¿Es incorrecto pensar en utopías en el siglo XXI?

Utopía es una concepción asociada a una idea de un mundo mejor, de una sociedad con mayor inclusión, más justa, […]

Por: Jorge Dell'Oro 10 Feb, 2016
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Utopía es una concepción asociada a una idea de un mundo mejor, de una sociedad con mayor inclusión, más justa, sin conflictos, que se desea alcanzar y donde, para lograrlo, debemos producir cambios.

Grabado del libro Utopía, de Tomás Moro, en el que desarrolla la construcción de un mundo fantástico, donde las injusticias sociales no tienen lugar.
Grabado del libro Utopía, de Tomás Moro, en el que desarrolla la construcción de un mundo fantástico, donde las injusticias sociales no tienen lugar.

En los años sesenta y bien entrados los setenta del siglo pasado había, en distintos lugares del mundo, un panorama lleno de utopías. Pero ya finalizando el siglo XX, ese horizonte se fue esfumando y terminó desapareciendo, dando paso a la instalación de una suerte de pesimismo y abatimiento.

La política y los políticos arriaron las banderas de cambiar el mundo, hacer la revolución o construir un futuro entre todos. Los que planteaban la ilusión de un mundo diferente terminaron siendo populistas, oportunistas que piensan en disfrutar de un banquete al que solo ellos y unos pocos más que ejercen el poder están invitados.

El fin de la ilusiones trae —dice Thierry Breton— el fin de las ideologías. La sociedad —agrega— ha sido ampliamente abastecida de objetos de consumo producidos y ofertados como deseos del consumismo, pero sin destino. Se dispone de infinidad de medios de comunicación sin que exista nada para comunicar. Vivimos en un vértigo que solo se justifica por el mito de la tecnología.

Lo que se plantea es que si no hay utopías, no hay ilusiones. Se ha instalado un modo de vida donde la satisfacción personal es la prioridad, el aquí y ahora que lleva a sociedades más egoístas y centradas en las inquietudes personales. No hay espacio para la esperanza y eso acelera la pérdida de valores que hace muy difícil la construcción de un futuro más humano y solidario.

Hay un caso emblemático del cambio de paradigmas. En las revueltas de París, en mayo del 68, Daniel Cohn Bendit, político ecologista alemán, decía: «Seamos realistas, pidamos lo imposible». Hoy pregona: «El posibilismo moderado es la vía para cambiar la vida». Una y otra frase expresan los cambios del mundo.

En la actualidad los gobernantes navegan en un mundo en el que parecería que nadie sabe a dónde va, ni sabe bien qué se puede hacer. Miles de inmigrantes invaden Europa. Comienza a gestarse una peligrosa xenofobia, una guerra mundial con un enemigo difícil de identificar, como es el terrorismo islámico. Una economía inestable que no logra recuperarse desde la crisis del 2008, desigualdades sociales que se acentúan, el daño al medioambiente que cada día pone en riesgo a la propia raza humana son solo los problemas más notorios.

Por otro lado, estamos atrapados en lo que se ha dado en llamar el pensamiento único, expresión que se usa para marcar lo que la globalización representa pero también lo que formulan los movimientos políticos que se contraponen a esta, por lo general propuestas populistas que, lejos de acortar la brecha entre ricos y pobres, terminan en verdaderas catástrofes económicas y sociales. Las dos tendencias se consideran a sí mismas como incuestionables y renuncian a la autocrítica. El pensamiento único es una expresión pseudointelectual que, tanto de un lado como del otro, lo transforman en algo rígido, no pasible de admitir errores y ser debatido.

Los humanistas cristianos tienen una tarea incuestionable: la de generar una esperanza y que vuelva a tener sentido el esfuerzo y la lucha para cambiar la sociedad apática, conformista, trivial y oportunista en que vivimos.

No estaría mal tratar de reflexionar sobre lo que Oscar Wilde afirmaba: «El mapa que no contenga el país de la utopía no merece una mirada».

Jorge Dell’Oro | @dellOroJorge

Jorge Dell'Oro

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Argentino. Consultor en comunicación política

La gobernabilidad de las expectativas. El desafío de la democracia moderna

«El poder es cada vez más fácil de obtener, más difícil de usar y más fácil de perder», sostiene como […]

Por: Redacción 4 Feb, 2016
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

«El poder es cada vez más fácil de obtener, más difícil de usar y más fácil de perder», sostiene como consigna principal de su obra El fin del poder el reconocido analista venezolano Moisés Naim. Esa es la impronta de la nueva realidad de nuestras democracias y de nuestra política.

Luis Fernando Calabria
Luis Fernando Calabria

De la mano de ese fenómeno van el descrédito en las instituciones y la frustración frente a la política. Esto se explica en parte porque la sociedad pide más y la política puede menos, y se va abriendo una brecha entre sociedad y política, como espejo de una separación cada vez más notoria y significativa: poder y política. Lo decía claramente Zygmunt Bauman en su secuencia de obras líquidas, existe un divorcio entre la política y el poder. Aquella más territorial y local, éste global y avasallante, ha sobrepasado los límites de gobiernos y Estados.

En las ecuaciones de poder hay nuevos protagonistas, grupos económicos, lobbies, ONG, muchas veces y en ciertas áreas con tanto o más poder que los Estados. Pero hay también conciencia de problemas o sensibilidades nuevas: por ejemplo, lo medioambiental.

La nueva configuración impacta en las demandas ciudadanas, que van acompasadas con esas nuevas coordenadas de la sociedad globalizada. No se detiene en las limitaciones de la política.

La insuficiencia de las respuestas genera frustración y falta de credibilidad.

Uno de los grandes desafíos de la política es reconocer su nueva realidad, y otro, generar una cultura política nueva cumpliendo una función pedagógica sobre su nueva configuración. Gobernar las expectativas ciudadanas para no verse sobrepasados por la inflación de demandas es el reto clave para los sistemas políticos democráticos. Se necesita desarrollar una espiral participativa que incorpore nuevos actores (integración de jóvenes, minorías y a la mayoría largamente frenada: la mujer); pero además, los nuevos liderazgos deben ser ilustrativos y responsables en el mensaje: su horizonte de posibilidades no es el tradicional.

En definitiva, se impone la recuperación del rol protagónico de la política, esto es, la recuperación de la centralidad de la política como escenario de interacción representativa. Una democracia no se hace con usuarios, accionistas, ni clientes. Se hace con ciudadanos. No se hace tampoco con movimientos sociales por mejor intencionados que estén, se hace con política —y políticos—, porque es la dimensión política la que conjuga el interés colectivo con el individual sin renunciar a ninguno de los dos. La política no se permite excluir a nadie. Puede hacer primar un interés sobre otro pero no puede desconocer su existencia. Es una lógica diferente a la de la guerra o la del comercio; es una dimensión donde no hay descartes.

Ese lenguaje político es el que expresa la democracia y que ningún poder fáctico puede sustituir. No hay grupo económico, social ni opinión pública que asegure lo que asegura la política como expresión democrática. Recuperar este rol protagónico de la acción política supone un ciudadano consciente de las posibilidades reales del sistema. Supone participación y comprensión de las expectativas. El primer paso es por tanto responsabilidad de los liderazgos, de generar la cultura y gobernar las expectativas y demandas de los ciudadanos, involucrándolos en una dinámica participativa.

Claro que algunos sugieren una alternativa, al menos una interrogante: así como se globalizó el poder, ¿se globalizará la política?

Luis Fernando Calabria Barreto | @LuisCalabria
Doctor en Derecho y Ciencias Sociales. Prosecretario de la Cámara de Senadores de Uruguay. Integrante del sector Alianza Nacional (Partido Nacional). Miembro de la Fundación para la Democracia Wilson Ferreira Aldunate.

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Plataforma para el diálogo democrático entre los influenciadores políticos sobre América Latina. Ventana de difusión de la Fundación Konrad Adenauer en América Latina.

Caldera: cien años

Se conmemora el centenario nacimiento del líder venezolano Rafael Caldera, señera figura del humanismo y la democracia cristiana latinoamericana del […]

Por: Guillermo Tell Aveledo Coll 29 Ene, 2016
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Se conmemora el centenario nacimiento del líder venezolano Rafael Caldera, señera figura del humanismo y la democracia cristiana latinoamericana del siglo XX, cuya obra se proyecta sobre el futuro global.

Modificación digital de la foto de campaña de Rafael Caldera en 1968 | © Guillermo Tell Aveledo
Modificación digital de la foto de campaña de Rafael Caldera en 1968 | © Guillermo Tell Aveledo

 Un modesto rincón venezolano —la población de San Felipe, Yaracuy— fue testigo del nacimiento, un 24 de enero de 1916, de Rafael Antonio Caldera Rodríguez. Criado desde muy temprano en Caracas por su tía materna Eva Rodríguez y el Dr. Tomás Liscano, cursó bachillerato entre las primeras cohortes del colegio San Ignacio de Caracas, bajo la égida jesuita. Allí, junto con otros jóvenes de distintos colegios católicos, accedió a sus primeras nociones sociales y políticas, en los cursos de Acción Social Católica dictados por el sacerdote y promotor de los derechos obreros, Manuel Aguirre Elorriaga. En esa labor doctrinaria juvenil, viajó a Roma en 1933 al Congreso Iberoamericano de Estudiantes Católicos, donde conoció a otras noveles y promisorias figuras del continente como Mario Polar Ugarteche y Eduardo Frei. Ingresó de seguidas a la Universidad Central de Caracas, donde cursó con excelencia en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, y escribió bajo el exhorto de su maestro Caracciolo Parra León, a la corta edad de 19 años, su primer libro: una biografía filosófica de don Andrés Bello, el humanista hispanouniversal que compartimos Venezuela y Chile. Desposó en 1941 con la joven caraqueña Alicia Pietri Montemayor y de esa unión nacieron seis hijos: Mireya, Rafael Tomás, Juan José, Alicia, Cecilia Antonia y Andrés, todos de destacada figuración pública.

Desde el impulso educativo y laboralista impreso en su alma cristiana, optó Caldera por una carrera política, un triple reto en un país históricamente dominado por las charreteras caudillistas, donde la religión había sido abatida por el liberalismo y el positivismo, y ante la juventud universitaria seducida por diversos marxismos. Atento a las demandas de sus compañeros, lideró entre 1936 y 1939 la Unión Nacional Estudiantil, movimiento que promovía un reformismo social antimarxista y nacionalista, denunciaba las influencias pertinaces de la violencia dictatorial y el imperialismo, y defendía la autonomía de la educación religiosa ante el materialismo pedagógico, bajo el principio del pluralismo ideológico.

Le sucedieron movimientos propiamente político-electorales como Acción Nacional, de éxito limitado bajo un sistema electoral cerrado por los gamonales locales, aun si lograba una mínima presencia parlamentaria. En 1946 fundó, con compañeros de la UNE y AN el Comité de Organización Político Electoral Independiente (Copei), del cual fue su primer secretario de Orientación Política y, con su declaratoria como partido socialcristiano, su secretario general hasta 1969. El partido se incorporó además al movimiento internacional del humanismo cristiano en ODCA y fue uno de los fundadores de la Unión Mundial Demócrata Cristiana.

Caldera vivió estos años de transición hacia la democracia en una agitada carrera de organización política, debate parlamentario y productiva vida académica. Lo que pudo ser la cómoda vida de un abogado exitoso en un país henchido por la bonanza petrolera, dio paso al activismo para enfrentar los autoritarismos del sectarismo civil y militar y la desigualdad experimentada por las masas campesinas y obreras en su éxodo depauperado a las ciudades, ante lo cual redactó la primera ley laboral moderna. Fue uno de los pocos referentes civiles en el país durante el régimen militar de Marcos Pérez Jiménez y, a la caída de la dictadura, promovió junto con Rómulo Betancourt y Jóvito Villalba el pacto de pluralismo político, reformas económico-sociales y civilidad electoral conocido como Pacto de Puntofijo —por el nombre de la residencia de Caldera en Caracas—, guía de la alternancia democrática y el desarrollo social de Venezuela consagrada en la carta constitucional de 1961, sobre cuya redacción tuvo gran responsabilidad.

Los socialcristianos venezolanos tienen el mérito de ser el único movimiento político en la historia venezolana que logró el poder sin estar apalancado por el prestigio o la violencia de un hecho de fuerza (y es el mérito de los socialdemócratas haberlo aceptado pacíficamente). Tras tenaces intentos, Rafael Caldera triunfó electoralmente en dos ocasiones (1968 y 1993), sin contar nunca con respaldo parlamentario mayoritario, y en la segunda ocasión separado de Copei, tras un profundo conflicto generacional, político e ideológico. Logró en sus mandatos, de retos disímiles, pacificar el país luego del período de guerra de guerrillas marxistas contra la democracia representativa en la década de los sesenta, y calmar la inestabilidad política tras el cruento período de protesta social y golpes de Estado a inicios de los noventa, manteniendo la continuidad en el interés social del régimen que contribuyó a promover para estímulo de Venezuela y de América Latina.

Toda larga vida deja resabios, decepciones y heridas, pero la transformación social promovida y defendida por Rafael Caldera tiene un saldo positivo cuyos efectos, pese al afán destructor del socialismo chavista, se proyectan sobre el presente y sirven de salvaguarda para el futuro. Académico, humanista, padre y jurista, Caldera fue ante todo un estadista demócrata y cristiano, orientada su vocación en la imperfecta y azarosa de las furias políticas bajo un claro y constante ideal. Como señaló en su último mensaje, divulgado póstumamente ante su muerte en la navidad de 2009: «Tenemos una larga lucha por delante. La lucha es hermosa cuando la guía un ideal. Por eso la nuestra —que creemos en la persona humana, su libertad, la solidaridad y la justicia social— no aminora sino más bien alimenta la alegría, esa alegría interior que constituye la mayor fuerza para la constancia y predispone al éxito». Recordemos, pues, con alegría a Rafael Caldera.

Celebramos con los compañeros socialcristianos venezolanos en su más reciente aniversario, el número setenta. Más allá de su atribulado presente, en medio de las renovadas expectativas de la oposición democrática venezolana, no caben duda los méritos de su legado.

Copei, fundado como organización electoral en enero de 1946, impregnó sus principios de pluralismo político y justicia social sobre la transición hacia la democracia en Venezuela, y ha sido también agente promotor de la democratización de nuestro continente, con el pensamiento y la acción de figuras como Rafael Caldera, Luis Herrera Campins, Lorenzo Fernández y Arístides Calvani. En su liderazgo, su militancia y sus simpatizantes esta herencia puede servir de acicate para encontrar, ya dentro de sí o reunida hacia la opinión democrática venezolana, el camino recto hacia el impulso del ideal perenne que lo anima.

Guillermo Aveledo | @GTAveledo

Guillermo Tell Aveledo Coll

Guillermo Tell Aveledo Coll

Doctor en ciencias políticas. Decano de Estudios Jurídicos y Políticos, y profesor en Estudios Políticos de la Universidad Metropolitana de Caracas.

Alemania inaugura su primera ruta para bicicletas

En la cuenca del Ruhr han encontrado una solución ecológica para reducir el tránsito y brindar a los ciudadanos un […]

Por: Ana Jacoby 13 Ene, 2016
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

En la cuenca del Ruhr han encontrado una solución ecológica para reducir el tránsito y brindar a los ciudadanos un espacio de ejercitación y esparcimiento: una ruta de uso exclusivo para ciclistas y peatones.

 La nueva ciclovía RS1 | Foto: Regionalverband Ruhr

La nueva ciclovía RS1 | Foto: Regionalverband Ruhr

Los ciclistas alemanes celebran la inauguración de un proyecto muy esperado: la autopista para bicicletas RS1, que unirá a distintas ciudades de la cuenca del Ruhr. La primera ciclovía de alta velocidad alemana tendrá una extensión de 100 kilómetros. A fines de noviembre se inauguró un primer tramo de cinco kilómetros, construido sobre una antigua vía ferroviaria. Para el año 2020 se espera que  la ruta esté finalizada y sirva de conexión entre diez ciudades y cuatro universidades de la región.

La ciclovía tiene un ancho de cuatro metros asfaltados para las bicicletas, además de caminos laterales de grava para peatones de dos metros de ancho. En total, se estima que costará unos 184 millones de euros. Se espera que, una vez concluida, la vía rápida permita reducir el tráfico automovilístico en unos 50.000 vehículos al día, ofreciendo un lugar de esparcimiento y una vía de escape para los continuos atascos de la cuenca del Ruhr.

El resto de Alemania tiene sus ojos puestos en la RS1.  Los políticos de Fráncfort, Núremberg y Hamburgo ya están estudiando la implementación proyectos similares. En Berlín se habla, incluso, de la posibilidad de hacer una ciclovía techada, aprovechando las superficies vacías que deja el tendido del metro elevado.

Según los estudios preliminares del proyecto, 2,8 millones de personas se movilizan diariamente en bicicleta a sus trabajos. Y gracias a proyectos como el RS1, el número de ciclistas podría incrementarse sustancialmente.

Ana Jacoby | @WAXJacoby

Ana Jacoby

Ana Jacoby

Doctora en Ciencia Política (Freie Universität Berlin). Licenciada en Ciencia Política (Universidad de Buenos Aires). Profesora Investigadora en el Centro de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Autónoma de Campeche, México. Ha sido consultora externa en proyectos del Banco Mundial y la Unión Europea y coordinadora de proyectos sobre medios de comunicación y democracia en la Fundación Konrad Adenauer.

Argentina: un territorio minado

El nuevo gobierno, ungido con el voto popular, asumió el 10 de diciembre de 2015 y encontró un territorio verdaderamente […]

Por: Jorge Dell'Oro 12 Ene, 2016
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El nuevo gobierno, ungido con el voto popular, asumió el 10 de diciembre de 2015 y encontró un territorio verdaderamente minado por la vieja política. La anterior gestión de Cristina Kirchner todavía no puede digerir la derrota tras el balotaje. La expresidenta generó un conflicto con el lugar del traspaso del poder, de manera tal que no fuera ella quien le pusiese la banda presidencial a Mauricio Macri.

Mauricio Macri asume el gobierno argentino.
Mauricio Macri asume el gobierno argentino.

Lo que debió ser una transición normal se transformó en una pesadilla para las nuevas autoridades: miles de nuevos contratos de empleados públicos nombrados en últimos días de la era kirchnerista; el Banco Central sin reservas; enorme déficit en las provincias (solo en una, la de Buenos Aires, de 3750 millones de dólares), municipios quebrados sin posibilidad de pagar sueldos, cero información de parte de los funcionarios salientes, además de resistencia a dejar sus sillones.

Esta característica de agresividad en las formas del gobierno anterior era en parte previsible, pero nunca en la magnitud de lo que se fue encontrando. Algunas cosas pueden haber sido acentuadas con el objeto de complicarle el camino a la actual administración. De todas maneras, el equipo de Macri ha dado importantes pasos en separar la paja del trigo e imprimió una dinámica de trabajo que le ha permitido, en poco tiempo, corregir cosas que eran insostenibles. Por ejemplo, liberó el sistema cambiario y la posibilidad de que cualquier ciudadano pueda comprar la moneda que desee, eliminando el mercado negro. Liberó y rebajó retenciones a las exportaciones de granos y otros productos y subió el tope de impuesto a las ganancias beneficiando a más de 300.000 trabajadores.

En el plano internacional, en la primera reunión del Mercosur a la que el nuevo presidente debió asistir pidió por la liberación de los presos políticos en Venezuela. Esto lo posiciona con un liderazgo distinto en la región, donde muchos de sus pares miran para otro lado ante la violación de los derechos humanos en aquel país.

Dio señales de diálogo a la oposición y se reunió con los que fueron candidatos a presidente. Podríamos decir que, ejercitando la frase de Benjamín Franklin: «quien tiene paciencia, obtendrá lo que desea», va tratando de enderezar el rumbo de una herencia compleja.

Sin dudas, a esta altura el único opositor que tiene cierta capacidad de perturbar es el kirchnerismo, pero se sabe que ese sector no puede por sí solo alterar el estado de las cosas. Las estrategias políticas tienen muy en cuenta a quién se elige como adversario. No cabe duda de que Cristina Fernández de Kirchner eligió como opositor preferido a Macri durante buena parte de sus dos mandatos, en la creencia de que esa opción partiría el escenario entre centroizquierda y centroderecha, y le permitiría moverse con más tranquilidad en el vector progresista. La sorpresa es que Macri demostró pararse más arriba y hasta en algunas medidas «los corrió por izquierda».

La pulseada tiene apenas unos días y el nuevo gobierno muchos serios problemas por solucionar. Los argentinos en su mayoría quieren comenzar a tener un país previsible. Estará en la buena gestión de un gobierno que se inicia y en una oposición seria y constructiva la posibilidad de lograrlo. Entre todos habrá que desactivar el campo minado que han dejado los que creyeron que el poder es eterno.

Jorge Dell’Oro | @dellOroJorge

Jorge Dell'Oro

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Argentino. Consultor en comunicación política

El uso de la imagen como documento político

Un monumento escultórico del expresidente argentino Juan Domingo Perón fue inaugurado el 8 de octubre de 2015 —en plena campaña […]

Por: Redacción 12 Ene, 2016
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Un monumento escultórico del expresidente argentino Juan Domingo Perón fue inaugurado el 8 de octubre de 2015 —en plena campaña electoral— por el alcalde de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires Mauricio Macri, quien era a la vez candidato a presidente opositor a la línea del relato peronista.

La estatua de Perón está a pocas cuadras de la Casa Rosada | Foto: Prensa Cambiemos.
La estatua de Perón está a pocas cuadras de la Casa Rosada | Foto: Prensa Cambiemos.

Abundan los ejemplos de esculturas devenidas en monumentos públicos que tienen un valor histórico pero también político. Difícil se hace separar el espacio de ambas razones de ser de una obra de arte que se emplaza en la ciudad.

Por obsoleto que pueda considerarse este procedimiento de legitimación en que caen los gobernantes, es un hecho que la práctica de erigir monumentos públicos adquiere en cada etapa los tintes propios de la gestión de gobierno que los encarga.

Toda imagen es un vehículo para la expresión de lo que una determinada sociedad visual conoce como realidad. Pero, ¿qué pasa cuando esa realidad es la yuxtaposición de símbolos de poder de un pasado que son mixturados con significados intencionales de la política del presente?

Por ello, resulta indispensable que antes de levantar un monumento público se reflexione sobre quién es el que cuenta la historia del personaje protagonista de la escultura de esa manera particular y a quién se la está contando, y qué intenciones tiene para hacerlo.

De la mano de Alois Riegl nos preguntamos si existe un valor puramente artístico que se mantenga independiente de la posición que esa escultura-persona ocupa en la historia de un país. ¿O se trata de un valor subjetivo, inventado por el gobierno de turno, que lo contempla, que lo recrea y lo cambia a su gusto, con lo cual perdería el concepto de monumento como obra de valor rememorativo?

El monumento así planteado tiene un valor relativo, de uso y función que es necesario situar en el relato político. Peter Burke señala que las imágenes no son ajenas a las circunstancias que les dieron origen, por lo que hay que analizar el contexto social, político y cultural, además de tener en cuenta en su valoración contemplativa el escenario dispuesto para su erección como monumento público.

La estatua de Juan D. Perón llamada Todos unidos triunfaremos se encuentra ubicada en la plaza frente al edificio de la Aduana, entre las calles Paseo Colón y Belgrano. El lugar fue elegido por su cercanía con la Casa Rosada (casa de gobierno) y por estar a pasos de la Confederación General de Trabajadores.

La obra es de bronce, mide 5 metros de alto y pesa 2,5 toneladas. Costó 3 millones de pesos y fue realizada por el escultor cordobés Carlos Benavídez, que ganó el concurso pertinente. Tiene tres escalones que representan las tres presidencias de Juan Domingo Perón, en los períodos 1946-1952, 1952-1958, y 1973-1977.

Al inaugurarla, Mauricio Macri compartió el escenario con el líder sindical más importante que tiene la Argentina, Hugo Moyano, de extracción peronista, y con expresidentes de la Nación.

Puede ocurrir que el valor histórico haya sido un disparador para esta efigie de Perón, pero de cualquier manera la elección de su figura no está exenta de un valor subjetivo para el candidato Macri.

En su discurso de inauguración, Macri afirmó: «Perón marcó varias guías para mí» y luego recordó frases del General, como «Mejor que decir es hacer, mejor que prometer es realizar» y «Un gobernante que no genera trabajo no es un gobernante» (Diario Perfil, 8.10.2015). Igualmente, se puede inferir la finalidad ulterior de hacerse eco de los valores peronistas y de las calificaciones positivas que genera la figura de Perón entre un electorado adverso a Macri en los comicios electorales que unos días después se llevaron a cabo en el país.

Desde la contemplación televisiva de la escena de la inauguración del monumento se tenía la sensación de ver un espectáculo caduco y carente del sentido histórico que la persona de Perón merecía. El uso de esta obra de arte se inserta en un programa de acciones tendientes a mimetizarse con la recepción de esta imagen por la sociedad. Se pone más atención en ver las repercusiones de las imágenes sobre la sociedad y se deja de lado el preguntarse cómo influyó la sociedad en la imagen que ha salido de su seno.

Correspondería hablar, en este caso, de un valor de contemporaneidad (Riegl) del monumento público condicionado a la satisfacción de necesidades del candidato a presidente, que necesitaba imbricarse con ese pasado rememorativo que pretendió rescatar en la elección de una escultura dedicada a Perón.

Si la sociedad puede hacer esa operación mental, el candidato del PRO habrá instalado un locus de la memoria que irá más allá del marco temporal del líder peronista, en virtud de las transformaciones y metamorfosis que sufre la escultura al plasmarse en el presente. Su éxito dependerá de que Macri pueda absorber los cambios y mutaciones de los valores que encarna Perón conforme a la sociedad de nuestro tiempo.

Leontina Etchelecu
Facultad de Historia, Geografía y Turismo, Universidad del Salvador, Buenos Aires

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La fuga y la captura

La captura de Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, ha dejado de lado importantes hechos como la corrupción, la apología del […]

Por: Carlos Castillo 12 Ene, 2016
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La captura de Joaquín Guzmán Loera, el Chapo, ha dejado de lado importantes hechos como la corrupción, la apología del delito y el endiosamiento del personaje, para dar lugar a un triunfalismo donde la banalización del mal se construye de manera cotidiana y omite destacar la perversidad de un asesino.

El aplauso por la captura de Joaquín Guzmán, tras el anuncio del Presidente Enrique Peña Nieto | Foto: Presidencia de la República, México.
El aplauso por la captura de Joaquín Guzmán, tras el anuncio del Presidente Enrique Peña Nieto | Foto: Presidencia de la República, México.

Si la fuga de Joaquín Chapo Guzmán Loera —con las decenas de metros de túnel, el boquete en el piso por el que desfilaban funcionarios para cerciorarse de su existencia, los videos de la celda y las complicidades del penal— convirtió al narcotraficante en habilidoso escapista, capaz de vulnerar de la manera más compleja una cárcel de alta seguridad, su captura, realizada el pasado viernes 8 de enero, va acompañada de factores que también contribuyen a engrandecer su leyenda.

Así, en una cadena de sucesos que al momento de escribir estas líneas aún ofrece sorpresas, tras el triunfalista y exagerado anuncio del presidente Enrique Peña Nieto siguieron las imágenes del sujeto en custodia, la entrevista realizada por dos celebridades de la pantalla grande nacional e internacional, la trasmisión del sitio donde pasó sus últimas horas en libertad y los extensos reportajes de su imperio criminal. Todo ello ha servido para minimizar tres hechos que pasan de largo entre el estrépito mediático.

El primero de ellos es la corrupción de las autoridades mexicanas, que permitió a Guzmán Loera abandonar la cárcel por un ducto subterráneo de 1500 metros que, de acuerdo con expertos (CNN México, 17.7.2015), tomaría unos quinientos días cavar y apuntalar entre ocho personas a razón de jornadas de ocho horas diarias, y para el cual es crucial contar con los planos del reclusorio y unos 450 millones de dólares. Esa corrupción, además, le permitió eludir a las fuerzas del orden desde el 11 de julio de 2015 y por un tramo de casi 1200 kilómetros, distancia entre el estado de México y Sinaloa, donde fue detenido.

El segundo factor a considerar es el ambiente literalmente festivo del presidente de México y sus allegados al momento del anuncio de la captura. En una reunión pública, interrumpida para tal efecto, hubo loas en voz alta para el mandatario, abrazos entre colaboradores, la entonación colectiva del himno nacional y proclamas de admiración que siguieron al mensaje de menos de 140 caracteres: «Misión cumplida: lo tenemos. Quiero informar a los mexicanos que Joaquín Guzmán ha sido detenido».

El tono triunfalista, la aclamación al líder, la responsabilidad y las causas de la huida relegadas al olvido, todo en aras de ensalzar un logro que, si bien es digno de reconocerse y celebrarse, apuesta al olvido de las razones originales del asunto: la corrupción de todo un sistema, desde la cabeza hasta el último eslabón en la cadena de mando.

El tercer hecho es, precisamente, tanto la entrevista de los actores al narcotraficante como la cada vez más abundante oferta de espacios en los que se va del endiosamiento del personaje a la apología de sus actos. El Chapo es un criminal que ha construido un imperio sobre la muerte, el terror y la inhumanidad de sus actos; que ha destrozado familias, que ha deshecho el tejido social en diversos estratos de México y, no es exagerado afirmarlo, de buena parte del mundo. Sus crímenes y los de quienes le rodean son sanguinarios, sin escrúpulos, dignos de condena y reprobación absoluta, y obedecen a un solo objetivo: el enriquecimiento y empoderamiento de un grupo criminal, es decir, las ganancias económicas.

Esa postura que busca simpatizar con el criminal perseguido, que lo presenta ante las cámaras como el campesino que enfrenta a un sistema que lo oprime y lo persigue, y que exhibe sus actos como oda de romántico hedor, no es sino una forma de, en términos de Hannah Arendt, banalizar el mal, de esconder su rostro más cruento y disimular lo perverso de sus métodos para dar primicia a una especie de leyenda maniquea en la que los extremos del bien y el mal se intentan confundir e intercalar: narrativa donde surge el heroísmo y que es la misma utilizada por dictadores sanguinarios, por déspotas infames, por genocidas convencidos de su salvadora misión.

La actitud del presidente de México y sus cercanos, la corrupción del sistema que permitió la huida del Chapo y la irresponsabilidad de los entrevistadores de fama internacional son, en suma, argumentos para banalizar las acciones de uno de los criminales más terribles de nuestro tiempo, mientras un público presa del morbo y la curiosidad se embelesa frente al villano retratado como héroe, y una autoridad se frota las manos y se palmea la espalda frente al deber cumplido.

La realidad detrás del narcotráfico en México y el mundo es, en cambio, la de los desplazados por la violencia, la de la tortura y el asesinato a sangre fría, la de la descomposición social que lleva a que miles de jóvenes sin oportunidades hallen en el modo de vida del sicario un ejemplo a seguir, la de los rostros de quienes desaparecen, que jamás son encontrados y son mucho más que 43; la de las tumbas sin cuerpos, la de los muertos sin rostro ni nombre, la de la justicia corrompida, la de instituciones vulneradas e infiltradas, la de la atrocidad cotidiana que jamás alcanzará a aparecer en las noticias.

No hay captura que sirva para paliar o esconder esa realidad. Ni siquiera la de Joaquín Guzmán.

Carlos Castillo | @altanerias

Carlos Castillo

Carlos Castillo

Director editorial y de Cooperación Institucional, Fundación Rafael Preciado Hernández. Director de la revista «Bien Común».

La agenda oculta de la política

En estos últimos tiempos, la ocultación de la verdad y la descalificación sistemática se han ido apoderando progresivamente del discurso […]

Por: Jorge Dell'Oro 12 Ene, 2016
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

En estos últimos tiempos, la ocultación de la verdad y la descalificación sistemática se han ido apoderando progresivamente del discurso político y han convertido así a las promesas en un acto de irresponsabilidad política. Hoy una gran parte de la sociedad interpreta que, ante la mentira y el incumplimiento de promesas, la salida son los outsiders de la política. Esta percepción se está generalizando e influye en la valoración negativa sobre los políticos. No todos mienten pero el sayo les ha caído a todos.

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El cristianismo le dio especial relevancia al pecado de la mentira. San Agustín decía que la mentira no era permitida bajo ningún caso porque debilitaba la calidad del alma. Hoy, lamentablemente, en muchos casos la mentira es usada como parte del discurso político. Prometer y no cumplir es algo que viene debilitando a la política y por ello hoy los ciudadanos exigen más transparencia a los gobernantes y a las clases dirigentes.

Lamentablemente, mientras haya políticos que manejan el doble estándar, o sea, la mentira permanente, la política irá desprestigiándose cada día más. Lo que es un crimen para un sector no lo es para los que están en la vereda contraria. En nombre de intereses ideológicos, y no pocas veces en búsqueda de la paz, los que cometen actos condenables son aplaudidos o descalificados según una extraña solidaridad que aprueba o reprueba, no en nombre de principios sino de subjetivismos e intereses.

Si el gobierno con el que no se simpatiza cierra un medio de comunicación o impone censura, se lo condena; si lo hace uno que es afín, se lo aplaude. Si aquel tortura, es un criminal; si este lo hace, se silencia o —lo que es peor— se lo justifica. En nuestra América Latina de estos procederes los ejemplos abundan.

La verdadera raíz de estos graves conflictos es la mentira. Es bueno recordar lo que Solzhenitsyn, en el discurso que envió a Estocolmo para la ceremonia de entrega del Premio Nobel, decía: «No olvidemos que la violencia no viene sola, que es incapaz de vivir sola, porque está íntimamente asociada por el más estrecho de los lazos naturales con la mentira. La violencia encuentra no solo refugio en la mentira y la mentira no solo sostén en la violencia. El hombre que escogió la violencia como medio debe, inexorablemente, elegir la mentira como regla».

Estas formas de no verdad están en la base de la violencia y abonan el terreno para que esta prospere. De allí la responsabilidad, en buena parte compartida, de los dirigentes y de algunos medios que brindan información parcial o deformada, manipulando la realidad, especialmente cuando esos medios han sido cooptados por gobiernos o responden a intereses económicos o políticos.

La chavezputinización de la comunicación marca un estilo de gobierno que se fue abriendo paso en las democracias débiles de Latinoamérica. Jonathan Swift, en El arte de la mentira, decía: «El mentir bien a los ciudadanos no es cosa que se improvise; es un arte con todas sus reglas». En la construcción de este tipo de estructura discursiva hay un denominador común: quien emite este doble discurso, lo hace en forma consciente y con intención de engañar.

El doble pensante sabe en qué sentido ha de modificar sus percepciones y recuerdos y, por esto mismo, sabe que está cambiando la realidad. Pero, al mismo tiempo, se autosatisface por medio del ejercicio del doble pensar, en el sentido de que la realidad no queda vulnerada. En cuanto a los efectos sociales y políticos, la imposición del doble pensar genera una detención del tiempo, de la historia (una eterna repetición de lo mismo con la perpetuación del partido en el poder). Si se desea conservar el poder, afirma sabiamente Orwell «es imprescindible que (se) desquicie el sentido de la realidad».

En cuanto a los políticos con verdadera vocación de procurar el bien común, es justo reconocer y alabar su pasión, su labor y dedicación al interés público, pero es hora ya de que influyan para renovar los compromisos con la sociedad, hacer votos de lealtad, de compromiso, de sinceridad con los ciudadanos y parar la falacia y la agenda oculta. De no ser así, su credibilidad también está amenazada.

Jorge Dell’Oro | @dellOroJorge

Jorge Dell'Oro

Jorge Dell'Oro

Argentino. Consultor en comunicación política

Convención marco sobre el cambio climático ¿Un punto de inflexión?

Culminó con un acuerdo la Conferencia del Clima o COP 21 (Conference of Parties) en París.

Por: Manfred Steffen 21 Dic, 2015
Lectura: 3 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

 El documento describe el cambio climático como «una amenaza apremiante y con efectos potencialmente irreversibles para las sociedades humanas y el planeta y, por lo tanto, exige la cooperación más amplia posible de todos los países y su participación en una respuesta internacional efectiva y apropiada, con miras a acelerar la reducción de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero». Una vez más se define al cambio climático como amenaza para toda la humanidad. Por otro lado, y tal vez aquí esté la novedad, se reconoce que es indispensable la reducción de las emisiones de los gases de efecto invernadero.

Tal vez suene extraño pero llevó muchos años reconocer la relación entre dichas emisiones y los cambios en los patrones de comportamiento del clima. Si bien era evidente el aumento en frecuencia e intensidad de los eventos climáticos extremos, no existía unanimidad respecto a las causas de dichos cambios. Por el contrario, hasta hace poco la polémica se situó entre los que veían las variaciones climáticas como fenómenos cíclicos independientes de la actividad humana y quienes veían en el ser humano un agente dominante de cambios en la biosfera, por lo que llegaban a calificar como la era actual como antropoceno.

Complejidad y desafíos

Los sistemas humanos y los sistemas naturales interactúan y constituyen un todo complejo. Esta complejidad no se explica a partir de las partes sino por la forma en que estas se relacionan entre ellas. El comportamiento de los sistemas complejos comprende cambios bruscos a partir de los cuales dicho sistema se comporta de forma totalmente diferente. Y estos cambios pueden ser irreversibles. También esta palabra está contenida en la frase citada arriba.

La humanidad está enfrentada a desafíos inéditos porque por primera vez afectan todo el planeta al mismo tiempo. La anticipación de las crisis socioambientales y la generación de respuestas a crecientes problemas derivados de dichas crisis constituyen una tarea difícil. La política, como ámbito de toma de decisiones de los ciudadanos, se verá crecientemente confrontada a situaciones que pondrán a prueba su funcionamiento. La institucionalidad democrática en general y los partidos políticos en particular deberán adaptarse si pretenden ser el ámbito de resolución de estos problemas.

El acuerdo de París es un comienzo. Algunos dicen que es un turning point. Ojalá nuestros hijos también lo vean así.

Manfred Steffen

Manfred Steffen

Magíster en Ciencias Ambientales por la Universidad de la República de Uruguay. Dipl. Ing. Fachhochschule für Druck in Stuttgart. Coordinador de proyectos de la Fundación Konrad Adenauer, oficina Montevideo.

Venezuela: nuevas respuestas, nuevas preguntas

Aun con sondeos favorables y la infatigable voluntad de líderes, militantes y activistas, costaba avizorar la magnitud del triunfo opositor […]

Por: Guillermo Tell Aveledo Coll 15 Dic, 2015
Lectura: 5 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Aun con sondeos favorables y la infatigable voluntad de líderes, militantes y activistas, costaba avizorar la magnitud del triunfo opositor en las parlamentarias venezolanas. Pero la auspiciosa victoria sobre un gobierno autoritario plantea un escenario político inédito e incierto.

© Guillermo Aveledo
© Guillermo Aveledo

 

En la madrugada del lunes7 de diciembre, cuando la autoridad electoral declaró en su primer boletín que la Unidad Democrática —la coalición de partidos democráticos formada en 2009 para presentar una alternativa electoral nacional al gobierno chavista— había alcanzado casi una centena de diputados, que llegarían a la cifra de 112 curules, parecía haberse borrado para siempre el escepticismo de la base opositora más tradicional, herida por una miríada de derrotas importantes. La alianza había obtenido la mayoría calificada, lo que le otorga poderes plenos dentro del cuerpo legislativo. Nunca antes un Parlamento opositor enfrentaba a un presidente impopular.

Claro está, Venezuela tiene un sistema de gobierno presidencialista, y el control chavista sobre los otros poderes públicos podría limitar formalmente este logro. La reacción oficial, tras la aceptación de los resultados, ha sido retadora. Desde los medios públicos y las cadenas presidenciales han continuado las acusaciones esgrimidas hacia la oposición durante la campaña, denunciando supuestas compras de votos y enmarcando la crisis económica como sabotaje planeado por la oposición y agentes transnacionales. De manera inaudita, el presidente Maduro ha acusado al votante chavista de traición, y condicionado su desempeño futuro a la perdida mayoría, y esto se ha reflejado en el hostigamiento a críticos internos y a funcionarios públicos sospechosos de simpatías distintas al Partido Socialista. Pero lo más serio es la respuesta jurídico-política, que buscó neutralizar con nuevos magistrados en el Tribunal Supremo y transfirió competencias residuales del Parlamento a órganos del Ejecutivo, aprovechando la última semana de sesiones bajo control oficial. Sería deseable contar con la apertura del Ejecutivo nacional a un diálogo político y social tan amplio como se requiere, no solo en el interés de salvaguardar la estabilidad del país, pero de momento son escasas las voces que llaman a la autocrítica y a la revisión de su proyecto histórico.

Esta ausencia de propósitos de enmienda parece ser más calculada que desesperada. La expectativa chavista parece apuntar a un escenario de impasse político permanente, destinado a bloquear las iniciativas parlamentarias más resaltantes, y aprovechar el capital de opinión y las herramientas del poder para prevalecer en caso de un enfrentamiento electoral futuro, o incluso situaciones de violencia en incesante rumor. Provocar una crisis sistémica para, proyectando la responsabilidad de la profunda crisis económica en la Asamblea Nacional y en la oposición, derribar los últimos bastiones de la democracia representativa. Hacer, pues, la revolución de una vez por todas. Recordemos que pese a la crítica situación del país caribeño, un 40 % de los electores votó por la tarjeta del gobierno, y algunos analistas han observado que la oposición no creció tanto en votos como se abstuvo el votante chavista, ayudado por la sobrerrepresentación de la mayoría bajo el sistema electoral vigente.

Este cálculo, empero, descuenta dos hechos y una posibilidad: por un lado, la magnitud de la crisis económica, con el desplome del precio petrolero, la paralización industrial y una inflación que puede llegar a los cuatro dígitos en 2016, frente a la cual el gobierno se niega a actuar y que sólo puede acrecentar su impopularidad. Por otro, que el crecimiento de la Unidad Democrática tuvo lugar fuera de sus bastiones en el corredor norte-costero y en las grandes conurbaciones y ganó en 19 de las entidades federales y en la circunscripción indígena. Eso refleja un sólido sentimiento de cambio que la Unidad debe aprovechar con tino, evitando provocaciones y atajos, pero sin abandonar las herramientas que tiene constitucionalmente a mano, con la posibilidad de una creciente presión de los grupos sociales y las élites organizadas para un nuevo acuerdo nacional.

Sin duda, mucho dependerá de la acción del Ejecutivo. Pero la agenda parlamentaria de la Unidad, que puede desarrollarse sin cortapisas, incluye importantes medidas legislativas y de control que van más allá del interés político y en derechos humanos (como una amnistía), sino además leyes dirigidas a corregir las más importantes distorsiones económicas nacionales promoviendo la justicia social: desde el control del presupuesto y la fiscalización al Banco Central, las leyes en defensa de la industria nacional y la expansión de derechos de propiedad a comunidades populares y viviendas del interés social hoy en manos del Estado. Eso sin contar las atribuciones que tiene la mayoría calificada, y que los pronósticos más entusiastas no incluían en sus cálculos.

Pero el éxito de esta agenda no solo depende de circunstancias externas y formales, sino también de la cohesión de la alianza democrática, donde viejos resquemores derivados de la crisis de 2013-2014 salen a flote en medio del ánimo jubiloso. Confiemos en que las lecciones del pasado reciente hayan fortalecido lo esencial del cambio propuesto por la Unidad Democrática: fortalecer por medio de la acción concertada la democracia pluralista y el Estado de derecho, para así alcanzar una sociedad productiva, justa y próspera. Vaya cambio.

Guillermo Aveledo | @GTAveledo

Guillermo Tell Aveledo Coll

Guillermo Tell Aveledo Coll

Doctor en ciencias políticas. Decano de Estudios Jurídicos y Políticos, y profesor en Estudios Políticos de la Universidad Metropolitana de Caracas.

La primera víctima potencial de los atentados de París: la idea de una sociedad plural

«El terrorismo es una maldición para nuestras sociedades y una bendición para los dictadores. La cuestión clave es: la democracia […]

Por: Redacción 11 Dic, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

«El terrorismo es una maldición para nuestras sociedades y una bendición para los dictadores. La cuestión clave es: la democracia vencerá al terrorismo o el terrorismo vencerá a la democracia?» (Moncef Marzouki, expresidente de Túnez)

Dante Matta frente a la mezquita
Dante Matta frente a la mezquita

Los atentados de París me tocaron en pleno corazón por tres razones: como parisino, como musulmán y como defensor de la idea de sociedades abiertas y plurales.

Como parisino, aunque resido en Uruguay desde 2011, porque he vivido mi infancia, mi adolescencia y mi vida de joven adulto a unas cuadras de los lugares que fueron atacados y sobre todo porque tengo la mayor parte de mi familia y amigos allí. Cada uno de ellos no fue una de las víctimas de los atentados solo por casualidad.

Como parisino también porque fuimos atacados ese día como tales, sin distinción de color, fe o clase social. Lograron matar a 130 personas pero todos los parisinos fueron atacados ese día, y de hecho quieren matar el máximo de nosotros en el futuro, como lo anunciaron en sus últimos videos.

Este nosotros —que lo es todo para mí—, para ellos solo representa un blanco político, un objetivo a alcanzar: la voluntad cínica de asegurarse un territorio y sus riquezas, no importa que el costo se pague en vidas humanas. Porque no son los sirios que atacaron ese día, y tampoco son sirios los miembros de ISIS. No es un tema de nacionalidades; tampoco es, como ellos quieren hacer creer, que Francia ataca a Siria «y entonces atacamos  a Francia». Esa es la propaganda política que utilizan para darse una legitimidad moral y reclutar simpatizantes. La lógica detrás estos ataques es mucho más fría y cínica que eso.

Como musulmán duele que este grupo haya robado nuestra identidad y nuestra fe para armar una ideología de terror y de muerte, distorsionando y ensuciando los símbolos y los conceptos islámicos.

(Ellos matan y se matan gritando Allahu Akbar ‘Dios es el más grande’, cuando el propio profeta Muhammad, que la paz sea con él, prohibió a sus compañeros utilizar esta frase como un grito de guerra, y dijo: «Acaso adoran un Dios de la muerte?».

Esta frase se ha vuelto un sinónimo de terrorismo y de violencia en el mundo occidental, cuando para los musulmanes es una expresión de adoración y de reconocimiento hacia nuestro Creador, es algo que repetimos muchas veces en nuestros rezos diarios. Es una frase de vida y de esperanza, no una frase para sembrar la muerte y el terror.)

Para todos los musulmanes del mundo, el adjetivo islámico es sinónimo de ético, justo, divino. Sin embargo, frente a las cámaras del mundo entero ISIS ha ensuciado este adjetivo tal como ensucia el concepto de Estado, que teóricamente debe ser el instrumento para que reine la ley y no una herramienta al servicio de una minoría. Crean a propósito esta confusión y esta asociación entre el islam y su grupo: su ideología no puede funcionar mientras haya sociedades donde musulmanes y no musulmanes convivan en paz y amistad.

Me duele esto, como defensor de la idea de una sociedad abierta y plural. Creo firmemente que de las contradicciones y del encuentro han nacido las sociedades que más han enriquecido la historia de la humanidad, y tengo la convicción de que el pensamiento humano se vuelve rígido cuando no se ve desafiado por aquel que piensa y vive de manera diferente. Temo que este sueño se vuelva una pesadilla por los ataques y la existencia misma de grupos como ISIS, que ven el mundo sin matices, sin grises. Es un reto muy grande para los que creemos en la fraternidad humana y en el encuentro de las culturas.

(Los musulmanes de Francia vivieron ese día una doble violencia: el choque de los ataques terroristas contra su propio país y luego la demanda de rechazar un acto que ningún ser humano normal puede apoyar: la matanza de inocentes. Esta demanda, aunque no está hecha con mala intención, pone en duda la humanidad misma del musulmán.

La falta de visibilidad mediática, la falta de relaciones igualitarias entre la comunidad musulmana y el mundo político y mediático, hace que las preguntas siempre sean mucho más ruidosas que las repuestas. Todos los países musulmanes, las universidades islámicas, los teólogos del mundo, han producidos comunicados para condenar los atentados de París, pero siempre se escucha: «¿Por qué no hay más musulmanes que levanten su voz contra el terrorismo?».

La incomprensión y la ruptura entre la clase política francesa y la comunidad musulmana han producido los acontecimientos desastrosos luego del 13 de noviembre y contribuyen a la lógica de la radicalización. Predicadores musulmanes populares, entre los cuales uno que fue calificado por un sociólogo de «protagonista de la batalla contra la radicalización violenta entre los jóvenes» vieron sus mezquitas registradas por las autoridades, e incluso uno de ellos aún no puede salir de su casa, como muchos otros musulmanes franceses en este momento.

Algunas revistas populares francesas buscan las razones del terrorismo en el Corán, y proclaman la guerra entre ISIS y las naciones occidentales como un conflicto de 1400 años, y algunos políticos hacen declaraciones capitalizando el odio, con un ojo puesto en las elecciones municipales de diciembre.)

También del otro lado del Mediterráneo existe gente que ve el mundo como ISIS. Que dicen que deberíamos levantar murallas entre «nosotros» y «ellos», y quizás hacer más que eso.

Cada muerte, cada bombardeo, cada atentado en Occidente y en Oriente contribuye a la promoción de la idea de un choque de las civilizaciones inevitable entre Occidente y los musulmanes.

El mejor aliado contra el terrorismo y la radicalización es la integración y la consideración de los musulmanes franceses como lo que son: ciudadanos y no una quinta columna de ISIS.

La lucha contra los elementos violentos debe ser llevada a cabo pero sin que los musulmanes se sientan alienados de la comunidad nacional porque unos fanáticos pretenden hablar en su nombre.

La idea de que los lazos nacionales superan los lazos religiosos en la vida política es precisamente lo que quiere destruir ISIS: ellos buscan la formación de una sola nacionalidad en el mundo: la musulmana, redefinida según sus propios criterios, obviamente, y según ellos, reconocerse de otra nacionalidad es negar la fe. Se vuelve clara la ayuda que le está brindando a ISIS cada acto o palabra que separa a los musulmanes de la comunidad nacional.

La otra herramienta importantísima es la visibilización y el desarrollo de instituciones musulmanas que representen realmente a los creyentes para poder dialogar con la clase política y los medios. Más de la mitad de los musulmanes del mundo viven en países donde no son mayoría. La distancia entre la realidad de la sociedad ya plural de Francia y la concepción arcaica de la nacionalidad compartida por unos sectores políticos cada vez más importantes hace la tarea más fácil a ISIS e impide la construcción de los puentes entre las diferentes identidades francesas y el reconocimiento de los lazos que nos unen.

Esta obra monumental que determina el futuro y el equilibrio de las sociedades humanas debe ser hecha con todos y en igualdad, a través de la creación de un espacio de encuentro y de expresión democrática, sin que la fe o el origen de los padres de una persona sean un factor de relegación.

Dante Ibrahim Matta

 

Redacción

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Plataforma para el diálogo democrático entre los influenciadores políticos sobre América Latina. Ventana de difusión de la Fundación Konrad Adenauer en América Latina.

¿Montevideo o Medellín?

Cuando me preguntan qué es lo mejor o lo peor en comparación de una ciudad con la otra, mi respuesta […]

Por: Redacción 11 Dic, 2015
Lectura: 8 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Cuando me preguntan qué es lo mejor o lo peor en comparación de una ciudad con la otra, mi respuesta es que ninguna es mejor o peor: simplemente las condiciones son diferentes.

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Fotofrafía: Panorama de la «Plaza Independencia» en Montevideo, Uruguay. WikiCommons, Martin St-Amant .

Soy una ingeniera de diseño de producto de la ciudad de Medellín apasionada por las ciudades. Veo las ciudades como personas, cada una con las complejidades de cada ser, con las afinidades y desacuerdos que se generan entre unas y otras. Las ciudades para mí son fuente de inspiración que se transforman continuamente para inspirar a otros. Cuando hablo de una ciudad inspiradora, es esta donde la gente ve en un problema la oportunidad para mejorar, donde no hay razón para ocultar la pobreza porque en ella también hay belleza y ganas de cambio, y donde cada costumbre es sinónimo de identidad.

El gran problema de la mayoría de las ciudades es que las personas no sienten que lo público es de ellas sino del Estado, es ahí cuando se evidencian problemas de basuras en las calles, vandalismo, entre otros. Sin embargo, el problema no es solo de los residentes sino del Gobierno, a la hora de tener en cuenta a la ciudadanía cuando se decide hacer una intervención. En Medellín se ha venido trabajando desde hace varios años para hacer sentir a sus ciudadanos parte fundamental de la ciudad. Ello se deriva de una campaña que se hizo en 1995 para el metro, cuando se logró que la gente se sintiera orgullosa de su sistema de transporte y en consecuencia lo cuidara. Actualmente la cultura metro es ejemplo a seguir.

Bien se sabe de la violencia en la ciudad donde nací, y nuestro personaje más famoso es Pablo Escobar. Sin embargo, hoy con orgullo puedo decirles que Medellín es reconocida como la ciudad más innovadora del mundo por el concurso del Wall Street Journal de 2013 y que los temas correspondientes al narcotráfico están pasando de moda.

Sé que muchos se preguntarán: ¿cómo puede ganar una ciudad ubicada en Sudamérica, en un país en vías de desarrollo, contra la gran manzana Nueva York o Tel Aviv? No se preocupen, en Medellín también nos lo preguntamos.

Debido a la historia violenta, Medellín se convirtió en una ciudad resiliente, que transformó esa tristeza proveniente de la guerra en un impulso para salir adelante y ver en los problemas una oportunidad para sacarla de ese estadio. Este cambio se viene dando desde la administración del alcalde Sergio Fajardo (2004-2007), cuando se empezó a hablar de transformación social. Este término claramente ha evolucionado con el tiempo y hoy en la ciudad la innovación y la transformación se basan en cuatro lineamientos: la continuidad de las políticas y de la transparencia; la descentralización del territorio y el estudio de este fenómeno; las oportunidades que se brindan a la ciudadanía, acercándolos a la cultura; el urbanismo para integrar e incluir a todos, sin que importe su estrato socioeconómico.

Quiero poner algunos ejemplos de las transformaciones que hicieron y hacen a la pequeña esquina del norte de Sudamérica acreedora de este premio. Todos conocemos los teleféricos que usualmente nos recuerdan las vacaciones o un lindo fin de semana. Medellín fue la primera ciudad del mundo que los empezó a utilizar como solución de transporte masivo; cada día alrededor de 120.000 personas de los estratos socioeconómicos más bajos se movilizan por esa vía. Son los residentes de las laderas, que tienen un acceso difícil para el transporte vehicular. Asimismo, el uso de escaleras eléctricas como medio de transporte actualmente les ahorran a esas personas 30 minutos que antes tardaban subiendo a sus casas.

El transporte ha sido un gran detonador para estas zonas, y derivó en otros movimientos e inversiones. Recientemente tenemos el Grafitour de la comuna 13, alrededor de las escaleras eléctricas, donde todos los artistas callejeros —más conocidos como grafiteros—, hacen del «vandalismo» un gran lienzo para la ciudad; aparte del arte, los lugares que antes eran los más marginados, a una hora del centro, hoy cuentan con las mejores bibliotecas y colegios públicos de la ciudad, muchos de estos icónicos, imperdibles cuando se visita Medellín.

Es claro que el gobierno debe hacer un esfuerzo para lograr que los ciudadanos sientan pertenencia por su ciudad; sin embargo, el empoderamiento total de las ciudades depende de cada uno de los ciudadanos. Montevideo, como muchas otras, está empezando una revolución ciudadana para exigir y apoyar los procesos que lleva el gobierno. Los indicadores de cultura ciudadana y de violencia hacen de Montevideo una ciudad con estándares europeos en comparación con otras ciudades de nuestra región. Por ello se puede afirmar que lleva trazado un camino de muchos más años para llegar al empoderamiento total de sus ciudadanos.

El ideal es que cuando a alguien en la calle se le pregunte: ¿quién cuida a Montevideo?, esa persona con toda la seguridad pueda afirmar que él o ella lo hacen. En los días que he pasado en esta linda ciudad he preguntado a varios ciudadanos: ¿quién cuida a Montevideo afuera de su casa o en su barrio? En la mayoría de los casos las personas responden que la Intendencia y afirman que aún le falta mucho. Esta mentalidad que tenemos acerca de lo público, de que el responsable de cada cosa es el Estado, tiene que cambiar. Si bien la palabra público hace referencia a algo que es del Estado, sin embargo, ¿quién paga los impuestos para mantener estos bienes?

¿Por qué dentro de nuestras casas no tiramos basura y en la calle sí? Así como cuidamos nuestra casa y todas las cosas que tenemos en ella porque nos han costado, ¿por qué no cuidamos la calle, si también pagamos impuestos para que la construyeran, la mantuvieran, etc.? La única diferencia es que el espacio público es un bien que pagamos entre muchos ciudadanos y nuestra casa es un bien individual. Pero eso no es razón para dejárselo todo al Estado; no hay recursos suficientes para atender cada cosa, porque así como cuidamos de nuestra casa, tenemos que cuidar de nuestra calle, nuestra ciudad, nuestro país. Hechos simples como limpiar la vereda afuera de mi casa hacen la diferencia.

Me podría imaginar a un montevideano poniendo cara de que esto que digo no es cierto, pero déjenme decirles que están en una ciudad privilegiada, que tiene lo que muchos ciudadanos de otras ciudades de Latinoamérica anhelamos: una buena cultura ciudadana, espacios verdes increíbles dentro de la ciudad, pocas y cortas congestiones vehiculares, buen transporte público, rambla, seguridad, amabilidad de la gente. Tienen calidad de vida… el único problema es que no se lo creen y cuando uno no ve lo bueno que tiene y siempre resalta lo malo, no tiene actitud ni disposición para mejorar. Obviamente hay problemas como en todos lados pero, como dije antes, ¿por qué no tomamos esos problemas como combustible para innovar? Esta ciudad tiene todos los factores para volverse una ciudad del futuro, en términos de sustentabilidad, convivencia, educación y tecnología.

Medellín y Montevideo no se parecen, tiene cosas en común empezando por la M al principio de su nombre, la amabilidad de la gente, el acercamiento en su índice de pobreza (15,7 % y 16,1 %, respectivamente), ese gran don de pocas de hacerte sentir como en casa, entre otras: el combustible perfecto para empezar a actuar.

Mi propuesta es que cada vez más ciudadanos pensemos de una manera crítica acerca de nuestro barrio y nuestra ciudad, que salgamos de la zona de confort y nos atrevamos a hacer un cambio, por pequeño que sea. Una ciudad más humana se construye tomando acciones tan simples como ir caminado o en bici al trabajo o la universidad, recoger una basura o ceder el puesto en el bus. Acciones creativas como pintar una calle, hacer un grafiti en una zona abandonada o tomarse una calle son formas amables de protestar y conseguir que más gente se sume a nuestra causa. Sin embargo, protestar sin argumentos no basta y argumentos sin pruebas no es suficiente. Los seres humanos nos acostumbramos a nuestras comodidades y nos acoplamos a la situación. Por eso los invito a sumarse al movimiento de seres humanos alrededor del mundo que promueven menos crítica y más acción.

Laura Bernal Del Río | @laura_bdr

Redacción

Redacción

Plataforma para el diálogo democrático entre los influenciadores políticos sobre América Latina. Ventana de difusión de la Fundación Konrad Adenauer en América Latina.

¿Quién financia el terrorismo de ISIS?

No podemos desconocer que las finanzas del terrorismo islámico gozan de buena salud y que aparentemente nadie está atacando esa […]

Por: Jorge Dell'Oro 7 Dic, 2015
Lectura: 4 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

No podemos desconocer que las finanzas del terrorismo islámico gozan de buena salud y que aparentemente nadie está atacando esa verdadera fortaleza de los que hoy siembran el terror en el mundo libre.

Logotipo del Estado Islámico, ISIS o Daesh.
Logotipo del Estado Islámico, ISIS o Daesh.

Según Loretta Napoleoni, experta en financiamiento y orígenes de los fondos terroristas y autora de los libros El fénix islamista (Paidós, 2015) y Cómo se financia el terrorismo en la nueva economía (Urano, 2004), «El ISIS utiliza diversas estrategias y se reinventa todo el tiempo. Los atentados en París evidencian que hoy utiliza un modelo horizontal y orgánico: deja a los terroristas la libertad de decidir los ataques, cómo realizarlos y cómo financiarlos».

¿Cuál es la principal fuente de ingresos del ISIS? Ha puesto una tasa aduanera a todo aquello que atraviese sus fronteras, desde refugiados que huyen, barriles de petróleo, harina, neumáticos, obras de arte, casi todo tiene «impuestos».

Afirma Napoleoni: «Los mismos camiones que llevan sirios a través de Turquía y hasta Grecia por entre 5000 y 7000 euros cada uno, regresan a Siria con productos de contrabando por los cuales se paga una tasa de ingreso a través de los pasos fronterizos entre Siria y Turquía, dominados por el ISIS». Se estima que esa sola operación les deja unos dos millones de euros por mes. Otra fuente de ingresos es el cobro de recompensas por secuestros. Se calcula que les ha reportado en dos años entre 70 y 100 millones de dólares. Hoy se estima que el tráfico de refugiados deja en sus arcas alrededor de 100 millones de euros por mes.

Le Bataclan, Paris, noviembre 2015. Fotografía: Agustina Carriquiry
Le Bataclan, Paris, noviembre 2015.
Fotografía: Agustina Carriquiry

La compra de petróleo en el mercado negro turco ha sido, desde sus inicios, uno de los modos más eficaces de financiación para el ISIS. Turquía ha hecho la vista gorda ante esto. El primer ministro Erdogan ha querido ver en movimientos islamistas radicales una forma de detener tanto la influencia chií en la zona como a los kurdos. ISIS también recibe apoyo económico de individuos saudíes, muchos de los que se dicen amigos de Occidente, ante los que el régimen de Riad parece padecer de autismo. Esas personas entregan dinero a ISIS y hacen lobby en su favor, presionando para que otros lo apoyen.

Europa lo sabe. Y sabe dónde está el talón de Aquiles de los que causan las horribles matanzas de ciudadanos europeos que nada tienen que ver con un conflicto lejano. Entonces, la pregunta del millón es: ¿por qué no actúa?

Plaza de la República, Paris, noviembre 2015. Fotografía: Agustina Carriquiry
Plaza de la República, Paris, noviembre 2015.
Fotografía: Agustina Carriquiry

Aparentemente las bombas sobre el territorio dominado por los fundamentalistas no terminarán con ellos. Europa parece estar dando pasos equivocados. Es difícil que la OTAN y Rusia que logren entenderse en la búsqueda de una acción más vinculada a la diplomacia que a la guerra.

François Hollande dijo que la masacre de París es un acto de guerra. En realidad, Occidente participa en una contienda desde que se involucró en Afganistán armando a los muyahidines que devinieron en los talibanes. Luego llegarían Irak, Libia, Siria, Yemen. Pero hoy más jóvenes musulmanes europeos son seducidos por los terroristas; han nacidos en Europa pero no se sienten europeos y están cada vez menos integrados. Por otro lado, el relato del Estado Islámico es atractivo: queremos que nos ayudes a construir un nuevo Estado, que será tu Estado, que será justo y no corrupto como Occidente. ¿La nueva ola de refugiados no agigantará este fenómeno? La pregunta no es fácil de contestar.

Jorge Dell’Oro | @dellOroJorge

Jorge Dell'Oro

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Argentino. Consultor en comunicación política

Cómo entender el «milagro» de que Cambiemos derrotara al kirchnerismo

Para entender el «milagro» de que Cambiemos, la alianza del PRO de Mauricio Macri, un partido prácticamente vecinal con menos […]

Por: Redacción 7 Dic, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Para entender el «milagro» de que Cambiemos, la alianza del PRO de Mauricio Macri, un partido prácticamente vecinal con menos de una década de existencia, en alianza con radicales y adherentes a la Coalición Cívica de Elisa Carrió, lograra ganarle al aparentemente imbatible kirchnerismo peronista, hay que conocer toda una cadena de «pequeños milagros» que llevaron a ese resultado.

Antes de ir a los aciertos y desaciertos de las campañas, veamos el trasfondo que preparó la derrota del kirchnerismo, un partido de poder que se proponía modificar la Constitución e ir «por todo», tal la consigna lanzada por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en público a La Cámpora, su grupo de jóvenes militantes.

La Constitución impedía a la señora Kirchner presentarse a un tercer período, y venía de las presidenciales de 2011 en las que resultó reelecta con el 54 % de los votos, aunque se estima que entre 5 y 6 puntos de ese resultado podrían ser producto de la deficiente fiscalización de una oposición atomizada.

Ese resultado fue producto de una tibia recuperación económica luego de la crisis política y económica de 2008-2009 pero fundamentalmente de una ola de simpatía hacia la viuda de Néstor Kirchner que siguió tras la muerte del exmandatario, en octubre de 2010.

Fue un arrollador triunfo, luego de que —crisis económica mediante y después del desgastante conflicto con los productores agropecuarios— el kirchnerismo fuera derrotado en las legislativas de 2009 y parecía predestinado a perder la Presidencia.

Así, en 2011, Mauricio Macri, sabiamente aconsejado por su estratega ecuatoriano Jaime Durán Barba, había decidido declinar su candidatura presidencial y buscar la reelección como alcalde porteño ante la realidad de la «viuda imbatible» (Durán dixit).

Sin embargo, el resultado del 54 % de 2011 no fue leído adecuadamente por Kirchner como una circunstancia irrepetible. La simpatía popular por la muerte de su marido no iba a durar mucho más y ya no podría tapar una economía que entraba nuevamente en recesión con altísima inflación. Por el contrario, el 54 % llevó a la presidenta Kirchner a esbozar un desgastante plan para lograr la reforma constitucional.

Paralelamente, el Grupo Clarín, principal multimedios de la Argentina, agudizaba su escrutinio sobre la corrupción del gobierno así como de su cada vez más notoria inoperancia en la gestión. Con gran esfuerzo de sus directivos, una estrategia comunicacional y legal acertadas y apostando a un periodismo crítico y confiable, Clarín lograba esquivar los alcances de una Ley de Medios diseñada por el kirchnerismo exclusivamente para silenciar a la prensa, y contrarrestaba efectivamente el enorme aparato de propaganda estatal y privado montado por el kirchnerismo para ensalzar al gobierno.

El fracaso de la Ley de Medios y otras ofensivas del gobierno para acallar a la prensa son el factor fundamental para entender la derrota kirchnerista de noviembre de 2015.

Con el telón de fondo de las críticas en los medios y una acumulación de errores de gestión, de política económica y cada vez más evidente corrupción, una ola de descontento siguió casi inmediatamente a la reelección del 54 %, y se inició un capítulo inédito en la historia argentina en el que por primera vez la participación ciudadana empezó a hacerse oír no solo en las redes sociales, sino en las calles, con multitudinarias marchas de descontento protagonizadas por clases medias.

Este activismo de las clases medias urbanas sería la base para controlar el largo proceso electoral de 2015, otro de los «milagros».

El sistema electoral argentino, de boleta por partidos, es vulnerable a maniobras de fraude. Para evitarlas, la oposición requiere movilizar el día de la elección a casi 200.000 observadores, y otros tantos asistentes antes del comicio.

Las clases medias que protestaban contra la criminalidad, la inflación, la corrupción, pero, por sobre todas las cosas, el intento de modificar la Constitución y cooptar la justicia, fueron la base de ese movimiento fiscalizador.

Un ejemplo fueron las elecciones provinciales en Tucumán, en julio, que terminaron en graves protestas y disturbios por sospechas finalmente probadas de fraude. Ese episodio, de repercusión mundial, ayudó a la sociedad a mantenerse movilizada y atenta a posibilidades de fraude en la elección presidencial.

Pero el «milagro» no sería comprensible sin analizar un revolucionario fallo de la justicia electoral que llegó el 28 de julio: como las elecciones presidenciales valen para todo el país, los partidos podrían ahora trasladar fiscales de un distrito al otro sin que fueran echados, como habitualmente sucedía, particularmente en distritos gobernados por el peronismo kirchnerista. Esto permitió, principalmente, llevar fiscales de la Capital, gobernada por Macri, a los populosos distritos peronistas del conurbano, que son clave en cada elección.

Pero para entender el triunfo de Cambiemos también hay que detenerse en las legislativas de 2013, en las que el candidato que parecía predestinado a suceder a la señora de Kirchner era Sergio Massa, alcalde del municipio bonaerense de Tigre y ex jefe de gabinete de Cristina Kirchner, y no Macri. Massa saltó a la oposición como cabeza de lista de diputados por la estratégica provincia de Buenos Aires con su Frente Renovador (peronismo disidente) y derrotó por 12 puntos al rival kirchnerista Martín Insaurralde apoyado por el gobernador Daniel Scioli.

Macri, afectado por el prejuicio de ser hijo de un empresario había quedado relegado a una segunda opción opositora; Massa tenía un mejor nivel de imagen personal y menos resistencia en las encuestas ante la pregunta «jamás lo votaría».

Mientras tanto, la opinión pública se acercaba a las cruciales presidenciales de 2015 dividida en tres tercios más o menos parejos: la continuidad del kirchnerismo, el cambio contundente (encarnado en el PRO de Macri) o un cambio con imprecisas dosis de continuidad: las dos últimas sumaban aproximadamente 65 % del electorado, y Massa se presentaba como el representante de una variante de cambio moderado.

El sociólogo Hugo Haime denominó a esa franja «la ancha avenida del medio», que supuestamente llevaría por primera vez en la historia a un partido en el gobierno a un balotaje en el que perdería.

Aquí es imprescindible entender que la Constitución de 1994, diseñada a medida del partido en el poder, prevé una aritmética especial para evitar el balotaje: para ganar alcanza el 40 % de los votos con diferencia de 10 puntos sobre el segundo, o el 45 % más un voto.

Para complicar más las cosas, el kirchnerismo le agregó un sistema de primarias abiertas y obligatorias (PASO), pensadas para unificar al peronismo detrás del oficialismo gobernante y desgastar a la oposición con múltiples y costosas campañas.

Pero el kirchnerismo, que diseñó las PASO, decidió esta vez elegir al moderado gobernador bonaerense Daniel Scioli como candidato único para las primarias. Cristina Kirchner temía que Scioli ganara la PASO sobre su candidato favorito, el ministro del Interior, Florencio Randazzo. Si eso pasaba, Scioli, despreciado públicamente por la presidenta y sus máximos colaboradores, llegaría a la Presidencia con su propia lista de legisladores y desplazaría a Cristina del poder.

Así, la presidenta le armó a Scioli la lista completa con militantes fanáticos y le impuso como compañero de fórmula a su mano derecha, Carlos Zannini. Scioli aceptó todo. Sería un lastre que luego no podría remontar.

La fórmula presidencial y las listas, kirchneristas puras, eran una gran incoherencia: el candidato elegido era el menos querido por el kirchnerismo y había sido elegido porque era el único con posibilidades de conseguir los votos independientes indispensables para evitar un balotaje. Pero habían convertido al moderado Scioli en kirchnerista puro, anulando su única ventaja de ser percibido como moderado.

Desesperado, Scioli buscó compensar la contradicción lanzando una campaña «paralela» off the record para asegurar al empresariado y líderes de opinión que, si ganaba, haría lo contrario a lo que declamaba. Pero le resultaba difícil disipar las dudas de que su equipo le permitiera alguna autonomía y cimentaba la poca credibilidad de su campaña «oficial y paralela».

Para peor, para las primarias por la provincia de Buenos Aires, Kirchner le impuso a Scioli contra su voluntad como gobernador —o sea, nada menos que su sucesor— al controvertido jefe de gabinete Aníbal Fernández, sospechado de vínculos con el narcotráfico y de muy mala imagen pública. Aníbal Fernández terminó perdiendo ante la candidata de Cambiemos, María Eugenia Vidal, y cediendo así la mayor provincia argentina, que llevaba 25 años bajo el peronismo.

Paralelamente, la candidatura de Sergio Massa, hasta un año antes de la elección probable ganador, se iba diluyendo por serias falencias políticas del propio candidato: su Frente Renovador iba seduciendo a candidatos kirchneristas –algunos poco vinculables en el imaginario colectivo a una renovación política sincera- a los que Massa iba prometiendo que serían sus candidatos a gobernador de provincia. Finalmente, decepcionados por la falta de organización y liderazgo de Massa, a principios de 2015 comenzó el éxodo de esos mismos candidatos de regreso al kirchnerismo, poniendo en dudas la solidez del armado político de Massa y levantando las chances de un más coherente Mauricio Macri.

Viendo caer a Massa y percibiendo estancada la candidatura de Macri, el establishment empresario pugnaba por una alianza de Macri con Massa como fórmula imbatible para ganarle al kirchnerismo. Pero el PRO, luego de alcanzar una alianza electoral con el antiguo partido radical y la pequeña Coalición Cívica de Elisa Carrió, sorprendió a la opinión pública decidiendo que ese frente, bajo el nombre de Cambiemos, no debía aliarse al Frente Renovador de Massa e ir en estado puro y libre de peronismo a la elección. La apuesta era que superaría en la primaria en cantidad de votos al Frente Renovador y luego polarizaría a buena parte del antikirchnerismo contra Scioli en la elección general.

La opinión generalizada del «círculo rojo» de empresarios, analistas e influyentes era que Cambiemos, sin pata peronista, no podría ganarle al kirchnerismo sin ayuda de Massa. La elección en la importante provincia de Santa Fe en julio, donde el PRO perdió ante el oficialismo socialista por 0,1 %, parecía darles la razón.

Pero las campañas de Macri y Scioli se desarrollaron en sentidos opuestos: Macri, con grandes aciertos, y Scioli, con una gran sumatoria de desaciertos.

Macri tuvo un inteligente uso de las redes sociales, que combinaba las visitas «casa por casa» en ciudades de todo el país, y María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires, con su posterior difusión en las redes sociales. Scioli llevó adelante una campaña llena de tropiezos y decisiones erróneas, entre ellas la de ausentarse de un debate presidencial o viajar a Italia en medio de una gravísima inundación en su provincia.

Así, en contra de las encuestadoras que publicaban sus resultados favorables a Scioli (casi todas contratadas por el mismo Scioli), Cambiemos logró vencer las pobres expectativas que generaba en los líderes de opinión no haberse aliado a Massa, y contra los pronósticos obtuvo el 34 %, y Scioli el 37 %. El Frente Renovador logró cómodamente conservar el 21 % de las primarias, evitando así una posible fuga de peronistas no kirchneristas hacia Scioli, lo que contribuyó significativamente al «milagro» del balotaje.

Además, la elección de Aníbal Fernández como candidato a gobernador bonaerense kirchnerista fue otro elemento clave: no solo porque le dio la mayor provincia argentina a Cambiemos, sino que le restó votos presidenciales a Scioli.

Para mala suerte de Scioli, su tradicional estrategia de contratar encuestadoras para generar clima de opinión favorable a su candidatura en los medios resultó un boomerang: el que debía ganar sin balotaje, ahora llegaba a la segunda vuelta como perdedor, aun habiendo superado en votos a Macri.

El resultado final, más ajustado al previsto una semana antes por casi todos los encuestadores, se debió a que el kirchnerismo, preocupado porque iba a perder el poder, contrató de emergencia al asesor del ecuatoriano Rafael Correa, Vinicio Alvarado, un experto en campañas negativas, y sacó a último momento una hábil y bien orquestada campaña del miedo, con un impresionante despliegue de grass roots: militantes en vía pública, el transporte, escuelas, empresas y hasta dentro del círculo familiar. La consigna era asustar a potenciales votantes peronistas, convencidos ahora de votar a Macri, de que si el kirchnerismo perdía el poder, ellos perderían beneficios, planes sociales, jubilaciones y subsidios.

Finalmente, aunque por un margen más estrecho, el miedo no se impuso y se produjo el «milagro».

 

Diego Dillenberger
Editor de la revista Imagen y conductor de La Hora de Maquiavelo

Redacción

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Plataforma para el diálogo democrático entre los influenciadores políticos sobre América Latina. Ventana de difusión de la Fundación Konrad Adenauer en América Latina.

Discutiendo lo sagrado: la laicidad en Uruguay

La tradición laica del Uruguay proviene de una disputa de principios del siglo XX entre grupos: católicos, liberales y masones. […]

Por: Redacción 3 Dic, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La tradición laica del Uruguay proviene de una disputa de principios del siglo XX entre grupos: católicos, liberales y masones. Desde hace al menos diez años, varios hechos cuestionan esta tradición laica anticlerical, que otrora fue considerada como sagrada.

Cruz sobre el Boulevard Artigas, en Montevideo, que indica el lugar en donde el Papa Juan Pablo II ofició la primera misa en su visita a la ciudad (1987). Al pie, una estatua del Pontífice. Wikimedia Commons, autor Banfield.
Cruz sobre el Boulevard Artigas, en Montevideo, que indica el lugar en donde el Papa Juan Pablo II ofició la primera misa en su visita a la ciudad (1987). Al pie, una estatua del Pontífice. Wikimedia Commons, autor Banfield.

Hace pocos días, en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, en Montevideo, fuimos testigos de un espacio para el debate respetuoso sobre la laicidad. Participantes de lugares tan diversos como la academia, ONG, religiosos, políticos, gobernantes y periodistas se dieron permiso para cuestionar juntos un tema «casi sagrado» y tabú en la cultura uruguaya, que ha sido tratado en profundidad por diversos grupos religiosos y en el Diálogo Interreligioso Uruguayo ha sido de preocupación y propuesta.

Este seminario tuvo como elemento novedoso la presencia de representantes del gobierno de primera línea y de académicos que se sumaron al debate. Destacaron el aporte de Javier Miranda (secretario de Derechos Humanos de Presidencia de la República), Matías Rodríguez (director nacional de Políticas Sociales del Ministerio de Desarrollo Social), el sociólogo Néstor Da Costa y el antropólogo Nicolás Guigou.

Fernando Rodríguez director del INAU (Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay) afirmó: «No podemos separar la religión del cuidado de la polis, de la vida política de la ciudad, y por esto es importante pensar el concepto de la laicidad». Por otro lado, Néstor Da Costa llamó la atención para pensar «un modelo de laicidad inclusiva como una herramienta para la convivencia». Académico, religiosos y gobernantes acordaron la necesidad de repensar el modelo laicista o el de un Estado que prescinde de lo religioso.

El foco de la discusión estuvo en la necesidad de transitar de un modelo de laicidad que trataba de negar lo religioso, a uno más inclusivo y de reconocimiento de la diversidad religiosa. Los especialistas coincidieron en la existencia de una crisis del laicismo y la laicidad negativa. Apuntaron a que no se puede negar el derecho a la práctica del culto y que el desarrollo de un modelo de laicidad inclusiva o del reconocimiento puede prevenir fundamentalismos y odios basados en el prejuicio sobre las creencias religiosas.

La laicidad se situó en la discusión pública en diversos momentos de la agenda política y religiosa de este año en Uruguay, de manera que durante la jornada se plantearon algunos puntos candentes. Entre ellos podemos mencionar el uso del velo en el ámbito escolar por las niñas sirias, la presencia de la capilla católica en el Hospital Militar, la futura instalación de una imagen de la virgen María en la plaza Armenia, así como también se retomó la discusión sobre la simbología religiosa en los espacios públicos, en los ejemplos del papa Juan Pablo II junto a la cruz en Tres Cruces o la estatua a Iemanjá.

En relación con las políticas públicas se analizó la presencia de cientos de convenios que se ejecutan cotidianamente entre el Estado uruguayo y diversas organizaciones religiosas. A partir de la apertura democrática comenzó a fortalecerse un vínculo de cooperación entre el Estado y los diversos espacios religiosos para atender a las demandas sociales. Se entiende que el Estado valora la capacidad de gestión de las organizaciones basadas en la fe y hace acuerdos para la atención de situaciones de vulneración social (CAIF, centros juveniles, proyectos educativos, entre otros).

Entre las experiencias se destacó la del Centro Interreligioso en la cárcel del COMCAR, a cargo del sacerdote Javier Galdona, donde participan doce confesiones religiosas y para el cual se elaboró un protocolo para la atención de la vida religiosa en la cárcel. Así, se trajeron a discusión las principales propuestas del Diálogo Interreligioso Uruguayo: enseñanza sobre creencias de acuerdo con la Ley de Educación n.º 18437, creación de una secretaría de culto o similar; inclusión en el próximo censo de una pregunta sobre definición religiosa y el festejo de un día particular para el diálogo interreligioso.

Este espacio no llegó a conclusiones cerradas, pero sí hubo acuerdo en que la dignidad humana debe estar en el centro y la perspectiva de derechos humanos debe guiar el proceso. A partir de esto se generan nuevas preguntas en torno a la temática planteada. ¿Cuál debe ser el vínculo entre las religiones y el Estado? ¿Cómo acordar un nuevo modelo de laicidad?

El seminario fue organizado por el Grupo de Estudios Multidisciplinarios sobre Religión e Incidencia Pública (GEMRIP) y el Observatorio del Sur (Obsur), con el apoyo de la Facultad de Ciencias Sociales Udelar, el Centro Latinoamericano de Economía Humana (CLAEH) y la Fundación Konrad Adenauer.

Nicolás Iglesias Schneider | @nicois1983

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La tierra sin mal

La República de Paracuaria, territorio que abarcaba el litoral de Argentina, sudeste de Paraguay y sudoeste de Brasil, fue el […]

Por: Jorge Dell'Oro 3 Dic, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La República de Paracuaria, territorio que abarcaba el litoral de Argentina, sudeste de Paraguay y sudoeste de Brasil, fue el ámbito donde se desarrolló una de las experiencias, que hoy describiríamos como propia, del humanismo cristiano más exitosa que se haya conocido. La obra de los jesuitas salvó al pueblo guaraní de etnocidio. Ello significó la sobrevivencia de su lengua y de su cultura aunque con la inevitable transculturación que se ha producido a través del tiempo.

Dibujo de Florián Paucke (1719-1780), misionero jesuita que trabajó principalmente entre los indios mocovíes y pintó las costumbres de la región.
Dibujo de Florián Paucke (1719-1780), misionero jesuita que trabajó principalmente entre los indios mocovíes y pintó las costumbres de la región.

Las misiones jesuíticas constituyen una de las experiencias más exitosas de cristianización y protección de los pueblos indígenas sobre las amenazas de esclavización por los conquistadores y del servicio obligatorio de los encomenderos.

Los jesuitas comenzaron por aprender la lengua nativa y con ello lograron un paso clave para comunicarse entre iguales; luego vinieron la instrucción, la organización política y económica, nuevas técnicas agrícolas, el ordenamiento social, la salud, el arte y oficios diversos. Una verdadera revolución social que tenía al hombre como centro de todo su accionar y al Evangelio como Constitución.

El jesuita Juan Manuel Peramás editó en 1793 editó en Florencia, Italia, La República de Platón y los guaraníes. Había visitado las misiones y estaba impresionado de lo que había visto. En el libro Peramás hace una comparación punto por punto con el Estado ideal de Platón.

Darcy Rivero nos habla que los jesuitas en sus misiones «no solo compusieron los primeros núcleos económicamente poderosos de la región, sino que fueron matrices de una formación sociocultural nueva, que habría dado otra fisonomía a los pueblos rioplatenses, si no hubiese sido diezmada y dispersa cuando estaba en pleno florecimiento». Esa fue la principal impronta del siglo y medio de la misión jesuítica en esta región de América.

Muy distinto fue lo que ocurrió en América del Norte, donde a los anglosajones no les tembló la mano para diezmar a las aborígenes y arrasar con las culturas autóctonas. En el sur los jesuitas —y no solo los jesuitas— protegieron a los guaraníes mientras estuvieron entre ellos. De las etnias del norte solo queda algún vestigio; afortunadamente aquí la población originaria sigue étnicamente presente, aunque con la inevitable transculturación que se ha producido a través del tiempo.

Hoy existen variadas opiniones sobre nuestra identidad y muchas de ellas hacen una profunda manipulación política. Siguiendo la línea de pensamiento de Andrés Fink, podemos decir que la expresión pueblos originarios en realidad por sí sola no dice nada. ¿Acaso no tenemos todos un origen? Esta expresión se ha transformado en un eufemismo vacío que delata un desconocimiento del concepto identidad.

Reflexionar sobre nuestro pasado sin caer en la idealización puede ayudarnos a desentrañar las causas de muchos problemas políticos y sociales que nos toca vivir a los latinoamericanos. Y quizás también nos ayude a entender el presente y a orientarnos sobre cómo podemos encarar el futuro. Tal vez entonces podamos alcanzar la tierra sin mal junto al tekoporá —palabra guaraní que expresa el ‘buen vivir’— que deseamos para los habitantes de Latinoamérica y que tanto nos cuesta conseguir.

 

Jorge Dell’Oro | @dellOroJorge

Jorge Dell'Oro

Jorge Dell'Oro

Argentino. Consultor en comunicación política

Argentina, presidenciales del 25 de octubre

Un resultado coherente con una campaña incoherente entre cambio y continuidad: por qué perdió el kirchnerismo. Una foto, mil palabras: […]

Por: Redacción 20 Nov, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Un resultado coherente con una campaña incoherente entre cambio y continuidad: por qué perdió el kirchnerismo.

Foto: Diego Dillenberger
Foto: Diego Dillenberger

Una foto, mil palabras: antes del balotaje, de manera improvisada, la campaña del candidato Daniel Scioli volvió al color naranja que usó para la interna kirchnerista. Cuando fue ungido de mala gana por la Presidenta candidato kirchnerista, cinco meses atrás, había pasado del naranja al azul del Frente para la Victoria: ¿desesperado gesto de diferenciación del kirchnerismo, del que nunca se pudo distanciar de manera creíble? Como sea, es un símbolo de una campaña sin rumbo ni estrategia y carente de coherencia, que buscó vanamente proponer continuidad y cambio al mismo tiempo.

Para la historia política argentina, la elección presidencial del 25 de octubre fue la más trascendente desde el retorno a la democracia, en 1983: estaba y está en juego (hasta el balotaje del 22 de noviembre) la continuidad de un sistema populista que apunta a desinstalar todas las instituciones republicanas o volver, con la alianza de centro Cambiemos, a la senda del desarrollo económico dentro de un sistema democrático, republicano y respetuoso del Estado de derecho.

Por eso esta elección trasciende las fronteras de Argentina. De confirmarse la previsible derrota del gobierno kirchnerista, se enviaría una señal potente hacia Venezuela, donde se juega el 6 de diciembre una elección crucial: Latinoamérica puede desembarazarse de sus populismos por la vía electoral, lo que abre una luz de esperanza para otros países, como Ecuador, Bolivia y Nicaragua.

¿Por qué fue tan decepcionante el resultado de Daniel Scioli, el representante del oficialismo? Como en toda elección, el que gana, es porque hace las cosas mejor que el que pierde. Pero vale la pena concentrarse primero en los graves errores que llevaron a que el kirchnerista gobernador de la provincia de Buenos Aires llegara al balotaje con la impronta de perdedor, aun habiendo obtenido, con 37 % de los votos a nivel nacional sobre 34 % de Mauricio Macri, un relativo «triunfo con sabor a derrota».

El camino hacia el peor resultado para el oficialismo en la historia democrática (recordemos que el oficialista radical Eduardo Angeloz obtuvo el 38 % en medio de la gravísima crisis de hiperinflación de 1989) tuvo varios drivers centrales:

  • la incoherencia oficialista tanto en la elección del candidato como en el planteo y desarrollo de la campaña;
  • el rotundo fracaso de una inédita apuesta sciolista a dar vuelta una mala performance del candidato;
  • una confianza excesiva en que el buen trato de los medios de comunicación hacia el candidato alcanzaría para lograr suficientes votos independientes; y
  • la mala fortuna.

Antes, el imprescindible trasfondo

El kirchnerismo llegó a la sucesión de Cristina Kirchner luego de un gran triunfo en las elecciones de 2011, donde la presidenta obtuvo su reelección con el 54 %. Ese triunfo estuvo precedido por una contundente derrota en las legislativas de 2009, como consecuencia de una brutal recesión y la derrota legislativa del gobierno en la guerra del campo por imponer impuestos excesivos a las exportaciones agrícolas.

El triunfo de 2011 no fue debidamente interpretado por el kirchnerismo como una anomalía irrepetible. No entendieron que ese resultado fue producto de una tibia recuperación de la economía en 2010 y 2011 —que se frenó al día siguiente de la elección misma— y del potente efecto viudez tras la inesperada muerte de Néstor Kirchner en octubre de 2010 que dio vuelta una opinión pública ya muy adversa al kirchnerismo y le permitió a Cristina alcanzar altos niveles de imagen positiva, de un piso de 20 % en 2009 a más de 50 % a fines de 2011.

Al no entender bien los motivos del triunfo, el 2011 con su presunto 54 % fue sucedido por otra derrota en las legislativas de 2013, en las que el alcalde tigrense Sergio Massa se coronó diputado derrotando al kirchnerista Martín Insaurralde en la crucial provincia de Buenos Aires. Esa elección se perdió pese al compromiso muy enérgico del gobernador Daniel Scioli, y surgió a partir de ahí Massa como el gran rival de Mauricio Macri para liderar la oposición.

Esa derrota significó el fin de las aspiraciones de la señora Kirchner a modificar la Constitución para eliminar la cláusula que obliga a una pausa de un período luego de una reelección. También contribuyeron al fin de esas aspiraciones las multitudinarias marchas a lo largo de 2012 en reclamo de que no se reformara la Constitución y en protesta por la criminalidad y el mal manejo de la economía.

Pero tan importante como el contexto negativo económico y social para entender la derrota del kirchnerismo del 25 de octubre es comprender la situación de los medios de comunicación, que fue la clave para permitir que se llegara al balotaje.

Como consecuencia de la derrota en la denominada guerra del campo en 2008 y el fracaso en las legislativas de 2009, Cristina Kirchner logró imponer una restrictiva Ley de Medios que apuntaba casi exclusivamente a atacar al grupo Clarín, el mayor multimedios de la Argentina, y a tomar el control total del mapa de medios de la Argentina. Kirchner siempre culpó a la crítica cobertura de Clarín de su derrota electoral de 2009 e imaginó que, sin Clarín mostrando errores de gestión y el descontento social, sería imbatible.

Otra medida en represalia por la derrota de 2009 fue el Fútbol para Todos, ley que quitaba los derechos de transmisión que tenía el grupo Clarín sobre el fútbol, haciéndolo abierto y sin cargo y eliminando toda publicidad comercial, a excepción de la propaganda oficial: Eso convirtió al deporte más popular de la Argentina en una formidable plataforma de propaganda política para el Gobierno.

Y así, luego de años de una férrea defensa judicial de Clarín y horas después de la derrota de las legislativas de 2013, Kirchner tuvo un triunfo pírrico: logró que la Corte Suprema declarara constitucional la Ley de Medios, en uno de sus fallos más polémicos. Pero el tribunal constitucional compensó su discutible fallo con una serie de obiter dicta (condicionamientos) que hicieron hasta hoy virtualmente inaplicable esa ley. Fue un triunfo simbólico de Kirchner, pero una derrota práctica: Clarín pudo seguir liderando las críticas a la gestión y la corrupción del gobierno kirchnerista.

Ahora, entendiendo ese contexto económico decepcionante y el panorama de opinión pública negativo para el Gobierno, los errores estratégicos del kirchnerismo al plantear la sucesión se ven con más claridad.

En ese contexto económico y de opinión pública adverso, se inició la campaña en la que Cristina Kirchner debía elegir un sucesor dentro del peronismo/kirchnerismo o apostar, como lo hiciera Carlos Menem en 1999, a un opositor para evitar que el gobernador peronista Eduardo Duhalde lo reemplazara en el poder y tomara las riendas del peronismo, para aspirar a volver al poder más adelante.

La elección de Daniel Scioli como candidato oficialista podía sonar a la más lógica. Desde hacía años las encuestas (contratadas por el propio Scioli y sospechadas de estar sesgadas) indicaban que tenía alta imagen positiva y que era el único candidato kirchnerista capaz de obtener los votos independientes indispensables para evitar un balotaje. Cabe recordar que el curioso sistema argentino, diseñado en la Constitución de 1994 claramente para favorecer al oficialismo, permite evitar el balotaje con 45 % más un voto, o incluso con 40 % y diferencia de 10 puntos sobre el segundo: basta con mantener dividida la oposición para retener el poder. Divide et impera.

Las encuestas más serias estaban mostrando desde antes de la elección legislativa de 2013 que al kirchnerismo le sería muy difícil evitar el balotaje y obtener mucho más que 35 % de los votos. Esa tendencia no se modificó a lo largo de los cuatro años que sucedieron al resultado electoral de 2011.

Pero el kirchnerismo defraudó a la opinión pública al no emprender correcciones en el rumbo económico y en su estilo autocrático de gobierno. A eso se sumaron algunos hechos, como la tragedia ferroviaria de Once y terribles inundaciones en la ciudad de La Plata (capital de la provincia de Buenos Aires), crisis en la que la presidenta y el gobernador mostraron errores graves de gestión y falta de liderazgo al enfrentar la crisis. En enero de 2015, la sospechosa muerte del fiscal Alberto Nisman, 48 horas antes de presentar ante el Congreso una grave denuncia contra la presidenta de ser cómplice del terrorismo iraní, agregó otro condimento a la debacle del kirchnerismo.

Cabe explicar que el kirchnerismo impuso una reforma electoral con un sistema de primarias obligatorias. Fue otra medida tomada luego de la debacle de las legislativas del 2009. Apuntaba a controlar el peronismo y a desgastar a la oposición con innumerables campañas electorales. Sin embargo, luego de que quedaran el ministro del Interior Florencio Randazzo (favorito de la presidenta) y Scioli como finalistas para las primarias, la señora de Kirchner eligió finalmente a Scioli. Decidió que no aprovecharía, como sí lo hizo la oposición, la competencia en primarias.

Por qué: el alcalde porteño Mauricio Macri acababa de anotarse un enorme triunfo político al apoyar —y ganar— como sucesor en las primarias abiertas porteñas a su jefe de gabinete, hoy alcalde electo, a pesar de que la favorita en las encuestas era la desafiante senadora Gabriela Michetti. Macri se impuso con su pedido de que los votantes acompañaran a su poco carismático candidato: una apuesta arriesgada pero que coronó a Macri de éxito y prestigio político.

Luego de ese éxito de Macri, si Cristina apoyaba a Randazzo pero este perdía ante Scioli (lo más probable), ella iba a ser la única dueña de esa derrota y quedaría muy disminuida ante un Macri ganador. Para peor: por el sistema de primarias, Scioli ganaría imponiendo sus propias listas de legisladores y su compañero de fórmula, lo que lo independizaría en un futuro del kirchnerismo.

Así, sin primaria, Cristina le impuso a Scioli no solo el vice, su estrecho colaborador Carlos Zannini, sino todas las listas de legisladores de la agrupación juvenil kirchnerista La Cámpora.

Fue un triunfo pírrico para Cristina, porque consistió en el primer paso hacia la derrota para Scioli: el candidato que debía atraer votos independientes para que el kirchnerismo evitara el balotaje, se presentaba con un equipo 100 % “K” y generaba serias dudas sobre el componente de cambio light de su discurso y sobre sus posibilidades de gobernar rodeado de comisarios políticos kirchneristas.

 A partir de tener las fórmulas en su lugar, la campaña sciolista fue de una incoherencia en la otra. Peronistas independientes, como el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey, prometían en los medios cambios radicales de la política económica de un futuro presidente Scioli, mientras que los voceros kirchneristas, con Aníbal Fernández a la cabeza, lo desmentían tajantamente, y Scioli no tomaba posición y apelaba a su clásico y célebre discurso de fe y esperanza. Los analistas hablaban de una campaña oficial y otra blue en humorística referencia al dólar paralelo.

Scioli calculaba que las incoherencias de su campaña y la contradicción permanente de sus mensajes no le jugarían en contra, porque creía ciegamente en el buen trato de los medios tanto oficialistas como opositores (un capítulo aparte merece el enorme presupuesto de publicidad de la provincia de Buenos Aires, que llegó a alcanzar al nacional en los últimos dos años).

La estrategia de construir un candidato exitoso en los medios y las encuestas, pese a que su gestión frente a la provincia de Buenos Aires dejaba mucho que desear, parecía estar funcionando. Más adelante veremos que era una quimera.

En la era de las redes sociales la información circula libremente, y pese a que los medios publicaban encuestas acríticamente, la intención de voto real no subía. Scioli se confió tanto en el trato benévolo de los medios, que cuando la mala fortuna de una inundación lo tocó, reaccionó incoherentemente: en medio de la peor inundación en su provincia en más de una década, decidió subirse a un avión a Italia después de las primarias para irse a descansar.

El escándalo del desatino fue tal que debió regresar 24 horas más tarde por las tremendas críticas en los medios y las redes sociales por haber abandonado a sus comprovincianos a su suerte en medio de la tragedia. Mientras tanto, con Scioli en vuelo a Italia, desde la Capital, Mauricio Macri y la candidata a gobernadora María Eugenia Vidal ofrecían ayuda a los inundados.

Se supo luego que el verdadero motivo del viaje era buscar una foto con el papa Francisco para decorar la campaña: el marketing antes que la gestión y la responsabilidad como principio rector. Tampoco consiguió la foto con el papa.

Otro error estratégico fue no asistir al primer debate previo a una elección presidencial llevado a cabo en Argentina. Su ausencia le restó puntos, pero las encuestadoras seguían diciendo que ganaba igual en primera vuelta.

En las primarias, su fórmula sin competencia obtuvo el 38,5 % contra 30,5 % de Cambiemos, la alianza de PRO con radicales y la Coalición Cívica de Elisa Carrió, y 20,5 % de UNA, del Frente Renovador de Sergio Massa y el peronismo cordobés de José Manuel de la Sota. De repetirse esos resultados, habría ballotage. Sin embargo, las encuestas insistían en que, por milagro, Scioli se recuperaba y llegaría al 40 % y no habría segunda vuelta, o, lo que es lo mismo, Macri no lograría polarizar como segundo como para acortar la diferencia a menos de diez puntos y forzarlo al balotaje.

Pero Scioli no tuvo en cuenta dos factores clave que determinarían el fracaso de su estrategia o su carencia de ella: el 28 de julio la jueza federal electoral María Servini de Cubría dio lugar a un pedido de Cambiemos y autorizó finalmente a mudar fiscales desde la Capital y las provincias al caliente y complicado conurbano, en medio de la preocupación del Frente por eventuales robos de boletas. El fallo era un cambio copernicano, ya que el peronismo rechazaba en muchos lugares del conurbano pobre, donde la oposición no tiene buena representación, a que presentaran fiscales de otros distritos.

Paralelamente, las elecciones provinciales en la norteña Tucumán, donde finalmente ganó el candidato kirchnerista Juan Manzur en medio de denuncias de graves hechos de fraude electoral documentado, no solo salpicaron a Scioli por festejar en medio de las sospechas de trampa.

La suma de estos dos hechos: Tucumán y el fallo permitiendo la fiscalización en otros distritos en caso de una elección presidencial, terminaron movilizando a un verdadero ejército de voluntarios y ONG como nunca antes en la historia argentina: eso facilitó a la oposición, especialmente a Cambiemos, hacer valer su verdadero resultado electoral. Para peor, quedaba aún en el amargo recuerdo la elección provincial de Santa Fe, perdida por el PRO de Mauricio Macri ante el gobernante socialismo, en junio, por apenas 1.300 votos. En ese caso hubo sospechas de maniobras dudosas de fraude y reproches internos de errores en la fiscalización del PRO.

Finalmente, Scioli llegó al balotaje como perdedor, con la percepción en la opinión pública de aquel que debía ganar por más de diez puntos (Ipsos había pronosticado 14 puntos de ventaja) pero solo superó al segundo por escasos tres puntos.

Además, perdiendo la crucial provincia de Buenos Aires a manos de Cambiemos, así como numerosos municipios bonaerenses considerados bastiones peronistas, Scioli, instalado en la opinión pública como inevitable ganador por las encuestadoras, llega a la segunda vuelta con imagen de derrotado ante un Macri ganador.

Diego Dillenberger
Editor de la revista Imagen y conductor de La Hora de Maquiavelo

Redacción

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Islam y democracia

Ser consecuentes con nuestras aspiraciones pluralistas implica levantar las suspicacias de nuestros propios prejuicios. El islam nos pone a prueba. […]

Por: Guillermo Tell Aveledo Coll 16 Oct, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Ser consecuentes con nuestras aspiraciones pluralistas implica levantar las suspicacias de nuestros propios prejuicios. El islam nos pone a prueba.

© Guillermo Aveledo

El Estado Islámico se cierne como amenaza sobre las debilitadas democracias de Occidente. Uno de los precandidatos republicanos de los Estados Unidos ha dicho que la Constitución de ese país es incompatible con la participación política de los musulmanes. En Francia, en medio del estupor por los ataques a Charlie Hebdo, aparece el ominoso libro Sumisión, de Michel Houellebecq, que anuncia una Europa barrida por las mezquitas. En Canadá, el primer ministro Harper ha hecho del uso del velo un tema central de su campaña electoral. El politólogo italiano Giovanni Sartori declaró recientemente que los emigrados de Oriente Medio son inadaptables al tenor de vida democrático, lo que parece concordar con cientos de manifestantes del continente. Pero, ¿es posible afirmar que la democracia no aguantará al islam?

No podemos ser cándidos: parece no existir una correlación positiva, hoy, entre sociedades de gran población musulmana y el pluralismo democrático. Un repaso a índices internacionales nos muestra que algunos de los sistemas más autoritarios están en el mundo musulmán y que las esperanzas derivadas de la primavera árabe han quedado por debajo de las expectativas. La sharía ‘senda del Islam’ aparece como un obstáculo insalvable. Sin embargo, una mirada atenta muestra otro panorama.

En primer lugar, es preciso dar cuenta del contexto de la formación política de estas regiones. Muchos de los países de población islámica han logrado cierta estabilidad estatal modernizadora apenas pocas décadas atrás, y sufren rémoras de sucesivas particiones colonialistas y el rezago institucional derivado de administraciones imperiales, así como los efectos de la economía política del rentismo petrolero. La guerra fría fue, también, el aliciente de la instauración de gobiernos autoritarios que no necesariamente respondieron a un impulso teocrático sino secularizante. Haciendo analogía del tiempo transcurrido, ni la Europa del Ancien Régime ni la Hispanoamérica republicana avanzaron rápidamente en la senda del pluralismo político.

Por otro lado, pueden plantearse ejemplos que contradicen esta conseja. La tercera democracia más populosa del mundo, Indonesia, es un ejemplo de un sistema pluralista en ascenso, con reconfortantes avances en la separación religión-Estado y un sistema de partidos estable, siendo el país musulmán más grande del mundo. La India, la más grande democracia del mundo, ha superado en gran medida las tensiones religiosas entre hindúes y musulmanes, y, pese a sus dificultades, es un ejemplo global. Senegal, Mali, Marruecos, Jordania, Bangladesh y Malasia son otros ejemplos notables, aunque en una menor escala, de regímenes democráticos o de monarquías limitadas donde existen sindicatos, partidos y prensa relativamente libres. Existen, además, millones de musulmanes integrados en sociedades pluralistas en Europa y América, no solo como miembros activos de sus sociedades civiles, sino incluso como políticos dentro de partidos del centro del espectro político.

Se nos dirá que el problema es el islam, y que estas no son más que excepciones que confirman la regla. Pero las enseñanzas del Corán son tan hostiles hacia el gobierno popular como las de las otras grandes religiones del libro, todas las cuales han tenido un patrón de desarrollo institucional variable ante nuestra aspiración democrática y de derechos humanos contemporáneos. Sin embargo, así como el gobierno consultivo está en la tradición del libro judaico de las leyes, o la rebelión ante la tiranía lo está en la escolástica cristiana, nociones coránicas como la ijma (إجماع)consenso’ y la shura (شورى) ‘consulta’, así como el trabajo de filósofos clásicos del islam como Averroes o Ibn Khaldun, pueden ser tan influyentes en esta ruta como un Aristóteles o un Locke. Y la sharia no es más agresiva que un eventual fundamentalismo religioso cristiano o hebreo, toda vez que su aplicación es muy variable en los países musulmanes, pocos de los cuales establecen supremacía de la religión.

Si bien el mundo árabe, cuyas poblaciones se vuelcan ante Occidente por las crisis humanitarias del norte de África y el Medio Oriente, es una franja notablemente autoritaria, esta no es una situación fatal ni inevitable. No cabe duda de que la reacción de las democracias occidentales ante las circunstancias de la actual crisis humanitaria y su actitud ante el racismo que pretende imponerse afectarán el prestigio de la democracia en el mundo musulmán. Así mismo, será necesario enfrentar con nuestros principios las contradicciones reales —como en materia de derechos de la mujer— entre la práctica de las comunidades islámicas más refractarias y las aspiraciones individuales de nuestros sujetos políticos. Pero nada de ello justifica el prejuicio contra el islam y el celo autoritario que se camufla en una defensa de la democracia.

Guillermo Aveledo | @GTAveledo

Guillermo Tell Aveledo Coll

Guillermo Tell Aveledo Coll

Doctor en ciencias políticas. Decano de Estudios Jurídicos y Políticos, y profesor en Estudios Políticos de la Universidad Metropolitana de Caracas.

Latinoamérica: una unidad a medio hacer

Se habla mucho de unidad latinoamericana —la patria grande, dicen los populistas— pero la realidad es totalmente otra. La idiosincrasia, […]

Por: Jorge Dell'Oro 7 Oct, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Se habla mucho de unidad latinoamericana —la patria grande, dicen los populistas— pero la realidad es totalmente otra. La idiosincrasia, la matriz cultural, tiene dos fuertes componentes: el caudillismo heredado de lo hispánico y el caciquismo propio del indígena.

Shot of the ''Mão'' of Oscar Niemeyer, in Memorial da América Latina - São Paulo, SP. Foto tirada por [[pt:Usuário:Gabrielt4e]]
Shot of the »Mão» of Oscar Niemeyer, in Memorial da América Latina – São Paulo, SP. Foto tirada por [[pt:Usuário:Gabrielt4e]]

A esta fusión debemos agregarle el individualismo latino de origen hispano, sobre el que se explaya muy bien Rafael Altamira en su Psicología del pueblo español. Todo ello termina por conformar la fisonomía más destacada de la problemática latinoamericana.

El acontecer político pasa por liderazgos fuertes. En su época fueron militares o salidos de grupos de poder, hoy lo son con fuerte impronta populista, pero la mayoría conserva rasgos de autoritarismo. Curiosamente, casi ninguno ha llegado a la categoría de estadista. Están legitimados por el voto, pero se trata de una frágil legitimidad, apoyada sobre todo en esos rasgos caudillistas-caciquistas. A esto debe sumarse la existencia de instituciones débiles, con una fuerte inclinación al autoritarismo y el no respeto a la independencia de los poderes.

Dado el personalismo imperante, los proyectos propios de los dirigentes son difícilmente renunciables en función de un proyecto en común. La multiplicidad de instituciones, tratados y alianzas apuntan a que cada líder, en el mejor de los casos un grupo de ellos, quieran tener el manejo de la organización.

La debilidad institucional de la mayoría de los Estados latinoamericanos se expresa también en la incongruencia de que países no adecuadamente integrados en lo interno pretenden integrarse hacia afuera. Muestra de ello son los innumerables intentos, algunos de los cuales llevan décadas o se superponen, como la ALADI, la Comunidad Andina de Naciones, el Mercado Común Centroamericano; la Comunidad del Caribe, el Mercosur, la Unasur, la CELAC y últimamente la Alianza del Pacífico, y de los cuales hasta ahora no se han visto éxitos evidentes.

También hay incoherencias incomprensibles. En el artículo 2 del Tratado Constitutivo de la Unasur se afirma que cualquier integración se hará «en el marco del fortalecimiento de la soberanía e independencia de los Estados». Quienes redactaron y firmaron dicho tratado ignoraban —o se quisieron engañar— que en los procesos de integración hay una característica fundamental, una cierta pérdida y no fortalecimiento de soberanía, a la cual se renuncia en favor de la integración.

La región es incapaz de progresar en la democratización y solo dos países —Uruguay y Costa Rica— califican como democracias plenas, según un informe de The Economist Intelligence Unit (EUI) 2014 realizado para la BBC. Los problemas más graves para la democracia en la región siguen teniendo que ver con las debilidades institucionales de los Estados, los continuos niveles de desigualdad socioeconómica y los bajos niveles de educación.

Por ahora debemos ser realistas, ya que vivir en un mundo de ficciones no conduce más que a nuevas frustraciones. Sin democracias plenas será difícil alcanzar esa unidad latinoamericana tantas veces proclamada y hasta ahora no alcanzada.

Jorge Dell’Oro | @dellOroJorge

Jorge Dell'Oro

Jorge Dell'Oro

Argentino. Consultor en comunicación política

A única saída para Dilma

O afastamento da presidente Dilma Rousseff (PT) parece ser algo inevitável. Com um governo acossado por graves denúncias de corrupção, […]

Por: Redacción 7 Oct, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

O afastamento da presidente Dilma Rousseff (PT) parece ser algo inevitável. Com um governo acossado por graves denúncias de corrupção, na expectativa da análise das famigeradas ‘pedaladas fiscais’ no Tribunal de Contas da União, e diante de uma situação belicosa com o presidente da Câmara dos Deputados, Eduardo Cunha (PMDB), Dilma não tem muitas alternativas. Numa comparação com o Mensalão do PT que provocou um abalo forte no primeiro mandato do então presidente Lula, com o atual cenário, a economia brasileira acabou salvando o mentor e padrinho político de Dilma. Luiz Inácio foi reeleito com vitória folgada sobre o hoje governador Geraldo Alckmin (PSDB-SP).

Foto: Flickr. Jonas Pereira/Agência Senado
Foto: Flickr. Jonas Pereira/Agência Senado

A crise econômica que vivemos é o tempero para insuflar uma indignação maior diante da roubalheira generalizada no governo lulopetista. Associada ao sentimento de traição dos quase 52% dos eleitores que reelegeram a atual presidente. Numa campanha de difamação e desconstrução de adversários, fica claro que o êxito nas urnas pode até funcionar, mas o acirramento não propicia paz para governar. Na mais recente pesquisa de opinião pública CNT/MDA, a presidente Dilma Rousseff aparece com apenas 7,7% de aprovação popular. O quadro pode ser caracterizado como uma ‘decomposição política’ de um governo natimorto. Sem rumo.

Portanto, a única saída que vislumbro para a atual presidente do Brasil é a renúncia ao cargo. Conjectura sugerida pelo líder do Democratas no Senado, Ronaldo Caiado, e por algumas lideranças políticas da oposição. A mais sensata e corajosa decisão que podemos esperar da presidente Dilma. Trago também para esta reflexão uma ideia dada por Eduardo Jorge, ex-deputado e candidato à presidência da República pelo PV no último pleito. Ele sugeriu entre outros pontos, que a presidente pedisse desfiliação do Partido dos Trabalhadores e fizesse um governo novo. Com menos ministérios e quadros qualificados, com nomes de postura ilibada. Impossível. Dilma sinalizou aos ministros do seu governo, que saiam em defesa do ex-presidente Lula, investigado pelo Ministério Público Federal por tráfico de influência internacional. Ele, Luiz Inácio, é o mentor dessa trama toda que envolve o partido e o governo Dilma. Ajudado por José Dirceu e companhia, é claro.

Ademais, o relógio caminha sem parar, num tic-tac que incomoda. O tempo não para, mas também não adianta. Nosso país caminha numa recessão terrível, à beira de uma crise institucional e os poderosos seguem encastelados nos Palácios e nas teias de benesses da base aliada. Resistem ao anseio do povo que foi enganado. O desejo de punição exemplar para todos os corruptos e o cumprimento da Constituição é notório. Os aplausos nas ruas para o juiz Sérgio Moro,  corroboram esse sentimento do povo. O crime de responsabilidade não pode ser esquecido. Não existe tese de golpe. É cumprir a Constituição e pronto.

O presidente da República não está acima das leis! Fernando Collor de Melo foi forçado à renúncia após a abertura do processo de impeachement, quando foi pilhado numa situação até menos complicada do que a atual, numa comparação rápida. Sugiro que a presidente Dilma Rousseff renuncie, tal qual Jânio Quadros, e não caia sozinha. Talvez ela tenha um lugar mais honroso na história da República, se tiver a coragem de entregar a máfia de criminosos que assaltou a Petrobras e afundou o país num lamaçal de vergonha e tristeza. Pede pra sair, Dilma!

Daniel Lima é Jornalista, membro da Juventude Democratas da Paraíba e Vice-Presidente Nacional da Juventude Democratas.

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Una modesta proposición

La legalización en diversos países del llamado matrimonio igualitario, las uniones maritales entre individuos del mismo sexo, pone esta reforma […]

Por: Redacción 16 Sep, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La legalización en diversos países del llamado matrimonio igualitario, las uniones maritales entre individuos del mismo sexo, pone esta reforma en la agenda pública. Aunque América Latina es una de las regiones con mayor aceptación institucional de estas reformas, no dejan de chocar con aspectos de la cultura tradicional y valores arraigados, generando alarmas importantes. Sin embargo, hay motivos humanistas para discutir este cambio.

© Guillermo Aveledo

En nuestra región, los crímenes de odio y discriminación derivados de la condición homosexual son generalmente condenados por la autoridad civil. Pero los prejuicios que los impulsan depende de la magnificación de las diferencias, de modo que aspectos de dominio privado se presten a condenas públicas.

Un modo de atender esta circunstancia es la promoción de la institución del matrimonio igualitario, o alguna fórmula legal similarmente satisfactoria. Las objeciones fundamentales se anclan en posiciones religiosas respetables, y ante las cuales es impropio exigir a las iglesias que admitan reformas contrarias a sus dogmas. Pero, siendo esta una reforma civil, y teniendo claro que nuestros movimientos y partidos no son confesionales y sostienen la separación de Iglesia y Estado, debemos abrirnos a conversaciones conducentes al bien público democrático, entendido como el mantenimiento de una sociedad libre y pluralista, que solo es posible promoviendo la dignidad de la persona humana.

Toda vida es única e invaluable, y uno de las rutas en que completa su forja es el amor de pareja: consideramos el matrimonio como una ruta que implica no solo un prestigio tradicionalmente convenido, sino además las responsabilidades de la adultez, y que implica no un privilegio, sino un ejercicio severo de la libertad como expresión del amor. A la vez, nos mostramos preocupados por cómo el libertinaje, la concupiscencia y la falta de valores corroen nuestras comunidades, poniendo en riesgo a la sociedad en general con su prédica y su práctica.

La castidad y el amor de pareja -que implican necesariamente relaciones monógamas-, serán estimuladas con el matrimonio, y en el mutuo compromiso en caridad que este implica. Si proyectamos esto hacia la sociedad, encontraremos que la demanda de los sectores LGBT hacia el matrimonio igualitario comparte este propósito y se identifica con un reconocimiento de la dignidad de quienes lo persiguen.

Mucho de lo que parte de la sociedad halla discutible de la conducta homosexual son los aspectos escabrosos y diferenciadores (que pueden identificarse con la cultura Queer), y esto es una confusión. Francamente, son también repulsivas cuando son muestras explícitas y escabrosas de conducta heterosexual agresiva y asimétrica, que son ostensibles no sólo en la pornografía, sino en la publicidad y en los prejuicios de la cultura popular, y frente a las cuales no expresamos suficiente censura.

En las antiguas discusiones de la ley natural, y en los más recientes comentarios sobre la sexualidad no reproductiva en parejas casadas pero infértiles, se impone el reconocimiento de la comunidad íntima entre adultos libres e iguales como una extensión elevada del individuo. Rescatar el amor de esto al hacerlo central a la relación, quitando el foco de lo sexualmente pruriento, es la oportunidad que se nos presenta.

Se trata, por tanto, no de aceptar y asumir comunidad donde existen diferencias, sino de reconocer que las diferencias no soslayan una humanidad común. Pedimos dignidad y reconocimiento para el amor que profesamos a nuestros padres, hermanos, esposos e hijos. ¿Cómo no podemos plantearnos la posibilidad de reconocerlo en otros?

Admitiendo la existencia de riesgos, así como la necesaria ponderación de las implicaciones formales que una reforma como la planteada debe generar, nuestra modesta proposición está en iniciar esta discusión sobre la apertura al matrimonio igualitario entre los colectivos humanistas del continente.

 

Guillermo Aveledo | @GTAveledo

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¿A cuáles cubanos se refiere John Kerry?

El restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos ha dado la vuelta al mundo desde que el pasado […]

Por: Carlos Castillo 26 Ago, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El restablecimiento de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos ha dado la vuelta al mundo desde que el pasado 17 de diciembre se anunció la disposición de ambos gobiernos a normalizar uno de los rezagos más absurdos de la guerra fría. No obstante, ese deshielo dista mucho aún de asegurar una democracia para la isla y parece apuntar, hasta el momento, a una maniobra para legitimar a un régimen represor.

Izamiento de la bandera norteamericana en La Habana, luego de 54 años de ausencia | Fuente: Wikicommons.
Izamiento de la bandera norteamericana en La Habana, luego de 54 años de ausencia | Fuente: Wikicommons.

El 14 de agosto marca el comienzo de una nueva era entre Washington y La Habana: la visita de John Kerry a la isla tras más de medio siglo de distancia, la bandera norteamericana que ondea en la recién abierta embajada, las buenas intenciones expresadas por aquel respecto de un pasado que no sirvió para la democracia y un presente que aún enfrenta un gran retroceso en temas de derechos humanos fueron, todos, actos cargados de un gran simbolismo pero ante los que todavía permanecen intactas muchas dudas sobre el futuro.

Es, empero, comprensible la actitud del gobierno de Obama, en el sentido de dar los primeros pasos en aquellos asuntos que convienen a ambos gobiernos, como la normalización de relaciones comerciales y el permiso de viajar a los ciudadanos estadounidenses a Cuba, y de ahí construir una agenda que poco a poco vaya sumando nuevos temas.

Y es más comprensible aún dejar de lado cuestiones frágiles o espinosas como la democratización, los prisioneros políticos o de conciencia, la represión cotidiana del régimen de Castro —que a pesar de todo el oropel de esta ocasión sigue siendo una dictadura— contra los disidentes, el atropello a los derechos mínimos de participación, reunión, libertad de prensa, entre otros tantos, si lo que en verdad se busca es tejer y avanzar a partir de intereses mínimos comunes.

No obstante, las palabras de Kerry durante su discurso frente a la recién estrenada embajada, en un entorno tapizado para la ocasión (pintura a edificios viejos, remozamiento de paredes semiderruidas, limpieza de calles y avenidas), dejan varias preguntas en el aire. El secretario de Estado señaló que «seguimos convencidos de que lo mejor para los cubanos sería una democracia auténtica, donde el pueblo elija a sus líderes», y que «el futuro de Cuba lo tienen que dibujar los cubanos».

Cabe preguntarse, ante esa crítica, a qué cubanos se refiere Kerry. Porque si de quienes habla es de los exiliados que no son recibidos en su propia representación en Estados Unidos, será complejo que el pueblo cubano en su totalidad pueda trazar su propio futuro. Y si se refiere, por su parte, a quienes permanecen en Cuba, tampoco será factible una democracia ya no auténtica, rudimentaria, en todo caso, a partir de una situación que al menos en el corto y mediano plazo no apunta a garantizar una participación libre, o condiciones mínimas de organización partidista, o al menos una ley electoral que pueda ser el punto de partida de una transición.

Ninguna de esas condiciones indiscutibles para el funcionamiento democrático parecen vislumbrarse en el horizonte de la realidad cubana, ni mucho menos un esfuerzo, aunque sea en el discurso de los funcionarios castristas, por comenzar a fortalecer a una ciudadanía que, tras cerca de sesenta años de dictadura, carece en su mayoría de los valores cívicos para hacer posible un cambio auténtico de régimen.

La visita de Kerry a La Habana abrió la rendija de una ventana por la que apenas se asoma un ínfimo rayo de luz. Será fácil cerrarla si no hay compromisos que aseguren acciones en temas que apuntalen un nuevo sistema político. Y ante esa muy probable posibilidad, al aparato del Estado cubano volverá a ese discurso vetusto en el que la victimización, la culpa de los otros que reniega de la responsabilidad propia y muchas más artes de la manipulación y la mentira bien ensayadas durante más de cinco décadas serán las que justifiquen la bondad del régimen asesino y la perversidad de sus críticos.

Hay pues los primeros pasos y un atisbo de disposición. Faltará constatar que también exista voluntad clara y determinada, como no la ha habido hasta hoy, de que el dibujo de ese futuro que, en palabras de Kerry, corresponde a todo un pueblo, sea en verdad el logro de una sociedad en su conjunto y no el capricho de un gobierno acostumbrado a ceder un poco para luego atentar contra quienes se atreven a alzar la voz.

La democracia, como lo demostró Oswaldo Payá, se construye desde la gente y con la gente: no es dádiva o concesión de un gobierno represor. Para lograrlo, debe haber condiciones mínimas que trascienden lo económico, la buena imagen o las relaciones internacionales, y que son las que garantizan los cambios duraderos.

De poco sirve la apertura comercial cuando no hay empoderamiento y construcción de ciudadanía. En todo caso, lo accesorio alcanzará para seguir enriqueciendo a la elite de siempre, para sanear las cuentas de los asesinos y no para construir una auténtica nación.

Carlos Castillo | @altanerias

Carlos Castillo

Carlos Castillo

Director editorial y de Cooperación Institucional, Fundación Rafael Preciado Hernández. Director de la revista «Bien Común».

Arranca la campaña en Venezuela

El gobierno chavista enfrenta su primera campaña en desventaja en la última década, con una crisis que lo acosa como […]

Por: Redacción 19 Ago, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El gobierno chavista enfrenta su primera campaña en desventaja en la última década, con una crisis que lo acosa como nunca antes. Sin embargo, cuenta con las ventajas del despliegue autoritario de poder, la estructura del proceso electoral y las heridas no sanadas dentro de la Unidad opositora y el público votante.

© Guillermo Aveledo
© Guillermo Aveledo

El domingo 9 de agosto culminó el proceso de postulaciones de las alianzas políticas para las elecciones parlamentarias venezolanas a celebrarse el 6 de diciembre de este año. Alrededor de mil quinientos candidatos, seiscientos de los cuales pertenecen a las alianzas mayoritarias en la política venezolana, compiten por ciento sesenta y cinco escaños en la Asamblea Nacional.

Por primera vez en más de una década, la alianza liderada por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) entra a una liza electoral en desventaja. La percepción negativa del gobierno de Nicolás Maduro, pese a disminuir levemente tras las sanciones impuestas a funcionarios públicos venezolanos por los Estados Unidos a comienzos del año, ronda el 70 %. A diferencia de su predecesor Hugo Chávez, Maduro es visto como el principal responsable de los problemas del país: ya no solamente la delincuencia y la violencia, o en menor medida la represión política, sino de manera más acuciante la carestía de productos y la galopante inflación que, según cómputos no oficiales, sobrepasa los tres dígitos.

En las elecciones regionales de 2013, el presidente Maduro apeló a aumentar el gasto público y a redistribuir existencias enteras de productos electrodomésticos expropiados en espectaculares operativos de fuerza pública, con muy buenos resultados. Ahora, la baja de los precios del petróleo y la escasez en los inventarios de grandes almacenes impide este acto de prestidigitación, por lo que ha aumentado la retórica agresiva, tanto en política exterior como ante el sector privado, los partidos opositores y la sociedad civil.

No solo es retórica: el autoritarismo electoral arrecia. El Gran Polo Patriótico, la alianza de partidos de izquierda nucleada en el PSUV, ha purgado a elementos disidentes y el Consejo Nacional Electoral ha impedido la inscripción de estos en nuevas organizaciones políticas. Mientras tanto, sobre potenciales candidatos opositores se ha recurrido a la inhabilitación política, neutralizando sus candidaturas y posiblemente descarrilando sus trayectorias. Aunque puede no ser suficiente, no es poco: si bien solo poco más del 20 % de los encuestados en el país señalan que votarán favor de los candidatos del gobierno, también manifiestan una intención más resuelta a participar del sufragio y tienen una opinión diametralmente opuesta al resto del país sobre el presidente: la fuerza identitaria del chavismo sigue dando réditos en esta minoría entusiasta y disciplinada.

El ánimo de la minoría oficialista es espejo de las cavilaciones de la mayoría opositora: aunque alrededor de un 60 % de encuestados se consideran opositores, la frustración derivada de las acciones de protesta y diálogo, y de manera más saliente de la pugna en la dirección opositora, no han permitido que esa mayoría se declare abiertamente partidaria de la principal alianza de partidos de oposición, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Ha emergido una importante cantidad de candidaturas independientes que pueden no tener fuerza electoral pero podrían lograr distraer votos de la alianza en circunscripciones cerradas, con un mensaje de «todos son iguales» contra el PSUV y la MUD. Escarceos como la imposibilidad de alcanzar acuerdos de listas electorales de candidatos del pequeño partido Vente Venezuela, liderado por la inhabilitada María Corina Machado, o el modo en que fue resuelta la expulsión de la alianza del partido socialcristiano Copei tras su intervención judicial, han robado centimetraje de la presentación del programa parlamentario opositor, que tiene pocos espacios amigables en los medios.

Sin embargo, el descontento puede llevar a un inédito resultado electoral en Venezuela, mientras la expectativa de cambio y la economía del voto pueden estimular al dubitativo elector. El reto principal para alternativa opositora será trascender los centros urbanos y los estados más poblados, y lograr representación política en espacios rurales y suburbanos, donde ya logró avances en las últimas elecciones municipales. Para el oficialismo, el reto puede llegar a ser aprender a gobernar con minoría parlamentaria y con un mayor control político. ¿Podrá tolerarlo el socialismo autoritario en Venezuela?

 

Guillermo Aveledo | @GTAveledo

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Ciudadanía 2.0

Llevar de manera práctica, rápida y eficiente las preocupaciones de las personas al Estado. Individuos más involucrados con su ciudad, […]

Por: Redacción 12 Ago, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Llevar de manera práctica, rápida y eficiente las preocupaciones de las personas al Estado. Individuos más involucrados con su ciudad, pueblo o municipio. La tecnología genera cada vez más espacios de interacción entre los gobiernos y los ciudadanos.

Fuente: pexels
Fuente: pexels

Internet ha ido cambiando la forma en la que percibimos y hacemos comunicación. A través del e-mail y de los distintos programas de mensajería online que afloraron en los últimos treinta años se hizo posible que dos personas en rincones opuestos del planeta mantuvieran un diálogo. Las distancias se redujeron. Internet acerca a los individuos sin importar el lugar o el espacio de donde provengan.

Hoy en día la tecnología continúa esta tendencia de acortar las distancias. Ahora el énfasis está puesto en la reducción de los procesos burocráticos. Las empresas privadas han montado plataformas online para acelerar los trámites de sus clientes, estableciendo un vínculo más cercano entre la compañía y el usuario. Sin embargo, cuando hablamos de procesos burocráticos debemos pensar más en el Estado que en el sector privado.

En los próximos años veremos a los gobiernos hacer uso de la tecnología, las redes sociales y las plataformas online no solo para comunicar sus proyectos y sus logros sino también para recibir feedback del ciudadano. El resultado no solo será una gestión más rápida para resolver los problemas cotidianos sino la formación de un nuevo compromiso ciudadano. Habrá una comunicación fluida, que ya no será unilateral sino un ida y vuelta constante con el objetivo de mejorar las políticas públicas y agilizar la gestión.

La distancia entre el votante y el gobierno que elige ya no será la misma. Ayer se votaba cada dos, cuatro o seis años, dependiendo de la legislación. Mañana será todos los días.

El nuevo ciudadano, acostumbrado a la velocidad de Internet, le exigirá a su gobierno esa misma velocidad para satisfacer sus necesidades y resolver sus problemas. Estará más comprometido con lo que pasa a su alrededor y se verá a sí mismo como un elemento clave para cambiar y mejorar las cosas dentro de su comunidad.

El nivel de participación aumentará exponencialmente. Basta pensar en la posibilidad de elevar una petición desde el celular, sin tener que hacer ninguna cola o presentarse en una oficina gubernamental en un horario específico.

Queda en manos de los gobiernos poner en práctica estos sistemas y concebir un espacio para que los ciudadanos puedan expresarse y hacer llegar sus peticiones de forma clara y concisa. Un ágora virtual. Será un desafío adaptarse a los tiempos que corren, como también lo será desarrollar una manera ágil para responder a las demandas de la ciudadanía. Ello permitirá al Estado volverse más visible, estar más enfocado en el servicio público y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos.

F. G. Aleman | @fitogaleman

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