Yaxys Cires Dib es director de Estrategia del Observatorio Cubano de Derechos Humanos y coordinador ejecutivo del Partido Demócrata Cristiano de Cuba. Abogado, con posgrados en Derecho Internacional y Acción Política, hace más de una década lleva la voz de la sociedad civil cubana ante parlamentos y foros internacionales.
Su diagnóstico es autocrítico hacia el propio campo opositor y el exilio, al que reclama dejar atrás el caudillismo y el mesianismo —la misma lógica que, dice, mantuvo a todo un país detrás de Fidel Castro durante 70 años— para construir plataformas y coordinación real. Lo entrevistamos en Montevideo, en el marco del Foro América Libre, el mismo día en que el debate regional giraba en torno al futuro de Venezuela, Cuba y Nicaragua tras la caída de Nicolás Maduro.
Cuba, problema regional
¿Cree que hay mecanismos internacionales de presión que han generado cambios o han tenido efectos en Cuba?
—Hay mecanismos. Por ejemplo, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos tiene un papel muy activo, muy comprometido en favor de la libertad de los presos políticos. Sin embargo, el régimen cubano ha sido experto en desconocer sus decisiones, y también las críticas que se le hacen desde el Parlamento Europeo. El régimen actúa en la represión al margen del derecho internacional. Por eso es una hipocresía que haya gente que siga creyendo que el régimen cubano está comprometido internacionalmente, cuando en realidad es un régimen altamente represivo y altamente empobrecedor de su propio pueblo.
Más allá de la ignorancia del régimen cubano, ¿qué dice esto también de los organismos multilaterales que intentan ejercer presión, pero parece que tampoco logran tener ningún efecto concreto en Cuba?
—Hay algunos organismos que ejercen presión y, efectivamente, no logran efecto. Pero hay otros, y esos son los que más me preocupan, que miran para el otro lado. Es decir, que solamente critican a un régimen o a un gobierno cuando es, por ejemplo, de determinada ideología, cuando es de derecha. Pero cuando es de izquierda, como el régimen cubano, pasan en silencio, y no son capaces de ver que lo que está ocurriendo en Cuba es un genocidio en cámara lenta. Es un pueblo que está siendo altamente reprimido y altamente empobrecido.
Aparte de los organismos multilaterales, ¿cree que esta ignorancia también se ejerce desde espacios intelectuales o académicos a través del continente?
—Lamentablemente, sí. Es cierto que eso ha ido cambiando, pero hay que tener presente que han sido casi 70 años de injerencia del régimen cubano en América Latina, y esta injerencia también se ha realizado por medio de la influencia cultural, por medio de la infiltración de agentes en universidades de toda América Latina. Para nosotros esto es doloroso, porque se espera de un intelectual cierto compromiso humanista, o al menos cierto compromiso con la verdad. Lamentablemente, en una parte importante de los intelectuales de América Latina prima el sentimiento antiamericano, y por eso critican a Estados Unidos, pero convalidan a la dictadura cubana. Y, por otro lado, creo que se han olvidado por completo del daño que el régimen está causando al pueblo cubano, entre otras cosas, porque siempre defendieron al régimen cubano como paradigma para sus propios países.
En ese sentido, ¿qué cree que le falta conocer o reconocer a la comunidad internacional para entender mejor la realidad cubana?
—Poner a la persona humana como centro de la política, como centro de la visión académica, como centro de las instituciones. Si pones a la persona humana en el centro, es muy difícil seguir justificando lo que está pasando en Cuba. No solo se violan los derechos civiles y políticos por medio de la represión, sino también los derechos sociales. Hay gente que vende al régimen cubano como paradigma de los derechos sociales, como el paraíso socialista del Caribe. Sin embargo, estamos hablando de un pueblo donde más del 90% de las familias están en la extrema pobreza, y donde 7 de cada 10 cubanos tiene que privarse de alguna comida, o de todas las comidas diarias. Es muy difícil, si pones a la persona humana y su dignidad en el centro, seguir apoyando una dictadura como esa.
La falta de unidad
¿Qué papel juega hoy la diáspora cubana, especialmente la que se encuentra en Estados Unidos?
—Es un papel importante, fundamental. Te pongo un ejemplo: mucha gente hoy puede alimentarse en Cuba gracias a la ayuda solidaria del exilio cubano, que manda sus remesas a la isla. Es cierto que esa ayuda no llega a todas las familias, sino a en torno a un 30% de los hogares cubanos, pero al menos esa gente tiene una mano solidaria frente a un Estado que no solo los ha abandonado, sino que extrae todos los recursos del país para una pequeña élite. Por tanto, el exilio es fundamental en esto, y también en la exigencia de cambios democráticos para Cuba.
En esa exigencia, ¿cree que falta organización política fuera de la isla?
—Sí, creo que tenemos que avanzar hacia una mayor unidad. El pueblo cubano y la realidad cubana necesitan unidad, entre otras cosas, porque la unidad te permite ser un interlocutor más creíble ante países como Estados Unidos y otras regiones. Yo diría que lo que más hace falta es unidad, y evidentemente seguir comprometidos con ella.
Esa expectativa de unidad, ¿podría traducirse en liderazgos concretos? ¿Hay nombres particulares que puedan liderarla?
—Sí, el exilio cubano tiene liderazgos muy importantes, y de hecho creo que eso es motivo de satisfacción. Hay algunos con un pensamiento humanista que entiende que en Cuba tiene que haber un cambio político, pero que ese cambio también tiene que ser bueno para la gente, es decir, tiene que haber políticas sociales, tiene que haber justicia social. Ahora bien, hay que tener cuidado, porque una tendencia en Cuba y en muchos países de América Latina ha sido el caudillismo o el mesianismo. De hecho, en Cuba todos siguieron a Fidel Castro, y miren en qué lío los ha metido por 70 años. Por tanto, creo que lo que hay que reforzar son las plataformas, las concertaciones, la coordinación entre equipos que funcionen de manera eficiente y que piensen en el futuro de Cuba.
Presión de cambio
Hablando de cambio político, ¿de alguna manera el cambio en Venezuela ha aumentado la presión sobre Cuba y la expectativa de que allí también ocurra un cambio? ¿Qué escenarios considera plausibles en el corto plazo, y qué actores dentro o fuera de Cuba pueden participar de ese cambio?
—Lo que ocurrió en Venezuela ha sido un punto de inflexión muy importante. En primer lugar, porque desapareció el principal valedor económico y político del régimen cubano, Nicolás Maduro. Estamos hablando de que Venezuela le dio a Cuba, en los últimos años, más de 64.000 millones de dólares en petróleo. Esta situación, junto con el colapso económico y social del propio régimen, nos pone a las puertas de un proceso de cambio. No tenemos claridad sobre hacia dónde puede ir ese cambio, pero creo que estamos más cerca de que ocurra.
Evidentemente, la geopolítica juega un papel muy importante, negarlo sería ignorar lo que está pasando. Y Estados Unidos juega un papel fundamental. Por tanto, si hablamos de actores, por un lado está Estados Unidos, pero en segundo lugar está David: el ciudadano cubano de a pie, que se enfrenta a Goliat, al régimen cubano, y que sigue protestando. La represión está más alta que nunca, y sin embargo la gente sigue en las calles exigiendo cambios, exigiendo libertad, exigiendo que se acabe la pobreza. Creo que el pueblo cubano, junto con el exilio que forma parte de ese mismo pueblo, y con el apoyo de Estados Unidos, va a comenzar un camino que, al final, queremos y exigimos que sea hacia la democracia, la libertad y la prosperidad del pueblo.
En ese sentido, ¿cómo valora la política actual de Estados Unidos hacia Cuba?
—La política de Estados Unidos hacia el régimen cubano es de máxima presión. En primer lugar, porque hay que privar al represor de recursos para que no pueda seguir reprimiendo. Y, en segundo lugar, porque ha quedado claro por parte de la administración norteamericana que, ante la situación que vive el pueblo cubano desde hace 70 años es obligatorio que haya un cambio político y económico en Cuba.
Desde la oposición, pedimos desde hace muchos años una transición política pactada, una transición pacífica en Cuba. Ha sido el propio régimen el que se ha negado a eso, con tal de mantener los privilegios de unos cuantos. De hecho, personas como Osvaldo Payá, y tantos otros que pidieron una transición pacífica, fueron reprimidos, encarcelados, y en el caso de Osvaldo Payá, asesinado. Esa ha sido la respuesta del régimen cubano. No obstante, seguimos creyendo que el mejor escenario para un cambio en Cuba, el que menor costo social traería para el pueblo cubano, sería una transición pacífica. Pero entiendo que la realidad geopolítica a veces no permite lograr lo que uno desea, sino que hay que ver las capacidades reales de aquellos que están dispuestos a ayudar. Y Estados Unidos pareciera estar dispuesto a ayudar al pueblo cubano.
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