La región no se ve. Lo que América Latina ignora mientras debate

Organismos regionales sin brújula, un nuevo mapa ideológico que se inclina hacia Washington y una ruta bioceánica que está casi lista y que será clave para China. La agenda que importa no está en los titulares.

Por: Ángel Arellano 15 Jun, 2026
Lectura: 7 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
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Hay temas que no dominan los titulares pero que definen silenciosamente el rumbo de América Latina. Tres de ellos merecen atención: la profunda parálisis de los organismos de coordinación regional, el reordenamiento ideológico de varios países clave hacia Washington, y el avance (casi inadvertido) de un Corredor Bioceánico con el potencial de rediseñar los flujos del comercio global en el Cono Sur. 


Estas son señales con consecuencias fuertes en una región acostumbrada a la resaca de sus propias crisis, por eso vale la pena mirarlos con detenimiento.

El laberinto de la coordinación regional


La Organización de Estados Americanos vive una crisis relevante. Albert Ramdin, el canciller surinamés que asumió la Secretaría General en mayo de 2025 con el respaldo del Caribe y la promesa de una institución más inclusiva y transparente, enfrenta una embestida. El detonante es un memorándum interno de la administración Trump que señala irregularidades presupuestarias con su jefa de gabinete, Xaviera Jessurun, en el centro de la escena, investigada en Surinam por corrupción, fraude y lavado de dinero, y a quien Ramdin promovió a pesar de conocer sus antecedentes y de las objeciones explícitas de varios Estados miembros con un aumento salarial de 250.000 dólares por año.

Albert Randim, secretario general de la OEA. Foto: EFE


El mapa de fuerzas es conocido: Estados Unidos tiene socios ideológicos suficientes para construir una mayoría en la OEA, y según fuentes diplomáticas ya contaría con 12 de los 23 votos necesarios para remover al secretario general. Brasil, México y Colombia defenderán a Ramdin. El bloque CARICOM, que lo llevó al cargo, no querrá ceder el espacio pero tampoco puede ignorar que sin el financiamiento estadounidense, la OEA colapsará. Lo que está en juego no es solo la continuidad de Ramdin, sino la supervivencia del organismo como foro de relieve.


Por otro lado, los organismos alternativos tampoco llenan el vacío. El Mercosur, que es el bloque de países que mejor desempeño muestra y que en teoría debería ser el eje articulador del Cono Sur, sigue sin una agenda que le permita explotar su potencial más allá del reciente acuerdo comercial con la UE. 


El Parlatino acumula declaraciones sin incidencia real. La Caricom funciona como espacio de diálogo para los países caribeños, pero no tiene el peso necesario para proyectarse como actor hemisférico. Y la Celac, que nació con la ambición de ser el espacio de todos sin los Estados Unidos y Canadá, no logra superar su condición de foro esporádico sin influencia institucional permanente.


América Latina sigue siendo la región del mundo con mayor cantidad de mecanismos de integración y menor resultado de coordinación. El gran debe no es la ausencia de organismos, es la ausencia de voluntad política sostenida para construir una agenda común.

Washington está más cerca


El proceso electoral colombiano merece una lectura geopolítica que va más allá del resultado doméstico. El triunfo en primera vuelta de Abelardo de la Espriella (con un discurso de derecha radical que capitaliza el agotamiento del gobierno Petro) coloca a Colombia en una trayectoria de alta probabilidad hacia un giro abrupto en su política exterior. Si se confirma esa tendencia en segunda vuelta, Bogotá volvería a alinearse con Washington de manera explícita, revirtiendo el distanciamiento. No sería un hecho menor: Colombia es un país bisagra en la geopolítica hemisférica, con peso en los Andes, en el Caribe y en la relación con Venezuela.


La reconfiguración ideológica de América Latina está produciendo un mapa que se parece cada vez más al de la primera década del siglo, pero con una diferencia cualitativa: la derecha que hoy avanza no es la derecha tecnocrática de los noventa, sino una derecha que asimila códigos populistas y que no necesariamente tiene una agenda de integración regional propia. Su alineación con Estados Unidos es más instintiva que estratégica.


Perú, por su parte, consolida esa misma lógica. La orientación del gobierno de Lima (pragmática y cercana a Washington) mantiene al país en una posición de alineamiento que ya es estructural, independientemente de quién ocupe Palacio de Gobierno. Juntos, Colombia, Ecuador y Perú configuran un nuevo bloque andino.

Escudo de las Américas. Foto: White House
Escudo de las Américas. Foto: White House

El corredor silencioso de China


Mientras la política hace ruido, otras cosas avanzan. El gobierno de Paraguay anunció recientemente que faltaban poco más de 20 metros para completar la conexión de uno de los puentes clave del Corredor Bioceánico, el ambicioso proyecto que busca unir el puerto brasileño de Santos, en el Atlántico, con los puertos de la costa norte de Chile, en el Pacífico. Cuando esa conexión quede cerrada, el corredor terrestre estará operativo en su tramo más crítico.

Puente de la Bioceánica, obra de la ruta PY15 que conecta Paraguay con Brasil. Fuente: MOPC Paraguay


Las implicaciones son considerables. El corredor permitirá trasladar carga entre ambos océanos por tierra, reduciendo tiempos y costos logísticos para las economías del interior del continente. Pero hay un actor que presta atención con particular interés: las empresas chinas, que dominan cada vez más los flujos comerciales con América del Sur, encontrarían en este corredor una alternativa viable al Canal de Panamá para mover su carga. Menos dependencia del Canal significa también menor exposición a la influencia geopolítica de Estados Unidos sobre ese paso interoceánico. Es un cambio gradual, pero con dirección clara.


El Corredor Bioceánico no es solo infraestructura. Es geopolítica en cemento y asfalto. Y en un continente donde los grandes debates se dan en los foros, los cambios reales a veces llegan por la carretera.

Desconexión


Tres temas con una misma lectura: América Latina sigue siendo una región que reacciona más de lo que proyecta. Y mientras sus élites políticas se enredan en disputas de posicionamiento, el ciudadano común enfrenta una realidad que los organismos regionales no procesan y los discursos electorales apenas rozan: economías que crecen por debajo de su potencial, mercados laborales que no absorben a los jóvenes, y una inflación de expectativas que ningún gobierno está sabiendo administrar.

La desconexión entre agenda política y urgencia ciudadana no es nueva, pero se ha vuelto estructural. Y en ese vacío caben todos los populismos.


Lo más paradójico es que la región tiene frente a sí dos oportunidades históricas que está decidida a ignorar. La primera es la inteligencia artificial: mientras el mundo reorganiza su economía en torno a ella, América Latina debate si regularla antes de adoptarla, como si pudiera darse el lujo de ver pasar el tren una vez más. La segunda es su capital medioambiental (la Amazonía, los acuíferos, la biodiversidad, el litio) que sigue siendo tratado como telón de fondo de conflictos políticos en lugar de como el activo estratégico más valioso del siglo. El laberinto no es solo político. Es también una decisión colectiva de no salir de él.

Ángel Arellano

Ángel Arellano

Doctor en ciencia política, magíster en estudios políticos y periodista. Profesor de la Universidad Católica del Uruguay y de la Universidad de Las Américas de Ecuador. Coordinador de proyectos en la Fundación Konrad Adenauer en Uruguay, y editor de Diálogo Político.

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