La mirada de la democracia cristiana alemana hacia Latinoamérica y el Caribe

Alemania y América Latina comparten una larga historia de relaciones basadas en los valores de la democracia y del orden internacional. ¿Cómo llevar este vínculo a una cooperación más estrecha y estratégica? Analizamos el aporte de la CDU/CSU.

Por: Doris Filipovic 27 Sep, 2023
Lectura: 6 min.
CDU/CSU y América Latina y el Caribe
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU) y la Unión Social Cristiana de Baviera (CSU) han tomado posición ante la política latinoamericana. El documento «Aliados fuertes para los nuevos tiempos. Por una cooperación con visión de futuro con América Latina y el Caribe» ofrece los lineamientos del grupo parlamentario de la CDU/CSU ante el nuevo contexto político de la región.

Este artículo analiza resumidamente las principales claves de la estrategia de la democracia cristiana alemana hacia la región.

Contexto

La pandemia de covid-19 y cambios geopolíticos como la agresión de Rusia en Ucrania siguen transformando la dinámica entre Alemania y América Latina. China y Rusia han emergido como actores estratégicos en la región gracias a su influencia económica y política.

Alemania y la Unión Europea consideran a América Latina y el Caribe un socio crucial en su búsqueda de fortalecimiento del orden internacional democrático. El considerable aumento demográfico y la presencia de jóvenes bien formados en la región muestran un mercado en expansión que ofrece oportunidades económicas significativas. Además, la presencia generosa de recursos naturales, como materias primas y yacimientos energéticos, convierte a la región en un jugador clave en la seguridad ambiental y la protección del clima.

Se trata de un potencial político y económico que puede traer beneficios mutuos si se dedica más atención a la región reforzando la cooperación global.

La mirada CDU/CSU

El grupo parlamentario de la CDU/CSU quiere formar una asociación sólida orientada al futuro entre actores considerados iguales. En 2019 se proporcionó un marco estratégico en la «Visión 2030: una alianza para el futuro» que sigue siendo relevante para las relaciones de Alemania con América Latina y el Caribe y que ha sido actualizado en 2023 con la nueva estrategia presentada en «Aliados fuertes para los nuevos tiempos…».

La CDU/CSU propone medidas concretas para el desarrollo futuro. Estas propuestas delinean un enfoque integral para el fortalecimiento de las relaciones entre Alemania y América Latina. En un contexto de creciente competencia internacional, abordan aspectos económicos, comerciales, de desarrollo, científicos y de gobernanza.

Para una exitosa cooperación es necesario tener cuenta las diferencias y los desafíos específicos de cada país con un enfoque diferenciado. Un punto importante de la visión CDU/CSU es la comprensión profunda de las perspectivas y necesidades de la contraparte para mejorar la cooperación institucional y actuar de manera coordinada. La alianza demócrata cristiana dice que hay que reordenar la política alemana hacia América Latina con una estrategia interdepartamental. La organización sistematizada entre los diferentes ministerios puede crear sinergias y una política ambiciosa hacia la región.

grupo parlamentario CDU/CSU
Grupo parlamentario CDU/CSU en el Parlamento alemán

Maniobras estratégicas

«Aliados fuertes para los nuevos tiempos…» destaca que es necesario fortalecer la cooperación en materia de seguridad y de planteamientos multilaterales con América Latina. Alemania hoy está integrada en estructuras multilaterales y acentúa la necesidad de fortalecer la cooperación europea con América Latina y Caribe. Sin embargo, los desafíos en materia de ciberseguridad, seguridad marítima, terrorismo y crimen organizado tienen que ser abordados con particular atención.

La CDU/CSU propone ampliar las asociaciones de la OTAN con países latinoamericanos y potenciar la cooperación triangular entre Europa, Estados Unidos, Canadá y América Latina y el Caribe. El objetivo es reforzar la libre circulación de mercancías, información y personas a ambos lados del Atlántico. En el ámbito financiero, la consolidación de la región podría ayudar a contrarrestar la dependencia excesiva de China a través de la iniciativa La Franja y la Ruta (Belt and Road). Además, se considera ampliar y mejorar la presencia de Alemania en organizaciones regionales latinoamericanas.

El potencial de las relaciones económicas bilaterales es evidente. Se busca apoyar la política de comercio exterior facilitando las inversiones alemanas en la región y fomentando la cooperación económica.

Se aboga también por la ratificación del acuerdo de asociación entre la UE y el Mercosur para aportar oportunidades históricas para ambas regiones. Como se sabe, esto crearía la mayor zona económica interconectada del mundo. En ese sentido, fortalecería el comercio bilateral.

Muchos países latinoamericanos han progresado en materia de desarrollo. Es necesario aumentar la eficacia de la cooperación y adaptarse a las necesidades de estos países con instrumentos financieros nuevos e innovadores que combinen la financiación del desarrollo con el sector privado. Las áreas de cooperación que requieren más interés son la protección del medio ambiente, el Estado de derecho y la lucha contra el narcotráfico.

Renovar la asociación

«Aliados fuertes para los nuevos tiempos…» enfatiza la importancia de las disciplinas científicas, la investigación y la innovación. La cooperación en investigación climática, biodiversidad, energía renovable e hidrógeno verde es significativa para el futuro. También, la necesidad de fortalecer la cooperación en sistemas educativos y el intercambio de estudiantes y científicos entre Alemania y América Latina.

Además, una medida importante es el apoyo a las cadenas de valor locales y el impulso a la economía local. Alemania debe ayudar a los países latinoamericanos a pasar de la exportación de materias primas no procesadas a la creación de industrias locales con mayor valor agregado, teniendo en consideración la conciliación de los objetivos de protección climática con el crecimiento económico.

Como parte integral de la cooperación hay que mantener y mejorar los valores de la democracia, el Estado de derecho y los derechos humanos, en un contexto de retrocesos democráticos y tendencias populistas en algunos países de la región. Se propone un compromiso más sustancial de Alemania en la cooperación en materia de Estado de derecho.

Finalmente, el grupo parlamentario CDU/CSU destaca la necesidad de actualizar el estatus de las dos regiones. Alemania y la Unión Europea deben aumentar su visibilidad y presencia en América Latina para fortalecer su compromiso en la región.

La cooperación estratégica requiere un compromiso a largo plazo. Es importante renovar la asociación entre Alemania y América Latina y el Caribe adaptándola a la actualidad. Esta visión futura debe corresponder a los intereses fundamentales de Alemania en política exterior y seguridad. Actualmente en la oposición, el grupo parlamentario CDU/CSU quiere utilizar esta estrategia para subrayar su tema central de seguridad y política exterior. El potencial de una interdependencia más estrecha con América Latina no está suficientemente aprovechado por el gobierno.

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Doris Filipovic

Doris Filipovic

Traductora y magíster en lenguas europeas por la Universidad Politécnica de Dresde. Practicante de la Fundación Konrad Adenauer.

¿Qué sucede con la religión en América Latina?

Desciende el catolicismo, no la religión. Sin iglesia no significa «sin religión».

Por: Miguel Pastorino 26 Sep, 2023
Lectura: 10 min.
Celebración del día de la Virgen de Guadalupe en México
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La adhesión religiosa se ha convertido, casi sin excepción, en una elección personal.

«Los individuos se determinan religiosamente en función del interés personal que pueden encontrar en esta elección, ya sea en términos de bienestar psicológico, ya sea en términos de realización simbólica de sus condiciones de existencia» (Hervieu Leger, 2005).

La investigación sobre las religiones en el mundo revela que la tendencia de mayor crecimiento es de quienes no pertenecen a ninguna religión, o creyentes sin iglesia, o no afiliados. Lamentablemente se confunde el análisis cada vez que se interpreta esta categoría como ateos o agnósticos, cuando en realidad los que aumentan son los creyentes sin pertenencia institucional a una religión o iglesia particular, cuyas creencias no son fácilmente clasificables en las categorías clásicas de creyente, ateo o agnóstico. Lo que crece en el mundo son las personas que no se sienten parte de ninguna religión pero tienen profundas búsquedas espirituales y creencias religiosas. En su mayoría, están vehiculadas a través de una religiosidad difusa y ecléctica, más bien centrada en aspectos terapéuticos y no tanto doctrinales.

Desde hace más de cuarenta años, muchos sociólogos de la religión advertían que la avanzada secularización de algunos países suponía un abandono de las prácticas religiosas tradicionales, especialmente el catolicismo, pero no necesariamente un abandono de lo religioso.

Experiencia religiosa diferente

Erróneamente, muchos analistas interpretaron el descenso de la práctica y compromiso con iglesias y religiones tradicionales con un menor interés por lo religioso. Lo que sucede es exactamente lo contrario. La experiencia religiosa ha mutado notablemente, y en esta metamorfosis de lo sagrado nos encontramos con personas peregrinas que eligen en forma personal y subjetiva cómo vivir su vida espiritual, sin necesidad de mediaciones institucionales. Bastaría con observar el lugar que ocupan en las librerías los volúmenes de autoayuda, esoterismo, gnosticismo, gurúes, chamanes, espiritismo, espiritualidad oriental y autores cercanos al New Age y la religiosidad a la carta, para darse cuenta de la complejidad y vitalidad del fenómeno.

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No identificarse con una iglesia o religión no significa no ser religioso. Abandonar una iglesia o religión no es idéntico a dejar de creer en Dios o en realidades sobrenaturales.

Los ateos y agnósticos normalmente confiesan que lo son y no usan vagamente la expresión: «no tengo religión». Dicen sin problema: «soy ateo», «soy agnóstico», «no creo en nada» y cosas por el estilo.

La única excepción son los evangélicos pentecostales que, por su religiosidad más acorde a la sensibilidad posmoderna, descienden menos en Estados Unidos y crecen mucho más en América Latina, pero no en todos los países por igual.

La religión en Latinoamérica. Diálogo Político

Desciende el catolicismo, no la religión

Los datos del Latinobarómetro desde 1995 a 2020 sobre la religión en América Latina muestran una tendencia a la disminución del catolicismo, con excepción de Paraguay y México donde se mantiene en mayoría absoluta. Dependiendo del país, hay un aumento de los evangélicos (en su mayoría pentecostales) o de los que se consideran sin religión. Los países con un mayor porcentaje de sin religión son Chile (36,5 %), Argentina (37,2 %) y Uruguay (41,2 %). En estos tres países, los evangélicos no crecen como en el resto de la región y sí aumenta una religiosidad desinstitucionalizada y alejada del cristianismo.

En cambio, Guatemala, Nicaragua, El Salvador y Honduras mantienen un fuerte crecimiento evangélico pentecostal. Esta tendencia se repite en un porcentaje menor en Perú, Colombia, Ecuador, Bolivia, Venezuela, Costa Rica, Panamá y República Dominicana. El censo en Brasil muestra que en 1970 los católicos eran el 92 % de la población. En 2010 no llegan al 60 %, mientras que los evangélicos crecen en proporción al descenso católico.

El caso uruguayo es muy particular, una singularidad en la región, porque su proceso de secularización no fue solo del Estado, sino de la sociedad en su conjunto. Allí el catolicismo disminuye progresivamente a un 33 % en 2020 (en 1995 era un 60 %, en 2017 un 38 %). Es un catolicismo nominal, porque la práctica de un catolicismo más comprometido desciende a menos de 5 % de la población. El amplio espectro evangélico nunca ha superado el 13 %, pero en 2020 ha disminuido a un 8,4 %. Y siguen aumentando los sin religión, que alcanzan un 41,2 %, el más alto de la región. El ateísmo en Uruguay es de un 9 % y, salvo Argentina, que tiene un 1,9 %, el resto de los países tienen un ínfimo número de ateos (menos de 1 %).

Sin iglesia no significa «sin religión»

Un problema con la categoría de creyente sin iglesia o sin religión es que muchas veces no es fácil determinar el tipo de religiosidad que hay detrás de estas expresiones y se pueden solapar entre sí. De hecho, existen ateos y agnósticos con prácticas espirituales y personas adheridas a religiones que viven en el más profundo ateísmo práctico. Escuché hace años a un teólogo colombiano afirmar que habían creyentes que no practican y practicantes que no creen.

[Lee también: ¿Derechos humanos o deseos individualistas?]

Los estudios cualitativos realizados en todo el continente muestran que las categorías con las que muchos se identifican no siempre responden al imaginario que hemos construido sobre lo que significa ser católico, evangélico, ateo o agnóstico.

En la experiencia de las personas, la religión es una realidad cambiante y compleja. De hecho, muchos no usan la expresión religión porque la asocian a ritos o instituciones. En cambio, prefieren decir que tienen espiritualidad, pero no religión, por una visión peyorativa del concepto. Pero, técnicamente hablando, toda forma de espiritualidad es una manifestación de religiosidad, sea individual o social.

Creo que en las ciencias sociales, así como en la filosofía de la religión, hace falta una profunda revisión del uso de los conceptos para no alejarnos de la religiosidad vivida en abstracciones que no dan cuenta de los itinerarios religiosos de las personas. De hecho, existen religiones ateas, ateísmos con propuestas espirituales, espiritualidades laicas, religiones sin dioses y un sinfín de combinaciones que existen en la realidad y la experiencia cotidiana de las personas, que no son fácilmente clasificables en tipologías clásicas.

Una religiosidad terapéutica, difusa y vivencial

Especialmente en los países de la región y de manera particular en los más secularizados, las iglesias históricas se han amalgamado con la modernidad. Han vuelto su discurso más ético y social, abandonando expresiones y temáticas que remitan a lo sobrenatural o a la experiencia mística, dejando un evidente vacío espiritual.

Muchos creyentes sienten que les falta algo, cuando las iglesias históricas reducen la vida religiosa a prácticas sacramentales y a discursos racionales vaciados de misterio, o a compromisos morales y sociales. La nueva religiosidad en cambio, ofrece vivencias subjetivas y experiencias sensibles para un neopaganismo sediento de mística y misterio. Los que se van de las iglesias no necesariamente adhieren al ateísmo, sino a una indiferente, intimista y vaga religiosidad difusa.

En una cultura narcisista del culto al yo y con miedo al fracaso, hay demanda exponencial de confort psicológico, detrás de especialistas gurús que dicen cómo vivir, cómo comer, cómo dormir, cómo meditar, cómo relacionarnos con los demás y cómo ser felices. El mercado del alma crece en ofertas para crecer en autoestima y bienestar interior.

En una sociedad dominada por la mentalidad consumista, crece la religión a la carta y cada uno arma su propio menú espiritual, tomando de cada tradición religiosa, de la psicología, y de las pseudociencias si es necesario, lo que mejor le venga a su necesidad de gratificación subjetiva. Se conforma así una yuxtaposición de creencias, una múltiple pertenencia a diversos credos y prácticas religiosas, donde el sincretismo se convierte en signo de apertura mental y libertad.

La religiosidad dominante

La religiosidad actual privilegia la experiencia antes que la doctrina, los itinerarios personales antes que las grandes tradiciones, las vivencias espirituales antes que los contenidos doctrinales. Y el creyente de hoy es un buscador, un peregrino que quiere decidir cómo, cuándo y a quién creer. La religiosidad actual se ha convertido en una religiosidad sin Dios, pero se manifiesta emocionalmente potente y tiene una amplísima difusión.

El peso del testimonio emocional, la vivencia y la interioridad en los movimientos neopentecostales y en las espiritualidades neoesotéricas muestra los nuevos rumbos de la religión y presenta un gran desafío a las religiones clásicas y a las iglesias históricas. Sin experiencia íntima, personal y emocional no hay experiencia que se torne valiosa en el plano religioso. De aquí la tendencia a buscar en la psicología un mediador cualificado para la profundización e incluso para las terapias de mediación corporal y emocional. Se busca un mundo de unidad interior, de certeza y de misterio descifrado. La emoción abraza sus dos polos: la fuerte exteriorización y la concentración interior.

La emoción ocupa un lugar no solo importante sino excepcional en la vida de muchos de nuestros contemporáneos. Estos dedican muchas energías a una afanosa búsqueda de novedades y experiencias fuertes, y dan lugar a la llamada sociedad de la vivencia.

En este contexto, la experiencia religiosa no aspira a ser un elemento configurador de la existencia, sino a salvar el momento. Es así una experiencia más de conocimiento interno (gnosis) que nos prepara para la próxima novedad.

La reacción fundamentalista

En un contexto de extendido relativismo ético y religioso, en medio de una gran incertidumbre en todas las dimensiones de la vida, crece paralelamente la tentación fundamentalista. Es una contrarreacción que viene creciendo también en grupos que se sienten minorías —aunque no lo sean—, al cerrar filas doctrinales en la defensa de la identidad particular y con una construcción nostálgica de un pasado irreal.

El fundamentalismo, en todas sus manifestaciones, legitima prácticas y formas de vida que considera las únicas válidas universalmente. Por eso, tiende a querer imponerlas y a condenar todo lo diferente. La prédica fundamentalista, aunque crece en grupos minoritarios dentro de diferentes tradiciones, llega como un refugio de seguridad para personas necesitadas de certezas sólidas y discursos simplistas y reduccionistas. Esto también explica que los grupos que crecen dentro de las religiones o iglesias más tradicionales son los que tienen un talante más radical y fundamentalista.

Para comprender y profundizar sobre la transformación de la religión en el mundo contemporáneo, sugiero la bibliografía siguiente.

Bibliografía

Duch, L. (2012). La religión en el siglo XXI. Madrid: Siruela.

Estrada, A. (2018). Las muertes de Dios: Ateísmo y espiritualidad. Madrid: Trotta.

Giner, S. (2016). El porvenir de la religión: Fe, humanismo y razón. Barcelona: Herder.

Gray, J. (2019). Siete tipos de ateísmo. Madrid: Sexto piso.

Hervieu-Léger, D. (2005). La religión, hilo de memoria. Barcelona: Herder.

Mardones, J. M. (2005). La transformación de la religión. Madrid: PPC.

Taylor, Ch. (2021). El futuro del pasado religioso. Madrid: Trotta.

Velasco, J. M. (1999). Metamorfosis de lo sagrado y futuro del cristianismo. Santander: Sal Terrae.

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Miguel Pastorino

Miguel Pastorino

Doctor en Filosofía. Magíster en Dirección de Comunicación. Profesor del Departamento de Humanidades y Comunicación de la Universidad Católica del Uruguay.

¿Cómo sobrevivir en la falsa autenticidad?

En un mundo donde el electorado valora la supuesta franqueza de lo rupturista e irreverente, la inteligencia artificial podría albergar la receta para el político perfecto.

Por: Isaac Nahón Serfaty 25 Sep, 2023
Lectura: 6 min.
Inteligencia artificial y comunicación política
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El gran miedo a la inteligencia artificial (IA) en la política está muy enfocado en la capacidad de manipulación de la información y el gran potencial para el control social. Ambos aspectos se complementan muy bien, pues quien controle lo que la gente supuestamente debe saber y quien, al mismo tiempo, tenga la capacidad de entrometerse en la vida de las personas, será el Gran Hermano que predijo George Orwell en su novela 1984. De hecho, la República Popular China es el gran laboratorio social donde se combinan ambas capacidades de propaganda oficial y sistemas digitales de premiación y castigo social.

Sin embargo, hay un aspecto de la IA que merece un poco más de atención. Desde hace algún tiempo, en este mundo de la artificialidad mediática, de los filtros y las poses en las redes sociales, de hermosos gatitos y tiernos cachorritos, la gente aprecia mucho lo que llaman la autenticidad. Ya en la Venezuela del fallecido presidente Hugo Chávez, uno de los políticos que comprendió tempranamente el valor de las redes digitales de comunicación, los electores apreciaban la naturalidad del comandante, quien hacía chistes que incluían sexo (a su esposa le dijo en cadena de televisión que esa noche «le daría lo suyo») y escatología (contaba sus peripecias para no tener un accidente intestinal en un acto protocolar). Era esta «autenticidad» que lo acercaba al «pueblo», pues hablaba como el «pueblo» y decía las cosas que diría el hombre común (muy machista como el mismísimo mandatario). Chávez llegó a profanar actos religiosos para convertirse en protagonista de una misa de Jueves Santo durante la fase final del cáncer que lo terminaría matando. Alguien me dijo alguna vez que «Chávez hablaba bonito», otro atributo de su supuesta autenticidad.

Los líderes de la posverdad

Con Donald Trump pasa un poco lo mismo. Como no tiene filtros, también dice lo que le pasa por la cabeza. Conecta así con una porción de electores que aprecian su «sinceridad». En una supuesta carta escrita por una ciudadana de los Estados Unidos (que se identificó como Justagirlgoingthroughthisworld, ‘una muchacha que va por este mundo’), se le dijo al entonces presidente electo lo siguiente: «Señor Trump, realmente me gusta que usted sea un mal orador porque muestra sinceridad y humildad. Usted cambió su opinión y dijo: “¿y qué hay con eso?”. Usted dijo el famoso comentario de “agarrarlas a ellas [por allí]”. ¿Me ofendió con eso? No. Yo siempre digo cosas que la gente toma a mal. ¿Son a propósito? No siempre […]». Y así sigue esta supuesta mujer describiendo las cosas auténticas que admira de Trump. (Por cierto, la carta, publicada en noviembre de 2016, ya no está disponible en Internet, pero la pueden leer aquí.)

[Lee también: ¿Cuándo se «fregó» Internet?]

Ocurre lo mismo con muchos líderes que no se esconden detrás de la retórica de la corrección política. Los que votan por ellos admiran su falta de buenos modales políticos. Es el caso de Netanyahu en Israel, Orban en Hungría, Meloni en Italia, Milei en Argentina, e incluso Bukele en El Salvador. Todos son «auténticos» en un mundo de artificialidad discursiva percibida como hipocresía, corrupción y mentiras. La gente quiere verdad en un espacio mediático que ellos califican como fake news. Las cosas se irán complicando con la intromisión de la IA en la comunicación política. La autenticidad será una creación artificial de tal sofisticación que los ciudadanos tendrán dificultades para reconocer lo auténtico de lo falso.

Dame autenticidad aunque sea artificial

Pocas cosas quedan en el mundo que sean verdaderamente naturales, aunque a veces el marketing comercial o político nos quiera hacer creer lo contrario. Muchos de los espacios que creemos naturales son creaciones humanas (piensen en los resorts playeros o de jungla que hay en el mundo). También ocurre con productos llamados naturales, que son en el fondo diseño y producción artificial con una apariencia de naturalidad. Así, abrumados como estamos por la artificialidad en las redes, en el consumo y en la cotidianeidad, nos ha dado por apreciar más la autenticidad, la sinceridad, o, al menos, lo que percibimos como auténtico o sincero de parte de los políticos.

[Lee también: ¿Qué debe saber la política sobre el ChatGPT?]

La inteligencia artificial puede crear, a partir de algoritmos y tratamiento de millones de datos, imágenes, sonidos, expresiones faciales, movimientos del cuerpo y muchísimas otras cosas que nos den la impresión de que estamos ante algo verdaderamente auténtico. La IA es el reino de la artificialidad que puede hacernos creer que todo lo que vemos, oímos, leemos (no muy lejana está la posibilidad de lo que olamos también), es más real que la realidad misma. Es la gran paradoja del mundo desnaturalizado (fuera de lo natural) en el que vivimos sumergidos. Necesitamos aferrarnos a elementos de sinceridad, transparencia, verdad (be real, dicen en inglés), porque todo lo demás es demasiado artificioso, engañoso, sospechosamente insincero.

La IA tiene una doble capacidad. Primero, puede conocer nuestras teclas emocionales, pues dejamos rastros de nuestros sentimientos y opiniones en las redes sociales y otras aplicaciones que usamos diariamente. Segundo, tiene la capacidad de crear algo a la medida de nuestras emociones, poniendo de relieve lo que nos gusta, nos excita, motiva y apasiona. Y esa creación además puede resultar tan realista que apele a nuestra necesidad de autenticidad.

La IA y el político del mañana

La inteligencia artificial podrá diseñar al candidato o candidata perfecta, con la combinación adecuada de carisma y sinceridad, con el discurso que tenga resonancia en el electorado y con la capacidad de adaptarse a los vaivenes emocionales de los ciudadanos. Ningún consultor de campañas electorales podrá superar a la IA, pues hará su trabajo de diseño de la autenticidad artificial de manera perfecta, sin los obstáculos morales o sentimentales que podría tener una persona de carne y hueso.

[Lee también: Daniel Innerarity: «El futuro no puede ser el basurero del presente»]

Una importante aclaración antes de terminar: autenticidad no es equivalente de bueno, en el sentido moral del término. Un ser humano puede ser un auténtico tirano, torturador, corrupto, violador. Puede ser muy sincero en la revelación de sus características más nefastas. Hay gente que prefiere, a pesar de las falencias éticas, a un auténtico hijo de… su madre. En eso también la IA será impecable. Sabrá diseñar al político más chocante e irreverente, si eso es lo que la gente quiere. Hacia allá vamos, si no se regula la inteligencia artificial en la actividad política.

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Isaac Nahón Serfaty

Isaac Nahón Serfaty

Doctor en Comunicación. Profesor en la Universidad de Ottawa, Canadá

Venezuela, China y los BRICS, la batalla por el relato

Los vacíos en América Latina son una oportunidad para Rusia y China. ¿Qué significa el intento de Venezuela de entrar en los BRICS? ¿Qué rol juega el G77?

Por: María Isabel Puerta Riera 25 Sep, 2023
Lectura: 7 min.
Nicolás Maduro visita China Photo: Xinhua
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Con el anuncio de la ampliación de los BRICS, culmina un período de expectativa de 20 países que habían solicitado su ingreso al bloque económico. En un momento de enorme incertidumbre global, debido al conflicto en Ucrania, la decisión de extender invitaciones a seis países, entre los que se encuentra Argentina, puede verse como una respuesta al reacomodo estratégico entre las alianzas políticas y económicas que aspiran alcanzar un orden multipolar que termine de desplazar al bloque dominante de las democracias occidentales.

Venezuela, al igual que Cuba, había emprendido una ofensiva diplomática para lograr su incorporación a los BRICS. Una decisión de naturaleza económica con implicaciones geopolíticas en época preelectoral del país suramericano.

El régimen de Maduro ha intentado infructuosamente que Estados Unidos levante las sanciones económicas que pesan sobre Venezuela, especialmente las que afectan al sector petrolero. Esto ha impuesto limitaciones a su estrategia de recuperación económica después de la pandemia. Además, afecta la capacidad de gestión de la crisis, exacerbando el éxodo migratorio.

Venezuela, precariedad y urgencia

El cortejo a China, con la visita de la vicepresidenta Delcy Rodríguez para preparar la gira de Nicolás Maduro por la nación asiática, dejó entrever la urgencia de alcanzar acuerdos efectivos que le permitan promover la idea de un respaldo financiero a la precaria economía venezolana antes de las elecciones presidenciales de 2024. El viaje de Maduro en septiembre tuvo como objetivo abogar directamente por la inclusión de Venezuela en los BRICS, además de formalizar algunos compromisos económicos.

Sin embargo, en esta ronda de ampliación del grupo de economías emergentes, Venezuela no fue invitada a unirse a Argentina, Egipto, Etiopía, Irán, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, que a partir de enero de 2024 se integrarán al bloque. El apoyo de Brasil no fue suficiente, como tampoco la solicitud hecha por Maduro al gobierno en su visita a China.

La respuesta oficial de China apareció camuflada en una declaración de elevación de relaciones. Esto puede verse como cautelosa revisión de su apoyo financiero al régimen venezolano. El viraje de China sobre Venezuela inició en 2016, cuando sus instituciones de desarrollo financiero cesaron préstamos al gobierno de Maduro en virtud del deterioro económico, incapacidad administrativa y corrupción que operaban como factor contrario a la profundización de la relación financiera.

La política china hizo los ajustes necesarios para garantizar la capacidad operativa del gobierno venezolano y que le permitiera cumplir con el suministro petrolero como pago de la deuda. Este acuerdo además tuvo que ser revisado, dada la caída de ingresos del país.

El G77 y los BRICS

Ante este escenario, ¿qué capacidad tienen los BRICS para solventar las vulnerabilidades estructurales de sus miembros y aliados en el sur global? En principio, tenemos a los BRICS, una organización con aspiraciones de reorientación del modelo económico predominante, que nace bajo la bandera de una lucha ideológica. Sin embargo, hay que señalar que el Grupo de los 77 (G77) también se concibió como una plataforma de promoción de las naciones en vías de desarrollo, integrando un espacio en el que se multiplican los foros de representación. En estas condiciones encontramos que se intenta aprovechar el conflicto en Ucrania, que tiene acaparada la atención del mundo occidental, para fortalecer la idea de un eje multipolar en oposición a la dominación de los Estados Unidos y la Unión Europea.

[Lee también: ¿Los beneficiosos megaproyectos chinos?]

Los BRICS, junto con el G77, representan en teoría el desarrollo de esta tesis. Sin embargo, con su ampliación se renuevan las dudas sobre esa aspiración, dada la dudosa eficiencia de contar con mecanismos simultáneos.

Por una parte, Jim O’Neill, economista artífice del acrónimo BRIC, cuestiona la extensión de un grupo que considera que tiene más poder simbólico que efectivo, pues muchas de sus aspiraciones no han materializado, entre ellas la desdolarización.

Sin embargo, su crítica apunta a los aspectos que seguramente jugarán en contra del poder efectivo de la coalición. Estos son la cohesión y coherencia entre sus miembros. Los objetivos que incluyen desafiar al poder de Occidente se encuentran matizados. Pues algunos de sus miembros (Egipto, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Brasil, India) tienen relaciones económicas importantes con Estados Unidos.

Conferencia del Grupo de los 77
Conferencia del Grupo de los 77 – Fuente: MRREE de Omán

Convivencia difícil

Por otra parte, también hay que considerar que entre los miembros hay desencuentros muy serios de naturaleza político-territorial (China y la India; Etiopía y Egipto). En un grupo con estas características, esto implica que, por su tamaño y naturaleza, llegar a acuerdos puede representar un verdadero desafío.

Los BRICS junto al G77 representan un intento (infructuoso) de generar contrapeso al G7 y G20. Sin embargo, para quienes no forman parte de los BRICS, el G77 es el foro que les permite continuar con su desafío ideológico al orden occidental. El exhorto por una coordinación efectiva entre los BRICS y G77 más China, en el marco de la reunión del grupo en La Habana, a mediados de septiembre, lo dejó claro. El problema, en ambos casos, es que a pesar de ser economías emergentes, que representan al 42 % de la población mundial, son vulnerables. No solamente por los coletazos de la pandemia (China, pasando por un período de desaceleración económica), sino además por la naturaleza diversa de sus gobiernos iliberales, autocráticos o democracias débiles.

Eso hace al G77 una aspiración que los BRICS están tratando de simplificar, posiblemente excluyendo a los países que representan una carga. Pero esto también representa un desafío para los BRICS. Pues la vulnerabilidad se incrementa no solamente por los liderazgos autoritarios, sino por las fluctuaciones ideológicas de los gobiernos de los países miembros (especialmente Brasil y Argentina), donde hay democracias débiles, pero con elecciones libres.

Esto genera condiciones internas que refuerzan lo señalado acerca de la cohesión y coherencia. En los casos de Rusia y China, no hay problemas de sucesión o alternabilidad política. Mientras que en Argentina una posible presidencia de Milei, o en Brasil la amenaza de otro líder con las características de Bolsonaro, tendrán repercusiones a lo interno de la agrupación.

Señal de alerta

La naturaleza de agrupaciones políticas con una fuerte identidad ideológica juega en contra de la agenda económica, que es su razón de ser. La multiplicación de esfuerzos por fortalecer el eje anti-Occidente para hacer contrapeso a la influencia económica y política de las democracias liberales debería indicar que la fórmula ya ha sido ensayada, no ha dado resultados, y lo que vemos es una edición revisada. En este sentido, no es despreciable su capacidad de representación pero, como O’Neill lo ha señalado, su capacidad simbólica es lo que crece.

Finalmente, para algunos expertos, la expansión de los BRICS no representa un triunfo de China (Mohan). Pero es necesario verlo con una señal de alerta dirigida a las democracias occidentales.

De lo que se trata es que hay un vacío, que en el caso de América Latina está siendo llenado por Rusia y China. No solamente con fines económicos, sino fundamentalmente por razones políticas. El expansionismo de las fuerzas iliberales ha tenido eco tanto en los autoritarismos como en las democracias de la región. Amenaza la continuidad de estas, debilita sus capacidades institucionales y afecta la estabilidad de sus sistemas políticos.

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María Isabel Puerta Riera

María Isabel Puerta Riera

Doctora en Ciencias Sociales. Magíster en Ciencia Política y Administración Pública. Profesora adjunta en el Valencia College. Autora del libro «Crisis de la democracia: ¿en el umbral de la posdemocracia?» (2021)

¿Orden internacional sin horizonte claro?

La disputa global ya no es ideológica, es de intereses, y el poder económico mundial se juega en nuevas canchas, como el control de las cadenas de suministros y el acceso a minerales críticos

Por: Jorge Sahd 20 Sep, 2023
Lectura: 3 min.
Red global Diálogo Político
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Como el anticipo de un terremoto, las placas tectónicas globales siguen moviéndose y las fricciones aumentan. El afán por el rebalance del poder global es el signo de esta época. No solo China busca su espacio; lo hacen también la Unión Europea, India o la propia Arabia Saudita. Una puja por espacios de influencia en un entorno competitivo y beligerante en algunos casos, con pocas señales de colaboración global.

Esto ha apurado la búsqueda de nuevas alianzas, como se vio esta semana en tres hechos de enorme relevancia. El acercamiento de Rusia con Corea del Norte, ambas potencias nucleares y parias internacionales; el estatus de socio estratégico dado por China a Venezuela, en un paso más por aumentar su influencia en la región; o la asociación estratégica del más alto nivel entre Estados Unidos y Vietnam. Todas expresiones de que el tablero internacional se mueve más rápido de lo esperado y que sus resultados son difíciles de anticipar.

La hegemonía americana organizó el mundo de la posguerra y construyó la arquitectura de las democracias liberales: orden basado en reglas; promoción de la democracia y derechos humanos; y apertura económica. Los incómodos con el orden liberal querían cambios, pero no podían forzarlos. El colapso del proyecto ideológico de la Unión Soviética fue el mejor ejemplo.

Disputa de intereses

Pero hoy las cosas han cambiado. La disputa global ya no es ideológica, es de intereses. Y el poder económico mundial se juega en nuevas canchas, como el control de las cadenas de suministros y el acceso a minerales críticos. China es más fuerte que hace 25 años; Estados Unidos ve limitada su influencia global por su disfuncional política interna; la Unión Europea ha perdido peso económico; el centro de gravedad nuclear comienza a trasladarse al eje Rusia-Corea del Norte; India potencia su «neutralidad» y el tablero en Medio Oriente comienza a cambiar.

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La era de la lealtad americana ha ido dando paso a la desafección americana y, aunque se evite decirlo públicamente, la tendencia a la construcción de nuevas alianzas —especialmente regionales— es una expresión de que el momento unipolar va en retirada. Aun con un poderío militar incontrarrestable, la fuerza comercial y de inversiones de Estados Unidos ya ha sido desafiada por China. Y un grupo importante de países, en nombre del interés nacional, busca aliados ad hoc para una mayor seguridad económica, energética y alimentaria.

Guerra de desgaste

La guerra de Rusia en Ucrania, hoy devenida en una guerra de desgaste con pocas luces de una pronta salida, no ha hecho más que poner en evidencia las fisuras globales. La falta de una condena clara a una guerra que infringe principios básicos del derecho internacional se repite en distintos foros multilaterales.

Todo este escenario revuelto y de pocas definiciones nos muestra un orden internacional sin un horizonte claro. El enfrentamiento sino-americano estará condicionado por las próximas elecciones en Estados Unidos y los desequilibrios de la menos pujante economía china. En ese escenario, una multiplicidad de actores seguirá buscando nuevas alianzas y colaboraciones menos duraderas, más basadas en intereses que en principios. Así, la seguridad global y el comercio internacional comienzan a transitar por una era de mayor incertidumbre.

Publicado el 15 de septiembre de 2023 en Diario Financiero.

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Jorge Sahd

Jorge Sahd

Director del Centro de Estudios Internacionales de la Universidad Católica de Chile. Abogado y profesor. Máster en administración pública por la Universidad de Nueva York.

Google, 25 años

Google se nos aparece con buenas intenciones y propósitos elevados. Pero que en última instancia responde a sus inclinaciones estructurales y a la inercia de su propio poder.

Por: Guillermo Tell Aveledo Coll 19 Sep, 2023
Lectura: 12 min.
Google 25 años. Imagen: Guillermo Tell Aveledo
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

De un modesto emprendimiento de garaje a un conglomerado global de abrumadora ubicuidad. Google es uno de los pilares de la transformación tecnológica y económica del siglo, mezclándose con el mar de fondo de los cambios sociales y políticos de finales del siglo XX. ¿Cuáles son las implicaciones de Google y sus herramientas para la política democrática del futuro?

Recuerdo cuando llegó a nuestras vidas: era yo auxiliar de investigación en la universidad y cursaba el tercer semestre de estudios políticos. Mi trabajo consistía en revisar embrionarios archivos digitales de los partidos y guardar declaraciones de candidatos en la campaña electoral de 1998 en Venezuela. Requería la búsqueda de información por las redes. Aunque no éramos nativos digitales, los estudiantes que asistíamos a investigadores mayores éramos de la generación X. Habíamos llegado a la red con la explosión digital de los noventa, las dot-com y la miríada de navegadores torpes, directorios limitados y buscadores que hoy nos parecen casi artesanales: Altavista, Excite, Infoseek, Lycos, Magellan, Yahoo.

Súbitamente, en nuestras ventanas de Netscape Navigator o Explorer de Microsoft —no existían aún ni Mozilla ni las pestañas—, como un rumor se asomó una extraña página de búsqueda. Austera, pese al extraño logotipo de letras de colores, pero rápida y precisa. Apareció Google.

El ubicuo gigante multicolor

Ha sido tal su omnipresencia, que se ha convertido en un verbo. Todos googleamos, y se nos olvida la acumulativa influencia de la empresa en nuestras vidas. Nadie habla de Alphabet, el nombre oficial del consorcio fundado por Larry Page y Sergei Brin en 1998, del mismo modo que hablamos de Amazon, Apple, Meta y Microsoft. A Google, millones de personas entregamos constantemente información que alimenta a este gigante de coloridas herramientas dedicado a motores de búsqueda, inteligencia artificial, publicidad en línea, videos y entretenimiento, computación en la nube, computación cuántica, comercio electrónico y sistemas operativos. Su dominio del mercado, recopilación de datos y ventajas tecnológicas en el campo de la inteligencia artificial es casi absoluto en todas estas categorías.

La innovación tecnológica esencial de Google, el algoritmo PageRank, ha sido la clave para la monetización de nuestra navegación. Al hacer las búsquedas rápidas, relevantes y útiles terminó convirtiéndose en un compañero constante de nuestra navegación. De la búsqueda, Google pasó al correo electrónico, al manejo de contraseñas y la navegación, a las aplicaciones de trabajo y al sistema operativo. Y, con ello, la optimización de la productividad. Ahora teníamos una especie de poder de omnisciencia sobre la cual se construía la omnipresencia del consorcio, con servicios que funcionan sin costo. Sin embargo, su pago es la información de cada usuario: la que proporcionábamos abiertamente —como hacen los creadores de contenido en sus redes sociales y de entretenimiento, como YouTube—, como el rastro que dejábamos inadvertidamente con cada clic.

Millones de datos

Así, la empresa fue reuniendo millones de datos a cada segundo. Con ello destiló un perfil digital de cada usuario, gustos, idiomas, historial, compras, intereses, inclinaciones y vaivenes le permiten predecir nuestros patrones de consumo y también muchas otras de nuestras decisiones. Convenientemente, hemos accedido a la distraída entrega de nuestras identidades a una entidad que nos conoce mejor que nuestro más íntimo contacto. Dos millones de gigabits por minuto, y cuarenta mil petabits por día, para una emisión de gases de invernadero anual —entre servidores y emisiones operativas— de hasta una decena de toneladas métricas de dióxido de carbono. «Nuestra misión —dice lacónicamente la empresa— es organizar la información del mundo para que todos puedan acceder a ella y usarla», nos dice.

Son tales los recursos que ha adquirido Google, que asumió por años el lema «Don’t be evil» (‘no seas malvado‘). Aunque lo cambió recientemente al ambiguo «Haz lo correcto». En ese sentido, la empresa ha hecho parte de su cultura el proyectarse como una organización ética, progresista y de avanzada.

Google ha escapado relativamente del espectro de malevolencia que cubre a los otros gigantes de la tecnología en el Valle del Silicón, pero no sin controversias.

Del clic a las urnas

El proceso político en el mundo moderno se mueve entre la comunicación política y la decisión de los electores. La influencia de Google y sus herramientas en las campañas no es desdeñable. A través de Google Ads, los partidos y comandos pueden dirigirse a los votantes en función de su ubicación, intereses, datos demográficos y comportamiento en línea, propagando ideas en función de sus inclinaciones como consumidores. A esto se suma la influencia de Google News. En las pantallas de nuestros buscadores y teléfonos aparecen, sin que medie una decisión del usuario, la agregación y curadoría de artículos de noticias de diversas fuentes. Estos se basarían en algoritmos que los clasifican según su relevancia, calidad y diversidad.

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Google también incluye secciones especiales para noticias relacionadas con elecciones y políticas, como «Noticias destacadas», «Verificación de hechos» o «Cobertura completa», con el propósito de proporcionar acceso a información completa y confiable. Dada la opacidad y relativa inconsistencia de sus políticas de privacidad y de sus cambiantes algoritmos de búsqueda, hay dudas sobre los sesgos de la empresa, e incluso de su capacidad real para enfrentar el abuso y la desinformación.

Civic Information API

Para contrarrestar estas dificultades, Google ha lanzado esfuerzos como la Civic Information API, una interfaz de programación de aplicaciones que permite a los desarrolladores acceder a información sobre las elecciones: candidatos, lugares de votación, información de las boletas y registro de votantes en algunas circunscripciones. Filtra esta información de fuentes oficiales, como agencias gubernamentales u organizaciones no partidistas. Tiene el objetivo de hacer que la información electoral sea más accesible y precisa para los votantes. Esto se ha celebrado en la bibliografía especializada en transparencia electoral y democracia como ejemplo cívico de tecnología a favor de la democracia.

Sin embargo, algunos expresan su preocupación por la confiabilidad e integridad de los datos, y por la posibilidad de manipulación o sesgo por terceros. Esto sería evidencia no sólo el retroceso democrático correlativo al auge de los gigantes de la tecnología, sino en el hecho cierto de que en última instancia la corporación, por sus herramientas, dimensiones y su propia naturaleza corporativa, carece de los contrapesos y la vigilancia propia de las instituciones democráticas.

Entre gigantes filantrópicos

Google parece estar consciente de esta ambivalencia. Su promoción corporativa nos habla de unos nerds de buen corazón, que están comprometidos a usar la ciencia y la tecnología para el bien. Nos recuerda sus iniciativas en pro de la diversidad social y la igualdad de oportunidades, el medio ambiente, el reto del cambio climático y el propósito de ser una compañía libre de emisiones de carbono. Los famosos y esperados Google Doodles, son una galería global de íconos que retan el colonialismo, el racismo y el sexismo, celebrando la diversidad y llamando la atención de figuras y fenómenos menos conocidos desde los centros de poder tradicionales, apoyando movimientos sociales.

Desde algunos círculos, esto se manifiesta como una imagen que es a la vez asfixiante y engañosa. Google ha sido acusado de tener sesgos ideológicos en sus productos y servicios, especialmente en su motor de búsqueda y en su plataforma YouTube. Se la acusa de favorecer los puntos de vista progresistas y de censurar ideas conservadoras con la propaganda abierta de cierto contenido, o con la manipulación de sus algoritmos y políticas. De modo célebre, el expresidente norteamericano y líder republicano Donald Trump ha acusado a Google de manipular resultados a favor de sus contrincantes, propagar mentiras en su contra, promover medios que le critican y atacar su imagen.

Cabildeo político

Otro ejemplo es el ad-pocalipsis de YouTube de 2017 a 2018, con el que decenas de creadores en YouTube perdieron acceso a ganancias por publicidad, debido a cambios en las políticas y algoritmos publicitarios de YouTube. Google respondió que era su deber con usuarios y anunciantes protegerlos de contenido inapropiado contrario a sus valores y dentro de los parámetros legales contra el discurso de odio. Por esa misma época, Google despidió al ingeniero James Damore tras la publicación de un manifiesto viralGoogle’s Ideological Echo Chamber— contra la hostilidad ideológica de la empresa. Damore sostenía que las diferencias biológicas entre hombres y mujeres podrían explicar la brecha de género en el campo de la ciencia y la tecnología, en el contexto de una revisión de las políticas salariales de la empresa.

Lo cierto es que, más allá del discurso y el apoyo a activistas, Google participado activamente en el cabildeo político, las donaciones de campañas y la promoción de diversas causas y políticas, especialmente en el área tecnológica y corporativa. Ejemplos de ello son la reforma migratoria (dada la base demográfica de sus equipos de ingenieros y computistas), la desregulación laboral, la neutralidad de la red, la energía renovable, la reforma de patentes, la regulación antimonopolio, la privacidad en línea y la libertad de expresión.

Influencia en la conducta privada

Según el Center for Responsive Politics, Google (y Alphabet) ha gastado decenas de millones de dólares en el cabildeo dentro del sistema político norteamericano. Es una de las primeras diez corporaciones estadounidenses en donaciones. Aunque históricamente las dirigió al Partido Demócrata, la donación a Comités de Acción Política en los últimos años refleja un leve sesgo pro-Republicano. Esfuerzos similares, dentro de la ley, hace la empresa en la Unión Europea y en China.

La posición de los Estados ante Google da cuenta del poder de esta y de la suspicacia ante ese poder. Google maneja enormes cantidades de información, refleja e influye en la conducta privada de los ciudadanos, y tiene también efectos en la esfera pública. Ese poder de datos e inteligencia artificial es uno que los gobiernos de todo el mundo desearían tener. Por ejemplo, el Proyecto Maven del Pentágono para la aplicación militar de aprendizaje de máquinas en datos de reconocimiento aéreo. En este, Google colaboró hasta finales de la década pasada. También ayudó en regular el uso de los datos por corporaciones privadas. Estados Unidos, Europa y Australia han enfrentado a Google por la privacidad de los datos de sus usuarios. De igual forma, por prácticas monopólicas con los anunciantes y con los usuarios de la plataforma Android.

La difícil relación con China

Pero el caso más difícil para la empresa —como lo es para todo Occidente— es su relación con China. Este no es solo un mercado, sino un Estado con un control autoritario crecientemente sofisticado sobre sus ciudadanos, a la vez celoso de sus competidores. A comienzos de siglo, las incursiones de Google en el mercado chino fueron impulsadas por su ambición de expandir su alcance e influencia global. Intentaba garantizar la privacidad y la libertad de información de sus usuarios en China con esfuerzos evasivos que dirigían el tráfico de búsqueda hacia el entonces relativamente libre Hong Kong.

[Lee también: ¿Los beneficiosos megaproyectos chinos?]

Al final, Google tuvo que claudicar ante la «Gran Muralla» de censura y vigilancia de Beijing y retiró su motor de búsqueda de China en 2010. Tal fue la claudicación que China no solo tiene un ecosistema de red en el cual Google meramente es un proveedor de plataforma de telefonía secundario, sino que además llegó a plantearse el diseño de un buscador especial de registro público de búsquedas privadas y proporción de información limitada, en colaboración con las agencias oficiales —el proyecto Dragonfly—, descartado al final por la inviabilidad económica y por los riesgos a la reputación y credibilidad de la empresa.

Colores y grises

Quizás es ingenuo plantearse que una sola corporación puede afectar los destinos y decisiones de millones de ciudadanos alrededor del mundo. Al final, somos individuos racionales que debemos ser responsables nuestras propias decisiones en el consumo privado y en el espacio público. Sin embargo, el hecho mismo de la asimetría entre la capacidad de organización y la acumulación de recursos de las organizaciones, en contraste con aquella de los particulares, es una de las circunstancias paradójicas que ha alarmado a los teóricos de la democracia moderna en los últimos siglos.

Haciendo balance, Google se nos aparece como una organización que tiene buenas intenciones y propósitos elevados. Pero que en última instancia responde a sus inclinaciones estructurales y a la inercia de su propio poder. La ciudadanía no puede depender de la buena voluntad circunstancial de unos pocos actores poderosos. Antes bien, ha de privilegiar las estructuras de control y contrapeso que proveen equilibrio ante sesgos y cambios de parecer de estos gigantes, cuyas acciones estamos obligados a revisar críticamente. La lección de este último cuarto de siglo con el gigante multicolor es la misma lección de toda la historia. El poder puede corromper incluso a aquellos que no quieren ser malvados.

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Guillermo Tell Aveledo Coll

Guillermo Tell Aveledo Coll

Doctor en ciencias políticas. Decano de Estudios Jurídicos y Políticos, y profesor en Estudios Políticos de la Universidad Metropolitana de Caracas.

La Franja y la Ruta diez años después, poco que festejar

Se cumplen diez años de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. ¿Qué significa esto para Latinoamérica? ¿Cambiará para siempre la correlación del continente?

Por: Marcos Gava 18 Sep, 2023
Lectura: 5 min.
Globo terráqueo Asia-China
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Este septiembre se cumplen diez años de la presentación que hizo Xi Jinping ante la comunidad internacional del proyecto insignia de la diplomacia china: la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, en su acrónimo en inglés). La iniciativa plantea la integración económica y comercial de China con el mundo a través de corredores e infraestructuras terrestres y marítimas en Asia Central, Europa, África y América Latina, financiados en su mayoría por Pekín.

El plan es seductor. En la última década, al menos 151 países han firmado memorandos de adhesión, entre ellos 22 latinoamericanos y caribeños.

El «Plan Marshall» chino

Pekín encuentra los argumentos de sus políticas actuales en su propia civilización. La Ruta de la Seda, una red de rutas terrestres y marítimas que hace dos mil años se desplegaba por distintas regiones del mundo, inspira al «proyecto del siglo», como etiqueta la propaganda del régimen. Esta añade que su vocación es que «beneficie a toda la humanidad». Pero los críticos del proyecto lo asemejan a un Plan Marshall chino que permite a Pekín ejercer influencia internacional y construir su liderazgo global. Marca la agenda y sienta las bases de un nuevo orden mundial.

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El esquema del BRI ya existía antes de 2013. China lanzó su estrategia de salir afuera a poco de entrar en la Organización Mundial del Comercio, en 2001. Y, por su necesidad de garantizar el suministro de los recursos naturales que debían alimentar la fábrica del mundo y la urbanización del país, sus empresas y bancos estatales iniciaron su internacionalización. De la mano de su capitalismo de Estado, invirtieron en todo tipo de proyectos, construyeron infraestructuras por medio mundo y financiaron a gran escala. Con la crisis financiera de 2008, Pekín se hizo con activos, tecnología y mercados estratégicos antes vedados.

Demanda china en América Latina

En 2013, este modelo se empaquetó diplomáticamente, se adornó con eslóganes y tomó un nombre atractivo. Por entonces, América Latina se había beneficiado de la demanda china y del precio de las materias primas. Los flujos comerciales crecían exponencialmente y recibía financiación infinita en medio de reticencias de Occidente. Ecuador, Argentina, Venezuela y otros países se echaron en brazos de China. No solo por ser esta una fuente (casi) inagotable de préstamos, sino por afinidad política e ideológica, incluida la pulsión antiestadounidense. Muchos de aquellos gobiernos se unieron así al BRI.

Mapa de los canales marítimos y terrestres de la GEI para el año 2070 | Fuente: GEIDCO, 2018
Mapa de los canales marítimos y terrestres de la GEI para el año 2070 | Fuente: GEIDCO, 2018

¿Todo lleva a Pekín?

El gobierno chino anunció en 2019 que más de 3.100 proyectos de conectividad se realizaron dentro del ámbito del BRI. Sin embargo, es difícil saber cuántos de ellos ya existían con anterioridad o cuántos se habrían ejecutado igualmente sin el BRI. En cualquier caso, una década después del anuncio de Xi Jinping, el plan parece haber perdido impulso en medio del nuevo mundo geopolítico salido de la pandemia, el alcance de la (in)sostenibilidad de la deuda y la propia desaceleración económica en China. Ya no parece que todos los caminos conduzcan a Pekín.

Con semejante escenario, se abren alternativas acaso menos ambiciosas que el BRI. Una es la apuesta por la doble circulación, en la que China busca reducir su dependencia del comercio exterior. A la vez, pretende reforzar su economía doméstica. Asimismo, renueva sus esfuerzos en el sudeste asiático, donde tiene influencia histórica. Y en los países que conforman la Organización de Cooperación de Shanghái, ubicados en su periferia. Aunque el desarrollo y la prosperidad de China son muy dependientes del resto del mundo, y el aislamiento no es en absoluto una opción, América Latina podría perder (por estas razones) parte de su atractivo.

[Lee también: Frenazo económico en China: ¿inquietud en América Latina?]

La desglobalización selectiva, incluida la deslocalización de empresas antes instaladas en China hacia destinos más fiables, obliga a todos los jugadores a reajustar sus fichas en el tablero. Pero, incluso si el BRI pierde fuerza económicamente, seguirá siendo políticamente importante para Pekín dado que su pretensión es consolidar su rol como potencia emergente y, acaso más adelante, hegemónica. Para ese propósito, el BRI convivirá, y se complementará, con las otras iniciativas de seguridad y desarrollo globales impulsadas por Xi Jinping. Su telón de fondo es el «destino común para la humanidad» que propugna el presidente chino.

Subordinación

Según los críticos, esto encierra una pretensión perversa: un orden internacional basado en una unidad de naciones económicamente dependientes de China y, por tanto, subordinadas a esta. Además de su vertiente económica, la acción del BRI se ha preocupado de reforzar la idea de China como alternativa de poder. Aboga por el multilateralismo y busca posicionarse como el principal aliado para desarrollar el sur global, muchas veces como contrapeso a los intereses de Estados Unidos. Detrás de todo ello, la voluntad de Xi Jinping es atraer al sur global a su órbita e influir en un orden mundial para hacerlo más seguro para sus intereses.

Artículo en cooperación con Cadal.

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Marcos Gava

Marcos Gava

Director de ReporteAsia y colaborador del proyecto Análisis Sínico en www.cadal.org. Periodista y promotor del Consorcio Internacional de Comunicadores Especializados en Asia.

DP Enfoque Nro. 13 Latinoamérica en su laberinto. Seis claves del estado de la democracia

La confianza en las instituciones, la evolución del populismo autoritario, la reducción de la oposición a los golpes de Estado. ¡Explora la realidad de la región!

Lectura: 2 min.
DP Enfoque nº13. Latinoamérica en su laberinto
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

¿Qué busca ser Latinoamérica? ¿Hacia dónde va la política en la región? Este DP Enfoque desarrolla seis claves que ayudan a comprender la democracia latinoamericana. Este documento disponible en español e inglés, pone la atención en las principales alarmas. ¿Cuáles son? Parte de las siguientes ideas:

  • La confianza en las instituciones y en las elecciones plurales ha decaído.
  • La tolerancia a la posibilidad de golpes de Estado se incrementó.
  • El encantamiento del populismo autoritario ha ganado espacio.

Este DP Enfoque estudia el momento democrático en Latinoamérica. Así mismo, los principales desafíos y tareas pendientes.

La disminución de la oposición a golpes militares y a golpes del Ejecutivo es señal del peligro que corre la democracia en la región. Según esto, la tolerancia al golpe es el caldo de cultivo perfecto para regímenes autoritarios con la ilusión de soluciones rápidas y efectivas.

Reflejo democrático en Latinoamérica

No todos los líderes políticos de América Latina corren en la misma pista. Por un lado, están los que conviven dentro de sistemas competitivos, con mayor o menor fortaleza institucional, dependiendo del caso. Por el otro, los que han erosionado la alternancia al partido-Estado nacional pero que se sienten con la misma libertad de pregonar democracia, civismo y republicanismo, mientras mantienen a sus poblaciones asediadas y perseguidas. ¿Es esta la mejor muestra de la miopía del reflejo democrático de la región?

El influjo de potencias autoritarias en la región va ganando terreno. Estas potencias nos hablan de una democracia «diferente», donde la libertad no es prioridad. De ese modo, popularizan modelos hechos en base a prácticas discrecionales, pseudolegales y destructoras de la institucionalidad. Esta es una de las principales alarmas que debe llamar a la acción a los partidos, centros de pensamiento y demócratas.

Este documento hace un llamado a la discusión en distintos espacios de ideas, cultura y medios de comunicación de Latinoamérica. El DP Enfoque recomienda canalizar el hartazgo social y los reclamos al sistema político dentro de un marco de protección de la democracia.

Publicación: Septiembre, 2023

ISBN 978-9915-9490-6-2

Sebastian Grundberger

Sebastian Grundberger

Coordinador de los países andinos en la Fundación Konrad Adenauer.

Ángel Arellano

Ángel Arellano

Doctor en ciencia política, magíster en estudios políticos y periodista. Profesor de la Universidad Católica del Uruguay y de la Universidad de Las Américas de Ecuador. Coordinador de proyectos en la Fundación Konrad Adenauer en Uruguay, y editor de Diálogo Político.

Las redes de la política en América Latina

¿Cómo impacta la política a nivel transnacional en América Latina? Descúbrelo escuchando este episodio de Bajo La Lupa.

Por: Redacción 13 Sep, 2023
Lectura: 2 min.
Las redes de la política en América Latina
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Durante los últimos episodios nos dedicamos a temáticas de política que marcaron la historia reciente de Latinoamérica. Esta vez ponemos el ojo en la dimensión internacional ¿Cómo se ha utilizado políticamente la meta transnacional que plantean algunos gobiernos de América Latina? ¿Qué tipo de liderazgos se han apoyado en esas construcciones? ¿Qué otras redes transnacionales funcionan en la región y cuáles son sus funciones? Preguntas que hoy ponemos Bajo la Lupa.

Participa

Fernando Pedrosa, doctor en procesos políticos contemporáneos e investigador de la Universidad de Buenos Aires, y autor del DP Enfoque: «El mundo no es suficiente. Redes de políticos y luchas por la democracia en América Latina». 

Bajo la Lupa es un pódcast de Diálogo Político. Un proyecto de la Fundación Konrad Adenauer.    

Conducción y realización: Franco Delle Donne | Rombo Podcasts.

Política y redes

Los Estados latinoamericanos, particularmente, siguen siendo actores centrales de la vida nacional, incluso con mayores cuotas de poder y como eje de la disputa por el acceso al poder entre las diferentes elites y grupos sociales y políticos. Paradójicamente, y en forma simultánea, el Estado nacional continúa sin poder resolver problemas que se originan en la agenda global. Y, en cambio, puede empeorarlos significativamente (como se vio en los encierros diversos durante la pandemia).

En la búsqueda de fortalecer su poder e influencia política, los Estados profundizaron su activismo transnacional, que adquirió diferentes formatos y representaciones. Esto se tradujo en una creciente red de instituciones gubernamentales y no gubernamentales, formales e informales, destinadas a influir en lo que ocurría fuera de las fronteras de los países (pero que luego se manifestaba dentro de las fronteras nacionales).

Redacción

Redacción

Plataforma para el diálogo democrático entre los influenciadores políticos sobre América Latina. Ventana de difusión de la Fundación Konrad Adenauer en América Latina.

Política y crimen organizado en América Latina

La vinculación entre política y crimen organizado no cesa de crecer en América Latina. La fragilidad de las instituciones y organismos estatales, los grandes márgenes de ganancia que genera la economía criminal y las ambiciones políticas se combinan para generar un cóctel explosivo.

Por: Miguel Ángel Martínez Meucci 13 Sep, 2023
Lectura: 6 min.
Crimen organizado
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El reciente asesinato de Fernando Villavicencio, candidato presidencial en Ecuador, vuelve a centrar la atención en torno a uno de los problemas más graves que enfrenta América Latina, como es el de la creciente vinculación entre crimen organizado y política. Se trata de un fenómeno complejo, en continua evolución. Nuestros gobiernos no solo están demostrando que no cuentan con una oportuna y eficaz capacidad de respuesta. Peor aún, parecen estar convirtiéndose cada vez más en parte del problema y no de la solución.

El formidable repunte de la violencia en el Ecuador; la penetración del narco a todo lo largo de la estructura del Estado mexicano; el incremento sostenido de los cultivos de coca y marihuana en países como Colombia, Perú o Bolivia; o el involucramiento de los militares en el negocio del narcotráfico en Venezuela son algunas de las dinámicas que demuestran que este problema, lejos de estar en vías de resolución, se encuentra más bien en franca expansión. A continuación, algunos comentarios con los que se busca apenas ofrecer al lector un marco de interpretación muy general.

Auge del crimen organizado

Comencemos por señalar que el crimen organizado es, en esencia, un negocio: su finalidad primordial es obtener una ganancia económica. La diferencia que presenta dicho negocio es que consiste en lucrarse mediante actividades ilícitas, expresamente prohibidas por el ordenamiento jurídico del Estado. Dicha prohibición conlleva una drástica restricción de la oferta. Esto, a su vez, incrementa el valor de la mercancía demandada en el plano de la economía criminal. Se configura así un mercado ilegal que acarrea altos riesgos para los emprendedores que decidan incursionar en él, pero también unas ganancias potencialmente muy elevadas.

Con la apertura mundial de fronteras económicas al final de la Guerra Fría se incrementaron también las posibilidades de negocio de la economía criminal. Problemas antaño nacionales devinieron así en amenaza transnacional, destacando en América Latina el rubro del narcotráfico. La región ofrece grandes ventajas competitivas y comparativas para el desarrollo de este negocio. Ya no solo presenta condiciones inmejorables para el cultivo de la hoja de coca, la amapola y el cannabis. También está conformada por Estados de insuficiente capacidad para controlar sus territorios. Asimismo, los altos niveles de pobreza y desigualdad hacen muy atractiva, para muchos, la opción de incursionar en la economía criminal.

[Lee también: Drogas: Ecuador y Colombia un destino común]

Ahora bien, a diferencia de otros delitos, el narcotráfico suele requerir el control de extensos territorios. En tanto las drogas tradicionales provienen de cierto tipo de cultivos, el narco necesita garantizarse no solo el dominio de zonas bastante amplias, sino también la aquiescencia —cuando no la activa cooperación— de una buena parte de los pobladores de dichos territorios. Esta circunstancia, lógicamente, incrementa el desafío que las organizaciones criminales representan para los Estados, entidades que por definición se abrogan el monopolio del control territorial.

Interacción con el Estado

La bibliografía especializada suele referirse a las fases depredadora, parasitaria y simbiótica del crimen organizado. En su fase depredadora, los delincuentes toman ventaja de las fallas y vacíos que presentan las instituciones estatales mientras se mantienen en lucha frontal con ellas. En una etapa parasitaria, las organizaciones criminales logran estabilizar sus actividades delictivas sin que el Estado sea capaz de suprimirlas. Y, en una fase simbiótica, el crimen organizado coexiste con las autoridades. Incorpora de algún modo a miembros en su estructura de negocios logrando incluso de las autoridades una cesión tácita y parcial de soberanía.

[Lee también: ¿La política funciona bien? Así va la democracia en Latinoamérica]

La fase simbiótica ha dado pie a la irrupción de lo que varios especialistas llaman gobernanzas criminales. En esta situación, autoridades estatales y organizaciones criminales actúan de común acuerdo para controlar un territorio y gobernar a la población que lo habita. A esta situación puede llegarse, bien porque el crimen organizado es capaz de corromper y cooptar a determinados funcionarios del Estado, bien porque este no es capaz de controlar a los grupos delictivos y pacta algún tipo de tregua con ellos, o bien porque la entidad gubernamental asume que la cooperación con las organizaciones criminales puede servir de algún modo a su proyecto político.

Control territorial

En los dos primeros casos, la debilidad del Estado y sus administradores hace posible la simbiosis entre crimen organizado y autoridad estatal. En la tercera modalidad, dicho resultado sería consecuencia de una voluntad consciente y deliberada de las autoridades. Su motivación excedería lo meramente crematístico para recaer en el ejercicio más descarnado del poder. Así, en tales casos, los delincuentes verían abierta la posibilidad de ejercer un notable control territorial, a cambio no solo de compartir sus ganancias, sino sobre todo de ejercer un control de la población a través de métodos violentos y ajenos a la ley —métodos que el gobierno de turno no podría permitirse sin tener que asumir un extraordinario costo político—.

Crimen organizado en América Latina | Shutterstock
Crimen organizado en América Latina | Shutterstock

¿La política al servicio del crimen?

Todas las situaciones anteriormente descritas tienen lugar hoy en día en América Latina. No siempre es posible definir con precisión, en cada ocasión, en qué estadio se encuentran las relaciones entre el crimen organizado y las autoridades estatales. En todo caso, en virtud de las características del negocio que encarna, el narcotráfico parece fungir como un verdadero eje regional para la acción del crimen organizado y su progresiva simbiosis con los organismos públicos. Particularmente, los grandes carteles mexicanos de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación han extendido ya sus tentáculos al norte de Sudamérica. Allí, organizaciones como el Comando Vermelho y el Primerio Comando da Capital, en Brasil, o el Tren de Aragua, en el arco andino, ponen también en jaque a los gobiernos.

Por otro lado, políticas como la creación de zonas de paz en Venezuela, o la de abrazos y no balazos en México, han obtenido resultados contrarios a los inicialmente planteados a viva voz por sus autores, pues dieron lugar a notables incrementos en las tasas de homicidios, sin contrarrestar la progresión de los delitos. Por el contrario, generan serias interrogantes con respecto a sus intenciones de fondo. Igualmente, las dudas en torno a la autoría intelectual del asesinato de Villavicencio en Ecuador, que alcanzan a altos cargos políticos en dicho país y en Colombia, obligan a preguntarse si detrás de ciertas dinámicas no se está consolidando en la región el uso del crimen por la política, y no solo la mera corrupción de la política por los criminales.

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Miguel Ángel Martínez Meucci

Miguel Ángel Martínez Meucci

Profesor de Estudios Políticos. Consultor y analista para diversas organizaciones. Doctor en Conflicto Político y Procesos de Pacificación por la Universidad Complutense de Madrid

Chile, un malestar que persiste

A medio siglo del golpe es visible el malestar ciudadano frente a la democracia y sus instituciones. ¿Las causas coinciden con las del rechazo a la anterior propuesta de Constitución? ¿Qué nos dice esta situación?

Por: Jaime Abedrapo 12 Sep, 2023
Lectura: 9 min.
Malestar y rechazo en Chile. Fuente: Ciperchile
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Mucho se especuló respecto al significado de los resultados tras el rechazo. A un año de ese suceso es tiempo de analizar la trayectoria de un país que no encuentra sosiego. La elite política insiste en actitudes de desencuentro y división. Interpreta que frente a la manifiesta dinámica del péndulo resulta necesario que cada sector político defienda sus trincheras.

El pasado 4 septiembre de 2022 triunfó el rechazo a la propuesta constitucional. Recordemos que el 61,87 % votó por esa opción. En cambio, el apruebo se situó en el 38,13 %, en un proceso en que votó el 85,3 % del padrón electoral (voto obligatorio).

En efecto, un incondicional tercio seguiría apoyando, según las encuestas, al Gobierno de Apruebo Dignidad. Esto pareciera razón suficiente para no transar en aspectos medulares de su programa y en extrapolar el discurso frente a la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado en Chile (11 septiembre de 1973). Este sería el piso para impulsar en el futuro una nueva coyuntura como la del estallido social del 2019, que permita avanzar en la refundación o en cambios estructurales para el país. Igual lógica parece encarnar la oposición, que teme que cualquier acuerdo o negociación signifique una fuga de electores.

Rol de los partidos

En ese escenario, luego del rechazo no hemos observado una revitalización de los partidos tradicionales. Esto no sucede con los que gobernaron Chile en los tiempos de la Concertación (1990-2010). Tampoco con los del lado de la centroderecha, que sustentaron los dos gobiernos del expresidente Piñera.

Por el contrario, el país ha tendido a fraccionarse aún más, en un proceso en que las fuerzas del Frente Amplio (gobierno) están cuestionadas por su gestión y particularmente asociadas a corrupción. Mientras que, en la otra ala del sistema, el Partido Republicano ve compleja su consolidación tras el proceso constitucional en curso, en el cual representa la primera fuerza política. En dicho contexto, todavía no se visualiza una reformulación de un sistema de partidos que brinde estabilidad y conducción al país, y menos aún propuestas políticas tras una visión de país.

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La polarización de la elite es una característica actual del sistema político. Pese al surgimiento de nuevos partidos que nacen con el sentido precisamente de buscar la estabilidad que el país requiere desde una propuesta de diálogo. En esa sintonía, tanto Amarillos por Chile como Demócratas buscan representar al electorado reformista que valora la capacidad de alcanzar acuerdos. Sin embargo, estos referentes están en etapas de conformación en un ecosistema que premia la dispersión y castiga posiciones más negociadoras o transaccionales.

Por lo tanto, resulta prematuro aventurar si dichas fuerzas emergentes, en un sistema de partidos fragmentado (sobre todo, desde la aprobación de la ley de sistema electoral proporcional), serán capaces de establecer un bloque político estabilizador. Y que este sea capaz de ofrecer respuestas a demandas sociales tan complejas como las vinculadas a seguridad pública, previsión, reforma a la salud.

Chile, horizontes extraviados

En ese contexto, se explica la irrelevancia que manifiesta en general la ciudadanía sobre el actual proceso constitucional. Nos muestra un Chile perplejo, que pasó de apoyar en 2020 con un 78% a una nueva Constitución para superar la crisis institucional, a una desilusión en la forma y fondo del proceso que terminó por asfixiar sus expectativas.

Muchos experimentan una sensación de alivio al recordar las implicaciones que hubiese traído consigo la aprobación de la propuesta constitucional del pasado 4 de septiembre de 2022. Por ejemplo, la conformación de un sistema judicial (ya no poder judicial), la plurinacionalidad que significaba el término del principio de igualdad ante la ley y el fin de la unidad nacional. Sería una nueva morfología del poder que se concentraría en la Cámara de Diputados y Diputadas. Esto permitía avanzar en la deconstrucción de la República. Estas serían causas principales del categórico rechazo a los contenidos de la propuesta. Sin embargo, aquello resulta ser un consuelo que no consigue amainar el malestar de la ciudadanía frente a las instituciones democráticas. Y resulta ser una clave para sostener que la crisis en Chile no ha sido superada.

En efecto, Chile sigue caracterizado por la polarización que se expresó en el programa de gobierno que enarboló propuestas refundacionales. Las fuerzas oficialistas no han asumido que su éxito electoral en la campaña presidencial se explica principalmente en un voto contra la clase política tradicional. Incluso después de la derrota en la propuesta constitucional. Es, por cierto, contrario a la opción de la derecha representada por Republicanos, que creció amparada en una crítica al sistema político, en especial, a la herencia de los gobiernos de centroderecha.

El malestar de la democracia

En consecuencia, se pasó en menos de un año desde el desahucio de la propuesta constitucional que apoyaba el gobierno y sus propuestas refundacionales, a un nuevo mensaje en contra de la élite gobernante. Se apostó nuevamente por un voto mayoritario de castigo que catalizó Republicanos. Este partido que consiguió sintonizar mayoritariamente con el malestar y los miedos de los ciudadanos, en particular, por la inseguridad ciudadana.

Las causas del malestar ciudadano frente a la democracia y sus instituciones se podrían leer en coincidencia con las del rechazo. ¿Por qué?

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Porque creemos en la tesis de que tras el rechazo a la propuesta constitucional está el olvido de aspectos culturales relevantes para el pueblo de Chile. Es decir, el ideario posmoderno que relativiza y centra todo en la subjetividad autónoma de los individuos habría sido el motor de la propuesta constitucional. Esto explicaría la tendencia a romper con la concepción clásica de Estado nación y los principios políticos y jurídicos que provienen fundamentalmente dela Ilustración. Los convencionales que se impusieron en la elección representaban una alternativa ideológica o paradigmática (ejemplo, la Lista del Pueblo). Esta buscaba representar una alternativa a los políticos profesionales, quienes se legitiman por medio del sistema de partidos, esencial para el funcionamiento de las democracias liberales. La vehemencia en sus propuestas y las decadentes formas (irreverentes) exhibidas por los convencionales colisionaron con el alma nacional y sus anhelos.

Protestas en Chile
Protestas en Chile

Nuevas identidades

En efecto, durante el 2022 los constituyentes presentaron una actitud revisionista de la estructura social y política heredada de la modernidad e intentaron una transformación de Chile desde sus cimientos. En clave posmoderna desafiaron la tradición política existente desde los orígenes de la República. Intentaron acelerar la construcción de nuevas identidades amparadas en las propuestas metodológicas (ideológicas) y contenidos que se han ido construyendo desde diferentes plataformas como Porto Alegre. Con ellas intentan modificar las bases de legitimidad política y jurídica de la herencia colonial y las ideas de la ilustración.

Por lo atento, buscaron modificar la naturaleza del régimen político mediante un proceso refundacional, que se encontró con una mayoría que no se sentía representada por esa visión de mundo. Es más, muy posiblemente el resultado de esa acción fue precisamente fortalecer los vínculos de una mayoría con su tradición política.

La conexión de aquello con el malestar de la democracia está en que posiblemente la erosión del régimen democrático ha estado en el desacople de las elites políticas de la realidad nacional. Dicha desconexión erosiona el sentido de la política como arte de lo posible respecto de lo que somos y de lo que soñamos como nación.

La modernidad en un comienzo fue precursora de la creación y consolidación de los Estados nacionales. La instauración de la República con su clásica división de poderes, posteriormente fue derivando hacia un régimen democrático. Este no solo amplió y fortaleció los derechos y garantías de las personas, sino que avanzó en la confusión del concepto de libertad.

Erosión del tejido social

La libertad se ha ido transformando en un fin en sí mismo para los individuos, creando condiciones políticas y jurídicas para comprender la erosión del tejido social actual, que no encuentra fundamentos en la familia y en los cuerpos intermedios. Estos son desplazados por los intereses individuales que tienden a atomizar la sociedad, a relevar el mercado por sobre la comunidad y a presentar como legítimo cualquier sueño o anhelo del individuo empoderado que entiende sus intereses como si fueran derechos, tales como el de acumulación que goza de protección jurídica en nuestros tiempos.

Posiblemente el problema de crear cimientos estables para Chile esté en que no concebimos un futuro común o compartido. En ello, los políticos han sido causa y efecto de un sistema que parece haber sustituido la noción de bien común por la bien particular, creando con ello las condiciones para el desafecto social.

Al respecto, el único remedio posible antes de encontrarnos con populismos mesiánicos debe ser la sensatez, la actitud propensa al diálogo y el encuentro. Esto permitiría un espacio de credibilidad que brindaría respuestas a problemas políticos y sociales acuciantes en Chile. Estos no son respondidos por la dinámica de corto plazo e inmediatez y la acérrima defensa de intereses individuales o corporativos que se instalaron y suplantaron el sueño de un país comprometido con un futuro común.

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Jaime Abedrapo

Jaime Abedrapo

Director del Centro de Derecho Público y Sociedad (PUBLICUSS) de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Universidad San Sebastián, Chile. Doctor en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales (Instituto Universitario Ortega y Gasset, España). Cientista político. Periodista

50 años del golpe militar en Chile

Esta conmemoración muestra que el país tiene un gran desafío: mejorar la calidad de la política. Fue esta la que falló en 1973 y es esta la que está fallando actualmente.

Por: Mariana Aylwin 11 Sep, 2023
Lectura: 6 min.
50 años del golpe en Chile
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El presidente Gabriel Boric inició su mandato evocando al presidente Salvador Allende. Los jóvenes de su generación, que hoy gobiernan en Chile, nacieron a la vida política proponiendo cambios radicales para terminar con el neoliberalismo.

Inspirados en una épica revolucionaria de reminiscencias setenteras, recogieron el malestar del proceso de modernización cuestionando las políticas impulsadas por los gobiernos desde el retorno a la democracia. Desdeñaron los acuerdos de la transición y vieron con simpatía (cuando no se sumaron) el estallido social del año 2019 y la aceptación de la violencia.  No acarreaban los traumas del quiebre democrático, porque nacieron en democracia. Sus ideales refundacionales y propuestas populistas encontraron eco en los partidos que habían hecho una transición exitosa a la democracia que, despreciando sus propios logros, se sumaron a las críticas respecto del modelo que habían impulsado. De este modo, tuvieron poco contrapeso para llegar al poder en pocos años, en un contexto de creciente polarización.

Espíritu refundacional

En el año y medio recorrido por la administración Boric, el espíritu refundacional tuvo su máxima expresión en la Convención Constitucional, cuyo proyecto de nueva Constitución fue rechazado por el 62% de los chilenos en el plebiscito de septiembre de 2022. De ahí en adelante, el gobierno ha sufrido varias derrotas. Ocho meses después, en la elección de un Consejo Constitucional para continuar el proceso constituyente, la derecha, esta vez liderada por su sector más extremo, logró los consejeros suficientes para proponer un nuevo texto sin necesidad de más apoyos. 

[Lee también: Segunda etapa del camino constitucional chileno. ¿Hacia una mayor estabilidad política?]

Los problemas de inseguridad, terrorismo en la Araucanía, casos de corrupción y una economía estancada, entre otros factores, han contribuido a que la agenda de la conmemoración de los 50 años del golpe militar del 11 de septiembre de 1973 haya tenido muchos tropiezos.

A pocos meses del nuevo gobierno, el presidente Boric anunció la conmemoración y organización de los eventos enfocados en la memoria respecto del golpe de Estado y las víctimas de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura para, desde allí, valorar la democracia y mirar al futuro. Los conceptos inspiradores fueron memoria, democracia y futuro. La discusión política, desde un comienzo, demostró un quiebre profundo respecto del significado histórico de esta fecha. 

División política de los chilenos desde 1990. Fuente: Criteria.

Memoria y controversia en Chile

Para el mundo de la izquierda, el golpe es evaluado en sus devastadoras consecuencias en violaciones a los derechos humanos. Para los sectores de derecha y moderados, el golpe y las violaciones a los derechos humanos no se explican sin entender lo que sucedió antes. Desde los extremos, unos rechazan toda referencia crítica al gobierno del presidente Allende, como si fuera sinónimo de defender a Pinochet. Ello le costó la salida del cargo al coordinador de la conmemoración, por decir que la historia podría seguir discutiendo las causas del golpe de Estado. Fue acusado por el Partido Comunista y organizaciones de derechos humanos de justificar el golpe.

Desde la vereda opuesta, hay quienes mantienen una justificación del golpe y de la dictadura por salvar a Chile de una dictadura marxista.

Contra todo pronóstico, el debate derivó, por primera vez en varias décadas, hacia las causas del quiebre de la democracia. Los intentos de establecer una verdad oficial no prosperaron. Los debates, crónicas, columnas, seminarios, documentales y numerosas publicaciones referidas a la historia anterior al golpe militar han visto la luz o se han reeditado. Entre ellas, el libro póstumo del expresidente Patricio Aylwin, La experiencia política de la Unidad Popular, presentado en la Universidad de Chile por la expresidenta Michelle Bachelet y ante la presencia del presidente Boric. La obra hace un documentado recuento de los hechos que fueron deteriorando la democracia hasta su quiebre en 1973. Aylwin fue protagonista de ese momento trágico de nuestra historia.

50 años del golpe militar en Chile
Disparos a La Moneda, 11 de septiembre de 1973

Descuido de las formas

Chile tuvo una estabilidad institucional durante cuarenta años. Sin los cuartelazos ni rupturas tan frecuentes en América Latina, ¿cómo fue posible que llegara a perder su democracia?  Esa pregunta busca respuestas recurriendo a la historia y este es un debate que la izquierda actual (a diferencia de la generación anterior) no había querido tener.

De allí que la conmemoración de los cincuenta años ha tenido un resultado distinto al esperado por el gobierno. Los últimos estudios de opinión muestran una percepción muy dividida acerca de las responsabilidades en el golpe de Estado, en que el presidente Allende aparece en primer lugar.

[Lee también: ¿Cómo llegó Chile a este punto?]

El presidente y el gobierno han tenido una conducta errática, alternando convocatorias a la unidad con intervenciones que han añadido a las divisiones actuales las del pasado. Han actuado con improvisación, descuidando las formas y la gestión política. Llegaron al final del camino con una propuesta a los partidos políticos y a los expresidentes de una declaración inconsulta previamente, que los partidos de oposición anunciaron que no suscribirán. Y parte de la derecha ha suscrito otra. Aunque ambas declaraciones tienen puntos en común, el clima político ha hecho inviable un encuentro de unidad.

Acuerdos fundamentales

No obstante, pese a la polarización y al desencuentro actual, hay acuerdos fundamentales. La condena a las violaciones a los derechos humanos es unánime. Un golpe militar como forma de resolver los conflictos no está en el horizonte de nadie. Es de consenso la valoración de la democracia como el único sistema que permite una convivencia civilizada, y su necesario cuidado ha sido proclamado por todos los sectores. El anuncio de un plan para la búsqueda de detenidos desaparecidos ha concitado un apoyo mayoritario. Es (hasta ahora) el mayor aporte de esta conmemoración a la construcción de un futuro sin las heridas que aún permanecen abiertas.

En todo caso, esta conmemoración nos muestra que tenemos un gran desafío: mejorar la calidad de la política. Fue esta la que falló en 1973 y es esta la que está fallando actualmente. Es también la que nos ha impedido tener una conmemoración que nos permita reencontrarnos en nuestra memoria y nuestra historia para que, desde allí, con sus sombras y sus luces, podamos construir un futuro compartido.

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Mariana Aylwin

Mariana Aylwin

Profesora y dirigente política chilena. Ex ministra de educación y ex diputada nacional. Presidenta de la junta directiva de la Universidad Gabriela Mistral y miembro del partido Amarillos por Chile.

Cúpula da Amazônia e política ambiental

Oito países da América do Sul tem a Amazonia, a maior floresta do planeta, em seus territórios. Esse grupo se reuniu por iniciativa de Lula. A falta de financiamento para o desenvolvimento sustentável é o maior desafio da região amazônica.

Por: Marco Bastos 6 Sep, 2023
Lectura: 7 min.
Cumbre Amazónica 2023
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Acesse a versão em espanhol

Nos dias 8 e 9 de agosto, os oito países membros da Organização do Tratado de Cooperação Amazônica (OTCA) – Brasil, Colômbia, Bolívia, Equador, Peru, Venezuela, Suriname e Guiana – se reuniram em Belém, na Amazônia brasileira, capital do estado do Pará. 

A declaração final da Cúpula da Amazônia, a Declaração de Belém, deixou ambientalistas decepcionados, pois os membros não se comprometeram a erradicar o desmatamento até 2030. Uma visão mais otimista pode enxergar na reunião um primeiro passo para uma série de esforços a longo prazo para alcançar a meta de desmatamento zero.

Declaração de Belém

Há uma profusão de siglas de integração regional na região. Este ano já houve reunião do bloco comercial do Mercosul; o encontro da Comunidade dos Estados Latino-Americanos e Caribenhos (Celac) e a assembleia geral anual da Organização dos Estados Americanos (OEA). Esses eventos muitas vezes não chegam a decisões relevantes. Portanto, por que alguém no Chile, no México ou nas Bahamas deveria se importar com a cúpula da OTCA?

Primeiro porque o desmatamento da floresta amazônica pode afetar toda região via mudanças climáticas. Em segundo lugar, se os países amazônicos conseguirem convencer os países ricos a pagarem para que a floresta seja preservada, ao invés de promover projetos extrativistas, esse paradigma pode ser adotado por outros países da região. De fato, a Primeira Ministra do arquipélago caribenho de Barbados, Mia Mottley, virou uma das principais vozes no debate sobre a necessidade de financiar a mitigação às mudanças climáticas no Sul Global.

Pontos mais importantes

A declaração final do encontro fala em “pactar metas em comum para 2030” no combate ao desmatamento e em combater atividades ilegais na floresta. O documento cita os três eixos para os países da OTCA: proteção da Amazônia; combate à pobreza e às desigualdades, e desenvolvimento sustentável da região.

A Declaração de Belém é um documento de 113 pontos, que menciona uma série de intenções de aprofundar a cooperação em diversas áreas como gestão da água, proteção dos indígenas, pesquisa científica, entre outros. Anunciou-se ainda a criação do Centro de Cooperação Policial Internacional da Amazônia, que terá sede em Manaus.

A declaração não traz nenhuma obrigação aos Estados nem menciona fontes de financiamento para as boas intenções. Apenas, “exorta” os países desenvolvidos a cumprirem a promessa feita na cúpula do clima de Copenhagen (em 2009) de investir US$ 100 bilhões por ano.

A OTCA é uma organização pequena: sua sede é um escritório em Brasília. O órgão foi fundado em 1978, e antes da Cúpula em Belém, só tinha se reunido três vezes antes, (1989, 1992 e 2009). A organização possui um fórum para reunir legisladores de cada país, o Parlamento Amazônico, que não teve nenhuma reunião na última década.

Olhando para o futuro, as perguntas que ficam são: A OTCA será fortalecida? Terá maior orçamento?

O pequeno passo concreto na declaração foi que os países da OTCA decidiram apoiar Belém para ser sede da conferência da ONU sobre o clima, a COP-30 em 2025.

Proteção da Amazônia

A Amazônia é central para a regulação do clima no planeta. As árvores da floresta capturam carbono. Cientistas afirmam que o desmatamento deixou a floresta próxima a um “ponto de não retorno”, ou seja, que seria impossível reflorestá-la e manter o restante que resta de pé. Há partes da floresta que estão se transformando em savana, com clima mais seco, temperaturas mais altas e menos chuva. Isso ocorre no estado brasileiro do Pará.

O desmatamento não é o único sério problema ambiental da região. Em Belém, cidade de 1.3 milhões de habitantes, somente 12,9% do esgoto é coletado e 0,98% tratado (dados de 2019). Na Amazônia vivem 33 milhões de habitantes e a região é mais pobre que o resto dos territórios nos países da OTCA.

O papel de Lula

A Cúpula da Amazônia foi uma iniciativa do Presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que tem apostado na diplomacia presidencial para aumentar seu capital político. Desde que assumiu, Lula já se reuniu com o presidente americano Joe Biden, com o presidente chinês Xi Jinping, diz que quer fechar o acordo de livre comércio entre Mercosul e União Europeia e, duas semanas depois da Declaração de Belém, foi para a África do Sul para o encontro dos BRICS.

A pauta ambiental é uma das prioridades de Lula. É um dos assuntos onde ele pode se posicionar como líder global, ao contrário de sua improvisada tentativa de mediar a Guerra na Ucrânia. Ademais, Lula nomeou como Ministra do Meio Ambiente Marina Silva, uma referência na pauta ambiental. Lula tem de prestigiá-la porque ganhou as eleições de 2022 por margem muito estreita. Todos os apoios lhe são caros.

[Lee también: ¿La crisis climática es noticia?]

A pauta ambiental também rende boas notícias ao governo: de janeiro a junho deste ano, o desmatamento na Amazônia caiu 60% em relação ao ano anterior. O desmatamento no primeiro semestre ficou abaixo de todos os anos da gestão passada, do ex-Presidente Jair Bolsonaro.

Coalizão heterogênea

No entanto, Lula não é um ambientalista. Ele é o líder de uma coalizão heterogênea, onde estão também o lobby das empresas automobilísticas e os partidos conservadores do Centrão. Lula é a favor da exploração de petróleo na Foz do Rio Amazonas, um projeto da estatal Petrobras. Os políticos locais, em sua maioria, apoiam de olhos nos royalties que gerarão para a região.

A exploração de petróleo na floresta foi um foco de atrito na cúpula. O presidente colombiano Gustavo Petro pressionou sem sucesso por uma posição da OTCA contra novos projetos de óleo e gás na Amazônia. Petro foi apoiado por indígenas e ambientalistas.

Petro e Lula desejavam que os membros da OTCA se comprometessem a terminar com o desmatamento até 2030, porém Venezuela e Bolívia bloquearam essa iniciativa.

Desmatamento na Amazônia
Desmatamento na Amazônia

Análise

Um olhar otimista sobre o evento enxerga um primeiro passo, de muitos necessários, para a necessária cooperação entre os países da região para preservar a floresta e combater a pobreza na região. Um olhar pessimista sobre o mesmo evento vê uma longa declaração sem decisões que obriguem os governos a colocar em prática o que eles prometeram nos dois dias de cúpula

Uma dificuldade prática de implementação é que muitas vezes, elites locais e o crime organizado estão envolvidas no desmatamento na floresta. Membros da Força Aérea brasileira cooperavam com um integrante do cartel de drogas Primeiro Comando da Capital (PCC) em um esquema de mineração ilegal na reserva indígena do povo Yanomami. O padrão de relações próximas entre agentes do Estado e crime organizado se repete nos outros países amazônicos.

Outro risco é que os países da OTCA consigam construir instituições robustas para zerar o desmatamento. O Brasil tem longa experiência no tema e uma oportunidade de cooperação.

Um outro desafio para a cooperação entre os países da OTCA é a descontinuidade de políticas devido a mudança de governos. No caso do Brasil, maior sócio do bloco, um eventual próximo governo da direita bolsonarista manteria a cooperação nesse assunto? Dificilmente, pois o tema das mudanças climáticas não é uma prioridade para essa identidade política. Duas figuras próximas a Bolsonaro são os governadores dos estados de São Paulo Tarcisio Freitas e o de Minas Gerais Romeu Zema.  Ambos são candidatos à sucessão de Lula.

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Marco Bastos

Marco Bastos

Analista político y consultor de campañas electorales con foco en América Latina. Magister en Historia Económica por la Universidad de Buenos Aires. Analista en Southern Pulse.

Cumbre amazónica y política ambiental

Ocho países sudamericanos tienen a la Amazonia, la mayor selva del planeta, en sus territorios. Este grupo se reunió por iniciativa de Lula. La falta de financiación para el desarrollo sostenible es el mayor reto de la región amazónica.

Por: Marco Bastos 6 Sep, 2023
Lectura: 8 min.
Cumbre Amazónica 2023
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Acceso a la versión en portugués

Los días 8 y 9 de agosto, los ocho países miembros de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA) —Brasil, Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú, Venezuela, Surinam y Guyana— se reunieron en Belém, en la Amazonia brasileña, capital del estado de Pará. 

La declaración final de la Cumbre Amazónica, la Declaración de Belém, dejó decepcionados a los ecologistas. Es porque los países miembros no se comprometieron a erradicar la deforestación para 2030. Una visión más optimista puede considerar la reunión como un primer paso en una serie de esfuerzos a largo plazo para alcanzar el objetivo de deforestación cero.

Declaración de Belém

Hay una profusión de siglas de integración regional en la región. Este año ya se ha celebrado una reunión del bloque comercial Mercosur, otra de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y la asamblea general anual de la Organización de Estados Americanos (OEA). Estos eventos no suelen llegar a decisiones relevantes. Entonces, ¿por qué debería importarle a alguien en Chile, México o Bahamas la cumbre de la OTCA?

En primer lugar, porque la deforestación de la selva amazónica podría afectar a toda la región a través del cambio climático. En segundo lugar, si los países amazónicos consiguen convencer a los países ricos de que paguen por la conservación de la selva, en lugar de promover proyectos extractivos, este paradigma podría ser adoptado por otros países de la región. De hecho, la primera ministra del archipiélago caribeño de Barbados, Mia Mottley, se ha convertido en una de las principales voces en el debate sobre la necesidad de financiar la mitigación del cambio climático en el sur global.

Lo más destacado

La declaración final de la reunión habla de «acordar objetivos comunes para 2030» en la lucha contra la deforestación y las actividades ilegales en la selva. El documento menciona los tres ejes para los países de la OTCA. Estos son la protección de la Amazonia, la lucha contra la pobreza y las desigualdades y el desarrollo sostenible de la región.

La Declaración de Belem comprende 113 puntos y menciona una serie de intenciones para profundizar la cooperación en diversas áreas como la gestión del agua, la protección de los pueblos indígenas, la investigación científica, entre otras. También anuncia la creación del Centro para la Cooperación Policial Internacional en la Amazonia, que tendrá su sede en Manaos.

La declaración no impone ninguna obligación a los Estados ni menciona fuentes de financiación para las buenas intenciones. Se limita a instar a los países desarrollados a cumplir la promesa hecha en la Cumbre del Clima de Copenhague (2009) de invertir 100.000 millones de dólares al año.

La OTCA es una organización pequeña: su sede es una oficina en Brasilia. La organización se fundó en 1978, y antes de la cumbre de Belém solo se había reunido tres veces (1989, 1992 y 2009). La organización cuenta con un foro que reúne a los legisladores de cada país, el Parlamento Amazónico, que no se ha reunido en la última década.

De cara al futuro, las preguntas que quedan son: ¿se reforzará la OTCA?, ¿tendrá más presupuesto?

Proteger la Amazonia

La Amazonia es fundamental para regular el clima del planeta. Los árboles de la selva capturan carbono. Los científicos afirman que la deforestación ha dejado la selva cerca de un «punto de no retorno», lo que significa que sería imposible reforestarla y mantener en pie lo que resta. Partes de la selva se están convirtiendo en sabana, con un clima más seco, temperaturas más altas y menos lluvias. Esto está ocurriendo en el estado brasileño de Pará.

[Lee también: Política climática en Brasil]

La deforestación no es el único problema medioambiental grave de la región. En Belém, una ciudad de 1,3 millones de habitantes, solo se recoge el 12,9% de las aguas residuales y se trata el 0,98% (datos de 2019). En la Amazonia viven 33 millones de personas y la región es más pobre que el resto de territorios de los países de la OTCA.

El papel de Lula

La Cumbre Amazónica fue una iniciativa del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que viene apostando por la diplomacia presidencial para aumentar su capital político. Desde que asumió el cargo, Lula ya se reunió con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y con el presidente de China, Xi Jinping. Dijo que quiere cerrar el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. Dos semanas después de la Declaración de Belém viajó a Sudáfrica para la reunión de los BRICS.

La agenda medioambiental es una de las prioridades de Lula. Es uno de los temas en los que puede posicionarse como líder global, a diferencia de su improvisado intento de mediar en la guerra de Ucrania. Además, Lula nombró ministra de medio ambiente a Marina Silva, una referencia en la agenda medioambiental. Lula tiene que honrarla porque ganó las elecciones de 2022 por un margen muy estrecho. Todos los apoyos le son necesarios.

[Lee también: ¿La crisis climática es noticia?]

La agenda medioambiental trae buenas noticias al Gobierno: de enero a junio, la deforestación en la Amazonia cayó un 60% con relación al año anterior. La deforestación en el primer semestre fue menor que en todos los años de gobierno del expresidente Jair Bolsonaro.

Sin embargo, Lula no es un ecologista. Es el líder de una coalición heterogénea, que incluye también al lobby de las empresas automovilísticas y a los partidos conservadores del Centrão. Lula está a favor de las prospecciones petrolíferas en la desembocadura del río Amazonas, un proyecto de la estatal Petrobras. La mayoría de los políticos locales están a favor, con la vista puesta en las regalias que generará para la región.

Las prospecciones petrolíferas en la selva fueron motivo de fricción en la cumbre. El presidente colombiano, Gustavo Petro, presionó sin éxito para que la OTCA se posicionara en contra de nuevos proyectos petrolíferos y gasísticos en la Amazonia. Petro contaba con el apoyo de indígenas y ecologistas.

Petro y Lula querían que los miembros de la OTCA se comprometieran a poner fin a la deforestación para 2030, pero Venezuela y Bolivia bloquearon esta iniciativa.

Desforestación en la Amazonia
Desforestación en la Amazonia

Análisis

Una visión optimista del acontecimiento ve un primer paso, de los muchos necesarios, hacia la necesaria cooperación entre los países de la región para preservar los bosques y luchar contra la pobreza en la región. Una visión pesimista del mismo acontecimiento ve una larga declaración sin decisiones que obliguen a los gobiernos a poner en práctica lo prometido en la cumbre de dos días.

Una dificultad práctica de la aplicación es que las élites locales y el crimen organizado suelen participar en la tala de la selva. Miembros de la Fuerza Aérea brasileña cooperaron con un miembro del cártel de la droga Primeiro Comando da Capital (PCC) en un plan de minería ilegal en la reserva indígena yanomami. Este patrón de estrechas relaciones entre agentes estatales y el crimen organizado se repite en otros países amazónicos.

Otro riesgo es que los países de la OTCA consigan crear instituciones sólidas para reducir la deforestación a cero. Brasil tiene una larga experiencia en este campo y una oportunidad para su cooperación.

Otro desafío para la cooperación entre los países de la OTCA es la discontinuidad de las políticas debido a los cambios de gobierno. En el caso de Brasil, el mayor miembro del bloque, ¿un posible próximo gobierno del derechista Bolsonaro mantendría la cooperación en este tema? Difícilmente, porque el tema del cambio climático no es prioritario para esa identidad política. Dos figuras cercanas a Bolsonaro son los gobernadores de los estados de São Paulo (Tarcisio Freitas) y Minas Gerais (Romeu Zema). Ambos son candidatos a suceder a Lula.

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Marco Bastos

Marco Bastos

Analista político y consultor de campañas electorales con foco en América Latina. Magister en Historia Económica por la Universidad de Buenos Aires. Analista en Southern Pulse.

¿La política funciona bien? Así va la democracia en Latinoamérica

La mitad de los latinoamericanos piensan que la democracia puede funcionar sin partidos. ¿Por qué es razonable esta reacción? Cada vez más ciudadanos creen que son viables otras formas de representación.

Por: Ángel Arellano, Alejandro Guedes 5 Sep, 2023
Lectura: 8 min.
Recesión en ascenso, democracia en América Latina
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Política e indeferencia están caminando de la mano. Nunca fue tan alto el porcentaje de ciudadanos latinoamericanos a los que «no les importaría» si un gobierno no democrático llegara al poder con tal de que resuelva los problemas. El último informe de Latinobarómetro demuestra que más de la mitad de los consultados (54 %) tuvieron esa respuesta, el valor más alto desde 2002. Además, el 69 %, es decir, siete de cada diez de los 19.205 entrevistados, están insatisfechos con la democracia.

Por otro lado, el 48 % de los latinoamericanos creen que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno y 17 % consideran que en algunas circunstancias un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático. En los tres indicadores el denominador común es el mismo: un preocupante desempeño del apoyo a la democracia respecto de 2020. [1]

¿Democracia sin partidos?

Latinobarómetro subraya otra alarma: 48 % piensan que la democracia puede funcionar sin partidos políticos. Es decir, que la democracia es posible con otras formas de articulación de demandas sociales e intermediación entre ciudadanía y gobierno. Ahora bien, si miramos algunos de los principales mecenas de la política regional, ¿no podríamos apreciar nítidamente lo razonable de este resultado?

En Panamá, Colombia, México, Paraguay, Perú y Guatemala, la mitad o más de sus ciudadanos afirman que no hacen falta partidos políticos. Apenas en Uruguay, Costa Rica, República Dominicana, Venezuela y Argentina, que no suman un tercio de los habitantes de la región, prevalece con más claridad la afirmación de que «sin partidos no puede haber democracia». En 1997, quienes creían necesario la existencia de los partidos políticos para que existiera democracia alcanzaban el 67 %. En 2023, de acuerdo con Latinobarómetro, el dramático descenso llegó al 44 %.

[Leer también: Riesgos para la democracia: tareas pendientes en Latinoamérica]

Si miramos estos datos en frío, son sólo de una nueva fotografía. Pero, si usted fuera responsable de un partido político, ¿no le generaría preocupación? Parece una obviedad: hay tareas pendientes en las que trabajar. Las cifras mencionadas advierten el magro horizonte de la democracia de partidos en la región para aquellos que seguimos defendiendo una postura donde los partidos políticos son una pieza clave para el gobierno democrático. ¿Luces rojas? Creemos que sí.

Los partidos políticos funcionan ¿bien?

En esta América Latina llena de problemas pero que aun así preserva el patrimonio de contar con casi todos sus países bajo democracias formales, el 77 % de las personas encuestadas por Latinobarómetro consideran que los partidos no funcionan bien. En ocho países esa respuesta supera el 80 %. El caso más extremo es Perú, donde alcanza el 90 %.

Estos resultados son parte de un proceso paulatino de erosión de la democracia y sus instituciones. Encierran un deterioro lento y profundo del arraigo de los partidos políticos en la sociedad. Sin embargo, lo que vemos desde la gestión del aparato estatal y en la mayoría de los sistemas de partidos, es algo distinto a lo que se podría esperar de quien está en el diván frente a su electorado. Cabe aclarar que no nos referimos aquí a una crisis de representación generalizada, sino a una pérdida de sintonía entre las organizaciones políticas establecidas y la ciudadanía.

Este diagnóstico no es nuevo. Por el contrario, reitera lo que otros reportes vienen detectando sobre el estado de opinión pública: V-Dem, Barómetro de las Américas y Freedom House.

La política en el contexto actual

Luego de la pandemia, con la expansión del narcotráfico y la migración intrarregional, millones de personas han quedado disconformes con la gestión de sus respectivos gobiernos. Más que un corrimiento ideológico hacia la derecha o la izquierda, lo que se muestra es la demanda de un cambio de rumbo. Pocos países han podido salvarse de esa realidad. Existe una asociación de factores que intervienen y potencian el malestar. La no reelección y la presencia de ciclos políticos más breves son parte de ese corolario.

En el terreno económico, la crisis y el mal desempeño gubernamental han alimentado el rechazo a la política. Durante la pandemia, la crisis económica se combinó con una crisis emocional de personas que sufrieron la muerte, el miedo, el aislamiento y, en muchos lugares, la escasa respuesta del Estado en la asistencia económica y de salud. A estas variables se les debe añadir la corrupción y el narcotráfico.

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Quizá es momento de cambiar el prisma con el que se analizan la política y los partidos. Si queremos revitalizar las ideas democráticas es necesario tener una mirada crítica sobre el estatus actual. En el nuevo contexto, es razonable que parte de la sociedad crea que los partidos ya no son los pilares de la democracia, sino parte del problema. Ese es el discurso que hoy está en juego en la Argentina con la irrupción del candidato Javier Milei. También está presente en El Salvador con Nayib Bukele, en Costa Rica con Rodrigo Cháves, o en Brasil durante la época Bolsonaro.

Populismo y delegación

Ese estado de ánimo que reciclan nuevos líderes populistas tiene como denominador común el llegar a la política impulsados por el enojo de millones de personas frustradas por la gestión de quienes conducen el sistema democrático de sus países. Una vez en el poder, se puede esperar un proceso de acoplamiento a las pautas republicanas de gobierno, pero por lo general la experiencia indica que los líderes personalistas y populistas, justamente por prescindir de una estructura partidaria que haga la intermediación, caen en la tentación de los atajos en la toma de decisiones. En otras palabras, se opta por practicar la delegación de atribuciones, el no respeto a la rendición de cuentas horizontal, la democracia plebiscitaria, el centralismo y el autoritarismo.

Sobran los ejemplos. Omitamos las dictaduras de Ortega y de Maduro. En Brasil, Bolsonaro que, si bien era congresista de larga data, se presentó a sí mismo como outsider del establishment político. Payo Cubas acumuló más del 20 % de las preferencias ciudadanas promoviendo un portazo a la democracia del Paraguay. El fenómeno Milei va en el mismo sentido. Más allá de las diferencias de cada caso, son figuras cuyo éxito versa en anunciar la eliminación de las prácticas de corrupción, de clientelismo y de mala administración presentes en el Estado a través de una «nueva» democracia a su medida.

¿El problema es la casta?

La política tradicional en Latinoamérica tiene un problema complejo en sus manos, producto de años de desaciertos y una mirada autocompasiva. Quienes no se ven representados por esa oferta política del sistema encuentran en los outsiders un formato novedoso, que se potencia con los recursos de la comunicación digital para persuadir y captar a todo aquel que se siente excluido de los beneficios del sistema. El éxito de estos líderes es inversamente proporcional al fracaso de quienes han gobernado y ya no son vistos como parte de la solución.

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La encrucijada para los partidos políticos formales es la de caer o reinventarse. Es decir, actualizar bases ideológicas, apuntar en la agenda pública las buenas prácticas de gobierno, la promoción real de la democracia, potenciar el combate a la corrupción y el narcotráfico, entre tantos otros temas que siguen pendientes en la agenda de los países de la región. Requiere también comprender los nuevos fenómenos y las nuevas formas de representación que las personas están demandando.

Los partidos no son organizaciones estáticas y, al igual que la sociedad, deben moldearse a cambios, a veces moderados y a veces vertiginosos. La mitad de los ciudadanos hoy creen que los partidos son prescindibles: es un llamado de atención imposible de omitir.


Nota

[1] El informe Latinobarómetro 2021, a partir de una encuesta regional realizada en el año 2020, mostró que a un 27 % de los latinoamericanos les «da lo mismo» vivir en democracia o no; un 49 % prefieren la democracia a otras formas de gobierno; y un 13 % apoyan un gobierno autoritario.

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Ángel Arellano

Ángel Arellano

Doctor en ciencia política, magíster en estudios políticos y periodista. Profesor de la Universidad Católica del Uruguay y de la Universidad de Las Américas de Ecuador. Coordinador de proyectos en la Fundación Konrad Adenauer en Uruguay, y editor de Diálogo Político.

Alejandro Guedes

Alejandro Guedes

Politólogo y magíster en ciencia política por el Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República de Uruguay.

Petro y el fin de las expectativas

En un año marcado por inestabilidad y escándalos, subió la desaprobación al gobierno de Colombia mientras caían las expectativas de la izquierda. ¿Cómo se terminó el consenso nacional?

Por: Nicolás Díaz Cruz 4 Sep, 2023
Lectura: 7 min.
Marcha a favor de Gustavo Petro. Crédito: Reuters.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.


Este último año ha estado marcado por una gran inestabilidad política, por enormes retos y expectativas de cambio, que dejan algunos análisis preliminares sobre la desaprobación a Petro y su gobierno. Este comenzó —como casi todos los gobiernos— con luna de miel. Es decir, con una aprobación mayoritaria de la población. Desde ese punto, la aprobación ha bajado considerablemente —de casi dos tercios hasta un tercio—, según las distintas mediciones de percepción de encuestas como el Opinómetro y Pulso País de Datexco, la Invamer Poll, y Polimétrica de Cifras y Conceptos. La mayoría de estas se efectuaron entre los meses 7 y 8 del mandato de Petro. Son cifras que contrastan con la encuesta más reciente del CNC, que muestra todavía una mínima ventaja de aprobación de 48,8 % frente a una desaprobación de 45,7 %.

[Lee también: Petro y el fuego amigo. ¿Cómo queda Colombia ante la tormenta política?]

Algunos sucesos y análisis de estos últimos doce meses pueden explicar que la desaprobación haya superado a la aprobación al gobierno del cambio. Estos podrían explicarse por las agendas que han marcado la opinión pública: escándalos de corrupción, promesas ambiciosas de cambio, la situación del país frente a la defensa de la vida, la participación ciudadana, las relaciones con la prensa y con la sociedad civil.

Corrupción

En medio de un país lleno de episodios de corrupción y abusos recurrentes de poder —Odebrecht tiene sobre las cuerdas a varios liderazgos de distintas corrientes políticas, por hablar de uno de los muchísimos escándalos—, este gobierno tuvo escándalos que costaron el cargo a la ministra de Minas y Energía, al embajador de Colombia en Venezuela, a la jefa de gabinete de Gobierno. Por fuera de los altos funcionarios, también su hijo se encuentra comprometido con la justicia. En su caso, ha prometido colaborar con la Fiscalía en lo que presuntamente sería la entrada de dineros ilegales a la campaña presidencial de Petro. Sin duda, el gobierno ha tenido que comunicar más. Y sortear más este tipo de sucesos desde la contención de crisis, antes de establecer su agenda propia, y en ser más previsivo y proactivo frente a la lucha anticorrupción, la que ha sido, hasta el momento, reactiva.

Según la OCDE, en Colombia se necesitan once generaciones para salir de la pobreza. Dicha cifra, aunada con la política dominante, requería un cambio de formas y de apuestas para superar los problemas estructurales, de ausencia de movilidad social y económica, de inversión pública en política social, así como la presencia estatal en zonas donde históricamente no ha llegado el Estado. Muchas de estas necesidades y realidades unieron a la sociedad colombiana para apoyar su mandato. Llegó alguien con pasado y trayectoria de denuncia de esas prácticas. Sin embargo, cambió rápidamente. Para llegar a gobernar y mantener mayorías en el Legislativo, Petro necesitó aliarse con las clases tradicionales.

¿El gobierno del cambio?

La llegada de este gobierno prometía un cambio que estaba en sintonía con el sentimiento nacional reflejado en las urnas. Prometió muchísimas reformas. Algunas no gozaron de consensos en el Congreso y en la opinión pública —en contravía de lo que anunció el discurso inaugural el presidente Petro—: la reforma política, la reforma a la salud, la reforma laboral. Sin embargo, sí logró estos consensos con el Código Electoral, la reforma tributaria, la reforma constitucional que reconoce a la población campesina como sujeto de derechos políticos (al igual que poblaciones étnicas y las víctimas del conflicto). También respecto a la jurisdicción agraria para resolver de manera más ágil los conflictos por la propiedad, tenencia y uso de la tierra (punto pendiente del acuerdo de paz del gobierno Santos) y la gratuidad en la educación superior pública (de iniciativa legislativa pero respaldada como propuesta de campaña del gobierno). 

[Lee también: Gustavo Petro, ¿100 días de «cambio» en Colombia? ]

Cada una de estas propuestas es ambiciosa en sí misma. Sin embargo, las reformas en su conjunto han sido más ambiciosas que la realidad y la estrategia política llevada a cabo hasta el momento. Por esto, parece haber ciertos consensos en opiniones que he recolectado en distintos sectores del espectro político: «Petro es más que su propio gobierno», «Estoy de acuerdo en los para qué del gobierno Petro, pero no en los cómo», «La curva de aprendizaje es larga», «Son activistas, no ejecutores». Sin duda, la ejecución e implementación de estas reformas y políticas definirá en gran parte el balance frente a su gobierno. Así también, si podrá cumplir con el tamaño de la ambición de las expectativas que se ha trazado como gobierno.

Colombia, ¿potencia?

Lo que podría considerarse la bandera de gobierno (hito y legado), y que coincide con lo que la mayoría de colombianos les pide a los gobiernos de izquierda, se enmarca en el programa de gobierno. Esto es: mayores oportunidades, políticas sociales, así como búsquedas alternas a la solución de conflictos. Con un claro énfasis en la prioridad de la protección de la vida como eje articulador de gobierno. Frente a estos indicadores, no se ven cambios sustanciales en resultados inmediatos respecto a los años anteriores.

Según la Fundación PARES, «el repertorio de violencia de los grupos armados es mayor, más disperso y está orientado a mostrar su control de población y control territorial con mucha menos autocontención a la hora de afectar civiles». En la protección de líderes sociales tampoco hay mayores avances. A través de sus investigadores, Justicia muestra que este fenómeno doloroso está lejos de terminarse, a pesar de tener varias de sus causas fuera de la acción estatal. Las promesas o expectativas todavía están lejanas.

En pocas palabras…

La sensación generalizada es que la participación del gobierno Petro busca más adeptos y barras bravas que apoyen su periodo de gobierno que visiones críticas sobre las cuales construir. La ruptura de un gran acuerdo nacional en este periodo no solo muestra ruptura con las élites políticas sino con sectores sociales que no han logrado poner sus agendas críticas.

Tras la ventana giratoria que han tenido activistas reconocidos en el gobierno de izquierda, vemos un debilitamiento de la sociedad civil. Y en este ejercicio, fuera de que son pocas las organizaciones críticas, es menor la aceptación a posiciones críticas al gobierno en lógica de reconocer, aceptar y construir desde allí.

Hay numerosos retos pendientes en este gobierno del cambio. Demasiadas expectativas siguen intactas frente a las grandes transformaciones que busca el país. La aceptación y legitimidad de este gobierno, al que se le acabó el gran consenso nacional, dependerá de una mejor ejecución y de moderar al máximo, las ambiciones.

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Nicolás Díaz Cruz

Nicolás Díaz Cruz

Politólogo. MPA-Public Affairs (Sciences Po, París). Consultor. Gestor de proyectos. Director ejecutivo de Extituto de Política Abierta (Colombia). Cofundador de Demolab y de la Red Nosotras Ahora. Miembro de la Red Latinoamericana de Innovación Política.

Alemania y América Latina: aliados para los nuevos tiempos

Posición del grupo parlamentario de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania y la Unión Social Cristiana de Baviera. Por una cooperación con visión de futuro con América Latina y el Caribe.

Por: Redacción 1 Sep, 2023
Lectura: 3 min.
Aliados fuertes para los nuevos tiempos
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
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Unión Demócrata Cristiana de Alemania y la Unión Social Cristiana de Baviera toman posición ante la política latinoamericana. El documento «Aliados fuertes para los nuevos tiempos. Por una cooperación con visión de futuro con América Latina y el Caribe» ofrece los lineamientos del grupo parlamentario CDU/CSU ante el nuevo contexto político de la región.

Esta publicación plantea una actualización a la visión 2030, estrategia ya publicada por este mismo grupo. La democracia cristiana alemana destaca su compromiso con el fomento de la institucionalidad y la cooperación entre las dos regiones con más países democráticos del mundo.

Alemania y América Latina

«Alemania y Europa gozan de una excelente reputación y un grado muy alto de credibilidad y fiabilidad entre la población de América Latina y el Caribe. Europa es el socio preferido por muchos. En vista de la creciente competencia entre modelos políticos, económicos y sociales de orden en el mundo, es necesario aumentar considerablemente la visibilidad y el impacto del compromiso alemán y europeo en el subcontinente latinoamericano».

«Una cooperación más intensa con los países latinoamericanos y caribeños en cultura, educación y ciencia puede reforzar los valores comunes en la competencia mundial entre sistemas y así contrarrestar la influencia de los actores que apoyan modelos autoritarios que pretenden socavar o cambiar el orden existente basado en normas. Para ello también es necesaria una ampliación sistemática de la presencia política mediática de Alemania en América Latina».

[Lee también: Informe de riesgo político en América Latina]

«Para que Alemania pueda reposicionarse en la región es necesario hacer ofertas concretas y, sobre todo, mejorar la cooperación estratégica. Sin embargo, la cooperación no obtendrá sus frutos si está impulsada por la mera competencia con China. Muy al contrario: requiere un compromiso a largo plazo. Nuestra ventaja reside sobre todo en las oportunidades de transferencia de tecnología y conocimientos, el cumplimiento y la aplicación de normas medioambientales y sociales, y un alto grado de credibilidad, estabilidad política y fiabilidad. Ha llegado el momento de insuflar nueva vida a la asociación entre Alemania y América Latina y el Caribe y adaptarla a las exigencias del siglo XXI. Esto corresponde con nuestros intereses fundamentales en política exterior y de seguridad».

[Descarga: El mundo no es suficiente. Redes de políticos en el mundo]

Redacción

Redacción

Plataforma para el diálogo democrático entre los influenciadores políticos sobre América Latina. Ventana de difusión de la Fundación Konrad Adenauer en América Latina.

Los BRICS crecen

Seis estados de tres continentes fueron invitados a integrar los BRICS. Junto con Brasil, desde 2024 también Argentina se sumará. ¿Qué significa esto para Latinoamérica? ¿Se constituye un bloque opuesto a los G7? ¿Qué enseña el ejemplo de Etiopía al respecto?

Por: Lukas Kupfernagel 1 Sep, 2023
Lectura: 6 min.
BRICS crecen | Shutterstock
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La comunidad de Estados BRICS pasará a la historia a partir del 1 de enero de 2024. Recibirá una nueva sigla con la admisión de seis nuevos Estados miembros. Etiopía también se unirá a los BRICS el próximo año y tiene puestas grandes expectativas en la membresía. Pero, ¿qué significa esto para el posicionamiento en la política mundial del país más poblado de África después de Nigeria?

La decisión de los estados BRICS sobre cuál de las candidaturas de la autoproclamada contraparte del G7 sería aceptada, era esperada con impaciencia, especialmente en el continente africano. Al final, fueron Egipto y Etiopía, dos países con aspiraciones de convertirse en una fuerza moldeadora en el continente y especialmente en el norte y este de África, los que recibieron el 24 de agosto la notificación de que serían admitidos.

Reconocimiento y participación

Para Etiopía —con su gran población y la economía de más rápido crecimiento en África Oriental—, unirse al círculo ilustre de países como China, Rusia e India hacía realidad un deseo largamente anhelado. Como único país del continente que nunca ha sido colonia de una potencia europea, se considera un defensor de la autonomía africana. En las calles de Addis Abeba se pueden ver pancartas con lemas como «Detengan el colonialismo – África se levanta». Estas dejan claro, ante los ojos de los políticos y de la población, que el continente debe decidir por sí mismo con qué socio trabajar y en qué medida.

Con renovada confianza en sí misma, a Etiopía poco le interesa el hecho de que unirse a los BRICS podría significar herir susceptibilidades de sus socios europeos o de Estados Unidos. Después de décadas de diversas crisis, hambrunas o guerras civiles, Etiopía, como miembro de una confederación de Estados que representa al sur global, finalmente obtiene lo que había exigido durante mucho tiempo: respeto y reconocimiento en el continente africano y en la política mundial.

BRICS ampliado | Wikicommons
BRICS ampliado | Wikicommons

Cooperación sin preguntas

En los últimos años, la economía etíope tuvo que luchar contra múltiples crisis, que en 2022 llevaron el país al borde de la bancarrota. Como muchos otros países del continente africano, tanto el sector nacional como el privado sufrieron la pandemia de covid-19. Al mismo tiempo, siguió la guerra civil en Tigray, en el norte. Los combates duraron dos años en las regiones de Tigray, Afar y Amhara. Desplazaron a cientos de miles de personas, destruyeron cultivos y ahuyentaron a los ya de por sí escasos inversores. El resultado fue la hiperinflación y la caída de sectores de la población en la pobreza.

El hecho de que Etiopía sea, sobre el papel, la economía de más rápido crecimiento en África Oriental no se debe al desempeño económico del país sino más bien al vertiginoso crecimiento demográfico. Además, desde la perspectiva etíope, muchos socios europeos han demostrado ser poco fiables en el pasado reciente. La razón es que muchas empresas, organizaciones no gubernamentales y la Unión Europea suspendieron la cooperación financiera con Etiopía después de que se conocieran las violaciones de derechos humanos cometidas por el ejército y sus aliados durante la guerra en Tigray.

Otros socios no hacen preguntas. Como es bien sabido, China con su Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI), es un actor económico indispensable en Etiopía, como en todo el continente. Además, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Qatar se posicionan en el Cuerno de África. Esto se manifiesta principalmente en el desarrollo de corredores comerciales y puertos en el Mar Rojo o en el Océano Índico. China consiguió importantes emprendimientos portuarios en Yibuti y la empresa DP World de Dubai gestiona, entre otros, el puerto de Berbera en Somalilandia. Para un país sin litoral como Etiopía, ambos puertos son de fundamental importancia, tanto en términos de importaciones como de exportaciones.

El hecho de que el Nuevo Banco de Desarrollo de los países miembros de BRICS se ofrezca como un financiador importante, que actualmente no aborda cuestiones como la condicionalidad, va al encuentro de Etiopía, que está en dificultades financieras. Sin embargo, el apoyo financiero en forma de préstamos resuelve algunos, pero no todos, los problemas de Etiopía. También el primer ministro Aby es consciente de ello, pero espera sobre todo nuevas iniciativas comerciales e inversiones de antiguos y nuevos socios. Desde ya puede presentar la membresía en los BRICS como un éxito diplomático, especialmente en su propio país. Las cifras actuales confirman la tendencia positiva al aumento de las relaciones comerciales dentro de los países BRICS. Aún no se puede prever si Etiopía podrá sacar provecho de esto.

Continúa el desprendimiento

Pero, ¿qué significa realmente para Europa la membresía de Etiopía en los BRICS? En primer lugar, una mayor profundización de relaciones comerciales con los actuales socios (Rusia, China) y una diversificación con nuevos socios (India, Sudáfrica, Brasil). Es obvio que esto implica que Europa y Alemania se estén volviendo menos relevantes para Etiopía. Sin embargo, no hay razón para temer que ahora se le dé la espalda a Europa y se comercie exclusivamente con los países BRICS. Para ello, Etiopía depende demasiado de un gran número de socios.

Desde un punto de vista político, Etiopía seguirá velando por sus propios intereses internos, en los que basará su política exterior. Por lo tanto, es lógico que sea miembro y tenga voz y voto en una comunidad de Estados como los BRICS, principalmente, debido a su propia imagen de aspirante a potencia media.

La comunidad de Estados BRICS definitivamente le exigirá un trato preferencial al Estado etíope en asuntos comerciales. Pero Etiopía no aceptará un dictado completo de los Estados líderes de los BRICS, de la misma forma que no aceptó la tutela por Occidente en los últimos años.

Publicación original en idioma alemán: KAS, 25 de agosto de 2023.
Traducción: Manfred Steffen, oficina KAS Montevideo

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Lukas Kupfernagel

Lukas Kupfernagel

Director de la oficina en Etiopía y Liasion Office African Union de la Fundación Konrad Adenauer

¿Bukele como modelo para el Perú?

El presidente del poder judicial peruano ha dicho que se debe imitar la estrategia de seguridad de Nayib Bukele. ¿Cuál es el riesgo de inspirarse en el autoritarismo millennial?

Por: Marisol Pérez Tello 30 Ago, 2023
Lectura: 3 min.
Presidente Nayib Bukele | Foto: Twitter/@PresidenciaSV
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El presidente salvadoreño, Nayib Bukele, ha logrado despertar los sentimientos primarios que algunas veces hacen que nos permitamos reacciones irracionales. El miedo es el principal de todos, al otro, a lo que no entendemos. El miedo como respuesta que lo permite todo.

Me cuesta entender a las personas que quieren para nuestro país gobiernos similares al salvadoreño para enfrentar los problemas estructurales del Perú. Mi sorpresa fue mayor al escuchar al presidente del Poder Judicial, Javier Arévalo, señalar que hay cosas que imitar en materia de seguridad, cosas por las que el propio Nayib Bukele se ha llamado a sí mismo dictador, como una demostración más de que se siente por encima de cualquier forma de control que no sea la que proviene de su propia voluntad.

[Lee también: El bitcóin y las otras (peligrosas) apuestas de Bukele]

Bukele ha violentado la independencia de poderes, ha tomado decisiones a partir de su mayoría legislativa que han significado que el 30 % del Poder Judicial en El Salvador haya sido cesado, con lo que ya imaginamos quién pondrá a ese nuevo 30 %, sometiendo la justicia a sus decisiones en la búsqueda de esa impunidad tan soñada por todos los que se sienten por encima de la ley y la usan para sus fines, con medidas populistas que no tienen respuesta en el mediano y largo plazo, pero que terminan dando una aparente sensación de seguridad, sin darse cuenta de que las violaciones a los derechos humanos nos dañan a todos.

Abuso de poder

Que los regímenes autoritarios intenten cooptar el sistema de justicia no es algo nuevo. Lo hacen a través de nombramientos temporales, controlando los sistemas de selección, nombramiento o ratificación de jueces y fiscales. Cuando se concentra el poder, los perjudicados son los ciudadanos. Por eso, el equilibrio de poderes es el fundamento del Estado de derecho.

Se equivoca, señor presidente del Poder Judicial. El camino de Bukele, como el de cualquier dictador de derecha o de izquierda, es el camino del abuso del poder, es el camino que rompe la ley que usted representa. No hay nada que copiarle a quien se considera por encima de la ley y usa el miedo de las personas que debe proteger para pretender un respaldo que terminará volcándose en su contra, lamentablemente, tarde.

El Poder Judicial tiene muchas tareas pendientes. Si bien no es encargado de la prevención, como sí lo es el Ejecutivo, que tendría que estar atacando causas y no consecuencias, sí es el responsable de procesar y sancionar. Para ello, debería trabajar de la mano con el Ministerio Público y el Instituto Nacional Penitenciario (INPE), atender la carga procesal que existe y meter a la cárcel a quienes tienen que estar en ella.

Las declaraciones del presidente del Poder Judicial no son precisamente la guía y el equilibrio que un país como el nuestro necesita, con un Legislativo y un Ejecutivo deslegitimados, cuestionados y criticados. Esperemos que se trate solo de una declaración poco feliz que no se corresponda con la claridad en el rol del Poder Judicial, la base que soporta el Estado de derecho.

Publicado en El Comercio (Perú) el 23 de agosto de 2023.

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Marisol Pérez Tello

Marisol Pérez Tello

Abogada, notaria y política peruana. Exsecretaria general del Partido Popular Cristiano. Excongresista de la República (2011-2016). Exministra de Justicia y Derechos Humanos del Perú (7.2016-9.2017)

Así se juega ajedrez: política latinoamericana más allá de las fronteras

El Foro de San Pablo, Clacso y los disturbios organizados para deslegitimar gobiernos que no eran de izquierda en Argentina, Chile, Colombia, Ecuador y Perú son ejemplos de una ecuación mucho más coordinada de lo que aparenta.

Por: Fernando Pedrosa 29 Ago, 2023
Lectura: 7 min.
Política latinoamericana
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Una de las diversas consecuencias ocasionadas por la llamada crisis del petróleo, en 1973, es que en ella se ubica el momento que, generalmente, se elige como parteaguas y a partir del cual la internacionalización, la interdependencia, la globalización, o como queramos llamarlo, aparece como un elemento ineludible para los análisis económicos y sociales.

Robert Keohane y Joseph Nye definieron ese modelo de acción, entonces novedoso, como transnacional. El ámbito internacional ya no le pertenecía con exclusividad al mundo estatal o gubernamental, y otros actores comenzaron a ser protagonistas con aceptada legitimidad.[1]

La economía fue la que más rápido se adaptó a este «nuevo mundo» y, en aquellos años de la década de 1970, se corporizó en lo que se llamaban las empresas transnacionales. Curiosamente, el transnacionalismo fue también una práctica habitual entre los grupos de la izquierda radical y armada. Estas utilizaban con habilidad las redes informales como una manera de llevar adelante sus planes revolucionarios. Sin bases geográficas fijas, lograban enhebrar vínculos entre grupos y lugares diferentes en un mapa intercontinental cuyos nodos, entre otros, eran la Organización para la Liberación Palestina de Yasser Arafat, la Libia de Kadafi y la dictadura castrista en Cuba.

Redes y actores

La actividad transnacional fue extendiéndose más allá de la izquierda. Luego de la caída del muro de Berlín, fue la tendencia dominante en la política globalizada. El efecto boomerang, que tan bien definieran Margaret Keck y Katherine Sikkink, graficaba la democratización del acceso al ámbito internacional de los actores nacionales. Así, no importaba cuán pequeños, aislados o desempoderados fueran. Cualquier grupo podía apelar al mundo para obtener recursos o poner límites a Estados nacionales que los perseguían.[2]

Pero los cambios también se observaron en la sociedad, no solo en las transformaciones que sufrían algunos sectores, por ejemplo, en la reducción del número de obreros tradicionales y el aumento de los trabajadores ligados al sector servicios. También se observó en la fragmentación de una política que comenzaba a mostrar la diversificación de reclamos sociales. Estos incluían el ambiente, el feminismo, lo antinuclear o las demandas de más libertades frente al avance de los pesados y burocratizados Estados europeos.

[Leer también Liberar al progresismo]

Las redes más allá de las fronteras dieron renovada vida al mundo asociativo. También actores y grupos no estatales o paraestatales se ubicaban cómodamente en este nuevo terreno: el crimen organizado, las redes financieras, los medios de comunicación. Otros fenómenos que pronto se volvieron reiterados y tampoco respetaban fronteras nacionales eran las migraciones forzadas, las pandemias o los desastres climáticos. 

El fenómeno globalizador tomó cuerpo como una crisis de los Estados nacionales que comenzaron a ver mermada rápidamente la capacidad de intervención y regulación de un mercado que dejaba de ser exclusivamente nacional y adquiría otra magnitud en su escala logística, organizativa y de manejo de recursos.

Lo nacional se vuelve internacional

Dicho en forma sencilla, la fórmula del éxito que se había construido desde la segunda posguerra mundial, el Estado de bienestar, comenzaba a tener serios problemas para continuar siendo sustentable y su legitimidad política e intelectual tambaleaba con él. Otras demandas crecían en las sociedades que las rancias socialdemocracias europeas no podían siquiera caracterizar correctamente.

Esto enmarcó la conocida crisis de representación (la que, corregida y aumentada, continúa hasta nuestros días) que reflejaba entonces el creciente descontento social con un sistema político nacionalizado que ya no podía dar respuestas a los problemas, a los desafíos que tenían formato de carácter global.

Para políticos, activistas y todos aquellos que entendían la acción política más allá de la reflexión teórica, esto también se tradujo en un desafío que requería respuestas innovadoras, que trascendieran las fronteras nacionales, pero de las que había antecedentes. Y esto interpelaba al mundo político más allá de que los protagonistas ocuparan lugares centrales en Estados y gobiernos o fueran parte de pequeñas organizaciones partidarias o no gubernamentales. 

En un reciente trabajo publicado por la Fundación Konrad Adenauer, presenté una investigación tratando de ordenar y encontrar un sentido estratégico al mundo actual del activismo político transnacional.[3] Para ello puse énfasis en tres tipos de estrategia: las redes gubernamentales internacionales, las políticas informales y las políticas transnacionales. Estas últimas, a su vez, dividiéndolas entre redes de activismo transnacional y redes políticas partidarias más allá de las fronteras.

El trabajo mencionado también partía de una hipótesis transversal que daba sentido al tenso y conflictivo mapa de la política latinoamericana. El transnacionalismo político actual ha sido traducido con un nuevo sentido por líderes y movimientos, especialmente aquellos pertenecientes a la denominada marea rosa, izquierda del siglo XXI, nueva izquierda latinoamericana o izquierda populista, y sus sucesores. Y ese sentido se ha vuelto dominante.

Más allá de las fronteras

Esta ola de activismo y política transnacional fue muy bien aprovechada por quienes adhieren a proyectos autoritarios, iliberales, incluso antidemocráticos. Vació al movimiento internacionalista de su tradicional influencia liberal basada en ideas de cosmopolitismo o de internacionalización de la democracia. El Foro de San Pablo, Clacso y los disturbios organizados para deslegitimar gobiernos que no eran de izquierda en Argentina, Chile, Colombia, Ecuador y Perú son solo unos pocos ejemplos de una ecuación que es mucho más coordinada de lo que aparenta.

Este nuevo fenómeno transnacional se sostiene desde un discurso catch all, enunciado hegemónicamente desde el mundo político, académico y cultural, y que combina elementos contemporáneos y del siglo XX con la tradición patriagrandista, ampliamente presente en la historia política de la región. A eso se les suman elementos provenientes del clásico discurso socialista que propaga uno de los nodos más importantes y tradicionales de la red, Cuba.

[Leer también La peligrosa ambigüedad del Foro de São Paulo]

Este modelo de nacionalismo regional como base de un renovado activismo político nacional retoma algunas cuestiones clásicas en este tipo de movimientos: una mirada agonal de la política, ideas antiliberales y un relato antiimperialista, pero al mismo tiempo conservador. Sin embargo, la investigación muestra también una renovada actividad transnacional de los partidos políticos, en un abanico que supera ampliamente el universo de la izquierda.

Posiblemente, el resultado más importante (y optimista) del texto publicado por Dialogo Político sea que las organizaciones transnacionales de partidos (OTP), a pesar de no ser popularmente reconocidas, han crecido significativamente. Pueden convertirse en una herramienta muy útil tanto para enfrentar las demandas de sociedades descontentas con la política nacional como una esperanza para hacer frente a los discursos autoritarios de izquierdas y derechas que hoy se están fortaleciendo en América Latina. 


Lecturas

[1] Nye, J. S., y Keohane, R. O. (1971). Transnational Relations and World Politics: An Introduction. International Organization, 25(3), 329-349.

[2] Keck, M. E., y Sikkink, K. (2000). Activistas sin fronteras. México: Siglo XXI.

[3] Pedrosa, F. (2023). El mundo no es suficiente. Redes de políticos y luchas por la democracia en América Latina. DP Enfoque n.º 12. Montevideo: Fundación Konrad Adenauer.

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Fernando Pedrosa

Fernando Pedrosa

Historiador por la Universidad de Buenos Aires. Máster en Estudios Latinoamericanos. Doctor en Procesos Políticos Contemporáneos por la Universidad de Salamanca. Profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

¿Cómo recuperar el sentido de la política?

La crisis actual de la política está relacionada con el eclipse del mundo común y con que las personas se sientan extrañas a ese mundo público compartido. Así, triunfa la sociedad de masas y el «animal laborans».

Por: Miguel Pastorino 28 Ago, 2023
Lectura: 8 min.
Política y negociación
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Hannah Arendt fue una de las grandes pensadoras del siglo XX, admirada y despreciada, pocas veces bien comprendida. Hoy cobra cada vez más actualidad y despierta más interés en los estudiosos de las ciencias sociales y de la filosofía política. Era consciente de que no era fácil ubicarla: «La izquierda piensa que soy conservadora y los conservadores piensan que soy de izquierda o inconformista o quién sabe qué. Pero a mí todo eso me tiene sin cuidado. No creo que las preguntas reales de este siglo puedan iluminarse con ese tipo de cosas». Aunque pensaba con profundidad, radicalidad y rigurosidad, rehusó ser considerada filósofa, y expresó que su profesión era «la teoría política».

Estaba convencida de que lo importante en la comprensión de la política no es estudiar las regularidades como hacen algunas filosofías y ciencias sociales. Pero, a partir de la experiencia totalitaria, descubrió que hay fenómenos que no se comprenden desde esquemas anteriores de pensamiento. Se trata de acontecimientos, circunstancias que obligan a repensarlo todo, abandonando esquemas anteriores, ya sean filosóficos o sociológicos. Para ella, la teoría política es lo contrario de una ideología política. Porque implica reflexionar sobre los acontecimientos singulares que irrumpen en la vida de los pueblos. En cambio, la ideología trata de confirmar regularidades prefijadas, no ayuda a comprender sino que secuestra los hechos en un encuadre dogmático.

La banalidad del mal

La expresión banalidad del mal se ha vuelto un cliché, se ha convertido en un lugar común por lecturas superficiales aplicadas de modo muy psicologista y sin comprender su trasfondo filosófico y antropológico.

Su tesis, conocida por el análisis del juicio a Adolf Eichmann en 1961, muestra cómo el mal carece de profundidad, de radicalidad. Porque surge donde la capacidad de pensar, de reflexionar, ha sido suprimida u olvidada. El trabajo del principal responsable de la llamada solución final del extermino de los judíos consistió en la realización de actividades rutinarias y burocráticas: «Lo más grave en el caso Eichmann era precisamente que hubo muchos hombres como él, y que estos hombres no fueron pervertidos, ni sádicos, sino que fueron, y siguen siendo, terroríficamente normales».

Estamos así ante un nuevo tipo de criminal moderno, alguien capaz de planificar minuciosamente una masacre, y no es que «todos llevemos un Eichmann dentro», sino que las condiciones sistémicas de la sociedad moderna facilitan la aparición de este tipo nuevo de criminal y de expresión del mal. Aunque sus consecuencias sean aterradoras y a escalas impensables, el mal cometido es irreflexivo, superficial, rutinario, normalizado y sin motivos. Simplemente sigue el curso de los mecanismos sociales que dominan en una sociedad totalitaria, individualista y superficial.

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La supresión del espacio público, de la deliberación con los otros y el diálogo se convierte así en el germen de horrores inimaginables. A propósito de lo que vio en las declaraciones de Eichmann en su juicio en Jerusalén, Arendt escribió: «Eichmann no era estúpido. Solo su notable falta de reflexión —que en modo alguno podemos comparar con la estupidez— fue lo que lo predispuso a convertirse en el mayor criminal de su tiempo. En realidad, una de las lecciones que nos dio el proceso de Jerusalén fue que tal alejamiento de la realidad y tal irreflexión pueden causar más daño que todos los malos instintos inherentes, quizás, a la naturaleza humana».

Recuperar el sentido

Para Arendt no todo espacio público es inmediatamente un espacio político, lo cual nos muestra la complejidad y profundidad de su reflexión. Pero intentaremos presentarlo de la manera más sintética posible.

Distingue tres actividades fundamentales para los humanos: la labor, el trabajo y la acción. Cada una de ellas se desarrollan en un espacio propio: la esfera privada, la esfera social y la esfera pública. La labor sostiene la vida biológica y se orienta por las necesidades. Es la razón por la que construimos una segunda naturaleza, un mundo donde vivir. En cambio, la acción es la capacidad de introducir novedad, un nuevo comienzo, solo posible mediante el diálogo y la negociación con otros. Por eso la condición de la acción es la pluralidad y la política. Porque, para que exista la acción, se requiere de un mundo compartido, de la presencia de los otros con quienes dialogar y discernir.

Para que exista acción, para que haya libertad, es necesaria la esfera pública donde se constituye el quién y lo que cada uno es; es espacio donde se rompe con el anonimato. Para Arendt, la política forma parte fundamental de lo que somos; lo propio de lo humano lo encuentra en lo público, no en lo privado. Porque para ella lo más propio de la condición humana es la capacidad de introducir novedad en el mundo, de aparecer ante los otros. Para el pensamiento liberal, la libertad es una condición natural, originaria en el ser humano; en cambio, para Arendt es algo que hay que construir. Para ello es necesario caer en la cuenta de que la historia no tiene un guion prestablecido y que hay que hacerse cargo de lo recibido y de lo que creamos para las generaciones futuras.

Entre lo público y lo privado

La política no es para Arendt un peligro para la libertad, sino su posibilidad. Porque gracias a la vida política los seres humanos pueden modelar el mundo mediante la palabra. Pero cuando se viven tiempos de oscuridad los seres humanos se encierran en la intimidad y pierden la capacidad de pensar sin darse cuenta.

La distinción que hace Arendt entre esferas pública y privada se basa en la tradición de la polis griega, donde la esfera privada se identificaba con la familia, con el hogar, donde no hay libertad ni igualdad, sino una comunidad de necesidades vitales, un refugio ante las inclemencias del mundo, frente a la dureza de la exposición pública. Y un grave problema para la política se da cuando los intereses propios de la vida privada se extienden al espacio público y ocupan el lugar de lo que debería ser lo común. Lo público, en cambio, es el mundo compartido, un mundo creado por acciones, un espacio de memoria y de transformación.

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Para Arendt, la clásica distinción entre esfera privada y esfera pública se ha desdibujado en la modernidad por la aparición de otra esfera: la social, producto de las relaciones de mercado en una economía capitalista y por la aparición de la sociedad de masas, con modelos de conducta que le son propios. Para ella, el crecimiento de la esfera de lo social hace que los intereses privados adquieran interés público y así la economía se adueña de la política. La nueva esfera de lo social afecta a la esfera pública y a la privada. Y así lo político queda atrapado por lo social, y lo privado queda reducido a la intimidad.

El sentido de la política

La crisis actual de la política está relacionada para Arendt con el eclipse del mundo común y con que las personas se sienten extrañas a ese mundo público compartido. Así, triunfa la sociedad de masas y el animal laborans, que llevan al conformismo, al desprecio por la política y a la soledad de los individuos. El consumo ocupa el lugar de la acción, reducido todo a la satisfacción de necesidades.

Para Arendt, la sociedad moderna es una sociedad de laborantes que «exige de sus miembros una función puramente automática, como si la vida individual se hubiera sumergido en el total proceso vital de la especie». La acción, la vida política, se ha convertido en una experiencia para unos pocos privilegiados. En el olvido de la esfera pública como tal, entendida filosóficamente y no socialmente, Arendt se pregunta si tiene sentido hoy la política.

Porque para ella la dificultad para recuperar el sentido y la dignidad de la política, arraigada en la tradición griega, son la apatía y el conformismo ciudadano, la primacía de la individualidad por encima del mundo común. Se pregunta: «¿Qué estructuras políticas hay que puedan preservar la participación cívica sin la presión de los partidos?». Si bien no propone un abandono de la democracia representativa, señala fuertes limitaciones del sistema que dejan a los ciudadanos fuera de toda acción política. La respuesta a la crisis, para ella, está en que haya más vida política, con participación comprometida e intensa de la ciudadanía en los asuntos públicos. 

Para Arendt, si la política quiere recuperar su dignidad requiere una ciudadanía libre y crítica, dispuesta a mostrarse en público, deliberar y actuar, comprometida con el mundo y el mantenimiento de la pluralidad.

Referencias

Arendt, H. (2015). La condición humana. Paidós.

Arendt, H. (2019). ¿Qué es la política? Ariel.


Miguel Pastorino

Miguel Pastorino

Doctor en Filosofía. Magíster en Dirección de Comunicación. Profesor del Departamento de Humanidades y Comunicación de la Universidad Católica del Uruguay.

Una caja de herramientas para echar a andar la rueda

Aunque no hay una fórmula mágica para la formación política de los jóvenes, existen pasos comunes que pueden agilizar este proceso. ¿Por qué debemos explorar el terreno? Algunas ideas para discutir un tema crucial.

Por: Ximena Docarmo 25 Ago, 2023
Lectura: 7 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

En todos los rincones de América Latina, ya sea en metrópolis bulliciosas o en pequeñas ciudades, se reúnen individuos inquietos y apasionados por la política. Estas veladas, a menudo nocturnas o dominicales, buscan involucrar a más personas en la esfera política, brindar oportunidades de formación política o comprometer su participación y liderazgo para la acción política.

La pregunta recurrente es cómo trazar el camino y qué dirección tomar. Ideas abundan: charlas en colegios o universidades, academias o escuelas de formación política, actividades de sensibilización. Este artículo es una invitación a explorar por dónde comenzar y cómo avanzar en esta travesía compartida por aquellos que están enamorados de la política.

La posibilidad de no reinventar la rueda cuando hablamos de formación viene en una Caja de herramientas para la formación política estratégica. En sus páginas, este libro propone un proceso, no como guía rígida sino como brújula adaptable a las necesidades únicas de cada organización. Aunque no hay una fórmula mágica, sí existen pasos comunes que pueden agilizar este proceso, explorando previamente el terreno para dar pasos hacia la innovación en la política.

Miremos el bosque

Antes de sumergirse en la estrategia formativa, los invito a mirar el bosque y reflexionar juntos sobre qué es la formación política y cómo puede echar a andar la rueda. En estas discusiones, términos como educación, formación, capacitación a menudo se usan de manera intercambiable.

El primer capítulo de esta obra se propone dotar a estos conceptos de definiciones sólidas. La educación política, a través de políticas públicas, es una base común, es la preparación que reciben las personas a lo largo de su vida para que sean independientes en sus decisiones políticas y se active su compromiso cívico para asumir activamente roles que contribuyan con el desarrollo de su comunidad.

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En cambio, la formación política se podría definir como la preparación que en el largo plazo que reciben los políticos a través de conocimientos y competencias para el desempeño de su rol como políticos. Así como las capacitaciones son actividades concretas para desarrollar conocimientos específicos. En conclusión, los líderes políticos que no solo comprendan sino desarrollen políticas públicas orientadas a fortalecer el juicio crítico de los ciudadanos girarán la rueda que fortalece la democracia, con una sociedad más participativa y con un sistema de partidos políticos más fortalecido.

Innovación democrática

En un contexto de urgente innovación democrática, este libro apunta a hackear procesos que otros ya transitaron y ofrece ideas para enriquecer la tarea formativa de cada organización, según la etapa en la que se encuentre. Para generar una estrategia formativa, las organizaciones deben mirar hacia su misión político-ideológica (estatutos, propuestas programáticas, entre otros documentos fundacionales) y su misión institucional entendida como «una declaración orientada a la acción sobre el propósito del partido».

La misión institucional permite trazar una ruta tangible hacia el futuro, desde donde se desprenderán las metas y el propósito de largo plazo. Si esta segunda misión no existe, puede ser un punto de partida en la lista de tareas pendientes.

Ambas, la misión política y la institucional, guían la estrategia formativa y ayudan a romper con la noción errónea de que la formación son actividades aisladas, como talleres y charlas sobre liderazgo o comunicación política. La estrategia formativa debe estar alineada con la misión y sumar a los objetivos de la organización. Aquello que no aporte, no debe gastar los limitados recursos de la organización.

Además de las actividades formativas, esta estrategia podría considerar otros componentes relativos a la motivación de los miembros o al desarrollo organizacional. Asimismo, se debe construir de manera horizontal, en coordinación con otras instancias del mismo nivel que trabajen temas formativos; por ejemplo, áreas formativas, de la mujer, entre otras. Y de forma vertical, definiendo los roles de los actores en los ámbitos descentralizados, evitando la duplicación de esfuerzos y fomentando la colaboración entre diferentes áreas y niveles de la organización.

Romper con viejos paradigmas

Una vez definido el por qué, es el momento de diseñar el cómo. Identificar los recursos, formar equipos, establecer metas y crear herramientas para la medición de resultados son esenciales. La mejora continua es esencial, así como el monitoreo de los avances y la adaptación de la estrategia según sea necesario. Este proceso implica un compromiso el análisis y la retroalimentación constante.

Las organizaciones a menudo estructuran sus actividades formativas basadas en la experiencia empírica de sus miembros y, posiblemente, con un escaso nivel de sistematización de las experiencias formativas. Esta tendencia limita los procesos de mejora continua. Implementar modelos de diseño instruccional, como ADDIE, en el contexto de la formación política, puede contribuir a profesionalizar la ejecución y sistematización de las actividades formativas.

Caja de herramientas para la formación política estratégica

Habilidades imprescindibles

El capítulo 4 de Caja de herramientas para la formación política estratégica profundiza en cada uno de estos componentes a través de un análisis que considera elementos cruciales como la conformación de equipos, el público objetivo, las metodologías y aplicaciones, el presupuesto y, por supuesto, la retroalimentación durante cada actividad. Es fundamental identificar qué conjunto de habilidades se requiere para cada proyecto, reconocer las brechas existentes en el grupo objetivo y tener en cuenta los conocimientos previos necesarios. También es esencial definir si cada actividad está alineada con la estrategia formativa y, si es necesario, ajustar las actividades durante su implementación.

A lo largo de la obra, se comparten reflexiones derivadas de la experiencia de la Escuela de Formación Política «Millennials para el Cambio» de la KAS Perú entre 2015 y 2022. También se brindan diversas tareas que pueden orientar el proceso de concebir la estrategia, planificación y ejecución de las actividades formativas. Es cierto, como el propio libro sostiene, que esta caja no es un remedio absoluto. Aunque ofrece múltiples herramientas, no las abarca todas. En sus 83 páginas se presenta la oportunidad para proponer innovadoras adiciones a este conjunto de herramientas.

Formación política

La formación política va más allá de adquirir conocimientos; implica la formación de líderes responsables y comprometidos. En un contexto donde la polarización y las amenazas a la democracia son palpables, es crucial reflexionar sobre los desafíos políticos presentes y futuros. La educación política es un motor para fortalecer la democracia, y la formación política orientada en este sentido puede ser el catalizador.

Esta caja de herramientas es una invitación para todos aquellos que quieren echar a andar la rueda. Necesitamos transformar la sociedad a través una formación política de las nuevas generaciones con el sueño de fortalecer la democracia. Un sueño que merece cada esfuerzo y cada herramienta a nuestro alcance.

Caja de herramientas para la formación política estratégica
1.ª edición digital, marzo de 2023
Lima, Perú
ISBN: 978-612-49057-2-8

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Ximena Docarmo

Ximena Docarmo

Fundadora de InnovaLab, entrenadora política y máster en políticas públicas por la Hertie School of Governance de Berlín.

Guillermo Vagni sobre Milei, una sorpresa que se veía venir

La elección en Argentina trajo una sorpresa esperada. ¿Qué rol juegan la prensa, las redes y el hartazgo de los votantes? ¿La conversación digital fue determinante?

Por: Adriana Amado 24 Ago, 2023
Lectura: 8 min.
Guillermo Vagni
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

En Argentina, desde la noche del 13 de agosto hay un solo tema: el empate técnico en las primarias de Javier Milei, con las dos coaliciones principales: Unión por la Patria, que rejunta lo que queda del peronismo, y Juntos por el Cambio, coalición acusada de derecha por el oficialismo hasta que La Libertad Avanza agregó más derecha al espectro.

La supuesta sorpresa de los analistas se basa en que es la segunda elección a la que se presenta el partido libertario, sin candidatos en muchas jurisdicciones. En un calendario electoral agobiante, con elecciones provinciales separadas de la presidencial, los libertarios se ancaron en el hartazgo para sacar un tercio de los votos en las primarias, aunque en los comicios locales ni figuraron.

Los candidatos outsiders no son una novedad. El proceso argentino es demasiado parecido al que se vio en Estados Unidos con Donald Trump, en Brasil con Jair Bolsonaro, en Colombia con Rodolfo Hernández. Lo desconcertante es que, con esa experiencia, la prensa y los analistas cayeran en los mismos errores que terminaron consolidando esas candidaturas. Su descalificación como antisistema no hace más que convocar a votantes agobiados por la situación social, que entienden que solo un demonio puede entender su infierno.

Guillermo Vagni es licenciado en negocios de diseño y comunicación. Dirige Políticos En Redes, la consultora que combina encuestas de opinión con análisis de conversación en redes. Su buena calibración del resultado reciente propone una conversación acerca de las condiciones que entorpecen el diagnóstico electoral.

La información previa

Guillermo Vagni: Nosotros obtenemos muchísima información cualitativa en las redes sociales, aunque el último trabajo fue basado en una encuesta. Es cierto que estas investigaciones no son para predecir, pero se pueden observar tendencias y muchas pudieron reflejar, por ejemplo, que en la interna de Juntos por el Cambio iba a ganar Patricia Bullrich. Que se difundieran resultados de que iba a ganar Horacio Rodríguez Larreta tira abajo la rigurosidad de las encuestas.

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Adriana Amado: Muchas de estas encuestas se difunden para poner en la discusión política tendencias que no son tales. Si bien pueden no impactar en el resultado, sí influyen en la decisión de ir o no a votar, como ocurrió en estas primarias obligatorias en las que el ausentismo fue casi equivalente al candidato más votado.

Guillermo Vagni: A mí me cuesta creer en los analistas políticos y en la difusión de las encuestas electorales. Ahí empiezan otras cuestiones que tienen que ver con las operaciones. Hay equipos de campaña más preocupados por que salga un título que por saber dónde están posicionados. Eso es notable. Les prestan atención a los estudios que los dan como ganadores, cuando debería ser al revés y atender el que está diciendo que las cosas no son como piensan. Muchas encuestas vieron las tendencias, aunque quizás no fueron las más difundidas. Las principales incógnitas fueron respondidas por las encuestas, aunque estaban contaminadas con muchos trabajos poco rigurosos.

Rol de las encuestadoras

Lo que pasa con los encuestadores se parece mucho a la noticia del momento de esas celebridades que se sometieron al tratamiento estético con sustancias tóxicas. Es curioso, pero la política también acepta instrumentos fallidos en el afán de mostrarse ganadora.

– Es buena la comparación porque también se trata de la imagen que se quiere dar. Sería genial, pero es la imagen y no la realidad. Eso en la política se viene viendo hace tiempo, pero la gente se cansó de la falta de autenticidad. Entonces, cuando aparece alguien que es auténtico lo avala. Porque no quiere seguir más con políticos que están todo el tiempo en las redes sociales tratando de generar una imagen. Es muy difícil que un candidato sea todo eso que transmite, que hoy es uno que baila zamba, después un rockstar; ahora es del campo, mañana de la ciudad.

Desempeño de las encuestadoras en las PASO 2023 Argentina
PASO 2023 en Argentina: Desempeño de las encuestadoras

Campañas y realidad

Las campañas políticas tradicionales obvian el principio de realidad, que tan bien saben usar los candidatos que evitan la comunicación artificiosa de los partidos políticos. A estos candidatos disruptivos les alcanza con ser realistas.

– Lo que está pasando con Javier Milei es que la gente valora que esté convencido de lo que hay que hacer, después de probar con el oficialismo y la oposición, que ya fueron gobierno. Milei es visto como el cambio. Me parece que la gente no está escuchando un montón de cosas que pueden ser barbaridades, o que están contadas de una manera que pueden molestar a mucha gente. Lo que están validando es que tiene un eje y le creen porque está convencido.

Redes y trols

Políticos en Redes viene estudiando la conversación social, que los analistas despreciaban como espacio de agresividad o de trols. ¿Cómo fue la evolución en estos años?

– A veces hablamos de big data para redes sociales porque se trata de mucho volumen, cantidad y velocidad de la información, pero mejor es hablar de social data, es decir, datos sociales. Cada vez hay más herramientas y filtros para acceder a información cualitativa de calidad. Y para saber si son usuarios únicos con una trayectoria, y para evaluar la participación, viendo con quiénes interactúan. O si tienen publicaciones favorables a un partido o son generales, si tienen otra vida más allá de la política o son fanáticos. Es cierto que fueron muy desprestigiadas, con eso de que no conectan con la realidad.

También dijeron que las encuestas fallaron porque no eran presenciales, despreciando a las otras, sean telefónicas o digitales. Pero lo que realmente da valor a una encuesta es la muestra y cómo representa a un universo de población. Hoy las redes sociales brindan mucha información y a una gran velocidad, que es otra ventaja. Es cierto que son un terreno donde es fácil difundir noticias falsas y que los bots o la inteligencia artificial pueden generar cuentas falsas, pero es fácil detectarlo. Detrás de cada usuario hay un votante.

Redes y prensa

Estos candidatos suelen tener más difusión desde cuentas de terceros que desde las propias, como hacen los políticos tradicionales.

– En Tik Tok la cuenta @elPelucaMilei (2,3 MM) tiene más seguidores que la oficial @javierMileii (1,4 MM) y es la que difunde toda participación y comentario. Ahí hay un trabajo grande. También notamos que en Instagram tenía más participación que cualquier político y que Twitter era la red que en la que menos trascendencia tenía. Pero ahora está pasando que en cualquier plataforma todo es Milei.

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La prensa y la oposición se entrampan cuando intentan desautorizar sus declaraciones porque terminan colaborando en su difusión…

– Un gran error de la política es que tratan de influenciar a través de un título y la gente no les está prestando atención a los portales de noticias. Hay muchas cosas para entender a Milei como un fenómeno de la antipolítica. La gente no quiere nada políticamente correcto, sino que valora la autenticidad que encarna. No hay que perder de vista que no es ningún loco. Es una persona que tiene propuestas, aunque algunas puedan parecer muy radicales, y que va por objetivos. El primero fue imponer su agenda y ganar la elección. Ahora está logrando que representantes de su espacio expliquen qué es lo que quiere decir cada una de esas locuras, cómo se leen sus propuestas. Y creo que eso está impactando positivamente y todavía lo podría hacer crecer aún más.

El voto oculto

Parece ser un fenómeno contrario a lo que pasaba con el voto vergonzante porque, después del resultado, hay gente que no votó que ahora lo defiende o empieza a decir que lo votaría.

– Sí, es cierto. Alguien lo definió como voto oculto porque estaba guardado, y quizás eso hizo que no hayamos podido ver estos treinta puntos que sacó. De hecho, la gente ni siquiera quería participar porque hay un hartazgo muy grande. Lo valioso de las redes fue que los jóvenes que no estaban respondiendo encuestas, en realidad se expresaban en ellas, y ahí obtuvimos un panorama de lo que estaba pasando con esos segmentos. Uno de los aprendizajes para las próximas elecciones es dejar de subestimar la conversación digital.


Adriana Amado

Adriana Amado

Doctora en Ciencias Sociales. Presidente de Infociudadana. Investigadora en Worlds of Journalism Study. Periodista en el diario La Nación y Radio de la Ciudad de Buenos Aires.

Riesgos y beneficios de la democracia directa

¿Acaso la democracia directa es un mecanismo para incluir más a la ciudadanía? ¿O ha servido sólo a los fines del gobierno de turno en tanto mecanismo legitimador?

Por: Redacción 23 Ago, 2023
Lectura: 2 min.
Bajo la Lupa. Democracia directa en América Latina
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

¿Acaso la democracia directa es un mecanismo para incluir más a la ciudadanía? ¿O ha servido sólo a los fines del gobierno de turno en tanto mecanismo legitimador? ¿Es un instrumento generador de polarización? ¿Tenemos que considerarla como a una «enemiga» de la democracia representativa, o de los partidos políticos? ¿O es posible imaginar su coexistencia o incluso una mutua potenciación?

La democracia directa desempeña un papel vital en la participación ciudadana y la toma de decisiones políticas en América Latina. Si bien ofrece una plataforma para la expresión directa de la voluntad popular y pueden legitimar reformas clave, también conllevan riesgos inherentes, como la polarización, por ejemplo. La manera en que estos mecanismos se implementen y se integren en los sistemas políticos es fundamental para salvaguardar los principios democráticos y garantizar que la voz de todos los ciudadanos sea escuchada y respetada.

Todo esto lo ponemos Bajo la Lupa.

Democracia directa

Yanina Welp, investigadora en el Centre of Democracy del Albert Hirschmann Institute de Suiza, y experta en democracia directa.

Guillermo Tell Aveledo Coll, profesor en Estudios Político de la Universidad Metropolitana de Caracas.

Bajo la Lupa es un podcast de Diálogo político. Un proyecto de la Fundación Konrad Adenauer.    

Conducción y realización: Franco Delle Donne | Rombo Podcasts.

Redacción

Redacción

Plataforma para el diálogo democrático entre los influenciadores políticos sobre América Latina. Ventana de difusión de la Fundación Konrad Adenauer en América Latina.

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