Mercosur y la Unión Europea: ¿un acuerdo en tiempos de guerra?

El contexto geopolítico internacional atraviesa un proceso de deterioro en las condiciones fundamentales del acuerdo comercial, mientras enfrenta nuevas amenazas que arriesgan sus beneficios.

Por: John Moor 15 Oct, 2026
Lectura: 8 min.
Ceremonia de firma del acuerdo UE-Mercosur. Foto: gobierno de Uruguay
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
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El marco global en el que se estableció el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, enfrenta cambios que imponen nuevos desafíos y también oportunidades. Varios son los factores que hoy afectan a la viabilidad del acuerdo en diversos frentes. 

Desorden mundial y sus factores

El primero de ellos es el surgimiento de partidos populistas, de carácter euroescéptico y contrarios a la unión. Tanto Alemania como Francia enfrentan una creciente probabilidad de ser gobernados por partidos de ultraderecha en el futuro. Las consecuencias podrían afectar a la viabilidad del comercio en sus actuales condiciones, ante la eventualidad de un mayor proteccionismo europeo, y un revisionismo a los acuerdos vigentes. 

El segundo frente proviene de una escalada de la guerra en Ucrania, ante una eventual agresión militar de Rusia en contra de un país miembro de la OTAN. Las permanentes advertencias por parte de los servicios de inteligencia europeos como la propia CIA, señalan un peligro cada vez más cercano de tal escenario. La decisión de Vladimir Putin de poner a prueba a la OTAN, mediante una provocación armada, podría desatar una guerra directa con la alianza. 

El actual estado de amenazas lleva a las naciones europeas a destinar un mayor gasto a su defensa, financiado con impuestos y un mayor déficit fiscal. Entre el año 2021 y 2026, Europa incrementó su gasto en un 75,3%. Tal escenario afectaría al poder adquisitivo de la población y, en consecuencia, a las importaciones de bienes de consumo. Por otra parte, podría favorecer la compra de materias primas del Mercosur, para la producción de armamentos, como hierro, cobre y tierras raras.

El tercer frente está la amenaza de China. El régimen de Xi Jinping parece estar decidido a debilitar a la industria europea. Aunque aún es sostenida por Alemania como su buque insignia, viene sufriendo los efectos de la ofensiva china en el sector automotriz, uno de los más poderosos para el país. Los despidos de 50,000 empleados de Volkswagen, y los anunciados por BMW (8,000) y la empresa Bosch (13,000 para 2030), manifiestan los efectos de la ola de importaciones de vehículos eléctricos desde China.

Con un déficit comercial con China desfavorable y al alza, —e incapaces de competir en costos y escala—, las economías europeas se ven sometidas a una rendición de sus sectores principales. La crisis del sector automovilístico es la primera señal de ese repliegue industrial. De no reaccionar a tiempo y en forma, la industria europea corre el riesgo de un colapso existencial en los próximos años. Los efectos en materia de despidos masivos impactarían en el consumo y el crecimiento económico. Tal escenario repercutiría en el acuerdo con el Mercosur, al reducir las demandas de importaciones y forzar mayores barreras proteccionistas.

Finalmente, EEUU parece abandonar su condición de aliado natural europeo. Durante el actual mandato de Donald Trump, la relación con la UE muestra una orientación conflictiva. Es opuesta a los fundamentos tradicionales de la política exterior estadounidense, que han considerado a Europa como un socio estratégico. Las medidas tarifarias, junto a un mayor proteccionismo hacia el comercio europeo, y el abandono al apoyo militar y económico de la OTAN, son factores de desestabilización. 

Las consecuencias de esta posición, sin duda repercutirán en el Mercosur. Un menor comercio con EEUU haría caer a las exportaciones europeas a su principal destino, afectando a las principales economías de la unión y, en consecuencia, a la demanda de importaciones desde otras naciones.

Lo que puede cambiar el curso para América Latina

Del otro lado del Atlántico, el Mercosur atraviesa sus propios desafíos e incertidumbres. Las elecciones en Brasil determinarán un nuevo escenario geopolítico en América Latina. Un Brasil gobernado por Flavio Bolsonaro supondría una mejor relación con la Argentina de Milei. La existencia de una afinidad ideológica, podría facilitar toda negociación comercial y la viabilidad de acuerdos económicos. Tal contingencia le daría al Mercosur una mayor firmeza política. Podría fortalecer a la integración, más allá de las inevitables fricciones propias de una rivalidad histórica. 

Una victoria de Lula, en cambio, habría de profundizar el actual antagonismo de tono personal con el presidente Milei. Podría socavar la estabilidad del bloque, bajo el peso de una relación conflictiva. No se debe descuidar tampoco la suerte que siga Milei en las elecciones del 2027. Su permanencia dependerá del éxito de su programa económico, aun bajo examen. Un antagonismo frontal entre Argentina y Brasil podría incitar la desconfianza de los flamantes socios europeos. En esto, tanto el tiempo como las urnas tienen la última palabra.

De lo que ocurra en Brasil en su proceso electoral, influirá también al campo de maniobras de EEUU y China. El continente latinoamericano, desde México a Chile, es hoy un territorio en disputa entre los intereses de Washington y Beijing. El segundo gobierno de Trump, con su nueva doctrina Monroe, ha puesto uno de sus focos principales en la región, con China como su rival estratégico. Hay varios ejemplos en contra de la influencia china. 

Las recientes operaciones políticas y económicas sobre Venezuela y la remoción del control del Canal de Panamá de una empresa de Hong Kong, vinculada al régimen chino, son dos casos. Ambos representan la protección de intereses logísticos y energéticos, dos ámbitos de importancia crítica para EEUU y para China. También lo es el acceso a las tierras raras que posee Brasil (segundo mayor yacimiento del mundo después de China) y a las reservas de litio existentes en Bolivia, Chile y Argentina. Este último país, hoy está en el radar geoeconómico por lo que ofrecerá Vaca Muerta en materia de petróleo y gas. Milei ya mantiene un cordón umbilical con la administración de Trump, un fuelle que atiza las tensiones con Lula. 

La disponibilidad de recursos alimenticios y minerales, junto a las capacidades industriales que aún mantiene Brasil, han instalado a América Latina en un lugar primordial. China y EEUU, como superpotencias globales, disputarán su rivalidad por el mayor control posible de tales riquezas. En consecuencia, el giro ideológico de la mayoría de los gobiernos latinoamericanos que se han alineado con Washington no es accidental. Sino, tiende a favorecer a los intereses de EEUU.

La UE y su valor estratégico para el Mercosur

Un nuevo balance de poder en la región plantea la interrogante acerca del valor estratégico del acuerdo para ambos socios. Los escenarios potenciales corren tal vez por tres carriles diferentes, condicionados por la rivalidad omnipresente entre China y EEUU y una potencial guerra en Europa.

El primero dependerá de la forma en que EEUU afiance su poder geopolítico y económico y tienda a predominar en las relaciones comerciales, en detrimento de Europa. En esta condición, tanto Argentina como un Brasil bolsonarista darán ineludible prioridad a las demandas de Washington. De esta manera, el Mercosur arriesga permanecer como un productor de materias primas. 

El segundo camino es el de un mayor compromiso europeo en aumentar las inversiones industriales en el Mercosur, buscando mejorar la competitividad y ampliar la escala en los sectores de alto valor agregado. Tal escenario instalaría una ventaja competitiva para dicho bloque, como base manufacturera, complementaria a su rol exportador de materias primas. Es muy diferente la exportación de un Volkswagen eléctrico producido en Brasil, con baterías de litio argentino, a la simple extracción y venta del mineral a China o a EEUU. 

Un tercer curso posible estaría sujeto a la evolución política de Alemania, Francia y también del Reino Unido, y a una mayor inestabilidad geopolítica. El supuesto de gobiernos de ultraderecha “euro escépticos”, y nacionalistas podría alterar los vínculos comerciales con terceros bloques, además de una fragmentación económica y comercial de la unión.

En materia geopolítica, un conflicto militar entre Rusia y la OTAN pondría al Mercosur en un rol indispensable como proveedor de recursos claves a los países europeos. Lo obligaría a efectuar mayores gastos militares, enfrentados a un estado de amenaza de guerra e inestabilidad. Se trataría, sin duda, del peor de los contextos, al alterar las condiciones originales del acuerdo y sus beneficios, tales como fueron concebidos en los inicios de la negociación y en tiempos de paz.

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John Moor

John Moor

Profesor de Geopolítica y Política Global Maestría de Comercio Exterior e Integración, Universidad de Montevideo. Consultor de riesgo geopolitico, asuntos de seguridad e inteligencia estratégica de Estado para empresas y organizaciones. 

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