El regreso de EEUU como potencia dominante del hemisferio reconfiguró el mapa político de América Latina. Con el Escudo de las Américas como plataforma de alineamiento, la política arancelaria de Donald Trump y la extracción de Nicolás Maduro, Washington dejó claro que considera la región su área de influencia. Mientras tanto, China sigue siendo el principal comprador de muchas de sus exportaciones, y Europa, tras años de distancia, vuelve a buscar socios del otro lado del Atlántico.
En entrevista con Diálogo Político, Juan Carlos Holguín, excanciller de Ecuador durante el gobierno de Guillermo Lasso, plantea que hay que asumir esta nueva realidad. Habla del equilibrio entre EEUU y China, del nuevo rol de Europa, las ventajas productivas de la región y de por qué los péndulos políticos hacen fracasar, una y otra vez, los intentos de integración latinoamericana.
A pesar de que EEUU ha ganado espacio en la región, actores extrarregionales como China y Rusia siguen estando muy presentes. ¿Qué tan realista es hablar hoy del Escudo de las Américas como una plataforma sólida?
—Es una realidad, y es una realidad de la geopolítica del segundo mandato del presidente Trump. Habría que entenderlo desde el contexto de la política exterior de Biden, que fue casi nula respecto al hemisferio. Cuando Biden sale del poder, EEUU está quizás en uno de sus puntos más bajos de influencia, históricamente hablando, no solamente en el hemisferio, sino en el mundo. Y es indudable que el liderazgo muy personalista, fuerte, y para muchos incluso autoritario, del presidente Trump ha vuelto a poner a EEUU en una lógica de centro político. No solamente en el hemisferio, sino también a nivel global. La política arancelaria, que no existía hace apenas tres años, es una realidad con la que juegan todos los países del mundo en las incertidumbres comerciales de cada mes.
No hay que olvidar el tuit que puso hace pocos meses el presidente Trump, poco después de la extracción del exdictador Maduro de Venezuela: “Este es mi hemisferio”. Desde esa lógica es importante entender la geopolítica actual. Entonces, más allá del funcionamiento, los resultados y las soluciones de la política del escudo hemisférico, hay que entender que es una realidad. Y es una realidad de alineación con EEUU desde el punto de vista de la guerra global con China.
Pragmatismo entre EEUU y China
Con la experiencia de canciller, si tuvieras que asesorar a un presidente latinoamericano sobre cómo relacionarse con EEUU, ¿qué le dirías?
—Hay que entender a EEUU desde el punto de vista de su presencia regional y hemisférica. Más allá de que estamos en un mundo globalizado, para la mayoría de países de la región, para la mayoría de países sudamericanos, centroamericanos e incluso, con más importancia, para México, EEUU sigue siendo el socio comercial número uno. Y desde esa lógica hay que entender la diplomacia, siempre pensando en los propios intereses del país. Hay que ser bastante hábiles y prácticos en entender que en un mundo globalizado necesitamos a todos los mercados. Como lo hace el propio EEUU, que comercia con China, el resto de países tiene que seguir la misma lógica.
Hay que tener un balance correcto entre China y EEUU. Por ejemplo, para Ecuador, en las exportaciones más importantes del sector privado, especialmente el camarón, China ha jugado un papel preponderante en los últimos cinco años como principal comprador. El único consejo es pensar siempre que la diplomacia es precautelar el interés propio de cada país, porque los países solo tienen intereses.
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¿Y qué no debería hacer un presidente?
—Me parece que lo que no necesitamos en el contexto actual de la humanidad son alineamientos ideológicos y políticos. Sí es importante tener tratativas sobre los fines comunes: la lucha contra el narcotráfico, la lucha contra los carteles, la lucha específica, por ejemplo, contra la pesca ilegal china, que es una realidad en nuestros océanos y que a veces parecería una historia de ficción. Es algo que va a hacer muchísimo daño a Sudamérica y Centroamérica en el corto plazo.
Pesca ilegal china y economías ilegales
¿Se hace algo al respecto?
—Son temas en los que tenemos que trabajar en conjunto. Creo que varios países han sido bastante firmes en luchar contra la pesca ilegal china. A diferencia de quienes respetan las normas marítimas internacionales, actúan con buques ilegales en grandes manadas, apagan sus radares y están depredando nuestros océanos, dentro de las aguas internacionales. Son buques que vienen, se instalan en ambos océanos por temporadas, y vienen otros buques a llevarse lo que ellos van sacando. Esa depredación, por ejemplo, genera que exista una coordinación hemisférica con el apoyo de EEUU para vencer el desequilibrio.
¿No puede generar también un problema con los intereses chinos desde el punto de vista comercial?
—Hay que entender que todos necesitamos jugar en la misma cancha. La pesca internacional, por ejemplo, ya está llegando a los márgenes de las economías ilegales. Esa pesca tan depredadora no pone a jugar a los Estados, a los países, a los empresarios privados dentro del mismo juego y con las mismas reglas. Es lo que sucede con otro tipo de economías, como la minería ilegal. Por supuesto que hay minería responsable, sostenible, pero hay muchísimos minerales raros que se están exportando también a los mercados asiáticos, especialmente a China, con apoyo de la minería ilegal en nuestros países. Y eso es perverso para la sostenibilidad, pero también para la prosperidad económica.
Materias primas y democracia: las claves del desarrollo
Mencionaste varios productos vinculados al sector productivo primario. La región lleva muchos años repensándose para dar el salto hacia una economía un poco más diversificada. ¿Vamos a reafirmarnos nuevamente como productores solamente de materias primas o ves algunos indicios de cambio?
—Pero no es malo. En mi opinión, la gran ventaja que tenemos muchos de los países de esta región es que hay cada vez más consumo de productos alimenticios primarios. En parte, fruto de la salida de la pobreza de los grandes mercados asiáticos. Los países del Mercosur eran los grandes graneros del mundo. Hoy estamos retornando a esos momentos. La inteligencia artificial avanza, las grandes tecnológicas todavía no logran solucionar el aspecto de la redistribución de la riqueza. Se está quedando mucha riqueza en muy pocas manos. Mientras tanto, estos grandes productos, en el caso de nuestros países productos agrícolas, están alimentando a todo el mundo. Y mientras haya más prosperidad en el mundo, habrá más consumo de alimentos. Y ahí creo que nuestra región tiene grandes oportunidades.
¿Y no te parece que la región lleva mucho tiempo vendiendo esos productos al mundo, que en gran medida se ha diversificado y ha crecido y que, en términos comparados, Latinoamérica se ha mantenido bastante parecida?
—Creo que ha tenido que ver más con el desarrollo democrático de nuestros países. Si no entendemos que los países más libres desde el punto de vista democrático, político y social son los que han alcanzado prosperidad, no entenderemos que, aun con las oportunidades que tenemos en esta región, no podremos desarrollarnos. Si te fijas, Europa, por ejemplo, se ha quedado muy atrás en el desarrollo de avances tecnológicos frente a EEUU o China. La última visita del canciller alemán a China fue un gran símbolo de darse cuenta de cuán retrasados están los países europeos frente a ese avance tecnológico.
Pero eso no quiere decir que Europa no haya seguido avanzando en prosperidad. Por lo tanto, yo no creo que sea la tecnología o la innovación per se la que trae bonanza, sino precisamente la innovación en aspectos que a veces no se ven, como la democracia, la que nos lleva al mayor bienestar.
Europa vuelve a mirar a América Latina
Introdujiste a Europa, que en la discusión geopolítica, desde el punto de vista de América Latina, siempre está como un actor de segundo nivel. ¿Qué nos pasa con Europa? Parece que no terminamos de pactar negocios importantes y una relación mucho más sólida, a pesar de ser la segunda región más democrática.
—Creo que no es qué nos pasa a nosotros frente a Europa, sino qué le pasa a Europa frente a nosotros. Europa ha tenido una o dos décadas de decadencia de valores, los valores que llevaron a Europa a ser el gran actor global. Eso hizo que avanzaran potencias como EEUU y China en el marco global. Hoy eso se está revirtiendo por la necesidad de tener nuevos actores, por la cambiante diplomacia. Europa ha vuelto a tender cuerdas con nuestra región. La mayoría de países ya tienen acuerdos comerciales con Europa que están siendo aprovechados en estos últimos meses por la coyuntura con EEUU. El Mercosur acaba de tener un nuevo hito histórico en esa relación, y creo que los próximos años serán más bien años de una relación pujante entre Europa y América Latina.
¿Qué te hace pensarlo?
—Los valores compartidos, los cambios políticos en Europa en las últimas elecciones y, sobre todo, el choque entre China y EEUU. Eso genera oportunidades con el mundo europeo y, desde el punto de vista comercial, con el mundo árabe, si es que termina la guerra.
¿Y por qué todavía no vemos grandes anuncios de capitales europeos que quieran invertir en América Latina y viceversa?
—Creo que no es correcto pensarlo así. Europa, primero, está haciendo sus propias tareas respecto a su posicionamiento interno, fruto de sus regulaciones. Por ejemplo, estuvieron años pensando cómo tendría que darse la movilidad eléctrica mientras los chinos avanzaban en la producción de autos eléctricos. Hoy me parece que Europa está dedicada a recuperar ese tiempo perdido, pero estos tratados comerciales regionales y, al mismo tiempo, bilaterales entre Europa y países de nuestra región han hecho que se ejecuten muchas relaciones comerciales en este último tiempo.
Con un tema adicional: hace pocos años Europa no era un actor importante, por ejemplo, a nivel de seguridad. Pensábamos en EEUU como el aliado. Pero cuando vemos la problemática de nuestros países, sobre todo en el tráfico de cocaína, Europa es el principal destino. La droga es producida en Colombia y Perú, transportada a través de Ecuador, y manejada desde mafias europeas que actúan como el gran operador global.
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¿Europa se preocupa poco por las lógicas criminales?
—Ha empezado a preocuparse. Hace cinco años Europa no tenía en el radar la problemática de las drogas. Hay puertos, como el de Rotterdam, que no tenían siquiera capacidades de radar para el control antidrogas. En Alemania, en Bélgica, trabajaban solo con perros, sin radares. La realidad ha avanzado mucho.
El péndulo ideológico frena la integración
Cuando hablamos de Europa, hablamos de un bloque. Pero no hay un ente que aglutine a América Latina. ¿Por qué a la región le cuesta tanto organizar gobernabilidad interna para competir en el mundo?
—Es histórico. Todo sistema de integración regional ha fracasado en nuestra historia porque los péndulos políticos nos llevan hacia luchas ideológicas. Quizás lo más sostenible que existe hoy es el Mercosur, desde donde se ha tratado de trabajar para que pueda seguir desarrollándose y que otros países se vayan sumando. Donde más lejos llegamos fue con Unasur, que lamentablemente era fruto de un proyecto político-ideológico del socialismo del siglo XXI. El péndulo en América Latina es casi perfecto: son décadas de galaxias rosas, de galaxias azules. Cuando los péndulos cambian, estos mecanismos de integración regional quedan en el fracaso.
Me parece que en un mundo globalizado tenemos que empezar a hablar menos de sistemas de integración regional específicos, por ejemplo de Sudamérica o de Latinoamérica, y pensar más en sistemas y mecanismos de integración globales.
¿Y cuál es un ejemplo de articulación para poder negociar, por ejemplo, con Europa?
—Como digo, creo que las herramientas están casi listas. Los acuerdos comerciales que tienen la mayoría de países ya están. Lo que falta para que mejore la relación entre Europa y nuestros países es entender que tenemos la misma base de valores occidentales, que muchas veces olvidamos. Si tienes un presidente como AMLO, o ahora Sheinbaum, que se pasan comentando que Europa tiene que pedirle disculpas a América Latina, nunca entenderemos que nacimos de la misma base antropológica y que desde esos encuentros tenemos la posibilidad de una prosperidad global.
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