El papel de Internet en campaña: lecciones aprendidas

Internet ha cambiado todos los ámbitos de la actividad humana y, por ende, la política. Si la televisión cambió la […]

Por: Marta Rebolledo 5 Nov, 2022
Lectura: 16 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Internet ha cambiado todos los ámbitos de la actividad humana y, por ende, la política. Si la televisión cambió la forma de hacer política, la irrupción de las nuevas tecnologías ha provocado que en la actualidad vivamos en una transformación permanente y constante. La novedad respecto al resto de los cambios producidos desde la introducción de la imprenta en el siglo xv es la celeridad con la que desarrollan y la dificultad para asimilarlos. Si bien al principio muchos políticos desconfiaban de Internet y les costó adaptarse a este nuevo medio y lenguaje, hoy día la mayoría son conscientes de que no pueden ganarse unas elecciones sin estar presentes en la esfera digital.

Los nuevos medios digitales han cambiado las reglas del juego del entorno político; sobre todo, respecto a la implementación de estrategias electorales: se ha cambiado el uso que hacemos de las formas tradicionales de comunicación, así como de la búsqueda del voto y la movilización del electorado. A pesar del uso generalizado que los políticos hacen de los medios sociales, el uso de estos puede ser todavía bastante mejorable.

Los medios sociales permiten crear una comunidad mediante la interacción de seguidores y potenciales votantes. Para ello, se necesita tiempo y dedicación. A continuación, se exponen las principales lecciones que podemos extraer del uso de internet en campaña y que debemos tener en cuenta antes de emprender cualquier contienda electoral.

1. No subestimar ni sobrevalorar el poder de internet

Internet es una herramienta más de comunicación que tenemos a nuestra disposición. Los medios digitales vienen a complementar a otras vías de comunicación tradicionales como la televisión o la prensa. Cuando hablamos de medios digitales, no referimos a una gran variedad de elementos: blogs, páginas web, foros, diferentes tipos de redes sociales como Facebook, Twitter y aplicaciones de mensajería como WhatsApp o Telegram.

Internet no debe considerarse como una panacea: no se ganan elecciones solo a través de internet; sin embargo, no se puede ganar sin internet. Por ejemplo, en el caso de los jóvenes, es notable la importancia que adquiere lo digital para acceder a ellos. Precisamente, los nativos digitales —la llamada generación Z— tienden más a usar las redes sociales como principal fuente de noticias que a acudir a un sitio web de un medio concreto (risj, 2021).

La Red tiene muchas ventajas de las que hay que saber sacar provecho. Entre otras muchas, nos permite desplegar técnicas de persuasión mucho más económicas y efectivas. Gracias a la cantidad ingente de información que nos proporcionan las redes sociales, podemos identificar aquellos grupos de personas que son potenciales votantes y dirigirles un anuncio. Además, nos permite hacer una escucha de la conversación que se genera en redes, lo que se denomina social listening, y analizar qué asuntos son de interés.

Sin embargo, no hay que olvidar que hay vida más allá del ámbito digital. En otras palabras, la realidad supera lo digital. Y es que no todo el mundo está presente en las redes. De ahí que nunca debemos descuidar las otras formas de comunicación que tenemos a nuestra disposición o subestimarlas por el protagonismo adquirido de Internet.

2. Off line y on line: dos caras, una misma campaña

Uno de los errores habituales es considerar la parte digital de la campaña como un elemento aparte. Sin embargo, la estrategia digital forma parte de la estrategia general, esto es, si entendemos la estrategia como el eje que vertebra una campaña, la parte digital es parte de ese eje. Son dos caras de la misma moneda. Para ello, es necesario que haya una convivencia y coordinación entre ambas esferas. En la práctica, sin embargo, todavía hay candidatos y partidos que planifican sus campañas como si se tratase de dos realidades distintas.

Un ejemplo de esa convivencia entre las dos esferas es la campaña de Pedro Castillo para las elecciones en Perú de 2021. El entonces candidato hizo de un simple lápiz el símbolo y eje de su campaña electoral. Este objeto cotidiano estaba presente en todos sus mítines y actos de campaña, así como en los elementos tradicionales de publicidad, y llegó incluso a ser el logo de su propio partido político, Perú Libre. Además, se convirtió en el elemento estelar del merchandising de la campaña. Las imágenes de Castillo con su lápiz, las de sus seguidores con réplicas y pinturas del objeto en una variedad de espacios públicos fueron distribuidas por las redes sociales de la campaña, contribuyendo así a reforzar y amplificar el efecto movilizador que se buscaba con dicha campaña. En España, en las elecciones generales de abril de 2019, el psoe (Partido Socialista Obrero Español) imitó el estilo de expresión de las redes sociales para trasladarlo al resto de los espacios públicos tradicionales; de tal manera que el símbolo del corazón (a modo de like) inundó cada uno de los actos de campaña a la par que se propagaba también en los medios sociales.

3. La importancia de lo visual

En la fase de elaboración de mensaje, no solo hay que centrarse en el mensaje; aún más importantes son las imágenes generadas por ese mensaje. Como se recalca en el pódcast En Campaña en el episodio 4, dedicado a la construcción del mensaje, es necesario convertir el mensaje en imágenes. Las imágenes tienen un impacto poderoso en la atención y retención de los espectadores; gracias a ellas, resulta más fácil atraer la atención del ciudadano y conectar con él, y que el mensaje sea recordado. El uso estratégico de imágenes y videos es una herramienta útil para que los partidos políticos creen y mantengan la confianza y la reputación.

Precisamente, las mejores campañas son las que tienen un componente visual muy fuerte, ya sea a través de símbolos, imágenes u otros elementos visuales. Para ello, tenemos que ir renovando y proporcionando una serie de imágenes que se asocien al mensaje que queremos transmitir. Y aquí es donde las redes sociales como Instagram o Facebook, en las que prima el componente visual, nos pueden ayudar. De hecho, en el campo de la investigación en comunicación política, los académicos muestran un mayor interés en el papel que tienen los elementos visuales en las campañas electorales (Veneti, Jackson y Lilleker, 2019), esto es, el denominado visual framing, la manera en que enmarcamos el mensaje de manera visual (Grabe y Bucy, 2009).

Los políticos son muy conscientes del papel crítico que juegan las imágenes cuando el público los evalúa. De ahí que cada vez más exploten las plataformas de redes sociales como Instagram, centradas en lo visual. Un ejemplo de ello es el uso que Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, hace de las redes sociales. Desde que tomó el liderazgo del Partido Liberal en 2013, él y su equipo han mostrado un extraordinario manejo de las redes, acompañado de una estrategia calculada al milímetro para construir una imagen de líder cercano, afable y simpático; en definitiva, una imagen de consenso que, a su vez, complementa y refuerza la esencia de su legado político basado en la defensa de libertades individuales y un reencuentro con la población nativa del país.

4. El lado más personal de la política

A la hora de elaborar el mensaje en una campaña electoral, debemos pensar cuál es la historia que queremos contar, el storytelling. Hoy día, esto recae principalmente en el propio candidato. La centralidad en la figura del candidato o líder político queda reflejada en el fenómeno de la personalización de la política. Se trata de una tendencia que hace referencia al protagonismo que han adquirido los líderes en los procesos políticos (Rebolledo, 2017). Si anteriormente aspectos como la ideología, la pertenencia a una clase social y la religión han sido factores determinantes para la decisión del voto, en la actualidad el político a nivel individual parece ser un elemento vertebrador de las decisiones políticas que toman los electores (Rico, 2009; Garzia, 2014). La personalización se materializa en estrategia de comunicación enfatizando: la visibilidad del candidato frente a su partido y políticas, los rasgos más personales de su personalidad, así como determinados aspectos de su vida privada.

Sin embargo, la preocupación por la imagen del político ha existido desde siempre en política; cambia el contexto, así como los medios para gestionarla. Si la televisión constituye el medio por excelencia de la personalización, las redes sociales intensifican dicho fenómeno y configuran el entorno idóneo para que se desarrollen otros similares como el de la popularización o la llamada pop-politics.

Estos fenómenos ayudan a los candidatos a presentar una imagen atractiva a sus electores y, a su vez, a aumentar la identificación ciudadana y a disminuir la distancia psicológica entre ellos y sus votantes potenciales. De este modo, los líderes enmarcan estratégicamente las imágenes mostrando un carácter más personal y privado, siendo las redes sociales el entorno idóneo para ello. Concretamente, y en comparación con otras redes sociales, Instagram promueve un carácter más informal con imágenes más espontáneas, apolíticas y casuales; hay más espacio para mostrar la dimensión privatizadora de la personalización (Farkas y Bene, 2021).

De ahí que sea habitual encontrarnos en los perfiles de candidatos en las redes con posts con imágenes cenando en familia, cocinando en su casa, practicando deporte al aire libre, disfrutando de un concierto de su grupo favorito o comiéndose una hamburguesa en una conocida y popular cadena de restaurantes, como hizo en su día Barack Obama en numerosas ocasiones.

5. Internet, como agente de movilización

Internet ha propiciado un nuevo contexto mediático y social conocido como sistema mediático híbrido (Chadwick, 2013). Este nuevo sistema implica cambios en las relaciones entre el poder político, los medios y los ciudadanos. Precisamente, un cambio es el intercambio y modificación de los roles que antes adoptaban los políticos, los periodistas y la gente. Los ciudadanos-usuarios no solo son receptores de mensajes, sino que se han convertido en emisores, creadores de contenido y hasta activos de influencia en sus círculos. En este contexto, hay que entender la campaña como un espacio de construcción en el que intervienen estos nuevos agentes que son los seguidores y votantes potenciales. De ahí que, hoy día, resulta cada vez más difícil pensar en modo campaña centralizada, ya que contamos con usuarios autónomos, espontáneos y, en ocasiones, hasta creativos.

Esta nueva dinámica, que favorece la conversación y movilización, supone una ventaja para nuestra campaña si somos capaces aprovechar el aporte de los usuarios. En esta línea, tenemos un caso reciente de una campaña descentralizada gracias al poder movilizador de internet. Se trata de Eric Zemmour, controvertido personaje y posible candidato a las elecciones presidenciales francesas de 2022. Al día de hoy no ha confirmado su candidatura pero, gracias a un movimiento organizado y promovido por sus seguidores, Génération Z, la expectación en torno a su figura y al próximo tablero electoral es máxima, y se ha convertido en un actor omnipresente en la cobertura mediática del país.

6. Las redes sociales, más allá la campaña

Las redes sociales son plataformas que permiten al candidato o líder político relacionarse con sus seguidores, simpatizantes y potenciales votantes. Al no haber intermediación alguna, el político puede encajar el mensaje que quiere y como quiere: tiene el control absoluto en la emisión. Sin embargo, para que el mensaje tenga el efecto deseado, tiene que haber una conexión con los seguidores para que estos lo identifiquen como una fuente creíble y cercana. Para ello, es necesario alimentar de forma paulatina las redes con contenido bien trabajado e interactuar con los seguidores para ir construyendo una relación.

En ocasiones, los candidatos dejan ver de manera explícita que solo entienden las redes como mero instrumento electoral, en lugar de considerarlas como una vía para seguir construyendo su liderazgo. Resulta una práctica muy común abrir un perfil en un medio social justo antes de unos comicios y que, una vez transcurridos, este perfil se cierre o se mantenga en el olvido. Este tipo de acciones restan credibilidad y los usuarios lo interpretan como una práctica oportunista. Un ejemplo de ello es Nicolas Sarkozy, cuando en 2012 decidió reabrir su perfil de Twitter justo unas horas antes de anunciar su candidatura a la relección presidencial en una entrevista televisiva.

7. La necesidad de una profesionalización de las redes

En el contexto de las democracias mediáticas, los políticos se han ido adaptando de manera continua a la lógica mediática con el fin de asegurarse un hueco en una cada vez más competitiva esfera mediática; esfera donde intentan convivir más canales de comunicación en un contexto guiado por la inmediatez, la ubicuidad y un ciclo informativo de veinticuatro horas del día, y donde la atención se vuelve un bien escaso. Hoy día se siguen esforzando en adaptarse al nuevo entorno mediático digital que cambia a un ritmo vertiginoso con el surgimiento de nuevas tecnologías como es el caso de Snapchat, TikTok o Twitch.

Hay que entender que el usuario y potencial votante es un consumidor multipantalla, la mayoría de la información que recibe es para consumo inmediato y hay tal exceso de mensajes que se encuentra en un contexto de saturación informativa, la llamada infoxicación. Además, el usuario no usa internet sólo para la búsqueda de noticias, sino también para la socialización, diversión y entretenimiento. De ahí que la adaptación también tenga que reflejarse a través del lenguaje y modos concretos de expresión de cada plataforma o medio digital, incluso de la creatividad. Por ejemplo, mediante el uso de emoticonos o hashtags.

Y he aquí que resulta aún más necesaria, si cabe, la profesionalización de las redes sociales; no todas las plataformas funcionan del mismo modo y están dirigidas al mismo tipo de usuarios. Un error común es publicar el mismo mensaje y de la misma manera a través de todos los canales sin adaptarlos a la idiosincrasia de cada uno de ellos. Si de lo que se trata es de alimentar una relación, aparentemente más personal, dando respuesta a demandas específicas o dirigiendo mensajes a públicos más concretos, hay que tener en cuenta que cada plataforma tiene su propia arquitectura digital, con protocolos técnicos que influyen en el comportamiento de los usuarios en el espacio virtual: cada plataforma funciona e impulsa diferentes interacciones entre los usuarios, lo que afecta el compromiso (Bosetta, 2018).

8. De la segmentación tradicional al microtargeting

La digitalización ha permitido que seamos más eficientes con nuestros recursos para la gestión de campañas. Gracias al mundo digital es posible afinar más nuestros públicos objetivos o targets y dirigirles un mensaje creado ah hoc para cada uno de los segmentos identificados. De esta manera, se ha alcanzado tal grado de sofisticación que hemos pasado de una segmentación basada en una serie de variables estandarizadas a una microsegmentación de los votantes tan concreta que se llega casi a una búsqueda individualizada.

Esta microsegmentación o microtargeting aprovecha el sistema de recolección de datos de plataformas como Facebook o Twitter para dirigir un mensaje a un perfil de usuario-votante determinado. Se trata, por tanto, de una herramienta clave mediante la cual podemos identificar nichos de votantes. La localización de nichos resulta de suma importancia en el contexto político actual, donde cada vez hay más competitividad, un electorado más fragmentado, más partidos en escena, un voto más volátil que no se rige por el eje izquierda-derecha y la desaparición de gobiernos con mayoría absoluta. Debido a estas dinámicas, unos pocos votos pueden marcar la diferencia en elecciones ajustadas. Las victorias de Trump en Estados Unidos y de Bolsonaro en Brasil son algunos casos recientes donde se ha demostrado la efectividad de esta segmentación minuciosa.

Referencias bibliográficas

Bosetta, M. (2018). The Digital Architectures of Social Media: Comparing Political Campaigning on Facebook, Twitter, Instagram, and Snapchat in the 2016 U.S. Election. Journalism and Mass Communication Quarterly, 95(2), 471-496.

Chadwick, A. (2013). The hybrid media system: Politics and power. Oxford: Oxford University Press.

Farkas, X., y Bene, M. (2021). Images, Politicians, and Social Media: Patterns and Effects of Politicians’ Image-Based Political Communication Strategies on Social Media. International Journal of Press/Politics, 26(1), 129-142.

Garzia, D. (2014). Personalization of politics and electoral change. Basingstoke: Palgrave Macmillan.

Grabe, M. E., y Bucy, E. P. (2009). Image bite politics: News and the visual framing of elections. Nueva York: Oxford University Press.

Rebolledo, M. (2017). La personalización de la política: una propuesta de definición para su estudio sistemático. Revista de Comunicación, (16)2, 147-176.

Reuters Institute for the Study of Journalism (risj). (2021). Digital News Report, 2021https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/sites/default/files/2021-06/Digital_News_Report_2021_FINAL.pdf

Rico, G. (2009). Líderes políticos, opinión pública y comportamiento electoral en España. Madrid: cis.

Veneti, A., Jackson, D., y Lilleker, D. (eds.) (2019). Visual Political Communication. Palgrave Macmillan, Cham.

Marta Rebolledo

Tiene un doble doctorado internacional por la Universidad de Navarra y la Université Paris-Est. Es profesora de Comunicación Política en el Departamento de Comunicación Pública y subdirectora del Máster Ejecutivo en Reputación Corporativa (merc) de la Universidad de Navarra. Ha sido miembro de la dirección del Máster de Comunicación Política y Corporativa (mcpc) de la Universidad de Navarra (unav) en los últimos años. Forma parte de la dirección de la Sección de Investigación de Comunicación Política de la Asociación Internacional de Ciencia Política (ipsa). Sus intereses de investigación incluyen marketing político, campañas electorales, comunicación digital y transparencia y comunicación pública de instituciones.

Marta Rebolledo

Marta Rebolledo

Doble doctorado internacional por la Universidad de Navarra y la Université Paris-Est.

¡Es el mensaje, estúpido!

A mensagem é um dos elementos básicos de uma campanha e, por isso, não é fácil criá-la de forma eficaz. […]

Por: Kike Borba 5 Nov, 2022
Lectura: 13 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

A mensagem é um dos elementos básicos de uma campanha e, por isso, não é fácil criá-la de forma eficaz. Para isso, deve-se escutar o público-alvo, ser coerente e conciso com as ideias que se quer transmitir, e fazer com que se conecte com as necessidades de nossos eleitores.

A mensagem é uma peça fundamental de toda comunicação política. Na verdade, não há política sem mensagem. É a engrenagem que faz o maquinário funcionar. Como se menciona no quarto episódio do podcast En Campaña, a mensagem é a expressão da estratégia política. Uma vez que definimos a estratégia, é hora de materializá-la, e a mensagem é um elemento essencial para levá-la adiante.

Vamos começar por defini-la. O que entendemos por mensagem política? Em uma visão ampla, a mensagem política é o que dizemos, mas também o que fazemos. É discurso e é ação. A agenda é mensagem, as fotografias são mensagem, a vestimenta que usamos é mensagem, os cenários pelos quais passamos são mensagens, inclusive a imagem de nossa organização ou o trato de nossa equipe com os meios de comunicação faz parte da mensagem.

Portanto, para não deixar nada ao acaso e levar adiante uma estratégia de comunicação profissional, a primeira coisa que devemos fazer antes de começar a trabalhar na construção de uma mensagem política é conhecer perfeitamente nosso público: defini-lo, caracterizá-lo, saber tudo o que for possível sobre ele. Nesse sentido, a mensagem política deve ser produto de uma pesquisa profissional. Não há melhor ferramenta para construir uma mensagem potente do que escutar os cidadãos ou eleitores. Escutá-los estando nas ruas, mas também por meio de pesquisas quantitativas, qualitativas (as mais comuns são os grupos focais), monitoramento do diálogo na internet e outras técnicas de pesquisa hoje muito mais acessíveis do que há alguns anos.

Não há melhor ferramenta para construir uma mensagem potente do que escutar os cidadãos ou eleitores.

Os slogans publicitários surgidos da pura criatividade costumam ser becos sem saída. As mensagens devem ser testadas, contrastadas, conhecendo suas implicações e significados diversos para as diferentes audiências. Devem ser entendidas tal como pretendemos, e representar os mesmos significados que queremos transmitir. Porque, como diz Frank Luntz, “o importante não é o que você diz, mas o que as pessoas entendem”. Por exemplo, o termo liberdade, que, em decorrência da pandemia, voltou a estar na moda nos discursos políticos, pode significar para alguns a liberdade de ir e vir com normalidade e sem restrições pelas cidades e, ao mesmo tempo, despertar em outros a ideia relacionada ao neoliberalismo econômico associado a um Estado enxuto em que prevaleça o livre mercado e a privatização dos serviços públicos. O termo de referência é o mesmo (liberdade), mas o significado é diametralmente oposto. Saber como nosso público vai decodificar a mensagem e não perder de vista quem está nos ouvindo é essencial. Conhecer como e quando ativar um ou outro sentido da mensagem faz parte do resultado da pesquisa.

Uma vez que contamos com os resultados da pesquisa, estamos em condições de definir quais serão as mensagens-chave e as submensagens. As mensagens-chave são escassas — duas ou três no máximo — e centram todo o nosso agir, nosso projeto político e a campanha. São mensagens centrais, em torno das quais girará toda a comunicação.

Como exemplo de mensagens-chave podemos recordar Barack Obama apelando à «união de uma nação fragmentada entre “azuis e vermelhos”»; ler no boné do ex-presidente Donald Trump a inscrição com o Make America Great Again ou descobrir o tweet fixado que a presidenta da Comunidade de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, manteve durante a última campanha eleitoral, que dizia: “Liberdade ou comunismo”. Como vemos, mensagens que definem os temas, tons e abordagens em que a campanha será levada adiante.

Mas como essas mensagens-chave podem ser muito gerais para o público, elas devem ser acompanhadas de submensagens elaboradas com o objetivo de explicar ou aprofundar detalhes ou nuances sobre os temas, tornando-os mais interessantes para as diferentes audiências selecionadas. Normalmente, trata-se do mesmo conceito vestido de outra forma. Voltando ao exemplo da campanha de Obama em 2008, as submensagens tratavam de outras fraturas mais específicas do que a mencionada entre democratas e republicanos, para avançar na cisão entre o povo e os políticos de Washington, ou entre os brancos e os afro-americanos. A mensagem principal era de que ele vinha para unir e as submensagens se referiam a quais questões Obama estava vindo para unir.

As mensagens-chave devem ser acompanhadas de submensagens elaboradas com o objetivo de explicar ou aprofundar detalhes ou nuances sobre os temas, tornando-os mais interessantes para as diferentes audiências selecionadas.

Esta definição de mensagens-chave e específicas é tão importante que uma elaboração equivocada da mensagem pode destruir uma liderança e levar qualquer estratégia eleitoral à ruína. Na verdade, uma mensagem equivocada é a principal causa de morte de campanhas fracassadas.

Por isso, devemos parar e pensar naquelas características que nos permitem construir uma mensagem política atrativa, seja para uma campanha eleitoral, seja para uma comunicação governamental. Longe de abordar todas as características (o que exigiria um texto acadêmico exclusivo), listaremos aquelas questões que podem ser mais determinantes, assim como nos deteremos nos erros ou omissões mais comuns.

O primeiro, por ser óbvio, não deve ser ignorado: o objetivo da mensagem política. A mensagem deve se conectar com nossa audiência. Sua finalidade é a persuasão e para isso é necessário estabelecer uma conexão com o cidadão, que permita captar a sua atenção, isolando-o por um momento de outras mensagens que também lutam para se impor. Isso parece óbvio, mas não é. As campanhas eleitorais e a comunicação de governo estão repletas de exemplos com mensagens difusas, enigmáticas, desconexas. Mensagens ineficientes que se perdem em meio à sobrecarga de informações. Por isso é essencial ter uma mensagem única, original, facilmente lembrada e, sobretudo, compreensível para a sua audiência, não apenas para aqueles que a idealizaram. Uma mensagem política que não se conecta com seu público é um verso inútil; é ruído.

É por causa dessa busca por persuasão que a mensagem política deve ser simples. Não – como muitas vezes se acredita – porque nosso público careça de habilidades cognitivas para compreendê-lo, mas porque vivemos em um momento em que a atenção da audiência é um bem escasso. Este conceito, que se enquadra na economia da atenção, nos fala da capacidade limitada que nós humanos temos diante da imensa quantidade de mensagens que recebemos diariamente e em todos os momentos. Por isso, uma mensagem simples, que não requer atenção excessiva, tem mais possibilidades de penetrar em nosso público. Mas, atenção, tampouco se deve confundir simplicidade com falta de conteúdo. A mensagem simples, longe de ser vazia, deve sintetizar em sujeito, verbo e predicado uma grande ideia, transformando-a em conceitos próximos e de fácil digestão para o receptor. Na comunicação política atual, devemos entender que não estamos em um concurso de inteligência nem devemos demonstrar nossos conhecimentos técnicos elaborados; temos de conseguir que os cidadãos nos entendam, seja para nos escolher entre nossos adversários, seja para apoiar nossas medidas de governo.

A mensagem política deve ser simples. […] vivemos em um momento em que a atenção da audiência é um bem escasso.

Como vemos, uma parte da mensagem é transformada e traduzida em palavras. A mensagem também é discurso: é o que diz um líder político ou um candidato. A palavra, nesse sentido, tem um protagonismo especial na construção da mensagem. Uma seleção cuidadosa de uns termos por outros pode mudar radicalmente nossa mensagem. Da mesma forma, as entonações e as ênfases fazem com que um discurso emocione ou caia no esquecimento. Deixar este aspecto para as habilidades inatas de um dirigente é não aproveitar o potencial do discurso e das capacidades do emissor político. Uma boa narrativa com recursos estilísticos e símbolos que encapsulem muito significado em pouco espaço é um elemento enriquecedor que leva nossa mensagem a um novo patamar.

Por outro lado, a mensagem deve ser coerente. Coerente com o líder, com a campanha ou com a corporação que a enuncia. Coerente com seus ideais e com os valores que historicamente defende. Vimos como a perda de coerência enterra os partidos de centro quando se inclinam para um lado; os partidos locais quando se concentram em temas nacionais; ou os líderes que hoje dizem uma coisa e pouco depois dizem o contrário. A coerência, um ingrediente essencial na construção da confiança, deve ser constante, permanente e resistir a qualquer hemeroteca.

Mas a mensagem política é mais do que palavras em um pedaço de papel ou um tweetA mensagem são os cenários e as atitudes. “A foto de Colombo” [“La foto de Colón”], em que três líderes espanhóis – de partidos de direita, centro-direita e centro – se fotografaram juntos em protesto contra o Governo, foi uma mensagem tão potente que acabou legitimando um Vox incipiente e mergulhando o «liberal» Albert Rivera, líder do Ciudadanos, em uma profunda crise. Este é um grande exemplo que evidencia como a agenda, as pessoas com quem nos reunimos e os espaços que visitamos são parte da mensagem política.

A comunicação política moderna nos obriga a pensar nas diversas audiências que devemos impactar com nossa mensagem.

Isso, que parece efêmero, fica evidente quando pensamos na foto que todos os líderes buscam na Casa Branca. Estar no Salão Oval, ao lado do presidente dos Estados Unidos, é um símbolo e tanto. Um cenário e uma ação que transcende as palavras e adquire muito mais sentido em um momento em que o visual prevalece sobre o escrito, nas redes sociais e nas mídias tradicionais.

Isso nos leva ao fato de que a mensagem política deve ser visual. Toda mensagem poderosa deve ser concebida e enunciada em imagens. A fotografia de George W. Bush com um alto-falante, de pé sobre os escombros das Torres Gêmeas logo após o ataque de 11 de setembro e cercado por bombeiros e policiais é, por exemplo, a mensagem antecipatória que ilustrou a subsequente incursão no Iraque e no Afeganistão.

Mas não se deve pensar na mensagem visual só como uma fotografia, senão que o próprio discurso poderá apelar para imagens que sejam facilmente decodificadas e ilustradas visualmente na imaginação de nossos públicos. Públicos que uma boa mensagem deve segmentar.

A comunicação política moderna nos obriga a pensar das diversas audiências que devemos impactar com nossa mensagem. No início do marketing político, a diversificação da mensagem era um pecado. Anos depois, se começou a dividir as audiências por idades, segmentos socioeconômicos, gênero e talvez por população. A comunicação atual nos obriga a pensar em um sem-fim de segmentos específicos que complexificam as antigas mensagens padrão. Esta diversificação da mensagem nos obriga a dizer a mesma coisa, mas de diferentes formas; em diferentes formatos – texto, vídeo, meme, gift, etc.; e em diversos canais – mídias tradicionais, redes sociais, novas mídias, etc.

Um aspecto interessante da mensagem política é que o resultado não é completamente próprio. Nós podemos construí-la perfeitamente, mas a decodificação é feita pelo outro e nesse processo de decodificação não importa tanto o que queremos contar, senão o que o outro quer ouvir. Por isso, a mensagem política deve contemplar o estudo do chamado metro quadrado do eleitor ou do cidadão. Aquele espaço pessoal onde estão localizados os problemas reais e cotidianos das pessoas. Se queremos que nossa mensagem seja persuasiva, então falemos de algo que a audiência quer escutar. Se a mensagem política trata sobre faixas para bicicletas (ciclovias) e a preocupação cidadã trata sobre insegurança, deveremos adaptar nossa mensagem para que nossa proposta seja vista como uma solução para os problemas de insegurança ou, do contrário, não conseguiremos nos conectar com esse segmento.

Chegados a este ponto, seria bom não focarmos na mensagem como um simples discurso ou como uma concatenação racional de palavras, mas no que elas significam e simbolizam para os públicos que as escutam. O que sentem e quais valores os mobilizam. Há algum tempo, o ator e produtor estadunidense Warren Beatty mencionava sobre as artes cênicas que “as pessoas se esquecem do que você diz, mas lembram de como você as fez sentir”. Essa mesma avaliação pode ser trasladada à mensagem política, em que as palavras de um discurso podem ser esquecidas, mas o rastro do que sentimos ao ouvi-lo permanece no tempo.

Em suma, a mensagem política deve identificar um objetivo; deve ser produto de uma pesquisa bem pensada em que se definam os públicos. Requer uma elaboração que diferencie entre mensagens-chave e mensagens segmentadas por audiências. Necessita ser pensada como um grande conjunto de ações e cenários. A mensagem política é muito mais do que palavras, embora estas sejam fundamentais. A mensagem política deve ser visual e emocional. Deve despertar sentimentos e mover a fibra dos públicos que são escolhidos.

Deve ser simples, sintética e com uma linguagem clara. Tudo isso para vencer a batalha na economia da atenção e poder ser persuasiva, provocando, mais cedo ou mais tarde, uma ação: que votem em nós.

Kike Borba Licenciado em Comunicação Social, mestre em Consultoria Política pela Universidade Pontifícia de Salamanca. Doutorando pela Universidade de Navarra. Especialista em gestão da reputação, assuntos públicos e gestão de crises tanto para o setor público quanto para o setor privado. Colaborou com organizações públicas e privadas da Alemanha, Argentina, Áustria, Canadá, Colômbia, Espanha, Estados Unidos, México, Nicarágua, Paraguai, República Dominicana e Uruguai. É convidado regular em cursos de graduação e pós-graduação nas universidades Católica (Argentina), De la Sabana (Colômbia), Camilo José Cela (Espanha), National Democratic Institute (NDI) e Fundação Konrad Adenauer no México.

Kike Borba

Kike Borba

Licenciado em Comunicação Social, mestre em Consultoria Política pela Universidade Pontifícia de Salamanca.

¿Encuestas? Sí, gracias

Dirigir una campaña sin encuestas sería como dejar que el azar decida las elecciones, particularmente, en una época en que […]

Por: Verónica Crespo Val 5 Nov, 2022
Lectura: 16 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Dirigir una campaña sin encuestas sería como dejar que el azar decida las elecciones, particularmente, en una época en que los datos se han convertido en guía necesaria de todas las decisiones. Pero para poder utilizar encuestas hay que comprender cómo funcionan, qué tipos y cómo diseñarlas.

Lo siento por los gurús. La fórmula mágica para alcanzar el éxito de las campañas electorales ya no emana de su intuición. La realidad es menos asombrosa; es pragmática y mundana. La base de una campaña efectiva, la alineación de tácticas, mensajes, canales y medios para llegar al público, es el resultado de un preciso trabajo de investigación; un estudio objetivo y sustentado en una base científica que cimente la estructura de forma robusta. Por eso, aventurarnos a emprender una campaña política sin armar un diagnóstico adecuado es como construir un edificio sobre barro.

La investigación exploratoria del entorno general, el momento político, el ambiente social, los adversarios, el propio partido… permiten conocer el mercado electoral, las bases y los techos de votantes del partido y aquellos indecisos a los que una campaña puede incorporar. Lo explica la catedrática María José Canel (2021) en el primer episodio del pódcast En Campaña sobre investigación electoral:

La investigación electoral se hace para encontrar al votante. Un gestor de campaña necesita saber dónde está su voto […] y para eso hay que tener en cuenta el estado del mercado del voto cuando se convocan unas elecciones.

En este punto, el dato es el valor más cotizado. Como oro sin pulir, los datos precisan de procesamiento, análisis y reflexión para interpretarlos y convertirlos en conocimiento útil sobre el que armonizar una estrategia. Como dice Gutiérrez-Rubí, «comprender es gobernar».

Las estrategias siembran el antecedente desde el cual se tomarán las decisiones tácticas y operativas de la campaña. Antes del envío de una nota de prensa o de la celebración de un mitin electoral es conveniente trazar un camino que parta del dato y concluya en el voto. Es un plan armonizado en distintas fases cuyo paso inicial será la recopilación de información estratégica sobre la que determinar los objetivos de la campaña. ¿Ganar las elecciones? ¿Posicionar a un candidato? ¿Evitar un sorpasso? ¿Liderar la oposición? El análisis del contexto ofrecerá pistas para responder a estas preguntas y permitirá priorizar canales, mensajes, asuntos y zonas geográficas para alcanzar al público objetivo.

La digitalización ha facilitado y acelerado la recopilación de datos a gran escala. Tal es así que se habla del paradigma del dataísmo (Pérez, 2020). El big data ha dejado de constituir un recurso exclusivo de perfiles técnicos para traspasar fronteras y permear los estudios sociológicos. Este ha sido el motivo por el cual a los equipos de campaña se han sumado estadísticos y matemáticos que trabajan con politólogos, sociólogos y periodistas. Las plantillas multidisciplinares y la tecnología han ampliado las capacidades de medición para diseñar productos políticos más acordes con las necesidades e intereses de la ciudadanía. A pesar de que los estudios demoscópicos son habitualmente realizados por empresas especializadas —que ofrecen sus servicios a instituciones, partidos políticos y medios de comunicación—, la propia formación política tendrá que ser capaz de interpretar y usar en su beneficio esa información.

Un método científico para estudiar la realidad social

La investigación política electoral dispone de herramientas cuantitativas y cualitativas que, aplicando la triangulación —el uso complementario de técnicas para contrastar y enriquecer los resultados— ofrecerán un diagnóstico para entender bien a la sociedad y proponer políticas que respondan a las aspiraciones e inquietudes de esta. Estos métodos de investigación social, cada vez más, están obligados a adaptarse a una sociedad líquida —como la bautizó el sociólogo Zygmunt Bauman— y a perfeccionarse en sus instrumentos de recolección de datos.

El método más usado para evaluar la opinión pública es la encuesta, que ha sido afinada teórica y metodológicamente desde que comenzó a ser utilizada de forma sistemática y exitosa en el periodo de entreguerras del siglo xx por Lazarsfeld y Gallup.

Encuestas: muestreo, márgenes de error y principales características

Durante décadas, las encuestas han sido el procedimiento estrella en las democracias para tomar la temperatura de la opinión pública. Una encuesta es una foto fija que ofrece información sobre características objetivas y subjetivas de la población, y sirve para saber lo que la gente hace y piensa; es decir, refleja comportamientos y opiniones en un momento determinado. Como técnica de investigación, sigue un procedimiento sistematizado marcado por una serie de normas para su correcta ejecución. Solo así, los resultados obtenidos de la muestra —número reducido de personas que van a someterse a la encuesta— podrán ser inferidos —extrapolados, generalizados— al total de la población.

Es imprescindible que, para presentar conclusiones sobre una población —por ejemplo, la totalidad de los individuos con derecho a voto en unas elecciones determinadas—, que las muestras sean representativas, tanto en número como en composición. Para ello, se aplican fórmulas que calculan el tamaño de la muestra en función del número de individuos que componen el total de la población. Calcular de manera adecuada la muestra sobre la que se debe realizar el estudio es la fase más importante de la investigación. Si no representa todas las zonas geográficas, grupos de población, edades, sexos, profesiones, etcétera, los resultados de la encuesta no serán válidos. Y en esa tarea, el método de selección de los participantes del sondeo tiene que ser probabilístico: todos los miembros de la población tienen, en principio, la misma probabilidad de resultar elegidos para ser entrevistados.

Aun así, los resultados de una encuesta nunca serán exactos al aplicarla a un grupo reducido de sujetos. Lo idóneo sería tener la capacidad de preguntar al total de la población, tarea imposible en la actualidad con los medios tecnológicos y recursos de los que disponen las compañías demoscópicas. Por eso, todas las encuestas están obligadas a asumir un margen de error, un dato estadístico que habla de la fiabilidad del estudio en términos porcentuales.

Para entenderlo con un ejemplo, pensemos en los resultados de una hipotética encuesta electoral: el Partido Liberal obtiene el 49,5 % del apoyo entre los votantes encuestados mientras que el Partido Conservador logra el 50,5 %. Si nuestra encuesta tiene un margen de error del 2 %, el Partido Liberal podría obtener un resultado que oscilara entre el 47,5 % y el 51,5 %; mientras que el Partido Conservador estaría entre el 48,5 y 52,5 %. En esta encuesta estaríamos obligados a hablar de un empate técnico; la estadística nos impediría dar como ganador al Partido Conservador.

Este ejemplo sirve para ilustrar uno de los principales hándicaps a los que se enfrenta la demoscopia en la actualidad. El fervor mediático se aventura en demasiadas ocasiones a titulares espectaculares cuando los datos hablan en otros términos. Ocurrió en las elecciones de 2016 en España con el debatido sorpasso de Podemos al psoe, o en los comicios de 2019 en Argentina, entre Mauricio Macri y Alberto Fernández.

Esta puntualización no pretende transmitir desconfianza ni deslegitimar la utilidad de la herramienta, pero sí recuerda las características y limitaciones de este método científico. El error medio de las encuestas electorales a lo largo de la historia fue calculado por los investigadores Jennings y Wlezien (2018) y se sitúa en el 2 %, un dato que obtuvieron tras realizar un análisis de más de 30.000 sondeos en 351 elecciones generales de 45 países entre los años 1942 y 2017. Este dato contrastado revalida el uso de la encuesta científica como método para predecir el comportamiento electoral.

Aquellos investigadores que ansíen reducir este parámetro pueden conseguirlo ampliando la muestra sobre la que aplican la encuesta.

Cuanto mayor sea la muestra, menor será el error, y viceversa. Aunque llega un momento en el cual el aumento de la muestra no implica la disminución del error en la misma proporción, con lo cual no compensa seguir ampliándola. (Vinuesa, 2010)

El diseño de la encuesta presenta una segunda fase crítica donde las decisiones que se tomen tendrán consecuencias en el resultado final. Se trata de la elaboración de los cuestionarios, el conjunto de preguntas que se aplica a cada uno de los sujetos entrevistados. Una redacción clara, textos cortos, eliminación de tecnicismos, evitar preguntas que sesguen la investigación, términos con carga negativa o dobles sentidos son ítems para no dirigir al encuestado en su respuesta.

Este cuestionario se realizará, principalmente:

Vía telefónica: son encuestas más económicas que, en los últimos años, han incorporado bases de datos de teléfonos móviles, reduciendo el sesgo.

Cara a cara: son las más costosas en términos económicos, pero pueden dilatarse más en el tiempo y profundizar en las respuestas.

Digitales: se han popularizado con el avance de la digitalización, pero este método de sondeo todavía presenta un sesgo. Por mencionar algunos casos, en Perú el 29,7 % de la población no tiene acceso a internet, una cifra que se sitúa en el 36 % en República Dominicana.

Estas entrevistas se realizan en el contexto de la vida cotidiana, y los encuestados tienen la libertad de responder, no responder, decir la verdad o mentir. De nuevo se presenta otro factor que habla de la inexactitud de las encuestas y que debe tomarse en cuenta a la hora de presentar conclusiones.

En todo caso, la encuesta es una foto fija de un escenario momentáneo que requerirá:

Corregir posibles desviaciones (la polémica cocina de las encuestas).

Replicar la misma encuesta de forma periódica para descubrir tendencias. Si las encuestas reflejan el estado de opinión de un momento determinado, para conocer la evolución de los resultados se aplica el mismo cuestionario a una nueva encuesta. Son habituales las encuestas de seguimiento trimestral o mensual en año electoral, incluso los trackings cada tres días durante el último mes de la campaña. Aplicar la prospectiva amplía la capacidad de observar la realidad social, permite establecer relaciones causales y explicar fenómenos.

La triangulación con otros métodos de investigación cualitativos que permitan ampliar el conocimiento de las lógicas del votante. Para los partidos políticos, compaginar metodologías puede explicar el porqué del voto y las motivaciones del votante. En el caso de las encuestas que tienen como fin su publicación en medios de comunicación, la triangulación metodológica hará más consistentes los resultados y facilitará la explicación de cambios de tendencia.

En la planificación de la campaña, los datos de la encuesta y sus réplicas se integran en el diagnóstico junto a otros resultados de investigación para complementar la estrategia electoral —planteamiento explicado al inicio del capítulo—. Para conseguir información complementaria que pueda servir para elaborar el cuestionario de la encuesta, o explicar los resultados de esta una vez ejecutada, es importante contar con otras fuentes como los institutos públicos de investigación o el Centro de Investigaciones Sociológicas (cis) español, que llevan décadas recopilando datos de una variedad asombrosa de temáticas, y que aparecen en abierto en su página web.

Para profundizar en casos de buena praxis que complementen los resultados de las encuestas, los estudios demoscópicos tradicionales se combinan cada vez más con nuevas herramientas de escucha social, que aportan información sobre cuándo, por qué y cómo el votante decide su voto. Por un lado, se encuentra el seguimiento de medios digitales que hace posible, por ejemplo, la detección de debates en tiempo real para recomponer a tiempo un argumentario, especialmente en un contexto de agitación social y cambio permanente. La inmediatez con la que es posible recopilar esos datos y la capacidad para procesarlos y convertirlos en conocimiento tangible presagia la relevancia que en los próximos años adquirirán estas técnicas digitales. Además, mientras las encuestas reflejan opiniones, que pueden ser ciertas o no, el análisis de la huella digital de los usuarios establece patrones de comportamiento. Por otro lado, se incluye en este punto la psicología social, que aportará claves a los estudios electorales acerca de cómo se produce el procesamiento de la información o el papel que juegan las emociones.

El crack de las encuestas en una sociedad cambiante

El sistema político se ha transformado en la última década. La estabilidad de tradiciones bipartidistas se rompió en un contexto de crispación que afectó a muchos Estados a partir de 2010. Movimientos de protesta como la Primavera Árabe, Occupy Wall Street, YoSoy123, el 15M o las protestas estudiantiles de Chile fueron el germen del surgimiento de nuevos partidos políticos.

El aumento de opciones políticas en un contexto general de incertidumbre provocó un comportamiento anómalo del sistema electoral, que afectó en la capacidad de las encuestas para predecir el futuro. Trump, el brexit, el proceso de paz en Colombia o las elecciones de Israel en 2015 son páginas negras en la historia de la demoscopia. Ante este escenario, pronto comenzó el debate sobre la efectividad del método, lo que obligó a las empresas demoscópicas a repensar sus metodologías. Surgen varios aprendizajes que las firmas han interiorizado en sus dinámicas de trabajo para afinar su tarea: mejorar el análisis de un contexto que se encuentra en continua transformación, ampliar el tamaño de sus muestras, cruzar sus datos con otras fuentes y repensar el peso que se le da al recuerdo de voto, entre otros factores.

Lejos de considerar las encuestas como un método de investigación social caduco, estas constituyen una herramienta insustituible, probada y contrastada, para conocer la realidad. Su optimización, el uso de tecnología, la especialización de profesionales y la predisposición del público para responder son factores que denotan un futuro prometedor.

Prueba de ello es la expectativa que generan para partidos políticos, medios de comunicación y ciudadanos. Tal ha sido su explotación y la atención mediática que reciben que el célebre teórico de la democracia Giovanni Sartori introdujo el concepto de sondeocracia para alertar de las decisiones políticas basadas en el dato de la última encuesta. Amantes o detractores del método, el fenómeno de las encuestas ha sido estudiado por las implicaciones que sus resultados pueden generar en el clima de opinión para orientar el voto y los marcos mentales de la ciudadanía.

Lo que dicen las encuestas se incorpora al ideario colectivo, que actúa en consecuencia. ¿Pueden las encuestas incentivar el voto o estimular a la abstención? ¿Tienen ellas mismas en cuenta el efecto que puede generar la publicación de sus revelaciones? Para el cis (2016), en poco más del diez por ciento de los encuestados tuvo alguna influencia el conocimiento de los resultados de sondeos preelectorales. ¿Tienen las compañías demoscópicas capacidad para desequilibrar las elecciones en un panorama en el que se deciden gobiernos por mayorías mínimas? Para el presidente de gad3, Narciso Michavila, «no hay más mentira en democracia que mentir en nombre de los electores» (Insights Analytics España, 2021). El respeto, la integridad y la credibilidad a largo plazo son principios que deben caracterizar a los profesionales de la demoscopia. Al fin y al cabo, atesoran uno de los valores de la democracia: escuchar lo que la gente piensa.

Bibliografía

Canel, M. J. (2021). Investigación electoral. Serie «En Campaña», n.º 1 [pódcast]. Diálogo Político y mas Consultinghttps://redaccion.dialogopolitico.org/podcast/en-campana/investigacion-electoral/

Centro de Investigaciones Sociológicas (cis). (2016). Postelectoral Elecciones Generales 2016Estudio n.º 3154. http://www.cis.es/cis/export/sites/default/-Archivos/Marginales/3140_3159/3145/es3145mar.pdf

Gutierrez Rubí, A. (2021, mayo 6). Nueva demoscopia para comprender lo complejo. https://www.gutierrez-rubi.es/2021/05/06/nueva-demoscopia-para-comprender-lo-complejo

Insights Analytics España. (2021, junio 28). Jornada Insights Analytics España «La prospectiva electoral. Metodología y fiabilidad». https://www.youtube.com/watch?v=nqA6YEjCeIk&ab_channel=InsightsAnalyticsEspa %C3 %B1a

Instituto Nacional de Estadística e Informática (inei). (2020). Estadísticas de las Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares, n.º 04, diciembre 2020. https://www.inei.gob.pe/media/MenuRecursivo/boletines/04-informe-tecnico-tic-iii-trimestre2020.pdf

Jennings, W., y Wlezien, C. (2018). Election polling errors across time and space. Nat Hum Behav, 2, 276-283. doi: https://doi.org/10.1038/s41562-018-0315-6

Pérez, R. M. (2020). El «dataísmo» como fundamento de la publicidad digital personalizada. Ciencia y Sociedad, 45(4), 107-118. ISSN-e 2613-8751.

Vinuesa, L. (2010). Encuestas. En M. R. Berganza y J. A. Ruiz (eds.), Investigar en comunicación: guía práctica de métodos y técnicas de investigación social en Comunicación (pp. 177-204). Madrid: Mc Graw Hill Interamericana.

we are social. (2019). Digital 2019: Global Internet Use Accelerates. https://wearesocial.com/uk/blog/2019/01/digital-in-2019-global-internet-use-accelerates/

Verónica Crespo Val

Periodista y doctora en Comunicación. Es también doctora por la Universidad ceu San Pablo, con una tesis sobre las estrategias de comunicación implementadas por grupos de presión en el lobby alimentario. Máster en Marketing y Comunicación Corporativa por la Universidad San Jorge. Máster en Política y Democracia por la uned. Postgrado en Dirección de Asuntos Públicos por icade-Universidad de Comillas con mas Consulting. Responsable de Comunicación en el Ayuntamiento de Calatayud. Profesora de Comunicación en la Universidad Internacional de La Rioja. Dirige La Revista de acop.

Liderazgo en tiempos de desconfianza

A pesar de que los políticos, sus partidos y las instituciones en las que trabajan cada vez generan menos confianza […]

Por: Ignacio Martín Granados 5 Nov, 2022
Lectura: 17 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

A pesar de que los políticos, sus partidos y las instituciones en las que trabajan cada vez generan menos confianza en los ciudadanos, aún se les puede convertir en líderes si se hace un buen uso de la estrategia política marcada por las diez claves mencionadas en este capítulo.

Warren Bennis, considerado como uno de los pioneros y mayores expertos en el estudio del liderazgo, asesor de cuatro presidentes de los Estados Unidos, nos dejó una de las mejores frases sobre la materia que abordamos en este libro: «El liderazgo es como la belleza, difícil de definir pero fácil de reconocer si uno lo ve» (Bennis, 1990). De hecho, si buscamos en Google los términos liderazgo político encontraremos casi 40 millones de resultados (412.000 artículos académicos), y esto solo en español.

Este asunto siempre ha dado mucho de qué hablar, no solo investigado en el ámbito académico, sino en la propia consultoría —construyendo líderes— y entre los medios de comunicación —analizando sus características—, y es uno de los atributos por excelencia para todo candidato político.

Si afirmamos —y creo hablar por toda la comunidad de profesionales de la comunicación política— que los líderes no nacen, sino que se hacen, también podemos inferir que el liderazgo político no solo es un proceso, sino también una serie de atributos que atesora un político determinado que consigue o pierde en función de los avatares de la política.

Por otra parte, la política tiene mucho de religión (confiamos en un líder y creemos en su palabra, siguiéndolo y justificándolo frente a otros candidatos) y, como en toda doctrina, nos encontramos con los mitos, relatos y ficciones que contribuyen a engrandecer el liderazgo de un político. Por ese motivo, Bennis y Goldsmith (1997), en uno de los trabajos más interesantes sobre el tema, analizan lo que consideran mitos sobre el liderazgo.

Como, por ejemplo, que el liderazgo es una habilidad natural, cuestión que contribuye a hacer del líder un ser supremo, un atributo que pocos pueden tener. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Todos tenemos potencial de liderazgo. Unas personas pueden ser líderes en una organización en circunstancias determinadas, y en otras, no.

Otro ejemplo: los líderes nacen, no se hacen. Es una idealización en la línea del anterior, pero muchas investigaciones demuestran que, en determinadas condiciones, se convierten en líderes personas que no se habían identificado como tales hasta ese momento. La mayor parte de las capacidades y competencias del liderazgo pueden ser aprendidas si existen los deseos y la voluntad de hacerlo —supliendo la ausencia de determinadas cualidades naturales—.

O que los líderes son carismáticos, cosa que, como sabemos, algunos sí y otros no tanto. El carisma es más el resultado de un liderazgo efectivo que a la inversa. Otro mito, de marcado corte elitista, es aquel de que los líderes existen solo en los niveles altos de una organización, cuando se pueden encontrar en cualquier nivel (y, de hecho, cada uno de ellos suele tener sus propios microliderazgos).

Podemos señalar más mitos, como que los líderes controlan, mandan, manipulan a otros; que son infalibles; nunca se equivocan; siempre tienen las respuestas correctas o que, simplemente, el liderazgo viene con la edad.

Para ejercer el liderazgo político debemos conocer el contexto social en el que lo debemos desarrollar, cuál es el humor político del electorado, qué necesidades reclama la sociedad para el momento en el que se celebran las elecciones.

Actualmente, tanto en Europa como en América Latina, la clase política y las instituciones relacionadas con esta no atraviesan su mejor momento. Y eso es un inconveniente, porque si quienes deben solucionar las dificultades de los ciudadanos son vistos como parte del problema y no la solución, lo que se pone en duda es la propia existencia de la democracia.

Según las conclusiones del último Eurobarómetro elaborado por la Comisión Europea y publicado en el mes de abril (Eurobarometer, 2021), el 90 % de los españoles desconfían de las formaciones políticas, un nivel muy elevado si se compara con el 75 % que arroja el conjunto de los europeos. Después de los partidos políticos, las instituciones que generan mayor grado de desconfianza son el Congreso de los Diputados y el Gobierno de España, de los que alrededor de un 75 % de ciudadanos afirman desconfiar.

A nivel europeo, los partidos políticos son también los más castigados en la calificación: solo un 21 % dicen confiar, frente a un 75 % que desconfían. En los Parlamentos, un 60 % de ciudadanos desconfían, respecto al 35 %, y en cuanto a los gobiernos, un 60 % confían, frente a un 36 %.

Los medios de comunicación tampoco se libran del cuestionamiento de la opinión pública, también en niveles más elevados que la media europea. De manera general, la visión de los españoles es «claramente de desconfianza mayoritaria» y, constata el informe, el 83 % afirman que suelen encontrar en los medios noticias falsas, reflejando que, para el 85 %, la desinformación es un problema para España y para la democracia (86 %).

Si miramos a América Latina tampoco encontramos signos para la esperanza. Según el último Latinobarómetro, publicado en octubre de 2021 pero correspondiente a 2020, «América Latina es la región del mundo más desconfiada de la tierra, comparada con África, Asia y los países árabes» (Corporación Latinobarómetro, 2021).

En promedio, la Iglesia está en primer lugar con el 61 %; le siguen las fuerzas armadas con el 44 %, la institución del Estado con la mayor confianza. A continuación, está la policía con un 36 % y después el presidente con un 32 %. Las instituciones electorales en cada país se sitúan en quinto lugar con un 31 %. Las otras cuatro instituciones más importantes para la democracia están al final de la lista: Gobierno (27 %), Poder Judicial (25 %), Parlamento (20 %) y partidos políticos (13 %).

La confianza en los presidentes de la región, que de por sí es baja, tiende a reducirse desde el 47 % de 2006 al 32 % de 2020, cifra que ya había alcanzado también en 2004.

Pero, como sucede en Europa, las instituciones peor evaluadas de las democracias latinoamericanas son los partidos políticos. Desde 2010 en adelante disminuyeron de 40 % a 29 % los ciudadanos que se sienten «cerca» de un partido político.

A este panorama de desconfianza, o quizás debido a él, debemos añadirle que nos encontramos en lo que algunos denominan entorno vuca, acrónimo de volatilidad, incertidumbre (uncertainty, en inglés), complejidad y ambigüedad. Es decir, elementos que contribuyen a recelar de las instituciones políticas y nos dan la razón a la hora de afirmar que las características para un liderazgo político efectivo deben ser diferentes a las de otros contextos políticos, sociales y económicos.

Diez claves para construir un líder político

En su trabajo durante cinco décadas con líderes de diferentes tipos de organizaciones, Peter Drucker (1999) —tal y como venimos defendiendo a lo largo de este artículo— llegó a la conclusión de que no existen nociones como una personalidad de líder o los rasgos y las características de líder. Señala que, entre los líderes más eficaces que ha conocido y con los que ha trabajado, algunos se encierran en su oficina y otros son demasiado gregarios; otros, no muchos, son buenos tipos y otros son rígidos y autoritarios. Algunos impulsivos y rápidos, otros estudian la situación y se toman siglos para llegar a una decisión. Algunos son cálidos, otros distantes, algunos vanidosos, otros retraídos y modestos. Algunos tienen el don de saber escuchar, mientras que otros son lobos solitarios que no escuchan más que su propia voz.

Es decir, no existe una fórmula del éxito. Por tanto, las claves que a continuación se proponen no dejan de ser una visión personal basada en la propia experiencia y en el contexto actual. Seguro que existen otras, por supuesto, ya que, como indicamos al principio, el liderazgo es un proceso que siempre debe ser mejorado. Ser consciente de ello es otra señal de liderazgo.

1. Déjate asesorar

Resulta curioso que la primera recomendación para algo aparentemente tan individual como el liderazgo sea, precisamente, la de saberse rodear y dejarse aconsejar. Rodearse de un equipo de personas que sean mejores que tú es fundamental porque te ayudarán a crecer políticamente. Liderar es acompañar, es organizar personas y equipos favoreciendo el talento y la motivación. Sé tu primer crítico y recaba la opinión de tus asesores, valora otros puntos de vista, no caigas en la autocomplacencia ni cometas el error de pensar que pedir consejo es signo de debilidad, sino todo lo contrario. Actualmente la política aborda muchos campos y, cual director de orquesta, el papel del líder es conseguir que todos los solistas (especialistas en sus áreas) brillen para que la sinfonía (tu mensaje) suene lo mejor posible. Como afirmaba Tom Peters, escritor especialista en gestión empresarial, «los líderes que trabajan más efectivamente, nunca dicen yo. Ellos no piensan yo. Ellos piensan nosotros y piensan equipo».

2. Adopta un comportamiento ejemplar para generar confianza

Ya lo decía Dwight Eisenhower, el 34.º presidente de Estados Unidos, «la cualidad suprema del liderazgo es la integridad». Máxime en un contexto de gran desconfianza hacia los políticos, los partidos y las instituciones políticas. Sin ejemplaridad no hay credibilidad, sin ella no hay confianza y si no confían en ti no te votan.

Ser ejemplar es tener un comportamiento capaz de despertar admiración y de querer ser imitado. Hoy en día la habilidad estética, retórica o gestual, aun siendo importantes, no son elementos clave, sino que es la ejemplaridad del comportamiento individual lo que se convierte en la prueba definitiva de la credibilidad del político.

Un ejemplo de ello lo tenemos en Ángela Merkel, la excanciller alemana que, tras 16 años de mandato, ha mantenido intacta su popularidad. Según una encuesta del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ecfr, por sus siglas en inglés), entre 16.000 ciudadanos de 12 países, el 41 % se decantarían por Merkel frente a Macron (14 %) en unas hipotéticas elecciones a presidente de la Unión Europea.

3. Activa los sentidos

Escuchar en lugar de oír; tener tacto para sentir lo que preocupa a los ciudadanos; olfato político para medir los tiempos; y observar para generar planes de actuación es tener activos los sentidos. Los ciudadanos buscan políticos que los representen, en los que se sientan identificados. Que sepan leer correctamente las señales que les envían, que empatice con sus problemas y se muestre comprensivo y cercano.

Fíjese en Emmanuel Macron, que supo leer perfectamente la coyuntura hacia la que se encaminaba Francia: no quiso participar en las primarias del Partido Socialista (que obtuvo el peor resultado de su historia), sino que creó un movimiento nuevo en torno a su persona, huyendo de los cuestionados partidos políticos tradicionales y conectando con las preocupaciones de los franceses.

Ya lo decía Séneca: «Cuando un hombre no sabe hacia dónde navega, ningún viento le es favorable».

4. Ejerce un liderazgo emocional

John Quincy Adams, sexto presidente de los Estados Unidos, dijo que «si tus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, hacer más y ser más, eres un líder».

Un líder no solo dirige, sino que también ha de servir de ejemplo e inspiración. Las emociones afectan nuestra manera de ver y pensar el mundo, influyen en la atención, en la memoria y en el razonamiento lógico.

Los liderazgos que únicamente se basan en la razón son ya insuficientes. El concepto de inteligencia emocional ha llegado a la política y los políticos, cada vez más, se preocupan por gestionar mejor las emociones de su electorado y por generar los sentimientos que favorezcan la trasmisión de un determinado mensaje en una determinada condición. Recuerde uno de los eslóganes con los que Barack Obama ganó sus primeras elecciones: «Esperanza» (Hope).

5. Sé optimista

La política necesita de líderes que sean capaces de trasmitir y generar optimismo. Líderes para los que el futuro sea una energía movilizadora y que sean capaces de recuperar la ilusión colectiva. La política que gana contagia ilusión. Y el ánimo es energía movilizadora.

El líder debe ser capaz de motivar para invitar a la elección e inspirar que el cambio, otra forma de gobernar, es posible.

Si el «dicen que soy aburrido» de De la Rúa le permitió ganar las elecciones argentinas en 1999 amparándose en la gestión económica, en España, al candidato socialista a la Comunidad de Madrid en 2021, Ángel Gabilondo, su adaptación por «soy soso, serio y formal» fue un rotundo fracaso (no supo leer el contexto, como venimos insistiendo en este artículo, ni irradiar ningún tipo de optimismo).

6. Sé coherente

La coherencia en política es fundamental para edificar la imagen y reputación de cualquier candidato. Es muy sencillo, debes mostrar ejemplaridad en tus acciones, comportarte con responsabilidad y ser consecuente con tus mensajes. En definitiva, decir lo que haces (storytelling) y hacer lo que dices (storydoing), tal y como se menciona en el cuarto episodio del pódcast En Campaña sobre la construcción del mensaje.

La autenticidad es una anomalía en política, donde hay mucha impostura camuflada de supuestos intereses superiores. Por eso la coherencia es tan valorada en política y va indisolublemente unida a tu reputación. Construir una buena imagen cuesta años crearla y mantenerla, pero puede esfumarse en un segundo ante una incoherencia, por legítima que sea.

7. Elige qué tipo de líder quieres ser

El dramaturgo George Bernard Shaw decía que «las personas le echan la culpa a las circunstancias. No crean en las circunstancias. Las personas que avanzan buscan las circunstancias y, si no las encuentran, las crean».

¿Cuál es el papel que quieres desempeñar en una campaña electoral? Lee el contexto económico-social, adáptate al humor político, a las demandas de la sociedad, a sus circunstancias… y conviértete en ese líder. Manfred F. R. Kets de Vries (2019) idealiza hasta ocho arquetipos de liderazgo según distintos patrones de comportamiento: el estratega, el catalizador del cambio, el que realiza la transacción, el constructor, el innovador, el procesador el entrenador y el comunicador.

8. Mantente siempre dispuesto a aprender

«Liderazgo y aprendizaje son indispensables el uno para el otro». Así lo manifestó John F. Kennedy, que tenía muy claro que el liderazgo necesita del aprendizaje para poder ejercer y regular sus funciones.

En tiempos cambiantes, el aprendizaje es continuo. Ya lo venimos advirtiendo: el liderazgo es un proceso, un camino, en el que lo importante no es llegar a un destino, sino aprender en el viaje. Y, de la misma manera, los líderes se hacen, a costa de aprender, de informarse, dejarse aconsejar… y equivocarse. Debes aceptar los errores como parte de ese aprendizaje. Y huir de los yes man, aquellos que siempre te dan la razón e inflan tu burbuja de autocomplacencia sin advertir tus posibles fallos. Gracias a esta predisposición tendrás capacidad de reacción para solucionar los problemas que seguramente te encontrarás en tu camino y afrontar situaciones no previstas.

9. Lidera el cambio

Nuevamente, Warren Bennis nos deja otra de sus famosas frases: «El liderazgo es la capacidad de transformar la visión en realidad». Demuestra que eres diferente. Cambia el camino, rechaza lo habitual, porque ya lo dijo Albert Einstein: para buscar resultados distintos hay que hacer actividades diferentes.

Explora nuevas vías, busca nuevos caminos, que los votantes te perciban distinto al resto de candidatos. La creatividad no es otra cosa que la capacidad de ver la realidad de forma desacostumbrada.

10. No existe el candidato político perfecto

La afirmación de que todos los políticos son iguales está muy extendida y busca referirse a ellos de forma despectiva. Esta frase también es el refugio de los mediocres. Por ese motivo, como líder político que aspiras a ser, muéstrate distinto al resto de candidatos, sobresal por encima de ellos, encuentra tu propio estilo, sé coherente con tus ideas y te respetarán por tu naturalidad y carisma.

Todos los políticos son diamantes en bruto que hay que pulir (recuerda que el líder se hace), limar sus defectos y poner en valor sus atributos. Pero no existe un solo candidato que reúna todas las cualidades ideales. Igual que tampoco coincidimos al cien por ciento con el programa electoral del partido político al que votamos.

Aunque anteriormente mencioné que no existía una fórmula secreta, realmente me estaba refiriendo a que no existe una única fórmula.

La fórmula del éxito del liderazgo político es la suma de atributos racionales y emocionales (ponga aquí toda la serie de características y aptitudes que se le ocurra que no deben faltar en la construcción simbólica del candidato perfecto) junto con las adecuadas cualidades profesionales y personales para el ejercicio de la política y la gestión pública (añada nuevamente otro listado de habilidades y competencias), aderezado del adecuado relato personal (por qué está en política), servido de una esmerada imagen y cocinado por un magnífico equipo de asesores, como mínimo, tan inteligente como usted.

Ya está, aquí tiene su fórmula. Pero, como he advertido anteriormente, en entornos complejos e inciertos como el que estamos viviendo, además, hacen falta resultados. Los ciudadanos ansían nuevos liderazgos capaces de convertir miedos en seguridades, retos en oportunidades, sacrificios en futuros compartidos. Hacen falta nuevas competencias y habilidades que nos permitan enfrentarnos al nuevo entorno y acomodarnos mejor a los desafíos actuales, con empatía, optimismo y aprendizaje continuo.

Porque en el nuevo ecosistema —caótico, turbulento y cambiante—, la incertidumbre continua, es la nueva normalidad. Y para nuevos tiempos, se necesitan nuevos líderes.

Referencias bibliográficas

Bennis, W. (1990). Cómo llegar a ser líder. Bogotá: Norma.

Bennis, W., y Goldsmith, J. (1997). Learning to Lead. Workbook on Becoming a Leader. Nueva York: Addison Wesley.

Eurobarometer. (2021, abril). Standard Eurobarometer 94 – Winter 2020-2021. European Union. Recuperado de https://europa.eu/eurobarometer/surveys/detail/2355

Corporación Latinobarómetro. (2021, octubre 5). Opinión pública latinoamericana. Recuperado de https://www.latinobarometro.org

Drucker, P. (1999). Los desafíos de la gerencia para el siglo XXI. Barcelona: Norma.

Diálogo Político y mas Consulting. (2021). En Campaña [pódcast]. Recuperado de https://redaccion.dialogopolitico.org/category/podcast/en-campana

Kets de Vries, M. F. R. (2019). Down the Rabbit Hole of Leadership. Leadership Pathology in Everyday Life. Palgrave Macmillan.

Ignacio Martín Granados

Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración, con especialidad en Análisis Político (Universidad Complutense de Madrid). Diploma de Estudios Avanzados en Ciencias Políticas (dea). Especialista universitario en Consultoría de Empresas (uned). Director de comunicación del Consejo de Seguridad Nuclear (csn). Colabora como docente en varios másteres sobre comunicación, política, liderazgo, asuntos públicos y marketing político. Miembro del consejo directivo de la Asociación de Comunicación Política (acop) desde 2014 y actualmente es su vicepresidente. En 2017 fue seleccionado entre los cien profesionales políticos más influyentes del año por el consejo editorial de la revista Washington compol (Napolitan Victory Awards 2017).

Ignacio Martín Granados

Ignacio Martín Granados

Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración, con especialidad en Análisis Político.

Fallos a evitar en campañas electorales

A veces es más efectivo hablar de errores para contraponer aciertos. Esto es lo que hace este texto que, con […]

Por: Yehonatan Abelson 5 Nov, 2022
Lectura: 15 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

A veces es más efectivo hablar de errores para contraponer aciertos. Esto es lo que hace este texto que, con una lista de cinco errores, refleja las lecciones aprendidas sobre la creación de mensaje, el manejo del tiempo, la planificación de campaña, el control de la agenda o la diferenciación.

¿Por qué escribir sobre los errores y no sobre lo que hay que hacer bien? Primero, porque hay demasiados artículos sobre lo que sí hay que hacer y muy pocos sobre lo que no hay que hacer. Por otro lado, porque, aunque en la campaña en la que usted, estimado lector, está participando, se haga todo lo que el manual de campañas dice que hay que hacer, quizás también esté cometiendo errores que, a la larga o a la corta, le van a costar caro en el resultado de la elección.

En general, la mayoría de los consultores sabemos a poco tiempo de empezar si una campaña es competitiva o no por la cantidad de errores que comete. Debo decir que hay gratas sorpresas, campañas que corrigen el rumbo, otras que ganan recorriendo caminos de lo más improbables, pero, en la gran mayoría de los casos, las elecciones las ganan las campañas que cometen menos errores. Por eso, vamos a intentar desde este corto texto que usted tenga las herramientas básicas para evitar los errores no forzados que cometen la mayoría de las campañas que fracasan.

Cabe decir que muchas veces los errores se cancelan entre sí, porque todas las campañas los comenten, lo que no permite a ninguna sacar una ventaja de esta situación. La idea es, justamente, que su campaña pueda salir beneficiada ante los errores de sus adversarios. Empecemos.

1. El candidato como protagonista de la campaña

Decidí empezar por este clásico error porque es el más habitual, se repite en todos los países y es el más intuitivo. Lo clásico cuando se comienza una campaña es hacerla alrededor del candidato. Que la foto sea del candidato, que el eslogan resalte las cualidades del candidato, que haya videos del candidato hablando a cámara, que haya otros sonriendo con su familia mientras un perro corretea feliz alrededor, que las redes sociales tengan miles de fotos del candidato en distintas situaciones, que haya tiktoks donde el candidato baila aparatosamente, hasta se lo muestra jugando al futbol y parece que lo hace bien.

Pero… ¿dónde está la gente? Sí, la gente, aquellos a los que el candidato pretende beneficiar. ¿No deberían también ser parte de la campaña?

La década del noventa (hace treinta años ya) fue la década de los medios de comunicación masiva, de la televisión, donde grandes ídolos como Michael Jackson o Madonna movían multitudes, MTV moldeaba a toda una generación, los periódicos vendían millones de ejemplares, los informativos marcaban la agenda del día, y los políticos hacían discursos desde un atril para decenas de miles de personas. No había una comunicación de ida y vuelta, el protagonista emitía información y los espectadores la recibíamos. Los que hoy tenemos 35 años o más crecimos y nos formamos en ese mundo, donde todos los reflectores apuntaban al emisor, y el receptor, sentado cómodo en su butaca, solo elegía qué ver, escuchar, o votar.

En esa década, Giovanni Sartori publicaba el libro Homo videns, que describía a la perfección esta relación entre los ciudadanos espectadores y los políticos protagonistas: la política como espectáculo. Un año antes, David Swanson y Paolo Mancini publicaban el influyente estudio académico Politics, Media, and Modern Democracy, en el que describían a la democracia moderna en cinco elementos principales, de los cuales resaltaré dos: la personalización de la política (los candidatos reemplazan a los partidos y a las ideologías) y el ciudadano como mero espectador del espectáculo político.

Hoy todo eso cambió, el público exige ser una parte activa de lo que ve, vota en programas de televisión, genera trending topics en Twitter, sigue a sus estrellas favoritas por Instagram, interactúa con los streamers de Twitch, replica los videos de TikTok, viraliza el contenido que le gusta, o bloquea el que no le gusta.

Hoy la gente está en el centro de la escena y las campañas políticas no deben ser la excepción. Los ciudadanos son quienes tienen el poder del voto, y a quienes los candidatos deben beneficiar. Por eso, ellos deben ser los protagonistas de la campaña. Un candidato solo es un significante incompleto; le falta algo, los beneficiarios, que son además el público al que va dirigido el mensaje.

Hoy la campaña política debe ser un espejo de la gente, reflejarla, representarla. Que vean en ella sus anhelos, sus sueños y esperanzas. Las candidaturas deben ser empáticas o, mejor, no ser nada. Los políticos no son otra cosa que una herramienta para hacerle la vida a la gente un poquito mejor, un poco más fácil. El candidato que gana es aquel que mejor representa los valores de la mayoría y su forma de ver el mundo.

Hoy, el ciudadano debe ser una parte identitaria de la campaña, no solo accesoria. Traspasar el límite de la lente y ser parte de las fotos, participar de la confección del plan de gobierno, intervenir la comunicación, crear el jingle colaborativamente, hacer vocerías, replicar el mensaje. La gente no solo debe aparecer, sino que debe ser la campaña.

2. La investigación como un gasto

Todos estamos de acuerdo en que para hacer una campaña profesional hay que hacer investigación. De hecho, es la única forma de hacer ese tipo de campañas. Cualquier otra ya sería depender de la intuición y, por ende, perdería el rigor científico. Lo cierto es que en el mundo real, cuando el candidato y su equipo se sientan a hacer números y se dan cuenta de que el gasto en investigación equivale, por ejemplo, a cientos de miles de flyers o varios anuncios publicitarios, se vuelven muy renuentes a gastar. «Usamos las encuestas que salen en el periódico», «los militantes hicieron una y dio muy bien», «le pregunté a las madres del colegio de mi hijo y me dijeron que…» son las frases más comunes que suplantan a la investigación en la mayoría de las campañas de Iberoamérica.

La investigación en una campaña es una inversión, ayuda a ser más efectivos, a que nuestro mensaje tenga sentido, a entender qué representamos para los electores y qué representan nuestros oponentes. Sirve para entender sus comportamientos y sus razones. Y, si tenemos suerte, nos sirve para saber qué cuerdas emotivas tocar para convencerlos de votar por nuestro candidato.

Pensar en la investigación como un gasto es como entrar a un quirófano sin ningún estudio, solamente siguiendo la intuición del cirujano. La investigación no solo no es un gasto, sino que es la mejor inversión que se puede realizar con el presupuesto de la campaña.

Como se discute en el episodio «Investigación electoral» del pódcast En Campaña, otro de los errores dentro de la investigación es hacerla solo para saber quién está ganando en intención de voto. Cuando se hacen campañas de forma profesional, eso no es lo que más importa. Lo que queremos saber es qué problemas tienen los electores, qué sueñan, qué pulsiones los movilizan, qué les da esperanza, qué les da miedo, entre otros requerimientos de información realmente importantes para trazar la estrategia de la campaña.

Siguiendo con los errores relacionados a la investigación, otro es ser muy literal en la lectura de los resultados. Todas las campañas en una elección tienen investigación, ¿qué es entonces lo que nos diferencia de los demás? Qué preguntamos y cómo interpretamos los resultados. Pero muchas veces la lectura es demasiado lineal, los contextos en los que viven y sueñan los electores son mucho más complejos que ser el presidente del empleo cuando hay mucho paro. Por eso necesitamos diversas investigaciones, cualitativas y cuantitativas, y un equipo multidisciplinario para interpretar los resultados y lograr conectar realmente con la ciudadanía. Agrego un comentario: muchas veces, el mejor mensaje es el más simple.

Por último, y no por eso un error menos recurrente, es publicar encuestas que nos dan ganadores con anticipación a la elección. Está comprobado que eso no sirve para nada más que para que el candidato y su familia estén más felices. Pero lo cierto es que desmoviliza al electorado, desmotiva a los equipos de campaña y muchas veces energiza las campañas del adversario más cercano, llevando el voto útil de otras candidaturas a la que va segunda. No hay receta para el fracaso más efectiva que la arrogancia del ganador anticipado.

3. Empezar a trabajar cuando comienza la campaña

No hay nada peor para un consultor político que lo contraten cuando comienza la campaña electoral, porque entonces ya es demasiado tarde. Hay muy poco por hacer, más allá de intentar resolver la coyuntura para lograr el mejor resultado posible.

Las campañas comienzan mucho antes de que realmente comiencen, incluso antes de que se designen los candidatos o de que esté claro el contexto. Investigar, planificar, generar el equipo de campaña, crear los protocolos para un trabajo organizado y eficiente, posicionar al candidato para que entre a la contienda con los atributos correctos y buena imagen son tareas que no llevan días ni horas: llevan meses.

El trabajo tiene que comenzar al menos un año antes de la elección; mientras más tiempo haya de preparación, mejor. Lo primero que se hace es investigar, hacer una encuesta benchmark o línea base que, en general, son encuestas de muchas preguntas para entender el contexto y delinear el borrador de lo que será la estrategia de campaña. También se realizan grupos focales para entender en profundidad la información recabada por la encuesta.

Después hay que comenzar a armar el equipo, empezando por el gerente de campaña, que debe ser alguien de plena confianza del candidato, pero nunca él mismo. Así también para el área financiera, legal, comunicación, territorio, contenido, política y agenda. Parece fácil, pero encontrar a la persona correcta para el puesto es difícil y lleva tiempo.

Después hay que generar los métodos y el protocolo de trabajo para que estas áreas puedan trabajar coordinada y eficientemente: periodicidad de las reuniones, minutas, seguimiento de los compromisos, qué plataforma de gestión usaremos, entre otras decisiones tácticas importantes. Tomar estas definiciones también es un trabajo que requiere tiempo.

El desarrollo de la estrategia para que el candidato llegue lo mejor posicionado posible a la campaña y a la ejecución de esta, también es un trabajo que debe hacerse con anterioridad al comienzo de la contienda electoral.

En definitiva, hay mucho trabajo por hacer antes del comienzo oficial de una campaña, y eso no se hace de un día para el otro. El tiempo, como se dice habitualmente, es el único recurso que no se puede recuperar. Seamos ricos en tiempo, comencemos lo antes posible.

4. Ser reactivo a los temas que marca la agenda

Para definirlo de forma simple, la denominada agenda pública son los temas de actualidad que las familias hablan en la mesa cuando comen antes de irse a dormir. Es lo que dijo el presidente o la oposición, un escándalo, un error, una nueva ley que se está por aprobar, los últimos números de desempleo, o cualquier otro tema del que hable la gente en sus conversaciones cotidianas.

Haciendo una comparación rápida con el pasado, antes la instalación de la agenda pública era una tarea casi exclusiva de los periódicos. Estos en la mañana planteaban en sus portadas los temas de los que hablaríamos durante el día; esos temas eran replicados en los informativos de la mañana y, el resto del día, tanto los periodistas como los políticos reaccionaban a esos temas.

Hoy, la agenda pública es mucho más extensa y se forma desde tres puntos: los medios de comunicación, la política y, por último, la gente, que desde las redes sociales o desde la calle también tiene su lugar en la instalación de temas.

Si nos ponemos del lado de una campaña, dividimos a la política en dos: lo que propone nuestra campaña y lo que proviene de los oponentes. A esto llamamos los términos del debate, bajo qué temas definimos la elección: si la agenda pública toma los temas más favorables para nuestra campaña, lo más probable es que ganemos; si toma los temas planteados por los competidores, serán ellos quienes salgan victoriosos.

Por eso, uno de los errores más graves que puede cometer una campaña es estar todos los días respondiendo los temas que les vienen planteados por la agenda pública. Así se sea exitoso en esta tarea, el hecho de estar en posición reactiva a los temas planteados externamente sacará a la campaña de estrategia, la hará muy diversa en cuanto a los temas que toca y no logrará la constancia necesaria para instalar sus mensajes en la ciudadanía.

Con esto no quiero decir que no se responda a los temas que hay en agenda, pero la campaña debe intentar todos los días instalar los temas que más le conviene según su estrategia. También, que si usted está el día de mañana en una campaña que se dedica a solamente a responder temas planteados externamente, le suene una alarma e intente que la campaña tome una actitud más proactiva en marcar el pulso de la conversación todos los días.

5. No diferenciarse

Hay países de América Latina donde las campañas toman las calles, donde hay una densidad insalubre de fotos de candidatos por metro cuadrado en la vía pública, afiches en cada poste de luz, vallas publicitarias por todos lados, flyers entregados en cada esquina, y jingles que suenan a un alto volumen desde camiones con parlantes gigantes.

Lo llamativo cuando uno transita esas calles tomadas por la campaña, es que toda la comunicación política se ve igual.

«El secreto de ser aburrido es contarlo todo», decía Voltaire. No animarse a diferenciarse en un estilo, en una escala de valores, en atributos o en propuestas, es lo mismo a decir todo y a no decir nada. Cuando nadie se diferencia, termina ganando el que mejor posicionado llegó al comienzo de la campaña o quien pertenece al partido más popular. No termina definiendo el candidato sino lo que lo rodea, el contexto.

Pero, cuidado, tampoco es bueno para la campaña diferenciarse a cualquier costo; no toda publicidad es buena. La diferenciación está bien siempre que siga a la estrategia, sea parte de los objetivos trazados y tenga el tono y el lenguaje planteados en el documento estratégico. No todo video que se hace viral por ridículo sumará a la campaña. La región está llena de ejemplos de campañas que ganaron mucha notoriedad por un hecho bochornoso y que el día de la elección la única noticia que generaron fue su carencia de votos. Esto es especialmente importante en la utilización de nuevas redes sociales para hacer comunicación electoral, como lo planteamos en el quinto capítulo del pódcast En Campaña sobre la importancia de las redes sociales. Hacer el ridículo para llamar la atención no es el objetivo principal, sino que lo es generar lazos con la comunidad de forma amena, divertida y diferente.

Yehonatan Abelson

Máster por el Graduate School of Political Management de The George Washington University. Socio director de Bia Consulting. Escribe regularmente en el diario Perfil de Argentina. Ganador del premio Raising Star otorgado por la revista Campaigns and Elections y de un Victory Award como Consultor en Imagen Política, ambos en Washington DC. Ha trabajado en gobiernos y campañas como consultor político en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Estados Unidos, México, República Dominicana, entre otros países.

Yehonatan Abelson

Yehonatan Abelson

Máster por el Graduate School of Political Management de The George Washington University.

Así debe ser una lideresa política

Una lideresa política debe transmitir dos cualidades: autenticidad y empatía. Si consigue imbuir esas dos virtudes en una causa que […]

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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Una lideresa política debe transmitir dos cualidades: autenticidad y empatía. Si consigue imbuir esas dos virtudes en una causa que represente a los electorados y a sí misma, podrá comunicar con efectividad su posición y obtener la credibilidad del proyecto político que representa ante los electores.

Si se pregunta por qué este texto se titula en femenino, quizá la primera respuesta es porque casi todo lo que hay escrito sobre candidaturas y liderazgo está en masculino, y me gustaría hacer una aportación hablando de las candidatas y las lideresas como conceptos que generalicen a hombres y mujeres. Y como segunda respuesta a la pregunta, me gustaría que el título sea un alarde de ilusión y que en un futuro existan más mujeres candidatas y lideresas, que ya es hora de dejar en el pasado la masculinización de estos temas. Si usted es un señor, candidato, continúe leyendo, así conseguiremos dos objetivos: formarnos en comunicación política y romper con el estereotipo de género.

Entrando en materia, recuerde la primera vez que vio a su padre o a su madre como un héroe o heroína. Si evoco esos momentos en mi vida, inmediatamente se proyectan dos instantes de mi niñez. El primero, sentada entre un público de más de cien personas, viendo a mi padre subido a un escenario a punto de dar una conferencia y diciendo «me quito la chaqueta y la corbata porque cuando disfruto de mi trabajo me gusta estar cómodo»; yo, internamente, pensé: «wow, es lo que hace cuando jugamos». Y el segundo instante es ver a mi madre desconsolada porque había tenido que despedir a dos de sus compañeros de trabajo.

Ahora, con el paso del tiempo, me doy cuenta de que hay dos características que reconocí en mis padres en momentos concretos y que ahora son atributos esenciales en un liderazgo: la autenticidad y la empatía. El primero es definido por la rae como ‘cualidad de lo auténtico’ mientras que auténtico significa ‘acreditado como cierto y verdadero por los caracteres o requisitos que en ello concurren’; mucho más clara es la definición que el Oxford Dictionary hace de authenticity: ‘cualidad de ser real o verdadero’. Este atributo aplicado a la forma de ser de una persona y, más específicamente, de una lideresa política, recalca que no es impostada o construida bajo parámetros esperados de un electorado que no se corresponden con lo que es la política.

Después de la pandemia, la valoración de las figuras políticas que más ha aumentado es la de los gestores locales. Por un lado, por la cercanía de las autoridades de las ciudades y, por otro, como consecuencia, por la tangibilidad de la gestión, que ha permitido a los ciudadanos ver hechos y no solamente palabras. La concreción del mensaje en acciones ha convertido a los cargos de gestión directa con la ciudadanía en los mejor valorados; obviamente, a aquellos que han sabido hacer bien su trabajo y también comunicarlo. Por ejemplo, tenemos el caso del salto a la política nacional de la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, gracias a la buena valoración de su gestión en el nivel local (Bassets, 2021); o el incremento en la valoración del alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, de 4,68 en enero de 2019 (Latingua, 2019) a 6,43 en julio de 2020, justo al final del confinamiento (El País, 2020).

Por otra parte, la empatía es considerada como un sentimiento, una capacidad de las personas con inteligencia emocional. Principalmente, se trata de «identificarse con alguien y compartir sus sentimientos» (rae, online). Para ello es necesario ser consciente tanto de sus fortalezas como de sus áreas de mejora en cuanto a las emociones y la expresión de estas y, de esta manera, reconocerlas en otros. El que la figura de una política sea empática, primero, ratifica que piensa en los otros y se interesa por ellos; segundo, confirma que racionaliza sus emociones y las controla, una habilidad esencial para gobernar y gestionar la manera en que sus actos afectan tanto al conjunto de la ciudadanía como a su equipo de trabajo.

Tanto la autenticidad como la empatía son dos cualidades que han sido abordadas recientemente en la literatura sobre liderazgo político (D’Adamo et al., 2020; Goleman y Boyatzis, 2008; Herrero et al., 2019; Molina, 2021; Rodríguez, 2021) y no por el azar de que la academia encuentra en ello un tema interesante sino, y, además, porque las últimas elecciones desarrolladas durante la pandemia y en la pospandemia han resaltado un sentir de los electores que venía cociéndose desde hace varios años: «no queremos políticos prefabricados».

Antes de continuar hablando de liderazgo cabe señalar que existe un gran abanico de autores que estudian y conceptualizan este término desde distintas perspectivas, aunque, en general, todas pivotan sobre la capacidad de transmitir a otros una causa con la que puedan sentirse identificados para movilizarse. Se podría decir que el liderazgo es la capacidad de atraer seguidores, no hacia la persona sino hacia su causa. ¿A qué nos referimos con causa? Como alguna vez tuve la oportunidad de escuchar a mi amigo, semiótico, Marcelo López (2018), «no se trata de lo que el candidato es, sino de lo que el candidato significa». Todos los políticos son símbolos para los electores, ya que traen consigo una serie de atributos que los identifican, y las elecciones son dilemas que se dirimen entre que gane una persona con unos atributos y no otros.

Si hablamos de campañas electorales, tenemos que hablar sobre qué puede comunicar una candidata sola, por sí misma, si es que no tiene un proyecto que permita a los electores reconocer un futuro para los años de gobierno con valores que sean coincidentes. Es lo que solemos llamar inspirar ilusión. La figura de una candidata debe inspirar una causa, pero además debe ser capaz de transmitirla; y, para ello, debe poseer sine qua non las dos características abordadas anteriormente: autenticidad y empatía.

Así, poseer unas cualidades determinadas de liderazgo es solamente el inicio para atraer la atención de los electores que, además, deben encontrar una causa compatible con la de ellos. Y, para explicar cómo se establece una verdadera relación de credibilidad entre las candidatas y los electores, es necesario recurrir a lo escrito por López (2018) sobre el ciclo de la comunicación que contiene cinco peldaños que se explican a continuación:

Interés.

Se podría llegar a pensar que los ciudadanos escuchan a las candidatas por el mero hecho de serlo. Sin embargo, despertar el interés de los públicos objetivo no es fácil y solamente se consigue si lo que propone la candidata atañe a las necesidades de los públicos objetivo determinados por la investigación, no a todos los electores.

Conocimiento.

Una vez que se ha generado el interés por la candidata, entonces ya proactivamente los electores buscarán información, se interesarán por sus actividades y declaraciones. En resumen, tendrán ganas de conocerla.

Afecto.

Si lo que han leído, visto y escuchado de la candidata coincide con los atributos que los electores buscan, habrán encontrado en ella un símbolo en el que se encuentran representados, iniciando así una relación de afecto.

Confianza.

Solamente puedes confiar en alguien a quien le tienes afecto; así es como la escalera de la confianza, en su cuarto peldaño trabaja sobre la propia confianza; es decir, no defraudar al público según las expectativas que la candidata ha creado en su audiencia.

Credibilidad.

Si la candidata ha conseguido despertar interés, seguramente su conocimiento vaya en aumento por difusión orgánica. Posteriormente, conseguirá adeptos que inicien una relación de afecto, que culminará con una relación de confianza no solamente en la posición política, sino también en la personal. Y el último peldaño: la credibilidad. Conseguir llegar hasta aquí es igual de difícil que dar el paso al primer escalón.

Si prestamos un poco de atención a los nombres de los peldaños nos damos cuenta de que son todos intangibles que se gestionan desde la comunicación. ¿Cómo puedo generar interés sin comunicarme o cómo alguien puede confiar en mí si no nos hemos comunicado nunca? Y no es necesaria una conversación, sino simplemente una interacción entre candidata y elector que dé pie a que estos vínculos se desprendan, no de la lógica racional sino de la activación de emociones. Se podría pretender conseguir credibilidad sin tener un plan estratégico, lo cual sería un error no solamente para la gestión de una campaña electoral sino también, y principalmente, porque se pondría en riesgo la reputación de la candidata, que no tendría una ruta para subir por los peldaños que le permitan alcanzar la credibilidad.

En términos de planificación estratégica, la comunicación de una candidata dependerá del público al que se dirige (target); así, el mensaje y el canal se adaptarán a cada uno de esos públicos. Sobre el canal, desde la aparición de la televisión (como hito en la historia de la comunicación política se señala el debate entre Nixon y Kennedy), la imagen tiene especial relevancia en la profesionalización de las campañas electorales, incluso sobre el mensaje (Orejuela, 2009).

La personalización del mensaje es una de las herramientas de la comunicación política que ha permitido la simplificación de este a través del predominio de la imagen; sin embargo, la aparición de las redes sociales ha devuelto la mirada al mensaje, a lo que las candidatas cuentan y a si ese storytelling coincide con su imagen y lo que hace (storydoing). Ese ejercicio de autenticación ha sido posible gracias a la democratización de los medios de comunicación en cuanto al acceso y a la capacidad de publicar contenido casi sin ninguna restricción. Antes de internet, la sociedad se enteraba de lo que las candidatas querían comunicar, predominantemente, tamizado por líneas editoriales e intermediado por líderes de opinión. Sin embargo, hoy el acceso ilimitado a la gran cantidad de información que hay en internet permite tener información prácticamente de forma inmediata; la misma información que debe estar gestionada estratégicamente por el equipo de campaña, aunque, tal y como señala el director de mas Consulting, Daniel Ureña en el noveno episodio del pódcast En Campaña, «el candidato tiene que creer, asumir e implementar la estrategia» porque de lo contrario el desastre está garantizado. La candidata que no crea y no asuma como propia una estrategia, no la aplicará y, por lo tanto, será inexistente.

El objetivo final de la planificación estratégica para la figura política en campaña es conseguir que a quien emite el mensaje, primero, se le reconozca legitimidad para hacerlo y, segundo, que este sea capaz de utilizar un lenguaje entendible por sus públicos objetivos y que utilice los canales correctos para llegar a ellos. En este escenario, lo más importante es que la marca que queremos proyectar de una figura política sea acorde a la identidad de esta, es decir, que no exista información falsa y que la proyección del liderazgo sea análoga a la propia biografía y cualidades personales de la candidata, siempre potenciando sus fortalezas mientras se trabajan las debilidades.

Así, no hay una fórmula para determinar una candidata ideal porque el modelo de liderazgo será distinto, tanto desde el punto de vista cultural como de la coyuntura, según la ciudad, región o país. Y solamente la investigación del terreno, de los electores y de la competencia dará luz para gestionar el liderazgo de una figura política y saber lo que el electorado espera de esta. Tal y como se señaló previamente, el punto que debemos tener claro es que hay que incorporar la identidad de la candidata al enfoque y diseñar una estrategia que calce con esa identidad, sobre todo, a partir de sus fortalezas.

De tal forma, a modo de resumen, este artículo busca dar un repaso a dos características esenciales de los liderazgos políticos actuales: empatía y autenticidad. Hay que recalcar que son cualidades de personas que se conocen a sí mismas, que pueden reconocer emociones y características en los demás, que son fieles a sus principios y que se presentan tal cual son, sin aparentar o encasillarse en moldes preestablecidos de lo que se puede considerar una lideresa. Esos rasgos permiten trazar una planificación estratégica que transite por el ciclo de la comunicación, que es el camino de toda candidata en una campaña electoral para conseguir un vínculo con sus electores. Una vez alcanzado el nivel máximo, la credibilidad —definida por el diccionario de la rae como la ‘cualidad de que puede o merece ser creído’—, podemos hablar de un liderazgo real, todo un logro en política.

Bibliografía

Bassets, M. (2021, septiembre 10). La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, se lanza a la conquista de la presidencia de Francia. El País. https://elpais.com/internacional/2021-09-10/la-alcaldesa-de-paris-anne-hidalgo-se-lanza-a-la-conquista-de-la-presidencia-de-francia.html

D’Adamo, O., Berrocal, S., y García Beaudoux, V. (2020). Atributos de liderazgo en Instagram durante las elecciones presidenciales en Argentina 2019. Index. comunicación: Revista científica en el ámbito de la Comunicación Aplicada, 10(1), 173-194. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7610255 

El País. (2020, julio 1). Almeida ganaría las elecciones, aunque dependería de nuevo de Ciudadanos y Vox, según una encuesta publicada por Telemadrid. https://elpais.com/espana/madrid/2020-07-02/almeida-ganaria-las-elecciones-aunque-dependeria-de-nuevo-de-ciudadanos-y-vox-segun-una-encuesta-publicada-por-telemadrid.html

Goleman, D., y Boyatzis, R. (2008). La inteligencia social y la biología del liderazgo. Harvard Business Review, 86(9), 86-95. https://www.academia.edu/35508019/La_inteligencia_social_y_la_biolog%C3%ADa_del_liderazgo

Herrero, P., Carbonero, M. A., Flores, V., y Martín Antón, L. (2019). Inteligencia emocional y liderazgo auténtico en los cargos públicos locales españoles. International Journal of Developmental and Educational Psychology, 4(1), 21-28. https://dehesa.unex.es/bitstream/10662/11623/1/0214-9877_4_1_21.pdf

Latingua, I. (2019, enero 29). Begoña Villacís sería la alcaldesa de Madrid con el apoyo del PP y Vox, que adelanta al psoe. El Mundo. https://www.elmundo.es/madrid/2019/01/28/5c4f2661fdddffd06f8b45f1.html

López, M. (2018, febrero 14). Vota semiótica. Ver lo que no se ve, oír lo que no se escucha. acop. https://compolitica.com/vota-semiotica-ver-lo-que-no-se-ve-oir-lo-que-no-se-escucha/

Molina, M. (2021). Un líder para el siglo xxi. La Revista de acophttps://compolitica.com/un-lider-para-el-siglo-xxi

Orejuela, S. (20019). Personalización política: la imagen del político como estrategia electoral. Revista de Comunicación, 8, 60-83. https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3359286.pdf

Rodriguez, I. (2021). Imagen política: modelo y método. Madrid: Gestión 2000.

María Gabriela Ortega JarrínDoctoranda por la Universidad Complutense de Madrid. Socióloga y politóloga especializada en sociodemografía y planificación estratégica de campañas electorales y comunicación institucional. Ha trabajado en el Departamento de Resolución de Conflictos de la Organización de Estados Americanos (oea) en Washington; en el Instituto Nacional de Estadística (ine) de España; y como consultora independiente en varias campañas en Latinoamérica y España. The Washington Academy of Political Arts & Sciences reconoció su trayectoria con el premio a Líder Emergente en 2016. Coordina los departamentos de Publicaciones y de Consultoría del Centro Internacional de Gobierno y Marketing Político (cigmap) de la Universidad Camilo José Cela y es subdirectora de la Revista de acop (Asociación de Comunicación Política).

María Gabriela Ortega Jarrín

María Gabriela Ortega Jarrín

Doctoranda por la Universidad Complutense de Madrid.

¿Cómo serán las campañas electorales del futuro?

El desarrollo de la comunicación electoral va de la mano de las nuevas tecnologías. Por lo tanto, la reciente evolución […]

Por: Roberto Rodgriguez Andrés 5 Nov, 2022
Lectura: 14 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El desarrollo de la comunicación electoral va de la mano de las nuevas tecnologías. Por lo tanto, la reciente evolución de los medios, con la incorporación de las redes sociales y la publicidad individualizada, ha creado una revolución de la comunicación política que este capítulo resume en diez tendencias.

La práctica de la comunicación política y, con ella, la gestión de las campañas electorales ha estado siempre muy condicionada por los avances tecnológicos en dos campos muy concretos. En primer lugar, el relativo a los medios, plataformas o herramientas que han existido en cada momento para favorecer la comunicación entre políticos y ciudadanos. Y, en segundo lugar, el relacionado con el conocimiento preciso de cómo son y cómo piensan, sienten y actúan los electores. A este respecto, ya decían los clásicos que no se puede persuadir a quien no se conoce y, por tanto, una de las claves en cualquier campaña electoral ha sido siempre conocer en profundidad al público.

Estos dos factores estuvieron ya muy presentes, por ejemplo, en el propio nacimiento del marketing político a mediados del siglo xx en Estados Unidos, cuando la industria de los sondeos empezó a perfeccionar sus técnicas y la televisión se convirtió en un medio de masas con gran influencia social. Y, en estas primeras décadas del siglo xxi, los avances en estos dos campos vuelven a situarnos ante un más que previsible cambio de paradigma en la comunicación política, del que estamos ya viendo síntomas en las últimas elecciones.

Asistimos, por un lado, a avances cada vez más sustanciosos en el conocimiento del comportamiento humano gracias a campos como las neurociencias y también a partir del análisis del big data. Por otro lado, vemos también cómo los avances tecnológicos están transformando el panorama de la comunicación, con un protagonismo cada vez más destacado de internet y las redes sociales, pero también de otras vías o plataformas de comunicación digitales que se están implantando a gran velocidad.

Estos cambios, de los que se habla en el segundo episodio del podcast En Campaña sobre cómo planificar con éxito una campaña electoral, nos permiten atisbar retos y desafíos de gran calado para la comunicación política de los próximos años, que pueden resumirse en los siguientes diez puntos:

1. Un electorado cada vez más conectado, con campañas cada vez más dependientes de las tecnologías.

Desde la campaña electoral de Obama en 2008, internet y las redes sociales han ido ganando cada vez más protagonismo en la comunicación política. Sin embargo, la televisión no ha terminado de ceder su trono como medio más influyente. ¿Hasta cuándo va a seguir siendo así? Las campañas del futuro van a ser definitivamente más dependientes del entorno digital que de la televisión, porque esa está siendo la evolución de las audiencias. Además, este proceso se ha visto acelerado por la pandemia de coronavirus. Los partidos han de ser capaces de contar con infraestructuras y equipos de campaña lo suficientemente dimensionados para poder afrontar este desafío, que en buena medida es técnico pero también, como apuntaremos más adelante, de formas y estilo de comunicar.

2. Una comunicación política diseñada preferentemente pensando en los teléfonos móviles.

El móvil va a ser (si no lo es ya) el medio preferente de atención de los ciudadanos, al que destinamos más minutos de consumo diario. A través del celular nos informamos y entretenemos, hacemos compras y gestiones, generamos y compartimos contenido, mantenemos contacto con nuestros seres queridos, conocemos e interactuamos con nuevas personas, nos involucramos en causas de todo tipo… Los móviles nos permiten conectividad en cualquier momento y en cualquier lugar, rompiendo las barreras físicas, geográficas o temporales que condicionan a los medios tradicionales. Por tanto, los móviles son ya (y lo van a ser más aún en el futuro) el principal canal para vehicular la comunicación política. Esto exigirá a partidos y candidatos adaptarse al formato propio de este soporte, pensando no solo en una comunicación unidireccional de lanzamiento de mensajes sino también en cómo responder a las demandas de los ciudadanos y en cómo lograr movilizarlos e implicarlos para que interactúen, colaboren y participen activamente en las campañas. Y todo ello en tiempo real, puesto que esta es la velocidad que impone este medio.

3. La comunicación política va a seguir priorizando lo audiovisual.

El hecho de que la televisión convencional vaya perdiendo poder no significa que el lenguaje audiovisual también decaiga. Más bien, todo lo contrario. Los mensajes que predominan en webs y redes sociales o los que compartimos a través de aplicaciones de mensajería instantánea están también basados en imagen y sonido. El video de corta duración, conciso en el mensaje pero a la vez emotivo e impactante, va a seguir siendo el estándar en la comunicación política, así como las emisiones en directo, que ganan cada vez más peso. En cierta medida, esto significa también que el infoentretenimiento continuará imperando en las campañas electorales, porque es uno de los recursos más efectivos para generar atención y lograr viralidad en los mensajes, llegando con ello a una audiencia mayor y no solo a los que están interesados en cuestiones políticas. Los partidos y candidatos deben ser capaces de conectar con la gente en muy pocos segundos y ofrecerle algo que logre engancharla para que no desconecte.

4. Una audiencia cada vez más multicanal y fragmentada.

Pero llegar a la audiencia, como se decía en el punto anterior, es cada vez más difícil. Los medios de comunicación tradicionales, sobre todo la televisión, permitían a los partidos alcanzar a públicos masivos, bien a través de las noticias o de la publicidad. Sin embargo, la tecnología nos ha traído una enorme fragmentación de canales, plataformas y vías de comunicación. Además de la prensa, radio, cine o televisión, han ido llegando las webs, blogs y redes sociales, canales de pódcast, apps, emisoras de televisión digital y por satélite, plataformas de streaming, videojuegos en línea, realidad virtual, herramientas de mensajería instantánea, videollamadas y videoconferencias… Las posibilidades para los usuarios son cada vez más numerosas y, con ello, se está produciendo la propia fragmentación de las audiencias, que ahora están mucho más dispersas. Esto implica que para dirigirse a un número de electores igual de masivo que en épocas pasadas se necesita ahora un esfuerzo mucho mayor, porque hay que lanzar el mensaje a través de múltiples canales a la vez. Un mensaje, además, que difícilmente puede seguir siendo común para todos ellos y que obliga a los partidos y candidatos a adaptarse a las peculiaridades y lenguaje propio de cada canal.

5. Una audiencia cada vez menos mediatizada, lo que obliga a reforzar los canales de comunicación propios de la campaña.

La pérdida de audiencia y poder de los medios tradicionales está conllevando la ruptura de uno de los principios básicos de la comunicación política, aquel que preconizaba la mediatización de la política. Tradicionalmente, los periodistas eran los encargados de mediar entre los partidos y la opinión pública y ello les confería una gran capacidad de influencia. Ellos eran los encargados de marcar la agenda de temas, de seleccionar los enfoques que acababan siendo noticia, de encumbrar o derribar a un candidato con sus alabanzas o críticas. Y, si bien es verdad que los medios siguen conservando parte de ese poder de mediación, incluso en el entorno digital, este es cada vez menor, porque hay muchos ciudadanos que se saltan a los medios y acuden directamente a los canales de comunicación del candidato. Esto es una oportunidad para los equipos de campaña, pero les obliga a reforzar esos canales, generando contenidos de calidad lo suficientemente atractivos y dinámicos como para mantener el interés de los electores y marcar la agenda, intentando incluso condicionar con ellos la propia agenda mediática.

6. Campañas cada vez más microsegmentadas que acabarán siendo individualizadas.

Las neurociencias y el big data están permitiendo a los partidos acumular una gran cantidad de información sobre los electores. Pero los datos, por sí mismos, no aportan nada. Lo importante es su correcto tratamiento, para que toda esta información sirva para conocer a los ciudadanos de una manera muy precisa. Si a esto le unimos las posibilidades que brinda la geolocalización, el resultado es un escenario en el que los candidatos pueden establecer microsegmentaciones del electorado que van a resultar cada vez más decisivas a la hora de planificar los esfuerzos comunicativos y publicitarios en unas elecciones, priorizando los recursos en aquellos segmentos que sean verdaderamente determinantes para conseguir el éxito. Y, en un futuro no muy lejano, la tecnología acabará permitiendo incluso que las campañas sean individualizadas, proporcionando contenidos específicos para cada uno de los electores en función de sus preferencias e intereses, en una especie de campaña a la carta.

7. La inteligencia artificial será cada vez más importante en la toma de decisiones en la comunicación política.

La inteligencia artificial está revolucionando numerosas disciplinas en los últimos años. Las máquinas están ya detrás de muchas decisiones que se toman en grandes compañías, ayudándolas a ser más eficientes, optimizando procesos y reduciendo plazos y costes. Y este escenario está llegando también a la comunicación política. La inteligencia artificial puede estar detrás de muchos de los puntos que hemos mencionado anteriormente. Nos puede ayudar a procesar los datos para extraer conclusiones operativas y diseñar mejores estrategias, a dibujar perfiles psicológicos muy precisos de los electores, a determinar los mensajes más efectivos para cada uno de ellos, a ser cada vez más certeros en las predicciones de resultados… Las máquinas van a estar incluso al otro lado del celular cuando se hagan campañas de marketing telefónico, van a redactar mensajes y correos electrónicos más efectivos, van a responder a los ciudadanos en las redes sociales o a través de chatbox o de aplicaciones como Siri o Alexa. Llegaremos a ver a robots humanoides utilizados en campaña y, quién sabe si, quizá algún día, hasta como candidatos.

8. Electores cada vez más polarizados y aparentemente firmes en la defensa de unos valores pero, al mismo tiempo, cada vez más volátiles en su comportamiento electoral.

En los últimos años estamos asistiendo a un fenómeno a primera vista contradictorio y que está configurando el nuevo escenario electoral. Por un lado, el electorado está cada vez más dividido y polarizado en torno a posicionamientos muy definidos y, en apariencia, estables en el tiempo. Pero, por otro lado, no se debe olvidar que la sociedad actual, como vaticinó Bauman, no está marcada precisamente por la estabilidad sino por lo temporal o líquido: lo que hoy nos parece nuevo y atractivo acaba haciéndose viejo en muy poco tiempo, y nos lleva a reclamar novedades de manera compulsiva. Esto afecta también a la política y a las campañas electorales. Partidos aparentemente sólidos, con mucho apoyo en unas elecciones, puede que en cuatro años acaben desapareciendo, víctimas de la transferencia de voto hacia otras formaciones. Y nuevos líderes casi desconocidos dan la sorpresa y acaban ganando elecciones con tan solo unos pocos meses de campaña. Esto refuerza la necesidad de que los partidos cuiden más que nunca la fidelidad de sus votantes, procurando no defraudarlos. Pero esto es cada vez más difícil, porque los electores no eligen hoy día un programa electoral, ni siquiera unas promesas. Premian a aquel que les da confianza de ser firme en la defensa de unos valores, y eso les lleva incluso a polarizarse en su apoyo. Si perciben que no lo hacen o que flaquean en esa defensa, les dan automáticamente la espalda y, además, puede que en muy poco tiempo. Por eso es tan importante saber detectar en el inicio de campaña cuáles son los principales valores que están encima de la mesa, los que pueden marcar el terreno de juego y mover a la opinión pública en una dirección o en otra. Esto se ha hecho siempre en comunicación política, pero las sociedades líquidas nos obligan a actuar en un periodo de tiempo mucho más ajustado. La tecnología puede ayudar a identificar esos valores con base en el conocimiento de los electores, pero se necesita también el don de la oportunidad, un sexto sentido para leer correctamente el contexto y mucho trabajo para conseguir que la visión propia de lo que está en juego en esa campaña sea la que acapare el debate público.

9. El liderazgo personal seguirá siendo clave en la decisión de voto, aunque desconocemos aún qué tipo de liderazgo predominará.

Apoyar a un líder por encima de un partido va a seguir siendo un elemento sustancial de la comunicación política del futuro. En esto, por tanto, no se vaticinan cambios sustanciales: la personalización y humanización de la política y de las campañas continuará desarrollándose en próximas elecciones, en las que el líder encarnará en primera persona los valores y mensajes de la candidatura. Pero lo que aún desconocemos es qué tipo de liderazgo va a predominar. Hay quien dice que es previsible que la época de líderes populistas que hemos tenido en las últimas décadas irá decayendo. En un momento de fuerte crisis e incertidumbre, como la vivida por el coronavirus, la sociedad podría virar hacia líderes más prudentes y motivadores, que generen confianza y seguridad, que sean menos carismáticos pero capaces de llegar a consensos y trabajar en equipo. Sin embargo, hay quienes apuntan en una dirección opuesta, la de que este ambiente propiciará justo todo lo contrario, el refuerzo del populismo. Además, la polarización nos puede encaminar a un modelo de hiperliderazgo basado en líderes fuertes y ejecutores, capaces de dirigir la tribu, de enfrentarse a sus oponentes con determinación y de pelear por sus ideas y sus principios, lo que nos puede encaminar a campañas cada vez más duras y negativas.

10. Necesitaremos reforzar la ética de la comunicación política si queremos mejores democracias.

Los consultores políticos trabajan para conseguir el éxito de sus candidatos en una campaña. Pero, en este camino, hay veces que se han olvidado de la ética y han justificado cualquier medio para alcanzar ese fin. Llevamos años asistiendo a campañas cada vez más viscerales, donde se explota la emocionalidad como único recurso movilizador del voto, dejando a un lado la razón. Campañas en donde el miedo ha sido usado como espoleta para ganar a los rivales, llevando a que sentimientos como la ira y el odio se hayan convertido en los principales motivadores del voto de amplios segmentos de población, que votan más en contra de alguien que a favor de alguien. Campañas en las que no ha habido reparos en utilizar las mentiras o las fake news para desacreditar a un rival. Campañas, en definitiva, alejadas de la ética, que nos han llevado a que haya aumentado la desafección de los ciudadanos hacia la política y, con ello, al descrédito de las democracias. La comunicación política debe ser capaz de reflexionar sobre las prácticas que ha desarrollado en los últimos años, haciendo propósito de enmienda y tratando de aunar en mayor medida la eficacia con la ética.

Roberto Rodgriguez Andrés

Roberto Rodgriguez Andrés

Licenciado y doctor en Periodismo por la Universidad de Navarra.

Voces jóvenes

La opinión de los participantes del Diplomado «Partidos Conectados. Los nuevos desafíos de la política», edición 2020 La Fundación Konrad […]

Por: Redacción 5 Nov, 2022
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La opinión de los participantes del Diplomado «Partidos Conectados. Los nuevos desafíos de la política», edición 2020

La Fundación Konrad Adenauer, a través del programa KAS Partidos, organiza junto con el Centro de Análisis y Entrenamiento Político (CAEP) de Colombia, la Fundación Rafael Preciado Hernández (FRPH) de México y el Instituto FORMA de Venezuela, el diplomado virtual «Partidos conectados. Los nuevos desafíos de la política» para jóvenes políticos que forman parte de los partidos cercanos a la KAS en la región.

A las puertas de un nuevo período de postulaciones, ofrecemos algunos fragmentos de trabajos finales del Diploma realizados por participantes de la edición 2020.

Acceso completo a los artículos: http://bit.ly/PartidosConectados2020


«[…] crear valores comunes donde el político y quien participe en la política trabaje no por él y su desarrollo individual, sino por el desarrollo colectivo de su comunidad, haciendo con esto sociedades más equitativas y unidas que creen un Estado más equitativo y fuerte»

«Vocación la vía contra la corrupción»
Geraldine Canasas (Perú), Julián Daza (Colombia), Shirley Franco (Bolivia),
Jairo Ríos (México), Yohana Sánchez (Paraguay)


«El fortalecimiento de la democracia, por su parte, exige que sus instituciones y sus prácticas políticas sean instrumentos efectivos de inclusión social y bienestar económico. […] las fuerzas de la democratización a escala nacional e internacional pueden reforzarse mutuamente y de esta manera lograr avanzar hacia una agenda de gobernanza global»

«Fortalecimiento de instituciones. Democracias»
Rayssa dos Santos Moura (Brasil), Michelle Rivadeneira (Ecuador),
Lucero Nieto (México), Paloma Servin (Paraguay)


«Los jóvenes deben ser partícipes de la política, asumir el reto de tomar el destino del mundo en sus manos y ser forjadores de grandes cambios sociales; entendiendo que la política es este vehículo que necesitan para mejorar el entorno, reafirmar derechos, luchar por sus causas y consolidar libertades»

«Renovación de partidos políticos hacia un enfoque que permita atraer al segmento joven»
Facundo Santiago (Argentina), Thábata Almeida (Brasil),
Raquel Marín (Costa Rica), S. Elizabeth Álvarez (Ecuador), Néstor Martínez (Venezuela)


«[…] el mensaje debe enganchar con las emociones positivas y retener a la audiencia generando confianza. Para lo cual es importante que la imaginación no sobrepase los límites llegando al populismo, sino que la obliguemos a aterrizar anclándola a las propuestas reales y concretas que serán las que generen confianza en los votantes».

«El enamoramiento y la seducción en el mensaje son pilares fundamentales para convencer al votante» Florencia Benítez (Argentina), Inés María Davalillo (Venezuela), Alejandra Guevara (Ecuador),
Andrés Palacios (Bolivia), Emanuel Seminario (Perú).


Los partidos políticos deben ser el motor que propicie igualdad y equidad, crear políticas públicas para este fin […] La acción política debe ser algo más real, algo enfocado en temas de la ausencia de legitimidad de los partidos políticos en los Estados latinoamericanos. Esto implica una crítica a los partidos como caverna burocrática y no como luz de la democracia. Debemos buscar la manera de que los partidos políticos ejerzan realmente su filosofía de escuela de poder y liceo de la democracia»

«Partidos políticos y poder político»
Romer Rubio (Venezuela-Chile), Ivannia Rivera (Costa Rica),
Miguel Hernández (México), Nicolás Anglas (Chile), Raúl Vélez (Colombia)


«[…] como miembros activos de la sociedad civil y política tenemos el deber fundamental de ser puentes de consenso en nuestras zonas de influencia y ayudar a canalizar las demandas en soluciones reales que involucren a todos los actores sociales»

«Latinoamérica necesita soluciones, no confrontación»
Federico Cermelo (Argentina), Ana Victoria Cassola (Ecuador),
Oscar Bermúdez (Venezuela)

Redacción

Redacción

Plataforma para el diálogo democrático entre los influenciadores políticos sobre América Latina. Ventana de difusión de la Fundación Konrad Adenauer en América Latina.

Juventud, partidos y política en latinoamérica

La enseñanza no prepara a los alumnos en formación ciudadana para desenvolverse de manera independiente en la sociedad. Los jóvenes […]

Por: Valentina Testa 5 Nov, 2022
Lectura: 13 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La enseñanza no prepara a los alumnos en formación ciudadana para desenvolverse de manera independiente en la sociedad. Los jóvenes continúan ausentes de estructuras estatales y partidos políticos.

Este ensayo busca analizar las dificultades y desafíos que atraviesa la juventud latinoamericana en su actividad política.

El ocaso de los gobiernos de facto en Latinoamérica en el último cuarto del siglo XX, de la mano de la consolidación de las nuevas democracias, dio comienzo a una nueva era política marcada por un acentuado compromiso hacia las instituciones públicas y una dolorosa memoria colectiva. Fue a partir de allí que los espacios de acción política latinoamericanos se poblaron de una ciudadanía plural y participativa, en el que las incipientes agrupaciones juveniles tomaron las riendas del hacer político.

En la actualidad, si comparásemos la tendencia pluralista y democratizadora de aquel entonces con la realidad de las agrupaciones políticas latinoamericanas, sería difícil entender el porqué de la falta de representación de la juventud en las instituciones estatales y, aún más, en las primeras líneas de los partidos políticos. Ocurre que las irregularidades propias de los sistemas democráticos latinoamericanos han traído como consecuencia un desplazamiento de los jóvenes generando, lejos de su alejamiento de la política, su readaptación a través de la conquista de espacios alternos. Como ejemplos pueden mencionarse la militancia en centros de estudiantes, asociaciones de trabajo territorial, sindicatos, entre otras (Zuasnabar, 2017). De esta manera, y sin haber ahondado aún en su accionar, resulta evidente que la juventud en su vocación por hacer política se ha visto desafiada por el deber de adaptarse a nuevas dinámicas, en su mayoría autogestionadas. Asimismo, al día de hoy los jóvenes se constituyen como un sujeto político que logra hacer eco a la pluralidad de voces de las que se componen los pueblos latinoamericanos, y que está preparado para hacer política desde el momento y lugar que acontezca, sin las ataduras propias de las tradiciones estructurales de antaño arraigadas en las instituciones públicas.

A la hora de analizar el rol de los jóvenes en los partidos políticos latinoamericanos, primero corresponde echar un vistazo al concepto y funcionamiento del sistema político. David Easton, con el objetivo de explicar la forma en que se elaboran y ejecutan las decisiones al interior de las sociedades, lo concibió como un sistema de interacciones que se mantiene en funcionamiento por la recepción de inputs (entradas) en forma de demandas y apoyos, que luego son convertidos en diferentes decisiones políticas, entendidas como outputs (salidas o resultados). La introducción de este concepto implicó la aceptación de que la política no está separada de las restantes actividades sociales, sino que, por el contrario, está completamente condicionada «por el ambiente en el que opera y crea resultados aplicables a todos los componentes del sistema» (López Montiel, 2008). A su vez, es importante comprender que la entrada de inputs corresponde a la acción política propiamente dicha. Si bien décadas atrás esta acción estaba directamente asociada al acto del sufragio, resulta evidente que en la actualidad son infinitas las formas en que los actores sociales expresan la voluntad política; por ende, son muy variados los frentes a tener en cuenta en la recepción de apoyos y demandas para la elaboración de políticas públicas.

Con el panorama teórico claro, resta realizar una lectura de la política latinoamericana. Se trata de una región fuertemente atravesada por las movilizaciones masivas en pos de conquistas sociales inspiradas en el liberalismo progresista, principalmente relacionadas a cuestiones ambientales y de género. Y, a su vez, dichas movilizaciones se caracterizan por estar protagonizadas por mayoría de jóvenes entre sus filas. De manera análoga, también se observa un mayor liderazgo juvenil en los espacios que la derecha ha ganado en las cruzadas políticas por el poder del continente en el último tiempo.

Por otro lado, este análisis cobra mayor sentido si se tienen en cuenta los aportes realizados por el socialconstructivismo. La corriente esboza sus postulados con la principal preocupación de estudiar los hechos sociales como aquellos que existen a partir de acuerdos colectivos, y que se mantienen a través de instituciones. De esta manera, se plantea que estos, a pesar de tener una base material, dependen de ideas, valores, identidades, significados intersubjetivos e intencionalidades colectivas (Arenal, 2010). De la teoría mencionada, cobra especial relevancia la entidad mutuamente constitutiva de la que se dotan agente y estructura. Es decir, no se comprende al Poder Ejecutivo como agente determinante que da sentido a las estructuras del vivir social, como así tampoco es el sufragio el que da sentido absoluto a la administración de la función pública. Por el contrario, en el sistema político tiene lugar una dialéctica en la que, por un lado, los fenómenos colectivos, las estructuras ideacionales y normativas influyen en la conformación de las identidades e intereses de los individuos; y, por el otro, los propios individuos modifican las estructuras sociales a través de sus prácticas que articulan ideas, conocimientos, intereses, símbolos e intencionalidad colectiva. De este modo, «el proceso de constitución de los actores a través de las estructuras se da al mismo tiempo que aquel por el que los actores constituyen esos marcos estructurales» (Arenal, 2010).

Adoptando este enfoque, se adquiere mayor claridad para estudiar la política latinoamericana y la participación de los jóvenes en esta. Como ejemplo de la influencia mutua entre agente y estructura se puede mencionar la lucha por los derechos LGBTIQ+ en Sudamérica. Las tradiciones antiguas, especialmente aquellas fundadas en los valores del catolicismo occidental, instauraron ideales sobre la composición de las familias de manera tal que excluían a toda identidad de género que no se ajustara a la heteronorma. Con el paso del tiempo, y con la influencia de los movimientos liberales, principalmente de Europa, la juventud comenzó a rebelarse frente a los viejos preceptos y, en consecuencia, a trabajar en un cambio de paradigma que interpelase los constructos sociales heredados de generaciones anteriores. De la misma manera, esta lógica puede aplicarse a innumerables fenómenos, conquistas sociales y multiplicación de derechos que han tenido lugar en manos de los jóvenes en las últimas décadas.

A esta realidad, en la que la juventud se ha posicionado como líder del cambio social y político, debe sumarse la contracara que la acecha en su hacer político. En primer lugar, hablamos de un colectivo sin preparación para lo que deben enfrentar en su repentina y ajetreada adultez. Los currículos escolares se sustentan en el desarrollo de habilidades duras y conocimientos exactos que brindan un apropiado nivel académico, pero que no preparan a los alumnos en formación ciudadana, arista crucial para desenvolverse de manera independiente en la vida en sociedad. Al finalizar sus estudios, los jóvenes se ven obligados a insertarse en un mundo de responsabilidades al que se adaptan a la fuerza, viéndose como aquellos actores relegados que deben primero enfocarse en salvar las distancias que su inexperiencia les genera.

Esto último da pie al segundo obstáculo atravesado por la juventud en la política. Aquellos y aquellas jóvenes que, por sus capacidades y logros, trascienden en el terreno social o incluso alcanzan un puesto para desempeñarse como funcionarios, cargan con una doble vara de juicio que pesa sobre ellos. A la evaluación constante e inherente a la de una personalidad pública que se debe al pueblo que la eligió, se suma la presión extra del juicio originado lisa y llanamente en la edad. Se presume, entre tantas otras cosas, que no están preparados o que no han llegado allí por mérito propio, y de esta manera tiene lugar una desigual valoración a través de la cual, en el afán de juzgar cada una de sus acciones y decisiones, se descuida el accionar de algunos funcionarios adultos que cargan en su trayectoria años de contradicciones, actitudes inaceptables e incluso actos de corrupción.

Por último, resulta primordial atender la lógica adultocéntrica que se imprime en el sistema político y sus instituciones, y que no genera espacios para que los jóvenes puedan participar e incidir en las decisiones (Zuasnabar, 2017). Esto lleva a una falta de identificación de la juventud con el poder político, por no ver representados sus intereses, problemáticas ni preocupaciones, y ocasiona como contracara una acentuación de los fenómenos de culturización de la política o politización de la cultura y/o de territorialización de la política (Reguillo y Borelli en Vommaro, 2013). Estos procesos dan cuenta de una ampliación de los espacios que ocupa la política y lo político, entendiendo que con el paso del tiempo se han diluido los límites entre lo privado y lo público, con un claro avance de lo público como construcción colectiva del bien común. Nuevamente cobra sentido la concepción de que la política no se reduce a los ámbitos estatales, sino que se construye entre todos los actores sociales, en una producción relacional y dinámica (Vommaro, 2013). De esta manera, por ejemplo, tienen lugar numerosas expresiones juveniles culturales, estéticas y artísticas que, a pesar de no concebirse estrictamente como políticas por quienes las protagonizan, se dotan de un contenido que permite leerlas como tal: suele subyacer en ellas un espíritu de contestación al orden vigente y de inserción social alternativa, envuelta en un carácter conflictivo a la vez que colectivo y organizado (Vommaro, 2013).

La memoria colectiva latinoamericana nos obliga a atesorar y revalorizar constantemente las instituciones democráticas […], es imprescindible construir modelos multidimensionales del comportamiento cívico.

En esta línea, es primordial señalar que, a la hora de luchar por alguna reivindicación, los jóvenes no se organizan desde un enfoque corporativo, apuntando a cuestiones propias de su vida cotidiana. Por el contrario, actúan en pos de temas más amplios y universales: libertad, derechos humanos, paz, ecología, etc. Esto describe un aspecto sumamente importante del accionar de la juventud como colectivo, ya que «sus acciones no están dirigidas a consolidar políticas y programas que permitan mejorar su inserción social […] sino que se orientan a tratar de mejorar el mundo al que les va a tocar integrarse» (Rodríguez, 2005).

Como conclusión, es ineludible afirmar que las generaciones precedentes han sembrado tradiciones y rígidas estructuras que ordenaron por décadas las formas del vivir político, pero que al día de hoy se enmarcan en paradigmas que han quedado obsoletos. En la actual sociedad del conocimiento, atravesada por la globalización y la revolución de las telecomunicaciones, los jóvenes son los más preparados para enfrentar las transformaciones propias de la actualidad. Las nuevas generaciones, socializadas en dinámicas de relación natural y fluida con las nuevas tecnologías, constituyen una ventaja comparativa que debe ser potenciada al máximo en el esbozo de las estrategias de desarrollo. Esto se debe a que los jóvenes están mejor y más preparados que los adultos para lidiar con la permanencia del cambio y con la centralidad del conocimiento (Rodríguez, 2005).

Asimismo, las redes sociales han transformado el significado de participación y motivado la acción y compromiso de jóvenes que ahora eligen pasar a la acción. En esta línea, corresponde adaptar los sistemas educativos para potenciar la espontánea adultez del colectivo juvenil, y hacerlo parte de la función pública como sujeto político independiente que debe tomar la voz en la elaboración de las políticas públicas. Para esto último, debe tenerse en cuenta que no es suficiente esgrimir como bandera el tratamiento de las problemáticas juveniles si se las aborda como un área de especialización que impulse proyectos fragmentados e irrelevantes. Es menester que sean los propios jóvenes los que discutan y consensuen políticas públicas que den vigencia a sus derechos, necesidades e intereses, con el marco de mecanismos institucionales de participación efectivos, estrategias orientadas al impacto efectivo y una asignación de recursos acorde.

Siguiendo la línea de Easton, el proceso iterativo de elaboración de políticas públicas se nutre del intercambio constante con la sociedad civil, y no es posible alcanzar resultados favorables si la juventud no es escuchada ni tenida en cuenta. Las viejas estructuras deben ceder para formar a las nuevas generaciones que se alzan como impulsoras de la transformación social, y deben asegurarse los procesos dinámicos de interacción con un sujeto político que ha sido excluido y estigmatizado y que, en consecuencia, ha desarrollado un desencanto hacia lo público.

La memoria colectiva latinoamericana nos obliga a atesorar y revalorizar constantemente las instituciones democráticas y, en este sentido, es imprescindible construir modelos multidimensionales del comportamiento cívico, superando los mecanismos convencionales. Para conservar la confianza y compromiso hacia las instituciones públicas, la Administración pública y los partidos políticos deberán comprender que, lejos de significar una amenaza a la democracia, el desarrollo de los jóvenes como ciudadanos críticos denotan la madurez del sistema político.

Referencias bibliográficas

  • Arenal, C. D., y Sanahuja, J. A. (2010). Teoría de las relaciones internacionales. Madrid: Tecnos.
  • López Montiel, A. G. (2008). Las teorías de sistemas en el estudio de la cultura política. Política y cultura, 29, 171-190.
  • Rodríguez, E. (2005). Juventud, desarrollo y democracia en América Latina. Nueva Sociedad.
  • Vommaro, P. (2013). Las formas de participación política juvenil en la democracia argentina: treinta años de encuentros, divergencias, cambios y persistencias. Bicentenario, 8, 2013-12, 32-39.
  • Zuasnabar, I., y Fynn, I. (2017). ¿Qué sienten los jóvenes latinoamericanos sobre la política? Diálogo Político, 2017-1, 29-32.

(*) Este ensayo resultó ganador de la cuarta edición del concurso de artículos breves «¿Cuál es el rol actual de los jóvenes en la construcción de partidos políticos modernos en Latinoamérica?» organizado por Diálogo Político.

Valentina Testa

Valentina Testa

(Córdoba, Argentina). Licenciada en Relaciones Internacionales y estudiante de Ciencia Política por la Universidad Siglo 21. Presidenta de la Organización Argentina de Jóvenes para las Naciones Unidas (OAJNU). Analista de relaciones institucionales en la Legislatura de Córdoba. Ganadora del IV Concurso de Artículos Breves de Diálogo Político, temática «Política latinoamericana: la juventud» (2021)

Los partidos latinoamericanos bajo presión

La pandemia ha aumentado la presión sobre los partidos latinoamericanos. Para sobrevivir en medio de la tormenta de protestas sociales, […]

Por: Sebastian Grundberger 5 Nov, 2022
Lectura: 22 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La pandemia ha aumentado la presión sobre los partidos latinoamericanos. Para sobrevivir en medio de la tormenta de protestas sociales, promesas populistas o cortejos chinos, los partidos de América Latina necesitan aliados firmes y conceptos innovadores.

El coronavirus golpeó a América Latina en medio de una prueba de resistencia para la democracia. En varios países del continente, la pandemia se sumó a agudos conflictos sociales, desconfianza respecto a las instituciones, la erosión del consenso político y social y promesas populistas de salvación. En medio de la crisis del coronavirus los partidos políticos, ya de por sí debilitados, apenas estuvieron en condiciones de convertirse en los intérpretes calificados de la crisis como portadores de conceptos políticos coherentes. El protagonismo del Ejecutivo durante la crisis y el poco frecuente vínculo institucional estrecho entre el Gobierno y un partido político fuerte no bastan como explicaciones para esto. La pandemia, además, dificulta hallar respuestas según el clásico esquema izquierda-derecha. Si bien los desafíos estructurales que enfrentaron los partidos en América Latina durante la crisis tendieron a atraer menos atención internacional, no solo mantienen su vigencia sino que también son de crucial importancia para el futuro de la democracia en la región. Este artículo se propone analizar las claves relacionadas con este tema.

La pandemia se sumó a agudos conflictos sociales, desconfianza respecto a las instituciones, la erosión del consenso político y social y promesas populistas de salvación.

1. Las democracias latinoamericanas (todavía) siguen siendo democracias de partidos

En contraste con lo que sucedió en los notoriamente tardíos procesos de descolonización en África y Asia, en prácticamente todos los países latinoamericanos se formaron partidos políticos apenas lograda la independencia. Las organizaciones que se constituyeron bajo este nombre en la primera mitad del siglo XIX, a pesar de su carácter elitista, expresaban incipientes contradicciones ideológicas: por un lado, una orientación conservadora-clerical y, por otro, una liberal-comercial. A esto se sumaron en la primera mitad del siglo XX partidos decididamente de izquierda. Aunque a lo largo de los años hubo fundaciones partidarias basadas en temas de actualidad, y algunas de estas tuvieron la capacidad de afianzarse, los sistemas de partidos de América Latina se mantuvieron notablemente estables hasta principios del siglo XXI. [1] Esto se mantuvo a pesar de los golpes de Estado y las dictaduras militares que se sucedieron a lo largo de la historia del continente en prácticamente todos los países. Al terminar estas, fueron a menudo los viejos partidos los que jugaron un papel decisivo en la democratización.

Aunque hoy en día cada vez se apunta menos a una continuada vigencia de la tesis de los sistemas de partidos estables en América Latina, dos aspectos no han cambiado. Por un lado, después de dos siglos, los Estados latinoamericanos se acostumbraron a la existencia de algún tipo de «partido» político. Por otro lado, las agrupaciones políticas existentes en la mayoría de los países pueden ser ubicadas en forma al menos aproximada en un gradiente ideológico de izquierda a derecha, de autoritario a liberal-pluralista, y de nacionalista a cosmopolita. Además, desde hace décadas persisten algunos importantes partidos, que ejercen influencia en la formación de los gobiernos. Un ejemplo claro es el Partido Nacional en Uruguay, con 184 años de existencia ininterrumpida, que desde el 1.º de marzo de 2020 lidera la coalición de gobierno. El origen de los todavía hoy relevantes Partido Conservador y Partido Liberal de Colombia se remonta a los años 1848/1849. Otro ejemplo es el Partido Acción Nacional (PAN) de México, que se formó en 1939.

2. La polarización social agudiza la pérdida de prestigio de los partidos políticos y de las instituciones

Las encuestas muestran que, a pesar de tres a cuatro décadas de gobiernos civiles continuados, en la mayoría de los Estados del continente americano las instituciones democráticas no lograron afianzar la confianza de la ciudadanía como garantes de un buen desempeño en el gobierno y de la estabilidad institucional. De acuerdo con el Informe Latinobarómetro de 2018, solamente un 24% de los encuestados declararon estar conformes

con la democracia en sus respectivos países, lo que constituye el valor más bajo desde la primera encuesta en 1995. Estos bajos valores tienen un impacto directo sobre un amplio espectro de instituciones democráticas como las autoridades electorales (28% de confianza), el Poder Judicial (24%), el Gobierno en general (22%) o los parlamentos (21%). Sin embargo, particularmente afectados resultan los partidos políticos, que solamente cuentan con la confianza de un 13% de los encuestados. En 2013, este valor todavía era de 24%. La pérdida de reputación de los partidos políticos no puede verse independientemente del apoyo cada vez menor a las instituciones democráticas y a la democracia en su conjunto. Sin embargo, es llamativo que los partidos políticos sufran particularmente este daño a su imagen.

En la búsqueda de modelos de explicación, ayuda elevar la mirada a los desarrollos globales. En los últimos años, América Latina participa de la tendencia global a una erosión del consenso político básico y a una polarización del panorama político en dos campos enfrentados en forma irreconciliable. Lo que en Argentina es llamado la grieta se repite en cada vez más países de la región, aunque con diferente vehemencia. En Brasil, Chile o Perú se constatan fenómenos similares en los últimos años, por no hablar de los países gobernados en algún momento o en la actualidad en forma «bolivariana» como Bolivia, Ecuador, Nicaragua o Venezuela. Hay una tendencia a que los contrincantes políticos sean convertidos en enemigos irreconciliablesEn este entorno del todo vale, los partidos institucionalizados son asfixiados en su capacidad de articular demandas sociales a través de discusiones. La disposición a defender las instituciones democráticas contra amenazas populistas y autoritarias desde los extremos del espectro político tanto de izquierda como de derecha disminuye a medida que aumenta la polarización social.

Los partidos no fueron capaces, en su calidad de sistemas de alerta temprana anclados en la sociedad, de hacerse eco de las demandas sociales, orientarlas hacia canales institucionales y evitar así una explosión violenta.

3. Grupos de interés y no partidos son los portadores de la nueva protesta social

Severos estallidos sociales llevaron a actos de violencia de distinta intensidad y sacudieron a países de la región como Chile, Colombia o Ecuador. En especial, la crisis política en Chile hizo plantearse a observadores incrédulos la pregunta de cómo «el país más rico de América Latina […] podría convertirse de repente en algo así como un campo de batalla» (Peña González, 2020). Una de las varias causas de la crisis es que «el Estado apenas ha sido reformado y es percibido como obsoleto por una sociedad que avanza a mucha mayor velocidad», afirma el analista Carlos Peña González, quien agrega que de esta forma surgió una situación en la que «la sociedad dispone hoy de mayores grados de complejidad que un Estado, cuya fisonomía viene del siglo XIX». Este diagnóstico ciertamente puede trasladarse a los partidos políticos como parte de este diseño institucional. En ninguno de los contextos mencionados los partidos políticos estuvieron significativamente involucrados como articuladores políticos de las demandas sociales. Por el contrario, los partidos, frecuentemente debilitados por escándalos de corrupción y disputas internas, a menudo eran percibidos por los manifestantes como parte de un sistema injusto susceptible de ser combatido. En estos casos, los partidos no fueron capaces, en su calidad de sistemas de alerta temprana anclados en la sociedad, de hacerse eco de las demandas sociales, orientarlas hacia canales institucionales y evitar así una explosión violenta.

La motivación principal de las protestas fue a menudo un movimiento de defensa de intereses particulares, sin liderazgos claros, principalmente activos a través de las redes. Estos grupos se agitaron bajo consignas como «no más AFP» en Chile o, algunos años antes, «Vem pra rúa», en el marco de las protestas contra Dilma Rousseff en 2016 en Brasil. A esto se suman movimientos estudiantiles y variados colectivos, en los que es difícil de discernir una única fuerza motora o una figura que los lidere.

Si bien estos movimientos sustituyeron a los partidos parcialmente en su función movilizadora, no fueron capaces de formular soluciones o nuevas formas de liderazgo democráticamente legitimadas. Lo que sí lograron fue empujar a los partidos y grupos parlamentarios existentes a través de demandas fuertemente emocionales, amplificadas a través de los espacios virtuales de resonancia. Las discusiones con contenido, por ejemplo, sobre los detalles técnicos del diseño del sistema de pensiones o del sistema electoral se moralizan así de una manera muy perjudicial para el debate racional que requieren estas cuestiones con muchos detalles técnicos. Además, como resultado de esta especie de moralización pública se están transfiriendo cada vez más a las calles o a las redes elementos de la toma de decisiones democrática tradicionalmente reservados a los parlamentos en las democracias representativas. Si este proceso sigue avanzando y la democracia parlamentaria se ve amenazada de ser por lo menos parcialmente reemplazada por lógicas plebiscitarias, los partidos perderían en gran medida nada menos que su razón de ser y, por tanto, se vería severamente mermado su rol amortiguador contra las ambiciones autoritarias de poder.

4. No hay forma de matar al caudillo, sea analógico o digital

A pesar de todos los problemas, las protestas sociales actuales son una expresión de la demanda de nuevas formas de participación social y política —es decir, de más democracia— por una clase media creciente y cada vez mejor educada. Más anacrónico aún es que el caudillo, una tradicional especie de la fauna política de América Latina (Vargas Llosa, 2004), se beneficie del descontento generalizado con la política y la clase política. La expresión caudillo, proveniente de la jerga militar para denominar a un líder del ejército, se usa en América Latina siempre que un líder carismático-populista se presenta como un tribuno del pueblo, acapara y utiliza el poder con medios a veces cuestionables. También los populistas contemporáneos de América Latina se sitúan ayer como hoy en una especie de «lucha binaria entre el pueblo por un lado y una especie de exclusiva élite por el otro» (Latin News, 2020) y, de esa forma, se benefician de una moralización de la política.2

Llama la atención que tres de los cinco países mencionados con los valores más bajos de satisfacción con la democracia, según datos del Latinobarómetro 2018 (Brasil, México y El Salvador), hayan entregado su fortuna a una figura populista caudillesca. Los nuevos caudillos utilizan, mientras tanto, las herramientas digitales para sus objetivos y logran con esto darles un barniz de modernidad a estilos políticos en realidad apolillados.

Los nuevos caudillos utilizan las herramientas digitales para sus objetivos y logran con esto darles un barniz de modernidad a estilos políticos en realidad apolillados

Un caso particularmente ejemplar es el del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, quien se ha convertido en una especie de cibercaudillo. Elegido para el cargo en 2019 con la promesa de sustituir «a los de siempre», Bukele se celebró primero en Twitter como el «presidente más cool del mundo», para luego de recurrir al más clásico de todos los patrones de legitimación de los caudillos latinoamericanos, el apoyo de la fuerza armada. Esta estrategia encontró su clímax en la emblemática ocupación del Parlamento por las fuerzas armadas el 9 de febrero de 2020 (Bermúdez-Valle, 2020a; 2020b). En este contexto parece cínico que Bukele llame Nuevas Ideas al partido fundado a su imagen y semejanza en el mejor estilo caudillesco.

Si bien la pandemia ha demostrado claramente los déficits de la gestión de crisis de algunos líderes populistas (Usi, 2020), no parece más que una expresión de deseo que esta crisis pueda colocar a los caudillos en su lugar y oriente a la ciudadanía hacia partidos moderados con programas. Por el contrario, podría darse que el empobrecimiento como consecuencia de la pandemia y el sentimiento de desamparo frente a estructuras estatales den fuerza a propuestas populistas y soluciones supuestamente simples.

5. De corta vida y de poca cohesión interna. La peruanización de los partidos latinoamericanos

Mientras algunos caudillos se convirtieron en una amenaza para la constitución democrática de los Estados latinoamericanos, por debajo del límite de percepción internacional a menudo surgen microcaudillos que determinan a sus partidos políticos. Particularmente, en países donde los sistemas de partidos apenas se perfilan, candidatos presidenciales prometedores tienden a fundar ellos mismos «partidos», cuya duración a menudo se limita al ciclo de su propia actividad política en primera fila como candidato o candidata. En Perú, por ejemplo, el expresidente Pedro Pablo Kuczynski incluso dio nombre a un partido con sus iniciales PPK (Peruanos Por el Kambio). Con el prematuro final de la presidencia de Kuczynski en 2018, también su «partido» se descompuso, mientras sus miembros se dispersaban para sumarse a nuevos agrupamientos. Este fenómeno, ya típico para Perú, llevó a que politólogos llamaran al país andino «democracia sin partidos» (Luna, 2017, p. 54). Tuesta Soldevilla et al. (2019) explican las características constitutivas de este modelo: en ciclos políticos cada vez más cortos se forman franquicias políticas (p. 29) alrededor de líderes, que se disuelven rápidamente. Una vez que alcanzan el gobierno, carecen de cuadros del partido para ocupar importantes funciones dentro del Estado, lo que resulta en administraciones tecnocráticas sin clara orientación política. A eso se suma el peligro de que personas que se acercan a proyectos políticos de estas características lo hagan más bien por motivos personales que por una comunión de convicciones políticas. Esto aumenta el peligro de que estructuras ilegales ejerzan influencia, lo que resulta en una marcada inestabilidad de la política y en una mercantilización (p. 30) de candidaturas y campañas electorales.

El destino de los partidos políticos, tal y como se describe en el contexto peruano, se está volviendo cada vez más notorio hasta en países como Colombia o Chile, hasta ahora más institucionalizados en términos de política partidaria, sin mencionar los sistemas de partidos más volátiles, como en Ecuador, Bolivia, Venezuela o los Estados centroamericanos con excepción de Costa Rica. El politólogo Juan Pablo Luna (2016), por tanto, también ve el modelo peruano como un posible escenario futuro para otros países de América Latina (Tuesta Soldevilla et al., 2019, p. 22).

6. Los partidos latinoamericanos buscan su lugar en la democracia digital

El término transformación digital se utiliza principalmente en relación con la economía, mientras que los actores y partidos políticos aparecen al final del espectro de percepción al respecto (Ford, 2019, p. 112). No obstante, los partidos políticos no solamente tienen que afirmarse en el espacio digital; su capacidad de adaptación a la democracia digital y sus dinámicas determina cada vez más sus posibilidades de éxito en las urnas. Esto vale especialmente en América Latina. Aunque la región todavía esté muy por detrás de Europa o de Estados Unidos en la expansión de la infraestructura digital (ASIET, 2020), a pesar de los avances el continente es, según datos estadísticos, la región con el uso diario más intensivo de las redes sociales en todo el mundo (Navarro, 2020). Según un estudio de 2019, los latinoamericanos pasaban un promedio de tres horas y media al día en las redes sociales, casi el doble que los norteamericanos (Duarte, 2019).

No obstante, los partidos políticos de América Latina hasta ahora se comportaron en forma más bien pasiva con respecto a los desarrollos en la comunicación digital, en vez de utilizar las nuevas herramientas para trabajo partidario de manera innovadora, por ejemplo, en el reclutamiento de miembros, discusiones de programas o recaudación de fondos (Ford, 2019, pp. 113-114). Mientras que en el continente en campañas electorales se pueden encontrar enfoques muy innovadores y profesionales en el área digital, esto difícilmente se aplica a la comunicación y el trabajo partidario cotidianos en épocas más lejanas a los procesos electorales. Por otro lado, los partidos políticos muchas veces aún no ven a la digitalización como un campo futuro de formulación de políticas. Apenas hay políticos especializados que conviertan a la digitalización en su tema principal, y ni hablar de que existan grupos de trabajo sobre este tema dentro de los partidos. Todo ello resulta en que los partidos tradicionales latinoamericanos, frecuentemente sobrecargados de estatutos y reglamentos internos complejos, a menudo se quedan en desventaja frente al estilo político emocional y personalista de los caudillos. Como internet y especialmente las múltiples plataformas de redes sociales permiten a los líderes políticos dirigirse en forma directa a grupos de votantes cada vez más segmentados, queda cuestionada una función importante del partido político, a saber, su presencia territorial y, por tanto, la proximidad física con los ciudadanos. Por tanto, los partidos latinoamericanos necesitan urgentemente encontrar respuestas estratégicas a la realidad de la democracia digital si quieren seguir vigentes.

7. ¿Y las nuevas generaciones?

La pregunta primordial no es si hay un futuro para los partidos políticos, sino cómo pueden las nuevas generaciones transformar a los partidos políticos para que estos tengan futuro.

No hay democracia sin partidos políticos. Por esto, la pregunta primordial no es si hay un futuro para los partidos políticos, sino cómo pueden las nuevas generaciones transformar a los partidos políticos para que estos tengan futuro. Algunas ideas que emanan en gran medida de lo antes descrito:

  1. Introducir los nuevos temas de la calle en la agenda partidaria. Un partido que no habla de los asuntos que mueven y preocupan a las sociedades es un partido desconectado. Hay muchas nuevas demandas y cada día surgen más. En Europa, algunos partidos están sufriendo, por ejemplo, por no haberse preocupado por el movimiento climático a tiempo. La lucha contra la violencia de género y las demandas de una igualitaria participación de las mujeres en la esfera política se hace cada vez más notoria. La inseguridad y la pobreza siguen afligiendo a las sociedades. Los jóvenes son los más cercanos a los debates en las calles. Y tienen una gran responsabilidad en transmitirlos a los partidos.
  2. Cuidar los modales en el enfrentamiento político. La polarización empuja a los políticos a usar palabras y expresiones cada vez más radicales, insultantes y divisorias. Esto afecta a las instituciones y a los partidos. Es fundamental que los jóvenes no caigan en este círculo vicioso y que encuentren maneras de defender sus ideas de una manera clara, precisa, innovadora, pero siempre respetando a las opiniones contrarias, para proteger la democracia y la posibilidad de llegar a acuerdos.
  3. Mantenerse fiel a un partido. La vida dentro de un partido es una carrera de resistencia y los tiempos para llegar a puestos de poder pueden ser lentos. Esto lleva a cada vez más jóvenes a cambiarse frecuentemente de partido o de movimiento político. Hay pocas cosas más dañinas para estos. Para fortalecer a los partidos y avivar el debate de ideas dentro de ellos, es fundamental no ceder ante la primera adversidad y comprometerse con el partido político que uno escogió.
  4. Llevar a los partidos a la era digital. Las nuevas generaciones son nativas digitales. Los códigos de la comunicación en redes les salen tan naturales como a la generación de los mayores las charlas en mítines. ¿Quiénes más indicados entonces para llevar a estos grandes barcos que son los partidos a las aguas más revoltosas de la comunicación digital?
  5. Descifrar las nuevas amenazas externas. Es fundamental entender que la geopolítica ha cambiado drásticamente. Actores como Rusia y especialmente China tratan de usar a los partidos para sus fines no democráticos. Un partido conectado con la realidad tiene que entender estos cambios y moverse dentro de ellos con un norte moral claro. Aquí, de nuevo, las nuevas generaciones pueden empujar a sus partidos.

8. La necesidad de un diálogo entre partidos políticos democráticos

Muchos de los desafíos planteados hacen indispensable un diálogo entre partidos políticos democráticos. Y esto no solamente aplica a nivel internacional. Si bien los procesos de erosión en algunos contextos latinoamericanos (palabra clave: peruanización) pueden estar aún más avanzados que en los países de la Unión Europea, los partidos europeos enfrentan cada vez más desafíos similares a los de sus socios latinoamericanos. Dada la coincidencia de ambas regiones en el concepto de partido, un diálogo intenso en pie de igualdad seguramente será beneficioso para todos.

Esto es especialmente válido frente a alternativas autoritarias a las democracias claramente reconocibles, como ejemplos disuasorios en ambas regiones. Las áreas a desarrollar en la intensificación del diálogo partidario se encuentran en todo lo relativo a la conexión entre los partidos y sus sociedades. Esto comprende el programa político, la búsqueda de un consenso básico en la sociedad y la orientación estructural de los partidos hacia los patrones de comunicación y debate rápidamente cambiantes en la era digital.

Para que este diálogo funcione, y lleve a fortalecer las democracias y los partidos políticos, es necesario que se construyan las alianzas entre partidos que comparten valores y principios. El compromiso fundamental es, sin ningún lugar a duda, un compromiso pleno con la democracia y con sociedades pluralistas.

Referencias bibliográficas

  • Alcántara Sáez, Manuel. (2004). Partidos políticos en América Latina: Precisiones conceptuales, estado actual y retos futuros. Barcelona: CIDOB.
  • ASIET. (2020, mayo 5). El estado de la digitalización de América Latina frente a la pandemia. La región en busca de la resiliencia digital. https://bit.ly/3cYx3zu
  • Bermúdez-Valle, Álvaro. (2020a, febrero 21). El Salvador: la conversión del presidente millennial, Diálogo Político, https://bit.ly/3d2fA9x
  • Bermúdez-Valle, Álvaro. (2020b, junio 30). El Salvador y la cooptación del Estado desde la emergencia sanitaria. Diálogo Político, https://bit.ly/2Svc2D7
  • Corporación Latinobarómetro. (2018). Latinobarómetro. Opinión pública latinoamericana. http://www.latinobarometro.org/lat.jsp
  • Duarte, Fernando. (2019, septiembre 9). Los países en los que la gente pasa más tiempo en las redes sociales (y los líderes en América Latina). BBC World Service. https://bbc.com/ mundo/noticias49634612
  • Ford, Elaine. (2019). El reto de la democracia digital. Lima: Konrad-Adenauer-Stiftung. https://bit.ly/31wwpEO
  • Galván, Melissa. (2019, enero 19). 50 frases de AMLO en sus primeros 50 días de gobierno. Expansión Política. https://bit.ly/37J3txF
  • Latin News. (2020). Latin American Populists and the virus. Latin American Special Report. https://bit.ly/3dLW5Cz
  • Luna, Juan Pablo. (2016, noviembre 29). Perú, ¿el futuro político de Chile? Centro de Investigación Periodística (CIPER). https://bit. ly/3d0sd4L
  • Luna, Juan Pablo. (2017). ¿El fin de los partidos políticos? Diálogo Político, https://bit.ly/3mbHsv7
  • Navarro, José Gabriel. (2020, mayo 15). Social media usage in Latin America. Statistics & Facts. Statista. https://bit.ly/2GB8wEE
  • Peña González, Carlos. (2020). La crisis social en Chile y sus implicaciones para América Latina. Diálogo Político. https://bit.ly/38roRrA
  • Tuesta Soldevilla, Fernando; Muñoz Chirinos, Paula Valeria; Campos Ramos, Milagros; Bensa Morales, Jessica Violeta; y Tanaka Gondo, Martin (2019). Hacia la democracia del Bicentenario. Lima: Comisión de Alto Nivel para la Reforma Política, Konrad-Adenauer-Stiftung. https://bit.ly/3oh6niQ
  • Usi, Eva. (2020, junio 2). América Latina: el coronavirus desnuda a los líderes populistas. Deutsche Welle. https://p.dw.com/p/3d9vd
  • Vargas Llosa, Álvaro. (2004). La fauna política latinoamericana. Neopopulistas, insoportables y reyes pasmados. Santiago de Chile.

  1. En relación con los años ochenta, noventa y comienzos de dos mil, Manuel Alcántara (2004, p. 29) constató esa estabilidad en los sistemas de partidos latinoamericanos.
  2. A los caudillos les gusta equiparar retóricamente su persona con el pueblo. Un ejemplo de ello: «Yo no me voy a divorciar del pueblo; vamos a estar siempre juntos» (Galván, 2019).
Sebastian Grundberger

Sebastian Grundberger

Coordinador de los países andinos en la Fundación Konrad Adenauer.

Los riesgos de cooperar con el Partido Comunista chino

La turbulenta cumbre bilateral celebrada en marzo de 2021 en Alaska entre China y Estados Unidos, la primera cita entre […]

Por: Juan Pablo Cardenal 5 Nov, 2022
Lectura: 15 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La turbulenta cumbre bilateral celebrada en marzo de 2021 en Alaska entre China y Estados Unidos, la primera cita entre ambos desde la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca, ocultó detrás del rifirrafe diplomático entre ambos un detalle cargado de simbolismo que, sin embargo, pasó mayormente desapercibido en los medios de comunicación y en la opinión pública internacionales.

El protagonista de la trifulca en el lado chino, quien no dudó en cuestionar —en un tono áspero— la salud de la democracia y la situación de los derechos humanos en Estados Unidos, además de defender a capa y espada el modelo autoritario chino, fue Yang Jiechi, presentado como el top diplomat al frente de la delegación de Pekín.

Esta etiqueta genérica nació probablemente de la confusión que provocó que Wang Yi, el ministro de Asuntos Exteriores, estuviera también presente en Anchorage pero no encabezara la representación. Yang Jiechi, educado en el Reino Unido y exembajador en Estados Unidos a principios de siglo, es considerado como uno de los arquitectos de la política exterior contemporánea de China. Ejerce además como director general de la Comisión Central de Política Exterior, órgano que en el pasado estuvo bajo control del Estado pero que hoy depende del Comité Central del Partido Comunista. Integrado por un restringido grupo de dirigentes chinos con Xi Jinping a la cabeza, su función es supervisar y mover los hilos del complejo engranaje de asuntos exteriores de China.

Es el Partido Comunista chino, y no el Estado, el que guía, dirige y ejecuta la agenda y la política exterior de China.

Su comparecencia visibilizó no solo algo ya sabido, la superior jerarquía del Partido Comunista (PCCh) sobre el Estado chino, sino también algo no siempre evidente para los interlocutores políticos de China en el extranjero: que es el PCCh, y no el Estado, el que guía, dirige y ejecuta la agenda y la política exterior de China. Ello no impidió que causara sorpresa que la delegación estadounidense, liderada por el secretario de Estado, Antony Blinken, cediera a la ortodoxia del protocolo diplomático y aceptara que un miembro del Buró Político, el máximo órgano de poder en China, y no un representante del Estado, capitaneara la delegación del país asiático en la cumbre. No es difícil ver en la renuncia protocolaria de Washington una victoria moral para Pekín en términos de legitimación del PCCh.

Sirva el anterior episodio para apuntar que el aval concedido por Estados Unidos no es distinto al que, desde hace décadas, los partidos políticos latinoamericanos llevan otorgando al régimen chino luego de haber construido una relación estrecha, en algunos casos incluso simbiótica, con el PCCh. Además de los innumerables encuentros oficiados entre representantes institucionales de China y de los países latinoamericanos, a los que hay que sumar los celebrados con entidades más periféricas en la estructura estatal china aunque igualmente influyentes —entre ellas, las asociaciones de amistad—, Pekín juzga valioso cultivar los vínculos con los partidos políticos de la región, sin importar el posicionamiento ideológico cada uno de ellos. Estos lazos interpartidistas son parte de la diplomacia total el gigante asiático.

Pekín juzga valioso cultivar los vínculos con los partidos políticos de la región, sin importar el posicionamiento ideológico cada uno de ellos.

Ello explica que el PCCh organice unas cuatrocientas actividades al año con formaciones extranjeras y que, en los últimos veinte años, haya mantenido al menos 326 encuentros exclusivos con sus homólogos de América Latina. Esta es una cifra de mínimos, pues su principal fuente es el propio Departamento Internacional del PCCh, cuya web no recoge la totalidad de las audiencias celebradas. Pero sí es un guarismo suficientemente significativo como para deducir que la formación comunista, en tanto que principal promotora de la relación interpartidista, alcanza los objetivos que con ellos se propone. Entre otros, monopolizar el discurso de la China actual, legitimar internacionalmente al PCCh o apoyar los intereses de China en política exterior.

También busca establecer relaciones personales con los representantes políticos y ampliar la red de aliados que China teje por toda la región en el contexto de su programa de captación de las élites, desde las políticas y académica hasta las económicas y mediáticas. Con ello, logra cultivar una relación de cercanía, que el lenguaje político de Pekín envuelve en una seductora narrativa de amistad, con personas próximas a quienes en cada país toman las decisiones. Quien pone la primera piedra de esa relación es generalmente el PCCh, bien a través de visitas de delegaciones comunistas a América Latina o con la organización de eventos perfectamente tematizados, ya sea en torno al proyecto de la Franja y la Ruta, al supuesto éxito de Pekín en la erradicación de la pobreza o —en el último año— a la gestión comunista del covid-19.

Pero, con diferencia, lo que mejor funciona para atraer a los representantes de los partidos políticos regionales son las invitaciones periódicas del PCCh para visitar China con todos los gastos pagados. Muchos visitan China por primera vez, o lo hacen sin un conocimiento cabal para entender la realidad detrás del telón de bambú: su historia, su sistema de partido único o su capitalismo de Estado. Por tanto, ocurre con frecuencia que la legendaria hospitalidad china, la vibrante atmósfera comercial que se respira en China, los rascacielos de neón, las impresionantes infraestructuras, la enigmática cultura china y el relato —convenientemente destilado— de la transición desde el maoísmo a segunda potencia económica del planeta tienen efectos hipnóticos sobre muchos de sus huéspedes extranjeros. Se convierten así en aliados de Pekín.

Y en peones de su estrategia, pues en sus propios países asumen el rol de embajadores de facto de todo aquello que para Pekín es importante y que defiende el PCCh. Quizá con los partidos políticos situados más a la izquierda en el arco ideológico, entre ellos los partidos comunistas latinoamericanos, comparten afinidad ideológica y política en cuanto a lo que el socialismo con características chinas y el PCCh representan. Pero los partidos de centroderecha regionales que no dudan en estrechar los lazos y la cooperación con la formación comunista, y que creen —quizá alegremente— que no arriesgan capital político por vincularse a un partido iliberal y autoritario situado en sus antípodas ideológicas, deben saber que dicho nexo no es exactamente inocuo.

Por lo pronto, no es difícil concluir que quienes se prestan a iniciativas de esta naturaleza con frecuencia quedan atrapados en la telaraña de la propaganda del PCCh. Así ocurrió —por ejemplo— a finales de 2017, cuando más de 300 representantes de partidos políticos de 120 países, incluidos latinoamericanos, fueron invitados por el PCCh a una cumbre partidista en Pekín y, a la conclusión del evento, estamparon su firma detrás de una aduladora y propagandística declaración conjunta: «Elogiamos el enorme esfuerzo y la gran contribución del PCCh y de su líder, Xi Jinping, para construir una comunidad para un futuro compartido y un mundo pacífico», rezaba el comunicado. En abril de 2020, en pleno desconcierto por los estragos de la pandemia y con China en el punto de mira por su supuesta responsabilidad, el PCCh impulsó una declaración conjunta de partidos políticos para promover la cooperación internacional pero cuyo principal propósito era incidir en la «actitud abierta, transparente y responsable» de China. Según los medios oficiales chinos, fue apoyada por 240 formaciones políticas de 110 países.

Adhesiones de esta índole sirven para promover la equivalencia moral del PCCh con las democracias, generar un consenso global a favor del régimen chino y contrarrestar a quienes ven con reservas la creciente influencia internacional del gigante asiático. Semejante legitimación del autoritarismo chino se antoja un desliz que ningún partido democrático se debería permitir, de entrada, por la propia deriva del régimen chino desde la llegada de Xi Jinping al poder en 2013 y, más recientemente, con la represión en la región musulmana de Xinjiang o en la antigua colonia de Hong Kong. Si durante décadas predominó la esperanza de que China iría democratizándose a medida que fuese desarrollándose, hoy resulta obvio que debemos ir abandonando esta idea. Es una circunstancia a la que los partidos democráticos de la región no deberían sustraerse.

No solo es cuestión de que todo partido democrático deba defender —por congruencia ideológica elemental— lo que es moralmente correcto y no aceptar puntos intermedios entre el autoritarismo y la democracia. Es también que la normalización de los encuentros, diálogos, visitas, adhesiones, elogios y cooperación con el PCCh conlleva una tácita depreciación —por comparación— de los principios y valores democráticos universales que estas formaciones dicen suscribir. En una época de creciente insatisfacción con la democracia en América Latina, a la que se suma la crisis de representación de los partidos y una corrupción política galopante, los gestos de camaradería, complicidad y apoyo hacia el autoritarismo de Pekín solo contribuyen a comprometer su propia credibilidad. Marcar territorio democrático es un compromiso inherente de cualquier partido liberal que se precie.

Esto es importante en el contexto de cómo el modelo chino, que combina autoritarismo político y capitalismo de Estado, es percibido por ciertas élites en América Latina y en otras regiones, principalmente en el mundo en desarrollo. Un modelo del que se destaca su eficacia para sacar a cientos de millones de personas de la pobreza y que ha permitido a China convertirse en la segunda potencia económica del planeta. Pero, ya que esta visión un tanto estereotipada tiene muchos matices y enfatiza únicamente la cara amable del llamado milagro chino, esas élites políticas regionales serían quizá más consecuentes con lo que representan si se replantearan la homologación —tácita o expresa— que hacen del modelo autoritario chino. Sobre todo, porque ese modelo de desarrollo sin contrapesos, participación, transparencia y libertad del que se destaca solo su eficacia, no es necesariamente mejor.

En una época de creciente insatisfacción con la democracia en América Latina, […] los gestos de camaradería, complicidad y apoyo hacia el autoritarismo de Pekín solo contribuyen a comprometer su propia credibilidad.

Es justamente este discurso, aunque adaptado a las distintas audiencias políticas, el que el PCCh divulga —subliminal o abiertamente, según los casos— en sus encuentros y eventos con sus interlocutores partidistas latinoamericanos. Xi Jinping marcó el camino en 2017: «El socialismo con características chinas abre un camino nuevo para la modernización de otros países en desarrollo», declaró. Tres años después, en medio del desconcierto en las principales democracias occidentales por la gestión de la pandemia y con Pekín cantando victoria por lo que sus autoridades describen como una gestión modélica de la crisis, el PCCh no oculta ya su convicción de la superioridad de los valores comunistas. Así quedó reflejado en tantos encuentros políticos virtuales celebrados con sus homólogos latinoamericanos durante la pandemia. Y así lo constató también Yang Jiechi, el hombre fuerte de la diplomacia china, en Alaska.

No sabemos qué réditos concretos obtienen de esos encuentros partidistas, tanto las formaciones de la región como el PCCh. Su seguimiento y evaluación son complejos por su naturaleza aparentemente protocolaria y por el secretismo que los rodea. Pero podemos deducir que los líderes comunistas ponen énfasis en transmitir su visión de China y su rol en el mundo, al objeto de quesusinterlocutoresentiendanyrespeten los intereses y valores que para el régimen comunista son importantes: desde la inquebrantable unidad de China o su versión de las disputas de soberanía en el Mar de la China Meridional, hasta su visión del multilateralismo, el comercio mundial o los derechos humanos. En ese entorno más flexible e informal anticipan así los objetivos de la política exterior de China, mientras en clave económica asfaltan el terreno a sus empresas estatales. Los representantes de los partidos políticos, por su cercanía con los mandatarios nacionales, se convierten así en un valioso activo.

Los partidos políticos tienen ante sí la ocasión de defender, en ese entorno amistoso e informal de los encuentros partidistas, las virtudes democráticas y los valores que son importantes en las sociedades libres.

Lo que sí sabemos, por otro lado, es que, una vez establecido el vínculo personal con sus interlocutores políticos a través de encuentros, conferencias y viajes al país asiático, la contraparte china no duda en explotar a su favor la amistad labrada entre ellos. En especial, cuando el viento sopla en dirección contraria a los intereses chinos: «Nada es gratis, los chinos cobran peaje después», apunta Jaime Naranjo, diputado socialista de Chile. Según este político, el llamado turismo parlamentario a China supone para el régimen chino una inversión diplomática que pretende neutralizar cualquier crítica contra Pekín por su política interna, su violación de los derechos humanos o su forma de penetrar económicamente en el extranjero. «Cada vez que hay un proyecto de resolución contra China en el Congreso chileno, el embajador rápidamente llama a los parlamentarios. Y muchos de esos legisladores que fueron a China se abstienen o se ausentan de la votación», denuncia.

El peaje del que tan claramente habla el legislador chileno tiene varias formas de plasmarse. Pueden ser meras declaraciones de intenciones, desde secundar el multilateralismo que China promueve en las organizaciones internacionales hasta apoyar la Franja y la Ruta, el proyecto estrella de la diplomacia china. En ocasiones, son más sustantivas, por ejemplo, el mencionado respaldo a los manifiestos propagandísticos del PCCh, la adhesión pública al principio de una sola China o, como es el caso desde hace décadas en los países latinoamericanos que reconocen a Taiwán, su contribución para impulsar el reconocimiento de Pekín y aislar a Taipéi. Y, en otras, el peaje implica la total ausencia de críticas al régimen chino no solo con respecto a su situación doméstica, sino también en cuanto a los efectos negativos de sus inversiones en los países receptores o en relación con actuaciones de China que les afectan. La supuesta responsabilidad de China en la pandemia del covid-19 es buen ejemplo.

Al silencio que China logra imponer a sus interlocutores políticos extranjeros gracias a su diplomacia total, incluida la relación interpartidista, no es ajena la percepción del mundo político y económico latinoamericano de que China es irremplazable como fuente de oportunidades. Y más aún: que para que el comercio, las inversiones, los préstamos y los negocios fructifiquen, es requisito indispensable que el clima político sea el óptimo para Pekín, lo que implica —ante el temor a represalias comerciales— que sean las autoridades comunistas las que marquen el rumbo y los términos de la relación. Una relación que, con frecuencia, deriva en desigual, en el pago de un precio político y en ausencia de crítica, cuando no en pleitesía. Ello sirve para consolidar la relación asimétrica que muchos países de la región ya padecen con China.

Por todo lo expuesto, China representa para el resto del mundo un desafío mayúsculo también en términos políticos. De ahí que los partidos políticos de América Latina, en especial, los que se jactan de ser y ejercen de democráticos, deberían abstenerse de contribuir. Del mismo modo que sería deseable que los gobiernos evitaran compartimentar el trato con el gigante asiático para que la economía, las oportunidades y el pragmatismo sean el eje principal de la relación, los partidos políticos tienen ante sí la ocasión de defender, en ese entorno amistoso e informal de los encuentros partidistas, las virtudes democráticas y los valores que son importantes en las sociedades libres. No solo es su obligación. Los partidos políticos no pueden pensar que el autoritarismo chino no nos afecta.

Juan Pablo Cardenal

Juan Pablo Cardenal

Periodista e investigador especializado en la internacionalización de China. Investigador asociado del Centro para la Apertura y Desarrollo de América Latina (CADAL) y editor principal de su proyecto «Análisis Sínico». Fue corresponsal en China durante una década para dos diarios españoles e investigó sobre el terreno los efectos de las inversiones, préstamos y proyectos de infraestructuras chinos en 40 países. Coautor de tres libros sobre esta temática, que se tradujeron a 12 idiomas.

El potencial de los nuevos partidos en Europa

Son los nuevos vecinos del barrio, los nuevos partidos (1) en Europa. Se describen a sí mismos como nuevos y diferentes. Algunos […]

Por: Franziska Fislage 5 Nov, 2022
Lectura: 21 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Son los nuevos vecinos del barrio, los nuevos partidos (1) en Europa. Se describen a sí mismos como nuevos y diferentes. Algunos pudieron alcanzar éxitos electorales rápidamente. Las razones de sus logros son diversas y específicas de cada país, pero también dan testimonio del cambio social general. ¿Qué significa esto para el futuro de la democracia de partidos y qué oportunidades ofrecen estos cambios a los partidos establecidos?

El año electoral 2019 en Ucrania fue una sorpresa en muchos sentidos: por un lado, Volodímir Zelenski fue elegido nuevo presidente. Zelenski era hasta entonces una figura pública, pero no en la política sino, entre otras cosas, como comediante y actor principal en la comedia política televisiva Sluha Narodu ‘Servidor del pueblo’. Por otro lado, el partido de Zelenski, Sluha Narodu, se convirtió en la fuerza política más poderosa del Parlamento ucraniano. Esto permitió que un partido que se había fundado un año antes de las elecciones como sucesor del Partido de los Cambios Decisivos pudiera movilizar suficientes primeros votantes como para ganar las elecciones (Trubetskoy, 2019).

Sin embargo, Sluha Narodu no es el único partido ucraniano recién llegado. También Holos, partido del conocido músico ucraniano Svyatoslav Vakarchuk (Weininger, 2019, p. 4), se fundó antes de las elecciones parlamentarias de 2019. También fuera de Ucrania surgieron nuevos partidos en los últimos años. En algunos casos, experimentaron éxitos electorales asombrosos que van desde el ingreso directo al Parlamento hasta el triunfo en una elección, con la consiguiente responsabilidad del gobierno. Entre ellos se encuentran Podemos y Ciudadanos en España, ANO 2011 en la República Checa, NEOS en Austria, el Movimiento Cinco Estrellas en Italia, SMC en Eslovenia y, sobre todo, La République en Marche (LREM) en Francia. Aunque el glamour y el éxito inicial de algunos de estos nuevos partidos ya se están desvaneciendo, otros se pudieron mantener y ejercer presión sobre alguno de los partidos establecidos. La tendencia hacia la fundación de nuevos partidos, que cambian el mapa en muy poco tiempo, continuará en el futuro, de manera que los sistemas de partidos permanecerán (y deberán hacerlo) en movimiento.

Los viejos nuevos

Las formación de nuevos partidos no es, por supuesto, un fenómeno desconocido. De hecho, esto se repite desde la conformación de los sistemas de partidos hace más de cien años. Muchos de los ex recién llegados poseen ahora una tradición de décadas y se han convertido en una parte integral del sistema de partidos en sus respectivos países. Sin embargo, un fenómeno nuevo es la velocidad con que los nuevos partidos pueden alcanzar el éxito. A menudo, solo trascurren unos pocos años entre su fundación y la entrada al Parlamento o, incluso, el logro de cargos presidenciales. Mientras tanto, la velocidad con que la sociedad está cambiando también impacta sobre el panorama político, al menos, en muchos países europeos.

En el pasado, los partidos y movimientos recién fundados no tenían gran alcance y a duras penas sobrevivían durante muchos años fuera de los Parlamentos. Luchas internas por el poder y entre tendencias, debates y discusiones sobre posiciones y programas, el establecimiento de estructuras nacionales y, por último, pero no menos importante, el escrutinio crítico de los partidos establecidos y de la opinión pública eran algunos de los ineludibles primeros pasos en el proceso de consolidación. En los años de aprendizaje había que establecer procesos de toma de decisión democráticos y estables, sentar una base programática, construir una organización partidaria y probar suerte en la gestión de campañas. Mientras algunos partidos pudieron establecerse con bastante éxito en estos años, otros como el Partido Pirata, en Alemania, después de una euforia inicial rápidamente fueron relegados a la periferia política.

En el pasado, los partidos y movimientos sin estructuras internas y una organización definida difícilmente podrían entenderse como una competencia seria para los partidos establecidos. Muchos de ellos solo lograron resultados que avalaban su participación en el gobierno después de varios años en la oposición.

Hoy en día, varias de las etapas tempranas en el proceso fundacional de un partido ya no se producen.

El cambio social como catalizador

Como muestran diversos procesos en Europa, ya no es raro que un partido gane las elecciones en el primer intento o ingrese al Parlamento poco después de su fundación. La participación en el Gobierno después de las primeras elecciones ya no es impensable. Esto se asocia a cambios en la sociedad que actúan como catalizadores y facilitan tales desarrollos, de los que se benefician nuevos partidos y movimientos.

Volatilidad de los electores y fidelidad partidaria en descenso

El aumento de la volatilidad de los votantes y la disminución de la afiliación a los partidos son aspectos importantes que contribuyen al efecto catalizador. Una mirada a las últimas elecciones muestra claramente que los días de los votantes fieles terminaron, en gran medida. Estos serán reemplazados por los votantes cambiantes. Durante mucho tiempo se consideró que los países de Europa Central y Oriental marcaban la tendencia en este sentido. A diferencia de los países de Europa Occidental, allí la volatilidad de los votantes fue siempre bastante alta. Sin embargo, desde hace algún tiempo la creciente volatilidad de los votantes también se ha hecho evidente en Europa Occidental y Meridional (Emanuele, Chiaramonte y Soare, 2020). Más allá de sus motivaciones electorales, los últimos análisis de la migración de votantes en Alemania muestran que los exvotantes de la CDU en la próxima elección votarán por los Verdes o la Izquierda. También exvotantes de izquierda se convierten en votantes de CDU y FDP (Tagesschau, 2017). Aunque no sea la norma, esto muestra que las elecciones están cada vez más determinadas por el estado de ánimo de los y las votantes, vinculado a cuestiones específicas, que por sus lazos permanentes con un partido.

¿Qué significa esto para los partidos afectados? Que los votantes deben ser ganados nuevamente en cada elección. Los partidos ya no pueden estar seguros de ningún voto. Esta variabilidad también se manifiesta en las encuestas sobre tendencias. Así como antes de la pandemia se constataba un auge permanente en la intención de voto de los partidos verdes europeos (Grabow, 2020), durante la crisis se observa que los partidos con responsabilidades de gobierno, que habían disminuido su intención de voto, ahora ganaron en apoyo. Temas importantes como clima y ambiente, que impregnaban fuertemente los tiempos precovid, volvieron a quedar atrás.

Hoy en día, varias de las etapas tempranas en el proceso fundacional de un partido ya no se producen.

La mayor volatilidad está asociada con el debilitamiento de los lazos con los partidos. Si bien los partidos establecidos tienen en general más dificultades para ganar nuevos miembros, el movimiento Fridays for Future, por ejemplo, muestra que la generación más joven no es de ninguna manera apolítica. El declive de la adhesión partidaria no solo se debe al creciente individualismo en la sociedad, sino a que el aún fuerte interés político de la generación más joven se limita al compromiso temporal relacionado con un tema específico, y generalmente fuera de los partidos (Wiesendahl, 2001, p. 11). En una sociedad cada vez más globalizada e individualista, la participación a largo plazo en clubes u organizaciones parece cada vez menos atractiva e implica un compromiso demasiado fuerte.

Retirada de las viejas líneas de conflicto y disolución del esquema derecha-izquierda

Otro aspecto que favorece el éxito de nuevos partidos es el debilitamiento de líneas anteriores de conflicto y el surgimiento de nuevas tendencias de división. Las líneas de conflicto anteriores, especialmente Estado versus Iglesia trabajo versus capital, con las cuales se desarrollaron la mayoría de los partidos establecidos, están siendo relegadas cada vez más a un segundo plano (Hooghe y Marks, 2018, p. 127). Mientras estas líneas de conflicto eran claramente identificables, las y los votantes simpatizaban con un bando político determinado y estaban vinculados estrechamente a su grupo social.

El desdibujamiento de las características esenciales hace más frágiles las líneas de conflicto que moldearon durante mucho tiempo los sistemas de partidos en Europa. Eso significa que hace tiempo que un católico ya no tiene que ser obligadamente demócrata-cristiano y un sindicalista no tiene que ser necesariamente socialdemócrata. Además, ambos entornos sociales se encuentran en un sostenido proceso de erosión. Apenas existen posiciones programáticas como las que durante mucho tiempo mantenían unida a una comunidad política con una identidad colectiva basada en puntos de vista sociales compartidos. La cohesión de un campo político ya no se manifiesta en un contexto subcultural relativamente cerrado. En consecuencia, los partidos deben abrirse, tanto en términos de sus problemas como de su estructura social, para poder representar mejor tanto a los votantes como a sus miembros.

En lugar de las líneas de conflicto anteriores, las nuevas líneas de tensión determinan cada vez más el panorama de los partidos y favorecen el surgimiento de otros nuevos (Hooghe y Marks, 2018, p. 113). La globalización, cuya dinámica y velocidad quedaron en evidencia con los movimientos de refugiados de 2015, divide a partidos y votantes en nuevos grupos de tensión. Por un lado, están los globalistas, que creen que para los problemas solo existen soluciones globales y que el Estado nación está llegando cada vez más a sus límites. Por otro lado, están los nacionalistas, cada vez más escépticos y críticos frente a los desarrollos de las últimas décadas y que piden el regreso a un Estado nación fuerte. Según los politólogos Hooghe y Marks (2018, p. 127), la crisis del euro —es decir, la crisis monetaria y presupuestaria europea de 2008 a 2010— y la crisis migratoria de 2015 han sido decisivas para el surgimiento de tensiones transnacionales, con efectos significativos dentro de Europa y favorecen la aparición de nuevos partidos.

El politólogo Wolfgang Merkel (2017) llama a esta nueva línea de conflicto cosmopolitismo versus comunitarismo. La construcción de las tipologías se presenta de la siguiente manera: los cosmopolitas son personas con un nivel de educación e ingresos por encima del promedio y que disponen de un elevado capital humano y cultural. Si bien prefieren el multiculturalismo, rechazan la asimilación. Tanto geográfica como profesionalmente, se caracterizan por un alto grado de movilidad. Se los podría llamar los ganadores de la globalización. Los llamados comunitaristas, por otro lado, tienen una educación e ingresos por debajo del promedio. Mucho más que los cosmopolitas, están sometidos a la presión competitiva global, no tienen movilidad espacial ni profesional y perciben la globalización y el multiculturalismo como una amenaza.

Estos nuevos partidos tratan de posicionarse al margen de las ideologías previas. Presentan un nuevo tipo de comunicación y son particulamente activos en las redes sociales.

Los partidos populares con pretensión de amplia representación pueden comprender elementos de ambos tipos ideales (Merkel, 2017, pp. 12 ss). Es interesante notar que estas divisiones entre cosmopolitas y comunitaristas se deben más a factores relacionados con el capital humano y el capital cultural que a los muy citados factores económicos. Esto crea una nueva línea divisoria a nivel social (Merkel, 2017, p. 15), que impacta asimismo en el sistema de partidos, ya que los populistas de derecha también pudieron usar esta línea de conflicto a su favor, pues la gran mayoría de ellos hacen foco en el miedo a la pérdida de identidad o al cambio cultural.

Con la desaparición de las líneas de conflicto anteriores y el surgimiento de nuevas líneas de tensión, a partir de las cuales surgen nuevos partidos, el eje derecha-izquierda queda cada vez más en un segundo plano. Muchos de los nuevos partidos tratan de separarse de esta dicotomía y, a menudo, incluso representan posiciones posideológicas. En muchos casos, los puntos de vista de izquierda y derecha se pueden encontrar en los nuevos partidos. De esta manera, logran movilizar votantes de una amplia variedad de entornos sociales pero son más difíciles de clasificar en el esquema clásico de derecha-izquierda. En particular, los nuevos partidos están operando cada vez más según un esquema liberal-antiliberal y también forman alianzas más allá del anterior esquema derecha-izquierda. Tales coaliciones se basan menos en posiciones sustantivas comunes que en visiones compartidas acerca del oponente político. Y este suele ser un partido establecido o la élite como tal.

Los nuevos caminos

Además de estos procesos generales, diferentes causas específicas de cada país contribuyen al éxito de los nuevos partidos. Esto a menudo se asocia con una pérdida de confianza en las instituciones políticas. Falta de transparencia, nepotismo y corrupción son las palabras clave aquí. Pero los fenómenos de crisis también favorecen la fundación de nuevos partidos.

Ellos están ganando elecciones con una velocidad que deja sin aliento. El estado de ánimo de esta época los catapulta a la superficie o más alto aún. Y a menudo lo logran sin un programa, sin estructura y sin organización. Por el contrario, se trata de individuos como el comediante italiano Giuseppe Beppe Grillo o el músico de rock polaco Paweł Kukiz, que fundan nuevos partidos de protesta o antisistema, o que toman temas particulares como la lucha contra la corrupción, con los que los nuevos partidos atraen la atención y consiguen adhesión temporalmente.

Muchos nuevos partidos dan la impresión de ser diferentes. En parte realmente lo son. Como ya se mencionó, estos nuevos partidos tratan de posicionarse al margen de las ideologías previas. Presentan un nuevo tipo de comunicación y son particulamente activos en las redes sociales, de las que hacen un uso intensivo. Gran parte de la comunicación también tiene lugar en plataformas en las que se organizan y los miembros pueden contribuir activamente, si es que hay algún miembro (Gerbaudo, 2018). Hace tiempo que no es una práctica común contar con una membresía formal, como habitualmente la encontramos en los partidos establecidos. En cambio, los partidarios del partido La République en Marche, por ejemplo, se muestran registrándose en el sitio web para obtener información actualizada. En el NEOS de Austria, los ciudadanos también pueden solicitar una candidatura para el primer lugar en la lista federal sin pertenecer al partido (derecho pasivo de voto) (NEOS, 2019).

A esto se agrega que los nuevos partidos, en particular, suelen estar formados predominantemente por novatos. Esto les facilita presentarse como nuevos y diferentes de los partidos establecidos y acceder a nuevos grupos de votantes. Al mismo tiempo, les permite distanciarse de los políticos profesionales de los otros partidos. Aunque esta apertura a los recién llegados a la política también puede verse como una ganancia para la democracia, la falta de experiencia política puede volverse problemática, especialmente en tiempos de crisis. Los nuevos partidos suelen estar estrechamente vinculados a un solo y fuerte liderazgo. Y no es raro que, debido a ello, el partido carezca de estructuras internas. A menudo, este líder también es la persona que fundó el partido. Sin embargo, apenas esta figura deje de ser parte del partido, sus seguidores rápidamente harán lo mismo.

Esta falta de estructuras puede ser una de las debilidades más notorias de los nuevos partidos, a los que apenas les da el tiempo para establecerse y organizar su estructura antes de asumir la responsabilidad del gobierno. Esto los hace más vulnerables a una crisis que los partidos establecidos. Aparte de la organización y la estructura, los recién llegados a menudo carecen de un programa que no se limite a un solo tema. Para la supervivencia a mediano y largo plazo en el sistema de partidos esto no es suficiente.

En resumen, los nuevos partidos tienen las siguientes características:

  • Son un fenómeno resultado de una crisis provocada por la corrupción, el nepotismo, la falta de transparencia o la pérdida de confianza en partidos e instituciones establecidos.
  • Se caracterizan por una fuerte figura de liderazgo.
  • A menudo se autodescriben como un movimiento en lugar de un partido y tratan deliberadamente de diferenciarse de los partidos establecidos.
  • A menudo están formados por recién llegados a la política y por gente proveniente de otros espacios.
  • Sus estructuras y programas políticos son al comienzo débiles.
  • Logran éxitos electorales rápidamente.

Una democracia de partidos es y sigue siendo garantía de éxito para representar diferentes opiniones y posiciones de una sociedad cada vez más diversa.

Consecuencias para los partidos establecidos

¿Qué significan estos procesos para los partidos establecidos y para el futuro de la democracia partidaria? Aunque los nuevos partidos enfrentan a sus competidores con nuevos desafíos, los procesos actuales también ofrecen una variedad de oportunidades para el futuro de la democracia partidaria.

Para seguir desempeñando un papel importante en el futuro y para asegurar la indispensable estabilización del sistema basado en partidos, los partidos establecidos deberán persistir en sus esfuerzos de ser atractivos. Una democracia de partidos es y sigue siendo garantía de éxito para representar diferentes opiniones y posiciones de una sociedad cada vez más diversa. Cuanto más heterogénea se vuelva la sociedad, más indispensable es la trabajosa y conflictiva construcción de consensos. Sin embargo, esto significa que las exigencias aumentan. Los partidos no solo tienen que ofrecer nuevas oportunidades de participación con enfoques temporales y temáticos específicos que respondan al entendimiento político actual de muchas personas. También deben acompasar la comunicación con métodos actuales. De lo contrario, serán dejados atrás por los nuevos partidos.

Esto presupone que se lleven a cabo las reformas necesarias y se reconsideren concepciones de trabajo partidario superadas. Hasta ahora, muchos de los partidos establecidos en Europa no han logrado mantenerse al día con los desarrollos descritos y presentar una oferta (digital) adecuada a sus afiliados y a los potenciales votantes. Muchos de ellos no logran llegarles ni convencer especialmente a los jóvenes. Precisamente de este fracaso se benefician los nuevos partidos, que se presentan como diferentes. Debido a su comportamiento aparentemente poco convencional, a menudo logran movilizar a los jóvenes que quieren involucrarse en la política partidaria pero afuera de la oferta anterior.

Así pues, la evolución actual también ofrece una oportunidad para los partidos establecidos. La digitalización y la conciencia de los problemas y desarrollos descritos abren un potencial sin precedentes. La participación en la vida intrapartidaria y ofertas orientadas específicamente a interesados no afiliados, por ejemplo, foros de discusión política, plataformas y apps pueden aumentar el interés por los partidos establecidos. De esta forma pueden hacerse presentes más que antes. Aunque esto también puede generar tensiones entre los no miembros interesados y los viejos afiliados que exigen derechos especiales, la oferta orientada a personas no afiliadas no quiere decir que obtengan inmediatamente el mismo estatus que los miembros. Pero si los partidos quieren mantener la membresía a largo plazo, inevitablemente tendrán que crear ofertas de ingreso para aquellos que recién consideren la afiliación como un segundo paso.

Por último, la pandemia del covid-19 dio un impulso a la digitalización, que prácticamente obligó a los partidos a probar y utilizar en mayor medida nuevas herramientas y oportunidades de participación como talleres y seminarios digitales y, de esta forma, prepararse para el futuro también digitalmente.

Pero los partidos establecidos tendrán que cambiar no solamente su modalidad de trabajo. Cada vez más existe la impresión de que las personalidades fuertes son determinantes para el resultado de las elecciones. En el pasado, los partidos establecidos a menudo prescindieron demasiado frecuentemente de caras nuevas y jóvenes. A menudo, se elegían los candidatos entre personas que gozaban de amplia aprobación dentro del partido pero que, por ser desconocidas o no muy atractivas para los votantes potenciales, no eran capaces de movilizarlos. En el futuro será aún más importante integrar a votantes de los más variados medios sociales y orientar los partidos a la diversidad de sus miembros.

Cada vez más existe la impresión de que las personalidades fuertes son determinantes para el resultado de las elecciones.

Más allá de esto, los partidos establecidos deberán mostrar más claramente sus capacidades para resolver problemas, especialmente en tiempos de crisis. En ello tienen una gran ventaja en comparación con los nuevos partidos. Por esta razón, los partidos establecidos deben demostrar que, precisamente por sus muchos años de experiencia política, son capaces de reconocer y resolver los problemas de la mayoría de la población. Ineludiblemente, una comunicación que se vincule con esto será aún más importante en una sociedad cada vez más fragmentada. En un sistema de partidos cada vez más fragmentado y dinámico, es más importante que los partidos establecidos no pierdan la conexión con la sociedad. Esto comprende la capacidad de formar coaliciones con otros partidos.

La conectividad como tal no significa volverse como los nuevos partidos. Sin embargo, los partidos establecidos deberían entender las actuales evoluciones como una oportunidad para sí mismos y como un llamado de atención. Deberían preguntarse cómo la democracia de partidos puede seguir siendo la garantía de éxito para los ciudadanos en el futuro. Asociado con esto también está la exigencia de reexaminar continuamente las capacidades y oportunidades de coalición con partidos que anteriormente estaban fuera de sus opciones habituales. Es inevitable que los sistemas de partidos cambien debido a nuevos partidos y movimientos. Sin embargo, si los partidos establecidos asumen el papel de ancla en la estabilidad en los perturbados sistemas de partidos en Europa por la llegada de nuevos actores políticos, y logran ofrecer soluciones a una amplia variedad de problemas, la democracia de partidos, según el lema estable porque flexible, tendrá futuro (Lange, 2014, p. 97).

Versión abreviada del artículo publicado originalmente por la autora en Auslandsinformationen, 4/2020, pp. 15-26.
Traducción (alemán-español): Manfred Steffen

Referencias bibliográficas

  • Emanuele, V., Chiaramonte, A., y Soare, S. (2020). Does the Iron Curtain Still Exist? The Convergence in Electoral Volatility between Eastern and Western Europe. Government and Opposition, 55(2), 308-326. doi https:// doi.org/10.1017/gov.2018.25
  • Gerbaudo, P. (2018). The Digital Party, Political Organization and Online Democracy. Londres.
  • Grabow, K. (2020). Europaweit grün? Trends und Perspektiven der Parteiendemokratie, Konrad Adenauer-Stiftung. Recuperado de https://bit.ly/34ToUJf
  • Hooghe, L., y Marks, G. (2018). Cleavage theory meets Europe’s crises: Lipset, Rokkan, and the transnational cleavage. Journal of European Public Policy, 25(1), 109-135. Recuperado de https://unc.live/3dHkbOx
  • Lange, N. (2014). Stabil, weil beweglich. Die Politische Meinung, 529, Konrad-Adenauer-Stiftung, nov.-dic. Recuperado de https://bit. ly/2H43JvP
  • Merkel, W. (2017): Kosmopolitismus versus Kommunitarismus: Ein neuer Konflikt in der Demokratie. En P. Harfst, I. Kubbe y T. Poguntke (eds.), Parties, Governments and Elites. The Comparative Study of Democracy (pp. 9-23). Wiesbaden: Springer.
  • NEOS. (2019). Satzung (pp. 9 ss). Recuperado de https://bit.ly/311P8rB
  • Tagesschau. (2017). Bundestagswahl 2017. Recuperado de https://bit.ly/2SU1Ows
  • Trubetskoy, D. (2019, junio 21). Vorgezogene Wahl wird das Parlament umkrempeln, Mitteldeutscher Rundfunk. Recuperado de https://bit.ly/311MphR
  • Weininger, I. (2019, julio 17). Auf dem Weg zu einem neuen Parlament. Länderberichte, 07/2019. Konrad-Adenauer-Stiftung. Recuperado de https://bit.ly/348Kvya
  • Wiesendahl, E. (2001). Keine Lust mehr auf Parteien. Zur Abwendung Jugendlicher von den Parteien, Aus Politik und Zeitgeschichte (APuZ), 10/2001, Federal Agency for Civic Education (bpb). Recuperado de https:// www.bpb.de/system/files/pdf/SMCCMG.pdf

  1. Este artículo refiere exclusivamente a partidos que participaron en alguna elección. No se tuvieron en cuenta formaciones recientes.
Franziska Fislage

Franziska Fislage

Gerente senior de relaciones públicas de la editorial Axel Springer. Consultora de políticas para el diálogo internacional entre partidos políticos de la Fundación Konrad Adenauer hasta finales de 2020.

Una agenda para partidos de centro

No podemos ver el cambio climático como un obstáculo para el crecimiento, sino como un motor de crecimiento». Con estas […]

Por: Nicole Stopfer 5 Nov, 2022
Lectura: 14 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

No podemos ver el cambio climático como un obstáculo para el crecimiento, sino como un motor de crecimiento». Con estas palabras, la canciller de Alemania Angela Merkel apunta al corazón de uno de los mayores desafíos políticos de nuestros tiempos: ¿cómo impulsar un crecimiento económico sostenible para mejorar el bienestar de toda la población y además cuidar el ambiente?

Mientras que partidos de izquierda reaccionan al desafío climático con sus usuales reflejos de dirigismo estatal y de prohibiciones, los partidos de centro tienen la gran oportunidad de construir una agenda de sostenibilidad desde la libertad y la innovación, con y no en contra de la empresa privada.

En Europa, la agenda climática y de sostenibilidad ha llegado a la política para quedarse. Las elecciones al Parlamento Europeo en el año 2019 han demostrado que estos temas pueden definir no solamente el debate político si no concretamente campañas y el resultado de futuras elecciones. En América Latina, la región más biodiversa del mundo y con un potencial de energías renovables incuestionable, los retos del cambio climático —si bien se abordan por algunos gobiernos locales y nacionales— no se han podido materializar en la contienda electoral. Para poner un ejemplo reciente: en las últimas elecciones en Perú, solo 7 de 23 candidatos mencionaron el cambio climático y la sostenibilidad en sus propuestas políticas (SPDA, 2021). En las elecciones en Ecuador que se llevaron a cabo el mismo día, el cambio climático resultó un tema marginal (Montaño, 2021). En México y Chile, países en los que se acercan elecciones en los meses mayo y junio, el tema se ha limitado a unos pocos actores.

Los partidos de centro tienen la gran oportunidad de construir una agenda de sostenibilidad desde la libertad y la innovación, con y no en contra de la empresa privada

Con las actitudes cambiantes en las sociedades de América Latina y el potencial de los temas ambientales para decidir futuras elecciones, entonces nos debemos preguntar de manera más concreta: ¿por qué y sobre todo cómo se puede construir una agenda climática innovadora capaz de ganar mayorías políticas?

¿Por qué deberían los partidos incluir los temas de cambio climático y seguridad energética en sus agendas políticas?

La globalización económica evoluciona de manera constante; por este motivo debe plantearse nuevos y antiguos desafíos. Hoy en día, estos retos deben propiciar un ambiente de bienestar a las personas y al mismo tiempo preservar recursos naturales básicos para las futuras generaciones. Con un enfoque particular en el contexto del actual abastecimiento energético, que origina un creciente daño medioambiental, estos temas no solo representan un desafío regulatorio, sino también una preocupación de preservación. Mejor dicho, los retos de ahora y del futuro están vinculados con el cambio climático, el medioambiente y temas de abastecimiento de energía, por lo tanto, tratarlos de manera programática como partido resulta ser más obligación que una opción.

En línea con el punto anterior, antes de la pandemia actual, en América Latina se han visto protestas sociales y demandas de la población, lo que creó la necesidad de aumentar la capacidad de dar respuestas confiables y que a la vez sean fieles a los valores de los partidos democráticos. Con la pandemia azotando la región y desnudando los problemas económicos y sociales, las cuestiones del medioambiente parecen haber desaparecido de la agenda política. Para gobiernos (populistas) a favor de energías fósiles y sin conocimiento o interés por soluciones basadas en la naturaleza, ese contexto seguramente parezca favorable. Las demandas de la población, sin embargo, siguen muy vigentes y la idea de una recuperación sostenible exige contenidos concretos, enfocados en el bien común de la sociedad. ¿Quién debe dar respuestas entonces si no son los agentes políticos del centro que se encargan de la toma de decisiones?

Otra razón para tomar las riendas con el tema de la sostenibilidad se encuentra en la estructura de los electorados en la región: salvo pocas excepciones, históricamente los partidos no han tomado en cuenta el rol fundamental de los jóvenes para el futuro de los partidos, cuando son justamente las nuevas generaciones las que consideran los retos climáticos como mayor riesgo para su futuro. Adicionalmente, ha sido justo el voto joven que ha podido marcar cambios considerables en la región. Además, son también estas nuevas generaciones que vienen capacitándose en encontrar soluciones en la lucha contra el cambio climático. Por lo tanto, la inclusión de estos temas en la agenda política ofrece no solo una oportunidad para ganar nuevos miembros y votantes, sino que involucrar a profesionales capacitados puede contribuir a un perfil profesional de los partidos.

Tomando en cuenta los puntos anteriores, es importante destacar que la cuestión del por qué abordar los temas del cambio climático está estrechamente ligada a las corrientes de los partidos. ¿Cómo quieren ser percibidos por su electorado? ¿Qué imagen del futuro quieren dar? Debe quedar claro que los temas de cambio climático y medioambiente no son una decisión únicamente de carácter técnico, sino también político. Si tomamos la experiencia alemana, un aprendizaje podría ser que los partidos del centro en América Latina deberían de destacar el cambio climático como uno de sus temas centrales y vincularlo con los principios y valores de su partido, no solo para construir puentes políticos en el caso de que fuera necesario.

De la teoría a la práctica

Entonces ¿cómo deben abordar los partidos los temas de cambio climático? O, mejor dicho, ¿qué áreas de oportunidad pueden aprovechar los partidos?

En la línea de la cita de la canciller alemana, los partidos deben entender que es importante dejar claro que las políticas de cambio climático también son políticas económicas y sociales. Esto, a su vez, crea la necesidad urgente de reinterpretar temas sociales y medioambientales como oportunidades económicas. Además, al momento de identificar áreas de oportunidad, es indispensable recordar que se trata de combinar los valores de los partidos, las demandas de la sociedad y del sector privado, así como las oportunidades que ya existen, con una mirada hacia el futuro. Con esto, el objetivo para el partido debería ser saber cómo combinar políticas económicas y sociales con políticas de cambio climático.

Recuperación sostenible y economía circular

No es un secreto que la región de América Latina ha sido el epicentro de la pandemia y también que ha sido la región que económica y socialmente ha sufrido más que otras. Por lo tanto, con la actual pandemia y los retos vinculados a la recuperación económica, la necesidad de responder rápidamente para evitar una grave crisis económica puede ser un argumento de peso para hacer caso omiso de las consideraciones climáticas. Pero un simple retorno al statu quo anterior a la pandemia no será posible. Por el contrario, los partidos deberían optar por una recuperación que incluya aspectos económicos (como el crecimiento), sociales (pensando en bienestar social) y ambientales (es decir, coherentes con el medioambiente). Para América Latina, apostar por una recuperación sostenible significa apostar por la creación de empleos y a la vez conciliar con el sector empresarial, así como contestar a las demandas de la población.

Con esto, es interesante observar que la narrativa hacia una recuperación sostenible ha crecido bastante en los últimos meses. Múltiples declaraciones, manifiestos, expresiones de voluntad de diseñar de mejor forma la etapa poscovid se han publicado por gobiernos en América Latina. Esto, de un lado muestra la actitud cambiante y el interés por responder a las demandas sociales. Del otro lado, sin embargo, no se han visto propuestas políticas concretas de parte de partidos políticos que pudiesen canalizar los entusiasmos de una manera innovadora.

Entonces, para ver en concreto cómo los partidos pueden hacerse dueños de la temática, vale la pena mirar hacia un instrumento que tiene el potencial de hacer posible una recuperación sostenible: la economía circular.

La economía circular ha ganado la atención de organismos internacionales, gobiernos, empresas y organismos no gubernamentales como un camino hacia la sostenibilidad económica, social y medioambiental. Varios países de la región han sido ejemplos con sus estrategias nacionales, leyes de circularidad y hojas de ruta, pero hay mucho más potencial para llegar a la población y volverlo un tema de programa político. Con esto parece casi ingenuo que ningún partido haya tomado la economía circular como su tema de bandera. Por el contrario, los partidos políticos no movilizan o, al menos, no comunican sus trabajos sobre economía circular y no se visualiza un liderazgo político fuerte en la región, a pesar de que el tema —hasta el momento— no genera gran rechazo y no tiene connotaciones negativas para la comunidad. Por lo tanto, la economía circular se vislumbra como un área muy atractiva y positiva desde la comunicación política y medioambiental.

Con esto es importante mencionar que el sector público en la economía circular es el único actor que puede alinear y cambiar incentivos de los sectores académicos y empresariales con el objetivo de generar conocimiento aplicado que sea utilizado por las empresas a nivel de pequeñas, medianas y grandes corporaciones. En línea con esto, es crucial entender que el concepto de la economía circular no solo significa reciclaje y el manejo de residuos. Hay muchos sectores con potencial como la construcción, el comercio y la agricultura. Y, sin duda, al vincular economía circular con desarrollo sostenible y crecimiento verde se abre la puerta para convertirlos en temas transversales, y no de nicho. Por eso, los partidos políticos del centro pueden tomar esta bandera para formular su agenda política y para retomar la colaboración crucial con el sector priva-

do. La integración de emprendimientos ha sido una fortaleza en los proyectos de economía circular y el trabajo entre partidos y sector privado será una fuente importante de empleo, inspiración e innovación.

Otras áreas de oportunidad: agricultura, energías renovables

Ligadas a la recuperación sostenible, se ofrecen otras áreas de oportunidad que además tienen su base en el electorado de los partidos de centro y que podrían volverse temas de bandera.

La agricultura, que es el sector que genera más gases de efecto invernadero en América Latina pero a la vez el que más sufre las consecuencias del cambio climático, tradicionalmente ha sido un tema de partidos de centro. Entonces debería ser lógico para un partido la búsqueda de soluciones a los retos de este sector. Tener un perfil claro de cómo lograr un nexo entre la agricultura y el medioambiente no solo significa votos, sino base de vida y preservación para toda la región.

Otro ejemplo pueden ser las energías renovables que, de igual manera, decidirán el futuro en América Latina. Sin duda, las inversiones necesarias para garantizar una transición energética en la región solo se darán si los gobiernos pueden ofrecer un contexto seguro para las inversiones. Y es justo ahí donde queda claro que la cooperación con el sector privado se tiene que fomentar junto con la necesidad de capacitación e inclusión de actores para facilitar la mitigación, identificación de riesgos y adaptación, incluyendo proyectos de innovación, convicciones que han formado parte fundamental de los programas de los partidos de centro.

Otra área de oportunidad para las plataformas políticas por su naturaleza es la protección del medioambiente y la cooperación con las voces a favor del medio ambiente. Según el punto de vista demócrata-cristiano, la meta de la dignidad humana, los derechos humanos y la justicia social está vinculada con la política energética, la política climática y la política ambiental. Por lo tanto, el Acuerdo de Escazú es una buena oportunidad para los partidos de articular sus visiones con respecto a la protección del medioambiente. Es de destacar que muchos partidos de centro se han articulado a favor del Acuerdo. En vista a la Cumbre de Biodiversidad y a la Cumbre de las Partes (COP), la articulación política sobre estos temas tiene todavía más potencial.

En lugar de presentar escenarios devastadores, el enfoque debe estar en ofrecer soluciones concretas e integrales.

Oportunidad y obligación para los partidos del centro

Estas áreas de oportunidad muestran, sobre todo, que los partidos no tienen que buscar asuntos completamente nuevos. Al contrario, existe la oportunidad de retomar temas tradicionales para los partidos que saben integrar aspectos económicos y sociales con una visión de futuro.

Sin duda, la capacitación de funcionarios públicos y el diálogo con expertos y la ciencia será la clave, no solo para entender la complejidad y el abanico de asuntos en torno al cambio climático, sino sobre todo para trasladarlos a propuestas políticas concretas, capaces de atraer a la población. Esto también ayudará a crear una narrativa de que la sostenibilidad, el cambio climático y retos de la transición energética son temas transversales e innovadores. Y en consecuencia, los partidos lograrán mostrar que una política climática no es de izquierda, ni debería dejar estos temas en manos del discurso político de la izquierda. Por el contrario, las políticas climáticas significan política económica y social. En lugar de presentar escenarios devastadores, el enfoque debe estar en ofrecer soluciones concretas e integrales.

Incluir temas ambientales en la agenda política sin duda podría ser el camino para satisfacer a los votantes actuales, pero también para ganar nuevos electores y, por lo tanto, se ofrece como la oportunidad para fortalecer a largo plazo el perfil resiliente de los partidos. Por último, la cooperación entre pares mediante plataformas políticas ayudará no solo a aumentar el intercambio en la región sino a dar a conocer casos exitosos de partidos.

Los temas del cambio climático, el medioambiente y la sostenibilidad han llegado para quedarse. Serán justamente los partidos de centro los que lograrán integrar esta agenda en sus plataformas desde una visión orientada al bien común. Con esto pueden no solamente evitar que otros impongan sus conceptos sobre estas temáticas, sino conectar con nuevos grupos de votantes y así ampliar su base electoral.

Los partidos de centro tienen no solo la oportunidad única, sino sobre todo la obligación de mostrar que sus caminos y programas políticos pueden transformar a América Latina en una región más sostenible.

Referencias bibliográficas

  • SPDA. (2021, febrero 25). Elecciones 2021: ¿Qué proponen los partidos en temas ligados al cambio climático? SPDA Actualidad Ambiental. https://www.actualidadambiental.pe/elecciones-2021-propuestas-cambio-climatico/
  • Montaño, D. (2021, febrero 1). Medio ambiente: ¿Qué proponen los candidatos presidenciales en Ecuador? Mongabay. https:// es.mongabay.com/2021/02/medio-ambiente-en-las-elecciones-presidenciales-ecuador-2021/
Nicole Stopfer

Nicole Stopfer

Directora del Programa Regional “Seguridad Energética y Cambio Climático en América Latina” (EKLA/KAS)

La política partidista es cosa de hombres

La política partidista latinoamericana está dominada por hombres, que son quienes formulan las reglas del juego, distribuyen los recursos públicos […]

Por: Flavia Freidenberg 5 Nov, 2022
Lectura: 20 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La política partidista latinoamericana está dominada por hombres, que son quienes formulan las reglas del juego, distribuyen los recursos públicos y definen los estándares de lo que debe ser el statu quo y cómo debe hacerse el orden público. Estas prácticas discriminatorias reducen las oportunidades de igualdad sustantiva y relegan a las mujeres a puestos simbólicos y al espacio privado.

A los partidos políticos latinoamericanos no les gustan las mujeres líderes. Esta es mi conclusión después de estudiar por más de veinte años la política partidista. Aun cuando las mujeres representan el 51,5% de las militancias (Llanos y Rozas, 2018), ellas enfrentan múltiples obstáculos cuando quieren dirigir una organización, acceder a las candidaturas, contar con recursos del financiamiento público, hacer campaña o gobernar. Los partidos políticos, que son claves para el funcionamiento de la democracia pluralista (Schattschneider, 1942/1964, p. 1) han actuado como «organizaciones generizadas» (Lovenduski y Norris, 1993), que operan sobre la base de normas, prácticas y rituales, formales e informales, que enfatizan cierto expertise masculino sobre el modo de hacer las cosas y reproducen diferencias sustantivas entre hombres y mujeres en el acceso y/o ejercicio del poder.

Las mujeres son vistas como intrusas en un mundo político dominado por la visión masculina.

A pesar de que las diferentes olas del movimiento feminista y las sufragistas de todo el mundo alertaron durante décadas sobre las desigualdades de género existentes, la práctica política, así como la disciplina encargada de describir y explicar el poder, han hecho poco caso a esos reclamos. La investigación comparada raramente ha estudiado las dinámicas organizativas buscando identificar las inequidades de género, salvo el trabajo clásico de Maurice Duverger, quien de manera temprana denunció la ausencia de mujeres en los partidos que estudiaba. Lo que hoy sí sabemos es que sean cuales sean las características morfológicas del sistema de partidos, su nivel de institucionalización o la capacidad de adaptación organizativa de los partidos, los hombres dominan la arena política, formulan las reglas del juego y distribuyen los recursos y también son quienes definen los estándares de lo que debe ser el statu quo y cómo debe hacerse el orden público.

Seis obstáculos: los partidos como gatekeepers de la participación de las mujeres

Cuando las mujeres quieren hacer política en ese entorno se enfrentan a una cancha inclinada que las pone en desventaja en relación con sus pares. Las mujeres son vistas como intrusas en un mundo político dominado por la visión masculina. Aun cuando las sociedades latinoamericanas cuentan con la mitad de su población femenina e incluso hay países donde ellas son la mayoría del padrón electoral, las mujeres no compiten por los cargos de representación ni acceden a los recursos públicos en igualdad de condiciones que los hombres. Ellas enfrentan —solo por el hecho de ser mujeres— techos de cristal, suelos pegajosos, techos de billetes, evaluaciones con dobles estándares, estereotipos de género y un electorado que aún no ve las oportunidades que la diversidad y la pluralidad suponen para la democracia.

Los partidos se organizancomo clubes de Toby, donde las dirigencias se enlazan a través de vínculos primarios (familiares, de amistad, de compadrazgo, de negocios, entre otros).

Los obstáculos son muchos y los partidos continúan siendo los porteros de la participación política de las mujeres (Llanos y Rozas, 2018; Morgan e Hinojosa, 2018), aun cuando la región se ha convertido en un caso exitoso que evidencia el impacto de las reformas al régimen electoral de género sobre la representación descriptiva de las mujeres. Diez países han aprobado la exigencia de paridad de género en las candidaturas (Freidenberg, 2020), incrementado en más de 30 puntos porcentuales en términos medios la presencia de las mujeres legisladoras en 17 países de la región (CEPAL, 2021). A pesar de todos estos esfuerzos centrados en facilitar la presencia femenina en los cargos de poder, los partidos continúan funcionando como cajas negras que dificultan las oportunidades de participación efectiva de las mujeres en las instituciones públicas.

Un primer obstáculo que enfrentan las mujeres tiene que ver con los prejuicios y estereotipos respecto a sus capacidades y posibilidades de éxito electoral. Las dirigencias no las consideran aptas para liderar y, mucho menos, para ganar una elección. La mayoría de los líderes siguen reproduciendo sesgos de género —ideas estereotipadas respecto a lo que la mujer debe, puede y tiene que hacer— en la vida pública (García Beaudoux, 2017). Las mismas cualidades se valoran de manera distinta según se trata de un hombre o una mujer: mientras el liderazgo está asociado a ideas de fuerza y valentía en ellos, la debilidad o la histeria es la visión que se tiene de las mujeres ejerciendo el poder. Si una mujer tiene fuertes convicciones o liderazgo autónomo, entonces es invisibilizada, ridiculizada, evaluada de manera sesgada porque no cumple con las expectativas sociales —que reproducen esos mismos sesgos desiguales— de lo que se espera que haga una mujer.

En diversas investigaciones realizadas para el Observatorio de Reformas Políticas de América Latina (#ObservatorioREFPOL) y en la revisión hemerográfica cotidiana que realizamos, se encuentran declaraciones de dirigentes partidistas de diversos países que sostienen que «no hay mujeres (y menos) con aptitudes de liderazgo» (en Panamá, México, Honduras, Bolivia, Ecuador o Guatemala); que «ellas no están capacitadas» (en Honduras, El Salvador, Guatemala, Panamá, República Dominicana, entre otros); «que ahora no les toca, que ya llegará su turno y que, mientras tanto, deben capacitarse» (en México, Guatemala, Ecuador, Honduras, entre otros); y que si ellas promueven las medidas de acción afirmativa es porque solas no son capaces de ganar elecciones (en Colombia, Panamá, México, Honduras o República Dominicana, entre otros). Todas estas expresiones transmiten criterios discriminatorios respecto al liderazgo de las mujeres, quienes la mayoría de las veces son estigmatizadas como algo de alguien y cuando le reconocen un liderazgo autónomo suelen ser rechazadas como masculinas, ambiciosas, intensas o poco confiables. Todo este conjunto de ideas suele incidir sobre las evaluaciones que las propias mujeres hacen sobre sus oportunidades de liderazgo, afectando su autoestima y generando lo que suele denominarse como techos de cemento.

La aprobación de las reglas de la paridad de género y de las medidas de acción afirmativa tuvieron consecuencias no esperadas (ni deseadas), ya que pusieron en evidencia valores, creencias y prácticas nocivas en la manera de hacer política: rígidos estereotipos de género, criterios de selección discriminatorios (familia versus militantes experimentadas), prácticas violentas a través de amenazas, comentarios discriminatorios e insultos como «las panochas en las coyotas, ¡no al palacio!»; «las mujeres están rebuenas todas […] para cuidar niños, para atender la casa»; «la mujeres son como las escopetas, deben estar cargadas y en el rincón», o «eso nos pasa por sacarlas de la cocina y dejar que vengan a una curul», así como también han supuesto violencia física (candidatas asesinadas, secuestradas, amenazadas, que incluso las lleva a renunciar en plena campaña electoral por miedo a represalias).

Un segundo obstáculo tiene que ver con los techos de cristal. La metáfora, que viene de la psicología social, resulta idónea para describir las barreras, basadas en prejuicios hacia las mujeres, que les impiden avanzar a posiciones de alto nivel dentro de la organización. De esa manera, cuando consiguen ascender, se quedan estancadas en los niveles medios de la dirección. Los datos del #ObservatorioREFPOL evidencian que de 123 partidos latinoamericanos considerados relevantes en 17 países de la región solo 19 están liderados por mujeres (presidencias y secretarías generales). Dentro de las organizaciones partidistas se generan prácticas sexistas (Llanos y Rozas, 2018; Htun, 2005), y la participación de las mujeres es más baja cuanto más alta sea la jerarquía del cargo dentro del partido (Llanos y Rozas, 2018).

Los partidos se organizan entonces como clubes de Toby, donde las dirigencias se enlazan a través de vínculos primarios (familiares, de amistad, de compadrazgo, de negocios, entre otros), que controlan de manera poco transparente y oligárquica la organización, y se emplean, la mayoría de las veces, criterios no meritocráticos para la designación de los cargos, obstaculizando las carreras políticas de las mujeres, incluso cuando las instituciones formales (leyes, resoluciones, estatutos) fomentan su participación. Mientras ellos dirigen o tienen las candidaturas, las militantes suelen ser reclutadas para encargarse de la «vida privada del partido» (Htun, 2005), a desarrollar tareas vinculadas al cuidado del otro (limpiar, sostener, organizar actividades y apoyar a quienes van a ejercer el liderazgo) e incluso al trabajo de movilización en el territorio (campañas puerta a puerta, mítines, registro de necesidades y redes sociales). Las esconden del electorado, las hacen aparecer como floreros (acompañantes simbólicas) en actos públicos, secundando a los dirigentes que suelen ser los únicos que emplean la voz pública e, incluso, las usan como moneda de intercambio político para ubicarlas como candidatas en distritos no competitivos (donde saben que van a perder), para colocarlas como suplentes de titulares hombres o para incluirlas en puestos en la lista que nadie quiere ocupar.

Un tercer obstáculo está relacionado con el modo en que el control masculinizado de la organización afecta los procesos de selección de candidaturas, ya que configuran oportunidades y resultados diferenciados para aspirantes masculinos y femeninos. Dado que las dirigencias se han reservado históricamente el derecho a nominar las candidaturas, no les ha sentado del todo bien tener que ceder espacios que creen que les pertenecen (se creen dueños de las candidaturas y de los partidos) y, mucho menos, tener que «poner a las viejas» en los sitios que habían sido tradicionalmente de los caciques. Las mujeres militantes enfrentan criterios de selección no formales, que no suelen usarse cuando se eligen hombres y que nada tienen que ver con las reglas de militancia o los requisitos para ocupar una candidatura que se exigen en los estatutos. En cada elección, las dirigencias han encontrado maneras para subvertir los candados que las cuotas o la paridad de género les han puesto en los procesos de nominación: designar candidatas a las esposas, hermanas, hijas o amantes de quienes iban a ser originalmente candidatos, bajo el supuesto de que ellas les obedecerán una vez que estén en los cargos.

La investigación comparada aún no ha consensuado cuál es el modelo de organización interna partidista que concilia mejor las exigencias de un régimen electoral de género fuerte y la selección de candidaturas. La experiencia latinoamericana evidencia que, frente a esas reglas externas que condicionan los procesos, los partidos responden con poca democracia interna, centralizando los electorados (quienes eligen) y reforzando el uso de mecanismos de selección poco transparentes como las tómbolas, las encuestas (sin metodologías claras) y los dedazos. Casi no existen partidos que empleen mecanismos competitivos, que garanticen el pluralismo, que incluyan a las minorías cuando estas pierden la competencia interna y, mucho menos, que tengan en cuenta en sus procesos una manera innovadora para coser de manera igualitaria el puzle que significa la integración paritaria de las candidaturas.

Las mujeres candidatas enfrentan múltiples violencias, incluso originadas desde dentro de sus propios partidos.

Un cuarto obstáculo está vinculado al poco acceso de las mujeres a los recursos económicos para enfrentar sus gastos. En una encuesta digital a 225 candidatas de diversos países de América Latina, que realizamos para el #ObservatorioREFPOL en 2018, el 49,1% de las encuestadas manifestaron que existen brechas de género en la asignación de fondos dentro de su partido y casi el 30% señalaron que la mayor parte del dinero que usaron para sus campañas provenía de recursos propios, aun cuando los partidos recibían recursos vía financiamiento público para impulsar las candidaturas. Las mujeres tienden a recaudar menos fondos para sus campañas y reciben menos financiamiento de sus propias redes (familiares o personales) y de sus partidos. Ellas tienen más dificultades identificando a los donantes, más responsabilidades de cuidado familiar y menos tiempo disponible para asistir a eventos, mítines y otras actividades políticas para conectar con esos donantes y generar redes de financiación autónomas y eficientes.

Un quinto obstáculo está relacionado con las diferentes manifestaciones que adopta la violencia política en razón de género. Las candidatas —por el hecho de ser mujeres— a menudo son víctimas de violencia física, patrimonial, discursiva o simbólica y, además, del ciberacoso de otros candidatos o candidatas, grupos de choque, medios de comunicación, militantes partidistas y opositores. Esto se expresa a través de ataques y campañas negativas y se vuelve más pronunciado si se da de manera interseccional, cuando se pertenece a grupos diversos (afrodescendientes, indígenas, personas de las diversidades sexuales, entre otros). Las mujeres candidatas enfrentan múltiples violencias, incluso originadas desde dentro de sus propios partidos (Muñoz Pogossian y Freidenberg, 2020).

Cuando ellas ejercen liderazgos autónomos, se convierten en una amenaza al statu quo, al modo en que se venían haciendo las cosas. En ese escenario, por lo general, los hombres las violentan al sentirse desafiados. Esas prácticas violentas están normalizadas y naturalizadas. Como sostiene la abogada y activista Line Bareiro, por más que se han hecho muchos esfuerzos, «hasta ahora no hemos conseguido normalizar la presencia de las mujeres ni tampoco ninguno de los elementos de la igualdad» (Muñoz Pogossian y Freidenberg, 2020). Los partidos no creen en las mujeres como aliadas capaces de generar cambios y propuestas. Como nos ha indicado la diputada hondureña Johanna Bermúdez, «muchos dirigentes hombres se encargan de hacerles creer a las mujeres que son rellenos, que su mínima posibilidad debe ser derribando a su rival más débil y elaboran una estrategia para que la mujer comience una lucha feroz y sin piedad contra otra mujer» (Muñoz Pogossian y Freidenberg, 2020).

Finalmente, un sexto obstáculo tiene que ver con la dificultad del ejercicio de la representación política cuando ellas pasan de ser candidatas a electas y con la ausencia de mecanismos de rendición de cuentas entre militancia y cargos electos. Aun cuando esto no se da solo en relación con las mujeres electas, ya que la ausencia de control político horizontal y vertical es uno de los graves problemas de las democracias latinoamericanas, esto se agrava respecto al liderazgo de las mujeres. Dado que no existe una única manera de ser mujer ni necesariamente compartimos las mismas ideas y preferencias acerca de los problemas sociales, las mujeres suelen ser estigmatizadas y enfrentar expectativas esencialistas y elitistas respecto a lo que son, deben ser y representar como políticas electas.

Esa visión suele enmarcar a las mujeres como un grupo que espera ser representado de una única manera, que tienen un interés común y homogéneo, que puede actuar como un grupo de interés, que son inherentemente diferentes a los hombres y que —por tanto— sus problemas parecerían ser menos importantes que los de los hombres. Este conjunto de prejuicios y expectativas condiciona el éxito de las mujeres líderes e incluso, muchas veces, afecta su autoestima, su sentido de pertenencia al partido, su ejercicio del liderazgo y su relación con el movimiento amplio de mujeres y con otras mujeres líderes.

La feminización de los partidos políticos

La experiencia muestra que aún hay una serie de ideas románticas sobre cómo le gustaría a la ciudadanía o a la academia que sean los partidos políticos, pero hay pocos electores dispuestos a castigar en las urnas a los partidos que no son incluyentes, democráticos y tolerantes con los que piensan distinto. ¿Cómo eliminar los obstáculos que dificultan la participación de las mujeres en igualdad de condiciones que los hombres dentro de los partidos, si este no es un valor que la ciudadanía exija en las elecciones? Los esfuerzos recientes llaman la atención sobre la necesidad de impulsar reformas organizativas que tiendan a la «feminización de los partidos» (Childs y Caul Kittilson, 2016), es decir, a lograr que integren a más mujeres como actores políticos críticos en las áreas claves de toma de decisiones dentro de una organización, así como también que impulsen y aborden las preocupaciones y diversidad de intereses de las mujeres en sus propuestas programáticas y sus agendas temáticas en el nuevo modelo de democracias paritarias que América Latina está construyendo.

Los desafíos actuales tienen que ver no solo con seguir procurando el acceso de las mujeres a los cargos (representación descriptiva), sino con el modo en que se ejerce el poder una vez que se accede a ellos (representación simbólica) y el tipo de políticas públicas que se impulsan para erradicar patrones patriarcales y generizados de funcionamiento de las instituciones (representación sustantiva). Los partidos políticos latinoamericanos han asumido, a regañadientes, los desafíos que en las últimas tres décadas las leyes les han supuesto para incrementar la representación descriptiva de las mujeres, pero son muy perezosos y poco responsables respecto al impulso de agendas y estrategias que faciliten la reconstrucción de las democracias.

La democracia paritaria requiere de un nuevo modelo de gestión estatal que deberá ser inclusivo (como promueve onu Mujeres) y apuesta por un nuevo pacto social donde la igualdad sustantiva entre hombres y mujeres sea uno de los motores de la transformación social y política. En esa tarea los partidos, una vez más, son actores claves. La eliminación de los obstáculos que enfrentan las mujeres exige estrategias integrales, multidimensionales y multisectoriales que deben atender al menos tres esferas claves: la legitimidad de la democracia, la igualdad real frente a la formal y la transformación de las relaciones de poder.

El cambio partidista supone dejar de hacer política como si fuera una relación de amigo-enemigo, basada en la exclusión competitiva, para adoptar nuevas formas de participación, colaboración, cogestión y cooperación interna.

La democratización interna de los partidos es un reto urgente para las democracias paritarias. La transformación exige al menos seis acciones concretas, orientadas a construir un nuevo acuerdo paritario respecto a cómo acceder y ejercer el poder, profesionalizar a la militancia, (des)generizar los valores, prácticas y reglas, incorporar tecnología a los procesos de toma de decisiones y reconectar a los partidos con su militancia y electorado. El cambio partidista supone dejar de hacer política como si fuera una relación de amigo-enemigo, basada en la exclusión competitiva, para adoptar nuevas formas de participación, colaboración, cogestión y cooperación interna. Este proceso supone, por ejemplo, incluir primarias paritarias, donde cada militante tenga dos votos (uno por cada género), con lo que la suma de los votos daría como resultado la posición de las personas en la integración de las listas. También exige la integración paritaria de los órganos partidistas y, en ese sentido, una propuesta podría ser integrar dos personas por cada cargo, para que, como ya hacen algunos partidos europeos como Italia Viva, se incluyan personas de diferentes géneros en la gestión política.

Los partidos deben ser capaces de adaptarse a los nuevos tiempos y demostrar su compromiso con la democracia no solo en cuanto a la competencia electoral y los resultadosdesuspolíticas,sinotambiénalinterior de las organizaciones partidistas. Si bien aún hay un sector de la ciencia política reacio a estudiar a los partidos con lentes de género y herramientas de interseccionalidad, lo cierto es que cada vez hay más estudiantes e investigadoras interesadas en mirar lo que ocurre en los partidos políticos desde la distribución desigual del poder en clave de género. Esto no es un problema que atañe solo a las mujeres y ni siquiera es un problema exclusivo del movimiento feminista, sino que es un problema de legitimidad democrática y de justicia social y que, por ende, atañe a todas las personas que integran la comunidad política.

Referencias bibliográficas

  • Childs, Sarah, y Kittilson, Miki Caul. (2016). Feminizing political parties. Women’s party member organizations within European parliamentary parties. Party Politics, 22 (5), 598608.
  • Comisión Económica para América Latina (CEPAL). (2021). Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe. Santiago de Chile: Naciones Unidas. Disponible en https://oig.cepal.org/es
  • Freidenberg, Flavia. (2020). Electoral Reform and Women Political Representation in Latin America. En Gary Prevost y Harry Vaden (eds.), The Encyclopedia of Latin American Politics. Londres: Oxford University Press.
  • García Beaudoux, Virginia. (2017). ¿Quién teme el poder de las mujeres? Bailar hacia atrás con tacones altos. Madrid: Grupo 5.
  • Htun, Mala N. (2005). Women, Political Parties and Electoral Systems in Latin America. En Julie Ballington y Azza Karam (eds.), Women in Parliament: Beyond numbers (pp. 112121). Handbook Series, ed. revisada. Estocolmo: International idea.
  • Llanos, Beatriz, y Rozas, Vivian. (2018). Más poder, menos mujeres en los partidos políticos latinoamericanos. En Flavia Freidenberg, Mariana Caminotti, Betilde Muñoz-Pogossian y Tomáš Došek (eds.), Mujeres en la política: experiencias nacionales y subnacionales en América Latina (pp. 6997). México: Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM e Instituto Electoral de la Ciudad de México.
  • Lovenduski, Joni, y Norris, Pippa. (1993). Gender and Party Politics. Londres: Sage.
  • Morgan, Jana, y Hinojosa, Magda. (2018). Women in political parties. Seen but not heard. En Leslie A. Schwindt-Bayer (ed.), Gender and representation in Latin America. Oxford: Oxford Scholarship.
  • Muñoz-Pogossian, Betilde, y Freidenberg, Flavia. (2020). What It’s Really Like to Be a
  • Female Candidate in Latin America. Americas Quarterly, 14(4), 86-90. Disponible en https://www.americasquarterly.org/issue/ closing-the-gender-gap
  • Observatorio de Reformas Políticas de América Latina (#ObservatorioREFPOL). (1978-2021). Ciudad de México: Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y Organización de los Estados Americanos. Disponible en: www.reformaspoliticas.org.
  • Schattschneider, Elmer E. (1942). Party Government. Nueva York: Holt, Rinehart and Winston. [Régimen de partidos. Madrid: Tecnos, 1964].
Flavia Freidenberg

Flavia Freidenberg

Doctora en Ciencia Política. Maestra en Estudios Latinoamericanos. Investigadora titular del Instituto de Investigaciones Jurídicas, Universidad Nacional Autónoma de México (iij-unam). Coordinadora del Observatorio de Reformas Políticas de América Latina (oea / iij-unam).

Política partidaria en la era digital

A mediados de enero de 2021, la CDU fue el primero de los partidos alemanes mayoritarios en celebrar su congreso partidista de […]

Por: Carsten Ovens, Ellen Demuth 5 Nov, 2022
Lectura: 17 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

A mediados de enero de 2021, la CDU fue el primero de los partidos alemanes mayoritarios en celebrar su congreso partidista de forma completamente digital. En el centro de este se hallaban decisiones acerca de nombramientos fundamentales: la lección de un nuevo presidente y del Comité Ejecutivo Federal.

Llevar a cabo discusiones programáticas a través de plataformas virtuales es un desafío que los partidos políticos han tenido que enfrentar desde el inicio de la pandemia, hace poco más de un año. Un congreso partidario plantea, con todo, exigencias adicionales. Los delegados e invitados se encuentran dispersos a lo largo de todo el país y, en algunos casos, más allá. Aparte de una transmisión en vivo estable, con discusiones en tiempo real a través de grupos de chat, las votaciones y elecciones correspondientes deben funcionar sin fallas. En tal sentido, una segunda pantalla en Twitter y en otras redes sociales juega un papel importante y debió ser integrada, por órdenes de la dirección, dentro del congreso.

En términos tecnológicos, la CDU se desplegó a lo largo de tres sistemas: el sitio web cdu.de para la transmisión en vivo, una sala plenaria digital para las votaciones e intervenciones particulares, así como la plataforma de e-voting Polyas como sistema de votación. Todo ello permaneció accesible, de forma paralela, en diferentes servidores, a la vez que la infraestructura directiva montada en un estudio fue diseñada para funcionar repetidamente. Esto sirvió para protegerse contra posibles ataques cibernéticos y fallas técnicas del sistema. Unas medidas de prevención que resultaron muy efectivas. A pesar de los vehementes ataques cibernéticos, en ningún momento hubo dificultades técnicas durante el congreso.

No solo las jornadas del congreso, sino también el trabajo partidario por completo tuvieron que adaptarse a la nueva realidad del año pasado. Los grupos de trabajo, las discusiones de expertos, la recaudación de fondos, los cursos de formación y los seminarios, así como el trabajo cotidiano de las diversas asociaciones locales ya no podían desarrollarse como de costumbre. El nuevo trabajo político digital acarrea demandas adicionales para la pericia y disposición de todos los involucrados, por un lado, y para el equipamiento técnico requerido, por otro.

Esto es cierto tanto para el trabajo interno del partido como en lo relativo a la comunicación política hacia el exterior. Las redes sociales digitales han ganado importancia durante la pandemia del coronavirus: para interactuar con los propios afiliados y para dirigirse directamente a las y los votantes potenciales. A menudo, se trata de dominar un acto de malabarismo: el electorado potencial suele ser más amplio y diverso que la base del propio partido. A ello añádasele que la cultura del debate digital a menudo difiere del diálogo personal cara a cara. Si las discusiones internas del partido se trasladan a las redes sociales, debe procurarse que ocasionalmente ásperas controversias no sean interpretadas como peleas irreconciliables y así utilizadas por los adversarios en la batalla política.

Esta problemática muestra que los partidos hacen bien en poner a disposición herramientas que faciliten la votación interna y los debates, no solo durante las jornadas del congreso, sino también para el trabajo cotidiano del partido. La accesibilidad es, pues, de suma importancia para incrementar la aceptación de estas herramientas tecnológicas entre los afiliados. La edad promedio de los miembros de la CDU es de 61 años. Muchos de ellos tienen conocimientos técnicos y una experiencia en redes sociales más bien limitados. La introducción de nuevos sistemas puede ser necesaria, pero también debe considerarse con sumo cuidado. No importa qué tan buena sea una herramienta, al final fallará si no se la usa con regularidad. Y cualquier debate posterior sería aún más complicado si en cualquier momento del proceso se introdujera una herramienta nueva.

Los años de escepticismo frente a los formatos virtuales o híbridos han dado paso a una conclusión pragmática que será permanente. Las libertades que trae consigo la posibilidad de actuar de forma descentralizada, a través de las nuevas tecnologías, abre nuevas oportunidades para el trabajo político. El diputado federal y secretario general de la CDU, Paul Ziemiak, observa incluso que la situación actual es un impulso para la digitalización del partido. Por ejemplo, aquellos políticos convocados podrían responder en el mismo día preguntas en grupos y asociaciones locales distantes y sin un gran esfuerzo logístico. Los miembros de los grupos de trabajo no tendrían que viajar largas distancias para asistir a una reunión, pues podrían unirse desde la comodidad de su casa. Los resultados de la votación estarían disponibles de inmediato. Los campamentos y talleres de reflexión virtuales podrían, utilizando moderadores profesionales y agendas estrictas, reemplazar las largas reuniones y conferencias. El trabajo partidista se volvería más eficiente, pero no menos sustancial, puesto que las conferencias en línea, en particular, permitirían que miembros con áreas de interés y especializaciones temáticas diferentes se reuniesen sin complicaciones. Estas nuevas oportunidades de participación hacen que la pertenencia a la CDU sea mucho más interesante.

Los eventos partidistas ganan, a su vez, en atractivo, pues junto a las discusiones oficiales también puede tener lugar un intercambio informal entre funcionarios y afiliados o, incluso, entre los mismos afiliados. Con un poco de creatividad, esto también puede transferirse a la red: en eventos paralelos en Zoom, en sesiones de Clubhouse o en grupos de WhatsApp, las discusiones pueden continuar en paralelo a las que tienen lugar en la sala de conferencias. En el futuro, las nuevas tecnologías seguirán cambiando nuestros hábitos. Lo que era casi impensable hace un año, hoy es normal. Ahora es difícil imaginar lo que las aplicaciones de realidad virtual, por ejemplo, harán posible dentro de unos años. Los partidos políticos deben estar siempre a la vanguardia de los desarrollos tecnológicos y ponerlos a prueba, en una etapa bien temprana, dentro de su comunicación y trabajo partidista.

Cómo la pandemia está cambiando la campaña electoral

Desde el comienzo de la pandemia del coronavirus, el trabajo partidista, así como las campañas electorales, han cambiado significativamente. Los partidos políticos, la planificación de campañas y las y los activistas electorales enfrentan nuevos y desconocidos desafíos. Desde noviembre de 2020, Alemania ha estado sometida a un confinamiento cada vez más severo. Las estrictas restricciones en torno a las reuniones y salidas en público, el trabajo remoto y el homeschooling, así como las regulaciones integrales de higiene y distanciamiento, hacen que la interacción social habitual sea imposible. De un año a la fecha ha sido imposible prever cómo se desarrollará la situación de la pandemia.

En tal contexto, completamente inédito también para los partidos, en marzo de 2021 se celebraron dos elecciones regionales paralelas en los estados federados de Baden-Württemberg y Renania-Palatinado. En general, las y los candidatos se ganan la aprobación y el voto a través de la confianza personal. Esta regla básica no ha cambiado en tiempos de coronavirus. En campañas electorales pasadas, esta confianza se alimentó de encuentros, contactos directos y conversaciones personales. Las visitas a domicilio, los puestos de información frente a los supermercados, las estaciones de tren y las panaderías siempre han sido puntos de encuentro populares para intercambiar ideas con los ciudadanos. Las apariciones en festivales locales, celebraciones y eventos deportivos también sirvieron como puntos de contacto importantes.

Por consiguiente, la pregunta clave era ¿cómo pueden los partidos y sus candidatos competir por la confianza de los votantes en un contexto completamente diferente?

Como respuesta a esta pregunta, la CDU estableció las campañas electorales estatales de Renania Palatinado y Baden-Württemberg sobre la base de una combinación de campañas digitales y analógicas probadas. En tiempos de distanciamiento pandémico, los elementos publicitarios táctiles demostraron ser particularmente relevantes. Los votantes reaccionaron de forma positiva a carteles, anuncios y volantes. Hoy como ayer, los grandes carteles en las carreteras, los anuncios en los periódicos y los folletos en los buzones generan visibilidad y una base sólida de atención. Todos estos elementos fueron parte integral de las campañas.

La pregunta clave es ¿cómo pueden los partidos y sus candidatos competir por la confianza de los votantes en un contexto completamente diferente?

Otro desafío consistió en la movilización selectiva de grupos de votantes afines a la CDU. En este caso, la planificación de la campaña se centró en el uso de datos potenciales, digitales y analógicos. Las y los votantes primerizos podían ser convocados a través de la segmentación selectiva en Instagram y Facebook. Sin embargo, una gran parte del electorado de la CDU abreva de aquellos entre los sesenta años y más. Estos votantes son menos afines a las redes sociales. No obstante, para alcanzar a dicho grupo de personas las campañas se basaron en direcciones específicas comprobadas para el envío de correspondencia directa.

Junto con las herramientas convencionales, la campaña electoral en línea jugó un papel decisivo, en especial, en lo referente a la interacción directa con los votantes. Los eventos en línea y las videoconferencias permitieron crear nuevos espacios de reunión. Formatos como Facebook Live, YouTube Live e Instagram Live ofrecieron nuevos espacios sociales para entrar en un intercambio directo y generar confianza. La disponibilidad para la consulta ciudadana en línea trasmitió proximidad. Las y los candidatos se anunciaron a sí mismos y dieron voz a sus objetivos a través de stories y videos diarios. En todo momento, lo central era dar la apariencia más auténtica posible.

Para lograr el máximo alcance fue necesario desarrollar a tiempo las capacidades tecnológicas requeridas. Debieron establecerse y perfilarse los canales asociados a la CDU. Durante cursos de formación en grupos virtuales o en tutoriales, se animó a los miembros de la CDU a crearse perfiles propios en las redes sociales. En la sede del partido se instalaron estudios de televisión. En parte, este desarrollo fue consecuencia del trabajo partidista antes descrito; en parte, las campañas electorales aceleraron cambios pendientes.

La sociedad digital necesita un Estado ágil.

Las redes sociales fueron eficientes para organizar a los miembros del partido y su base de apoyo. Para lograr una integración eficiente de los canales se requirió una gestión coordinada de community management. Esto permitió darle la mayor distribución posible al contenido elaborado por el partido. De igual forma, el contenido creado por los propios miembros le dio un alcance adicional. Los grupos en WhatsApp y Telegram demostraron ser muy útiles para coordinar las actividades de las campañas individuales. Para que la campaña electoral en línea funcionase correctamente fue fundamental generar capacidades y conocimientos a tiempo y con ayuda profesional. Eso significó involucrar en una etapa temprana a tantos afiliados como fue posible, capacitarlos y apoyarlos digitalmente, e integrarlos a una red digital.

Hoy ya esperamos con expectativa el final del verano. Las próximas elecciones generales en Alemania se llevarán a cabo el 27 de septiembre. Sesenta millones de votantes registrados elegirán un nuevo parlamento nacional. El objetivo de la Unión Demócrata Cristiana es volver a ser el partido más fuerte y elegir al nuevo canciller federal. Con toda probabilidad, esta campaña electoral también se llevará a cabo en condiciones restrictivas pospandemia. La gestión del primer congreso digital del partido y los hallazgos de las primeras campañas electorales durante el coronavirus fueron un ejercicio trascendental.

El programa necesita una actualización

Además de la transformación del trabajo partidista dentro y fuera de las campañas electorales, los programas de los partidos también requieren actualizaciones periódicas. Precisamente, en esta vertiginosa era digital, las políticas conservadoras deben mantener un balance entre preservación e innovación. Esto vale para las elecciones generales y más allá de estas.

La sociedad digital necesita un Estado ágil. Entretanto, numerosas empresas emergentes de GovTech ofrecen soluciones acordes al desafío. Pero a la administración a menudo le cuesta encarar procesos de adquisición. Es mejor ir a lo seguro, tratar de evitar errores contables y, en lo posible, un software defectuoso. Aun así, es necesario que las autoridades den entrada a más innovaciones, tanto para su uso interno como para el contacto directo con los ciudadanos. La política debe marcar el rumbo. El enfoque puede ser de tecnología OpenX. Los estándares y las interfaces abiertos, posiblemente incluso el software de código abierto, generan un nuevo espacio para las innovaciones. A menudo, los pequeños pasos logran más que un paso de grandes dimensiones y meditado por mucho tiempo, pues al final este se malogra por falta de aceptación.

En el ámbito de la educación existen también distintas escalas de control para la digitalización. Las preguntas centrales son cómo aprendemos y qué aprendemos. Cuando pensamos en el cómo, vemos que la pandemia empujó al agua a muchos padres, maestros y estudiantes. Allí donde las escuelas ya contaban con conceptos digitales funcionales antes del coronavirus, estos se pudieron escalar con rapidez. Para otros, se trató, al menos de forma parcial, de los pasos iniciales para incluir la tecnología digital en la didáctica. En Alemania, la educación es un asunto de los estados federados. Este federalismo ha probado su eficacia en distintos niveles. Sin embargo, no demostró ser el sistema ideal para realizar cambios necesarios, en parte disruptivos. En tal sentido, cobran mayor importancia los amplios programas de financiación del gobierno federal que apoyan la adquisición de la infraestructura necesaria, la formación de maestros y la adaptación de los materiales de aprendizaje. Además de la infraestructura y la didáctica, el contenido curricular de las escuelas también debe actualizarse. Una sociedad digital necesita otra clase de trabajadores cualificados. Ante esta realidad, las escuelas y universidades aún no se han adaptado suficientemente. Si queremos formar una generación de desarrolladores, en vez de una de usuarios, es imperativo que cambiemos nuestra formación.

Asimismo, necesitamos ponernos al día, con urgencia, en términos de infraestructura digital. Durante demasiado tiempo se han descuidado las tecnologías modernas de banda ancha. Sin duda, existen enfoques interesantes como, por ejemplo, el tendido de cables de fibra óptica a lo largo de las líneas ferroviarias. De esta forma, en un periodo corto de tiempo, miles de kilómetros de cable podrían llegar a todos los rincones del país. La ayuda también puede venir del espacio. Los satélites geoestacionarios modernos y los sistemas de cohetes cada vez más económicos permitirían equipar regiones y hogares desatendidos con conexiones rápidas a Internet. No deberíamos dejar el desarrollo y la introducción de las tecnologías requeridas solamente en manos de los Estados Unidos o, incluso, de los proveedores chinos.

Desde hace algún tiempo, en Alemania y Europa se ha estado hablando de soberanía, en particular, con miras a la transformación digital. La pandemia está dejándonos claro, con una rotundidad previamente desconocida, lo lejos que estamos de una soberanía europea referente a los datos. Casi todas las plataformas comunitarias de video y mensajería provienen de Estados Unidos. La complejidad de las aplicaciones no es siquiera aquí el problema decisivo. Más bien, el trasfondo son los conocidos obstáculos al crecimiento que enfrentan las empresas tecnológicas europeas, así como los mercados no regulados de Estados Unidos y China. Estas condiciones distorsionan la competencia.

Al mismo tiempo, el término soberanía digital no debe convertirse en el juguete de ambiciones políticas, personales o nacionales. Se requiere de la cooperación multilateral. GAIA-X es, en tal sentido, una idea sumamente prometedora. El proyecto franco-alemán tiene como objetivo garantizar el establecimiento de una infraestructura de datos competitiva, segura y confiable para Europa.

De igual importancia es que los políticos se comprometan, con mayor energía, a apoyar a las startups locales en su fase de crecimiento, creando un entorno apropiado para su rápida expansión. Ámbitos futuros como el blockchain, la inteligencia artificial, la robótica y las computadoras cuánticas deben reflejarse en el trabajo programático, deben ser entendidos como elementos capaces de otorgar ventajas industriales y de emplazamiento, y deben desarrollarse de manera focalizada.

Con el fin de fortalecer el desarrollo de productos e ir escalando los emplazamientos tecnológicos, se deben crear espacios de experimentación específicos para las startups, en los que estas puedan desarrollarse bajo condiciones regulatorias simplificadas. Además del nuevo fondo para el futuro del Gobierno federal, se debe invertir más capital de riesgo privado y se requieren nuevas formas de participación de los empleados en el crecimiento de las empresas emergentes.

No deberíamos dejar el desarrollo y la introducción de las tecnologías requeridas solamente en manos de los Estados Unidos o, incluso, de los proveedores chinos.

En el transcurso de la legislatura, el Gobierno federal en funciones creó una serie de comités y cargos para promover la digitalización. Se trató de una decisión correcta y útil a distintos niveles. Pero se necesita más, e incluso un ministerio digital, sobre el que se ha debatido largamente, podría quedarse corto. Por el contrario, necesitamos un enfoque holístico que incluya los grandes campos de la tecnología orientados al futuro, como escriben Dorothee Bär (miembro del Parlamento federal y secretaria de Estado para la Digitalización dentro de la Cancillería) y el Prof. Dr. Jörg Müller-Lietzkow (codirector del think tank cnetz, cercano a la CDU), en un artículo de colaboración para el diario Frankfurter Allgemeine. El Ministerio para el Futuro debería ser hogar para la tecnología más avanzada. Un lugar donde los pensadores de vanguardia más innovadores hagan frente a los cambios sociales, científicos y económicos, y posibiliten y creen las tecnologías futuras, antes de que los ministerios especializados establecidos se ocupen de las implementaciones concretas. Desde aquí nacerían los campos de prueba, los laboratorios reales y los proyectos piloto. La Innovation Authority de Israel puede servir de ejemplo.

Al Gobierno federal le aguardan grandes tareas. Es muy probable que la pandemia del coronavirus y sus consecuencias nos mantengan ocupados durante los próximos años. Por ello, la actualización integral programática y una adopción e integración de las posibilidades digitales son de importancia capital. Los políticos deben hacer frente a estos desafíos con resolución.

Carsten Ovens

Carsten Ovens

Director ejecutivo de la European Leadership Network (ELNET) en Alemania, una organización que fomenta el intercambio entre Israel e Europa. Fue miembro del Parlamento estatal de Hamburgo. Estudió economía en Hamburgo y Sídney, y luego trabajó durante más de diez años como director de proyectos en las áreas de desarrollo empresarial, consultoría de gestión e investigación científica.

Ellen Demuth

Ellen Demuth

Miembro del Parlamento del estado federado de Renania-Palatinado. Allí trabaja, entre otras cosas, en el Comité de Medios, Infraestructura Digital y Política de Redes. Es miembro del Consejo de Expertos Digitales de la cdu.

Elecciones y campañas en tiempos de polarización

Ya sea de cara a elecciones democráticas o no democráticas como para las esperanzas de la gente que participan en […]

Por: Frank Priess 5 Nov, 2022
Lectura: 19 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Ya sea de cara a elecciones democráticas o no democráticas como para las esperanzas de la gente que participan en ellas, una misma pregunta básica vale lo mismo: ¿quién tiene la respuesta correcta frente a los desafíos del futuro, con quién estaremos mejor en el futuro? Esta pregunta movilizó a la gente ayer y la moviliza hoy.

Una vez más, los ojos de todo el mundo se volvieron hacia la reciente campaña electoral presidencial de los Estados Unidos. Ello aplica tanto a los analistas políticos como a los activistas electorales, quienes aún consideran las elecciones en los Estados Unidos como la madre de todas las batallas, incluso en términos de las innovaciones tecnológicas y el desarrollo de los métodos de campaña (campaigning). Lo único cierto de ello es que los Estados Unidos son, más bien, la gran excepción y no tanto el gran modelo a seguir: las condiciones en las que se llevan a cabo las elecciones son demasiado particulares y el uso de fondos no tiene comparación. Aun así, durante el período previo a las semanas cruciales los consultores internacionales ya estaban dando vueltas con sus carritos de compra dentro del supermercado electoral de Estados Unidos para llevarse aquellos instrumentos que acaso pudieran marcar una diferencia en casa.

Una vez más, la atención se centró en lo digital, y no solo por el coronavirus. «Seguramente será la campaña electoral más digitalizada de la historia de los Estados Unidos», predecía Mario Voigt muy al principio. Trump llevaba la delantera en cuanto a seguidores en Twitter y amigos en Facebook. En la memoria aún está fresca la disputa contra la empresa Cambridge Analytica por el uso desleal de los algoritmos y los datos de usuarios de redes sociales como Facebook, famosa justo por ello, abordada en el libro Mindf*ck de Christopher Wylie, denunciante de la trama. Paul Starr lo resume: «El brexit de 2016 y las elecciones en Estados Unidos proporcionaron ejemplos globales concretos de la desinformación encubierta a través de Facebook».

Mensajes fuera del alcance del radar

Los rasgos de personalidad son la base para pronosticar el comportamiento de voto, el cual, a su vez, puede ser guiado a partir de noticias e información personalizada en la plataforma social correspondiente. Con ello se vuelve posible una microfocalización de alcance desconocido. Métodos provenientes del campo de la guerra psicológica tienen el encanto adicional de que, sin esfuerzo, vuelan por debajo del alcance del radar de la atención general y, por lo tanto, refuerzan aún más el elemento sorpresa: los cambios solo se reconocen gradualmente. Los mensajes solo son visibles, generalmente, en círculos cada vez más inmediatos; la discusión en el espacio público carece de fundamento. Además, existen instrumentos como el uso del marketing de influencers: los partidos están cortejando intermediarios creíbles, en especial, con miras a los grupos más jóvenes. El famoso video de Rezo sobre la «destrucción de la CDU», durante la campaña electoral europea alemana, brindó un ejemplo emblemático: la respuesta masiva, el elevado número de visualizaciones y las correspondientes reacciones en todos los medios tomaron al partido por sorpresa y su tímida respuesta, vía pdf, provocó lástima y sorna. Entretanto, la CDU reaccionó y situó las tareas digitales visiblemente en una nueva posición: la reacción soberana al robo de la letra C (en la sede del partido) por activistas de Greenpeace es solo un ejemplo de ello.

Mientras que la influencia de Twitter y Facebook aún no ha sido digerida del todo, desde hace tiempo la comunidad está preocupada con la aplicación política de nuevas plataformas, como TikTok o Telegram. La aplicación aparentemente inofensiva donde se suben videos cortos, utilizada de forma masiva por una audiencia joven, plantea a los oficiales de campaña la pregunta inmediata de si no se podría también utilizar políticamente para la transmisión de mensajes propios, puesto que los servicios de mensajería instantánea suelen ser los instrumentos de elección cuando se trata de consultar y convocar entre los grupos cerrados de usuarios. Cuanto más discreto, mejor. Nury Astrid Gómez Serna, experta colombiana en comunicación, ve un desarrollo de la masificación de la selectividad no solo en el ámbito digital, sino también de cara a las campañas electorales.

Actualmente, es tangible una carrera entre aquellos que encuentran una nueva libertad a partir de nuevas herramientas y aquellos que, de inmediato, quieren volver a cerrar esas ventanas.

Para complicar las cosas, estos instrumentos abren, a su vez, las puertas a la influencia de actores externos. Cuánto contribuyó Rusia a la victoria electoral de Donald Trump en 2016, o al éxito de la campaña a favor del brexit, sigue siendo objeto de controversia y nunca del todo aclarado. Paralelamente, los déficits en ciberseguridad contribuyen a debilitar aún más la confianza en la legitimidad de las decisiones democráticas, especialmente en sociedades ya polarizadas. Cuando los candidatos sugieren a sus propios seguidores que la propia derrota solo pudo haber sido resultado de manipulaciones, es muy probable que este mensaje caiga en tierra fértil y genere consecuencias imprevisibles.

La polarización de las sociedades y el debilitamiento de su cohesión interna a lo largo de los años —sobre el papel de las esferas de filtración aún queda mucho por discutir— contribuye a la formación de un marco en el que se dan muchas disputas electorales, con elementos nuevos dentro de discusiones familiares. Los contrastes entre la ciudad y el campo, las preferencias partidistas con base en presupuestos educativos o con base en las distintas realidades laborales, cuestiones generacionales, todo esto siempre ha existido. Sin embargo, estas líneas de fractura parecen estar particularmente acentuadas ahora.

El problema de las previsiones

Ello también contribuye al hecho de que, repetidamente, los pronósticos sobre los resultados electorales en todo el mundo resultan completamente equivocados: cualquiera que en Rusia mire hacia las grandes ciudades de Moscú y San Petersburgo y allí se enfoque en los jóvenes con afinidades internacionales, seguramente percibirá una oposición más fuerte hacia la Rusia unida de Putin, en contraste con zonas rurales y tradicionales, a las que se puede llegar con mensajes completamente diferentes y en las que el nacionalismo y la filiación a la Iglesia juegan un papel mucho más importante. En la denomina da Primavera Árabe, la atención se trasladó hacia las personas reunidas en las plazas de las principales capitales y soslayó la mirada hacia orientaciones tradicionales y el poder organizativo de asociaciones como los Hermanos Musulmanes, cuyos objetivos no coincidían ya con el esperado camino hacia

la modernidad occidental. Este pensamiento mágico entra en juego también al mirar hacia los Estados Unidos, y no solo desde la perspectiva alemana, cuando se espera que los modernos demócratas de la costa este y oeste, apoyados por los grandes intereses de Hollywood, prevalezcan y no sean derrotados por los provincianos y deplorables ciudadanos del Medio Oeste y el cinturón bíblico.

Sin embargo, existe evidencia de que esta imagen también podría haber sido planteada en blanco y negro. Las actuales elecciones regionales en Rusia dejan ver que la gente fuera de las metrópolis está enojada por la corrupción de los gobernantes y que aquellos que lo demuestren de manera explícita y usen tácticas electorales inteligentes tienen posibilidades de victoria, asumiendo que sean elecciones medianamente libres y justas. Las elecciones en Bielorrusia también mostraron que los movimientos de protesta contra un régimen autoritario pueden abarcar un gran número de capas. Y, en algunos lugares, tales expectativas llevan a los gobernantes a evitar una elección al menos parcialmente democrática, excluyendo a los candidatos opositores, e intimidando a la gente y a los medios de comunicación. Véase Hong Kong.

Actualmente, es tangible una carrera entre aquellos que encuentran una nueva libertad a partir de nuevas herramientas y aquellos que, de inmediato, quieren volver a cerrar esas ventanas.

Mientras tanto, hoy hemos aprendido que las redes sociales también pueden ser un arma de doble filo. En el comienzo de algunos movimientos sociales o democráticos se consideró de sentido común que con ellos había amanecido una época de desarrollo democrático que ya no podría ser controlada por los gobernantes. Las reuniones «espontáneas» para manifestarse y otras acciones desarrollaron una fuerza tremenda, incluso en países como Irán y la Revolución

verde de 2009. Con todo, los regímenes autoritarios rápidamente aprendieron de ello, se infiltraron en las redes sociales, acordonaron dichos movimientos dentro de amplios cortafuegos y los censuraron sin piedad, en parte con el software más moderno y respaldados por empresas de tecnología occidentales, temerosas de las cuotas de mercado. Actualmente, es tangible una carrera entre aquellos que encuentran una nueva libertad a partir de nuevas herramfientas y aquellos que, de inmediato, quieren volver a cerrar esas ventanas. Una salida abierta.

Muletilla irrebatible: «soberanía de Internet»

El Occidente liberal —desde hace tiempo no más un término geográfico— debería, sin embargo, garantizar que los regímenes autoritarios no puedan, como principio, invocar acuerdos internacionales en el campo de las telecomunicaciones cuando esclavizan a su sociedad civil bajo el disfraz de la llamada soberanía de Internet. Y esto ni siquiera toma en cuenta las «armas» representadas por los nuevos instrumentos de vigilancia del mundo digital en manos de regímenes autoritarios y totalitarios. Un sistema de crédito social como el de China hace que las personas sean transparentes para el Estado hasta en el último rincón de su privacidad. Ya es de por sí preocupante que las empresas chinas exporten dicho software con gran éxito: la lista de clientes, sobre todo en África, es ilustrativa; países como Venezuela también gustan de usarlo. Gran parte de lo que se está desarrollando actualmente con objetivos económicos, basado en inteligencia artificial y big data, fácilmente encuentra su camino hacia aplicaciones políticas en paralelo. Las empresas de tecnología estadounidenses toman aquí también la delantera: la empresa recolectora de data Palantir salió recientemente

a bolsa. Es probable que la cuestión de cómo establecer una protección de datos eficiente pueda contrarrestar esto, y establecer límites a los intereses de información de los usuarios, frente a los negocios y la política, sea una cuestión crucial para el futuro; la cual, a su vez, tendrá efecto sobre las campañas electorales. En muchos países, sin embargo, hay una falta de regulaciones relevantes, según Eduardo Magrani.

Hoy, en cambio, existe una brecha cada vez mayor entre lo que diferentes sectores de la población creen que es la realidad.

Mientras tanto, el cambio de comportamiento de los medios de comunicación también ha tenido efectos considerables en el discurso en la sociedad democrática. Cada vez hay una menor base de información común, como solía ser presentada conjuntamente por las emisoras públicas y los periódicos regionales: el periodista como guardián y filtro ha perdido poder e influencia. Incluso antes, el posicionamiento de los medios tenía escasa influencia sobre lo que se pensaba: las victorias electorales de Helmut Kohl y Ronald Reagan contra la intelectualidad colectiva de los medios de comunicación fueron siempre ejemplos impresionantes. Sobre aquello que uno podía pensar se tuvo, hasta cierto punto, la soberanía. Hoy, en cambio, existe una brecha cada vez mayor entre lo que diferentes sectores de la población creen que es la realidad. El surgimiento de teorías de la conspiración de todo tipo es quizás el ejemplo más sorprendente. Aquellos que interactúen principalmente dentro de su propio grupo, gusten de buscar confirmación en las redes sociales y las consideren representativas de la sociedad en su conjunto tendrán dificultades para aceptar el hecho de que en la elección del voto quepa una mayoría de opciones completamente diferentes a las propias. Lo que nos lleva de regreso a Estados Unidos y a la reciente campaña electoral.

Hoy, en cambio, existe una brecha cada vez mayor entre lo que diferentes sectores de la población creen que es la realidad.

El disgusto partidista y los voceros de esperanzas populistas

Con todo, una mirada a las recientes disputas electorales también revela muchas constantes y refuerza tendencias que se conocen desde hace tiempo. En muchos lugares, los partidos no tienen un horizonte muy prometedor: la tendencia a confiar más en las personas y los movimientos continúa. Muchos partidos no han logrado mantenerse al día con los desarrollos sociales, abrirse a ellos, ser y presentar temas atractivos para las nuevas generaciones. Los miembros fieles al partido con gusto se encierran en un bunker y forman coaliciones elitistas, que pueden ocultar y retrasar un poco el declive, pero hacen poco para cambiar el desarrollo general. En Túnez, por ejemplo, desde las elecciones parlamentarias de 2019, el presidente Kais Saied, apartidista, no ha encargado a ningún representante destacado del partido que dirija el gobierno; él mismo tiende a posicionarse contra enfoques directamente democráticos.

Sin embargo, esto no significa necesariamente que a los portadores de nuevas esperanzas les vaya mejor y la confianza en ellos depositada esté justificada. La consecuencia es que incluso el sistema democrático en su totalidad, con sus mecanismos de reclutamiento, se pone en tela de juicio, y ello justo en un momento de competencia sistémica, cuando los regímenes autoritarios intentan puntuar a su favor a partir de una supuesta eficiencia y haciendo referencia a mejores resultados, por ejemplo, como ha sucedido durante el actual manejo de la pandemia. El hecho de que los déficits del autoritarismo se vuelvan particularmente claros en momentos como los referidos —por ejemplo, cuando la información nace de visiones incorrectas o se oculta por miedo, y falta el correctivo del periodismo de investigación— es una parte esencial del enfoque, junto con el hecho de que los ciudadanos no tienen, en momentos así, la oportunidad de castigar las equivocaciones votando en contra.

Una mirada empírica arrojará resultados ambiguos, por ejemplo, en América Latina. Allí el enfado contra los partidos, en México y en Brasil, durante las últimas elecciones, colocó en la cúspide de los movimientos o de las nuevas formaciones partidistas a fi- guras carismáticas, cuyos resultados políti- cos actuales son pésimos. Por cierto, ambas figuras son sumamente populistas y tienen talento para la polarización: aquí el pueblo, allá las élites podridas. Paralelamente, el clá- sico partido gobernante del presidente La- calle Pou en Uruguay muestra, por ahora, la mejor trayectoria en la dramática lucha contra el covid-19. En algunos lugares sur- gen conflictos que difícilmente se espera- ban venir, dada la estabilidad prevaleciente por años, si bien los problemas subyacentes de desigualdad e injusticia social no fuesen nuevos en absoluto. El mejor ejemplo en tal sentido es Chile. Una consecuencia de ello es, a menudo, la fragmentación total del pa- norama político, la cual no permite ningu- na predicción sobre futuros desarrollos, en particular, cuando las personas son signi- ficativamente más importantes en la deci- sión electoral que las preferencias partidis- tas, políticas y programáticas. Perú ha sido un ejemplo de esto durante mucho tiempo. En todas partes, incluso en América Latina, los comportamientos electorales habitua- les se disuelven, los perfiles de los votantes continúan difuminándose, muchos parti-

dos están tradicionalmente mucho más interesados en la instrumentalización de una campaña electoral exitosa, que en enfocarse en la estrategia y el contenido que deberían transmitirse. Sin embargo, no se pueden ignorar por completo los lazos tradicionales afectivos a largo plazo, especialmente en las zonas rurales y entre la población mayor. ¡Así que no existe una imagen uniforme en ninguna parte!

Democracia bajo asedio

Por supuesto, esto sigue valiendo para las condiciones generales de las elecciones y las luchas electorales, las cuales, en general, apenas han mejorado en los últimos años.

El número de países clasificados como verdaderamente libres por Freedom House y otros organismos similares tiende a disminuir. Reporteros sin Fronteras también está alarmada por la libertad de prensa sometida a una presión masiva en muchos lugares. Numerosas esperanzas con respecto a competencias democráticas justas se han visto frustradas; un excelente ejemplo de ello es el sudeste asiático, donde países como Tailandia y Camboya han dado claros pasos hacia atrás.

El acceso diferenciado a los medios de comunicación sigue siendo una palanca que influye en las elecciones, también en Euro- pa. Lamentablemente, la exclusión de candidatos opositores disidentes del gobierno en turno, la prohibición de partidos, la manipulación de registros electorales, la falta de independencia de los órganos de supervisión (como los tribunales electorales), el procesamiento de miembros de la oposición y los asesinatos por motivos políticos, nada de esto ha pasado de moda.

En situaciones de conflicto, los observadores internacionales reclaman rápida- mente nuevas elecciones, incluso cuando no existieron los requisitos mínimos democráticos para llevarlas a cabo en prime- ra instancia. Ejemplos actuales de ello son países tan diversos como Malí y Venezuela. La oposición se enfrenta, entonces, a la cuestión crucial de si debe participar o no: si lo hace, legitima un proceso más que dudoso. Si no lo hace, se pone a la defensiva en términos de comunicación y se cierra hasta las ventanas más pequeñas de participación. Una cosa está clara: las elecciones son necesarias, pero de ninguna manera indicadores suficientes de si los Estados pueden ser clasificados como democracias. Es interesante, sin embargo, que incluso las dictaduras más oscuras creen que no pueden prescindir de la (falsa) legitimación que otorgan las elecciones.

Los comportamientos electorales habituales se disuelven, los perfiles de los votantes continúan difuminándose.

El día de las votaciones no es Acción de Gracias

Ya sea de cara a elecciones democráticas o no democráticas, como para las esperanzas de la gente que participan en ellas, una misma pre- gunta básica vale lo mismo: ¿quién tiene la respuesta correcta frente a los desafíos del fu- turo, con quién estaremos mejor en el futuro? Esta pregunta movilizó a la gente ayer y la mo- viliza hoy. «El día de las votaciones no es Ac- ción de Gracias», solía decir el asesor de cam- paña de Angela Merkel, Klaus Schuler, seña- lando con ello que la gratitud suele tener un uso limitado como categoría política. ¿Exis- te un deseo de cambio o no? ¿La gente está más satisfecha o menos? En los sistemas par- lamentarios, estas preguntas dan forma a las decisiones de voto, a través de la conexión con los partidos, incluso más que en sistemas pre- sidenciales. En especial, cuando gobernantes exitosos no pueden postularse de nuevo y la transferencia de imagen hacia sucesores pre- ferenciales solo es posible hasta cierto punto.

Una categoría central en las decisiones electorales sigue siendo la confianza personal que generan los candidatos, y que surge in situ, independientemente de que se com- prenda o no desde el exterior. En consecuencia, las herramientas de las campañas electorales como las caravanas motorizadas, las asambleas ciudadanas y los grandes eventos, en países como Tanzania no pasan de moda: siguen siendo el lugar de encuentro central entre los votantes y los candidatos. Los partidos políticos harían bien en contar con una

amplia gama de instrumentos y en comunicarse con sus votantes a través de todos los canales (posibles): una buena oferta digital es un requisito ineludible hoy en día, pero las formas tradicionales de las campañas electo- rales, como las clásicas visitas a domicilio, no son para nada obsoletas. «Los estadounidenses están lejos de ser meros títeres en manos de Silicon Valley», concluyó Paul Starr de su país. En África, instrumentos como los rastreadores de promesas electorales, utilizados en Senegal, Kenia y Sudáfrica, ayudan a monitorear el desempeño político.

Las elecciones en torno a la personalidad de un candidato tienen que ver con el hecho de hacer las candidaturas auténticas y creíbles —y hacer de lado también ciertas in- consistencias—. La simpatía cuenta, la cercanía a la gente es un criterio importante y reconocer que un candidato no le gusta a la gente significa casi una sentencia de muerte política. Y, por supuesto, las elecciones hoy en día tampoco son un concierto de buenos deseos, sino una decisión concreta entre diferentes alternativas. También con el mal

menor cabe una oportunidad y, por ello, la campaña de los demócratas en Estados Uni- dos en términos de una lucha por los valores y las buenas costumbres, con la cual quisieron convertir las elecciones en un referéndum sobre Trump, tuvo sus escollos.

En general, por supuesto, la cuestión de qué papel juegan realmente las campañas electorales al final del día permanece abierta. Ciertos elementos de la decisión de voto se acumulan durante un largo tiempo. A su vez, en muchos lugares, el número de personas indecisas sigue siendo muy alto pocos días antes del día de votación. Y existen suficientes ejemplos de que la cómoda ventaja se convierte en nada en los metros finales de la carrera.

Frank Priess

Frank Priess

Ex director adjunto del área internacional de la Fundación Konrad Adenauer. Analista político.

«Los partidos siempre han ido detrás de los grandes cambios sociales»

En su libro ¿Instituciones o máquinas ideológicas? Origen, programa y organización de los partidos políticos latinoamericanos (2004) usted habla de la estabilidad […]

Por: Manuel Alcántara 5 Nov, 2022
Lectura: 17 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

En su libro ¿Instituciones o máquinas ideológicas? Origen, programa y organización de los partidos políticos latinoamericanos (2004) usted habla de la estabilidad relativa de los partidos políticos en el continente. ¿Hoy mantendría esta afirmación?

Evidentemente, no. El panorama presente de América Latina muestra que la mitad de los presidentes a fecha de hoy son miembros de partidos que existían hace veinte años, la otra mitad no. Es decir, el vaso ahora mismo está medio lleno o medio vacío. Tendría que matizar mucho mi reflexión. Me refiero a los presidentes de Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Honduras, Nicaragua (con todos los problemas), Panamá, Paraguay y Uruguay. El resto están afiliados a agrupaciones a que no existían hace dos décadas.

¿Cuáles son los principales aspectos en los cuales los partidos políticos tienen una especial necesidad de actualizarse, especialmente, respecto a su organización y comunicación?

Los partidos siempre han ido detrás de los grandes cambios que se han producido en la sociedad. Esa es una tónica histórica. Los partidos de masas llegaron cuando ya las masas llevaban décadas presentes en la vida pública. Ahora, los cambios que han acontecido en las sociedades en los últimos veinte años tienen una dimensión exponencial. Entonces, los partidos políticos están sometidos a una inercia que les hace muy difícil adaptarse a cambios tan rápidos y, sobre todo, tan profundos. Ese es, para mí, el principal problema.

Si se quiere, es un problema de tiempo. Yo no participo de la opinión de que los partidos políticos han muerto definitivamente. Pero sí van a tener que cambiar drásticamente y adaptarse a una sociedad líquida, como nos señaló Zygmunt Baumann. Será una sociedad profundamente diferente por los cambios en las tecnologías de la información y de la comunicación.

Los partidos políticos no han sido parte de las últimas crisis sociales en varios países de Latinoamérica (Chile, Bolivia, Perú, Colombia, Guatemala). ¿A partir de esto pueden surgir nuevos partidos políticos?

No han sido partícipes precisamente porque han sido desbordados por la gente que, primero, se moviliza de una manera diferente a como lo hacía hasta hace muy poco tiempo y, segundo, se mueve en un escenario de identidades líquidas y que fluctúan. Uno de los problemas que tiene cualquier institución es atraer a la gente y mantenerla. Esto lo sufren tremendamente los partidos. Hay poca gente que se identifica con los partidos. Pero todavía es más preocupante, para mí, que la gente que se identifica con los partidos cambia. Es decir, no hay la lealtad que se suponía y que era uno de los grandes valores de los partidos políticos hasta hace veinte años.

La pérdida relativa de importancia de los partidos en Latinoamérica ha llevado a algunos autores de hablar de la peruanización de los sistemas políticos. El politólogo uruguayo Juan Pablo Luna ha denominado al Perú como una democracia sin partidos. ¿Puede haber tal cosa, una democracia sin partidos? ¿Qué consecuencias tienen escenarios de extrema fragmentación y personalización de la política?

Estoy muy de acuerdo con el profesor Luna pero matizaría en aquello de que no hay partidos. Yo creo que hay partidos, pero diferentes. Actualmente son partidos que están construidos sobre candidatos. El candidato es quien construye el partido y tiene un entorno más o menos grande en función del puesto por el cual está compitiendo. Esto lo vemos muy claramente en Brasil. Las dinámicas partidarias en los estados o en los grandes municipios funcionan y estas dinámicas se transfieren muy mal al ámbito federal. Entonces, la visión es que aparentemente no existen partidos desde la definición de partido político canónica que teníamos: una estructura estable con un programa y una organización. Eso es lo que cambió en Perú, hace mucho tiempo, hace más de treinta años. Incluso antes de la llegada de Fujimori al poder se estaba produciendo un cambio y esto se está transfiriendo a otros países de América Latina. Hay partidos, pero diferentes.

¿Qué deben hacer, o no hacer, los partidos tradicionales frente a este escenario?

Para no plantearlo desde el deber ser, tenemos que ver dónde hay partidos tradicionales y dónde se mantienen. En Uruguay existen y se mantienen, y Uruguay es el primero o segundo país en términos de calidad democrática en América Latina. Hay una correlación muy alta. Por un lado, se dice que en virtud de la alta calidad de la democracia tenemos sistemas de partidos consolidados, estables, y son los de siempre. Del otro lado tenemos a Honduras, que tiene un sistema de partidos (el Nacional y el Liberal) de más de cien años y es uno de los peores en cuanto a su calidad democrática en América Latina. Estos son dos extremos en América Latina. Entonces, no es muy claro que la existencia de un sistema de partidos estable contribuya a mantener una democracia de calidad.

Uno de los problemas que tiene cualquier institución es atraer a la gente y mantenerla.

Costa Rica tiene una democracia muy sólida y los dos partidos tradicionales no desempeñaron un papel en las últimas elecciones, hace tres años. Ni Liberación Nacional ni Unidad Socialcristiana pasaron a la segunda vuelta. Los dos candidatos fueron un partido de absoluta reciente creación y otro (Partido de Acción Ciudadana) de menos de veinte años de creado. No nos sirve tampoco como ejemplo.

Populismos

¿Qué es lo que ha pasado en El Salvador, tanto en las elecciones presidenciales de 2019 como en las legislativas de 2021? ¿Por qué la gente vota a un nuevo partido que no es un partido político en el sentido tradicional, sino que ha sido creado por el presidente Najib Bukele? ¿Por qué la gente vota por lo que dice Bukele? No están votando a Nuevas Ideas. En México la gente no va a votar en junio a MORENA o a sus candidatos. Va a votar lo que diga AMLO. Ese es el cambio.

Desde la evidencia empírica es muy difícil responder la pregunta. Lo que está pasando es un fuerte proceso de personalización e individualización. Me gusta más el término individualización de la política, que se articula particularmente en las elecciones, en torno a los candidatos. ¿Por qué se ha llegado a este nivel?

¿Qué nos dicen distintos trabajos sobre por qué la gente se ha desapegado de los partidos y busca la personalización de la política? La propia sociedad ha cambiado, las identidades han cambiado, la manera de comunicarse la gente ha cambiado. Por otro lado, se incrementa la desconfianza porque hay una enorme corrupción. Este escenario genera desapego.

¿Qué soluciones hay para plantear? Un escenario de recuperación, de restablecimiento de los partidos que tienen su sello y un cierto prestigio en la historia de un determinado país.

Respecto a la confianza, no soy psicólogo pero confío en personas. Y si dejo de confiar en una persona puedo confiar en otra. Pero confiar en una sigla, en una institución… allí el desapego es mayor. Por ejemplo, cuando dejo de confiar en algo que había estado presente en mi vida durante cuarenta años. En las instituciones, el cambio es mucho más lento y el daño que se produce es mucho mayor, porque son las siglas de un partido, como el APRA, por ejemplo, que ha llenado la vida de peruanos por generaciones. Y si en determinado momento esta confianza se rompe, es imposible restablecerla.

La polarización beneficia la figura de los individuos aislados y no de los partidos.

La profesionalización de la política ha sucedido para bien y para mal. Hay un nicho poco estudiado: el papel de las consultorías políticas de las campañas. Aquí, buenos profesionales de la comunicación venden un producto y como consecuencia de eso se produce una homogeneización de las estrategias. Al final, toda la política se mueve al mismo ritmo. Un ejemplo es la estrategia de la polarización. Esto es una hipótesis y hay que probarla. Estoy convencido de que esta estrategia, ahora presente en todos lados, es hábilmente introducida por la consultoría política porque sabe que rinde, sobre todo, en el ámbito del presidencialismo. La polarización beneficia la figura de los individuos aislados y no de los partidos.

Corrupción

Creo que, en primer lugar, deben taponar la brecha de la corrupción, de lo que supone el descontrol de los políticos y de prácticas corruptas que pueden venir ligadas a lo que denomino la financiación espuria, que es producto de un estado de cosas y de una necesidad de fondos para mantener campañas permanentemente dado que el voluntariado en los partidos políticos ha disminuido. Esta avidez de dinero permite la llegada de dinero del crimen organizado.

La construcción de los partidos se da a partir de los líderes fuertes. El centro de mando cohesiona a las personas. Pero también partidos tradicionales de la región fueron construidos en torno a grandes figuras que terminaron siendo candidatos. ¿Cuál es la diferencia entre esas construcciones? El Partido Justicialista en Argentina y el Liberal en Colombia fueron construidos en torno a un líder, pero después se mantuvieron en el tiempo.

Tengo dos respuestas. Una histórica, y es que hubo líderes con vocación institucional. Es el caso de Figueres, en Costa Rica. Es el típico caudillo que, sin embargo, institucionaliza el Ejército de Liberación Nacional en el Partido de Liberación Nacional. O incluso en México, con la figura de Lázaro Cárdenas. En cierto momento se da un giro peligroso, de torcer los designios del sufragio efectivo. El PRI fue un caso exitoso de institucionalización política. Otra cosa es el estilo de esa institucionalización.

Estos son dos ejemplos de partidos que pudieron tomar en un momento una deriva personalista pero que, gracias al impulso de una figura desde dentro, cambiaron. La propia DC chilena fue muy caudillista en torno a Eduardo Frei y en su momento él fue capaz de modernizar el partido hacia uno no dependiente de su importante figura.

Respecto a los tiempos, me cuesta encontrar un ejemplo en la sociología cotidiana de un movimiento institucionalizado del carácter que sea que tenga éxito hoy. La gente joven sigue a influenciadores en las redes sociales, no sigue a un canal en términos impersonales. Este factor de identificación con individuos es muy efectivo y esto afecta también el escenario de los partidos.

En Europa hay algunos ejemplos de nuevas formas de partidos políticos: Ciudadanos, Podemos, La Repúblique en Marche. ¿Qué pueden aprender los latinoamericanos de estas experiencias, de sus aciertos y errores?

No son casos exportables. Todo lo contrario. El primer reto de En Marche lo vamos a tener el año que viene y veremos empíricamente qué queda. Tengo mis dudas al respecto. Podemos es un partido absolutamente personalista. El liderazgo de Pablo Iglesias es muy fuerte. También es personalista Ciudadanos y su fracaso fue el fracaso de su líder, su incapacidad de tener una lectura política clara del momento y haber perdido la oportunidad de formar un gobierno con los socialistas. A partir de ese momento Ciudadanos ya no existe, después de las elecciones catalanas es un partido en vías de desaparición. Esos tres ejemplos reafirman lo que estamos señalando: el momento que vivimos y las dificultades de encontrar enseñanzas.

Fenómenos disruptivos como la pandemia desafían la institucionalidad democrática. Los partidos parecen sobrepasados y lentos en la respuesta. La pandemia mostró la importancia del diálogo y de la cooperación de la ciencia con la política. ¿Cómo congeniar tiempos políticos con los de la ciencia?

Profesionalización

Los partidos políticos deberían profesionalizarse, sí, pero tener su propia lógica en las campañas y en los procedimientos; que fuera exclusivamente suya, como una seña de identidad, y no comprada en el mercado de la consultoría internacional contratando a consultores que van a repetir las mismas recetas en uno u otro partido y en uno u otro país.

Es una pregunta que incorpora lógicas distintas. Me gusta retornar a Max Weber y a sus fabulosas conferencias sobre el científico y el político. Fue un clarividente en muchas cosas; en este tema, por cierto, lo fue. En el dilema planteado se encuentran la lógica de la responsabilidad y la lógica de la convicción. ¿Cómo aunarlas?

El drama es que hoy en día todo esto es vertiginoso y además global. Está ocurriendo en todos los países. Esta conversación la podríamos tener con gente de Filipinas o de cualquier sitio del mundo. Y probablemente no la habríamos tenido hace trece meses. Este es el gran cambio.

No me atrevo personalmente a plantear un escenario en clave de qué debe hacerse. Tengo miedo a plantear un recetario. Hay cuestiones posiblemente básicas que son insoslayables. Hay un orden o, mejor dicho, un desorden global. Eso es una parte de la ecuación. La otra parte es que hay un mundo local muy potente, al que la gente de momento sigue aferrada. Entonces, la gran combinación de lo glocal, es decir, lo local y lo global, debería ser una asignatura a abordar. Los partidos, sobre todo los tradicionales, pueden tener un músculo lo suficientemente activo para penetrar, trabajar en lo local y, a la vez, combinarse con instancias —a través, por ejemplo, de las fundaciones— con el mundo, con lo global. Allí los partidos tienen un trabajo realizado, a la hora de mantener sus estructuras, cuanto más extensas y con mayor capacidad de permear en las bases, para poder hacer un canal diferente al que se venía haciendo de intermediación. Porque el gran drama de los partidos políticos es que todas las instancias de intermediación se han visto desbordadas por el uso directo de las nuevas tecnologías. Entonces, si el partido político va a ser un mero transmisor, su rol está obsoleto.

Todas las instancias de intermediación se han visto desbordadas por el uso directo de las nuevas tecnologías.

El partido político tiene que intentar incorporar valor a lo que hace, a sus funciones. Por ejemplo, la proximidad es un valor pero también lo es lo global. Es fundamental encontrar esa combinación. Si los partidos no añaden valor a su función principal, entonces sí van a desaparecer. Porque no tendrán sentido.

¿Qué valor hay en el intercambio entre partidos políticos de Europa y Norteamérica con los de América Latina?

Hoy los partidos se parecen más que antes. Un problema común en muchos países es la polarización. La extensión de la lógica amigo-enemigo, que lo permea todo. La colaboración entre partidos en distintos niveles es positiva porque puede reducir argumentos que favorecen la polarización. En la conversación, en la deliberación, en el intercambio de ideas hay posibilidades de desarticular el gran argumentario que sostienen los dos pilares que confrontan en un escenario político. Estrategias de seminarios conjuntos sobre temas de interés común, o contactos sutiles, no necesariamente públicos, con un nivel de discreción amplio, son positivos.

Formación

Los partidos pueden seguir cumpliendo con algunas funciones fundamentales. Una es formar a su gente; otra es incorporar gente a lo público, una función nada desdeñable. Si me preguntan cuáles de las funciones tradicionales que leemos en los manuales mantendría, diría que estas, desde luego, deberían estar presentes.

Hay otro actor que juega un rol cada vez más relevante: el Partido Comunista de China, que ofrece una colaboración con recursos sin fin, pero obviamente sin valores democráticos en común.

Ignorar a China no tiene sentido, es absurdo, tanto por la posición que ocupa en el mundo como por la que va a ocupar en los próximos diez años. Hoy ya se ha convertido en el segundo o tercer socio comercial y financiero de América Latina; para algunos países es el primero. Encerrarse y no dialogar en este ámbito no tiene sentido. Sería partidario de foros de discusión sobre temas de interés para ambas partes, pero teniendo claro que cada uno está en un escenario distinto. La distancia es poco comparable, pero es como también se puede tener contacto con gente del PC de Cuba. Por supuesto que su lógica y valores están en lugares diferentes, pero eso no quita que algunos temas puedan ser abordados en una conversación razonablemente franca sobre salidas a problemas existentes.

Nuevos temas y nuevas agendas

El interés en nuevos temas existe, pero cambian los canales. Los jóvenes se informan a través de youtubers que les dan lo que quieren saber, en tres minutos, y con eso les alcanza. Los partidos tienen que segmentar a su propia militancia. Si quieren atraer a gente de menos de 18 o 20 años tienen que emitir en la misma onda en la que están las personas

jóvenes, y a través de los productos (aunque no me gusta esta palabra) que ellos consumen. Es claro que no pueden hablarle igual que a personas mayores de setenta años, por ejemplo. Algunos partidos lo están intentando. Se supone que, si el partido está difundiendo su mensaje y apela a herramientas de consultoría y tecnología, lo hace con su mística, con su visión del mundo, con su ideología, con su programa. Se diferencia del consultor, que «vende» un paquete que busca cambiar la opinión pública y captar el voto, y ese paquete se lo ofrece a diferentes partidos.

Las estrategias de crear ruido, rumores, para perjudicar a reales o potenciales contrincantes, no es solo de los partidos. También se emplea en clubes de fútbol y en empresas. Estos procedimientos están en manos de gente muy hábil. Los especialistas en estas campañas manejan las claves de la comunicación política y la inteligencia artificial. Los partidos conocen esto y lo van a utilizar. Pero la diferencia es si lo hacen con su mística, su ideología, su programa y no es un paquete comprado. Sería interesante tener una base de datos para ver quién le hizo la campaña a qué partido.

También en la consultoría política se puede notar un ejercicio banal que dista del enfoque profesional de la política.

Manuel Alcántara

Manuel Alcántara

Doctor en ciencia política. Profesor de la Universidad de Salamanca y de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Autor de “Sistemas políticos de América Latina” (2003), “Gobernabilidad, crisis y cambio” (2004), “El oficio de político” (2012), entre otros. Investigador sobre política en Latinoamérica.

¿Por qué los partidos políticos son un modelo para el futuro?

La democracia como forma de orden político y de gobierno ha estado expuesta a fuertes tensiones en todo el mundo. […]

Por: Wilhelm Hofmeister 5 Nov, 2022
Lectura: 22 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La democracia como forma de orden político y de gobierno ha estado expuesta a fuertes tensiones en todo el mundo. Desde hace más de una década, ha tenido lugar un declive de la democracia (Diamond y Plattner, 2015) y el número de democracias está en retroceso.

En muchos lugares, la separación de poderes y el control de los gobiernos está reduciéndose; la libertad de expresión, de reunión y de asociación se ven restringidas; se cometen asaltos contra el poder judicial y se controla a los medios de comunicación independientes y a las organizaciones de la sociedad civil.

Los partidos políticos se han visto afectados por la crisis de la democracia de varias maneras. Algunos han sido causantes, muchos son víctimas de esta crisis. Ante todo, son parte de la solución. Allí donde la democracia está en peligro, se debe también —¡pero no únicamente!— a un fracaso de los partidos, pues es evidente que muchos de ellos no han sido capaces de reconocer los intereses y preocupaciones de su sociedad, de representarlas y traducirlas en políticas públicas concretas. Resulta particularmente grave cuando los representantes políticos abusan de sus posiciones en el Gobierno y en los parlamentos, y demuestran, a través del clientelismo y la corrupción, que no están a la altura de los requisitos éticos que se les demandan en el momento de tomar decisiones sobre el destino de sus compatriotas.

A pesar de su crisis de legitimación y de su declive, los partidos políticos siguen desempeñando un papel clave en las democracias representativas.

El ejemplo de Chile puede ilustrar la problemática de los partidos. Durante mucho tiempo el país fue considerado como una democracia modelo en América Latina, donde los partidos jugaron un papel clave en la transformación del sistema político y la consolidación de la democracia. A pesar de que el descontento de una parte importante de la población fue en aumento, provocando reiteradas protestas violentas desde 2016, ninguno de los partidos tomó nota de ello. Como resultado de la crisis social, en 2019 solo el 7% de la ciudadanía confiaba en los partidos políticos (Corporación Latinobarómetro, 2020). Sin embargo, como alternativa no deseaban un sistema autoritario, sino una mejor democracia. No es difícil prever que la reforma constitucional en este país solo restablecerá la confianza en las instituciones del Estado si los partidos políticos son capaces, a su vez, de llevar a cabo reformas y desempeñar sus funciones esenciales de manera eficiente.

En Chile, como en todas las demás democracias representativas, los partidos políticos son y seguirán siendo la «institución distintiva de la política moderna» (Huntington, 1968, p. 89), la cual no podrá ser reemplazada por otras instituciones o procedimientos. A pesar de su crisis de legitimación y de su declive, los partidos políticos siguen desempeñando un papel clave en las democracias representativas. No solo desde una perspectiva teorética, sino en la práctica democrática, los partidos son los agentes centrales de mediación entre las instituciones estatales y la sociedad. En tal sentido, cumplen con diversas funciones, como el reclutamiento de personal político; la capacidad de respuesta a través de la articulación de intereses; la representación y agregación; la formación de gobierno y el trabajo de oposición; la definición del contenido político (creación de políticas públicas); así como la movilización e integración de los votantes y los afiliados. Los partidos alcanzan representación política cuando establecen relaciones estrechas con los grupos sociales, atraen nuevos afiliados y transmiten intereses e ideas bajo la forma de programas, contenidos y formas de organización. Los partidos analizan, articulan y añaden cuestiones, posiciones, actitudes e intereses políticos. Es fundamental que los partidos representen temas diversos y se esfuercen por implementarlos. El conflicto en torno a las diferentes posiciones políticas es un elemento central de la democracia y de la competencia entre los partidos por los cargos, las proposiciones de políticas públicas y, en última instancia, los votantes. Este conflicto garantiza que se aborden y se tengan en cuenta intereses diferentes en el proceso de toma de decisiones políticas.

El problema de la representatividad y otros desafíos

La fragmentación de los sistemas de partidos y los parlamentos dificulta la formación de mayorías gubernamentales.

Incluso si muchos partidos mantienen una agenda temática bastante limitada o solo persiguen intereses clientelistas —en ocasiones, únicamente los intereses personales de sus líderes—, en la mayoría de las democracias todavía existen partidos que se esfuerzan honestamente por representar los intereses sociales. No obstante, también se tropiezan con algunas características estructurales de las sociedades modernas que les dificultan el desempeño de sus funciones de representación y articulación de intereses sociales (Ignazi, 2017; Rahat y Kenig, 2018).

Resulta particularmente grave que el vínculo de muchos partidos con determinadas clases sociales se haya roto o, en algunos casos, apenas exista o nunca antes haya existido. La individualización y diversificación de estilos de vida en muchas sociedades alrededor del mundo —que ha afectado también a otras instituciones, provocando una disminución en la afiliación a sindicatos u otras asociaciones— ha debilitado, asimismo, la base social de los partidos que surgieron de tales agrupaciones y estratos sociales, con los que estaban estrechamente relacionados. Ello generó un problema de representatividad, manifiesto en la pérdida de votantes en partidos que antes eran importantes. Esto se puede ver con claridad en el declive de los partidos socialdemócratas o socialistas, cuyo antiguo electorado principal —los obreros industriales tradicionales—, después de las transformaciones de la sociedad industrial moderna, hoy no existe más.

El problema de representatividad de los partidos establecidos tiene, empero, otras consecuencias. Entre ellas está, por ejemplo, la proliferación de nuevos partidos fundados como resultado de la decepción frente a los viejos partidos. No obstante, solo muy pocos de los nuevos partidos están firmemente establecidos, como es el caso de los partidos verdes en muchos países europeos o los partidos populistas de derecha o de izquierda en Europa y América Latina. En algunos países surgieron nuevos tipos de partidos y nuevos modelos de organizaciones partidistas, como los partidos de Internet» (el Movimiento 5 Estrellas, en Italia). Como consecuencia de la frustración frente a las agrupaciones políticas tradicionales, estas nuevas formaciones pueden lograr éxitos electorales con relativa velocidad. Con todo, su vigencia a mediano plazo es, a menudo, limitada, al menos en lo que se refiere a su presencia en los parlamentos nacionales. Su participación en los gobiernos resulta fatal de modo particular, ya que muy pronto experimentan que la acusación de escasa representatividad se dirige ahora contra ellos mismos —pues también ellos pueden implementar tan solo una fracción de su programa y de sus promesas de gobierno—. Este ascenso y caída de un partido nuevo se puede observar, claramente, en el Movimiento 5 Estrellas. El auge de nuevos partidos es, así pues, más un indicador de las debilidades de un sistema democrático que una alternativa. El mismo dilema relativo a la fundación de nuevos partidos resulta evidente en el Perú. Allí los partidos son esencialmente máquinas electorales que después de cada elección se refundan, sin lograr construir una estructura permanente. Por ello, el país ha sido descrito como una democracia sin partidos (Levitsky y Cameron, 2003).

El debilitamiento de los lazos entre los estratos sociales y ciertos partidos ha creAdo una volatilidad creciente en el comportamiento de los votantes, lo que, a su vez, dificulta que los partidos conozcan y predigan quiénes son sus electores y cómo pueden ser abordados. Finalmente, la fragmentación delos sistemas de partidos y los parlamentos dificulta la formación de mayorías gubernamentales. Ante todo, el problema de representatividad ha dado vida al populismo.

El problema de representatividad de los partidos también se ha visto favorecido por el hecho de que, en las últimas décadas, se han abierto numerosos canales alternativos que conectan directamente a los ciudadanos con los procesos de la toma de decisiones políticas. Cada vez menos aquellos necesitan a los partidos para articular sus intereses y preocupaciones. Los nuevos medios de comunicación y las redes sociales ofrecen numerosas y variadas formas de articulación. Si un ciudadano puede comunicarse directamente con su diputado o, incluso, con el jefe de Gobierno a través de una de estas plataformas, no necesita un partido como intermediario.

En tiempos recientes, el desarrollo de los partidos y de los sistemas de partidos se ha visto fuertemente influenciado también por aspectos socioculturales. Aquí, dos polos se enfrentan de manera irreconciliable. Un polo liberal enfatiza la tolerancia, el desarrollo propio, la autorrealización, la libertad colectiva, las sociedades multiculturales, la emancipación, el pacifismo, los derechos de las minorías, la protección del medioambiente y la inclusión cultural y política. Los movimientos Black Lives Matter o Me Too, además del movimiento de protección frente al cambio climático, adquirieron gran importancia política antes del estallido de la pandemia, lo que también arrastró a muchos partidos. El otro polo, más autoritario, enfatiza, por el contrario, el nacionalismo, la seguridad interna y externa, las identidades culturales mayoritarias, la conformidad con estilos de vida tradicionales o una lucha restrictiva contra el crimen. Asimismo, los conflictos entre integración versus delimitacióncosmopolitismo versus comunitarismo pluralismo versus populismo se dejan retratar sobre este eje polarizador. La afluencia de partidos populistas sin duda se ha visto favorecida por dicha polarización, sea entre los partidos populistas de izquierda como de derecha. Ambos tienen en común la crítica a la globalización. Mientras que los populistas de izquierda enfatizan la desigualdad social como resultado de una mayor competencia entre las economías, los populistas de derecha temen los efectos sobre la identidad nacional y cultural como consecuencia de la migración promovida por la globalización. Ambos polos son un problema para los partidos y sistemas democráticos de partidos, pues mantienen su escepticismo frente al pluralismo social y político, si es que no lo rechazan por completo. La llamada cultura de cancelar es un ataque a dicho pluralismo social y político también; y sus partidarios a menudo no son conscientes de que están cuestionando los pilares básicos de la democracia.

Muchos partidos intentan enmascarar su pérdida de adeptos y votantes mediante la personalización. En las campañas electorales ocultan el nombre y logotipo de su partido y, en cambio, ponen a las personas en el centro de sus campañas. No obstante, la personalización y la presidencialización solo exacerban, en última instancia, el efecto antipartido (Poguntke y Webb, 2005; Rahat y Kenig, 2018). Cuando los candidatos y representantes ya no se reconocen en su partido, queda oculto aquello que representan. Los ciudadanos y los votantes ya no saben si sus propias preocupaciones e intereses están representados por el partido y de qué manera lo están.

No existe una alternativa a los partidos

Muchos partidos intentan enmascarar su pérdida de adeptos y votantes mediante la personalización.

Una vez y otra se alzan las voces que reclaman formas alternativas de participación política e incluso formas diferentes democráticas, ante la debilidad de los partidos. Por una parte, algunas organizaciones de la sociedad civil, especialmente aquellas con el rótulo de movimientos sociales, reivindican una especie de función sustitutiva frente a los partidos y exigen una participación en las cuestiones relevantes de gobierno, lo que devendría en gobiernos más «democráticos» (Ibarra, 2003, p. 16). Por otra parte, se reclama la introducción de nuevas formas de democracia, que den mayor prioridad a formas de participación suprapartidistas o no partidistas y reemplacen los patrones tradicionales de representación política que caracterizan la democracia de partidos.

La mayoría de las propuestas en torno a formas alternativas de participación siguen la idea de una democracia deliberativa (Bächtiger et al., 2018). Se trata de una especie de diálogo constante entre la política y la sociedad civil con el objetivo de llegar a un acuerdo sobre los temas y cuestiones inminentes. La discusión racional y dialógica en la sociedad (y no la representación de los partidos) conduciría a una relegitimación de los principios democráticos, puesto que promovería el compromiso cívico y la participación social. De hecho, en todo el mundo, existen hoy día diferentes formas de semejante democracia directa o deliberativa. Un ejemplo de ello son los llamados consejos de ciudadanos o jurados populares, en los que un pequeño número de ciudadanos, generalmente seleccionados al azar, son incluidos en la toma de decisiones en torno a cuestiones de interés local o incluso nacional. Los miembros de dichos consejos ciudadanos reciben información de expertos y luego se les pide que hagan recomendaciones bien meditadas, que la autoridad política responsable debe tomar en cuenta en sus decisiones correspondientes. Este proceso de participación cívica ha encontrado nuevos partidarios desde su implementación en Irlanda, como parte de la reforma constitucional de aquel país a favor de la introducción del derecho al aborto en 2018. En Francia, el presidente Macron formó un comité de 35 ciudadanos, seleccionados al azar en enero de 2021, que debían asesorar la campaña nacional de vacunación. En el mismo mes, el Parlamento alemán convocó un consejo de ciudadanos que debía desarrollar propuestas en torno al «papel de Alemania en el mundo». Tal consejo serviría asimismo para «fortalecer la confianza en la política y dar un nuevo impulso a la democracia representativa», como enfatizó el presidente del Parlamento, Wolfgang Schäuble.

A pesar de generar expectativas optimistas, estos consejos ciudadanos tienen un gran déficit de legitimidad. Como sucede con otras formas de democracia deliberativa, se trata aquí de un modelo elitista que arrebata la decisión de las manos de los ciudadanos y amplía la influencia de los llamados expertos. Y, sin embargo, nadie puede garantizar que tengan en cuenta y ponderen de mejor forma los intereses de los ciudadanos, en comparación con los representantes políticos electos. En estos modelos, por tanto, el paso hacia el autoritarismo no queda muy lejos, pues todos los no expertos, es decir, los ciudadanos normales, en algún momento se ven amenazados con perder completamente sus derechos de voto.

En una democracia, sin embargo, las decisiones políticas deben tener en cuenta los diferentes intereses de la sociedad. Los partidos políticos son las instituciones que representan esta diversidad de intereses en los parlamentos y, al participar en las elecciones, alcanzan un grado de legitimación de las decisiones y del ejercicio del poder político que los consejos ciudadanos o las organizaciones de la sociedad civil no pueden lograr. Estas pueden ejercer determinadas funciones que también competen a los partidos. Sin embargo, no cumplen con su función más importante: la participación en las elecciones generales; lo que no solo asegura a los partidos su poder político, sino también les otorga la legitimidad y la representatividad de cara a sus funciones legislativas y ejecutivas. Los consejos de ciudadanos y los movimientos sociales no pueden reemplazar a los partidos, puesto que no brindan ninguna evidencia empírica de su apoyo real en la sociedad. Esto constriñe su derecho a la decisión política conjunta.

En algunos países, los propios movimientos sociales se han transformado en partidos políticos, como los Verdes en Alemania y otros países, o como Podemos en España. Por lo tanto, son la mejor evidencia de que en la democracia representativa no existe una alternativa a los partidos como instituciones que representen los intereses de la sociedad en su conjunto.

¿Los partidos políticos como modelos para el futuro?

El papel central que ocupan dentro de la democracia no otorga carta blanca a los partidos frente a las deficiencias organizativas o las debilidades personales de sus líderes. Pues ello no solo perturba su propia supervivencia en la disputa política, sino también la supervivencia de la democracia dentro de la competición de los sistemas políticos, que hoy, treinta años después del fin del conflicto Este-Oeste, resurge bajo la forma de nuevos presagios.

En el futuro, los partidos probablemente tendrán aún más dificultades para agrupar la diversidad de intereses existente y en constante expansión en las sociedades modernas, así como para filtrar propuestas políticas que representen las preocupaciones de un gran número de ciudadanos. Por ello, es muy probable que, en muchos países, siga creciendo el número de partidos, cada uno de los cuales, a pesar de representar una gama limitAda de intereses, será capaz de ganar escaños parlamentarios. Como tal, esto no constituye ningún desafío para la democracia, la que básicamente reconoce el pluralismo de opiniones e intereses como un elemento constitutivo. No obstante, es probable que en el futuro sea más difícil formar gobiernos estables en muchos países. En los sistemas de gobierno presidenciales, el jefe de Gobierno es elegido directamente; mas para la aprobación de las leyes requiere, en términos generales, también mayorías parlamentarias, es decir, mayorías partidistas. Allí donde la gobernabilidad se ve obstaculizada permanentemente por la diversidad de partidos, el orden democrático está en peligro; ya sea porque los populistas pretendan sacar provecho de las dificultades que enfrentan los partidos establecidos —lo que siempre conlleva una amenaza para la democracia—, ya sea porque los militares, los líderes autoritarios o los partidos antidemocráticos de distinta índole conquisten el poder (a veces incluso democráticamente) para luego poner fin a la democracia un paso a la vez.

[Los partidos políticos], al participar en las elecciones, alcanzan un grado de legitimación […] que los consejos ciudadanos o las organizaciones de la sociedad civil no pueden lograr.

Para los partidos políticos, en prácticamente todos los países del mundo, esto se traduce en la tarea de adaptar constantemente su programa, su organización, el trato con sus afiliados, su comunicación, el contacto con los grupos sociales, etc. a los desafíos derivados del cambio social, con el fin de mantener y mejorar su capacidad de representación. También necesitan líderes políticos que tengan las cualidades pragmáticas, personales y éticas para liderar con éxito a un numeroso grupo de personas.

Los partidos políticos están en una posición ventajosa para abordar estas tareas, pues la elección del Parlamento y del Gobierno seguirá siendo un elemento central de la democracia, incluso si la forma de los procedimientos de votación llegase a cambiar. En el futuro previsible, los partidos mantendrán, a su vez, su papel central como mediadores entre el Estado y la sociedad. Seguirán jugando un papel crucial en las elecciones democráticas porque nominarán a la mayoría de los candidatos, tendrán la mayoría de los diputados en los parlamentos y conformarán también los gobiernos. Debido a las elecciones generales y libres, mantienen una ventaja decisiva, en lo que respecta a la legitimidad, frente otros actores políticos o procesos de toma de decisiones.

Para constituirse en un modelo para el futuro, los partidos políticos deben estar preparados para reformas. La lista a continuación enumera algunas características que cualquier partido debería mostrar (Hofmeister, 2021), no solo para lograr el éxito electoral, sino también para ofrecer una contribución útil al fortalecimiento de la democracia de su país.

Características de un partido exitoso

  • Sus líderes y afiliados respetan los principios y procedimientos de la democracia libre.
  • Cuenta con un programa de base en donde se definen los valores y principios, compartidos por todos los miembros, en los que se cimienta su acción política.
  • Sus programas electorales y su política central se asientan en sus valores básicos y ofrecen soluciones concretas en diver- sos ámbitos políticos.
  • Cuenta con una estructura organizacional sólida en todas las localidades del país.
  • Procura una fuerte presencia en las ciudades y municipios de su país mediante la construcción de estructuras partidistas locales que conduzcan a la elección de alcaldes y miembros en los órganos representativos locales. Su desempeño en los municipios es un pilar importante para el éxito en las elecciones nacionales.
  • La sede nacional del partido trabaja profesionalmente y apoya el liderazgo del partido, pero también [apoya] el esquema regional y local, especialmente en lo concerniente a las políticas públicas y de comunicación, así como en aquello referente a la planificación y conducción de las campañas electorales y otras campañas políticas.
  • Sus afiliados se mantienen informados de manera continua, abierta y transparente sobre la postura de los líderes del partido y los parlamentarios con respecto a las cuestiones políticas, pero también en torno a los procesos internos del partido más importantes.
  • Promueve la igualdad entre hombres y mujeres, la elección de mujeres para cargos directivos y la nominación de mujeres como candidatas en las elecciones.
  • Sus afiliados participan activamente en los debates y procesos internos del partido, participan en la elección de los líderes del partido, la nominación de candidatos, en las discusiones sobre cuestiones relevantes de la política y sobre acciones políticas, y apoyan activamente al partido y a sus candidatos en las elecciones.
  • Buscan activamente participantes transversales que aporten experiencias desde fuera de la política y, por ende, fortalezcan su capacidad de representación.
  • Las opiniones controvertidas sobre temas de fondo y las discusiones en torno a la elección de puestos de liderazgo y la nominación de candidatos son bienvenidas en vez de ser reprimidas bajo la presión de conformidad partidista, siempre y cuando los participantes en el debate respeten los valores y principios fundamentales del partido.
  • La labor de relaciones públicas y discursos políticos se basan en una estrategia de comunicación que genere una opinión positiva a favor del partido, a través de la información regular y honesta sobre las metas e intenciones de este. Para tal fin utiliza todos los métodos, medios y plataformas relevantes disponibles y está preparado para reaccionar de forma rápida y adecuada a las críticas o acusaciones falsas (fake news).
  • Apuntala su financiamiento exclusivamente sobre fondos adquiridos legalmente y da cuenta pública y transparente de sus ingresos y gastos y, en particular, del financiamiento de sus campañas electorales.
  • Busca y mantiene el contacto continuo con diversos grupos sociales y organizaciones para conocer sus opiniones y expectativas políticas, evaluándolas en función de sus propios valores y fines políticos, y representando los intereses de aquellas instituciones políticas alineadas con sus valores y objetivos.
  • Su personal directivo se distingue por su experiencia y respeto por los principios éticos, a los que se adhieren al tomar decisiones sobre el destino de otras personas. Su personal directivo y sus funcionarios electos no solo tienen una carrera como políticos y funcionarios de partido, sino que también han adquirido experiencias en otras áreas de la economía y la sociedad antes de su ascenso en la política.

Referencias bibliográficas

  • Bächtiger, A., Dryzek, J. S. Mansbridge, J., y Andre, M. W. (eds.). (2018). The Oxford Handbook of Deliberative democracy. Oxford: Oxford University Press.
  • Corporación Latinobarómetro. (2020). Informe Chile 2020. Disponible en https://www. latinobarometro.org/lat.jsp
  • Diamond, L., y Plattner, M. F. (eds.). (2015). Democracy in Decline? A Journal of Democracy. Baltimore: The Johns Hopkins University Press.
  • Hofmeister, W. (2021). Los partidos políticos y la democracia. Madrid: Marcial Pons (en prensa).
  • Huntington, S. (1986). Political order in changing societies. New Haven y Londres: Yale University Press.
  • Ibarra, P. (ed.). (2003). Social Movements and Democracy. Nueva York: Palgrave.
  • Ignazi, P. (2017). Party and Democracy. The Uneven road to Party Legitimacy. Oxford: Oxford University Press.
  • Levitsky, S., y Cameron, M. (2003). Democracy Without Parties? Political Parties and Regime Change in Fujimori’s Peru. Latin American Politics & Society, 45(3), 1-33.
  • Poguntke, T., Webb, P. (2005). The Presidentialization of Politics. A Comparative Study of Modern Democracies. Oxford: Oxford University Press.
  • Rahat, G., y Kenig, O. (2018). From Party Politics to Personalized Politics? Party Change und Political Personalization in Democracies. Oxford: Oxford University Press.
Wilhelm Hofmeister

Wilhelm Hofmeister

Director de la oficina de la Fundación Konrad Adenauer para España y Portugal, con sede en Madrid.

Dos relatos sobre las elecciones en Brasil

En Brasil, el significado de las elecciones presidenciales pasará por la disputa de los indecisos. Existen quienes piensan que se salvó la democracia, y otros que triunfó una componenda político-judicial. En el medio están quienes no se cobijan por estas narrativas. ¿Qué tanto pesa la batalla cultural?

Por: Marco Bastos 4 Nov, 2022
Lectura: 8 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Acceso a la versión en portugués

En Brasil hay dos narrativas dominantes sobre el resultado de las presidenciales. Estas son completamente distintas entre sí.

El relato del campo político liderado por Lula es que las elecciones fueron un plebiscito entre democracia y fascismo, mientras el campo de Bolsonaro encuadra la elección como una disputa entre la patria y el comunismo.

Cada lado intentará, en los próximos años, consolidar su versión entre los brasileños. Quien tenga más éxito en la tarea de convencer a más personas, tendrá ganado el terreno cultural, clave para el juego político.

Hay, además, millones de brasileños que no se sienten interpelados por esos relatos. Los ni-ni (ni Lula ni Bolsonaro) probablemente están hartos de la polarización y esperan que los problemas de la vida real (economía, seguridad, salud etc.) sean resueltos por el nuevo gobierno.

La historia según Lula, Alckmin y Tebet

Veamos el relato de los partidarios de la opción ganadora:

Se ganó una disputa entre democracia y fascismo. Luiz Inácio (Lula) da Silva, líder popular del principal partido de la oposición, el Partido de los Trabajadores (PT), consiguió reunir en un frente amplio varias personas que jamás habían estado juntas. Esta gran concertación acogió desde la derecha liberal con João Amoedo, expresidenciable de un partido que quiere privatizar las empresas estatales, hasta el diputado socialista por São Paulo, Guilherme Boulos, líder del Movimiento de Trabajadores Sin Techo (MTST).

El frente amplio por la democracia puso a exrivales del mismo lado para derrotar en las urnas al presidente Bolsonaro, cuyo autoritarismo ponía en riesgo la democracia. Si Bolsonaro ganaba, había altas probabilidades de que esta hubiera sido la última elección libre y justa en Brasil.

[Lee también: Lula, dos desafíos: organizar su coalición y unir a Brasil]

El proceso de militarización de la política y el odio que el populista y extremista Bolsonaro inflaba en contra de sus adversarios, era un riesgo para la democracia. Su ministra de la Familia, Damares Alves, llegó a decir que opositores y medios de comunicación críticos eran pedófilos. Bolsonaro y políticos de su base han adoptado la violencia como forma de hacer política. La lideresa del gobierno, diputada Carla Zambeli, intentó asesinar a un hombre con su pistola a la luz del día en São Paulo. El presidente de un partido de la coalición oficialista, Roberto Jefferson, tiró explosivos hacia policías federales. Hubo varios casos de asesinato de electores de Lula durante el año.

El riesgo de la democracia en Brasil

El relato entiende que Bolsonaro reelecto sería un riesgo, porque él tendría el control de un Congreso conservador. En un segundo período presidencial, él podría consolidar su dominio sobre el Poder Judicial cambiando jueces de la Suprema Corte, siguiendo el ejemplo de los autócratas Hugo Chávez y Viktor Orbán.

Políticos de centroderecha como Geraldo Alckmin, ahora elegido vicepresidente, y Simone Tebet, derrotada en la primera vuelta de las elecciones, entendieron la trascendencia del momento y que esa no era una elección de izquierda versus derecha, sino de democracia versus autoritarismo. Esta era también una elección sobre el futuro de los hijos y nietos de Brasil. Un período más de Jair Bolsonaro permitiría que la destrucción de la floresta amazónica llegara a un punto de no retorno con consecuencias catastróficas para todo el planeta.

Lula ha ganado una elección en contra de toda la maquinaria estatal. El gobierno de Bolsonaro acabó con las reglas fiscales consagradas en la Constitución para intentar reelegirse, con la bendición del Congreso y del fiscal general de la Nación, quien debería investigar al presidente pero se ha vuelto su abogado. Ha sido derrotada también una poderosa maquinaria de fake news que ponía en riesgo la fe misma del público en las elecciones. «¡Se acabó la pesadilla de Bolsonaro!»

Brasil: Lula y Bolsonaro, dos mitades del país. Fuente: Pedro Vilela/Getty Images NPR
Brasil: Lula y Bolsonaro, dos mitades del país. Fuente: Pedro Vilela/Getty Images NPR

La historia según Bolsonaro y Moro

Ahora, el relato de los partidarios del bolsonarismo:

Se ha perdido una disputa en contra del sistema. Ha existido coordinación entre la Suprema Corte, la Corte Electoral, el PT y los grandes medios, principalmente O Globo, para llevar a la presidencia a un expresidiario y notorio corrupto.

Los partidarios de Jair Bolsonaro libraron, en los últimos cuatro años, una incansable disputa entre el bien y el mal. El presidente Bolsonaro fue constantemente atacado por la prensa, por los políticos de siempre, por los corruptos y por la izquierda, que dejó el gobierno tras el impeachment de 2016 en la peor recesión de la historia brasileña.

Brasil estaba en el rumbo del cambio. No se arreglan las cosas de la noche a la mañana. Además, hubo una pandemia y la política de lockdown de los gobernadores de estado de la oposición destrozó a la economía brasileña. Aun así, hemos sido resilientes y nuestro PBI volvió a crecer, pese a todo.

El bolsonarismo está del lado de la familia tradicional y de los padres pasando los valores patriotas y cristianos a sus hijos, lejos de la influencia de los «profesores socialistas». Por lo tanto, esta elección era también una elección sobre nuestros hijos y nietos. La izquierda en el poder siempre manipuló a nuestros niños. Muchos colegios y universidades en Brasil son «fábricas de militantes» de izquierda. Por eso hicieron tanta oposición a Bolsonaro, el primer presidente con los valores conservadores del pueblo brasileño.

Víctimas del juego político y judicial

El corazón del relato dice: se perdió la elección porque el bolsonarismo fue «víctima» del juego del Poder Judicial con el PT. La Suprema Corte permitió que Lula estuviera en las elecciones. Las urnas electrónicas no son fiables. Durante la campaña electoral, el presidente de la Corte Electoral, Alexandre de Moraes, benefició a la izquierda y censuró voces conservadoras del debate público. La elección de Lula y del PT trae el riesgo de una dictadura judicial.

La elección de Lula y del PT ha sido la prueba de que el crimen paga, pues los escándalos de corrupción Mensalão y Lava Jato muestran que el PT es un partido corrupto.

El PT es parte del Foro de São Paulo, institución que congrega a la guerrilla de narcotraficantes de las FARC colombianas. Hasta el jefe del cartel de drogas del Primer Comando de la Capital (PCC) declaró apoyo a Lula.

La derrota de Bolsonaro da miedo a sus seguidores. Se tiene que luchar para que Brasil no se vuelva una Venezuela socialista. Por todo ello protestamos, cortamos las rutas y pedimos que las fuerzas armadas intervengan, porque no podemos admitir un gobierno izquierdista, corrupto y ateo, y que ganó las elecciones con urnas electrónicas no fiables.

Los ni-ni o los sin relato

Es difícil escribir cómo piensan los electores que no votaron ni por Lula ni por Bolsonaro sin tener acceso a un buen estudio cualitativo de opinión. Seguramente existieron votantes de Lula y de Bolsonaro que no se cuadraron bajo los relatos descritos anteriormente, y cuya visión del mundo se acerca más a la de los ni-ni.

Podemos suponer, en el calor del momento, que existió cansancio con los años de polarización. Es razonable imaginar que haya votantes centristas e indecisos que solamente quieren que el gobierno les baje los impuestos y preste mejores servicios.

[Lee también: Mucha continuidad y mucha derecha en los estados brasileños]

La batalla por el significado de las elecciones del 2022 pasará por la disputa de los indecisos. El nuevo gobierno, instalado a partir de enero del 2023, hará un gran favor a su base de apoyo político si es capaz de atender las demandas de la vida real, que son las de siempre: comida en el plato, empleo, seguridad, salud y educación.

Líneas paralelas en Brasil

La sociedad brasileña se encuentra profundamente dividida. Son dos relatos dominantes que no se tocan, como dos líneas paralelas. Desde el punto de vista del nuevo gobierno, va a ser extremadamente difícil construir puentes con la mitad de la población que no comparte su visión de mundo. Tendrá un doble desafío: primero, entregar mejoras tangibles en calidad de vida a la población y, además, construir espacios de diálogo con sectores amplios de la sociedad que no creen en su legitimidad.

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Marco Bastos

Marco Bastos

Analista político y consultor de campañas electorales con foco en América Latina. Magister en Historia Económica por la Universidad de Buenos Aires. Analista en Southern Pulse.

As Duas Narrativas Sobre a Eleição Brasileira

O significado da eleição presidencial será determinado pela disputa dos indecisos. Há aqueles que acreditam que a democracia foi salva, e outros que acreditam que um compromisso político-judicial triunfou. No meio estão aqueles que não subscrevem estas narrativas. Que peso tem a batalha cultural?

Por: Marco Bastos 4 Nov, 2022
Lectura: 7 min.
Lula contra Bolsonaro | Shutterstock
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Acesse a versão em espanhol

Existem duas narrativas dominantes sobre as eleições realizadas no Brasil. Elas são completamente diferentes entre si.

A narrativa do campo liderado por Lula é que a eleição foi um referendo entre democracia e fascismo, enquanto que o campo de Bolsonaro vê as eleições como uma disputa entre a pátria e o comunismo.

Cada lado tentará, nos próximos anos, empurrar a sua versão para os brasileiros. Quem tiver sucesso em convencer mais pessoas, terá desenhado o campo da cultura, onde acontece o jogo político.

Existe, ademais, milhões de brasileiros que não se sentem contemplados por essas narrativas. Os nem-nem (nem Lula nem Bolsonaro) provavelmente estão cansados da polarização e esperam que os problemas da vida real (economia, segurança, saúde etc) sejam resolvidos pelo próximo governo.

A história segundo Lula, Alckmin e Tebet

Vejamos a narrativa dos apoiadores da opção vencedora:

Uma disputa entre democracia e fascismo foi ganha. Luiz Inácio Lula da Silva, líder popular do maior partido de oposição, conseguiu juntar em uma frente ampla várias pessoas que nunca haviam estado juntas. Essa frente ampla acolheu desde a direita liberal, com João Amoedo, ex-presidenciável de um partido cujo ideário é privatizar as empresas públicas brasileiras, até o deputado socialista de São Paulo Guilherme Boulos, líder do Movimento dos Trabalhadores Sem Teto (MTST).

A frente ampla pela democracia colocou ex-rivais no mesmo lado, para derrotar nas urnas o presidente Jair Bolsonaro, cujo autoritarismo colocava em risco a democracia. Se Bolsonaro vencesse, essa poderia ter sido a última eleição livre e justa no Brasil.

[Leia também: Lula terá dois grandes desafios: organizar sua coalizão e unir o país]

O processo de militarização da política e o ódio que o populista e extremista Bolsonaro insuflava contra seus adversários era um risco à democracia. Sua ministra da Família, Damares Alves, chegou a dizer que oposicionistas e a mídia eram pedófilos. Bolsonaro e políticos da sua base adotam a violência como forma de fazer política. A líder do governo, deputada Carla Zambeli, tentou matar um homem com seu revólver à luz do dia em São Paulo. O presidente de um partido da base bolsonarista, Roberto Jefferson, atirou granadas contra policiais federais. Houve vários casos de assassinato de eleitores de Lula durante o ano.

O risco da democracia no Brasil

A narrativa entende que Bolsonaro reeleito seria um risco porque ele teria o controle de um Congresso conservador. Em um segundo mandato, poderia consolidar o domínio do Judiciário trocando juízes da Suprema Corte, seguindo os exemplos dos autocratas Hugo Chávez e Viktor Orban.

Políticos de centro-direita como Geraldo Alckmin, agora eleito vice-presidente, e Simone Tebet, derrotada no primeiro turno das eleições, entenderam a grandeza do momento e que essa não era uma eleição de “esquerda versus direita”, mas sim de “democracia versus fascismo”.

Essa era também uma eleição sobre o futuro dos nossos filhos e netos. Mais um mandato de Jair Bolsonaro faria a destruição da floresta amazônica chegar a um ponto de não retorno, trazendo consequências catastróficas para todo o planeta.

Vencemos uma eleição contra toda a máquina pública. O governo Bolsonaro acabou com regras fiscais consagradas na Constituição para tentar se eleger, com as bênçãos do Congresso e da Procuradoria Geral da República (PGR) órgão que deveria investigar o Presidente, mas que se tornou um advogado dele. Derrotamos também uma poderosa máquina de fake news que colocava em risco a própria fé popular nas eleições. «O pesadelo do Bolsonaro acabou!»

Lula e Bolsonaro, duas metades do Brasil | Fonte: Pedro Vilela/Getty Images NPR
Lula e Bolsonaro, duas metades do Brasil | Fonte: Pedro Vilela/Getty Images NPR

A história segundo Bolsonaro e Moro

Agora, a narrativa dos partidários do bolonarismo:

Foi perdido uma disputa contra o sistema. Tem havido um conluio entre a Suprema Corte, o Tribunal Superior Eleitoral, o Partidos dos Trabalhadores (PT) de Lula e os grande meios de comunicação, principalmente a Rede Globo, para eleger para a presidência um ex-presidiário, notório corrupto.

Nós travamos, nos últimos quatros anos, uma incessante disputa entre o bem e o mal. O presidente Jair Bolsonaro foi constantemente atacado pela imprensa, pelos políticos de sempre, pelos corruptos e pela esquerda, que deixou o governo, depois do impeachment de 2016, na pior recessão da história brasileira.

O Brasil estava no rumo das mudanças. Não se conserta a casa da noite para o dia. Ademais, houve uma pandemia no meio do caminho e a política de lockdown dos governadores opositores quase destruiu a economia brasileira. Ainda assim, nos mostramos resilientes e nosso PIB voltou a crescer apesar disso tudo.

O bolonarismo está do lado da família tradicional e dos pais passando os valores patriotas e cristãos aos seus filhos longe da influência de «professores socialistas». Portanto, essa eleição era também uma eleição sobre os nossos filhos e netos. A esquerda no poder sempre manobrou para manipular as nossas crianças. Muitos colégios e universidades no Brasil são «fábricas de militantes«. Por isso fizeram tanta oposição a Bolsonaro, o primeiro presidente com os valores conservadores do povo brasileiro.

Vítimas do jogo político e judicial

O coração da história diz: a eleição foi perdida porque o bolsonarismo foi uma «vítima» do Poder Judiciário com o PT. A Suprema Corte liberou Lula para concorrer às eleições. As urnas eletrônicas não são confiáveis. Durante a campanha eleitoral, o presidente da Corte Eleitoral, Alexandre de Moraes, beneficiou a esquerda e censurou vozes conservadoras no debate público. A eleição de Lula e do PT traz o risco de uma ditadura judicial.

A eleição de Lula e do PT é uma prova de que o crime compensa, pois os escândalos do mensalão e a Operação Lava Jato mostram que o PT é um partido corrupto.

O PT é parte do Foro de São Paulo, instituição que inclui a guerrilha de narcotraficantes das FARC colombianas. Até mesmo o líder do cartel de drogas Primeiro Comando da Capital (PCC) declarou apoio a Lula.

A derrota de Bolsonaro dá medo. Teremos que lutar para não virarmos uma Venezuela socialista.

E os nem-nem?

É difícil descrever como os eleitores que não votaram nem em Lula nem em Bolsonaro pensam sem ter acesso a uma boa pesquisa qualitativa. Seguramente, há eleitores de Lula e de Bolsonaro que não se encaixam nas narrativas acima e cuja visão de mundo se aproxima das dos nem-nem.

Podemos supor, no calor do momento, que exista cansaço com anos de polarização política. É razoável imaginar que haja eleitores centristas e indecisos que só desejem que o governo lhe cobre menos impostos e preste serviços melhores.

[Leia também: No Brasil, uma eleição fortemente à direita no plano estadual]

A batalha pelo significado das eleições de 2022 passará pela disputa dos indecisos. O novo governo, instalado a partir de janeiro de 2023, fará um favor para seu campo político se for capaz de atender as demandas da vida real, que são as de sempre: comida no prato, emprego, segurança, educação e saúde.

Conclusão

A sociedade brasileira está completamente dividida. São duas narrativas dominantes que não se tocam – duas linhas paralelas. Do ponto de vista do novo governo, será extremamente difícil construir pontes com a metade da população que não compartilha da sua visão de mundo. O próximo governo terá um duplo desafio: primeiro, entregar melhoras palpáveis na qualidade de vida para a população e, ademais, construir espaços de diálogo com amplos setores da sociedade que não enxergam o governo como legítimo.

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Marco Bastos

Marco Bastos

Analista político y consultor de campañas electorales con foco en América Latina. Magister en Historia Económica por la Universidad de Buenos Aires. Analista en Southern Pulse.

Lula, dos desafíos: organizar su coalición y unir a Brasil

El proceso electoral en Brasil dejó huellas en la sociedad. Lula deberá construir un gobierno diverso y plural para gestionar un escenario complejo. Unir el país después de meses de discursos de odio será una tarea dura.

Por: Bruno Kazuhiro 3 Nov, 2022
Lectura: 4 min.
Presidente Lula
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Acceso a la versión en portugués

Brasil vivió un proceso electoral extremadamente polarizado, donde dos líderes carismáticos y de profunda penetración social se enfrentaron desde visiones y modelos de país completamente diferentes. En medio de una gran judicialización de la elección, entre simpatizantes y militantes había un clima de todo vale, siempre que se beneficiara al candidato preferido o se perjudicara a la candidatura contraria. La comparación con el fútbol es inevitable: bueno el árbitro que marca un penal inexistente a favor de su equipo y malo el árbitro que señala un penal claro a favor del oponente. Este fue en muchos casos el espíritu de una elección que dividió a la sociedad, donde cada lado creía que poseía una verdad superior.

Familias que pelearon, amigos que rompieron largas amistades y hasta se cometieron lamentables crímenes contra la vida. Por no hablar de la agresividad en las redes sociales, ya que el anti-PT veía a Bolsonaro como la única opción y el antibolsonarismo veía a Lula como la única alternativa. Hubo argumentos positivos y negativos para ambos lados: Lula, exsindicalista, fue presidente entre enero de 2003 y diciembre de 2010 y se hizo conocido por su conexión con los más pobres, atendidos por sus programas sociales. Pero fue detenido por corrupción y solo registró una candidatura porque su condena fue revocada por una cuestión de jurisdicción y no de mérito. Bolsonaro, exmilitar, cosechó un gran apoyo de los más conservadores; sin embargo, se involucró en varios problemas, hizo un manejo polémico de la pandemia y mostró falta de empatía.

El bloque bolsonarista

Por un lado, Bolsonaro contó con el apoyo de los conservadores, la agroindustria, muchos empresarios y, sobre todo, la cada vez más creciente porción evangélica de la población brasileña. Por otro lado, Lula contó con el apoyo de progresistas, identitarios y de quienes aún le están agradecidos por los programas sociales. Si a Bolsonaro lo llamaron elitista y genocida, a Lula lo llamaron corrupto y mentiroso. Si al actual presidente se le acusó de autoritarismo y prejuicio, al expresidente se le llamó el destructor de la familia tradicional.

En comparación con los números de las encuestas realizadas antes y durante la primera vuelta de las elecciones, Bolsonaro tuvo un resultado mucho mejor de lo esperado en la primera vuelta, que impidió una victoria inmediata de Lula. Cabe mencionar que Lula resumió votos de izquierda, votos de centro, votos personales y votos antibolsonaristas. Bolsonaro llevó la disputa a la segunda vuelta mostrando que los votos conservadores, anti-PT y antipolítica fueron incluso mayores que lo imaginado.

El bloque de Lula

Una victoria de Lula por 48% a 43% en la primera vuelta construyó la posibilidad de la reacción de Bolsonaro. Sin embargo, los días de campaña de la segunda vuelta trajeron más aciertos que errores de Lula y más errores que aciertos de Bolsonaro. El expresidente sumó el apoyo de Simone Tebet, tercera en la primera etapa, que logró sumar votos del centro y de quienes estaban descontentos con la polarización. Además, políticos, intelectuales, economistas y celebridades de centro y centroderecha declararon su apoyo a Lula para derrotar a Bolsonaro. Mientras tanto, el actual presidente vio a sus seguidores cometer errores como disparar a la policía, apuntar con un arma a un militante opositor y anunciar que, en caso de victoria de Bolsonaro, no se reajustaría el salario mínimo.

Celebración de partidarios de Lula
Celebración de partidarios de Lula

Estos hechos construyeron la estrecha victoria de Lula en la segunda vuelta. Logró armar un frente amplio, mientras Bolsonaro hablaba con los conversos, aunque demostró que estos son muchísimos y casi ganan. Quizá los errores de la segunda vuelta le hayan costado caro. Ahora, Lula tiene dos grandes desafíos: organizar su amplia coalición para construir no solo una campaña, sino un gobierno diverso y plural. Además debe unir a un país completamente partido por la mitad, ya sea en política, sociedad, religión o en los porcentajes del resultado de las urnas, que arrojaron un 50,9% frente al 49,1% en la noche decisiva.

Y la buena noticia es que las elecciones para gobiernos locales apuntaron dos tendencias importantes para el futuro del país: la supervivencia del centro político, con victorias del PSDB en estados muy relevantes, y la renovación con calidad y sentido común de los cuadros de izquierda, centro y derecha, mirando a futuras reivindicaciones presidenciales que son más propositivas y menos personales. 

Bruno Kazuhiro

Bruno Kazuhiro

Magíster en Ciencias Políticas por la Universidad del Estado de Río de Janeiro.

Lula terá dois grandes desafios: organizar sua coalizão e unir o país

O processo eleitoral no Brasil deixou marcas na sociedade. Lula foi eleito presidente com uma margem apertada e deverá construir um governo diverso e plural para gestionar um cenário complexo. Além disso, unir o país depois de meses de discursos de ódio será uma tarefa árdua.

Por: Bruno Kazuhiro 3 Nov, 2022
Lectura: 4 min.
Presidente Lula
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Acesse a versão em espanhol

O Brasil viveu um processo eleitoral extremamente polarizado, onde dois líderes carismáticos de profunda penetração social se enfrentaram a partir de visões de mundo e modelos de país completamente distintos. Em meio a uma grande judicialização do pleito, existia entre partidários e militantes um clima de “vale tudo”, desde que fosse para beneficiar o candidato preferido ou prejudicar a candidatura adversária. A comparação com o futebol é inevitável: bom é o juiz que marca um pênalti inexistente a favor de seu time e péssimo é o árbitro que aponta uma penalidade escancarada a favor do oponente. Esse foi em muitos momentos o espírito de uma sociedade dividida pela eleição, onde cada lado acreditava possuir uma “verdade superior”.

Famílias brigando, amigos rompendo longas amizades e até lamentáveis crimes contra a vida cometidos. Isso sem contar a agressividade nas redes sociais, visto que o antipetismo enxergava Bolsonaro como única opção e o antibolsonarismo via Lula como alternativa única. Haviam argumentos positivos e negativos para ambos os lados: Lula, ex-sindicalista, foi presidente entre janeiro de 2003 e dezembro de 2010 e ficou conhecido pela conexão com os mais pobres atendidos por seus programas sociais. Mas esteve preso por corrupção e só registrou candidatura pois sua condenação foi cancelada por uma questão de jurisdição e não de mérito. Já Bolsonaro, ex-militar, angariou grande apoio dos mais conservadores, porém, se envolveu em diversas polêmicas, fez gestão controversa na pandemia e demonstrou falta de empatia.

Bloco da Bolsonaro

De um lado, Bolsonaro teve o apoio de conservadores, do agronegócio, de muitos empresários e, especialmente, da parcela evangélica da população brasileira que cresce cada vez mais. Do outro, Lula teve suporte dos progressistas, dos identitários e daqueles que ainda nutrem gratidão por ele por conta dos programas sociais. Se Bolsonaro era chamado de elitista e genocida, Lula era chamado de corrupto e mentiroso. Se o atual presidente era acusado de autoritarismo e preconceito, o ex-presidente era chamado de destruidor da família tradicional.

Comparado aos números das pesquisas realizadas antes e durante o primeiro turno das eleições, Bolsonaro teve resultado muito melhor que o esperado na primeira etapa e impediu uma vitória de Lula no primeiro turno, valendo citar que o petista somava votos de esquerda, votos de centro, votos pessoais e votos antibolsonaristas. Bolsonaro levou a disputa ao segundo turno mostrando que os votos conservadores, antipetistas e antipolítica eram ainda maiores do que se imaginava.

Bloco da Lula

Uma vitória de Lula por 48% a 43% no primeiro turno construía a possibilidade de reação de Bolsonaro. Contudo, os dias de campanha do segundo turno trouxeram mais acertos do que erros de Lula e mais erros do que acertos de Bolsonaro. O ex-presidente agregou o apoio de Simone Tebet, terceira colocada na primeira etapa, que conseguiu angariar votos de centro e de descontentes com a polarização. Além disso, políticos, intelectuais, economistas e celebridades de centro e de centro-direita declaravam apoio a Lula para derrotarem Bolsonaro. Enquanto isso, o atual presidente via seus partidários cometerem equívocos como atirar contra a polícia, apontar uma arma para um militante adversário e anunciar que, na hipótese de vitória de Bolsonaro, o salário mínimo não seria reajustado.

Celebração dos apoiadores de Lula

Esses fatos construíram a vitória apertada de Lula no segundo turno. Ele conseguiu montar uma frente ampla, enquanto Bolsonaro falou para os convertidos, embora tenha mostrado que estes são muitíssimos e quase tenha ganho. Talvez os erros do segundo turno tenham custado caro. Agora cabem a Lula dois grandes desafios: organizar sua ampla coalizão para construir não apenas uma campanha, mas sim um governo diverso e plural, e unir um país que saiu das urnas completamente dividido ao meio, seja na política, na sociedade, na religião ou, inclusive, nos percentuais do resultado, que exibiu 50,9% x 49,1% na noite decisiva.

E fica a boa notícia de que as eleições para governos estaduais apontaram duas tendências importantes para o futuro do país: a sobrevivência do centro político, com vitórias do PSDB em estados muito relevantes, e a renovação com qualidade e bom senso dos quadros de esquerda, centro e direita, apontando para pleitos futuros mais propositivos e menos personalistas. A conferir.

Bruno Kazuhiro

Bruno Kazuhiro

Magíster en Ciencias Políticas por la Universidad del Estado de Río de Janeiro.

La era del «Xi eterno» y el hartazgo de los chinos

Mientras Xi Jinping garantiza su perpetuidad en la conducción del régimen chino, se consolidan incentivos para que la gente deje el miedo de lado. Es un caldo de cultivo para un movimiento de descontento y hartazgo ya existente.

Por: Max Povse 31 Oct, 2022
Lectura: 7 min.
Presidente chino Xi Jinping
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El XX Congreso del Partido Comunista de China (PCCh) ha monopolizado las miradas sobre el país en las últimas semanas. Y no es para menos: marcó el comienzo de la era del «Xi eterno», con Xi Jinping habiéndose asegurado un nuevo período como secretario general y presidente de la Comisión Militar Central. Se rompe con la costumbre de recambio generacional que ha caracterizado al PCCh desde la muerte de Mao.

Pero hay otros hechos en el medio, y uno en particular no debe ser eclipsado por lo que pasó en el cónclave partidario. Pocas veces —y cada vez menos— surgen noticias de disenso en China, pero el jueves 13 de octubre un hombre colgó dos banderas con consignas sobre el puente Sitong en el distrito universitario Haidan, cerca del centro de Beijing. Entre las demandas por libertad, se leía una: «Estudiantes y trabajadores, hagan huelga para derrocar al dictador tirano Xi Jinping». Esta demanda también se oía en altavoces.

Protestas en China

Si bien las protestas masivas no son inusuales en China, en general, han tomado la forma de huelgas, u ocurren frente a problemas puntuales o de administración local, como los incidentes de Zhengzhou en julio, cuando miles se autoconvocaron para reclamar por sus ahorros luego de un corralito. Ello no quiere decir que estas protestas no se encuentren con una respuesta represiva, o que sean bienvenidas. Muestra de ello es la reducción desde las casi 2700 huelgas que hubo en 2016, a las 647 en lo que va de este año.

Sin embargo, estas protestas nunca tienen consignas políticas, dado que criticar al gobierno nacional es considerado traición. Los pocos que se animan, realizan demostraciones pomposas que difícilmente pueden ser ignoradas, y de las que —en general— no esperan salir con vida. Un antecedente directo fue la autoinmolación de un hombre en Tiananmén en 2011. Pero, de hecho, las últimas protestas políticas masivas ocurrieron en 1999, cuando miles de miembros de Falun Gong se juntaron fuera de Zhongnanhai, la sede del gobierno chino. A partir de ello, comenzó su genocidio, en un claro ejemplo de que no se tolera ningún tipo de oposición organizada jamás.

Ecosistema contestatario

Es natural, entonces, que la protesta política no sea presencial: es muy fácil para el aparato represivo del Partido acallarla, así participen decenas de miles. Esto lo demostró la masacre de Tiananmén. Sin embargo, la revolución digital ha creado una nueva arena en la cual se puede mostrar el descontento, esta vez de manera anónima. Así, redes sociales como WeChat (de mensajería) y Weibo (de microblogging) han generado un ecosistema virtual en el cual millones de chinos pueden comunicarse dentro y fuera del país.

Claro que la sola existencia de estas plataformas es una anomalía en un contexto global en el que esta clase de plataformas trasciende las fronteras —y, muchas veces, los controles— nacionales. Pero esto ha podido ocurrir gracias al Proyecto Escudo Dorado, desarrollado en los años noventa tan pronto llegó internet a China, e implementado por el Ministerio de Seguridad Pública. Desde entonces, se censura cualquier sitio o contenido considerado dañino o amenazante para el poder constituido.

Como consecuencia, casi la totalidad de las redes sociales occidentales son inaccesibles en China, así como también los motores de búsqueda, tiendas online, enciclopedias y cualquier otro tipo de plataforma de contenido generado por los usuarios. En respuesta, una serie de empresas chinas ha ocupado estos nichos, como Tencent, Weibo, Baidu, ByteDance y Alibaba, entre otras, generando un ecosistema nacional cuyos proveedores y usuarios están a merced del Comité Central de Ciberseguridad e Informatización del Partido.

Esto ha obligado a los usuarios a hacerse de redes privadas virtuales (VPN), sitios espejo y programas de enrutamiento cebolla (onion routing) para eludir el Gran Cortafuegos. Esto se ha hecho más peligroso en los últimos años, en la medida en que los desarrolladores son fuertemente castigados, y los usuarios deben contactarse individualmente con los operadores que quedan en las sombras.

China internet

Hartazgo y censura

A las limitaciones en línea se les suman las de software, dado que muchos de los programas desarrollados en China poseen herramientas de censura de fábrica, o las aplican a los documentos guardados en la nube.

Aún más, a esta censura negativa se le suma la militancia activa del Partido, a través de la marina de internet, un término utilizado para denominar a los usuarios pagos que publican o comparten el contenido de un interesado, por su capacidad para «inundar» foros en pocos minutos. Los usuarios al servicio del Partido suelen llamarse cincuenta centavos, por la remuneración que se les da por publicación.

En este contexto, las voces críticas no solo deben ser capaces de eludir la vigilancia ubicua del Partido en las redes, sino también a otros usuarios pagados que puedan descubrirlos y exponerlos. Algo similar ocurre en el resto de las áreas públicas, donde la omnipresencia de los aparatos de control sobre la vida diaria ha producido un ethos de autocensura y vigilancia mutua.

Por ello, las pocas formas de descontento que se pueden documentar, en general, se generan en formato de memes o expresiones con sentido ulterior basado en la homofonía de sus caracteres. Aun así, en la gran mayoría de los casos, se censura estas publicaciones tan pronto son populares. El ejemplo paradigmático de ello es la prohibición de Winnie the Pooh en China, por haber sido utilizado como referencia a Xi.

Un movimiento sin precedentes

No obstante, el coraje del nuevo hombre del tanque (como se ha llegado a llamar al manifestante del puente Sitong), ha inspirado a miles para, directa o indirectamente, replicar su mensaje. Se han posteado miles de réplicas del mensaje de las banderas en puertas de baños públicos —uno de los pocos lugares aún sin videovigilancia—, o a través de #我看到了 (wǒ kàn dàole, ‘yo lo vi’), en alusión a la demostración que según la prensa oficial nunca ocurrió.

Si bien la repercusión más grande ha sido gracias a la diáspora china en países democráticos, el movimiento atestado en las redes a partir de la manifestación tiene pocos precedentes en la historia reciente china. Sin embargo, es muy difícil —si no imposible— mantener un movimiento civil a partir de este fenómeno. En particular, frente a la feroz respuesta de los rositas, un término usado para denominar a los jóvenes chinos adeptos al régimen que acaban por ahogar cualquier intento de coordinación antes de que gane una masa crítica.

Empero, en el marco de un creciente descontento generalizado por las cuarentenas draconianas innecesarias que le han costado el empleo y la salud a millones, se está creando el caldo de cultivo para un movimiento de descontento y hartazgo, que ya ha tenido expresiones masivas en línea y, más recientemente, físicamente en Shenzhen, solo para nombrar ejemplos que han llegado a conocerse. A estas hay que sumarles el caso de Zhengzhou. Si bien estuvo orientado a un corralito monetario local, puede tener implicaciones nacionales en la medida en que la economía china continúa deteriorándose.

#YoLoVi

Luego de haberse confirmado la concentración de la suma del poder en Xi en el congreso partidario, de cara a —por lo menos— el próximo lustro, podemos esperar solo una profundización de sus políticas, cuyos resultados ya están a la vista y que paulatinamente irán socavando la base de legitimidad del Partido: el crecimiento económico.

Cuando ahonden las épocas difíciles, existirán incentivos estructurales para que la gente deje el miedo de lado y, al menos, exprese #YoLoVi cuando algún valiente le diga al régimen lo que hay que decirle.

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Max Povse

Max Povse

Politólogo. Docente y miembro del Grupo de Estudios sobre Asia y América Latina de la Universidad de Buenos Aires. Editor de la «Revista Asia/América Latina». Coautor de «Desafíos actuales de Asia oriental» (2021).

El oráculo del Día D

¿Cómo se organiza y qué actores participan en el conteo rápido' ¿De qué manera se gestiona la información que se obtiene? ¿Cuáles son los objetivos de las misiones de observación electoral el Día D?

Por: Redacción 28 Oct, 2022
Lectura: 2 min.
El oráculo del Día D. Bajo La Lupa. Diálogo Político
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El día de las elecciones o «Día D» es una jornada de nervios, de incertidumbre por el resultado, de cábalas. Pero sobre todo debe ser una jornada en la que se garantice el ejercicio libre del derecho al voto y la limpieza del proceso electoral. Hay varias maneras de generar certidumbre, confianza y transparencia en el proceso electoral y sus resultados. Una es a través del conteo rápido y las encuestas a boca de urna. Otra facilitando la presencia de observadores electorales en los días previos y el mismo día de la votación.

La edición especial de Diálogo Político sobre Elecciones dedica parte de sus páginas a la explicación de estas herramientas que forman parte de nuestro sistema democrático. 

Cómo se organiza y qué actores participan en el conteo rápido, de qué manera se gestiona la información que se obtiene y cuáles son los objetivos de las misiones de observación electoral el Día D, son preguntas que ponemos Bajo La Lupa

Episodio 2/3 de la serie Elecciones

Participan:

Ruth HidalgoLicenciada en ciencias jurídicas, abogada y doctora en Jurisprudencia. Consultora y directora ejecutiva de la ONG Participación Ciudadana en Ecuador.

Simón Jaramillo. Abogado y doctor en jurisprudencia de la Universidad del Azuay en Cuenca, Ecuador.

Te invitamos a visitar la edición especial de Diálogo Político sobre Elecciones donde puedes leer, escuchar o descargar los artículos.

Escucha el episodio 1/3 y 3/3 de la serie Elecciones.

Bajo la Lupa es un podcast de Diálogo político. Un proyecto de la Fundación Konrad Adenauer.    

Conducción y realización: Franco Delle DonneRombo Podcasts.

Guion: Raúl Gil | Rombo Podcasts

Edición de sonido: Pablo Fisher | Rombo Podcasts.

Redacción

Redacción

Plataforma para el diálogo democrático entre los influenciadores políticos sobre América Latina. Ventana de difusión de la Fundación Konrad Adenauer en América Latina.

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