Raúl Peñaranda: “Evo Morales es un líder político todavía importante, pero en su ocaso”

El periodista y analista político boliviano analiza la situación en su país y las perspectivas de la oposición a la luz del enfrentamiento dentro del partido de gobierno.

Por: Manfred Steffen 26 Nov, 2024
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

En Bolivia, el enfrentamiento entre el presidente Luis Arce y expresidente Evo Morales muestra la fractura del partido de gobierno MAS. Morales fue citado por la justicia acusado de estupro lo que resultó en bloqueos de carreteras y el intento de copamiento de cuarteles por presuntos partidarios. En medio de la tensión culmina el cuarto año de ejercicio del presidente Luis Arce y comienza el año electoral.

Conversamos con Raúl Peñaranda, periodista y analista político boliviano. Actualmente es director de Brújula Digital, un portal de noticias y opiniones. Es autor de varios libros y ha obtenido importantes premios, como el Maria Moors Cabot, que entrega la Universidad de Columbia. Estudió dos semestres en la Universidad de Harvard gracias a haber obtenido la beca Nieman para periodistas. periodista y analista político boliviano sobre la delicada situación y las perspectivas.

El panorama actual

Las noticias de Bolivia son preocupantes.

—En Bolivia dos meses son largo plazo. Todo cambia mucho en poco tiempo. Hemos tenido un octubre muy complicado, con movilizaciones y bloqueos organizados por Evo Morales. Otra situación muy incierta fue el operativo policial para detener a Morales debido al pedido de la justicia en el marco de un proceso por estupro y tráfico de menores.

Tuvimos también una situación realmente muy complicada el primero de noviembre, con la toma de tres regimientos militares en Chapare, donde se produce la coca y donde Morales tiene su bastión más importante. El expresidente Morales presentó al gobierno dos exigencias: que no se lo procese en el tema judicial y que se lo habilite como candidato presidencial. El gobierno insistió desde el principio que ambos temas estaban fuera de su alcance. El Judicial está en manos de un tribunal de Tarija. Respecto al otro, un nuevo fallo del Tribunal Constitucional ratifica que no puede ser candidato porque ningún presidente que ha gobernado dos veces puede volver a postular.

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Tuvimos esa situación de alta polarización, que se ha resuelto de una manera relativamente pacífica con represión policial, pero afortunadamente sin muertos entre los manifestantes, que en Bolivia es un tema posible.

Las acusaciones contra Morales

¿Cuál es la situación jurídica?

—Se trata de una relación que tuvo hace años con una menor de 15 años con la que tuvo una hija. Se le acusa de tráfico, porque habría habido manipulación a la mujer y a los padres ofreciéndoles dádivas para poder estar con esta menor de edad y que habría sido trasladada de un lugar a otro. Ahora también en Argentina se lo acusa de haber tenido a su disposición a varios adolescentes. Se señala que la casa donde él estaba también habría sido parte de tráfico de jóvenes y adolescentes.

Yo creo que Evo Morales está en una situación de crisis política muy fuerte. No consiguió nada en su bloqueo, sigue la acusación y además se ha ratificado la inhabilitación como candidato. Resumiendo, es un líder político que sin duda sigue siendo importante, pero que está en su ocaso.

¿Dónde está?

—No está en la clandestinidad. Se sabe su paradero en el Chapare, donde puede tener protección. Desde allí suele dar entrevistas y realizó una huelga de hambre, que era la parte final de su protesta y de su bloqueo. Pero no sale de allí y para el Estado boliviano es muy difícil detenerlo. Creo que sería además un error, porque sería difícil para la policía y porque se lo victimizaría.

¿Es posible que se vaya del país?

—Es posible. Sin embargo, cuando en 2019 se fugó de Bolivia, para él tuvo un costo político enorme. No pudo ser candidato, porque no estaba en el país y mucha gente de su base le recrimina eso: “Nosotros nos quedamos a enfrentar un gobierno adverso y tú huiste”. Sus adversarios le reprochan eso todo el tiempo. Hace unos días declaró que esta vez él no se irá de Bolivia.

Enfrentamiento en el MAS

El responsable del milagro económico de Bolivia está ahora muy enfrentado a Evo.

—Cuando Evo Morales estaba en Argentina en 2020, elige candidato a Luis Arce y como vicepresidente al líder indígena David Choquehuanca. Parece ser que el partido había solicitado que éste último, fuera el candidato. Pero Evo estaba distanciado de él, que había sido su canciller durante 12 de los 14 años y pone a Arce como candidato. A Evo le cuesta mucho mantener aliados. Una primera señal de disenso o de pequeña crítica es inaceptable.

Inmediatamente después de que Arce empieza a gobernar Evo Morales vuelve a Bolivia, y empieza a intentar dominar al gobierno. Hace declaraciones públicas muy fuertes y Arce entonces finalmente reacciona defendiéndose. El origen de todo eso era quién iba a ser candidato para el 2025. Evo quería un compromiso público de Arce de que no iba a presentarse y que Morales iba a ser el candidato. Como no lo obtiene empieza a hacer críticas fortísimas y ahora Arce es el peor adversario, incluso más que los adversarios tradicionales.

Respecto del milagro económico, resulta ser un espejismo. La pobreza ha aumentado a niveles previos al gobierno del MAS. De ser exportadores netos de hidrocarburos somos importadores netos ahora. De tener un dólar fijo ahora hay un dólar paralelo que está con una banda de 50% de diferencia. No tenemos combustibles, tenemos colas larguísimas para poder tener medio tanque de gasolina o diesel para los camiones. En fin, toda esa situación es muy seria.

Promesas incumplidas

¿Qué pasó con el litio?

—El litio, no dio el resultado como se esperó. Durante años Evo Morales, dijo que no iba a exportar sales de litio, sino baterías. Esto parece imposible. Creo solo hay unos cuantos países que producen baterías, como China. Si incluso países desarrollados, no las producen, más difícil sería para Bolivia. Fue un fracaso. Se gastaron mil millones de dólares en la industria del litio y no pudimos exportar una bolsa de sal.

Hay una promesa de empresas chinas y rusas de invertir. Se habla de 2800 millones de dólares, pero para que eso suceda tienen que haber contratos que deben ser aprobados por el legislativo. Pero hasta el momento esto contratos también son una promesa.

Salidas negociadas

¿Arce tiene incentivos para negociar con Evo?

—No tiene ningún incentivo porque Evo Morales se percibe ahora como más débil. Sigue abierto cuál de las dos fracciones va a tener la sigla del partido. Con el fallo que acaba de inhabilitar a Evo, no hay ningún aliciente para el oficialismo de pactar. Por otro lado, Arce es un muy mal candidato según establecen las encuestas, tiene un apoyo de 2% y 80% de rechazo, o sea que parece ser que los dos líderes principales del más están viviendo su ocaso y que no tienen chances reales de reproducirse en el poder.

La oposición

Parece una ventana de oportunidad para la oposición

—Creo que sí, después de veinte años, hay una oportunidad de un cambio político positivo. Pero el gobierno posterior al MAS deberá tomar decisiones muy duras como subir el precio de la gasolina al triple para que se iguale a los países de la región. Tal vez haya que hacerlo gradualmente o sólo para los particulares y no para el transporte.

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El segundo el tema del dólar. No habíamos tenido ese problema en Bolivia desde el ochenta y cinco cuando se hicieron reformas liberales. Se cumplen cuarenta años sin problemas con el dólar. Había lo que se llama micro devaluación que no se sentían. Hasta que Evo y Arce tuvieron la mala idea de fijar el dólar, paritario se puede decir siete bolivianos por dólar.

Liderazgos opositores

¿Cuál sería el proceso de la oposición?

Hay algunos líderes importantes en Bolivia que resaltan en las encuestas. Uno es Jorge Quiroga que fue presidente ante la renuncia de Banzer por enfermedad, otro es el empresario Samuel Doria Medina. También están el senador Rodrigo Paz, el expresidente Carlos Mesa y el alcalde de Cochabamba, Manfred Reyes Villa.

La selección del candidato podría ser de arriba para abajo, es decir que los líderes se pongan de acuerdo. La otra opción es que sean los votantes mediante las encuestas vayan definiendo quién va a ser ese candidato fuerte. También es posible que haya más de un candidato y que la segunda vuelta sea la que defina.

¿Existen organizaciones partidarias?

—Los partidos existen, pero casi sin estructuras lamentablemente. Son una sigla con personería jurídica, sin presencia territorial, ni cuadros importantes. Yo creo que acá en Bolivia hay que reconstruir y fortalecer el sistema de partidos. El MAS ha logrado desarticular a los partidos adversarios. Antes teníamos un sistema de financiamiento estatal a los partidos como en otras partes. El MAS rompió con eso porque tenía control absoluto del Estado y no necesitaba este mecanismo.

Creo que vamos a tener un nuevo presidente que espero pueda reconducir esta crisis. Ahí vamos a necesitar a la KAS para que esos partidos ahorita débiles puedan tener democracia interna, presencia territorial y dirigentes, jóvenes y mujeres capacitados.

El contexto internacional

¿Brasil y Argentina influyen en este proceso?

—En Bolivia también han surgido posiciones pro-Milei, candidatos que tratan de imitar un poco su retórica. Pero eso no ha prendido y siguen siendo relativamente marginales en las encuestas. Los líderes señalados son moderados de centro o centro derecha. No hay ninguno de los extremos afortunadamente.

Brasil siempre es un siempre es un factor importante y Lula seguramente podría ser un factor de ayuda a esa transición. No ha apoyado a Morales, sino que más bien ha mostrado una posición de respaldo al presidente que no tiene chances presidenciales. Así que nos quedamos con la esperanza de que surjan líderes y sean capaces de organizar partidos capaces de sostener la institucionalidad y funcionar dentro de la democracia.

¿Cuáles son las perspectivas?

—Tengo esperanza de que uno de estos líderes opositores llegue a la presidencia. Seguramente tendrá que firmar acuerdos en el legislativo, porque no tendrá mayoría. Yo sé que muchos analistas pintan un panorama pesimista, pero quiero darles la contra con mi optimismo.

Manfred Steffen

Manfred Steffen

Magíster en Ciencias Ambientales por la Universidad de la República de Uruguay. Dipl. Ing. Fachhochschule für Druck in Stuttgart. Coordinador de proyectos de la Fundación Konrad Adenauer, oficina Montevideo.

El G20 para Lula: las pequeñas victorias también se celebran

El 18 y 19 de noviembre los líderes del G20 se reunieron para su encuentro anual en Rio de Janeiro. La diplomacia de Lula logró sacar una declaración final firmada por todas las principales potencias del mundo, un símbolo de victoria. ¿Esto tendrá algún efecto en los hechos?

Por: Marco Bastos 25 Nov, 2024
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El G20 no es el grupo de 20 mayores economías del mundo como muchos creen. Taiwan y Suiza tienen PBI más grande que Argentina, pero no están en el fuero. Sudáfrica está en el puesto 40 en las economías del mundo, pero sí está en el G20. Estar en el G20 sí refleja peso económico, pero también político.

El G20 empezó en 2008 en Washington DC, cuando Estados Unidos convocó la reunión para coordinar una salida para la crisis financiera que estalló en septiembre de aquel año. Es decir, el G20 es la evidencia de que el antaño club de los ricos, el G7, ya no era suficiente para intentar coordinar el sistema internacional. Había que sumar a los emergentes en la mesa.

Un mundo multipolar

El gráfico abajo señala la caída relativa del G7 en este siglo. El motor del crecimiento global no fue el Occidente. Los dos países que más crecieron, China e India, son miembros del grupo BRICS, un bloque de insatisfechos con el status quo del sistema internacional. Brasil es miembro fundador del club.

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En su último fuero, en Rusia, los BRICS propusieron utilizar otras monedas fuera del dólar en el comercio entre sus miembros en “un mundo multipolar”. Los Estados Unidos no lo ven bien. El próximo presidente, Donald Trump, dijo que adoptaría sanciones en contra de países que dejaran de comerciar con el dólar. El comercio y la geopolítica se mezclan.

La agenda de Brasil en el G20

Si en 2008 la agenda del G20 era solamente la crisis financiera, desde aquel entonces el abanico de temas tratados se expandió. En 2024 le tocó a Brasil la presidencia rotativa del bloque y, por ende, dictar la agenda a ser negociada a lo largo de un año.

Brasil puso en el centro de la agenda la creación de la Alianza Global en contra del hambre y de la pobreza. Además, se discutió la financiación de la transición energética y qué tanto los países ricos (el G7), los emergentes y los BRICS debieran pagar por ello. No hubo acuerdo. Este es un nodo antiguo en la diplomacia ambiental. Nadie quiere pagar por el cambio climático.

Otros temas de la agenda fueron la creación de un impuesto internacional a los “superricos” para financiar el combate a las desigualdades. La reforma de las Naciones Unidas no reflejan el balance de poder internacional de hoy (más bien el de 1940 cuando fueron fundados en el post Segunda Guerra).

Una victoria diplomática para Brasil

Llegar a un mínimo denominador común para tantos temas es difícil porque juegan intereses geopolíticos de las grandes potencias. El Occidente sanciona Rusia por la invasión de Ucrania. Parte del Sur Global pregunta por Gaza, un tabú para los Estados Unidos. Evadir la dinámica de vetos es desafiante.

Así, la diplomacia brasileña logró una victoria. La cumbre del G20, con Joe Biden, Xi Jinping y Sergei Lavrov, firmó un texto que propone terminar con el hambre en el mundo hasta 2030. Las pequeñas victorias también se deben celebrar. El presidente brasileño Lula necesita de noticias buenas. En el último día de la cumbre, la Policía Federal identificó a un general del Ejército y tres coroneles involucrados en un plan de asesinar el presidente, su vice y un juez de la suprema corte; un recordatorio de la fragilidad de la democracia brasileña.

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Un observador escéptico puede preguntarse cómo se va a implementar una agenda tan amplia sin reglas claras y sin fuentes de financiación definidas.

Otro punto fuerte de la presidencia brasileña del G20 fue el evento paralelo llamado G20 social, donde la sociedad civil se reunió para entregar una carta con demandas para los líderes de la cumbre. Es fácil caer en la tentación de criticar el hecho de que muchas de las organizaciones sociales eran de izquierda, pero un evento con sociedad civil no sería posible en varios de los miembros más poderosos del G20, como China, Rusia y Arabia Saudí. No es poca cosa ser un país emergente y democrático. Brasil debiera enorgullecerse de esto. Esta debiera ser una lección también para izquierdistas latinoamericanos siempre ansiosos por criticar al Occidente: ¿dónde, afuera de la democracia liberal, uno logra ejercer sus libertades civiles, como ser oposición y miembro de una minoría?

Lula y Milei

Lula sacó una victoria sobre el presidente argentino, Javier Milei, que prometió impedir el consenso en la declaración final del evento. En este episodio, el histrionismo de Milei no tuvo consecuencias prácticas, posiblemente porque Argentina es hoy un país frágil y susceptible de presiones diplomáticas. Sin embargo, la relación bilateral promete empeorar a partir de enero, cuando Milei tendrá un aliado en la Casa Blanca.

Estados Unidos y Argentina son dos de las relaciones bilaterales más importantes para Brasil. Una estrategia para mantener las relaciones en un buen lugar es escapar de la polarización entre los presidentes. Durante la cumbre del G20, el ministro de economía argentino y el ministro de energía brasileño firmaron un acuerdo para que Brasil compre el gas de Vaca Muerta, el principal yacimiento argentino.

En definitiva, el G20 fue un palco que Lula supo aprovechar. Se perfiló con todos los más importantes líderes del mundo y puso en la agenda, aunque por un par de días, temas cruciales para las relaciones internacionales. Pasada la cumbre, le toca volver a los problemas del barrio: una oposición que no pide perdón por haber intentado un golpe de Estado, y la soledad de no tener aliados en los palacios presidenciales en Buenos Aires y Washington DC.

Marco Bastos

Marco Bastos

Analista político y consultor de campañas electorales con foco en América Latina. Magister en Historia Económica por la Universidad de Buenos Aires. Analista en Southern Pulse.

¿Qué dejó la COP16?

La COP16, que se celebró en Colombia, llamó al cuidado de la biodiversidad y mostró una dificultad en lograr acuerdos de financiación con gobiernos. Igualmente, avanza una visión integral entre biodiversidad y cambio climático hacia la COP30 en Brasil.

Por: David Núñez 22 Nov, 2024
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Colombia presidió este año la Conferencia de las Partes del Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal (COP16). Se propusieron dos grandes cambios frente a lo que ha sido esta COP en escenarios anteriores. Por un lado, darle mayor protagonismo a la gente y a los pueblos que a los gobiernos. Por otro, vincular esta COP de Biodiversidad con la COP de Cambio Climático.

Esta cumbre, realizada en Cali, incitó la movilización de amplios sectores de la sociedad colombiana alrededor de la protección ambiental. Marcó un precedente y generó nuevos mecanismos para la inclusión de los pueblos del mundo en la gobernanza global de la biodiversidad.

Pero también quedaron grandes retos. Sobre todo en términos de financiamiento y de acciones concretas para la protección ambiental por parte de los países extractores y acumuladores de riqueza.

Desafíos de la gobernanza ambiental

La gobernanza ambiental es un proceso de alta complejidad. Implica directamente a las comunidades locales en su relación con el territorio. Pero todas las acciones tienen una repercusión global. Y, asimismo, las grandes potencias económicas y políticas toman decisiones sobre acciones que no solo afectan al planeta como un todo, sino que tienen efectos diferenciados sobre lo más local.

Desde hace más de cinco décadas se alerta sobre la crisis ambiental civilizatoria que enfrenta la humanidad. Es justamente esto lo que ha propiciado la creación de estos convenios internacionales con sus respectivos organismos de gobernanza global. Sin embargo, estos acuerdos y organismos han sido poco efectivos y muy lentos en los urgentes requerimientos de esta crisis. La COP16 no es la excepción.

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Por ejemplo, no pudo concluir la negociación del fondo dedicado al Convenio de Diversidad Biológica (CDB) (Fondo Marco Global para la Biodiversidad -GBFF-). A pesar de que la Presidencia de la COP, en cabeza del gobierno colombiano, propuso una ruta de financiamiento con una arquitectura financiera de diferentes mecanismos, lo que logró un amplio consenso entre la mayoría de países, finalmente no obtuvo la aprobación de la mayoría de potencias económicas dominantes. Esto amenaza el cumplimiento de los objetivos de protección de la naturaleza y sus metas que se han fijado para el año 2030. Sin embargo, se ve con optimismo una próxima reunión presencial que tendrán las partes el próximo trimestre. Se espera que, bajo el liderazgo del gobierno colombiano, se pueda concluir exitosamente esta negociación.

Importantes avances

Los principales logros de la COP16 se dirigen al protagonismo de los pueblos y las comunidades en la protección de la biodiversidad. La cumbre reconoció la dificultad de funcionarios, gobiernos y empresas para avanzar en este sentido. En este escenario, le da el lugar que merecen las comunidades acorde a sus procesos históricos y sus reivindicaciones actuales.

Uno de los principales avances de esta COP es la creación del Fondo de Cali. Establece que las empresas que utilizan Información de Secuencia Digital (DSI) de recursos genéticos de biodiversidad en sus productos deben pagar una parte de sus ganancias o ingresos (1% de ingresos o 0,1% de ventas) al fondo, de cuyos recursos, por lo menos el 50% se asignará a los pueblos indígenas y las comunidades locales, ya sea directamente o a través de los gobiernos.

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Este fondo viene acompañado de la adopción del Programa de Trabajo para pueblos indígenas y comunidades locales. También, un Órgano Subsidiario y Grupo de Campeones para este fin, liderado por Colombia y México con el apoyo de más de 17 países (y en aumento).

Adicionalmente se logró el acuerdo para crear una comisión internacional para identificar y definir Áreas Marinas de Importancia Ecológica o Biológica (EBSA) en aguas internacionales. Asimismo, se creó el Plan de Biodiversidad y Salud, de trascendental importancia después de los aprendizajes que nos debe dejar la pandemia de covid-19.

Alianza desde el Sur

Finalmente es necesario resaltar la alianza de Brasil y Colombia en este escenario, cuyo liderazgo ha sido clave para promover el reconocimiento de los pueblos afrodescendientes y para fortalecer la articulación de medidas conjuntas en términos de cambio climático y biodiversidad.

Brasil y Colombia propusieron el reconocimiento de las contribuciones de los pueblos afrodescendientes y fue aprobada la figura que permite que los gobiernos destinen recursos del Convenio de Biodiversidad a estos pueblos. Así mismo se creó el Caucus sobre afrodescendientes, un sistema que facilita la participación directa de delegados de organizaciones afrodescendientes en algunas de las negociaciones.

Aún sin resultados concretos, pero con un potencial trascendental, Brasil y Colombia plantean la alianza clima-biodiversidad rumbo a la COP30 de cambio climático. Esta propuesta es muy importante porque se ubica como una talanquera frente al conocido “greenwashing”, a través del cual empresas y gobiernos plantean “soluciones verdes” que solo profundizan la crisis. Tal es el caso de la transición energética, que para lograr la descarbonización plantea soluciones de minería devastadora en busca de los recursos necesarios para la generación y almacenamiento de energía eléctrica. En este sentido se plantea una visión más integral en la que se pueda lograr un transición energética justa y en paz con la naturaleza, que mientras se reducen las emisiones, al mismo tiempo se logre conservar y restaurar la biodiversidad.

Más gente en la COP

Según Lin Li, directora global de Política e Incidencia de WWF Internacional, «tras años de asistir a las COP de la CBD, esta verdaderamente ha sido la COP de la gente, con la mayor participación de pueblos indígenas, afrodescendientes , campesinos, mujeres y jóvenes que nunca”. Por primera vez en la COP, los pueblos indígenas fueron negociadores directos, esta vez a nombre del gobierno colombiano.

Esta fue la COP en la que más personas han participado en la historia. Fueron 25.000 delegados en la zona azul. Se realizaron 1.100 eventos académicos, culturales y artísticos vinculados a la biodiversidad en la zona verde. Se esperaban más 150.000 personas y finalmente se recibieron más de 900.000 visitantes.

Desde Extituto de Política Abierta, con el apoyo de la KAS y EKLA, se propuso un modelo de innovación para la democracia ambiental en América Latina. Se planteó que las comunidades especialmente afectadas por los efectos del cambio climático fueran las protagonistas de las decisiones y soluciones.

Más allá de los logros y dificultades institucionales, la COP16 fue un escenario de movilización y concientización. Es tal vez el evento internacional más importante en la historia de Colombia. Como tal, logró que los medios de comunicación se centraran en él y que miles de personas participaran. Logró que millones tuvieran a la biodiversidad y protección ambiental como tema de conversación. Así como tema en la agenda para la sociedad y muchos gobiernos locales, políticos y funcionarios públicos. Abrió el camino para que en adelante este tema siga siendo el principal para desarrollar las necesarias transformaciones sociales y políticas que exige nuestra era.

David Núñez

David Núñez

Director de proyectos de Extituto de Política Abierta, politólogo y magister en Medio Ambiente y Desarrollo.

América Latina ante los BRICS

¿Qué conclusiones pueden extraerse tras la reciente cumbre anual de los BRICS, celebrada en Rusia, y qué implicaciones tiene la evolución de este grupo para América Latina?

Por: Miguel Ángel Martínez Meucci 21 Nov, 2024
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

En la ciudad rusa de Kazán tuvo lugar la cumbre anual de los BRICS entre el 22 y 24 de octubre. Se trata de la primera reunión del grupo desde que se aprobaron las grandes ampliaciones del presente año. Aconteció en territorio de la gran nación euroasiática cuando ésta todavía se mantiene en guerra con Ucrania, ocupando una buena parte de su territorio. La mayoría de los países allí reunidos están regidos por gobiernos autoritarios. Es un detalle no menor en un momento en el que la democracia experimenta un retroceso global. ¿Qué implicaciones tiene todo lo anterior para una región como América Latina?

Lógica geopolítica

En 2009 cuatro grandes estados nacionales tomaron la decisión de crear un grupo de países con intereses comunes. Se trataba de Brasil, Rusia, India y China, y un año después se sumó Sudáfrica; de ahí el acrónimo BRICS. Tres de estos estados están enclavados en la gran isla euroasiática. Mientras que el cuarto ocupa la mitad de Sudamérica y el quinto despunta al sur del África.

No siempre han existido fuertes lazos de amistad entre ellos. De hecho, entre algunos se registran rivalidades de larga data, mientras otros apenas llevan pocas décadas de intercambios. Tampoco mantienen fuertes vínculos culturales, lo cual deriva de sus distintos sistemas de creencias. En cada uno de estos países predominan credos diferentes: cristianismo ortodoxo en Rusia; cristianismo católico y protestante en Brasil; hinduismo en la India; una combinación de budismo, taoísmo y otras religiones en China, y el cristianismo protestante en Sudáfrica.

¿Cuáles fueron, entonces, las motivaciones que los han llevado a conformar un nuevo grupo multinacional? Todas fueron de orden eminentemente geopolítico. Comparten características en medio de sus enormes diferencias. Como su condición de Estados nacionales voluminosos, en control de extensos territorios. También un pasado imperial que de alguna manera sigue marcando la autopercepción de sus respectivos roles en el plano internacional. Y la voluntad manifiesta de jugar un papel más determinante en el concierto de las naciones.

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Dos de ellos —China y Rusia— son autocracias que ocupan un puesto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Las otras tres son democracias que, no obstante, vienen registrando retrocesos preocupantes en su calidad democrática. Pero los gobiernos de estos cinco países están decididos a cooperar para incrementar su influencia internacional en un mundo aún dominado por una visión occidental que encabezan los Estados Unidos. Y sus socios globales, entre los que destacan la Unión Europea, Japón, Australia, Taiwán y Corea del Sur.

Ampliación global de los BRICS

Esta voluntad contra-hegemónica y antioccidental es cada vez más atractiva para otros países. El 2024 se ha convertido en el año de la primera gran ampliación de los BRICS. En enero se sumaron como miembros de pleno derecho varios Estados: Egipto, Etiopía, Irán y Emiratos Árabes Unidos. Todos ellos muy poblados o económicamente relevantes y en los que el Islam es la religión predominante, o bien la segunda más importante. Asimismo, a lo largo de este año han sido aceptados países asociados. Como Argelia, Bielorrusia, Bolivia, Cuba, Indonesia, Kazajistán, Malasia, Nigeria, Tailandia, Turquía, Uganda, Uzbekistán y Vietnam.

En este nuevo esquema, donde la visión geopolítica de China ejerce un papel destacado, ninguno de los gobiernos que rigen en los Estados recientemente incorporados destaca por su estricto apego a los valores democráticos. Si ya indicadores como V-Dem alertan del deterioro de la democracia en países fundadores del grupo como India o Sudáfrica, la incorporación de estados autocráticos revela las preocupantes inclinaciones que predominan hoy dentro de los BRICS.

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De ahí que uno de los principales objetivos del grupo sea crear un mecanismo de intercambios independientes del dólar y del euro. La iniciativa, de por sí legítima, implicaría empero aumentar el radio de acción de gobiernos autoritarios. Reduciría su vulnerabilidad ante las sanciones que varios gobiernos occidentales le han impuesto a gobernantes de países como Rusia o Irán.

Una región dividida

¿Qué posición asume América Latina ante el avance de los BRICS? ¿Cómo valoran nuestros países la razón de ser, potencialidades y riesgos de este grupo? ¿Hasta qué punto las naciones se sienten identificadas con los objetivos de dicho grupo, o, más bien, amenazados por éstos?

El mero intento de responder esta pregunta deja en evidencia una debilidad intrínseca que caracteriza a la región. A pesar de contar con lazos culturales e históricos muchísimo más estrechos que los que comparten los BRICS entre sí, Latinoamérica no conforma un bloque unido en política internacional. Tampoco tiene claros los objetivos de largo plazo como naciones insertas en un complejo y competitivo sistema mundial.

Por un lado se observa que Brasil, el país más grande de la región, no solo comparte la iniciativa BRICS, sino que se encuentra entre sus países fundadores. Reconocido por el gran nivel de su escuela diplomática, el gigante sudamericano se maneja en varios planos de la geopolítica global, aspirando en todos ellos a ejercer como interlocutor privilegiado de América Latina ante el resto del planeta. Ese rol, asumido ya en gran medida por Norteamérica y Europa, podría ser ampliado mediante la iniciativa BRICS ante el llamado Sur Global. Esta tarea implica para Brasilia, no obstante, la asunción de una cierta equidistancia estratégica entre Occidente y el resto del mundo.

Frente a la claridad geopolítica del Brasil, los países hispanoamericanos destacan en cambio por la errática oscilación en la que se ven sumidos por sus gobiernos de turno. Ahí tenemos el caso de Argentina, que bajo la presidencia de Alberto Fernández pretendía incorporarse a los BRICS pero que con Javier Milei dio vuelta atrás. México, que eventualmente podría mostrarse interesado, está fuertemente atado a los intereses estratégicos de los EEUU. Por su parte, los gobiernos que acaban de incorporarse a los BRICS como países asociados (Cuba y Bolivia) o que lo intentaron de forma fallida (Venezuela, cuyo intento de asociación fue vetado por Brasil) no se caracterizan precisamente por sus credenciales democráticas.

Estrategia abierta

Así las cosas, el reto para los países hispanoamericanos es doble. Por un lado, establecer si sus proyectos nacionales y respectivo lugar en el mundo están firmemente anclados en unos principios democráticos y republicanos, incuestionables para todos sus gobernantes. Por otro, evaluar si realmente les interesa jugar como bloque en el plano internacional, con miras a superar la irrelevancia en la que históricamente los ha sumido su enorme fragmentación.

En cuanto a Brasil, cabe preguntarse igualmente si el afán por mantener su preeminencia en América Latina es más fuerte que su compromiso con la defensa de la democracia en la región. El veto impuesto esta vez a la asociación de Venezuela, unido al visto bueno otorgado a Cuba y Nicaragua, demuestran su notable ambigüedad en este sentido.

Miguel Ángel Martínez Meucci

Miguel Ángel Martínez Meucci

Profesor de Estudios Políticos. Consultor y analista para diversas organizaciones. Doctor en Conflicto Político y Procesos de Pacificación por la Universidad Complutense de Madrid

Elon Musk, el genio fuera de la botella 

La victoria de Trump de regreso en la Casa Blanca puede ser la más exitosa inversión del magnate sudafricano, que pasa de ser un risk-taker a ser un king-maker ¿Es Elon Musk un campeón de la democracia o el más reciente síntoma de sus peligrosas mutaciones?

Por: Guillermo Tell Aveledo Coll 20 Nov, 2024
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

“Ha nacido una estrella…” exclamó Donald Trump frente a una multitud eufórica en Florida, refiriéndose a la vivaz presencia de Elon Musk en el escenario. Poco después, el septuagenario celebró con un tono más íntimo su improbable retorno a la Casa Blanca. “Es un tipo especial… Tenemos que proteger a nuestros genios”, expresaba. En retrospectiva, estas palabras no solo enmarcan un momento, sino que perfilan el papel de Musk en el escenario político. Es un aliado inesperado, un colaborador polémico y un símbolo de la compleja relación entre dinero, tecnología y democracia.

Elon Musk, según las estimaciones más recientes, es uno de los hombres más ricos del planeta. Su capacidad de moldear narrativas, impulsar proyectos disruptivos y, en los últimos años, influir en el escenario político, lo colocan en una posición con pocos antecedentes desde la Gilded Age. Lo que alguna vez fue neutralidad declarada y una difusa agenda se transformó para Musk en un activismo ideológico decidido. El surafricano no solo donó cientos de millones a la campaña de Trump. También puso su plataforma, X (antes Twitter), al servicio de una narrativa, no exenta de exageraciones y tergiversaciones, que resonó entre votantes jóvenes y escépticos del establishment

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En este punto, caben tres aclaratorias importantes. Primero, criticar el impacto del dinero en la política estadounidense es casi un ejercicio retórico. El sistema está diseñado para amplificar las voces de los más adinerados, y en eso no hay partido que sea inocente. Segundo, como venezolano, no puedo olvidar que Musk ha sido un crítico vocal del autoritarismo. Tercero, mis comentarios en esta página a lo largo de estos años me obligan a ser coherente. Si he señalado el peligro del populismo autoritario en figuras como Trump, no puedo abordar neutralmente cómo Musk, con su peculiar mezcla de recursos, ambición y eficacia, encaja en este panorama. 

Musk y el improbable retorno de Trump

Pese a que la campaña de Trump se nutrió de múltiples apoyos, la figura de Musk destaca por su particular eficacia. No solo logró movilizar recursos económicos y digitales. Amplificó un mensaje cultural conservador que conecta con las inquietudes de muchos estadounidenses. Como las críticas al wokeism, a los movimientos feministas y a los debates sobre el nativismo racial y la inmigración. Todo desde la iconografía de cierto libertarismo tecnocrático. Remozaba el ya popular llamado de Trump, renovando su marca.

Musk, un ícono de la tecnología, se convirtió en vocero de un malestar que va más allá de las urnas. Desplegó como ejemplo vivo de la manosphere: saltando en las tarimas de la campaña en estados clave. Parece haber dado todo por el triunfo del controvertido mandatario. El alcance de ese empeño, especialmente en sus aspectos más controversiales de potencial influencia política más allá de la deliberación cívica, acaso nunca los conoceremos.

El resultado: Trump ha regresado a la Casa Blanca y, con él, una agenda que ahora incluye la creación del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, como la criptomoneda homónima -Dogecoin- que Musk popularizó entre memes y guiños). Liderado por el “Gran Elon Musk” —como dijo el presidente electo en en sus redes— y el también empresario Vivek Ramaswamy, este nuevo organismo promete recortar gastos públicos bajo el lema de la innovación y la austeridad. Parece un espectáculo diseñado para satisfacer la narrativa libertaria de “menos gobierno, más libertad”.

El problema es la metodología. Musk promete recortar gastos con la misma agresividad con la que redujo la plantilla de X en un 80%. Los resultados de esta medida en términos de funcionalidad han sido, como mínimo, controvertidos. ¿Es sostenible trasladar esa misma lógica a la maquinaria estatal

La paradoja del gasto público 

La promesa de reducir el déficit ha sido siempre una bandera históricamente popular en EEUU, cuya independencia se forjó en una rebelión fiscal. Sin embargo, existe una paradoja persistente: los estadounidenses valoran los servicios públicos, pero desconfían de los impuestos que los sostienen y los funcionarios que los administran. Musk y sus aliados parecen apostar por una narrativa de eficiencia. Aunque es atractiva, subestima o desestima la complejidad del sistema. 

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Los recortes que los entusiastas de DOGE incluyen eliminación de departamentos como Agricultura, Comercio y Educación, considerados por algunos como símbolos del «Estado profundo». No obstante, cualquier esfuerzo serio para reducir el déficit debería abordar áreas políticamente sensibles como la Seguridad Social, la Defensa o el servicio de la deuda. Allí se encuentra el 60% del trillonario gasto público estadounidense. Hasta ahora, estas prioridades parecen estar fuera del alcance del bisturí utopista de Musk. Parece ser donde verdaderos recortes pueden ser significativos en términos del déficit histórico. 

El verdadero reto no está en identificar áreas para recortar, sino en garantizar que esos recortes no socaven la funcionalidad del gobierno. O en no temer a medidas impopulares si el exceso está en ellas identificados. Como ha demostrado cada cierre parcial del gobierno estadounidense, cada vez que hay conflicto entre el Capitolio y la Casa Blanca, hay tareas aparentemente invisibles cuya interrupción genera caos inmediato. No es improbable que estos recortes se conviertan en una causa para la ahora maltrecha oposición.

Musk, excepción sintomática

Más allá de la retórica, la influencia de Musk plantea preguntas fundamentales sobre el estado de la democracia en EEUU. Como contratista de defensa y empresario con intereses globales en sectores regulados —desde vehículos eléctricos, minería, redes sociales, viajes espaciales, comunicación satelital y hasta inteligencia artificial— Musk está en una posición única para beneficiarse de los cambios que él mismo propone. Incluso para imponer mecanismos transaccionales a su favor. Sus contactos frecuentes con otros líderes mundiales imponen también una necesaria distancia.

No es la primera vez que una administración Trump hace esto. Durante su primer mandato, intentó algo similar al nombrar al polémico inversionista bursátil Carl Icahn como asesor en reforma regulatoria, un rol que terminó en acusaciones de uso indebido de información privilegiada. Musk, aunque más carismático y mediático que Icahn —¿quién lo recuerda?— no está exento de las mismas críticas. 

La democracia liberal se construye sobre pesos y contrapesos, pero la relación entre Trump y Musk desafía estas dinámicas tradicionales. A pesar de sus pasadas tensiones —Musk habría dicho que Trump era un mal reflejo de la sociedad americana, a la vez que este le espetó ser un “bullshit artist”— ambos comparten una ambición insaciable y una disposición para romper reglas. Sin embargo, esta alianza podría ser efímera: ni Trump ni Musk son conocidos por su celo por las reglas, así como tampoco por la voluntad de compartir el protagonismo. 

Devolver el genio a la botella

Esperar que potenciales fricciones personales entre Trump y Musk limiten el alcance de sus acciones es confiar más en las emociones humanas que en las instituciones democráticas. El verdadero desafío no es solo Musk, sino lo que su ascenso simboliza: un sistema en el que quienes son considerados genios no solo son admirados, sino también colocados por encima de las reglas. Al final, Trump es quien tiene a su autoridad expuesta ante las urnas. Mientras que Musk puede jugar con esa proposición desde su nueva influencia.

El regreso de Trump, con Musk como su aliado estrella, no es simplemente un episodio más en la historia política estadounidense, sino un recordatorio de que, en democracia, el genio fuera de la botella puede ser tanto una promesa como una advertencia.

Guillermo Tell Aveledo Coll

Guillermo Tell Aveledo Coll

Doctor en ciencias políticas. Decano de Estudios Jurídicos y Políticos, y profesor en Estudios Políticos de la Universidad Metropolitana de Caracas.

Latinoamérica, después de Biden, a la espera de Trump

Tras un resultado electoral muy distante de lo esperado por la izquierda regional ¿cuál será el lugar de Latinoamérica en la agenda de la presidencia de Donald Trump?

Por: Fernando Pedrosa 19 Nov, 2024
Lectura: 8 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La mayoría de los líderes de Latinoamérica anhelaban un triunfo de Kamala Harris. Durante el mandato de Joe Biden, si bien América Latina no figuró entre las prioridades de la Casa Blanca, esta falta de atención supuso un alivio para los gobiernos herederos de la “marea rosa”. Encontraron facilidades inesperadas para dedicarse a implementar sus propios proyectos políticos.

Estados Unidos ha respetado el statu quo de los gobiernos en Latinoamérica, sin dar demasiada importancia al sesgo ideológico o al tipo de régimen político. En algunos casos, incluso, ha mostrado una relación más fluida con los líderes de izquierda. Además, el progresismo latinoamericano comparte parte de su agenda política con el Partido Demócrata y su ideario woke.

Biden mantuvo una relación conflictiva con Jair Bolsonaro, que mejoró con Luiz Inácio Lula da Silva, a pesar de su alineación con los BRICS. De hecho, Lula no dudó en expresar públicamente su apoyo a Harris mientras criticaba a Trump. Para Nicolás Maduro, un triunfo de Harris también resultaba aceptable. Casi no enfrentó sanciones por el proceso electoral ni por el aumento de la represión contra la oposición.

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Biden incluso defendió su alianza con Gustavo Petro, basada en la supuesta estabilidad regional y por ser el mayor comprador regional de productos agrícolas estadounidenses. Estados Unidos se mantuvo al margen de toda política activa hacia Bolivia, dada su complejidad y violencia. Sin embargo, Jeanine Áñez continúa encarcelada mientras se logró la liberación de prisioneros en Rusia en circunstancias mucho más difíciles.

El intento de excluir a Venezuela, Cuba y Nicaragua de la Cumbre de las Américas en 2022 fracasó por el boicot liderado por Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, esa actitud no tuvo continuidad. Fiel a su estilo, el mexicano prefirió confrontar con rivales más accesibles, como el rey Felipe VI de España, mientras mantenía relaciones armoniosas con su vecino del norte.

Herencia Biden

La decisión unilateral de Xiomara Castro de denunciar el tratado de extradición entre Honduras y EEUU evidenció que, ante la vacilación como método —y como ha sucedido en otras partes del mundo— cualquiera, sin importar su poder o tamaño, puede desafiar la autoridad norteamericana. Incluso uno de los presidentes cercanos a Washington, Luis Lacalle Pou (Uruguay), expresó su desilusión ante la falta de una visión clara del gobierno demócrata hacia América Latina.

Esto ha permitido, incluso, que actores autoritarios de América Latina mantengan vínculos estrechos con grupos terroristas y del crimen organizado. Como Hezbolá en Venezuela y Bolivia, y el Tren de Aragua, que se ha expandido desde Venezuela hacia varios países de la región.

En Venezuela se encuentra una de las peores herencias de la administración Biden, ya que formó parte del desafortunado acuerdo de Barbados. Así, se levantaron sanciones impuestas durante el primer mandato de Trump. A cambio, el chavismo se ha mantenido en el poder mediante fraude, convirtiéndose al mismo tiempo en uno de los mayores exportadores de petróleo hacia EEUU. Toda ganancia.

Como una de sus políticas centrales, Biden anunció la creación de la Alianza para la Prosperidad Económica en las Américas, la cual tuvo un impacto más que limitado. Por supuesto, no todo lo malo es atribuible a la gestión de Biden-Harris, aunque resaltamos su centralidad a los fines analíticos del texto.

Por eso, también corresponde marcar a numerosos gobiernos democráticos, liberales, de centro y de derecha que, en los últimos años, no han sabido coordinarse para frenar la expansión de liderazgos y políticas autoritarias.

Agenda trumpista

Tras un resultado electoral muy distante de lo esperado por la izquierda regional: ¿cuál será el lugar de Latinoamérica en la agenda de la presidencia de Donald Trump? Se pueden plantear algunas posibilidades a partir de su primer mandato y las designaciones realizadas estos días.

El nuevo presidente concentrará un considerable poder político en su país. Pero, debido a las restricciones constitucionales, solo contará con cuatro años antes de retirarse y convertirse en parte de la historia. Luego de las próximas elecciones intermedias, se acelerará el síndrome del «pato rengo». Más aún cuando esas elecciones suelen ser esquivas al oficialismo.

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Trump apunta a reordenar el mapa mundial, reducir los enfrentamientos bélicos y, por ende, disminuir la inversión en ellos. Todo esto persigue el objetivo de concentrarse en lo que considera el núcleo del conflicto geopolítico: la confrontación entre EEUU y China. El incremento de las tensiones entre ambas potencias podría ocasionar dificultades para algunos gobiernos en Latinoamérica, que suelen ver en la administración de Xi Jinping un apoyo para superar crisis económicas, avanzar en infraestructura logística y de comunicaciones, o definir sus lineamientos políticos, como ocurre en Brasil.

El respaldo de Trump a Israel, reforzado por la reciente designación de Mike Huckabee como embajador, también colocará a algunos líderes en Latinoamérica en una posición difícil que hasta ahora no habían tenido que enfrentar, ya que desarrollaron una activa política de apoyo a Hamás y bordeando el antisemitismo.

Marco Rubio, el nuevo encargado de la política exterior es hijo de cubanos y ha mantenido posturas muy firmes contra las izquierdas latinas del siglo XXI. Aparece junto al vicepresidente, J.D. Vance, entre los posibles candidatos para encabezar la fórmula republicana en las próximas elecciones. El creciente apoyo electoral de los latinos a los republicanos seguramente comenzará a influir en sus decisiones.

Otros temas ocupan la agenda republicana con impacto en Latinoamérica. En particular, deberán verse las anunciadas políticas de deportación de inmigrantes y las nuevas regulaciones fronterizas para ingresar al país.

Marco Rubio, senador republicado y Secretario de Estado designado por Trump

Latinoamérica y Trump

Se puede presuponer; sin embargo, que aumenten las restricciones y los costos para los gobiernos autoritarios.

La cercanía entre la asunción del nuevo gobierno venezolano, el 10 de enero de 2025, y la toma de posesión de Trump, diez días después, ofrecerá una oportunidad privilegiada para observar sus primeras reacciones, que seguramente serán indicativas de su política hacia América Latina.

En cuanto a México, es probable que se mantenga una continuidad con las dinámicas establecidas durante el primer mandato de Trump. Aunque este desarrolló una buena relación personal con López Obrador, su sucesora, Claudia Sheinbaum, deberá esforzarse por replicar esa cercanía. No obstante, aunque las relaciones económicas entre ambos países sean el factor determinante, el tema de los cárteles de narcotráfico cobrará una importancia creciente, sobre todo porque, entre los republicanos, se considera que, en muchos casos, detrás de ellos está China, con la intención de afectar a la sociedad estadounidense mediante el envío de fentanilo.

Lo mismo ocurre con Brasil, que ha logrado distanciarse de Maduro en los últimos tiempos. Aunque Lula manifestó su apoyo a Harris, podría aspirar a mantener el liderazgo de la región. Sin embargo, su alianza con China y Rusia en los BRICS puede sonar como una alarma en los proyectos geopolíticos de la Casa Blanca.

Es casi seguro que el nuevo gobierno no continuará el laissez-faire de la administración Biden ni se apoyará en las afinidades de la agenda woke. Para empezar, la dictadura cubana ya no contará con libertad de movimiento para ser el eje que vertebre todo mal en la región.

EEUU, centrado en sus enormes objetivos nacionales e internacionales, podría no dar prioridad a Latinoamérica. Sin embargo, en un escenario optimista, los movimientos democráticos en la región podrían encontrar en Washington una mayor receptividad y eco a sus demandas, incluidos apoyos frente a dictaduras y autoritarismos, en contraste con la corrección política que predominó en la gestión de Biden y Harris. No es mucho, pero en tiempos de auge de los socios del Foro de São Paulo, no sería poco.

Fernando Pedrosa

Fernando Pedrosa

Historiador por la Universidad de Buenos Aires. Máster en Estudios Latinoamericanos. Doctor en Procesos Políticos Contemporáneos por la Universidad de Salamanca. Profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

Azul Aguiar: “México va de regreso a la dictadura perfecta de Vargas Llosa, el autoritarismo electoral”

La presidenta de la Asociación Mexicana de Ciencias Políticas explica cómo Morena desactivó el poder de veto del sistema judicial y cambió la relación entre los poderes públicos en México.

Por: Ángel Arellano 18 Nov, 2024
Lectura: 7 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

En México, el oficialista partido Morena impulsó una modificación a los artículos 105 y 107 de la Carta Magna para establecer como improcedentes las controversias constitucionales o acciones de inconstitucionalidad que busquen controvertir las adiciones o reformas a la Constitución Federal. Con esta medida, el sector de la presidenta Claudia Sheinbaum persigue blindar de impugnaciones todas las reformas constitucionales.

Si bien el triunfo electoral de Morena y su colación Sigamos Haciendo Historia fue del 59.76% de los votos, en el legislativo obtuvieron el 73% de los representantes. Esto se debió, de acuerdo con Azul Aguiar, presidenta de la Asociación Mexicana de Ciencias Políticas, a la cooptación del Instituto Nacional de Elecciones donde lograron aprobar un margen de súper mayoría en el reparto de las bancadas. La oposición en cambio no podrá oponerse efectivamente al gobierno desde la vía formal porque controla menos del 33% del Congreso. Las súper mayorías de Morena en el Congreso de México han permitido hacer este cambio institucional durante la implementación de la controvertida reforma judicial mexicana, que en 2025 someterá a sus administradores de justicia y magistrados a elecciones populares.

Aguiar se formó como doctora en ciencia política en la Universidad de Florencia (Italia) y ejerce como profesora del ITESO, Universidad Jesuita de Guadalajara. Se ha dedicado a estudiar la política judicial, procesos de democratización y la política comparada. Desde su mirada, el Legislativo y el Ejecutivo están cooptando de maneral formal el poder judicial: “prácticamente lo han regresado al diseño institucional previo al 1994 que fue cuando hicieron la reforma para darle autonomía a las instituciones judiciales”.

Impedimentos a la Suprema Corte

¿En qué consiste la reforma respecto a “blindar” la Constitución?

—Un primer punto importante tiene que ver con la reforma judicial. Este es el marco en el que se inserta esta segunda reforma constitucional que impide que se impugnen leyes y normas constitucionales. Lo que propuso la reforma judicial presentada por Andrés Manuel López Obrador en febrero de 2024 y ahora aprobada, fue destituir a más de 1600 juzgadores que serán sustituidos a nivel federal y local por aquellos electos a través del voto popular en un sistema de listas. Esto afecta a la Suprema Corte, magistrados de circuitos, jueces de distrito y jueces locales. Hace desaparecer la carrera judicial y socava la independencia y el debido proceso.

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Normalmente en México las reformas constitucionales no habían sido revisadas en el pasado por la Corte. En 2014 hubo una impugnación a una reforma por parte de Morena, y la mayoría de los ministros y ministras de la Suprema Corta en esa época decidieron que no se podía revisar. Sin embargo, hubo votos de ministros que fueron en contra de eso y dijeron que sí era posible. Eso marcó un precedente. Lo que ocurrió ahora es que cuando el Legislativo notó que los ministros de la Suprema Corte iban a revisar la reforma judicial y que muy probablemente estarían los votos necesarios para echarla abajo, los legisladores actuaron en consecuencia. ¿Qué hicieron? Reformar la Constitución para impedirle a la Corte de facto que pueda revisar normas y reformas constitucionales.

Legisladores toman protesta durante la sesión Constitutiva de la LXVI Legislatura de la Cámara de Diputados. (Foto: Mario Jasso/Cuartoscuro)

Oposición

Con eso también impiden a las minorías y a la oposición el poder recurrir proyectos de ley.

—De hecho, eso ya venía dentro de la reforma judicial. México tiene tres mecanismos de revisión judicial: acciones de inconstitucionalidad, controversias constitucionales y amparos. Y en estos tres mecanismos lo que hicieron fue anular los efectos de las suspensiones provisionales. Es decir, cuando uno va a la Corte y dice “oiga, aquí me está violando esa ley general” y esto se constata, mientras el juez decide puede declarar una suspensión provisional. Eso lo introdujeron en la reforma judicial, vulnerando los derechos de las personas que vayan a recurrir. Por otro lado, la reciente reforma de la supremacía constitucional lo que busca es desactivar a la oposición y a las personas que sientan que han vulnerados sus derechos de acudir a la a la Corte. Es decir, se desactiva el poder de veto del poder judicial para hacer un contrapeso efectivo.

¿Eliminar el equilibrio entre los poderes?

—El poder Ejecutivo y el Legislativo ahora están unidos cooptando la justicia en términos institucionales. Esto es muy importante tenerlo claro, porque no está ocurriendo en términos informales. Se ha regresado de cierta manera al diseño institucional que teníamos antes de 1994, que fue cuando se hizo una gran reforma judicial para darle poder y autonomía al poder judicial. Estamos en una situación, y no soy la única en afirmarlo, de cambio de régimen en términos del diseño institucional.

Protesta contra la reforma judicial en Ciudad de México. Fuente: Reuters / Henry Romero.

Cambio de régimen

En América Latina todavía flota esta idea de la dictadura perfecta.

—Así es. De hecho, participé recientemente en un seminario en donde la conclusión es que estamos en un nuevo proceso de transición hacia un tipo autoritarismo electoral como el que teníamos antes. Es decir, vamos de regreso a lo que Vargas Llosa llamaba coloquialmente como la dictadura perfecta, pero que en ciencia política le decimos autoritarismo electoral o autoritarismo competitivo.

Seguimos todavía en disputa de narrativas en donde encuentras personas que dicen que en México nos estamos democratizando y que un ejemplo es poder elegir mediante el voto popular a nuestros jueces. Mientras, tienes otro segmento que señala que se están desactivando los contrapesos.

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¿Cuáles son las herramientas que quedan para la oposición, las minorías y la sociedad civil? ¿Cuáles son las posibilidades de criticar y oponerse?

—Todavía tenemos amplios espacios para expresar libremente lo que pensamos siempre y cuando no se mencione el crimen organizado. La oposición puede hacer su trabajo, pero no tiene cómo ser efectiva.

Durante las elecciones hubo un triunfo para Morena con más del 50%, sin embargo, en el Legislativo obtuvo una representación que sobrepasa las dos terceras partes y es del 73%. Esto ocurrió gracias a que meses antes Morena logró semi capturar al órgano electoral poniendo a una aliada del gobierno en la presidencia del Instituto Nacional Electoral. Esta aliada, junto a otros consejeros, aprobaron un margen de sobrerrepresentación para Morena que fue ratificado por el Tribunal que también está capturado. Esto ha hecho posible que la oposición esté prácticamente desactivada en términos formales. Por ejemplo, no puede interponer oposición a ninguna controversia interna ni tampoco ninguna acción de inconstitucionalidad porque no reúnen el 33%.

Expectativas con Morena

Y la agenda se sigue dictando desde arriba.

—Desde la sociedad civil y de la oposición no hemos terminado de calibrar la magnitud del impacto comunicacional del gobierno de México a través de sus Mañaneras dictando la pauta de la agenda todos los días. Primero lo hizo AMLO y ahora lo continúa Claudia Sheinbaum.

Desde los ámbitos académicos latinoamericanos había cierta expectativa de que Claudia Sheinbaum por su origen científico podía darle cierta moderación al gobierno.

—Lo que vemos son signos contrarios, con una izquierda autoritaria que no se parece a Maduro o a Ortega, pero sí al MAS de Bolivia. Esta izquierda está lejos de Lula, de Boric, de la socialdemocracia europea, porque si bien han introducido proyectos que permiten que los pobres tengan más recursos, no han diseñado políticas que disminuyan la desigualdad, sino que potenciaron el clientelismo. En el sexenio de AMLO no hubo una reforma fiscal distributiva, sino regresiva. Y en lo que va de gobierno de Sheinbaum se apunta hacia las transferencias en efectivo. Luego el tema salud no está resuelto, todo lo contrario. Algo así hacía el antiguo PRI cuando buscaba capturar la atención y el apoyo de la gente con la entrega de dinero.

Ángel Arellano

Ángel Arellano

Doctor en ciencia política, magíster en estudios políticos y periodista. Profesor de la Universidad Católica del Uruguay y de la Universidad de Las Américas de Ecuador. Coordinador de proyectos en la Fundación Konrad Adenauer en Uruguay, y editor de Diálogo Político.

Sucesión dinástica y radicalización autoritaria en Nicaragua

El régimen Ortega-Murillo prepara un traspaso de poder basado en su propio círculo de confianza con el fin de continuar su proyecto familiar dictatorial.

Por: Elvira Cuadra Lira 15 Nov, 2024
Lectura: 7 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

En los últimos meses se han intensificado las señales de una sucesión dinástica en Nicaragua. Seis años después que emergiera la crisis sociopolítica en 2018, el régimen dictatorial encabezado por Daniel Ortega y Rosario Murillo, su esposa y vicepresidenta, muestra signos claros de agotamiento. No solo por sus edades, también son incapaces de ofrecer una propuesta de futuro para el país. Las multitudinarias protestas que se extendieron durante 2018 y 2019, además de los altos niveles de abstención electoral en las presidenciales de 2021, mostraron que la población también está agotada. El descontento persiste y se ha profundizado. Aún así, los Ortega-Murillo insisten en permanecer en el poder y para eso han optado por la familia.

Una de las señales es la acelerada reestructuración de los círculos de poder, removiendo a numerosos funcionarios y cercanos colaboradores que ya no son de su confianza. Los cambios han generado un gran nerviosismo entre quienes, hasta ahora, se consideraban cercanos y “leales”. El grupo de los defenestrados ya es importante, y han encarcelado a varios. Las purgas muestran que la estructura de poder está mutando para que la persona elegida como sucesora mantenga el control sobre el país y pueda sostener la continuidad autoritaria. El régimen radicaliza el estado policial sobre el resto de la población nicaragüense. También ha adoptado formas de persecución transnacional para quienes están en el exterior a fin de asegurar el control y llevar a buen término la sucesión dinástica.

Un proyecto familiar dictatorial

Ortega ha acumulado diecisiete años continuos en la Presidencia de Nicaragua. En 2007, cuando regresó a ocupar el cargo, ya tenía entre manos instalar su proyecto autoritario. Desde el principio se empeñó en asentar las bases del régimen dictatorial. Pero, a diferencia de otros regímenes autocráticos en Latinoamérica, en los que la sucesión recayó en personas leales a los caudillos como en Cuba y Venezuela, en Nicaragua adquirió las características de una sucesión dinástica. Los demás integrantes del clan familiar se preparan para dar continuidad a la dictadura.

La primera en la línea de sucesión es Rosario Murillo, esposa de Ortega, vicepresidenta y única vocera del régimen. Murillo adquirió poder a raíz del apoyo que brindó a Ortega cuando  en 1998 su hija Zoilamérica denunció que la abusaba desde niña. Una vez Ortega se instaló en la Presidencia, el poder de Murillo se incrementó aceleradamente, tomando el control del aparato de gobierno y del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

En 2016, durante el congreso del FSLN, Ortega anunció la candidatura de Murillo para vicepresidenta en las elecciones de ese año. Las dudas que habían respecto a la instalación de una nueva dinastía se despejaron. Por supuesto, Murillo ascendió a ocupar el cargo en un proceso electoral fraudulento.

El eje de poder gira alrededor de Daniel Ortega y Rosario Murillo, pero en la medida que el tiempo ha avanzado y la crisis sociopolítica se profundiza y prolonga. Murillo se ha alzado por encima de toda la estructura. Incluso sobre personas de la más alta confianza personal de Ortega y la llamada “militancia histórica” integrada por exguerrilleros que pelearon en contra de la dictadura de los Somoza y se han mantenido bajo el alero del FSLN. Uno de los casos más recientes es el de Humberto Ortega, hermano de Daniel, general en retiro y el primer comandante en jefe del Ejército. Humberto se atrevió a criticar públicamente la sucesión dinástica. Eso bastó para que lo mantuvieran incomunicado y en detención domiciliar durante varios meses hasta su fallecimiento en septiembre pasado.

El círculo Murillo

Murillo ha construido un círculo propio de personas leales dentro del partido y el aparato de gobierno. La mayoría son relativamente jóvenes, comprometidas a punta de prebendas. Es conocida por el férreo control que ejerce sobre todas las instituciones estatales. Utiliza discursos de odio y amenazas para referirse a quienes considera opositores. Tiene un trato humillante con sus propios hijos y le obsesionan los asuntos esotéricos.

Mientras tanto, el resto de la familia Ortega-Murillo ejerce funciones públicas clave sin contar con nombramientos oficiales. Por ejemplo, encabezan delegaciones oficiales en visitas al exterior. Laureano Ortega Murillo ha adquirido un perfil público muy activo en los años más recientes porque le han encargado establecer acuerdos de colaboración con Rusia y China. También con algunos países del Medio Oriente. Usualmente encabeza las delegaciones oficiales que visitan Rusia y China.

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Camila Ortega Murillo es la asistente personal de Rosario y coordinadora de la Comisión Nacional de Economía Creativa. En una ocasión Ortega le otorgó plenos poderes para firmar un memorando de entendimiento sobre temas culturales con China. Los demás hijos de la pareja presidencial se encargan de dirigir los medios de comunicación progobierno más importantes y empresas del grupo económico Ortega-Murillo. El proyecto político autoritario y de partido transmutó a uno de naturaleza familiar y con rasgos sultánicos.

Agotamiento del modelo

La primera en la línea de sucesión es Rosario Murillo. Pero es evidente que otros integrantes de la familia ya se están preparando en lo que parece ser un proyecto político autoritario pensado para el largo plazo. Pero esa sucesión enfrenta varios problemas. Uno de ellos es que no goza de respaldo ni legitimidad entre la población. Por el contrario, el descontento se ha profundizado y extendido incluso entre sus propios simpatizantes.

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La posibilidad de continuidad del proyecto está comprometida porque el modelo ya se agotó. No es capaz de ofrecer posibilidades de futuro aún a sus propios partidarios. Por eso han optado por la radicalización autoritaria siguiendo cuatro líneas. Una es la reestructuración de la estructura de poder para que la persona sucesora cuente con la complicidad de sus más leales colaboradores. Luego, la reconfiguración del sistema de dispositivos de represión, vigilancia y control para contener el creciente descontento ciudadano. También, la creación de un marco legal que justifique sus actuaciones arbitrarias. Por último, la destrucción del capital social de organizaciones ciudadanas. Según ellos, podría incubar una nueva ola de protestas como la de 2018. Los Ortega-Murillo son conscientes de que el 2026 se perfila como una fecha clave para avanzar en su afianzamiento considerando que para ese año están previstas las próximas elecciones presidenciales.

La sucesión y las próximas elecciones se pueden convertir en un punto de inflexión. Tanto para abrir una oportunidad de cambio democrático como de fortalecimiento del proyecto autoritario. La sucesión implica de hecho, una transición que el régimen quiere que transcurra completamente bajo su control. Pero no hay ninguna garantía de ello. Sobre todo porque la posible “sucesora” atiza cada vez más las animadversiones de sus propios seguidores. Para las fuerzas de la oposición democrática de Nicaragua este escenario plantea varios desafíos.En principio, prepararse para ese eventual momento y constituir un interlocutor legítimo que pueda presentar una propuesta de transición democrática a la sociedad nicaragüense y la comunidad internacional.

Elvira Cuadra Lira

Elvira Cuadra Lira

Directora del Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica. Socióloga.

Religión y Trump: ¿cambió el rumbo de la elección?

Las declaraciones provida, la búsqueda de la eficiencia y el trasfondo de "hacer América grande otra vez" representan valores morales que apelan a un electorado conservador.

Por: Miguel Pastorino 14 Nov, 2024
Lectura: 8 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Días después del atentado a mediados del 2024, Donald Trump se refirió a la religión con un estilo de un predicador evangélico: “Mi fe adquirió un nuevo significado el 13 de julio en Butler, donde me tiraron al suelo, básicamente por lo que parecía una mano sobrenatural». Y con una cruz de madera en su mano agregó: «Me gustaría pensar que Dios me salvó con un propósito, que es hacer que nuestro país sea más grande que nunca».

No siempre se considera la incidencia de la religión y moral en los análisis electorales. En Estados Unidos (EEUU) ambas tienen un peso mayor en las decisiones políticas de las que solemos imaginar. Si bien EEUU no es un Estado confesional, tiene un modelo de laicidad donde la presencia de lo religioso en la vida pública tiene una incidencia cultural muy singular y relevante.

En 2017, el día en que Trump asumió por primera vez la presidencia de EEUU, el neopentecostalismo tuvo un protagonismo inédito. Entre los principales referentes religiosos presentes se encontraba una de las personalidades del mundo neopentecostal más influyente de la televisión: la pastora Paula White. Es conocida como referente de la teología de la prosperidad. El pastor Samuel Rodríguez, presidente de la National Hispanic Christian Leadership Conference, se convirtió en el primer evangélico latino en participar de una investidura presidencial estadounidense. En octubre de 2015, varios telepredicadores de megaiglesias, afines a la teología de la prosperidad, rezaron públicamente sobre Trump imponiéndole las manos.

Neopentecostales y católicos “provida”

Trump ha hecho públicos varios encuentros con neopentecostales y ha realizado discursos provida dirigidos al público evangélico y católico. Veían en Hillary Clinton, y luego en Kamala Harris, “instrumentos de Satanás” que promueven el aborto y la desnaturalización de la sexualidad, junto con toda la agenda transgénero. También es cierto que habla de Dios y la religión abiertamente. Ha realizado algún que otro discurso con una Biblia en la mano, al mejor estilo de los telepredicadores. Pero ¿realmente hay una opción religiosa en la visión política de Donald Trump?

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Nominalmente pertenecía a la iglesia presbiteriana (lo confesó en 2011). Pero no frecuenta una iglesia en particular, ni se le conocen inclinaciones religiosas explícitas. En 2020 se definió como un cristiano “no denominacional”. No obstante, sus opiniones fervorosas sobre algunos temas han fascinado a muchos telepredicadores de la prosperidad y han visto en él un instrumento de Dios, incluso entre católicos de movimientos carismáticos. Así lo han defendido en público. Oran por él importantes telepredicadores de gran audiencia. Otros evangélicos en cambio, consideran que es un impío y superficial que usa a la religión.   

Fueron muchos los que en los mítines de Trump llevaban camisetas con la proclama: “Jesús es mi salvador, Trump es mi presidente”.

Octubre de 2024: carteles en un puesto de carretera que promueven a Trump y otros candidatos republicano. Foto: Shutterstock.

Su mentor: Vicent Peale

El reverendo Norman Vicent Peale (1898-1993) fue su mentor en el ámbito de la religión. El exitoso predicador vendió millones de copias de su libro El poder del pensamiento positivo (1952), cuya famosa iglesia en New York congregaba mayoritariamente a protestantes ricos de clase ejecutiva. Difundió el pensamiento positivo y la búsqueda de la eficiencia: “Si crees algo, lo lograrás”, “si repites: Dios está conmigo, quien, contra mí, nadie te detendrá”, e ideas por el estilo. Peale llegó a decir que Trump era su mejor discípulo y Trump admiraba su capacidad oratoria y su pragmatismo.

Trump continúa la tradición de libros que mezclan testimonio personal con consejos para el éxito, con “inspiración bíblica” y pensamiento positivo que hoy dominan el mundo del management norteamericano de inspiración cristiana. Este tipo de ideas aparecieron en su campaña y en sus discursos: “De ahora en adelante una nueva visión gobernará esta tierra…”. Los autores de estas corrientes religiosas ven en EEUU “un nuevo Israel al que Dios eligió y bendijo de modo singular”.

Su “guía espiritual”: Paula White

En el año 2008 Trump apareció en el programa Paula Today, que conduce Paula White. Ella confirmaba las palabras y tesis de Trump sobre las claves del éxito: “Encuentra tu pasión y encuentra una manera para hacer dinero” y luego se convirtió en su referente espiritual.

White es la pastora principal del New Destiny Christian Center, en Apopka, Florida, muy cerca de Orlando.

White organizó en la torre Trump en 2015 un encuentro para orar por él, invitando a telepredicadores como Keneth y Gloria Copeland, David Jeremiah y Jan Crouch. En dicho evento se escuchó a White orar así: “Padre, por la sangre de Jesús lo aseguramos ahora… ninguna arma forjada contra él podrá prosperar y cualquier lengua levantada contra él será condenada conforme a la palabra de Dios”.

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En 2024 fue mucho más moderada en su apoyo a Trump, tal vez para no perder muchos fieles que votarían a Harris. Pero lo cierto es que a pesar de no haber estado tan presente como en la primera presidencia de Trump, el 9 de setiembre encabezó una reunión evangélica anunciada como “Consejo Nacional de Asesoramiento sobre Fe”, previo al debate entre Trump y Harris, llamando a orar y a apoyar Trump. A los miles de evangélicos que participaban en la llamada, pidió: “Que oren por ustedes mañana”. Animó a los oyentes a orar: “Cuando él suba a ese escenario, el espíritu de Dios descanse sobre él” y, al final, “permita que recupere todo”, aparentemente en referencia a la Casa Blanca.

Trump en un acto electoral. Foto: FMT

MAGA: el trasfondo bíblico y teológico

Desde el triunfo de Trump en 2016, comenzó a resurgir el nacionalismo cristiano blanco (NBC). Fundamentalmente creen que EEUU se fundó como una “nación cristiana” por cristianos (blancos), que instauraron leyes e instituciones basadas en principios bíblicos (protestantes). Respecto a la religión, la narrativa de la llegada a las colonias inglesas construyó un mito fundacional por el que los cristianos que llegaban se comparaban con los israelitas que llegan a la Tierra prometida. Así como el pueblo de Israel, perseguido por Egipto, llegó a Canaán, los cristianos, huyendo de Inglaterra por la persecución religiosa, realizaron un nuevo éxodo hacia la tierra que Dios tenía preparada para ellos.

El lema de Trump, Make America Great Again, enciende el deseo de recuperar el país quitándoselo al progresismo y su ideología woke. Se los asocia como promotores del secularismo y el relativismo moral, para volver a ser gobernados por valores cristianos.

Durante la campaña electoral, Trump prometió “proteger a los cristianos” en las escuelas, el ejército, el gobierno y la plaza pública. Muchos de los conflictos sobre la laicidad se han centrado en la discusión sobre la presencia de los símbolos religiosos en espacios públicos, especialmente cruces. Se comprometió a defender a cristianos y a los judíos que enfrentan discriminación y persecución. Se comprometió a oponerse al adoctrinamiento sobre las identidades sexuales, porque “Dios los creó hombre y mujer”.

Además del apoyo inamovible de los evangélicos pentecostales en 2016, en 2020, y en 2024: ¿cómo se explica el apoyo de inmigrantes latinoamericanos cristianos, católicos y evangélicos a Trump? Eligen los valores que representa, aunque a otros cristianos los escandaliza.

¿Una cuestión subestimada?

El tipo de cristianismo que más crece en el mundo desde hace décadas es el fenómeno carismático-pentecostal, ya sea católico o evangélico. Sienten que sus valores fundamentales y convicciones más profundas están “en peligro”. Por ello apoyarán a quienes defiendan sus mismos valores en contextos culturales hostiles.

El impacto del fenómeno religioso va más allá de las instituciones religiosas. Transforma la sociedad independientemente de las formas que adquiera. De hecho, puede disminuir la adhesión de los fieles a las iglesias. A la vez, puede aumentar la cantidad de personas que adhieren a la fe cristiana de forma desinstitucionalizada pero comprometida con sus valores en el espacio público. La recurrente simplificación del cristianismo “conservador” o “progresista” tampoco da cuenta de los supuestos teológicos y espirituales de quienes viven la fe y la moral por encima de las ideologías políticas. Esto lleva a análisis miopes de las actuales relaciones entre religión y política.

Miguel Pastorino

Miguel Pastorino

Doctor en Filosofía. Magíster en Dirección de Comunicación. Profesor del Departamento de Humanidades y Comunicación de la Universidad Católica del Uruguay.

¿Por qué cayó el gobierno alemán?

Con la destitución del ministro de Finanzas y presidente del partido liberal, el canciller, Olaf Scholz, disolvió la coalición de gobierno. Alemania se encamina hacia unas elecciones anticipadas. En medio de la tensa situación geopolítica, la locomotora de Europa debe ocuparse de sí misma.

Por: Jonathan Neu 13 Nov, 2024
Lectura: 7 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Mientras en la mañana del miércoles 6 de noviembre el mundo seguía los resultados electorales en Estados Unidos, la coalición de gobierno en Alemania se derrumbaba. El país más poblado de Europa, habituado a la continuidad y la estabilidad, cayó en una crisis política excepcional. En los 75 años de posguerra alemana, sólo en dos ocasiones se fracturó el gobierno y se convocó elecciones anticipadas (1982 y 2005). Sin embargo, el final del gobierno de la coalición semáforo (llamado así por los tres colores políticos de sus socios de coalición: rojo para los socialdemócratas, amarillo para los liberales y verde para los verdes) no sorprendió a muchos observadores.

Después de tres años de continuas disputas internas en el gobierno, caracterizadas por permanentes indiscreciones, acusaciones mutuas y la dificultad de encontrar acuerdos, la disolución prematura de un gobierno que lleva mucho tiempo en crisis resultó ser un divorcio anunciado.

El descalabro de la coalición

En la noche del miércoles 6 de noviembre, el canciller alemán Olaf Scholz (socialdemócrata) destituyó a su ministro de Finanzas, Christian Lindner (líder del partido liberal FDP), poniendo de esta forma fin a la coalición de gobierno. Con ataques personales inauditos en la cultura política alemana, el canciller ajustó cuentas con su exministro en una declaración de prensa donde lo acusó de infidelidad al gobierno, incompatibilidad con la generación de acuerdos, entre otras descalificaciones. Esto abrió el intercambio de culpabilizaciones por el fracaso de la coalición. Al día siguiente, otros dos de los cuatro ministros liberales dimitieron. Sólo el ministro liberal de transportes renunció al FDP y seguirá en la administración, otro acontecimiento único en la historia alemana.

[Lee también: Programa de la CDU de Alemania 2024]

A esta situación precedió una larga disputa sobre el presupuesto federal para el año siguiente, que reflejaba las diferentes prioridades políticas de los liberales, socialdemócratas y verdes. En una economía en fase de recesión, exigida por nuevos gastos elevados en las fuerzas armadas y la guerra en Ucrania, y un continuo flujo de migrantes, faltan miles de millones para el presupuesto de 2025. Mientras los socialdemócratas y los verdes pretendían revitalizar la economía mediante un gasto significativamente mayor y, al mismo tiempo, ampliar aún más el ya extenso Estado de bienestar alemán, los liberales insistían en limitar el endeudamiento y no estaban dispuestos a eludir el límite consagrado en la Constitución alemana. A pesar de arduas negociaciones a lo largo del verano, algunas con 80 horas de duración, el gobierno fue incapaz de acordar un presupuesto.

Así cayó el gobierno

Al mismo tiempo, el gobierno había descendido a niveles históricamente bajos en las encuestas debido a las constantes disputas e indiscreciones internas. La cumbre económica que convocó el canciller a fines de octubre es emblemática para mostrar el estado de descalabro del gobierno. Como no invitó a esta cumbre ni a su ministro de economía ni a su propio ministro de finanzas, éste último organizó, sin más, una cumbre económica paralela.

En este momento los liberales están por debajo del 5% en las encuestas lo que amenaza su propia existencia, ya que en Alemania este es el umbral electoral necesario para obtener una representación parlamentaria. La anterior es otra razón por la que muchos observadores políticos suponen que Lindner hace tiempo buscaba una forma de liberarse de la coalición poco popular y recuperar su perfil en el electorado. Pocos días antes de su destitución como ministro de economía, se filtró un documento de su cartera con exigencias inaceptables para los socios de la coalición. Lo que siguió ya se sabe: el canciller Scholz respondió a provocación despidiendo a Lindner después de que no se encontrara solución al conflicto presupuestario.

[Descarga: La aprobación presidencial en decadencia]

A pesar del fin de la coalición de gobierno, el gobierno de Scholz seguirá en funciones por el momento sin los ministros liberales, que ya han sido reemplazados. El gobierno semáforo (rojo, amarillo, verde) se ha convertido como afirman con un toque de humor algunos observadores, en un semáforo peatonal (rojo, verde).

Censura parlamentaria y elecciones

El gobierno alemán ya no dispone de una mayoría propia en el Parlamento, lo que significa que solo puede impulsar leyes con el apoyo de la oposición. Por ello, Olaf Scholz ha anunciado que se enfrentará a una moción de censura en el Parlamento. Si, como se espera, recibe el voto de censura, el presidente federal puede convocar nuevas elecciones en un plazo de 60 días. La sesión del Parlamento para atender la crisis será el 16 de diciembre y las nuevas elecciones federales el 23 de febrero de 2025.

Si no se logró consenso sobre el presupuesto de 2025 antes del descalabro de la coalición de gobierno, menos se podrá contar con un acuerdo ahora mismo. Dependiendo de la formación del futuro gobierno alemán, en el peor de los casos el presupuesto podría no ser aprobado por el Parlamento hasta el verano (junio-agosto) de 2025. Aunque esto no llevará a un cierre del gobierno completo como en los Estados Unidos, la administración estatal tendrá a una gestión presupuestaria provisoria. Por un lado, esto significa que de momento no se podrán asumir nuevos compromisos y, por otro, miles de millones destinados a la cooperación internacional al desarrollo permanecerán congelados. Quienquiera que dirija el próximo gobierno tendrá que tomar decisiones muy incómodas a la hora de elaborar el presupuesto.

Friedrich Merz, del CDU.

Elecciones anticipadas

Solamente el partido de centroderecha CDU está bien posicionado para las elecciones adelantadas. Desde las últimas elecciones de 2021 han podido reposicionarse en cuanto a contenidos con un nuevo programa de principios y han resuelto la cuestión de la candidatura con Friedrich Merz. En algunas encuestas, la CDU alcanza el 32%, lo que supera la intención de voto de toda la coalición actual, por lo que se considera probable que Merz sea el futuro canciller. Por esto, sigue siendo intrigante ver con qué socio podría gobernar la CDU tras las elecciones.

Tras la experiencia con el gobierno actual, la CDU quiere a toda costa evitar una coalición a tres bandas. El partido populista de derecha, Alternativa para Alemania (AFD), podría seguir mejorando en los sondeos, ya que es probable que la actual crisis de gobierno exacerbe más aun la frustración de muchos votantes.

Por otra parte, los tres partidos «semáforo» están sufriendo claramente. Aunque Olaf Scholz quiere volver a presentarse por los socialdemócratas, sus índices de popularidad personal son muy bajos y su partido sólo alcanza el 15%. El actual ministro de economía, Robert Habeck (Los Verdes), considerado un excelente comunicador, pero también muy vinculado al gobierno saliente, probablemente se presente por los Verdes. Es seguro que pesar de la difícil situación geopolítica mundial, Alemania deba concentrar sus esfuerzos en ocuparse de sí misma por el momento.

Perspectivas para Latinoamérica

Finalmente, desde una mirada latinoamericana, una posible victoria electoral de la CDU también podría ser de interés para la región, ya que este sector político se caracteriza por su especial interés en la región.

La bancada parlamentaria de la Unión Demócrata Cristiana y la Unión Social Cristiana (CDU/CSU) redactó el año pasado un documento estratégico sobre la cooperación estrecha con América Latina. En esta proclama se plantea, entre otros puntos, una asociación más estrecha en política de seguridad, la implementación del acuerdo Mercosur y un fortalecimiento de la colaboración institucional. De tal manera, la expectativa de una mayor atención a lo que ocurre en esta parte del mundo dentro de la agenda de un futuro gobierno demócrata cristiano, es razonable.

Jonathan Neu

Jonathan Neu

Representante Adjunto del Programa Regional Partidos Políticos y Democracia en América Latina, con sede en Montevideo de la Fundación Konrad Adenauer en Uruguay. Estudió matemáticas e historia en las universidades de Leipzig y Salamanca. Se especializó en historia de las ideas.

Trump: ¿el narcisista preferido de los antinarcisistas?

El narcisismo funciona bien en las campañas políticas. ¿Funcionará en la segunda presidencia de Trump? Como todo buen narcisista, es esperable que piense en su legado; ya no podrá reelegirse más. Esta es su oportunidad para pasar a la historia.

Por: Isaac Nahón Serfaty 12 Nov, 2024
Lectura: 8 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Hay gente que se pregunta consternada cómo es posible que Donald Trump haya sido electo nuevamente como presidente de Estados Unidos (EEUU). Les parece increíble que un hombre con una condena firme de la Justicia, con varios procesos judiciales abiertos, que sobornó a una actriz porno para que sus encuentros sexuales con ella no trascendieran, y que expresa de forma más o menos clara su machismo y xenofobia, pueda llegar a la máxima magistratura de la que todavía es la primera potencia mundial.

La pregunta debería ser, realmente, ¿cómo no iba a llegar Trump a la presidencia de nuevo? Y la respuesta está en un proceso que lleva varias décadas, desde mediados del siglo XX. Y se ha agudizado en lo que va de siglo XXI. Se trata de la explosión de narcisismo que el historiador Christopher Lasch, prematuramente desaparecido, describió detalladamente en su libro La cultura del narcisismo (1979).

Lasch dio cuenta de la génesis y los principales rasgos de una tendencia que se perfilaba en los Estados Unidos de América. Terminó expandiéndose por el llamado mundo occidental y más allá gracias a la explosión de las comunicaciones digitales. Esta tendencia estaba marcada por una forma patológica de narcisismo que permeó en la sociedad como resultado del debilitamiento de instituciones, como la familia, la escuela. Pero también de todas aquellas instancias de autoridad que eran criticadas por representar formas arbitrarias y abusivas de poder.

Consigo mismo

También observada Lasch que los medios de comunicación y la preeminencia de la imagen en la esfera pública contribuyen a la fijación obsesiva por “sí mismo”, en detrimento de las preocupaciones por el bien común. El historiador advertía que no había que confundir la normal y sana preocupación por uno mismo (en el sentido del humano deseo de supervivencia y satisfacción) con la desmedida focalización egocéntrica. Entendida como una forma de pretender aislarse de las rudezas de la vida, de alimentar una ilusión de superpotencia y de reprimir todo aquello que recordara la fragilidad y la mortalidad humana.

Trump es el reflejo de esa cultura del narcisismo y es también la reacción contra esa misma cultura, aunque parezca contradictorio. El reelecto presidente es un producto de los medios de comunicación en los que, como empresario, miembro del llamado jetset (los ricos y famosos) y personaje de la “tele realidad”, creó una marca que ha sabido rentabilizar económicamente y políticamente. Paradójicamente, Trump logró transformarse en profeta del antiestablishment. Es él mismo un representante consumado de este establishment. El narcisista desbordado que es Trump convenció a una buena parte del electorado de Estados Unidos que él es el antídoto contra las distorsiones de la cultura del narcisismo que tan bien describió Lasch. Incluyendo la política de las identidades y la obsesión woke. Por ejemplo, con las subjetividades que diluyen verdades tan obvias como la diferencia biológica entre los sexos.

Una base conservadora, que añora la familia tradicional, ve con sospecha a los inmigrantes y repudia los programas DEI (diversidad, equidad e inclusión). Lo promueven los progresistas en la industria cultural, universidades y el sistema educativo. Este público encontró en el narcisista Trump la respuesta a muchas de sus preocupaciones. También está la economía, por supuesto. La promesa de Trump conecta bien en tiempos de inflación y disminución del poder de compra. Reducir impuestos y relanzar la industria en EEUU con medidas proteccionistas contra las importaciones chinas y europeas resultan atractivos para una clase media golpeada.

Narrativa y narrador

En esta elección, pesó tanto la narrativa como el narrador. El narcisista Trump suena convincente justamente porque no se contiene por los dictámenes de la corrección política. Eso tiene una resonancia con su base de votantes y con otros electores que están en los márgenes. Como los hispanos, los asiáticos y una minoría de afroamericanos (sin ser trumpistas convencidos). Han preferido votar por el antiguo presentador de The Apprentice porque les resulta auténtico y dice “lo que hay que decir, sin miedo”. Sí, el presidente electo les parece auténtico. Aunque el mismísimo Trump sea un producto salido directamente de la industria de medios de comunicación del establishment. En un mundo de artificialidad extrema (pensemos solo en nuestras burbujas virtuales manipuladas por algoritmos e inteligencia artificial), quien aparenta naturalidad desenfadada, insulta a sus oponentes sin complejos y se refiere a los inmigrantes ilegales como criminales, es percibido como sincero y confiable.

El factor femenino

A Trump le vino bien que su rival fuera una mujer, como ya fue el caso en la primera elección que ganó contra Hillary Clinton. Parecía que el cambio de última hora, de Joe Biden senil y debilitado físicamente por Kamala Harris, mucho más joven que Trump, con un perfil “etnodiverso” atractivo, daría una ventaja a los demócratas. Al final, se convirtió en otro factor que ayudó a reelegir al histriónico millonario. En ciertas capas de la población de EEUU no es concebible que una mujer sea presidente del país, incluso entre mujeres conservadoras.

[Lee también: Trump y el triunfo de hacer América grande otra vez]

Los números no mienten, tanto en el caso de Trump contra Clinton como de Trump contra Harris. En la campaña de 2016, las mujeres blancas favorecieron a Trump 52% contra 45%, a pesar de los comentarios ofensivos sobre su trato a las mujeres en aquel video de NBC de 2005 difundido en las redes sociales en plena campaña. De nuevo, un 52% de las mujeres blancas volvió a preferir Trump en 2024. El presidente electo, el macho valiente que se salvó de la muerte en el atentado que sufrió en julio pasado alzando el puño mientras sangraba su oreja, reforzó así su imagen de héroe salvador de la patria (fatherland, en inglés). El narcisista, con un buen reflejo para producir la imagen perfecta, también ha tenido suerte.

Kamala Harris, Donald Trump y Hillary Clinton. Fotos: Shutterstock.

Segundas partes

El narcisismo funciona bien en las campañas. ¿Funcionará en la segunda presidencia de Trump? Como me dijo el politólogo Daniel Varnagy, una cosa es con arpa y otra con guitarra. Trump ya fue presidente. Seguramente aprendió de sus errores (especialmente los cometidos durante la pandemia de covid-19), y conoce mucho mejor el laberinto del gobierno en Washington. Como todo buen narcisista, pensará en su legado. Ya no podrá reelegirse más. Esta es su oportunidad para pasar a la historia como un gran presidente.

Sin embargo, acudiendo a otro dicho, sabemos que “loro viejo no aprende a hablar”. Un hombre que ha hecho toda su carrera mediática y política a punta de romper con los buenos modales de la retórica. No dejará de sorprendernos con declaraciones disruptivas y con políticas que no corresponderán a las expectativas que muchos se hacen con respecto a EEUU. Podemos esperar que quiera terminar el conflicto entre Rusia y Ucrania haciéndole concesiones a Putin.

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Es posible que su enfoque para lograr un cese al fuego entre Israel y sus varios enemigos sea revivir los Acuerdos de Abraham para presentar un frente común contra Irán, sin necesariamente provocar una guerra contra el régimen de los ayatolás.

Y en relación con Hispanoamérica, lo más probable es que su prioridad se enfoque en México. Por razones obvias: tiene que controlar la frontera, parar el flujo de migrantes y mantener las relaciones económicas con la gran maquiladora de la industria estadounidense que es su vecino del sur. El resto de los países de la región no tienen mayor importancia para Trump. Venezuela, una pequeña nota en su lista de prioridades ya le dio algunos dolores de cabeza en su primera presidencia. ¿Que pasará con las licencias petroleras otorgadas por el Departamento del Tesoro a empresas como Chevron que han remontado la producción petrolera de Venezuela bajo el chavismo? Seguirán vigente, mientras que los discursos condenando el régimen de Nicolás Maduro volverán a escucharse sin mayores consecuencias. Finalmente, a Donald J. Trump lo único que le ha importado siempre es Donald J. Trump.      

Isaac Nahón Serfaty

Isaac Nahón Serfaty

Doctor en Comunicación. Profesor en la Universidad de Ottawa, Canadá

Foro América Libre, una lucha del amor

La plataforma de políticos de centro fijó un compromiso contra la influencia de los autoritarismos y reivindicó la lucha por la liberación de los presos políticos latinoamericanos.

Por: Mariana Gómez del Campo 11 Nov, 2024
Lectura: 5 min.
Miguel Ángel Rodríguez, ex presidente de Costa Rica, y María Corina Machado de Venezuela
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La segunda edición del Foro América Libre el pasado 7 y 8 de noviembre en Ciudad de México, fue un escenario de grandes momentos. Abrazos, emociones, canciones y homenajes a la democracia y sobre todo, un llamado a reconocer la victoria del pueblo en las recientes elecciones venezolanas. El Foro América Libre mostró un centro político unido y dispuesto a dar la pelea. ¡Tiemblen, tiranos!

María Corina Machado

Desde el escenario de la segunda edición del Foro América Libre, la líder de la oposición venezolana María Corina Machado desafió la represión. “Lograr que el 10 de enero asuma Edmundo González Urrutia (como presidente de Venezuela) no solo tiene que ver con Venezuela, sino con el mundo entero. Hoy la dictadura de Nicolás Maduro es el principal aliado del crimen organizado en el mundo (…) la migración más grande no es la de Ucrania ni la de Siria, sino la de Venezuela.”

Con similar claridad, Patricia Bullrich, ministra de seguridad de Argentina, insistió en que no puede haber libertad sin seguridad. Fustigó a la influencia del crimen organizado: “¿De qué justicia podemos hablar en Latinoamérica cuando hay jueces que responden al narcotráfico?” Y envió una advertencia clara: “En Argentina, desde aquí en adelante, el que las hace, las paga”.

Efraín Cepeda, presidente del Senado de Colombia y Miguel Ángel Rodríguez ex presidente de Costa Rica

La casa de la libertad

El Foro América Libre ha llegado para quedarse. En su segundo año de existencia, es la gran casa de la libertad y la democracia. La “declaración por la libertad” fue suscrita por más de 70 organizaciones de 30 países. El documento incluyó advertencias a los líderes autoritarios de la región: “Rechazamos la descalificación que hace la izquierda de aquellos procedimientos jurídicos que investigan los posibles delitos de sus miembros, procesos a los que despectivamente llama lawfare. También rechazamos todo intento de redefinir y vaciar el concepto de democracia. Reafirmamos el valor universal de la democracia liberal, la única que es viable y posible. ”También rechazamos la reforma judicial mexicana. Para los firmantes, constituye un “duro golpe contra el Estado de derecho y la separación de poderes, y supone un muy peligroso precedente para otros países en la región”.

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Entre las autoridades que fueron parte de este segundo FAL, se encontró Christophe Hansen, recién designado comisario europeo para agricultura. También Gabriel Mato, eurodiputado y presidente de la Asamblea Parlamentaria EUROLAT; y Efraín Cepeda, senador y presidente del Senado de Colombia. De igual forma asistió Miguel Ángel Rodríguez, ex presidente de Costa Rica y diputados de toda América Latina y Europa. El FAL recibió el respaldo del Grupo Popular del Parlamento Europeo, la Organización Demócrata Cristiana de América, la Centrist Democrat International, la Unión de Partidos Latinoamericanos, la International Democracy Union, y la Fundación Konrad Adenauer.

Presos políticos

Pero el centro del evento fueron los homenajes a los más de 3 mil 500 presos políticos de la región. Sillas vacías en la sala los recordaron. Una ausencia notable, no solamente en el evento sino en las casas y corazones de muchas familias de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia y muchos sitios más. Pudimos sentir algo de su dolor en una simulación de realidad virtual sobre el centro de tortura venezolano conocido como “El Helicoide”. Muchos lloramos con el testimonio del expreso político cubano Jorge Luis García Pérez («Antúnez») quien describió hambre, tortura y miseria en los calabozos convertidos en cárceles en Cuba. La hija de la ex presidenta de Bolivia, Jeanine Áñez, nos recordó que no olvidáramos a su madre presa. Así les quitamos la máscara de benevolencia a gobiernos de la izquierda autoritaria reunidos en la “galaxia rosa” quienes hablan de derechos humanos, de dignidad y de democracia mientras que reprimen, encarcelan y asesinan.

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En un continente en el que los regímenes autoritarios pretenden dominar apoyados por fuerzas externas como Rusia, China e Irán, que apoyan las dictaduras y buscan erosionan los cimientos democráticos, el «Foro América Libre» es una luz de esperanza.

Foro América Libre se pronuncia por presos políticos latinoamericanos

Lucha del amor

Los discursos, actividades y canciones desde el escenario que reunió al centro político latinoamericano, demostraron alegría y firmeza. Y sobre todo vocación de unidad. Fueron dos días no solamente de charlas y discusiones, sino de emociones, de abrazos, de sueños. Tal como dijo María Corina Machado: “La lucha por la democracia es una lucha del amor”. Y para esta lucha, Amanda y Tamia, las dos hijas del candidato presidencial ecuatoriano asesinado, Fernando Villavicencio, enviaron un mensaje a los tiranos de la región. Armadas con guitarra y trompeta hicieron corear a una sala llena de autoridades el título de su canción: “Tiemblan”. Todos están invitados a unirse a nuestra lucha.

Mariana Gómez del Campo

Mariana Gómez del Campo

Presidenta de la Organización Democrática de Cristina de América y secretaria de Asuntos Internacionales del Partido Acción Nacional. Ex diputada federal de México.

¿Cómo será la nueva era Trump?

El presidente electo en Estados Unidos promete políticas económicas proteccionistas y poner a "América primero", lo que puede generar un relego para América Latina, como recuerda el analista chileno Jorge Sahd.

Por: Redacción 11 Nov, 2024
Lectura: 6 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La campaña de Donald Trump se benefició de una estrategia centrada en la economía. Utilizó una retórica que apelaba a sentimientos de nacionalismo y populismo. Esto le permitió resonar con un electorado que priorizaba las preocupaciones económicas por encima de los temas sociales.

El candidato del Partido Republicano tendrá mayoría en el Congreso y pocos resortes que limiten su actuación apenas asuma el poder el próximo 20 de enero de 2025.

Efectos inmediatos

Los mercados financieros reaccionaron muy rápido y de manera positiva ante la victoria republicana. Aumentó el valor del dólar y los rendimientos de los bonos del tesoro. Esta respuesta indica confianza en la capacidad de Trump para impulsar políticas económicas que promuevan el crecimiento. Aunque, mirando más adelante persiste el temor a una volatilidad futura derivada de políticas comerciales restrictivas.

Además de efectos en los mercados, referentes de la opinión pública y líderes mundiales expresaron contundentes opiniones sobre la victoria republicana. El politólogo Francis Fukuyama dijo al Financial Times que «está claro que a la gran mayoría de los votantes de la clase trabajadora simplemente no les importaba la amenaza al orden liberal, tanto nacional como internacional, planteada específicamente por Trump».

Por otra parte, el resultado de las elecciones en Estados Unidos dejó en evidencia un debilitamiento de la Unión Europea. Las cancillerías europeas temen que su victoria ponga en cuestión el apoyo a la guerra en Ucrania. El alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, se expresó al respecto la semana pasada en Budapest, en la V Cumbre de la Comunidad Política Europea (CPE), que tenía formalmente una agenda centrada en migración y economía, pero que, como era previsible, se centró en los efectos de la reelección de Trump. Aseguró «la única receta de la UE para sobrevivir» a la victoria de Trump es «estar más unida, construir una Europa más fuerte, una Europa más soberana».

El director del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica de Chile, Jorge Sahd, interpreta que la reacción de los mercados financieros en clave de las «propuestas de desregulación» y «el efecto [Elon] Musk y su propuesta de reducir gastos del Estado». Proyecta que la «rebaja de impuestos generará mayor presión al déficit fiscal y, consecuentemente, una alza de tasas». También piensa que se debe «poner atención» en las primeras medidas ejecutivas de Trump. Y recuerda que en el 2017 retiró a EEUU del Acuerdo Transpacífico (TPP).

Expectativas del segundo Trump

En inmigración, se prevé la implementación de políticas más estrictas, como la deportación de 11 millones de inmigrantes indocumentados, la mayor en la historia de EEUU, y la construcción de grandes centros de detención. La administración buscará restaurar políticas de «permanecer en México» y limitar drásticamente el asilo. Trump también adelantó en campaña que hará el cierre de la frontera sur y el fin de la ciudadanía por derecho de nacimiento. A su vez, uno de los cambios más notables en esta elección fue el apoyo del voto latino a Trump, que alcanzó el 45%, un aumento considerable respecto al 32% de 2020.

[Lee también: Trump y el triunfo de hacer América grande otra vez]

El nacionalismo trumpista está preparado para imponer aranceles de 10% a 20% a la importación de la mayor parte de los productos extranjeros. China será el centro de esta política, porque Trump contempla establecer aranceles de 60% a los bienes importados desde ese país. También prometió recortes fiscales expansivos para beneficiar a las corporaciones, a los trabajadores que reciben propinas, a los ancianos que cobran la seguridad social y a los propietarios del noreste, por ejemplo. Además, buscará recortar el gasto público con la ayuda del CEO de X, Elon Musk.

Política exterior

En política exterior, Trump utilizó el eslogan America Firsten su pasado mandato y es probable que mantenga esta postura aislacionista en su presidencia. Su discurso se ha caracterizado por un matiz proteccionista, de no intervencionismo y nacionalismo.

Durante la campaña electoral, Trump afirmó que detendría la guerra entre Rusia y Ucrania en un día y prometió recortar la financiación estadounidense para Kiev. Esto podría implicar una renegociación de la asistencia militar a Ucrania, lo que preocupa a los líderes europeos. Igualmente, el mandatario electo habló el jueves 5 de noviembre con el presidente ruso, Vladimir Putin, y le aconsejó que no intensifique la guerra en Ucrania, recordándole la considerable presencia militar de EEUU en Europa.

Además, se espera que Trump continúe su firme apoyo a Israel y su buena relación con Benjamin Netanyahu. De hecho, ya recibió a un enviado de Netanyahu para trazar un plan que permita debilitar a Irán, liberar a los rehenes de Hamas y pactar una tregua en Líbano.

Además, respecto a los consensos internacionales, Trump muestra un posicionamiento distante a la Agenda 2030. La administración probablemente revertirá muchas de las iniciativas ambientales del gobierno de Biden, priorizando la producción de combustibles fósiles y la reducción de regulaciones. Asimismo, sus políticas conservadoras anticipan un retroceso de la agenda woke.

El gabinete Trump y la justicia

Además del vicepresidente electo, J. D. Vance,Trump anunció que Susie Wiles, su jefa de campaña, se convertiría en su secretaria general. Será la primera mujer en ocupar este cargo en los Estados Unidos. A sus 67 años, Wiles tiene a sus espaldas una carrera política de cuatro décadas.

La mayoría de los puestos del gabinete, como los secretarios de Defensa y Seguridad Nacional, requerirán la confirmación del Senado. Como Trump tendrá la mayoría republicana en esa Cámara, será fácil la confirmación de las designaciones clave. Se trata de alrededor de 26 puestos.

Por otra parte, la victoria de Donald Trump podría garantizar una mayoría conservadora en la Corte Suprema. Esto se debe a que puede hacer nombramientos adicionales. La posible jubilación de jueces como Clarence Thomas y Samuel Alito podría facilitar la designación de nuevos magistrados alineados con la agenda política conservadora en temas como derechos reproductivos y regulaciones ambientales.

Redacción

Redacción

Plataforma para el diálogo democrático entre los influenciadores políticos sobre América Latina. Ventana de difusión de la Fundación Konrad Adenauer en América Latina.

¿Qué significa el triunfo de Trump para América Latina?

El líder republicano Donald Trump volverá a ser el presidente de Estados Unidos de América. Su regreso a la Casa […]

Por: Redacción 11 Nov, 2024
Lectura: 2 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El líder republicano Donald Trump volverá a ser el presidente de Estados Unidos de América. Su regreso a la Casa Blanca no solo altera el panorama en su país, sino que también resuena en toda América Latina. ¿Qué significa su triunfo para la región? ¿Cómo impacta en temas como la economía, la expansión de la derecha radical, la situación en Venezuela y el debate migratorio? Los cambios que le esperan a Latinoamérica a partir de este segundo mandato de Trump los ponemos hoy Bajo la Lupa.

[Lee también: Trump y el triunfo de hacer América grande otra vez]

En este episodio participan María Isabel Puerta Riera, profesora adjunta en el Valencia College y autora del libro Crisis de la democracia: ¿en el umbral de la posdemocracia?, Marco Bastos, analista político y consultor de campañas electorales con foco en América Latina, y Gabriel Pastor, analista Internacional, miembro del Consejo de Redacción de DP y profesor de periodismo en la Universidad de Montevideo. 

Bajo la Lupa es un podcast de Diálogo político. Un proyecto de la Fundación Konrad Adenauer.  

Conducción y realización: Franco Delle Donne | Rombo Podcasts.

Redacción

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Plataforma para el diálogo democrático entre los influenciadores políticos sobre América Latina. Ventana de difusión de la Fundación Konrad Adenauer en América Latina.

La India y América Latina: la autonomía estratégica que los une

De la no alineación activa a la autonomía estratégica, los países del Sur Global atraviesan procesos de lecciones cruzadas y sinergias para una potencial colaboración en la gobernanza global.

Lectura: 7 min.
Geopolítica, esferas de influencia.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

India y América Latina no suelen mencionarse juntas salvo en el contexto de su creciente interacción económica. Sin embargo, existe una comunalidad significativa entre ellas. Más allá de los intereses comerciales compartidos, se pueden encontrar sinergias en las opciones de política exterior.

India y varios países latinoamericanos se han convertido en las voces dominantes del Sur Global. Son cada vez más reticentes a alinearse con un bando en el actual sistema internacional en transición, marcado por las crecientes tensiones entre Estados Unidos y China. A la luz de esta convergencia, India y los países de América Latina pueden encontrar varios ámbitos de cooperación.

Autonomía estratégica india

Desde su independencia en 1947, India siguió una política de autonomía estratégica. Durante los años de la Guerra Fría, bajo el liderazgo del primer ministro Nehru, India fue una de las voces clave en la defensa de un tercer bloque o del Movimiento de Países No Alineados (MNOAL) en un mundo polarizado en dos bloques. En este nuevo orden internacional, India mantuvo una continuidad en la política del MNOAL. Que ahora define como “autonomía estratégica”.

Esto se refleja en su membresía en la iniciativa del grupo del Quad, liderado por Estados Unidos y defensor de un Indo-Pacífico libre y abierto (FOIP). También participa en la Iniciativa de los Océanos del Indo-Pacífico (IPOI).

No obstante, India muestra reticencias a adoptar una postura abiertamente hostil hacia China (su mayor socio comercial). Se evidencia en su insistencia en que el Quad no asuma un rol militar ni se formalice como una alianza. Además, India forma parte de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) y de la Unión Económica Euroasiática. También evitó votar a favor de resoluciones en la Asamblea General y el Consejo de Seguridad de la ONU, que condenan la invasión rusa de Ucrania. Pese a las sanciones contra Rusia, India continúa comprando petróleo ruso y recientemente superó a China como principal comprador de crudo de Moscú, además de mantener una fuerte dependencia en defensa con Rusia.

Postura latinoamericana

El No Alineamiento Activo (NAA), como enfoque de política exterior para América Latina, fue propuesto por primera vez por Carlos Ominami en una publicación de 2019. Desde entonces, este concepto ha recibido una creciente validación en distintos círculos de formulación de políticas en América Latina. Aunque ningún país ha adoptado formalmente esta política, muchos eligen este enfoque en la toma de decisiones de su política exterior. América Latina ha sido tradicionalmente entendida como la esfera de influencia de Estados Unidos. Esto comenzó a cambiar en la última década con la creciente influencia comercial de China. Es el nuevo mayor socio comercial en la región. A la luz de las nuevas realidades geopolíticas y la creciente polarización del mundo, América Latina enfrenta la misma presión que India de alinearse con un lado u otro.

El NAA quedó en evidencia, entre otras situaciones, tras la negativa de Argentina, Brasil, Colombia y Chile de aceptar una oferta de Estados Unidos para reemplazar su equipo militar obsoleto por armamento estadounidense a cambio de donar sus viejas armas a Ucrania. Además, Brasil presentó con China una propuesta conjunta de paz para poner fin a la guerra en Ucrania. Es una postura que no ha sido bien recibida en las capitales occidentales.

Asimismo, seis países latinoamericanos se abstuvieron de votar en la resolución de la Asamblea General de la ONU de abril de 2022 para suspender a Rusia del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Uno de ellos fue México, que tradicionalmente ha mantenido una estrecha relación con Estados Unidos.

Otros países centroamericanos que tradicionalmente han estado más cerca de Estados Unidos, como Costa Rica, Panamá y El Salvador, han cambiado el reconocimiento de Taiwán por el de China, en vista de los estrechos lazos de China con la región. Por otro lado, China es el mayor socio comercial de Chile, pero bajo presión de Estados Unidos, eligió a Australia y Nueva Zelanda, en lugar de China, como puntos finales de un nuevo cable de fibra óptica que conectará a América del Sur con la región del Indo-Pacífico.

Convergencia en un mundo en transición

Occidente, liderado por Estados Unidos, ha sido crítico con estos enfoques, calificándolos de oportunismo, neutralidad o estrategia hedging. Sin embargo, estos conceptos requieren una comprensión más matizada. En su libro, Carlos Ominami define la no alineación activa «como una doctrina de política exterior sustentada en principios fundamentales y no simplemente intereses contingentes».

Así lo explica también el ministro de Relaciones Exteriores de India, S. Jaishankar. Definió la “autonomía estratégica” como “una elección de acción” y no como “una elección de inacción”. La estrategia hedging, (ampliamente utilizada por países débiles y/o pequeños) cuando se respalda con poder militar y/o económico, como en el caso de India o Brasil, crea un nuevo polo de poder. Si bien la multipolaridad es más inestable que la bipolaridad, refleja con mayor precisión la distribución actual del poder y la diversidad global.

[Lee también: India y América Latina: comercio y cooperación económica]

Así, la adopción de la autonomía estratégica ha posicionado a India como un nuevo polo de poder. Y la NAA ofrece una oportunidad similar para los países de América Latina, permitiéndoles ganar mayor protagonismo en los asuntos globales. Los países en desarrollo en la región pueden beneficiarse de la diversificación comercial que deriva de este enfoque de política exterior. Además, el no alineamiento activo puede ser flexible y basado en temas específicos, en lugar de ser absoluto. Por ejemplo, un Estado puede buscar cooperación con China en áreas como el multilateralismo o la reforma de mecanismos de gobernanza global. Pero también, mantiene una postura crítica respecto a China en cuestiones como las violaciones de derechos humanos.

Cooperación sur-sur

India y los países de América Latina que adopten el NAA/Autónoma Estratégica pueden beneficiarse de una colaboración conjunta en la promoción de reformas constructivas de los mecanismos de gobernanza global. La revitalización del foro del Movimiento de Países No Alineado (MNOAL) (conformado actualmente por 120 Estados y con sede en Yakarta), podría servir como una plataforma para potenciar la cooperación Sur-Sur. Si bien después de la ONU el MNOAL es el foro con más Estados miembros del mundo, esta organización requiere de reformas estructurales que respondan a las nuevas dinámicas globales.

Por otro lado, la cooperación en el sector de la defensa también podría constituir un área de interés común. India invirtió ampliamente en materia de autosuficiencia en su industria de defensa. Nueva Deli se posiciona como un posible socio para los países de América Latina interesados en modernizar sus capacidades en este sector. Adicionalmente, foros multilaterales como el G20 podrían ofrecer espacios de colaboración en temas como el cambio climático, la exploración espacial, la reestructuración de la deuda y el desarrollo sostenible.

Un enfoque de autonomía estratégica autónoma no parte de la base de una política disruptiva y revisionista. Por el contrario, busca ceñirse al orden mundial basado en el derecho internacional vigente. Por ello, debe percibirse a través del prisma de la prosperidad compartida y de una colaboración constructiva.

Shahana Thankachan

Shahana Thankachan

Profesora ayudante doctor en el Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad de Navarra. Anteriormente trabajó como consultora en el Ministerio de Asuntos Exteriores de la India.

Gabriela Fajardo Mejía

Gabriela Fajardo Mejía

Doctoranda en Derecho de la Sociedad Global en la Universidad de Navarra. Premio extraordinario fin de carrera en relaciones internacionales por la Universidad de Navarra. Máster en derechos humanos por la misma casa de estudios y máster en derecho internacional por el ISDE.

Trump y el triunfo de hacer América grande otra vez

El republicano volvió a la Casa Blanca con un apoyo que le permitirá introducir su agenda conservadora y proteccionista bajo el lema "Hacer América grande de nuevo". ¿Cuáles fueron las claves de su victoria?

Por: Gabriel Pastor 7 Nov, 2024
Lectura: 8 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Donald Trump ha sido electo como el 47º presidente de los Estados Unidos: un regreso histórico al cargo. Su victoria es significativa porque es el primer presidente en ocupar el cargo tras ser condenado por un delito.

El candidato del Partido Republicano aseguró la mayoría electoral, de 270 votos del Colegio Electoral. Mientras aún se contabiliza el escrutinio en los últimos estados, Trump lleva 295 votos conquistados (51%). Supera a su contrincante del Partido Demócrata, Kamala Harris, con 226 apoyos (47,6%), que no pudo replicar los márgenes de Biden.

El republicano triunfó en Míchigan, Wisconsin, Pensilvania, Georgia y Carolina del Norte, considerados estados “bisagra” y también logró superarle en el voto popular. La contundente victoria le otorgó a los republicanos la mayoría en el Senado, con 52 senadores y 44 para los demócratas. Aún quedan cuatro por definirse. En Diputados, Trump está a un miembro de, también, alcanzar la mayoría, con 206 representantes. Harris, por su parte, alcanzó 191 y aún hay 218 sin definir.

La votación excepcional en el Congreso refuerza la confianza en su plan nacionalista y proteccionista, lo que le da pista libre para introducir su agenda y reformas. Este fue un obstáculo constante que acompañó al gobierno de Joe Biden durante su mandato.

Resultados actualizados hasta 07/11/2024, 08:59. Fuente: El País.

Una lectura incorrecta

Las urnas revelaron que el descontento del electorado fue mayor al previsto por las encuestas, que en su mayoría anticipaban un resultado más ajustado. Trump supo capitalizar esta situación. A Harris le fue imposible desvincularse de la herencia de la administración de Biden, en un contexto pospandemia, con un mundo inmerso en conflictos bélicos y el recrudecimiento de la situación en Medio Oriente. Estos factores contribuyeron a la polarización de una sociedad ya fragmentada por profundas divisiones políticas y sociales, lo que terminó perjudicando aún más al campo demócrata.

Según estudios de opinión pública de Associated Press (AP), alrededor de 3 de cada 10 votantes querían un cambio total de la forma en que se gobierna el país. Más de la mitad de los votantes, en general, quería ver un cambio sustancial.

Las elecciones presidenciales en Estados Unidos (EEUU) celebradas el martes 5 de noviembre de 2024 podrían marcar el inicio de cambios profundos en la idiosincracia de la democracia más antigua del mundo.

La ola roja

La arrolladora victoria de Trump revela una realidad social que ni las figuras influyentes demócratas ni las encuestas lograron prever. Subestimaron o malinterpretaron el conjunto de condiciones, estructuras y dinámicas que configuran la vida cotidiana de los estadounidenses: aspectos económicos, culturales, políticos y ambientales que influyen en cómo las personas se relacionan entre sí, perciben su entorno y entienden su lugar en el mundo.

La bandera de la democracia y el derecho al aborto de las mujeres, que Harris defendió con énfasis durante su breve campaña electoral, no logró cautivar a los votantes. Sí triunfó en ambas costas de EEUU, donde se centralizan las élites culturales e intelectuales. Sus compromisos quedaron lejos de las preocupaciones del ciudadano común, o simplemente no resultó tan potente como los liberales estadounidenses necesitaban que fuera.

Vicepresidenta y candidata demócrata Kamala Harris. Foto bajo licencia (presionar la imagen).

La cultura MAGA

El hecho de que las encuestas en boca de urna hayan mostrado que Trump obtuvo porcentajes significativos de votantes blancos de clase trabajadora, afroamericanos y de origen latino resalta cómo el eslogan «Make America Great Again» (MAGA), lanzado por Trump en 2016, se convirtió en un símbolo de ideas influyentes en torno al nacionalismo económico, la postura antiinmigración y una visión conservadora sobre la identidad colectiva. Este fenómeno económico (proteccionismo decimonónico), combinado con una cultura conservadora, empieza a desplazar la ideología liberal estadounidense. Es un cambio profundo en ciernes: la ideología woke, que surgió como una lucha contra el racismo, se extendió a cuestiones de género y orientación sexual. Pero también adoptó una postura intolerante hacia quienes piensan de manera diferente y promueven prácticas sociales problemáticas, como la cultura de la cancelación.

[Lee también: Javier Mejía: “Lo que definirá las elecciones en EEUU será la política en cuestiones culturales”]

Una encuesta del Cato Institute y YouGov, citada en el libro La libertad de expresión y por qué es tan importante (Alianza Editorial, 2022), del británico Andrew Doyle, reveló que casi dos terceras partes de los estadounidenses se sienten obligados a callar sus opiniones por miedo a ofender a alguien. Y, una tercera parte, se abstiene de compartir sus opiniones políticas por temor a que, de hacerlo, se vean afectadas sus perspectivas laborales. Todo indica que los demócratas fueron fagocitados por las cuestiones culturales, lo que resultó en una pérdida tanto de votos como de participación electoral.

Por eso, es probable que estas elecciones sean recordadas como uno de los cambios políticos y culturales más significativos de la historia de EEUU.

Mesa de análisis sobre las elecciones en EEUU, organizada por Diálogo Político. Participan Gabriel Pastor, Amparo Mercader y Javier Mejía.

Un titán de la política

El brutal batacazo de Trump en la arena electoral va más allá de una victoria arrolladora contra su contrincante: una experta en leyes formada en la exclusiva costa oeste de EEUU, fiscal y senadora antes de convertirse en vicepresidenta, cuando sacó al líder republicano de la Casa Blanca hace casi cuatro años. En realidad, un Trump herido por los graves casos legales que enfrenta, luchó en solitario contra el establishment de Washington, que lo desafió en diversos frentes. Y, por si fuera poco, enfrentó dos intentos de asesinato durante la campaña.

[Lee también: Harris y el reto de ganarle a Trump]

A pesar de todo, derrotó con comodidad a Kamala Harris, que terminó representando lo mismo que Hillary Clinton en su momento de derrota. Un voto a Trump significó un rechazo profundo a la dirigencia tradicional, responsable de moldear la vida política desde la pos Guerra Fría. Quizás el Trump de hoy termine por sepultar el mundo inaugurado por el presidente Bill Clinton, así como las instituciones multilaterales como la Organización Mundial de Comercio (OMC), que extendieron la alfombra roja al régimen chino de capitalismo de Estado.

La estrategia de demonizar a Trump por sus causas judiciales, su prédica contra los inmigrantes ilegales y la construcción de un relato de «fake news» no escandalizó a nadie. Pues los antecedentes del candidato eran bien conocidos. Como un superhéroe de ficción, lo que aparentemente lo debilitaba, al final, lo fortaleció. Incluso hasta la insurrección en el Capitolio, pudiendo levantar un muro multirracial de votantes en las urnas.

La trampa de los valores

Los demócratas, en estas horas, parecen estar grogui tras la paliza electoral. La posibilidad de elegir a una mujer presidenta, perteneciente a una minoría racial, entusiasmó al principio de su candidatura. Pero no terminó siendo un factor decisivo entre las votantes. Solo alrededor de 1 de cada 10 votantes mencionó que el hecho de que Harris fuera la primera mujer presidenta era el factor más importante en su voto. Aproximadamente una cuarta parte consideró que, si bien era importante, no era el factor determinante.

Además del error de suponer que la defensa de los valores democráticos cautivaría a los electores, y de confiar en que las urnas reflejarían simpatía por el estado de bienestar de Biden o la gigantesca inversión en infraestructura, no se dieron cuenta a tiempo de que los votantes, en lugar de centrarse en las mejoras de carreteras, puentes y puertos del país, se quejarían por los precios de los supermercados, comparándolos con los de la era Trump. Alrededor de 9 de cada 10 votantes estaban muy o algo preocupados por el costo de los alimentos, y alrededor de 8 de cada 10 estaban preocupados por los costos de atención médica, los costos de vivienda o el costo de la gasolina, según la encuesta de AP.

Estos aspectos económicos, que reflejan en parte la percepción de rezago en sectores significativos de la población, incluye a herederos o víctimas directas de quienes se consideran perdedores de la globalización. No parecen reconocer el poder económico actual de EEUU. Tanto en comparación consigo mismo como con China o las potencias europeas. De esta interpretación de la realidad surge la ira ciudadana que abraza el modelo proteccionista del estilo Trump.

Gabriel Pastor

Gabriel Pastor

Miembro del Consejo de Redacción de Diálogo Político. Investigador y analista en el think tank CERES. Profesor de periodismo en la Universidad de Montevideo.

Elecciones regionales en Chile señalan una tendencia a la moderación

En un contexto de fragmentación política, el voto consolidó a la coalición Chile Vamos y a los candidatos que lograron abordar problemáticas como la seguridad.

Por: Aldo Cassinelli Capurro 6 Nov, 2024
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Las elecciones locales y regionales recientes en Chile dejaron claras señales sobre la tendencia de los votantes y el panorama político de cara a las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2025. En un contexto de voto obligatorio, la ciudadanía demostró su inclinación hacia posturas moderadas y pragmáticas, premiando a candidatos de consenso y fortaleciendo bloques consolidados como ChileVamos y el denominado Socialismo Democrático. No obstante, la persistente fragmentación del sistema político y los retos en seguridad y calidad de vida reflejan un escenario complejo, en el que las autoridades electas deberán responder de manera efectiva a los problemas de la ciudadanía.

Chile Vamos, los ganadores

Los resultados de las elecciones regionales del 26 y 27 de octubre reforzaron a ChileVamos. Se trata de la coalición de centroderecha integrada por la UDI, Renovación Nacional y Evopoli. Consiguió importantes victorias en distintos municipios y buenos resultados en gobernaciones con miras a la segunda vuelta a realizarse el 24 de noviembre.

Esto confirma el respaldo ciudadano a los partidos tradicionales de derecha en su confrontación hegemónica con el Partido Republicano por la representación del sector. Los resultados también perfilan a ChileVamos como un bloque fortalecido y cohesionado de cara a las elecciones generales de 2025.

[Descarga: Carlos Peña: “Donde la mayoría quiere linchar a un delincuente, la democracia liberal dice ¡no!”]

Dentro de ChileVamos, se destaca la figura de Evelyn Matthei, hasta hoy alcaldesa de Providencia. Se ha consolidado como una referente de moderación y pragmatismo en la política chilena. Su liderazgo ha atraído a votantes tanto de la derecha como del centro gracias a una gestión enfocada en la seguridad y en soluciones concretas para su comuna. Matthei emerge entonces como una potencial candidata presidencial con amplio respaldo en su coalición y un estilo que refleja la demanda ciudadana por liderazgos efectivos y moderados. La elección de líderes como ella, que priorizan la acción sobre la retórica, es una señal clara que los votantes buscan resultados tangibles y estabilidad política.

Seguridad y malestar ciudadano: demandas no atendidas

Las elecciones se desarrollaron en un contexto de profundas preocupaciones ciudadanas. La seguridad es el tema central para gran parte del electorado. El crimen organizado y el aumento de la violencia han generado un clima de inseguridad que afecta la vida cotidiana de los chilenos. Los candidatos que lograron abordar de manera creíble y eficaz estos temas fueron recompensados en las urnas.

A la par, persiste un sentimiento de incertidumbre y malestar en la sociedad chilena, especialmente ante la baja actividad económica. El desempleo ha comenzado a subir y la percepción de deterioro en la calidad de vida alimenta el descontento. Este contexto plantea un desafío para el sistema político, que ha sido incapaz de dar respuestas concretas y rápidas a los problemas urgentes de la población.

Sumado a lo anterior, los recientes episodios de acusaciones constitucionales —tanto a autoridades de gobierno como a ministros del Poder Judicial, que llegaron a ser destituidos, y la renuncia del subsecretario del Interior, acusado de violación— han afectado la confianza pública en la capacidad del sistema político para manejar las crisis. En síntesis, para algunos la política genera más problemas que soluciones. Esa percepción debe revertirse a la brevedad.

Sistema político fragmentado por independientes

A pesar del fortalecimiento de ChileVamos y la moderación en varios sectores, la fragmentación política sigue siendo un desafío estructural en Chile. El número elevado de partidos y movimientos continúa diluyendo la cohesión del sistema. Dificulta también la construcción de mayorías estables y la formulación de políticas coherentes. Esto se ve agravado por el número creciente de candidatos y autoridades independientes, quienes captan el apoyo de ciudadanos que desconfían de los partidos tradicionales y buscan una representación directa y cercana a sus problemas locales.

[Descarga: Política chilena: fragmentación, coordinación y respuesta]

Si bien la elección de autoridades independientes responde al descontento ciudadano, también implica dificultades para la gobernabilidad, ya que sus plataformas tienden a carecer de la cohesión necesaria para coordinar políticas a nivel nacional. La fragmentación y el crecimiento de los independientes reafirman la necesidad de revisar el sistema político para reducir la atomización, incentivando una mayor integración en partidos sólidos que puedan articular proyectos de largo plazo.

Moderación: estrategia ganadora del voto obligatorio

El regreso del voto obligatorio ha sido un factor determinante en el resultado de estas elecciones, con una participación más amplia y diversa que en comicios recientes. El padrón en esta ocasión fue de 15 millones de electores, de los que se manifestaron más de 13 millones. Los votantes han mostrado una clara preferencia por figuras de consenso, un fenómeno que subraya la fatiga ciudadana ante la polarización y la demanda de estabilidad y pragmatismo. No olvidemos que el país viene de dos procesos constitucionales fallidos en menos de dos años.

Este resultado envía un mensaje contundente para los partidos y candidatos que planean competir en 2025: la moderación y la capacidad de responder a problemas reales en lugar de posturas dogmáticas o de confrontación serán factores clave para ganar el respaldo ciudadano.

Efectividad electoral

Otro aspecto clave que estas elecciones han puesto de relieve es la efectividad electoral de los partidos, entendida como la capacidad de transformar el respaldo de los votos en cargos electos. No basta con tener una alta votación; los partidos deben contar con estrategias coherentes y unidad interna para transformar ese apoyo en posiciones de poder que les permitan incidir en la política local y nacional. En este sentido, ChileVamos ha demostrado una notable efectividad al canalizar su base en un número significativo de cargos, lo que anticipa una posición de ventaja para las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2025.

La capacidad de un partido para traducir votos en cargos es crucial para la gobernabilidad y estabilidad del sistema político. Los partidos que componen ChileVamos, así como otras fuerzas políticas agrupadas en el denominado Socialismo Democrático, no solo gozan de apoyo popular, sino que también son capaces de articularse institucionalmente, lo que mejora sus perspectivas de éxito en futuras elecciones.

Aldo Cassinelli Capurro

Aldo Cassinelli Capurro

Cientista Político, Fundador de www.datacamp.cl. Director Escuela de Gobierno de la Universidad Autónoma de Chile.

La desinformación y narrativas alternativas calan en América Latina

La desinformación es un campo de disputa clave en América Latina, ya que involucra los significados simbólicos y discursivos que enmarcan las principales batallas políticas.

Por: Fernando Pedrosa 5 Nov, 2024
Lectura: 6 min.
Desinformación en superaño electoral
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La creciente atención hacia la desinformación ha sido impulsada por gobiernos y organizaciones de Europa y Estados Unidos a partir de controversias como las relacionadas con las vacunas contra el covid-19, la guerra ruso-ucraniana, el uso de TikTok. Más recientemente, el conflicto entre Israel y Hamas.

Por ello, en los últimos años, la desinformación se ha convertido en un tema clave para la financiación de eventos internacionales, conferencias, investigaciones, informes y tesis. El foco se ha centrado en estudiar a los emisores de estas campañas. Principalmente los gobiernos de China, Irán y Rusia, y su papel en los intentos de consolidar los propios regímenes y expandir su influencia a nivel global.

Sin embargo, esto ha relegado a un segundo plano otras agendas igualmente importantes. Especialmente en América Latina, que requieren volver a recibir mayor atención, en particular por parte de la comunidad internacional.

Qué no es y qué es la desinformación

A diferencia de épocas anteriores, cuando la información era un bien escaso, hoy en día inunda cada aspecto de la vida de las personas. Por ello, la desinformación no se relaciona únicamente con la verdad o mentira, ámbitos en los que religiosos y filósofos se desenvuelven con soltura, pero donde la libertad y el pluralismo no siempre encuentran un terreno cómodo.

Tampoco es un fenómeno unidireccional, en el que se busca simplemente engañar a otras para obtener un fin determinado. Esta visión tiende a sobrestimar la capacidad del manipulador, sus herramientas, y al destinatario final como a su entorno.

[Lee también: Sergio Castaño: “Irán estudió perfectamente a América Latina”]

Las formas en que las sociedades procesan la información que reciben están influenciadas por múltiples factores. No son fáciles de desentrañar, ni siquiera para quienes forman parte de ellas. Esto se complica aún más cuando dichos contenidos provienen de contextos culturales o políticos diferentes.

Además, la desinformación ya forma parte del repertorio de los gobiernos autoritarios y sus voceros. La emplean para relativizar acusaciones de violaciones a los derechos humanos, corrupción, fraudes electorales, encarcelamientos, exilios y asesinatos de disidentes.

En América Latina

La desinformación en las sociedades latinoamericanas está influenciada por diversos factores. Gran parte de ellos son elementos estables que operan como un sentido común establecido, incluso, desde antes de la Guerra Fría. En este sentido, muchos de los estudios sobre la desinformación suelen ser algo superficiales, como si el simple hecho de manipular o falsear un relato pudiera lograrse solo con la voluntad y la tecnología de quien lo promueve.

Rusos, chinos e iraníes enfrentan en América Latina importantes barreras al intentar difundir con éxito sus mensajes. En términos culturales, políticos, alfabéticos y religiosos, existe un abismo que los separa de la región. Los medios oficiales de estos países, por sí mismos, tienen una audiencia limitada. Sus redes no logran viralizar contenidos políticos con facilidad y no son una fuente habitual de consulta para las élites políticas o sociales afines.

Al estudiar la desinformación en América Latina, es más relevante centrarse en el proceso de interacción con los actores locales que en el propio emisor externo. Estos grupos nacionales, como universidades, medios de comunicación, grupos académicos y movimientos sociales y políticos, reformulan la imagen de China, Rusia e Irán. Generan una versión edulcorada y adaptada a las discusiones y tradiciones locales, listas para ser consumidas sin interferencias ni disonancias.

A su vez, estos Estados invierten recursos en la logística necesaria para garantizar su influencia. Incluye la contratación de periodistas, académicos y técnicos locales. Esto contribuye a construir relaciones de interés y compromiso mutuo con sectores influyentes en los países donde buscan intervenir.

Agentes locales

Es imposible no destacar, a nivel latinoamericano, el papel de Venezuela y Cuba. Son motores de casi cualquier intoxicación informativa que atraviese la región para sostener la expansión de regímenes iliberales. Además de sus propias iniciativas, ambos países se han consolidado como expertos en la traducción de relatos autoritarios rusos e iraníes adaptados al progresismo y las izquierdas latinoamericanas. Los relatos históricos que estos países construyeron sobre sí mismos durante los últimos 70 años, sobre Rusia y China, ayuda a que esto suceda.

Durante la pandemia de covid-19, esto se observó en torno a la vacuna Sputnik, cuya legitimidad estaba más sostenida en la tradición científica de la era soviética que en el prestigio actual de su producción. De manera similar, los relatos que realzaban las políticas represivas chinas argumentaban que estaban basadas en un sentido comunitario ligado a sus tradiciones orientales. Según estos discursos, no existía en las sociedades individualistas y liberales.

[Lee también: La galaxia rosa, un peligro para la democracia]

Esta versión de Rusia y China (y en menor medida de Irán) también sirve a los actores locales para presentar modelos alternativos a las democracias occidentales. Sustentan sus propios proyectos y discursos. El Foro de São Paulo y CLACSO son ejemplos de este fenómeno. También, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) en Argentina, que ejerce una gran influencia en organismos internacionales. En el plano político partidario, el papel del Partido de los Trabajadores brasileño ha sido clave y requiere de un mayor estudio.

Carácter relacional

La desinformación es un campo de disputa clave en América Latina, ya que involucra los significados simbólicos y discursivos que enmarcan las principales batallas políticas. Es fundamental resaltar el carácter relacional del concepto, para evitar la simplificación y terminar analizando miles de publicaciones en TikTok con la expectativa de encontrar ahí respuestas sobre las estrategias chinas.

Cuando se habla de desinformación, los gobiernos occidentales, las organizaciones internacionales y las ONG trasnacionales que apoyan activismos o proyectos basados en valores democráticos deben revisar sus políticas en ese sentido. Si continúan ignorando el componente local de los proyectos autoritarios, tarde o temprano podrían descubrir que están financiando tanto a quienes luchan contra la desinformación como a quienes la promueven.

Fernando Pedrosa

Fernando Pedrosa

Historiador por la Universidad de Buenos Aires. Máster en Estudios Latinoamericanos. Doctor en Procesos Políticos Contemporáneos por la Universidad de Salamanca. Profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

América Latina no es prioridad para Estados Unidos

La atención deberá estar en el impacto de los efectos indirectos, como el precio de los commodities, el dólar y nuevos enfrentamientos que generen mayor inestabilidad internacional.

Por: Jorge Sahd 4 Nov, 2024
Lectura: 4 min.
El ABC de las elecciones en Estados Unidos
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

América Latina no es la centralidad de la política exterior de Estados Unidos. No lo ha sido para demócratas ni republicanos en la historia reciente. Menos lo será para el próximo presidente, sea Donald Trump o Kamala Harris, agobiados por una política interna cada vez más polarizada y disfuncional. Se enfrentan a temas abiertos como la guerra en Ucrania, el conflicto en Medio Oriente y la siempre tensa relación con China.

Gane Trump o Harris, la política de Estados Unidos hacia América Latina no variará mayormente. México es la excepción de México. Su economía depende de sus relaciones con el país vecino y que el 2026 enfrenta la renegociación del Tratado con EEUU y Canadá (T-MEC). Pero el resto de la región no tendrá mayores cambios por las políticas de uno u otro candidato.  

Podremos ver cambios en la estrategia hacia Venezuela, en temas migratorios con México y Centroamérica, en el combate al narcotráfico o en una retórica distinta frente a la mayor presencia de China en América Latina. Trump los hace con un estilo transaccional de “la zanahoria y garrote”. Harris, con uno más diplomático en línea de la administración Biden. Sin embargo, en la práctica ni uno ni el otro moverán la aguja.

[Descarga: Sergio Castaño: “Irán estudió perfectamente a América Latina”]

A nivel ideológico, se piensa que un triunfo de Trump generará un nuevo eje ideológico con la Argentina de Milei a la cabeza, Bukele en el Salvador y otros países afines como Paraguay, Perú, Panamá, Costa Rica y República Dominicana. En la otra vereda, Chile, Colombia y Brasil enfrentarían una relación más tirante por las diferencias políticas. Más allá del valor simbólico, la historia muestra que las relaciones con Estados Unidos son mucho más fuertes, de Estado, que lo que sus gobernantes pueden pensar. Al final del día se termina imponiendo la diplomacia (y los intereses).  

Efectos indirectos

Si los efectos directos no serán relevantes más allá de quién gane la elección, entonces: ¿dónde debemos poner atención? En los efectos indirectos, es decir, en las consecuencias para América Latina de un escenario de mayor inestabilidad internacional. Por ejemplo, en el precio de los commodities, el dólar y nuevos enfrentamientos entre China y Estados Unidos que disminuyan el apetito al riesgo de los inversionistas.

La guerra de Rusia en Ucrania no cede, el conflicto en Medio Oriente tiene el riesgo de escalar y la situación de Taiwán siempre es una luz de alarma. El multilateralismo, otro muro de contención de conflictos, atraviesa un momento irrelevante y no hay rendición de cuentas a quienes violan el derecho internacional.

Si bien el dólar podría fortalecerse con Trump, ante nuevas medidas y alzas adicionales de aranceles, las políticas comerciales de Biden probaron ser proteccionistas, manteniendo un nivel elevado de aranceles con China y desplegando una ola de subsidios en su política industrial 2.0. Fue Biden, y no Trump, quien anunció un arancel de 100% a los autos eléctricos fabricados en China. El mercado pareciera considerar menos impredecible a Trump porque lo conoce. Los commodities y las economías latinoamericanas, en general, permanecerán expectantes a las débiles proyecciones de crecimiento chino, que podría verse amenazado por nuevas medidas del próximo gobierno americano.

No siendo prioridad nuestra región en la política exterior americana, la atención de los mercados deberá estar en el impacto indirecto: la vulnerabilidad frente a un escenario de mayor inestabilidad global.


Este artículo se publicó originalmente en La Tercera.

Jorge Sahd

Jorge Sahd

Director del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica de Chile. Abogado y profesor. Máster en administración pública por la Universidad de Nueva York.

La fragilidad presidencial en Latinoamérica

El nuevo DP Enfoque 16 analiza la fragilidad presidencial en Europa y América. En este episodio de Bajo la Lupa, […]

Por: Redacción 1 Nov, 2024
Lectura: 1 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El nuevo DP Enfoque 16 analiza la fragilidad presidencial en Europa y América. En este episodio de Bajo la Lupa, reflexionamos sobre este fenómeno en la región latinoamericana.

Previo a la apatía, en los momentos en que los niveles de aprobación presidencial son muy altos, los gobiernos emulan un enamoramiento por transitar un pico de encanto para con la sociedad. Esto suele suceder en los periodos llamados luna de miel, que refieren a los primeros meses de gobierno de un nuevo mandatario. Pero también sucede en circunstancias extraordinarias, como fue la pandemia.

[Descarga: DP Enfoque 16: El poder en decadencia]

¿Qué hacen los gobiernos ante ese éxtasis de aprobación generalizada? ¿Saben administrar el poder y formar consensos? ¿O se ciegan y olvidan las reglas no escritas de la democracia y la convivencia política?

En este episodio participaron Augusto Reina, director de Pulsar y profesor de la universidad de Buenos Aires, y Facundo Cruz, consultor, analista político, coordinador General del Observatorio Pulsar UBA. 

Bajo la Lupa es un podcast de Diálogo político. Un proyecto de la Fundación Konrad Adenauer.  

Conducción y realización: Franco Delle Donne | Rombo Podcasts.

Redacción

Redacción

Plataforma para el diálogo democrático entre los influenciadores políticos sobre América Latina. Ventana de difusión de la Fundación Konrad Adenauer en América Latina.

DP Enfoque 16: La aprobación presidencial en decadencia

Cuatro analistas investigaron, con la Fundación Konrad Adenauer, la fragilidad del poder reflejada en las mediciones de aprobación de mandatarios en el tiempo pospandemia.

Por: Redacción 1 Nov, 2024
Lectura: 3 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La aprobación de presidentes y primeros ministros cambió porque los mandatarios ya no viven el periodo de la luna de miel como antes. El DP Enfoque 16 examina la evolución de la aprobación presidencial pospandemia en 18 países en tres regiones del mundo: América Latina, América del Norte y Europa Occidental.

[Descarga: DP Enfoque 16: El poder en decadencia]

Para el análisis, fueron relevados 2.385 registros de aprobación presidencial publicados en monitoreos de opinión pública realizados por 2.260 consultoras especializadas en el tema.

El análisis de Martín Astarita, Daniela Barbieri, Facundo Cruz y Augusto Reina, con la Fundación Konrad Adenauer, revela patrones de desgaste, volatilidad y estancamiento, lo que resalta la creciente dificultad de los gobiernos para mantener un apoyo duradero en un contexto de insatisfacción estructural y el reto de reconstruir la legitimidad y la confianza ciudadana.

Los ciclos de aprobación

Se constatan tres ciclos bien definidos: un primer momento de respaldo por la gestión de la crisis del covid-19, seguido de un desplome debido al desgaste y una tímida recuperación.

Durante la pandemia, desde comienzos de 2020 hasta fines de 2021, hubo niveles de popularidad muy elevados para los gobiernos a nivel global. La confianza y apoyo hacia los mandatarios americanos y europeos fue alta por la toma de decisiones en la crisis sanitaria. El rango de aprobación en estos años estuvo alrededor del 50 %, con pisos en torno al 45 % y techos de casi el 55 %.

El segundo ciclo se abrió a partir de 2022 y llegó hasta 2023 inclusive, con una caída general en la aprobación. Coincidió con el desgaste de los gobiernos pospandemia. Los niveles generales de apoyo rondaron el 35 %.

El tercer ciclo se inició al final del año 2023 hasta septiembre de 2024. Durante este tiempo observamos una ligera recuperación en la aprobación de varios mandatarios. Como consecuencia de una renovación de los oficialismos, algunos empujaron el promedio mundial por encima del 40 %.

Aunque este recuperación parece ser efímera en la mayoría de los casos. Los desafíos pospandemia y otros factores locales siguen impactando negativamente en la percepción pública.


Los tres ciclos de aprobación presidencial en América y Europa

Frágil y volátil

La variación de la aprobación presidencial en América Latina es más alta comparada con la constancia europea. Varios líderes experimentaron caídas drásticas en poco tiempo. Por ejemplo, Daniel Noboa (Ecuador) y Pedro Castillo (Perú). Aunque en Europa los niveles de aprobación son generalmente bajos, se percibe una mayor constancia en la tendencia descendente. Líderes como Olaf Scholz (Alemania) y Emmanuel Macron (Francia) enfrentaron una caída lenta pero sostenida en la aprobación.

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A pesar de la tendencia general a la baja, algunos nuevos líderes han mostrado una resiliencia momentánea, manteniendo niveles de aprobación relativamente altos o estables. Giorgia Meloni (Italia) y Lula da Silva (Brasil) son ejemplos de esta resiliencia y logran mantener o mejorar sus niveles de aprobación en contextos y momentos difíciles.

La aprobación presidencial es cada vez más frágil y volátil. Las lunas de miel se acortaron y las expectativas insatisfechas se convirtieron en la norma. La pospandemia ha dejado una huella imborrable en la relación entre los gobiernos y sus ciudadanos, poniendo a prueba la capacidad de liderazgo en tiempos de cambio. La estabilidad, más que el crecimiento, parece ser la meta máxima.

Redacción

Redacción

Plataforma para el diálogo democrático entre los influenciadores políticos sobre América Latina. Ventana de difusión de la Fundación Konrad Adenauer en América Latina.

DP Enfoque Nro. 16 El poder en decadencia: la fragilidad de la aprobación presidencial

Descubre por qué la aprobación de presidentes y primeros ministros cambió luego de la pandemia.

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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El DP Enfoque 16 examina la evolución de la aprobación presidencial pospandemia en 18 países en tres regiones del mundo: América Latina, América del Norte y Europa Occidental.

Se constatan tres ciclos bien definidos. En un primer momento, sucedió el respaldo por la gestión de la crisis del covid-19,. Luego, siguió un desplome debido al desgaste. Finalmente se observa una tímida recuperación.

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Fueron relevados 2.385 registros de aprobación presidencial publicados en monitoreos de opinión pública realizados por 2.260 consultoras especializadas en el tema.

El análisis de Martín Astarita, Daniela Barbieri, Facundo Cruz y Augusto Reina, investigadores del centro Pulsar de la Universidad de Buenos Aires apoyados por Diálogo Político, revela patrones de desgaste, volatilidad y estancamiento, lo que resalta la creciente dificultad de los gobiernos para mantener un apoyo duradero en un contexto de insatisfacción estructural y el reto de reconstruir la legitimidad y la confianza ciudadana.

Publicación: 31 de octubre de 2024

ISBN 978-9915-9701-1-4

Augusto Reina

Augusto Reina

Politólogo. Consultor político. Director de Doserre y del Observatorio Pulsar de la Universidad de Buenos Aires. Coautor del manual de marketing y comunicación política «Acciones para una buena comunicación de campañas electorales» (KAS, 2013).

Daniela Barbieri

Daniela Barbieri

Daniela Barbieri. Socióloga (Universidad de Buenos Aires, UBA). Magíster en Comunicación Política (George Washington University). Docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Consultora política, investigadora y profesora universitaria (UBA)

Facundo Cruz

Facundo Cruz

Politólogo. Consultor político e investigador. Coordinador General de Pulsar. UBA. Co-Director del Centro de Investigación para la Calidad Democrática. Autor de "La Gente Vota" en Cenital.

¿Qué dejaron las elecciones municipales de Brasil?

En esta instancia, se constató la victoria cultural de la derecha, Lula y la izquierda fueron ignorados y el tema medioambiental fue ignorado.

Por: Marco Bastos 31 Oct, 2024
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Elecciones Brasil
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

En el primer y en el último domingo del pasado mes de octubre, 120 millones de votantes brasileños fueron a los locales de votación a elegir alcaldes y concejales de 5.570 municipalidades. Se explayaron desde el norte, en la jungla amazónica, hasta el sur, en la frontera con Uruguay. Una elección tan grande en números deja un saldo de vencedores y perdedores. El presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, es uno de los vencidos, mientras el campo conservador avanza en gobiernos locales y en el debate público.

Victoria cultural de la derecha

Si bien la política local es muy particular, el zeitgeist cultural, es decir, el caldo de cultivo cultural que se siente en Brasil, es mayormente de derecha. La derecha impone los términos del debate público y la izquierda tiene que jugar en esta cancha.

Temas como liberación de aborto y descriminalización de la marihuana son temas prohibidos a cualquier candidato a alcalde en el Brasil de hoy. Un ejemplo de eso: el candidato del partido del presidente Lula en la ciudad de Cuiabá, capital del estado agrícola del Mato Grosso, salió en la tele diciendo estar en contra de estas posturas.

Esta hegemonía cultural de la derecha hizo que candidatos de izquierda en grandes ciudades tuvieran un techo electoral muy bajo Pues el rechazo popular a esas figuras fue muy grande. En Porto Alegre, el Partido de los Trabajadores (PT), de Lula, perdió el balotaje para el alcalde que gobernó durante las peores inundaciones en un siglo en la ciudad.

Por todo ello, el campo de las derechas seguramente será competitivo en las elecciones presidenciales de 2026, sea con el expresidente Jair Bolsonaro o con otro candidato.

Lula y la izquierda salen derrotados

De las 103 ciudades más pobladas de Brasil (aquellas con más de 200,000 votantes), el Partido Liberal (PT), de Bolsonaro, ganó 16 alcaldías. Mientras, el PT de Lula ganó 6.

Contando en todo el país, el partido de Bolsonaro eligió 517 alcaldes, mientras el PT de Lula 252. El partido del presidente fue solamente el noveno en el ranking de partidos con más municipios conquistados.

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La consecuencia del debilitamiento de la izquierda y del PT es un escenario de Lula como un presidente débil. En los últimos dos años de su gobierno, fue un líder de fuerza política en declive que tiene en frente a un Congreso hostil, poderoso y mayormente conservador. 

Medioambiente, ignorado

Parte de este panorama cultural es que el cambio climático pasó de largo en el debate público. El expresidente Bolsonaro sostiene que no existe el cambio climático, una postura idéntica a su par estadounidense Donald Trump.

Este año, Brasil registró una de las peores sequías de su historia, dejando grandes regiones metropolitanas bajo el humo, con incendios forestales en la Amazonia y en la llanura del Cerrado. En Porto Velho, ciudad capitalina de la Amazonia con grande expansión de tierras agrícolas, ningún candidato mencionó cambio climático en uno de los debates de la televisión. En las dos ciudades más grandes del país, São Paulo y Rio de Janeiro, tampoco se habló de clima. La factura de esta postura, de evitar el problema, se presentará a los brasileños, y los más pobres y más vulnerables serán los más perjudicados.

Ganó la maquinaria política

Los grandes ganadores de las elecciones fueron los partidos de centro derecha y el Centrão. Juntos. Estos partidos se llevaron el 85% de los alcaldes en todo Brasil.

El Centrão es un bloque de distintos partidos ómnibus, que hace una política clientelar, de acceso al presupuesto público. Generalmente están muy involucradas con oligarquías regionales. El Centrão es una fuerza de mantención del statu quo.

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Eso influencia el ciclo político de los dos años siguientes, en los que serán las elecciones para diputación y para las bancas senatoriales. La formación de fuerza política a nivel local construye poder en la capital federal de Brasilia. El candidato a diputado o senador necesita de representantes en los territorios; precisamente alcaldes y concejales.

La maquinaria, que siempre ha sido fuerte en la tradición política brasileña, estuvo especialmente fuerte este año debido a las abultadas partidas del presupuesto federal, que diputados nacionales y senadores enviaron a los municipios donde tenían aliados. Este mecanismo de apropiación del dinero público sirve para perpetuar incumbentes en el poder y dificulta la renovación política.

El peso de la idiosincracia local

Es cierto que la política municipal tiene su propia lógica. La lógica es la cercanía entre el político y la comunidad, especialmente en las ciudades más chicas. En barrios periféricos, de las grandes regiones metropolitanas o en el interior, pesa casi nada la polarización cultural y afectiva entre el reaccionarismo de derecha de Bolsonaro y las pautas de izquierda de Lula.  Las idiosincrasias y las necesidades locales pesan mucho más. Con todo eso, es un error no leer las claves que dejó este periodo electoral. La hegemonía cultural en Brasil es conservadora y Lula y la izquierda tendrán una elección cuesta arriba en 2026.

Más allá de derechas e izquierdas, el desafío de los brasileños, el cambio climático y como afectará a las futuras generaciones, no fue una prioridad para la mayor parte de los políticos brasileños.

Marco Bastos

Marco Bastos

Analista político y consultor de campañas electorales con foco en América Latina. Magister en Historia Económica por la Universidad de Buenos Aires. Analista en Southern Pulse.

IA para políticos: 15 elementos clave para empezar

Todo político debería explorar en el mundo de la inteligencia artificial a medida que enfrenta la complejidad de su regulación e implicaciones éticas y sociales.

Por: Ximena Docarmo 30 Oct, 2024
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Hace algunas semanas mi esposo empezó a hacer tándem con diferentes personas (desconocidas) a través de una aplicación. Un tándem es un intercambio de aprendizaje de idiomas: por un tiempo se conversa en un idioma, luego en el otro idioma. Ambas personas se benefician. Una tarde, escuché a mi esposo mandar audios muy simples, pronunciando con su voz información básica en español. Por ejemplo, su nombre, donde vive, los números del uno al diez. Una alarma se encendió en mí. Salté para decirle: por favor, ¡no mandes ese audio!

¿Por qué les cuento esta historia? Lo primero que pensé fue en la seguridad digital: “pueden usar estos audios para cometer un fraude (en contra de nosotros)”. Segundos más tarde, y sin ningún atisbo de alivio, recordé que, en estos tiempos, casi con cualquier audio podrían clonar la voz usando herramientas de inteligencia artificial (IA). Bastaría con que el registro estuviera en una red social.

Este proceso se conoce como sintetización de voz y es uno de los tantos productos que ofrece la IA. Estaría dentro de la categoría de deepfakes, imágenes, audios o videos que imitan la apariencia o el sonido de una persona. Usa IA generativa. Aunque pueden ser creados inofensivamente, cada vez son más comunes los usos fraudulentos de estos productos.

Aunque el origen de los deepfakes data de finales de los años noventa, para la National Geographic este producto antecede a la IA. Se remonta a fotografías de líderes políticos manipuladas durante los siglos XIX y XX. Hoy en día, las opciones para modificar fotos y crear videos con una imagen o voz parecen tan ilimitadas como los efectos negativos que estos podrían tener en la vida de las personas. Especialmente de quienes no han recibido una educación básica o alfabetización en IA y tienen menos herramientas para identificarlos.

Tareas pendientes

En el panorama global, como sabemos la alfabetización básica ha progresado de manera significativa. Alrededor del 87% de las personas mayores de 15 años pueden leer y escribir. Sin embargo, la historia cambia cuando hablamos de alfabetización digital. Especialmente de alfabetización digital en IA.

La alfabetización digital, según la UNESCO, es “la capacidad de acceder, gestionar, comprender, integrar, comunicar, evaluar y crear información de forma segura y adecuada a través de tecnologías digitales”. No se trata solo del acceso a los dispositivos tecnológicos, sino de saber utilizarlos de forma efectiva y segura. La UNESCO además sostiene que la adopción de IA requiere “integrar las competencias relacionadas con la IA en los planes de estudios y las cualificaciones de la enseñanza y formación técnica y profesional (EFTP) y de la enseñanza superior, teniendo en cuenta los aspectos éticos y las disciplinas humanísticas interrelacionadas”.

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A medida que la alfabetización se vuelve más especializada, los desafíos aumentan. Mientras que leer y escribir son habilidades cada vez más comunes, la capacidad de comprender y aprovechar la IA sigue siendo una tarea pendiente para gran parte de la población mundial, una tarea que debería estar en manos de los políticos.

Convivir más con la IA

Para una persona promedio, la alfabetización digital en IA es una tarea clave para su integración en un mundo globalizado. Al ser un tema de alta especialidad y complejidad, los políticos tienen más que nunca la responsabilidad de ser autodidactas por diversas razones.

Como personas, deben experimentar críticamente con herramientas de IA para comprender la magnitud de su funcionamiento e implicancias en sus propias vidas y las de sus conciudadanos.

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Como profesionales, deben comprender su funcionamiento técnico para fines regulatorios. Además, comprender su impacto en la sociedad, por ejemplo, en el mercado laboral, en el medio ambiente, en la privacidad.

Como estadistas, deben comprender la repercusión de la implementación de herramientas de IA en las sociedades, incluso si estas no son creadas en el país representado, por cuestiones geopolíticas y de seguridad nacional.

15 claves para empezar

Comprender todos los elementos que acompañan la discusión sobre IA puede resultar abrumador, por ello, recomendamos empezar este viaje de aprendizaje con 15 elementos clave que van de lo macro a lo micro.

  1. Un elemento en la regulación son las categorías de tecnologías de IA, por ejemplo, las establecidas por la Unión Europea:
    1. ANI – Artificial Narrow Intelligence – Inteligencia Artificial Estrecha: Para tareas predefinidas.
    2. AGI – Artificial General Intelligence – Inteligencia Artificial General: Para tareas generativas. Incluidos los IA de Propósito General (GPAI) o Modelos Fundacionales.
  1. Cuando hablamos de regulación aparecen también las ramas especializadas o disciplinas de la IA, en la siguiente sección encontraremos ejemplos de uso:
    1. ML – Machine Learning (Aprendizaje Automático)
    2. CV – Computer Vision (Visión Artificial, también llamada Visión Informática, Visión Por Computadora, o Visión Técnica)
    3. Gen-AI – Generative AI (IA Generativa)
    4. NLP – Natural Language Processing (Procesamiento del Lenguaje Natural)
  1. Diversos productos con los que convivimos diariamente usan diversas rama de la IA, individualmente o en conjunto, como:
    1. Deepfakes (videos, imágenes, audios falsos) – Gen-AI
    2. Asistentes virtuales (Siri, Alexa, Google Assistant) – NLP y ML
    3. Sistemas de recomendación (Netflix, Spotify, Amazon) – ML
    4. Chatbots (ChatGPT, Chatbots de servicio al cliente) – NLP y ML
    5. Generador de imágenes (DALL-E, MidJourney) – Gen-AI y NLP
    6. Automatización en el trabajo (Gestión de cadenas de suministro, detección de fraudes) – ML
    7. Traducción automática (Google Translate, Deepl) – NLP
    8. Análisis predictivo (Marketing, finanzas, meteorología) – ML
    9. Robótica (Roomba, Waymo) – ML y CV

A medida que las herramientas de IA evolucionan rápidamente, la diferencia entre aprovecharlas para el bien público o ser víctimas de sus riesgos dependerá de cuán bien preparados estemos. Especialmente para los políticos (autodidactas), nunca ha sido más crucial que hoy invertir en conocimiento. Tal vez, comprendiendo por sí mismos la dimensión del impacto de la IA en la sociedad, puedan comprender por qué urge implementar estrategias de alfabetización digital.

Ximena Docarmo

Ximena Docarmo

Fundadora de InnovaLab, entrenadora política y máster en políticas públicas por la Hertie School of Governance de Berlín.

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