El acuerdo de Argentina con China prendió luces naranjas

Para el Gobierno de Cristina Kirchner implicará un refuerzo de hasta M u$s 10.000 a las flacas Reservas del Banco […]

Por: Alejandra Gallo 24 Abr, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Para el Gobierno de Cristina Kirchner implicará un refuerzo de hasta M u$s 10.000 a las flacas Reservas del Banco Central. En cambio, para empresas, sindicatos y socios del Mercosur otorgaría beneficios extraordinarios a compañìas que tienen un 51% de control estatal.

Banco Central Argentina / Fuente: Wikimedia Commons Diana2803
Banco Central Argentina / Fuente: Wikimedia Commons Diana2803

El acuerdo que el Gobierno argentino firmó con el chino acumula más incertidumbres que certezas y, aún, se desconoce los detalles y los alcances de ese documento que en la Casa Rosada celebran y que en los sectores empresarios, sindicales, políticos de la oposición e, incluso, socios del Mercosur  se gana cada día más cuestionamientos.

Básicamente este acuerdo consiste en un swap financiero que le permite a la Argentina obtener unos 10.000 millones de dólares para engordar sus Reservas en el Banco Central  (BCRA) y, a cambio, China obtiene preferencias en el trato comercial de algunos productos y también en el acceso a las obras públicas. De ese monto, el BCRA que conduce Alejandro Vanoli, ya gatilló tres tramos para intentar achicar la brecha cambiaria entre el dólar oficial y el paralelo. A pesar de esos refuerzos las Reservas argentinas apenas rozan los u$s M 30.000; una de las más bajas de toda América Latina.

Lo que verdaderamente prende luces naranjas en los sectores no gubernamentales es la letra chica desconocida de este acuerdo. En especial en momentos en que justamente el alcance de acuerdos no revelados (aunque aprobados por el Congreso) en el caso de Irán y el atentado a la AMIA terminó con la sospechosa muerte del fiscal que investigaba esa situación, Alberto Nisman.

La Unión Industrial Argentina – que agrupa a las industrias de todo el país- difundió un duro comunicado cuestionando el acuerdo y el apuro del Gobierno por firmarlo y ponerlo en práctica. Desde esa entidad empresaria fundamentalmente cuestionan los artículos 5 y 6. Dicen en la UIA que le otorga a constructoras chinas la posibilidad de participar, sin licitación pública, es decir con contratación directa a empresas chinas en obras públicas y también de traer las materias primas que se necesiten e, incluso, mano de obra. Antes de que se firmara este acuerdo, una constructora china ya comenzó obras para construir una estación espacial china en la provincia de Neuquén, bajo el nombre Esuco S.A., dejando afuera a las compañías locales, como los grupos Pescarmona y Techint, que licitan en el exterior con éxito la construcción de represas.

Esta preocupación fabril se extendió a los sindicatos locales y también a los socios del Mercosur, como los poderosos industriales paulistas en Brasil, quienes ven en este acuerdo una virtual  perforación a las normativas de infraestructura del bloque del sur. La Presidenta Kirchner cuestionó las críticas de la UIA atribuyéndolas a intereses políticos partidarios.

Lo que despierta inquietud es que China no es un país contemplado dentro de las reglas de juego internacionales de la Organización Mundial de Comercio (OMC); es más, de acuerdo con información del Departamento de Comercio de los Estados Unidos,  el 25% de las medidas antidumping internacionales aplicadas por diferentes países desde 2005 hasta la fecha apuntan a prácticas de compañías chinas, que en un 51% son estatales.

América Latina pasó a ser el segundo destino de las inversiones extranjeras chinas en los últimos años, luego de Asia. En la mayoría de esos países así como en los africanos (Nigeria y Angola) donde se han radicado capitales chinos también, la balanza comercial de esos países se primarizó y terminó en pronunciados déficits comerciales.

Alejandra Gallo | @alegalloinfo
Periodista. Escribe para el diario El Cronista y trabaja en los programas Le doy mi palabra y Esta Semana, de Radio Mitre

Alejandra Gallo

Alejandra Gallo

Argentina. Periodista. Escribe para el diario "El Cronista" y trabaja en los programas "Volviendo a Casa" y "Esta Semana", de Radio Mitre.

Elecciones intermedias en México

A pesar de ser comicios de menor atractivo que los presidenciales, las elecciones intermedias de este 2015 en México representan […]

Por: Carlos Castillo 24 Abr, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Elecciones federales en México de 2012 / Fuente: Wikimedia Commons
Elecciones federales en México de 2012 / Fuente: Wikimedia Commons

A pesar de ser comicios de menor atractivo que los presidenciales, las elecciones intermedias de este 2015 en México representan la oportunidad de consolidar una oposición que dé respuestas a la inconformidad y a la desaprobación del presidente Enrique Peña Nieto.

El Instituto Nacional Electoral, constituido a partir de la reforma política de 2014, acude a su primera organización de elecciones en este 2015. Fuente: Wikimedia Commons.

De acuerdo con el calendario oficial del Instituto Nacional Electoral (INE) de México, las elecciones intermedias federales comenzaron este domingo 5 de abril, y en ellas se renovará la totalidad el Congreso de la Unión (Cámara baja), así como los congresos locales y los ayuntamientos de 17 de los 32 estados del país. Serán en total 2179 cargos en disputa.

De manera concurrente, la jornada electoral, que tendrá lugar el 7 de junio próximo, servirá para elegir gobernador en los estados de Baja California Sur, Sonora, Nuevo León, San Luis Potosí, Colima, Guerrero, Michoacán, Querétaro y Campeche.

La importancia de la fecha consiste, ante todo, en que el Congreso que se elige será el que acompañe al titular del Ejecutivo federal Enrique Peña Nieto durante los últimos tres años de su gobierno, que llega a esta elección desgastado por diversos factores, entre los que destacan escándalos de corrupción, el asesinato irresuelto de 43 normalistas en Ayotzinapa, cambios en materia fiscal que, junto con el descenso de los precios del petróleo y la subida del dólar, han frenado el consumo interno, encarecido los precios de productos básicos y aumentado los costos de la gasolina.

El escenario electoral resulta pues complejo para el partido en el gobierno (PRI) que, no obstante, cuenta con una fuerza electoral constituida por grupos históricos (sindicatos, uniones campesinas, obreras y de comerciantes, entre otros) que le aseguran una votación mínima aproximada de 30 % a nivel nacional. Es igualmente ocasión para que la fuerza opositora encabezada por el Partido Acción Nacional aproveche la mala imagen del gobierno y logre ubicarse como una alternativa capaz de captar el desencanto ciudadano —sobre todo de las clases medias, donde se encuentra el mayor capital político panista— y traducirlo en votos a su favor.

No será sencillo ni inmediato pero las condiciones están dadas para que ello suceda, no solo a causa del descenso de la popularidad de Peña Nieto en diversos sondeos (ronda en no más del 40 %), sino además por la división que actualmente padece el Partido de la Revolución Democrática (PRD), que en el transcurso de los últimos dos años ha sufrido escisiones que serán determinantes para la jornada de junio próximo, como la salida de Andrés Manuel López Obrador de sus filas, quien, a través del partido que ha creado (Morena, Movimiento de Regeneración Nacional) postulará candidatos en entidades clave como la ciudad de México, donde cuenta con la mayor parte de su votación más leal.

A lo anterior hay que añadir la salida del PRD de importantes líderes históricos, entre ellos Cuauhtémoc Cárdenas, el ex jefe de Gobierno de la Ciudad de México Marcelo Ebrard, así como otros personajes que resultan claves sobre todo en la capital del país. Esta situación hará que la izquierda se aleje de la posibilidad de situarse como segunda fuerza del país, al contrario de lo ocurrido en los comicios presidenciales de 2006 y 2012.

Quedan por delante pocas semanas de campaña, que serán determinantes para los próximos tres años de gobierno. Las condiciones para que el PAN se consolide en congresos y gubernaturas están dadas pero el éxito electoral dependerá de la capacidad de este partido para hacer frente a problemas recurrentes de las elecciones intermedias: el abstencionismo y la apatía, la presencia del crimen organizado en algunas regiones (Michoacán y Guerrero), la claridad en propuestas y la capacidad de presentarse de nuevo ante la ciudadanía como una alternativa seria de gobierno.

Carlos Castillo | @altanerias

Carlos Castillo

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Director editorial y de Cooperación Institucional, Fundación Rafael Preciado Hernández. Director de la revista «Bien Común».

1915: pilar del México posible

La herencia de Gómez Morin inspiró tanto a su generación como a quienes, 75 años después de la fundación del […]

Por: Carlos Castillo 24 Abr, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La herencia de Gómez Morin inspiró tanto a su generación como a quienes, 75 años después de la fundación del Partido Acción Nacional, enarbolan aún las claves de su pensamiento: remediar el dolor evitable a través de la técnica al servicio de las causas de la política. El ensayo 1915 fue la piedra angular de un esfuerzo que todavía tiene semillas que sembrar y frutos por cosechar.

Manuel Gómez Morin, autor del ensayo 1915.
Manuel Gómez Morin, autor del ensayo 1915 / Fuente: WikimediaCommons

No terminaba aún la guerra civil que fue la Revolución mexicana cuando una generación, ajena a la gesta bélica y conocedora de la importancia de reconstruir un país derruido, se reunió en torno de una idea: la necesidad de dotar de instituciones a aquel México que intentaba emerger de los saldos sangrientos de la lucha armada.

A la postre serían conocidos, en memoria de la cultura helena, como los siete sabios de México: Alfonso Caso, Alberto Vásquez del Mercado, Teófilo Olea y Leyva, Jesús Moreno, Antonio Castro Leal, Vicente Lombardo Toledano y Manuel Gómez Morin, cada uno consciente de la importancia de superar divisiones y enconos, cada uno cierto de la oportunidad que se abría en el horizonte.

Instituirse como generación fue un primer paso. Contar con los conocimientos y especialidades, cada cual en su área, fue determinante. No había lugar para la improvisación porque la recién fundada nación, a partir de la Constitución de 1917, requería entrega y talento.

En los campos de la arqueología, del derecho, de la cultura, de la economía, de la administración pública, de la organización sindical, de la política, sus aportaciones no tardaron en hacerse notar. Descubrimiento de ruinas del México prehispánico, redacción de reglamentos y normas para las nuevas instituciones del Estado, obtención de espacios para la música, el arte, la literatura, gremios de trabajadores que reclamaban derechos y asumían obligaciones: todo era posible, todo una historia de la que ese grupo fue protagonista.

«Hace unos cuantos años, en la desazón de un régimen político que agonizaba, un pequeño grupo inició formalmente la rebelión espiritual contra las doctrinas que entonces y desde hacía tiempo eran verdad obligatoria en México», escribió Gómez Morin en el ensayo 1915, que da cuenta de aquel tiempo y aquellas hazañas.

El tono del texto es de exhorto, de llamado, de manifiesto que intenta reunir lo disperso y agruparlo bajo dos ideas angulares: la lucha contra el dolor humano, «el que los hombres causamos a otros hombres, el dolor que originan nuestra voluntad o nuestra ineficacia»; y la técnica como herramienta contra ese dolor, técnica «que no quiere decir ciencia, que la supone pero a la vez la supera realizándola subordinada a un criterio moral, a un ideal humano».

El texto, escrito en 1926, narra el ideal e invita a quienes comenzaron aquel esfuerzo a dar un siguiente paso que fue imposible concretar. Los caudillos que se apropiaron de la herencia revolucionaria ya comenzaban a fraguar en la práctica lo que tres años después sería una fuerza política que se adueñó de la victoria y la expropió para sus huestes fieles y sumisas.

Aquel llamado de libertad se vio poco a poco truncado y frustrado. La obra de Gómez Morin como iniciador del Banco Central de México y como restaurador del crédito para reactivar la producción agrícola fue cooptada y utilizada para satisfacer la ambición de quienes, como augurio del porvenir —uno que duraría más de 50 años—, repartirían prebendas en vez de impulsar capacidades, generarían clientelas y no ciudadanos libres, construirían un régimen del que todavía el México del siglo XXI no termina de librarse, y cuyos síntomas siguen siendo el lastre de la plena modernización del país.

El corolario de la obra de Gómez Morin como fundador de instituciones fue, en 1939 y junto a una nueva generación, la creación del Partido Acción Nacional, con el fin de ser fiel al anhelo esbozado en 1915: suprimir el dolor evitable, utilizar la técnica como medio de soluciones y propuestas, construir la ciudadanía capaz de ondear en alto la lucha por la democratización plena.

Cien años después de que aquellos hombres «que no estaban unidos por otro lazo que el de la inquietud» sentaran las bases de un México posible, la mayor herencia de Gómez Morin, el PAN, prosigue con aquella intención original, ha sido la cabeza de la transición y la alternancia democráticas, ha construido las instituciones para salvaguardar los principales derechos y obligaciones de un pueblo, y tiene en sus manos el futuro de una nación.

«Nuestra época nos abre una puerta de esperanza» es una de las últimas máximas de 1915. Y esa puerta, un siglo después, sigue abierta, a la espera de quienes busquen multiplicar la herencia, transformarla en acciones, convertirla en el pórtico de una nueva época.

Carlos Castillo | @altanerias

Carlos Castillo

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Director editorial y de Cooperación Institucional, Fundación Rafael Preciado Hernández. Director de la revista «Bien Común».

Comenzaron las elecciones primarias en Argentina

Salta fue el primer distrito donde comenzó la contienda electoral. El actual gobernador Juan Manuel Urtubey logró el triunfo. Siguen […]

Por: Alejandra Gallo 19 Abr, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Salta fue el primer distrito donde comenzó la contienda electoral. El actual gobernador Juan Manuel Urtubey logró el triunfo. Siguen ahora Mendoza y Capital Federal.

El gobernador bonaerense y precamndidato presidencial, Daniel Scioli, viajó a Salta a festejar el triunfo de Urtubey. Foto: Wikimedia Commons
El gobernador bonaerense y precamndidato presidencial, Daniel Scioli, viajó a Salta a festejar el triunfo de Urtubey. Foto: Wikimedia Commons

El domingo 12 de abril se realizaron en la Argentina las primeras elecciones primarias del cronograma electoral intenso que vivirá este país de cara a las elecciones presidenciales de octubre próximo. En Salta, el oficialismo logró ratificar a su candidato, el actual gobernador Juan Manuel Urtubey (quien va por su tercer mandato consecutivo, que la Constitución provincial le permite). Obtuvo el 47,28 % de los votos y se consolidó con su fórmula como la más votada por los salteños, que ahora irán a los comicios generales el 17 de mayo.

Salta es uno de los pocos distritos del país en el que hay voto electrónico; en este caso es la segunda elección con este sistema.

Para el oficialismo, el triunfo de Urtubey —quien en algún momento amagó con desmarcarse de las filas del kirchnerismo pero luego desistió— fue un alivio a nivel nacional. De hecho, el gobernador bonaerense Daniel Scioli viajó a la provincia para acompañar a su par salteño en el escrutinio y participó de la conferencia de prensa de este tras conocerse los resultados. También se sumaron otros precandidatos, como el ministro de Transporte, Florencio Randazzo, el de Defensa, Agustín Rossi y el jefe de Gabinete de la presidenta Cristina Kirchner, Aníbal Fernández.

Aunque Urtubey no logró retener la ciudad capital salteña, que en las primarias votó mayoritariamente al candidato del Frente Renovador que conduce a nivel nacional Sergio Massa, el hecho de que haya logrado en las abiertas y simultáneas a nivel provincial más de 13 puntos de diferencia con la segunda fórmula —encabezada por el exgobernador Juan Carlos Romero, con el apoyo del PRO (que lidera el jefe del gobierno porteño Mauricio Macri) y del Frente Renovador— alentó todo tipo de especulaciones dentro del oficialismo, en torno a las buenas expectativas que le esperarían en los próximos tests electorales.

El próximo distrito en revelar sus preferencias partidarias será Mendoza, el domingo 19 de abril. Allí pisa fuerte la fracción del radicalismo que no apoyó la alianza electoral con Macri. Constituirá, de manera indirecta, un primer termómetro para ese acuerdo.

No menos interesante serán las primarias en el distrito porteño, el próximo 26 de abril. Allí nuevamente las miradas se depositan sobre la intensa interna dentro del PRO. Se disputan la candidatura el actual jefe de Gabinete porteño, Horacio Rodríguez Larreta —a quien Macri apoyó públicamente como su candidato—, y la legisladora Gabriela Michetti, a quien Macri hubiera preferido como compañera de fórmula en la elección presidencial.

Son los primeros movimientos en el tablero electoral de la Argentina 2015, en que se elegirá mucho más que al próximo presidente; en todo caso, la ciudadanía se pronunciará por el destino institucional, el modelo económico y la inserción del país en el mundo.

 

Alejandra Gallo | @alegalloinfo
Periodista. Escribe para el diario El Cronista y trabaja en los programas Le doy mi palabra y Esta Semana, de Radio Mitre

 

Alejandra Gallo

Alejandra Gallo

Argentina. Periodista. Escribe para el diario "El Cronista" y trabaja en los programas "Volviendo a Casa" y "Esta Semana", de Radio Mitre.

Cumbre de las Américas 2015: saldo positivo, balance negativo

La presencia de Cuba y la apertura del gobierno de Estados Unidos ante el régimen castrista representan un avance que […]

Por: Carlos Castillo 16 Abr, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La presencia de Cuba y la apertura del gobierno de Estados Unidos ante el régimen castrista representan un avance que aún debe demostrarse en el respeto a los derechos humanos, la garantía de libertades y la transición democrática que permanecen pendientes y sin visos de solución.

 

Barack Obama, presidente de los Estados Unidos en la VII Cumbre de las Américas
Barack Obama, presidente de los Estados Unidos en la VII Cumbre de las Américas. /Foto: Oreste Del Río – Cancillería de Panamá

 

La prensa internacional destaca el principal de los saldos de la VII Cumbre de las Américas 2015, realizada en la ciudad de Panamá el 10 y 11 de abril: la asistencia del gobierno cubano, quien permanecía ajeno a este evento desde 1994, y la distensión de la relación entre el régimen castrista y el norteamericano, encabezado por Barack Obama.

El tema no es menor y viene antecedido por los primeros indicios de una apertura que bien puede calificarse como histórica entre ambas naciones: inicio de relaciones comerciales, revisión a las condiciones del embargo, pláticas entre representantes cubanos y estadounidenses, entre otros aspectos que bien pueden ser el principio de un cambio en el modo en que el mundo concibe la dictadura cubana.

Sin embargo, ese respaldo que da Washington al más longevo de los sistemas autoritarios en la región lleva consigo una moraleja que no debe dejar de señalarse. Y es que, si bien el acercamiento entre los dos países podría a la postre traducirse en el camino para abrir las puertas a temas como el respeto a los derechos humanos, la libertad de expresión y, en suma, los pasos que lleven una transición pacífica y de largo postergada, no hay certeza de que esto ocurra en el corto o mediano plazos, y queda pues relegada a segundo plano una condición fundamental para que Cuba avance hacia una próxima democratización plena.

Así quedó demostrado en los días previos a la cumbre, durante el IV Foro de Jóvenes de las Américas, una suma de eventos, mesas de trabajo y diálogos entre diversos sectores que se vio en no pocas ocasiones ofuscada por la presencia de grupos procastristas, que buscaron a toda costa impedir que las organizaciones de cubanos disidentes, incluida la encabezada por Rosa María Payá, Cuba Decide, expresaran opiniones críticas y contrarias a las oficialistas del régimen de Castro.

Esta situación, así como la cotidiana represión contra opositores que aún priva en la isla, demuestra con creces la poca aceptación y disposición del gobierno de La Habana para emprender una transformación auténtica y seria en materia de libertades. Demuestra también que el camino de lo económico es de sumo insuficiente para garantizar que será una puerta de entrada a la democracia.

Sin derechos claros y en el marco de un régimen abierto a la pluralidad y a la crítica; sin elecciones libres y sin partidos que puedan representar una alternativa política; sin persecuciones, intimidación e incluso el encarcelamiento o el asesinato de quien opina distinto, lo que ocurra en Cuba será un mero espejismo, una máscara sin cuerpo, un disfraz que se adorna de oropeles para continuar con una ausencia de democracia plena.

En medio de lo anterior, el documento conjunto de los expresidentes hispanoamericanos, llamado “Declaración de Panamá sobre Venezuela de los exjefes de Estado y de Gobierno”, manifestó una condena enérgica contra el gobierno de Nicolás Maduro y la compleja y cada vez más dolorosa realidad de aquel país. No obstante, el trato que recibió Raúl Castro de Obama no es aliciente para que el régimen venezolano cambie un ápice sus políticas de irresponsabilidad económica, de autoritarismo político y de represión contra la oposición.

Como bien lo señaló María Corina Machado en las redes sociales: “Un Castro que regresa a la OEA sin recriminación ni rectificación, no es precisamente el mejor incentivo para otros autoritarios”. Así, aquello que de positivo pudo tener la Cumbre de las Américas 2015, se convierte con toda claridad en un balance negativo, ocasión desperdiciada, manos que se estrechan entre sonrisas donde se esconde la indiferencia, la complicidad, la apatía y el desdén hacia la democracia, la solidaridad y la libertad.

Carlos Castillo | @altanerias

 

Carlos Castillo

Carlos Castillo

Director editorial y de Cooperación Institucional, Fundación Rafael Preciado Hernández. Director de la revista «Bien Común».

Estados Reunidos de América

Los mandatarios de todo el continente americano vuelvieron a reunirse en un foro internacional por primera vez desde 1956. El […]

Por: Ana Jacoby 15 Abr, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Los mandatarios de todo el continente americano vuelvieron a reunirse en un foro internacional por primera vez desde 1956. El evento no solamente da cuenta de los nuevos tiempos que corren en Cuba y los Estados Unidos, sino también de una profunda transformación en América Latina.

VII Cumbre de las Américas. Foto: Oreste Del Río - Cancillería de Panamá
VII Cumbre de las Américas. Foto: Oreste Del Río – Cancillería de Panamá

Luego de más de medio siglo de misivas indirectas, los gobernantes de Cuba y los Estados Unidos vuelven a reunirse cara a cara. Ambos son conscientes de que quedarán retratados en una foto para la historia. Llevan mucho tiempo evaluando esta decisión audaz. Las razones para romper con 59 años de inercia son muchas y los costos también.

Raúl Castro sabe que la transición política en Cuba es inminente. A sus 83 años parece haber elegido ponerse al frente de este proceso de transformación, respaldándose internamente en las estructuras del partido. También sabe que la situación económica en la isla es delicada. Sin embargo, nada de esto es nuevo y Cuba ha demostrado siempre una gran capacidad de adaptación. Ha sobrevivido a medio siglo de embargo comercial, a la caída de la Unión Soviética y posiblemente también pueda seguir adelante sin el apoyo que recibía hasta hace poco tiempo de Venezuela. Sin embargo, la crisis de su actual aliado estratégico puede haber contribuido a que el gobierno evalúe con otros ojos la posibilidad de cooperar con nuevos socios.

Barak Obama se encuentra en los dos últimos años de su mandato y está empezando a tomar decisiones pensando en su legado como presidente. Con pocos días de diferencia, ha apoyado iniciativas para levantar el embargo que pesa sobre Cuba y sobre Irán. Estas dos decisiones se pueden enmarcar en lo que el periodista Thomas Friedman denominó recientemente la Doctrina Obama, centrada en un acercamiento más pragmático a países a los que durante muchos años se intentó aislar.[1]

Obama es consciente de los cambios que se viven en el mundo árabe y de las limitaciones del enfoque con el que se abordaron los conflictos en Medio Oriente desde la era Bush. Del mismo modo, sabe que Latinoamérica se ha transformado sustancialmente desde aquella primera Cumbre de las Américas de 1994, en la que George W. Bush proponía liberalizar mercados y crear una gran zona de libre comercio. Por un lado, se han consolidado varios bloques subregionales con modelos de desarrollo e integración diferenciados. Por otro lado, Latinoamérica ha comenzado a hablar con una sola voz en ciertas cuestiones, como la oposición al intervencionismo externo, la necesidad de un nuevo enfoque para abordar temas como el narcotráfico o las migraciones, o la defensa activa de la institucionalidad democrática. La normalización de las relaciones con Cuba es otro de los temas en los que los líderes de la región han hecho sentir su voz de manera unánime. Por ello, la Cumbre de Panamá y el acercamiento entre Castro y Obama es también un triunfo para todo el continente, que vuelve a reunirse en foros internacionales luego de más de medio siglo.

 

Ana Jacoby | @WAXJacoby

 


[1] http://www.nytimes.com/2015/04/06/opinion/thomas-friedman-the-obama-doctrine-and-iran-interview.html?_r=0.

Ana Jacoby

Ana Jacoby

Doctora en Ciencia Política (Freie Universität Berlin). Licenciada en Ciencia Política (Universidad de Buenos Aires). Profesora Investigadora en el Centro de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Autónoma de Campeche, México. Ha sido consultora externa en proyectos del Banco Mundial y la Unión Europea y coordinadora de proyectos sobre medios de comunicación y democracia en la Fundación Konrad Adenauer.

Domando al tigre

Con la muerte de Lee Kuan Yew, uno de las más inesperadas figuras políticas contemporáneas, volverán las ensoñaciones de un […]

Por: Guillermo Tell Aveledo Coll 10 Abr, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Con la muerte de Lee Kuan Yew, uno de las más inesperadas figuras políticas contemporáneas, volverán las ensoñaciones de un emergente “modelo asiático”. Debemos tomar las lecciones correctas.

Retrato simplificado de Lee Kuan Yew, colorizado / Autor: Guillermo T. Aveledo
Retrato simplificado de Lee Kuan Yew, colorizado / Autor: Guillermo T. Aveledo

Es difícil imaginar a ningún estadista occidental con vida —¿Helmut Kohl? ¿Felipe González?— que pueda ser recordado con la solemnidad y admiración con que los editoriales y obituaristas han dedicado al líder singapurense Lee Kuan Yew, quien ha fallecido a los 91 años de edad.

Lee fue primer ministro de Singapur desde poco antes de su emancipación de Malasia hasta la última década del siglo XX (fungiendo además como Senior Minister y Mentor Minister hasta estos días). Se nos recordará una historia muy sencilla: sus políticas públicas transformaron a ese olvidado y subdesarrollado puerto del sudeste asiático, desde la humillación de la política poscolonial —y la postración de la ocupación japonesa— hasta el emporio de comercio, logística y servicios financieros, y ejemplo de tecnología, alto nivel educativo y desarrollo social que es esa pequeña ciudad-Estado. Siendo el líder de la elite china minoritaria en la península pero dominante en la isla, intentó forjar un espíritu cohesivo más allá de los clivajes raciales y sociales.

Poco se le puede objetar, en sí misma, a esa narrativa: Singapur no deja de sorprender a sus promotores —que la postulan como ejemplo de una sabia tecnocracia antipopulista— y detractores —que la definen como un fascismo de rostro amable—. En ambas perspectivas, no se le confundirá con las democracias de corte occidental, que el propio Lee desdeñaba en sus últimas décadas, como inadaptables a las naciones emergentes.

Lee se forjó en tres tradiciones en una amalgama peculiar: el nacionalismo asiático emergido de la crisis imperial de la posguerra; el entusiasmo por la planificación centralizada del laborismo británico (cuyos primeros éxitos observó directa y críticamente), y la tecnocracia cantabrigense de sus años como estudiante. Con el tiempo y el improbable éxito, se acercaría al mercado, mientras promovería la idea según la cual el éxito de la isla se debía a los valores asiáticos, enfatizando la herencia pragmática y disciplinada del confucianismo, con su respeto al trabajo, a la comunidad y a los ancestros, en una versión renovada de la ética protestante y el espíritu del capitalismo para países asiáticos que a fines de los noventa fue muy celebrado en el zeitgeist finihistórico fukuyamiano. Lo curioso es que no era una celebración del capitalismo y su proverbial expansión del espíritu y la innovación, sino un modo de denunciar que el individualismo y el radicalismo eran falacias occidentales que estorbaban a sociedades en desarrollo. Vino viejo en odres nuevos, en realidad.

Pero su legado no termina allí: el pragmatismo en las ideas de Lee coincide con un tiempo de duda y decaimiento de los valores occidentales, minados por cambios no resueltos y contrastados con la seguridad de sus rivales en el escenario mundial. Lee, que había sido un decidido apoyo para el bloque occidental en la convulsa Asia poscolonial de la alta guerra fría, no dejaba de ver con respeto el autoritarismo con prosperidad de la China pos Deng, sin dejar de hacer notar sus carencias. Como fuese, fue enemigo del totalitarismo: su país había enfrentado las amenazas del agresivo nacionalismo militarista del populista Sukarno y su Konfrontasi, y de la subversión armada y política de los comunistas malayos y los Barisan Sosialis. La perdurabilidad de su Partido de Acción del Pueblo como partido dominante de un sistema político no siempre competitivo no es infrecuente en un régimen parlamentario de votación mayoritaria, y es notoria la absoluta ausencia de culto a la personalidad.

No fue tampoco Singapur la panacea de libre mercado que se inventan los neoliberales para imponernos sus recetas irreflexivamente. Buena parte de la herencia de Lee es un sistema que, si bien carece de muchas de las normas de seguridad social y laboral que caracterizan al Estado social en Occidente, no rehusó el uso enérgico del Estado e incluso importantes experimentos de ingeniería social, como lo fueron los programas de bloques de vivienda multirraciales, el servicio nacional o el currículum educativo-científico. Y no se diga a erradicar males como la corrupción, la delincuencia y el feroz combate al narco. Se parece más al republicanismo de Cicerón que a la calma confuciana.

Ahora bien, en el tablero mundial Singapur puede pivotar hacia alguno de los emergentes bloques, pero su viabilidad como nación está ligada al éxito de un mundo comercial pacífico, con equilibrio entre las potencias, y al progresivo fin de los autoritarismos expansivos, de los cuales ya fue víctima histórica. Y acaso por eso sus sucesores —incluido su hijo, el primer ministro Lee— han avanzado en algunas iniciativas modestas de liberalización, manteniendo a su vez los estrictos límites a la corrupción que caracterizaron a sus gobiernos. Esta es la verdadera muestra de su legado: la continuidad institucional y la inexistencia de una élite política extractiva y rapaz, que aproveche las ventajas naturales de una nación emergente para lograr inusitados avances sociales y económicos.

Escribir sobre Lee desde América Latina puede parecer un exotismo. Pero tenemos que recordar cómo, en el auge del neoliberalismo emergido de las dictaduras del Cono Sur, los tigres asiáticos eran ejemplo a seguir con una esperanza casi mecanicista. La evocación actual de desarrollo a través de maquilas y el resurgimiento de enclaves de economía y zonas económicas especiales vinculadas al capital chino —como se nota en Ecuador, Nicaragua y Bolivia, y se pretende en Venezuela— parecieran hacer eco vacuo de ese modelo. Pero es un espejismo del cual vale estar prevenidos, pues ya hemos tenido poder concentrado sin progreso, así que la fórmula de Singapur parece ser otra: una enorme inversión en desarrollo social, con un estricto apego al Estado de derecho. Singapur es la anti Cuba.

Tenemos nosotros una deuda con nuestra aspiración democrática: ¿cómo compaginar el desarrollo social a largo plazo con los naturales vaivenes de la política pluralista? Ninguna carrera política, especialmente una tan prolongada, permite una visión inequívoca. Lee, en sus memorias, decía que había domado un tigre; domemos nosotros los intentos de simplificarlo claudicando nuestros valores ante las amenazas presentes.

Guillermo Tell Aveledo | @GTAveledo
Doctor en Ciencias Políticas. Profesor en Estudios Políticos, Universidad Metropolitana, Caracas

Guillermo Tell Aveledo Coll

Guillermo Tell Aveledo Coll

Doctor en ciencias políticas. Decano de Estudios Jurídicos y Políticos, y profesor en Estudios Políticos de la Universidad Metropolitana de Caracas.

Paro general a la Presidenta Cristina Kirchner

La protesta contó con la convocatoria de todo el espectro de centrales gremiales que habían sido divididas por el kirchnerismo, […]

Por: Alejandra Gallo 10 Abr, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La protesta contó con la convocatoria de todo el espectro de centrales gremiales que habían sido divididas por el kirchnerismo, y tuvo la adhesión clave de dos gremios muy cercanos al Gobierno: los transportistas y los metalúrgicos.

La Presidenta y Hugo Moyano, en otros tiempos, en abril de 2009 en Casa de Gobierno. Fuente: Presidencia de la Nación Argentina - wikimedia commons

La Presidenta y Hugo Moyano, en otros tiempos. Abril de 2009, Casa de Gobierno | Fuente: Presidencia de la Nación Argentina, vía Wikicommons

Por primera vez en los últimos doce años, el martes 31 de marzo se realizó un paro general convocado por todas las entidades gremiales, es decir, incluso aquellas que en las últimas medidas de fuerza habían preferido permanecer al margen por su cercanía con el Gobierno. La convocatoria fue disparada por la CGT que conduce Hugo Moyano, la Azul y Blanca, que preside Luis Barrionuevo, y la CTA, de Pablo Micheli, y logró paralizar a todo el país con la adhesión clave de dos gremios cercanos al Gobierno. Por un lado, la UTA (que agrupa a todos los transportes del país de corta, media y larga distancia), y la de la UOM, cuyo titular Antonio Caló dejó en libertad de acción a los trabajadores metalúrgicos agremiados en esa central.

El motivo de forma de este paro fue el reclamo por, entre otras cuestiones, la modificación del impuesto a las ganancias. Ese tributo grava con el 35 % (según escalas salariales) a todos los empleados en relación de dependencia que ganan desde $ 15.000 mensuales. Hace dos años, el Gobierno de Cristina Kirchner subió ese piso pero no actualizó las escalas y dejó fuera de la modificación a los trabajadores independientes, profesionales, autónomos y pequeños comerciantes.

Con una inflación cercana al 40 % anual, según reconocen las consultoras privadas aunque no el Gobierno, muchos de los acuerdos salariales (paritarias) que se obtuvieron, en la práctica, terminaron siendo contraproducentes porque cada vez son más los asalariados que tributan este impuesto. Tal vez por esto, el nivel de acatamiento de la medida de fuerza fue tan rotundo que todas las centrales convocantes ya discuten un nuevo paro general, esta vez de 36 horas.

Para el Gobierno, el paro del 31 de marzo fue una medida adoptada para defender a los que más ganan. Ese mismo día, en cadena nacional, la presidenta festejó las mejoras salariales de los últimos años y anunció un plan de incentivo al consumo, su caballito de batalla en cada contienda electoral. Y le atribuyó la protesta al hecho de que quienes más ganan ahora no quieren que les quite una porción de su bolsillo para ayudar a los que menos tienen. En una alusión indirecta a la cantidad de trabajadores que hoy tributan ganancias porque han mejorado sus salarios. Para el ministro de Economía, Axel Kicillof (quien suena cada vez más fuerte como candidato del oficialismo en las próximas elecciones), el impuesto a las ganancias está bien aplicado y desalentó cambios.

Desde el punto de vista político, el impacto del paro fue aún mayor, ya que es la primera vez que hay una medida de fuerza de todas las centrales gremiales juntas durante una gestión kirchnerista; en especial, teniendo en cuenta que fue el matrimonio Kirchner el que logró, justamente, fracturar la CGT entre una oficialista (en manos del metalúrgico Caló) y otra opositora (que conduce el camionero Moyano, otrora aliado incondicional del expresidente Néstor Kirchner). Claro que este paro sólo fue posible en los últimos meses de gestión de la presidenta y se convirtió en el preludio de la próxima contienda electoral de octubre.

Alejandra Gallo | @alegalloinfo
Periodista. Escribe para el diario El Cronista y trabaja en los programas Le doy mi palabra y Esta Semana, de Radio Mitre

 

Alejandra Gallo

Alejandra Gallo

Argentina. Periodista. Escribe para el diario "El Cronista" y trabaja en los programas "Volviendo a Casa" y "Esta Semana", de Radio Mitre.

Enrique Shaw, el empresario cristiano

«La caridad implica también hacernos amables» era una de sus máximas. «Humanidad, comprensión, amabilidad, buen modo, no lastimar ni humillar, […]

Por: Redacción 22 Mar, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

«La caridad implica también hacernos amables» era una de sus máximas. «Humanidad, comprensión, amabilidad, buen modo, no lastimar ni humillar, tratar bien a los demás, con benignidad, cordialidad, mansedumbre, serenidad, confianza, dulzura, simpatía, sonrisa, paciencia, entusiasmo, amistad, compasión, generosidad, comprensión, perdón y misericordia son expresiones del amor, que es desear y hacer el bien al otro, con benevolencia». A lo largo de su vida breve, prematuramente truncada con apenas 41 años, imprimió ese estilo a su vida familiar, pero también a su actividad empresarial, como fundador de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) en 1952, y a sus inquietudes políticas, como impulsor de la creación del Partido Demócrata Cristiano (PDC) argentino en 1955. Se llamaba Enrique Shaw.

Fuente: WikiCommons Autor: Acdeano
Fuente: WikiCommons
Autor: Acdeano

Nacido en París el 26 de febrero de 1921, huérfano de madre a los cuatro años, esposo devoto y padre de familia numerosa, la existencia de Enrique Shaw representa un portentoso despliegue de la creatividad cristiana al servicio de una cultura fraterna de la empresa y del trabajo. Marino vocacional, casado con Cecilia Bunge en 1945, en 1946 se hizo cargo de la dirección de la Cristalería Rigolleau de acuerdo con una concepción cristiana de las relaciones de trabajo. O, en sus propias palabras:«hay que remediar las injusticias, trabajar con eficacia, energía, iniciativa… Es necesaria una distribución más justa de las riquezas. Hoy es cosa sabida que nada anda bien en una sociedad donde muchos están mal. Hay que saber distinguir y desechar lo superfluo».

Para eso, resultaba imprescindible «humanizar la fábrica». Evitar «la mecanización del trabajo». Respetar la dignidad humana, fomentar la amistad y la buena voluntad. Sostenía que «para juzgar a un hombre, hay que amarlo». Por eso, el empresario cristiano debía «encarnar a Cristo en la empresa». Y la única forma de hacerlo posible era fomentar la cooperación y la participación de los trabajadores, potenciar el desarrollo de su personalidad y ejercer la caridad, entendiendo que una empresa produce bienes, «y lo que mejor se acuerde a la dignidad del hombre. Pero que no vaya contra el bien común. Que sea bien distribuido el fruto». Recordar siempre que «Jesús respeta a los hombres: no los conquista por la violencia, los atrae; no los aplasta, los eleva».

Seguía la divisa de Paul Claudel, «la vida solo tiene valor si sabemos darla». Enrique Shaw la entregó el 27 de agosto de 1962 en Buenos Aires. Siervo de Dios desde 2001, se encuentra abierta la causa de su canonización.

 

Enrique San Miguel

Redacción

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Las campañas políticas y las ciberdifamaciones

Durante las campañas, los políticos son los más expuestos a insultos y amenazas. Se dice que las redes sociales son […]

Por: Jorge Dell'Oro 21 Mar, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Durante las campañas, los políticos son los más expuestos a insultos y amenazas. Se dice que las redes sociales son algo así como el ejercicio de una democracia virtual donde el ciudadano puede expresarse sin intermediación. Pero la realidad indica que muchas personas, amparadas en el anonimato, usan el ciberespacio como vehículo para la difamación, el agravio y la descalificación. Entonces,¿el mundo virtual refleja con exactatitud los sentimientos del mundo real?

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Foto: www.beliefnet.com

La posibilidad de que cualquier internauta pueda generar argumentos descalificadores, sean estos reales o ficticios, genera en no pocos casos un contagio —viralización— que instala una violencia discursiva nunca vista. Es notablemente peligroso cómo se han popularizado en la superpoblada galaxia digital estas nuevas autopistas del resentimiento social y la segregación. No se trata ya del agravio aislado. Hoy en las campañas políticas se cuenta con “equipos de respuesta”. El comentarista es un oficio remunerado; así como existen blogueros del partido A, existen los antipartido A.
Estos actores “anónimos” son los que instalan la pelea política generando climas de confrontación que no le hacen nada bien al sistema democrático. La frecuencia con que estos hechos se dan, pone en duda si es verdad que el mundo virtual es siempre un fiel reflejo del mundo real. Esta duda ha motivado que muchos periódicos discutan las ventajas e inconvenientes de la apertura de comentarios a sus notas.

Es difícil sancionar a los usuarios de Internet que sobrepasan los límites entre lo real y lo virtual difundiendo injurias o amenazas. Otros reclaman garantías. ¿Ante quién se deben hacer los reclamos? ¿Ante la policía, la justicia, el Estado o las empresas proveedoras del servicio? Por ahora no existe posibilidad de denunciar y que la acción prospere.
Veamos a modo de ejemplo lo que está pasando en las redes sociales, a partir de un trabajo reciente hecho por el Observatorio Web del Congreso Judío Latinoamericano . Mediante búsquedas en Google se tomaron palabras clave relevantes para distintas comunidades y se analizaron las primeras veinte respuestas, con este lamentable resultado:
– Sobre la comunidad judía: 27,78% de resultados negativos.
– Sobre inmigrantes bolivianos: 25% de comentarios negativos.
– Sobre extranjeros de origen paraguayo: 10% de comentarios negativos.

 

También se analizaron en Twitter algunas palabras y frases. Se escribieron 5603 tuits con la frase negro villero.* Hubo 1,74 tuits por minuto con la palabra villero. El 12,26% de los tuits que hacen referencia al holocausto judío, lo niegan o banalizan.
¿Serán las redes un ámbito donde se esté gestando una falsa plataforma democrática? La incógnita está abierta. De ser así en Latinoamérica, falsas democracias sobran.

Jorge Dell’Oro

* Negro villero: Expresión peyorativa que se utiliza en Argentina para discriminar a ciertos grupos de población que viven en barrios carenciados (villas miseria). Se asocia, aunque no exclusivamente, con personas pertenecientes a la clase baja, pobres y, más recientemente, con la delincuencia.

1 www.revistacoyuntura.com.ar

Jorge Dell'Oro

Jorge Dell'Oro

Argentino. Consultor en comunicación política

Violencia y legitimidad

En el debate sobre medios y fines solemos ponderar la posibilidad del ejercicio de la violencia política como un asunto […]

Por: Redacción 20 Mar, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

En el debate sobre medios y fines solemos ponderar la posibilidad del ejercicio de la violencia política como un asunto meramente instrumental. Esto es un error.

Hugo Chavez, declarando tras su intento de golpe de Estado el 4 de febrero de 1992. Autor: Guillermo T. Aveledo
Hugo Chavez, declarando tras su intento de golpe de Estado el 4 de febrero de 1992.
Autor: Guillermo T. Aveledo

En la psique pública venezolana, el mes de febrero se instala con una carga pesada de violencia política y social. Sin remontarnos a la guerra de independencia y los conflictos civiles, las décadas recientes han sido testigos de conflictos no resueltos, con cruentas manifestaciones: en 1989, los disturbios de Caracas y Guarenas; en 1992, el intento de golpe de Estado que propulsó a Hugo Chávez a la fama nacional. Y, apenas el año pasado, se inició la escalada de protestas que culminaron con decenas de fallecidos, heridos y detenidos.

Hechos remotos y recientes, y toda la agresión potencial en uno de los países más violentos del hemisferio emerge con frecuencia como evocativa manifestación de agendas no resueltas: la dificultad de canalizar demandas sociales, económicas y políticas y el vaciado de la esfera pública de deliberación estimulan la celebración de la política como lucha.

Pero esta concepción de lo político tiene una contradicción. Al elogiar la violencia propia como la búsqueda de la justicia y condenar las expresiones febriles del contrario como simple resentimiento, se anula cualquier posibilidad de entendimiento. A lo más, cuando se reacciona contra los llamados al uso de la fuerza suele hacerse bajo criterios instrumentales y pragmáticos: no es que la violencia sea mala, sino que no es la oportunidad apropiada para desplegarla.

Así, no solo se asume que la violencia es una herramienta política más, sino que solo la violencia podría hacer emerger —o lograr consolidar— un orden político legítimo. La costosa temeridad, en ocasiones disfrazada de realpolitik, olvida la gran lección de la historia contemporánea: no es que la violencia no haya sido nunca una ruta eficaz para alcanzar el poder, sino que no hay poder justo y duradero que surja de la violencia.

Mientras el discurso oficial excluye a millones de venezolanos al afincarse en la glorificación de la rebelión de 1992, la actitud hacia la violencia sigue siendo un elemento que divide a la alternativa opositora en Venezuela, azuzando serias contradicciones. No es infrecuente que ante el creciente autoritarismo aflore, de la desesperanza, la seducción del heroísmo justiciero, no como simple voluntarismo sino como angustioso anhelo de un orden nuevo.

Ante la duda es preciso detenerse y mirar atrás. ¿Qué lección puede aportarnos la doctrina y la práctica del humanismo cristiano? Doctrinariamente, estamos conminados a la denuncia de un orden injusto y corrompido, pero la vara para la acción violenta es alta, aun en la teoría de la rebelión iusnaturalista. El pacifismo cristiano supondría una inclinación reformista hacia el cambio político; la violencia no es intrínsecamente deseable, aun si se admite como último recurso.

Los hechos muestran que los movimientos y partidos democristianos han favorecido la transición pacífica hacia regímenes pluralistas sin dejar de denunciar enérgicamente las violaciones a los derechos humanos. En la era de las frecuentes dictaduras latinoamericanas, la búsqueda de coaliciones de participación y resistencia no violenta fue privilegiada a posturas golpistas o insurreccionales, incluso allí donde se encontraban a la vanguardia de la lucha social por el restablecimiento de las libertades. El éxito de la participación democristiana en las olas democratizadoras, que parece opacado por la mengua de poder actual, es testimonio de esa efectividad.

¿Es esto suficiente para enfrentar a los autoritarismos de nuevo cuño? Angustiosamente, pareciera que la exigencia ética del humanismo no está a la altura de este reto. Pero eso se debe a que no ofrece respuestas fáciles ni justificaciones pragmáticas, mientras que la vocación heroica de las vanguardias simplifica y entusiasma.

Recae en nuestros líderes políticos y de opinión el deber de mantener la conciencia pluralista, manteniendo su autoridad aun a costa de sacrificar su acceso al poder. No es una tarea fácil.

 

Guillermo Aveledo | @GTAveledo

 

Redacción

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El siglo de la igualdad…o no será

Este es el siglo de la igualdad, porque hasta ahora nuestro planeta ha vivido en dos velocidades: unos viven en […]

Por: Redacción 19 Mar, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Este es el siglo de la igualdad, porque hasta ahora nuestro planeta ha vivido en dos velocidades: unos viven en el 2014, mientras otros recién salen del feudalismo en muchos rincones del mundo. Este es el período en que se construyen las grandes definiciones del siglo XXI.

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Pareciera que vivimos en un mundo post todo. Posmaterialismo, posmodernismo, es decir, posterior a todo lo vivido. Este interregno se está haciendo demasiado largo. Desde el fracaso del fin de la historia con Fukuyama, le señalamos post a algo para denotar que ya no existe lo que alguna vez fueron nuestras certidumbres y que recién podemos colegir si realmente se acabaron. Lo interesante es que en este nuevo siglo que estamos por fin comenzando, el cambio es de consignas pero no de actores. La tensión Este-Oeste no se acaba. Quienes lucharon en el fin de la guerra fría contra los soviéticos en las puertas de Kabul, terminaron haciéndolo dos décadas después contra Occidente, y en particular los Estados Unidos. Solo Ucrania viene a ocupar el lugar que los países balcánicos tuvieron hace un siglo, el único cambio real de actores.

En este contexto, la gran pregunta es qué tipo de eje ideológico, político y social vendrá. Mientras el siglo XIX fue del liberalismo en los procesos de emancipación política en América Latina, el siglo XX representó la aparición de las clases populares en el proceso político, la apertura de las democracias poliárquicas, al menos en Occidente. Fue el tiempo de los ideologismos. Todo aquello que terminó cayendo con el muro de Berlín.

 

Por eso cabe preguntarse ahora: ¿qué viene? Occidente, y en especial el mundo desarrollado, descubrió que el mundo árabe, África y muchos lugares en América Latina no han sido tocados por el posmaterialismo. Es decir, en este planeta hay quienes viven en la abundancia, quienes tienen la posibilidad de preocuparse del medioambiente, el futuro del alma o el disfrute de un estómago lleno. Sin embargo, existe otra mitad, la de los que nunca han llamado por teléfono, para quienes comer es la lucha diaria y vivir bajo el feudalismo medieval es una realidad brutal. Ese es quizás el efecto de la globalización sobre este siglo: asumir que vivimos en un planeta pero varios mundos. Así como los últimos dos siglos fueron de los derechos de Occidente, este será de la igualdad planetaria. Solo así, tal vez algún día las demandas posmateriales puedan ser globales y no un problema reducido a las calles de Boston o Ámsterdam.

Jaime Baeza
Redacción

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Tocqueville

Cuando certezas ideológicas fanatizadas, arropadas en la ciencia o en la tergiversación de la fe, hacen tambalear el ánimo democrático, […]

Por: Redacción 19 Mar, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Cuando certezas ideológicas fanatizadas, arropadas en la ciencia o en la tergiversación de la fe, hacen tambalear el ánimo democrático, es bueno rememorar algunas lecciones del genio francés.

 

Autor: Guillermo T. Aveledo  Detalle del retrato de Tocqueville de Théodore Chassériau, superpuesto a la imagen "Election Day in Philadelphia" de John Lewis Krimmel, 1815
Autor: Guillermo T. Aveledo
Detalle del retrato de Tocqueville de Théodore Chassériau, superpuesto a la imagen «Election Day in Philadelphia» de John Lewis Krimmel, 1815

Hace pocas semanas se cumplieron 180 años de la publicación francesa de La démocratie en Amérique, el profundo y visionario libro del abogado, político e intelectual Alexis de Tocqueville.

El periplo del joven pensador normando junto con su compañero Gustave de Beaumont por los Estados Unidos de la democracia jacksoniana es uno de esos viajes arquetípicos de las elites europeas en la forja de las grandes ideas contemporáneas: Humboldt en Sudamérica, Darwin en el Beagle… Sería fascinante imaginar qué habrían concluido los autores si hubieran puesto su trascendente vista en las jóvenes repúblicas hispanoamericanas, con sus peculiaridades físicas y raciales, y sus continuidades culturales y religiosas.

Pero Tocqueville no ha de quedar en la fantasía de anticuario; es tal su sagacidad que a cada paso nos encontramos comentarios que se proyectan en la realidad de las democracias actuales. Más aún, cuando predicen la ansiedad humanista frente a esta cosa nueva que es la democracia.

La advertencia central de Tocqueville fue que la democracia no estaba predeterminada hacia la libertad, sino que implicaba también una nueva clase de despotismo. Y planta estos riesgos frente al individualismo disolvente y al colectivismo deificado de los primeros socialistas. La alternativa tocquevilliana, que reta las categorías ideológicas usuales, es la reafirmación de la comunidad frente a las tenazas del Estado y las precarias defensas del individuo aislado y egoísta. Un cúmulo de asociaciones voluntarias, emprendimientos, partidos, reflejan la vitalidad humana y crean múltiples espacios para la libertad adelantándose a nuestra noción de subsidiariedad.

Entre esos espacios, que Tocqueville plantea contra la intuición de casi todo teórico decimonónico, se encuentran los que proveen las Iglesias y las religiones. La reunión de los hombres —entre sí y con lo trascendente— es incompatible con el nuevo despotismo. Predijo así la influencia de la fe en la resistencia frente a las dictaduras de todo signo, y como factor de las olas democratizadoras del siglo XX, identificando a su vez el terrible riesgo de la sacralización de ideologías seculares y reconociendo la necesidad del pluralismo.

Con esto podemos sumar su aleccionador escepticismo ante el ego del político y la arrogancia ideológica. Como advierte ante el supuesto genio constituyente norteamericano: «El legislador logra, a veces, después de mil esfuerzos, ejercer una influencia indirecta sobre el destino de las naciones, y entonces se celebra su genio, en tanto que a menudo la posición geográfica del país sobre la cual nada puede hacer, un Estado social que se ha creado sin su concurso, las costumbres e ideas cuyo origen ignora, un punto de partida que no conoce, imprimen a la sociedad movimientos imponderables contra los cuales lucha en vano y que lo arrastran a su vez». No es esta una invitación al fatalismo, sino una mirada realista al quehacer del estadista, que si no domina todos los factores sobre los que gobierna, verá determinado su éxito por el modo en que conoce los elementos materiales, culturales e históricos que han forjado su sociedad y su mundo.

Las posibilidades y los riesgos de la política, que vivamente abordó Tocqueville en su práctica e ideas, resuenan hoy como inspiración para el humanismo contemporáneo y para este viaje inacabado hacia la democracia.

 

Guillermo Aveledo | @GTAveledo

Redacción

Redacción

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Política y amores virtuales

La comunicación en torno al amor y a la política se parecen más que nunca. La palabra escrita y la […]

Por: José Alejandro Cepeda 10 Mar, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
La comunicación en torno al amor y a la política se parecen más que nunca. La palabra escrita y la plaza pública son relevadas por el reduccionismo de lo virtual.

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WeTransfer | The Guardian

Malos tiempos vive hoy la poesía al servicio del amor en Latinoamérica y en el mundo. Hace tiempo que las parejas dejaron de dedicarse extractos de las canciones desesperadas de Neruda, o jurarse compañía eterna en torno a la platónica obra de un Benedetti. Hoy las parejas se ritualizan también en torno a canciones, pero descargadas de Internet y recordatorias del top 40 de lo pasajero.
Los políticos del presente también se parecen a los amantes posmodernos: las reuniones en plaza pública y los abrazos que definían el contacto entre el representante y sus electores dan paso a la telepolítica y la democracia de audiencias, donde aquella política hace parte del entretenimiento y se reina o se desploma según el rating y las encuestas.

Los Beatles cantaban hace 50 años I want to hold your hand. Si Romeo hubiese sido considerablemente menos viejo hubiera vivido quizá la beatlemanía y le tomaría a Julieta la mano. Pero si nuestro galán, aún más joven, fuese parte de la generación posterior a la guerra fría, primero intentaría que ella lo agregara en su lista de contactos, en alguna de sus abultadas redes sociales. Luego su amor y su vida dependerían de una llamada perdida. “Antes de subir al balcón te timbro dos veces”, dejaría escapar secreta y astutamente Julieta.

Los políticos, los partidos y los antiguos oradores no se quedan atrás. Se identifican por perfiles, portales y su capacidad de afectar a redes de ciudadanos-consumidores. Y han logrado lo imposible: que la filosofía política, las ideologías, los programas o la rendición de cuentas quepan en 150 rácanos caracteres de texto virtual. Hoy se gobierna, se hace oposición, se critica, se genera rumor, se afirma, se renuncia, se desmiente, se hace política desde Twitter.

 

De otro lado, aquellos indignados que lograron ser el personaje del año en la revista Time en 2011 han apoyado sus acciones colectivas en las nuevas tecnologías. Hubiera sido imposible sin ellas darse cita a tiempo en las protestas estudiantiles de Chile, en los plantones de Wall Street, en las paradas colectivas en el Kilómetro Cero de Madrid o para el abrazatón o besatón a favor de la paz en alguna universidad colombiana. Y con mayor gravedad, no hubiera existido quizá primavera árabe sin la posibilidad de sortear la censura estatal de no haber mediado un teléfono en la mano.
La política, como el amor, ya no viaja a bordo de la sintaxis ni espera iluminar desde las páginas de un libro. La metáfora y el teorema son abreviaciones. El poder y la pasión están obligados a quedar consignados en Facebook para ser relevantes: de lo contrario no habrán existido y jamás conseguirán los votos para ser imperecederos. De romper Romeo y Julieta, ella no pediría la devolución de sus cartas y fotos, ni él que le regresaran la noche y la luna (¿cuál luna? ¿cuáles cartas?). Solo se dirían por WhatsApp: “Hasta la vista, baby, esta campaña ha terminado”.

José Alejandro Cepeda | [email protected]
José Alejandro Cepeda

José Alejandro Cepeda

Colombiano. Periodista y politólogo. Doctor en Ciencias Políticas y de la Administración. Profesor de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá

Nicaragua: el pueblo contra el populista

La construcción del Gran Canal Interoceánico ha traído consigo la disconformidad de las clases populares y rurales, en las que […]

Por: Carlos Castillo 9 Mar, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La construcción del Gran Canal Interoceánico ha traído consigo la disconformidad de las clases populares y rurales, en las que Daniel Ortega basó su discurso populista y que serán las primeras afectadas por una obra que está valorada en 50.000 millones de dólares.

 

Fuente: Gobierno de Nicaragua
Fuente: Gobierno de Nicaragua

La posibilidad de construir competencia ahí donde hay monopolios representa una de las grandes ventajas del libre mercado.

En la actualidad, en cualquier país donde este florezca, sea regulado pero al mismo tiempo tenga la flexibilidad para impulsar nuevas empresas, la creatividad, el ingenio y la ambición personales pueden llevar a que la más básica idea se transforme en un negocio próspero y redituable.

América Latina ha contado con un monopolio regional hasta la fecha intocado: el paso entre océanos que desde principios del siglo XX es dominio exclusivo de Panamá, cuyo canal es capaz de producir 1.300 millones de dólares al año, ha sido escenario de guerras y conflictos internacionales y es, por excelencia, un símbolo nacional.

Romper el monopolio del canal panameño es complejo, pues la geografía juega un papel determinante. El único país que por sus características orográficas lo ha intentado es Nicaragua, en 72 ocasiones, cada una fracaso rotundo, cada una con el deseo de hacerse con una parte de la riqueza que produce el puente entre continentes.

El septuagésimo tercer esfuerzo por lograrlo se encuentra, hoy día, licitado y adjudicado a la empresa Nicaragua Development Investment, propiedad del empresario hongkonés Wang Jing; lleva el nombre de Gran Canal Interoceánico y es un esfuerzo con el que el presidente Daniel Ortega busca abrir un mercado que ayudaría de sobra a un país cuyo producto interno bruto per cápita es el más bajo de Latinoamérica (2.551 dólares en 2012, según el PNUD).

No obstante, el gobierno de Ortega enfrenta serias objeciones de campesinos y agricultores quienes, simpatizantes con su causa política en un principio, ahora cuestionan y ponen en riesgo el proyecto. Acusan que no han sido consultados y que seguramente sufrirán las muy impopulares medidas de expropiación de tierras, generación de mano de obra para extranjeros, y beneficios que tardarán tiempo en llegar a la población promedio.

Cuando se intenta entrar al libre mercado tras décadas de empuñar un discurso populista, la realidad saca a la luz las contradicciones de una retórica falaz y sofística, donde el simplismo del bien contra el mal debe atenuarse y hasta contradecirse, para explicar que aquellos grandes enemigos del pueblo como la inversión privada y los grandes capitales no son precisamente tan malévolos como se anunciaba en la campaña electoral.

Las clases populares y rurales que dieron su respaldo a Ortega son las que padecerán las afecciones más inmediatas. Son también las que comprometen la viabilidad del nuevo canal. Un pueblo que alza la voz contra el populista converso.

 

 

Carlos Castillo | @altanerias

 

Carlos Castillo

Carlos Castillo

Director editorial y de Cooperación Institucional, Fundación Rafael Preciado Hernández. Director de la revista «Bien Común».

Una marcha que en silencio gritó ¡justicia!

Jueces y colegas de Nisman convocaron una manifestación en homenaje al fiscal muerto en democracia por investigar supuestos encubrimientos de […]

Por: Alejandra Gallo 9 Mar, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

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Jueces y colegas de Nisman convocaron una manifestación en homenaje al fiscal muerto en democracia por investigar supuestos encubrimientos de la presidenta con Irán por el atentado a la AMIA. Participaron referentes de la oposición, sin consignas partidarias, y ningún funcionario. Las hijas del fiscal, su madre y su exesposa encabezaron la marcha.

Debió transcurrir casi un mes y medio desde la muerte del fiscal Alberto Nisman para que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner dijera “lamento la muerte de Nisman”. Fue en la inauguración de las sesiones ordinarias del Parlamento, el 1° de marzo.

La mención ocurrió luego de que el juez Daniel Rafecas resolviera —justo el viernes 27 de febrero— que “el Gobierno argentino no quiso encubrir el atentado de la AMIA”, según él mismo redactó en su documento judicial. Nisman había denunciado que la presidenta y varios de sus ministros habrían firmado un acuerdo comercial con Irán, detrás del cual en realidad el verdadero objetivo era encubrir funcionarios iraníes que habrían sido responsables del atentado a la AMIA, ocurrido hace 21 años y sobre el que no hay ningún culpable identificado aún. Es decir, la decisión de Rafecas deshace la hipótesis de Nisman y ya fue apelada por el nuevo fiscal Pollicita.

Nisman apareció muerto en su departamento de Puerto Madero el 18 de enero, 24 horas antes de concurrir al Congreso a dar más detalles sobre su investigación. Por ese tremendo shock político, social e institucional que vive hoy la Argentina a solo siete meses de las elecciones presidenciales y diez meses de la asunción del próximo Gobierno, los jueces y fiscales convocaron a una marcha silenciosa de homenaje a Nisman cuando se cumplió un mes de su muerte. Fue una convocatoria a la que acudieron, según estimaciones de los organizadores, cerca de 300.000 personas y en la que no hubo consignas político-partidarias aunque acudieron los principales referentes de los partidos de la oposición y ningún funcionario del Gobierno. La manifestación salió del Palacio de Tribunales cerca de las 18 horas del jueves 18 de febrero y concluyó cerca de las 21 horas en Plaza de Mayo y en la Fiscalía de Nisman, ubicada a metros de allí.

Esa manifestación tuvo su toque particular debido a una tupida lluvia que se desató esa tarde sobre la capital argentina que llevó a muchos a recordar la fecha patria del 25 de mayo de 1810. De la marcha participaron las hijas de Nisman, su madre y su exesposa, la jueza Arroyo Salgado, quien es parte de la causa en representación de las menores.

Ese mismo día, la presidenta había inaugurado (por tercera vez) la represa Atucha II, rebautizada Presidente Néstor Kirchner y no se refirió al homenaje al fiscal muerto en democracia, aunque sí lo hizo al “partido judicial”, como denominó a los jueces y fiscales que, desde su perspectiva, intentan desestabilizar a su gobierno. Lamentablemente, por ahora hay demasiada dialéctica y muy pocos hechos concretos en torno a la muerte no esclarecida de Nisman, las sospechas que recaen sobre la presidenta y su entorno más cercano y el mismísimo atentado a la AMIA, ocurrido hace 21 años y sobre el que no hay aún ningún culpable identificado.

 

Alejandra Gallo | @alegalloinfo
Periodista. Escribe para el diario El Cronista y trabaja en los programas Le doy mi palabra y Esta Semana, de Radio Mitre

 

Alejandra Gallo

Alejandra Gallo

Argentina. Periodista. Escribe para el diario "El Cronista" y trabaja en los programas "Volviendo a Casa" y "Esta Semana", de Radio Mitre.

Rousseff y el amargo de la victoria

Luego de los comicios del domingo 26 de octubre en Brasil, que dieron la victoria a Dilma Rousseff por un […]

Por: Carlos Castillo 9 Mar, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Luego de los comicios del domingo 26 de octubre en Brasil, que dieron la victoria a Dilma Rousseff por un margen menor al 3%, el escenario del país es complejo e incierto, frente a una oposición fortalecida y que poco a poco ha logrado mermar más de 10 años de hegemonía del Partido de los Trabajadores.

Dilma Rousseff en la VII Cumbre de las Américas / Fotografía: Oreste Del Río - Cancillería de Panamá
Dilma Rousseff en la VII Cumbre de las Américas / Fotografía: Oreste Del Río – Cancillería de Panamá

El margen de victoria fue el menor de los últimos 25 años. La campaña, de contraste y polarización, al punto de construir narrativas inéditas en los comicios del país: maniqueísmo que acompañó a Dilma Rousseff, quien en busca de marcar una diferencia con su contrincante, Aécio Neves, llevó la estrategia a los extremos del discurso.

Así, términos como blancos desarrollados versus negros oprimidos, centros urbanos desarrollados versus periferia abandonada, economía asistencialista versus capitalismo egoísta que mermaría el crecimiento de la clase media brasileña fueron, entre otros, parte de una segunda vuelta que apenas logró una diferencia de tres millones de votos en un padrón de 146 millones de electores.

El ambiente preelectoral venía acompañado con el dispendio visto durante la Copa del Mundo, apenas en el verano, y las protestas callejeras que exigían empleo, seguridad social, servicios urbanos; asimismo, la corrupción señalada en Petrobras, el gigante petrolero y sus funcionarios acusados de aportar recursos al Partido de los Trabajadores.

Lula da Silva tuvo que apuntalar el esfuerzo de su pupila durante las últimas semanas de campaña. Defender los niveles de desempleo de apenas 5% fue parte del argumento. También la promesa de continuidad de una serie de subsidios que han logrado sacar de la miseria y, poco a poco, desde 2003, insertar en la clase media a millones de ciudadanos. La clave del triunfo radicó en ese sector de la población, esperanzado en alcanzar ese desarrollo comprobado y palpable, mediante una estrategia electoral construida, con minucia, para captar ese voto de la ilusión, que favoreció a Rousseff el pasado 26 de octubre.

Cuatro días después, no obstante, un estudio mantenido en secreto durante la campaña, y realizado por el Instituto de Investigación Económica y Aplicada, perteneciente al Gobierno (www.ipea.gov.br), reveló un aumento en el número de habitantes que viven por debajo del umbral de pobreza, cifra que se incrementó, por primera vez en diez años, de 10,08 a 10,45 millones.

Poco duró el discurso de que la probable elección de Neves pondría en riesgo la reducción constante de la miseria. Por el contrario, refuerza el argumento de este respecto del agotamiento del modelo económico inaugurado por Lula y continuado por Roussef. Los saldos de la campaña y de la victoria, a la luz de estos datos, se reducen a: un país dividido pero con una madurez democrática notoria; una economía estancada incapaz de producir los dividendos de hace apenas cinco años; un Parlamento con 28 partidos políticos y donde el Partido de los Trabajadores perdió 18 diputados, lo que genera una gobernabilidad enredada y casi imposible; una oposición fortalecida por la victoria de Neves en San Pablo, donde se concentra 30% del producto bruto y 50% del producto industrial el país.

Serán años complicados para Brasil. Quizá el comienzo del fin de una era que ya, desde hace tiempo, languidece.

 

 Carlos Castillo | @altanerias

Carlos Castillo

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Director editorial y de Cooperación Institucional, Fundación Rafael Preciado Hernández. Director de la revista «Bien Común».

El miedo, la estrategia en Venezuela

El mayor enemigo de un régimen autoritario es el miedo. La reacción del gobierno de Maduro ante la visita de […]

Por: Carlos Castillo 8 Mar, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El mayor enemigo de un régimen autoritario es el miedo. La reacción del gobierno de Maduro ante la visita de Andrés Pastrana, Sebastián Piñera y Felipe Calderón es muestra del mayor mal que aqueja a la actual administración venezolana.

Solo donde se teme a la libertad, la crítica pierde su validez y se la califica de conspiración. Solo donde se teme a la libertad, se encarcela y se levantan falsos cargos a quienes alzan su voz contra el gobierno. Solo donde se teme a la libertad, se denuesta, se calumnia y se desacredita con el peso del Estado a quien opine distinto a lo que las versiones oficiales imponen.

En Venezuela, ese miedo a la libertad se manifiesta de manera cotidiana y ha sido la estrategia para aislar a un país que cada vez más da la espalda al mundo, al que el mundo cada vez da más la espalda, como a Cuba le ocurrió en su momento, como pasa con Corea del Norte. Muros que levanta la indiferencia; cárceles a las que cada vez menos se atreven a visitar.

El líder opositor, Leopoldo López, detenido e incomunicado desde hace un año. La congresista María Corina Machado, desaforada y con cargos de conspirar contra la vida de Nicolás Maduro. Los espacios donde la libertad se ejerce —los medios, el propio Congreso— secuestrados, expropiados, adquiridos por empresarios fieles al sistema. Temor, pánico, terror ante la libertad en todos los ámbitos de la vida pública y cada vez más en la privada.

Contra esa cerrazón y ese abandono fue que los expresidentes Andrés Pastrana (Colombia), Sebastián Piñera (Chile) y Felipe Calderón (México) acudieron el pasado 26 de enero al foro «Poder ciudadano y la democracia de hoy», organizado por la congresista Machado.

En cuanto el anuncio del evento comenzó a difundirse, el miedo de nuevo: Maduro ante la plaza abarrotada y el escenario pleno de cercanos fieles se lanzó contra los mandatarios acusándolos de ser patrocinados por el narcotráfico, de pertenecer a la extrema derecha, de ser responsables del posible baño de sangre que traería a Venezuela su visita.

Contagiar miedo. Difundir miedo. El discurso del miedo que desde el podio adelanta consecuencias fatales frente al ejercicio de la libertad. El miedo a que Piñera y Pastrana escucharan y transmitieran el mensaje de Leopoldo López, a quien no se les permitió visitar.

Las armas que portan los oficiales que temen lo que pueda decir una voz; los recursos que ostentan quienes temen porque la economía falla, el desabastecimiento se impone como prueba de la incompetencia y la corrupción, el precio del petróleo pone en jaque finanzas ya de por sí mermadas y hasta los antiguos compañeros cubanos de ruta saltan del barco en busca de alguna solución.

El gobierno venezolano languidece por temor a la libertad. Ese miedo es el que marca, desde la ascensión del chavismo y cada vez con mayores muestras, su actuar. Ese miedo es el que marca su ruta fatal.

 

 

 Carlos Castillo | @altanerias

Carlos Castillo

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Director editorial y de Cooperación Institucional, Fundación Rafael Preciado Hernández. Director de la revista «Bien Común».

Argentina: ¡Cuidado con los precios!

Con una inflación cercana al 40 % anual y no reconocida oficialmente, el gobierno argentino renovó hasta fines de su […]

Por: Alejandra Gallo 1 Mar, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Con una inflación cercana al 40 % anual y no reconocida oficialmente, el gobierno argentino renovó hasta fines de su mandato un acuerdo de precios que apunta a negociar subas graduales en una canasta de casi 500 productos. Para el equipo económico este programa es un golpe a la especulación; para el sector privado, en cambio, no termina con la inflación. Se escuchan reclamos por un plan antiinflacionario.

Foto: Alejandra Gallo
Foto: Alejandra Gallo

El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner lanzó el 12 de enero pasado Precios Cuidados II, un acuerdo con empresas alimenticias y supermercadistas de todo el país para contener las subas en una canasta de 451 productos de consumo masivo que abarca alimentos y productos de limpieza.

Este acuerdo, que el Gobierno extendió hasta el final de su mandato, tuvo su primera edición en enero de 2014 luego de una devaluación del peso argentino. Contempla subas escalonadas. De acuerdo con lo expresado por el secretario de Comercio, Augusto Costa, se autorizarán aumentos de precios de 3,8 % en promedio hasta abril.

Algunos de los cuestionamientos que recibió este programa en su primer año de vida estuvieron relacionados con la disponibilidad de los productos. El director de la Federación de Supermercados y Asociaciones China, Miguel Calvete, aseguró que en esta segunda etapa los stocks estarán controlados y habrá menos faltantes.

Según dijo en su presentación en el Ministerio de Economía el titular de esa cartera, Axel Kicillof, «Precios Cuidados fue un golpe a la especulación y es una puesta en práctica, un ejercicio vivo de cómo actúa el Estado en defensa de los consumidores pero sin violentar ni vulnerar la libre empresa».

Más allá de las palabras, la principal crítica que recibió este acuerdo fue que no frenó la inflación. Hasta el cuestionado Instituto de Estadísticas y Censos (INDEC) tuvo que admitir que el índice de precios al consumidor nacional urbano (IPCnu) fue de 23,9 % en 2014, el más alto desde 2002. Para las consultoras privadas, en cambio, que difunden sus mediciones a través de legisladores de la oposición en el Congreso,[1] la suba de precios fue de 38,5 %.

El gran desafío ahora es que Precios Cuidados II logre en 2015 encorsetar la inflación. El vocero de la Cámara de Supermercados (CAS), Fernando Aguirre, ya advirtió que no será suficiente porque para eso se requiere un conjunto de medidas. Todos los precandidatos presidenciales, de hecho, le reclaman un plan antiinflacionario al Gobierno porque coinciden en que será el próximo presidente quien deberá resolver esta papa caliente, así como la caída en la actividad económica y el acuerdo con los bonistas.

Informalmente, en el Palacio de Hacienda admiten que sin este acuerdo la inflación 2014 habría sido mayor y consideran que con Precios Cuidados II lograrán desacelerar el incremento en los precios, en especial durante el primer semestre de este año, justo antes de que los argentinos vayan a las elecciones presidenciales, en octubre próximo.

Alejandra Gallo | @alegalloinfo
Periodista. Escribe para el diario El Cronista y trabaja en los programas Le doy mi palabra y Esta Semana, de Radio Mitre

 


[1] El exsecretario de Comercio, Guillermo Moreno, quien intervino el INDEC en febrero de 2007, denunció ante la justicia a una docena de consultoras privadas por difundir las mediciones de inflación. La justicia sobreseyó a las consultoras y estas siguen utilizando este procedimiento para difundir sus mediciones.

Alejandra Gallo

Alejandra Gallo

Argentina. Periodista. Escribe para el diario "El Cronista" y trabaja en los programas "Volviendo a Casa" y "Esta Semana", de Radio Mitre.

Odio

Podemos debatir la presencia de opiniones extremas en nuestro debate público. Lo que parece dudoso es permitirles enseñorearse en el […]

Por: Redacción 22 Feb, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Podemos debatir la presencia de opiniones extremas en nuestro debate público. Lo que parece dudoso es permitirles enseñorearse en el foro.

La Libertad enarbolando el odio Autor: Guillermo T. Aveledo
La Libertad enarbolando el odio
Autor: Guillermo T. Aveledo

Slavoj Žižek, el filósofo esloveno, comentaba el vil ataque contra la revista satírica Charlie Hebdo, señalando que los demócratas de Occidente eran tibios y pusilánimes al pretender moderación ante los apasionados adversarios islámicos. Ante eso, Žižek proclamaba que el extremismo político —de izquierdas, claro— no era una corriente meramente aceptable, sino esencialísima a la democracia.

Aunque no se ajusta un #JeSuisCharlie, como comprensiblemente exclamó una opinión global indignada, el filósofo del shock nos espeta una empobrecedora conclusión. Para defender la civilidad hay que dejar la civilidad de lado. La libertad no tendría límites y la pasión de la convicción es más poderosa que la posibilidad de entendimiento. Sin el odio, esta quedaría bajo el soporífero dominio de las verdades establecidas.

Es innegable que hay elementos de heroísmo en el pundonor de las víctimas del atentado de enero. Pero elevar el estilo de Charlie al estatus de ícono de la libertad hace problemática la defensa de los principios que enarbola. Bajo el amparo de la libertad de expresión y en ocasión del horror, miles de voces que exudan un lenguaje de odio han adquirido respetabilidad. Con la licencia de atacar alguna corriente tenida como reaccionaria o anticuada, se permiten denigrar complejas culturas, creencias y sensibilidades, invitando a su censura y a la agresión. Autorizadas por el martirio, elevarán a lo masivo estas expresiones, que consideraríamos intrínsecamente censurables si tocaran algo caro a la opinión general: hay blancos que son más fáciles que otros, pero nada es intocable.

Queda claro que es inevitable ofender ante la miríada de opiniones en las complejas sociedades contemporáneas. Pero buscar premeditadamente ofender para resaltar y atacar lo que se odia, cruza el límite democrático. Con los epítetos y estereotipos se anula la humanidad de nuestro interlocutor, normalizando el desprecio. La burla que se impone sobre el débil y el minusválido, aun si en ocasiones enfila sus plumas hacia el poderoso, no es una sátira genuina sino el camino hacia la violencia real.

No sin ironía, la democracia es la negación del odio, y por tanto solo florece en un clima de opinión moderado. La moderación permite la deliberación de argumentos contrastantes, evadiendo los ataques personales y minimizando el prejuicio. Precisamente porque el espacio público emerge desde posiciones contrastantes pero se construye no solo reconociendo el derecho a la libertad de sostenerlas y expresarlas, o admitiendo una natural puja entre intereses, sino también asumiendo carencias no advertidas desde la propia opinión, acercándonos a una idea común que trasciende nuestra inclinación inicial. No es, como señala Žižek, la aversión al riesgo y el agotamiento de la convicción que despreciaba Nietzsche lo que caracteriza a los demócratas deliberantes; al contrario, se trata del esfuerzo constante en ver más allá de nuestras narices y nuestros intereses. Esto puede parecer una ilusión, siendo tal la facilidad que muestra la segura crispación para llenar los vacíos de la vacilante moderación [no entiendo].

La contribución humanista al espacio público estriba, entonces, en la promoción de los principios propios de la persona humana. Es preciso reconocer críticamente los intereses y marcos de referencia detrás de las posturas, sin dejar de admitir la validez de diversas posiciones, ni olvidar los hechos que ocultan los lugares comunes. Implica, por último, mantener y promover la civilidad del debate público.

Ante la violencia física, verbal y visual que impulsa el odio, es imposible una discusión libre. Defender el derecho del adversario implica también llamar a la moderación de todos.

 

Guillermo Aveledo | @GTAveledo

Redacción

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Redes y deliberación

Se piensa que las nuevas tecnologías ayudarán a la democratizacón, pero no olvidemos que el medio también condiciona el mensaje. […]

Por: Redacción 22 Feb, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Se piensa que las nuevas tecnologías ayudarán a la democratizacón, pero no olvidemos que el medio también condiciona el mensaje.

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Dibujo: Guillermo T. Aveledo

Al pasar de la sociedad de masas posindustrial a la sociedad de la información, y así a la sociedad red, las interacciones que tenemos frente a otros seres humanos se han hecho más complejas y a la vez más cercanas, y también más igualitarias: cualquier individuo, con limitados recursos tecnológicos, puede hacer oír su voz a miles de personas.

Se ha dicho que las redes sociales y el activismo digital contribuirán a un renacer democrático, idea que ha resurgido con las realidades de la nueva economía digital y con las crisis políticas de la última década. Todas las instituciones sólidamente constituidas en los Estados democráticos representativos modernos —partidos, sindicatos, industrias, iglesias, grandes medios— ven desaparecer su monopolio de autoridad, así como su poder para influir sobre las corrientes de opinión. Nuevas comunidades, fragmentarias, emergen en “la nube” por sobre las identidades materiales de millones de individuos.

Pero millones de avatares y caracteres no hacen una masa real. En la emergencia de una sociedad civil global a través de las libres comunicaciones, hay tres carencias importantes: el limitado alcance organizativo del activismo digital; la contradicción entre el plano jurídico formal —donde el poder es efectivamente ejercido— y los espacios recónditos del libertinaje cibernético; y la sustitución de la deliberación razonada por la expresiva catarsis inmediata. Acaso esto es lo más serio: si la libertad a la que se aspira es el ejercicio consciente, autónomo y seguro de la voluntad, los espacios digitales donde esta ha de prosperar han de resolver estas cuestiones.

 Y en ello estriba el doble esfuerzo que los partidos y las organizaciones “del mundo real” deben hacer en la era digital. Por una parte, acceder de manera dinámica a sus modos y ritmos —lo cual suele implicar una considerable curva de aprendizaje—, pero también enriquecer estos con un mayor aporte deliberativo. Gestionar información a dos vías: de los partidos hacia sus electores, de los gobernantes hacia los ciudadanos, de los dirigentes a los militantes, y de las comunidades políticas entre sí, debe ser un objetivo importante, sin descuidar el contenido doctrinario y la discusión pormenorizada de las políticas públicas.
Por fortuna, la tecnología permite también ayudar a este esfuerzo.

Guillermo Aveledo | @GTAveledo
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Milagro en Milán

El socialcristianismo se hizo cine en Roma, ciudad abierta, de Roberto Rossellini, en 1945. Y, seguramente, alcanzó su más explícita […]

Por: Redacción 15 Feb, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El socialcristianismo se hizo cine en Roma, ciudad abierta, de Roberto Rossellini, en 1945. Y, seguramente, alcanzó su más explícita formulación en Ladrón de bicicletas, de Vittorio de Sica, en 1948. El neorrealismo italiano fue un movimiento creador militante, adherido a un cristianismo transformador, a una Iglesia de los pobres y para los pobres, a los más nobles ideales de donación y de fraternidad de la condición humana. Y sus grandes directores exhibieron sus ideales políticos hasta sus últimas producciones, paradigmático el caso de Rossellini, que le dedicó su película final, Año uno, en 1974, a la figura, el mensaje y el legado de Alcide de Gasperi.

Cartel sobre fotograma de película "Miracolo a Milano"
Cartel sobre fotograma de película «Miracolo a Milano»

Vittorio de Sica, sin embargo, tuvo la virtud de explorar espacios insospechados en las primeras producciones neorrealistas, testimonios crudos y ásperos de la ruina material y la miseria moral de una terrible posguerra de la existencia, del trabajo y del alma. Frente a Rossellini, y a finales tan estremecedores como el de Alemania, año cero (1949), De Sica, a pesar de dirigir películas tan terribles como El limpiabotas (1946) o Umberto D (1952), quiso siempre aportar al espectador una mirada llena de ternura y de esperanza.

En ninguna película esa mirada adquirió resonancias más cálidas y fabuladoras que en Milagro en Milán, estrenada el 8 de febrero de 1951, la historia de un grupo de indigentes que habitan a las afueras de la gran urbe, motor industrial y financiero de Italia, y centro de atracción de inmigración proveniente de todo el país, pobres y felices incluso en medio de las mayores penurias. En los terrenos en los que malviven se encuentra petróleo, y su propietario pretenderá desalojarlos. Pero, bajo el liderazgo de un inocente joven llamado Totó, los mendigos demuestran que el itinerario de cada ser humano no tiene más límite que, literalmente, el hogar de las estrellas.

Paolo Goberti habría de recordar después que las películas neorrealistas se concebían como «las banderas de nuestra propaganda», es decir, como las banderas de la alternativa socialcristiana de civilización, y como manifestaciones de «unidad» de un «efectivo frente nacional en torno a ciertos artistas», un frente que reclamaba la libertad, la justicia, la dignidad y la fraternidad entre los seres humanos. Milagro en Milán es la expresión más positiva y esperanzada de la opción neorrealista. Y el maravilloso texto que escribieron cinco genios como el propio De Sica, Cesare Zavattini, Suso Cecchi D’Amico, Mario Chiari y Adolfo Franci, una extraordinaria evidencia de la vigencia de la propuesta humanista integral de la democracia cristiana.

Enrique San Miguel

Redacción

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Pantalla humanista (2)

Continuamos nuestra lista de películas para contribuir a la reflexión política. La profusión de medios de acceso a la cinematografía […]

Por: Redacción 10 Feb, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Continuamos nuestra lista de películas para contribuir a la reflexión política.

La profusión de medios de acceso a la cinematografía global, que permite obviar la espera a los ocasionales festivales especializados gracias a la transmisión en línea de películas enteras, ha brindado acceso a joyas del pasado o a piezas lejanas que, por imperativos económicos o legales, no fueron proyectadas en nuestros países. Aprovechemos este extraordinario momento para ocupar nuestro tiempo.

He aquí una segunda lista de cintas útiles para la reflexión política.

Contra la mentira: Tempestad sobre Washington (Advise and Consent, Otto Preminger, 1962). La intransigencia de los extremistas acaba con la nominación de un moderado político progresista, Robert Leffingwell (Henry Fonda) a la posición de secretario de Estado. Aunque el escándalo que da el suspenso a la película es presentado de modo innecesariamente escabroso (y posiblemente no resuene hoy del mismo modo), revela correctamente las veleidades del gobierno representativo en el telón de fondo de las histerias de la guerra fría.

Contra la arbitrariedad: Un hombre para la eternidad (A man for all seasons, Fred Zinnemann, Reino Unido, 1966). No es la mejor película sobre la Reforma, o la mejor pieza sobre la monarquía Tudor. Pero Paul Scofield como Tomás Moro, incorruptible campeón del derecho frente a los caprichos del poder, trasciende límites ideológicos. Su serenidad ante la más grave de las tribulaciones eleva este filme en todas las épocas.

Contra la crueldad: Michael Collins (Neil Jordan, Irlanda-EUA-Reino Unido, 1996). La vida del líder político y militar de la independencia irlandesa, interpretada por Liam Neeson, sirve para advertir los límites y fallas de la acción violenta, y el peso moral que sobre causas políticas ejerce la acción armada y el patriotismo.

Contra la presión de la opinión pública: Hannah Arendt (Margarethe von Trotta, Alemania-Luxemburgo-Francia, 2013). Hay otros filmes sobre el rapto y el juicio a Adolf Eichmann, así como mejores piezas sobre el Holocausto; pero Barbara Sukowa, quien interpreta a la filósofa alemana, refleja las presiones que sobre su descarnada visión tuvieron la sed de venganza para justificar la reescritura de la historia por parte de las víctimas. El filme logra un tratamiento accesible de un tema denso.

Contra la ingenuidad fanatizada: La ola (Die Welle, Dennis Gansel, Alemania, 2008). Alemania ha hecho extraordinarios filmes políticos en la última década, pero pocos como este abordan el latente riesgo de la emergencia del extremismo en los contextos más inocentes. La historia del profesor cuyo juego intelectual con sus alumnos potencia una escalada fascista conmueve a la audiencia pese a lo limitado de su dominio.

 

Contra la ambición: Los gritos del silencio (The Killing Fields, Roland Joffé, EUA, 1984). Destruir una sociedad entera es sencillo y abrumador, en la gran pieza de denuncia del simultáneo horror e indiferencia de Occidente ante la remota caída de Camboya y la política de año cero del Jemer Rojo. La narración se centra en la historia verdadera de la relación entre el periodista camboyano Dith Pran (Haing S. Ngor) y el reportero norteamericano Sydney Schanberg (Sam Waterston). Este último muestra los sucesos en el sudeste asiático por un sentimiento genérico de humanidad pero también con una ambición profesional que pone en peligro la dignidad y la vida de su compañero.

Contra la arrogancia: Niebla de guerra (Fog of War, Errol Morris, EUA, 2001). El diario del arrepentimiento de Robert McNamara (secretario de Defensa estadounidense entre 1961 y 1968), que llega cuarenta años tarde, derrumba los mitos del profesionalismo y la pericia técnica frente a las fallas morales reflejadas en la intervención de Estados Unidos en Vietnam. Como testimonio documental es de lo mejor de las últimas décadas, en las que la mecanización de las guerras y el fin de la conscripción han alejado lo bélico de la discusión democrática.

Contra la apatía: El voto es secreto (Raye Makhfi, Babak Payami, Irán-Italia-Canadá-Suiza, 2001). Esta curiosa película iraní narra las peripecias de una funcionaria electoral y el soldado que la escolta por la isla de Kish, en el Golfo Pérsico. El contraste del sentido del deber democratizador de la joven burócrata con el desinterés medieval de los votantes y el machismo islámico del militar, ilustran con humor los límites de la abortada apertura dentro de su revolución.

Quedan inexplorados muchos temas (los sindicatos y las luchas obreras, el problema de la tierra, la ecología, las relaciones familiares, la pobreza…) y mucha cinematografía. ¿Qué película nominarían ustedes?

 

Guillermo Aveledo | @GTAveledo

 

Redacción

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Pantalla humanista (1)

En este tiempo de alfombras rojas y premios hollywoodenses, es propicio reflexionar con algunos filmes que, más allá de la […]

Por: Redacción 10 Feb, 2015
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

En este tiempo de alfombras rojas y premios hollywoodenses, es propicio reflexionar con algunos filmes que, más allá de la propaganda, permiten el diálogo político.

 

El cine ha sido, desde sus inicios, uno de los medios más propicios para la masificación efectiva del mensaje político, como arma de propaganda y legitimación. D. W. Griffith, Sergei Eisenstein y Leni Riefenstahl son ejemplos de ese nuevo poder estético. A su vez, vemos cómo los líderes políticos son derribados en sus megalomanías y falsas ilusiones por genios como Chaplin, Cantinflas o los hermanos Marx.

Pero más allá de la hagiografía y la sátira, el cine es un medio propicio para explorar lecciones sobre el ejercicio moral del poder. Paseémonos por algunas cintas útiles para la reflexión política.

Para los que dudan de su vocación política: Lincoln (Steven Spielberg, EUA, 2012). Esta cinta, que permitió a Daniel Day-Lewis ganar su tercer Oscar como actor en 2013, muestra cómo las buenas causas —aquí, la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos— requieren de negociación, transacciones e incluso medios no edificantes. El heroísmo de la guerra toma segundo plano ante las transacciones políticas y las maniobras de salón. Hasta cierto punto, la extraordinaria actuación de Daniel Day-Lewis (quien maneja la operación pletóricamente) resulta insustancial al argumento.

Para los que no creen que el cambio llegará: No (Pablo Larraín, Chile, 2012). La narración de la elaboración y despliegue de la campaña de la Concertación de fuerzas democráticas chilenas en el referendo promovido por la dictadura militar en 1989 refleja con fidelidad —según el balance de sus protagonistas— los inicios de la transición a la democracia, desde la perspectiva de un abúlico creativo publicitario, René Saavedra (Gael García Bernal). Como todos estos procesos, la película deja por fuera detalles que la realidad aún no ha resuelto.

Para los que creen escapar de la represión: La vida de los otros (Das Leben der Anderen, Alemania, 2006). Uno de los aspectos más insidiosos de la represión totalitaria se evidencian en este filme sobre escuchas clandestinas en el régimen socialista de Alemania Oriental, donde la violación de la intimidad, el chantaje emocional y la violencia corrompen a víctimas y victimarios. La actuación de Ulrich Mühe, como el capitán y espía de la Stasi Gerd Wiesler, vale toda la experiencia.

Para los que aspiran salvadores: Desde el jardín (Being There, Hal Ashby, EUA, 1979). La arrogancia ideológica, la candidez apolítica, el desdén hacia los electores y el deseo de complacer se combinan en esta adaptación de la novela de Jerzy Kozinski, donde Peter Sellers interpreta a Chance, un simple jardinero, quien azarosamente es elevado al estatus de líder de opinión y hasta de referente político por los poderes fácticos. Una crítica al antiintelectualismo que muestra, también, la desconfianza hacia los políticos tradicionales.

Para candidatos y jefes de campaña: El candidato (The Candidate, Michael Ritchie, EUA, 1982). Para quienes han organizado una campaña electoral, este clásico sirve como lección inicial: las buenas intenciones, el talento y la honestidad no son suficientes, y la competencia por el voto es trabajo duro. Robert Redford interpreta al candidato, pero quien brilla es Robert Boyle, como el hosco pero honesto jefe de campaña.

Para los que dudan de la no violencia: Gandhi (Richard Attenborough, Reino Unido-India-EUA, 1982) y Selma (Ava DuVernay, EUA, 2014). Estas dos películas épicas reflejan dos de los cambios más importantes del siglo XX logrados por la no violencia. La película angloindia recoge las distintas corrientes en la empresa de la autodeterminación del subcontinente indio frente al poder británico, y cuenta con el canónico papel de Ben Kingsley como Mohandas Gandhi. En la producción norteamericana, que ha recibido limitados honores este año, refleja la tenacidad de Martin Luther King (interpretado por Patrick Oyelowo) para mostrar una alternativa pacífica pero contundente en la lucha de los derechos civiles en Estados Unidos, como parte de un movimiento social mayor.

Para los que se creen débiles: Sophie Scholl: los últimos días (Sophie Scholl – Die letzten Tage, Marc Rothemund, Alemania, 2005). La empatía permite trascender fronteras raciales y vivenciales. Con la lucha, arresto y ejecución de los jóvenes de la Rosa Blanca quedan el estimulante testimonio de la resistencia al nazismo y el coraje que da la verdad a los más débiles, inspirados desde profundos valores humanistas y religiosos.

Para los que quieren el poder: La ley de Herodes (Luis Estrada, México, 1999). La polémica cinta basada en un cuento de Jorge Ibargüengoitía llegó como muestra del espíritu en contra del dominio del PRI en México (por lo cual fue criticada como antipriísmo trasnochado) a finales del siglo XX. La historia de un oscuro funcionario local —Juan Vargas (Damián Alcázar)—, quien solo se destaca mientras más se corrompe, hasta derrotar a sus rivales y llegar a una posición federal, es un manual de la no política.

Ninguna lista es exhaustiva. En una próxima entrega presentaremos otras cintas notables para una discusión entre humanistas.

 

Guillermo Aveledo | @GTAveledo

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