Argentina, el FMI y la crisis económica

El presidente Mauricio Macri anunció el 8 de mayo, en un mensaje breve y grabado, que negociará con el FMI […]

Por: Alejandra Gallo 11 May, 2018
Lectura: 6 min.
Presidente Mauricio Macri | Foto: Nahuel Padrevecchi/GCBA
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El presidente Mauricio Macri anunció el 8 de mayo, en un mensaje breve y grabado, que negociará con el FMI en carácter preventivo por, según explicó, el impacto en el país de los temblores regionales y por la alta dependencia de la Argentina del financiamiento externo.

Presidente Mauricio Macri | Foto: Nahuel Padrevecchi/GCBA, vía Wikicommons
Presidente Mauricio Macri | Foto: Nahuel Padrevecchi/GCBA, vía Wikicommons

El equipo económico viajó a Washington. Fue en medio de las tensiones políticas por la suba del dólar, la suba de tasas por el Banco Central y el avance en la Cámara de Diputados del proyecto que la oposición unida impulsa para frenar la suba de tarifas en la luz, el agua y el gas.

En pleno torbellino en la city porteña, y antes de que el presidente Mauricio Macri anunciara la negociación con el Fondo Monetario Internacional el miércoles pasado, ya circulaban informes económicos en los escritorios de los principales CEO del país con todo tipo de ecuaciones econométricas. Claro, cuando un atisbo de desconfianza asoma en el país, la memoria de otras crisis se reactiva. Tal vez por eso mismo el primer mandatario también le habló a «toda la dirigencia» sobre las negociaciones con el FMI.

En el sector privado, las proyecciones que algunos economistas acercan a los poderosos directorios recalcan que un dólar cercano a $ 24 pondría, en este contexto internacional, los costos en un equilibrio similar al que hubiera habido si el presidente hubiera devaluado con fuerza apenas asumió. Claro que eso, en este presente, no desinflaría la mochila fiscal ni de los costos operativos.

En las industrias que pisan fuerte en la alimentación ya computan una baja del consumo cercano al 7 % —y sigue en picada— y aseguran que no hay margen para seguir trasladando a precios porque ya nadie compra. Sin embargo, los precios no paran de subir, en especial, en la inflación núcleo y en la canasta básica. Por ejemplo, en la consultora Ecolatina pronostican que el incremento de abril estará cercano al 3 %, según señaló el propio diputado por el Frente Renovador, Marco Lavagna. Es casi un número letal para los primeros cuatro meses de este año, que rozarían el 10 %, justo ahora que desde la cartera de Hacienda acaban de ratificar la meta del 15 % (que ya nadie cree ni siquiera como objetivo político).

Subir las tasas y devaluar con aumento de precios no es buena receta. Por eso el Gobierno trata de patear para adelante la suba en los combustibles que repercute en todo y pondera en torno al 0,5 del índice de precios al consumidor. También es receta vieja conocida la queja de algunos sectores industriales por la suba de tasa y su impacto en el nivel de actividad. Las grandes industrias están en silencio y acompañan el chubasco calculando que tendrán más pesos en sus balances y que la suba del dólar a lo mejor frena un poco las importaciones que tanto preocupan a algunas pymes. De todos modos, el inminente acuerdo con el FMI divide aguas en la mesa chica de la Unión Industrial, donde muchos admitieron que el Gobierno no tenía otra alternativa en esta coyuntura y muchos otros cuestionaron que este anuncio apunta a un mayor ajuste fiscal y menos incentivos productivos. La Fundación Observatorio Pyme acaba de difundir un dato demoledor. En base justamente a datos del Banco Mundial y del FMI, en la Argentina nace una empresa cada 2326 habitantes, mientras que en Brasil bautizan una nueva compañía cada 347 habitantes, en México cada 1064 y en Chile cada 125 habitantes. Esto habla de las pocas condiciones económicas argentinas para crear puestos de trabajo, no ya para la población económicamente activa sino para la mitad de los jóvenes que integran el 30% de pobreza en el país.

Desde una poderosa compañía internacional de servicios fueron directos en la metáfora: «estamos cruzando un río ancho; para atrás no podés volver, respirá y remá para adelante». Entre las multinacionales y las grandes compañías descuentan que habrá menor crecimiento a fin de año pero que la economía crecerá, al fin de cuentas, entre 2,5 % y 3 %, aunque ya no será un 5 %. También confían en que el Gobierno seguirá aguantando el temblor sin daños de terapia intensiva y que en esta nueva etapa habrá que ir a fondo con el recorte de la política en las provincias, donde muchos gobernadores siguen esquivos a gastar menos. En una petrolera admitieron que esta es la primera prueba de fuego en serio en materia económica para el Gobierno y le otorgaron crédito a este, en el sentido de que esto tiene que ver con haberse reinsertado en el mundo con asuntos domésticos aún en estado de resolución. En estas multinacionales admiten que en las casas matrices requieren más señales de independencia del BCRA respecto del equipo económico (son resabios de diciembre) aunque valoran las que se dan en torno a reducir el déficit y vetar el proyecto de tarifas si la oposición avanza en el Congreso.

Lo que cambió en las últimas horas no es solo la cotización del dólar, la suba de tasas o la vuelta al FMI. El Gobierno sabe que lo que se juega es caer un tercer escalón en su imagen. Así lo midió Javier Rosendo Fraga, quien consideró que al presidente lo golpeó la primera suba de tarifas de 2017, luego la reforma previsional, y ahora esta crisis (sin duda la más importante en materia económica desde que asumió Cambiemos) podría significar un nuevo cross de izquierda. Una encuesta de D’Alessio Irol sobre más de 1000 encuestados durante mayo que fueron consultados sobre un posible acuerdo con el FMI reveló que el 75 % de los entrevistados consideraron que pedirle ayuda al FMI es una medida inadecuada y solo el 18 % la veía adecuada pero resistida. Incluso un 58 % de personas que votaron a Cambiemos lo evaluaron como una decisión inadecuada. El mismo sondeo reveló que el 66 % cree que la suba del dólar fue producto de la política monetaria de este Gobierno.

Con todo, desde un sector de la Casa Rosada miran la situación en términos electorales y apuestan a que los temblores se terminarán en breve y que hay, luego, un año entero para remontar antes de las elecciones. Lo que parece no quedar tan claro es que el camino hacia la reelección esté tan allanado e indiscutido como hace tan solo diez días atrás. Eso no es ni la política ni la economía, en todo caso es más del bendito ADN nacional.

Alejandra Gallo

Alejandra Gallo

Argentina. Periodista. Escribe para el diario "El Cronista" y trabaja en los programas "Volviendo a Casa" y "Esta Semana", de Radio Mitre.

Argentina ante una nueva encrucijada

Ante una corrida bancaria intempestiva el gobierno de Mauricio Macri vuelve al FMI. ¿Cuáles son los pros y contras de […]

Por: Danilo Rey 11 May, 2018
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Ante una corrida bancaria intempestiva el gobierno de Mauricio Macri vuelve al FMI. ¿Cuáles son los pros y contras de esta difícil medida?

El gobierno argentino volvió a tratar con el FMI, con la intención de generar un blindaje económico para el país. Hubo un corrimiento internacional que hizo que quienes habían invertido en el país en LEBACS (letras del Banco Central de la Argentina, títulos a corto plazo) retiraran su dinero, generando así una corrida especulativa que provocó una suba del dólar. Estos fondos de inversión se fueron con su dinero y en el medio quedó un gobierno que pudo afrontar esas vicisitudes pero que no podría abordar otra de estas batallas y salir ileso. Un porcentaje no menor de las reservas se licuaron.

Con toda esta problemática, y tratando de hacer tripas corazón, el presidente Macri se comunicó con Christine Lagarde, la número uno del FMI. Hacer esa llamada tiene puntos a favor y en contra; a favor es que la tasa de interés de un préstamo del FMI es un 4 %, contra el 8 % de los mercados; en contra es que para prestar dinero se piden medidas concretas que conllevan un costo político.

Por otro lado está el estigma de volver al Fondo. Cuando en 2006 Néstor Kirchner finalizó la deuda argentina con el FMI no lo hizo porque le sobrara el dinero, sino para evitarse los controles que el organismo hacía sobre la política monetaria estatal.

En resumen, el FMI presta dinero a una tasa más baja pero pregunta en qué se va a gastar cada dólar y se preocupa por cómo se hará para devolvérselo. En cambio, cuando el que presta es el mercado internacional, lo único que le importa es cobrar los intereses sin estar encima de las cuentas. Obviamente, el kirchnerismo optó por la segunda. Por allí pasó, por ejemplo, el pago de la deuda al Club de París con escasísimas quitas. Pagaron lo que les dijeron que tenían que pagar. Luego, con la llegada de Cambiemos al gobierno, se negoció con los llamados fondos buitre para salir del famoso default. Se consiguieron quitas enormes y se pudo volver de cierta forma al mercado internacional.

Lo que queda claro es que el gobierno actual de la Argentina comunicó mal en qué estado recibió el país. Se dice que fue para justamente no asustar a los inversores. A la larga, esto le pasó cierta factura, y hoy va a pagar un costo político, sin dudas, pero lo hace por el bien del país. Si quería jugar al populismo, Macri pudo haber echado mano a las reservas y dejarlas en el estado en que las dejó su antecesora, la Dra. Fernández, o mantener una tasa de inflación alta y repartir billetes. Como este es un gobierno que apela a la seriedad y a dejar todo eso atrás, lucha cada día por bajar el déficit y la inflación.

Para terminar con todo ese pasado reciente de división y problemas políticos, sociales, económicos y de estructura, a veces hay que volver a tomar impulso, así no nos guste quienes nos ayuda a impulsarnos. Argentina es un país pobre con los recursos que los países ricos sueñan. Un país donde el 30 % de quienes lo habitan están por debajo de la línea de la pobreza no se puede dar el lujo de volver al populismo, siguiendo el camino de otros países de la región signados por sus crisis políticas, como Brasil, Perú, la posibilidad de embates populistas que crecen con fuerza en México y la eterna crisis venezolana.

 

Danilo Rey | @DaniloRey1
Coordinador del programa «Argentinos en el exterior» para Uruguay, de Cambiemos (Argentina)

 

 

 

Danilo Rey

Danilo Rey

Coordinador del programa “Argentinos en el exterior” para Uruguay, de Cambiemos (Argentina)

Compromiso entusiasta y renovado de los jóvenes del Partido Nacional uruguayo

El 18 y 19 de diciembre del 2017 el Centro Democrático de la ciudad de Florida se vistió de blanco […]

Por: Armando Castaingdebat 10 May, 2018
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Comisión Nacional de Jóvenes del Partido Nacional de Uruguay, diciembre de 2017 | Foto: CNJ
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El 18 y 19 de diciembre del 2017 el Centro Democrático de la ciudad de Florida se vistió de blanco y celeste para recibir al Congreso Nacional de la Juventud del Partido Nacional.

Comisión Nacional de Jóvenes del Partido Nacional de Uruguay, diciembre de 2017 | Foto: CNJ
Comisión Nacional de Jóvenes del Partido Nacional de Uruguay, diciembre de 2017 | Foto: CNJ

Los 300 congresales, representantes de los más de 65.000 votos emitidos en las elecciones de jóvenes más grandes de la historia del Partido, participaron en una convención dinámica, con debate, decisiones, marcando los lineamientos de trabajo de la militancia joven y exigiendo independencia presupuestal para realizar actividades. La tarde concluyó con la elección de la Comisión Nacional de Jóvenes (CNJ), órgano responsable de dirigir la Juventud hasta las próximas elecciones.

Pocos días después, la nueva CNJ sesionó por primera vez en la histórica mesa del Directorio del Partido. Desde ese momento, y como no podía ser de otra manera, la Comisión ha trabajado continuamente para acercar el Partido a los jóvenes, generar militancia formada y trabajar en la descentralización y participación.

Entre las acciones más importantes que la CNJ ha llevado a cabo en estos pocos meses de actividad se puede destacar la integración de 13 Comisiones Departamentales de Jóvenes y el compromiso de llegar a completar las de los 19 departamentos del país en los próximos meses; en el caso de la Comisión de Montevideo se conformó el 9 de mayo. Muchas de las comisiones se formaron antes de terminar el 2017 y están dándole a la juventud del Interior un espacio real de militancia dentro de las estructuras; están cumpliendo el objetivo descentralizador con el que siempre se comprometió el Partido Nacional.

La formación de jóvenes es uno de los aspectos en los que la CNJ pone énfasis: formar militantes preparados es fundamental para el debate político y para impulsar a las nuevas generaciones a hacer política de calidad. En este marco, este 2 de mayo se inauguró un ciclo de charlas e instancias de capacitación organizadas por la CNJ y el Centro de Estudios del Partido Nacional (CEPN), que se ha denominado #FormandoIdeas. La primera instancia fue una charla sobre la política exterior del Partido Nacional, a cargo del excanciller Sergio Abreu.

La nueva CNJ continúa en la línea de sus antecesoras y está trabajando fuertemente con la Fundación Konrad Adenauer para seguir llevando capacitación a todos los rincones del país a través de sus regionales de formación. Durante el 2018 se llegará a casi la totalidad de los departamentos con charlas sobre argumentación política, ideología, historia y comunicación.

La formación es importante a la hora de debatir ideas y expresarnos sobre determinados temas. La lucha por las justas causas sociales y la libertad como bandera son características inherentes a la historia del Partido Nacional. Por tal motivo se han abierto espacios de debate y compromiso con la realidad.

También se destaca la creación de la Comisión de Género, que se encargará de estudiar y luchar por la igualdad de género en la participación política, combatir la violencia basada en el género y formar a los nacionalistas en estas temáticas sensibles, importantes y latentes en la actualidad.

Desde el primer día de trabajo se insiste en la idea de acercar el Partido Nacional a la juventud. La militancia cara a cara es uno de los valores más importantes de la política, ya que acerca las ideas a la gente y, fundamentalmente, acerca los problemas de la población al sistema político. Por ello, la gestión de la CNJ tendrá un fuerte énfasis en la militancia en las calles y los barrios, para escuchar, hablar y formar militantes que conozcan la realidad del país. En esta línea, la CNJ se está preparando para recorrer las ferias barriales de Montevideo y Canelones mostrando las ideas y propuestas que los blancos tienen en temas como seguridad y educación, entre otros.

Es destacable la forma de trabajo de la CNJ. En estos meses se han realizado sesiones ordinarias cada quince días, en las que siempre han participado de más de 25 militantes (la CNJ está conformada por 15 miembros). Esto es una muestra de la apertura de la Comisión, que pretende ser un espacio de diálogo y debate para todos los militantes, sin importar sectores, departamentos o listas. La mesa de la CNJ debe ser un ambiente de unidad donde los jóvenes, futuros conductores del Partido Nacional, propongan ideas y discutan lineamientos; la CNJ es un espacio de formación política, de dirección, de acción y de planificación, pero fundamentalmente es un espacio donde los jóvenes pueden acercarse a proponer, hablar y participar en la actividad política.

El período de esta CNJ recién comienza. Queda por delante mucho tiempo de trabajo en conjunto y muchos mojones en el camino. Se vienen las elecciones nacionales y la juventud del Partido Nacional tiene, como siempre tuvo, una participación activa en la militancia y la construcción de ideas. Habrá congresos, regionales, debates, instancias de formación y salidas barriales; habrá que informarse y marcar posición en muchos temas, habrá que dar luchas y defender ideas. La CNJ deberá enfrentar desafíos y tendrá que cumplir con sus objetivos de fomentar la participación, la formación, la militancia y, como bandera principal, seguir defendiendo la democracia en Uruguay, Latinoamérica y todo el mundo.

 

Armando Castaingdebat | @armandocastaing
Oriundo del departamento de Flores, a 200 km de la capital de Uruguay. Edil departamental. Diputado (supl.) (2015-2020). Presidente de la Comisión Nacional de Jóvenes del Partido Nacional. Estudiante avanzado de medicina veterinaria.

 

 

 

Armando Castaingdebat

Armando Castaingdebat

Oriundo del departamento de Flores, a 200 km de la capital de Uruguay. Edil departamental. Diputado (supl.) (2015-2020). Presidente de la Comisión Nacional de Jóvenes del Partido Nacional. Estudiante avanzado de medicina veterinaria

Medios digitales contra la corrupción mexicana

Los medios digitales cumplen hoy la labor de periodismo de investigación que han abandonado muchos medios impresos en México, y […]

Por: Carlos Castillo 9 May, 2018
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El Premio Ortega y Gasset de Periodismo 2018, categoría Investigación, para el portal de noticias Animal Político | Imagen: captura web
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Los medios digitales cumplen hoy la labor de periodismo de investigación que han abandonado muchos medios impresos en México, y se erigen como auténticos y necesarios contrapesos al poder presidencial.

El Premio Ortega y Gasset de Periodismo 2018, categoría Investigación, para el portal de noticias Animal Político | Imagen: captura web
El Premio Ortega y Gasset de Periodismo 2018, categoría Investigación, para el portal de noticias Animal Político | Imagen: captura web

Han pasado ya casi seis años desde que Enrique Peña Nieto asumió la Presidencia de México, en diciembre de 2012. Un periodo que, si bien comenzó con la construcción de grandes acuerdos con la oposición para impulsar cambios legislativos postergados por más de una década, pronto se vio opacado por el gran lastre que ha puesto en jaque a no pocos gobiernos de Latinoamérica y otras democracias occidentales: la corrupción.

No terminaban aún de decretarse las transformaciones constitucionales que harían posible las reformas energéticas, de telecomunicaciones o educativa, cuando ya eran conocidos los primeros casos de conflictos de interés, de contratos de obra pública manipulados para beneficiar a empresas próximas al mandatario o a su círculo más cercano, así como de malversación de fondos públicos en el nivel local.

La respuesta que siguió por parte del gobierno a cada episodio fue, indistintamente, la indiferencia, el silencio, el muy ocasional cese de algún funcionario menor, pero nada más.

Una a una, nuevas acusaciones surgían ya de la oposición, ya luego de tragedias como el socavón en una carretera donde perdieron la vida dos automovilistas, o tras denuncias como la de Odebrecht: ninguna suficiente para iniciar un proceso judicial a algún responsable; ninguna que, como en otros países, pusiera en el banquillo judicial a funcionarios, secretarios de Estado, contratistas o servidores públicos.

La corrupción se instala ahí donde la impunidad está garantizada por quienes debieran encargarse de aplicar la ley y donde la complicidad es la práctica que garantiza beneficios para todos los que, con el silencio o la mentira, solapen lo que es al fin de cuentas un acto criminal.

No son pocos los casos, en ese sentido, que han sido revelados desde el periodismo digital, el que decidió prescindir de las plataformas impresas, el que ha encontrado en internet un espacio de desarrollo y crecimiento que en buena medida suple la labor de investigación a la que ha renunciado buena parte de la prensa mexicana.

Animal Político es uno de esos portales de noticias con presencia en el mapa de los medios nacionales desde hace siete años, y que este 3 de abril de 2018 recibió el Premio Ortega y Gasset de Periodismo, otorgado por el diario español El País, en la categoría de Mejor Historia o Investigación Periodística.

El trabajo merecedor del galardón se titula «La estafa maestra», un extenso reportaje realizado por Manuel Ureste Cava, Nayeli Roldán y Miriam Castillo Moya (integrante de la ONG Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad) que documenta cómo el gobierno mexicano construyó una red de empresas fantasma para desviar más de 400 millones de dólares, que debieron ser destinados a distintos programas sociales y cuyo paradero se desconoce.

Entre los implicados están ministerios de Gobierno y universidades públicas y privadas de seis estados del país, en una intrincada conexión documentada por los autores a través de las distintas herramientas que ofrece la red —texto, imágenes, infografías, videos—, para construir una historia que requirió nueve meses de investigación y que puede consultarse en www.animalpolitico.com.

Ya en 2017 este portal fue reconocido con el Premio Nacional de Periodismo en la misma categoría por un esfuerzo análogo: la investigación de otra red de empresas que desvió más de 50 millones de dólares en el estado de Veracruz, y que fue, entre otras, razón para que el exgobernador Javier Duarte —también del PRI0151 fuese detenido en Guatemala hace un año.

Sin embargo, nada similar ha ocurrido con quienes pudiesen resultar implicados en los desfalcos que reporta «La estafa maestra». Y es posible que nada ocurra, a menos que, como en el caso de Duarte, se decida en los próximos meses sacrificar a alguno en el contexto de la campaña presidencial en curso, para intentar resarcir así la baja popularidad de Peña Nieto (dos de cada diez mexicanos aprueban su gestión).

En tanto, el Premio Ortega y Gasset para Animal Político representa aire fresco y un gran incentivo para esos medios digitales que hoy cumplen una labor clave para la democracia mexicana: ser contrapesos a una Presidencia que ha hecho de la corrupción, la impunidad y la complicidad tres de sus más claros distintivos.

 

Carlos Castillo | @altanerias
Director editorial y de Cooperación Institucional, Fundación Rafael Preciado Hernández. Director de la revista Bien Común

 

 

Carlos Castillo

Carlos Castillo

Director editorial y de Cooperación Institucional, Fundación Rafael Preciado Hernández. Director de la revista «Bien Común».

Nuestra respuesta: la economía social de mercado

¿Por qué el 200 aniversario del nacimiento de Karl Marx, fundador del comunismo, no es motivo de celebración? Hoy, en […]

Por: Annegret Kramp-Karrenbauer 7 May, 2018
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

¿Por qué el 200 aniversario del nacimiento de Karl Marx, fundador del comunismo, no es motivo de celebración?

Annegret Kramp-Karrenbauer, secretaria general de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania | Foto: Laurence Chaperon
Annegret Kramp-Karrenbauer, secretaria general de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania | Foto: Laurence Chaperon

Hoy, en muchos lugares de Alemania, pero también alrededor del mundo, se conmemora el 200.º del nacimiento de Karl Marx. Personalmente encuentro que, haciendo un balance del legado de Marx en la historia de la humanidad, este no es un motivo de celebración. Por supuesto, Marx es uno de los pensadores más influyentes de la historia y, sin él, el movimiento trabajador sería impensable. Sus ideas dieron a millones de trabajadores la esperanza de un futuro mejor. Sin embargo, me parece que hasta el día de hoy tanto su ideología como las consecuencias de su pensamiento son idealizadas.

La concepción del comunismo de Karl Marx es en esencia una teoría dogmática caracterizada por una radical e intransigente distinción entre amigos y enemigos, cuya puesta en práctica conduce irremediablemente a un sistema de opresión y a la total pérdida de autonomía del ser humano. En este sentido, no es ninguna casualidad que hasta nuestros días todas las terribles variantes y formas del comunismo hayan terminado siempre en dictaduras o sistemas totalitarios. De acuerdo a los historiadores, entre 80 y 100 millones de personas han sido víctimas mortales de esta ideología. En este contexto, el cardenal Joseph Ratzinger escribió: «El socialismo realmente existente dejó en Europa del Este un triste legado de territorios y almas destruidos». Esto es algo que no debemos olvidar.

Hoy en día, Marx tampoco nos sirve de guía, sea para buscar soluciones a los desafíos de la globalización y digitalización, o para lidiar con las deficiencias del sistema económico. Menciono acá, como ejemplos, a empresas como Google o Amazon, que buscan evadir el pago de impuestos justos, o al hecho de que el bienestar económico en los países occidentales se origina en parte a través de la explotación de los trabajadores y la depredación de los recursos naturales.

Estos problemas no pueden ser resueltos apelando a dogmas del pasado o partiendo de la premisa de que los empresarios son siempre los malos y los trabajadores siempre los buenos. Las soluciones consisten en dar nuevas respuestas partiendo de la economía social de mercado. En el marco de las discusiones sobre el nuevo programa general de la Unión Demócrata Cristiana nos ocuparemos en profundidad de este tema. Para mí está claro que debemos conservar los principios fundamentales de la economía social de mercado. Para Alex Rustow, uno de estos es que «la economía debe estar al servicio de la humanidad». Rüstow, Ludwig Erhard y Alfred Müller-Armack concibieron la economía social de mercado precisamente como una alternativa al capitalismo y al socialismo. Hasta nuestros días, esta combina la libertad, el mérito, la responsabilidad individual y la competencia con la solidaridad social. Se apoya en el mismo grado sobre el ciudadano libre, el empresario responsable y el Estado confiable. Por esto es hasta el día de hoy el mejor modelo económico y social del mundo.

 

Este artículo fue originalmente publicado en el diario alemán Rheinische Post, el 5 de mayo de 2018.

 

Annegret Kramp-Karrenbauer | @_A_K_K_
Secretaria general de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU) desde febrero de 2018. Anteriormente, desde agosto de 2011, fue primera ministra del Sarre.

Traducción: Andrés Hildebrandt

 

 

Annegret Kramp-Karrenbauer

Annegret Kramp-Karrenbauer

Ministra de Defensa de Alemania y presidenta de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) desde diciembre de 2018. Anteriormente, fue primera ministra del Sarre entre 2011 y 2018.

Marx: el renacer de una falsa ilusión

Se conmemora el bicentenario de Karl Marx, figura señera del socialismo, cuyo controversial legado adquiere relevancia ante la crisis de […]

Por: Guillermo Tell Aveledo Coll 7 May, 2018
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Imagen: Guillermo Tell Aveledo
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Se conmemora el bicentenario de Karl Marx, figura señera del socialismo, cuyo controversial legado adquiere relevancia ante la crisis de certeza global. ¿Es este un prestigio merecido?

Imagen: Guillermo Tell Aveledo
Imagen: Guillermo Tell Aveledo

La reputación histórica nunca es estática: viejas certezas están siendo desafiadas por los acontecimientos, y muchas ideas que parecían desahuciadas han regresado para llamar nuestra atención. El renacer del marxismo, aun en sus derivaciones posmaterialistas, es el ejemplo más poderoso de estos cambios.

A su muerte en Londres, rondando los 65 años, Karl Marx era discretamente conocido como economista y pensador sólo entre estrechos círculos del emergente movimiento obrero europeo. Al llegar al centenario, era el profeta doctrinario del ascendente régimen bolchevique, lo que le permitió difusión y relevancia global. Con el siglo de su muerte los regímenes que había inspirado llegaban a su apogeo de extensión y población en cuatro continentes, y eran sus obras lectura infaltables en los pensa de Occidente. Menos de una década más tarde, estos regímenes colapsaron o se reformaron de modo irreconocible para la ortodoxia, y las teorías del ideólogo de Tréveris parecían destinadas al olvido histórico (yo mismo, valga la anécdota, adquirí buena parte del marxismo de mi biblioteca en baratas de libros de segunda mano abandonados por sus viejos dueños durante mi época estudiantil).

Hoy, tras una década de la crisis económica global de 2008, y con el reto a nuestras viejas certezas democráticas, los libros de Marx regresan a los anaqueles, y sus consignas son vociferadas por juventudes y gobiernos radicales en emergencia, así como se remozan en los viejos regímenes del socialismo autoritario.

Parece poco probable que el prestigio de Marx desaparezca del todo, si el colapso del comunismo occidental y la crisis de los socialismos reales no lograron imponer esa moratoria. Después de todo, siempre se planteará que hay una distancia efectiva de realización entre las ideas del genio alemán —y su fiel amigo e igual ideológico Friedrich Engels— y la puesta en práctica de quienes le siguieron. Si revisamos la tragedia de Holodomor, la hambruna china del Gran Salto Adelante, los campos de la muerte camboyanos, la división coreana o alemana y el establecimiento de Estados policiales totalitarios sobre casi la mitad de la humanidad han sido atribuidos a las interpretaciones de Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot, Castro, Guevara o burócratas de partido extremadamente celosos. Pero lo cierto es que la ilusión de las teorías de Marx y Engels no solo contenía prescripciones para gobiernos autoritarios revolucionarios desde su origen, sino que partía de una doble falacia: que solo era posible mejorar la suerte del proletariado por medio de la planificación económica autoritaria y la confiscación forzosa de la propiedad, y que este criterio era científicamente irrefutable.

Marx comenzó su carrera, y su síntesis ideológica derivada del hegelianismo, el radicalismo francés y la economía política británica, como un liberal radicalizado que detestaba la sociedad reinante en su tiempo. No era esta una crítica infundada: la expansión de riqueza de la revolución industrial no siempre vino aparejada de las reformas políticas liberales, y estas rara vez amparaban a las enormes mayorías afectadas por el éxodo campesino y el cambio en las condiciones sociales. La indignación con que Engels describe la condición de los obreros de Manchester, o con que Marx habla de las fábricas inglesas, se explicaba ante una espantosa realidad. ¡Hoy podríamos evocarlos ante las condiciones de las fábricas de Shenzhén o las maquilas centroamericanas!

Sin embargo, ya en su tiempo estas críticas eran planteadas por comentaristas conservadores, liberales sociales, cristianos, socialistas y anarquistas, quienes no veían la necesidad fatal de imponer una dictadura proletaria para mejorar las condiciones de obreros y campesinos, y aparejadamente expandir la democracia electoral. De hecho, las concesiones a la expansión del sufragio, que Marx y Engels rechazaban como un aburguesamiento distractor, fueron el punto en que el revisionismo socialista partió hacia la social democracia moderna. No fueron los contemporáneos de Marx y Engels insensibles a la cuestión social, sino más bien promotores de diversas medidas de corrección a un sistema imperfecto, mientras las más audaces predicciones marxistas fueron quedando desmentidas.

En este sentido, la crítica al autoritarismo marxista no ha de verse como una impugnación al socialismo o al movimiento obrero, que en toda su variedad ideológica ha sido crucial en el establecimiento de nuestro Estado social de derecho, especialmente vigente ante los retos presentes. Quizás la lectura más crucial de la voluminosa heredad intelectual marxista consiste en su crítica a la alienación humana (hoy visible en nuestras interacciones por las redes y el cambio de nuestros esquemas de trabajo en la economía posindustrial), pero eso no hace inevitable ni necesario asumir la conclusión política del pensador alemán.

Empero, este riesgo permanece activo: mientras nuestros regímenes políticos no logren recomponer el contrato social que les da fundamento, más y más personas, y no simplemente minorías vocales, se verán tentados por la falsa ilusión de hacer justicia por medio de la violencia revolucionaria. El reto de las democracias está en mantener su vigencia popular sin deslizarse hacia la tentación autoritaria.

 

Guillermo Aveledo | @GTAveledo
Doctor en Ciencias Políticas. Profesor en Estudios Políticos, Universidad Metropolitana, Caracas

 

 

Guillermo Tell Aveledo Coll

Guillermo Tell Aveledo Coll

Doctor en ciencias políticas. Decano de Estudios Jurídicos y Políticos, y profesor en Estudios Políticos de la Universidad Metropolitana de Caracas.

La prensa como base de la confianza social

Hoy 3 de mayo se celebra, como cada año, el Día Mundial de la Libertad de Prensa. El periodismo es […]

Por: Adriana Amado 3 May, 2018
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Imagen: Pixabay
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Hoy 3 de mayo se celebra, como cada año, el Día Mundial de la Libertad de Prensa.

Imagen: Pixabay
Imagen: Pixabay

El periodismo es una profesión que nació con la modernidad, junto con las democracias y la prensa masiva. Juntos atravesaron las profundas transformaciones políticas y tecnológicas de los últimos tiempos, aunque medios, periodistas y políticos no terminan de encontrar su rol en las sociedades de estos tiempos. Los tres actores saben que tienen que redefinir profundamente sus funciones y sus competencias para adaptarse a la vertiginosidad de los cambios. Pero la misma crisis de identidad les impide ver con claridad que se abre un inmenso destino, aunque poco tenga que ver con el antiguo lugar en la sociedad.

Quizás el factor más transformador que atraviesa el periodismo sea la pérdida de su exclusividad como productor de información. En las últimas décadas, las tecnologías de la comunicación han permitido a los ciudadanos comunicarse entre sí y ser fuente eficiente para otros ciudadanos, incluso antes de que el propio periodista. Muy aceleradamente el periodismo pierde el privilegio de la información y los medios pierden su monopolio, sin que ni uno ni otro sepan bien cómo acomodarse a esta nueva conversación social.

Estos flujos de circulación de la información social no solo hacen convivir, en un mismo plano, información certera con versiones falaces, sino que ponen el trabajo periodístico al juicio inmediato en las redes sociales. Esto trae la ventaja de que nunca antes hubo un control tan ajustado de la labor periodística, que se observa en la aparición de organizaciones dedicadas al chequeo de la información circulante. Pero a la vez, el escrutinio extendido del discurso público se refleja en un escepticismo generalizado acerca de la eficacia periodística y una caída en los índices de confianza de medios y periodismo en todo el mundo. Esto también afecta a la política, que ha descansado en la prensa su difusión. Pero también la hace responsable de esta situación, en tanto ha abusado de la instrumentalización que hizo de los medios para su comunicación sin comprender que, cuando se pierde la confianza en el pilar de comunicación ciudadana, se resiente también la democracia.

çEn estos contextos, los medios de siempre suponen que pierden audiencias cuando en realidad lo único que perdieron es el privilegio de la distribución y producción de la información, que explotaron a veces un poco abusivamente en el siglo pasado. Por eso, su desafío es la recuperación de la confianza. El Latinobarómetro señala que en 1996 los ciudadanos usaban los medios como fuente principal de información política. Esa ecuación, que era tres cuartas partes a una, en 2017 se convierte en 63 % información de los medios y 37 % de la comunicación interpersonal. La tendencia muestra que el periodismo debe recuperar el lugar de legitimación de la información que hoy asignamos a los conocidos.

Una investigación global que incluye varios países de Latinoamérica, publicada por la Fundación Konrad Adenauer, permite conocer un poco más el periodismo y sus factores de influencia. Los resultados muestran que los roles profesionales más valorados por los periodistas en América Latina siguen siendo los clásicos de reportar las cosas tal y como son (91,1 %); promover la tolerancia y la diversidad cultural (81,9 %); proveer análisis sobre temas de actualidad (80,1 %); dejar que la gente exprese sus puntos de vista (78,4 %) y fomentar el cambio social (74,9 %). Son buenos indicadores del compromiso de los periodistas con un lugar de valor en la comunicación democrática. Es esperanzador también saber que rechazan de plano cualquier función que pueda confundir su tarea con la instrumentalización política, en tanto que los puntos con menos consenso son apoyar las políticas gubernamentales (28,6 %); dar una imagen positiva de los líderes políticos (16,2 %) o ser un adversario del gobierno (16,2 %). Pero que todavía tengan algún apoyo entre los profesionales es particularmente delicado en sociedades con baja institucionalidad democrática como las latinoamericanas, donde la libertad de expresión está más desguarnecida cuando no existen sindicatos con peso, sistemas judiciales independientes o instituciones democráticas que eviten que los ciudadanos queden a merced del poder de turno.

çEl protagonismo reciente que han tomado las fake news nos recuerda que el derecho a transmitir, opinar, difundir no sirve de nada si no está apoyado en la investigación responsable y la información precisa. En estos tiempos de tecnologías de redes, el derecho a expresar es tan crítico como el de preguntar, indagar, discernir qué es información y qué no entre los aluviones de mensajes circulantes. En estos contextos, el periodismo se vuelve más necesario que antes, pero con un nuevo rol en la conversación pública como agente central para recuperar la confianza social.

 

Adriana Amado

Periodista. Doctora en Ciencias Sociales, magíster en Comunicación Institucional. Presidenta de la organización Infociudadana. Miembro del Board de Poder Ciudadano, capítulo argentino de Transparencia Internacional

 

 

Adriana Amado

Adriana Amado

Doctora en Ciencias Sociales. Presidente de Infociudadana. Investigadora en Worlds of Journalism Study. Periodista en el diario La Nación y Radio de la Ciudad de Buenos Aires.

1968, el mayo francés y su legado

A medio siglo de uno de los años más intensos de la historia contemporánea. Observado desde la distancia que proporcionan […]

Por: José Alejandro Cepeda 3 May, 2018
Lectura: 8 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

A medio siglo de uno de los años más intensos de la historia contemporánea.

Manuscrito del lema de mayo de 1968 en París: «Seamos realistas, pidamos lo imposible» | Fuente: WikiCommons.
Manuscrito del lema de mayo de 1968 en París: «Seamos realistas, pidamos lo imposible» | Fuente: WikiCommons.

Observado desde la distancia que proporcionan cincuenta años, mayo de 1968 parece un barco encallado en la costa de nuestro tiempo. La enorme movilización social protagonizada por estudiantes, obreros y grupos de intelectuales que se atrevieron a desafiar los valores de la sociedad de consumo, las diferencias de clase, el imperialismo y los límites a la libertad desde Francia, produce tanto nostalgia como desencanto, esperanza como desolación. Si bien las utopías se alimentan de ser eso, utopías, aún nos preguntamos si las causas que las producen nos siguen condenando, como a Sísifo, a trabajar en vano.

Para cualquier viajero que se haya atrevido a caminar París en libertad, al margen del turismo o de los laberintos de la rutina, las calles de esa ciudad aún albergan los ecos de la jornada. Recordemos que cerca de medio millón de personas se encontraban desempleadas en Francia, que la generación impulsada por el verano previo del amor en 1967 había desencadenado una ola contracultural de amplias dimensiones, sumada a las protestas por las guerras en Vietnam, Indochina y Argelia. Sin olvidar los ecos de la Revolución cubana y las guerras de guerrillas diseminadas en América Latina. Antes de revisar algunos otros detalles de mayo de 1968, no podemos dejar de repasar el año que lo contiene, de por sí un calendario lleno de particularidades irrepetibles.

1968

Estremecimiento. Con esta solitaria palabra se puede definir el agitado periodo que la humanidad atravesaba hace medio siglo y que en un año en particular, 1968, alcanzó visos escalofriantes. Como lo ha señalado el periodista y diplomático colombiano, Leopoldo Villar Borda, se trató de un año en el que tembló el mundo, y del que vale la pena recordar algunos de sus acontecimientos en clave occidental para intentar entender nuestro presente y proyectar el futuro.

1968 fue como el yin y el yang. Un año de revueltas sociales, magnicidios y acontecimientos políticos crudos, un calendario singularmente violento, pero en el que curiosamente la contracultura, el auge del movimiento hippie con su lema de paz y amor, así como la búsqueda de una conciencia humana compartida se expandían desde la juventud.

1968 fue el año en el que la Guerra de Vietnam entró en su fase más aguda, y a la vez en el que comenzó el declive de uno de los peores conflictos armados posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Recordemos que a la postre la destrucción del país asiático fue casi completa y que simultáneamente Estados Unidos, una de las dos grandes potencias emergentes durante la guerra fría, sufriría su primera derrota militar.

1968 fue el año en el que ocurrió el magnicidio de Martin Luther King, ícono de la lucha por los derechos civiles y contra el racismo en el mundo. La muerte de este carismático pastor bautista, ocurrida el 4 de abril en Memphis (Estados Unidos), aún confronta la lucha pacífica por la libertad frente a la irracionalidad de la violencia.

1968 fue el año en el que, siguiendo una cruenta estela, fue asesinado el 6 de junio Robert Kennedy, hermano del inmolado líder, John F., cuando se dirigía a la presidencia.

1968 fue el año de la cínica invasión de la Unión Soviética a Checoslovaquia, que puso fin a la primavera de Praga el 20 de agosto, pero que contribuiría a desenmascarar el mito de la cortina de hierro. Claro está, medio siglo más tarde aún pululan algunos nostálgicos de la URSS para quienes jamás existieron los abusos en nombre del socialismo.

1968 fue el año de la matanza de Tlatelolco, ocurrida en Ciudad de México el 2 de octubre, cuando estudiantes y manifestantes que colmaban la plaza de las Tres Culturas fueron atacados por el ejército y la policía con el saldo de decenas de muertos. Cincuenta años más tarde podemos consensuar en que la alta polarización producida por el crecimiento de los grupos revolucionarios y guerrilleros en América Latina, sumada a la represión y las dictaduras, lamentablemente pusieron a miles de civiles en medio del fuego cruzado.

Mayo de 1968

1968 fue, claro está, el año del mayo francés, acaso la concreción del despertar de la sociedad civil, que juntó por igual a estudiantes, sindicalistas e intelectuales para cuestionar el sistema político. Si bien se pidió lo imposible y no hubo revolución, del sueño utópico quedó el legado de una de las movilizaciones políticas más importantes de la historia.

Dicha movilización, no obstante, no surgió en París sino en Nanterre, donde los estudiantes ya habían provocado en enero al ministro de Juventud y Deporte, François Missoffe, por no sintonizar con las problemáticas sexuales y cotidianas juveniles. Sobresalió el liderazgo de un estudiante de sociología de origen alemán, el hoy eurodiputado Daniel Cohn-Bendit, entonces de militancia anarquista. La violencia policial contra las manifestaciones desató una mayoritaria solidaridad, y las protestas se trasladaron a París hasta llegar a asediar las puertas del Eliseo, desencadenando la noche del 10 de mayo, conocida como noche de las barricadas, cuando miles de estudiantes entraron en conflicto con las autoridades.

Estos sucesos, además de provocar cientos de heridos, generarían una convocatoria masiva a la huelga, que llegó a sumar nueve millones de personas en todo el país, y puso a Charles de Gaulle, antiguo héroe de la patria, en el posible papel de villano. La reacción de De Gaulle fue contradictoria porque, si bien logró canalizar una reprobación al caos y el radicalismo, se presentó como un adversario a las ideas de izquierda por entonces tan populares, haciendo que saliera victorioso en las elecciones legislativas posteriores de junio, pero perdedor en el referéndum de 1969, que determinó el ocaso de su carrera política y de sus propuestas de reforma. Este desenlace sería uno de los quiebres de la Quinta República.

Más allá de 1968

A 2018, a poco de terminarse la segunda década del nuevo milenio y diez lustros más tarde, Saint-Germain-des-Prés, el Quartier Latin, la rebeldía de La Sorbona o la orilla izquierda del Sena, escenarios de mayo de 1968, sin bien mantienen su encanto han perdido parte de su prestigio. No solo fue el adoquinado que se echó a perder en las protestas, sino que la propia Francia no ha podido recuperar la importancia de antaño. París, como algunos ermitaños, quizá viva más del pasado que del presente, y por eso a cualquier millennial desprevenido le dirá poco la obra de Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, la figura de Juliette Gréco o el cine de Godard y Truffaut. ¿Acaso alguien aún se atreve a releer al azar los poemas de Prévert, o al menos peregrinar hasta la tumba de Jim Morrison en el cementerio de Père-Lachaise?

En un mundo amenazado no solo por el populismo y el desequilibrio, sino por la aparición de nuevos enemigos y desafíos como Estado Islámico, las armas químicas a gran escala o la destrucción del medioambiente, las motivaciones han cambiado en medio del choque de civilizaciones pronosticado por Samuel P. Huntington. Además de la persistencia del tráfico de sustancias ilícitas, la venta de armas o la pornografía. Formas de terrorismo que lamentablemente la propia Francia y París conocen de primera mano. A la díada derecha e izquierda que Norberto Bobbio caracterizó en una dicotomía sobreviviente a la caída del muro de Berlín, que tensa nuestras vidas en la ilusión de la igualdad frente al orden, mayo del 68, a secas, se nos propone como algo naif. Pero de eso se tratan también las utopías.

Finalicemos este sobrevuelo diciendo que, en medio de tantas tensiones, 1968 no solo fue el año en que The Beatles publicó su único y ecléctico disco doble, el Álbum Blanco, muy acorde con su época, sino que fue el año de la histórica visita del papa Pablo VI, la primera de un pontífice a América Latina, ocurrida en Colombia, desde donde se envió al mundo un mensaje de paz que aún merece ser escuchado.

 

José Alejandro Cepeda | @sinclair_simon_
Colombiano. Periodista y politólogo

 

 

José Alejandro Cepeda

José Alejandro Cepeda

Colombiano. Periodista y politólogo. Doctor en Ciencias Políticas y de la Administración. Profesor de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá

Argentina: se disparó la pelea por el costo de las tarifas y el ahorro de energía

El presidente Mauricio Macri visitó Vaca Muerta, una de las reservas de gas más grandes del mundo. Desde allí exhortó […]

Por: Alejandra Gallo 2 May, 2018
Lectura: 4 min.
El presidente Mauricio Macri recorrió en Neuquén las instalaciones del yacimiento de gas de Vaca Muerta | Fuente: Infobae
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El presidente Mauricio Macri visitó Vaca Muerta, una de las reservas de gas más grandes del mundo. Desde allí exhortó a los argentinos a consumir menos, como lo hacen los otros países latinoamericanos. En paralelo, los aumentos en las tarifas de luz, gas y agua generaron diferencias dentro de la coalición de Gobierno y despertó al peronismo en el Congreso.

El presidente Mauricio Macri recorrió en Neuquén las instalaciones del yacimiento de gas de Vaca Muerta | Fuente: Infobae
El presidente Mauricio Macri recorrió en Neuquén las instalaciones del yacimiento de gas de Vaca Muerta | Fuente: Infobae

En pleno proceso de eliminación gradual del complejo entramado de subsidios energéticos que dejó el gobierno anterior, el presidente Mauricio Macri visitó, por primera vez, Vaca Muerta junto con el ministro de Energía Juan Aranguren. Y desde allí sorprendió con un dato revelador en torno a los hábitos de consumo de los argentinos en materia energética. El primer mandatario señaló que en su país, a iguales condiciones climáticas, por ejemplo respecto de Chile, se consume un 30% más de calefacción en invierno que del otro lado de la cordillera.

Las palabras de Macri y su gesto político de visitar Vaca Muerta (el paradigma del Gobierno en materia de impulso a las inversiones extranjeras) llegó justo cuando los bolsillos de los argentinos sienten aumentos en la luz, el gas, el agua, los combustibles y el transporte público. Es parte de una secuencia de eliminación de subsidios que, durante más de una década, mantuvieron las tarifas congeladas en la mayor parte del territorio argentino. De este modo, el costo de los servicios públicos, que fue muy barato para los hogares, con los últimos incrementos ahora comprendería entre un 15% y hasta un 25% de los ingresos familiares.

En términos generales, la población entiende que la maraña de subsidios debe desarticularse; sin embargo, no todos tienen espaldas para afrontar estos aumentos. Desde que ganó las elecciones de medio término, en octubre del año pasado, el gobierno de Cambiemos decidió avanzar con el cronograma de reducción de subsidios y aumentos de tarifas para completarlo en junio de este año. Sin embargo, los reclamos por las dificultades para pagar las boletas generaron diferencias aun dentro de la coalición de Gobierno. La Coalición Cívica de Elisa Lilita Carrió y la Unión Cívica Radical, presidida por el gobernador mendocino Alfredo Cornejo, le solicitaron al jefe de gabinete Marcos Peña (PRO puro) que se reviera el cronograma y se extendieran las subas por otro año. Finalmente, Cambiemos ratificó el cronograma original para evitar, entre otras cuestiones, que los incrementos se prolonguen en 2019, un año electoral en el que el propio presidente iría por su reelección. A cambio aceptó una propuesta técnica del radicalismo que prevé el pago de las subas del gas en tres cuotas, para aquellos clientes residenciales que no puedan hacer frente de una sola vez sus boletas en el invierno.

Así las cosas, la oposición también salió a jugar su partido en el Congreso. El peronismo, que venía absolutamente fragmentado luego de la derrota electoral ante Cambiemos a fines de 2016, y en medio de decenas de denuncias judiciales que investigan por corrupción a varios exfuncionarios del gobierno de Cristina Kirchner, por primera vez intenta votar unido un proyecto de ley que dé marcha atrás en la suba de tarifas y que elimine algunos impuestos nacionales, como el IVA que se paga con las boletas. Macri ya anticipó que si esto ocurriera vetaría la eventual ley. Este debate se produce además cuando el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzo, ya anunció que abandonará su cargo a fines del año próximo. Las versiones sobre el alejamiento de esta pieza clave del oficialismo en la negociación parlamentaria apuntan a diferencias irreconciliables con el jefe de gabinete.

La pelea por las tarifas parece que recién comienza pero desde la Casa Rosada sostienen que avanzarán en su postura y, tal como pasó a fines de año con la polémica reforma previsional, estarían dispuestos a pagar el costo político de mantener los aumentos y de forzar, de paso, a los gobernadores a bajar impuestos provinciales que también se cobran en las mismas boletas. Sería un modo de llevarlos a reducir el déficit fiscal que dijeron que bajarían en el paco fiscal de diciembre pasado pero que, en la práctica, muy pocos gobernadores están cumpliendo.

 

Alejandra Gallo | @alegalloinfo
Argentina. Periodista. Escribe para el diario El Cronista y trabaja en los programas Volviendo a Casa y Esta Semana, de Radio Mitre

 

 

Alejandra Gallo

Alejandra Gallo

Argentina. Periodista. Escribe para el diario "El Cronista" y trabaja en los programas "Volviendo a Casa" y "Esta Semana", de Radio Mitre.

Como el viento entre los almendros

Vivimos en una sociedad cuya cultura nos impone, como sería lógico de esperar, determinadas tendencias u orientaciones que van desde […]

Por: Diego Silveira Rega 2 May, 2018
Lectura: 3 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Vivimos en una sociedad cuya cultura nos impone, como sería lógico de esperar, determinadas tendencias u orientaciones que van desde la moda, el cine, la música, la política y, claro, la literatura.

En mis cortos veintinueve años he leído mucho acerca de Israel, la tragedia de su pueblo, su historia, sus naufragios, su recuperación y su consolidación como nación. También es abundante el material al que uno puede acceder para acercarse y conocer el conflicto de Oriente Próximo que desde hace tanto tiempo tiene como protagonistas a Israel y Palestina. Desde películas y novelas hasta revistas y artículos periodísticos, el material abunda pero con una particularidad: estamos habituados a acercarnos al tema desde la óptica israelí.

Como el viento entre los almendros es la primera novela de Michelle Cohen Corasanti, una licenciada en Derecho y en Estudios de Oriente Próximo, norteamericana de origen judío que ha vivido en Estados Unidos, Francia, España, Egipto, Inglaterra e Israel. A través de sus páginas, la autora nos narra la historia de Ichmad, un joven palestino cuya vida, y la de su familia, se desarrolla en el ambiente rural de una Palestina que comienza a ser cercada por los asentamientos de colonos que el gobierno de Israel construyó desde 1967 en territorios conquistados luego de la Guerra de los Seis Días.

La pobreza, la violencia, la confrontación ideológica y religiosa son aspectos determinantes en la vida de Ichmad, que desde sus doce años emprende una carrera vital para salvar a su familia de la miseria luego de que su padre fuera encarcelado por el ejército israelí. Sorteando innumerables obstáculos internos y externos, Ichmad descubre su enorme potencial para las ciencias y las matemáticas; a través de la educación logra vencer muchos preconceptos y comenzar un camino cargado de esfuerzos, de sacrificios personales y familiares que lo conducirán, hacia el final de su carrera, a la obtención de un importante reconocimiento internacional.

Michelle Cohen Corasanti

Como el viento entre los almendros es una obra reveladora, casi testimonial, pero ante todo es un desafío, una invitación a sumergirnos en el conflicto árabe-israelí a través de dos puertas poco atravesadas por nosotros: la vida diaria de las familias palestinas y el lado humano de un conflicto que solo estamos acostumbrados a ver en su faceta política y diplomática.

Michelle Cohen nos invita a reflexionar y a romper tabúes en uno de los momentos más turbulentos y de mayor radicalidad de los conflictos religiosos. Sus páginas son un llamado grave y urgente para mirarnos por encima de los dogmas sagrados y descubrirnos en los demás como iguales, como personas; y reconocer la tragedia que vivimos como humanidad.

No sé cuánto tiempo le llevará al lector viajar por las casi 350 páginas de esta novela, pero estoy seguro de que será un viaje cuya intensidad solo logran las plumas que logran sumergirnos por completo en la historia y nos hacen aflorar nuestros sentimientos más profundos.

El mayor logro de esta obra es, sin lugar a dudas, que luego de ella no volveremos a ver el conflicto de Oriente Próximo con los mismos ojos y que cuestionaremos, cada vez, nuestro destino como humanidad.

 

Diego Silveira | @Diegosilveirar
Uruguayo. Miembro de la Red Humanista por Latinoamerica



Ficha técnica

Como el viento entre los almendros
Michelle Cohen Corasanti
Editorial Bruguera
352 pp.
ISBN 978 8402 421401

Diego Silveira Rega

Diego Silveira Rega

Uruguayo. Miembro de la Red Humanista por Latinoamerica

Una novela criminal

Esta obra de Jorge Volpi, ganadora del Premio Alfaguara 2018, es la fascinante recreación sin ficción del famoso affaire Cassez-Vallarta, […]

Por: Javier Brown César 2 May, 2018
Lectura: 4 min.
portada de Una novela criminal
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Esta obra de Jorge Volpi, ganadora del Premio Alfaguara 2018, es la fascinante recreación sin ficción del famoso affaire Cassez-Vallarta, que polarizó y dividió a la sociedad mexicana y llevó a una crisis diplomática sin paralelo. La francesa Florence Cassez, acusada de secuestro, vivió en las cárceles mexicanas siete años, hasta que por fallas en el debido proceso fue liberada por la justicia mexicana.

A decir del jurado, la obra premiada nos revela «la perplejidad de lo real», ante la que no hay respuestas. Volpi nos lleva al centro de una historia en la que aparece una banda de secuestradores supuestamente encabezada por el novio de Florence Cassez, Israel Vallarta, todavía preso. Con una narrativa directa y cautivante, el galardonado nos hace ver, observar, imaginar, saber e incluso no saber lo que acontece en un caso que demuestra el terrible e innegable efecto corruptor de un poder sin límites ni contrapesos.

Lo fundamental de la novela no es tanto la inocencia o la culpabilidad de las personas involucradas, sino la develación de la forma en que los poderosos utilizan a las instituciones como interminables fábricas de mentiras, que se refuerzan unas a otras, ocultando de forma sistemática la verdad de los hechos. La verdad en el affaire Cassez no resplandece, porque las evidencias quedan irremisiblemente contaminadas, corrompidas desde el inicio.

A lo largo del libro uno se confronta con autoridades que a la develación de una mentira están acostumbradas a responder con una mentira todavía mayor. La novela revela también la forma en que la fabricación incesante de mentiras puede polarizar a una sociedad e inducirla al error colectivo, a la obnubilación grupal. La pregunta inquietante que se desprende de la lectura es qué se puede hacer cuando son las propias instituciones del Estado las que torturan, secuestran y asesinan, y qué sucede cuando se pretende hacer pasar como verdad histórica una sarta interminable de falsedades que se encubren unas a otras.

Jorge Volpi
Jorge Volpi

Pero no todo es desencanto, nos queda la esperanza fundada de reformar nuestros sistemas de procuración e impartición de justicia, y comprometer a las instituciones del Estado con una nueva dinámica que, en lugar de hacer proliferar mitos y mentiras, haga que prevalezca la verdad, como uno de los derechos fundamentales de toda sociedad democrática. Así, se plantea como imperativo moral para nuestros gobiernos el «imponer una cultura de la verdad y promover el acceso a la información». El eje de todo el vasto esfuerzo de Volpi es la terrible posibilidad de que el culpable sea, a final de cuentas, el poder corruptor que pervierte instituciones, tergiversa hechos, tortura a inocentes, fabrica culpables y premia a los villanos; esta cruel dinámica del poder, auténtica tergiversación de todos los valores, no debe repetirse nunca más.

Al terminar el libro el sentimiento inocultable es de indignación e impotencia ante la posibilidad de que el Estado, a través de sus instituciones, devenga criminal, represor de libertades, aniquilador de la disidencia y fabricador de mentiras interminables. Ante una verdad que se oculta y no se revela, se comprende a los indignados y a quienes se manifiestan en calles y plazas contra los poderes constituidos, aunque su enojo sea episódico, esporádico. Al final de Una novela criminal el enojo queda arraigado con fuerza en nuestra conciencia moral, llevándonos a la convicción de que la única forma de expresarlo es actuar decididamente para que nunca más el terror de la mentira prevalezca sobre la política de la verdad.

 

Javier Brown César | @JavierBrownC
Profesor en la Universidad Vasco de Quiroga y articulista en la revista La Nación



Ficha técnica

Una novela criminal
Jorge Volpi
Editorial Alfaguara, 2018
504 pp.
ISBN 978 842 0432274

 

 

Javier Brown César

Javier Brown César

Filósofo. Profesor en la Universidad Vasco de Quiroga, México. Articulista en la revista "La Nación". Ex director general de Formación y Capacitación del Partido Acción Nacional. Miembro del staff de la Fundación Rafael Preciado Hernández. Maestría en Política Educativa en Universidad de Panamá, Maestría en Administración Pública y Política Pública en Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.

Controlar la educación, el sueño de la tiranía

El valor de la educación como derecho humano se contrapone a la imposición de una visión única de la historia […]

Por: Eduardo Rengifo Lugo 30 Abr, 2018
Lectura: 5 min.
Salón de clases escolar | Foto: Oswaldo Vásquez
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El valor de la educación como derecho humano se contrapone a la imposición de una visión única de la historia con fines políticos. La democracia es necesariamente plural, por tanto, también la educación.

Salón de clases escolar | Foto: Oswaldo Vásquez
Salón de clases escolar | Foto: Oswaldo Vásquez

El escritor francés Houellebecq narra en su novela Sumisión una situación política ficticia, en la cual el Partido Socialista, ante la amenaza de una victoria de Marine Le Pen, decide aliarse con un grupo político denominado la Hermandad Musulmana. El jefe de este movimiento, Mohammed Ben Abbes, un político hábil e inteligente, en definitiva vence en la contienda electoral como consecuencia de su alianza con los socialistas.

Mientras los socialistas y el grupo de Ben Abbes negociaban su pacto político, el astuto musulmán pidió el Ministerio de Educación y dejó de lado el interés por los demás ministerios. Le interesaba el control del sistema educativo porque era la manera más eficiente de incrustar sus dogmas en las nuevas generaciones y de esa manera someterlos a perpetuidad.

Esta novela de Houellebecq muestra que el cambio trascendental de una sociedad pasa por el sistema educativo. A través de la educación se puede dar un salto hacia adelante o hacia atrás. La cultura política se define por medio de los programas educativos que se imparten a los ciudadanos.

Esta asociación de ideas es interesante en el contexto del sistema educativo venezolano, que presenta dificultades y limitaciones de difícil superación por los efectos y causas de orden sociopolítico, en los cuales entra en juego la más compleja forma de la vida social del país.

El aspecto más resaltable es que el sistema educativo se encuentra totalmente degradado debido a políticas desacertadas e improvisadas que cambian según el gobierno de turno, agravado en el presente, con la consecuencia de una baja calidad del producto y la detracción de la imagen del educador.

Este sistema educativo se centra principalmente a las coberturas cuantitativas; e incluso ahí también se han activado las alarmas por los indicadores en rojo que señalan que miles de niños y jóvenes han abandonado este año las aulas de escuelas, liceos y universidades por factores relacionados con la crisis económica. Se estima que de 12.734.000 casi 9.931.000 asisten a un centro de enseñanza.

Uno de ellos es José, un niño caraqueño de 9 años que se acuesta sin comer, pero al llegar a la escuela titubea sobre el porqué de su hambre. La crítica de su mamá al gobierno contradice lo que lee en el texto obligatorio que le dieron en su escuela pública nacional. A diario se encuentra con un dibujo colorido del extinto presidente Chávez, junto al líder de la Independencia, Simón Bolívar con la frase «Tenemos Patria».

José lee a diario en su texto que Venezuela es un país pujante y revolucionario. Sin embargo, muy contrariado vuelve a casa y escucha en la televisión nacional declaraciones de cualquier vocero oficialista diciendo que el desarrollo del pueblo venezolano en los últimos 15 años se debe a la cooperación cubana. Así es difícil fomentar sentido crítico.

Lo anterior es el reflejo educativo del exagerado culto a Simón Bolívar, que estimula la adoración al héroe de la Independencia en lugar de fomentar el sentido crítico sobre los hechos históricos. Cada vez más se exagera la historia militar y el socialismo, poniendo en segundo plano la historia anterior, la época colonial, en la cual se forjó la base de nuestra identidad.

En la Venezuela de hoy, la educación promueve al estudiante aunque no haya cumplido los logros establecidos para cada grado. Tenemos escasez de profesores especializados y, en lugar de incentivar el ejercicio de la profesión docente, la solución es reducir dramáticamente el número de horas de aula, con más formación para el trabajo y menos para el estudio catedrático, un esfuerzo del régimen para guiar a millones de José hacia la ignorancia.

En este contexto de empobrecimiento general las barreras de acceso a la educación afectan a todo el espectro social, manteniendo las brechas sociales de siempre. Es tan dramático que en el último año se ha incrementado la irregularidad de la asistencia escolar por falta de comida en el hogar, y en el quintil social más pobre, tres de cada cuatro niños dejan de ir a la escuela alguna vez por falta de comida.

Hoy las escuelas que imparten merienda escolar son privilegiadas, los niños van primero a comer y luego a educarse; lamentablemente el sistema escolar deja a los millones de José sin la preparación para seguir progresando, hecho que compromete seriamente el futuro de estos niños.

A diferencia del cubano, el venezolano no se ha amansado; pero si no despertamos, con los años veremos los efectos de estas prácticas en niños como José y en las venideras generaciones. Debemos reflexionar sobre qué se está enseñando, instruyendo y educando, y cómo lo estamos haciendo.

Todos los tiranos lo han tenido claro, todo ha sido para controlar la educación y evitar que los ciudadanos seamos libres, sino más bien obedientes súbditos y obreros útiles al sistema.

Urge un cambio educativo, pero los cambios no se decretan sino que se construyen con el compromiso, disposición y voluntad de todos, si actuamos con hidalguía y sin personalismos, entendiendo que solo a través de un modelo educativo sin ideologización y basado en la calidad del aprendizaje podremos dar un salto hacia adelante. Porque el mañana es hoy.

 

Eduardo Rengifo

 

 

Eduardo Rengifo Lugo

Eduardo Rengifo Lugo

Licenciado en Geografía. Movimiento Primero Justicia, Venezuela

Perú: arte y cultura en los cerros de Pamplona Alta

La Municipalidad de San Juan de Miraflores, Lima, brinda talleres de música y danza por los que han pasado centenares […]

Por: Javier Altamirano Coquis 27 Abr, 2018
Lectura: 3 min.
NIños y violines en el distrito de Pamplona Alta, Lima | Foto: Javier Altamirano
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La Municipalidad de San Juan de Miraflores, Lima, brinda talleres de música y danza por los que han pasado centenares de niños, niñas y adolescentes de escasos recursos. 

NIños aprenden a tocar el violín en San Juan de Miraflores, Lima | Foto: Javier Altamirano
NIños aprenden a tocar el violín en San Juan de Miraflores, Lima | Foto: Javier Altamirano

Antes del 2015, San Juan de Miraflores era un distrito donde la cultura y el arte eran ajenos a su comunidad, a razón de que sus autoridades poco o nada hacían para revertir esta situación. Por ese motivo, desde que asumimos la gestión trabajamos arduamente para brindarle al vecino diversos talleres que nunca se habían desarrollado a través de la municipalidad, entre ellos, de ballet y de violín.

Muchos creían que la práctica del ballet y del violín estaba destinada a personas de nivel socioeconómico distinto al de mis vecinos sanjuaninos. Esa apreciación fue la que marcó el inicio del cambio en San Juan de Miraflores. Tengo la convicción de que no somos ni más ni menos que nadie y, por ende, al igual que todos, merecemos lo mejor. Esto me motivó a demostrar que todos tenemos las mismas oportunidades, porque talento en el distrito es lo que sobra.

Las primeras acciones que realizamos fueron talleres en sectores vulnerables de nuestro distrito, como en Pamplona Alta, donde se equipó una Casa de la Juventud y del Adulto Mayor para el desarrollo de programas culturales y artísticos.

Aún recuerdo con alegría la primera convocatoria que realizó la municipalidad para integrar los talleres de ballet y violín. Niños, niñas y adolescentes acompañados de sus padres estaban felices por la oportunidad que se les daba de practicar y demostrar su talento en música y danza.

Desde su lanzamiento, cientos de pequeños sanjuaninos de escasos recursos han pasado por estos talleres, a cargo del maestro Jesús Fernando Peralta Chunga y de la profesora Nora Delgadillo, quienes transmiten su conocimiento y experiencia profesional a sus alumnos.

Nos llena de orgullo y satisfacción que a la fecha ya contemos con un elenco de ballet y violín, un testimonio de que la pobreza no es impedimento para desarrollar y potenciar las capacidades artísticas de las personas.

Creemos que todos debemos tener las mismas oportunidades y seguiremos siempre luchando por que esto no sea solo parte de un discurso político, sino una realidad, como lo es hoy en San Juan de Miraflores.

 

Javier Altamirano Coquis | @altamiranosjm
Alcalde de la Municipalidad de San Juan de Miraflores, Lima, Perú

 

 

Javier Altamirano Coquis

Javier Altamirano Coquis

Alcalde de la Municipalidad de San Juan de Miraflores, Lima, Perú

Nicaragua, Ortega y el síndrome de Hibris

¿Tiene alguna repercusión psicológica la perpetuidad en el poder en un mandatario? Según el político y médico, David Owen,[1] «los líderes […]

Por: Juan José Díaz Quintana 26 Abr, 2018
Lectura: 6 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

¿Tiene alguna repercusión psicológica la perpetuidad en el poder en un mandatario? Según el político y médico, David Owen,[1] «los líderes que sufren de este síndrome creen que son capaces de grandes obras, que de ellos se esperan grandes hechos y creen saberlo todo y en todas circunstancias, y operan más allá de los límites de la moral ordinaria». A esto se le conoce como el síndrome de Hibris, una palabra de origen griego que significa desmesura.

Nicaragua se encuentra en un contexto social crítico, luego de ocho días de manifestaciones con al menos 40 personas muertas en su mayoría jóvenes. Entre ellos, el periodista Miguel Ángel Gahona, abatido mientras filmaba y relataba una de las protestas en plena vía pública, quizás la imagen más tenebrosa de represión que se ha visto en mucho tiempo. Hay además un centenar de heridos y varios desaparecidos.

El detonante fue una reforma al modelo de la seguridad social nicaragüense impulsada por el Poder Ejecutivo de Daniel Ortega, la que afectaba a los empresarios y a los trabajadores, aumentando en el primer caso el 3% de la contribución y en el segundo caso el incremento del 0,75%.

Más allá del aumento del monto, lo que más preocupaba a los trabajadores (porción mayoritaria en un modelo de seguridad social contributiva) era la implementación de medidas que afectarían los resultados de sus aportes, al disminuir las pensiones y aumentar los requisitos de cotización, con periodos de vida laboral más largos previo al retiro.

Sin embargo, lo que acontece hoy en Nicaragua no es una simple protesta a las mencionadas medidas tomadas por el gobierno. Se fundamenta en el contexto de las formas, más que del fondo. Y es que los nicaragüenses se unieron una vez más con un reclamo y un alzamiento de voz que no encontró oídos, y con la primera intervención de la policía para callar sus voces se proyectaron en sus mentes los recuerdos de hechos similares en los que fueron ignorados por un gobierno aferrado once años al poder. Son once años de no dialogar con los sectores que clamaban por ser oídos.

Las reformas al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS) fueron la gota que derramó el vaso de la discordia en la sociedad nicaragüense, agobiada por altos precios de los combustibles, malas condiciones salariales, abuso del poder, corrupción, un sistema electoral desacreditado y una fuerte represión de las fuerzas de choque del gobierno hacia los grupos de manifestantes.

La razón del reclamo inicial de los manifestantes puede ser sujeto a una discusión técnica. Pero es obligación de un mandatario oír, entender y dialogar con los grupos que tengan diversas opiniones, respetando sus derechos. Invisibilizarlos y reprimirlos fue la receta perfecta para obtener el caos en que se ve consumido el gobierno de Daniel Ortega.

Y es que cuando un mandatario padece del síndrome de Hubris, sus acciones y toma de decisiones se basan únicamente en creer que él tiene siempre la razón, un síndrome obnubilante que no le permitió a Ortega leer con claridad el panorama de lo que se avecinaba.

Prueba fehaciente de lo anterior son las acciones que tomó el Gobierno luego de las protestas. En primer lugar, luego de la emisión de la resolución sobre la reforma reprimió a un pequeño grupo de estudiantes que salieron a manifestarse, como si fuesen delincuentes; posteriormente aparecieron grupos de choque que robaban cámaras y golpeaban a los comunicadores y manifestantes. Además, el ejército nicaragüense se desplegó en varios puntos del país. Todo esto mientras el gobierno guardaba absoluto silencio.

Las críticas de los medios de comunicación no tardaron en llegar y esto generó una acción muy común en Nicaragua y en las dictaduras: la censura. Cortaron la señal de aire de los canales que transmitían las protestas, incluyendo al medio 100% Noticias. Pero claro, no pudieron cortar los cientos de videos y transmisiones en vivo a través de las redes sociales. La violencia fue en escalada, los jóvenes tomaron universidades para resguardarse en ellas, también iglesias, las fuerzas antidisturbios ingresaron de todas formas, el número de víctimas fue en ascenso, hubo saqueos a supermercados, desaparecidos. Un verdadero caos.

Rosario Murillo, vicepresidente y esposa de Ortega, fue la primera en dar declaraciones desde el gobierno. Lejos de propiciar el diálogo y contribuir a la paz, expresó: «Parecen vampiros reclamando sangre para nutrir su agenda política», refiriéndose a los manifestantes, además de calificar a los estudiantes de «gente tóxica», entre otras expresiones.

El descontento fue tal que produjo una reacción en cadena con protestas simultáneas en varias ciudades del país y, a pesar de que Ortega ya ha revocado la resolución, las marchas y las manifestaciones no se han detenido. Hoy la ciudadanía organizada pide la renuncia del matrimonio Ortega-Murillo y la reforma de salud pasó a un segundo plano.

El día 25 de abril la Iglesia católica tomó el rol de canalizadora del diálogo. «Para facilitar el clima de diálogo consideramos esencial e imperativo que tanto el gobierno como cada miembro de la sociedad civil evite todo acto de violencia, de irrespeto a la propiedad pública y prevalezca un clima sereno y de absoluto respeto a la vida humana de todos y cada uno de los nicaragüenses», expresó el Episcopado en ese comunicado leído por el cardenal Leopoldo Brenes.

Ortega ya ha liberado a decenas de manifestantes arrestados y ha eliminado los obstáculos a los medios de comunicación independientes.

En la antigua Grecia era sabido que hibris antecedía a la caída. La persona que cometía hibris era culpable de querer más que la parte que le fue asignada en la división del destino. La desmesura designa el hecho de desear más que la justa medida que el destino asigna. El castigo a la hibris es la némesis, el castigo de los dioses que tiene como efecto devolver al individuo dentro de los límites que cruzó.[2]      

Pero esto no es Grecia, es Nicaragua, expuesta a la indignación ciudadana causada por el irrespeto a los derechos humanos y la libertad de expresión, los abusos de poder, las injusticias y la corrupción, con una ciudadanía que anhela avanzar hacia una democracia consolidada, dispuesta a fijar límites y marcar un punto final.

 

Juan José Díaz Quintana | @jotadiazquin
Analista político. Miembro de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia. Gerente general de Lex Group Consultores

 

 [1] Autor británico, en su libro en el Poder y la enfermedad: Enfermedades de Jefes de Estado y de Gobierno en los últimos 100 años

[2] Fisher, Nick (1992). Hybris: a study in the values of honour and shame in ancient Greece. Warmister (Reino Unido): Aris & Phillips. ISBN 9780856681448.

 

Juan José Díaz Quintana

Juan José Díaz Quintana

Costarricense. Analista político. Miembro de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia. Gerente general de Lex Group Consultores

Aires nuevos en las viejas banderas

Tuvieron que pasar 182 años en una de las pocas democracias plenas que existen en el mundo para que una […]

Por: Diego Silveira Rega 26 Abr, 2018
Lectura: 5 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Tuvieron que pasar 182 años en una de las pocas democracias plenas que existen en el mundo para que una mujer llegara a la presidencia del partido más viejo del Uruguay y uno de los más antiguos del mundo.

Desde el 16 de abril, la escribana Beatriz Argimón preside el Honorable Directorio del Partido Nacional del Uruguay, máximo órgano de conducción política de este partido bicentenario, integrado por los principales dirigentes políticos de esta colectividad que emergen de la convención nacional que cada cinco años deposita en ellos el poder de conducirlo.

Este paso que da hoy el partido blanco, en alusión a la divisa de ese color que en 1836 llevaban los seguidores del presidente Manuel Oribe con la inscripción «Defensores de las Leyes», representa un mojón en la historia de esta colectividad que durante la mayor parte de su longeva existencia ha estado en la oposición, y que ha sido siempre un actor fundamental en la construcción de la identidad nacional y de la institucionalidad de la República.

El momento también es histórico ya que la flamante presidenta asume la conducción de un partido posicionado como fuerte candidato a ganar las próximas elecciones nacionales, compitiendo de igual a igual con el actual partido de gobierno. Asimismo, se trata de una fuerza política con una fuerte presencia en el interior del país, que tiene el desafío por delante de acortar las distancias entre Montevideo y el Interior profundo (distancia que, por cierto, tiene sus raíces en la historia misma del partido) y replicar las reiteradas victorias electorales de los departamentos del interior en la capital.

Esta puntualización no es casual y la nueva presidenta deberá tenerlo muy presente a la hora de tomar las riendas de un partido que aspira a llegar al poder y que, ciertamente, puede hacerlo.

Ante este escenario que ilusiona a los nacionalistas, esta designación servirá, sin dudas, para posicionar al Partido Nacional en la vanguardia de los temas que ocupan la agenda nacional. Su trayectoria como parlamentaria le aporta la experiencia necesaria en este sentido, habiendo sido electa como representante nacional en reiteradas oportunidades y habiendo sido la primera mujer nacionalista reelecta en períodos consecutivos.

Asimismo, Argimón tiene un largo camino transitado en la defensa de la mujer, la igualdad de derechos y oportunidades y la defensa de la diversidad de género. Era hora ya de que el viejo partido de los caudillos de los siglos pasados abriera sus puertas y sus ventanas para que entrara un aire nuevo, limpio y fresco a barrer y tirar abajo viejos dogmas y estructuras de otros tiempos, que nada tienen que ver con la realidad que vivimos hoy en día.

La tarea no es sencilla pero todo parece indicar cuál es el camino elegido por la nueva presidenta quien, en uno de sus primeros actos como conductora del Directorio visitó a la Comisión Nacional de Jóvenes del Partido, dándole su apoyo y reforzando un vínculo que ya había sabido construir desde su anterior rol como presidenta del Centro de Estudios «Josefa Oribe» dentro del Partido Nacional y como secretaria del Honorable Directorio.

La cuestión parece ser bien clara. El país atraviesa situaciones que generan incertidumbre en la población; temas como la seguridad pública, la educación, la salud, la violencia de género, el desempleo y las relaciones internacionales han dividido al partido de gobierno que, aunque sigue siendo fuerte, comienza a mostrar grietas y divisiones internas muy marcadas que nada bien le hacen al país. Asimismo hemos sido testigos en el último tiempo de casos de corrupción y cuestionamientos éticos que han afectado a todos los partidos y que demandan decisiones firmes, sin titubeos y severas que contribuyan a fortalecer las instituciones que nos son tan caras a los uruguayos.

En este sentido, estamos convencidos de que Beatriz Argimón podrá (y deberá) aportar un enorme diferencial desde la conducción del Partido al clima de polarización que vive la sociedad uruguaya y sobre todo la política. Al grito, podrá aportar serenidad; al extremismo, podrá aportar ecuanimidad; al machismo, opondrá igualitarismo; y a quienes buscan romper deberá anteponer una actitud conciliadora y constructiva como lo supo hacer desde el Parlamento, siendo una de las parlamentarias fundadoras de la Red de Mujeres Políticas y de la Bancada Bicameral Femenina, construyendo espacios superadores de las diferencias políticas en los hechos y no en el discurso, y contribuyendo a instalar en el debate temas en los que nos jugamos demasiado como sociedad, como son la igualdad y la violencia.

En definitiva, la oportunidad que tendrá el Partido Nacional de cara a las elecciones del próximo año son enormes, pero enormes son, también, los desafíos internos y las transformaciones que debe encarar para volver a convencer y a enamorar con un proyecto político que refleje el tiempo que vivimos. El primer paso fue dado y la vieja dirigencia da un paso al costado de la conducción partidaria para permitir que la locomotora siga por la vía con una nueva fuerza y con aire juvenil, fresco, con el buen humor y con todo el cariño que Beatriz Argimón ha demostrado por esta colectividad. Es el tiempo de sacudir la modorra de las estructuras del viejo Partido Nacional y que nuevos vientos agiten las viejas banderas; el país lo necesita

 

Diego Silveira Rega | @Diegosilveirar
Uruguayo. Miembro de la Red Humanista por Latinoamerica

 

Diego Silveira Rega

Diego Silveira Rega

Uruguayo. Miembro de la Red Humanista por Latinoamerica

La otra cara de la corrupción

Lo que desde la academia suele denominarse pesimismo antropológico, aplicado al discurso sobre la corrupción, es el mejor aliado para […]

Por: Cristian Márquez Romo 25 Abr, 2018
Lectura: 5 min.
Presidente Enrique Peña Nieto en el Senado de la República | Foto: Presidencia de México, vía Wikicommons
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Lo que desde la academia suele denominarse pesimismo antropológico, aplicado al discurso sobre la corrupción, es el mejor aliado para sembrar la desesperanza y difundir la idea de que las cosas no pueden cambiar. Se favorece, así, a aquellos a los que la corrupción arroja mayores beneficios.

Presidente Enrique Peña Nieto en el Senado de la República | Foto: Presidencia de México, vía Wikicommons
Presidente Enrique Peña Nieto en el Senado de la República | Foto: Presidencia de México, vía Wikicommons

En México es fácil recordar el discurso en el cual el presidente saliente Enrique Peña Nieto dijo que la corrupción era algo cultural. Posteriormente, el acto en el cual, en medio del año más violento en la historia reciente del país, se le entregó al ex secretario de Hacienda una pintura al óleo con un retrato de sí mismo. Si bien ambos episodios generaron polémica en la opinión pública, probablemente pocos pensaron en la posibilidad de establecer una relación entre ellos. Es probable que, contrario a lo que se suele pensar, el discurso de Peña Nieto y el acto de la pintura de Luis Videgaray no sean episodios de mera ceguera ante lo que sucede en el país. Es decir, no son únicamente producto del abismo entre los ciudadanos de a pie y la realidad paralela en que vive una élite intocable.

Ningún discurso político es ingenuo. Por el contrario, todos tienen un objetivo muy concreto: imponer una narrativa, un relato del statu quo. Sin embargo, para imponerse exitosamente, todo relato necesita proyectar algo particular como universal, disputando el sentido común de la mayoría. Cuando esto sucede logrando apelar al sentido común, se beneficia siempre más a un grupo determinado.

Lo que desde la academia suele denominarse pesimismo antropológico aplicado al discurso sobre la corrupción, es el mejor aliado para sembrar la desesperanza y difundir la idea de que las cosas no pueden cambiar. Se favorece, así, a aquellos a los que la corrupción arroja mayores beneficios. El pesimismo antropológico, basado en una serie de ideas a priori del comportamiento humano —«el ser humano es malo por naturaleza», «el hombre es un lobo para el hombre», «los mexicanos son corruptos»— funciona como un instrumento que logra transmitir la idea de que las acciones de los individuos tienen que ir en una dirección determinada. Partiendo de la premisa de que se trata de cuestiones innatas, se siembra la idea de que es algo difícilmente modificable. Por tanto, además de ofrecer un diagnóstico, el pesimismo antropológico aplicado a la corrupción propaga la idea de que la corrupción no solo es algo normal, sino difícilmente corregible.

Si la corrupción es algo indefendible en todas las esferas sociales, probablemente resulte una verdad de Perogrullo que quienes se benefician más de lo público para satisfacer intereses personales serán los más interesados en convencer de que se trata de una cuestión de orden cultural. Por consiguiente, en los países en los que la corrupción se ha convertido en —o ha sido siempre— una manera habitual de hacer las cosas, la corrupción puede ser parte de una estrategia para maquillar los medios a través del cual las más altas esferas logran perpetuarse en el poder.

Por consiguiente, cuando un discurso político busca difundir la idea de que la corrupción es de orden cultural, resulta útil entender a la corrupción ya no exclusivamente desde su vertiente económica, moral, social o jurídica, sino política: una forma de gobierno que ayuda a que quienes gobiernan no tengan que presentarse a las elecciones.

La idea de que hay poco que hacer al respecto no solo vuelve hegemónico el discurso de la corrupción en beneficio de unos pocos, sino que incorpora a la opinión pública una lógica que resulta incompatible con la idea de democracia. A final, la democracia ha sido concebida como un modelo que permite la autocorrección. Un sistema imperfecto, incompleto, que otorga la posibilidad de cambiar el rumbo de las cosas en beneficio de la mayoría sin necesidad de tomar las armas. De ahí que no se trate de una mera casualidad que quienes recurren al pesimismo antropológico como estrategia discursiva no suelan tener buena relación con la democracia.

Referencias

Beauregard, Luis Pablo (19 de julio de 2016). «Peña Nieto pide perdón por la Casa Blanca», El País. Fecha de consulta: 2018, 2 de abril. En línea: ‹https://elpais.com/internacional/2016/07/18/actualidad/1468873279_561458.html›.

Micieli, Cristina (2002). «El pesimismo antropológico y la fundamentación de la teoría del Estado en Hobbes y Schmitt», Tópicos. Revista de Filosofía de Santa Fe, vol. 10, pp. 93-120.

Mouffe, Chantal, y Errejón, Íñigo (2015). Construir pueblo. Hegemonía y radicalización de la democracia. Madrid: Icaria.

«Meade destapa a Videgaray pero en retrato» (23 de agosto de 2017). Político. Fecha de consulta: 2018, 2 de abril. En línea: ‹https://politico.mx/minuta-politica/minuta-politica-gobierno-federal/videgaray-ya-forma-parte-de-la-galer%C3%AD-de-palacio-nacional›.

«La corrupción es un asunto de orden a veces cultural, insiste EPN en Foro Económico» (7 de mayo de 2015). Sin Embargo. Fecha de consulta: 2018, 2 de abril. En línea: ‹http://www.sinembargo.mx/07-05-2015/1337708›.

 

Cristian Márquez Romo (1989). Estudiante del máster en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Salamanca, España. Licenciado en Ciencias Políticas y Gestión Pública por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), México. Becario del Instituto de Iberoamérica, miembro del consejo de redacción de la revista América Latina Hoy.

 

Cristian Márquez Romo

Cristian Márquez Romo

Maestro en Estudios Latinoamericanos y doctorante en Estado de Derecho y Gobernanza Global por la Universidad de Salamanca.

¿Males necesarios?

Las presentes tribulaciones de nuestras democracias podrían ser el resultado de transiciones incompletas hacia sociedades más modernas y equilibradas, al […]

Por: Guillermo Tell Aveledo Coll 24 Abr, 2018
Lectura: 6 min.
Ni olvido ni perdón... | Foto: Ferbruno25, vía Wikicommons
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Las presentes tribulaciones de nuestras democracias podrían ser el resultado de transiciones incompletas hacia sociedades más modernas y equilibradas, al hacer demasiadas concesiones hacia los poderes fácticos.

Graffiti que representa a Efraín Ríos Montt en una pared en zona 2, Ciudad de Guatemala, diciembre de 2006 | Foto: @Surizar, vía Wikicommons
Graffiti que representa a Efraín Ríos Montt en una pared en zona 2, Ciudad de Guatemala, diciembre de 2006 | Foto: @Surizar, vía Wikicommons

Las intervenciones militares en política y los viejos celos oligárquicos son moneda corriente en nuestras repúblicas. Pese a que la región ha vivido la etapa más prolongada y generalizada de instauración y transición democrática, aparecen siempre deudas y actitudes que parecían superadas pero que quedaron apenas soterradas con la llegada de los nuevos gobiernos.

El reciente fallecimiento del general Efraín Ríos Montt, otrora dictador de Guatemala, muestra los matices de toda transición democrática. Ríos Montt, quien gobernó el país centroamericano entre 1982 y 1983 como una de las figuras militares que competían por dominio tras la década de los cincuenta, dejó un legado inconcluso de violaciones a los derechos humanos ancladas en el conflicto civil de las décadas de los setenta y ochenta, especialmente las masacres de campesinos e indígenas catalogados como enemigos internos. Aunque la democracia guatemalteca no comenzó con el golpe que lo derrocaría ni por concesiones realizadas por su régimen, posiblemente fue facilitada por el arrase militar contra las guerrillas marxistas y es imposible negar que la presencia del peculiar general fue una nota de permanente ambivalencia en sus tres décadas de democracia.

Ríos Montt no logró regresar a la presidencia de la República, pero su Frente Republicano Guatemalteco llegó a obtener la victoria en 1999, y hasta esta década era un factor político que permitía relativa impunidad y presencia al general. El militar llegó a ser electo congresista en 2007, lo cual lo libró de cargos judiciales hasta una década más tarde, en polémica sentencia. A su muerte, aun sin recibir honores de Estado, sí fue homenajeado por el alto mando militar en sus exequias, dando un mensaje simbólico de apoyo tácito a su legado político. En las actuales circunstancias de descreimiento político y polarización, y con la presencia de creciente violencia criminal en Guatemala, fue un ritual de tono aciago.

Pero el ejemplo de Ríos Montt no es aislado, puesto que la presencia y vocería militar no cesa de aparecer en nuestros países, no como simple atavismo de épocas superadas. Nada más en las últimas semanas, varios incidentes resaltan: la alta oficialidad brasileña opinó solapadamente sobre el juicio de responsabilidad penal y administrativa seguido a Lula da Silva, diciendo que rechazaban la impunidad y que actuarían en su «responsabilidad institucional». En Paraguay, las fuerzas armadas criticaron a la Iglesia católica y a grupos de defensa de los derechos humanos por sugerir la eliminación de la fuerza de tarea conjunta en el norte del país donde existen notorios focos de violencia. En Venezuela, la politización de las fuerzas bolivarianas es evidente, pero también lo son los recurrentes llamados de líderes opositores a que el sector militar colabore con la reinstauración democrática. Y hasta en Uruguay, desde el Centro Militar se llamó a «dar vuelta a la página» a la instauración de la dictadura de la década de los setenta, caracterizándola como una acción salvadora de la democracia.

Estos casos no son solo muestras del modo ambiguo con que enfrentamos el mandato republicano del imperio de la ley (la severidad para nuestros adversarios y la lenidad para nuestros aliados), ni del debate sobre el rol ciudadano de las fuerzas armadas, el cual está abierto en toda democracia avanzada. En nuestros países, el tema va más allá: ¿hasta qué punto son las concesiones postransicionales —el pasar la página— una exigencia práctica que impide que podamos asumir la realidad política democrática con franqueza? Si exigimos transparencia en nuestra política democrática, también tendremos que conceder que mientras los demócratas no sean suficientemente fuertes, habrán de guardarse ciertos secretos.

El académico Mark Freeman, en su libro Necessary Evils: Amnesties and the Search for Justice (Cambridge University Press, 2009), realizando un estudio de la jurisprudencia y las decisiones concretas que rodean las transiciones hacia la democracia y los procesos de regulación y cese de conflictos en las últimas décadas en África, Asia y Europa del Este, demuestra cómo las amnistías generales no son solo ajustadas al derecho internacional, sino que se han convertido en una herramienta práctica para la consecución de sociedades más pacíficas y libres. Empero, aunque Freeman advierte que es necesario equilibrar la menor lenidad posible —especialmente ante abusos egregios— con la mayor capacidad de retribución a las víctimas, lo más probable es que los acuerdos transicionales no complazcan a todos los sectores sociales afectados, aunque sí a los más relevantes.

¿Fueron estas concesiones males necesarios? Visto con la indignación que el fin de la vida relativamente impune de Ríos Montt genera en sus adversarios y antiguas víctimas, se trata de una muestra del camino incompleto que hemos recorrido. Pero visto de manera optimista, y considerando el estatus de la democracia en nuestros países, podemos ser más comprensivos. Salvo el bloque socialista autoritario, los países de la región han gozado de la mayor preeminencia del Estado de derecho y el respeto a los derechos civiles. Los golpes de Estado son cosa del pasado y las elecciones competitivas están en su más alto punto, aun considerando la volatilidad electoral y la apatía ciudadana.

Ahora bien, esto puede ser un autoengaño: la historia latinoamericana es primordialmente una historia de violencias raciales y de clase no superadas. Una historia, pues, de injusticias que clama por resolución, mientras las alternativas autoritarias de izquierdas o derechas se regodean en acusaciones mutuas. Desde una perspectiva humanista ha de conciliarse la búsqueda de justicia con la armonía social, lo cual implica buscar trascender el conflicto atacando no solo a los victimarios, sino abordando las causas estructurales de su aparición: la pobreza, el racismo, la debilidad de la sociedad civil, el abuso de poder… No siempre es posible, pero no tenemos que contentarnos con el mal menor.

 

Guillermo Tell Aveledo | @GTAveledo
Doctor en Ciencias Políticas. Profesor en Estudios Políticos, Universidad Metropolitana, Caracas

 

 

Guillermo Tell Aveledo Coll

Guillermo Tell Aveledo Coll

Doctor en ciencias políticas. Decano de Estudios Jurídicos y Políticos, y profesor en Estudios Políticos de la Universidad Metropolitana de Caracas.

La utopía salvará la historia

Tres de los cinco últimos premios Cervantes de las letras españolas procedentes de la propia España: Juan Marsé (2008), Juan […]

Por: Enrique San Miguel Perez 23 Abr, 2018
Lectura: 3 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Tres de los cinco últimos premios Cervantes de las letras españolas procedentes de la propia España: Juan Marsé (2008), Juan Goytisolo (2014) y Eduardo Mendoza (2016) son catalanes. Tres de las cinco principales editoriales en el idioma español de acuerdo con su facturación en 2016: Planeta, Penguin Random House y Planeta Deagostini están radicadas en Barcelona. Resultaría muy difícil encontrar un artículo, trabajo académico de grado, máster o de investigación doctoral, o libro, en cualquier formato científico, redactado en español, en donde no se recurriera a fuentes bibliográficas procedentes de Barcelona. Incluso muy mayoritariamente.

Hoy, 23 de abril, se celebra la festividad de Sant Jordi, patrón de Cataluña. La costumbre, en la tierra de Marsé, Goytisolo y Mendoza, es regalar a cada ser querido un libro y una flor. Y la certeza es que, cada Sant Jordi, Barcelona se convierte en la ciudad del mundo en donde se venden más libros editados en lengua castellana. La misma ciudad en donde un editor como Carlos Barral acogió e impulsó a la generación del boom de la literatura latinoamericana. La misma ciudad en donde su amigo Jaime Gil de Biedma escribió algunos de los más bellos versos de la poesía en español del siglo XX.

La política se hace también con libros y con rosas. Especialmente cuando cada libro y cada rosa nos recuerda el profundo amor de Cataluña al idioma castellano. Un amor que se ha traducido, especialmente durante el último medio siglo, en la gigantesca aportación catalana a la expansión por el mundo de toda la belleza pensada, imaginada y plasmada en ese idioma. Un amor por el idioma del que todos sus hablantes, pero muy especialmente los españoles, somos deudores. El libro enriquece, dignifica, ennoblece y cultiva la naturaleza humana. Y, gracias a tantos libros editados en Cataluña, somos mejores.

Un demócrata de inspiración cristiana llamado Giorgio La Pira decía que ser cristiano significaba saber que «únicamente la Utopía salvará la Historia». Pensar y actuar en Cataluña exige, hoy, pensar y actuar con grandeza, imaginación, audacia y generosidad. La utopía que salva la historia, hoy, solo cabe dentro del derecho. El mismo derecho que, decía Rudolf von Ihering, prefigura, materializa, tutela y consolida todas las grandes conquistas humanas. Pero la utopía no salva la historia acudiendo solamente al derecho. Sin la ley, imposible. Únicamente con la ley, también.

La utopía salva la historia, pero a través de la política. Y como siempre, como cada Sant Jordi, con el libro y la rosa.

 

Enrique San Miguel Pérez
Catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones, URJC, Madrid

 

 

Enrique San Miguel Perez

Enrique San Miguel Perez

Doctor en Historia y en Derecho. Catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones, Universidad Rey Juan Carlos, Madrid

Cuba: un cambio que nada cambia

El nombramiento de Miguel Díaz-Canel como presidente de Cuba, en reemplazo de Raúl Castro, representa la cerrazón de un gobierno […]

Por: Carlos Castillo 20 Abr, 2018
Lectura: 5 min.
Miguel Díaz Canel, continuidad del régimen castrista | Foto: Gobierno de El Salvador
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El nombramiento de Miguel Díaz-Canel como presidente de Cuba, en reemplazo de Raúl Castro, representa la cerrazón de un gobierno que históricamente ha dado la espalda a sus ciudadanos, a su sociedad civil, a su pueblo, para perpetuar un régimen sostenido por la fuerza y la represión.

Miguel Díaz Canel, continuidad del régimen castrista | Foto: Gobierno de El Salvador
Miguel Díaz-Canel, continuidad del régimen castrista | Foto: Gobierno de El Salvador

Un cambio de régimen implica una transformación gradual: marcos legales que sienten las bases de ordenamientos que a fuerza de establecer nuevas prácticas empujan conductas, costumbres, hábitos; el proceso en su conjunto construye poco a poco una nueva cultura.

Las transiciones a la democracia son, bajo esa premisa, rutas que trazan objetivos en el corto, mediano y largo plazos, en las que convergen la voluntad de actores políticos y sociedad civil, con la intención final de constituir un régimen que haga valer la decisión de una mayoría que elige en libertad.

Si bien hay una elite o grupo que encabeza esos cambios, su fuerza radica en la legitimidad que otorga el empoderamiento de la ciudadanía: libertad para reunirse en una organización o en un partido político; libertad para expresar ideas, críticas o acuerdos; libertad para dialogar con el que piensa distinto y generar acuerdos en torno de coincidencias; libertad para disentir en el marco de la ley, ser respetado y no temer ni represalias ni persecución.

Todo ello, por supuesto, no por el capricho o la generosidad de un grupo privilegiado sino, al contrario, en el marco de una normatividad que encauce a través del orden institucional la voluntad ciudadana de sumarse, de aportar y participar.

Esa suma de valores fue la que estuvo ausente el pasado jueves 19 de abril durante la investidura de Miguel Díaz-Canel como nuevo presidente de Cuba, a manos del heredero de Fidel Castro, su hermano Raúl.

Una ceremonia donde la Asamblea Nacional, sin oposición o crítica alguna, aplaudió al sucesor de la dinastía en unánime coro, estruendosa loa a quien de ahora en adelante ejercerá el cargo de premier de la isla.

Mandato que, no obstante, contará con la vigilancia y, a final de cuentas, la venia de quien permanecerá como primer secretario del Partido Comunista: el propio Raúl Castro, a resguardo de una herencia que desde 1959 solo ha tenido dos jefes máximos, llamados timoneles en otras latitudes, designados por la historia o la divinidad en otros tiempos.

Díaz-Canel llega al poder como una suerte de legatario impuesto quizá por la necesidad, quizá también por estrategia: un rostro nuevo y un nombre nuevo que no obstante representa al mismo gobierno que ha perseguido y encarcelado disidentes, que prohíbe hablar y disentir en público, que asesina, que reprime a la oposición por la necesidad, por la degradación de la dignidad o la amenaza latente de que no existe norma, código o ley que proteja a nadie del capricho del Estado.

Una dictadura con todas sus letras, con todas las características que distinguen a los regímenes donde cualquier conato de imaginación o de iniciativa personal o grupal son vistas como culpables de atentar contra un orden decidido por los menos, impuesto por la fuerza y mantenido por el miedo.

Así ha sido desde el 1 de enero de aquel año. Y nada permite prever que podría ser de otro modo. No hay espacio para las alternativas que supongan la creación de un partido, el ejercicio de un referendo, la demanda de mayor participación de la sociedad o la inclusión de voces que se reúnan para proponer un cambio.

La decisión de esa cúpula que vitoreó a Díaz-Canel no es representativa del pueblo cubano porque omite cualquier reflexión o idea que contravenga los designios de la plana mayor: ya sea la academia, la sociedad civil organizada, el exilio o algún gobierno democrático que decida elevar una crítica al totalitarismo cubano, toda crítica contra quienes se asumen representantes del «pueblo» es injerencia extranjera, imperialismo opresor, atropello contra la «autodeterminación», toda esa retórica que en pleno siglo XXI habla como si el mundo se hubiera detenido en el culmen de la guerra fría.

Queda, no obstante, el reto de implementar las reformas económicas que han permitido una apertura que el régimen vigila con celo y precaución: un mercado conducido por el Estado que ya fracasó en Venezuela, que estuvo al borde de llevar a Argentina a la quiebra, que intenta justificar con el término justicia social más opresión, control y, al final de cuentas, beneficios para los menos en detrimento del grueso de la población.

Difícil, en ese contexto, hablar de un cambio, mucho menos augurar una probable transición, porque quienes están instalados en la comodidad de la cúpula nada harán porque algo cambie, pues ello implicaría ceder privilegios, ceder la estabilidad alcanzada para dar paso a la mayor y más soberana de las incertidumbres: la libertad.

 

Carlos Castillo | @altanerias
Director editorial y de Cooperación Institucional, Fundación Rafael Preciado Hernández. Director de la revista Bien Común

 

 

Carlos Castillo

Carlos Castillo

Director editorial y de Cooperación Institucional, Fundación Rafael Preciado Hernández. Director de la revista «Bien Común».

Contra el separatismo

El filósofo español Fernando Savater argumenta en contra del separatismo catalán en un «panfleto» punzante donde provee razones para su […]

Por: Marcos Falcone 19 Abr, 2018
Lectura: 5 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El filósofo español Fernando Savater argumenta en contra del separatismo catalán en un «panfleto» punzante donde provee razones para su oposición basadas en lineamientos de la Constitución española.

«Quedan advertidos», anuncia Fernando Savater en la primera sección de su último trabajo, de que «esto es un panfleto» porque la temática así lo amerita: la cuestión del separatismo, proclama, es «una flecha envenenada que ha hecho diana en el centro mismo de nuestra convivencia nacional». El filósofo español, debe recordarse, es uno de los abanderados de la cruzada antiseparatista de muchos en relación con el independentismo de Cataluña, un conflicto que entre el referéndum del 1-O y la posterior huida del gobierno hacia el exilio alcanzó proporciones hasta hoy desconocidas.

En Contra el separatismo, Savater presenta un prólogo que sirve de advertencia, luego un ensayo central del cual el libro toma su nombre y, finalmente, una serie de artículos publicados por él sobre la cuestión catalana en medios masivos de comunicación durante 2016 y 2017. En el prólogo, el filósofo hace una distinción, según él crucial, entre nacionalismo y separatismo, porque mientras el primero es un «narcisismo colectivo que puede ser leve y hasta simpático», el segundo representa una «psicopatología agresiva que legitima guerras y propulsa a los peores demagogos». El libro, por lo tanto, se dirige contra un separatismo que es interpretado como un nivel espectacular y peligroso del nacionalismo: si bien es posible convivir con este último, a quienes abogan por el primero se les debe obligar a renunciar a sus propósitos.

La base sobre la que se sustenta Savater para oponerse al separatismo en el ensayo principal del libro es la defensa de la Constitución española. La idea de que todos los humanos nacen libres e iguales y tienen derecho a buscar su propia felicidad, dice, es la norma fundamental del Reino de España y, por lo tanto, los derechos que otorga son individuales: esto significa que Cataluña como comunidad autónoma no tiene derechos prepolíticos, sino que son los catalanes los que tienen derechos, así como los tiene cualquier otro español. De esta manera, por ejemplo, se acepta que los catalanes puedan hablar catalán en privado y en su trato con el Estado, un tema sensible para los independentistas; pero esto, dice Savater, no es lo mismo que tener derecho a utilizar las instituciones autonómicas para imponer el uso del catalán y amedrentar a quienes usan el castellano. Acciones como esta última, o como el referéndum unilateral del 1-O, son ilegales porque excluyen a algunos españoles de tomas de decisiones en las que les corresponde un lugar.

De Contra el separatismo se desprenden siete razones para oponerse al separatismo: es antidemocrático, retrógrado, antisocial, dañino para la economía, desestabilizador, frustrante y peligroso como precedente. Como puede verse, algunas razones se desprenden de principios pero otras (como las económicas) parten de consideraciones más bien pragmáticas: como sea, todas se conjugan según Savater en un cocktail explosivo que se debe evitar.

Fernando Savater

El tono claro e inflexible con el que Savater escribe se mantiene en unos artículos que, para continuar con la metáfora del panfleto, consisten de estocadas antiseparatistas. Sin eufemismos, sostiene en «Los abstemios» o en «Soluciones» que la búsqueda de un compromiso entre independentistas y no independentistas no arregla los problemas de fondo, y que abogar exclusivamente por el diálogo denota «miedo o pereza» para solucionarlos. La cuestión de la lengua común, además, también se vislumbra en «La invención de Cataluña», y también pueden encontrarse observaciones sobre el referéndum en «Horror Story» o «Competición». En general, en los artículos se reflejan fielmente los argumentos presentados en los ensayos precedentes.

Naturalmente, hay cuestiones que Savater no puede resolver en un libro de menos de cien páginas: por ejemplo, su argumento de que la lengua común tiene que ser el castellano, y no el catalán, tiene un fundamento práctico (es el idioma más conocido en el país) y no uno principista; pero esto, para un separatista, no hace sino confirmar que en algún momento de la historia Cataluña perdió una batalla contra Castilla, lo que significa que la razón por la cual debe hablarse castellano está lejos de ser una Constitución pacífica firmada entre iguales y se parece mucho más a una relación que nace en el sometimiento. Pese a estas inconsistencias, sin embargo, el objetivo que se propone Savater de provocar con fundamentos, o de argumentar rápida y efectivamente, mayormente se cumple. La lectura de su panfleto resultará rica para quien esté de acuerdo de su contenido, pero también desafiante para quien no lo esté.

 

Marcos Falcone
Politólogo por la Universidad Torcuato di Tella. Profesor en esa casa de estudios así como en la Universidad Caece y la Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina



Ficha técnica

Contra el separatismo
Fernando Savater
Buenos Aires: Ariel, 2017
95 pp.
ISBN 978-84-344-2728-0

Marcos Falcone

Marcos Falcone

Politólogo por la Universidad Torcuato di Tella. Profesor en esa casa de estudios así como en la Universidad Caece y la Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina

En torno a la VIII Cumbre de las Américas

Las alarmas sonaron en la VIII Cumbre de las Américas, por varias razones. Una agravada crisis política, económica y humanitaria […]

Por: Christa Rivas Caballero 19 Abr, 2018
Lectura: 4 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Las alarmas sonaron en la VIII Cumbre de las Américas, por varias razones.

Una agravada crisis política, económica y humanitaria en Venezuela que le costó la invitación a Nicolás Maduro; el retiro temprano de Lenín Moreno tras la triste noticia de la aparición sin vida de tres periodistas ecuatorianos secuestrados por disidentes de las FARC; la inasistencia de Donald Trump y el prematuro abandono en la ceremonia de inauguración por parte del vicepresidente estadounidense Mike Pence, debido a la intervención de Estados Unidos en Siria, entre otros hechos que rompieron la formalidad; todo esto sucedió en el escenario de un país cuyo presidente renunció hace menos de un mes y bajo el lema «Gobernabilidad democrática frente a la corrupción».

Esta cumbre nos mostró las profundas venas abiertas de América Latina. Un nuevo capítulo afectado por la corrupción, la intolerancia, la violencia y la desesperanza.

Mucho ha cambiado América con relación a la cumbre anterior. La postura hacia Venezuela hoy encuentra en los representantes de varios países valentía para denunciar con voz clara y contundente lo que está pasando. La complicidad de los representantes del socialismo del siglo XXI que marcaron la cumbre del 2015 quedó atrás para dar lugar a presidentes como Macri, Piñera y Temer, que no dudaron en decirlo: en Venezuela no existe democracia, no existe Estado de derecho ni respeto hacia los derechos humanos. En sus intervenciones, los mandatarios se dirigieron a Nicolás Maduro para insistir en que acepte la ayuda humanitaria para sus ciudadanos. Al mismo tiempo han mencionado que desconocerán el resultado de las elecciones del próximo 20 de mayo.

Y es que no solo la situación en Venezuela se ha agravado. Hoy, tal como lo imaginábamos, esto se ha convertido en un problema regional que, además de afectar al comercio y la economía, ha ocasionado la migración de cientos de miles de venezolanos hacia países vecinos ocasionando problemas fronterizos y estructurales tal como lo manifestaron el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y el de Brasil, Michel Temer.

Con respeto a los ataques en Siria en respuesta al supuesto uso de armas químicas por el gobierno de al Asad, Mike Pence agradeció a los mandatarios presentes las manifestaciones a favor de la intervención militar de Estados Unidos, Reino Unido y Francia. «A los países se los puede juzgar por quienes son sus amigos», expresó parafraseando a Donald Trump, una sutil reinvención del «You’re either with us, or against us» (estás con nosotros o contra nosotros). Por su parte, el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, no tuvo reparo en responder a Pence con hechos históricos que señalan a Estados Unidos como un sistemático violador de derechos humanos, desde el uso de la bomba atómica hasta el plan Cóndor. Rodríguez aprovechó además para defender lo indefendible de Nicolás Maduro y recordar con sus palabras que, aunque debilitado, el socialismo sigue vivo.

El Foro de Sociedad Civil, espacio de diálogo previo a la Cumbre, una vez más se vio boicoteado por agresiones de quienes, en nombre de la ciudadanía organizada cubana y venezolana, asisten con el único fin de defender los abusos de las dictaduras castrista y chavista.

Si bien Venezuela es un caso crítico y un problema que al parecer por fin empieza a ser enfrentado desde esfuerzos diplomáticos conjuntos, plasmados en esta ocasión en una declaración firmada por 16 países de la OEA, cada uno de los Estados americanos tiene sus desafíos. El mayor de ellos, a nivel regional, es la creciente desconfianza hacia la clase política, la debilidad de los aparatos institucionales, los escándalos de corrupción, la falta de oportunidades económicas para su población y la inseguridad ciudadana. Son elementos comunes que, lejos de permitirnos avanzar hacia una integración regional, mantienen en vilo la democracia, esa que en la carta de la OEA hemos considerado «condición indispensable para la estabilidad, la paz y el desarrollo de la región».

 

Christa Rivas | @RivasChrista
Paraguaya. Máster en Resolución de Conflictos, Paz y Desarrollo. Miembro de la Red Humanista por Latinoamérica

 

https://www.youtube.com/watch?v=zgAn8q_6rCw

 

Christa Rivas Caballero

Christa Rivas Caballero

Paraguaya. Máster en Resolución de Conflictos, Paz y Desarrollo. Directora de la Fundación Feliciano Martínez, Paraguay. Miembro de la Red Humanista por Latinoamérica

La política en la era de la posverdad

El término posverdad, adoptado por los países anglosajones, ha llegado para quedarse a América Latina, instalada desde hace siglos en […]

Por: Javier Brown César 18 Abr, 2018
Lectura: 5 min.
Imagen: Pixabay
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El término posverdad, adoptado por los países anglosajones, ha llegado para quedarse a América Latina, instalada desde hace siglos en la dinámica de la simulación, el realismo mágico y la política ficción. La proliferación de medios masivos y redes no comprometidas con la verdad ha abierto la puerta a noticias, encuestas, imágenes, símbolos, historias y una innumerable cantidad de formas simbólicas abiertamente falsas, que se presentan como verdaderas.

Imagen: Pixabay
Imagen: Pixabay

En la era de la posverdad se revela la política inauténtica que basa su lógica en una extendida simulación: las denuncias proliferan ante sistemas políticos que legitiman sacrificios bajo el supuesto interés nacional, destruyendo el fin superior de la política: la búsqueda, construcción y consecución del bien común, que se expresa en leyes, instituciones, obras y acciones que posibilitan la mejora continua de la población.

El filósofo esloveno Slavoj Zizek, en una crítica a nuestra contemporaneidad, disecciona una película norteamericana en la que el sistema de justicia se fundamenta en una serie interminable de mentiras: todos mienten, el héroe porque se oculta detrás de una máscara, el fiscal porque pretende ser el héroe para salvar al héroe, el jefe de policía porque finge su muerte; al final, el único personaje que dice la verdad es el villano.

Para los griegos, la verdad se expresaba en la relación entre el ser y el no ser: verdadero es el decir que mediante enunciados afirma que lo que es, es. La democracia ateniense se sustentaba en instituciones fundamentales: la existencia y vigencia de reglas ampliamente compartidas (nomos); el principio de que las leyes debían valer por igual para todos y no admitir excepciones (isonomía); la instauración del derecho de todos a hacer uso de la palabra (isegoría), de tal forma que, en un ambiente de libertades plenas (eleuthería), las personas se atrevieran a decir la verdad (parresía).

La verdad deslumbra, tiene como atributo esencial la luminosidad. Se da en el ámbito de lo transparente, de lo visible; es cierta claridad que ilumina la razón. La posverdad es antiquísima: Edipo buscaba conocer la verdad de la peste que asolaba a Tebas, pero la revelación de la verdad fue de tal forma brutal e insoportable que el de los pies deformes tuvo que cegarse y vagar ciego por el mundo conocido.

Edipo es el primer parresiarca de la historia, que se atreve a buscar la verdad pero que, ofuscado por ella, la niega. La parresía consiste en el decir verdadero, en todo momento y a pesar del costo que esto implique, sin detenerse ante posibles represalias. La democracia ateniense floreció cuando se puso en práctica, de manera cotidiana, el ejercicio de la parresía; pero cuando Sócrates fue acusado y condenado por tener el coraje de decir la verdad, la democracia cedió su sitio a la demagogia, a la simulación democrática que permite que los intereses de unos pocos se impongan sobre las justas demandas de las mayorías.

En estos tiempos de lo políticamente correcto, en los que la máquina para fabricar consensos ha dejado de funcionar (Zizek), el hablar verdadero ha cedido su lugar a la apelación directa a las emociones y a lo políticamente correcto. Lo que se está perdiendo en la era de la posverdad es el proyecto de la razón que comunica, gran esperanza de la Ilustración: si la verdad ya no es posible, porque los sistemas políticos se basan en la mentira sistemática, entonces cualquier consenso se ha roto.

En el medio de la posverdad, la política —arte supremo que consiste en ponerse de acuerdo sobre lo justo y lo injusto basados en el poder del lenguaje, según lo afirmó Aristóteles— se inclina ante la degradación de la palabra: cuando la palabra deja de tener valor, cuando no se puede jurar ni afirmar sin dar pie a sospechas interminables, la democracia llega a su fin y deviene demagogia, engaño, simulación.

Las promesas improvisadas y populistas reiteradas hasta el cansancio han causado un hartazgo social hacia la clase política. La no realización de los ideales de campaña y la transformación del gran candidato en pésimo gobernante han lesionado el presidencialismo continental, degradando a la política y desprestigiando a partidos que hacen política en el nuevo milenio con estructuras e ideas del siglo pasado. Hoy la vacuna contra la posverdad consiste en recuperar el valor de la palabra y atreverse de nuevo a decir la verdad: que la palabra valga de nuevo y la verdad se manifieste, con todas sus consecuencias.

 

Javier Brown César | @JavierBrownC
Profesor en la Universidad Vasco de Quiroga, México. Articulista en la revista La Nación

 

 

Javier Brown César

Javier Brown César

Filósofo. Profesor en la Universidad Vasco de Quiroga, México. Articulista en la revista "La Nación". Ex director general de Formación y Capacitación del Partido Acción Nacional. Miembro del staff de la Fundación Rafael Preciado Hernández. Maestría en Política Educativa en Universidad de Panamá, Maestría en Administración Pública y Política Pública en Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey.

Bombardeos a Siria: Damasco y la ira de Dios

El cielo de los sirios: de las alfombras voladoras a los tomahawk. Este territorio se ha convertido en botín codiciado […]

Por: Gustavo A. Calvo 17 Abr, 2018
Lectura: 8 min.
Foto: Flickr
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El cielo de los sirios: de las alfombras voladoras a los tomahawk. Este territorio se ha convertido en botín codiciado y moneda de cambio entre los centros del poder mundial. El valor de Siria deriva del presente, no de su pasado.

Foto: Wikicommons
Foto: Wikicommons

Tres religiones, casi cuatro Estados en uno, diversas etnias, ocho potencias interviniendo y más de 4000 años de historia son un cóctel explosivo que hoy nos muestra lo peor de la política internacional encapsulado en un país puente entre Asia y Europa.

Siria es, en los papeles, una democracia que respalda un régimen legítimo, y, ante una incipiente y creciente rebelión, se ha inmerso en una guerra civil que ha variado en su orientación y estaría siendo ganada por el régimen en el poder.

Sin embargo, la realidad nos da algunas verdades que han convertido a este territorio en botín codiciado y en una moneda de cambio entre centros de poder mundial.

Algunos datos de contexto

Siria como tal tiene más o menos 100 años de historia. Fue siempre parte de algún imperio. El más cercano de ellos fue el Otomano. Supo ser tierra de tránsito, ruta comercial hacia y desde Occidente. Campo de sueños desérticos y fábulas árabes. Cuentos de genios, magia y aventuras cuando las conquistas se hacían a caballo y se miraba al enemigo cara a cara. Toda esa historia no es útil hoy, aunque es mencionada por todos los analistas. No obstante, hoy el valor de Siria deriva del presente, no de su pasado.

George Bush (padre) fue el responsable de ganar la primera Guerra del golfo, pero su victoria real fue diplomática y económica: un país occidental que logró una coalición árabe en contra de un país árabe (Irak). Conquistó el «patio trasero» de la Gran Arabia. El golfo fue dominado desde allí por sus portaaviones, y Jordania, Siria, Líbano y Turquía pasaron a tener el valor de un corredor hacia Occidente.

El mismo Occidente, luego de mantener a Turquía en la familia, fue testigo de la irrelevancia a la que se condenó al Líbano a base de bombardeos, al tiempo que absorbía a Jordania para su perspectiva ideológica. También ha visto cómo en Siria ha prosperado un régimen autoritario y personalista en manos de la familia Al-Ásad.

Los férreos controles comerciales y coqueteos con Rusia han puesto al presidente de la República Árabe Siria, Bashar Al-Ásad, hijo de su predecesor, Háfez, en la vereda de enfrente de los intereses occidentales. Por ello, Occidente ha entrenado, sostenido, armado y fogoneado una oposición siria variopinta que se transformó en rebelión y con la que han llegado a la guerra civil. La integran kurdos, musulmanes, socialistas y otros colectivos unidos por el odio a Bashar Al-Ásad y su reiterada violación a los derechos humanos.

Los rusos, lejos de tener el aparato militar de hace décadas, optan por intervenir puntualmente en forma controlada en apoyo al gobierno sirio. Iniciaron su presencia en el conflicto más por reflejo a la presencia occidental que por un real peligro a sus intereses, aunque es cierto que esa área les importa a mediano plazo. Primero aportaron tropas los meses necesarios para que Al-Ásad repuntara en la guerra y redujera la presencia de ISIS. Luego, en 2016, se retiraron y solo dejaron bases aéreas de apoyo y presencia misilística. Ahora vuelven con más fuerza.

Excusas para marcar la cancha

El tratamiento severo desde el punto de vista militar, los abusos y la negación a la negociación han hecho impopular a Siria y al régimen de Bashar Al-Ásad. La utilización de armas químicas sobre la población civil ha sido la detonante de la agresividad directa desde Occidente, específicamente Estados Unidos (más Francia e Inglaterra).

Sin embargo, la posición de estos países que tienen en común una lógica tradicional de protección de los derechos humanos tiene algunas inconsistencias:

1) En la tercera semana de noviembre de 2016, Estados Unidos realizó descargas de uranio empobrecido sobre objetivos militares, en contravención a lo permitido en estos conflictos. Si bien Estados Unidos sigue sosteniendo que solo afectó a personal militar, son múltiples los testimonios de áreas pobladas que quedaron bajo su fuego.

2) Según la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ), en 2016 las armas químicas de Siria fueron destruidas en su totalidad. Por ello se generó un consenso en torno a que el régimen sirio no tenía en su poder armamento químico. Si bien es cierto que esto muy fácilmente pudo haber sido suministrado en el ínterin por su aliado ruso, no deja de quedar mellada la credibilidad de los líderes occidentales con el recuerdo de Bush y su argumento de «armas de destrucción masiva» sobrevolando nuestra memoria, cuando se acusó a un país árabe (Irak) de tener armamento que no poseía.

Hace un año, ante un ataque similar sobre los rebeldes, se dio un bombardeo quirúrgico ordenado por el presidente Donald Trump cuyos alcances militares se discuten, pero que fortaleció a Al-Ásad en el frente interno.

Hoy, la orden de bombardeo es acompañada por la primera ministra británica Theresa May y el mandatario francés Emmanuel Macron, pero se ejecutó una semana después del ataque químico, con previo aviso a los rusos. Así que es difícil que haya tenido algún resultado concreto ante la evidencia de que los sirios mudaron su equipamiento en estos días.

Apuntes del presente, para el futuro

· Trump llegó al poder criticando la tibieza y torpeza de Obama en su política exterior. Dijo que retiraría tropas de los lugares donde no se pudiera ganar a corto plazo y solo intervendría donde pudiera tener resultados. Incluso puso precio a las intervenciones en conjunto con aliados de la OTAN. Hoy tiene 1900 hombres en una guerra casi perdida, y los retirará este año con seguridad.

· Putin tiene ganada la partida bélica y política. Es razonable pensar que sus intereses económicos (realmente no son muchos a corto plazo, el petróleo le llega seguro y por otras vías) estarán tranquilos con un régimen afín y agradecido por su ayuda. Luego de la guerra, Siria empezará a pagar.

· Basahr Al-Ásad está viendo caer a ISIS y a los rebeldes casi a la vez en su territorio. En lo que queda del año seguramente dominará casi todo su territorio. La enorme sombra en el horizonte son los kurdos, mutatis mutandi convertidos en una fuerza independiente que ya tiene sus propias áreas bajo dominio (más de 15 localidades o municipios). Este será su desafío.

· Europa no tiene acceso ni buen ambiente con Siria, pero creo que sería inteligente empezar a desmarcarse de caminos bélicos y explorar la vía diplomática con acercamientos comerciales, compartiendo mercados en acuerdos que dejen abiertos canales de diálogo. La Unión Europea ya está sufriendo con el cambio de humor de Turquía y ha perdido un posible aliado. La zona se le escaparía de las manos irremediablemente si no cambia el tono. Hasta ahora no ha entendido cómo dialogar.

Finalmente, solo cabe lamentar los bombardeos decididos para «enviar un mensaje». En primer lugar, el mensaje no convence a quien los recibe y las excusas no convencen del todo a quienes lo atestiguan, pues escasean las pruebas en uno u otro sentido.

Por otro lado, con el claro plan chino de crecimiento global y las convicciones rusas en cuanto a sus estrategias a futuro, Occidente debería superar este problema y definir sus prioridades. Para ello sería útil abandonar ciertos mitos y entender que la improvisación es mala consejera. Occidente fue, quiere seguir siendo y quizás sea en el futuro la policía del mundo, pero eso tiene sus costos.

Sobre los ciudadanos sirios… nadie habló de ellos en estos días. Solo se los tomó de excusa, que no es lo mismo.

 

Gustavo A. Calvo
Analista politico. Integrante de «Mesas» de En Perspectiva (www.enperspectiva.net). Columnista digital

 

 

Gustavo A. Calvo

Gustavo A. Calvo

Analista politico. Integrante de «Mesas» de En Perspectiva (www.enperspectiva.net). Columnista digital

Por qué fracasan los países

Todo está sometido a un proceso de constante transformación. Así, dedicamos parte de nuestra existencia a la búsqueda de una […]

Por: Camilo Quiroga 16 Abr, 2018
Lectura: 5 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Todo está sometido a un proceso de constante transformación. Así, dedicamos parte de nuestra existencia a la búsqueda de una razón o explicación a todo lo que sucede. Quizás sea esta particularidad la que ha permitido a nuestras sociedades llegar a este punto. Dentro de esta inacabable tarea, los reconocidos investigadores Daron Acemoglu y James A. Robinson presentaron al mundo uno de sus más reconocidos trabajos: Por qué fracasan los países. Conscientes de las brechas abismales que existen en nuestra época, estos académicos se propusieron reflexionar sobre los elementos que influyen en la prosperidad de los países.

Por qué fracasan los países es un libro amplio; sin embargo, los autores no tardan en dar respuesta a su pregunta de investigación. Para ellos, las instituciones son aspectos significativos en el devenir de los países. En ese sentido, señalan a las instituciones políticas y económicas como el factor definitivo relacionado a cuán prospero es un país. Concretamente, los investigadores apunta al tipo de instituciones como las causantes del fracaso de los países: las instituciones políticas y económicas extractivas. Ambas se apoyan y alimentan una a la otra. Son estas instituciones extractivas las que impiden el desarrollo.

Acemoglu y Robinson señalan que las instituciones políticas tienen una mayor responsabilidad en la existencia de las instituciones económicas extractivas, ya sea generando nuevas o conservando las existentes. ¿Qué son las instituciones políticas? Los autores nos dan a entender que estas son las reglas del juego político. Estas estipulan, por ejemplo, cómo se elige al gobierno y qué parte de este hace qué. Dentro de este rol, la finalidad de estas instituciones es organizar la distribución del poder en la sociedad y los objetivos con que puede ser utilizado. Estas instituciones establecen si el poder está concentrado únicamente en un grupo o individuo, o si está plural y ampliamente repartido en toda la sociedad.

Dentro de este marco, Acemoglu y Robinson nos dicen que las instituciones políticas son extractivas cuando concentran el poder en una elite reducida y fijan pocos límites al ejercicio del poder. Podría decirse que es una situación que suena muy conocida aquí en Latinoamérica. Como se mencionó, inevitablemente estas instituciones políticas fomentan instituciones económicas extractivas, ya sea fortaleciéndolas o creándolas. El principal objetivo de estas instituciones económicas extractivas es enriquecer a estos grupos que aglutinan el poder. Ellas tienen propiedades exactamente opuestas a las instituciones económicas inclusivas. Estas últimas hacen respetar los derechos de propiedad, crean igualdad de oportunidades y fomentan la inversión en habilidades y nuevas tecnologías.

Acemoglu y Robinson

En muy resumidas palabras, lo que Acemoglu y Robinson sostienen es que las instituciones extractivas equivalen a privilegios para un sector, estancamiento y pobreza. Mientras que las instituciones inclusivas significan pluralidad en la distribución del poder, reglas de juego equitativas, igualdad de oportunidades, productividad, desarrollo y prosperidad. A lo largo de su investigación citan varios ejemplos históricos para validar su hipótesis. Nos muestran cómo algunos países fueron capaces de romper ese círculo vicio existente entre instituciones políticas extractivas e instituciones económicas extractivas y cómo otros casos retrocedieron en este proceso. Igualmente, señalan lo difícil que puede ser ese cambio a instituciones inclusivas, puesto que implica un juego de suma cero. Esos sectores que utilizan las instituciones extractivas a su favor tendrían que inevitablemente perder sus privilegios.

Sin duda, Acemoglu y Robinson presentan un panorama positivo, en el señalan que es posible un cambio de rumbo para algunos países. Es cierto, son muy cuidadosos y señalan que no existe una formula universal que ayude a generar ese cambio. Sin embargo, dentro esta precaución, ellos remarcan que la cesión de poder a la mayor cantidad posible de sectores de la sociedad es trascendental. Por eso, los autores concluyen que, cuando los factores necesarios para el cambio institucional confluyan (factores que varían según cada país), el segmento de la sociedad que se movilice para afectar dicho proceso no debe hacerlo por intereses sectarios ni para tomar el control de las instituciones extractivas. Lo que debe guiar a este grupo es una mayor cesión de poderes al resto.

Quizás lo que Acemoglu y Robinson quieren decirnos es que se debe pasar de una política concebida como mecanismo de dominación sobre otros a una política que sea instrumento de integración, con miras al bien común. Una política de composición de fuerzas y no un medio para medir a estas entre sí.

 

Camilo Quiroga | @CamiloQuirogaV1
Licenciado en Ciencias Políticas de la Universidad Católica Boliviana, con mención en Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Católica de Chile


 

Ficha técnica

¿Por qué fracasan los países?
Daron Acemoglu y James A. Robinson
Traducción de Why Nations Fail
Bilbao: Deusto Ediciones, 2012
608 pp.
ISBN 978-84-234-1266-2

 

 

Camilo Quiroga

Camilo Quiroga

Licenciado en Ciencias Políticas de la Universidad Católica Boliviana, con mención en Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Católica de Chile

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