¿Qué capacidad tiene la oposición para influir en la transición venezolana?

El bloque tiene legitimidad popular pero carece de poder real. Mientras Washington negocia con el chavismo, María Corina Machado y la Plataforma Unitaria buscan no quedar al margen de una transición que aún no despega.

Por: Ángel Arellano 7 May, 2026
Lectura: 8 min.
María Corina Machado y Edmundo González Urrutia. Oposición venezolana.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
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La reconfiguración del tablero político venezolano dejó a la oposición en una posición paradójica, aunque con visos de ventaja. Tiene legitimidad popular, pero sin control sobre los resortes institucionales, sin ser el actor central en la mesa de negociación para el restablecimiento de la industria petrolera y el diseño de la transición.

¿Qué le queda a la oposición venezolana en este nuevo escenario? ¿Es la apuesta de María Corina Machado por regresar y coordinar los activos políticos de la oposición una simple intención o existe un plan realista? ¿Qué futuro aguarda a la oposición interna que ha participado en las elecciones parlamentarias y regionales de 2025 y gobierna algunos espacios locales?

Transición estancada

El llamado plan de tres fases elaborado por Rubio contempla: 1) la reorganización del negocio petrolero y la estabilización del país en términos de servicios básicos; 2) la recuperación del tejido social y las condiciones para la convivencia; 3) la transición política.

Parece que el país se encuentro un poco en la primera y otro tanto en la segunda fase, definitivamente alejado de la tercera. ¿Por qué? De la primera fase resalta la reforma de la Ley de Hidrocarburos y la cooperación con EEUU para recibir las regalías de la venta de petróleo controlada desde la administración Trump. Sin embargo, la agobiante inflación y el mal estado de los servicios públicos es aún asfixiante para la estabilización de lo elemental. De la segunda fase, algunos gestos: la liberación de un número importante de presos políticos y la apertura de algunos medios de comunicación para transmitir a MCM y la oposición, y la tolerancia relativa a protestas sociales, como las encabezada por el movimiento estudiantil universitario y algunos sindicatos en Caracas y diversas capitales del interior.

No obstante, de la transición política —que exige cambios en la autoridad electoral, el sistema de justicia y el reconocimiento de todos los actores políticos— no hay una señal clara. Trascendió la noticia de una jubilación anticipada de magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, sin un reemplazo concretado.

Delcy Rodríguez presenta ley de amnistía. Foto: AFP
Delcy Rodríguez presenta ley de amnistía. Foto: AFP

Oposición: entre marginalidad y reacomodo

Es claro que EEUU tiene como principal interlocutora a la vicepresidenta Delcy Rodríguez y no a la Plataforma Unitaria Democrática (PUD) o María Corina Machado. Marco Rubio afirmó al principio que esto es así por la falta de poder real de la oposición en el terreno, en efecto cierto.

Rodríguez ha demostrado capacidad para introducir cambios sin desestabilizar el sistema —desde la renovación del gabinete hasta la remoción de figuras clave—, lo que la posiciona como garante de cierta estabilidad en el corto plazo. Para la oposición, este escenario es un arma de doble filo: reduce el costo político de una transición incierta y de altísimo riesgo, en un país institucionalmente devastado, y al mismo tiempo la relega a un rol de espectador, sin incidencia en la hoja de ruta inmediata y con el riesgo de erosionar su capacidad de convocatoria. La oportunidad está en enfocar la reorganización opositora dentro y fuera del país.

[Lee: Paola Bautista Alemán: “La oposición venezolana tiene que exigir lo que sea posible”]

Machado y Edmundo González enfrentan el desafío de mantener la cohesión y visibilidad en un contexto donde el poder real se disputa entre Washington y sectores del chavismo dispuestos a negociar. La creación de la Oficina de Vocería Presidencial (diciembre 2025) buscó precisamente ordenar el mensaje y evitar contradicciones para sortear las dificultades de operar desde el exterior, bajo persecución y fragmentación.

La exposición de la líder Machado ha buscado: 1) alinear el discurso opositor; 2) agradecer el apoyo de los ciudadanos estadounidenses para garantizar el soporte del gobierno Trump; 3) mantenerse como referente activa. Su épica salida para recibir el Nobel hizo posible una multiplicidad de reuniones y conferencias, antes reducidas a instancias virtuales breves, riesgosas y con las restricciones de la clandestinidad. En el exilio, Machado y su equipo han podido calibrar el potencial de la oposición.

La estrategia opositora combina presión internacional (sobre todo para la liberación de presos políticos), construcción de legitimidad y reorganización interna. Sin embargo, los límites estructurales son evidentes. El control del régimen sobre el Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia limita la capacidad de la oposición para legalizar sus partidos, postularse a futuras responsabilidades de gobierno y en consecuencia liderar la transición.

MCM, eje de la oposición

Como líder de la oposición, MCM no deja de generar repercusiones, sobre todo por declarar su intención de regresar a Venezuela y de gobernar el país. ¿Es una estrategia para mantener la cohesión con sus seguidores o existe un plan concreto para disputar el poder en el nuevo escenario?

El respaldo internacional (Marco Rubio y el gobierno de EEUU, Emmanuel Macron, Giorgia Meloni, José Antonio Kast, Felipe González) refuerza el liderazgo simbólico de Machado. Pero no resuelve el dilema operativo: sin control territorial, la posibilidad de que Edmundo González o la propia Machado asuma el poder depende más de factores externos que de una estrategia propia. Por ejemplo, esperar posibles cambios en la correlación de fuerzas dentro del chavismo o una eventual convocatoria a elecciones libres.

Además, Machado tiene comunicación fluida con el gobierno de Trump. Marco Rubio y congresistas republicanos son afines a la oposición venezolana desde hace muchos años. De hecho, el grupo parlamentario republicano por Florida es el principal animador dentro del gobierno estadounidense para que la PUD sea considerada. La reunión presencial de Machado con Trump en la Casa Blanca fue un hito para reforzar el vínculo. Desde entonces el tono hacia ella es más próximo.

Mientras, el chavismo se resiste a reconocer a Machado como actor político. Sin embargo, ¿el gobierno encargado chavista podrá sostener por mucho tiempo la exclusión de la oposición?

María Corina Machado y Marco Rubio una reunión en Washington. @MariaCorinaYA
María Corina Machado y Marco Rubio una reunión en Washington. @MariaCorinaYA

La otra oposición: ¿pragmatismo, resistencia o posible aliado?

Un actor poco analizado es la oposición moderada que participó en las elecciones de 2025 organizadas por el chavismo luego del fraude electoral. Con presencia institucional limitada —14 de 285 diputados y 60 de 335 municipios—, el sector liderado por Henrique Capriles y Tomás Guanipa optó por una estrategia de supervivencia: sostener espacios locales y una postura menos resistente al chavismo negociar para garantizar cierta gobernabilidad.

Su trayectoria ofrece lecciones sobre los límites y las posibilidades del pragmatismo político en contextos autoritarios. Ha logrado administrar recursos escasos y mantener redes sociales a costo de cooptación, persecusión y escasa legitimidad y respaldo electoral en los comicios de 2025. Según encuestas de boca de urna, votó menos del 20% del padrón electoral (el CNE informó que fue el 40%, en ambos casos los números más bajos en lo que va de siglo).

Su rol en el futuro es incierto. Existe una convergencia puntual con la oposición respecto a la liberación de presos políticos y el retorno de exiliados. Pero persisten diferencias sobre el ritmo y la profundidad de la transición.

No es descartable que la oposición moderada pueda desempeñarse como puente entre parte de la sociedad civil y las autoridades de transición, mientras mantenga su autonomía y evite ser colaborador del régimen. Al momento esto no ocurrió. Su futuro dependerá de la capacidad de articular con la PUD y de la disposición de EEUU y el chavismo a permitir una apertura política real.

Tomás Guanipa y Henrique Capriles, figuras de la oposición moderada en Venezuela.
Tomás Guanipa y Henrique Capriles, figuras de la oposición moderada en Venezuela.

Transición en encrucijada

Mientras la salida de Maduro plantea un dilema para muchos analistas, también representa la mayor esperanza de cambio en muchos años para los venezolanos. ¿Cómo construir una transición democráticaen un país devastado, cooptado por el crimen, con actores internos fragmentados y bajo la tutela de la potencia hemisférica dominante? La oposición, lejos de estar fuera de juego, enfrenta el desafío de reinventarse y aprovechar las grietas abiertas en el bloque chavista y el respaldo de la comunidad internacional.

El futuro dependerá en buena medida de su capacidad para mantener la cohesión, negociar condiciones mínimas de competencia política y evitar la marginación.

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Ángel Arellano

Ángel Arellano

Doctor en ciencia política, magíster en estudios políticos y periodista. Profesor de la Universidad Católica del Uruguay y de la Universidad de Las Américas de Ecuador. Coordinador de proyectos en la Fundación Konrad Adenauer en Uruguay, y editor de Diálogo Político.

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