El debate feminista: perspectivas latinoamericanas y europeas

¿Qué relevancia tiene el movimiento #MeToo hoy en América Latina? ¿Qué significado tiene el término para las mujeres en los países latinoamericanos y cómo trata la región el tema del feminismo en general?

Marcha en el Día de la Mujer. Buenos Aires, 8 de marzo de 2018 | Foto: Lea Schütz

Marcha en el Día de la Mujer. Buenos Aires, 8 de marzo de 2018 | Foto: Lea Schütz

Cuando vine a Argentina a principios de 2018, el debate #MeToo recién comenzaba a ponerse en marcha con las acusaciones contra el cineasta estadounidense Harvey Weinstein.

Desde mi punto de vista de joven europea hay que comprender el debate #MeToo como un movimiento de mujeres que finalmente comenzaron a hablar sobre todas las formas de discriminación sexual que han experimentado u observado, sea en el ámbito privado, en el trabajo o en cualquier espacio público. Eso puede, por ejemplo, incluir el abuso sexual en sus distintas facetas, el acoso callejero o simplemente un comentario, un toque, en el fondo inocente pero sin embargo inapropiado. Además, a pesar de hablar públicamente sobre discriminación sexual, el movimiento #MeToo significa que creció la conciencia social en cuanto a comportamientos sexuales considerados inadecuados o ilegítimos.

Parece que ahora más mujeres, y hombres también, realmente sienten que es legítimo denunciar a cualquier persona, sea el jefe del trabajo, un amigo de la familia o un desconocido en caso de abuso o acoso sexual. No es que las mujeres europeas o latinoamericanas antes no fueran conscientes de la posibilidad de la denuncia. Sin embargo, una denuncia está vinculada estrechamente al estigma que todavía acompaña a una mujer que denuncia a su agresor, se trate de un famoso o no. Estigma quiere decir que la opinión pública a menudo pone en duda acusaciones de mujeres que hablan sobre experiencias que sufrieron en el pasado o recientemente. ¿Realmente pasó como ella dice? Y si es así, ¿por qué se demoró tanto en hacer la denuncia?, ¿por qué se anima a hablar ahora? Parece que siempre quedan dudas.

Otro aspecto importante es el estereotipo de mujer, de comportamiento femenino, vigente en la sociedad. Una siente que en partes de América Latina todavía prevalece un pensamiento conservador sobre la apariencia y actitud de mujeres tanto en el espacio público como en el privado. En ojos de muchos parece existir la percepción de una relación entre la vestimenta, la apariencia física de una mujer y la ocurrencia del acoso o abuso. «Esta manera de vestirse en sí es una provocación»… así o parecido suelen sonar algunos prejuicios que circulan en parte de las sociedades latinoamericanas y en otros lados.

No afirmo que en la región europea las mujeres ya cuenten exactamente con los mismos derechos que los hombres. En ciertos momentos parece que, en la percepción latinoamericana, lo que ocurre es que en Europa la mujer está muy avanzada en varios ámbitos: derechos laborales, posición dentro de la familia y su autoconciencia como mujer, por ejemplo. Probablemente, la mujer europea se encuentra en una situación más favorable que una mujer con una preparación profesional y posición social comparable en América Latina. La cultura latinoamericana sin duda es diferente a la europea. Aunque una siente que acá una mujer se tiene que enfrentar más con el machismo cultural que una mujer en Europa central, es importante darse cuenta de que la igualdad de género absoluta allí tampoco existe.

También hay que destacar otros resultados que ha generado el debate feminista. En Argentina, por ejemplo, está en plena marcha tanto el movimiento Ni una menos como la lucha por el aborto legal. A partir de luchar por el aborto legal, un derecho que en muchos países europeos ya existe, las argentinas también quieren poner fin a este machismo que todavía prevalece en la sociedad. Así, en Buenos Aires decenas de miles de mujeres de todas edades y posiciones sociales salen a la calle a manifestar, por ejemplo. En esas manifestaciones, como también en la vida diaria, una siente un vínculo bastante fuerte de unidad y cohesión entre las argentinas, en cuanto a la lucha por sus derechos y contra el patriarcado. Además, muchas mujeres latinoamericanas, no solo argentinas, se movilizan bajo del movimiento Ni una menos, a denunciar públicamente la violencia de género que sufren mujeres en todo el continente.

Tengo la sensación de que no solo entre las mujeres sino también entre los hombres aumentó la conciencia con respecto a comportamientos sexuales y sociales inadecuados. Y parece que finalmente existe un discurso más sincero sobre el tema, entre amigos o colegas, por ejemplo. Un discurso más abierto, más transparente en cuanto al manejo con #MeToo y el debate feminista en general favorece a todos, no solo a las (o los) ya afectadas.