El avance de la inseguridad, empujado por el crimen organizado, preocupa en Costa Rica, un país que durante décadas se posicionó como las democracias más estables en América Latina. Hoy, con tasas de homicidios en alza, puertos convertidos en nodos del narcotráfico y un electorado crecientemente desencantado, la seguridad se ha convertido en el principal campo de disputa política.
En ese contexto, Juan Carlos Hidalgo, precandidato presidencial por el Partido Unidad Social Cristiana, propone romper con los esquemas tradicionales: desde la idea de una policía europea operando en el Puerto Limón hasta una revisión del rol del Estado en materia de seguridad y cooperación internacional.
En esta entrevista, Hidalgo reflexiona sobre la corresponsabilidad de Europa en la lucha contra el narcotráfico, los límites del modelo Bukele, la crisis de representación de los partidos de centro y la necesidad de asumir una radicalidad democrática frente al avance del populismo autoritario.
Para Hidalgo, el modelo tradicional de hacer política ya no alcanza para enfrentar amenazas como el narcotráfico, que desafían la soberanía y llevan al electorado a buscar soluciones rápidas.
La bandera de la seguridad
Como precandidato, plantea la necesidad de crear una policía europea en el puerto de Costa Rica para frenar el fenómeno del crimen organizado. Para Europa hoy es inminente la guerra de Ucrania, ¿cómo se la puede seducir para colaborar con América Latina?
—Bueno, aquí el tema es que esta es una lucha compartida. Los países latinoamericanos por décadas hemos estado poniendo a los muertos para evitar que tanto estadounidenses como europeos consuman cocaína. Y ese no es nuestro problema, en cuanto a ser la fuente del consumo. Pero somos países productores y países de tránsito y en nuestros países se origina una violencia terrible que deja cientos de miles de muertos en toda la región. En el caso particular de Costa Rica, nos hemos convertido en uno de los principales focos de exportación de cocaína a Europa.
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Costa Rica es exitoso como exportador principalmente de productos agrícolas; piña, banano, café, frutas, helechos. Y los carteles han identificado que es muy fácil contaminar estas exportaciones legítimas con cocaína. Lamentablemente, las fuerzas policiales de Costa Rica tienen la capacidad de controlar el único puerto que nosotros tenemos en el Caribe (Puerto Limón), que es la fuente de todas las exportaciones a Europa.
Es por eso que, apelando a que esto es un problema compartido, que requiere soluciones compartidas, planteamos la presencia de un cuerpo policial de la Unión Europea en nuestro puerto, para que los europeos garanticen que las exportaciones no vayan contaminadas a sus tierras. Es un puerto pequeño para los estándares europeos. Solo a través de la cooperación internacional vamos a poder derrotar a un enemigo que no respeta fronteras.
Apela al principio de la corresponsabilidad: no hay venta sin comprador. Pero, ¿qué tanto peso político tiene al momento de llegar a acuerdos?
—También hay que apelar a los intereses de los europeos. Yo estas conversaciones ya las he tenido con nuestros partidos hermanos, con eurodiputados, con el Comisionado Europeo de Asuntos Interiores, entre otros. Y el raciocinio es muy simple: a la Unión Europea le es más conveniente tratar de garantizar la seguridad de un puerto pequeño en Costa Rica que tratar luego de andar jugando de gato y ratón en puertos enormes como los de Hamburgo, Amberes, Rotterdam, entre otros. Entonces, incluso desde un punto de vista meramente pragmático, dejando de lado el principio de solidaridad y corresponsabilidad que debe primar en la lucha contra el crimen organizado, es incluso en el interés de la Unión Europea dedicar sus recursos de una manera más eficiente a blindar los puertos donde está saliendo la droga en América Latina.
Al mismo tiempo, esto se plantea en un año en el que hubo críticas y recortes en cooperación internacional. ¿Cómo observa esta situación?
—Nosotros somos conscientes de que en este momento Europa también se encuentra en una situación delicada. Está experimentando una guerra por violación de fronteras, la primera de la Segunda Guerra Mundial. Los presupuestos de defensa en la Unión Europea y en los países de la OTAN vienen subiendo, se habla hasta del 5%. Y por supuesto que en un mundo de recursos limitados esto requiere recortar la ayuda en otros ámbitos. Entonces somos conscientes que la época de la cooperación internacional generosa ya probablemente no está sobre la mesa. Sin embargo, nuevamente, creo yo que el tema del crimen organizado no solo es un problema de América Latina. El impacto del narcotráfico también se siente adentro de Europa.
Y recordemos otra cosa también, mucha de la droga que llega a Europa se va a Medio Oriente. Se está consolidando como uno de los principales mercados de consumo de cocaína. Por lo tanto, tenemos que apelar a esta cooperación intrafronteriza para hacerle frente a este flagelo.

El modelo Bukele, ¿una referencia?
Comenta que Costa Rica pasó de ser la Suiza de Centroamérica a el segundo país con mayor tasa de homicidios en la región. Cercanos a El Salvador, ¿qué opina sobre el modelo Bukele y que dirigentes latinoamericanos hayan expresado la intención de aplicarlo en sus países?
—Bueno, ahí enfrentamos una muy cruda realidad y es el hecho de que efectivamente El Salvador se pacificó. Pasó de ser uno de los países más violentos del mundo a uno con la menor tasa de criminalidad de las Américas. Pero esto se logró de una manera brutal, prácticamente destruyendo la democracia de El Salvador. Nayib Bukele es tremendamente popular en su país y eso le ha permitido desmantelar de manera sistemática todos los pesos y contrapesos de la democracia. Y esa popularidad se siente en todas partes, también en Costa Rica.
De hecho, la popularidad del presidente Chávez se disparó 10 puntos porcentuales en noviembre del año pasado, cuando tuvo visita de Estado a Nayib Bukele. Nayib Bukele incluso está empezando a interferir en el proceso electoral costarricense, mandando mensajes de apoyo a la candidata de gobierno. Entonces sí, es una situación muy complicada porque en Costa Rica también la gente está apelando a la mano dura y a un modelo como el de Bukele para combatir el crimen organizado.
Irónicamente, si usted ve las decisiones que ha tomado la administración Chávez en combate al crimen organizado, más bien ha sido facilitador del crimen organizado. Desmanteló el servicio de guardacostas de Costa Rica y por lo tanto la droga está entrando libremente por nuestras fronteras. Retiró a la policía el control de drogas de aeropuertos y fronteras. Pasamos de ser uno de los países que más incautaba cocaína en la región a uno de los que menos. Entonces, no vemos que el modelo de Bukele más bien está siendo implementado, más bien todo lo contrario. Vemos acciones facilitadoras por parte de Chávez que están dando como resultado que el deterioro en la seguridad sea cada vez más grande.
Sin embargo, ¿piensa que algo se puede rescatar del modelo Bukele?
—Obviamente necesitamos un endurecimiento de la política hacia el crimen organizado. Como costarricenses, que por tantos años nos hemos apreciado de ser un país que no tiene fuerzas armadas y civilista, nuestra policía ha sido débil. Tenemos que replantearnos eso: necesitamos cuerpos policiales robustos, cuerpos policiales sofisticados. Necesitamos hacer una gran inversión en seguridad y para ello tenemos que tener conversaciones difíciles en materia presupuestaria dentro de nuestro país. Obviamente apelamos a la cooperación internacional para ciertas cosas. Pero tenemos que hacer la tarea: endurecer leyes, necesitamos un poder judicial que garantice justicia pronta y cumplida que en este momento no la tenemos. En fin, necesitamos cambios radicales pero todo en el marco de las tradiciones republicanas y la democracia.
Los desafíos de ser candidato
Actualmente, en su moderación, a los dirigentes de centro les cuesta ser populares y movilizar al electorado. Incluso, como precandidato, no tiene muchos seguidores en redes sociales. ¿Por qué pasa esto y cómo puede volverse más atractivo el centro hoy?
—Bueno, no es nuestra naturaleza pegar gritos. No es nuestra naturaleza volvernos locos. Nosotros, en el caso del Partido Unidad Social Cristiana en Costa Rica, somos una opción que siempre va a apelar a soluciones concretas a los problemas que tenemos. Eso no quiere decir que vamos a ser tímidos a la hora de plantear reformas que son muy necesarias en Costa Rica. Tal vez ese ha sido el pecado de la centroderecha en nuestro continente, que hemos sido tímidos, que hemos presentado propuestas más tendientes a administrar problemas que a resolverlos.
Tenemos que apelar a la radicalidad en algunos casos, para generar empleo, para generar crecimiento económico, para traer prosperidad a nuestros países. El populismo autoritario no ocurre en un vacío. El populismo autoritario echa raíces cuando hay desencanto popular, desencanto ante una clase política que no da respuestas a la ciudadanía. Entonces, nosotros tenemos que jalar para nuestro saco, y admitir que el modelo tradicional de hacer política no aplica más y que necesitamos ser mucho más atrevidos, mucho más radicales en las propuestas que presentamos.
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Las encuestas de opinión pública muestran un porcentaje alto de indecisos y fragmentación política. ¿Es normal que esto suceda en una de las democracias más plenas de América Latina?
—Ha sido la característica de las últimas tres elecciones. Esperan hasta la última semana, que es cuando ocurren los debates presidenciales, para tomar la decisión. Esa ha sido la tónica en las últimas tres elecciones.
En ese sentido, ¿qué reflexión hace sobre el electorado?
—Bueno yo creo que yaese es el nuevo normal. Los tiempos en que la gente nacía en un partido político ya no van a regresar. Nosotros tenemos que acostumbrarnos como partidos políticos. Esto no es una acusación contra los partidos políticos. No conozco ninguna democracia robusta en el mundo donde no haya un sistema de partidos políticos robusto. Pero están esperando soluciones concretas a los problemas que nos están afligiendo. No podemos hablar de las glorias de antaño. Ahora tenemos que decir qué vamos a hacer para solucionar esta grave crisis de seguridad que tenemos. Qué vamos a hacer para enfrentar un declive enorme que ha experimentado el sistema educativo nacional, la seguridad social entre otros debates. Ser el que tiene el mejor programa de gobierno y ser el que tiene la mejor visión país.
Esta entrevista fue realizada en el marco del Foro América Libre, en octubre de 2025.