Popularidad presidencial durante la pandemia

A más de cinco meses de la llegada del COVID-19, el virus plantea severos desafíos no solo en términos sanitarios, […]

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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

A más de cinco meses de la llegada del COVID-19, el virus plantea severos desafíos no solo en términos sanitarios, sino también económicos, políticos y sociales. La combinación de agotamiento, frustración, incertidumbre y angustia desató un nuevo ciclo político dentro de la pandemia. En los últimos 45 días, la tregua de las calles se resquebrajó y la imagen de los presidentes comenzó un lento pero persistente descenso.

La política se construye en las instituciones pero se forja en la calle. Y América Latina tiene una gran tradición de protesta y movilizaciones sociales. El control del espacio público es, para los oficialismos y sus oposiciones, un factor de poder que puede ser determinante en ciertas coyunturas. La pandemia, sin embargo, puso en pausa el conflicto tanto institucional como de protesta social. La región venía acelerando sus tensiones en los últimos años y el comienzo del 2020 parecía poco auspicioso en términos de conflictividad.

Pero en una primera etapa, con la irrupción del coronavirus, las tensiones previas en Bolivia (crisis de legitimidad del gobierno de Jeanine Añez), Chile (consulta popular por una nueva Constitución), Colombia y Ecuador (cuyos presidentes venían debilitados ante la opinión pública) y Brasil y Argentina (dos países signados por la polarización política y las dificultades económicas) entraron en suspenso.

Ante la llegada de una amenaza externa e incierta, las voces críticas se acallaron y los presidentes sumaron apoyos para atravesar la crisis. Como hemos mostrado en ediciones previas de esta investigación, muchos de los presidentes de la región vieron incrementar sus niveles de popularidad en el ciclo marzo-junio, lo que les dio un nuevo aire frente a la pandemia. Pero ese ciclo comienza a ver su atardecer.

Gráfico 1. Porcentajes de aprobación media de los gobiernos latinoamericanos
Gráfico 1. Porcentajes de aprobación media de los gobiernos latinoamericanos

En este artículo recopilamos información de 280 encuestas de opinión realizadas en 17 países desde febrero a agosto de 2020, con la finalidad de estimar el efecto que la crisis del COVID-19 tiene en la popularidad de los presidentes de la región. En esta historia pandémica que lleva más de cinco largos meses, la opinión pública pasó por distintas etapas.

Marzo fue el mes de la incredulidad, el miedo y la confusión ante la nueva situación (se impusieron súbitamente cambios en las rutinas familiares y laborales y se temió, inclusive, por eventuales faltantes en los stocks de alimentos). En los primeros 45 días de aislamiento social, en casi toda la región, la sociedad se ajustó a las nuevas restricciones, que se empezaron a normalizar. Fueron días de mucha restricción a la movilidad urbana, en gran medida por el alto consenso social inicial con que contaron las políticas de contención del virus, y de expresiones de solidaridad colectiva (como los aplausos a los trabajadores de la salud). En la dimensión política, esta etapa coincidió con el momento de mayor aprobación de los presidentes de América Latina y Europa. Entre 30 y 45 días posteriores a los anuncios de aislamiento, la paz política fue norma y la alta aprobación de los Gobiernos la tendencia. Unidad política y social ante la incertidumbre epidemiológica.

Gráfico 2. Porcentajes de aprobación media de los gobiernos latinoamericanos
Gráfico 2. Porcentajes de aprobación media de los gobiernos latinoamericanos

Tras los primeros 60 días de pandemia comenzaron a verse cambios en el estado de ánimo, cansancio ante el aislamiento social y un mayor malestar ante el agravamiento de la situación económica. En esta instancia comenzó, en la mayoría de los países de la región, la reapertura de pequeños comercios y negocios y una flexibilización en las restricciones a la circulación. Por decisión oficial o imposición de la sociedad, de una etapa de fuertes controles (cuarentenas duras) se pasó al capítulo de la responsabilidad individual.

Como señala el sociólogo Emile Durkheim, los procesos políticos y fenómenos sociales pueden suceder mucho tiempo antes de que se tome consciencia de ellos. La tensión agravada por la incertidumbre sobre su duración y las consecuencias económicas se hicieron cada vez más evidentes. Una gran frustración solo viene de una enorme ilusión. La esperanza social inicial de que 90 días de restricciones serían suficientes para paliar lo peor de la situación, nunca se hizo cuerpo.

Ante la falta de solvencia económica de los Estados de la región y el efecto producido por la pandemia europea en marzo, los mandatarios latinoamericanos optaron por estrategias de aislamiento social pero no pudieron desplegar la magnitud de estímulos económicos que utilizaron sus pares europeos. Esto demuestra las dificultades para comparar las respuestas de Europa y Latinoamérica a la pandemia. Las diferencias económicas estructurales marcan las diferentes reacciones de los países de ambos continentes. Esas divergencias pueden verse marcadamente en los índices elaborados por la Universidad de Oxford, que relevan los niveles de aislamiento establecidos (índice bloqueo) y el apoyo económico de los gobiernos (índice apoyo económico).

Gráfico 3. Promedios de índice mensual de apoyo económico y bloqueo
Gráfico 3. Promedios de índice mensual de apoyo económico y bloqueo

La combinación de agotamiento, frustración, incertidumbre y angustia desató un nuevo ciclo político dentro de la pandemia. En los últimos 45 días, la tregua de las calles se resquebrajó y la imagen de los presidentes comenzó un lento pero persistente descenso. De manera súbita, las movilizaciones sociales proliferaron en la región. El hartazgo por la pandemia, cruzado con demandas de la política nacional, hizo que distintos grupos sociales salieran a la calle a protestar, a pesar del riesgo de contagio.

Perú, el tercer país con más casos de coronavirus en América latina, sufrió una crisis económica rampante y crecientes protestas en los enclaves mineros y petroleros de la región andina. En Paraguay se vivieron intensas protestas sociales en focos de alto contagio como Ciudad del Este y sindicatos y organizaciones sociales se han manifestado contra la política económica del presidente Abdo Benítez. En Bolivia, sindicatos y grupos indígenas bloquearon rutas en todo el país en el marco de un conflicto con el gobierno, a pocos meses de las elecciones. Incluso el presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, hizo frente a las primeras protestas sindicales en medio de la pandemia debido al presupuesto presentado.

En Argentina, que en los primeros meses de la pandemia fue testigo de un clima de unidad política social e inédito, las protestas opositoras se iniciaron en junio y llegaron a su punto máximo en agosto. Un sector minoritario pero intenso salió a ocupar la calle. El rechazo a las medidas sanitarias sumado a la impugnación de una serie de iniciativas legislativas por el Gobierno fueron los ejes de las movilizaciones impulsadas directa e indirectamente por la fuerza política que conduce el expresidente Mauricio Macri.

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En los distintos países de la región las protestas se han caracterizado por su diversidad de expresiones y reclamos. No es necesario encontrar un hilo conductor en sus proclamas ni en sus demandas, solo tomar nota de su regreso. Entramos en un nuevo ciclo político dentro de la pandemia, en el que los gobiernos tienen que hacer frente al triple desafío de administrar la crisis sanitaria, paliar la tensión social y recuperar la iniciativa económica. Como hemos visto anteriormente, los Estados europeos llegaron a este momento con muchas diferencias. Aislamientos sociales de menor duración, gobiernos con mayores estímulos económicos y, centralmente, una sociedad con un PBI per cápita que triplica los niveles latinoamericanos.

Latinoamérica vive una crisis inédita. La región es hoy el epicentro de la pandemia, con muertos que se acumulan y sistemas sanitarios colapsados. Pero sufre además las consecuencias de la caída económica y el malestar social, con liderazgos políticos que disponen de poco capital para administrar el descontento. A más de cinco meses de la llegada del COVID-19, el virus plantea severos desafíos no solo en términos sanitarios, sino también económicos, políticos y sociales.

Daniela Barbieri, Javier Cachés y Augusto Reina

Daniela Barbieri, Javier Cachés y Augusto Reina

Daniela Barbieri. Socióloga (Universidad de Buenos Aires, UBA). Magíster en Comunicación Política (George Washington University). Docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Consultora política, investigadora y profesora universitaria (UBA) ~|||~ Javier Cachés. Politólogo (Universidad de Buenos Aires, UBA – Universidad Di Tella, Argentina). Consultor político. Docente de la Carrera de Ciencia Política de la UBA ~|||~ Augusto Reina. Politólogo (Universidad del Salvador, Argentina. Consultor político. Presidente de la Asociación Argentina de Consultores Políticos (ASACOP)

El cambio político en África

Frente al estereotipo de un continente sumido en el primitivismo, golpes de Estado sin control, autocracias duraderas, la diversidad se […]

Por: Omer Freixa 27 Ago, 2020
Lectura: 4 min.
Presidente de Nigeria, Muhannadu Buhari | Foto: U.S. Institute of Peace, vía Flickr
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Frente al estereotipo de un continente sumido en el primitivismo, golpes de Estado sin control, autocracias duraderas, la diversidad se presenta con sistemas políticos, entre democracias y autoritarismos, que se mantienen sin grandes cambios o van mutando. Pero muchas veces la sustitución de líderes no implica cambios profundos.

Un continente atravesado por situaciones disímiles. Por ejemplo, procesos de transición política y elecciones acompañadas de novedades en varios países: Angola, Sudáfrica, Zimbabue, Sudán, Etiopía, Malawi, Nigeria y Mauritania. Los Estados democráticos estables son Botsuana, Mauricio, Ghana, Sudáfrica, Senegal. Los más autoritarios comprenden Eritrea, Guinea Ecuatorial, Yibuti y Ruanda. La continuidad de regímenes que parecen más autocracias que democracias, aunque se den elecciones: Uganda, Gabón, Camerún, Congo-Brazzaville, Togo. Mandatarios veteranos que buscan permanecer: Guinea Conakry y Costa de Marfil. En África occidental también lo vivieron Senegal, Burkina Faso y Níger. En parte, lo descrito aparece en el último reporte para África subsahariana: The Bertelsmann Stiftung’s Transformation Index (BTI) 2020 (febrero de 2017 – enero de 2019), A Changing of The Guards or A Change of Systems?

El Índice, diseñado por la fundación alemana Bertelsmann Stiftung, entiende el progreso de la democracia y la economía de mercado en forma global. Mide la performance de 137 países desde 17 variables. Trabaja la región subsahariana para 44 países. Está dividido, por un lado, en el estatus, es decir, la dimensión analítica de la transformación política y económica en función de las dos variables expuestas al comienzo, y, por el otro, el índice de gobernanza, que pondera la calidad del liderazgo político inscrita en los procesos de transformación. El análisis construye rankings y compara, en ciclos, progresos, continuidades y retrocesos por cada país.

Tres casos

En el marco de un webinar sobre los nuevos líderes de África, realizado el 13 de agosto pasado, participaron Nic Cheeseman, docente de la University of Birmingham; la nigeriana Idayat Hassan, directora del Centre for Democracy and Development (CDD); Boniface Dulani, profesor de la University of Malawi; y Chipo Dendere, profesora del Wellesley College (EUA), de Zimbabue. Se analizaron los resultados del reporte.

Cheeseman resumió las transformaciones del espacio subsahariano, en base al BTI. La democracia ha experimentado pocas transformaciones, de modo que los avances compensan los retrocesos. «La continuidad es la pauta», sostuvo, señalando el ejemplo democrático de Botsuana, mientras las autocracias se endurecen. Señaló un conjunto de países cuya situación mejoró: Angola, Sierra Leona, Etiopía y Zimbabue, frente a otros en donde ocurrió lo contrario: Camerún, Chad, Guinea, Zambia, Kenia y Tanzania. «Cambiar un líder no implica modificar el sistema, muchas veces», remató.

Nigeria es una democracia, pero con severas dificultades. La llegada al poder de Muhammadu Buhari, en 2015, fue promisoria. «Su arribo generó un cambio; la bandera anticorrupción logró grandes avances», expuso Hassan. Sin embargo, los desafíos son múltiples: corrupción, inseguridad, una economía monoproductora. «El sistema necesita una reforma profunda, Buhari no puede cambiar todo», complementó sobre el mandatario reelecto en 2019.

En Malaui, una democracia medianamente estabilizada según el BTI, se asistió al cambio de gobierno con la victoria de la oposición en junio. La nueva gestión cuenta con amplio apoyo de la sociedad. «El cambio de liderazgo es una oportunidad para ubicar al país en una posición más ventajosa», resumió Dulani.

Zimbabue gozó de apertura tras la caída del veteranísimo Robert Mugabe en 2017. El lema fue «Mugabe must go», pero las dificultades persisten. «El problema no era el individuo», expuso Dendere. El trasfondo es una oposición desarticulada, corrupción estructural y una fuerte militarización del Estado, que cohíbe la protesta. «La ciudadanía exige mejoras pero a cambio recibe más militarización y represión», se lamentó la académica oriunda de Zimbabue. El contexto de la pandemia COVID-19 no hace más que reforzar la deriva autoritaria, característica repetida en otros países africanos.

 

Publicado el 22 de agosto de 2020 en el portal de CADAL.

Omer Freixa

Omer Freixa

Historiador y escritor. Magíster en Diversidad Cultural y especialista en estudios afroamericanos por la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF). Licenciado y profesor en historia por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y docente de historia africana en dicha casa de estudios, y de posgrado en UNTREF.

Cosmogonías, pandemia y vida cotidiana de los pueblos indígenas de Panamá

Jesús Alemancia, sociólogo, investigador y docente popular, relata los impactos de la pandemia del COVID-19 en la vida cotidiana del […]

Por: Jesús Alemancia 26 Ago, 2020
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Mujeres gunas en Ciudad de Panamá | Foto: Yves Picq, vía WikiCommons CC BY-SA
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Jesús Alemancia, sociólogo, investigador y docente popular, relata los impactos de la pandemia del COVID-19 en la vida cotidiana del pueblo guna.

Los noticieros matutinos informan sobre el fallecimiento del director del colegio Monseñor Francisco Beckmann, la escuela secundaria pública más grande del país, ubicada en Panamá Norte. Fallece un 9 de marzo de 2020, y al día siguiente el Ministerio de Salud (MINSA) informa que su muerte se debió al COVID-19, confirmando lo que se rumoraba en los pasillos de las escuelas y colegios de la ciudad.

Las autoridades del MINSA inician una investigación sobre la ruta de contagio del difunto director Norato González. Inicia la ola de temor e incertidumbre. La población abarrota las farmacias y supermercados, preparándose frente a un posible desabastecimiento que la propagación del virus podría generar.

En el mundo de los migrantes guna en la ciudad, se escuchan murmullos de preocupación. El Congreso General de Gunayala [1] se reúne en sus oficinas en la ciudad e inicia las deliberaciones internas, que luego discute con las autoridades administrativas del gobierno central en la región para preparar el plan de contingencia de la comarca. El 14 de marzo, la Junta Ejecutiva del Congreso General emite la orden de cerrar la carretera El Llano-Gardi, ruta de entrada a la comarca, y el cierre de las terminales de transporte en la costa para el 17 de marzo, el mismo día en que se decretaría el toque de queda en la ciudad de Panamá entre las 9 de la noche y las 5 de la madrugada.

La notificación llega de sorpresa a la población migrante, al igual que sucediera cuando la invasión de Estados Unidos en 1989. La población decide volver a las comunidades de Gunayala, pero los pies andantes del pueblo se encuentran con el camino cerrado. No hay forma de llegar caminando a la costa, así que otras rutas aparecen; las trochas abiertas entre las selvas y las montañas, que es como logran llegar algunos.

Días antes del cierre de la carretera El Llano-Gardi, varios migrantes logran llegar a las terminales de transporte en la costa e inmediatamente abordan los botes que los llevarán a sus destinos, sin saber que en uno de ellos viaja también el COVID-19, importado de alguno de los tres centros de origen según el Instituto Gorgas: Estados Unidos, España o China. Ahora se transforma en infección comunitaria.

A partir del 14 de marzo, las comunidades comienzan a levantar la bandera roja de la cuarentena, indicando que nadie sale y nadie entra. Las autoridades comunales emiten resoluciones, graban audios y videos notificando que no habrá actividad turística y no recibirán a los gunas que vengan de la ciudad a las comunidades, ordenando cuarentena comunal. La llegada del virus a las comunidades obliga al Congreso General y las autoridades comunales a decretar la cuarentena total en las comunidades afectadas (Gardi Sugdub, Urgandi, Yandub, Diguir, Agligandi, Assudub y Armila), pues suman ya 151 los infectados para el 2 de mayo, siendo Agligandi la comunidad más golpeada.

En las redes sociales, un miembro de la Policía Nacional comunica que los gunas tienen un medicamento que ayuda a combatir el coronavirus. En las comunidades se prepara ina gaibi (medicina amarga) para la población, y niñas, niños y mujeres hacen fila para consumirla. Se divulga la información y el mundo latino pregunta por el medicamento: ¿qué planta es?, ¿qué árbol es? Desde Ngäbe Buglé también preguntan. Un hermano farmacéutico, Apolonio López, envía un mensaje por video, donde reflexiona desde su profesión, desde el diálogo de saberes con los inadurgan, conocedores de la sanación. Expresa preocupación por el uso de la medicina amarga y el efecto que pueda tener sobre los que la consumen, sobre sus principios activos, su mecanismo de acción y su efectividad.

En las comunidades de Gunayala funcionan dos procesos paralelos de servicios de salud. Por un lado, el servicio público es regentado por el MINSA desde los centros y puestos de salud, pero a la par existen los servicios de sanación que prestan los inadurgan, que, a partir de prácticas culturales como los cantos de sanación y el conocimiento tradicional sobre las plantas, enfrentan a los bonigan (los males) que se presentan en las personas o las comunidades. El COVID-19 ayuda a resaltar las prácticas de sanación que se encuentran en peligro de desaparecer, pues se fortalece el trabajo por preservarlas y practicarlas en diálogo con otros conocimientos médicos.

Los sueños son proféticos. Los gunas sueñan que un gran mal visita la ciudad de Bannaba, y las familias en las comunidades se preguntan qué será de nuestra gente. Hay una gran preocupación entre las familias asentadas en la ciudad capital, pues se habla de enfermos en los barrios gunas del oeste del área metropolitana, Arraiján y la Chorrera. Hay especial preocupación en Veracruz, donde hay reportes de hermanos y hermanas enfermos por el coronavirus, pero los informes del MINSA no dan mayores datos además de los casos confirmados, nuevos y fallecidos. Lo mismo ocurre hacia el este de la ciudad: 24 de Diciembre, Mañanitas y Tocumen. El tejido familiar extenso frente al coronavirus deja de ser una fortaleza para la sobrevivencia y se transforma en un peligro. Siete, nueve, doce o quince personas bajo un mismo techo.

Las preocupaciones se hacen realidad el viernes 17 de abril, cuando el MINSA ordena un cerco sanitario a la comunidad de Koskuna (Corregimiento de Veracruz, distrito de Arraiján), que entonces queda bajo la vigilancia de las fuerzas de seguridad del Estado. Koskuna, que según la prensa es el conglomerado o clúster más grande de casos en la región metropolitana, es un barrio guna de aproximadamente 250 casas, originado a inicios de los años ochenta por iniciativa de trabajadores, extrabajadores gunas de las bases militares del Comando Sur y otros migrantes.

La migración de la población masculina guna fuera de la comarca tiene una larga historia con varias fases. Una de ellas, relacionada con la búsqueda de acceso monetario para financiar actividades familiares o comunales, un proceso que se dio de manera organizada durante los años treinta y cuarenta con dirección a la zona bananera de Changuinola o a las bases militares del Comando Sur. Otra fase se inició a finales de los años cincuenta y sesenta, originada más en el ámbito comunitario y con dirección a las ciudades Colón y Panamá. Esta migración dio origen a la Asociación de Trabajadores y/o Capítulos comunales gunas en estas ciudades.

En los años setenta, la migración guna fue creciendo con el traslado de familias que acompañaban a sus hijos e hijas a continuar sus estudios de bachillerato en la ciudad. A partir de esta movilidad es cuando se inicia la ocupación de los barrios populares históricos de la ciudad por los migrantes (Chorrillo, San Felipe, Santa Ana, Calidonia) y el nacimiento de los primeros asentamientos urbanos desde los años ochenta y noventa. Además, es durante esta fase que inicia el nacimiento de generaciones de gunas en la ciudad, los gunas urbanos. Según el censo de 2010, los gunas conformaban una población de 80.526 personas, de las cuales 40.620 vivían en la provincia de Panamá, mientras en la comarca vivían 33.109.

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De los 101 casos de COVID-19 registrados en el corregimiento de Veracruz, 96 correspondían a esta comunidad, según el diario La Prensa (19 de abril). El 29 de abril, el MINSA informa que el total de infectados es de 180, una cifra que es cuestionable para algunos dirigentes de la comunidad, pues desde los primeros avisos de la infección nunca se brindaron cifras desagregadas según pertenencia cultural, salvo las cifras de las comarcas indígenas. Al no contar con cifras desagregadas y no conocer ni entender las prácticas culturales indígenas, no es posible llevar a cabo una política de salud intercultural en la ciudad.

Frente a esta falta de información y el no entender las prácticas culturales, surgen opiniones orientadas por prejuicios culturales, sociales y el racismo. Desde las oficinas de las instituciones públicas y las consultoras económicas privadas se proyecta el golpe socioeconómico que provocará la pandemia en el pueblo trabajador, y en su gran mayoría, los gunas de la ciudad forman parte de esa población, concentrados en el sector de servicios en hoteles, restaurantes, propiedades horizontales y turismo. De un soplo, el aliento retardado del COVID-19 levantará las olas del desempleo urbano. El turismo internacional, una de las fuentes de divisas del país, bajará drásticamente e impactará a Gunayala, que depende de la actividad turística.

La posibilidad real de un retorno masivo a Gunayala debido a la recesión económica nacional y su impacto sobre el empleo urbano, podría volver a repetir lo vivido en 1989 con la invasión de los Estados Unidos. Según los testimonios de aquel momento, la vuelta a las comunidades ante la invasión militar representó una sobrecarga poblacional sobre la producción agrícola familiar. Hoy, la producción agrícola para el consumo inmediato y a pequeña escala se encuentra desplazada por actividades más rentables como el turismo, el comercio y el transporte.

¿Qué nos guarda el día después? ¿Cómo se dibujarán los indicadores económicos del país? ¿Qué pasará con los trabajadores? ¿Qué pasará con la población migrante guna? ¿Podrán seguir enviando remesas familiares y comestibles a la comarca? ¿Quién responderá estas preguntas? La bandera roja, bander guinnid, sigue ondeando en señal de cuarentena en los poblados guna. La incógnita es hasta cuándo.

 

Nota:
[1] Gunayala es una comarca indígena de Panamá, habitada por la etnia guna. El Congreso General de Gunayala es el autogobierno regional indígena de la comarca, formado por los saglas (autoridades político-religiosas) de las 49 comunidades que forman la región y sus tres caciques generales representantes oficiales ante el gobierno central y las instituciones públicas.

 

Publicación original del Programa Regional Alianzas para la Democracia y el Desarrollo con Latinoamérica (ADELA), de la Fundación Konrad Adenauer, con sede en Panamá.

Jesús Alemancia

Jesús Alemancia

Sociólogo, docente popular, investigador y sistematizador. Ha realizado un amplio trabajo en el campo de la educación intercultural bilingüe y de la comunicación. Fue director del Centro de Estudios y Acción Social Panameño (CEASPA) y del Instituto para el Desarrollo Integral de Kuna Yala del Congreso General Kuna. Miembro del Plan Nacional de Desarrollo Indígena del Ministerio de Gobierno y Justicia (PNUD, 2013)

Venezuela: política opositora e intelectuales

Me propongo en estas líneas esbozar una caracterización de los intelectuales de la oposición, provenientes de las humanidades y las […]

Por: Gisela Kozak Rovero 25 Ago, 2020
Lectura: 5 min.
Marcha de protesta contra Maduro, 2 de febrero de 2019, Caracas | Foto: Alexcocopro
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Me propongo en estas líneas esbozar una caracterización de los intelectuales de la oposición, provenientes de las humanidades y las ciencias sociales, tomando en cuenta su adscripción ideológica, su visión sobre la revolución bolivariana y sus propuestas de salida a la grave situación del país.

Héctor Navarro, Edgardo Lander, Javier Bierdau y Esteban Emilio Mosonyi proponen elecciones y constituir un Parlamento con movimientos de izquierda, gremios, sindicatos, derechos humanos, ecologistas, indígenas, afrodescendientes, mujeres. En lugar de pluralidad política, pluralidad social y combate al modelo rentista y extractivista, en la vía del Foro de San Pablo. Otros como Magdalena López, María Pilar García Guadilla, Alejandro Velasco, Nicmer Evans y Verónica Zubillaga son críticos ante las sanciones extranjeras, en especial de Estados Unidos, sin negar la responsabilidad de la dictadura respecto a la crítica situación actual. Apuestan por un acuerdo nacional con todos los sectores políticos y sociales en vistas a elecciones limpias. Son cercanos a la socialdemocracia, con el aderezo de la política identitaria estadounidense, el cuestionamiento a la democracia anterior a 1998 y la cercanía a los movimientos sociales. Margarita López Maya forma parte de este grupo, pero es muy crítica respecto al gobierno y el desmantelamiento del Estado liberal y la economía de mercado.

Encontramos socialdemócratas y centrodemócratas bastante pragmáticos que comparten los principios de la separación de poderes, la alternabilidad en el poder, la economía de mercado y un Estado con políticas públicas eficaces. John Magdaleno, Michael Penfold y Colette Capriles han insistido en la negociación entre los liderazgos partidistas oficialistas y opositores. Elías Pino Iturrieta cuestiona a Juan Guaidó, proveniente del socialdemócrata Voluntad Popular, por no aceptar su fracaso y plantear nuevas rutas; su postura lo acerca al excandidato presidencial Henrique Capriles Radonski, del centrodemócrata Primero Justicia. José Virtuoso y Benigno Alarcón señalan una ruptura entre la sociedad y el liderazgo político. Puede ubicarse en este grupo de los pragmáticos a Diego Bautista Urbaneja, quien cuenta con una obra muy sólida, además de su rol como político de concertación y de acuerdos.

Antonio Sánchez García, chileno de nacimiento, se declara partidario de las políticas de Augusto Pinochet; Erik Del Bufalo defiende al Occidente de la libertad asediado por el relativismo posmoderno global desde posturas moralmente conservadoras. Ambos han apoyado una invasión militar que ponga fin a la dictadura, posición suscrita por Vente Venezuela. En este conviven demócratas liberales con liberales conservadores, los cuales rechazan el feminismo, el matrimonio igualitario y los movimientos antirracistas, en contradicción con la Internacional Liberal a la que pertenece el partido. En cambio, el centrodemócrata Guillermo Aveledo Coll y el socialdemócrata Ysrrael Camero, muy orientados a la reflexión sobre sus respectivas ideas políticas, se muestran abiertos a estos temas, populares entre la juventud de los diversos partidos de Venezuela, Vente incluido, y de poca relevancia para el liderazgo venezolano.

El liberal Miguel Ángel Martínez Meucci analiza certeramente las disposiciones autoritarias y la incapacidad de la oposición para enfrentar a la revolución bolivariana desde el reconocimiento de sus tendencias totalitarias. Martínez Meucci, Luis Alfonso Orellana y Carlos Leáñez se inclinan por la tradición del pensamiento liberal hispánico, la libre empresa y los derechos individuales frente al elefantiásico Estado venezolano. Son cercanos al Centro de Divulgación del Pensamiento Económico (CEDISE), un think thank muy activo. Habría que hacer mención de los liberales libertarios, al estilo de Andrea Rondón, que se pronuncian por la más radical libertad del individuo frente al Estado visto como pura opresión.

Estos intelectuales se asemejan en su interés por la reflexión, más allá de la actualidad política, a intelectuales con otras posturas ideológicas. De hecho, ha surgido una vertiente de crítica filosófica y ética a la política como la del hegeliano Jesús Rafael Herrera y la del liberal Víctor Maldonado. Pedro Benítez insiste en el futuro rol del sector privado desde una perspectiva socialdemócrata renovada; Tomás Straka destaca por su explicación de la crisis venezolana en términos divulgativos y no solo académicos. Igualmente lo hace Paula Vásquez en Francia, quien coincide, por cierto, con la experta en comunicaciones Iria Puyosa en su diagnóstico de la revolución bolivariana como una política sistemática de destrucción con fines de control totalitario. Para Puyosa, la salida es la resistencia organizada, cualitativamente distinta a las plataformas electorales que ha unificado a la oposición en otros momentos.

Para concluir:

  1. Pese a las diferencias ideológicas, no se pone en duda la naturaleza autoritaria de la revolución bolivariana.
  2. Se da por terminada la ruta representada por Juan Guaidó.
  3. No hay acuerdo de amplia base sobre las acciones a tomar frente a la crisis.
  4. La derecha y la izquierda antiliberal no cuentan con la organización necesaria para incidir en un cambio sustantivo de la situación.
  5. La conexión de los y las intelectuales mencionados con diversos actores políticos y con los liderazgos podría darles un rol muy activo, en particular a aquellos que se inclinan por rutas de resistencia y reorganización política de la base opositora.
Gisela Kozak Rovero

Gisela Kozak Rovero

(Caracas, 1963). Escritora y profesora. Reside en Ciudad de México. Licenciada en Letras (Universidad Central de Venezuela). Magíster en Literatura Latinoamericana y Doctora en Letras (Universidad Simón Bolívar). Profesora titular de la Escuela de Letras, de la Maestría en Estudios Literarios y de la Maestría en Gestión y Políticas Culturales de la Universidad Central de Venezuela. Asesora en políticas culturales. Activista política

Debemos elegir

A Europa le gusta presentarse como un bloque entre las potencias mundiales, pero no se puede ser el favorito de […]

Por: Dr. Mathias Doepfner 24 Ago, 2020
Lectura: 15 min.
Imagen: Shutterstock
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

A Europa le gusta presentarse como un bloque entre las potencias mundiales, pero no se puede ser el favorito de todos. Después de esta crisis tendremos que decidir: ¿queremos estar con Estados Unidos o con China? Ambas cosas no son posibles.

Las crisis contribuyen a aclarar las cosas. Esto también se aplica a la crisis del coronavirus. Cuando se haya encontrado la terapia para el virus, se hayan aplacado los debates sobre cuarentena y aperturas, y la recesión muestre su rostro desagradable, habrá que aclarar nada menos que el orden mundial. Más específicamente, la cuestión de las alianzas. ¿Dónde se encuentra Europa? ¿Del lado de Estados Unidos o del lado de China?

Primero, algunos datos como punto de partida: Estados Unidos, la única potencia mundial democrática, está gobernada actualmente por un presidente con un pronunciado trastorno narcisista de la personalidad, una personalidad supuestamente vulgar, inculta y volátil, con una deficiente sensibilidad hacia las instituciones del Estado de derecho. La mitad de los estadounidenses y las tres cuartas partes de los europeos lo desprecian. Al punto de que si se ingresa la palabra idiota en Google, aparecen fotos de Donald Trump.

Pero este presidente, ya fuera por casualidad, gracias a buenos asesores o a sus instintos, también tomó algunas decisiones correctas, como la reducción de impuestos para estabilizar la economía estadounidense o el aumento de la presión sobre los europeos para financiar solidariamente la OTAN.

Por otro lado, China, la única potencia mundial no democrática, actualmente está gobernada por un presidente que controla su vanidad, con una personalidad supuestamente sutil, altamente educada y cultivada, de pensamiento y actuación a largo plazo y consistente, con gran sensibilidad a los intereses del Estado unitario chino. Como se dice que Xi Jinping tiene alguna similitud con Winnie the Pooh, el oso de los cuentos infantiles, la censura en China prohíbe el uso del nombre y la imagen de Winnie the Pooh. Cualquiera que critique explícitamente al Gobierno será castigado.

Supremacía global gracias a la vigilancia digital

Xi Jinping es desde 2012 secretario general del Partido Comunista chino y presidente de la Comisión Militar Central, y desde 2013 es presidente de la República Popular de China. En 2018, él mismo derogó las limitaciones de duración a su cargo, por lo que ahora podría gobernar de por vida. Es un político que, sobre todo, continuó y aceleró las reformas económicas iniciadas en la década del setenta por Deng Xiaoping, las que alcanzaron una nueva dimensión bajo Jiang Zemin y que, gracias a la vigilancia digital intensificada y a una expansión internacional de apariencia amigable y pacífica, le dieron a China una posición preponderante a nivel global.

La fecha clave de esta estrategia fue el 11 de diciembre de 2001, cuando China se convirtió en miembro de pleno derecho de la OMC después de 15 años de negociaciones. Fue la mejor decisión para China. Y quizás haya sido el mayor error para las economías de mercado occidentales en la historia reciente. Desde entonces, la participación de los Estados Unidos en el producto interno bruto mundial disminuyó del 20,18 % (2001) al 15,03 % (2019), y la participación de la UE disminuyó del 23,50 % (2001) al 16,05 % (2019), una reducción de 7,45 puntos porcentuales en menos de dos décadas. Mientras tanto, la participación de China aumentó del 7,84 % (2001) al 19,24 % (2019). El crecimiento de China promedió el 9 %; el de Estados Unidos 1,99 %; y el de la UE, 2,34 %.

El gran error conceptual fue exponer las economías de mercado democráticas a un capitalismo de Estado no democrático que aprovecha las facilidades en las condiciones comerciales y competitivas sin someterse a las mismas reglas. La asimetría se convirtió en el programa, en lugar de la reciprocidad. El cambio a través del comercio —siempre invocado en los discursos dominicales— en realidad tuvo lugar. Pero sucedió en forma diferente de la que se esperaba en Occidente. China se ha vuelto aún más autoritaria y económicamente más fuerte. Y Occidente se debilitó.

¿Qué se deduce de todo esto? Estados Unidos ha optado claramente por una política de desacoplamiento y creciente independencia de China. Europa debe decidirse finalmente, si no quiere que Beijing socave cada vez más su libertad.

Aunque algunas opiniones planteen que las alternativas no deberían presentarse en términos excluyentes entre una y otra opción, sin embargo, sí lo son. Se trata de una decisión política fundamental: China o Estados Unidos. Ya no es posible optar por los dos. La disyuntiva ha llegado a un punto crítico con Trump, aunque finalmente no se trata de él.

La verdad es que la política estadounidense relacionada con China probablemente no cambie bajo un posible gobierno demócrata. La cuestión de China es ahora un asunto de ambos partidos en los Estados Unidos o, dicho de otra manera, los trasciende.

Nancy Pelosi, la portavoz demócrata de la Cámara de Representantes, no le regala nada al presidente estadounidense; incluso ha lanzado una investigación de juicio político en su contra. Durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, para sorpresa de la audiencia reunida, respondió a mi pregunta sobre si esencialmente estaba de acuerdo con la política de Trump hacia China. Sin dudar, dijo: «Sí». Pelosi describió a China como un «gobierno que no sirve a nuestros valores» y habló de una «forma autoritaria de agresión». La esperanza de muchos que estaban en la sala en ese momento —y que probablemente estaban pensando en hacer negocios con China—, de que la Casa Blanca volvería a ser más amigable con China bajo el liderazgo demócrata, pareció algo ingenua en ese momento.

El gobierno de un presidente demócrata posiblemente podría provocar un distanciamiento aún más decidido con China, a pesar de que Trump trate de desacreditar al candidato presidencial demócrata designando a Joe Biden como un blando respecto a China. «China quiere muchísimo a Sleepy Joe», escribió ácidamente el presidente en Twitter. Pero hay poca evidencia de esto. Biden fue uno de los primeros y escasos políticos internacionales en condenar públicamente los campos chinos de reeducación para cientos de miles de uigures (miembros de una etnia minoritaria islámica que vive desde hace siglos en el noroeste de China).

El ascenso de China como potencia económica mundial con características no democráticas se percibe cada vez más en los Estados Unidos como una amenaza para los intereses estadounidenses. Así, un amigo del enemigo se convierte rápidamente en enemigo. Si Alemania actualizara su infraestructura 5G con Huawei, esto sería una carga extrema para la alianza transatlántica. Significaría un punto de inflexión. Porque Estados Unidos ya no podría confiar en Alemania.

La alianza transatlántica quedaría obsoleta

La cooperación con el servicio de inteligencia de un país que permite que datos confidenciales caigan en manos del Partido Comunista chino se descarta en Washington, y no en forma discreta. Los funcionarios del gobierno estadounidense dejaron esto en claro también en ocasión de sus visitas a Berlín. Si Washington abandonara una estrecha cooperación de inteligencia con Europa, las consecuencias para la seguridad y la economía alemanas serían devastadoras.

Un desacoplamiento de Estados Unidos afectaría a Alemania con dureza, tanto económicamente como en términos de política de seguridad. Quedaría obsoleta la alianza transatlántica con el país que hizo posible la reconstrucción democrática de Alemania después de la segunda guerra mundial, el que a través del puente aéreo aseguró el suministro y por lo tanto la preservación de Berlín Occidental durante el bloqueo a la ciudad, y que finalmente hizo posible la reunificación alemana, tanto directa como indirectamente.

La cuestión de las alianzas ha sido postergada durante mucho tiempo en Europa. Ahora es momento de tomar una decisión. Esto no tiene que ver directamente con la crisis del coronavirus. Ciertamente, el tema no es de dónde viene el virus. A menos que se haya desarrollado y difundido activamente en laboratorios (lo que no se puede suponer), este punto es irrelevante.

La crisis solo agudiza la mirada hacia dependencias de larga data, incluso en las llamadas cadenas de suministro relevantes para el sistema, hacia las diferencias fundamentales en la comunicación y la gestión de crisis, finalmente hacia una visión completamente diferente del ser humano. Según estimaciones de los colaboradores del Instituto Robert Koch, China silenció el coronavirus durante semanas cruciales, luego lo minimizó y, por lo tanto, aceleró su propagación en todo el mundo.

Empresas en crisis a precio de ganga

La recesión mundial desencadenada por el COVID-19 está poniendo el foco particularmente en preguntas fatídicas. ¿Seguiremos permitiendo que el capitalismo de Estado de una potencia mundial totalitaria infiltre o incluso se apropie de industrias claves como la banca (Deutsche Bank), la industria automotriz (Daimler, Volvo), la robótica (Kuka) y los centros comerciales (Puerto del Pireo)?

Este es precisamente el punto decisivo por el que la cuestión de la alianza debe resolverse rápidamente y ahora. La crisis actual está debilitando enormemente la economía europea, y esto muy pronto podría plantear preguntas incómodas. ¿Ofreceremos a los chinos nuestras empresas a precio de ganga en la era poscoronavirus, debido a la depresión? ¿O finalmente vamos a poner límites?

Si no aplicamos ahora el principio de reciprocidad genuina, es decir, si China solo puede hacer acá lo que también se nos permite hacer en China, entonces nunca lo haremos. Porque Europa podría sufrir a largo plazo un destino similar al de África. Estaríamos transitando en forma silenciosa el sendero hasta convertirnos en colonia china. O, para decirlo en palabras de Henry Kissinger: «Si Estados Unidos y Europa no logran convertirse nuevamente en una comunidad de intereses, Estados Unidos se convertirá en una gran isla. Y la UE será un apéndice de Eurasia».

Hasta ahora, Europa ha evitado una definición clara y prefiere ser un bloque intermedio, el fiel de la balanza. Incluso percibe su oportunismo como autosuficiencia y coraje. Pero Europa no podrá ser la preferida de todos en este asunto. En cuestiones de orden global, no se puede bailar en todas las bodas.

A la economía europea le gusta hacer negocios con China y no quiere que la molesten en eso. La política está zigzagueando. Los italianos incluso están organizando la autosumisión voluntaria bajo el ridículo eufemismo de la ruta de la seda. En Europa se oyen cada vez más palabras de agradecimiento por la rapidez y eficiencia de la economía de mercado china, por el rigor de su gestión de crisis. La gente tiende a olvidar que los éxitos de China se basan en un sistema de vigilancia digital perfeccionado que traduce al siglo XXI las perversiones de la KGB y de la Stasi. Y quienes argumentan de esta manera también pasan por alto el hecho de que algunos de los éxitos de China solo existen en la propaganda de ese país.

En esta situación se presentan dos opciones de alianza para los europeos. Pueden, a pesar de Trump, profundizar la alianza transatlántica tradicional, con la inclusión explícita y estrecha de una Inglaterra posbrexit y otros aliados como Canadá, Australia, Suiza y la parte democrática de Asia. O pueden optar por vínculos económicos más estrechos con China, que son siempre también vínculos políticos. Entonces podrían despertar un día y encontrarse en una sociedad espeluznante, del lado de China y de Estados asociados como Rusia, Irán y otras autocracias. El mundo se está ordenando.

Los lazos económicos con China pueden parecer hoy inofensivos para muchos europeos, pero pronto podrían conducir a la dependencia política y, en última instancia, al final de una Europa libre y liberal.

La Unión Europea tiene la opción. Pero sobre todo Alemania, el motor económico europeo, debe finalmente comprometerse. ¿Hacemos un pacto con un régimen autoritario o fortalecemos una comunidad de sociedades libres, abiertas, con una economía de mercado y basadas en el Estado de derecho? Es llamativo que la política alemana, que tiende a moralizar, parezca olvidar sus valores cuando se trata de China. Se trata nada menos que de nuestro modelo de sociedad y de nuestra imagen de la humanidad.

Alemania y Europa deberían decidir, junto con los Estados Unidos, un desacople sistemático de China. Cómo debería exactamente diseñarse es una de las cuestiones políticas más apasionantes del futuro. Sería tarde, pero no demasiado tarde. Sería caro, pero no demasiado caro. Alemania, por ejemplo, tiene un volumen de comercio anual (importaciones y exportaciones) de alrededor de 200.000 millones de euros con China. Frente a un volumen total anual diez veces mayor (2,43 billones de euros), los efectos serían masivos, pero no insostenibles. La recesión del coronavirus ofrece de todos modos un nuevo punto de partida sorprendentemente bajo. Es una oportunidad única para corregir un camino equivocado.

La discusión sobre si Trump o si Xi Jinping es el líder más mediático no es muy útil para tomar una decisión. El presidente estadounidense nos lo pone difícil, no hay duda de esto, pero la alianza transatlántica, nuestra comunidad histórica de intereses y valores, debería ser más importante a largo plazo que la desesperación generalizada respecto del actual gobierno estadounidense. Este está poco interesado en Europa, pero tenemos que pensar en la era pos-Trump. A pesar de todas sus debilidades, Estados Unidos sigue siendo la mayor y más exitosa potencia del mundo libre.

También son engañosas las indicaciones de que, después de todo, Estados Unidos está violando los derechos de protección de datos, violando los principios del Estado de derecho, haciendo caso omiso de los derechos humanos y cometiendo muchos otros errores terribles. Hay una diferencia: China no tiene protección de datos para sus ciudadanos, ni un Estado de derecho. China no tiene oposición en el Parlamento, no tiene libertad de prensa, no tiene libertad de expresión. China no conoce los derechos humanos como nosotros los entendemos.

La democracia muere en la oscuridad

Si ambas partes cometen errores, la verdad no se encuentra automáticamente en el medio. Depende del marco en el que se cometan estos errores, si se pueden llamar errores o si se los puede reconocer como tales. Para autocorregirse, los Estados necesitan una Constitución adecuada. La democracia muere en la oscuridad y la dictadura prospera en ella. En Estados Unidos, la gente se ríe de su presidente. Esto está prohibido en China. Y este estilo autoritario hoy ya se extiende hasta Alemania. Cuando el Dalai Lama —estigmatizado como enemigo del Estado en China— fue citado en un anuncio del grupo Daimler (cuyo mayor accionista es un chino), el director ejecutivo Dieter Zetsche tuvo que disculparse dos veces con el gobierno de Beijing.

¿Esta es la Europa del futuro?

La continuación de la política europea —y sobre todo de la alemana— respecto a China resultará en un desacoplamiento progresivo de Estados Unidos y una infiltración y sumisión gradual hacia China. La dependencia económica será solo el primer paso. Seguirá la influencia política. Aquellos que dominan la inteligencia artificial dominarán primero económicamente y luego políticamente en el futuro. Actualmente, la carrera es solo entre Estados Unidos y China. China tiene la gran ventaja de no tener un sistema de regulación democrático correctivo. Está permitido todo lo que sirva para fortalecer al Estado unificado chino. Eso lo hace más inescrupuloso y, sobre todo, más rápido. La probabilidad de que Pekín supere a Silicon Valley en algún momento no es pequeña. En ese sentido, la excelencia de la investigación europea puede convertirse en un factor decisivo. ¿De qué lado queremos emplearla?

Al final, todo es muy sencillo: ¿qué futuro queremos para Europa? ¿Una alianza con una democracia imperfecta o una con una dictadura perfecta? La decisión debería ser fácil para nosotros. Se trata de algo más que dinero. Se trata de nuestra libertad, del artículo 1 de la Constitución alemana, el término más hermoso que jamás haya aparecido en un texto legal: la dignidad humana.

 

Publicado originalmente en el periódico alemán Welt.
Traducción de Manfred Steffen.

Dr. Mathias Doepfner

Dr. Mathias Doepfner

Director general de Axel Springer SE, la principal editorial de prensa escrita alemana. Ha estado con Axel Springer SE desde 1998. Inicialmente como editor en jefe de Die Welt. El Dr. Mathias Döpfner se convirtió en miembro de la Junta Ejecutiva responsable de la División Multimedia en julio de 2000 y también se hizo cargo de la División de Periódicos en octubre de 2000. Ha sido CEO de Axel Springer SE desde enero de 2002.

Partneratlas, un aporte de la KAS para la globalización de Alemania

El Partneratlas brinda un panorama de los socios de Alemania y proporciona a los políticos y a su entorno una […]

Por: Redacción 20 Ago, 2020
Lectura: 5 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El Partneratlas brinda un panorama de los socios de Alemania y proporciona a los políticos y a su entorno una herramienta que les ayuda a orientarse rápidamente con diversos asuntos y áreas del mundo alineados a sus intereses.

La política mundial se encuentra en una fase turbulenta: la Unión Europea y la relación transatlántica están atravesando un periodo de incertidumbre. Algunos ya hablan de un nuevo orden mundial. Por esta razón, la política exterior de Alemania debe centrarse en el fortalecimiento de sus relaciones internacionales más allá de la UE y la OTAN.

Dicho esto, ¿qué rol cumple Alemania en el escenario internacional? ¿Qué puede aportar el país a la actual situación política mundial? La Fundación Konrad Adenauer presenta el Partneratlas, una obra de referencia que busca identificar socios estratégicos para Alemania con la finalidad de lograr un orden multilateral basado en reglas.

¿Cuáles son los asuntos en los que profundiza el Partneratlas? En primer lugar, el fortalecimiento del orden mundial liberal y la estabilidad europea. Además, la protección del clima y la regulación de las corrientes migratorias deben percibirse como desafíos contemporáneos.

El documento trata de identificar qué intereses se pueden desarrollar y cómo se pueden realizar con los socios internacionales de Alemania. Si bien algunas asociaciones ya están bien establecidas, otras aún deben ser fundadas, reestablecidas o extendidas, una tarea que puede ser determinante para la lucha por la libertad, la democracia y el Estado de derecho.

Por otro lado, esta obra brinda un panorama sobre los socios de Alemania y proporciona a los políticos y a su entorno una herramienta que les ayuda a orientarse rápidamente con diversos asuntos y áreas del mundo alineados a sus intereses.

¿Qué se puede destacar de este libro? Que no solo aporta una visión global de los asuntos actuales de la política exterior alemana, sino que también transciende las fronteras nacionales e institucionales, e identifica potenciales socios más allá de los miembros de la UE y la OTAN. Así el proyecto trata de acercarse lo más posible a la realidad política que también se ve obligada a seleccionar el socio indicado entre una variedad de candidatos.

¿En este contexto, cuáles son los países de Latinoamérica que el Partneratlas identifica como socios potenciales de Alemania? A nivel regional, Uruguay destaca por su estabilidad política y económica, y es una gran excepción en la región latinoamericana. A pesar de su modesto tamaño, el país tiene una larga tradición republicana democrática y cuenta con instituciones democráticas consolidadas y una oferta mediática amplia. Por ello tiene un carácter modélico en la comparación latinoamericana y se le considera como un socio importante para el fortalecimiento de un orden mundial basado en reglas. A este se les suman Brasil, como aliado para mantener la prosperidad a través del libre comercio, y México, como socio para promover la seguridad y estabilidad europea e internacional. Con respecto a la protección de recursos y el cuidado del medioambiente, Alemania comparte intereses con Perú. Y, por último, Colombia representa un potencial apoyo para la regulación global de las corrientes migratorias.

¿Qué motiva la publicación del Partneratlas en esta coyuntura? La política mundial enfrenta desafíos inéditos. Las instituciones y los organismos multilaterales son puestos en duda y, en consecuencia, el orden mundial liberal está bajo presión. Varios actores del sistema internacional están hablando de un nuevo orden mundial. Es muy importante que la política alemana centre sus esfuerzos en el fortalecimiento de sus relaciones internacionales, más allá de su red de contactos establecida.[1]

En este contexto, uno de los mayores desafíos que se presentan es la colaboración con países que no comparten los mismos intereses y valores que Alemania, como sucede en el contexto de la construcción de oleoductos con Rusia, el comercio exterior con China o en asuntos de seguridad con Arabia Saudita. La política exterior de Alemania no debe limitarse a los socios de siempre y debe superar las dificultades que surgen a la hora de negociar con asociados que parten de una base diferente a la de los valores liberales y democráticos.

[1] La política de Konrad Adenauer (1949-1963) le facilitó a Alemania el acceso a la Comunidad Europea y orientó su política hacia Occidente. El primer canciller alemán sentó una base imprescindible no solo para la recuperación económica y política de Alemania, sino también para el actual posicionamiento de su país en el plano internacional. Por ello, hoy en día Alemania es un pilar fundamental de la UE y de la OTAN. La libertad, seguridad y prosperidad son algunas de las características que Alemania debe en parte a su red de socios internacionales.

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Autores: Laura Lahner y Manfred Steffen

Redacción

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Plataforma para el diálogo democrático entre los influenciadores políticos sobre América Latina. Ventana de difusión de la Fundación Konrad Adenauer en América Latina.

Bolivia: Elecciones pandémicas, entre deseos y realidades

Los momentos más relevantes de la lucha política en el período 2019-2020, en el marco de tensiones constantes, profundas contradicciones […]

Por: Franklin Pareja 20 Ago, 2020
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Los momentos más relevantes de la lucha política en el período 2019-2020, en el marco de tensiones constantes, profundas contradicciones políticas irresueltas y procesos electorales convulsionados, son abordados en una nueva publicación de la oficina Bolivia de la KAS.

Las variables intrínsecas de las luchas sociales, activadas por la desigualdad, clasismo, racismo y exclusión social, son indudablemente factores de quiebre, vigentes y de incómodo tratamiento en los círculos académicos y políticos, que algunas veces parecieran soslayar su existencia.

La impronta ideológica interesada instaló una retórica limitada, en la perspectiva de reducir el debate de estos fenómenos a la dicotomía simplista entre izquierdas y derechas. No obstante, al día de hoy ya vivimos en ambos extremos del péndulo ideológico y seguimos con las mismas debilidades estructurales de base que afectan el desarrollo económico, político y social de Bolivia. Estas afloran nuevamente en periodos de elecciones, con las maquinarias políticas en apronte, bajo la misma matriz política e ideológica del siglo pasado, cada vez más desfasada y descontextualizada en tiempo y espacio.

En esta perspectiva, la publicación realiza un repaso cronológico desde la instauración de regímenes militares dictatoriales, para transitar gradualmente el curso y el agotamiento de los ciclos políticos y económicos que propiciaron las condiciones objetivas de insatisfacción popular y eventuales insurrecciones, como efecto del agotamiento de los modelos económicos y su impacto en las relaciones de carácter social y político.

En este contexto, resulta necesario entender en retrospectiva el desarrollo mismo de los factores determinantes que catalizaron el hartazgo social y la insatisfacción, hasta desembocar en el viraje radical que supuso el cambio de eje a nivel continental, con el surgimiento casi simultáneo de los gobiernos progresistas que dieron lugar al término socialismo del siglo XXI.

Bolivia, en su seno, no tuvo un tránsito ajeno ni disociado de los fenómenos emergentes, propios de las luchas sociales inherentes a la pobreza y la desigualdad. La fragilidad del sistema de partidos políticos, la cooptación de los poderes del Estado y la instrumentalización de las instituciones fueron aspectos normalizados indistintamente en los distintos periodos de la política nacional, y que dieron lugar a la incubación de ideas que avizoraban un cambio necesario. Por eso, desde la recuperación de la democracia, si bien es cierto que periodo a periodo se lograron avances significativos (a veces intencionalmente desconocidos), se mantuvieron huellas y heridas latentes que fueron campo fértil para la instauración de un cambio estructural.

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En el primer lustro del siglo XXI (2005), parecía que la coincidencia de las condiciones objetivas y subjetivas detonaría en la instauración de lo que hoy se conoce como el proceso de cambio, que vino de la mano de los movimientos sociales, el Pacto de Unidad y el liderazgo de Evo Morales.

Han pasado poco más de 14 años desde el advenimiento del proceso de cambio, contamos con una nueva Constitución, celebramos tres elecciones con el mismo candidato, Evo Morales, y finalmente asistimos a una cuarta elección fallida, celebrada el 20 de octubre de 2019. En la actualidad, nuevamente estamos sumidos en una profunda crisis política y social, agravada por la crisis sanitaria del COVID-19. La pandemia mantiene a la población confinada desde el día 26 de marzo. Ha empeorado más aún la precaria economía nacional, cuya contracción en todos los sectores y rubros ha incrementado el temor por la inseguridad de un futuro incierto.

El panorama es preocupante. Terminó la pausa electoral y, como tradicionalmente ha ocurrido en nuestro país, pese a las difíciles circunstancias, la lucha por el poder deja trascender nuevamente que los intereses prevalecen casi intactos entre quienes quieren restaurar su hegemonía y los que quieren arrebatarla.

En este ambiente crispado, salen a relucir en su peor versión las debilidades estructurales crónicas de nuestro país:

  • órganos del Estado en constante disputa y carentes de independencia;
  • sistema de salud al borde del colapso;
  • deficiente coordinación multinivel e interinstitucional;
  • economía en recesión y al límite;
  • fuerzas del orden a punto de ser rebasadas;
  • intentos deliberados de desestabilización del proceso de transición;
  • violencia focalizada;
  • un gobierno confundido y sobrepasado.

Así vamos al 18 de octubre, fecha definida pero no asegurada para celebrar las elecciones que quedaron en suspenso. Por lo pronto, prevalecen los deseos y ambiciones políticas, con una población que mira con escepticismo la lucha por el poder, en medio de preocupaciones lejanas a este.

¿Qué sucederá? Pues bien, evocando las palabras del filósofo Friedrich Nietzsche: «Más allá del bien y del mal está la realidad». Será la realidad la que finalmente prime a la hora de la verdad.

La publicación completa editada por la oficina Bolivia de la KAS se encuentra disponible aquí.

Franklin Pareja

Franklin Pareja

Politólogo. Máster en Administración de Empresas (Universidad Diego Portales, Chile, y UNSLP, Bolivia). Experto en gestión pública y planificación para el desarrollo. Analista político en temas nacionales e internacionales. Docente titular de cátedra en la Universidad Mayor de San Andrés en las carreras de Derecho y Ciencia Política y Gestión Pública. Ha desempeñado funciones jerárquicas en el gobierno boliviano y trabajó en varias organizaciones internacionales. Fue presidente del Colegio de Politólogos de La Paz, Colaborador de la Fundación Konrad Adenauer en Bolivia

¿La crisis climática es noticia?

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Por: Redacción 19 Ago, 2020
Lectura: 2 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

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La cobertura de los medios de comunicación sobre la crisis climática parece ser insuficiente. Por eso se creó el Radar Climático, una herramienta para conocer el rol de la prensa respecto de los retos del cambio climático.

La crisis climática necesita de acciones urgentes. En especial, de cambios en nuestro comportamiento y en nuestro modo de vida. Los desafíos que nos plantea el cambio climático también implican un involucramiento mayor por parte de los medios de comunicación. Su tarea de concientización es fundamental.

Sin embargo, parece que su cobertura del tema no es suficiente. Para medir ese accionar de los medios se creó el Radar Climático. Una herramienta creada por la plataforma periodística ConexiónCop y el programa Regional de Seguridad Energética y Cambio Climático en América Latina de la Fundación Konrad Adenauer (EKLA). Esta cuestión es la que hoy ponemos Bajo la Lupa.

Invitada:

Maite Cigarán, directora de ConexiónCop.

Bajo la Lupa es un podcast de Diálogo político. Un proyecto de la Fundación Konrad Adenauer.

Conducción y realización: Franco Delle Donne.

Redacción

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Plataforma para el diálogo democrático entre los influenciadores políticos sobre América Latina. Ventana de difusión de la Fundación Konrad Adenauer en América Latina.

Pospandemia en Colombia: profundización democrática o populismo

La nueva realidad obliga a que el país no aplace más un debate de primer orden y a partir del […]

Por: Oscar Ayala 19 Ago, 2020
Lectura: 5 min.
En la pandemia, en muchas ciudades de Colombia se hizo usual que en barrios pobres se ondeara una bandera roja para señalar la necesidad de comida. Foto: Darlin Bejarano
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La nueva realidad obliga a que el país no aplace más un debate de primer orden y a partir del cual se desprenderá su futuro político: cómo generar igualdad en una de las naciones más desiguales del mundo.

En medio de una curva de contagio que no para de crecer, hay una realidad de a puño en Colombia: la fragilidad del sistema de salud solo es una parte de un todo que se vio desnudado con la pandemia y que llevó en julio a un desempleo cercano al 20 %, uno de los más altos de Latinoamérica. Existen altas probabilidades de que el país retroceda unas dos décadas en la lucha contra la pobreza y hay riesgo de cierre para unas 140.000 empresas formales, según la Cepal.

Era sabido que el mundo transitaba un mal camino. En 2006, Joseph Stiglitz lo decía claramente, refiriéndose a la globalización descarnada: «Los ganadores han estado ganando más. Hemos debilitado la red de seguridad […] y, en lugar de transferir dinero de los ganadores a los perdedores, hemos estado transfiriendo el dinero de los perdedores a los ganadores”.

Lo decía él y lo reafirman las estadísticas: aun cuando la riqueza creció, la desigualdad prácticamente en todo el mundo registró un incremento sostenido a partir de 1980: el 1 % de la población más rica percibió el doble que el 50 % más pobre (WID.world, 2018). En este escenario, Colombia se ha destacado por ser uno de los países más desiguales, de acuerdo con el índice de Gini.

De la misma manera, la riqueza pública decreció en detrimento de la privada, lo que ocasionó la incapacidad estatal para solventar las necesidades en educación, saneamiento básico, salud o asistencia social que, si bien se acentuaron con la pandemia, ya eran un hecho. La consecuencia política más visible de ello han sido los intentos de generar acciones colectivas como las recurrentes marchas sucedidas, sobre todo, en 2019.

Refiriéndose al panorama mundial con algo de crudeza y mucho realismo, Rebecca Solnit afirmaba en abril pasado: «La vida antes de la pandemia ya era una catástrofe de desesperación y exclusión para demasiados seres humanos […] una obscenidad de desigualdad».

Francis Fukuyama advertía hace unos años sobre una terrible consecuencia: sin una clase media fuerte, la democracia no se sostiene: Cuando la riqueza tiende a converger, se logra que los ciudadanos se eduquen, tengan acceso a la tecnología y a propiedades; cuando pasa lo contrario, la sociedad se deteriora, se buscan culpables y se abren las puertas (muchas veces sin retorno) a los extremos populistas.

Y, en este sentido, el momento en Colombia ya es complejo. Según el índice de percepción de la democracia 2020, el 53 % de los colombianos creen que en el país no hay democracia, y el 43 % piensan que el Gobierno solo le sirve a una minoría, lo que es una dulce tentación para los demagogos, outsiders o extremistas que ven más cerca que nunca una posibilidad real de llegar al poder.

Ahondar en el debate como única salida

Como sucedió a inicios de los noventa, Colombia hoy está llegando a un punto de quiebre. El clamor entonces era por apertura democrática en términos de participación política, de no más los mismos con las mismas; hoy también lo es por democracia, pero esta vez entendida en términos de participación de la riqueza, de equidad. En aquella época, el país demostró madurez y escribió una Constitución. Hoy, el país debe demostrar esa madurez (alejando la aventura de una constituyente como algunos proponen) y dar un debate serio, detallado e inclusivo.

En este sentido, el papel del Estado en la pospandemia es el quid de la discusión política. Sostenibilidad ambiental, soberanía alimentaria, empleo, creación de circuitos económicos regionales, transición a una descentralización cuidadosa y asimétrica, que nivele las cargas, y la protección de la industria nacional sin aislar al país del mundo deben ser, entre otros, los temas que apunten a un objetivo: generar igualdad.

Profundizar en esta discusión le permitirá a Colombia lidiar con el descontento que hace ebullición en medio de la pandemia y que explotará con fuerza inusitada en algunos meses. Solo si los líderes políticos (de derechas e izquierdas) se la toman en serio se podrá sostener la ya golpeada democracia. De no ser así, es cuestión de tiempo que el país caiga en aguas poco conocidas y que conducirán a escenarios aún más complejos que los que hoy atraviesa.

 

Referencias

Dalia. (2020). Democracy Perception Index 2020.

Fukuyama, F. (2012). The future of history: can liberal democracy survive the decline of the middle class? Foreign Affairs, 53-61.

WID.world. (2018). Informe sobre la desigualdad mundial 2018.

Stiglitz, J. (2008). Making Globalization Work, The Economic and Social Review, 39(3): 171-190.

Solnit, R. (2020). ‘The impossible has already happened’: what coronavirus can teach us about hope. The Guardian.

Oscar Ayala

Oscar Ayala

Periodista. Cronista. Maestrando en Análisis Político. Asesor en comunicación estratégica y política.

Hiperconexión en pandemia

Durante el primer semestre del 2020 hemos vivido más tiempo en las pantallas que en cualquier otro espacio. La pandemia […]

Por: Liset Luque 18 Ago, 2020
Lectura: 7 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Durante el primer semestre del 2020 hemos vivido más tiempo en las pantallas que en cualquier otro espacio. La pandemia COVID-19 y el aislamiento o cuarentena como medida de prevención para evitar la propagación del virus, nos obligaron a estar más tiempo a través de la red.  

Sin embargo, no es nuevo el exceso de conexión. Ya veníamos hiperconectados, social y digitalmente activos, y estos últimos meses se profundizó más. Un estudio de 2019 de la agencia Summer[1] indicó la media de conectividad al año, era alrededor de 33 días (800 horas) conectados a las pantallas ¿imaginan cómo se incrementó esta cifra el primer semestre del 2020?

Transitando la hiperconectividad

La conexión hoy es parte de los nuevos hábitos sociales: el teletrabajo, la educación virtual, la salud virtual (preventiva). Como garantía de los derechos sociales y humanos, cientos de países tuvieron que adaptarse, a esto se le suma la necesaria transformación digital de actores de la economía pero también movimientos culturales y sociales que tuvieron que apostar a la aceleración de procesos digitales, sin duda una oportunidad que muchos supieron capitalizar. Esto impulsó también el crecimiento de plataformas como herramientas virtuales necesarias que empezaron a formar parte de nuestras vidas de distintas maneras:

  • Conectividad: La aplicación Zoom se convirtió en una de las plataformas más usadas internacionalmente, paso de unos 10 millones de participantes en reuniones diarias en 2019 a 300 millones en mayo de este año. Escuelas, empresas e instituciones públicas y privadas de todo el mundo se conectan a través de Zoom con la posibilidad de transmitir vía streaming, inspirando la renovación de otras plataformas como Google Meet, o sala de reuniones a través de Facebook.
  • Mecanismos financieros y comercio electrónico: Las personas y las empresas aceleraron su  transformación en lo digital,  con alternativas que impulsan más transacciones simples y digitales, usuarios y  monederos virtuales cobraron auge este semestre. Como una premisa de sostenibilidad, el Internet, se convirtió en un canal para que millones de pymes subsistieran frente al cierre de comercios. Una lucha de hace años se está alcanzando en pocos días.  En tan solo 6 meses, las acciones de la empresa argentina Mercadolibre crecieron un 49%, pasando de valer US$572 en 2019 en Wall Street a los US$856 que vale hoy.
  • Nuevas formas consumo cultural: Las organizaciones, empresas y personas de la cultura también se reinventaron para poder seguir ofreciendo su contenido. Hoy existen múltiples alternativas para que las personas puedan, desde sus casas, ver obras de teatro o películas, leer libros nuevos o disfrutar de un concierto.

Brecha digital

Hablar de conectividad también es visualizar la brecha que durante este tiempo también se ha visto profundizada en comunidades rurales y en zonas más vulnerables. Estar incluidos digitalmente implica que tres pilares estén presentes: conectividad, dispositivos y formación. Esto ha desafiado a los gobiernos, obligándolos a pensar en desarrollo de nuevas y mejores políticas para alcanzar la verdadera inclusión digital.

Uno de los mayores desafíos se dio en el  marco educativo, donde las peores consecuencias post COVID-19 no serán precisamente  por el exceso de pantallas. Si antes la brecha digital hacía diferencias por el acceso a los dispositivos, ahora además de estar conectados a internet se le suma las plataformas y los conocimientos para utilizarlas o  los aprendizajes que se generan con ellas.

La CAF, en su estudio “Las oportunidades de la digitalización en América Latina frente al COVID-19” [2] señaló que el Ecosistema Digital de la región América Latina y el Caribe está posicionado en un nivel intermedio respecto a otras regiones del mundo. Con un índice de 49.925 (en una escala de 0 a 100).

Latinoamérica experimenta serios problemas de banda ancha y poca velocidad de conexión lo que impide el uso simultáneo de aplicaciones. Países de la región experimentan tres tipos de uso[3]. Uso básico: correo electrónico, videos y radio; Uso moderado: funciones básicas simultáneas más una actividad en línea de alta demanda como video de alta definición o videoconferencia; Uso intensivo: realizar simultáneamente funciones básicas y dos o más actividades de alta demanda. Usuarios de la región deben elegir entre teletrabajo, teleeducación o entretenimiento. De acuerdo a estadísticas de monitoreo de CEPAL Venezuela y Nicaragua experimentaron durante el primer trimestre del año la velocidad de navegación más baja, permitiendo un uso básico de la conexión, a diferencia de Uruguay y Brasil que superan el uso medio con más de (20 Mbps) y  panamá y chile con una conexión optima de más de (27 Mbps).

¿Nos está afectando la hiperconectividad?

Distintos especialistas han advertido sobre los riesgos de no limitar la conexión, el psicólogo laboral Gerardo Pruyas [4] explicó el impacto de la pandemia de coronavirus en la psiquis, sobre todo de quienes tuvieron que adaptarse a no poder separar el entorno laboral del hogar, explicó “esto lleva a una híper conectividad porque no se puede controlar la cantidad de horas que estamos frente a una pantalla, trabajar fuera de horario y si no lo sabemos manejar va a interferir en nuestra salud mental”.

Riesgo latente se ha aumentado el sentimiento de soledad, ya que el vínculo que se crea a través de una pantalla es débil y empuja a los usuarios al aislamiento.

¿Estamos perdiendo el contacto cara a cara?

Se instaló una cultura de interrupción en nuestros días, debilitando la capacidad de relacionarnos cara a cara. Nos falta el componente sensorial, el tiempo que pasamos pegados a una pantalla le resta espacio a la comunicación interpersonal y a los contactos directos incluso a los de nuestro propio hogar.

Estamos poniendo en riesgo los 5 sentidos, hoy resulta difícil mantener una conversación cara a cara sin revisar e dispositivo, el email o los comentarios de una de las redes sociales. Esta cuarentena capaz nos esté obligando a mirar hacia atrás y extrañar los momentos que estuvimos juntos pero no presentes.

¿Cómo puedo organizar una desintoxicación digital?

  • Planifica los horarios, aunque resulte complejo es indispensable administrar nuestra propia agenda y en ella incluir la desconexión digital. (Google Calendar, Trello).
  • Práctica la automatización, si trabajas con redes, eventos u otro hay multiples plataformas que te permiten automatizar y programar. (SocialGest).
  • Date un descanso, asigna momentos para estar desconectado, esto podría incluso disminuir algunas molestias físicas como el cansancio de la vista, dolor de cuello y cervicales.

Más de 4,5 miles de millones de personas usan Internet, y al menos 3,8 miles de millones usan  redes sociales[5] , la conexión digital se transformó en una herramienta indispensable para sostener el sistema, la red anticipó los brotes del COVID-19 y permitió establecer tanto políticas de emergencia como nuevos mecanismos de teletrabajo, educación, entretenimiento e impulso comercial.

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Sin embargo muchos especialistas coinciden en que este contexto excepcional también debemos reflexionar sobre las consecuencias del uso excesivo de la tecnología. No hay que perder de vista que la híperconexión puede ocasionar diversos problemas psicológicos (adicción, ansiedad) y físicos (cansancio de ojos, problemas posturales).

Para los gobiernos y en especial para la región, resulta un desafío la reducción de la brecha digital, la implementación de programas de acompañamiento y formación para un uso adecuado, seguro y responsable de las herramientas digitales y sin duda avances en materia jurídica que acompañen la demanda real de la teleeducación, teletrabajo pero también a los ciberdelito.

1] https://www.reasonwhy.es/actualidad/summer-hits-estudio-hiperconectividad-soledad

[2] https://scioteca.caf.com/handle/123456789/1541

[3] Cepal: Informe de alto nivel Tecnologías digitales en tiempos de COVID-19

[4] Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=5C4wBDzlXXs 

[5] https://wearesocial.com/digital-2020

Liset Luque

Liset Luque

Licenciada en Marketing con estudios avanzados en Marketing Digital y Comunicación Política. Asesora de Comunicación Parlamentaria y Marketing Político. Venezolana, Residiendo en Argentina. Miembro de la Red Latinoamericana SomosLAKAS y de la Red Humanista por Latinoamérica.

¿Qué hacer con la seguridad en Latinoamérica?

No ha pasado ni siquiera un año de la sucesión de protestas en Latinoamérica. Sin embargo, la sensación es de […]

Por: Franco Delle Donne 17 Ago, 2020
Lectura: 11 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

No ha pasado ni siquiera un año de la sucesión de protestas en Latinoamérica. Sin embargo, la sensación es de un recuerdo lejano. Como a tantos otros temas, la pandemia lo ha eliminado de la agenda. Sin embargo, se trata de un desplazamiento temporal ya que las causas y los debates asociados a aquellas protestas no han desaparecido. Al contrario, algunos hasta se han visto aumentados a raíz del COVID-19.

El COVID-19 y los problemas preexistentes

Las protestas de fines de 2019 y principios de 2020 habían generado fuertes debates en América Latina. No sólo para discutir sobre las causas de la crisis, o las crisis, su posible trasfondo político, la desigualdad social subyacente o la expresión de sectores descontentos. También se había puesto el foco en cuestiones como el rol de las fuerzas de seguridad, el uso de las redes sociales en protestas, el control de los gobiernos y la situación del Estado de Derecho. En resumen, desafíos importantes para la región que esas protestan habían puesto sobre la mesa.

Es posible que la llegada del COVID-19 haya quitado a muchos de estos temas de la agenda de los medios. No obstante, esto ha cambiado. Tras más de 100 días viviendo esta situación atípica de distanciamiento social, cuarentena y lockdown económico, parcial o total, resulta evidente que la pandemia no sólo da cuenta de una crisis sanitaria de proporciones globales. También refleja problemas de más larga data. Y no sólo los subraya, sino que los profundiza. Ejemplo de ello es la cuestión de la desigualdad. Aquella persona que vive de la economía informal y que no puede salir a trabajar ve un empeoramiento constante, y para algunos desesperante, de su situación. La diferencia con alguien que posee un trabajo registrado, que sigue cobrando y que puede hacer homeoffice es enorme.

Debates prepandemia: el rol de las fuerzas del Estado

Una de esas problemáticas que habían generado un fuerte debate tras las protestas sociales prepandemia era el rol de las fuerzas armadas y las fuerzas de seguridad. Su accionar generó mucha polémica y hubo denuncias por exceso del uso de la fuerza y hasta violaciones de los derechos humanos. Con esa cuestión sin resolver, la llegada del COVID-19 obligó a los gobiernos a hacer uso de todos los recursos disponibles, incluyendo esas fuerzas de seguridad y armadas. La situación de excepcionalidad así lo demandaba, y lo explica Jaime Báez, Profesor del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile explica esa situación “se recurre a las fuerzas armadas de manera excepcional dado que la contingencia impide que sólo las fuerzas de seguridad puedan proveer el orden en términos de lo que son los confinamientos, las protecciones de medios de distanciamiento social, etc.”

Jaime Baeza, autor de uno de los artículos de la última edición de la revista impresa de Diálogo Político junto a María Cristina Escudero, también profesora del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile, señala un peligro importante a la hora de otorgar roles o competencias a las fuerzas armadas que corresponden a las fuerzas de seguridad o viceversa: “En las democracias desarrolladas tienen separadas el nivel interno del nivel externo. Las fuerzas armadas tienen un rol que cumplir en la sociedad y las fuerzas de seguridad tienen otro rol que cumplir.” Según Baeza y Escudero el propio entrenamiento de cada una de esas fuerzas está pensado para actividades diferentes. Y de ahí deriva el problema de poner a los militares a controlar el orden público. Esa no es su función.

El peligro de librar una “guerra” contra la delincuencia

La militarización del accionar de las fuerzas de seguridad convierte a la lucha contra la delincuencia en una guerra. Así, los delincuentes se transforman en combatientes y se inicia una escalada del conflicto. Algo que desemboca en un empeoramiento de la situación. Baeza explica que aquellos países que, por ejemplo, “han militarizado la lucha contra el narcotráfico” no se ha logrado detenerlo, al contrario, se ha aumentado. En efecto, el académico señala que la utilización de las fuerzas armadas en esta tarea denota un problema anterior: “la policía no funciona”. Y con ello, el Estado está fallando por no brindar las condiciona o los medios para que las fuerzas de seguridad puedan cumplir con su rol.

La situación de la policía es un tema que también se analiza en la revista de Diálogo Político. En su artículo, el Profesor de la Universidad del Rosario, en Colombia, Juan Carlos Ruiz-Vasquez señala que cuestiones como la confianza en el organismo, los bajos salarios y limitaciones en el equipamiento y el nivel de mortalidad son algunas de las tareas sin resolver en nuestra región.

Otro aporte importante en el mencionado número de Diálogo Político es el de José Emilio Graglia, presidente del Instituto de Ciencias, Estado y Sociedad de Argentina, y la directora de dicho organismo, Carla Tassile sobre políticas públicas. Allí explican que la falta de desarrollo de políticas públicas eficientes en materia de seguridad puede ser la causa de aquel tipo de respuesta. En su texto los autores ponen en relación esa deficiencia con algo que hablábamos al inicio de este episodio: las protestas de fines de 2019 y principios de 2020.

Otros retos de la seguridad en la región

Los desafíos en materia de seguridad no se circunscriben exclusivamente a la lucha contra el narcotráfico. Existen otros delitos que van más allá del comercio de sustancias prohibidas. En su artículo, Pedro Piedrahita, profesor de la Universidad de Medellín y experto en temas de Seguridad, sostiene que el crimen organizado genera miles de millones de dólares anualmente en otras actividades. El tráfico de seres humanos, la falsificación de productos, el tráfico de órganos, de armas, de especies salvajes, de arte y también de recursos como diamantes, petróleo, madera, son solo algunas de ellas. Este panorama obliga a los Estados multiplicar su capacidad de respuesta.

Diego Sanjurjo, doctor en ciencia política y columnista del diario El Observador de Montevideo, explora la cuestión de la violencia armada y la proliferación de armas en América Latina. Su texto, publicado en la mencionada edición impresa de la revista de Diálogo Político, señala las tasas de muertes violentas. En países como El Salvador, Venezuela u Honduras las muertes violentas cada 100.000 habitantes superan las 60, llegando a 100 en el caso de El Salvador. De ellas, más de dos tercios se produce por armas. Armas que en casos como el de México, por ejemplo, llega desde la frontera norte, del mercado estadounidense. Esto favorece a grupos criminales y alimenta la guerrilla urbana que se da entre ellos y con las fuerzas del orden.

Control de protestas

Las protestas callejeras son eventos que hoy en día también se relacionan con la cuestión de la Seguridad. No sólo por las implicancias que pueda tener para la labor de fuerzas de seguridad, por las tensiones que puedan surgir o por el impacto en la estabilidad de un sistema. En el caso de regímenes autoritarios, el control sobre estas manifestaciones se vuelve una cuestión de Estado.

Con el surgimiento y expansión del uso de las redes sociales, el manejo de estas situaciones se volvió mucho más complejo. Iria Puyosa, investigadora y consultora en comunicación política, estrategias digitales y políticas públicas para internet señala los tipos de censura y controles que implementan los gobiernos de corte autoritario y lo diferencia de los regímenes híbridos. En un inicio cuando se hablaba de “censura en internet se refería principalmente a medios técnicos o bloqueos. China era el paradigma de la censura en Internet.” La experta explica que el problema de esa censura es el costo de implementarla. No por cuestiones monetarias o de infraestructura, sino el costo de reputación para el gobierno que la ejecutase. Su imagen hacia la comunidad internacional quedaba dañada.

“Lo que llamamos regímenes híbridos, que efectivamente tienen rasgos autoritarios pero conservan algunas formas democráticas, también se aplican restricciones, sutiles, en algunos casos de naturaleza administrativa”, explica Puyosa que escribió sobre el tema en la revista de Diálogo Político. También señala la velocidad con la que los gobiernos de signo autoritario se adaptaron al uso de redes sociales, desarrollando incluyo un aparato de comunicación sumamente aceitado.

Los mecanismos de control se ha vuelto cada vez más sofisticados. Países como China, por ejemplo, han desarrollado herramientas como la de reconocimiento facial. Su manejo del big data se lo permite. Con ello son capaces de identificar a los díscolos, detectar violaciones a las normas y mostrar las caras de esos transgresores en pantallas gigantes en la vía pública. Esta forma de exposición y fomento del control social mutuo del país asiático es explicado por Carmen Beatriz Fernández, consultora política y CEO de DataStrategia, en su artículo de la revista de Diálogo Político.

Esas formas de exposición pública también suceden en el plano virtual. Iria Puyosa, explica que ciertos gobiernos utilizan a los trolls en las redes sociales para amedrentar activistas sociales y políticos. “No es que el gobierno impide a la gente expresar sus ideas, sino que otros usuarios en su acción, a veces muy hostil, los obligan a replegarse”, sostiene Puyosa. El objetivo es la autocensura a partir del miedo.

Esta suerte de batalla que se da en el plano de las redes sociales entre activistas y gobiernos autoritarios es solo uno de los aspectos que despierta la digitalización en la actualidad. En un episodio reciente del podcast Bajo la Lupa se analizó la cuestión de la desinformación y sus efectos. Y en esta última edición de la revista de Diálogo Político el profesor de la Escuela de Derecho de la Fundación Getulio Vargas de Brasil, Eduardo Magrani también realiza un aporte al respecto. No solamente sobre la desinformación y uso de redes sociales en ese sentido, sino también en relación a la cuestión de la protección de los datos personales.

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La situación de la seguridad en América latina tiene muchas facetas, quizás demasiadas. De hecho el dossier de Diálogo Político sobre el tema avanza sobre otras cuestiones como el realizado por el rector de la Universidad Diego Portales de Chile, Carlos Peña, que explica la situación de la crisis social en Chile. También los textos sobre las cuestiones ambientales que plantean tanto Paola Bautista de Alemán, miembro de la Junta de Dirección Nacional del partido Primero Justicia en Venezuela, como Mariana González, candidata a doctora por el Instituto de Futuros Sostenibles de la Universidad Tecnológica de Sydney. En incluso sobre la seguridad en el discurso de la ultraderecha de Franco Delle Donne, doctor en Comunicación por la Freie Universität Berlin.

El desafío de la seguridad en nuestra región está relacionado con su desarrollo. Sin paz social es muy difícil imaginarlo. El contexto prepandemia planteaba un escenario con grandes dificultades. Las causas de las protestas no han desaparecido y posiblemente se profundicen a causa del COVID-19. Tal vez los Estados latinoamericanos puedan transformar esta crisis en una oportunidad. Lo sabremos en algún tiempo.

Franco Delle Donne

Franco Delle Donne

Doctor en Comunicación Política por la Freie Universität Berlin. Especialista en política alemana. Creador de «eleccionesenalemania.com», único blog de análisis político en español sobre Alemania. Conductor del pódcast «Bajo la Lupa».

Homero Aridjis: reflexiones sobre el mundo hispanoamericano

¿Es América Latina parte de Occidente? ¿Existe la identidad latinoamericana o sería mejor hablar de una multitud de identidades latinoamericanas?

Por: Alexander Görlach 13 Ago, 2020
Lectura: 22 min.
Homero Aridjis
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

¿Es América Latina parte de Occidente? ¿Existe la identidad latinoamericana o sería mejor hablar de una multitud de identidades latinoamericanas? ¿Cómo influyen los vínculos culturales e históricos entre Europa y América Latina en las relaciones entre ambas regiones? Entrevista con Homero Aridjis para reflexionar.

Homero Aridjis, estoy encantado y es un placer para mí hablar con usted por teléfono, y hablar con usted sobre si Latinoamérica es o no parte de Occidente, de lo que es la identidad occidental, y de lo que es, por otra parte, la identidad latinoamericana. Quisiera zambullirme de una vez en esta entrevista. Hay una cantidad de narrativas de lo que es el Occidente. En sus propias palabras, ¿cuáles son sus ideas sobre el concepto de Occidente?

Aridjis: Para mí, es muy claro. No lo es a veces para la gente en Europa, por su ignorancia sobre América Latina. Para nosotros es muy claro porque hablamos una lengua occidental, seguimos la cultura grecolatina, que es la misma que en los Estados Unidos, pero no en inglés, sino en español. Están, por ejemplo, estas preguntas sobre cuál es el concepto de Occidente, que son muy importantes, porque, por ejemplo, cuando usted siente en México que está viviendo en Occidente a causa de la lengua, religión, cultura y las relaciones humanas, a veces encuentra que México es muy diferente, que es un país muy indígena. Pero hay mestizaje. Es muy importante la definición de mestizaje. Una persona mestiza es parte de dos mundos, el mundo europeo y el mundo americano. Había, como decía antes, por ejemplo, el enigma del sino, del destino, porque han sido siglos de relaciones, de mestizaje. Por ejemplo, cuando los españoles vinieron a México les trajeron a los indígenas la religión en latín. Hacían incluso imágenes religiosas como en España, como en la Europa de esa época —España era el país más poderoso de Europa en ese tiempo—. Después de la conquista, la conquista de Hernán Cortés, vino lo que se llamó la conquista espiritual de México. Fueron los frailes quienes vinieron a México a convertir a los indígenas al cristianismo. Por ejemplo, hubo un Pedro de Gante que bautizaba a unos 5000 indígenas por día. Entonces, desde ese momento, la relación se tornó muy importante, porque muchos de los nombres que los indígenas preferían para su bautizo eran cristianos, y especialmente les gustaba la Virgen María.

Homero Aridjis

Cristianidad y Occidente

Pero en nuestros tiempos, ahora, si usted mira hacia los países europeos o hacia España, la religiosidad, la religión como un puerto de identidad y como un modelo de identidad —como usted dice, «somos cristianos y eso es lo que define al Occidente»—, eso está, supongo, en decadencia. Mientras que en Latinoamérica, México y muchos otros países, la religiosidad, la fe cristiana, la forma como se profesa, cuenta con mucha gente en la sociedad. Eso parece más bien un elemento de desconexión, en vez de un elemento de conexión en nuestras identidades.

-Hay cosas de Latinoamérica que los europeos han olvidado. Por ejemplo, muchos conceptos de historia o cultura, etc. Lo han olvidado, porque quienes están perdiendo su identidad son los europeos. Por ejemplo, ahora se puede decir que la islamización de Europa es más fuerte que en Latinoamérica. América Latina conserva las mismas raíces, las mismas tradiciones. Pero quien está perdiendo su identidad es Europa; se está volviendo más y más como a la Edad Media, como cuando el mundo musulmán dominó a Europa en el año 1000, hasta la independencia de España de los conquistadores musulmanes. Los musulmanes entraron a España en el año 711 y fueron derrocados en 1492; fueron más de siete siglos. Pero el mundo musulmán llegó a México a través de los españoles. Los españoles trajeron cosas a México, a Latinoamérica, como la arquitectura, conceptos sobre el mundo, filosofía, religión, arte, literatura, muchas cosas. Por ejemplo, lo que Samuel Huntington dice en el libro El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial. Huntington era muy ignorante sobre Latinoamérica.

[Lee Diversamente occidentales. Entrevistas sobre identidad y política en América Latina]

Definitivamente, sí. A ustedes no los mencionan como una cultura conocida; no se los menciona como parte de Occidente.

-Exactamente. Él ignoraba a Latinoamérica como parte de Occidente. Eso es una total estupidez, porque también el mundo español viene a los Estados Unidos a través de México, con las llamadas misiones religiosas a California y todo eso. Hubo una colonización de los Estados Unidos desde México, a través de los españoles. Cuando los Estados Unidos todavía no existían, México ya estaba allí. Tenía a los aztecas, a los mayas, a los olmecas; a todas esas civilizaciones.

Islam

Usted mencionó unas cuantas cosas. Vamos punto por punto. Mencionó la expansión del islam, que es totalmente, como usted dice, el detonante de la política europea en estos tiempos, sea en Polonia, en España o en Alemania. Todo es cuestión de inmigración.

-Y en la vida cotidiana también.

Sí. Esto parece estar en sus pensamientos, como los de alguien que vive en Latinoamérica pero que también siente de un modo muy europeo, en el sentido de que ustedes también son herederos de la historia europea. ¿Es eso lo que usted dice, que usted también siente con esto el encuentro entre los mundos musulmán y europeo?

-Sí, exactamente, en Europa. Vinieron a América Latina a través de los españoles. España era el imperio en ese entonces. Era muy importante, no solo para la conquista de Latinoamérica o de las Indias nuevas, sino que era muy importante por traer a Europa a América Latina. Y los Estados Unidos no existían en ese tiempo. Fue luego de varias colonias: ya estaban los franceses, estaban los holandeses —Nueva York era Nueva Ámsterdam—, estaban los ingleses y los españoles. Entonces, los Estados Unidos eran un país completamente nuevo. Por ejemplo, ahora, en este momento, Trump y los americanos no quieren reconocer a México ni como vecino. Quieren construir un muro que separe a los Estados Unidos de América Latina. Ese es un muro cultural, peor que el muro alemán.

Homero Aridjis. Fuente: Flickr.

Eso es interesante porque también, como en los conceptos occidentales, América del Norte —por ende, los Estados Unidos y Canadá— es parte de Occidente. Entonces ahora decimos que también México, y con México el mundo hispanoamericano, forma parte de Occidente. Pero parece haber, como usted acaba de mencionar, un nuevo muro, un conflicto cultural entre los Estados Unidos y México, o México como el símbolo de toda América Latina. Se ha afirmado durante años que la identidad blanca anglosajona se siente absorbida por la inmigración católica hispánica. ¿Qué dice usted sobre eso? México es parte de Occidente y los Estados Unidos son parte de Occidente pero, aun así, ¿qué piensa usted de este conflicto?

-Mi padre es griego y mi madre mexicana con raíces españolas. Mi concepto del Occidente es la cultura grecolatina, no la anglosajona. A veces, los anglosajones sienten que son los dueños de la cultura occidental. Pero ustedes tuvieron, por ejemplo, un emperador que vivió en el siglo dieciséis, Carlos V, que era alemán y español. Eso era el Occidente, en ese tiempo.

Absolutamente.

-A través de Carlos V, llamado Carlos Quinto, y también de Felipe II, que fue el hombre más cultivado del período, porque todos ellos tenían a pintores como Hieronymus Bosch o Tiziano —toda la gran pintura de la época estaba en España. Y, también, España tenía su extensión en el Nuevo Mundo. Por ejemplo, en México, antes de que Estados Unidos existiera como país, teníamos ya la primera universidad en las Américas, en el Nuevo Mundo. Ya teníamos catedrales, iglesias, monasterios, pintura, el llamado neobarroco. Teníamos un país occidental en México antes de que existieran los Estados Unidos.

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Es interesante lo que usted dice.

-Por ejemplo, en el siglo XVII tuvimos la primera biblioteca en las Américas. El obispo Palafox fundó la primera biblioteca pública en las Américas. Fue en Puebla. Entonces, para llamarla una civilización o cultura occidental, ¿qué se necesita? Se necesitan los símbolos, o la representación de la civilización occidental, la cultura. Por ejemplo, los primeros pintores en el Nuevo Mundo estaban en México. Juan Pablos estaba haciendo libros a comienzos del siglo XVI, y vino de la conexión con Alemania, España (Sevilla) y México, ¿ve usted? Para mí, esos son los símbolos de la civilización occidental.

Pero eso es interesante porque usted encontraría a mucha gente en Europa que argumentaría que los Estados Unidos no son parte de Occidente porque son superficiales, no son históricos, no tienen los rasgos de la Europa Occidental; son también capitalistas y no realmente cristianos. Inglaterra es algo en el medio. Pero con el nuevo brexit sucediendo, usted se da cuenta de que Inglaterra se vuelca más hacia el mundo anglosajón, al que pertenece, que hacia Europa Occidental. Eso es lo que argumentarían algunos. Pero este concepto de Occidente —y yo estoy seguro de que usted lo conoce—, lo que se llama Das Abendland en alemán, enfatiza mucho más la cultura, la filosofía, la religión y las artes.

-Lo que yo veo son los símbolos de una cultura —civilización— que viene de Europa; son para mí la cultura occidental. Y México tiene estos símbolos integrados en su propia cultura. Yo nunca pensé que México no era un país de Occidente. Pero es muy complejo, porque al mismo tiempo que es un país occidental por la cultura que viene de Europa, la lengua —yo hablo español, una lengua occidental—, y que es rico en lo intelectual, en filosofía y también en las artes, es un país indígena, muy americano. Esa es la dualidad, la ambigüedad, de la cultura que la gente como Samuel Huntington no entiende. Los Estados Unidos son para mí más que un país típicamente occidental: está convirtiéndose en un país global. Es un país global. Porque usted ve que Europa está ahí, pero si usted va al oeste de los Estados Unidos, es China la que está ahí. El este está ahí, muy rico en cultura oriental, especialmente china, está lleno de gente china, y también ahora Nueva York. También está la gente negra. ¿Dónde se ponen los negros? Esa es otra cuestión. Vinieron como esclavos a los Estados Unidos pero son africanos de origen. No son occidentales. Entonces usted tiene ahora en los Estados Unidos una cultura afroamericana muy fuerte.

Pero ¿qué significa eso? Usted mencionó a España. Si usted va a España tiene el País Vasco, Cataluña, Galicia, tiene una gran variedad. Yo diría que, especialmente si usted ve dentro de Europa, encuentra muchas identidades. Todas son bienvenidas bajo esta única sombrilla de los ideales europeos. La idea de que usted es alemán, habla alemán y tiene una cultura germano-europea es muy diferente, porque incluso en Alemania, los bávaros son distintos a la gente de Hamburgo. De modo que no estoy seguro de este concepto que usted expone— es decir que, así como están los afroamericanos, están los sinoamericanos, están los americanos blancos—. Yo trataría de ver y percibir que siempre, al menos, hay un gran solapamiento. Si usted se fija en la inmigración en Europa —usted mencionó el islam—, la tercera generación, los descendientes de los inmigrantes de 1960, dirían en las encuestas que se sienten turcos, que se sienten alemanes, que se sienten musulmanes. De modo que hay más de una identidad. Uno puede adoptar muchas. ¿No es así?

-Sí. Probablemente estamos en lo cierto, en este momento en la historia, si decimos que la más exclusiva o más precisa definición de la cultura de nuestro país ha desaparecido porque, por ejemplo, usted va a Inglaterra y tiene una fuerte presencia de pakistaníes e indios. En Francia hay seis millones de musulmanes, así como en Alemania hay cinco millones. Entonces está llegando a ser como antes, como fue probablemente en el año 1000, cuando esa presencia en Europa era muy fuerte, antes de que se armaran las invasiones en Europa. Ahora son invasiones demográficas, como usted lo ve en los refugiados, etc., es una invasión demográfica a Europa. Los tiempos están cambiando, y no hemos visto estos cambios en los conceptos obsoletos. Por ejemplo, incluso el concepto de justicia en Europa ha cambiado. En las novelas del siglo XIX o de comienzos del siglo XX en Inglaterra, las llamadas historias de detectives, usted veía que había un caso de crimen, y el juez y los detectives tardaban años en investigar. Estaban sentados, iban a sus oficinas, fumaban, se reunían, caminaban, y los criminales estaban sentados del otro lado de la calle. Pero ahora, en este período, usted tiene este tipo de ineficiencia. Hay un crimen —por ejemplo, terrorismo o cualquier otra cosa – y probablemente en la próxima hora los criminales dejan el país. Entonces, todos los conceptos de investigación, jueces, juicios, han desaparecido, porque con esta lentitud — no es una cultura de alta velocidad, o de períodos como se tienen ahora en Berlín o Londres—, en la próxima hora usted puede estar en otro país. Esto cambia muchas cosas.

Biblioteca Palafoxiana, primera biblioteca pública en las Américas (Puebla, México, 1646) | Foto: Wikicommons
Biblioteca Palafoxiana, primera biblioteca pública en las Américas (Puebla, México) | Foto: Wikicommons

Usted fue embajador de México en los Países Bajos, en las Naciones Unidas en Ginebra. Viaja frecuentemente a Europa. Acaba de ser profesor visitante en Alicante, España. Usted es un viajero de ambos lados del Atlántico, del Occidente, de modo que cómo podría usted…

-Yo viví en Nueva York durante muchos años. Mi esposa es de Nueva York. Mi hija es de Nueva York. Yo nací ahí, y mi segunda hija nació en los Países Bajos. Puedo decirle que soy un mexicano verdadero, o un griego verdadero, o griego-europeo, porque mi padre era un griego que vivió en Asia Menor, ahora Turquía. Mi esposa era de Nueva York, y sus ancestros vinieron de Europa, de Polonia y de Rusia. Entonces vivía en Nueva York. Y una de mis hijas nació en Nueva York y la otra en los Países Bajos. Una vive ahora en Londres, la otra en Brooklyn, y nosotros vivimos en México. Y viajamos continuamente a Europa. Entonces, puedo decir de mí: «Oh, yo soy un mexicano verdadero. Yo soy un griego verdadero porque del griego vienen mi nombre y mis ancestros, la cultura griega». Yo lo puedo decir, pero esto es común para mucha gente, el tener herencia griega. Yo fui desde 1969 hasta 1972 profesor en la Universidad de Nueva York, y entonces Nueva York era otra ciudad. Cada vez más, y más y más, es una ciudad global, más hispana, más china, más de Oriente medio, y también coreana. Usted puede encontrar allí mucha gente de Corea del Sur.

Identidad global

Lo que usted describe, sobre lo que hace a la cultura occidental, o sobre lo que es nuestro concepto de ella, ¿no es como exaltante, cambiante, emergente hacia una suerte de identidad global?

-Sí. Bueno, es algo imparable. Supongo que estamos viviendo en un tiempo de cambios indetenibles. Nadie puede detener estos cambios que están teniendo lugar en el mundo ahora, esta pluralización social y globalización y comunicaciones, la Internet, todo. Por ejemplo, los barcos que traían las primeras copias de Don Quijote, los libros de Cervantes, al nuevo Mundo, venían a México, a Colombia, al Nuevo Mundo y tomaban meses para llegar. Ahora, imprimir esos libros es más rápido que un avión, porque mandan los archivos a través de Internet y usted los tiene al instante. Antes, el viaje de la cultura era muy lento; era el tiempo. También la mentalidad, el curso de la vida, es muy distinto. Incluso si somos la misma gente, ¿no?

Sólo para volver un momento a Occidente, honestamente, creo que si usted preguntara sobre Latinoamérica en las calles de Europa, quizás fuera de España y Portugal, digamos en Alemania, de donde vengo yo, no sabrían mucho de eso. Tampoco habría mucho reconocimiento de Latinoamérica como parte de Occidente, como en: «Oh, somos sociedades avejentadas. ¿Por qué no invitamos a jóvenes de Latinoamérica para que trabajen aquí, para que aprendan inglés, alemán, o cualquier cosa, para rejuvenecer nuestras sociedades?». ¿Qué diría usted sobre cuáles pueden constituir grandes contribuciones de Latinoamérica al resto del mundo occidental?

-Bueno, usted tiene cultura, tiene arte, tiene incluso comida. Usted va a los Estados Unidos y está inundado de comida mexicana. Está llegando también a Inglaterra. También llegan de Latinoamérica tomates, chocolate, papas. En Perú hay 80 especies de papas. Usted tiene el chili. Tiene muchas cosas que vienen a ser una presencia diaria en las casas. Por ejemplo, cuando voy a Nueva York, a Los Ángeles o a muchos lados, no puedo decir más «esta es una ciudad americana». Yo digo: «¿usted quiere decir los Estados Unidos?». Porque, para mí, América es desde Alaska hasta Chile; son las Américas. Es muy diferente en el mundo anglosajón y en el mundo hispano-latino. Están las Américas, pero no solo una América. No son solo los Estados Unidos de América.

Herencia y tradición

Usted mencionó en el comienzo de nuestra conversación —y yo quisiera seguir hablando de comida pero creo que nuestros lectores saldrían corriendo de esta entrevista para tratar de encontrar comida latinoamericana, en vez de soportar un poco más de ideas para reflexionar— la herencia y la tradición cristianas. Está la teología de la liberación como una contribución de Latinoamérica, yo diría, a la teología y filosofía cristiana del último siglo. ¿Es algo que ayudaría en Occidente, donde hay debates sobre justicia, justicia social, redistribución, aun sobre redistribución en la era de la inteligencia artificial, donde la automatización suplantará nuestra fuerza de trabajo? Esta es una vasta, amplia diversidad de temas. Pero ¿diría usted, como alguien que resalta la herencia y la filosofía cristianas, que la teología de la liberación es algo en lo que en Occidente deberíamos adentrarnos más?

-En los sesenta conocí a Iván Illich en Cuernavaca. Yo estaba quedándome en su monasterio con mi esposa, Betty. Lo visitamos. En ese momento, a comienzos de los sesenta, él era uno de los primeros predicadores de la teología de la liberación. Recuerdo que me decían que hubo visitas de algunos americanos de los Estados Unidos, monjas, al monasterio de Iván Illich. Él comenzó a hablarles y produjo un escándalo en la moral de estas monjas americanas, porque dijo: «¿Qué hacen ustedes por la humanidad, para ganarse la gracia del Hijo de Dios?». Y dijeron, «Oh, rezamos todo el día en nuestro monasterio». Iván Illich fue muy radical y les dijo: «¿Ven ustedes? Una prostituta en un burdel produce más beneficios públicos que los rezos de ustedes. Ellas están en el mundo, luchando por la bondad, la dignidad y la igualdad, muchas cosas. Y ustedes pierden su tiempo en un cuarto, rezando y viviendo en una comunidad que no sale al mundo». Y les dijo: «Salgan al mundo. Vean la pobreza, vean la injusticia, vean la desigualdad social. Pero no pierdan su vida entera en un monasterio. Salgan al mundo». Yo recuerdo que yo tenía un amigo, un escritor que se estaba muriendo, que llamó a Iván Illich para que lo confesara antes de morir. Mi amigo el escritor luego me dijo que empezó a confesarle sus pecados. Iván Illich le dijo: «Por favor, deténgase. Yo no puedo oír estas estupideces, esas trivialidades convencionales. Para mí, el único mal está en el daño a otra gente. Si usted le hace mal o daña a otra gente, confiese eso. De otro modo, descanse por un momento, coma bien, o mire por la ventana el hermoso paisaje, pero no me moleste con esas trivialidades».

¿De modo que usted diría que en América Latina se recomenzó a través de la teología de la liberación también a estar un poco más relajados, y a ser menos tercos y no concentrarse en cosas poco importantes?

-Hay que trabajar con los seres humanos, liberarlos de la esclavitud, de la injusticia, de la pobreza, hacer algo por la humanidad, por la gente.

Ambientalismo

Yo también, creo, a través de todo el entorno y la naturaleza en la que vivimos. Y no estoy divulgando secretos cuando digo que usted ha estado muy implicado con el ambientalismo, y también comprometido cuando Latinoamérica decidió, bajo el liderazgo de México, convertirse en zona libre de armas nucleares.

-Lo tenemos que hacer.

Esto es algo de lo que quisiera hablar un poco, como última observación y respuesta en nuestra entrevista.

-Yo nací en una localidad llena de naturaleza, donde las mariposas monarca nos enseñaban todo. Crecí rodeado de una hermosa naturaleza. Siempre, desde que era niño, amaba la naturaleza. Pero, en 1995 — mi esposa fue muy importante en esta parte—, el Grupo de los Cien me preguntaron: «¿Usted es biólogo?». Y yo dije: «No». «¿Usted es científico?». «No lo soy». «¿Es economista?». «No lo soy». Me hacían esas preguntas. Y yo digo: soy un ser humano y soy un poeta. Como poeta, un compromiso hacia la naturaleza, hacia la defensa del entorno, es espiritual, es material. Yo crecí en una localidad donde había muchos indígenas que estaban unidos a las raíces como árboles. Vengo de este activismo, en el que esta vida es nuestra relación con la naturaleza. Y no necesito ir a la universidad para estudiar cómo defender a la naturaleza, porque lo tengo en mi diario vivir». De esta manera, puedo decir que no era una teología de la liberación sino una ecología de la liberación. Entendí que en la actividad, en la defensa de la naturaleza, la mía era muy diferente de la de los europeos, o de la de los americanos, porque mucha de esta gente estaba en grupos y eran muy, muy estrictos; tenían una economía que era muy distinta. Mi compromiso con la naturaleza era directo, yo iba a las calles a defender un árbol, iba a las calles a defender un animal. Era el contacto humano con la naturaleza. No era abstracto, no era una oficina. Entendí que yo era diferente. Iba a los bosques y peleaba directamente con los leñadores. Por ejemplo, cuando defendía a las tortugas marinas —mataban 100.000 tortugas marinas en el océano—, un día me encontré con un cazador furtivo, que vino hacia mí y me dijo: «Si veo a este bastardo del Grupo de los Cien, lo mato». Y le dije: «Soy yo. Soy Homero Aridjis. ¿Cómo estás?». Y se desconcertó, porque yo no estaba asustado. Y me dijo: «Ves, si yo necesito un dólar americano, un dólar, me meto en el agua y lo tomo, porque he matado 10.000 tortugas marinas». Y le dije: «Felicitaciones, porque eres un perfecto cobarde, matar a un indefenso, hermoso animal. Debes estar muy orgulloso de ser una bestia». Y se desconcertó. Pero ciertamente yo estaba amenazado. No era por este cazador furtivo. Había un hombre de lentes oscuros, y mi amigo, que estaba conmigo, me dijo: «Cuidado. Este idiota no es peligroso. El peligro es el hombre de allá. Es un traficante de drogas. No son los desastres ambientales, las talas, las muchas cosas, sino los traficantes de drogas; esa es la gente peligrosa, porque te matan, es la gente que defiende eso».

Creo que podríamos seguir horas hablando de su compromiso con el ambientalismo. Estoy muy feliz de que me haya concedido esta entrevista en la que hablamos de Latinoamérica y Occidente, Latinoamérica como parte de Occidente, y en qué sentido forma parte de este. Muchas gracias, Homero, por su tiempo. Disfruté mucho esta conversación. Cuídese.

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Alexander Görlach

Alexander Görlach

Miembro principal del Consejo Carnegie para la Ética en Asuntos Internacionales y del Centro de Investigación en Artes, Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Cambridge. Doctor en Lingüística y Religión Comparada. Es colaborador de opinión en el «New York Times» y «Neue Zürcher Zeitung».

América Latina en la crisis del Coronavirus

La epidemia del coronavirus en Latinoamérica – Informe del departamento para América Latina de la Fundación Konrad Adenauer.

Por: Redacción 12 Ago, 2020
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
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La epidemia del coronavirus en Latinoamérica – Informe del departamento para América Latina de la Fundación Konrad Adenauer.

Redacción

Redacción

Plataforma para el diálogo democrático entre los influenciadores políticos sobre América Latina. Ventana de difusión de la Fundación Konrad Adenauer en América Latina.

¿Qué se define en la batalla por el 5G?

No es fácil imaginar un mundo sin internet, sin smartphones, sin estar conectados. La conexión es parte de la rutina […]

Por: Franco Delle Donne 12 Ago, 2020
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

No es fácil imaginar un mundo sin internet, sin smartphones, sin estar conectados. La conexión es parte de la rutina diaria, se ha transformado en algo que se percibe como natural y a la vez progresivamente exigente. La velocidad de conexión para poder consumir y utilizar todo lo que hoy se ofrece debe ser cada vez más alta. Se trata de una cuestión tan relevante que se ha transformado en objeto de pelea entre las potencias mundiales actuales: la tecnología de quinta generación, es decir el 5G, un desarrollo tecnológico que puede hacer posible una revolución y a la vez una de las causas de conflicto en este siglo.

Un salto cualitativo

Hace unos treinta años la velocidad de conexión era ínfima comparada con la de hoy. Actualmente, el desarrollo ha permitido que la mensajería instantánea, las videollamadas o la interacción en redes sociales estén totalmente integradas a la vida diaria. Ampliar ese universo a muchas otras áreas depende del desarrollo e implementación del 5G, la quinta generación de las tecnologías y estándares de comunicación inalámbrica, aquella que permite conectarse a internet en cualquier sitio.

En un inicio, la primera y segunda generación de estas tecnologías procuraban establecer las condiciones para que fuera factible utilizar servicios de voz. Luego, con el 3G se desarrolló la velocidad necesaria para transmitir datos. Y finalmente el 4G fue el desarrollo que hizo posible la banda ancha en dispositivos como los teléfonos móviles.

Ahora bien, ¿cuánto más puede hacer el 5G en este sentido? En primer lugar, permitiría multiplicar la velocidad de esa banda ancha mil veces. Pero, además de ello, sentaría las bases para desarrollar un ecosistema totalmente nuevo de servicios y que consumiría menos energía que sus predecesoras. La ingeniera y sinóloga Águeda Parra sostiene que, tarde o temprano, todos los países deberán disponer del 5G, ya que la economía y la producción estarán estrechamente asociadas a esta tecnología. «Lo que hará 5G es una evolución más en esas tecnologías. Tanto cuestiones relacionadas con la robótica, cloud, coches eléctricos, etc.», explica la autora del libro China. Las rutas de poder, y agrega: «El uso más diario del desarrollo de la industria deberá tener incorporadas estas tecnologías».

El 5G permitirá que el intercambio de información sea tan veloz que, por ejemplo, hará posible la conducción automática de un vehículo. La cantidad de información emitida y la baja latencia que otorga el 5G, es decir, la transmisión de datos en menos de un milisegundo, posibilitará al sistema operativo del automóvil reaccionar a tiempo y con ello conducirlo normalmente. La ejecución de operaciones quirúrgicas remotas o la traducción simultánea a cualquier idioma son solo dos ejemplos más del alcance de los estándares que garantiza el 5G. Tal es el mundo de posibilidades que abre esta evolución de las tecnologías de comunicación inalámbrica, que actualmente se ha convertido en un campo de batalla.

 

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«China sabe tener paciencia»

Resulta casi automático relacionar el 5G con China, más precisamente con la empresa Huawei y, a la vez, con la tan citada guerra comercial entre Estados Unidos y el gigante asiático. Gabriel Pastor, periodista residente en Washington y colaborador de Diálogo Político y del diario El Observador de Uruguay explica la naturaleza de este enfrentamiento entre potencias: «La pelea es en el propio sistema capitalista. No están enfrentados dos regímenes diametralmente opuestos en el sentido económico, como ocurría con la ex Unión Soviética y con Estados Unidos, sino que ahora se trata de dos economías que además se necesitan, como ha quedado al descubierto durante la crisis de COVID-19 en relación con los insumos médicos que maneja China.

En este contexto, la tecnología de quinta generación es motivo de disputa. Y aquí surge un interrogante interesante. Algo que todavía sigue sorprendiendo a algunos. ¿Cómo ha logrado China estar a la vanguardia en este punto? Si hasta no hace mucho se pensaba que la industria de ese país solo se dedicaba a imitar productos y a vender muy barato. Gabriel Pastor entiende que tal vez la sorpresa obedezca a una cierta incapacidad para analizar el fenómeno chino. Según el periodista, «tratamos de entender a China con lógica de Occidente, sin entender cómo se maneja China milenariamente en este mundo. China sabe tener paciencia».

Esta incapacidad de Occidente para cambiar la perspectiva, para pensar en otros términos, es algo que la canciller alemana describió hace unos meses en una conferencia: “Los propios chinos se sorprenden cuando escuchan hablar del ascenso de su país. En su autopercepción se ven como una civilización de cinco mil años que sencillamente vuelve a su lugar central en el escenario mundial. Un lugar que tuvieron durante siglos».

Es evidente que la valoración de la variable temporal para los chinos es diferente que la de Occidente. Y este elemento se ha transformado en una ventaja para el país asiático. China planifica objetivos a partir de una estrategia de largo plazo.

 

La (in)dependencia económica

Águeda Parra, experta en el caso chino, no tiene dudas: en dicho país el objetivo principal es consolidar una economía de avanzada. El plan Made in China 2025 es ejemplo de ello. Su objetivo es avanzar hacia un modelo económico basado en la innovación. Y esto, en cierta manera, explica que hayan tomado la delantera en el desarrollo del 5G. «China tiene una planificación mucho más a largo plazo de la que tiene cualquier otro país. Por lo tanto, ellos han visualizado que esa transición que necesitan para consolidar su modelo económico es, por ejemplo, digitalizar su industria». Según Parra, el plan Made in China 2025 tiene contemplado dos hitos temporales, uno ya cumplido en 2020, que preveía una China autónoma de la producción de potencias extranjeras hasta en un 40 %. El otro, en 2025, que contempla un 70 % de independencia.

Se trata de unos niveles de independencia económica que de alguna manera se contraponen con lo sucedido durante la crisis sanitaria. En esta quedó en evidencia que, en ciertas áreas, el resto del mundo depende enormemente de la producción china.

En este contexto, el gigante asiático es líder en el desarrollo del 5G. Y con distancia. «Tiene cuatro veces más generación de estándares que su competidora estadounidense, Qualcomm», indica Parra. En realidad, su competencia más cercana no proviene de Estados Unidos, sino de Europa. Nokia y Ericsson están en la pelea, pero aun así «Huawei ha generado el doble de los estándares», cierra la sinóloga española.

Frente a ese liderazgo abrumador, el actual gobierno estadounidense no ofrece respuesta. O sí, pero no en términos tecnológicos, sino retóricos. Los esfuerzos del presidente Donald Trump se han concentrado en amenazar a quienes quieran asociarse a China en esta cuestión.

«Trump está amenazando. Lo ha hecho, por ejemplo, con el gobierno del Reino Unido al decirle que, si esto sucede [el trabajo conjunto con China], podría caerse el eventual acuerdo de libre comercio previsto entre Reino Unido y Estados Unidos. Algo pensado luego del brexit», señala Gabriel Pastor. El problema que analiza Pastor tiene que ver con las necesidades de cada uno de los países de acceder a esa tecnología. Es decir, más allá de las amenazas no hay nada: «Lo dijo el presidente de Panamá: “si usted no quiere que China avance en Latinoamérica haga algo por nosotros. Necesitamos inversiones, capital, desarrollarnos económicamente”». Pastor concluye entonces: «Y si Estados Unidos no ocupa ese lugar, lo va a ocupar China».

La visión binaria de Trump lo ha llevado también a retirarse de varios organismos multilaterales. Lo cual ha supuesto un consecuente crecimiento de la influencia del gigante asiático en diversas regiones del mundo. Por otra parte, la crisis de COVID-19 no ha supuesto un freno a los planes chinos, sino al contrario. Parra indica que «China reanudó el despliegue del 5G el primer día después de anunciarse el final de la pandemia. Está abordando una estrategia mucho más agresiva que lo que están contemplando el resto de los países que todavía están en una fase de recuperación económica. En este sentido, las tres principales operadoras chinas ya han anunciado unos planes de inversión para 2020 que incluso superan los presupuestos de 2019».

Mientras tanto, unos están ocupados en la reconstrucción de la economía, como es el caso europeo, y otros están ocupados en el discurso vacío y la campaña electoral, como es el caso estadounidense. En ese contexto, China continúa apegado a su plan y el panorama le resulta bastante favorable. Tal vez las elecciones estadounidenses modifiquen el rumbo, o tal vez estemos frente a una nueva era en las relaciones internacionales.

Franco Delle Donne

Franco Delle Donne

Doctor en Comunicación Política por la Freie Universität Berlin. Especialista en política alemana. Creador de «eleccionesenalemania.com», único blog de análisis político en español sobre Alemania. Conductor del pódcast «Bajo la Lupa».

Bolivia: Elecciones pandémicas, entre deseos y realidades

Policy Brief en español e inglés editado por la KAS en Bolivia. Escrito por el politólogo Franklin Pareja.

Por: Redacción 11 Ago, 2020
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
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Policy Brief en español e inglés editado por la KAS en Bolivia. Escrito por el politólogo Franklin Pareja.

Redacción

Redacción

Plataforma para el diálogo democrático entre los influenciadores políticos sobre América Latina. Ventana de difusión de la Fundación Konrad Adenauer en América Latina.

El acuerdo con la Unión Europea y sus efectos de refundación del Mercosur

El acuerdo de asociación birregional entre el Mercosur —concebido como una unidad negociadora— y la Unión Europea está entrando en […]

Por: Félix Peña 11 Ago, 2020
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El acuerdo de asociación birregional entre el Mercosur —concebido como una unidad negociadora— y la Unión Europea está entrando en su fase final de concreción.

Por su magnitud y su potencial impacto en las economías y en el comercio exterior de ambas regiones, requerirá una atención prioritaria en los próximos meses. Pero, sobre todo, por ser un acuerdo cuya fase negociadora —al menos en su componente comercial— concluyó hace ya un año y está entrando en su etapa de firma y posterior ratificación parlamentaria.

De concretarse como ha sido previsto, brindará una oportunidad de poner de manifiesto la capacidad de los países del Mercosur de traducir en hechos concretos las metas ambiciosas que se fijen en sus estrategias de inserción comercial internacional y a demostrar, a tal efecto, que están en condiciones de cumplir tales metas empleando metodologías organizativas eficaces.

A partir de la conclusión formal y de su entrada en vigencia, se iniciará la etapa principal de este acuerdo de asociación birregional. Tal etapa puede denominarse como la del día después. Es aquella en la que, tanto a nivel gubernamental como empresarial, se tendrá que hacer lo requerido para cumplir con los compromisos asumidos en los plazos previstos, y lo necesario para sacar provecho de la ampliación asegurada de los respectivos mercados. Por ende, es una etapa que debe ser preparada con suficiente anticipación.

En la práctica, la preparación de la etapa del día después comenzará cuando el texto final del acuerdo completo sea efectivamente conocido en todos sus pilares (político, de cooperación y comercial) y en todas sus disposiciones organizativas y eventualmente transitorias.

La publicación completa del acuerdo birregional (tal como será firmado) constituirá un paso fundamental orientado a la conclusión del proceso negociador, ya que, entre otros resultados, facilitará el desarrollo de los necesarios debates sociales sobre el acuerdo, incluyendo en particular los que deberían acompañar los respectivos procesos de aprobación legislativa.

Tras casi treinta años en que comenzó a explorarse la idea del acuerdo birregional y veinte años de negociaciones, a los respectivos liderazgos políticos les sería difícil explicar a sus ciudadanías las consecuencias tanto económicas como políticas de un eventual fracaso. Por el contrario, les sería más conveniente sacar provecho de los alcances refundacionales de este acuerdo sobre el propio Mercosur.

 

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Félix Peña

Félix Peña

Director del Instituto de Comercio Internacional de la Fundación ICBC. Director de la Maestría en Relaciones Comerciales Internacionales, Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF, Argentina). Miembro del Comité Ejecutivo y vicepresidente del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI).

Lecturas recomendadas

Applebaum, Anne (2020), Twilight of Democracy. The Seductive Lure of Authoritarianism, New York, Doubleday. Bradley, James (2015). The China Mirage. […]

Por: Félix Peña 10 Ago, 2020
Lectura: 2 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Applebaum, Anne (2020), Twilight of Democracy. The Seductive Lure of Authoritarianism, New York, Doubleday.

Bradley, James (2015). The China Mirage. The Hidden History of American Disaster in Asia, New York-Boston-London, Little, Brown and Company.

Carmody, Patricio (2020, julio 29). Una estrategia de horizontes diversos. La Nación, sección “Opinión”.

Cooley, Alexander; Nexon, Daniel (2020). Exit From Hegemony. The Unraveling of the American World Order, New York, Oxford University Press.

Elizondo, Marcelo (2020, julio 16). Por qué es más relevante la empresa exportadora que el producto exportado, La Nación, suplemento “Comercio Exterior”.

Gerwarth, Robert (2020). November 1998. The German Revolution, Oxford, Oxford University Press.

Gessen, Masha (2020). Surviving Autocracy, New York, Riverhead Books.

Gueniffey, Patrice (2020). Napoleon & De Gaulle. Heroes and History. Cambridge-London, The Belknap Press of Harvard University Press.

Hurtado Briceño, Alberto José; Vieira Posada, Edgar (2020). Pertinencia y convergencia de la integración latinoamericana en un contexto de cambios mundiales, colección Gridale, Bogotá, Centro de Pensamiento Global (CEPEG) de la Universidad Cooperativa de Colombia.

Jankowski, Paul (2020). Al Against All. The Long Winter of 1933 and the Origins of the Second World War, New York, Harper Collins Publisher.

Kagan, Robert (2018). The Jungle Growths Back. America and our Imperiled World, New York, Alfred A. Knopf.

Kroenig, Matthew (2020). The Return of Great Power Rivalry. Democracy Versus Autocracy from the Ancient World to the U.S. and China, New York, Oxford University Press.

Naím, Moisés (2005). Illicit. Hoe Smugglers, Traffickers, and Copycats are Hijacking the Global Economy, New York, Anchor Books.

Nun, José (2020, julio 27). Tucídides y el Coronavirus, La Nación, sección “Opinión”.

Peña, Félix (2020, julio 30). Tres metas para posicionar a la Argentina en el comercio internacional luego de la pandemia, La Nación, suplemento “Comercio Exterior”.

Rufin, Jean-Christophe (2013). La fortuna del gran Jacques Coeur, Barcelona, Ediciones B.

Singer, P. W.; Brooking, Emerson T. (2019). Like War. The Weaponization of Social Media, Boston-New York, An Eamon Dolan Book – Mariner Books – Houghton Mifflin Harcourt.

Singer, P. W.; Cole, A. (2020). Burn-In. A Novel of the Real Robotic Revolution, Boston-New York, Houghton Mifflin Harcourt.

Shelley, Louise I. (2018). Dark Commerce. How a New Illicit Economy is Threatening our Future, Princeton-Oxford, Princeton University Press.

Tamames, Ramón (2019). Hernán Cortés, gigante de la historia, con prólogo de Josep Borrell, Barcelona, Erasmus Pensamiento del Presente.

Félix Peña

Félix Peña

Director del Instituto de Comercio Internacional de la Fundación ICBC. Director de la Maestría en Relaciones Comerciales Internacionales, Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF, Argentina). Miembro del Comité Ejecutivo y vicepresidente del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI).

Perú: cuestión de confianza en tiempos de pandemia

Hoy el Perú se encuentra en una de las etapas más dramáticas de su Historia, justo ad portas de nuestro […]

Por: José Andrés Tello Alfaro 10 Ago, 2020
Lectura: 5 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Hoy el Perú se encuentra en una de las etapas más dramáticas de su Historia, justo ad portas de nuestro bicentenario como república independiente. Enfrentamos la pandemia del COVID19, que viene azotando al mundo entero. En nuestro país la cantidad de fallecidos por la pandemia oficialmente supera las 20.000 personas, una cifra que bien podría ser mucho mayor si tomamos en cuenta el ineficiente sistema de recolección de información nacional.

Históricamente el Perú ha carecido de continuidad en la formulación, ejecución y continuidad de políticas públicas orientadas a una mejora integral de la prestación de servicios públicos tales como salud, educación y seguridad ciudadana. Dicha situación ha generado una serie de falencias estructurales en estos tres sectores, los cuales que representan los pilares de cualquier gestión gubernamental; falencias que, a razón de una coyuntura como la generada por la pandemia, hoy sobresalen más que nunca ante el desaliento de cualquier ciudadano que nuevamente ve a su elite política ajena al consenso y a la unidad, e inoperante ante la crisis nacional.

EL último capítulo en el conflicto existente entre Ejecutivo y Legislativo ha sido la denegatoria de la confianza el 4 de agosto al hoy ex primer ministro Pedro Cateriano y su gabinete. Existen muchas especulaciones en torno a los móviles de dicha denegatoria de confianza, pero, lo que, sin duda alguna, queda claro, es que el ciudadano no encuentra sentido a lo que percibe como puyazos políticos en medio de una crisis sanitaria, acompañada, además, de una crisis económica galopante y un serio problema de inseguridad ciudadana.

Martín Vizcarra, presidente interino de Perú desde el 23 de marzo de 2018
Martín Vizcarra, presidente de Perú desde el 23 de marzo de 2018

Siguiendo el mandato constitucional que le obliga a presentar a un nuevo primer ministro dentro de un plazo de 72 horas, el presidente Martín Vizcarra ha encontrado en la figura del ex Gral. Walter Martos esa pieza de recambio que podría conducir, junto a su gabinete, al país en el ano que queda hasta las próximas elecciones generales y en medio de esta crisis sanitaria sin precedentes. El nuevo premier debe, ahora, presentarse ante el congreso e intentar de ganar su confianza. Algunas observaciones al respecto:

Primero, consideramos que el Gabinete Martos debería tener el respaldo político del propio presidente Vizcarra. El nuevo presidente del Consejo de Ministros no es una figura políticamente convocante, es un exmilitar que ha tenido un buen desempeño en la cartera de Defensa, pero que no cuenta con la experiencia política de su predecesor. Por ende, las conversaciones con las diferentes bancadas deben ser lideradas por el presidente, obviamente con su primer ministro al lado. Producto de dichas conversaciones debe diseñarse una agenda de consenso hasta el final del gobierno. Pensar en una agenda a más largo plazo, lamentablemente, colinda con lo irreal tanto para un Poder Ejecutivo y Legislativo que tienen constitucionalmente negada su reelección.

Segundo, la agenda de este gobierno con menos de un año de gestión por delante debe centrarse en la emergencia más que la urgencia. Nadie niega que la educación es una problemática urgente de atender, no obstante, salud, seguridad y economía constituyen problemáticas propias de la pandemia que vivimos, siendo en consecuencia, de mayor orden de prelación en su atención.

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Una mención aparte y no menos importante es la necesidad de evitar las especulaciones y trascendidos, muchas veces realizados de manera temeraria e irresponsable tanto por líderes de opinión como personas del entorno político. Si quieren aportar a la estabilidad del país en medio de la actual crisis no pueden seguir exacerbando los ánimos de algunos sectores de nuestra representación política, todo lo contrario, deberían unir sus fuerzas antes que diezmar las mismas.

Finalmente, no olvidemos que las FFAA, desde inicios del presente siglo, dieron un mensaje de obediencia al poder civil constituido en las urnas por la voluntad popular, quizás el gesto más fuerte entorno a esa actitud democrática fue la aceptación del primer ministro de defensa civil de nuestra historia en la persona de David Waisman. Hoy, pensar que la designación de un premier exmilitar es una mirada de reojo al autoritarismo, sin duda, constituye una idea sin mayor sustento.

Advirtamos que la cuestión de confianza no sólo es para el Gabinete Martos sino para la capacidad de obrar para nuestra política en los tiempos del COVID-19.

José Andrés Tello Alfaro

José Andrés Tello Alfaro

Abogado. Director ejecutivo de la Asociación Promoción y Capacitación para el Desarrollo de Perú (PROMCAD), a través de su Instituto de Investigación y Capacitación Municipal (INICAM), contraparte institucional de la Fundación Konrad Adenauer en el Perú. Profesor en la Escuela de Derecho de la Universidad de Lima.

Tragedia libanesa

La tragedia pone al Líbano en las noticias. Conocido como la “Suiza del Medio Oriente”, por su próspera economía basada […]

Por: Francisco Belaunde Matossian 6 Ago, 2020
Lectura: 4 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La tragedia pone al Líbano en las noticias. Conocido como la “Suiza del Medio Oriente”, por su próspera economía basada fundamentalmente en torno a sus bancos y al turismo, el país atraviesa hoy una crisis profunda.

Su territorio formó parte del imperio otomano hasta que éste fue disuelto por los vencedores de la Primera Guerra Mundial. Francia asumió su administración en 1920 bajo mandato de la novísima Sociedad de las Naciones, hasta la proclamación de la independencia en 1943.

Su población está compuesta de alrededor de un 35% de cristianos, 30% de musulmanes sunitas y otro tanto de musulmanes chiitas, mientras que los drusos, que profesan una religión propia, representan aproximadamente el 5%. Sobre esa base, el sistema político actual tiene reservada la presidencia de la República a los cristianos, el cargo de primer ministro a los musulmanes sunitas, y el de presidente del Parlamento, a los musulmanes chiitas.

El país fue desestabilizado muy temprano por la llegada de decenas de miles de refugiados palestinos tras la creación del Estado de Israel en 1948, añadiéndose a las tensiones políticas existentes que condujeron a conflictos ya en la década de 1950 . En 1975, estalló la guerra civil que se extendió hasta 1990. En medio de ella, en 1982, Israel envió sus tropas para desalojar a la Organización de Liberación Palestina de Yasser Arafat que había establecido su cuartel general en la capital Beirut y mantuvo la ocupación parcial del sur hasta el 2000. Siria, por su parte, que nunca aceptó totalmente la independencia del país por considerarlo parte de su territorio, mantuvo también tropas entre 1976 y 2005, y ejerce gran influencia política, así como Irán, especialmente a través del Hezbolah, grupo político armado musulmán chiita creado en 1983 y catalogado en occidente como terrorista. En 2006, Israel atacó a esta organización, bombardeando profusamente, como parte de su operación, las infraestructuras civiles libanesas. Con el estallido de la guerra civil en Siria, llegaron alrededor de 1,5 millones de refugiados, otro gran shock, más aún, teniendo en cuenta que la población total está en torno a los 7 millones.

En otro plano, entró en escena, en 1990, Riad Salamé, otro de los protagonistas esenciales del drama libanés, quien asumió la cabeza del Banco Central. Desde ahí estableció un modo de reflotamiento artificial de las arcas públicas, a través del endeudamiento masivo alimentado por el ofrecimiento de tasas de interés muy por encima de lo normal, lo, que, aparejado al anclaje al dólar de la libra, la moneda nacional, atrajo ingentes cantidades de capital con fines meramente rentistas. Así, el país se volvió un paraíso infernal, con bonanza, sí, pero, construido sobre una burbuja. El año pasado, la realidad terminó de irrumpir y la fiesta terminó, llevando al empobrecimiento masivo de la clase media y a la miseria absoluta a las categorías más bajas. Como consecuencia, estalló un movimiento de protesta que llevó a la caída del primer ministro Saad Hariri en enero pasado, y su reemplazo por Hassan Diab. La pandemia ha agravado aún más la situación.

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Desde diversos sectores se reclaman profundas reformas, pero la clase política, compuesta, en buena parte, de antiguos jefes de guerra, así como los bancos, se oponen a ellas, porque se han beneficiado del sistema. Incluso, han rechazado la posibilidad de un rescate por el FMI porque estaría condicionada precisamente a la realización de grandes cambios. Hace unos días, el ministro de relaciones exteriores de Francia, viajó a Beirut, y, dejando de lado las formas diplomáticas en sus encuentros con las autoridades, señaló que su país estaba dispuesto a ayudar al Líbano, pero que no lo haría sin un acuerdo con el FMI.

Las explosiones en el puerto de Beirut, que han afectado a la mitad de la ciudad, con un saldo de muertos, heridos y destrucciones, aún por precisar, tendrán también, sin duda alguna, efectos políticos considerables.

Esperemos que el país pueda escapar a su trágico destino y reconstituirse sobre bases sanas en todo sentido. Ello depende, no solo de las fuerzas internas, sino, también, de las externas.

Francisco Belaunde Matossian

Francisco Belaunde Matossian

Abogado. Analista político internacional. Profesor en las universidades Científica del Sur y San Ignacio de Loyola

¿Qué se define en la batalla por el 5G?

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Por: Redacción 6 Ago, 2020
Lectura: 2 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

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La tecnología de quinta generación, el 5G, es un desarrollo que puede hacer posible una revolución en nuestras vidas y a la vez convertirse en una de las causas de conflicto internacional más importantes de este siglo.

La velocidad de la web, tal como hoy la conocemos era inimaginable hace apenas unos años. Actualmente lo verdaderamente inimaginable es un mundo sin internet. Sin mensajes de chat, sin videollamadas, sin redes sociales, sin periódicos digitales… Para que todo eso funcione necesitamos velocidad. Una conexión que permita la trasmisión de enormes cantidades de datos. De eso se trata la batalla por el 5G que hoy ponemos Bajo la Lupa.

Y lo hacemos con el porte de dos analistas:

Águeda Parra, ingeniera, sinóloga y autora del libro “China. Las Rutas de poder”.

Gabriel Pastor, periodista residente en Washington y colaborador de Diálogo Político y del diario El Observador de Uruguay.

Bajo la Lupa es un podcast de Diálogo político. Un proyecto de la Fundación Konrad Adenauer.

Conducción y realización: Franco Delle Donne.

Redacción

Redacción

Plataforma para el diálogo democrático entre los influenciadores políticos sobre América Latina. Ventana de difusión de la Fundación Konrad Adenauer en América Latina.

Kanye West: celebridad y democracia

El famoso artista musical norteamericano ha anunciado su candidatura presidencial al margen del sistema de partidos. Ya sea genuino interés […]

Por: Guillermo Tell Aveledo Coll 5 Ago, 2020
Lectura: 7 min.
Ilustración: Guillermo Tell Aveledo
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El famoso artista musical norteamericano ha anunciado su candidatura presidencial al margen del sistema de partidos. Ya sea genuino interés cívico o ardid publicitario, refleja rasgos del estado global de la democracia.

Una de las grandes preocupaciones de los autores clásicos con respecto a la democracia era el peligro de que esta fuese sometida por demagogos, que agitasen sus pasiones y aprovechasen las carencias del populacho; este pensamiento emerge frecuentemente, aun cuando en nuestra era democrática está mayormente desacreditado.

Lo cierto es que, sin aristocracias naturales o tradicionales, la cultura de masas —ante la que tantas advertencias hacían los críticos elitistas de comienzos del siglo XX— produce un nuevo tipo de sector superior. La clase política profesional, que no puede reclamar para sí salvo sobre la base de sus virtudes y gestión ningún tipo de estatus, se ve apabullada por la cultura de la celebridad: desde artistas y atletas, cuyos talentos nos deslumbran, hasta jet-setters, socialités y una miríada de opinadores y tertulianos, cuya fama nos es incomprensible, son seguidos por esa combinación de periodismo y entretenimiento expandida por décadas. Las celebridades son nuestra nueva aristocracia, y al uso de los viejos reyes taumaturgos, se les pide que hagan milagros en la opinión. El mercadeo publicitario es acicate del mercadeo político: primero, politizando sus talentos, buscándolos como voceros deslumbrantes de campañas, causas y candidaturas; luego, viendo a esas celebridades como agentes directos de poder, por el cual compiten.

En los Estados Unidos de América, la democracia liberal más longeva e influyente, la presencia de celebridades en la política es notoria. Desde el tiempo en que la cultura de masas propagaba mensajes de propaganda a favor de la democracia, hasta la entrada al servicio público de muchos artistas: figuras como por ejemplo el cantante Sonny Bono, el luchador Jesse Ventura y los actores Shirley Temple y Clint Eastwood alcanzaron posiciones como congresistas, diplomáticos y gobernantes locales. El caso paradigmático, sin embargo, es el de Ronald Reagan, quien pasó de figura sindical entre los actores de Hollywood en los cuarenta, a promotor del anticomunismo en los cincuenta y eventualmente a gobernador de California en 1966, iniciando una carrera política real que culminaría con una influyente presidencia de su país en dos períodos. El ascenso de Donald Trump, empresario, figura de crónica social y personalidad de la reality TV, solo tiene como anomalía lo súbito de su auge y su carácter antisistema.

Con eso, el anuncio de la candidatura presidencial del artista de hip-hop, diseñador y empresario Kanye West debe tomarse con debida atención. West no es un mero excéntrico: así como hace cinco años una figura del espectáculo estaba derrumbando las nociones preconcebidas de todos los expertos en la política, hoy una personalidad tan audaz, impredecible, irresponsable podría ser igualmente efectiva en obtener, si no los votos suficientes, la atención de medios tradicionales y alternativos.

Biden Vs. Trump
Biden Vs. Trump. Fuente: El CEO

El atractivo de West es evidente: es un músico extraordinariamente popular e indudablemente talentoso, con récords de ventas y millones de seguidores en sus redes sociales, y quien tiene años de controversias y opiniones absolutas. West atraviesa, intersectorialmente, varias de las identidades que van definiendo la democracia norteamericana de hoy: vehemente denunciante del Partido Republicano —a los Bush «no les importaban las vidas negras», dijo ante los efectos del huracán Katrina—; no dudó en apoyar el primer tramo de la presidencia de Donald Trump con todo y su bagaje; afroamericano, expresa críticas ante la aquiescencia de sus ancestros ante la esclavitud, y la conexión presunta de la mayoría del voto de ese sector hacia el Partido Demócrata; cristiano evangélico, no solo invoca esa presencia trascendental en las letras de sus canciones, sino que se planta en un punto de vista conservador de las discusiones sociales y sexuales contemporáneas; millonario, es una historia de éxito para multitudes. Esto, aun sin tomar en cuenta el frágil estatus de su célebre matrimonio con Kim Kardashian —quien a su vez ha hecho uso de su fama y fortuna para la promoción de causas como los fondos de defensa para presidiarios o el reclamo sobre el genocidio armenio—, o su propia condición de salud, suma a la frustración política con su figura contradictoria.

Pero esta contradicción tiene límites: la suya está planteada como una candidatura de denuncia al sistema político, de rechazo al statu quo que hoy parece más atado a la política convencional de los demócratas que a los llamamientos del líder actual del Partido Republicano. En su más reciente video musical, Wash Us in the Blood, denuncia cómo ningún partido del estatus ha atendido a la población afroamericana, que se siente decepcionada por el estancamiento de sus vidas. Esto es más acusado contra el Partido Demócrata, al cual al menos cuatro generaciones de afroamericanos han votado fielmente. Es la misma razón por la cual Hillary Clinton perdió el apoyo de los obreros desafectados del medio oeste, sobre los cuales descansó la victoria de Trump en el colegio electoral en 2016.

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Aunque West haya retirado con su eventual candidatura un apoyo a Trump, aún lo considera una especie de alma gemela, de espíritu de dragón, minimizando al contrincante demócrata Joe Biden. Sumado esto a su evidente conflicto de intereses frente a la administración en Washington (su empresa Yeezy ha recibido subsidios estatales sin ser proveedora de servicios esenciales durante la pandemia) y a su habitual práctica de aprovechar coyunturas para aumentar su exposición pública y lucrarse con ello, ha aumentado las sospechas de que se trata de un mero ardid, entre los más benevolentes, o de un modo de desviar a potenciales votantes opositores para apuntalar al presidente. Con todo, la candidatura de West no parece viable, al no tener plataforma partidista ni haber podido inscribirse como candidato en múltiples estados de la Unión. Pero sigue insistiendo en aparecer pese a su propia ambivalencia con la elección, recibiendo apoyos que no se sabe si son irónicos o desinteresados, como el de su eventual nominado a la vicepresidencia, el magnate de la tecnología Elon Musk.

Las carencias de la candidatura de West no son lo más relevante, sino el que su mera posibilidad no haya pasado de lo anecdótico, lo que demuestra que hay un nuevo riesgo en las democracias de Occidente. Los políticos ordinarios aparecen demasiado lejanos, elitistas o incluso ordinarios, y se les busca reemplazar por estas figuras sin sustento. Los políticos, aconsejados por algunos gurúes de la comunicación, hacen de sus vidas un experimento en hiperrealismo mediático, entregando su vida privada, sus gustos, al escrutinio público, mientras las deliberaciones y decisiones sobre asuntos públicos se hacen más opacos. Si a eso le sumamos la crisis de eficacia social de la democracia contemporánea, no es impensable que la amenaza de la demagogia tenga ese nuevo cariz, y las discusiones sobre el populismo actual tienen que tomarlo en cuenta.

La cultura de la celebridad es peligrosa para la democracia. No solo porque una elite no profesional ni preparada llegue al poder —ya vemos las consecuencias de ello—, sino porque entre las celebridades y el público se establecen relaciones de fanatismo que cuando tienen éxito sobrepasan los controles del escrutinio político y mediático, acabando con los matices que son esenciales a una sociedad deliberativa, y que cuando fracasan acentúan la fragilidad de la legitimidad democrática, en sí misma vulnerable. Es deber de los demócratas rescatar el prestigio de la acción pública, poniendo a la virtud cívica, y no a la mera celebridad, como el foco de nuestra vida política.

Guillermo Tell Aveledo Coll

Guillermo Tell Aveledo Coll

Doctor en ciencias políticas. Decano de Estudios Jurídicos y Políticos, y profesor en Estudios Políticos de la Universidad Metropolitana de Caracas.

Un nuevo orden internacional en transición

Desde 2008 se ha comenzado a gestar un nuevo orden internacional de carácter transitorio que presenta un conjunto de características.  […]

Por: Fabian Novak 4 Ago, 2020
Lectura: 12 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Desde 2008 se ha comenzado a gestar un nuevo orden internacional de carácter transitorio que presenta un conjunto de características.  Cabe preguntarse si dicho orden se reafirmará después de la pandemia. Estas reflexiones son producto del seminario online Conversaciones PolítiKAS realizado el 9 de julio de 2020.

 

Declive relativo de EE.UU. y Europa

Una primera característica del orden transitorio actual es la referida al declive relativo de la superpotencia mundial y de su principal aliado la Unión Europea, quienes han liderado el orden liberal que ha imperado en el mundo desde 1945.

En el caso de EE.UU. la explicación se encuentra en la burbuja inmobiliaria de 2002, la burbuja de los títulos derivados-empaquetados de 2006-2008, la crisis financiera global de 2008, además de los gastos militares por las intervenciones en Afganistán e Irak que han provocado una fuerte crisis de la economía americana.

A ello se sumó que, como consecuencia de la disminución de la producción industrial en ese país se produjo un incremento vertiginoso en el déficit comercial de EE.UU. por su necesidad de importar bienes terminados; así, el déficit pasó de 2.000 millones de dólares en 1971 a 497.824 millones de dólares en 2010, continuando la tendencia en años posteriores.

Para manejar este déficit comercial EE.UU. comenzó a endeudarse emitiendo y vendiendo bonos de deuda pública a niveles excesivos, superando largamente su propio PBI y generando dependencia frente a los tenedores de esa deuda, entre los que se encuentra principalmente China.

Adicionalmente, su política exterior comenzaría a generar desconfianza entre sus socios tradicionales, a partir del gobierno de George W. Bush y luego con Donald Trump, con la consecuente disminución de su influencia.

En el caso de Europa, esta ha tenido que enfrentar un conjunto de problemas internos como son: la crisis económica de 2007-2009, el surgimiento de gobiernos y movimientos políticos nacionalistas y populistas, los cuestionamientos al proceso mismo de integración europea, las olas migratorias, los problemas de inseguridad y terrorismo, entre otros, que la han llevado a concentrarse en la solución de los mismos, perdiendo energía para cumplir su rol en el espacio internacional.

Todo esto ha provocado, solo a manera de ejemplo, que mientras en 1995, EE.UU. y sus principales aliados producían el 60% de los productos mundiales, ahora solo lo hacen en un 40%; asimismo, ambos eran responsables del 80% de los gastos de defensa a nivel global, hoy lo son solo del 52%. Asimismo, se ha producido un redireccionamiento de la inversión extranjera hacia los mercados emergentes, con pérdidas para Europa y EE.UU. (Lind y Wohlforth, 2019, p. 74). Todo indica que la pandemia incrementará el declive.

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Emergencia de China y de otras potencias

Si bien hoy China es ya la segunda potencia económica del mundo, según proyecciones de las organizaciones financieras internacionales y la banca multinacional Standard Chartered, para el año 2030, China alcanzará los 64.2 billones de dólares en su PBI nominal, duplicando la economía estadounidense que solo alcanzaría los 31 billones de dólares. Esta tendencia es confirmada por la firma PwC en sus cálculos para el año 2050, atribuyendo a China 58.5 billones de dólares y a EE.UU. 34.1 billones de dólares. De igual forma, el Lowy Institute en su estudio sobre el índice de poder en Asia, proyecta que para el 2030 China sería la principal potencia económica del mundo, precisando que la economía de este país duplicaría el tamaño de las siguientes dos potencias —EE.UU. e India—, lo que sin duda le dará mayor influencia política (Parra, 2018, pp. 6-7). China también se ha convertido en el mayor exportador del mundo, el que acumula la mayor cantidad de reservas de divisas (40% del total mundial) y en la segunda fuente más importante de inversión extranjera directa del globo. También es el principal país exportador de computadoras, es la segunda potencia mundial en cuanto a gastos en investigación e innovación, y la segunda potencia en cuanto a gastos militares (14% del gasto total mundial).

Ello nos lleva a dos conclusiones fundamentales. La primera es que las relaciones de China con EE.UU. serán tensas y estarán caracterizadas por rivalidades estratégicas; la actual lucha por ser el primer país en descubrir una vacuna contra el COVID-19, es sólo una manifestación de este enfrentamiento por la hegemonía. La segunda conclusión es que, si bien EE.UU. continuará por mucho tiempo como superpotencia mundial, no lo será de la misma forma que en el pasado, siendo acompañada en ese rol por China, al menos por hoy, en lo económico. La pandemia, no parece alterar esta tendencia, al contrario, podría acelerarla.

A ello debemos sumar la emergencia de nuevas potencias como India (que se estima que para 2050 será la segunda economía del mundo) e Indonesia (que para 2050 será la cuarta economía del mundo), además de potencias ya existentes como Rusia, Alemania, Irán, Sudáfrica, Brasil, entre otras, con quienes EE.UU. y Europa deberán compartir espacios en la toma de decisiones.

Crisis de la globalización y del multilateralismo

En la actualidad, diversos sectores políticos, sociales y académicos cuestionan el proceso de globalización. Específicamente sostienen, entre otras críticas, que este ha ampliado en algunos casos las desigualdades generadas por el crecimiento de la riqueza y la ausencia de distribución solidaria, que ha convertido a los Estados en más vulnerables a los efectos económicos de shocks externos y relativizado paulatinamente el concepto de Estado-nación. Incluso, la expansión rápida de la pandemia, se atribuye también a este fenómeno globalizador.

Respecto a la crisis del multilateralismo, esta tiene diversas explicaciones. La primera es que la emergencia o reemergencia de potencias (principalmente China y Rusia) ha venido acompañada por su cuestionamiento a la actual arquitectura institucional y normativa que EE.UU. y Occidente establecieron en el mundo desde 1945. La segunda razón que explica esta crisis es que la alianza entre EE.UU. y Europa —que permitió consolidar esta arquitectura multilateral— se ve hoy también en crisis, lo que contribuye a debilitar las bases del sistema multilateral vigente.

Una tercera explicación deriva de la actuación de ciertas administraciones estadounidenses (como las de George W. Bush y Donald Trump) abiertamente contrarias al multilateralismo, con la adopción de decisiones unilaterales al margen de estos esquemas, debilitando la imagen de los organismos multilaterales frente al mundo. La cuarta razón es la pérdida de legitimidad de estas instituciones por problemas internos tales como su falta de liderazgo, su inoperancia o por cuestionamientos a su falta de transparencia y rendición de cuentas. El triste papel desempeñado por la OMS para enfrentar la pandemia, incrementa el desprestigio de estas organizaciones y del multilateralismo.

Crisis de la integración

Otra de las características del orden internacional actual y que concita un importante consenso es el de la crisis de los procesos o iniciativas de integración en el mundo. Si bien subsisten algunos procesos que cuentan con un importante o relativo éxito, esta no es la regla general sino más bien la excepción. La pandemia, no ha hecho sino confirmar la inoperancia de estos procesos, cuya utilidad fue nula para enfrentarla.

Proteccionismo económico y comercial emergente

En este caso no estamos propiamente ante una característica nueva, por el contrario, desde el siglo XX diversos Estados —incluyendo entre ellos a los propios promotores del libre comercio— han apelado a estas políticas con el propósito de sanear sus economías frente a situaciones de crisis internas.

En este sentido, Levy (2009) distingue la existencia de hasta tres tipos de proteccionismo, hoy plenamente vigentes: el proteccionismo intencional, el proteccionismo incidental (apariencia de legalidad) y el proteccionismo instrumental (para lograr que otro Estado realice una conducta determinada; se trata, por tanto, de un mecanismo de presión).

Estas prácticas se extienden a todos los continentes, siendo un caso particularmente destacable el de China. Nuevamente, la pandemia, ha reafirmado esta característica, al cerrarse los Estados y aplicar barreras al libre tránsito de mercancías.}

Emergencia de nacionalismos y populismos

La aparición de grupos nacionalistas y populistas en el mundo ha sido posible por la concurrencia de una serie de hechos o factores al interior de ciertos países que han fortalecido los discursos extremos y que han permitido el crecimiento electoral de estos grupos.

Este fenómeno, por lo demás, se extiende geográficamente al mundo entero, no distinguiendo entre países en desarrollo o desarrollados, como son los casos de Alemania, Austria, Bélgica, Bolivia, Brasil, Ecuador, EE.UU., España, Filipinas, Finlandia, Francia, Grecia, Holanda, Hungría, Italia, México, Noruega, Polonia, Reino Unido, Suecia, Turquía, Venezuela, entre otros, llegando incluso, en algunos casos, a alcanzar el poder. Empero, hay que precisar que estos movimientos responden a características propias de cada país, por lo cual es posible encontrar diferencias tanto en el poder alcanzado internamente como en la posición que asumen frente a diversos temas. La pandemia, por lo demás, ha llevado a extremos las posturas populistas y nacionalistas, sin distinguir regiones o niveles de desarrollo.

Crisis de la democracia liberal

La mayoría de analistas parece coincidir en que a partir de 2006 se habría producido una crisis democrática. En efecto, habríamos ingresado a un periodo de decrecimiento o recesión democrática por diversos factores como: a) el surgimiento de sistemas autoritarios e híbridos de gobierno; b) la crisis de los partidos políticos democráticos; c) la limitación de las democracias para consolidar mayores niveles de igualdad; d) el des-prestigio de la clase política producto de la corrupción; e) la emergencia de potencias no democráticas que cuestionan el modelo democrático vigente; y, f) porque algunos de los países líderes en la promoción de la democracia parecen carecer de voluntad para continuar cumpliendo ese rol en el mundo. Finalmente, la pandemia, ha llevado a afirmar posturas autoritarias y poco democráticas, con la consecuente restricción de derechos fundamentales.

Impacto de los avances tecnológicos

Los vertiginosos avances tecnológicos que se han producido en las últimas décadas, que han venido a denominarse, la cuarta revolución industrial, tienen un crucial impacto no solo en la vida cotidiana de las personas sino también de los Estados. Se trata de un proceso irreversible que no solo trae beneficios sino también retos, en el campo de la seguridad, el financiero y comercial, la democracia y los derechos humanos, el laboral, la salud, entre otros.

Para las potencias regionales o mundiales el reto es mayor, en tanto la utilización de estos avances como herramienta para consolidar su mejor posicionamiento en el nuevo orden internacional que se viene configurando resulta de vital importancia. En tal sentido, el impacto de los avances tecnológicos tiene y tendrá una incidencia directa y capital en la configuración del actual orden transitorio internacional. La disputa entre China y EE.UU. por descubrir la vacuna contra el COVID-19 es una manifestación de lo dicho, en tanto el primero en descubrirla afirmará su prestigio y poder blando en el mundo.

Reflexión final

El orden transitorio mundial que se ha venido imponiendo desde 2008 y cuyas características han sido descritas (muchas de las cuales se han afirmado con la pandemia) obliga a América Latina y el Caribe —y al Perú dentro de ella— a replantearse cuál debe ser su estrategia de política exterior, de forma tal de responder adecuadamente y beneficiarse de este nuevo esquema.

En nuestro criterio, América Latina y el Perú deben apostar por un relacionamiento múltiple con las potencias tradicionales y las emergentes. Sin embargo, consideramos que este relacionamiento múltiple y pragmático debe desarrollarse de manera cuidadosa y equilibrada.

Referencias bibliográficas

BBC Redacción. (14 de enero de 2019). Cuáles serán las mayores economías del mundo en 2030. BBC News Mundo. Recuperado de https://www.bbc.com/mundo/noticias-46813508

Gestión. (24 de abril de 2018). Las economías más grandes del mundo en 2018. Diario Gestión. Recuperado de https://gestion.pe/economia/economias-grandes-mundo-2018-232078

Levy, P.I. (2009). Imaginative Obstruction: Modern Protectionism in the Global Economy. Georgetown Journal of International Affairs, 10(2), pp. 7-14.

Lind, J. y Wohlforth, W.C. (2019). The Future of the Liberal Order Is Conservative: A Strategy to Save the System. Foreign Affairs, 98(2), 70–80.

Parra, A. (2018). El juego geopolítico de la Nueva Ruta de la Seda en Asia. Documento Opinión IEEE, 126. Recuperado de http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2018/DIEEEO126_2018AGUPAR-RutaSeda.pdf

Pomorska, K. y Noutcheva, G. (2017). Europe as a Regional Actor: Waning Influence in an Unstable and Authoritarian Neighbourhood. Journal of Common Market Studies, 55, 165–176. doi: 10.1111/jcms.12612


Este documento ha sido elaborado en base al libro: Novak, F. y Namihas, S. (2019). Tiempos de transición. La conformación de un nuevo orden internacional. Lima: Instituto de Estudios Internacionales (IDEI) de la Pontificia Universidad Católica del Perú y Fundación Konrad Adenauer.

Versión digital del libro en: http://repositorio.pucp.edu.pe/index/handle/123456789/168834

Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de la KAS Perú.

Fabian Novak

Fabian Novak

Abogado, Master en Derecho Internacional Económico y Doctor en Derecho por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Profesor de la Academia Diplomática del Perú y de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Subdirector del Instituto de Estudios Internacionales (IDEI) de la PUCP. Ex Presidente del Comité Jurídico Interamericano de la OEA. Ex Profesor de la Academia de Derecho Internacional de La Haya. Ex viceministro de Defensa.

Uruguay: un socio confiable

La Fundación Konrad Adenauer presenta su atlas de socios para fortalecer un orden multilateral basado en reglas (Partneratlas).  A partir […]

Lectura: 9 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La Fundación Konrad Adenauer presenta su atlas de socios para fortalecer un orden multilateral basado en reglas (Partneratlas).  A partir de las experiencias de la oficinas locales y regionales de la KAS la publicación contribuye a identificar fortalezas y potenciales de dichos países. En el complejo contexto mundial, se ofrecen reflexiones y recomendaciones sobre posibles lineamientos de la política exterior alemana. El capítulo dedicado al Uruguay fue redactado por el representante de la KAS, Sebastian Grundberger, y el representante adjunto, Thomas Schaumberg.

¿Qué relevancia tiene Uruguay para Alemania si se trata de hacer realidad un orden mundial basado en valores y reglas? 

A pesar de su tamaño modesto, Uruguay puede ser considerado como modélico en comparación a otros países latinoamericanos por su destacable composición política y socioeconómica. En una región signada por la inestabilidad, el país posee una larga tradición democrática y republicana con instituciones que funcionan y un diverso panorama de medios de comunicación.

Según Transparencia Internacional, Uruguay es el país menos corrupto de América Latina y ocupa el puesto 21 en el índice global de corrupción (de un total de 168). Uruguay tiene una clase media relativamente amplia y sólida, bajas tasas de pobreza y un alto nivel de cohesión social. También cabe destacar una cultura política orientada al consenso, un sistema de salud y educación desarrollado en comparación con la región, y un sistema de partidos políticos estable. El manejo profesional de la crisis de COVID-19 y la baja mortalidad han demostrado una vez más el alto nivel de atención médica uruguaya.

Montevideo es un importante centro de distribución de productos latinoamericanos hacia Europa, y centro financiero de la región. La relevancia económica y el papel regional de Uruguay como intermediario (especialmente entre Brasil y Argentina) son razones por las cuales Montevideo es la sede de las alianzas comerciales Mercosur y ALADI.

El sector informal relativamente pequeño, el alto poder adquisitivo el país y las oportunidades de inversión generalmente favorables, ofrecen muchos puntos de partida para empresas alemanas.

¿Qué tan listo está Uruguay para cooperar con Alemania para realizar este interés?

Uruguay dispone de un servicio diplomático profesional y ha producido conocidos diplomáticos internacionales, entre los cuales Luis Almagro, Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), es solo el ejemplo más reciente.

Uruguay depende de la integración regional e internacional eficaz, y está muy dispuesto a trabajar activamente para fortalecer un orden mundial basado en valores y reglas. Esto se puede ver, por ejemplo, en el hecho de que Uruguay es uno de los 15 estados miembros de la ONU que han estado más involucrados en las misiones de paz de la ONU en la última década. Actualmente también es miembro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU y asumió a comienzos de julio la presidencia del Mercosur, coincidiendo con la presidencia alemana del Consejo de la Unión Europea.

Aunque en materia de política exterior Uruguay está tradicionalmente habituado a mantener relaciones cercanas con varios países del mundo, es de esperar que haya un ligero cambio de dirección en los próximos años. Después de 15 años de gobierno de una coalición plural compuesta por fuerzas de izquierda, en marzo de 2020 un gobierno de centro liderado por el presidente Luis Lacalle Pou se hizo cargo del gobierno. Es notoria la clara demarcación de los Estados autoritarios de izquierda en la región, como Venezuela, Cuba y Nicaragua, que se expresó en su no inclusión entre los invitados a la asunción de Lacalle. Se espera también que las relaciones con las democracias occidentales en Europa y América adquieran prioridad por encima de las relaciones con China y Rusia, por ejemplo.

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Aquí es donde Alemania adquiere particular relevancia. Alemania es muy apreciada en Uruguay con respecto a su papel internacional y en muchos sentidos constituye un modelo a seguir. Un ejemplo es la educación dual, otro es la agenda de sostenibilidad, en la que Uruguay exhibe conceptos muy progresistas en sus políticas. En relación con la implementación de los objetivos de sostenibilidad como parte de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, Uruguay ocupa un destacado puesto en el contexto sudamericano (el segundo lugar detrás de Chile, y el lugar 43 a nivel mundial).

Status quo ¿Cuán estrecha es la cooperación entre Alemania y Uruguay actualmente en esta área?

Alemania y Uruguay mantienen relaciones diplomáticas hace más de 160 años. Especialmente durante el período fundacional hubo importantes olas de inmigración alemana. Instituciones como la Escuela y Liceo Alemán gozan de una alta reputación en el país. La Cámara de Comercio e Industria Uruguayo-Alemana participó intensamente en el desarrollo de un sistema de formación dual basado en el modelo alemán. También en el campo de las energías renovables el know-how proveniente de Alemania también juega un papel importante, lo que subraya la afinidad de Uruguay a las políticas afines al clima y a la sostenibilidad.

Alemania, por su parte, apoyó el proceso de transición del país de la dictadura (1973 a 1985) a la democracia con delegaciones parlamentarias. Los impulsos actuales para las relaciones bilaterales comprenden la Iniciativa para América Latina y el Caribe de la Oficina Federal de Relaciones Exteriores de 2019 y el Acuerdo UE-Mercosur, cuya ratificación apoya firmemente Uruguay.

Potencial ¿Qué tan importante es el potencial para intensificar la asociación entre Alemania y Uruguay en esta área?

Debido a la relevancia descrita y a las experiencias hasta la fecha que dieron forma a la relación entre Alemania y Uruguay, Uruguay es un aliado ideal para fortalecer el multilateralismo. El país también se ofrece para promover la integración regional de América Latina y acercar el continente a Europa.

La cercanía del nuevo gobierno con el Grupo de Lima, una alianza multilateral de 14 estados americanos en pro de la restauración de la democracia en Venezuela, así como el acercamiento con la Alianza del Pacífico, sugieren también que en el futuro Uruguay se comprometerá en forma más intensa con el libre comercio, los derechos humanos y el fortalecimiento del sistema multilateral.

Todavía hay potencial para la cooperación en el área de la lucha internacional contra el crimen. En los últimos años por los carteles de la droga latinoamericanos han identificado al Uruguay como país de tránsito y ruta de exportación hacia Europa. Para evitar que Uruguay se convierta cada vez más en el centro del tráfico de drogas en la red mundial, podrían considerarse un intercambio de experiencias por parte de las autoridades aduaneras, la transferencia de tecnología y la capacitación de los servicios de inteligencia.

Recomendaciones políticas ¿Qué debería cambiar en la política exterior alemana para poder aprovechar exhaustivamente este potencial?

Especialmente durante su presidencia del Consejo de la UE en el segundo semestre de 2020, Alemania debería aprovechar la presidencia uruguaya del Mercosur para impulsar la ratificación del acuerdo UE-Mercosur. Esto no solo es de interés geoeconómico para Europa, sino que también impulsa de manera crucial la integración económica de América del Sur.

Alemania también debería dar a Uruguay más respaldo en el fortalecimiento del Mercosur y se acercamiento a la Alianza a la Alianza del Pacífico. Es importante considerar a Uruguay más como aliado político y no solo como un destino de vacaciones amigable y «hermano pequeño» de Argentina. El aumento de las visitas de representantes alemanes de alto rango subrayaría el aprecio de Alemania por Uruguay.

China ha expandido masivamente su influencia en América Latina en los últimos años, también en Uruguay. China es el mayor comprador de productos uruguayos después de Brasil e invierte en proyectos de infraestructura estratégica, por ejemplo, en el puerto de Montevideo. Al mismo tiempo, el papel de China y el riesgo de dependencia unilateral en el continente no son discutidos en forma adecuada. Alemania debería partir de aquí y abogar por una posición más segura e independiente de la UE en la región.

Los invitamos a leer de los mismos autores Luís Lacalle Pou: un rumbo claro.

Una contribución a esto podrían ser proyectos concretos de infraestructura y de cooperación en el área de capacitación dual, sostenibilidad, digitalización y logística. Se debería apoyar las iniciativas de la Cámara de Comercio e Industria Uruguayo-Alemana con el objetivo de atraer a los inversores alemanes al país y agotar al máximo el potencial económico del país. Aprovechar esto es particularmente importante dado el reciente enlentecimiento de la economía y el aumento del desempleo. Un Uruguay que mantenga su vitalidad económica y su estabilidad política es de gran interés para Alemania, también y especialmente en el contexto del fortalecimiento de un orden mundial basado en valores y reglas.

También vale la pena tomar nota a nivel internacional del manejo exitoso de Uruguay de la crisis de COVID-19. El gobierno apeló constantemente por el «uso responsable de las libertades civiles» al observar las medidas de precaución. El alto nivel de disponibilidad de la población de respetar estas instrucciones hizo innecesarias prohibiciones demasiado estrictas. Esta madurez social de Uruguay es, en muchos sentidos, ejemplar.

Traducción de Manfred Steffen

Sebastian Grundberger

Sebastian Grundberger

Coordinador de los países andinos en la Fundación Konrad Adenauer.

Thomas Schaumberg

Thomas Schaumberg

Doctor en historia antigua. Magíster en relaciones internacionales por la Universidad lumsa de Roma y grados en latín e historia.

El barbijo como deber cívico

Mantener la distancia social, evitar contacto en lugares cerrados y fundamentalmente usar el barbijo ocupan un lugar destacado entre las […]

Por: Manfred Steffen 30 Jul, 2020
Lectura: 7 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Mantener la distancia social, evitar contacto en lugares cerrados y fundamentalmente usar el barbijo ocupan un lugar destacado entre las estrategias para evitar el contagio con COVID-19. El desafío de la pandemia interpela a los ciudadanos. La salud pública es asunto de todos, desde el Estado hasta cada individuo. De nuestros actos cotidianos dependerá el futuro. 

La discusión sobre el uso del barbijo(*) es universal. Se repite en diferentes sociedades y trasciende cortes ideológico-partidarios. Por un lado, se esgrime la libertad de elección de cada individuo. Se oyen argumentos como “el barbijo es incómodo, me impide comunicarme con los demás, crea una distancia entre las personas, y fundamentalmente, es mi decisión si quiero utilizarlo o no”. Por otro lado, se alega la importancia de las conductas precautorias, sin las que es posible, incluso probable, que los contagios se disparen. Según el país, las autoridades dejaron más o menos librado a cada ciudadano su utilización. Pero la situación actual a nivel mundial lo convierte en un instrumento ineludible para el control de la expansión del COVID. El uso del barbijo es una muestra de responsabilidad, en un “deber cívico”, como resumía un científico uruguayo recientemente (1).

Antecedentes

El COVID-19 cambió el mundo. Lo que empezó como una enfermedad local, posiblemente a partir del contacto humano con animales en un mercado chino, se extendió en poco tiempo y constituye una pandemia que se propaga con rapidez hasta los últimos rincones del planeta (2). Algunos hablaron de la aparición de un cisne negro, es decir de un acontecimiento altamente improbable de graves consecuencias. Pero el propio Nicolas Taleb que acuñara este concepto, se ocupó de aclarar que este evento era previsible e incluso casi inevitable si no se cambiaba radicalmente la conducta de la gente (3).

Las causas de la pandemia del COVID-19 son diversas y complejas. Pero hay evidencia de que la destrucción de ecosistemas como consecuencia de la tala de bosques, la ampliación de áreas dedicadas a la agricultura y la cría masiva de animales para alimento humano propiciaron su propagación. Habitamos un mundo hiperconectado, con verdaderas “ciudades” de animales confinados para la producción de carne (4) y crecientes áreas dedicadas a monocultivos de especies de alto rendimiento. Esto, y la movilidad creciente de personas y mercancías por el mundo constituyen el contexto ideal para la transmisión explosiva del virus.

Consecuencias

Las consecuencias de la pandemia son conocidas y en algunos países los sistemas de salud se vieron superados por la cantidad de pacientes. En poco tiempo la disponibilidad de ventiladores pasó a ser tema de la agenda política, la información sobre el estado sanitario y los servicios asociados ocupó espacios relevantes en las noticias. La discusión sobre como aplanar la curva de contagio se convirtió en asunto de Estado. Las estrategias de mitigación y prevención variaron mucho, pero en la mayoría de los países las autoridades implementaron medidas más o menos voluntarias de limitación del contacto social mediante llamados a la precaución, la limitación de los movimientos y hasta la puesta en práctica de la cuarentena obligatoria.

No existe unanimidad respecto a la necesidad de la cuarentena. Hay quienes la consideran ineludible para evitar el colapso de los sistemas de salud. Para otros constituye una limitación inaceptable de su libertad ciudadana, o creen que provocará daños aún mayores que la epidemia misma a la economía e incluso a la salud mental de la población.

A lo largo de las últimas semanas comenzó un proceso de reinicio de las actividades productivas, comerciales, turística, educativas y culturales. Aunque este proceso parezca una vuelta a lo de ya conocido, algunos hablan de una “nueva normalidad”, mientras otros advierten que nada será como antes (5). Aprender a convivir con este virus implicará conductas precautorias y fundamentalmente nuevas formas de relacionamiento entre las personas. Más allá de las esperanzas en la pronta aparición de una vacuna salvadora, la pandemia del COVID-19 interpela a los individuos. El “desconfinamiento” progresivo, como lo llaman algunos expertos, comprende riesgos que no deberían ser omitidos en medio de la euforia por el relativo control de la evolución de los contagios. Existe incertidumbre respecto al desarrollo de esta crisis, ya que más allá de los esfuerzos sanitarios y de investigación a nivel global, persisten las causas primarias de la pandemia. Es probable que el añorado reinicio de las actividades provoque rebrotes (6). En la medida en que éstos se puedan localizar rápidamente será posible evitar un aumento exponencial de los contagios y la circulación comunitaria del virus. Para esto es necesario aumentar las capacidades de testeo y de seguir los hilos epidemiológicos. La contraparte indispensable de esta estrategia es la conducta de la ciudadanía ya que ningún sistema de salud podrá responder en forma eficaz si la ola de contagios se descontrola.

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La pademia hizo visibles y colocó en la agenda la discusión sobre los sistemas de salud pública. Las dramáticas imágenes de hospitales durante los picos de contagio en numerosos países mostraron la exigencia a la que está sometido el personal de la salud. También quedó clara la importancia de los aportes desde la ciencia a los procesos de toma de decisión política. Mientras que regímenes populistas recurrieron a la negación del problema o a consignas triunfalistas, las democracias apostaron a la comunicación seria y sistemática, y llamaron a la ciudadanía a sostener los esfuerzos colectivos. En algunos países los institutos dedicados a la investigación científica pasaron a ocupar un rol clave no solamente en la provisión de conocimiento, sino en la comunicación y explicación de una situación inédita y desafiante.

Ciencia y política

Un resultado positivo de la crisis del COVID-19 es que favoreció la cooperación de la ciencia con la política (7). En algunos países esto ocurre mediante la participación de instituciones de investigación (Alemania), en otros se constituyeron comités científicos de carácter honorario (Uruguay). Desde estas instaincias se difunden informaciones serias y se promueve la participación ciudadana en la lucha contra la pandemia. Las conductas responsables y empáticas permitirán evitar correr de atrás los problemas y anticipar las situaciones críticas para navegar exitosamente por este desafío. Como resumió un integrante del Grupo Asesor Científico Honorario en Uruguay: “el barbijo es un deber cívico”. La nueva normalidad exigirá nuevos diálogos y cooperaciones. Del compromiso de toda la sociedad, de cada uno de nosotros dependerá el futuro.

(*) Según el país se utiliza también tapaboca o mascarilla.

  1. Henry Cohen, miembro del comité asesor científico honorario en Uruguay en https://www.youtube.com/watch?v=3EEGfUG4PUE&t=1703s
  2. Al 27 de julio existen 16 millones de casos y se produjeron 650 mil fallecimientos a nivel mundial. En Latinoamérica se contagian diariamente 200.000 personas. Fuente https://www.rtve.es/noticias/20200727/mapa-mundial-del-coronavirus/1998143.shtml
  3. Nichlas Taleb en https://www.youtube.com/watch?v=kixi_Ob4hCM
  4. Esteban Jobbagy en UNSL Dialoga – Cambio climático: los desafíos postpandemia en https://www.youtube.com/watch?v=vXfEa0c2XV8&t=2596s
  5. Isaac Nahón Serfaty en https://redaccion.dialogopolitico.org/agenda/lo-que-covid-19-nos-dejara-siete-cosas-que-van-a-cambiar/
  6. “Es y será el escenario más razonable en los próximos meses”, según declaraciones del profesor Rafael Radi, líder del comité asesor científico honorario en Uruguay en https://www.youtube.com/watch?v=3EEGfUG4PUE&t=1703s
  7. Sebastian Grundberger, representante de la Fundación Konrad Adenauer (KAS) en Montevideo, señaló en un reportaje a la Deutsche Welle que Lacalle Pou «se ha asesorado por científicos muy reconocidos, que no tienen vínculos partidarios, a quienes les ha dado protagonismo para tomar decisiones basadas en la ciencia».  https://www.dw.com/es/presidente-de-uruguay-lacalle-pou-las-claves-del-%C3%A9xito-del-l%C3%ADder-latinoamericano-del-momento/a-54353297
Manfred Steffen

Manfred Steffen

Magíster en Ciencias Ambientales por la Universidad de la República de Uruguay. Dipl. Ing. Fachhochschule für Druck in Stuttgart. Coordinador de proyectos de la Fundación Konrad Adenauer, oficina Montevideo.

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