El panorama político latinoamericano a la derecha: seguridad, economía y el dilema del centro

Ante un electorado volátil y joven que clama cambios, la región enfrenta el desafío de determinar si esta derechización traerá mejoras duraderas o si será solo otro vaivén político.

Por: Henning Suhr 9 Abr, 2026
Lectura: 7 min.
Presidentes de derecha en América Latina.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
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América Latina atraviesa un giro político hacia la derecha. Tras el desgaste de varios gobiernos de izquierda, fuerzas conservadoras y populistas de derecha han ganado terreno desde 2025. Este cambio sucede después de la llamada marea rosa de los años 2000 y se ve impulsado por el descontento ciudadano, el auge de líderes disruptivos y una nueva política exterior de Estados Unidos.

De las 15 democracias analizadas, nueve han cambiado de orientación política desde 2022, en su mayoría de izquierda a derecha. Figuras como Javier Milei en Argentina y Nayib Bukele en El Salvador encarnan este nuevo clima político con estrategias populistas, mientras que líderes como Luis Abinader en República Dominicana representan una derecha moderada que apuesta por la estabilidad y el pragmatismo.

Frustración y deseo de cambio

El cambio no responde únicamente a un entusiasmo ideológico por la derecha, sino también a un voto de protesta contra gobiernos de izquierda que no cumplieron con las expectativas. En muchos casos, los votantes castigaron a los oficialismos por crisis económicas, corrupción o falta de resultados. Como señaló un analista chileno, “el deseo de cambio es el partido más grande de América Latina”.

La política exterior de Estados Unidos también ha influido. La administración Trump adoptó una postura más activa en la región, apoyando a gobiernos afines a la derecha y confrontando a regímenes de izquierda. El ataque militar que derrocó a Nicolás Maduro en Venezuela en enero de 2026 marcó un punto de inflexión simbólico. Esta nueva postura de Washington, sumada a la disolución del “socialismo del siglo XXI”, envió un mensaje claro contra la izquierda tradicional.

La nueva derecha latinoamericana es diversa. Incluye desde populistas radicales hasta conservadores moderados. Milei, un economista libertario sin partido tradicional, ganó apoyo con un discurso antisistema y promesas de reducir drásticamente la intervención estatal. Bukele, autoproclamado “el dictador más cool del mundo”, es popular por su mano dura contra las pandillas y su uso hábil de las redes sociales. Ambos son considerados populistas de derecha, aunque difieren en estilo y enfoque.

Captura de pantalla. Perfil de Nayib Bukele.
Captura de pantalla. Perfil de Nayib Bukele en X.

Una derecha más institucional

Al mismo tiempo, líderes conservadores moderados han prosperado electoralmente. Luis Abinader en República Dominicana, Daniel Noboa en Ecuador y Rodrigo Paz en Bolivia representan una derecha más institucional, centrada en la estabilidad económica, la lucha contra la corrupción y la gestión técnica. Su éxito demuestra que el giro a la derecha no es solo fruto del enojo ciudadano, sino también de un deseo de liderazgo pragmático y predecible.

Pese a sus diferencias, los gobiernos de derecha comparten prioridades comunes: seguridad, crecimiento económico y rechazo al legado de la izquierda. La mayoría de los nuevos mandatarios ganó prometiendo mano dura contra la delincuencia, el narcotráfico y la corrupción. También promueven políticas de libre mercado que buscan atraer inversión y reactivar las economías. Además, se presentan como defensores de valores tradicionales como la familia, la religión y la identidad nacional frente a las agendas progresistas.

Otro rasgo común es el pragmatismo. Muchos líderes de la nueva derecha intentan suavizar la imagen elitista o insensible asociada históricamente a los conservadores. Buscan mostrarse cercanos al pueblo y flexibles, evitando ser percibidos como indiferentes a las necesidades de los más pobres. En su oposición firme a la izquierda tradicional, encuentran un terreno común que cohesiona sus discursos y estrategias.

Presidentes Luis Abadiner (República Dominicana), Rodrigo Paz (Bolivia) y Daniel Noboa (Ecuador).
Presidentes Luis Abadiner (República Dominicana), Rodrigo Paz (Bolivia) y Daniel Noboa (Ecuador).

La izquierda y su poco peso

La izquierda, por su parte, ha perdido impulso. Con la excepción de Lula da Silva en Brasil, los líderes de izquierda actuales tienen menor peso político. La verdadera fuerza motriz del cambio político proviene ahora de la derecha. Las redes de partidos de izquierda, como el Foro de San Pablo y el Grupo de Puebla, han perdido influencia, y sus representantes enfrentan dificultades para renovar su mensaje.

En este contexto, los partidos de centro y centroderecha tradicionales enfrentan un dilema: aliarse con los nuevos populistas de derecha para mantener relevancia, o distanciarse para preservar su identidad. Partidos conservadores tradicionales en Argentina y Chile se aliaron con Milei y Kast, respectivamente, logrando derrotar a la izquierda, pero perdiendo votos y liderazgo. En México, la alianza entre el PAN y el PRI fue percibida como un acto de desesperación y fracasó rotundamente.

El reto para estos partidos es articular una visión propia de reforma y estabilidad, basada en principios democráticos, que compita con las narrativas populistas sin perder credibilidad. De lo contrario, corren el riesgo de volverse irrelevantes si se limitan a secundar a fuerzas radicales o si se niegan a evolucionar.

Seducción de los jóvenes

Un rasgo notable de esta derechización es la participación de las nuevas generaciones. Los votantes jóvenes, incluso muchos primerizos, han mostrado poca aversión a respaldar candidatos de derecha o antisistema. En varios países, los menores de 40 años componen la mayor base de apoyo de líderes derechistas, lo que apunta a un cambio en el clima político generacional. La narrativa progresista de cambio social que seducía a la juventud hace una década ha perdido brillo, dando paso a una apertura hacia soluciones no convencionales.

Estos jóvenes no recuerdan las dictaduras militares del siglo XX, por lo que esas experiencias negativas de la derecha no pesan en su memoria colectiva. En cambio, han crecido viendo escándalos de corrupción, crisis económicas y estancamiento social bajo gobiernos de izquierda. Las redes sociales han sido catalizadoras del cambio, permitiendo a los candidatos derechistas llegar a jóvenes con mensajes emocionales y simples, que captan el espíritu del momento y se viralizan rápidamente.

El ambiente derechista también se ha visto reforzado por un giro en la política de Estados Unidos hacia la región. Los nuevos gobiernos de derecha buscan relaciones cercanas con Washington, viendo más oportunidades que riesgos en alinearse con la Casa Blanca. La administración Trump ha declarado su intención de apoyar a fuerzas afines en el hemisferio occidental, impulsar el comercio y estabilizar a sus aliados en Latinoamérica. Aunque su estilo confrontativo genera inquietud, los gobiernos derechistas han respondido de forma pragmática, acercándose a Washington para aprovechar respaldo económico y estratégico.

¿Cambio duradero?

La gran pregunta es si este giro a la derecha será sostenible y generará mejoras reales en la vida de los ciudadanos, o si terminará siendo una fase pasajera más en el ciclo pendular de la región. La respuesta dependerá de la capacidad de gobierno de estos nuevos líderes y de su compromiso con los principios democráticos. Si logran resultados en seguridad y crecimiento económico sin socavar las instituciones, podrían consolidar una nueva derecha estable. De lo contrario, podrían avivar otra ola de descontento y abrir paso al resurgimiento de la izquierda.

Versión resumida del artículo “Polarisation, Populism, Pragmatism Latin America’s Party Landscape Shifts to the Right” publicado en International Reports (1/2026).

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Henning Suhr

Henning Suhr

Director del Programa Regional Partidos Políticos y Democracia en América Latina de la Fundación Konrad Adenauer.

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