Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Luiz Inácio Lula da Silva apeló la condena impuesta por el Tribunal Regional Federal de la 4.ª Región (TRF-4) con sede en la ciudad de Porto Alegre, y fue un verdadero fracaso. El resultado de la revisión judicial fue una negativa de 3 en 3 votos. Además de mantener la condena, los jueces aumentaron su pena de prisión, de 9 años y 6 meses a 12 años y 1 mes, bajo la acusación de lavado de dinero y corrupción.
La policía federal allana la sede del PT en San Pablo, 23.06.2016 | Foto: Agencia Brasil, vía Wikicommons
Por la Ley de la Ficha Limpia, una persona condenada en un tribunal colegiado no puede concurrir a una elección, como es el caso actual de Lula. De todos modos, todavía son posibles algunos recursos hasta la determinación del cumplimiento de la pena, pero solo para disminuir el tiempo de prisión y no para revisar la decisión final.
Lula, que llegó a compararse con Nelson Mandela en una declaración pública, no va a desistir tan fácilmente de su candidatura presidencial. Algunos candidatos en elecciones pasadas lograron concurrir bajo judice, hasta la condena firme del Tribunal Superior Electoral (TSE), lo que permitió, en 2016, que 145 alcaldes fueran elegidos. Esta es la principal estrategia activada por el Partido de los Trabajadores (PT), que permitiría fortalecer el discurso de víctima de las élites en caso de no perseverar los nuevos recursos de apelación.
Con la salida de su nombre de la lista de competidores a la Presidencia, paradójicamente también se ha debilitado su principal oponente, Jair Bolsonaro, candidato de la extrema derecha y cuyo discurso está siempre enfocado en destruir la imagen de Lula. Cambia el panorama. Con el descenso en las encuestas del principal contrario al PT, toda la estrategia deberá ser repensada. En el campo de la izquierda también compite Ciro Gomes, político y economista que fue miembro del Partido del Movimiento Democrático Brasileño y del Partido de la Socialdemocracia Brasileña. Este puede ganar más fuerza, por ser un receptor natural de los votos del ala. Por otro lado, también es factible que aumenten la abstención y los votos nulos, ya que una parte de la población reconoce que Lula, aunque corrupto, dio mejores condiciones de vida a los más pobres.
Otro problema en el centro de la interna del PT es, con Lula fuera de la carrera, ¿el partido lanzará un plan B o se abstendrá de presentarse a las elecciones? El principal discurso es que no hay posibilidades de no lanzar a Lula; pero si, en última instancia, la justicia lo impide, ¿alegarán que las elecciones son un fraude y un atentado contra la democracia? De todas maneras, hay conversaciones internas para lanzar al exgobernador de Bahía, Jaques Wagner, aun a sabiendas de que no es un nombre viable y competitivo. Una tercera alternativa es apoyar al propio Ciro Gomes, pero esto es aún menos consensuado.
Lula continuará recurriendo a instancias superiores, hasta el Supremo Tribunal Federal (STF), pero sus posibilidades son pocas. Sin embargo, si consigue competir bajo judice y llega a ser electo pero no consigue suspender su condena, la elección será anulada y deberá realizarse un nuevo sufragio.
¿Y ahora? Esperar los nueve meses que separan a Brasil de la decisión de su futuro. Algunos candidatos salen de la carrera presidencial y otros pueden aparecer. El brasileño asiste al espectáculo de las elecciones esperando un futuro mejor.
Antônio Mariano | @antmariano
Politólogo. Magíster en Administración Pública. Vicepresidente de la Juventud Demócratas de Brasil
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
«El día o la noche en que el olvido estalle
salte en pedazos o crepite
los recuerdos atroces y los de maravilla
quebrarán los barrotes de fuego
arrastrarán por fin la verdad por el mundo
y esa verdad será que no hay olvido.»
Auschwitz, campo de exterminio
La memoria es como un músculo; si no se ejercita puede terminar atrofiándose. Por lo mismo, la memoria colectiva también necesita ser ejercitada.
Así como las personas somos la suma de nuestras acciones, nuestras decisiones, nuestras circunstancias, tanto presentes como pasadas, los pueblos son igualmente una construcción colectiva que poco tiene de espontánea, ya que responde a un sinfín de acciones, de intereses comunes, de sentires populares, de luchas, de sacrificios colectivos, de raíces, costumbres, creencias y emociones que hacen posible la cohesión que los mantiene unidos.
En ese camino de construcción de la identidad colectiva hay hitos que se transforman en mojones, en puntos de referencia, en faros que marcan algo fundamental.
El 27 de enero fue elegido por la Asamblea General de las Naciones Unidas para recordar a las víctimas del Holocausto del pueblo judío. Ríos de tinta han corrido en los casi ochenta años que han pasado desde que el último campo de concentración fue liberado luego de la derrota del nazismo en la Segunda Guerra Mundial. Millones de páginas han sido escritas por las víctimas de aquella tragedia, en las que nos han contado, a las generaciones posteriores, de la barbarie y la atrocidad de las que hemos sido capaces los seres humanos.
Prohibido olvidar
«La memoria despierta para herir
a los pueblos dormidos
que no la dejan vivir
libre como el viento.»
Hemos escuchado muchas veces que los pueblos que no conocen su historia o que olvidan su pasado están condenados a repetir sus errores… y sus horrores. El ejercicio de la memoria colectiva es una tarea que nos debe incluir a todos por igual; a quienes vivieron y sufrieron en el pasado y a quienes tan solo heredamos el recuerdo.
Pensar que las víctimas del Holocausto fueron únicamente los más de seis millones de judíos asesinados por el nazismo, es un error. La tragedia del pueblo judío bajo el terror del nacionalsocialismo se vivió en los millones de muertos en los campos de exterminio pero también en las víctimas de los campos de «trabajo», condenados a una muerte en vida; en los cientos de miles que pudieron escapar a la barbarie y refugiarse principalmente en América; y en los otros, los que fueron empujados a vivir en la clandestinidad, escondidos detrás de las paredes, bajo tierra o en guetos.
Lo que debemos tener presente, sobre todo porque puede repetirse hoy más fácilmente, es que desde el primer momento buscaron exterminarlos físicamente, pero también emocional y espiritualmente. Borrar la identidad, la esperanza, la sonrisa; prohibir la palabra, la expresión, los sentimientos; ese fue el intento más brutal de aniquilar la identidad colectiva del pueblo judío y de otros .
Pero cuando las ganas de decir, las ganas de sobrevivir y de ser nacen desde lo más profundo del alma, no hay forma de impedir que la memoria sobreviva a la barbarie.
Vivimos en un momento de la humanidad que es clave; el reloj del Apocalipsis marca que estamos a apenas dos minutos de la medianoche; y es nuestro deber como humanidad atrasar el conteo que cada día nos pone más cerca del final. Es nuestro deber tomar del pasado, de cada uno de los pasos que hemos dado, las herramientas suficientes que nos sirvan para no repetir las atrocidades de otrora.
Hemos asistido a todos los horrores de los que podemos ser protagonistas. Si no somos lo suficientemente capaces hoy de construir una cultura de paz, de tolerancia, de respeto, habremos fracasado una vez más en nuestro camino hacia la salvación.
La única manera de no volver a repetir nuestra tragedia es no olvidar jamás de dónde venimos, para poder tener claro hacia dónde vamos.
Hitos como el Holocausto del pueblo judío deben ser los mojones de la construcción, entre todos, un futuro de paz. Es deber de todos.
Diego Silveira Rega | @Diegosilveirar
Uruguayo. Miembro de la Red Humanista por Latinoamerica
«Hemos permitido las rupturas que debilitan las instituciones, las sociedades y el medioambiente. Ahora debemos reparar estas fracturas. Debemos tomar en serio el riesgo de un colapso global del sistema», recalcaba Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial al comienzo de la reunión en Davos de 2018.
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Imagen: pixabay.com
El foro cerca de la montaña mágica de Thomas Mann reúne a la elite económica y política mundial que reflexiona sobre los grandes desafíos de la humanidad. Uno de los productos asociados al encuentro es el Informe global de riesgos. La edición de este año subraya «la urgencia de enfrentar y resolver los desafíos sistémicos en medio de la proliferación de indicadores de incertidumbre, inestabilidad y fragilidad». Y la encuesta de percepción de riesgos globales presenta sorpresas. Entre los factores de riesgo predominantes, tres se relacionan con temas ambientales: eventos climáticos extremos, catástrofes naturales y el fracaso de las políticas de protección del clima. Hace diez años, esta misma encuesta registraba que la percepción de riesgo se centraba en la crisis de la bolsa, los precios del petróleo y Estados fallidos, entre otros problemas.
«La gente disfruta de los estándares más altos de la historia humana. Sin embargo, la aceleración y la conectividad entre todos los campos de actividad humana están presionando las capacidades de las instituciones, comunidades e individuos. Esto coloca el futuro del desarrollo humano en riesgo», concluyen Klaus Schwab y el presidente del Foro Børge Brende en el prefacio del estudio.
Sistemas naturales y sociales
Los seres humanos interactuamos continuamente con los sistemas naturales. De ello resultan sistemas socioeconómicos y naturales fuertemente relacionados, de gran complejidad organizacional, tanto espacial como temporalmente. Desde hace algunos años, especialmente con la aparición del Millenium Ecosystem Assesment, el concepto de servicios ecosistémicos pasó a formar parte de la agenda política y económica. Este concepto, claramente antropocéntrico, refiere a todos los beneficios que la sociedad obtiene de los ecosistemas y que constituyen la base de su riqueza (Ekins et al., 2007). Comprende productos como agua y alimentos, servicios de regulación de ciclos naturales, servicios de soporte como la formación de suelos y finalmente servicios culturales.
Dentro del paradigma económico prácticamente hegemónico, el mercado es visto como regulador eficaz de los intercambios y mecanismo adecuado de asignación de valor de los bienes y servicios. Una dificultad que se presenta es que algunos de estos servicios son intangibles y no pueden ser fácilmente puestos en valor. La otra es la detección de cambios bruscos en el funcionamiento de los sistemas socioecológicos. Dichos cambios pueden afectar la provisión de los servicios ecosistémicos que constituyen la base de la actividad económica y productiva. La humanidad se enfrenta, por lo tanto, con el desafío ineludible de asegurar la disponibilidad futura de los servicios ecosistémicos.
Consecuencias de la globalización
En un mundo globalizado, con creciente población y consumo, las fronteras agrícolas avanzan sobre espacios hasta ahora inalcanzables. Aumentan los requerimientos de energía y se acelera la incorporación al sistema productivo de ecosistemas hasta ahora prístinos. Si bien los sistemas naturales tienen una capacidad de recuperación, las presiones simultáneas pueden afectar esa capacidad, producir cambios y provocar inestabilidad en su funcionamiento. Los ecosistemas están bajo una creciente presión que amenaza su disponibilidad futura. Ingresamos en una nueva era, el antropoceno, en el cual las acciones humanas constituyen la fuerza dominante de los cambios en la biosfera (Rockström et al., 2009).
El informe del Foro de Davos concluye que «hemos estado exigiendo al máximo a nuestro planeta y los daños se están haciendo cada vez más claros y evidentes. Se está perdiendo biodiversidad a tasas de extinción masiva, los sistemas agrícolas están bajo tensión y la contaminación del aire y el mar se ha convertido en un peligro cada vez más angustiante para la salud humana.
La tendencia hacia el unilateralismo de naciones y Estados podría hacer más difícil que se sostengan las respuestas multilaterales a largo plazo que se requieren para contrarrestar el calentamiento global y los efectos negativos sobre el medioambiente global. […] Hay señales de tensión en muchos de estos sistemas: nuestro creciente ritmo de cambio pone a prueba las capacidades de absorción de las instituciones, las comunidades y las personas. Cuando el riesgo comienza a verse afectado por el efecto dominó en un sistema complejo, el peligro no es el de un perjuicio en incremento, sino el de un colapso de huida o abrupta transición hacia un statu quo nuevo y menos óptimo».
Desafíos futuros
El gran desafío comprende la conciliación entre la producción necesaria para cubrir la creciente demanda y asegurar la disponibilidad de los servicios ecosistémicos en el futuro. Los cambios suceden en forma demasiado rápida. «En dos generaciones la humanidad superó la capacidad del planeta de funcionar en forma estable. El planeta que conocemos y que nos sostuvo durante diez mil años está cambiando y nuestro futuro depende de nuestra habilidad de responder». Para lograr esto, un grupo de investigadores propuso el concepto de límites planetarios, dentro de los cuales las actividades humanas se podrían desarrollar sin aumentar el riesgo de colapso de los sistemas naturales. La propuesta se puede resumir en: «No se trata de crecimiento sin límites ni límites al crecimiento, sino de un crecimiento dentro de límites» (Rockström y Klum, 2015).
Referencias bibliográficas
Ekins, Paul et al. (2007). «Coupled Human and Natural Systems», Ambio, 36(8): 639-649.
Rockström, Johan et al. (2009). «Planetary boundaries: exploring the safe operating space for humanity», Ecology and Society, 14(2): 32.
Rockström, Johan, y Klum, Mattias (2015). Big World, Small Planet: Abundance within Planetary Boundaries. Estocolmo: Bokförlaget Max Ström, http://bwsp.org/index_en.php.
Manfred Steffen
Magíster en Ciencias Ambientales (Universidad de la República) y Dipl. Ing. Fachhochschule für Druck in Stuttgart. Coordinador de proyectos de la Fundación Konrad Adenauer, oficina Montevideo
Magíster en Ciencias Ambientales por la Universidad de la República de Uruguay. Dipl. Ing. Fachhochschule für Druck in Stuttgart. Coordinador de proyectos de la Fundación Konrad Adenauer, oficina Montevideo.
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Si es posible pensar en el populismo como permanente y negativo, ¿por qué no pensar en el populismo como una característica momentánea y positiva? ¿Puede pensarse el populismo como un momento democrático que, bien aprovechado, no tiene por qué hacer daño al sistema democrático?
Dos interpretaciones
En la teoría política se ha entendido usualmente al populismo de dos maneras diferentes. Una de ellas, que es también la más común para el público en general y los medios de comunicación: es la del populismo como ideología. En general, se la piensa como un conjunto de ideas favorables a la redistribución de la riqueza mediante las que un líder carismático realiza promesas grandilocuentes, a menudo difíciles de cumplir, al «pueblo» y, en particular, a las clases menos favorecidas.
En contraposición a esta visión, algunos teóricos han analizado el populismo ya no como ideología, sino como procedimiento. Esto quiere decir que, a diferencia de la visión anterior, aquí al populismo no se lo piensa como un conjunto de ideas con contenido sustantivo, sino solo como una forma de hacer política. Específicamente, para Ernesto Laclau, por ejemplo, el populista es un discurso, generalmente centralizado en un líder, que se caracteriza por reunir un conjunto de demandas de la sociedad insatisfechas y dirigirse a un sector específico de la sociedad que está enfrentado a otro (cuyas demandas sí son satisfechas): la clave aquí es que ese es un discurso de significado vacío, donde el contenido del reclamo puede cambiar cuando sea necesario que el discurso populista incluya o excluya a nuevos sectores.
La forma más fructífera de entender al populismo es, se argumentará en estas líneas, la segunda, es decir, la del populismo como procedimiento y no como ideología. ¿Por qué? Porque entender al populismo como ideología provoca contradicciones insalvables para el analista: por ejemplo, hay cierto consenso en que gobiernos de la primera década del siglo XXI en Latinoamérica como los de Chávez, Correa o Kirchner fueron populistas; pero también se ha hablado de gobiernos como los de Uribe, Thatcher o Trump como populistas. Instintivamente, sin embargo, se puede notar que existen diferencias sustanciales en las ideas de un grupo y otro, así como en sus objetivos y en los resultados de las políticas que implementaron. Si esto es así, entonces el populismo no puede ser simplemente una ideología.
Es más fructífero analizar al populismo, entonces, como un procedimiento. Esta primera conclusión ya tiene importantes consecuencias, pues no se puede afirmar que un procedimiento sea bueno o malo moralmente: por lo tanto, en la medida en que el populismo es un medio, y no un fin, se lo puede juzgar como más o menos efectivo para alcanzar ese fin, pero no como intrínsecamente positivo o negativo. El populismo será bueno o malo según el fin que busque alcanzar.
Aplicaciones a Latinoamérica
Entonces, ¿qué fines ha buscado alcanzar el populismo? En Latinoamérica, frecuentemente el populismo ha sido utilizado como un procedimiento destinado a alcanzar objetivos contrarios a los principios de la democracia liberal. En los gobiernos que se citaron más arriba, así como en predecesores como los de Juan Domingo Perón o Getúlio Vargas, el populismo se ha asociado a grados mayores o menores, pero importantes, de persecución política de la oposición, desdén por la división de poderes y hostigamiento a los medios de comunicación, entre otros, y su emergencia ha provocado que surjan descripciones teóricas particulares a este tipo de gobiernos (como la democracia delegativa de Guillermo O’Donnell). En el nombre de un enfrentamiento con la oligarquía o el imperio se han justificado variados atropellos a la institucionalidad con el objetivo de alcanzar una redistribución de la riqueza equitativa que, por lo común, comienza con espectaculares resultados (y ciertamente mejora la representatividad de sectores que hasta ese momento se sienten excluidos) pero que termina en graves crisis económicas y, en el pasado, también en crisis de tipo institucional. En este sentido, por un lado puede verificarse cómo Latinoamérica se ha estancado económicamente respecto del resto del mundo bajo regímenes populistas, que han ahuyentado inversiones y ahorros y provocado inflación y desabastecimiento, entre otros; por el otro, las fuertes reacciones que el populismo provocó, especialmente en el siglo XX, culminaron frecuentemente en golpes de Estado que profundizaron los problemas de legitimidad de los sistemas políticos nacionales. El legado populista en Latinoamérica, así, aparece como francamente negativo.
Una característica que puede observarse en el párrafo precedente es que el populismo parece una forma de hacer política más o menos permanente en Latinoamérica. Germani ya advertía sobre esta cuestión al negar que el populismo fuera una característica de sociedades en transición. Laclau escribió, al respecto, que es natural que el populismo se mantenga en el tiempo, porque en última instancia el populismo y la política son fenómenos que presuponen la división social: en la medida en que la última exista, también existirá el primero. Desde otra perspectiva, De la Torre ha afirmado que el populismo latinoamericano emerge constantemente debido a un tipo de relación que existe entre los Estados y las sociedades que lo provoca y que se mantiene relativamente inalterado en el tiempo. La cultura política regional, así, parece predisponer a Latinoamérica a un populismo que no solo trae malos resultados, sino que es constante.
Una nueva interpretación
Pero si es posible pensar en el populismo como permanente y negativo, ¿por qué no pensar en el populismo como una característica momentánea y positiva? Efectivamente, si se acepta la premisa anterior de Laclau, entonces el populismo es inevitable: y así, el objetivo de una comunidad política demócrata y liberal debería ser adaptado para que no la destruya. Si se tiene en cuenta, además, que subsisten en Latinoamérica simultáneamente serios problemas de pobreza, violencia y mala calidad institucional, entonces se puede pensar en utilizar al populismo, à la Laclau, como un discurso que efectivamente aúne a una parte de la sociedad pero ya no en contra de enemigos difusos y hasta imaginarios (como el imperio) sino en contra de los grupos que efectivamente impiden la emergencia de cambios sustanciales. En cada caso nacional estos grupos difieren pero, en general, la existencia de mafias estatales o paraestatales, empresarios y sindicatos prebendarios, o incluso grupos terroristas es común a todo el subcontinente. Enfrentar a la sociedad contra las mafias que violan derechos humanos en las policías o los ejércitos, por ejemplo, y como se ha venido viendo en Latinoamérica en los últimos años, es populista en este sentido pero indudablemente positivo.
Así, el populismo puede volverse un recurso positivo para librar batallas que sin consenso social serían difíciles de vencer. Como se puede notar, sin embargo, la clave para poder lograr que el populismo brinde resultados positivos para la ciudadanía en términos sustantivos, y no solo en términos de representación, es limitarlo. Por eso, y así como se ha pensado en la democracia como un momento fugaz, también puede pensarse en el populismo como un momento democrático que, bien aprovechado, no tiene por qué hacer daño. Ese momento, por su carácter excepcional, no debería estar dado por la encarnación en un líder mesiánico de todas las frustraciones de una parte específica de la sociedad que barra con la democracia liberal (como se ha notado, por ejemplo, acerca del teórico alemán Carl Schmitt), sino por la aglomeración más extensa posible de la sociedad que aun así incluya un otro claramente definido contra el que realmente haya que actuar. La ampliación del populismo otorgaría la ventaja de que a través de él solo se podrían realizar cambios que obtuvieran el consenso de gran parte de la sociedad: por sí solo, sin embargo, esto no impediría que se cometieran injusticias (contra minorías étnicas, por ejemplo), por lo que un marco republicano debería siempre salvaguardar las instituciones constitucionales.
En síntesis, el populismo ha sido visto hasta hoy como una característica permanente y negativa para las sociedades latinoamericanas. Pero si el populismo ha de resurgir sin que se pueda hacer nada contra ello, entonces se debería pensar en domarlo y utilizarlo, como procedimiento que es, únicamente para objetivos consensuados y alejados de los que tradicionalmente se han asociado al populismo, objetivos en los que no solo los históricamente excluidos, sino también los usualmente excluidos por el populismo (como las clases medias) puedan participar. La idea principal en este sentido es que cuanto más se utilice al populismo como un momento, y no como forma continuada en el tiempo, entonces más deseable será, porque su uso implicará que no existe una división constante e insalvable en la sociedad, y que se busca gobernar para ella como un conjunto.
Reflexiones finales
Cuando una politóloga como Gloria Álvarez describe al populismo como una entidad que arruinó a Hispanoamérica, en una interpretación muy similar a la primera de las exploradas en la introducción de este artículo, en realidad lo que hace es condenar una cultura política que divide a la sociedad de manera permanente con objetivos contrarios a la democracia liberal y que obtiene, casi siempre, resultados a largo plazo que en términos económicos e institucionales son malos. Normativamente, esa crítica es seguramente deseable pero no debería conducir a pensar que el populismo es en todo momento negativo, pues puede obtener buenos resultados institucionales y económicos si se lo usa en pos de objetivos compatibles con una democracia liberal, lo cual además significa utilizarlo como un momento pasajero.
Se puede concluir que, como ha sido sugerido, el populismo no debería ser entendido como una ideología, sino como una forma de hacer política; tal entendimiento, por supuesto, no exime al populismo de crítica cuando carga contra la institucionalidad democrática y liberal. Aunque hacer lo último ha sido la norma, vemos que es posible pensar al populismo como una construcción momentánea que brinde resultados deseables para la sociedad. La pregunta que hay que hacerse al hablar de populismo, entonces, es ¿para qué?: si la democracia liberal se beneficia con él, pues bien; si no, lo mejor es combatirlo.
Bibliografía para profundizar este tema
Álvarez, Gloria y Axel Kaiser (2016). El engaño populista: por qué se arruinan nuestros países y cómo rescatarlos. Barcelona: Planeta.
Aslanidis, Paris (2016). «Is Populism an Ideology? A Refutation and a New Perspective», Political Studies, 64, 1, pp. 88-104.
Banco Mundial (2017), «GDP per capita (constant 2010 US$)», en World Bank Open Data, disponible en http://bit.ly/2wuWZgd (consultado el 3 de octubre de 2017).
De la Torre, Carlos (2008), «Populismo, ciudadanía y Estado de derecho», en De la Torre, Carlos y Enrique Peruzzotti (eds.). El retorno del pueblo: populismo y nuevas democracias en América Latina. Quito: FLACSO.
Domínguez, Jorge (2008). «Explaining Latin America’s Lagging Development in the Second Half of the Twentieth Century», en Fukuyama, Francis (ed.). Falling Behind: Explaining the Development Gap Between Latin America and the United States. Oxford: Oxford University Press.
Laclau, Ernesto (2005). La razón populista. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
O’Donnell, Guillermo (1994). «Delegative Democracy», Journal of Democracy, 5, 1, pp. 55-69.
Peruzzotti, Enrique (2008). «Populismo y representación democrática», en De la Torre, Carlos y Enrique Peruzzotti (eds.). El retorno del pueblo: populismo y nuevas democracias en América Latina. Quito: FLACSO.
Stanley, Ben (2008). «The thin ideology of populism», Journal of Political Ideologies, 13, 1, pp. 95-110.
Wolin, Sheldon (1994). «Norm and Form: The Constitutionalizing of Democracy», en Euben, Peter, John Wallach y Josiah Ober (eds.). Athenian Political Thought and the Reconstruction of American Democracy. Ithaca: Cornell University Press, pp. 29-58.
Marcos Falcone
Politólogo por la Universidad Torcuato di Tella. Profesor de esa casa de estudios así como en la Universidad Caece y la Universidad Nacional de Mar del Plata, en Argentina
Politólogo por la Universidad Torcuato di Tella. Profesor en esa casa de estudios así como en la Universidad Caece y la Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Los sucesos del 15 de enero de 2018 marcaron un antes y un después, aun en la intensa conflictividad política y la severa crisis venezolana. La muerte de Óscar Pérez mostró una crueldad inaudita, aun para el régimen de Maduro.
El 15 de enero de este nuevo año, en El Junquito, cerca de Caracas, fue baleado con saña inusitada Óscar Pérez, conocido en la prensa como el piloto rebelde que hace unos meses, en medio de las fuertes protestas que sacudieron Venezuela, sobrevoló el Tribunal Supremo con una pancarta que decía «350» en alusión al artículo 350 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que dispone que: «El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos».
El nombrado piloto, junto con otros compañeros de armas, entendía que el actual gobierno da motivos suficientes para invocar lo que esa norma expresa. A ese episodio acaecido en el Tribunal Supremo se suman otros, en que sustrajo armas de unidades militares.
No se trata aquí de defender o discutir sobre el proceder de Óscar Pérez y su grupo. Para algunos será un terrorista, para otros un rebelde, para otros un héroe y para otros nunca fue real sino un show prefabricado por el gobierno de Maduro que, al cercenar los espacios de libre opinión e información, ha generado una cultura del rumor y desinformación sumamente dañina y peligrosa. Se trata aquí de la prueba irrefutable de rendición que el propio Óscar Pérez dejó en más de una docena de videos publicados a través de su cuenta en Instagram @equilibriogv —y que hoy circulan en las redes por distintas plataformas— al mismo momento en que acaecían los hechos del 15 de enero. En dichos videos manifestaba su intención de entregarse, su interés en negociar. De hecho, en las redes circulan videos grabados presuntamente con teléfonos de los hoy occisos, en los que se escuchan las conversaciones y se alcanzan a ver imágenes de la negociación que se planteaba.
Una vez más, para bien o para mal, la falta de noticias oficiales oportunas hizo que los ciudadanos usaran las redes sociales como herramienta de empoderamiento, para dar a conocer los hechos. Los venezolanos fuimos testigos de lo que se ha calificado como una ejecución extrajudicial [1]. Escuchamos en cada video las ráfagas de disparos mientras los hombres gritaban su rendición. Oscar Pérez, visiblemente ensangrentado en cada video, insistía en su deseo de entregarse. Luego de unos minutos ya no hubo videos… más tarde rodaba en las redes sociales la imagen dantesca de Oscar Pérez acribillado junto a sus compañeros (civiles entre ellos).
La crueldad, la violencia, la ausencia de Estado de derecho fueron extremadamente visibles y dolorosas. La gravedad de lo ocurrido, aunque de momento quede impune, debe ser conocida. Es imperativo que el mundo democrático no nos deje solos.
María Eugenia Contreras Duque | @marusi84
Venezolana. Abogada. Exrelatora de la Corte Primera de lo Contencioso Administrativo (Venezuela). Aspirante docente en la Universidad Católica del Uruguay
Venezolana. Abogada. Ex relatora de la Corte Primera de lo Contencioso Administrativo (Venezuela). Aspirante docente en la Universidad Católica del Uruguay
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Los blogueros políticos, para disgusto de algunos paranoicos que prefieren silenciar la disidencia o los hechos negativos, juegan un papel importante en la difusión de información y de diversidad de opiniones sobre asuntos de actualidad, políticas, derechos humanos, Estado de derecho, constitucionalismo y un amplio rango de problemas de gobernanza en África. Esto los ha convertido cada vez más en un blanco, amenazando un nuevo espacio emergente para la libre expresión.
El 22 de junio de 2017 participamos junto con mi colega Ruth Aine en el Speakers’ Corner de la Tercera Conferencia Anual de medios sociales en Uganda de la Fundación Konrad Adenauer . Es un hecho que África ha disfrutado de notables avances en el panorama de los medios de comunicación durante los últimos años. Dicho esto, también es verdad que los medios de comunicación tradicionales han actuado por debajo de sus posibilidades en cuanto a la defensa de la democracia.
Hoy debemos lidiar con la censura, silenciamiento de voces y opiniones y la desaparición del viejo periodismo de investigación.
Como base de todos estos desafíos está el rápido crecimiento del acceso a internet en el continente y la carrera por conectarse, que ha provocado un destacado crecimiento de los blogueros. Armados con estas herramientas de poderío sin precedentes, los ciudadanos han ocupado los espacios digitales para buscar información y para expresar sus ideas.
Más allá del microblogging en las plataformas de medios sociales, los blogueros están publicando artículos instructivos, bien fundamentados y contextuados.
Cuando el vendedor callejero Mohamed Bouazizi se prendió fuego el 17 de diciembre de 2010 en protesta por la confiscación de sus bienes en el comienzo de la primavera árabe, los blogueros dieron un paso al frente para cubrir la historia desde sus perspectivas. Ellos bloguearon, a menudo a costa de la persecución y de respirar gases lacrimógenos, recibir balazos y todo lo que convella el caos y enfrentar al poder con la verdad.
En Kenia, a pocas horas de la agitación de la violencia postelectoral en 2008, los blogueros publicaban informes hora por hora de los acontecimientos.
Cuando el presidente Robert Mugabe puso censura a la prensa durante la reciente crisis nacional, los blogueron lograron que el mundo estuviera informado sobre los acontecimientos en Zimbabue. En República Sudafricana, el movimiento por la justicia social llamado #FeesMustFall alcanzó efectos poderosos. A lo largo de todo el continente, emerge la blogosfera como la mayor fuente de noticias, especialmente cuando los medios tradicionales sufren restricciones, mordazas o cierres. Blogueros prominentes ganan influencia en fijar la agenda y son capaces de incidir en la cobertura mediática.
Pero para esto se pagó un alto precio en muchos países. Los blogueros políticos se enfrentan crecientemente a problemas por sus escritos. Las amenazas son reales. El hecho es que hay gente que no quiere que se informe sobre ciertos asuntos.
Por ejemplo, en Etiopía, los blogueros de Zona 9 pagaron un alto precio por bloguear sobre los derechos humanos en el país y por publicar mensajes de prisioneros políticos. Después de haber sido arrestados en abril de 2014 fueron acusados de terrorismo e incitación a la violencia. Debieron soportar 439 días de prisión hasta que fueron absueltos de los cargos.
Ahora sabemos que la suprema Corte de Etiopía, en abril de 2017, decidió que dos blogueros —Atnaf Berhane y Natnail Feleke— debían ser acusados de incitación a la violencia, lo que está penado con hasta 10 años de prisión en caso de culpabilidad.
En Tanzania, mi colega bloguero de la plataforma Africa Blogging recientemente expresó temor de sufrir represión después de que un líder de la oposición fuera arrestado por llamar dictador al presidente Magufuli.
Aquí en Uganda, en un lamentable incidente, la periodista y bloquera Gertrude Tumusiime Uwitware fue secuestrada y torturada por desconocidos después de que apoyara el pronunciamiento de Stella Nyanzi para que la ministra de Educación y primera dama, Janet Musiveni, cumpliera la promesa de campaña de entregar toallas higiénicas gratis a las adolescentes para combatir el ausentismo escolar. Nos complace su aparición con vida, pero nos preocupa que nadie haya sido emplazado por el hecho.
Estas amenazas a la libertad de expresión en línea, la baja adhesión a los principios democráticos y el imperio de la ley siguen dando forma a la construcción de opiniones en la blogósfera africana.
Tal como observara Winnie Walters luego de mi presentación en la conferencia de medios sociales, de 16 articulos de Africa Blogging seleccionados al azar, la mayoría describen un panorama desalentador de la situación del continente.
Las mismas amenazas que dañaron los medios masivos están gradualmente encontrando brechas dentro de espacios en línea, que alguna vez fueron muy democráticos. Cada vez más frecuentemente los blogueros deben revisar lo que escriben, o arriesgarse a enfrentar la ira del establishment.
Algunos blogueros han optado por escribir de manera anónima o bajo seudónimo, ocultando su identidad por motivos de seguridad. Aún así, se han realizado intentos por conocer la verdadera identidad de los blogueros a través de procesos judiciales y arrestos arbitrarios de inocentes, como fue el caso de Robert Shaka en Uganda.
El derecho a la libertad de expresión —tanto en línea como fuera de esta— es un derecho fundamental que constituye la piedra angular de las sociedades democráticas. El ataque a la libertad de expresión o a la libertad de prensa es un ataque a la democracia.
Necesitamos más voces en línea para documentar la lucha diaria, los éxitos, los puntos de vista partidarios o neutrales, los derechos civiles y todos aquellos eventos cotidianos que hagan de nuestras sociedades mejores democracias, donde las libertades se respeten para todos.
Artículo original publicado en inglés en el sitio web masakeonline.
Anthony Masake y Ruth Aine | @masakeonline @Ruthaine
Miembros de Africa Blogging Iniciative
Traducción de Manfred Steffen, magíster en Ciencias Ambientales (Universidad de la República) y Dipl. Ing. Fachhochschule für Druck in Stuttgart. Coordinador de proyectos de la Fundación Konrad Adenauer, oficina Montevideo
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Costa Rica se encuentra ante una elección atípica, dentro de un marco tradicional propio de las elecciones de las décadas de los ochenta y noventa, en épocas del bipartidismo.
Candidatos presidenciales para las elecciones del 4 de febrero de 2018 | Fuente: TSE Costa Rica
El panorama político electoral frente a las elecciones presidenciales y de diputados para el periodo 2018-2022 presenta a diversas fuerzas políticas en competencia. El descontento ciudadano y la falta de representatividad de varios sectores, tanto en la Asamblea Legislativa como en el Poder Ejecutivo, son factores que marcan la realidad y que en la elección de 2014 se tradujeron en el triunfo de una tercera fuerza: el Partido Acción Ciudadana.
Dos elementos importantes influirán además en la emisión del voto: la promesa de cambio y el voto castigo a propuestas de la denominada política tradicional.
La corrupción es un tema al que debe dispensarse especial atención, pero no solo en la dimensión electoral, donde ya constituye un factor relevante. En este orden de ideas debe contemplarse el caso de prácticas aparentemente desligadas de la ética y la moral, que se inscriben en la duda sistemática de corrupción, al que se ha denominado cementazo.
El escenario de ataque a la corrupción ha generado una invisibilidad de las propuestas de los candidatos y, por ende, del debate de ideas y proyectos para un futuro gobierno. Son escasos los criterios que encuentra el electorado para meditar su voto, en cuanto a propuestas.
Los partidos políticos adolecen de un ideario consolidado, por lo que se ha personalizado la campaña política —abundante en argumentos ad hominen—, con los peligros que ello implica en cuanto a la aparición de figuras en partidos franquicias, que puedan utilizar el descontento como plataforma contra el sistema político-jurídico y económico. [1]
Existen puntos importantes de la agenda del país que no se han sometido a discusión en el debate electoral, como el riesgoso déficit fiscal y la consecuente baja calificación de la deuda, la necesidad de un nuevo pacto social, el crecimiento económico y la atracción de inversión extranjera directa, la insatisfacción ciudadana con la situación económica, para citar tan solo unos pocos. Estos temas están en la penumbra, se han dejado en el olvido. Se ha renunciado a la propuesta concreta, trocándola de forma poco acertada por la atención a los ataques personales.
Sería pertinente que el debate en las etapas finales de la campaña electoral se centrara en la identificación y diferenciación de las propuestas de los candidatos presidenciales.
El acceso a la información y la divulgación que efectúen los medios de comunicación constituyen un factor importante para que los costarricenses puedan tener la oportunidad de emitir su voto con información seria y confiable, y sobre propuestas sometidas a discusión entre los diferentes candidatos, soslayando aspectos de orden estrictamente emocional.
Sobra indicar que el resultado será aceptado por todos los costarricenses, en apelación al fuerte sistema democrático que posee nuestro país. Y los descontentos iniciarán nuevamente el proceso democrático para visualizar plasmados sus objetivos en las elecciones del periodo 2022-2026.
[1] Al respecto, ver El Informe del Estado de la Nación 2017, capítulo 6, «El descontento ciudadano y sus implicaciones para la estabilidad política en Costa Rica», p. 297.
David Oconitrillo Fonseca | @davidocon
Egresado de la Maestría en Derecho Público de la Universidad de Costa Rica. Abogado de LexGroup Consultores
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Ante la situación que está viviendo el agro uruguayo es necesario buscar una solución nacional. Es importante consensuar una política de Estado para el sector más importante de la economía uruguaya: el agro.
Cultivo de soja en Fray Bentos, Uruguay | Foto: Augusto Bonet
El reclamo de los productores uruguayos por los altos costos de producción ha generado diferentes reacciones en el sistema político: la suba del gasoil, la presión impositiva y el atraso cambiario han logrado despertar el reclamo de las gremiales rurales y una cascada de posiciones políticas al respecto.
Es preocupante ver cómo diferentes actores del partido de gobierno (militantes, referentes e incluso integrantes de la administración del segundo gobierno de Tabaré Vásquez y el Frente Amplio) utilizan sustantivos sesenteros como oligarca o gringo mientras repiten falacias y se hacen eco de la ignorancia existente sobre nuestra matriz productiva.
Es necesario saber que el campo ha sido el motor del Uruguay por más de 200 años. El modelo agroexportador es el modelo económico que mejor ha funcionado en nuestro país. Hemos intentado realizar procesos de industrialización, incluso hemos adoptado recetas internacionales como el modelo de industrialización por sustitución de importaciones, pero estas terminaron siendo un intento fallido por el tamaño de nuestro mercado interno [1].
Los conflictos entre el Estado y el sector rural, la situación económica del país y la reciente renuncia del ministro de Ganadería [2] nos dan una oportunidad inmejorable para sentarnos en una mesa a debatir sobre el futuro de nuestra principal estructura productiva: el agro.
Hay que considerar que la estructura agraria uruguaya ha mutado mucho en poco tiempo [3]. La actualidad del campo nos muestra una industria diversificada en sectores con sus problemas generales y particulares. Asimismo, vemos un incremento en la extranjerización de la tierra y un cambio en el uso que se le da a esta [4].
Si se tiene en cuenta que el agro es el principal sector productivo del Uruguay, resulta necesario darle un espacio de importancia en la agenda del Estado, y en los últimos años esto no ha sucedido. Es importante sentarse a hablar sobre políticas públicas consensuadas y estudiadas por todos los actores del sistema político uruguayo.
Ha habido diferentes propuestas de reformas agrarias a lo largo de la historia uruguaya. La última, y tal vez las más profunda, fue presentada en las elecciones de 1971 por el Partido Nacional y se basó en minuciosos estudios de la CEPAL y el CIDE.
La reforma de ese entonces proponía una serie de políticas estatales dirigidas a la redistribución de la tierra y a la maximización de la productividad. Su contenido se centraba en la creación de una banca de fomento rural, incentivos al cooperativismo rural y un control del Estado a través de un índice de productividad [5].
Hoy en día la propuesta para superar esta coyuntura es simple: crear una comisión interdisciplinaria que se encargue del estudio de la realidad productiva de nuestro país, una comisión que estudie datos de productividad, económicos y de rentabilidad; que se encargue de estudiar y hacer propuestas sobre el límite de hectáreas y sobre la extranjerización pero que también se encargue de estudiar las variables sociales del campo, los derechos laborales y el desarrollo en general.
El sistema político uruguayo debe ponerse a pensar sobre los insumos en know how para los productores. Experiencias como la de Nueva Zelanda nos muestran que la tecnología y el conocimiento son fundamentales para lograr altos niveles de eficiencia.
En la actualidad el campo uruguayo no está rindiendo al máximo; esto trae como consecuencia que el Estado no está maximizando sus ingresos sobre productividad. Es importante saber que un correcto sistema tributario aplicado al campo es beneficioso para el país. Saber redistribuir los ingresos fiscales en la propia actividad productiva genera un efecto multiplicador.
Debemos apuntar hacia un campo sin especulación, especialmente en un país donde el 26,6 % de la tierra es arrendada [6]. Debemos entender que la especulación con capital productivo es contraproducente en todo sentido: no solamente se le está quitando rentabilidad al que realmente produce la tierra, sino que se está especulando con puestos de trabajo, alimentación y desarrollo.
La creación de nuevas políticas de Estado enfocadas al agro generará más puestos de trabajo rural, volverá a poblar el campo y, sumada a una política de descentralización, solucionará el problema de los servicios en las localidades del Interior profundo.
Una reforma agraria le daría al Uruguay la oportunidad de explorar una eficiencia productiva que nunca tuvimos, similar a los impulsos productivos que se generaron en la Revolución del lanar o con la llegada del alambre al Uruguay.
El campo está pidiendo un respiro urgente. En el marco de esta nueva crisis que ha generado una movilización importante en todo el interior del país, hay que sentarse a buscar un acuerdo común. Mirar el futuro entre todos, sin sesgos ideológicos ni predisposición al conflicto. La solución está en el estudio del problema. La solución está en el capital más grande que tiene cualquier país: la inteligencia y la capacidad de diálogo entre sus ciudadanos.
[1] Para profundizar en el tema invito a leer la Historia rural del Uruguay moderno, de José Pedro Barrán y Benjamín Nahum.
[2] Ver más en https://www.elpais.com.uy/informacion/vazquez-designo-ministro-ganaderia.html
[3] Ver más en https://www.elobservador.com.uy/todos-los-productores-agropecuarios-son-millonarios-y-otros-mitos-y-realidades-n1160010
[4] Datos del MGAP (2011). Censo General Agropecuario.
[5] Nuestro compromiso con usted (programa de gobierno del Partido Nacional, 1971)
[6] Ver más en MGAP (2011). Censo general agropecuario.
Augusto Bonet Silveira | @augustobonet
Estudiante de Administración de Empresas (Universidad Católica del Uruguay). Integrante de la Comisión Nacional de Jóvenes del Partido Nacional
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
El 19 de enero de 2018 sería el cumpleaños número 100 del Dr. Arístides Calvani. Esta fecha invoca el recuerdo de un hombre que brindó aportes importantes a la democracia cristiana, no solo en Venezuela, sino en toda Latinoamérica. La Fundación Konrad Adenauer tiene mucho que agradecerle, motivo suficiente para dedicar algunas palabras conmemorativas.
Arístides Calvani nació el 19 de enero de 1918 en Puerto España, Trinidad, donde su padre se desempeñaba como cónsul de Venezuela. Tempranamente se percibió que era una persona extraordinaria, dotada de una fe cristiana católica profunda y consecuente, así como de una inteligencia destacada, complementada por las virtudes de la tolerancia y la humildad.
Otros rasgos con los cuales impresionó a su entorno eran su modestia y su humanidad carismática que irradiaba con tanta naturalidad y gentileza. Posteriormente, su padre ejerció de cónsul en Suiza y Bélgica, circunstancia que permitió que su hijo concluyera su formación escolar e iniciara sus estudios de derecho en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica. Durante ese tiempo se dedicó también a temas de la filosofía social, sobre todo aquellos relacionados con la justicia social. Continuó sus estudios en la Universidad de Bogotá, Colombia, y egresó en 1942 de la Universidad Central de Venezuela (UCV) en Caracas. Fue allí donde inició, a la par de su labor como abogado, una destacada carrera docente que extendió también a la Universidad Católica Andrés Bello.
Posteriormente fue diputado y también fundador y director de varios institutos de formación. Durante el primer gobierno del presidente democratacristiano Rafael Caldera (1969-1974), este lo designó ministro de Relaciones Exteriores, cargo en el cual desplegó su compromiso para solucionar los problemas sociales en Latinoamérica. Es autor del concepto de la justicia social internacional como pilar de la cooperación. Entre 1977 y 1985 fue secretario general de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA). Desde 1962, hasta su trágica muerte el día 18 de enero de 1986 en Guatemala, fue para la Fundación Konrad Adenauer un amigo y consejero importante y confiable.
El 1 de julio de 1962 inició funciones el Institut für Internationale Solidarität, que en Latinoamérica se hizo rápidamente conocido como Instituto de Solidaridad Internacional (ISI). Con ello se dio comienzo a la labor internacional de la Fundación Konrad Adenauer (KAS, por sus siglas en alemán). Latinoamérica era el subcontinente con el que la Fundación mantenía los mejores contactos, tanto con los líderes de los partidos democratacristianos como con los sindicatos cristianos. Venezuela y Chile fueron los países donde la KAS apoyó los primeros proyectos en el año 1962. Dos conceptos servían de base para la cooperación. La solidaridad es uno de los valores sustanciales de la doctrina social católica. Es parte de la concepción cristiana del ser humano. Quienes se declaran solidarios con otras personas manifiestan su voluntad y disposición para involucrarse a su favor y prestarles ayuda. La solidaridad se puede dar en forma de apoyo espiritual, material y político. Viene de la mano con el concepto de asociación. La solidaridad es imposible si no se da en un marco de asociación. Desde un comienzo, la KAS quiso cooperar con contrapartes que tuvieran los mismos derechos. Ambas contrapartes, la KAS y los asociados del proyecto, mantienen sus propios intereses y su independencia. Sostienen un diálogo permanente y conversan en pie de igualdad. Esto da lugar a una asociación solidaria eficiente, pero que a ratos implica también un arduo trabajo.
Fue en Venezuela que se dio inicio a la cooperación de la KAS con las contrapartes en Latinoamérica. Poco después de haber fundado el ISI, se concretaron y se apoyaron los primeros proyectos. Arístides Calvani resultó ser un actor y colaborador grato, convincente y valioso. A raíz de su iniciativa se abrió el Instituto Nacional de Estudios Sociales (INES), un centro de formación para sindicalistas, y el Instituto de Formación Demócrata Cristiana (Ifedec), dedicado a la formación política. La KAS financió los programas de ambos institutos.
Bajo el mando de Arístides Calvani, el Ifedec se convirtió rápidamente en el instituto de formación líder de los partidos democratacristianos, no solo en Venezuela para el partido Copei, sino también en varios países latinoamericanos. Esto fue el mérito de Arístides Calvani, quien en los primeros años del Ifedec formuló aportes importantes que sirvieron de hilo conductor para el desarrollo de la idea democratacristiana como alternativa política en Latinoamérica. Los textos de sus ponencias realizadas en el Ifedec y el INES se reprodujeron y sirvieron de documentos base para los partidos, sindicatos y los institutos de formación que se fundaron sucesivamente en los distintos países.
Ahora bien, no fueron solo sus textos profundos que causaron impacto, ejercieron influencia y lograron generar convencimiento, fue sobre todo su personalidad que cautivó a las personas. Era un individuo especial, de profunda espiritualidad cristiana, muy culta; había absuelto visitas de estudio en Bogotá y Lovaina, Bélgica; era multilingüe y dotado de una personalidad extraordinaria y un carisma personal impresionante. Logró impactar y convencer gracias a su pensamiento, su comportamiento y su acción. Actuaba de acuerdo con lo que predicaba. Calvani se caracterizó por un alto grado de credibilidad, que inspiraba confianza.
Mi esposa y yo aterrizamos en el aeropuerto de Maiquetía durante la tarde del 2 de octubre de 1966 luego de un vuelo desde Nueva York. Hicimos escala en Caracas en nuestro viaje hacia Guatemala, donde yo iba a trabajar como el primer representante de la Fundación para Centroamérica. Estaba previsto que nos familiarizáramos con la labor del INES y del Ifedec. Para nosotros fue el primer contacto con la realidad latinoamericana. Tuvimos la suerte de que a poco tiempo de llegar conociéramos a Arístides Calvani y a otras personalidades del Copei, de los sindicatos, etc. Recuerdo nítidamente la primera impresión que me dejó el encuentro con Arístides Calvani en el Ifedec. Su saludo fue afectuoso. Irradiaba una humanidad maravillosa que era muy agradable pero, al mismo tiempo, conservaba gran humildad. De inmediato se percibía que él era una persona especial. Yo, siendo 20 años menor que él, le hice saber que mis conocimientos del idioma español todavía tenían mucho que mejorar luego de haber estudiado esta lengua en Madrid durante tres meses. Él me dio ánimo, también por el hecho de que su español —pese a ser muy rico en contenido— era fácil de entender, lo cual facilitó la comprensión de sus pensamientos, análisis y conceptos. Durante mi estadía en Caracas nos reunimos reiteradas veces. Fue muy paciente conmigo y yo escuchaba atentamente cuando me explicaba las particularidades culturales, sociales, históricas y políticas de Venezuela y de Latinoamérica. Desde la retrospectiva puedo decir que muchos de sus pensamientos y conceptos me han acompañado en mi trabajo y han influido en mis propias orientaciones.
Con esta experiencia y preparación continuamos nuestro viaje a Guatemala el 19 de octubre de 1966, país donde me desempeñé para la KAS hasta el año 1971. La estadía fue seguida por dos años en Colombia y luego en 1973 el retorno a la sede central en Alemania. Durante los años siguientes me encontré regularmente con Arístides Calvani durante seminarios del Ifedec o sus estadías en Centroamérica. Como resultado del breve período de aprendizaje y de las conversaciones con él, el 28 de noviembre de 1968 logré fundar, junto a representantes de los partidos democratacristianos en Centroamérica, el Instituto Centroamericano de Estudios Políticos (Incep), el cual, con el firme apoyo de la KAS, se convirtió rápidamente en un instrumento importante para fortalecer los partidos democratacristianos en Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Durante la fundación y concepción del Incep tuvimos muy presentes los pensamientos, ideas y observaciones estratégicas y de fondo que aportó Arístides Calvani.
A partir de 1963 llegaron a Latinoamérica los primeros colaboradores de la KAS. El contacto del personal con Arístides Calvani fue estrechándose. Cuando en 1968 el Dr. Bruno Heck asumió como presidente de la Fundación, se dieron los primeros contactos y conversaciones con Arístides Calvani. Durante los numerosos diálogos y encuentros que seguirían en los años siguientes en Alemania o Latinoamérica y también en el marco de convenciones de la Unión Demócrata Cristiana (CDU, por sus siglas en alemán), a las cuales fue invitado y donde participó, se forjó algo así como una asociación espiritual. Los dos se caracterizaban por sus profundas raíces en la fe católica y aportaban reflexiones muy lúcidas sobre el cristianismo en la política. En lo personal, fueron para nosotros, que tuvimos el privilegio de ser parte de este proceso, y también para la KAS, años muy fructíferos que contribuyeron a que se llenaran de contenido nuestros dos principios: solidaridad y asociación, y se dotaran de ideas concretas, objetivos, instrumentos y perspectivas. Para quienes tuvimos contacto con él, así como también para la KAS, Arístides Calvani era un excelente maestro, consejero y un amigo participativo y confiable.
Arístides Calvani visitó Alemania y a la Fundación en particular en varias ocasiones. Participó en convenciones de la CDU. La última vez fue en Essen, en marzo de 1985, acompañado por su esposa Adelita. Las conversaciones arrojaron también visiones diferentes. Durante sus estudios en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, Arístides Calvani se había familiarizado con el pensamiento neotomista de los filósofos sociales franceses Jacques Maritain y Emmanuel Mounier. Los conceptos ético-sociales que se desarrollaron a partir de aquella visión y que gozaban de una amplia difusión en Latinoamérica, se diferenciaron bastante de nuestras ideas de la doctrina social católica, fuertemente influenciadas por las encíclicas sociales del Papa, pero sobre todo por el pensamiento del padre jesuita Oswald von Nell-Breuning, muy influyente en ese tiempo, y el nuevo concepto de la economía social de mercado. Sin embargo, el diálogo exhaustivo y a veces apasionado que se desarrolló entre los interlocutores fue Percibido por ambos como una instancia valiosa y provechosa. A nosotros nos ayudó a comprender mejor la idiosincrasia latinoamericana y a Arístides Calvani a comprender mejor la nuestra.
Fue especialmente fértil e intensa la cooperación en Centroamérica entre la Fundación y Arístides Calvani. Un buen ejemplo para ello es Guatemala, país que en los años sesenta y setenta del siglo pasado fue azotado por la violencia, el terrorismo, gobiernos militares y autoritarios y conflictos con muchos muertos. El país estaba en búsqueda de una salida democrática. Un protagonista apropiado para ello parecía ser la Democracia Cristiana Guatemalteca (DCG). Fue difícil para ella triunfar en elecciones no democráticas cuyos resultados eran manipulados. Además, su labor fue obstaculizada por la extrema derecha y los militares, que llevaron a cabo el trabajo sucio para la derecha. Dirigentes del partido sufrieron persecución política, algunos militantes fueron asesinados. Pese a ello, la DCG se mantenía firme en abogar exclusivamente por una perspectiva de no violencia y por conseguir el cambio democrático de forma pacífica. No lo podían lograr solos, necesitaban ayuda desde Latinoamérica y Alemania. En Latinoamérica estuvieron dispuestos a ayudar Arístides Calvani y el gobierno del presidente venezolano Luis Herrera Campins (1979-1984). Desde Alemania, el desarrollo democrático en Guatemala ha sido apoyado por la KAS y la CDU, sobre todo después de que en 1982 asumiera el gobierno de Helmut Kohl.
En 1977 la KAS abrió una sede en Washington D.C., Estados Unidos. Con ello, la Fundación pretendía facilitar una cooperación continua y cercana a la política con la administración estadounidense, los partidos y otras instituciones importantes. En diciembre de 1979, Ronald Reagan, uno de los posibles candidatos del Partido Republicano para las siguientes elecciones presidenciales, estuvo de visita en Bonn. Entre otras reuniones quiso conversar con la KAS. El diálogo fue liderado por el Dr. Heck y algunos expertos de la Fundación, entre los cuales me encontraba yo. El Dr. Heck y yo le explicamos a Ronald Reagan y a sus acompañantes los programas y proyectos que promovía la Fundación en Latinoamérica, sobre todo en Centroamérica. Reagan nos escuchó atentamente y expresó su interés respecto a una futura cooperación. Con posterioridad a la conversación, el Dr. Heck y yo concluimos que era altamente probable que Reagan saliera electo en las próximas presidenciales de Estados Unidos y que por lo mismo sería provechoso mantener el contacto y la cooperación con sus colaboradores más estrechos. A raíz de ello organizamos durante mayo de 1980 en Washington un seminario con representantes del Partido Republicano, colaboradores y asesores de Reagan, así como con representantes de los partidos democratacristianos de Centroamérica. Entre los participantes estaba Vinicio Cerezo, el secretario general de la DCG en Guatemala y candidato de su partido para las elecciones del año 1985. El tema del seminario fue la situación y el desarrollo de Centroamérica. La instancia arrojó nuevas ideas e impulsos para el desarrollo democrático en la región. Vinicio Cerezo lo describe de la siguiente forma: «Conversando con Josef Thesing en Washington, él me expuso sus observaciones, las que fueron definitivas. Estaba seguro de que los republicanos ganarían las elecciones; era importante establecer contactos con ellos, además de los del Partido Demócrata que estaba gobernando. Sus argumentos eran claros: a) ellos ganarían y estarían en el gobierno los próximos cuatro años; b) ellos entonces necesitarían elementos de juicio sobre América Central, que no tenían, y así evitar que adoptaran la posición simplista de los derechistas latinoamericanos de apoyar a los gobiernos autoritarios por miedo a la guerrilla; c) los republicanos tenían una visión más pragmática que los demócratas; d) la Konrad Adenauer tenía una buena comunicación con ellos». [1]
Posteriormente, Vinicio Cerezo relató sus percepciones a Arístides Calvani, quien aceptó mi análisis. A partir de ello se creó un concepto basado en tres elementos: resistir la represión, luchar por una perspectiva pacífica y democrática y encontrar contrapartes nacionales e internacionales para el proyecto. Calvani expuso el concepto al presidente Herrera Campins, el cual estuvo de acuerdo y prometió su ayuda y apoyo. También la KAS, en coordinación con Arístides Calvani y Vinicio Cerezo, desplegaría sus posibilidades a través del Incep para apoyar el desarrollo democrático del país. Vinicio Cerezo, actor principal del proceso posterior, resume el desarrollo de la siguiente manera: «Fue providencial que hombres como Arístides Calvani, Luis Herrera Campins y Josef Thesing estuvieron en los puestos claves para respaldar el Plan. Ellos lograron no solo los respaldos necesarios, sino convencer a otros hombres, dirigentes y presidentes que le dieran continuidad al proyecto, aun después de los primeros éxitos, pero fue especialmente providencial para forjar una tercera vía, que fuera alternativa a la guerra, abriera un espacio político para la democracia e iniciara un proceso de paz, que permitiera después un desarrollo económico consistente, base y sustento del desarrollo social». [2]
Si bien Vinicio Cerezo lo expresó quizás de forma excesivamente eufórica y omitió que fue él mismo quien contribuyó sustancialmente al desarrollo positivo, sigue siendo un hecho que Arístides Calvani, Herrera Campins y la KAS no solo fueron partícipes en iniciar este proceso, sino que también lo apoyaron de forma enérgica. Vinicio Cerezo, el candidato de la DCG para las elecciones presidenciales de 1985, salió triunfante y se convirtió en el primer presidente democratacristiano del país. Con él se inició un proceso laborioso de desarrollo democrático, el cual no ha sido interrumpido hasta la fecha.
Arístides Calvani y su esposa Adela Abbo
Con fecha 14 de enero de 1986 asumió su cargo el nuevo presidente Vinicio Cerezo. Fue un acontecimiento especial para Guatemala. Estuvieron presentes altos representantes de muchos países, entre ellos el vicepresidente estadounidense, George Bush. De la KAS fuimos invitados a participar el Dr. Bruno Heck y yo. El Dr. Arístides Calvani, su esposa Adela Abbo de Calvani y sus dos hijas Graciela y María Elena participaron como invitados del nuevo presidente. En la noche hubo una recepción en el Palacio Nacional. Fue más bien casual que el presidente Cerezo, Arístides Calvani, Dr. Heck y yo nos reuniéramos en este marco para intercambiar reflexiones. Arístides Calvani nos contó que, junto a su esposa y a sus hijas, pretendía realizar una visita a las ruinas de la ciudad maya Tikal en el Petén el 18 de enero de 1986. Vinicio Cerezo ofreció poner a su disposición el servicio aéreo. Arístides Calvani rechazó con la amabilidad y humildad tan características para él. Fue la última vez que lo vi en vida.
El 18 de enero de 1986 Arístides Calvani, su esposa y sus dos hijas partieron rumbo a Tikal. El avión nunca llegó a su destino. Se cayó poco antes del aterrizaje. Todos los pasajeros fallecieron. Todavía me encontraba en Guatemala cuando recibí la noticia, ya que me había quedado para dialogar con el nuevo gobierno y nuestras contrapartes en el proyecto. La noticia de su muerte fue difícil de asumir, fue un shock, algo que no se podía creer. Enterarnos de la muerte de Arístides Calvani, su esposa y sus hijas nos conmovió profundamente y significó para nosotros en la KAS un gran duelo. El entonces director general de la KAS, Dr. Lothar Kraft, quien también conocía bien a Calvani, expresó este sentir durante una misa conmemorativa en Bonn ese 22 de enero: «Perdimos a un político ejemplar. Perdimos a un amigo irremplazable. De él recibimos muchos aportes que seguirán influyendo en nuestra labor. Nos marcó, nos aconsejó, nos acompañó. Por ello queremos darle las gracias».
[1] Vinicio Cerezo (1997). «La transformación hacia la democracia en Guatemala», pp. 101-103, en: Guillermo León Escobar H. El hombre cristiano y su responsabilidad política. Bogotá: Unión Gráfica Editores.
[2] Ibídem.
Dr. h. c. Josef Thesing
Politólogo por la Universidad de Múnich (1964). Destacado colaborador y representante internacional de la Fundación Konrad Adenauer (1965-2000) y ex secretario general adjunto de la KAS (2000-2002). Desde 2003 es un jubilado activo. Autor de más de 70 libros publicados en 23 idiomas. Docente universitario y doctor honoris causa en Guatemala, Argentina y República Checa. Su nombre está fuertemente vinculado con los intereses democráticos latinoamericanos, así como con el acercamiento de los germano-polacos y de los cristiano-judíos.
Politólogo por la Universidad de Múnich (1964). Ex representante internacional y ex secretario general adjunto de la Fundación Konrad Adenauer (2000-2002). Autor de más de 70 libros publicados en 23 idiomas. Docente universitario y doctor honoris causa en Guatemala, Argentina y República Checa. Su nombre está fuertemente vinculado con los intereses democráticos latinoamericanos y acercamiento de los germano-polacos y de los cristiano-judíos.
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
* Este artículo obtuvo el primer premio en el concurso de artículos breves «El populismo en América Latina» organizado por Diálogo Político en 2017.
Hans Memling (1466-1473). «El Juicio Final». Museo Nacional de Gdánsk.
El populismo en América Latina imita la representación cristiana de la salvación del pueblo dentro de una narrativa apocalíptica. El éxito de este relato habla de los retos de la democracia liberal en la región. No parecen ser claras las características que un fenómeno político ha de presentar para ser llamado populista; sin embargo, este se ha implantado como sustantivo con relativa facilidad en el lenguaje con el que tanto los medios de comunicación y los académicos como distintos grupos políticos se refieren a cierto tipo de sucesos en la política contemporánea. Generalmente, la calificación de un fenómeno como populista es un mecanismo ambiguo de reprobación política, puesto que parece señalar implícitamente la manipulación emocional de las masas, como también la exacerbación de las emociones para lograr una polarización entre el pueblo y la élite, donde el pueblo resulte siendo el actor virtuoso y la élite la responsable por los agravios a este. No obstante, fuera de estos rasgos generales no hay claridad sobre otros criterios propios de los fenómenos rotulados como populistas que permita agruparlos en esta categoría sin entrar en polémica respecto de cuándo efectivamente se incurre en estas causales.
La pregunta por el impacto del populismo en América Latina sugiere preguntarse por la definición de este y, si bien hay acuerdos implícitos que ayudan a definir el tipo de fenómenos que son llamados populistas, en la práctica la dificultad comienza con la emergencia de un gran número de juicios que señalan a algunos fenómenos como tales y con la subsiguiente discusión sobre si tal categorización es acertada.
Este artículo tiene como propósito exponer un mecanismo conceptual alternativo para definir el populismo y exponer la manera en que el fenómeno se ha dado en América Latina. Esta propuesta resuelve las dificultades de corte epistemológico que ha traído la pretensión de conceptualizar clásicamente el populismo [1], a través de una definición de este como un concepto metafóricamente estructurado donde la figura central es la de un salvador que narra la realidad política en términos de un escenario apocalíptico contra el cual él ha de luchar para guiar al pueblo a una nueva era.
El populismo es una categoría porosa que se enfrenta a las consecuencias epistemológicas de su antigüedad, es decir, a la intromisión en él de características que a la luz de los fenómenos contemporáneos que son llamados populistas parecen ser irrelevantes pero que en los primeros tiempos del concepto fueron definitivas. Tal es el caso de la asociación del populismo con políticas proteccionistas o socialistas en América Latina, como lo proponen Dornbusch y Edwards (1990).
En la mayoría de los casos, el populismo, como clasificación de prácticas políticas, es intercambiable por otros conceptos como el paternalismo, el caudillismo o el nacionalismo; sin embargo, parece que es la carga normativa peyorativa lo que justifica su asignación. A pesar de ser una categoría peyorativa, el populismo se asigna solo a un cierto tipo de fenómenos; es decir, no basta con la consideración negativa del proyecto político, sino que este además debe reunir ciertas características para llamarse populista. La pregunta radica en cuáles son esas características.
La naturaleza de este concepto invita a abandonar la exigencia de establecer fronteras claras [2] a su alrededor, y más bien a proponer la búsqueda de un modelo que sirva como imagen orientadora de los rasgos que explican por qué cierto tipo de fenómenos se encuentran dentro de la discusión.
Un mecanismo para encontrar esta imagen es el de los conceptos metafóricamente estructurados, teoría según la cual los conceptos están relacionados con los fenómenos que describen a partir de representaciones cognitivas metafóricas, donde se genera una estructura para conceptualizar de forma abstracta. Esta teoría parte de la idea de marcos mentales, los cuales son estructuras cognitivas a partir de las que se organiza la representación que hacemos de los fenómenos y por ello definen la validez o no de un comportamiento (Lakoff, 2006; Scheufele, 1999).
Según esta teoría, la imposición de un marco mental en una situación específica puede darse a través de construcciones metafóricas que pueden conducir a correspondencias mentales entre elementos de un marco y elementos de la situación (Schwartz, 1992; Nubiola, 2000).
En este orden de ideas, las metáforas sirven para designar reglas de inferencia en el uso de un concepto. Un ejemplo presentado por Schwartz es el enunciado de que el tiempo es dinero; allí, por medio de la representación del tiempo como dinero, y con base en la valoración del dinero dentro de un marco mental, se infiere un juicio (a saber, no perder el tiempo) que solo tiene sentido bajo esa representación figurativa entre ambos términos.
Ahora, hay conceptos cuyo uso —es decir, las categorizaciones de fenómenos como ejemplos de ellos— solo tiene sentido si se asume que lo que reúne ese número de casos ejemplificantes es su similitud frente a un caso prototípico y no ante una serie detallada de características que han de cumplir integralmente. El populismo parece ser uno de estos conceptos.
Los líderes de los fenómenos prototípicamente tildados de populistas comparten muchas características con figuras religiosas. Dentro de estas resalta el rol mesiánico, el rechazo a las instituciones previas a su aparición, la insistencia en la construcción de una nueva era, así como la convicción implícita en sus prácticas, estilos y discursos [3] de que su obrar real o proyectado constituye un quiebre definitivo en la historia. [4]
El populismo incorpora estos elementos religiosos con una narrativa distinta que posibilita que un discurso populista se diferencie de uno religioso. Esa adaptación especial que hace el populismo tanto de los componentes apocalípticos como de la figura del mesías está articulada en una narrativa democrática que en virtud de su amplitud conceptual les permite estar involucrados.
En el caso de América Latina esta forma de hacer política ha sido especialmente exitosa. Ello puede explicarse en tanto en esta narrativa se activan ciertos marcos cristianos, los cuales permiten generar un relato cercano a los grupos que se representan a sí mismos como víctimas de otros. Además, este tipo de representaciones ayuda a fortalecer cierto apasionamiento político en relación con los líderes y con la figura de la nación, que en otras formas de democracia que están en la región –como las liberales– pasan a un segundo plano, pues hay una separación importante de los afectos legítimos que pueden vincularse a la política. El caso de Getulio Vargas ilustra la narrativa de la salvación presente en el populismo de América Latina:
«Más de una vez las fuerzas y los intereses contra el pueblo se coordinaron y se desencadenaron sobre mí. […] Mi sacrificio los mantendrá unidos y mi nombre será nuestra bandera de lucha. Cada gota de mi sangre será una llama inmortal en su conciencia y mantendrá la vibración sangrada para resistir. Al odio respondo con perdón. Y a los que piensan que me derrotan respondo con mi victoria. Era un esclavo del pueblo y hoy me libro para la vida eterna. Pero este pueblo, de quien fue esclavo, no será más esclavo de nadie. Mi sacrificio quedará para siempre en sus almas y mi sangre tendrá el precio de su rescate». (Vargas, 1954)
La metáfora a la cual los casos prototípicamente tildados de populistas se acercan, involucra un escenario apocalíptico donde hay «un gran drama que reúne a ángeles, a demonios, a malvados monstruos y al pueblo de Dios en una colosal acción. En ella está implicada la raza humana, inevitablemente dividida entre los redimidos y los condenados» (Gray, 2008, p. 17). Sin embargo, lo central en esta narrativa es el salvador, quien, en una relación con el pueblo que traspasa los límites institucionales, se ocupa de ejecutar la acción heroica que conduce a una nueva era donde los conflictos ocasionados por la parte opresora han de desaparecer por siempre y se reivindica el auténtico pueblo. Allí destaca la convicción de que es posible una salvación definitiva por medio de la supresión de ciertos actores. El énfasis está en la lucha, proyectando de esta forma un estado donde siempre se está a la expectativa de la gran batalla.
El impacto del populismo en América Latina puede medirse por la molestia que este crea, la cual a su vez parece darse por la manera especialmente iliberal con la que este concepto busca disciplinar la empresa de la democracia. Las formas políticas normalmente tildadas de populistas suponen como democráticos rasgos como la homogenización de los actores, la supremacía de la identidad colectiva sobre la individual y la confrontación con base en identidades totalizadas que evitan los matices en la caracterización y la conciliación de posiciones diferentes, y que son especialmente reactivas cuando se hacen variaciones en la representación del verdadero pueblo. [5]
El populismo en América Latina puede explicarse por cierta nostalgia frente a los cuerpos colectivos de identidad nacional y un rechazo implícito en la cultura política a las formas burocráticas y tecnocráticas que descuidan la construcción de comunidades imaginadas [6] y reivindican al individuo al punto de reemplazar con este la figura del pueblo homogéneo. El prescindir de los cuerpos unificados que sobreponen la identidad colectiva sobre la individual para la constitución del Estado nación puede ser el proceso que genera resistencias reivindicativas de visiones iliberales de la democracia. La perspectiva populista supone claras oposiciones morales y, al tiempo con su pretensión de construir una nueva era idílica, se enfrenta a las consecuencias humanitarias de suponer que a través de un proyecto revolucionario los conflictos en la sociedad humana pueden ser extinguidos.
Bibliografía
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Fairclough, I., y Fairclough, N. (2012). Political discourse analysis: A method for advanced students. Oxford: Routledge.
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Lakoff, G. (2006). Whose freedom?: the battle over America’s most important idea. Nueva York: Farrar, Straus and Giroux.
Nubiola, J. (2000). «El valor cognitivo de las metáforas». En Pérez-Ilzarbe, P., Lázaro, R. (eds.). Verdad, bien y belleza. Cuando los filósofos hablan de los valores. Cuadernos de Anuario Filosófico, n.º 103, pp. 73-84.
Sartori, G. (2012). Cómo hacer ciencia política. Lógica, método y lenguaje en las ciencias sociales. Madrid: Taurus.
Scheufele, D. (1999). «Framing as a theory of media effects», Journal of Communication, vol. 49, n.º 1, pp. 103-122.
Schwartz, A. (1992). Contested concepts in cognitive social science. Berkeley: University of California.
Vargas, G. (1954). Carta-testamento. Río de Janeiro.
[1] Se entiende por definición clásica la ofrecida por Sartori (2009), en que se les exigen a los conceptos límites claros tanto en intención como en extensión. Esta exigencia trata de eliminar la polémica en la categorización de los casos definiendo un grupo específico de estos que correspondan a la categoría, puesto que cumplen una serie de condiciones estipuladas en el concepto.
[2] El establecimiento de dichas fronteras es útil para evitar el problema de la categorización pero ello en este caso no es posible, pues los criterios con los que normalmente se dice que un fenómeno es populista, como los de responsabilidad o manipulación, son ampliamente interpretables.
[3] Categoría retomada de Fairclough y Fairclough (2012).
[4] Ejemplos prototípicos que reúnen esta imagen son la narrativa de la comunión entre el peronismo y los descamisados, o el carácter de quiebre histórico definitivo que el chavismo otorgó al socialismo del siglo XXI.
[5] En América Latina, a diferencia de otras formas de populismo, este verdadero pueblo del populismo puede ser representado como uno especialmente plural; sin embargo, lo es en un sentido distinto al clásico liberal, pues su pluralidad no supone la totalidad de la población sino una sección de ella, que normalmente es la de los marginados.
[6] Categoría retomada de Anderson (1993).
Laura Toro Arenas (Medellín, Colombia, 1995)
Estudiante de Ciencias Políticas en la Universidad EAFIT y Filosofía en la Universidad de Antioquia, Colombia.
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
* Artículo premiado con mención en el concurso de artículos breves «El populismo en América Latina» organizado por Diálogo Político en 2017.
Memorial de América Latina (San Pablo, Brasil) | Foto: Paulisson Miura, vía Flickr
La política implica necesariamente alimentarse de constantes vistas al pasado. La revisión de errores y aciertos puede ser un puntal para mejorar los proyectos de vida en común. Sin embargo, los tiempos políticos son diferentes a los de los individuos. Un par de semanas pueden ser suficientes para que una persona cambie el rumbo de su vida; las sociedades requieren de periodos más largos para reencaminarse. Esta precisión temporal nos puede poner alerta sobre la necesidad de forjar ciertas responsabilidades que superan la participación en elecciones y que van a desafíos de la convivencia, como el rechazo al establecimiento de modelos políticos peligrosos. Entre ellos, sin duda, está el populismo.
Aproximaciones sobre la dignidad
Uno de los logros de Occidente ha sido encontrar criterios morales que valgan para todos los hombres, superando barreras geográficas y concepciones religioso-espirituales, buscando valores que aspiren a la universalidad. El siguiente paso fue llevar estas nociones a sistemas políticos. La limitación y división del poder, el Estado de derecho, el respeto a las libertades y el establecimiento de derechos humanos representan avances centrales del pensamiento y la política. En la actualidad, la vida y su protección no se hallan en discusión; principalmente luego de la Segunda Guerra Mundial, el desafío apuntó a la profundización del respeto a la dignidad humana.
Si entendemos la dignidad humana como el derecho que tiene cada ser humano de ser respetado y valorado como ser individual y social, con sus características y condiciones particulares, al cual la política debe adecuarse, nos encontramos no solo frente a un valor, sino a un sistema de valores y contenidos filosóficos que ponen el acento en el hombre.
Peculiaridades latinoamericanas
Herencia del marxismo, la dignidad fue un constante tema relacionado principalmente a cuestiones económicas y de relaciones obrero-patronales. Así, la clase explotadora era directamente vinculada a la opresión y la ausencia de un trato digno, y el único ente capaz de reparar estas injusticias sería el Estado; y en su voz, sus acciones y proyectos no podría recaer ninguna clase de duda.
Este hecho no es menor, pues sentó las bases para que en nombre de reivindicaciones (algunas válidas y otras delirantes) y de la búsqueda de justicia social, se gestaran movimientos con fuerte apoyo popular, con características que trascienden a la demagogia habitual y que nos dan las primeras pautas sobre el populismo.
El caso que nos ocupa —Latinoamérica— es singular por varios motivos:
a. Su corta edad como sociedades organizadas de modo independiente. Las naciones de este lado del mundo surgen y en sus idearios se plasman elementos del mundo occidental (separación de poderes, la idea de derecho, los fundamentos de ciencia) y factores culturales arraigados.
b. Además de los gobiernos militares, América Latina fue escenario del despliegue de fuertes figuras caudillistas, cuya imagen permanece y se convierte en un objeto de disputa por el legado dejado entre sus correligionarios.
c. El rechazo a lo racional como forma de pensar y proceder en política. La evaluación acerca de los mecanismos para acceder al poder y de administrarlo.
En este contexto, aunque no es un sistema privativo de América Latina, vemos en las tierras en que el castellano se mixtificó, políticos y ciudadanía proclives a encumbrar y mantener regímenes populistas.
Principales tropelías
Lejos de hacer una radiografía de la infamia populista, la pretensión del ensayo es reflexionar sobre los efectos del poder acumulado por el populismo latinoamericano sobre la dignidad humana, agrupados y enumerados —mas no limitados— en los siguientes puntos.
a. Anulación del individuo
La primera consideración está relacionada a la naturaleza colectivista del populismo. En el afán de encontrar fuerza, la apuesta es por manifestaciones colectivistas, en ocasiones extremas: diversas layas de socialismo, el patriotismo exaltado y expresiones étnicas son las más empleadas.
Es una idea central para comprender las muestras de abuso pues, si la noción de individuo bien asentada y valorada no puede trabajarse con la idea del ciudadano, se deriva al hombre a un carácter gregario, ya sea del partido, de la comunidad, del gremio, de la nación. Sin la cobertura colectiva, en el populismo, un hombre solo no tiene valor. Problema capital, pues la dignidad es un requisito para desarrollar en plenitud la potencialidad del individuo en su ámbito personal y en su expansión en la vida ciudadana.
b. Relativización de la democracia
Una de las principales prédicas del discurso populista para atacar y avanzar sobre las instituciones republicanas es acerca de su ineficacia. Cierto es que es que el modelo de la democracia occidental y liberal no eliminó todas las injusticias, y que aún siglos después de las primeras declaraciones de derechos universales hubo expresiones de segregación racial y hasta de esclavitud. Sin embargo, el único marco en el que puede generarse cambios y mejoras de modo pacífico es precisamente en la democracia liberal.
Para el populismo, esto debe alterarse con reformas o revoluciones que pueden tener su origen en las urnas pero que se van distanciando. Se crean políticas y hasta órdenes jurídicos que van relativizando la democracia y, con ello, se arremete contra la separación de poderes.
Las consecuencias se expresan principalmente en el apartamiento de las minorías de los órganos legislativos, que prácticamente se vuelven apéndices de los Ejecutivos, olvidando que importantes porcentajes poblacionales optaron por representación diferente y que se hallan sin peso en la toma de decisiones que hacen a su futuro. La visión plural no encuentra sentido en el populismo.
En lo referente a poderes judiciales, la administración de justicia pierde la independencia. Sea por temor o por interés, desfila una larga lista de jueces con fallos que no se encuentran apegados a la ley. Esto afecta tanto a los tribunales bajos en la jerarquía judicial, en los que el ciudadano común deja de confiar por la injerencia del gobernante, como también los altos niveles de control constitucional, en los que se consienten y se da legalidad a actos de abuso y de permanencia en el poder más allá de los límites establecidos.
c. Los derechos perdidos y los beneficiados
Consecuencia de lo anterior, las garantías dejan de ser eficaces para la protección de los derechos. Se presencia encarcelamiento de opositores en la completa anulación del debido proceso y la presunción de inocencia, incluso con detenciones que bien podrían ser imágenes de las dictaduras. La persecución y seguimiento son constantes con el pretexto de la seguridad nacional.
Es paradójico que, en casos de corrupción, esa misma forma de administrar justicia opera dejando en la impunidad a otros. Escandalosos desfalcos y malversaciones de la cosa pública pueden notarse y no son sancionados ni con la agilidad necesaria ni con la total búsqueda de la verdad.
Ambas situaciones afectan la dignidad: la primera es por supuesto latente como expresión de atropello a los derechos fundamentales. En el caso de la segunda, hay un ataque a los recursos públicos que deberían destinarse a mejorar la calidad de vida de la sociedad, pero que se convierten en un botín cuyos saqueadores aprovechan durante largos periodos con la ausencia de fiscalización.
La repercusión económica. Como los modelos populistas ven a corto plazo, la conducción de la economía está orientada a satisfacer antojos particulares y dar gusto a los correligionarios. Sin seguridad jurídica, con la libertad económica mal vista y el Estado que concentra tantos sectores, el mercado no puede abastecer necesidades. Por supuesto, esto también se traduce en mellas a la dignidad; ver el desabastecimiento que genera colas para comprar alimento, gente desesperada que se traslada y cruza fronteras por enseres y es controlada en racionamientos, no puede sino alertarnos sobre las condiciones aptas para la vida en pleno siglo XXI.
La represión. Queda para el final el más crudo rostro del populismo latinoamericano: su lado violento. El poder concentrado en la figura de un caudillo, y su extensión en un partido y movimientos sociales afines, forma un lenguaje oficial que construye verdades incuestionables. Frente a esto, a pesar del respaldo con el que cuente un régimen, será inevitable que se alcen voces críticas. Si de algún modo pueden articularse en movimientos de protesta, la respuesta del régimen populista será desmedida. Se encuentran antecedentes cercanos en que el uso legítimo de la violencia depositada en el Estado se ha excedido tanto en intensidad como en tiempo. Las represiones y persecuciones con el aparato estatal (policías, militares, jueces y fiscales) deforman cualquier clase de institucionalidad, hasta el punto de que ni siquiera con la trágica aparición de muertes o torturas se halla un freno. Al contrario, se generan largas escaladas de violencia y los responsables nunca son identificados o se limitan a serlo como de sectores contrarios a los gobiernos. Así, la integridad y hasta la vida son despreciadas por el poder del populismo.
Como conclusión queda la necesidad de repensar la práctica democrática más allá del voto y el apoyo masivo. Cierto es que la anterior centuria dejó la marca de botas militares en todo el continente y que se aprecian la participación y el respeto a elecciones. Sin embargo, allende esas muestras, hay elementos que deben mirarse con mayor cautela; uno de ellos —tal vez el más importante— es considerar al hombre como un fin en sí mismo, no como el simple engranaje de alguna utopía. Su dignidad —lo que lo hace único e irrepetible, aquello que le da esa condición humana— no puede ser eliminada ni restringida por la voracidad del gobernante.
Andrés Canseco Garvizu (Sucre, Bolivia, 1988)
Abogado, escritor y filósofo
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
* Artículo premiado con mención en el concurso de artículos breves «El populismo en América Latina» organizado por Diálogo Político en 2017.
Máscaras de madera en Antigua, Guatemala
«No les vengo a pedir que me sigan, les vengo a pedir que me ayuden a dar vuelta la taba, a reconstruir la patria, a levantar la bandera, a reconstruir la identidad de la justicia, a luchar contra la exclusión y la indigencia, a vencer la pobreza y el desempleo, a recuperar la dignidad». Néstor Kirchner (1950-2010), expresidente de la República Argentina (2003-2007)
Los jóvenes conforman ese multitudinario colectivo que representa un retorno a la política, no solo de la sociedad sino de ellos mismos como fuerza movilizadora y transformadora de la realidad.
En las últimas décadas del siglo XX y principios del siglo XXI se ha producido en América Latina un proceso histórico denominado como retorno de los populismos (Aboy Carles, 2010; Vilas, 2006, 2007), luego de la crisis de la hegemonía neoliberal. En esta nueva oleada democratizadora en los inicios del siglo XXI, que Cheresky (2011) entiende como metamorfosis de la democracia, el común denominador, el sujeto por excelencia, son los jóvenes, que protagonizan las principales movilizaciones, impulsando organizaciones y formas de agrupamiento, dinamizando el conflicto social y expresando muchos de los elementos que conforman las agendas públicas de las naciones contemporáneas (Vommaro, 2012).
Al concebir a los gobiernos posliberales (Arditi, 2009) de Latinoamérica como populistas, tal como lo postula Ernesto Laclau (2005), se plantea una hipótesis macro. Por un lado, estos expresan un nuevo modelo de Estado y de entender la política; y por el otro, al mismo tiempo representan un fortalecimiento de la democracia y de la ciudadanía, puesto que un elemento pilar de estos gobiernos es el impulso a la participación política de la sociedad, incorporando y ampliando la movilización y participación de ciertos sectores de la sociedad, como la juventud, que les sirven de base social de apoyo. En tal sentido, el estudio de caso de este artículo se centra en la Argentina kirchnerista del periodo 2003-2015, y se observa a la juventud como sujeto primordial.
En relación con lo expuesto en la hipótesis, es concebir a la juventud como un sujeto colectivo, que es constituido como tal a raíz de una lógica populista identitaria por el gobierno kirchnerista pero que, a la vez, se constituye paralelamente como una fuerza política en su juventud para sí [1] como sujeto/movimiento.
En el binomio constituido/constituyente, aquí tiene primacía el primero, es decir, el modo en que los jóvenes son constituidos como sujetos por el conjunto de instituciones, discursos, prácticas y formas de organización de la cultura y el Estado dominantes, pero sin desatender que los jóvenes (la juventud) se constituyen de manera paralela, alternativa y, a veces, por fuera de ese conjunto de prácticas e instituciones, aunque en interacción y, muchas veces, como contestación. En este sentido, se adhiere aquí a una concepción de los jóvenes como productores de pluralidad política (Vommaro, 2012).
Se piensa a la mayoría de los gobiernos latinoamericanos posliberales, y en este caso al gobierno kirchnerista, con una lógica populista, en tanto y en cuanto lograron constituirse en la arena política como una lógica política disruptiva. Estas nuevas formas posliberales como las entiende Arditi (2009) se caracterizan por el movimientismo de las democracias, en tanto y en cuanto necesitan de un diálogo entre los líderes y el pueblo para sustentar sus políticas sociales. Como expresa Retamozo (2013), por lógica de movimiento social entendemos la elaboración de una demanda particular que es presentada en el espacio público mediante acciones colectivas disruptivas con el soporte (y el resultado) de una construcción identitaria.
Se entiende que el populismo es un modo de construir lo político (Laclau, 2005), es decir, atado a una lógica diferente de la que la teoría política moderna aborda tales cuestiones. En La razón populista, Laclau expresa que se trata de lógicas de articulación de demandas que pueden ser de diversa naturaleza, multiplicadas al no encontrar expresión por los canales políticos tradicionales ni ser atendidas (resueltas) mediante las instituciones democráticas.
La disruptividad del kirchnerismo desde esta óptica es el uso de recursos retorico-discursivos, recursos tecnológicos y publicitarios, movilizaciones, actos políticos partidarios, actos públicos, entre otros, para promover una resignificación de las identidades políticas, en especial las juveniles, constituyéndolos como sujetos de acción participativa y transformadora de la realidad, esto es, en militantes políticos. Hay que matizar este punto, ya que se lograron conformar identidades políticas militantes —es decir, partidarias—, identidades políticas no militantes, e identidades apolíticas.
Un ejemplo del uso de recursos para la apelación a la juventud como fuerza política es el acto partidario del Frente Para la Victoria (partido gobernante del kirchnerismo) en el Luna Park el 14 de septiembre del 2010, dedicado a la comunicación con la juventud, por la juventud militante y para toda la juventud. En este acto, Cristina Fernández de Kirchner se dirigió a la juventud caracterizándola como la nueva esperanza. Incluso el mismo Néstor Kirchner, en otro discurso, allá por el año 2008, dirigiéndose a ellos, expresó: «A los jóvenes les digo: sean transgresores, opinen; la juventud tiene que ser un punto de inflexión del nuevo tiempo», haciéndoles saber, pero a la vez constituyéndolos, que debían transformarse en un multitudinario colectivo, que renovara la dirigencia política, la ciudadanía y la democracia.
Mario Margulis (2001) entiende que juventud alude a la identidad social de los sujetos involucrados. Identifica y, ya que toda identidad es relacional, refiere a sistemas de relaciones. En este caso, a las identidades de cierta clase de sujetos en el interior de sistemas de relaciones articuladas (aunque no exentas de antagonismos) en diferentes marcos institucionales. El concepto juventud forma parte del sistema de significaciones con que, en cada marco institucional, se definen identidades. Y en el marco donde se definen las identidades, el político es uno de ellos.
Se puede afirmar entonces que toda identidad política se constituye sobre la base de un antagonismo. Tal como sostiene Mouffe (2007), «la condición de existencia de toda identidad es la afirmación de una diferencia». En este sentido, la presencia de un otro que amenaza la propia identidad es lo que permite diferenciar y, por lo tanto, adquirir una identidad colectiva. En la misma línea, Aboy Carles (2001, p. 54) define la identidad política como el conjunto de prácticas sedimentadas, configuradoras de sentido, que establecen, a través de un mismo proceso de diferenciación externa y homogeneización interna, solidaridades estables capaces de definir orientaciones gregarias de la acción en relación con la definición de asuntos y espacios públicos. Se puede deducir que la conformación de lo público, y a tal punto, la toma, la apropiación o incluso parecer un intruso [2] en lo público (en el cual los jóvenes son uno de los actores principales), es el lugar de los debates y valores contradictorios, constituyéndose en nombre de la igualdad de los puntos de vista como condición normativa (no ideológica).
En Hegemonía y estrategia socialista, Laclau y Mouffe (1987) definen el discurso como la totalidad estructurada resultante de la práctica articulatoria que establece una relación tal entre elementos que la identidad de estos resulta modificada como resultado de esta práctica. Por ello se entiende aquí al discurso como configurador de las identidades —en este caso, las juveniles— en la apelación a las pasiones, a los ideales, las utopías. En consecuencia, podría observarse en los jóvenes una encarnación, mediante una resignificación de los discursos en sus modos de vida y de entender la praxis política. En tal sentido, el proceso de conformación de las identidades políticas por el Gobierno es un elemento central para entender el acercamiento/identificación entre el líder populista y los jóvenes, y entre el Estado y la ciudadanía.
La relación conflictiva entre el Estado y la ciudadanía como consecuencia de la hegemonía neoliberal en los noventa, y una presunta armonía entre estos elementos en los gobiernos posliberales, induce a ciertos autores a plantear a la ciudadanía «como un espacio de individuos dotados de derechos o que los reclaman, y que constituyen vínculos asociativos e identitarios cambiantes. La expansión de la misma, en esta ola democrática, tiene como correlación un cuestionamiento de los lazos de representación en los diferentes órdenes de la organización social, dándose una emancipación del mundo político» (Cheresky, 2011).
En definitiva, el proceso por el cual la juventud adquiere conciencia, es decir, fuerza política en el plano societal, está condicionado por la acción de líderes populistas que constituyen el módulo esencial por el cual la cadena equivalencial de demandas logra posicionarse en el ámbito político estatal (institucionalizarse) haciéndose visible. Y los jóvenes serán quienes lleven la voz, mediante la fuerza, la resistencia de la movilización, que pondrá en jaque al orden institucional si todas las políticas públicas enmarcadas en la globalidad equivalencial no son llevadas a cabo o cumplidas por el líder que les generó el espacio político para participar, funcionando como contrapeso plebiscitario de la república.
En esta nueva ola democratizadora la movilización (participación) política de los jóvenes es uno de los pilares con que cuentan los gobiernos populistas de principios de siglo XXI, dejando la pregunta de si una vez culminada esta ola la juventud volverá a ser desatendida y reprimida, o será la nueva resistencia ante el posible y amenazante retorno de las derechas en la región.
Bibliografía
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Aboy Carlés, Gerardo (2001). «Repensando el populismo», ponencia presentada al XXIII Congreso Internacional de LASA.
Arditi, Benjamín (2009). «El giro a la izquierda en América Latina ¿una política post-liberal?», Ciencias Sociais Unisinos, vol. 45, Universidade do Rio do Sinos.
Cheresky Isidoro (2011). «Ciudadanía y democracia continua». En: Isidoro Cheresky (comp.), Fernando Mayorga, Silvia Gómez Tagle. Ciudadanía y legitimidad democrática en América Latina. Buenos Aires: Prometeo Libros, pp. 143-144.
Laclau, Ernesto, y Chantal, Mouffe (2015). Hegemonía y estrategia socialista: Hacia una radicalización de la democracia, [1985], 3ª ed. 2ª reimp. Buenos Aires: FCE.
Laclau, Ernesto (2015). La razón populista, [2005], 1ª ed. 9ª reimp. Buenos Aires: FCE.
Margulis, Mario. (2001). «Juventud: una aproximación conceptual». En: Solum Donas Burak (comp.). Adolescencia y juventud en América Latina. Cartago: Libro Universitario Regional.
Mouffe Chantal (2007). «La política y lo político». En: En torno a lo político, cap. II, 1ª ed. Buenos Aires: FCE.
Retamozo, Martín (2013). «Discursos y lógica política en clave K». En: Discurso, política y acumulación en el kirchnerismo. Buenos Aires (Argentina): Universidad Nacional de Quilmes – CCC.
Vilas, Carlos M. (2007). «¿Hacia atrás o hacia adelante? La revalorización del Estado después del Consenso de Washington», Perspectivas, vol. 32, pp. 47-81, Universidad Estatal de San Pablo.
Vilas, Carlos M. (2006). «Las resurrecciones del populismo». En G. Aboy Carlés, R. Aronskind y Carlos M. Vilas. Debate sobre el populismo. Buenos Aires: Instituto de Desarrollo Humano, Universidad Nacional de General Sarmiento, pp. 15-21.
Vommaro, Pablo A. (2012). En: Sara Victoria Alvarado, Silvia Borelli y Pablo A. Vommaro (eds). Jóvenes, políticas y culturas: experiencias, acercamientos y diversidades. Rosario: Homo Sapiens Ediciones; Buenos Aires: CLACSO.
[1] Juventud para sí es una analogía sobre la toma de conciencia política mediante la praxis, del binomio clase en sí-clase para sí.
[2] En clara alusión al cuento «Casa tomada» de Julio Cortázar, para quien el intruso, es decir, el peronismo, viene a perturbar la pacífica vida institucional de la Argentina.
Benjamín Arano (Argentina, 1988) Tesista de la Licenciatura en Historia, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata, Argentina.
(Argentina, 1988). Tesista de la Licenciatura en Historia, Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de La Plata, Argentina.
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
* Artículo premiado con mención en el concurso de artículos breves «El populismo en América Latina» organizado por Diálogo Político en 2017.
«Presencia de América Latina», detalle del mural de Jorge González Camarena, pintado en la Casa del Arte, Ciudad Universitaria de Concepción, Chile, en 1964-1965 | Foto: Farisoni, vía Wikicommons
«El hombre no ha de buscar a Dios para troquelar su propia tranquilidad terrestre». Armando Rojas Guardia (2015)
¿De qué manera la (des)organización estatal de las sociedades latinoamericanas puede desempeñar un rol clave para explorar respuestas no populistas al dilema de la posmodernidad? Nuestra tesis es triple: en primer lugar, reconocemos que el proyecto posmoderno, que fue prometido para los espíritus nobles y elevados, terminó enredado en la amargura de un modo de ser que es pura contingencia, revelando a la conciencia de los hombres que el peso de la libertad es la deriva existencial. En segundo lugar, constatamos que la respuesta de Occidente, lejos de asumir las consecuencias de sus acciones y de ser fiel a su compromiso con el ideal de la sociedad abierta, ha iniciado una retirada hacia los signos más atávicos de la modernidad: el populismo —cuya característica principal es la dicotomización del espacio público por medio de la construcción de un antagonismo discursivo— es el representante par excellence de aquello de lo que inicialmente intentábamos desligarnos: respuestas simples a problemas complejos, politización de la masa en nombre de la autonomía, y refugio interior a través de posturas maniqueas. En otras palabras, lo que el fenómeno del populismo demuestra es que la experiencia de libertad nos resultó tan abrumadora que preferimos huirle antes que enfrentarla; un testimonio desalentador para quienes compartimos la percepción de que solo a través del despojamiento de los guiones y esquemas en tanto tales es factible formular juicios propios que orienten el devenir. De ahí que, en tercer lugar, planteamos que la condición de vulnerabilidad, sentida por las comunidades con Estados funcionalmente débiles, abre la posibilidad no solo de construir a la otredad, sino de hacerlo desde una perspectiva donde el antagonismo no sea lo predominante, con lo cual aspiramos a consolar el desgarramiento posmoderno.
En este sentido, adelantamos que lo que nos incomoda del populismo no es tanto el hecho de que este amenace la estabilidad del orden democrático liberal —aunque esto también— como la concepción schmittiana de lo político que le acompaña. Pese a lo que alegan sus defensores, lo cierto es que los populismos conocidos construyen el antagonismo en torno al modelo de la democracia liberal, siendo este el ellos-poder a ser enfrentado para satisfacer las demandas del nosotros-pueblo. [1] Así, para los populismos de izquierda la democracia liberal es una democracia burguesa, mientras que para los populismos de derecha aquella es tan permisiva que pone en peligro los valores nacionales; en ambos casos, el resultado es que el conflicto político se canaliza no a través de las instituciones de la democracia liberal sino en sacrificio de estas. Con todo, la discusión que aquí nos reúne trasciende las cuestiones relativas a las formas de gobierno para aproximarse a las angustias que invaden toda una época, de modo que nuestro cuestionamiento no se dirige hacia el contenido del populismo —against la democracia liberal— sino hacia su lógica misma de buscar culpables y enemigos a la manera blanco o negro.
Nuestro problema es, digámoslo una vez más, el mundo posmoderno. En medio de un tiempo que arrastra irrevocables heridas por el desfallecimiento de las seguridades existenciales, ¿cómo justificar el pensamiento que dio a luz al proyecto posmoderno?, ¿es lícito celebrar las posturas que nos arrojan —aún más— al vacío? Hace más de tres décadas, cuando la crisis del Estado de bienestar apenas empezaba a dar sus primeros pasos, Armando Rojas Guardia, poeta y ensayista venezolano, escribió una reflexión sobre su propia forma de aproximarse a la espiritualidad; intentaba demostrar que el vivir religiosamente no es contrario al modo de ser libre. Lo suyo es un cristianismo adogmático (como acertadamente lo denominó Juan Liseano). La simbología de Dios-en-Cristo —es decir, Dios hecho hombre— rompe la incorporeidad de lo divino para mostrársenos como un Otro que, al igual que yo, sufre, se pregunta y se tensiona. Así, lo que inspira su fe en el cristianismo no tiene que ver con el acuerdo generalizado sobre que en el acercamiento a Dios podemos encontrar las respuestas que en otro lado —la filosofía, la medicina, o inserte el canon de su preferencia— nos son impedidas. Admitir que la gran tragedia de la existencia es que no hay respuestas, que la vida, como la vivimos los hombres, es pura duda, aborta de inmediato la tentativa de encontrar refugio en la religiosidad; de modo que, para nuestro autor, Dios es pura intemperie. Entonces, ¿por qué creer en el Dios de la intemperie?
De acuerdo con la interpretación de Rojas Guardia, el legado de Cristo es la fraternidad, la irremediable convivencia con la otredad; Cristo no es doctrina sino otro. Desde este punto de vista, el Dios de la intemperie (1985) nos muestra una perplejidad de muy distinto signo, en la medida en que el sacudón de los paradigmas queda a salvo del delirio cuando descubre la concomitancia. Digamos que es un texto que resuelve, a despecho del sentido que lo agita, la paradoja de los posmodernos: la disyuntiva de elegir entre una vida reprimida por las certezas o una traumada a niveles patológicos por la ausencia de referentes queda desactualizada cuando somos capaces de conciliar la intemperie con la hospitalidad —esta última en una versión de tipo leibniziana—.
La globalización, entendida en clave liberal, desdibuja la otredad en nombre de una universalización abstracta y en sustento de un consumismo perverso, mientras que el populismo nos reencuentra con el otro pero a costa de la intemperie, pues su exterior constitutivo está pensado desde el radical conflicto. Inventar culpables y enemigos seguro nos invita a la curiosidad por lo otro, pero al mismo tiempo nos retrotrae a la seguridad dogmática de las respuestas convencionales. En consecuencia, la lógica populista no se ajusta a las demandas de nuestro tiempo. Aceptar esto, por cierto, no significa obviar que la relación con el otro, como todo en la vida, no está libre de tensión. Pero de ahí a establecer como supuesto ontológico de la otredad el antagonismo mismo hay un trecho muy largo.
Preferimos, entonces, un camino no transitado todavía y en el que la realidad de las comunidades latinoamericanas puede servir de guía. No es un secreto que de este lado del continente nuestros Estados están tan ocupados alojándose en los espacios privados de la sociedad que con frecuencia se muestran incapaces, territorial y funcionalmente, de atender a sus responsabilidades públicas. Ya lo advertía Guillermo O’Donnell (1993) cuando propuso distinguir las realidades nacionales según la presencia del Estado. Para bien o para mal, los servicios públicos que son competencia del aparato estatal —seguridad, vialidad, electricidad, potabilidad, transporte, telecomunicaciones— no tienen igual alcance en cada rincón de los territorios nacionales; así, mientras más alejados de las grandes urbes se encuentren los ciudadanos, mayor precariedad de servicios básicos enfrentarán. Lo rescatable del asunto radica en que el vacío del Estado es, en alguna medida, llenado por la iniciativa privada —por ejemplo, por organizaciones vecinales que en su esfuerzo por resolver los problemas de la comunidad anulan la lógica del paternalismo político—, de modo que el encuentro con la otredad se da a partir del descubrimiento de mi propia limitación. No es un otro como enemigo ni como adversario, sino como radicalmente otro que, al igual que yo, lleva el peso de la existencia. La ausencia del Estado, cuando toca, nos coloca en una situación en la que nos reconocemos en el otro no a manera de conflicto, sino a manera de vulnerabilidad y limitación antropológica.
Laclau, E. (2005). On Populist Reason. Londres: Verso.
O’Donnell, G. (1993). «Estado, democratización y ciudadanía», Nueva Sociedad, vol. 1, n.º 128, pp. 62-87.
Rojas Guardia, A. (2015). El Dios de la intemperie, [1985], 5.ª edición. Caracas: Otero Ediciones.
[1] En efecto, para Ernesto Laclau (1985), teórico de referencia obligada en los estudios sobre el populismo, no existe una negación prescrita entre el populismo y la democracia liberal. De hecho, asegura que toda política democrática tiene algún componente populista, en la medida en que la distinción entre los que pertenecen a un demos y los que son externos a él está en la base de ambas formas de gestionar lo público —claro que no toda democracia es necesaria y automáticamente democracia liberal—. Por otro lado, su estudio sobre la lógica populista verifica que esta no está atada a ningún contenido ideológico en específico —observación que admitimos—, por lo que no hay ninguna condición inicial que bloquee a populismos que profesen la democracia liberal. Pero, entre los ejemplos históricos disponibles, ¿podemos reconocer algún populismo que defienda los valores de la democracia liberal? Para algunos, Macron es considerado un líder populista, si bien agregan que, debido a su proyecto pro-Europa y proglobalización, se trata de un populismo distinto, que —para usar la expresión de Alain Minc— es mainstream (Bassets, 9 de mayo de 2017). No obstante, en opinión de quien aquí escribe, el carisma de Macron, su relativa condición de outsider, así como su crítica no rupturista al establishment, no lo califican para ser considerado como populista. Lo esencial del populismo —a recordar, el antagonismo, el conflicto, la dicotomía entre los malos y los buenos— no se haya presente en su discurso. Luego, si se admite que el antagonismo populista se construye siempre en contra de la democracia liberal, como si se tratara de una suerte de componente ontológico del populismo, habrá que interrogarse sobre la razón de esta constante. Una pronta respuesta apunta a que, independientemente de hacia dónde se mueva la balanza según los gobiernos de turno, el sistema imperante —es decir, el ellos-poder— en el Occidente de hoy, con sus matices, es el orden de la democracia liberal. Desde esta perspectiva, y solo así, pudiera decirse que los movimientos populistas son momentos de ánimos antisistema.
María Eugenia Rey (Caracas, 1994)
Licenciada en Ciencias Políticas y Administrativas por la Universidad Central de Venezuela. Consultora política.
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Hoy se vive un sufrimiento brutal. Hace unos días Aracelis se me acercó preocupada, diferente, agitada. Ella no suele ser así. Su rápida respiración le hacía atropellar las palabras. Le pedí que me hablara con calma, para entenderla. En ese momento me contó su historia.
Aracelis es una humilde obrera de mantenimiento, sencilla y cariñosa, que gana apenas 400.000 bolívares mensuales. Esa mañana, me confesó que su esposo sufre una metástasis, que tienen que aplicarle quimioterapia, que el tratamiento no se encuentra en ningún hospital y que, si llega al país, costaría unos 400 millones de bolívares, imposible de pagar por ella. El médico le informó que la metástasis avanza cada vez más, y con ella el dolor. Ahora el rostro de Aracelis refleja sufrimiento y no hay manera de aliviarle el dolor a su marido, mucho menos a ella y a sus hijos.
Esta es la Venezuela en que vivimos. La Venezuela donde la gente se está muriendo en las calles como en el siglo XVIII por enfermedades infecciosas, por contaminación (en los hospitales), por falta de prevención, por falta de tratamientos curativos y hasta paliativos. Sí, la gente está muriendo de mengua en las calles. Pero ¿qué podemos esperar, si estamos comiendo de la basura?
Esta situación se define como crisis humanitaria, un término muy técnico y diplomático, técnico y político o técnico y sociológico, pero que honestamente no sensibiliza a nadie. Es tan políticamente correcto que le ha permitido al Gobierno de Nicolás Maduro decir que lo que vive Aracelis es mentira y así las peticiones de millones de Aracelis son simplemente ignoradas.
Es tan duro y verídico que, mientras lees este artículo, hay un venezolano paciente en fase terminal, por causas naturales o por falta de tratamiento, que no encuentra los medicamentos que alivien su dolor y padecimiento, y ello genera sufrimiento y llanto en incontable número de familias.
Esto ocurre no solo en los barrios, caseríos, pueblos humildes y distantes, sino también en las urbanizaciones de zonas más o menos acomodadas del país. Es decir, se nos ha condenado a una muerte anticipada. Ahí viene la típica pregunta: ¿por qué el Gobierno no nos garantiza el derecho a la vida a los venezolanos? Reina el silencio o la indiferencia frente a lo que se palpa en las comunidades.
Bárbaramente hemos retrocedido unos treinta años, y el panorama para 2018 se vislumbra aún peor. No existe voluntad para afrontar lo que grita la calle y muchos menos sensibilidad para compadecerse de madres, hermanos e hijos que no pueden salvar a sus seres queridos.
Hay que ser claros: esta situación no es consecuencia de la caída del precio del petróleo o de la «guerra económica». No, no. Esto hunde sus raíces en la famosa y poco recordada frase «Hay que acabar con la industria farmacéutica porque es capitalista». Así que, 14 años después, lo que nunca creímos que pasaría, está pasando, y peor, porque nos volvimos indolentes como sociedad.
Aquí volvemos a quienes han llevado a toda una nación hasta el lugar donde ellos, voluntariosamente, se propusieron llevarla. Desde 2013 no se publica el Anuario de mortalidad y morbilidad nacional, es decir, no existen indicadores claros de la gravedad, más allá de la situación objetiva caracterizada por la dificultad para conseguir medicamentos, la crisis de los hospitales a nivel nacional y el resurgimiento de enfermedades por falta de cumplimiento de estrategias preventivas.
2017 fue el peor año en materia de salud en la historia republicana de Venezuela. Al menos desde 1940, cuando se comenzó a llevarse registro de enfermedades de manera sistemática.
Ahora son enfermos incurables quienes fueron pacientes crónicos, perfectamente estables. Por ejemplo, hipertensos, pacientes glaucomatosos que se están quedando ciegos, pacientes reumáticos que pudieron haberse mantenido, bajo un esquema de tratamiento, medianamente bien. Ahora, un médico promedio en su consulta tiene un 70 % de pacientes oncológicos y el 30 % restante no sabe lo que padece porque no tiene acceso a un diagnóstico.
Voceros oficialistas han recomendado sonoramente «tratar la hipertensión con remedios naturales, no con productos de la industria farmacéutica, porque ellos son capitalistas…». Así piensan. No es cuento, es una conducta propia de psicópatas.
Dentro de su ideario son los que tienen la razón… los únicos capaces de dirigir a la sociedad. Sí las cosas no salen bien dicen que es porque hay gente incapaz de adaptarse al modelo que se les está marcando. Ese es el pensamiento supremo de quienes han llevado adelante esta revolución.
La situación es realmente una desgracia. Más cuando siguen apareciendo normas del Gobierno para regular la existencia en sí. Una de ellas es que no puedes enviar un medicamento a través de servicios de encomienda porque, según ellos, a través de ese servicio los medicamentos «se bachaquean». Si Aracelis tuviera un familiar en otra ciudad, esa no sería una opción. Imagina el nivel de desesperación, el desgaste físico, emocional, que eso representa.
Con seguridad el panorama en nuestra salud será más desalentador. Esto requiere que los ciudadanos tengamos un grado mínimo de planificación y una alta dosis de solidaridad. En las manos del alto gobierno están las vías claras para iniciar un proceso que permita evitar muertes, dolor y sufrimiento a más familias venezolanas pero, como ya se ha repetido, el talante humanitario del Estado no existe.
Esperamos que el desgaste sea tan grande que el sentimiento que debería generar, a mi modo de ver, que es el de la rabia, quede totalmente opacado por la frustración y el cansancio. ¿Cuántos más deben morir lentamente?
Pero no. No podemos permitir que sigamos inundados de desesperanza. Es hora de dar un paso al frente. Si seguimos con términos políticamente correctos pero vacíos de sensibilidad social y humana, las estadísticas de muertes se triplicarán. El esposo de Aracelis espera, y millones de venezolanos no pueden esperar más.
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Ética, corrupción, malos manejos, opinión pública, indecisos, desencanto… son algunos de los términos que resumen la agitada agenda política del Uruguay en los últimos doce meses. El 2017 fue un año que rompió con algunas dinámicas tradicionales. ¿Por qué?
Escolares frente al Palacio Legislativo en Montevideo | Foto: Wikicommons
La ética fue el concepto de moda durante el 2017. Los principales partidos con representación parlamentaria (Frente Amplio, Partido Nacional y Partido Colorado) tuvieron que afrontar casos de corrupción dentro de sus filas. Sin embargo, la forma en que lo procesaron fue distinta a la tradicional. Más adelante explicaremos por qué.
De igual forma, la dinámica en el Parlamento también se mostró atípica porque fue la primera vez que el Frente Amplio, siendo gobierno, se quedó sin mayoría legislativa (de octubre de 2016 a setiembre de 2017) tras el alejamiento del diputado Gonzalo Mujica [1]. Durante ese período se verificó una baja en la productividad legislativa.
La vara ética
Los tres principales partidos del tablero político se han visto en aprietos por casos de corrupción. Ninguno salió indemne frente a una opinión pública que por suerte no fue neutral. Muestra de ello han sido los sondeos de intención de voto, en los que la suma de indecisos, voto en blanco y anulado trepó al 40 % en el segundo semestre del 2017.
Ese comportamiento en la intención de voto no suele ser lo más habitual en Uruguay. La fluctuación de las preferencias electorales ha sido tradicionalmente bastante moderada, más que en el promedio de Latinoamérica. Pero distintos hechos de corrupción han afectado la reputación de las principales organizaciones partidarias. Veamos.
Por los meses de marzo y abril los organismos internos del Partido Colorado tuvieron que dar una señal política frente a las acusaciones y posterior procesamiento del exdiputado suplente por el departamento de Maldonado, Francisco Sanabria, quien fue acusado de diversos ilícitos relacionados con su actividad empresarial privada. Ese escollo fue particularmente neurálgico para un partido histórico que atraviesa una crisis de representatividad y de identidad sin lograr captar una porción del electorado que lo acerque, al menos, a los guarismos de los comicios del 2009 [2]. La sanción que se negoció internamente fue la expulsión de Sanabria.
En el Frente Amplio la situación del vicepresidente de la República Raúl Sendic se venía arrastrando al compás de las irregularidades que se denunciaban en la comisión investigadora del Poder Legislativo sobre la gestión del ente petrolero Ancap. Pero, de forma casi que irónica, la situación se tornó insostenible políticamente cuando se hicieron públicas las compras de Sendic con su tarjeta corporativa cuando era presidente del mencionado ente. El respaldo político que recibía hasta ese momento le estaba costando caro a su partido en la opinión pública. El FA descendió a un 25 % en los sondeos de intención de voto [3]. Facturas de responsabilidades cruzadas mediante, el FA logró negociar una declaración de su tribunal de conducta política que le bajó el pulgar al vice. Este presentó su renuncia al cargo «por motivos personales», la que fue aceptada por unanimidad y sin discusión en la Asamblea General (la reunión de las dos Cámaras del Parlamento nacional). Allí comenzó a mejorar la suerte del oficialismo. La asunción de la senadora Lucía Topolanky (esposa del expresidente José Mujica) a la vicepresidencia [4] también se dio bajo un acuerdo de silencio, lo cual permitió al oficialismo cerrar con relativa calma la transición. El Frente Amplio logró mostrar una vez más su expertise para trabajar en la unidad, más allá de las turbulencias y pases de factura que va dejando en el camino la competencia interna de sus fracciones.
De forma casi consecutiva, una denuncia de los ediles del FA en el departamento de Soriano dejó mal parado al intendente Agustín Bascou (Partido Nacional), acusado de comprar combustible para la Intendencia en estaciones de servicio de su propiedad. El golpe que le asestó el oficialismo al PN fue quirúrgico. Hasta ese momento alcanzaba una intención de voto similar a la del FA. Sin embargo, el caso Bascou enredó a los blancos en dimes y diretes sobre la sanción que le cabía al intendente. Parecieron no haber tomado nota de lo que le había sucedido al FA. Lejos de negociar una salida, las acusaciones cruzadas hicieron un revival de los enfrentamientos entre los dos principales sectores de ese partido: el liderado por el senador Luis Lacalle Pou (Todos) y el sector del senador Jorge Larrañaga (Alianza Nacional). Cerraron el 2017 con una llaga a flor de piel y con un intendente que, a la luz de la opinión pública, recibió un trato indulgente de su partido.
El Parlamento sin mayorías
La pérdida transitoria de la mayoría parlamentaria también marcó una situación atípica para las últimas legislaturas. Desde su llegada al gobierno, el Frente Amplio siempre tuvo mayorías en ambas Cámaras. La disidencia del diputado Gonzalo Mujica dejó al oficialismo sin el diputado 50, hasta que finalmente renunció a su banca y esta retornó al FA [5]. Ello repercutió en el trámite legislativo. La actual legislatura (2015-2017) ha sancionado un número sensiblemente inferior de leyes que las dos anteriores en igual período de tiempo. Un estudio publicado por el Programa de Estudios Parlamentarios de la Universidad de la República [6] da cuenta de que fueron sancionadas aproximadamente un 35 % de leyes menos que en las legislaturas anteriores, donde el FA sí contaba con mayorías parlamentarias.
El lapso en el que el gobierno no tuvo mayorías repercutió más allá del dato cuantitativo de la sanción de leyes. Se destacan en particular las negociaciones para aprobar la rendición de cuentas del Ejecutivo. Ese lapso fue aprovechado para aprobar tres comisiones investigadoras: una sobre la planta Gas Sayago (que, si bien se aprobó en 2016, en aquel momento contó con el apoyo del diputado disidente Mujica); otra sobre empresas vinculadas a la financiación de campañas electorales; y una tercera sobre la gestión de Administración de Servicios de Salud del Estado (ASSE). Esto le ha permitido a la oposición romper parcialmente el manejo de la agenda, que por lo general ha estado monopolizada por el oficialismo.
Lo que viene
La vara de la ética ha hecho mella en los principales partidos del sistema. A esas conductas se las podrá relativizar con eufemismos tales como errores de gestión, metidas de pata, macanas, proceder inaceptable, pero la evidencia indica que el poder corrompe y la opinión pública es sensible a ello. Por tanto, estos partidos tendrán que trabajar para mejorar su reputación. En tanto, los partidos más chicos tienen un ángulo interesante para captar el electorado que ha engrosado el sector de los indecisos y desencantados.
En el plano parlamentario, entrará al Legislativo la última rendición de cuentas del segundo gobierno de Tabaré Vásquez. También estará en discusión el impuesto a los militares y tendremos los informes finales de las comisiones investigadoras. Estos elementos, por decir lo menos, indican que el 2018 será un año muy movido.
[1] Gonzalo Mujica es un político uruguayo integró la Cámara de Diputados desde el año 2005 hasta su renuncia en septiembre de 2017. Exfrenteamplista, formó parte de varios partidos miembros de la coalición de izquierda.
[2] En los comicios de 2009, el Partido Colorado obtuvo un 17 % de los votos. Hoy en día oscila entre 5 % y 7 % de las preferencias electorales.
[3] Según datos de la consultora Factum.
[4] El vicepresidente de la República ejerce la presidencia de la Asamblea General y de la Cámara de Senadores.
[5] En Uruguay la Cámara de Diputados está conformada por 99 representantes. El sector con mayoría es aquel que cuenta con 50 o más diputados.
[6] https://parlamentosite.wordpress.com
Alejandro Guedes | @GuedesAlejandro
Politólogo (Universidad de la República, Uruguay). Maestrando en Ciencia Política. Integrante del Programa de Estudios Parlamentarios del Instituto de Ciencia Política, Universidad de la República.
Politólogo y magíster en ciencia política por el Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República de Uruguay.
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
El Código del Sistema Penal promulgado por el presidente en ejercicio Álvaro García Linera nos demuestra que la revolución comenzada hace más de diez años no tiene frenos; que el debate y el diálogo son cosas del pasado neoliberal y prerrevolucionario.
Plaza del Estudiante, ciudad de La Paz | Foto: Wikicommons
Al momento de promulgar el Código, García Linera nos demostró el carácter totalitario del Movimiento al Socialismo: «Las cosas están consumadas. He firmado el nuevo Código de Procedimiento Penal. Se acabó el debate, ya no hay nada más que hacer. Hay que aplicar el Código». Por otro lado, nos demuestra el deficiente trabajo parlamentario, no solamente de la oposición, sino también del oficialismo. Aunque este último quede indultado por la historia, debido a que las revoluciones barren con todo lo que tienen enfrente, su accionar siempre será desastroso, tal como lo evidencia Walter Benjamin en su Tesis sobre la filosofía de la historia, donde el Angelus Novus tiene un parecido con el ángel de la historia que avanza sin cesar y, cuando para y observa hacia atrás, ve el desastre acaecido por su furibundo paso.
Los médicos en Bolivia pararon 47 días, debido al artículo 205 del Código del Sistema Penal, que criminaliza la profesión de la medicina. Los días pasaban y la protesta se radicalizaba. Huelgas de hambre y bloqueos de avenidas, de calles y carreteras por profesionales en salud se establecieron en todo el territorio. Empero, esto no parecía molestar en lo más mínimo al Gobierno, que dio un ultimátum a los dirigentes del Colegio Médico de Bolivia: ya que la salud pública depende del Estado, el Gobierno adujo la posibilidad de restituir el servicio a la población a mediados de enero de 2018 con médicos llegados de Cuba y Venezuela. Así se minimizaría el conflicto y se quitaría a los galenos una medida de presión.
El presidente Evo Morales, en vez de realizar una apertura al diálogo, declaró: «No es posible que algunos médicos ya se sientan como confesos en temas de negligencia médica. Cuestionar el artículo 205 del Código significa ser confesos en negligencia médica». Más allá de la retórica del primer mandatario, el Gobierno ha decidido derogar el artículo en cuestión. Esto no ha terminado con el paro del sector salud, sino que ahora el pedido es que se derogue todo el Código del Sistema Penal.
Aunque los médicos tomaron medidas extremas, estas son habituales y casi parte del acervo del folclore nacional. El conflicto va más allá de los médicos, ya que diferentes colegios de profesionales como el de los abogados, los ingenieros, los auditores, los trabajadores de la prensa y el sector del transporte se plegaron a la protesta. Los dirigentes de los profesionales en abogacía mencionan que el Código es un homúnculo, que el artículo 205 no solamente criminaliza la práctica médica, sino a todas las profesiones y oficios. Además, criminaliza la protesta en un artículo denominado «Atribución de los derechos del pueblo». De esta forma avanza la revolución democrática y cultural en Bolivia, criminalizando y quitando libertades a todos los ciudadanos que se oponen al régimen.
Lo que nos debe llamar la atención es el nulo trabajo parlamentario. Nuestros representantes han olvidado que la Asamblea Legislativa Plurinacional, más allá de ser una máquina creadora de leyes a favor del régimen, es un lugar de debate y diálogo. Ya a mediados del siglo XX, Manuel Rigoberto Paredes afirmaba, en Política parlamentaria en Bolivia: «La ineptitud intelectual constituye en política una gran cualidad». Esto podemos evidenciarlo en la actualidad.
Nuestros legisladores, del oficialismo y de la oposición, no tienen ningún tipo de sonrojo, ya que al momento de tratar el Código del Sistema Penal desconocieron la existencia de la bioética y de sus cuatro principios: autonomía, beneficencia, no maleficencia y justicia. Estos principios son parte de la profesión médica y son negados por el Código creado por nuestros congresistas. Ante su ineptitud, los profesionales en diferentes áreas y el gremio del transporte parecen sumarse a las medidas tomadas por los galenos. Los errores de nuestros parlamentarios deben encontrar lamentablemente soluciones en las calles.
Jorge Roberto Márquez Meruvia | @JRMarquezM
Politólogo. Director de Gaceta Hoy y columnista de opinión de El Día y Los Tiempos, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia
Politólogo. Director de "Gaceta Hoy" y columnista de opinión de "El Día" de Santa Cruz de la Sierra, "Los Tiempos" de Cochabamba y "El Diario" de La Paz, Bolivia
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Del resultado de diferentes retos en el plano político y económico en 2018 dependerán no solo los bolsillos argentinos sino también las aspiraciones del presidente Mauricio Macri por pelear un posible segundo mandato.
Presidente Mauricio Macri | Foto: Wikicommons
Diciembre fue muy acalorado en la Argentina, no solo por sus altísimas sensaciones térmicas, como ocurrió en otras ocasiones. A los festejos navideños se les sumaron jugadas políticas de alto impacto en la salud institucional del país. Por un lado, el gobierno de Mauricio Macri logró cerrar un año en equilibrio y, por otro, las decisiones judiciales de avanzar en causas contra la corrupción y el encubrimiento de la muerte del fiscal Nismann [1] le ponen un horizonte de esperanza a lo que vendrá.
Sin duda, la pobreza y la inflación fueron los datos que más dolieron en el país. La suba de precios cerró a la mitad de la que fue en el año anterior. Sin embargo, al inicio del 2018 una nueva escalada del dólar provocó un cambio en la política monetaria del Banco Central y ahora las metas inflacionarias son manejadas directamente por el Poder Ejecutivo. Fue una manera de sincerar la brecha que existía entre la meta prevista y la suba real de precios. En este escenario, la pobreza que golpea a 13,5 millones de argentinos, de los cuales la mitad son niños de hasta 14 años, es otro de los datos que duele en la Argentina.
Por eso, para el oficialismo fue un logro político de peso el haber podido aprobar una reforma tributaria y otra tibia reforma previsional, ya que con esas medidas apunta reducir el rojo fiscal en cinco años. Eso atraería inversiones genuinas y más empleo en el sector privado. Existe un dato alentador en este sentido: la actividad económica creció más de 5 % en octubre, según el Instituto Nacional de Censos (Indec), convirtiéndose en el principal indicador del último año. Comprueba esto que los denominados brotes verdes finalmente llegaron y en diferentes sectores, no solo en el campo.
Ahora, entre los desafíos de este flamante año 2018, la milimétrica combinación entre la eliminación de subsidios, los aumentos de tarifas y el cumplimiento de la meta inflacionaria, será el desafío primordial para el gobierno de Macri. Representa ni más ni menos que sacar al terreno todas las recetas que tenga Cambiemos, luego de su triunfo electoral de mitad de término, para concluir lo que pudiera ser el destierro del populismo.
En ese sentido, se encuadran los recientes aumentos en el transporte anunciado por el Ministerio de Transporte, el inminente incremento en los combustibles y el próximo ajuste en luz y gas. Todo golpeará en el primer cuatrimestre del año, para dar las malas noticias juntas y evitar que el segundo semestre enfríe el nivel de actividad y consumo.
Son objetivos complejos desde la perspectiva económica pero podrían volverse más difíciles aún si la maquinaria de los acuerdos políticos se rompe en los próximos meses. Hay nubarrones en el horizonte. Por ejemplo, está pendiente la discusión parlamentaria de la reforma laboral. Más cerca están las discusiones paritarias por los aumentos salariales de 2018.
En cualquier caso, hay dos claves políticas que jugarán su propio partido: por un lado el peronismo, los gobernadores peronistas y la Central General de Trabajadores; y por otro, la alianza que vaya consolidando el PRO con la Unión Cívica Radical (vía la diputada Elisa Carrió) en la ciudad de Buenos Aires y en los territorios donde ese matrimonio llevó a Cambiemos a ratificar su triunfo electoral. Del resultado de estos desafíos en 2018 dependerán no solo los bolsillos argentinos, sino también las aspiraciones del presidente Macri por pelear un posible segundo mandato.
[1] Natalio Alberto Nismann (1963-2015) fue un fiscal argentino que ganó notoriedad por tener a su cargo la causa del atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en la que se investigaba a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, y por solicitar el procesamiento del entonces jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri. El 18 de enero de 2015 fue encontrado muerto con un disparo en la cabeza en su residencia en la capital argentina.
Alejandra Gallo | @alegalloinfo
Periodista. Escribe para el diario El Cronista y trabaja en los programas Le doy mi palabra y Esta Semana, de Radio Mitre
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
María Sequera es una docente jubilada de 64 años. Vive en Puerto La Cruz, una ciudad costera del este de Venezuela. Se levanta a las 5 am para ver qué consigue para comer. Es la última semana, el último respiro agonizante, de lo que ella define como un «terrible 2017, el peor de nuestro país».
Joven venezolano hurga la basura para comer | Foto: Voice of America, vía Wikicommons
El reto de María, quien cobra doble pensión mensual y hace unos meses se autocalificaba de clase media, incluye correr con la suerte de hacerse de dinero en efectivo, pues las restricciones para obtener papel moneda arreciaron en estas fechas navideñas. El mínimo que dispensan los cajeros automáticos, cada 24 horas, no alcanza ni para adquirir una docena de huevos.
Su refrigerador está vacío. El intento de cena de Nochebuena de hace un par de días no incluyó los platillos de siempre. Ni los mismos invitados. Ni la misma emoción.
«Viví dignamente de la docencia. Levanté a mis muchachos. Los hice profesionales a los tres. Ahora ellos siendo ingenieros no pueden hacer lo mismo que yo. Se tuvieron que ir porque inclusive en PDVSA (empresa estatal petrolera) ganaban salario mínimo. O sea que, con una quincena, hoy podrían comprar apenas un cartón de huevos y unos panes. No más que eso», relata.
La monstruosa inflación —la más alta del mundo— y las restricciones para obtener dinero en efectivo es una ecuación que aniquila la tranquilidad de millones de venezolanos. En los últimos días esta tendencia pegó con mucho más fuerza, porque se une el factor especulativo, ante el normal aumento de la demanda.
En un ambiente sombrío, que María recuerda siempre estuvo marcado por luces de colores, se prepara para recibir el año nuevo con puestos vacíos en la mesa y mucho espacio en su refrigerador, sin la certeza de qué podrá conseguir para comer, en momentos en que el desabastecimiento de productos básicos alcanza en toda Venezuela más del 85 %.
«Me voy a juntar con una vecina, sin mucha parranda. Nos prometieron que nos van a conseguir dos pollos para asarlos y allí veremos. Nada de pan de jamón, ni hallacas, ni pernil. Primero porque no tengo la plata, y segundo, porque no se consigue nada. Quienes lo hicieron tuvieron que buscar con calma con semanas de antelación los productos. Yo no tenía el ánimo, ni siquiera tengo a mis hijos y mis nietos aquí. Se tuvieron que ir del país. Solo uno de ellos tiene trabajo. Los otros están buscando qué hacer, pero por lo menos están en sitios seguros. Dos se fueron a Perú y otro a Chile. Aquí en el barrio que era tranquilo; donde yo crié a mis muchachos, ahora mandan los malandros (delincuentes)».
El rostro atribulado de María Sequera se multiplica en millones en todos los rincones del país caribeño, en donde cálculos no oficiales estiman que la inflación cerrará en este año entre 1200 % y 1500 %. Ni siquiera la sumatoria de toda la inflación acumulada en toda Suramérica, Centroamérica y el Caribe se acerca a este devastador porcentaje.
De acuerdo con cifras del Fondo Monetario Internacional [*], Venezuela lidera la lista de aumento de precios en el orbe, solo seguida —muy de lejos— por Sudán del Sur (111 %), Congo (50 %), Libia (35 %) y Egipto (29 %). No hay cifras oficiales del Banco Central de Venezuela. Está prohibido darlas a conocer. Pero la población diezmada en su poder de compra y calidad de vida no necesita de informes gubernamentales, pues su cotidianidad impone cada día la habilidad para sobrevivir en medio de una variable que es una verdadera espiral de muerte.
No existe en los registros económicos de la nación suramericana ni siquiera un antecedente cercano a esta catástrofe. En el segundo periodo de Carlos Andrés Pérez (1988-1993) la inflación trepó a 81 %, con un promedio de 45,3 %; en el segundo gobierno de Rafael Caldera (1993-1998) alcanzó 103,2 % y tuvo un promedio de 59,6 %.
En esa década de crisis económica previa al arribo al poder de Hugo Chávez y su Revolución bolivariana, los ciudadanos no se enfrentaron nunca a la escasez de medicinas y alimentos.
Sin fe en el futuro
«Ganando salario mínimo, yo hasta hace dos años iba a la peluquería cada semana. Y en estas fechas me compraba por lo menos ropa y unos zapaticos, para el 24 y el 31. Ahora hice un mercadito para Navidad, hice el esfuerzo de comprar una botella de ron para compartir con mis sobrinos y listo, se acabó el dinero. Para Año Nuevo ni me preocupo. Veremos qué se hace. Si no hay, no hay», reseña con resignación Teo Rodríguez, una enfermera jubilada que camina por el centro de la ciudad de Cumaná, advirtiendo que en los supermercados «no hay ni aire».
Teo razona que para ella el drama no es que terminamos un año que califica como terrible, sino que no encuentra en el presente nada que le haga pensar que el 2018 sea diferente.
«Los venezolanos estamos acostumbrados a tiempos buenos, regulares y malos, pero esto es ya una tragedia, un infierno. No se trata ni siquiera por lo material. Es que yo no veo una luz al final de este túnel. Para vivir como antes hay que estar enchufado (tener negocios con el Gobierno). Del resto, nos toca estar día y noche brincando de un sitio a otro, para ver qué se consigue. Para rendir los centavos. Si compras en efectivo es un precio, pero si compras con tarjeta de débito es otro. Yo ni entiendo esto. Creo que el 31 apagaré la luz y a las nueve me iré a dormir», concluye Teo.
Los economistas más connotados del país coinciden con la enfermera cumanesa. No hay registros de ninguna medida tomada por el gobierno de Nicolás Maduro que haga pensar que en el periodo fiscal 2018 la tendencia inflacionaria y de escasez tendrá un comportamiento diferente.
«La crisis hiperinflacionaria venezolana está aquí. Ya no puede evitarse. Tendremos que vivir su impacto por un tiempo que podría cubrir el año 2018, asumiendo que la presión de cambio económico será gigante. Sin cambio (económico), el proceso de deterioro sería más largo e impredecible», aseguró en su cuenta de Twitter el presidente de la consultora Datanálisis, Luis Vicente León.
El diario El Mercurio de Chile en entrevista a Alejandro Werner, jefe del departamento latinoamericano del Fondo Monetario Internacional, alertó el hecho de que «por primera vez, la economía venezolana ha entrado en territorio hiperinflacionario, a fines de 2017».
El FMI tiene como cálculo que habrá una tasa de inflación acumulada de casi 2400 % en 2018, con una disminución en el producto interno bruto del país de más del 10 %. Es obvio que estos pronósticos catastróficos serán sinónimo de la profundización de los problemas económicos. «Va a dar lugar a todavía mayores caídas de los estándares de vida, a mayores problemas de salud, a más epidemias y a más migración a los países vecinos», avizora el especialista.
De acuerdo con registros de organizaciones no gubernamentales, cada mes del último semestre de 2017, cuando más arreció la crisis inflacionaria, en promedio diez niños menores de dos años murieron por desnutrición en los principales hospitales del país con las mayores reservas petroleras del mundo.
Esperando mejores vientos
Joaquín Gil vive a orillas del mar en la isla de Margarita. La faena de la pesca por más de cinco décadas le permitió mantener a una familia numerosa. Hoy, con 72 años a cuestas y con el sol en la espalda, asegura que «nunca se las había visto tan negras».
Su pequeña embarcación no ha vuelto a mar adentro, desde hace seis meses, por falta de repuestos. Contradictoriamente, para un hombre que ha edificado su vida en la pesca, hasta lanzar una red se ha complicado.
«Tengo la lancha sin pintar desde hace dos años. No consigo los repuestos para el motor. Conseguí unos usados pero me los querían vender en millones. Nunca antes había vivido esta situación. Cómo es posible que comerse un pescaíto sea un lujo», esbozó en medio de risas y de un llanto contenido.
Cuenta que en Navidad no hubo niño Jesús para sus siete bisnietos. Las medicinas para controlar la hipertensión de él y de su segunda esposa no aparecen. Aspira en el 2018 conseguir los repuestos para volver al mar. De lo contrario, asume que «morirán de hambre o de un infarto», enfatizó.
La tragedia particular de Joaquín no es ajena a miles de venezolanos que vivían de su propio esfuerzo, de empresas familiares o pequeñas y medianas empresas.
Por citar solo un par de ejemplos, los transportistas y taxistas padecen no solo la falta de autopartes, sino irónicamente la creciente escasez de combustible que se agudizó en los meses de noviembre y diciembre. Para los panaderos, la harina es un insumo de lujo, y así toda una vorágine de desabastecimiento que ha imposibilitado el autosustento a quienes trabajaban por su propia cuenta.
Centenares de empresas de diferente gama no saben si abrirán sus puertas en enero de 2018. La contracción del comercio es tal que en diciembre el grueso de establecimientos de los rubros zapatos, ropa y electrodomésticos, los cuales tradicionalmente repuntan por estas fechas, registraron en este periodo una merma histórica del 85 % con respecto a 2016, según las cámaras de comercio de las principales ciudades del país.
Así como Joaquín tuvo que posponer su faena esperando mejores vientos, grandes trasnacionales como General Motors y Pirelli se marcharon en 2017 del país y otras redujeron sus actividades al mínimo, como Procter & Gamble y Colgate Palmolive. Ya en 2016 se habían marchado Kimberly Clark, General Mills y Lufhtansa.
El inventario de la estampida roza lo catastrófico. Cinco líneas aéreas (United, Delta, Alitalia, Gol y Avianca) alzaron vuelo, las líneas aéreas nacionales sobreviven a la falta de repuestos, lo cual obligó a un descenso de 75 % de su operatividad.
Importantes consorcios internacionales petroleros desmontan sus operaciones ante el descalabro financiero de la principal industria del país, marcada por una alta morosidad con todos sus proveedores. Reportes indican que las principales refinerías del país —como la de Puerto La Cruz— cierran con una operatividad que no llega al 20 % de su capacidad. El retrato actual de la estatal petrolera está marcado por números rojos, una merma histórica en la producción (menos de 1,4 millones de barriles diarios) y grandes escándalos de corrupción.
Todas estas frías cifras conducen a que, en estos últimos meses, miles perdieron sus empleos y dejaron de aportar a la cesta básica de sus respectivos hogares. Ese motor inflacionario que impulsa la pobreza y el hambre no dejó de aumentar sus revoluciones y, como reiteran los expertos, no tendrá pausa en los meses venideros.
María, Teo y Joaquín no tienen razones para percibir con optimismo los tiempos por venir. Coinciden, desde realidades distintas, en que el 2017 ha sido el peor de sus vidas pero, más allá de la emoción, con argumentos macroeconómicos en mano, economistas, consultoras internacionales y expertos financieros pronostican días peores para más de treinta millones de venezolanos de todas las capas sociales. Ese monstruo devastador de la hiperinflación apenas despierta.
¿Que cómo llegamos a esto? El régimen de Maduro tiene una sola explicación y ninguna solución estructural que se conozca hasta ahora: la guerra económica de la oposición con apoyo del Imperio yankee.
Pero hasta los mismos idólatras de la revolución chavista-castrista saben que se paga las consecuencias del modelo económico socialista anacrónico instaurado por el fallecido Hugo Chávez, fundamentado en expropiaciones, confiscaciones, control de cambio, control de precios, emisión de dinero inorgánico… y mucha corrupción.
[*] Fuente: bbcmundo.com.
Fernando Martínez | @fermartinezm
Periodista, egresado de la Universidad Católica Andrés Bello. Docente universitario. Articulista del diario Centro (Tampa, EUA) y otras publicaciones en América Latina
Fernando Martínez | @fermartinezm
Periodista, egresado de la Universidad Católica Andrés Bello, Venezuela. Docente universitario. Metro reporter en «El Diario», de Nueva York (http://eldiariony.com)
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Las incógnitas que inspiran esta trepidante historia y que encuentran respuestas interesantes, que para muchos resultarán ficticias, mientras para otros podrán ilustrar razonamientos acordes con los tiempos que corren… a una velocidad impresionante.
Atención: esta es una invitación a leer, no un resumen pormenorizado para escépticos.
Dan Brown es un escritor para las masas. Desde La fortaleza digital (1998) en adelante, sus obras han sido leídas por millones interesados en los creativos argumentos con los que el autor dibuja relatos que una década atrás parecían surrealistas, imposibles o parte de una fecunda imaginación, y que ahora, en medio de la explosión tecnológica, son una exposición ligeramente avanzada (o anticipada, depende de cómo se mire) de nuestro destino inmediato.
Una vez más, y al igual que en Ángeles y Demonios (2000) y El código Da Vinci (2003), la religión está en el centro de la discusión. El libro su totalidad es un cuestionamiento contundente a las explicaciones que nos hemos dado en torno al origen de nuestra especie. Interpela los cimientos de la humanidad y expone una llamativa (sería absurdo decir “alarmante”) tesis sobre el futuro próximo.
Dan Brown
Como buen comunicador, Brown aprovecha la fama de sus textos para incorporar al debate público una serie de ideas personales y también respaldar a otros escritores y científicos generando un marco conceptual que soporte su argumentación a través de un lenguaje simple. Desde Darwin hasta Miller y Urey. Origen es ante todo una novela, un esfuerzo de ficción que a la vez deja perplejo al lector cuando subraya algunos avances de la ciencia que pasan desapercibidos entre los noticieros, la publicidad y el espectáculo diario.
El marketing tiene una fuerte presencia en el libro. Por lo menos más que en su antecesor Inferno (2013). Además, al igual que en éste último, un científico excéntrico y avanzado quiere develar un importante hallazgo. En Inferno era el equivalente a la purga, poniendo en relieve el exagerado crecimiento poblacional. Origen, por otro lado, habla de la aparición de la vida en el mundo, y hace un pronóstico sobre lo que le depara a la humanidad en los próximos años.
Como en todas sus obras, el autor hace apuestas inmersas en los diálogos de sus protagonistas. Cuestiona cánones morales e interpela nuestra tolerancia. Sin embargo, el público que recibe este texto es infinitamente diferente al de mediados de los noventa o principios del nuevo siglo. La inteligencia artificial ya no es un mito y avanza a pasos insospechados. Tampoco es un mito el que las religiones del mundo tienen hoy menos adeptos. Esto permite que en la sociedad se generen razonamientos más neutrales y menos espirituales.
Es verdad que la víctima número uno vuelve a ser la iglesia católica. En la historia participa una autoridad judía y una musulmana, pero desaparecen de escena rápidamente, dejando en el centro de la trama el cuestionamiento al catolicismo. No podía ser distinto porque la novela se desarrolla en España: Bilbao y Barcelona son las ciudades que hospedaron la pluma de Brown para dar vida a este libro.
Otra vez Robert Langdon en escena. También la dama inteligente y hermosa que acostumbra acompañarlo en laberintos trepidantes llenos de símbolos, aventura y suspenso.
Origen pone en escena una gigantesca y urgente reflexión sobre quiénes somos y en qué nos convertiremos.
Ángel Arellano | @angelarellano | www.angelarellano.com.ve
Doctorando en Ciencias Políticas. Integrante del Centro de Formación para la Democracia
Ficha técnica: Origen
Dan Brown
Editorial Planeta, Madrid, 2017
640 pp.
ISBN 978-8408177081
Doctor en ciencia política, magíster en estudios políticos y periodista. Profesor de la Universidad Católica del Uruguay y de la Universidad de Las Américas de Ecuador. Coordinador de proyectos en la Fundación Konrad Adenauer en Uruguay, y editor de Diálogo Político.
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Las elecciones de noviembre dieron una sorpresiva adhesión al Frente Amplio. La DC sufrió una fuerte merma. El nuevo Congreso quedó conformado por tres bloques, cada uno con gran heterogeneidad interna: Chile Vamos, la Fuerza de la Mayoría y el Frente Amplio.
Sebastián Piñera, presidente electo de Chile 2017 | Foto: Wikicommons
Quienes habían planteado la derechización del país producto de la modernización y el crecimiento parecían equivocados y, en su lugar, se habló entonces de una tendencia a contrapelo del giro a la derecha en América Latina. El neoliberalismo y la desprotección social habrían izquierdizado al electorado. Si Guillier conseguía los votos del FA sin enajenar a la ex-Concertación podría ganar. Una alta participación electoral beneficiaría a la centroizquierda mientras que una alta abstención daría el triunfo a Piñera.
Nada de eso ocurrió. La participación electoral aumentó del 46 % en primera vuelta al 49 % en segunda, añadiendo 300.000 nuevos votantes. Esos votos nuevos no fueron, sin embargo, para Guillier sino para Piñera.
El holgado triunfo de Sebastián Piñera en la presidencial podría explicarse por la división de la centroizquierda en tres grupos (DC, Fuerza de la Mayoría y Frente Amplio) donde solo uno se sentía representado por el candidato, y por la movilización de nuevos votantes de derecha estimulados por la amenaza del Frente Amplio y su éxito en primera vuelta.
Tanto en la desafección concertacionista con la candidatura de Guillier como en el temor que movilizó al voto apático de derecha puede haber influido una percepción de insuficiente capacidad para dirigir el país. El liderazgo de sociólogos y periodistas alienó a quienes ven a los economistas como los únicos capaces de diseñar e implementar políticas.
¿Significa esto que el electorado se ha derechizado? Sería simplista sacar esa conclusión. Hay que recordar que solo votó la mitad del padrón. La diferencia entre Piñera y Guillier fue de poco más de 635.000 votos sobre 14.300.000 personas con derecho a sufragio. Igual de liviano hubiese sido leer una izquierdización tras la primera vuelta.
Informes del PNUD y otros han mostrado que los chilenos valoran el crecimiento y creen en el esfuerzo individual y la meritocracia. Al mismo tiempo, son cada vez más quienes consideran injusto que la capacidad de pago determine la calidad de la educación o la salud a la que se puede acceder. Distintos estudios reflejan una creciente demanda por derechos sociales que no se condice con las instituciones actuales del país.
Los chilenos, seguramente, quieren crecimiento y consumo, pero también protección social en la vejez y en la enfermedad, así como un Estado que los proteja de los abusos. Ni izquierdización ni derechización, el electorado chileno no solo es diverso sino que tiene demandas y convicciones que no pueden reducirse a estereotipos dicotómicos. Quienes aspiran a obtener su confianza en las urnas tendrán que esforzarse más por entender esa complejidad.
Claudia Heiss | @claudiaheiss
Doctora en ciencia política. Profesora asistente del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile. Investigadora adjunta del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social
Doctora en ciencia política. Profesora asistente del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile. Investigadora adjunta del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social.
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
A propósito del tema ambiental, que es cada vez más inminente y urgente para la humanidad, debe existir un grado superior de conciencia frente al ya trillado pero abandonado asunto, cuando se trata, por ejemplo, de calentamiento global o de contaminación por efecto de agroinsumos o por los efectos de —en Colombia— la minería ilegal, o de combustibles fósiles, o del uso del asbesto, o hasta del uso del cigarrillo… En fin, tantos elementos que generan sobre el planeta un efecto destructor.
Minería ilegal en Colombia | Foto: Lady Castro, vía Flickr
¿Acaso el iceberg que se desprendió semanas pasadas, de cerca de 6000 km2, no es la consecuencia del abuso de los seres humanos sobre el planeta que el Creador nos dio? Tal vez normas constitucionales como las nuestras (y con una Constitución nacional que cuenta con cerca de 30 artículos cuya referencia es ambiental), leyes, un ministerio, institutos del Gobierno, entidades como las CAR (a las que de urgencia hay que entrar al quirófano), academia, etcétera, ¿no son suficientes para que tengamos el país más reconocido a nivel internacional por tener la estrategia salvadora del planeta?
Lo que sucede, y lo repito, es que no hay conciencia ambiental. Incurrimos solo en el discurso y poca realización de protección a nuestros recursos naturales. ¿Será que al penalizar más severamente, realizar castigos pecuniarios más altos, generar más estrategias de educación, cultura, respeto y conservación ambiental lograremos concientizar al hombre de actuar de manera inmediata y urgente ante esta situación?
Todos los gobiernos proponen en sus plataformas para conquistar electorado muy atractivas políticas medioambientales, pero se quedan, como tantas cosas en este país, ¡en letra muerta! Se necesita una política verde para Colombia, no de partido, sino ambiental. En este aspecto, el Partido Conservador ha sido abanderado y tiene ahora el reto de proponer salidas a estos graves problemas que hoy han generado una complejidad y desbarajuste. Amanecerá y veremos.
Jorge Hernando Pedraza | @JHPedraza
Abogado (Universidad Externado de Colombia), especializado en Gestión de Entidades Territoriales. Senador de la República por el Partido Conservador
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
El pueblo se quedó casi solo. Hasta el barbero partió a Colombia buscando el alimento que ya no se conseguía en las bodegas y abastos. Terminó siendo inmigrante. Huyó. Se unió a los millones que salieron del país por trochas, picas y caminos de tierra con una mochila en el hombro y un profundo dolor a cuestas. Dejó atrás el esfuerzo de años materializado en una barbería, los materiales para trabajar, su casa en el barrio de toda la vida, su vehículo y, lo más importante, su mujer y su hija.
Emigrantes atraviesan el río Táchira, en la frontera de Venezuela con Colombia, 2015 | Foto de archivo, Daniel Cima para la CIDH, vía Flickr
Casi solo se quedó el pueblo porque todavía hay residentes aferrados a la fe, creyentes de que la cosa puede mejorar si se le da una buena sacudida a la mata. Pero luego de tantos años pareciera que no hay quien sacuda la mata, o quien se encarame, o quienes la derriben. Sí se han hecho intentos, muchos, muchísimos, con un esfuerzo que casi deja sin aliento a la gente, o que la dejó sin aliento y luego, de a poco, fue recuperando el aire. Pero nada ha cambiado. Al contrario, todo va peor.
Los trabajadores de la estación de servicio que está en la salida del pueblo vieron despedirse a los muchachos del equipo de fútbol, a otros que jugaban béisbol, a un par de ingenieros recién graduados, a unos liceístas que dejaron inconclusa la secundaria, a varias familias que desaparecieron dejando sus hogares intactos, a la señora de la floristería, a los que vendían arte y a los que vendían humo. Resta un pequeño grupo que va sorteando las tempestades de la crisis. Hace tres años se regó como pólvora el chisme de que en un caserío cercano al pueblo varias personas estaban carneando unos caballos a falta de dinero para comprar novillos, cerdos y gallinas. Ya nadie recuerda ese cuento porque desde entonces se hizo común pasar por el cuchillo cualquier animal vivo que pudiera saciar el hambre.
En el pueblo, el verdulero levantó las cuatro páginas que ahora les llaman periódico —porque el control del papel impuesto a rajatabla por El Gran Hermano decretó años atrás que venderían el mínimo indispensable al menor número posible de periódicos afines o «neutrales»—, dio otro sorbo al agüita de borra de café y afinó la mirada tras los cristales vencidos de sus lentes para leer los titulares navideños:
«Presidente Maduro: 2018 será el año en el que conquistemos el futuro; Maduro envía mensaje de amor y paz al pueblo venezolano; Venezuela declara persona no grata al encargado de negocios de Canadá y al embajador de Brasil; Venezuela denuncia nueva amenaza en contra de su paz y soberanía por parte de potencias militares de EEUU y Canadá». [1]
Sus ojos no dieron crédito. Había cogido el diario solo para conocer el mensaje oficial que no informa ni anuncia novedades. Es la publicación que hace El Gran Hermano para sus acólitos, sus pocos acólitos. El resto de los lectores son resistentes impotentes que aguardan el paso de la tempestad. En algún momento.
Como las noticias del periódico no le dijeron nada al verdulero, llamó a su hija que, desde la caja del comercio, tenía más de una hora mirando el celular. Nadie entraba a la verdulería esa mañana. Le pidió buscar el resumen noticioso difundido por los sectores insurgentes en las redes sociales, el único sitio donde se conseguía información real. La edición de ese día era alarmante, como la del día anterior, y la del anterior, y así…
«Protestas por gasolina, comida, CLAP y perniles en Anzoátegui, Vargas, Miranda, Mérida, Barinas Sucre, Yaracuy, Portuguesa, Trujillo, Cojedes, Lara, Carabobo, Monagas y Zulia. 74 % de las protestas de estos 20 días ocurrieron por hambre. Los estados orientales son los que presentan mayor número de protestas. En Anzoátegui, médicos reportan el fallecimiento de 13 pequeños por malnutrición en lo que va de año. Diez niños están recluidos en el hospital de niños de Barcelona por esta razón. Por medio de un comunicado, Voluntad Popular, Primero Justicia y Acción Democrática condenaron la decisión de la Asamblea Nacional Constituyente de ilegalizar a los partidos políticos que no participaron en las elecciones de alcaldes: “Todas las decisiones de la ANC son violatorias de la Constitución”. Consecomercio denuncia que rebajas forzadas de la Sundde benefician a los revendedores. Mercosur pide liberar los presos políticos. Eliminación de la Alcaldía Metropolitana de Caracas deja en la calle a seis mil trabajadores. Cedice: “Venezuela es el país que menos respeta los derechos de propiedad”. Cendas: casi dos millones de bolívares cuesta preparar 50 hallacas. Diosdado Cabello insistió en que “no hay nada que negociar” con la oposición venezolana en el proceso de diálogo que mantiene el Gobierno de Nicolás». [2]
Esa era la verdadera actualidad de la tragedia.
Cuando cruzaba la frontera, el barbero miró los ojos llenos de angustia de cientos de personas que al igual que él pensaban en la incógnita de su futuro. También se imaginó la primera Navidad lejos de su hogar. Sabía que otros ya tenían muchos años con ese nudo en la garganta. Ahora le tocaba vivirlo en carne propia.
No hay cifras exactas pero estimaciones hablan de que al cierre de 2017 más de tres millones de venezolanos estarán en el exterior. El 10 % de la población total.
Doctor en ciencia política, magíster en estudios políticos y periodista. Profesor de la Universidad Católica del Uruguay y de la Universidad de Las Américas de Ecuador. Coordinador de proyectos en la Fundación Konrad Adenauer en Uruguay, y editor de Diálogo Político.
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
En las últimas décadas, pero sobre todo en estos cinco años, el litoral Pacífico no aparece en páginas de periódicos, en revistas o en noticieros por su belleza natural, por el ecoturismo o por el desarrollo de sus puertos, que generan divisas para exportaciones, o por el liderazgo de sus gentes en deporte, política o economía.
En cambio, se destaca por mafias, bandas que han generado más y más tráfico de drogas ilícitas, repudiables y abominables crímenes, carnicerías humanas, altos índices de pobreza, deforestación y además el fenómeno de la inmigración, que actualmente ha generado enormes problemas sociales en esta región del país.
Claramente no podemos generalizar, pues hay pujanza industrial (particularmente en el Valle) frente al mejoramiento del puerto de Buenaventura, que en la actualidad trabaja para su modernización.
Es hora de que nuestro mar Pacífico sea alternativa importante para el desarrollo comercial con Asia, de crecer como potencia turística, de desarrollar la industria pesquera con sometimiento a la norma ambiental, de cuidar la biodiversidad del mar, de potencializar el Chocó y de aplicar de una vez por todas el antídoto contra la pobreza.
Es inmensamente rica esta región y es deber del Estado aplicar políticas que reivindiquen a la sociedad del occidente del país, pero ante este panorama surge una duda que podría dar respuesta al cuestionamiento inicial: ¿es posible que el Estado esté omitiendo, en el caso de la inmigración, políticas de protección a la región?
Jorge Hernando Pedraza | @JHPedraza
Abogado (Universidad Externado de Colombia), especializado en Gestión de Entidades Territoriales. Senador de la República de Colombia por el Partido Conservador
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
En medio de la turbulencia, los políticos deben mantener los valores republicanos que permitan proteger la democracia. Aun así aparecen episodios de violencia e irresponsabilidad que ponen a prueba a la sociedad. ¿Qué pasa en Argentina y cuáles son los retos que sortea la institucionalidad?
Protestas callejeras en Buenos Aires, diciembre de 2017 | Foto: Cornelia Schmidt-Liermann
Días de angustia y zozobra institucional se vivieron en el honorable Congreso de la Nación Argentina.
Genera tristeza ver a los manifestantes rehenes de un grupo desesperado por volver al poder. Y duele mirarlos usar a aquellos más vulnerables que padecen día a día injusticias que nosotros justamente buscamos corregir.
Estamos ante la oportunidad histórica de revertir el daño de la década pasada. La mayoría de los representantes que integramos la Cámara de Diputados, coincidimos en los valores fundamentales de la democracia. Otros no, y cada uno pagará el costo político por la forma en que elige actuar.
Hoy también es tiempo de justicia: la responsabilidad con la que debe cumplir la institucionalidad, comprometida con una verdadera democracia, exige aplicar todo el peso de la ley a los organizadores y ejecutores de la violencia vivida en las calles de Buenos Aires durante las protestas contra las reformas que buscan mejorar el sistema de jubilaciones, pensiones y asignaciones sociales. El nunca más a la barbarie e impunidad cabe en toda su extensión para definir los tristísimos acontecimientos vividos en los últimos días en Argentina [1].
Desde Cambiemos y el Gobierno sí hay espacio para la autocrítica. Debemos buscar por todas las vías mantener la paz y evitar enfrentamientos entre ciudadanos, que no son otra cosa que hermanos. Tenemos que reconocer que gran parte de la ciudadanía al comienzo no percibió a esta ley previsional como justa, y al tratarse de un sector sensible de la sociedad, otros usufructuaron astutamente dicha debilidad.
En nuestro país, como en muchos de Latinoamérica, hay una concentración de la riqueza que ahonda la desigualdad económica, lo que a su vez alimenta la división política. Por tanto, los responsables políticos debemos estar a la altura de las circunstancias y encontrar la forma de integrar al que menos tiene y lograr que el ciudadano de a pie perciba que hay justicia.
Lo que se vio en las últimas horas demuestra que hay una franja que todavía no está a esa altura. Y de nuestra parte debemos abrirnos también a escuchar y analizar cómo coexistir con aquellos políticos de posiciones más extremas.
La ley que establece una fórmula de cálculo de ajuste a los haberes jubilatorios, de forma previsible y sustentable, fue una mísera excusa. Un manotazo de ahogado de un grupo de estructuras mafiosas y obsoletas que pretenden perdurar en el tiempo.
Son resabios de viejas ideologías que están en bancarrota y minimizan los verdaderos valores, aquellos que están plasmados en nuestra Constitución, libre y justa.
El expresidente de la Argentina (1958-1962) Arturo Frondizi decía: «Para que exista un régimen constitucional en la República no es suficiente la existencia de un edificio que se llama Congreso Nacional, ni un recinto como este, ni un reglamento, ni estas bancas; es preciso que el Congreso Argentino funcione en la integridad de su capacidad y de sus atribuciones; es imprescindible que se sienten aquí representantes de los partidos políticos pero, por sobre todo, que se sienten representantes del pueblo, dispuestos a servir a los ideales de la nación argentina, en sus grandes aspiraciones».
Están crujiendo las raíces torcidas de los últimos doce años y podemos decir que el alma de la República resurgió: la mayoría de los ciudadanos son personas íntegras, laboriosas, silenciosas, que aprietan los dientes y se esfuerzan en sacar adelante nuestra nación. Ellos saben que la productividad no se impone, se logra.
En el marco de las protestas recientes, lo más decepcionante fue encontrar a algunos opositores críticos, de vertiente justicialista [2], como cómplices, festejando la interrupción de la institucionalidad como si fuese un partido de Boca-River.
Más allá de estar a favor o en contra de una determinada ley, nunca debería ser esto justificación para boicotear una sesión y mucho menos alabar y festejar el salvajismo. Estas conductas son la indecencia pública que, a 34 años de la democracia, los argentinos no se merecen.
Intentamos desandar la dinámica destructiva que algunos quieren imponer y salir de la inercia populista para ir a una alianza federal desarrollista.
Con la aprobación de las reformas ha quedado fortalecida la coalición que puede asegurar la gobernabilidad y el cambio que necesita Argentina. Ojalá podamos velar por la convivencia política. Para ello, debemos superar la máxima de Sartre: «el infierno son los otros». Debemos ser adversarios políticos, no enemigos.
Tenemos la necesidad de construir un nuevo federalismo, más inclusivo. Y quizá logremos, de una vez por todas, que nuestra Constitución deje de ser una utopía para tener una democracia solidaria, que coincida con la razón humana a condición de incorporar la libertad y la fraternidad.
[1] Ver más en http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-42407714
[2] Se conoce como justicialismo la corriente política del peronismo en Argentina. El Partido Justicialista es continuador del Partido Peronista, fundado por el general Juan Domingo Perón en 1946.
Cornelia Schmidt-Liermann | @CorneliaSL
Diputada nacional de la República Argentina por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto de la Cámara de Diputados.
Diputada nacional de la República Argentina por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto de la Cámara de Diputados.