en Nicaragua y 50% en Honduras, frente a 16% en Bolivia y 18% en Perú. Además, solo cuatro de veinte presidentes obtienen aprobación mayoritaria, mientras la solicitud de sobornos policiales continúa alrededor de 11% o 12% desde hace una década.
El hallazgo más delicado
Apoyar la democracia no significa necesariamente defender sus contrapesos. El Barómetro de las Américas no mide de manera directa la aceptación de “disolver” el Legislativo o la Corte Suprema. Mide algo distinto, aunque relacionado: la disposición a tolerar que el presidente ignore jueces y pase por encima de la legislatura, manipule la ley, limite a la oposición o gobierne sin obstáculos. La precisión evita exagerar el dato, pero no reduce su gravedad.
El apoyo general a la democracia no implica necesariamente respaldo a todas sus reglas liberales. Muchas personas dicen preferir la democracia, pero toleran que el Ejecutivo debilite controles institucionales. La excepción son las elecciones: quienes rechazan las normas electorales muestran apenas 42% de apoyo democrático, mientras que entre quienes las respaldan el apoyo sube a 72%. Esto sugiere que, para buena parte de la ciudadanía, la democracia se asocia ante todo con votar, más que con limitar el poder de quien gana. En pocas palabras, en la cosmovisión latinoamericana actual la democracia comienza y termina en la elección del gobernante. Por tanto, el Barómetro de las Américas resulta fundamental para comprender cómo se perciben los límites del sistema.
¿Qué significa la democracia hoy?
El nuevo índice de apoyo al “mayoritarianismo iliberal” confirma esta tensión. Su promedio va de 4,46/7 en El Salvador a 3,36/7 en Argentina. Más de 60% de los encuestados en El Salvador, República Dominicana, Honduras y Guatemala se ubica entre 4 y 7/7. En la mayoría de los demás países, al menos la mitad ocupa ese rango. Incluso en Argentina y Uruguay supera 35%. No es una actitud marginal ni confinada a democracias en retroceso. Es una concepción extendida según la cual ganar elecciones habilita al Ejecutivo para reducir controles, derechos y voces opositoras. De hecho, el Barómetro de las Américas revela cómo este fenómeno afecta la calidad democrática.
La paradoja se entiende mejor al observar qué significa democracia para los latinoamericanos. La aplicación de la ley es la asociación principal para 30,3%, seguida por la igualdad con 25% y la libertad con 24,4%. La participación ciudadana alcanza 10,5% y las elecciones 9,7%. La demanda social es de orden, trato justo y derechos. El riesgo aparece cuando un liderazgo presenta esos resultados como incompatibles con los límites institucionales y convierte la mayoría electoral en autorización para gobernar sin frenos.
Giro a la derecha
El llamado giro a la derecha también exige precisión. La autoubicación en la derecha subió a 36% en 2026, después de permanecer entre 31% y 34% desde 2006 hasta 2023. Es un aumento real, pero inferior al 41% de 2004. Hubo avances importantes en Colombia, de 29% a 40%, Panamá de 23% a 33%, Bolivia de 25% a 34%, y Brasil, de 46% a 50%. Sin embargo, Argentina bajó de 27% a 26% y Chile solo pasó de 23% a 28%, pese a las victorias de dirigentes de derecha mencionadas por el informe.
Por eso, el Barómetro no permite concluir que América Latina haya abrazado de forma duradera a la extrema derecha. Esa denominación aparece asociada en el informe a candidaturas concretas, mientras la variable regional mide autoubicación en la derecha, cuyo significado cambia según cada país. Lo que existe es una ola electoral conservadora más intensa que el desplazamiento ideológico de la ciudadanía. Puede expresar castigo a los oficialismos, búsqueda de eficacia o adhesión personalista sin consolidar una nueva identidad política.
La conclusión es incómoda, porque la democracia recupera apoyo, pero no necesariamente defensores de todas sus reglas. La ciudadanía valora elecciones, seguridad, igualdad y libertad, pero mantiene reservas frente al desempeño gubernamental y disposición a flexibilizar controles. El desafío regional no consiste solo en mejorar indicadores económicos o ganar elecciones limpias, sino en reconstruir la idea de que el Congreso, los jueces y la oposición no son obstáculos para gobernar, sino condiciones para que una mayoría democrática no se transforme en poder sin límites. Por último, el Barómetro de las Américas aporta elementos esenciales para el debate en torno al futuro político de la región.
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