El camaleón hegemónico: Partido Colorado paraguayo y la diplomacia de la supervivencia

Entre sanciones de Estados Unidos y tensiones diplomáticas, el Partido Colorado convirtió la adaptación en una estrategia para preservar su hegemonía política.

Por: Julieta Heduvan 5 Ago, 2026
Lectura: 9 min.
Partido Colorado de Paraguay. Hegemonía camaleónica
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
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Los partidos dominantes suelen ser descritos como estructuras políticas cuya permanencia se explica principalmente por el control del aparato estatal, la capacidad de distribuir recursos y el arraigo territorial. Sin embargo, su supervivencia también debe ser entendida desde una dimensión adicional que contempla su plasticidad para responder a presiones externas y gestionar crisis que escapan a su control directo.

La Asociación Nacional Republicana – Partido Colorado (ANR) de Paraguay representa un caso notable de adaptabilidad internacional. A diferencia de otras fuerzas políticas tradicionales de la región que perdieron cohesión o relevancia frente a transformaciones geopolíticas y económicas, el Partido Colorado ha demostrado una naturaleza camaleónica. Su permanencia en el poder no puede comprenderse únicamente a partir de factores domésticos, también es necesario considerar cómo ha administrado distintos cambios en el contexto internacional sin comprometer la estabilidad de su estructura política.

Resistencia frente a las sanciones internacionales

La secuencia iniciada con las sanciones estadounidenses contra el expresidente Horacio Cartes ofrece una oportunidad para analizar esta capacidad de adaptación. En julio de 2022, el Departamento de Estado del gobierno de Joe Biden designó a Cartes como “significativamente corrupto”. Posteriormente, las sanciones económicas aplicadas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros obligaron al exmandatario a desprenderse de activos empresariales relevantes. En otros contextos, medidas de esta naturaleza contra la principal figura de un partido gobernante podrían haber generado divisiones internas, debilitamiento electoral o disputas por el liderazgo. Sin embargo, en Paraguay el desenlace fue diferente. 

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En medio de las sanciones y en pleno escenario electoral, el Partido Colorado obtuvo la victoria en las elecciones presidenciales de 2023 con Santiago Peña, ahijado político de Cartes. Al mismo tiempo, Cartes conservó el liderazgo de la principal corriente interna del partido. Tres años después, la historia tuvo como desenlace el levantamiento de las sanciones de la OFAC, ya bajo la administración Trump. El líder del movimiento Honor Colorado también recuperó la visa estadounidense y en julio de 2026 viajó a Estados Unidos por primera vez desde la sanción para presenciar la final del Mundial de fútbol. 

Esta evolución resulta particularmente significativa porque el mismo liderazgo partidario logró mantener su posición de poder durante un período marcado por dos enfoques muy distintos de la política exterior estadounidense hacia Paraguay. Lejos de provocar una reconfiguración interna, las sanciones fueron absorbidas por una estructura política que conservó intactos sus principales mecanismos de control y reproducción del poder.

Horacio Cartes con el presidente de Paraguay, Santiago Peña, y el vicepresidente, Pedro Alliana. Foto: Partido Colorado en X, junio 2026.
Horacio Cartes con el presidente de Paraguay, Santiago Peña, y el vicepresidente, Pedro Alliana. Foto: Partido Colorado en X, junio 2026.

La bicefalia estratégica

La resiliencia estuvo asociada, en parte, a una particular distribución de funciones dentro del oficialismo. Frente al choque externo, la cúpula partidaria activó una bicefalia estratégica mediante una división relativamente clara entre la conducción gubernamental y la conducción partidaria. Mientras Santiago Peña asumió el papel de principal interlocutor institucional ante actores internacionales, Horacio Cartes mantuvo el control de la estructura política interna. El primero, se consolidó como la figura encargada de proyectar una imagen de estabilidad económica, apertura a las inversiones y cooperación internacional. El segundo, continuó desempeñando un papel central en la organización partidaria, la articulación territorial y la gestión de las lealtades políticas que sostienen al coloradismo. Esta diferenciación permitió aislar parcialmente los efectos de la presión internacional.

La división de roles no es solo un reparto burocrático de tareas, sino también un dispositivo de protección

El triunfo electoral en medio de un escenario de sanciones políticas no implicó un desafío abierto a Washington, pero sí dejó asentado que la hegemonía doméstica del partido poseía la densidad suficiente para amortiguar el impacto del choque externo sin que la estructura de poder sufriera fisuras. Cuando las sanciones golpearon a la cabeza del Partido Colorado, el gobierno paraguayo no se vio afectado de la misma forma. Santiago Peña pudo seguir gestionando la relación bilateral con Estados Unidos por canales formales mientras, puertas adentro, el partido convertía el ataque externo en un activo político. Durante el primer año de roces diplomáticos con el gobierno de Biden, la estructura tradicional del partido encauzó un cierre de filas donde el señalamiento externo fue resignificado como una «injerencia extranjera», cohesionando el voto colorado en torno a la noción de soberanía nacional y reforzando su capital político entre las bases del partido.

Donald Trump y Santiago Peña. Foto: AFP
Donald Trump y Santiago Peña. Foto: AFP

La adaptación frente al tiempo

No obstante, la capacidad de adaptación del Partido Colorado no puede explicarse únicamente por esta división de roles. También resulta relevante considerar la forma en que la organización gestionó el tiempo político. Frente a las sanciones de la administración Biden, el oficialismo paraguayo no impulsó cambios significativos en su estructura de liderazgo ni emprendió reformas destinadas a responder a las demandas provenientes de Washington. En cambio, optó por absorber los costos de la presión externa mientras preservaba sus posiciones de poder.

La política exterior paraguaya durante el primer año de la presidencia de Peña respondió en gran medida a esta lógica. A pesar de las tensiones derivadas de las sanciones, el gobierno mantuvo una agenda activa de cooperación con EEUU. Las visitas de funcionarios norteamericanos, los contactos con el Congreso estadounidense y el alineamiento paraguayo en temas considerados prioritarios por Washington, como Taiwán, Israel, Ucrania o Venezuela, evidenciaron la voluntad de preservar el vínculo bilateral. Al mismo tiempo, el oficialismo desarrolló canales de diálogo con referentes del Partido Republicano como Marco Rubio, anticipando la posibilidad de una futura alternancia política en EEUU. 

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A nivel local, la maquinaria política del cartismo desplegó su propio ejercicio de gestión narrativa, desplazando la responsabilidad de las sanciones, primero hacia el expresidente Mario Abdo Benítez (por una supuesta instigación de persecución política) y luego hacia el embajador estadounidense en Asunción, buscando aplacar a Washington sin ceder legitimidad ante la propia base electoral.

Esta decisión refleja una diferencia fundamental entre los horizontes temporales de los actores involucrados. Mientras las administraciones estadounidenses operan dentro de ciclos electorales relativamente breves, los partidos hegemónicos suelen proyectar sus estrategias en plazos considerablemente más extensos. Desde esa perspectiva, la continuidad organizativa puede convertirse en una ventaja frente a gobiernos extranjeros sujetos a cambios periódicos de liderazgo y prioridades.

La apuesta que resultó ganadora

Más que una estrategia de confrontación abierta, la conducta del oficialismo paraguayo puede interpretarse como una estrategia de administración del conflicto. El objetivo no buscaba revertir inmediatamente las sanciones ni desafiar abiertamente a Washington. Buscaba evitar una escalada que comprometiera intereses más amplios mientras se aguardaba una modificación del contexto político internacional. Se trataba, en definitiva, de una diplomacia de espera activa. Mientras la base partidaria presionaba para que Peña marcara límites firmes frente a Washington, el propio expresidente necesitaba, sobre todo, que su gobierno mantuviera un vínculo lo bastante cordial como para que el levantamiento de las sanciones dependieran de un cambio futuro de administración más que de una ruptura.

La apuesta rindió frutos antes de lo esperado y de manera casi literal. El cambio de administración en EEUU alteró las condiciones que habían dado origen al conflicto. La llegada de Donald Trump estuvo acompañada por una agenda de política exterior con prioridades diferentes a las de la administración anterior y en este nuevo escenario, las sanciones impuestas a Cartes fueron levantadas. Lo relevante de este proceso es que la modificación no estuvo asociada a transformaciones profundas dentro del Partido Colorado, sino a cambios en el entorno internacional que el oficialismo paraguayo logró atravesar sin alterar sustancialmente su estructura de poder.

Los límites de la elasticidad

Sin embargo, este episodio no debe interpretarse como un triunfo sin fisuras ni como prueba de una invulnerabilidad indefinida. La capacidad de absorción del Partido Colorado no es infinita, y depende de condiciones que podrían no repetirse siempre. Depende, por ejemplo, de que la presión externa se mantenga acotada a sanciones selectivas y no escale hacia medidas económicas de mayor alcance que sí golpeen a las bases materiales del clientelismo partidario. De la misma forma, su elasticidad también depende de la preservación de la cohesión interna entre las distintas corrientes dentro del propio partido y, sobre todo, de la persistente dificultad de la oposición para construir una alternativa política competitiva.

El caso paraguayo sugiere que los partidos hegemónicos no son inmunes a las presiones internacionales, pero sí pueden desarrollar mecanismos eficaces para absorberlas y administrarlas. La combinación de una organización territorial consolidada, una identidad partidaria arraigada y una notable capacidad de adaptación estratégica permite amortiguar impactos que podrían resultar desestabilizadores para estructuras políticas menos consolidadas.

En este sentido, el Partido Colorado constituye un ejemplo ilustrativo de cómo la supervivencia política depende no solo de los recursos acumulados en el ámbito doméstico, sino también de la capacidad para interpretar cambios en el escenario internacional y ajustar las estrategias de acción sin modificar los fundamentos de la propia estructura de poder. La experiencia reciente demuestra que la adaptación puede ser tan importante como la fortaleza organizativa para explicar la persistencia de los partidos dominantes en el largo plazo.

No obstante, una hegemonía capaz de sobrevivir a sanciones y escándalos no es solo una muestra de habilidad táctica. Es también el síntoma de una sociedad que voluntariamente delega su rol de ejercer un cuestionamiento crítico a sus liderazgos y de un sistema de partidos que no termina de ofrecer alternativas de poder genuinamente competitivas. Un electorado con menos opciones reales de alternancia, una clase dirigente opositora crónicamente fragmentada y una ciudadanía que termina asumiendo la continuidad colorada casi como un dato estructural del paisaje político antes que como el resultado de un debate abierto. La flexibilidad que le permite al Partido Colorado sobrevivir a cualquier tormenta internacional es también la misma que le impide a Paraguay construir una democracia con más de un color posible.

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Julieta Heduvan

Julieta Heduvan

Internacionalista y magíster en estudios latinoamericanos por la Universidad de Salamanca. Autora del libro “Paraguay, Política Exterior e Integración Regional. Un recorrido hacia la contemporaneidad” con Intercontinental Editora S.A. (2019). Coordinadora de ALADAA Paraguay.

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