Renovación y tradición en las primarias de Uruguay 2019

Urnas de votación en Uruguay
Urnas de votación en Uruguay

Existe un amplio acuerdo entre los analistas en cuanto a que la elección primaria celebrada el domingo 30 de junio se realizó bajo el signo de la renovación. Existe abundante evidencia para sostener esta afirmación. Sin embargo, como veremos, la elección también demostró la persistencia de las principales tradiciones políticas uruguayas.

Urnas de votación en Uruguay
Urnas de votación en Uruguay

En el Frente Amplio el proceso de renovación fue radical. Ninguno de los tres grandes líderes que signaron la historia reciente de la coalición de izquierda pugnó por la candidatura presidencial. Tabaré Vázquez estaba constitucionalmente impedido de hacerlo al no existir la regla de la reelección inmediata. Danilo Astori, que hubiera querido intentarlo de nuevo, no obtuvo el apoyo interno imprescindible. José Mujica consideró que debía dar un paso al costado. El lugar de las figuras históricas fue ocupado por personalidades con trayectoria pero sin antecedentes en la competencia por la nominación presidencial.

En el Partido Nacional (PN) la tendencia a la renovación fue encarnada por la irrupción de Juan Sartori, un joven empresario sin ningún antecedente político conocido. Mientras que la renovación en el FA transcurrió sin estridencias, en el PN la temperatura se fue elevando a medida que el recién llegado iba implementando su polémica estrategia: mucho dinero en marketing, muchas promesas sin sustento y tanta propaganda negra como le fue posible. Pese a fracasar en su principal objetivo (el de ser nominado candidato a la presidencia), Juan Sartori logró terminar la carrera en segundo lugar.

También en el Partido Colorado asistimos a la irrupción de un outsider. Ernesto Talvi es un recién llegado a la competencia política. Aunque durante más de dos décadas tuvo una participación muy activa en el debate público desde CERES (un think tank de orientación liberal con buena relación con el mundo empresarial), nunca había militado en un partido político. A diferencia de Sartori, optó por hacer una campaña sin promesas fáciles y sin atacar a sus rivales. Pese a competir contra una verdadera leyenda de la historia reciente, como el expresidente Julio María Sanguinetti, Talvi obtuvo una victoria rotunda.

La renovación de la oferta tuvo otras manifestaciones. Entre ellas hay que destacar el desempeño de otros dos outsiders. El general Guido Manini Ríos, ex comandante en jefe del Ejército, encabezando un partido completamente nuevo llamado Cabildo Abierto, logró una votación extraordinaria que lo deja en la puerta de acceder al Senado en la elección nacional de octubre. El Partido de la Gente que lidera el empresario Edgardo Novick también obtuvo un apoyo significativo, aunque la aparición de Manini Ríos le quitó espacio en el tablero político.

El soplo renovador no es tan difícil de explicar. Los estudios de opinión pública muestran la existencia de algunos signos de cansancio y de frustración en la ciudadanía. Indicadores muy significativos, entre ellos el interés en la política, el apoyo a la democracia, la confianza en los partidos y la simpatía hacia los principales líderes, están su nivel más bajo de las últimas tres décadas.

De todos modos, la elección del domingo no solo aportó evidencia acerca de la demanda de renovación. También mostró la solidez de la democracia uruguaya y la vigencia de sus partidos. La tasa de participación en la elección trepó a 40 % desde el 37 % de la elección anterior. Salvo en el caso de Sartori, todos los precandidatos que ofrecieron novedad dentro de los principales partidos mostraron respeto por las instituciones y evitaron comportamientos desleales con sus ocasionales rivales. El FA volvió a practicar el culto de la unidad que tanto lo distingue. Los blancos, fieles a su historia, pusieron el toque de emoción. El candidato vencedor entre los colorados abrazó a Sanguinetti y recordó con la voz quebrada a Jorge Batlle, su gran mentor. Hasta en la sorpresiva votación del general Manini Ríos hay un toque de tradición. Pertenece a una familia profundamente comprometida con la vida política del país desde hace más de un siglo. Además, al fin de cuentas, no es el primer militar que decide irrumpir en la vida política uruguaya (y latinoamericana).