Humboldt y Apolo 11

Coincide esta semana el cincuentenario del alunizaje norteamericano de Armstrong, Aldrin y Collins, y los doscientos veinte años de la llegada de Humboldt y Bonpland a la América española. Buena ocasión para un paseo al Planetario de Caracas.

Por: Guillermo Tell Aveledo Coll 19 Jul, 2019
Lectura: 6 min.
Planetario Humboldt, Parque del Este, Caracas | Foto: Guillermo Tell Aveledo
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Tras unas semanas de reposo tras un leve accidente, e iniciando mi recuperación, aprovechamos una mañana dominguera para celebrar eso en familia, visitando el Parque Generalísimo Francisco de Miranda, conocido en Caracas como «Parque del Este». El gran pulmón vegetal de la ciudad, inaugurado con la antigua democracia, pretende representar a casi todas las regiones climáticas del país, con un paisajismo que crea microclimas evocativos del bosque nublado, los llanos y el desierto. Entre su espectacular urbanismo y atracciones, algunas ya vetustas, se encuentra el Planetario de Caracas, que lleva el nombre de Alejandro de Humboldt (1769-1859).

Había pasado muchos años sin entrar al Planetario, acaso desde niño. Mucho estaba como lo recordaba, entre otras cosas, la arquitectura de la era espacial y la evocación futurista. Administrado por la Armada venezolana y recientemente remozado, es un espacio de entretenimiento educativo, y sus presentaciones reciben a cientos de caraqueños cada fin de semana. No es uno de los hitos más famosos de la ciudad, sí lo es su imponente montaña, el Ávila, recorrida por el naturalista prusiano, y recogida en su libro Viajes a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente.

En este viaje, que durante cinco años le vería recoger decenas de miles de especímenes de los más variados territorios del imponente imperio —así como impresiones sobre su tenor de vida y cambio social—, acendraría la merecida fama del joven polímata entre los científicos europeos. Y su visión perdura en la historia natural con el objetivo no solo de recorrer y recoger tierras ignotas y exóticas —en el famoso debate dieciochesco sobre la naturaleza del Nuevo Mundo—, sino además investigar la conexión estrecha entre los fenómenos naturales físicos y la vida vegetal, y, por tanto, la vida humana. ¡Cuánto de estos ecosistemas, que aún no terminamos de conocer con justicia, se nos iluminó con los mapas y cartas de Humboldt!

La expedición científica de Humboldt, que se inició en Cumaná un 16 de julio de 1799, reverbera a lo largo de Venezuela, donde varios monumentos geográficos, edificios e instituciones científicas y educativas —muchas de amistad germano-venezolana— se honran con su hombre. Es famoso para todos los venezolanos de alguna formación la frase que, sobre la ciudad, destruida por el terremoto de 1812 y las feroces guerras de independencia, recogió el sabio Lisandro Alvarado en su introducción a la primera edición criolla de la memoria de aquel viaje: «El recuerdo de esa despedida… es hoy más doloroso que no lo fue en años atrás. Nuestros amigos han perecido en las sangrientas luchas, que poco a poco han dado libertad a esas lejanas regiones. La casa que nosotros habíamos habitado no es más que un montón de escombros. Espantosos terremotos han cambiado la superficie del suelo. La ciudad que describí ha desaparecido».

Pensaba en esa ciudad desaparecida cuando, en esta visita, conectaba mi memoria juvenil del Planetario con los cambios que la ciudad ha tenido durante la vida de mis contemporáneos. Me impresionaba la ausencia de una pieza importante de la antigua colección de la institución: una roca lunar legada por los Estados Unidos de América a la República de Venezuela. Sin sospechar lo peor, no dejaba de llamar la atención que la única mención al alunizaje se encontraba en una muy modesta exhibición de una emisión de estampillas venezolanas de 1969 en honor a la hazaña, eclipsada por un espacio en homenaje a Yuri Gagarin, el primer cosmonauta en orbitar la tierra, donado por la Federación Rusa en amistad con la República Bolivariana. No es la primera vez que esa omisión llamaba mi atención: hace unos años, en una exhibición del Museo de Ciencias de la ciudad, entre los hitos de la exploración espacial, donde destacaban merecidamente la contribución soviética a la carrera espacial, no mencionaban a ningún país de Occidente.

La influencia del alunizaje norteamericano en la cultura y tecnología de los últimos cinco siglos es, así como la del viaje de Humboldt, una presencia silenciosa pero permanente. Con la tripulación de astronautas norteamericanos que llegaron a la Luna —también un 16 de julio, pero de 1969— se corona un hito simbólicamente importante en nuestra relación con el cosmos. La validez de las misiones aeroespaciales tripuladas ha sido desviada hacia esfuerzos de exploración por sondas y vehículos autónomos cuya información, en la vastedad del universo aún desconocido, apenas empezamos a descifrar. Mientras tanto, en nuestra vida ordinaria hacemos uso de múltiples tecnologías desarrolladas para la exploración espacial; entre estas, las que nos ayudan para la expresión en telecomunicaciones de imágenes, textos y sonidos, y que hoy han transformado la faz de la interacción humana. Y hoy vemos a la exploración espacial, trascendidos los límites del enfrentamiento entre los grandes bloques geopolíticos del pasado, como una alternativa necesaria ante la crisis climática que enfrentamos. La Luna, y nuestro sistema galáctico más inmediato, es apenas una primera escala para un futuro sostenible de la humanidad.

La proyección en el Planetario, hecha cuidadosamente, recorría la misma bóveda celestial que había sido testigo del viaje de Humboldt, del este al oeste caraqueño. Me recuerda mi esposa que el viejo proyector, cuidado con esmero y dedicación, es también alemán, y ha excedido por décadas su garantía original. Bajo aquella recreación del cosmos desde el cual Aldrin, Collins y Armstrong registraron a nuestro planeta como esa frágil y pequeña esfera azul que aún nos sobrecoge, pasamos un agradable rato en el trajín de la ciudad.

A mediados del siglo XIX, el astrónomo berlinés Johann von Mädler nombró uno de los «mares» lunares que colindan entre la faz visible y el lado oscuro de nuestro satélite, en honor a Humboldt. Ese mar está muy lejos de las pisadas de los astronautas de las sucesivas misiones norteamericanas, pero cerca de sus pasos, también como explorador de mundos nuevos. Y por eso lo recuerdo en un paseo dominguero en la perdida Caracas.

Guillermo Tell Aveledo Coll

Guillermo Tell Aveledo Coll

Doctor en ciencias políticas. Decano de Estudios Jurídicos y Políticos, y profesor en Estudios Políticos de la Universidad Metropolitana de Caracas.

La distancia entre la juventud latinoamericana y los partidos políticos

La crisis de representatividad de los partidos políticos abarca también a las nuevas generaciones, que no se ven reflejadas en […]

Por: Redacción 18 Jul, 2019
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La crisis de representatividad de los partidos políticos abarca también a las nuevas generaciones, que no se ven reflejadas en sus ideas y estructuras.

Se dice que los jóvenes son el futuro y los partidos políticos ya son una cosa del pasado, dos hechos en una línea de tiempo que jamás llegarán a cruzarse. Pero esa mirada es errada. Es necesario que ambos ocupen juntos su lugar en el presente, aunque en la práctica los separa una gran distancia.

Según datos de la Encuesta Intergeneracional sobre Actualidad Latinoamericana elaborada por Tendencias Digitales para el Grupo de Diarios América (GDA), la juventud latinoamericana se destaca con respecto a otras generaciones por la inutilidad con la que ve a los partidos políticos para el funcionamiento de un país. El tema es que sin partidos no hay democracia.

Los partidos políticos cumplen el rol de configurar en torno a ellos grupos que compartan los mismos ideales canalizando sus demandas para luego negociar con otros partidos, formando el debate que necesita una democracia saludable. Por lo tanto, el diálogo democrático requiere de partidos.

Es bajo esta lógica que la grieta entre juventud y partidos políticos coincide con otro dato que hizo sonar alarmas a fin del año pasado. Si nos basamos en el Latinobarómetro de 2018, en nuestra región a medida que disminuye la edad aumentan la indiferencia hacia la democracia y el apoyo al autoritarismo. Las dos cuestiones están atadas; la relación entre democracia y partidos políticos es clara.

Ahora bien, acá la responsabilidad se la llevan los partidos cuando piensan bajo viejos paradigmas. Son ellos quienes en su mayoría fracasan en representar a ese sector joven de la sociedad que en Latinoamérica constituye un tercio de la población. La razón es simple: le tienen la puerta cerrada. Se piensa mucho en estrategias de marketing para ganar el voto joven, pero muy poco en prácticas para genuinamente incorporar de forma estable las ideas y valores que representan las nuevas generaciones.

En lugar de quemar tantas neuronas pensando en cómo llegar a los jóvenes, los partidos políticos tendrían que deconstruirse en un cómo nosotros nos dejamos llegar por los jóvenes. De otra forma, la juventud termina siendo excluida de los partidos y con ello del juego democrático. Los jóvenes no se quedarán esperando en el banco de suplentes por ese futuro del que tanto se les habla, porque tienen un legítimo papel que desempeñar en el presente. Quedará por ver si los partidos políticos pueden estar a la altura del desafío.

Redacción

Redacción

Plataforma para el diálogo democrático entre los influenciadores políticos sobre América Latina. Ventana de difusión de la Fundación Konrad Adenauer en América Latina.

La migración: drama y propaganda

En los meses recientes, el fenómeno de la migración en Estados Unidos se ha convertido en una fuente de historias […]

Por: Juan C. Gordillo Pérez 17 Jul, 2019
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

En los meses recientes, el fenómeno de la migración en Estados Unidos se ha convertido en una fuente de historias trágicas, al mismo tiempo que sigue siendo una herramienta de la propaganda política.

Según información del diario The New York Times este domingo 14 de julio se habría dado inicio a una serie de detenciones de hasta dos mil migrantes en situación ilegal, con el objetivo de hacer cumplir las expulsiones que pesan ya sobre sus espaldas.

Distintas administraciones norteamericanas en el pasado se han visto enfrentadas al problema de la migración: a la cuestión de cómo defender la soberanía nacional —que tiene en sus fronteras uno de sus símbolos más sólidos— y, al mismo tiempo, proporcionar un trato humanitario —consecuente con las leyes internacionales de las que son signatarios— a las miles de personas que a diario buscan, de forma legal e ilegal, un refugio en su país, los gobiernos de Estados Unidos han basculado entre generar políticas más o menos eficientes y traspasar las líneas que salvaguardan la dignidad humana como herramienta disuasoria.

Sean de corte demócrata o republicano los gobiernos norteamericanos anteriores al actual han mantenido en pie este frágil equilibrio con resultados inciertos, no sólo porque la idea de «impermeabilizar las fronteras» por la supuesta amenaza a la soberanía que implica la migración demuestra a diario su imposibilidad —y el fenómeno de la migración no deja de transformarse y variar su naturaleza—, sino porque al forzar las costuras del sistema democrático con prácticas políticas cuestionables (no siempre legales), han difuminado aún más esa delgada línea roja entre lo que es justificable y lo que es francamente inhumano.

La administración que dirige el presidente republicano Donald Trump parece, sin embargo, haber dado un paso mucho más allá, saltándose las anteriores restricciones éticas que otros presidentes tácitamente habían respetado. Y Trump está cruzando esa delgada, muy delgada, línea roja justo en la dirección equivocada, en la dirección que a nombre del nacionalismo extremo pone en cuestión y menosprecia los fundamentos de toda democracia.

En los últimos meses el fenómeno de la migración, en manos del presidente Trump, está produciendo historias desgarradoras, añadiendo un inhumano dramatismo al ya de por sí dramático asunto al que se ven sometidos miles de personas: verse obligados a dejar un país sumergido en la pobreza, la desesperanza, el caos político y económico o la violencia.

La migración desde el sur de la frontera de Estados Unidos venía transformándose en los últimos años, y aunque es cierto que no alcanzaba las altísimas cuotas que vivieron administraciones pasadas, las autoridades a cargo de salvaguardar las fronteras estaban viendo un incremento en el número de familias tratando de cruzar hacia el país del norte. Sin embargo, a este nuevo movimiento migratorio, y a la migración en su conjunto, Trump le puso desde el inicio de su presidencia un rostro bien particular: la migración es ilegal y quienes migran son una amenaza, porque son bandidos, violadores o simplemente provienen de países con creencias distintas a las ideas locales.

El lema América primero tenía que complementarse, necesariamente, con los extranjeros (todos los extranjeros) en segundo lugar. Y este segundo lugar, este deslizamiento de las prioridades implicó, como no podía ser de otra forma —la línea narrativa propagandística así obligaba—, que lo secundario fuese considerado sujeto a protecciones y tratos de segunda.

Que los niños sean encerrados en jaulas; que sean separados de sus familias; que mueran sin que se dé aviso de inmediato a familiares y autoridades; que los adultos sean sometidos a tratos vejatorios y sin el consecuente proceso legal; que las familias ahora sean recluidas en campos de concentración —y la discusión principal en las redes sociales sobre si se abusó o no del término, como si la deshumanización y el sufrimiento fueran propiedad de una sola nación—; que se obligue a otro país (en este caso a México) a que lleve a cabo las tareas policíacas, administrativas y, en último término, disuasorias, que le corresponden a los Estados Unidos —pues es allí donde los migrantes, muchos de ellos, están presentando su solicitud de asilo—… Todos estos hechos son consecuentes con la idea principal: se trata de ciudadanos inferiores y por eso son sujetos a un trato inferior.

Tras unos breves días en la prensa y en las redes sociales, la fotografía de Valeria y su padre Óscar ahogados en la orilla del río Bravo —porque prefirieron arriesgarse a cruzar, en vez de esperar en el hacinado refugio de Tamaulipas a que se tramitara su solicitud— ha desaparecido de la conversación en los medios de Estados Unidos. Muchos ciudadanos norteamericanos, en consonancia con Trump, creen como él que esos migrantes son culpables de migrar y lo que sufran es consecuencia de su actuar. ¿Por qué dedicarles sino un secundario pensamiento?

Para esos ciudadanos de segunda el mensaje es, por otro lado, el del miedo y la incertidumbre constantes. Las redadas que se llevaron presumiblemente a cabo este lunes son una práctica común en la lucha contra la migración ilegal pero, como en otros momentos, Trump ha cruzado también aquí una línea en la dirección de la propaganda nacionalista: anunciar públicamente y en distintas ocasiones las redadas para hacer de ellas una herramienta de control ciudadano y político.

A este actuar trumpiano no le falta la resistencia en la calle, los parlamentos y los medios. A pesar de ello, no parece que esta administración vaya a dar un paso atrás en su coherente deseo de hacer saltar las costuras del sistema democrático que le permitió llegar al poder. De cara a las elecciones presidenciales del 2020 no sería ya una sorpresa que Trump siguiera en el poder: una sociedad norteamericana que da la espalda a sus valores democráticos es (y ha sido en el pasado también) uno de los tantos mundos posibles.

Juan C. Gordillo Pérez

Juan C. Gordillo Pérez

Ciudad de México (1977). Licenciado en Filosofía por la Universidad de Salamanca, España. Maestro en traducción (alemán-español) por la Universidad de Sevilla. Ex editor y redactor del Centro Alemán de Información para Latinoamérica y España

Macri-Cristina: la batalla final

El cierre de listas en la Argentina dejó atrás algunas sorpresas que habían sacudido el escenario. La polarización creció y […]

Por: Sebastian Chiappe 16 Jul, 2019
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Mauricio Macri y Cristina Fernández disputan el liderazgo en Argentina
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El cierre de listas en la Argentina dejó atrás algunas sorpresas que habían sacudido el escenario. La polarización creció y la elección se definirá entre los dos políticos más populares.

En diciembre de 2007, Cristina Fernández de Kirchner asumía como presidenta de la nación. Al mismo tiempo, Mauricio Macri lo hacía como jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Pese a estar en las antípodas de pensamiento, aquel fin de año comenzaba una relación política entre ellos. Una relación con diferencias insoslayables, aunque por momentos también se trató de una relación de conveniencia mutua. Cada uno representaba todo lo que no quería ser el otro. Eso institucionalizó el amigo-enemigo contemporáneo en la política argentina. Nació con el kirchnerismo, continuó con el macrismo y este año tendrá su contienda definitiva.

Con estrategias diversas, Mauricio Macri y Cristina Kirchner pusieron en marcha su maquinaria electoral de cara a las PASO, las elecciones generales y, posiblemente, la segunda vuelta. Ambos dieron golpes de efecto con sus fórmulas. Mientras que la expresidenta optó por un viejo amigo —con el que estuvo distanciado— para correrse hacia el centro y apoyarse en la fama de hacedor de acuerdos de su nuevo compañero, el actual presidente contestó con la designación de un enemigo —con el que se fue acercando en los últimos años— para mostrar apertura frente al círculo rojo y, principalmente, gobernabilidad en un eventual segundo mandato.

Los dos patearon el tablero y sacudieron el escenario político; sin embargo, el posterior cierre de listas demostró una vez más que hay cosas que todavía se definen en mesa chica y que, para este partido, hay que elegir a los fieles. Marcos Peña, Horacio Rodríguez Larreta y María Eugenia Vidal armaron las listas puertas para dentro del PRO. La UCR y la Coalición Cívica de Elisa Carrió completaron la nómina. Del otro lado de la grieta, copó la Cámpora en estado puro y hubo algunas atenciones con otro viejo amigo, Sergio Massa. Hubo unificación de criterios en los principales distritos y, en los que no, serán las primarias abiertas simultaneas y obligatorias las que definan.

A partir del cierre de listas, la polarización se profundizó, según indican las encuestas más confiables. Al igual que en 2015 y en 2017, cualquier intento de tercera vía se desvanece ante la mera presencia de Mauricio Macri y Cristina Kirchner. Ambos cuentan con un voto duro que —pase lo que pase— elegirán por uno de ellos en todas las instancias electorales que haya. Las jugadas implementadas para elegir a sus compañeros de fórmulas fueron veneradas y puestas por propios a la altura de decisiones que solo toman los grandes estadistas. Para comprender la lógica: el fanatismo adoctrinó a la tropa y se encargó de pulverizar a otras opciones. En el 2019 se trata de ella o él.

Las PASO que se realizarán el 11 de agosto no definirán internas en la categoría a presidente, por lo que se trasformarán en la mejor encuesta nacional para saber dónde está parado cada uno a poco más de dos meses para las generales. Un triunfo de alguna de las dos fuerzas por más de 5 puntos de ventaja podría invitar a pensar en una victoria en primera vuelta, algo que hoy resulta impensado, pero que es el sueño de todos. De llegar al ballotage, ya hay una certeza y otra incertidumbre: no se sabe quién ganará, pero sí que, ante la división de la sociedad, será por una diferencia ínfima.

La polarización en la Argentina es tan grande que no permite que surjan opciones de centro competitivas ni otras opciones que separan a los extremos de las ya existentes. A la izquierda del kichnerismo está el denominado FIT que, pese a haber logrado la unidad en los últimos años, elección tras elección apenas retiene su pobre caudal de votos. A la derecha del macrismo, en esta elección intentan surgir opciones liberales, pero por el momento distan de competitividad. «Mauricio y Cristina lo hicieron», podrían reflotar los publicistas en honor a una vieja campaña política de los años noventa.

Pasaron doce años de aquel diciembre de 2007. Cristina presidió la Argentina ocho años y Macri los últimos cuatro. En aquel entonces se eligieron como enemigos y construyeron en base a éxitos propios y defectos ajenos. Hubo algunas advertencias de que este momento llegaría. Y así es, llegó. Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner definirán en la próxima elección mucho más que un presidente. Definirán un modelo de país, de conducción y cuál de los dejará su rol protagónico dentro de cada espacio político para iniciar una nueva vida. Podría ser dentro del Congreso de la Nación, en los Tribunales o tal vez mismo fuera del país, aunque ni ellos todavía lo tengan claro. Lo que sí tienen claro es que están frente a la batalla final.

Sebastian Chiappe

Sebastian Chiappe

Licenciado en Comunicación Periodística en la Universidad Católica Argentina. Maestrando en Políticas Públicas en la Universidad Austral. Consultor político. Jefe de despacho en el Congreso de la Nación Argentina

Guatemala 2019: receta para intentar debilitar la democracia

A través de una breve receta gastronómica se pretende poner sobre la mesa los ingredientes que han llevado a la […]

Por: Ricardo Barreno 15 Jul, 2019
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16 de junio de 2019: Guatemala salió a las urnas.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

A través de una breve receta gastronómica se pretende poner sobre la mesa los ingredientes que han llevado a la situación actual de la democracia en este país. Lo que ocurra después del proceso electoral aún es una incógnita.

La democracia, como forma de organización social que atribuye la titularidad del poder a la ciudadanía, ha sido discutida por más de dos mil años. Sin embargo, tantas definiciones existen como libros de ciencias políticas, que complican su interpretación y abordaje.

Una rápida mirada desde lo filosófico, dogmático y académico permite entender lo polisémico del concepto.

«En la democracia el ciudadano no está obligado a obedecer a cualquiera; o si obedece, es a condición de mandar él a su vez; y he aquí cómo en este sistema se concilia la libertad con la igualdad». (Aristóteles, Política, segunda mitad del siglo IV a. C.)

Nótese que la democracia implica relaciones de poder cuyo equilibrio y cooperación está condicionada por el respeto de la norma y la aplicación de valores.

«Y si el mal gobierno se ejercitare por muchos, se llama democracia… que es, cuando la junta de los plebeyos por su muchedumbre oprime a los más ricos, y entonces todo el pueblo es como un solo tirano». (Tomás de Aquino, De Regimine Principorum, siglo XIII)

Nótese que en democracia no existen salvadores a lo Superman. Pensar que el desarrollo óptimo de una democracia se reduce exclusivamente al desempeño de cualquiera de los siguientes sectores: político, religioso, económico, social, llevaría al error de buscar soluciones salomónicas. Vivir en democracia es responsabilidad de todos.

«Todos aquellos que por riqueza, educación, inteligencia o astucia tienen aptitud para dirigir una comunidad de hombres y la oportunidad de hacerlo tienen que inclinarse ante el sufragio universal una vez éste ha sido instituido». (Gaetano Mosca, Elementi de scienza politica, 1895)

Nótese que la democracia implica la oportunidad de elegir representantes y la obligación de acompañar sus acciones para que, a través de estas, se atiendan los intereses ciudadanos.

En este punto, espero que el lector coincida conmigo en que lo mejor —o al menos—, lo más inmediato para evitar pasarnos otros dos mil años es referirnos a los elementos/ingredientes que pueden debilitarla, porque la democracia es tan benigna que se torna vulnerable cuando no recibe un trato adecuado.

Por ello, permítame sugerir la siguiente receta que utilizan quienes tienen la intención de poner en riesgo la democracia.

Ingredientes

  • 11 gramos de problemas estructurales. Una revisión y análisis de la base de datos del Barómetro de las Américas [1] da cuenta que, en Guatemala, entre 2004 y 2015, los tres principales problemas para la ciudadanía han sido: desempleo, delincuencia e inflación. Independientemente de los gobiernos que han sucedido por 11 años, ninguno ha logrado atender dicha problemática. Y un problema que se acumula eventualmente se convierte en crisis.
  • 75 mililitros de desconfianza institucional. Los mismos datos del Barómetro de las Américas evidencian que en el país la desconfianza en las instituciones alcanza el 75 %, aproximadamente. Entre 1996 y 2017 la ciudadanía ha desconfiado del Poder Judicial, el Gobierno, las fuerzas de seguridad civil, el Parlamento y los partidos políticos. Y una desconfianza permanente abre la puerta a cambios por vías violentas.
  • 7 onzas de apatía política. Según el estudio más reciente de cultura política de la democracia en Guatemala, 7 de cada 10 personas encuestadas indicaron que no tienen interés en la política como eje principal en donde se articulan las decisiones públicas que tienen efectos directos en la calidad de vida de las personas.
  • 1 rebanada de reforma electoral sin socializar. Con las elecciones generales de 2015 y los casos de corrupción que involucraron a la entonces dupla presidencial, se inició un proceso de reforma electoral que concluyó con el decreto 26-2016. El esfuerzo —siempre útil, aunque nunca suficiente— consideró cambios para fortalecer la participación ciudadana desde espacios municipales y en el extranjero; mayores controles al financiamiento de los partidos políticos; fortalecimiento en la gestión administrativa y operativa del Tribunal Supremo Electoral (TSE); y lo relativo a los derechos de proselitismo y propaganda de las organizaciones políticas en tiempos electorales y ordinarios. No obstante, aunque los cambios entraron en vigor desde 2016, no se socializaron hasta unos meses antes de las elecciones. Y reforma que no se comunica, no se entiende.
  • Sal, pimienta y discurso de fraude electoral. Una revisión hemerográfica de medios escritos, radiales y televisivos puede ayudar a entender cómo antes de que iniciara el proceso electoral se comenzó a construir una estrategia para desprestigiar al Tribunal Supremo Electoral (TSE) y al proceso electoral en general. Ya en pleno proceso eleccionario, el discurso de la posibilidad del fraude electoral comenzó a intensificarse. Aunque sin fundamentos, porque el sistema electoral del país descansa en la ciudadanía y en el respeto de la voluntad popular, este ambiente comenzó a envolver el día de las elecciones y continúa hasta la fecha.

Las elecciones generales ocurrieron el 16 de junio de 2019. Ese día, 4,9 millones de ciudadanos (de los 8,14 millones empadronados) emitieron su voto para presidente y vicepresidente, para la corporación municipal y para diputados distritales, Listado Nacional y Parlamento Centroamericano. Sin embargo, hay inconsistencias entre las actas de resultados (documento que se utiliza para la adjudicación de cargos) y los resultados digitalizados para presentarse en tiempo real, según evidencias presentadas por integrantes de partidos políticos.

En consecuencia —y sin ningún precedente desde 1985— el pleno de magistrados del TSE ordenó el cotejo de actas. ¿El problema? Que a más de 15 días no se oficializan resultados municipales y distritales. Diversas organizaciones políticas han solicitado la anulación y repetición de las elecciones. Se siente un ambiente ciudadano de mayor desconfianza en las instituciones y se incrementa la incertidumbre de cara a la segunda ronda presidencial entre Sandra Torres, de la Unidad Nacional de la Esperanza, y Alejandro Giammattei, de VAMOS.

Lo que ocurra hasta entonces sigue siendo una incógnita. Lo cierto es que el sistema político y la democracia guatemalteca —en agonía— demandan una reforma integral.

 

Continuará…

Nota: [1] El Barómetro de las Américas forma parte del Proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP), de la Vanderbilt University, EUA. Se basa en una encuesta regular sobre las experiencias de los ciudadanos, sus evaluaciones y preferencias, en 34 países de las Américas.

Ricardo Barreno

Ricardo Barreno

Licenciado en Ciencia Política. Politólogo especializado en temas electorales, transformación de conflictos y desarrollo local. Docente universitario

Dos renuncias y un precedente: el México de AMLO

Señalado por propios y ajenos como la cuarta transformación, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se enfrenta al reto […]

Por: Carlos Castillo 11 Jul, 2019
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El gabinete de AMLO, fragilidades y renuncias | Fuente: www.gob.mx
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Señalado por propios y ajenos como la cuarta transformación, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se enfrenta al reto que pone en jaque a todos los populismos: la realidad.

El proyecto de país que encabeza López Obrador pretende insertarse a toda costa en la historia nacional junto a las grandes transformaciones del México republicano, y ser la cuarta etapa tras la independencia, la reforma y la revolución.

No importan los últimos treinta años de construcción de instituciones democráticas, de desarrollo de un modelo económico que, con sus deficiencias, logró insertar al país en los mercados globales, de fortalecimiento de los contrapesos que acotaron una otrora omnipotente figura presidencial: para la cuarta transformación la democracia empieza el pasado 1 de diciembre y todo lo anterior fue un proyecto fallido.

En teoría, el discurso que construye este nuevo periodo resulta infalible. Tiene un enemigo permanente que permite polarizar y dividir entre fieles e infieles, bautizado como la mafia del poder, culpable de todos los males que aquejan al país.

Cuenta con una narrativa aferrada al mesianismo, en la que el líder supremo se sacrifica, vela y protege a una entelequia señalada como el pueblo bueno.

Asume que su triunfo en las urnas le da la legitimidad suficiente para socavar los cimientos del diálogo y el acuerdo democráticos, para imponer sus proyectos y decisiones mediante la perversión del ejercicio de la política.

Ha diagnosticado, además y con mucho de acierto, que el mayor de los lastres nacionales de los últimos años es la corrupción, y apela a una austeridad en el costo del gobierno que comienza a cobrar sus primeras grandes consecuencias.

En menos de sesenta días, dos renuncias de integrantes del gabinete presidencial han dejado en claro que esa austeridad y ese combate a la corrupción se enfrentan a una realidad que supera el ideal y condiciona decisiones que, obedeciendo a criterios políticos, pasan por alto el conocimiento, la experiencia y la técnica que hace falta para conducir un gobierno.

Por una parte, Germán Martínez, director de la institución encargada de procurar la seguridad social a más de 50 millones de inscritos, dejó el cargo en mayo pasado, aduciendo el modo en que temas de política pública se abordan a partir de motivos políticos, así como la imposición de colaboradores que más allá de sus capacidades tenían como principal atributo la cercanía con el presidente.

Por la otra, Carlos Urzúa, encargado del Ministerio de Hacienda, hizo lo propio y por razones similares el pasado 9 de julio, y se suma a una decena de servidores públicos de alto nivel, incluida la titular de Medio Ambiente y Recursos Naturales, que se han separado de un Ejecutivo que una y otra vez se enfrenta a una realidad que lo supera: desabasto de medicinas, malos manejos en las finanzas públicas, baja en las calificaciones internacionales respecto del clima de inversión, cancelación de proyectos viables e impulso a otros que obedecen más al capricho que a la viabilidad, como el nuevo aeropuerto y el llamado tren maya.

Esta suma de desaciertos, así como los señalamientos de ambos funcionarios en sus respectivas renuncias, exhiben que el nepotismo sigue alimentando una corrupción que no termina de extirparse por la vía del ejemplo presidencial, tal como lo prometió en campaña López Obrador, y que el ahorro del gobierno se realiza por capricho y no con base en decisiones fundadas en criterios técnicos, más cercanos a la necedad y la obstinación que al correcto desempeño de las distintas áreas de gobierno.

Aunado a lo anterior, un precedente peligroso para el orden democrático tuvo lugar el pasado 8 de julio, en el Congreso local del estado de Baja California, donde a puerta cerrada, en votación secreta y de noche, las y los diputados aprobaron que el periodo del gobernador recién electo, perteneciente al partido Morena, de López Obrador, podía extenderse de dos a cinco años.

Por principio, esta decisión es a todas luces ilegal, pues aplica de manera retroactiva una extensión de periodo para un gobernante ya electo; lo más grave, empero, es que de concretarse sentaría un precedente para que pudiese hacerse lo mismo en otras entidades del país y, a la postre, tomar una decisión similar respecto del gobierno del propio presidente.

Otro aspecto que destaca del caso Baja California es que fueron los propios representantes de la oposición quienes votaron a favor la posible extensión, incluidos los del Partido Acción Nacional, lo que advierte la fragilidad de los contrapesos y de la capacidad de los partidos fuera del gobierno para constituirse como una fuerza unida que pueda poner freno o al menos cuestionar los intentos antidemocráticos e incluso ilegales de Morena.

Dos renuncias en dos meses, en suma, que demuestran que la primacía de lo político sobre lo técnico genera costos que al gobierno de López Obrador le parecen menores frente al supuesto gran proyecto de país, la cuarta transformación.

Un precedente potencial que, de igual modo, debe servir para encender las alarmas de la importancia de contar con un bloque opositor cohesionado y firme en la defensa de los mínimos indispensables para que siga siendo funcional el sistema político mexicano.

Carlos Castillo

Carlos Castillo

Director editorial y de Cooperación Institucional, Fundación Rafael Preciado Hernández. Director de la revista «Bien Común».

Bolsonaro: la Copa, el «mito» y el piso

En seis meses de gobierno, Jair Bolsonaro ya tiene dos conquistas para adjudicarse: el noveno título de Brasil en la […]

Por: Denise Mota 10 Jul, 2019
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Jair Bolsonaro | Foto: Fábio Rodrigues Pozzebom/Agência Brasil
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

En seis meses de gobierno, Jair Bolsonaro ya tiene dos conquistas para adjudicarse: el noveno título de Brasil en la Copa América y, pocos días antes, la conclusión del acuerdo Mercosur-Unión Europea, que llevó dos décadas de negociaciones. Aunque no hayan sido logros propios, su administración es la que lleva el sello de la victoria.

Si bien al cierre de la histórica negociación de libre comercio la Administración actual pareció un poco desnorteada —la antiglobalización está entre las banderas más defendidas por el canciller Ernesto Araújo, y la salida del Mercosur llegó a ventilarse durante la campaña presidencial y al inicio de la gestión—, el triunfo contra Perú en un Maracaná a tope mostró un potencial mayor de capitalización.

Rápidamente, imágenes del presidente y los jugadores sonrientes, al lado del trofeo y al final de la competencia, inundaron las redes oficiales acompañadas de relatos de prensa que señalaban que los atletas trataron al mandatario como mito, su principal apodo desde siempre entre sus partidarios más fervientes.

Hasta Sergio Moro —ministro de Justicia que se volvió blanco principal de una serie de filtraciones del periódico digital The Intercept (las conversaciones, si son auténticas, muestran graves desvíos de conducta del magistrado cuando era juez del Lava Jato en Curitiba)— aprovechó el galardón: al retuitear una foto de Bolsonaro con la selección brasileña, comentó que Brasil obtenía victorias «dentro y fuera del campo».

Pero lo que se vio objetivamente dentro y fuera del campo fue un retrato con trazos bastante más indefinidos, una mezcla de reacciones desencontradas de los brasileños.

La polarización política que ya se detectaba claramente desde las elecciones de 2014 cuando Dilma Rousseff, del PT, fue electa con 51,64 %, y su rival, Aécio Neves, del PSDB, quedó en segundo lugar con 48,36 % —y que escaló en progresión geométrica hacia el antipetismo incondicional y la ascensión de Bolsonaro— ganó color, volumen y sonido en el Maracaná de esta final del torneo de la Conmebol. Una parte de los espectadores aplaudía al mandatario y otra parte lo abucheaba.

El aplauso-abucheo traducido en números

Dos días después de la conquista del campeonato sudamericano, «el más antiguo torneo de selecciones del mundo», como a la FIFA le gusta remarcar, una encuesta de Datafolha presentó lo que se puede entender como una fotografía más detallada del raro salón de espejos que se volvió Brasil, cuando —después de 12 años y entre eufórico y apático— pudo triunfar en una de sus principales arenas de identidad nacional, el fútbol.

En números semejantes a los que ya aparecían en la encuesta de abril del instituto brasileño, la aprobación del presidente a sus seis meses de gobierno muestra un consolidado 33 % de personas que consideran su administración buena o muy buena. Para otro 31 %, la gestión es regular. Y para otro 33%, mala o muy mala.

Es interesante observar que la cristalización del apoyo a Bolsonaro en el entorno del 30 % tiene un correlato de porcentaje similar atribuido a su archienemigo, el PT, en elecciones. Es decir que en este momento tanto el bolsonarismo como el petismo, espectros absolutamente antagónicos de la política nacional, se encuentran con el mismo piso de apoyo, aparentemente inamovibles sin importar las circunstancias.

Bolsonaro registra el peor nivel de aprobación para un mandatario brasileño a la mitad de su primer año de gobierno. Sus cifras son peores incluso que las de Fernando Collor de Mello (presidente entre 1990 y 1992), que en 1990 tenía una aprobación similar (34 %) pero un rechazo sensiblemente más bajo (20 %).

El perfil de quienes mantienen el apoyo más fuerte a la gestión actual repite las características de los principales votantes de Bolsonaro: brasileños blancos (42 %, más que el 31 % de mulatos y el 25 % de negros que expresan opinión semejante) y hombres (38 %, frente a un 29 % de mujeres). También expresan mayor confianza en su gestión los más ricos, los que tienen mayor nivel educativo y los que habitan la región sur de Brasil (Rio Grande do Sul, Paraná y Santa Catarina).

Cae la preocupación por la corrupción

Entre los muchos datos señalados por la encuesta, un aspecto lateral pero llamativo es que los encuestados muestran una disminución sensible en relación con sus preocupaciones por la corrupción.

Entre diciembre y julio cayó de 20 % a 7 % la percepción de brasileños que decían que este es un tema prioritario para el gobierno. En las respuestas espontáneas (cuando el encuestado no recibe un abanico de posibilidades de antemano y contesta lo que le parece), el tema seguridad/violencia aparece ahora como primer asunto central, para 19 % de los encuestados (pero mantiene un nivel semejante al de diciembre, cuando registró 18 %); después vienen la salud, citado por un 18 % (en comparación con el 22 % registrado en diciembre), y educación, que sube entre las inquietudes y surge en un 15% de las respuestas (antes 10 %).

De ahí que, aunque el gobierno sea ya el menos apreciado de los últimos 30 años, la fuerza de haber llegado a Brasilia como una expresión de la lucha contra la falta de ética en la política sigue mostrando vigencia y se retroalimenta en la figura del ministro de Justicia, Sergio Moro, el principal personaje anticorrupción de la operación Lava Jato.

También se articula con el aura de mito de Bolsonaro entre sus seguidores, del hombre elegido por el pueblo que toma las riendas del sistema político para limpiarlo. Esa percepción popular de que se está combatiendo la corrupción con el cambio de gobierno sigue siendo su principal apelación moral y salvoconducto.

 

Datafolha entrevistó a 2086 personas en 130 ciudades los días 4 y 5 de julio. El margen de error de esta encuesta es de ± 2 %, con un nivel de confianza de de 95 %. El estudio completo puede consultarse aquí.

Denise Mota

Denise Mota

Periodista. Brasileña, residente en Montevideo, Uruguay. Corresponsal de «Folha de Sao Paulo», BBC Brasil y otros medios. En Uruguay, columnista del programa radial «No toquen nada» (Emisora Del Sol y El Espectador) y Portal 180. Edita el blog «Preta, Preto, Pretinhos». Editora de la revista «Construcción»

Argentina: los ciclos de la campaña electoral

Pasaron 45 días desde que Alberto Fernández fue oficializado como precandidato a presidente junto a Cristina Fernández de Kirchner. El […]

Por: Augusto Reina y Maximo Reina 9 Jul, 2019
Lectura: 6 min.
Vota Mauricio Macri | Foto Nico Bovio y Guillermo Viana-gv/GCBA, vía Flickr
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Pasaron 45 días desde que Alberto Fernández fue oficializado como precandidato a presidente junto a Cristina Fernández de Kirchner. El impacto inicial y su onda expansiva generaron una serie de movimientos políticos que afectaron a oficialismo y oposición.

Poco sucedió después de ese hecho y las campañas comienzan, formalmente, el 12 de julio. La oposición precisa redoblar sus capacidades para hacer frente a un oficialismo que juega con la cancha inclinada. ¿Cuál ha sido el camino, hasta el día de hoy, de las campañas de la oposición? ¿Cuánta presencia han mantenido las campañas en el ciclo noticioso?

Como han descrito John Sides y Lynn Vavreck en un excelente libro sobre la elección estadounidense de 2012, toda campaña presidencial pasar por tres fases: descubrimiento, escrutinio y declive. La fase de descubrimiento ocurre luego del lanzamiento de la candidatura, un hecho de impacto o un golpe de efecto que atrae la atención pública. Esta potencia inicial supone un aumento en la cobertura de noticias, una curiosidad creciente del interés público por el candidato y una efervescencia de sus seguidores. La primavera de una campaña electoral. Pero, como todo en la vida, no dura mucho.

Tras el descubrimiento llega el escrutinio, una fase en la que se genera un encuadre de la candidatura más intenso por parte de los medios de comunicación, los analistas y los opositores. El éxito temprano tiene sus costos. La novedad de ayer se pone en duda hoy. La etapa de escrutinio tiende a revelar cierta debilidad del candidato, ya sea una acción pasada o un rasgo de personalidad indeseable o algún atributo previamente desconocido. Incluso los otros candidatos, enfocados en impedir que el candidato emergente solidifique su liderazgo, cuestionan sus pasos y tabican sus avances. Finalmente comienza una caída general del entusiasmo, lo que conduce a una disminución de la atención pública y una normalización de su espacio en el ciclo noticioso. Lo que el pueblo da, el pueblo lo quita.

Por último, llega el declive, que solo algunas campañas consiguen evitar o, al menos, estabilizar. Después de dedicar tiempo a un candidato en particular, los medios de comunicación siguen el incentivo natural a seguir adelante y se lanzan a buscar otra historia nueva y emocionante. A menos que el candidato emprendiera otra acción digna del interés periodístico, su cobertura de noticias comenzará a declinar, lo que a su vez reducirá su presencia pública, en un círculo que puede concluir con la extinción de la candidatura. Todos hemos sido, alguna vez, presa de ese ambiente que se crea cuando permanecemos sentados alrededor de un fuego que se está apagando.

Pero esta generalidad no es inevitable. Donald Trump, a fuerza de su impronta disruptiva, supo evitar la curva declinante a lo largo de su campaña y ganó la amplia mayoría de los ciclos noticiosos durante el 2015. Hasta el momento, la campaña presidencial argentina de 2019 nos ha dado al menos un ejemplo prototípico, de manual, de estas tres fases.

El ex ministro de Economía Roberto Lavagna comenzó a atraer la atención mediática a principios de este año, cuando su postulación a la presidencia era todo menos oficial. Durante unas semanas, el ciclo noticioso se configuró en torno a él. El momento emblemático de una salida a la puerta de su casa en sandalias con medias tuvo lugar el 15 de enero. El candidato a presidente encarnó, fugazmente, las esperanzas de parte del establishment local. Tras su lanzamiento implícito, tanto el oficialismo como el kirchnerismo plantearon posturas críticas al ex ministro de Economía, buscando contener la intención de voto. La imagen de Lavagna quedó condensada como la del primer tercer candidato, hasta que la ausencia de acciones con impacto mediático y ciertos embates externos (los anuncios de ambas fórmulas) desarmaron a la tercera opción y la llevaron al declive y a una oficialización deslucida.

En esta perspectiva, ¿qué puede decirse sobre el ciclo noticioso todavía vigente de Alberto Fernández? Como se ha dicho, la fase de descubrimiento comienza cuando un candidato, que antes había recibido escasa atención de la prensa, súbitamente gana importancia. En consecuencia, la cobertura mediática se incrementa exponencialmente. El caso del candidato del Frente de Todos ilustra este primer punto a la perfección. Según los datos relevados por Global News, que tienen en cuenta las menciones en TV, radio y portales de internet, Alberto Fernández contaba con muy poca presencia mediática una semana antes de su candidatura.

Inmediatamente después del anuncio, la cantidad de menciones alcanzada por Fernández fue superlativa aunque fugaz y terminó declinando al cabo de esa misma semana. El 15% de sus apariciones mensuales se produjeron en las 72 horas alrededor de su nominación, luego cayó a niveles precandidatura y retomó presencia solo a raíz de su internación en el sanatorio Otamendi. Por último, y esto es lo más paradójico, obtuvo más de la mitad de sus referencias en torno al 11 de junio, atadas a la nominación de Miguel Ángel Pichetto como vicepresidente de Mauricio Macri. La autonomía de la fórmula Fernández-Fernández para marcar la agenda pública tuvo limites. El balance actual es un ciclo noticioso circunscripto al anuncio de la fórmula que realizó Cristina Fernández de Kirchner a mediado de mayo.

Ganar el ciclo noticioso no implica ganar una elección pero el análisis de las menciones habla de la dinámica que se le ha impreso a cada precampaña. El ascendente noticioso de la oposición ha sido limitado. Cristina Fernández de Kirchner mantiene gran centralidad mediática, aun desde el silencio, y el ciclo noticioso de Alberto Fernández sigue patrones más habituales de un vicepresidente que de un presidente. Su ascendente noticioso no tiene por qué reflejar la intención de voto de la boleta del Frente de Todxs pero puede aventurarse como medida del impacto que tiene el candidato sobre esa intención de voto.

Todo oficialismo cuenta con una posición mediática preponderante, un mayor poder de agenda y acceso a recursos económicos que brindan una posición favorable a la hora de hacer campaña. Las campañas opositoras requieren hacer un esfuerzo arduo y sistemático para nivelar el terreno. El impacto temprano cumplió pero la campaña recién comenzó. Sus seguidores se preguntarán: ¿por qué no dejar el sol para la noche, cuando más lo necesitamos?

Augusto Reina y Maximo Reina

Augusto Reina y Maximo Reina

Augusto Reina. Politólogo. Consultor político. Director de Doserre. Presidente de @AsacopArgentina ∷ Máximo Reina. Sociólogo. Consultor político especializado en opinión pública y diseño de estrategias de comunicación. Director de Doserre ∷ Ambos son coautores (en colaboración) del manual de marketing y comunicación política «Acciones para una buena comunicación de campañas electorales» (KAS, 2013).

El pequeño gran ejemplo de democracia

Cuando hablamos de democracia, las referencias más utilizadas son Estados Unidos y Europa, lugares donde se considera que el sistema […]

Por: Antônio Mariano 8 Jul, 2019
Lectura: 7 min.
Programa de Observación Electoral de las internas partidarias de Uruguay con delegados internacionales invitados por la KAS, 30.6.2019 | Foto: KAS Montevideo
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Cuando hablamos de democracia, las referencias más utilizadas son Estados Unidos y Europa, lugares donde se considera que el sistema está bien consolidado y con una amplia participación popular e instituciones sólidas. De esta manera, terminamos olvidando y oscureciendo experiencias importantes e igualmente interesantes.

Según la revista inglesa The Economist, en su índice de democracia que publica cada dos años, solo Costa Rica y Uruguay tendrían un sistema de democracia plena en América Latina. Y a pesar del sentido común recurrente de que la democracia de Estados Unidos es ejemplar, Uruguay se ha adelantado a ellos y otros países que también se consideran más desarrollados, como Portugal y España.

Para comprender en mayor profundidad una de las escenas fundamentales del contexto electoral uruguayo, integré el programa de observación de la Fundación Konrad Adenauer para seguir las elecciones internas de sus partidos. Acostumbrado al sistema electoral brasileño, construido para servir a un país continental de más de 140 millones de votantes, observar un sistema creado para más de 2,5 millones de votantes que aún cuenta con el voto manual fue una experiencia única. Totalmente diferente de lo que estoy acostumbrado a ver.

El sistema electoral uruguayo es, de lejos, uno de los más complejos, confiables e institucionalizados que he conocido. Basado en las leyes de la década de 1920, es algo a lo que la sociedad ya está acostumbrada y familiarizada con su dinámica. Por ello, ese formato bien conocido por la sociedad civil ayuda a crear confianza entre todos los sectores involucrados en el proceso electoral. Otro punto importante es la amplia participación de los uruguayos en el activismo partidista: en las calles de Montevideo dicen que más del 70% de la población se identifica con uno de los tres partidos principales (Partido Nacional, Partido Colorado y Frente Amplio, que en realidad es la unión de partidos de izquierda desde hace más de 50 años). Algo impensable para otros países latinos, incluido Brasil.

Buscando una explicación del fuerte apego de los uruguayos a la organización política de su país, en un contexto de creciente apatía (Dean, 1959), es posible observar en la construcción de la identidad uruguaya su conexión muy interrelacionada con las luchas para fundar un país que fue constantemente invadido por sus vecinos. En este contexto surgieron los llamados partidos fundacionales [1], que nacieron casi junto con la República. Como una posible consecuencia del formato político basado en batallas constantes para la expansión de los derechos políticos, ahora tenemos la confianza popular y la participación masiva de la sociedad civil en la política uruguaya. Es común escuchar frases como «mi casa es colorada» o «en mi familia nunca hubo alguien que no fuera blanco» [2], mostrando una fuerte identificación secular, generacional y de partido.

En Brasil, que tiene un sistema de lista abierta, la personalidad de los candidatos termina generando más participación que los partidos. Además, para fines de comparación, a menudo no hay memoria electoral sobre los candidatos votados en las últimas elecciones de mi país, donde el bajo compromiso con la política cotidiana también se expresa en la falta de conocimiento acerca de la organización interna del Congreso Nacional, no se sabe cuáles son las principales bancadas, comisiones, entre otros, todo lo cual puede tener como causa la desvinculación de la representación política en relación con la participación social.

En su discurso después de ser elegido el candidato único del Partido Nacional, Luis Lacalle Pou dijo que les debía mucho a los militantes y que la política es la única forma de construir una sociedad mejor. Hoy en día, en mi país tenemos un presidente que no reconoce el valor de la política, rechaza al Parlamento y es raro que la clase política agradezca la militancia de sus partidos por hacer campaña, cuando hay militancia.

El ejemplo uruguayo muestra que la educación política puede ayudar al desarrollo de una nación. En tales circunstancias, la sociedad vota concienzudamente, recopila los resultados de sus representantes y participa en la toma de decisiones, incluida la responsabilidad de este trabajo. Existe, entonces, una accountability real, que consiste en un sistema ponderado de controles y balances, comprobado a los ojos que observan, que evitan males mayores, como la corrupción.

Un sistema electoral de casi un siglo, en el que todavía se coloca una lista dentro de un sobre, que a su vez va a la urna, contada manualmente por cientos de miles de personas, es vista por muchos como arcaica y susceptible de fraude. Pero la verdad es que la larga tradición de partidismo y respeto por el sistema político nunca permitió que se produjeran manipulaciones (o si ocurrieran que no fueran voluminosas) y dio vida a los partidos, incluso durante la dictadura militar, que no los extinguió, para ejemplo de lo que pasó en Brasil, que en la década de 1960 se cerraron todos los partidos y se impuso un sistema bipartidista artificial que sirvió para sostener una imagen de democracia, una de ellas representando al Gobierno (ARENA) y a una oposición bastante débil (MDB).

Vivir la experiencia uruguaya demostró que la vitalidad de la participación interna de los partidos es importante, no solo para las propias instituciones, sino principalmente para la construcción de la democracia política en un país. Aunque la participación no fue obligatoria, más de un millón de uruguayos acudieron a las urnas. [3] Este hecho muestra que la política del país es muy sólida y un camino viable para el desarrollo nacional. Los discursos fáciles que predicaban algunos antipolíticos fueron rechazados por los votantes, predicando un ejemplo a Brasil, Estados Unidos e Italia, que han adoptado prácticas que se llaman populistas en sus respectivos escenarios políticos.

Así, en un contexto de crecientes discursos antiinstitucionales, la movilización popular y la participación de la sociedad civil en la política parecen ser formas de resistencia para el mantenimiento de la estabilidad en el orden político. Al rechazar las candidaturas extremas y garantizar la realización de la democracia como un juego de incertidumbre, sin interferencias externas (Przeworski, 1985), la población uruguaya muestra que la política persiste como un lugar verdadero y legítimo para la disputa del proyecto. Para nosotros, brasileños y el resto del continente, un ejemplo a seguir de cómo pocos pueden hacer mucho.

 

Bibliografía

Dean, Dwight G. (1959). Alienation and political apathy. Soc. F., vol. 38, p. 185.

Przeworski, A. (1985). Ama a incerteza e serás democrático. Novos Estudos CEBRAP, n.º 9, pp. 36-46.

 

Notas

[1] El Partido Nacional y el Partido Colorado son dos de los partidos políticos más antiguos del mundo, con más de 180 años de historia, ambos fundados en 1836. Uruguay se declaró independiente 11 años antes y tenía su primera Constitución escrita en 1830.

[2] Se dice blanco al militante del Partido Nacional.

[3] Según los datos de la Corte Electoral, 1.076.660 votantes acudieron a las urnas, 448.132 votaron en las listas del Partido Nacional, 255.072 votaron en el Frente Amplio y 181.384 optaron por el Partido Colorado, totalizando 884.588 votantes de las tres principales asociaciones políticas uruguayas. Los demás eligieron partidos pequeños o anularon sus votos.

 

Antônio Mariano

Antônio Mariano

Politólogo y periodista. PhD en Historia y Política por la Fundación Getulio Vargas. Actualmente es director ejecutivo del Instituto Rio21.

El eterno debate reeleccionista en República Dominicana

Una posible reforma constitucional, la quinta desde 1994 en torno a la reelección presidencial, mantiene en vilo a los dominicanos […]

Por: Jatzel Román 5 Jul, 2019
Lectura: 4 min.
El Congreso Nacional se encuentra militarizado desde el 25 de junio ante la expectativa de enfrentamientos entre defensores y detractores de la reforma constitucional.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Una posible reforma constitucional, la quinta desde 1994 en torno a la reelección presidencial, mantiene en vilo a los dominicanos rumbo a las elecciones generales de 2020.

El 16 de agosto de 2016, Danilo Medina Sánchez juraba como presidente de la República por los siguientes cuatro años, luego de haberse reelegido tres meses antes con la mayor votación obtenida por candidato alguno después de la guerra civil de 1965. Esto, a pesar de que cuando asumió su primer periodo en 2012 la Constitución prohibía la repostulación consecutiva de quien ejerciere la presidencia. Sin embargo, ello no fue gran obstáculo para quien años antes se había presentado como un opositor por principios a la figura de la reelección cuando le tocó competir a lo interno de su Partido de la Liberación Dominicana (PLD) con el entonces gobernante, Leonel Fernández. Una vez instalado en el Palacio Nacional, a pesar de repetir varias veces que mantenía invariable aquella visión contraria a que una misma persona se sucediera a sí misma en el poder, puso en marcha la operación que terminó siendo la cuarta reforma constitucional desde 1994.

De muy poco valió la resistencia fugaz del expresidente Fernández, quien después de proclamarse defensor de la carta magna, terminó transando horas después, a cambio de que se le garantizaran candidaturas congresuales y municipales a sus seguidores. Del lado de la oposición era poco lo que se podía hacer, puesto que el PLD junto con su entonces nuevo aliado, el Partido Revolucionario Dominicano (PRD), tenía las requeridas dos terceras partes de ambas cámaras del Congreso para consumar el cambio del texto constitucional. Danilo Medina siguió la tradición de sus dos antecesores inmediatos, quienes también habían recurrido a las reformas constitucionales con tal de mantenerse en el juego político electoral.

Tal fue el caso de Hipólito Mejía, quien en 2002 tiró a la basura la plataforma antirreeleccionista de su entonces PRD para deshacer la prohibición de la reelección consecutiva que en 1994 —a raíz del Pacto por la Democracia— dejó atrás la reelección indefinida que venía desde 1966. El mandatario, con su mayoría congresual y opositores que logró «persuadir», llevó al modelo de dos postulaciones y nunca más. Esta jugada no le permitió seguir gobernando puesto que, principalmente por la crisis económica de 2003 en adelante, se convirtió en uno de solo tres gobernantes latinoamericanos que ha perdido su intento reeleccionista en los últimos 40 años. A quien si le sirvió mucho aquello fue al propio Leonel Fernández, quien ganó en 2004 y en 2008 con dicho texto, pero que ya tenía prohibición para cualquier candidatura futura. No obstante ello, realizó una profunda reforma constitucional que al retornar al modelo de prohibición a la reelección consecutiva, lo habilitaba para aspirar en una ocasión futura.

Ahora, el país se encuentra a diez meses de los comicios presidenciales, pero todo este zigzagueo ha tomado fuerza nuevamente. Danilo Medina aspira a un tercer mandato consecutivo y para ello explora una quinta reforma constitucional, sin descartar la fórmula de tribunales que otros gobernantes han utilizado en la región. Esta vez tiene mayor resistencia interna de Leonel Fernández, quien se muestra decidido a volver al poder y pone en juego la unidad del PLD que gobierna desde 2004 con ambos al mando. En la práctica, ya son dos organizaciones paralelas y se hacen habituales los enfrentamientos públicos de sus seguidores, que incluso han llevado a la bochornosa militarización del Congreso en estos días.

El presidente Joaquín Balaguer, parafraseando al jurista Ferdinand Lasalle, dijo de manera memorable que en nuestros países «las Constituciones no son más que un pedazo de papel, siempre y cuando no haya personas dispuestas a defenderlas».

Que la carta magna dominicana no haya sido durante este último cuarto de siglo más que un leve estorbo para la ambición desmedida de los gobernantes hace que la frase se vuelva lapidaria. La hipocresía de quienes actúan como los cerdos rebeldes de Orwell tiene gravemente herida la poca institucionalidad que se ha alcanzado con tanto esfuerzo.

Jatzel Román

Jatzel Román

Licenciado en Derecho (Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra). Secretario de Relaciones Internacionales del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) de República Dominicana. Vicepresidente de la International Young Democrat Union (IYDU). Desde 2014 es coordinador general de la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia. Columnista de opinión en el periódico Listín Diario. Panelista en los medios CDN Canal de Noticias.

Renovación y tradición en las primarias de Uruguay 2019

Existe un amplio acuerdo entre los analistas en cuanto a que la elección primaria celebrada el domingo 30 de junio […]

Por: Adolfo Garcé 4 Jul, 2019
Lectura: 4 min.
Urnas de votación en Uruguay
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Existe un amplio acuerdo entre los analistas en cuanto a que la elección primaria celebrada el domingo 30 de junio se realizó bajo el signo de la renovación. Existe abundante evidencia para sostener esta afirmación. Sin embargo, como veremos, la elección también demostró la persistencia de las principales tradiciones políticas uruguayas.

En el Frente Amplio el proceso de renovación fue radical. Ninguno de los tres grandes líderes que signaron la historia reciente de la coalición de izquierda pugnó por la candidatura presidencial. Tabaré Vázquez estaba constitucionalmente impedido de hacerlo al no existir la regla de la reelección inmediata. Danilo Astori, que hubiera querido intentarlo de nuevo, no obtuvo el apoyo interno imprescindible. José Mujica consideró que debía dar un paso al costado. El lugar de las figuras históricas fue ocupado por personalidades con trayectoria pero sin antecedentes en la competencia por la nominación presidencial.

En el Partido Nacional (PN) la tendencia a la renovación fue encarnada por la irrupción de Juan Sartori, un joven empresario sin ningún antecedente político conocido. Mientras que la renovación en el FA transcurrió sin estridencias, en el PN la temperatura se fue elevando a medida que el recién llegado iba implementando su polémica estrategia: mucho dinero en marketing, muchas promesas sin sustento y tanta propaganda negra como le fue posible. Pese a fracasar en su principal objetivo (el de ser nominado candidato a la presidencia), Juan Sartori logró terminar la carrera en segundo lugar.

También en el Partido Colorado asistimos a la irrupción de un outsider. Ernesto Talvi es un recién llegado a la competencia política. Aunque durante más de dos décadas tuvo una participación muy activa en el debate público desde CERES (un think tank de orientación liberal con buena relación con el mundo empresarial), nunca había militado en un partido político. A diferencia de Sartori, optó por hacer una campaña sin promesas fáciles y sin atacar a sus rivales. Pese a competir contra una verdadera leyenda de la historia reciente, como el expresidente Julio María Sanguinetti, Talvi obtuvo una victoria rotunda.

La renovación de la oferta tuvo otras manifestaciones. Entre ellas hay que destacar el desempeño de otros dos outsiders. El general Guido Manini Ríos, ex comandante en jefe del Ejército, encabezando un partido completamente nuevo llamado Cabildo Abierto, logró una votación extraordinaria que lo deja en la puerta de acceder al Senado en la elección nacional de octubre. El Partido de la Gente que lidera el empresario Edgardo Novick también obtuvo un apoyo significativo, aunque la aparición de Manini Ríos le quitó espacio en el tablero político.

El soplo renovador no es tan difícil de explicar. Los estudios de opinión pública muestran la existencia de algunos signos de cansancio y de frustración en la ciudadanía. Indicadores muy significativos, entre ellos el interés en la política, el apoyo a la democracia, la confianza en los partidos y la simpatía hacia los principales líderes, están su nivel más bajo de las últimas tres décadas.

De todos modos, la elección del domingo no solo aportó evidencia acerca de la demanda de renovación. También mostró la solidez de la democracia uruguaya y la vigencia de sus partidos. La tasa de participación en la elección trepó a 40 % desde el 37 % de la elección anterior. Salvo en el caso de Sartori, todos los precandidatos que ofrecieron novedad dentro de los principales partidos mostraron respeto por las instituciones y evitaron comportamientos desleales con sus ocasionales rivales. El FA volvió a practicar el culto de la unidad que tanto lo distingue. Los blancos, fieles a su historia, pusieron el toque de emoción. El candidato vencedor entre los colorados abrazó a Sanguinetti y recordó con la voz quebrada a Jorge Batlle, su gran mentor. Hasta en la sorpresiva votación del general Manini Ríos hay un toque de tradición. Pertenece a una familia profundamente comprometida con la vida política del país desde hace más de un siglo. Además, al fin de cuentas, no es el primer militar que decide irrumpir en la vida política uruguaya (y latinoamericana).

Adolfo Garcé

Adolfo Garcé

Doctor en Ciencia Política. Docente e investigador en el Instituto de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de la República, Uruguay

Ursula von der Leyen: una apuesta para el futuro de la Unión Europea

El tablero político de la Unión Europea ha dado una nueva sorpresa. El 2 de julio, el Consejo de los […]

Por: Dr. Andrés Hildebrandt 4 Jul, 2019
Lectura: 4 min.
Ursula von der Leyen
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El tablero político de la Unión Europea ha dado una nueva sorpresa. El 2 de julio, el Consejo de los jefes de Estado y Gobierno de la Unión Europea, propuso que la actual ministra de Defensa de Alemania, Ursula von der Leyen, presida la Comisión Europea.

Al ser confirmado por el Parlamento Europeo, Ursula von der Leyen se convertiría en la primera mujer en ocupar esta posición. Pero, ¿quién es esta dinámica mujer de 60 años, quien logró convencer a los miembros del Consejo Europeo durante largas horas de complejas negociaciones?

Para responder esta pregunta, hay que enfatizar que la larga y aún fructífera era de Angela Merkel como canciller alemana no ha sido (como algunos suelen enfatizar) únicamente una época de continuismo y estabilidad. En su propio ritmo, prudente y pausado, se han dado transformaciones fundamentales en nuestro imaginario político y social: quizás uno de los cambios más importantes sea cómo entendemos el papel de las mujeres en la política. A lo largo de los años, diversas mujeres han consolidado carreras de primera línea y han establecido su presencia en los círculos más altos de poder como algo cotidiano.

Una de estas historias es la de Ursula von der Leyen. Nacida en 1958, es hija del funcionario europeo y político demócrata cristiano Ernst Albrecht, primer ministro del estado federado de Niedersachsen (Baja Sajonia) entre 1976 y 1990. Ursula von der Leyen pasó los primeros 13 años de su vida en Bruselas, Bélgica, donde creció hablando francés y alemán como lenguas maternas. Estudió primero economía, para luego pasar a medicina en Hannover, donde se graduó en 1991. Continuó especializándose en la Universidad de Stanford, donde su esposo tenía una posición académica.

Con 43 años y una familia de siete hijos, von der Leyen inició su carrera política en la comuna de Hannover y rápidamente obtuvo un escaño en el parlamento regional del estado de Niedersachsen. En el 2003 fue nombrada ministra de Asuntos Sociales, Mujer, Familia y Salud, en ese estado federado. Su carrera en el gobierno federal comenzó el 2004 al convertirse en miembro del directorio de la Unión Demócrata Cristiana (CDU). En 2005, Angela Merkel la nombró ministra de la Familia y en 2009 pasó a ocupar el ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.

Los desafíos sociales económicos del cambio demográfico en Alemania ha sido uno de los temas centrales en la carrera de von der Leyen, quien trabajó en diversos proyectos de reforma del sistema de seguridad social, así como como en un marco legal que permitiera conciliar la vida familiar con la laboral. Bajo el lema «más niños en la familia, más familia en la sociedad», von der Leyen introdujo mejoras en las subvenciones a padres de familia, así como mejoras en los servicios de educación y bienestar infantil.

En 2013, von der Leyen se enfrentó a uno de los desafíos más importantes de su carrera: asumir como primera mujer en la historia de Alemania, y careciendo de experiencia militar, el cargo de ministra de Defensa. Este sector gubernamental requería una reestructuración importante, a fin de poder cumplir con los compromisos internacionales de Alemania y lidiar con los desafíos geopolíticos de la actualidad, tales como la cada vez más desafiante actitud de Rusia.

Ursula von der Leyen ha sonado por mucho tiempo como una posible sucesora de Angela Merkel como canciller de Alemania. Aunque esta perspectiva, por varias razones, no prosperó, ahora tendrá posiblemente la posibilidad de demostrar su capacidad de liderazgo en una de las más importantes posiciones a nivel internacional.

Por su talante y ambición, von der Leyen ha sido llamada dama de hierro. Este término fue acuñado a comienzos de los ochenta para describir la actitud política, firme y decidida, de Margaret Thatcher, la primera mujer en ser jefa de gobierno en Gran Bretaña. Este tipo de calificativos respondían, al menos en parte, a lo inusual que era ver mujeres en este tipo de posiciones de poder y liderazgo.

Más allá de tales estereotipos, Ursula von der Leyen está altamente calificada para su nuevo oficio. Habla fluidamente los principales idiomas de la Unión Europea, tiene una larga experiencia como parlamentaria y ministra en varias carteras y conoce bien la burocracia de la UE por dentro. Estas son, sin duda, excelentes condiciones para poner esta gran maquinaria al servicio de todos los ciudadanos y encaminarla al futuro.

Dr. Andrés Hildebrandt

Dr. Andrés Hildebrandt

Doctor en Filosofía por la Universidad Albert Ludwig (Alemania). Ha trabajado en el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, en el Ministerio de Transportes y Comunicaciones del Perú y actualmente es coordinador de proyectos en la Oficina Perú de la Fundación Konrad Adenauer

Elecciones internas en Uruguay

El pasado domingo 30 de junio Uruguay tuvo sus elecciones internas. Son comicios de carácter obligatorio para los 15 partidos […]

Por: Alejandro Guedes 3 Jul, 2019
Lectura: 6 min.
Principales precandidatos ganadores: Daniel Martínez (FA), Luis Lacalle Pou (PN), Ernesto Talvi (PC) | Foto: Infobae
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El pasado domingo 30 de junio Uruguay tuvo sus elecciones internas. Son comicios de carácter obligatorio para los 15 partidos que estaban inscritos, pero de participación voluntaria para el electorado.

Los resultados no depararon grandes sorpresas en los tres partidos que congregan una mayor adhesión popular, aunque el margen del triunfo fue más amplio del esperado. En filas del Partido Nacional se confirmó el favoritismo del precandidato Luis Lacalle Pou (hijo del expresidente Luis Alberto Lacalle) tras obtener nuevamente la candidatura de su partido. En tanto, Daniel Martínez por el Frente Amplio y Ernesto Talvi por el Partido Colorado también ganaron sus respectivas internas.

El nivel de participación

La participación superó levemente el 40 % en un total de 2.678.031 habilitados para votar, totalizando 1.076.660 votos. Si bien es un nivel de votación bastante bajo, al menos superó las expectativas iniciales y mejoró levemente respecto a la interna del año 2014.

Fuente: Elaboración propia con datos de la Corte Electoral
Fuente: Elaboración propia con datos de la Corte Electoral

Entre los principales lemas partidarios, el PN nuevamente fue el que tuvo la interna con más votantes, 42% del total, lo cual no es una novedad, ya que suele ser el partido más votado en instancias de internas. Le siguieron el Frente Amplio que obtuvo el 23,7% de los votos y en tercer lugar el Partido Colorado con el 17%.

Es interesante observar la comparación de cada partido respecto a su desempeño en las internas de 2014. El Partido Nacional ha logrado incrementar levemente sus votos, en tanto, el Partido Colorado logró mejorar sensiblemente su desempeño. La contracara ha sido la disminución del nivel de votación del Frente Amplio, lo cual viene siendo algo sistemático desde que concurre a internas. Del mismo modo, partidos más pequeños como Unidad Popular (UP) y el Partido Independiente (PI) han bajado su nivel de votación. Una de las sorpresas ha sido el voto a otros partidos. Si bien estos partían de un piso bastante bajo en 2014 (4094 votos), su nivel de votación ha crecido enormemente. Esto se explica en buena medida por la irrupción de Cabildo Abierto, liderado por el excomandante en jefe del Ejército Guido Manini Ríos. Pese a que este partido no presentaba competencia interna entre precandidatos, obtuvo 46.887 votos, lo cual representa el 4 % de todos los votos emitidos en estos comicios. El resto de la categoría «otros» se repartió entre los partidos más pequeños.

Votos emitidos

Fuente: Elaboración propia con datos de la Corte Electoral.
Fuente: Elaboración propia con datos de la Corte Electoral

Resultados dentro de los partidos

La interna nacionalista generaba gran expectativa debido a que se fue desarrollando en un clima de fuertes disputas internas. Lacalle Pou ratificó el favoritismo que se le asignaba. Obtuvo el 53,8 % de los votos y un margen amplio sobre sus contendientes. En segundo lugar se ubicó Juan Sartori, con el 20 % de los votos. Su corta trayectoria ha sido bastante peculiar y polémica a la vez, dado que no solo irrumpió hace pocos meses en la política, sino que también sembró recelos en la interna, donde se lo acusó de compra de dirigentes y utilización de campañas negativas. En la semana previa a los comicios, las empresas encuestadoras lo daban segundo, a diez puntos aproximadamente de Lacalle Pou. Sin embargo, si bien confirmó el segundo lugar, no alcanzó el guarismo esperado. Tercero se ubicó el senador Jorge Larrañaga, con el 17,5% de los votos. Por último, quedaron el intendente del departamento de Maldonado Enrique Antía (7,5%) y Carlos Lafigliola (0,4%).

[Lee también: La política como conflicto]

La interna del Frente Amplio se manejó en un clima de cierta unidad entre sus precandidatos y casi sin sobresaltos. Por esa misma razón mantuvo cierta estabilidad en la intención de votos y no deparó sorpresas. El exintendente de Montevideo Daniel Martínez, que renunció para dedicarse de lleno a la campaña, ratificó el favoritismo que le daban las encuestas ganando con el 41 % de los votos de la interna frenteamplista. Carolina Cosse, exministra de Industria quedó en segundo lugar con el 25 %. En tanto, lo más sorpresivo en esta interna fue el muy buen desempeño de Oscar Andrade, un dirigente sindical de la construcción, perteneciente al Partido Comunista, que alcanzó el 23 % de los votos. Finalmente, el economista Mario Bergara, expresidente del Banco Central, obtuvo un 9,3% de los apoyos.

Internas en Uruguay

La interna colorada se presentaba en lo previo como la más competitiva. Sin embargo, el amplio triunfo del economista Ernesto Talvi marcó la sorpresa de la jornada. Siendo un outsider del sistema político montó su propio grupo en la interna colorada (Movimiento Ciudadanos) y compitió nada menos que con el dos veces presidente Julio María Sanguinetti. Si bien los primeros sondeos lo mostraban en segundo lugar, las últimas encuestas ya lo posicionaban en una situación de empate técnico. Sin embargo, logró imponerse con el 53 % dejando en un lejano segundo lugar a Sanguinetti con el 32,7 %. En tercer lugar se ubicó Amorín Batlle, con el 13%.

Las internas en Uruguay marcan nuevamente la vitalidad que tienen sus partidos. Aunque también es cierto —y el lector seguramente lo advierte— que hay algunas luces amarillas encendidas. Pero se puede ver que el 82 % de quienes concurrieron a estas elecciones lo hicieron para manifestar su adhesión a alguno de los partidos con más trayectoria del sistema político. Los partidos tradicionales (PN y PC) han mejorado su concurrencia. En tanto, el Frente Amplio viene en una tendencia de descrecimiento lento pero constante.

Por otra parte, no deja de ser llamativa la forma en que aparecen los principales outsiders en esta elección. Por lo general, la tendencia global de las democracias indicaría que los outsiders juegan por fuera del sistema de partidos y allí se alimentan de la indignación ciudadana para desplazar a los partidos ya establecidos. Sin embargo, tanto Ernesto Talvi como Juan Sartori han optado por entrar a la competencia política a través de dos partidos tradicionales. Al respecto, vale la pena retomar una metáfora empleada por el intelectual Carlos Real de Azúa para conceptualizar la irrupción de nuevos elementos políticos en el Uruguay de principio del siglo XX: «vino nuevo en odre viejo».

Alejandro Guedes

Alejandro Guedes

Politólogo y magíster en ciencia política por el Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República de Uruguay.

Acuerdo Mercosur-UE, un paso cierto del comercio libre

Tantas veces anunciado cuantas veces postergado, llegó un acuerdo entre Europa y el Mercosur. El 28 de junio pasado se […]

Por: Mario Paz Castaing 2 Jul, 2019
Lectura: 4 min.
banderas Mercosur y Unión Europea
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Tantas veces anunciado cuantas veces postergado, llegó un acuerdo entre Europa y el Mercosur.

El 28 de junio pasado se cumplieron justo dos décadas de las duras negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea. Ese día se logró dar un paso cierto hacia el libre comercio con la firma de un acuerdo estratégico entre ambos bloques.

Este acuerdo estratégico iniciará un largo recorrido hasta su concreción definitiva. De manera inevitable, deberá atravesar un ciclo de seis meses para los ajustes técnicos (áreas sensibles en ambos espacios) y, luego, la aprobación legislativa en todos los países, que hace presumir el 2020 como plazo mínimo (el máximo es incierto) para su puesta en vigencia.

Sin dudas, la coyuntura actual ha favorecido este acuerdo inicial. Las desenfrenadas políticas proteccionistas de Estados Unidos y China en la disputa de la hegemonía global impulsaron a Europa a lanzar una ofensiva mundial para mantener su liderazgo. Los acuerdos con Canadá y el Japón anteceden a este megaacuerdo con el Mercosur, que solo tiene un parangón planetario con el Transpacífico. Se genera así la posibilidad de construir un mercado de más 780 millones de personas y una asociación con el 30 % del PBI mundial, que proyecta consecuencias positivas para el intercambio comercial, industrial y de servicios, sin olvidar los efectos geopolíticos que originan las alianzas estratégicas de esta magnitud.

Para el Mercosur, a punto de caer en la irrelevancia o su extinción, es el oxígeno vital que alimenta aquellas iniciativas fundacionales de montar una plataforma regional que nos integre al mundo, con múltiples ventanas de oportunidades que permitan un desarrollo sustentable de nuestras economías. Este acuerdo exigirá al Mercosur a instalar una obligatoria mejora institucional en la toma de decisiones y que, de una buena vez, se superen nuestras barreras internas, porque sin resolver las asimetrías intra-Mercosur será imposible mejorar la competitividad en el orden laboral, empresarial y fiscal que, con seguridad, nos impondrá la calidad de los indicadores europeos.

Si bien la voluntad política está sellada con el acuerdo político celebrado en Bruselas, aún existen variados sectores que se oponen y resisten a los avances definitivos. En ambos espacios comunitarios surgen las disidencias, producto de los sectores subsidiados y de aquellos que adhieren a las políticas proteccionistas, por ideologizar los intereses en pugna o bien por quienes son incapaces de gestionar actividades emprendedoras y creativas, dispuestas para competir en cualquier escenario internacional.

En el caso concreto del Paraguay, el acuerdo birregional nos permite acceder con mayores ventajas a 28 países miembros de la Unión Europea, incorporar normas más beneficiosas que las provenientes de la OMC, porque permite ingresar con arancel cero a una unión aduanera, frente al 21 % que imponen las reglas OMC sobre el valor de nuestros productos. Se podrá contar con normas propias de acuerdos de última generación. Además de favorecer a la producción agropecuaria, se promueve una oportunidad especial para las pymes (que contrata la gran mayoría de la mano de obra nacional) y el emprendedurismo. Esto nos exigirá una superación constante de la calidad institucional y la capacitación del talento humano para competir con éxito en las grandes ligas internacionales. Se afianza además a la Unión Europea como el principal donante de la cooperación internacional, que hoy aporta más de 180 millones de euros por periodos plurianuales.

Por supuesto que habrá que leer con mucha atención la letra chica (el ciclo inmediato de seis meses) de este megaacuerdo, porque allí habrá decisiones aún no redactadas sobre temas sensibles que impactarán en nuestra economía. En la medida en que los negociadores paraguayos defiendan con acierto nuestros intereses, los efectos multiplicadores podrían registrar mayores beneficios para el país.

Cuantas veces anunciado, tantas veces postergado, llegó un acuerdo entre Europa y el Mercosur. Los pasos siguientes, que serán tan duros y fatigantes como los iniciales, tienen un objetivo geopolítico particular: demostrar al planeta que, ante los asedios del proteccionismo ultranacionalista, es posible compartir un mundo de comercio libre, con reglas equitativas, capaces de promover un desarrollo integral, justo y sustentable para la humanidad.

Mario Paz Castaing

Mario Paz Castaing

Doctor en Ciencias Juridicas, Exsenador nacional del Paraguay y vicepresidente del partido Patria Querida

La extrema derecha que viene

El extremo político que representa el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, desde la demagogia del discurso y también desde […]

Por: Carlos Castillo 1 Jul, 2019
Lectura: 4 min.
AMLO, Trump | Imagen: Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

El extremo político que representa el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, desde la demagogia del discurso y también desde ese desmontaje institucional llamado cuarta transformación, tiene su correlato en el crecimiento de una extrema derecha que cobra un renovado auge en México.

Ya sea en agrupaciones como el Frente Nacional por la Familia o bajo la representación de quienes engloban como ideología de género todo aquello que representa un modo alternativo de vida al tradicional, esta derecha extrema radicaliza su discurso, se hace presente en las calles y en los congresos, sigue una agenda que se opone al matrimonio igualitario, falsifica los contenidos de la reforma educativa y construye un discurso que resulta igual de nocivo para la vida pública que su opuesto, es decir, el populismo de izquierdas de Morena.

Una democracia sana procura, por el contrario, la construcción de un centro político donde quienes piensan distinto tienen cabida desde el diálogo y el acuerdo, lejos de ese todo o nada en el que no hay negociación posible sino más bien imposición y autoritarismo.

Una democracia sana sabe hacer del pluralismo y la diversidad uno de sus valores, porque sus actores entienden y asumen la diferencia como parte de la riqueza de un país: minorías y mayorías tienen en ese caso iguales derechos y su presencia en el espacio político está garantizada y es necesaria.

Excluir es pues siempre una forma de discriminar

Que un grupo se agencie la decisión de quiénes pueden o no tener qué derechos o que condicione, por ejemplo, el uso exclusivo del término matrimonio para quienes pertenecen a sexos distintos —cuando este término es en todo caso el que el Estado utiliza para una unión civil— puede ser la antesala para argumentar luego quién puede o no manifestarse: expresarse o decidir qué forma de vida es la «correcta» o «incorrecta».

Si se condena que desde el Gobierno se determine qué medio de información es mafia o no, o qué universidad es buena o mala, o qué empresario es amigo o enemigo, la misma condena debiera sostenerse contra quienes buscan desde su radicalismo definir la manera en que cada persona decide conducir su vida, sus gustos, su sexualidad o sus relaciones interpersonales.

A este tema se suman poco a poco otros elementos que hacen de esa extrema derecha un riesgo para la convivencia social: la migración centroamericana desencadena ya preocupantes focos de rechazo en los que el discurso al estilo Trump tiene tierra fértil donde germinar; asimismo, la recién aprobada Ley de Paridad Total enfada a quienes creen que la mujer debe mantenerse fuera de la vida pública y exclusivamente en el espacio doméstico.

Podría no faltar mucho para que, en ese sentido, surgieran las voces de «nos están quitando el trabajo» o «los que llegan son criminales» que hace las mieles de la extrema derecha en Estados Unidos, España, Francia, Brasil o Alemania.

O los argumentos, ya muy presentes, de «están destruyendo a la familia tradicional» y «no tienen derecho a casarse porque podría extinguirse la especie», que representan no solo falsedades absurdas sino, sobre todo, un extremo político que linda con el fascismo, el nacionalismo y sus largas y crudas historias de pureza, de violencia y de maniqueísmo.

Combatir al extremo izquierda con la extrema derecha conduciría a la radicalización del discurso político, dejando fuera la tolerancia y la aceptación, la prudencia y la moderación. Pensar que para enfrentar a López Obrador hace falta un liderazgo mesiánico de signo opuesto y extremo es un sinsentido irresponsable y riesgoso, la salida fácil de quienes solo entienden la vida pública como un combate que debe someter al rival y asumir a quien piensa distinto como un enemigo.

Es pues urgente que los partidos de centro, empezando por Acción Nacional, cuenten con ideas frescas y que respondan a nuevas realidades, con argumentos convincentes y la apertura necesaria para ser alternativas modernas donde la inclusión, la moderación, la civilidad, la ética pública y la defensa de los valores democráticos se instalen como contrapesos a la cerrazón, la exclusión y el radicalismo de derechas e izquierdas.

Porque es en esa democracia que se construye y se enriquece desde el centro político que tienen cabida todas y todos, incluso, terrible paradoja, quienes atentan contra la propia democracia.

 

Publicado en el portal Gluc.mx el 25 de junio de 2019

Carlos Castillo

Carlos Castillo

Director editorial y de Cooperación Institucional, Fundación Rafael Preciado Hernández. Director de la revista «Bien Común».

Inseguridad: ¿cuándo la tomaremos en serio?

Está muy claro que, en general, y más allá de algunos intentos, los sucesivos gobiernos no lo han hecho. Una […]

Por: Francisco Belaunde Matossian 28 Jun, 2019
Lectura: 4 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Está muy claro que, en general, y más allá de algunos intentos, los sucesivos gobiernos no lo han hecho. Una muestra palpable es la altísima rotación de ministros en la cartera del Interior, así como la manía, en muchos casos, de querer reinventar la pólvora empezando las gestiones con el abandono por reflejo de iniciativas y programas anteriores.

Tampoco lo hacen los parlamentarios. Para muestra un botón, como reza el refrán: el 23 de mayo pasado, a las 9 de la mañana, asistió a la Comisión de Defensa del Congreso el ministro Carlos Morán, para exponer su plan de seguridad ciudadana, y, a esa hora, solo se encontraban presentes tres parlamentarios; se sumaron algunos otros posteriormente.

Por su parte, los medios no parecen medir la importancia del rol que les toca en la materia, como sí lo han hecho respecto de la lucha contra la corrupción, la violencia contra la mujer, la reforma política y el problema del tránsito, entre otros aspectos, que dan lugar a verdaderas campañas que van más allá de su función noticiosa y de difusión de opinión.

La tarea, hace rato urgente, que les corresponde, es contribuir a hacer inteligible para la mayor parte de ciudadanos la lucha contra la inseguridad. Ello implica dedicar regularmente espacios para informar y explicar didácticamente lo que se viene haciendo mal o bien, o no haciendo, en aspectos tan diversos del problema como la formación en las escuelas de policías, la adquisición y/o alquiler de patrulleros y equipos, la lucha contra la corrupción en la institución policial, la aplicación de programas como Barrio Seguro, entre muchos otros.

Por esa vía, se alcanzarían dos objetivos substanciales. Por un lado, hacer tomar conciencia de la complejidad del problema, y, por lo tanto, generar una opinión pública razonablemente ilustrada al respecto. En segundo lugar, gracias a lo anterior, permitir una fiscalización ciudadana efectiva de la labor de las autoridades en la materia.

Se restringiría así el campo no solo para las reinvenciones constantes de la pólvora, la indolencia, los caprichos, y, en general, la falta de seriedad mostrada por varios ministros del Interior en las últimas décadas, sino también para propuestas demagógicas de diversos sectores, como sacar a los militares a las calles o endurecer al infinito las penas existentes; también, por cierto, para reducir el impacto de discursos simplistas como los que pretenden asociar el conjunto de la inmigración extranjera con la delincuencia, a la manera vergonzosa de Donald Trump en Estados Unidos.

Como consecuencia de lo anterior, se favorecería la continuidad de las políticas, sin la cual no se puede avanzar.

Naturalmente, como parte del esfuerzo de docencia, se tiene también que poner los reflectores en los otros sectores involucrados en la lucha contra la inseguridad, como el Poder Judicial, la Fiscalía y el Ministerio de Justicia y el INPE.

Así como el tema de la reforma política ha tomado por asalto las páginas y espacios de los medios, dando lugar a debates, con cierta frecuencia ilustrados, lo mismo debe ocurrir con el de la seguridad. Es absurdo que no haya sido así hasta ahora y lo que se nos ofrezca en la materia sea solo noticias de hechos delictivos y la difusión de las quejas y comentarios muchas veces demagógicos y vacíos de los políticos.

En otras palabras, los medios tienen una tarea cívica pendiente en un aspecto que determina crucialmente nuestra viabilidad como sociedad. Es tiempo que la asuman a plenitud, eventualmente formalizando su compromiso mediante un pacto a nivel del Consejo de la Prensa Peruana, si es que se considera pertinente.

De lo contrario, sería mejor que no editorialicen más sobre el tema, porque la verdad es que, a estas alturas, ya suena hueco.

 

Publicado en el portal lamula.pe el 25 de junio de 2019.

Francisco Belaunde Matossian

Francisco Belaunde Matossian

Abogado. Analista político internacional. Profesor en las universidades Científica del Sur y San Ignacio de Loyola

El primer paso para un presidenciable

En Latinoamérica se respira el clima de las elecciones internas. Tanto en Uruguay que está a días de definir qué […]

Por: Sofía Montero 27 Jun, 2019
Lectura: 3 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

En Latinoamérica se respira el clima de las elecciones internas. Tanto en Uruguay que está a días de definir qué precandidatos llegarán a las nacionales, como en Argentina las PASO, la definición de quiénes serán los candidatos de cara a este octubre es inminente. ¿Qué se juega en estas urnas?

El camino para que un candidato llegue al sillón presidencial es largo y lleno de pasos intermedios para perfilarse como la persona con la capacidad y el apoyo para dirigir el gobierno. En algunos países este camino incluye las elecciones primarias, o elecciones internas, una instancia previa a la elección presidencial —donde optamos entre candidatos de distintos partidos—, enfocada en encontrar a la persona que representará a cada agrupación política.

Primarias

Las elecciones primarias tienen el doble desafío de presentarse como la mejor opción de cara a un futuro gobierno de consensos y de captar los votos dentro de un partido político específico para lograr la chance de competir en las nacionales. Los desafíos son distintos en comparación con la elección nacional y, por lo tanto, también debe serlo la estrategia.

[Lee también: La política como conflicto]

Las campañas y los mensajes de los candidatos cambian mucho en los dos períodos para llegar a la base de votantes que necesitan captar. En las primarias el foco estará en los votos de adherentes al partido, especialmente en un escenario de internas competitivas dentro de cada una de las opciones. ¿Qué es lo que más les importa a los que se identifican con mi partido? ¿Con qué valores debo asociarme para ser la opción que mejor represente al partido de cara a una elección nacional? Por supuesto que el factor emocional tiene gran peso, ya que las propuestas concretas de un futuro gobierno estarán más en juego en las nacionales. Aquí se trata, sobre todo, de lograr el espacio para ser quien las dirija.

Elecciones

Además, en grupos de electores más bien pequeños, comparados con la cantidad que hay a nivel nacional para un menor número de candidatos, es necesario buscar una postura fuerte para posicionarse, pero siempre pensando en las ideas y valores que corresponden al partido que se quiere representar.

Por supuesto que estos mensajes no deben perder de vista nunca el objetivo mayor: las elecciones nacionales. Debemos asegurar el lugar en las internas para poder competir en las elecciones presidenciales, donde los mensajes tendrán que cambiar para captar votos de un electorado más amplio en número y en ideas. Allí el objetivo será una identificación emocional, sí, pero también una plataforma de propuestas sobre las que se basará un eventual futuro gobierno.

La estrategia electoral en un escenario que contemple primarias deberá tener en cuenta que la táctica para las dos instancias electorales debe ser distinta pero coherente. Si el foco está únicamente en el objetivo final y se pierden de vista las características particulares de esta instancia previa podemos cometer errores que impidan ir por el lugar en las presidenciales.

Sofía Montero

Sofía Montero

Licenciada en comunicación y magíster en dirección de comunicación. Coordinadora de comunicación estratégica en la Universidad de Montevideo y consultora en Signo-Consultores en Comunicación. Doctorando en comunicación de gobierno de la Universidad de Navarra.

Chile y el mal de la promesa reiterada

En política, se ha manoseado sobremanera el recurso de prometer, tanto que se ha dinamitado la confianza de la ciudadanía […]

Por: Joaquín Orellana Calderón 26 Jun, 2019
Lectura: 4 min.
Presidente Sebastián Piñera | Foto: Prensa Presidencia de Chile
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

En política, se ha manoseado sobremanera el recurso de prometer, tanto que se ha dinamitado la confianza de la ciudadanía hacia las instituciones y la clase política.

El segundo gobierno de Sebastián Piñera (2018-2022) —quien ya había gobernado entre 2010 y 2014—, contrario a toda lógica, vive bajo la incertidumbre de la promesa. Hace un par de días fuimos testigos de un cambio de gabinete lleno de expectativas que no fueron cumplidas.

Las promesas tienen la virtud de hacernos ganar tiempo a cambio de una disposición explícita a cumplir algo. Las hay de tipo político y también simbólico. De esta forma, se movilizan consensos e intereses con la expectativa puesta en que ese algo sea óptimo. En política se ha manoseado sobremanera el recurso de prometer; tanto así que se ha dinamitado la confianza de la ciudadanía hacia las instituciones y hacia la clase política. El gobierno chileno durante este periodo no ha quedado libre de culpa en esta materia.

El lema y promesa de campaña de Sebastián Piñera fue «Tiempos mejores». Pero aquellos tiempos mejores, donde Chile rectificaría el camino y nos volcaríamos al crecimiento económico, alejándonos de posibles escenarios del tipo Chilezuela, no llegaron. La promesa no se cumplió. El desempleo aumento en el último trimestre a un 6,8 %, la economía crecerá en el orden de 2,7 % y 3,5 % este año, producto de la baja en la inversión (4,5 %) según revela el último Informe Política Monetaria (IPoM) del Banco Central.

El espíritu de los tiempos mejores está enraizado en el piñerismo, definido como aquel grupo aventajado de técnicos de la política y políticos, en su mayoría independientes, que ven en el liderazgo del presidente la encarnación de los valores de una derecha liberal y moderada. Sin embargo, tras la baja en las encuestas y, en consecuencia, la derrota del mensaje principal, es posible observar un creciente distanciamiento entre la coalición de gobierno y el Ejecutivo.

Los partidos que componen la coalición que hoy gobierna el país han tomado distancia del liderazgo del presidente, en tanto el rumbo del gobierno no ha logrado ser definido por ellos. El mayor reflejo de esta realidad está en el desempeño legislativo del oficialismo, mismo que ha mostrado distancia con las iniciativas y decisiones del Ejecutivo.

Ya entrado el segundo año de gestión, el gobierno de centroderecha estrena el siguiente lema: «Chile en marcha», dando por superados los tiempos mejores en el contexto de una coalición frustrada por los acontecimientos políticos del último tiempo, donde las cifras no prospectan un mejor escenario.

La última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) (mayo 2019) indica que un 62 % de los chilenos y chilenas cree que la situación económica mejorará y un 61 % cree que el país se encuentra estancado. Un 29 % tiene una percepción positiva de la figura del presidente, mientras que un 40 % la tiene de manera negativa, lo que respecto a la encuesta CEP de noviembre de 2018 representa una baja en 12 puntos porcentuales, y ubicándolo entre los políticos que más cae en la percepción de la ciudadanía. Las cifras anteriores se resumen en que el 50 % de los chilenos desaprueban el gobierno y solo un 25 % lo aprueban.

Todo mensaje elaborado en clave de promesa presenta un riesgo moral en su expectativa, que de no ser cumplido se transforma en un enemigo de la gestión. En esta línea, se abre una ventana de oportunidad para la oposición. No obstante, parecen habitar cómodamente en la periferia del poder. La ventana de oportunidad se puede cerrar en un futuro: pronto vienen las elecciones municipales y regionales, instancias donde los humanistas cristianos y laicos que hoy son oposición tendrán que dialogar en pos del bien común.

Joaquín Orellana Calderón

Joaquín Orellana Calderón

Consultor en comunicación política. Investigador del Centro de Democracia y Comunidad. Analista en política y asuntos internacionales (Universidad de Santiago de Chile). Máster en Ciencia Política (Universidad de Chile). Subsecretario Nacional de la Juventud Demócrata Cristiana de Chile

Pichetto, Lavagna, Fernández y Massa: todos peronistas, todos avejentados

La oferta electoral presenta peronismo en todos lados, en distintos envases y con distintos acompañamientos. Pero tienen denominadores comunes: carecen […]

Por: Marcos Novaro 25 Jun, 2019
Lectura: 8 min.
Rodolfo Lavagna, Juan Carlos Pichetto
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La oferta electoral presenta peronismo en todos lados, en distintos envases y con distintos acompañamientos. Pero tienen denominadores comunes: carecen de novedades y son versiones gastadas.

Cada quien haciendo su juego, se terminó de armar la oferta para octubre. Lavagna logró finalmente su cometido: ser cabeza de ratón. Cristina sigue compitiendo para ser la más cholula, así evita que la recuerden y juzguen como gobernante y deja la campaña en manos de su empleado del mes. Macri, tarde y en su fuero íntimo tal vez de mentirita, abandona el sueño de la nueva política y se aviene a hacer un poco de política contante y sonante, con la versión más antigua, pero también más confiable.

Resultado: una oferta en la que hay peronismo en todos lados, en distintos envases y con distintos acompañamientos. Pero que además, en todos los casos, carece de mayor novedad, a cuál versión más gastada, tanto que hasta las que cuentan con una cara joven parecen envejecidas, como le sucede al pobre Massa, que se avino a ser cola de león, y de uno compuesto de jóvenes aun más jóvenes que él, e igual de gastados. Frente al cual hasta un modelo clásico, opaco y formalísimo como el de Pichetto reluce como peronismo vintage.

¿Por qué esta contradicción, están en todos lados pero nos dejan tanto sabor a poco? Porque peronistas nuevos sí que están faltando. Y hace tiempo. Todos los que están y los que asoman, hasta los que aún no pintan canas, tienen más antecedentes que el Gordo Valor. Todos ya dejaron huella con los Kirchner, e incluso con Menem. Y no por nada a algún delirante se le ocurrió en estos días la idea de echar a rodar de nuevo el apellido Menem para las listas. Tal la vocación por recombinar y refritar los ingredientes conocidos, a ver si sale un plato nuevo.

¿Es que fracasaron los renovadores o los renovadores finalmente no lo eran tanto, porque también ellos estaban discutiendo cosas sucedidas hace diez, quince o hasta veinte años y que no han digerido del todo? Lo cierto es que el peronismo todavía discute qué hacer con el kirchnerismo, no lo tiene resuelto. Y como Macri no logró procesar la salida de esa etapa desde fuera de esa fuerza política, es lógico que sea en el terreno del peronismo donde se vuelva a disputar la cuestión.

Dicho de otro modo, mientras la transición iniciada en 2015 no concluya, o fracase del todo, la conversación política seguirá girando en gran medida en torno a qué se debe conservar, y qué descartar de esos años, cómo superar sus errores y limitaciones, cuándo esa etapa se empezó a ir al tacho, o si todavía tiene algo para ofrecer. Y es lógico que en esa conversación no tengan mucho para aportar los más jóvenes. E intervengan sobre todo, del lado del peronismo al menos, sus protagonistas estelares, todos con opiniones distintas: Alberto Fernández con su nestorismo remixeado, con la dosis de cristinismo que le exigen las causas de corrupción; Roberto Lavagna con su duhaldismo progre, y de nuevo desarrollista en homenaje a sus años mozos, Miguel Ángel Pichetto con su pejotismo a prueba de balas. Y Sergio Massa… bueno, Massa rogando que no le pidan explicaciones y buscando dónde caer, de ser posible cerca de su casa, en Tigre.

El consuelo de Massa puede ser, de todos modos, que fue Pichetto sin duda quien más falló en sus pronósticos. Meses atrás se animaba a decir que Cristina era Unidad Ciudadana, otro partido, nada que ver con el peronismo. Hoy se afana por rescatar del geriátrico algo del peronismo histórico que hace veinte años que viene esperando que por algún azar del destino los Kirchner queden atrás como un mal sueño, un desliz olvidable, para que las cosas vuelvan a su normalidad. Claro que el peronismo llamado un poco exageradamente republicano es más que esa ilusión y nostalgia, pero lo es sobre todo en potencia; en los hechos, no se sabe todavía qué cuernos es.

Sucede además que los más jóvenes tienen sus propias limitaciones: son mucho menos gravitantes que los jóvenes del peronismo de los ochenta, los renovadores y los menemistas de entonces, porque tienen menos para decir, menos noción de para dónde agarrar. Viven un peronismo que se ha ampliado, pero ha perdido profundidad, tiene menos para decirle al país en general. Y los jóvenes de esa extracción son un reflejo particularmente fiel de esta pérdida de espesor: los gobernadores, cuanto más jóvenes, más se parecen a los intendentes, se les ha municipalizado el cerebro, pues la mayoría no tiene por meta más que repartir recursos, no intervienen siquiera en la discusión de cómo se generan, ni les interesa hacerlo.

Este peronismo más extenso, más fragmentado y menos denso es resultado de las fenomenales volteretas políticas y programáticas, de un sistema fragmentado y poco proclive a generar responsabilidades y acuerdos amplios, y del consecuente estímulo al prebendarismo más craso. Con eso ganan, y por lo mismo carecen de arrastre nacional. Por eso Urtubey va a la cola del octogenario Lavagna. Por eso ni Uñac ni Bordet lograron incidir en nada. Y Schiaretti, una mosca blanca que se quedó más solo que un paria, no logra ser referente de nadie, apenas hacer de tuerto de un mundo de ciegos.

Por eso, también Alberto Fernández, un personaje en cualquier otro contexto bastante menor, terminará siendo el peronista más votado, y tal vez hasta presidente, aunque nadie en su sano juicio lo considere ni haya considerado nunca presidenciable. Y Pichetto, experto en roscas, termina siendo el mejor, por no decir el único, estratega.

Así, haciendo cosas que no están preparados para hacer, los peronistas pueden seguir multiplicándose. Pero es dudoso que puedan por sí mismos gobernar, orientar al país en alguna dirección más o menos reconocible. Y por eso Macri, a menos que la sociedad se arrepienta de haberla iniciado, seguirá seguramente orientando la transición. Con sus dificultades pero con la ayuda todavía por algún tiempo de una parte de ese peronismo disperso.

Finalmente, ¿hay muchos peronismos y ningún mejor peronismo, vaya a saber lo que eso pueda significar, por culpa de Cristina y de Macri? El problema es, en realidad, bastante más complicado: mientras los peronistas no decidan cerrar la puerta que abrieron los Kirchner, hacia el anticapitalismo, la radicalización populista y la violación de los límites constitucionales, todo lo que se resume confusamente como la grieta, esa fuerza seguirá a medio camino entre una cosa y la otra, y si no puede resolver esa disyuntiva, y en muchos casos siquiera entender de qué se trata, es lógico que no tenga mucho que ofrecer. Lo peor a este respecto es que muchos de sus integrantes hasta han demostrado ser capaces de desaprender, desandar el camino a este respecto. Es lo que sucedió, en última instancia, con Alternativa Federal.

Hacia fines de 2015 y comienzos de 2016 parecía estar claro para muchos peronistas que jubilar a Cristina era la prioridad. Y significaba bastante más que disputar sus votos. Era cerrar esa puerta a la política antisistema que ella había abierto, y tirar la llave, comprometerse con una suerte de Nunca Más democrático y capitalista. Pero cuando la cosa se complicó, porque Cristina se mantuvo en pie y Macri se debilitó, aparecieron los que, como Lavagna y Massa, desaprendieron las lecciones del pasado reciente, y establecieron una suerte de equivalencia entre los dos lados de la grieta, para promocionar su tercera posición como una superación neutral que a todos dejaría felices, pero que en verdad se parecería a la nada misma: como la grieta era, ahora, fruto solo del capricho de dos fracasados, su alternativa no podía ser mejor que eso, y así terminó revelándose. Una amplia coalición superadora que dejaba fuera a los fracasos, que en conjunto representaban la enorme mayoría del país, terminó siendo lo que hoy es, una ambición enorme para una construcción raquítica, un mero capricho incapaz de decidir sobre lo único que indefectiblemente habrá que decidir: ¿el camino es reunificar el peronismo a como dé lugar, aunque sea bajo el mando de Cristina, o es impedir que ella vuelva al poder porque la puerta al populismo radicalizado sigue abierta?, ¿Macri puede ser medio torpe pero es parte del país con el que hay que acordar, o es la derecha neoliberal que no debe volver a gobernar? Como los peronistas no tienen una respuesta unificada a estas preguntas seguirán por un tiempo sin ser un partido. Y muchos sin siquiera idea de lo que están haciendo.

Fuente: TN (Buenos Aires, Argentina). Publicado en el portal Análisis Latino, el 24 de junio de 2019

Marcos Novaro

Marcos Novaro

Licenciado en Sociología y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA). Director del Programa de Historia Política del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, del Archivo de Historia Oral de la misma universidad y del Centro de Investigaciones Políticas. Profesor titular de la materia «Liderazgos, representación y opinión pública» y adjunto regular de la materia «Teoría política contemporánea». Entre sus libros más recientes se encuentran «Historia de la Argentina 1955/2010» (Siglo XXI, 2010) e «Historia de la Argentina contemporánea» (Edhasa, 2006)

México: contexto y antecedentes de la cuarta transformación

En México, fruto del hartazgo ciudadano, llegó al poder Andrés Manuel López Obrador y su proyecto político, conocido como la […]

Por: Armando Chaguaceda 21 Jun, 2019
Lectura: 7 min.
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

En México, fruto del hartazgo ciudadano, llegó al poder Andrés Manuel López Obrador y su proyecto político, conocido como la cuarta transformación (4T). Apostando a un cambio radical que daría continuidad a las tres grandes transformaciones nacionales: la Independencia de inicios del siglo XIX, la reforma liberal de mediados de la centuria y la revolución del primer cuarto del siglo XX.

A partir de los estudios del proyecto V-Dem, [1] se ha advertido sobre el advenimiento de una tercera ola autocratizadora. Esta arrancó a mediados de los años noventa y ha afectado a una mayoría de democracias establecidas. [2] Dentro de esta, los aspirantes a autócrata llegan al poder legalmente —mediante elecciones— y gradualmente degradan, sin suprimirlas, las normas e instituciones democráticas. Este proceso erosionador se conecta con otros hallazgos recientes, que revelan la relación existente entre la hegemonía presidencial —entendida como la capacidad del Ejecutivo para controlar los poderes Legislativo y Judicial— y los procesos de deterioro democrático en Latinoamérica. El estudio concluye que la hegemonía presidencial ha sido un factor relevante en la inestabilidad de las democracias latinoamericanas. [3]

Estos fenómenos —erosión de la calidad democrática, empoderamiento presidencial, captura electoral de las instituciones por un proyecto político— se están produciendo en México, a partir del resultado de las elecciones del pasado 1.º de julio de 2018, que encumbraron un nuevo partido (Morena) y un liderazgo veterano (Andrés Manuel López Obrador) al frente del Estado mexicano. Lo cual no podría explicarse sin repasar, aunque sea sucintamente, los antecedentes y desempeños de la democracia mexicana en el pasado cuarto de siglo.

La democracia frágil (2000-2019)

El régimen político mexicano emanado de la transición del año 2000 puede ser definido como una democracia de baja calidad y un frágil Estado de derecho, donde se combinaban, en el orden federal, niveles modestos de cumplimiento de los elementos básicos que definen una poliarquía —entre ellos la calidad de las elecciones y la vida partidista— con sistemas políticos subnacionales, que incluyen casos de democracia delegativa —con gobernadores cuasi omnímodos capaces de imponer la pauta de la vida política regional— y autoritarismo —con su cuota de represión y uso de la violencia—. [4] Todo lo anterior dentro de un cuadro político complejo que, si bien muestra los avances de los últimos años, aún ubica a México por debajo de naciones comparables dentro de la región.

Gráfico I. Índice comparativo de poliarquía [5]

Todo ello es resultado de un proceso democratizador dilatado, fundamentalmente enfocado en lo electoral e insuficiente para sustituir a cabalidad los cimientos constitucionales, institucionales y culturales del viejo régimen. En el proceso, los otrora partidos opositores —la derecha panista, que alcanzó el gobierno nacional, y la izquierda perredista, triunfadora en varios estados incluida la capital— reprodujeron, de forma cada vez mayor, los usos y costumbres de la forma priista de hacer política. En particular, se propagó la cultura política tradicional —con su clientelismo, particularismo y corporativismo generalizados—, misma que había sido el fundamento de la relación entre el régimen autoritario priista y la sociedad posrevolucionaria.

La continuidad de las instituciones y de la cultura autoritaria fue favorecida también por la falta de proyectos alternativos para las estructuras básicas del Estado mexicano. La creación de organismos autónomos —un logro de la transición— para asuntos de relevancia democrática, como el acceso a la información y la regulación electoral, devinieron disfuncionales dada su colonización por los grandes partidos —mediante la distribución de puestos— y su poder acotado.

Los mecanismos de participación ciudadana, como los consejos en diversas áreas de las políticas públicas, y las instancias institucionalizadas para la rendición de cuentas en diversas dependencias y niveles de gobierno han tenido magros resultados, producto en buena medida de su creación apresurada —como respuestas a tendencias globales, ligadas a los foros y entornos internacionales donde se inserta el Estado mexicano— y su empleo como entes legitimadores de figuras y agendas políticas. En fecha reciente, iniciativas como las candidaturas independientes y los mecanismos de democracia directa, si bien han significado la promesa de una reforma (parcial) del monopolio de la representación política, acusaron la amenaza de su utilización por antiguos políticos —salidos de los partidos tradicionales— identificados con formas (neo)populistas de gobernar, a la vez que generan resistencias de los ejecutivos, congresos y partidos amenazados por la emergencia o irrupción de nuevos actores y demandas ciudadanos.

Semejante estado de cosas permite explicar por qué el estado de la ciudadanía en el país presenta, en la actualidad, una serie de claroscuros. Tanto en la dimensión individual como colectiva de la ciudadanía —y en sus expresiones civil, política y social— estos abarcan la distribución desigual de recursos, la distancia entre los derechos formales y las prácticas reales y las diferencias entre el progreso en derechos políticos asociados al proceso de transición a la democracia y el estancamiento (y retrocesos) en lo referente a los derechos civiles y sociales. A nivel nacional, con particular arraigo en ciertas zonas, el ejercicio de la ciudadanía se ve suplantado por formas de reconocimiento y acceso a bienes y servicios con marcados signos particularistas, corporativos y clientelares que profundizan la exclusión de los más débiles, pobres y desorganizados. [6]

Por otra parte, diversos poderes fácticos —criminales, mediáticos, eclesiásticos— ganan terreno frente a la debilidad y omisión del Estado a la hora de ejercer funciones regulatorias en diversos ámbitos de la vida social. Situación particularmente grave en el caso del crimen organizado, que deviene actor dominante en zonas grises de la institucionalidad, la territorialidad y la sociedad mexicanas, en las cuales la legalidad formal coexiste —o es suplantada— por mecanismos paralegales y violentos de resolución de conflictos, redistribución de recursos y regulación de la vida comunitaria.

Este es el escenario en el cual, fruto del hartazgo ciudadano, llega al poder Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y su proyecto político, conocido como la Cuarta Transformación (4T), en alusión a un cambio radical que daría continuidad a las tres grandes transformaciones nacionales: la Independencia, de inicios del siglo XIX; la reforma liberal de mediados de la centuria; y la Revolución del primer cuarto del siglo XX.

 

Notas

[1] Iniciativa conjunta del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Gotemburgo, Suecia, y el Kellogg Institute en la Universidad de Notre Dame, Estados Unidos, que mide siete formas de democracia: electoral, liberal, participativa, deliberativa, igualitaria, mayoritaria y consensual. En adición, reconstruye la trayectoria de los regímenes políticos del mundo, de 1902 al presente.

[2] Lührmann, A., y Lindberg, S. I. (2019). A third wave of autocratization is here: what is new about it?, Democratization. doi: 10.1080/13510347.2019.1582029 https://doi.org/10.1080/13510347.2019.1582029

[3] Pérez-Liñán, A., Schmidt, N., y Vairo, D. (2019). Presidential hegemony and democratic backsliding in Latin America, 1925-2016. Democratization, 26 (4), 606-625. doi: 10.1080/13510347.2019.1566321 https://doi.org/10.1080/13510347.2019.1566321

[4] Russo, J., y Chaguaceda, A. (2016). México: contexto y dimensiones de una ciudadanía precaria. En K. Rodríguez., C. Rea., y J. Russo (Ed.), Ciudadanía y grupos vulnerables en México, Guanajuato: Universidad de Guanajuato, Fontamara.

[5] V-Dem Institute (2018). V-Dem, global standars, local knowledge. Gotemburgo, Suecia: Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Gotemburgo. Recuperado de: https://www.v-dem.net/es/analysis/VariableGraph/

[6] Instituto Nacional Electoral y Colegio de México (2015). Informe país sobre la calidad de la ciudadanía en México. Recuperado de https://portalanterior.ine.mx/archivos2/s/DECEYEC/EducacionCivica/Documento_Principal_23Nov.pdf; Olvera, A. (2014). Ciudadanía y participación ciudadana en México. En E. Florescano y J. R. Cosío (eds.), Hacia una nación de ciudadanos, Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica; y Ríos, V., y Wood, D. (eds.) (2018). The Missing Reform: Strengthening Rule of Law in Mexico. Washington: Woodrow Wilson Center Press.

Armando Chaguaceda

Armando Chaguaceda

Doctor en historia y estudios regionales. Investigador de Gobierno y Análisis Político AC. Autor de "La otra hegemonía. Autoritarismo y resistencias en Nicaragua y Venezuela" (Hypermedia, 2020).

¿Solidaridad o inmovilidad? Una mirada al rescate de inmigrantes en el Mediterráneo

Millones de personas están en la huida. Actualmente existen más refugiados en el mundo que durante la Segunda Guerra Mundial. […]

Por: Solveig Inga Bähner 20 Jun, 2019
Lectura: 4 min.
Barca de refugiados en alta mar | Foto: pixabay
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

Millones de personas están en la huida. Actualmente existen más refugiados en el mundo que durante la Segunda Guerra Mundial. Incluso después de las elecciones de la UE no está claro cómo se desarrollará la política de asilo en Europa.

En 2019, más de 22.700 inmigrantes cruzaron las fronteras exteriores de la UE hacia Italia, Grecia, España, Chipre y Malta.

Refugiados e inmigrantes se meten en un peligroso viaje para llegar a la fortaleza de Europa. Botes neumáticos, lanchas, botes de pesca, barcazas de madera: hasta 170 personas se hacinan en los barcos. Hombres, mujeres, niños. La mayoría de ellas se encuentran enfermas, con hipotermia o deshidratadas. Apenas hay provisiones de alimentos o agua potable. Muy pocos a bordo saben nadar o gobernar un barco. Muchos vienen del Sáhara y nunca antes han visto el mar. Con su trayecto se exponen a una situación de altísimo riesgo, pero su miseria es mayor y toman el peligro. La agencia de la ONU para los refugiados UNHCR habla de la travesía marítima más mortífera del mundo: desde 2014 y el comienzo de la crisis de los refugiados un año después, más de 12.000 personas murieron tratando de cruzar el Mediterráneo hacia Europa.

La situación es precaria. Organizaciones de derechos humanos critican especialmente el hecho de que los rescatados sean llevados de vuelta a Libia por guardacostas libios. Allí a los refugiados les espera extorsión en campos y prisiones. Actualmente, más de un medio millón de personas se encuentran en estas condiciones crueles en Libia, un país en guerra civil.

Hace tres años, todavía se celebraba el despliegue de los rescatistas marítimos en el Mediterráneo. En cooperación con el Estado italiano, unos barcos de rescate privados de toda Europa llevaron a varios miles de personas a tierra. Sin embargo, en la actualidad hay apenas unos pocos barcos en el Mediterráneo que salvan a los refugiados de ahogarse, y son cada día menos. Debido a la alta presión política, muchos rescatistas han dejado de trabajar: en algunos países europeos se penaliza el rescate marítimo privado. Muchos miembros de las tripulaciones y activistas ya están siendo juzgados por «instigar (facilitar) a la inmigración ilegal».

El gobierno de Italia también se opone a la admisión de inmigrantes. A comienzos de junio emitió un nuevo decreto. Capitanes y armadores que se acerquen a las costas italianas sin permiso se enfrentarán a multas gigantescas; las naves que violen el decreto serán confiscadas. ¿El rescate en el mar ha llegado en gran medida a su fin?

Italia insiste en que los inmigrantes sean distribuidos dentro de la UE. Con el fin de aliviar la carga de los principales países de llegada, como Grecia e Italia, la Comisión de la UE quería introducir cuotas de distribución obligatorias. Pero muchos Estados no quedaron contentos con tal disposición y se negaron a aceptar refugiados de acuerdo con una clave de cuota fija o acoger a refugiados en general. Por último, solo cuatro de los 28 gobiernos europeos estaban dispuestos a aceptar inmigrantes. Incluso después de las elecciones de la UE, no está claro cómo se desarrollará la política de asilo en Europa. La UE todavía no ha encontrado una solución estable para la inmigración. Por el contrario, los acontecimientos dan la impresión de que la solidaridad de Europa está disminuyendo. Algo que, en realidad, formaba parte integrante de la imagen internacional y del consenso europeo.

Solveig Inga Bähner

Solveig Inga Bähner

Estudiante de la Universidad de Mannheim, Alemania. Pasante en la oficina Montevideo de la Fundación Konrad Adenauer (2019)

A don José, 255 años del natalicio de Artigas

Tal vez la derrota, o el exilio, o su silencio hayan contribuido a la conformación de Artigas como mito fundante de la nacionalidad oriental. En un país de fuerte raigambre laica, su figura es venerada de forma casi religiosa.

Por: Manfred Steffen 19 Jun, 2019
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

José Gervasio Artigas nació el 19 de junio de 1764 en una familia de inmigrantes aragoneses, tal vez en el pueblito Sauce o en algún lugar de Montevideo. Se crió en las casi desiertas praderas de la Banda Oriental, y conoció bien a sus pobladores, los gauchos. Con ellos fue jinete y domador, seguramente contrabandista y posiblemente abigeo. Amigo de los indios, se dice que incluso convivió con ellos y que su primer hijo fue de madre charrúa. De joven, José Gervasio se alistó en el cuerpo de Blandengues y participó en patrullajes en las fronteras siempre amenazadas por invasores y malhechores.

Lucha por la independencia

A comienzos del 1800 la guerra napoleónica dejó en evidencia la debilidad de la monarquía española. Cuando se produjeron las invasiones inglesas al Río de la Plata, fueron los criollos de ambos lados del río quienes resistieron y crearon las primeras instituciones a espaldas de la corona española. En mayo de 1810 se creó la Junta en Buenos Aires. Artigas desertó, se puso al servicio del gobierno revolucionario y se sumó al sitio de Montevideo. En mayo de 1811 se produjo la batalla de Las Piedras, en la que derrotó a las tropas españolas. Cuando poco después se produjo la invasión portuguesa con la complicidad del virrey Elío, Artigas y sus gauchos emigraron hacia el norte, acompañados por gran parte de la población, que espontáneamente dejó sus tierras. Este éxodo del pueblo oriental, también llamado la Redota, es considerado el evento fundacional de la nacionalidad oriental. A partir de entonces, Artigas es considerado el Protector de los Pueblos Libres o Jefe de los Orientales.

Federalista convencido, Artigas nunca pensó en la independencia de la Banda Oriental. Inspirado por la revolución en Estados Unidos y por sus lecturas, Artigas, al contrario de muchos prohombres de la causa independentista americana, adhirió a ideas republicanas y democráticas. En defensa del proyecto federal se enfrentó sucesivamente al Imperio español, a las invasiones lusobrasileras y al centralismo de Buenos Aires. La guerra en varios frentes y la traición de caudillos de algunas provincias lo dejaron solo. Derrotado su proyecto, se fue al Paraguay, donde vivió muchos años en soledad. Se dice que el dictador Gaspar Rodríguez de Francia, llamado El Supremo, lo trató de ganar. Se dijo también que desde la Banda Oriental devenida en república lo invitaron a regresar. Pero el Protector nunca se identificó con el Uruguay como Estado independiente y se mantuvo en su exilio paraguayo, donde murió en 1850.

Mito fundante

Tal vez la derrota, o el exilio, o su silencio hayan contribuido a la conformación de Artigas como mito fundante de la nacionalidad oriental. En un país de fuerte raigambre laica, su figura es venerada de forma casi religiosa. Y ahora, en pleno año electoral, son inevitables las referencias al padre de la patria, desde todos los partidos. Una y otra vez los candidatos refieren a José Gervasio.

Hace 50 años, un maestro rural compuso la canción A don José, en la que se lo describe como un criollo rodeado por paisanos, criollos, morenos e indios, dedicado la causa de la libertad de una patria en formación.

Durante la última dictadura en Uruguay, en la Plaza Independencia de Montevideo, bajo la escultura ecuestre de Artigas de bronce, se construyó un gigantesco mausoleo. En la parte subterránea, frente a la urna con sus restos, dos solitarios soldados blandengues hacen silenciosa guardia. Y cada miércoles, desde mi ventana, miro al batallón cantar A don José frente al monumento.

Manfred Steffen

Manfred Steffen

Magíster en Ciencias Ambientales por la Universidad de la República de Uruguay. Dipl. Ing. Fachhochschule für Druck in Stuttgart. Coordinador de proyectos de la Fundación Konrad Adenauer, oficina Montevideo.

Bonn: los países se reúnen para negociar más acción climática

La urgencia climática resuena en los pasillos del World Conference Center en Bonn, Alemania. La sociedad civil, liderada por los […]

Por: Andrea García Salinas 19 Jun, 2019
Lectura: 4 min.
Foto: Andrea García Salinas
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

La urgencia climática resuena en los pasillos del World Conference Center en Bonn, Alemania. La sociedad civil, liderada por los más jóvenes, lleva meses tomando las calles para exigir más ambición en las políticas climáticas de sus gobiernos.

Del 17 al 27 de junio, los países se reúnen en la Conferencia de Cambio Climático de la CMNUCC en Bonn para discutir avances en cuanto a mitigación y adaptación al cambio climático.

Numerosos reportes científicos sobre el avance del cambio climático advierten sobre los devastadores impactos y la urgencia de aumentar la ambición y la acción climática para incrementar las posibilidades de llegar a una meta en común: limitar el aumento de la temperatura terrestre por debajo de 1,5   C.

Siguiendo con los avances respecto a las reglas de juego para la implementación del Acuerdo de París, esta reunión en Bonn —oficialmente las quincuagésimas sesiones del Órgano Subsidiario de Asesoramiento Científico y Tecnológico (SBSTA) y del Órgano Subsidiario de Ejecución (SBI)— tiene como mandato resolver las discusiones que quedaron pendientes desde la cumbre climática COP 24 en Polonia que se realizó en diciembre de 2018 como debate respecto a los mercados de carbono. Además, durante la conferencia, se busca aumentar el progreso político en tres áreas principales: financiamiento, impactos climáticos y ambición.

Mercados de carbono

Uno de estos puntos claves tiene que ver con el futuro de los mercados de carbono (artículo 6) que permitan la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero a través de compensaciones. Se propone que las discusiones finalicen durante la COP 25 en Chile, por lo que esta es una oportunidad para los negociadores de procurar avanzar en el debate.

Financiamiento para el clima

A fin de cumplir los compromisos en cuanto a mitigación y adaptación a nivel nacional, los países requieren de apoyo económico, técnico y tecnológico. Uno de los temas que se discuten en esta sesión consiste en alcanzar el compromiso de los países para recaudar USD 100.000 millones anuales a partir del 2020 para el Fondo Verde del Clima.

De momento, los países deben definir los lineamientos para ejecutar las reglas acordadas en la sesión de Katowice sobre financiamiento climático.

Pérdidas y daños

Los impactos devastadores y las pérdidas humanas que ocasiona el cambio climático también necesitan ser abordados. Al respecto, otro de los grandes temas pendientes desde hace cinco años de conferencias climáticas anteriores consiste en cómo operativizar el llamado Mecanismo de Varsovia sobre Pérdidas y Daños (Loss & Damage, en inglés).

Este mecanismo busca hacer frente a los impactos de los eventos extremos climáticos en los países en desarrollo, que son los más vulnerables. Durante esta sesión se busca definir los términos de referencia para la revisión de este mecanismo y asegurar las fuentes de financiamiento.

Más ambición por parte de los países

En el marco del Acuerdo de París, los países acordaron impulsar medidas de adaptación y mitigación en las llamadas contribuciones nacionales o NDC. Durante esta sesión es clave que los países incrementen la ambición y los avances en cuanto a sus contribuciones nacionales a fin de alcanzar el objetivo 1,5 ° C.

Sobre este tema, dos eventos paralelos serán relevantes: la Evaluación Multilateral de los países desarrollados para evaluar el progreso de sus acciones en torno a las metas al 2020; y el intercambio de perspectivas (Facilitative Sharing of Views, en inglés) por parte de países en desarrollo tales como Brasil y Uruguay, representando a Latinoamérica. Ambos eventos facilitarán el compartir historias de éxito y desafíos para el incremento de la acción climática y la ambición.

Por otro lado, también se discuten lineamientos para la revisión periódica del progreso de los esfuerzos globales frente al cambio climático. Los países aún deben ponerse de acuerdo en la frecuencia de estas evaluaciones que orientarán las políticas climáticas en los próximos años.

Rumbo a una COP latina

La conferencia de Bonn es una reunión previa a la COP 25 que se realizará en Santiago de Chile hacia fines de este año. Desde ahora, los países latinoamericanos se preparan para alojar la que empieza a conocerse como la COP azul, por el énfasis en la protección de los océanos. Urge más acción para lograr hacer frente al cambio climático.

Andrea García Salinas

Andrea García Salinas

Comunicadora para el Desarrollo (Pontificia Universidad Católica del Perú). Especializada en comunicación del cambio climático. Miembro de Climate Tracker, una red de periodistas y comunicadores del cambio climático en más de 120 países. Cursa un M.A. en Desarrollo Internacional: Ambiente y Migración en la Paris School of International Affairs - SciencesPo PSIA

Haciendo política bocado a bocado. Las dimensiones detrás de nuestros platos

En este Día Internacional de la Gastronomía Sostenible, es relevante traer a la mesa las variadas dimensiones políticas que se […]

Por: Silvana Juri 18 Jun, 2019
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Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.

En este Día Internacional de la Gastronomía Sostenible, es relevante traer a la mesa las variadas dimensiones políticas que se esconden detrás de nuestra comida. A pesar de ser aspectos que suelen dejarse de lado en muchas discusiones, las gigantes repercusiones de esta práctica tan ubicua son hoy más que nunca determinantes clave del estado de bienestar personal, social y del planeta tierra todo.

Cocinar es un acto político, afirma el escritor estadounidense Michael Pollan (2006), extendiendo la idea de Wendell Berry de que cocinar es un acto agricultural. El es uno de los tantos autores que vienen reforzando la idea de que con cada bocado estamos poniendo un voto sobre el mundo que queremos, a través del elemento más cotidiano y vital con el cual todos nos vinculamos.

La ONU ha decidido destacar el 18 de junio como el día para tomar conciencia sobre qué implica la gastronomía sostenible, indicando que se trata de «una expresión cultural relacionada con la diversidad natural y cultural del mundo», reconociendo así que todas las culturas y comunidades juegan un rol fundamental para permitir el desarrollo sostenible. Este punto resulta útil para orientar las discusiones hacia la búsqueda de que la comida sirva para el fortalecimiento de la diversidad biocultural (combinación de la diversidad biológica y cultural, entendidas como interrelacionadas), que resulta imprescindible para la supervivencia de todas las formas de vida en este planeta. Este es un enfoque que abarca simultáneamente las dimensiones socioculturales, económicas y ambientales.

La gastronomía consiste, según la Real Academia Española, en ‘el arte de preparar una buena comida’. Una idea sencilla de comprender pero que, al analizar, nos despliega un abanico de preguntas éticas que desenredaremos a continuación. Un sencillo ejemplo a tomar sería el pescado, visto como alimento rico en macro y micronutrientes y, a la vez, un importante motor de desarrollo socioeconómico. Varias comunidades alrededor del mundo dependen hoy de la pesca para su nutrición y como fuente de empleo. Sin embargo, muchas especies de pescado, antes abundantes, se han vuelto hoy elusivas o limitadas —algunas se encuentran sobreexplotadas y otras directamente extintas—. Así, la pérdida de esta diversidad está llevando a poner en peligro la seguridad alimentaria y el sustento económico de dichas comunidades, lo que repercute en la necesidad de moverse largas distancias, migrar o incurrir en prácticas peligrosas, poco reguladas o hasta ilegales. En paralelo, la transformación de sus prácticas y sus contextos repercute negativamente también a nivel ambiental, desencadenando cambios en los sistemas acuáticos, la calidad del agua, contaminación, etc., y volviendo, a modo de círculo vicioso, a limitar su aprovechamiento y beneficio.

Cuando comenzamos a preguntarnos sobre cuál es el fin o quiénes son los beneficiarios de esa pesca, afloran otros aspectos éticos a revisar. ¿Para quién es bueno? ¿Por qué se justificarían estas acciones? Los primeros beneficiarios serían siempre los propios pescadores, solo si dejamos de lado que en muchas partes del mundo la situación de las comunidades pesqueras es precaria, injusta y bajo condiciones de trabajo que frecuentemente menosprecian derechos básicos. Por otro lado, tenemos a los consumidores, a quienes les llegan los productos, muchas veces, al otro lado del planeta. En ocasiones, ese pescado termina servido en cadenas de comida rápida que lo ofrecen a un precio irrisorio (si consideramos los recursos, energía, mano de obra y transporte que van detrás) y en formatos con tal nivel de procesamiento que, si no fuera por los esfuerzos del marketing, pocas veces lograríamos reconocerlos. Aquí, el beneficio nutricional sería también posible de ser cuestionado. Cuando el producto final no deviene en algo más propicio de empobrecer nuestra salud que de favorecerla, es servido en formas más saludables o cuidadas en contextos y gamas de precio a los que pocos pueden acceder, quedando otra vez excluidos de sus beneficios.

La comida no solo es un elemento vital para sobrevivir: le da forma a la vida de nuestra especie y al planeta entero a través de los sistemas de producción, procesamiento, transporte, comercialización y desecho (Willett et al., 2019). Se trata de una de las actividades con mayor impacto a nivel planetario, como explotador de recursos naturales, uso de la superficie terrestre, consumo de energía, cambio climático, área mercantil y motor de las economías, etc. En este contexto, aunque nuestras decisiones a la mesa representan actos políticos, como manifestaciones de lo que podría llamarse nuestra ciudadanía alimentaria, estas habitualmente pasan desapercibidas. Si entendemos a la política sencillamente como quién obtiene qué, cuándo y cómo (siguiendo la famosa definición de Harold Lasswell), el ejemplo del pescado permite visualizar que existen diversas dimensiones políticas detrás de nuestra comida, según quién produce, dónde y cómo, o cómo se procesa y prepara, dónde y para quién. Si consideramos que el promedio de las personas tomamos mas de cien decisiones vinculadas a la comida por día, el impacto que cada de una de ellas podrá tener en un contexto más amplio resulta más grande de lo que pensábamos, y de lo que solemos animamos a aceptar. Por ello, poner sobre la mesa el debate sobre la comida es una oportunidad para atender, abarcar y participar de la mayoría de los problemas que nos conciernen hoy como sociedad.

Para acercarnos a la comprensión de los aspectos que tocan dimensiones políticas en relación con nuestra comida se ofrece el siguiente gráfico, que lista algunos de los principales puntos que es útil considerar al momento de votar con el tenedor.

Así, comer significa poner un voto sobre el tipo de futuro que queremos. Las dimensiones mencionadas, sin embargo, no recaen únicamente en cada uno de nosotros como consumidor o replicador de tradiciones, sino también y especialmente en quienes ocupamos lugares de oportunidad, como profesionales, educadores, técnicos, políticos y generadores de agenda y agencia.

No es posible dejar fuera de nuestras consideraciones diarias sobre nuestro presente y futuro temáticas que tengan que ver con nuestros alimentos y los sistemas en los que están insertos. Debemos comenzar a ver que la comida es mucho más que un área problema; es necesario visualizarla como un elemento fundamental y accesible para perseguir, explorar y saborear soluciones hacia futuros más sostenibles.

 

Referencias

Pollan, M. (2006). The omnivore’s dilemma: A natural history of four meals. Nueva York: Penguin Press.

Willett, W., Rockström, J., Loken, B., Springmann, M., Lang, T., Vermeulen, S., …, y Jonell, M. (2019). «Food in the Anthropocene: the EAT–Lancet Commission on healthy diets from sustainable food systems», The Lancet, vol. 393, n.º 10170, pp. 447-492.

Silvana Juri

Silvana Juri

Magíster en Diseño Sustentable (Universidad de Brighton, Reino Unido) y candidata a doctora por la Universidad Carnegie Mellon (EUA). Asistente de comunicación en el Instituto SARAS (Uruguay). Su trabajo e investigación se enfoca principalmente en la transformación de nuestras culturas alimentarias hacia futuros sustentables.

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