Construyendo puentes

Hace cien semanas iniciábamos nuestro boletín con la ilusión de enriquecer el debate democrático, fortalecer la política y, ante todo, construir puentes. Saludamos a nuestros lectores y amigos, a las publicaciones colegas y recordamos con emoción y agradecimiento a Claudio Agurto, del Centro Democracia y Comunidad de Chile.

Propuestas populistas o antisistema inquietan el escenario político en Europa y en Latinoamérica. Las empresas encuestadoras erran en sus pronósticos y los comentaristas no encuentran explicación para estos fenómenos sorprendentes.

¿Por qué tantos ciudadanos optan por los extremos políticos? ¿Se están muriendo las democracias? ¿Se extinguen los partidos políticos en los que se apoyaban? ¿Se termina la confianza en el progreso basado en el desarrollo? ¿Será verdad que el orden mundial liberal es frágil y que está retornando la ley de la selva? [1]

La modernidad prometió certezas fundadas en la confianza en una combinación virtuosa de progreso económico y tecnológico, y de gobernantes emanados de actos electorales libres. Algún día habría una solución para cada problema y un gobernante capaz de administrar las crisis y ofrecer un futuro venturoso.

Sin embargo, las nuevas complejidades desafían al andamiaje institucional y ponen en jaque la sensación de protección, de confianza en el futuro. El irrefrenable avance de la ciencia y la constante innovación tecnológica no trasmiten seguridad sino más bien desconcierto. El comienzo del siglo XXI está signado por la incertidumbre. Las causas son fenómenos emergentes y relativamente imprevistos como el cambio climático, las tecnologías disruptivas y su correlato de pérdida de puestos de trabajo, las migraciones masivas, la nueva inseguridad. Da la impresión de que las instituciones estatales, las de la democracia, llegan tarde y corren tras las crisis. Por un lado, el avance tecnológico, que indudablemente permitió mejorar la vida en muchos aspectos, tiene un correlato de crisis ambientales y emergencia de nuevos problemas. Por otro lado, los partidos políticos son desafiados por movimientos surgidos a partir de ciudadanos disconformes y seguidores de líderes carismáticos. La promesa de soluciones radicales y definitivas y la comunicación directa entre el líder y cada ciudadano proponen sustituir las organizaciones que hasta ahora eran el fundamento de la democracia.

En este contexto incierto, se constata una merma en la participación en elecciones y la consecuente pérdida de legitimidad de los gobiernos que provienen de estas. Los numerosos escándalos de corrupción aumentan la desazón de los electores y los hacen más sensibles a ofertas populistas. En los últimos años se produjeron resultados preocupantes en elecciones nacionales y consultas populares. Muchas veces los comentaristas políticos y las encuestas erraron en sus pronósticos. En vez del resultado aparentemente razonable y responsable, surgen resultados que no auguran políticas responsables.

La democracia muere cuando se destruyen sus fundamentos formales, sus reglas de juego. Pero también desaparece cuando se convierte al otro en un enemigo a ser destruido, cuando se limita su libertad de expresión, cuando no se tienen en cuenta infinidad de reglas de convivencia basadas en la experiencia, en la cultura democrática. No alcanza con votar, pero este acto es indispensable para dar legitimidad a los administradores de la cosa pública. Los nuevos desafíos requieren de una nueva ciudadanía, informada y comprometida con lo público y con el futuro.

La historia nos puede dar pista: hace cuatro siglos se iniciaba la guerra de los Treinta Años. En ella las fidelidades religiosas, nacionales y los meros intereses geopolíticos trazaron líneas de conflicto, confusas y cambiantes que sometieron a los habitantes de aquella Europa central a una vida llena de penurias. A partir de la Paz de Westfalia se fundó una forma de convivencia basada en el concepto de soberanía. Pero dicho acuerdo parece no alcanzar, en un mundo interconectado y complejo sometido a tantas emergencias.

Tal vez la incertidumbre sobre el presente haga al ciudadano del mundo actual más sensible a la oferta populista. Tal vez el temor frente a un futuro imprevisible nos dé claves sobre los comportamientos también imprevisibles de tantos electores.

Desde la plataforma Diálogo Político queremos despertar el interés por la política, identificar transformaciones y contribuir a colocar en la agenda temas relevantes. Pero probablemente lo más importante sea el intento renovado de construir puentes, tanto entre Europa y Latinoamérica como entre disciplinas y saberes, tanto entre lo público y lo privado como entre los ciudadanos.

Hace cien semanas nos propusimos un boletín semanal con una selección de notas, reportajes y noticias. Hoy renovamos la invitación a la reflexión y el debate, y, ojalá, al fortalecimiento de la democracia.

 

Nota

[1] The liberal world order is fragile and impermanent. Like a garden, it is ever under siege from the natural forces of history, the jungle whose vines and weeds constantly threaten to overwhelm it. (Kagan, Robert. 2018. The Jungle Grows Back. Knopf Doubleday Publishing Group, edición de Kindle.)