Rara vez la política exterior en derechos humanos de un país democrático alcanza a todas las dictaduras, pues prevalecen los intereses económicos, es decir el carácter prioritario que se le asigna a exportar productos y atraer inversiones del extranjero.
Este es uno de los motivos por el cual se requiere el accionar de la diplomacia parlamentaria. El Parlamento es un poder independiente del Ejecutivo y por tal motivo sus miembros surgidos del voto popular tienen la capacidad política de realizar acciones que los gobiernos no pueden, en especial en las democracias en vías de desarrollo.
Existe bastante bibliografía sobre «diplomacia parlamentaria», su evolución, alcance y crecimiento, pero respecto a su rol en la defensa y promoción internacional de la democracia y los derechos humanos queda mucho por hacer, en especial desde América Latina.
Recomendaciones
Un primer paso para implementar una efectiva diplomacia parlamentaria en derechos humanos empieza por los partidos políticos, en los cuales se forman e involucran quienes luego integrarán el Parlamento. En tal sentido, los espacios de relaciones internacionales de los partidos políticos tendrían que incluir a la defensa y promoción de los derechos humanos en su agenda de trabajo, incorporando el criterio general y no el doble estándar.
Es decir, no caer en la contradicción de ser críticos de las dictaduras de Nicolás Maduro en Venezuela y Daniel Ortega en Nicaragua, y al mismo tiempo estrechar lazos con el Partido Comunista Chino. También los partidos políticos tienen que cooperar con la sociedad civil y los referentes independientes de derechos humanos, para ampliar la mirada de la inserción internacional y no cerrarse a la disciplina interna que se incomoda ante las opiniones comprometidas e innovadoras.
Director general de CADAL. Periodista y activista de derechos humanos. Autor de «Las sillas del Consejo: autoritarismos y democracias en la evolución de la integración del órgano de DDHH de la ONU» (2020).
«Si los demócratas no actúan decidida y tempranamente en defensa de sus instituciones, derechos y principios, los próximos años no auguran escenarios halagüeños para las democracias latinoamericanas». Esta frase, del documento Entre la geopolítica y las ideas. Reflexiones para una renovación democrática, resume el gran reto del momento.
La pospandemia confronta a Latinoamérica con viejos y nuevos problemas, ahora en un contexto de polarización. La reconstrucción de la economía y del tejido social afectados por más de un año de severas limitaciones constituye una gran presión para las instituciones del Estado y las autoridades. En este año tuvieron lugar varias elecciones y movimientos sociales que contribuyen a reconfigurar un panorama diverso y desafiante.
La edición n.º 5 de la serie Enfoque de Diálogo Político fue elaborada por los investigadores de Gobierno y Análisis Político AC (GAPAC) Armando Chaguaceda, doctor en Historia y Estudios Regionales, especializado en el estudio de la relación sociedad civil-democratización-autoritarismo en Latinoamérica y Rusia, y Fernando Pedrosa, doctor en Procesos Políticos Contemporáneos y coordinador del Grupo de Estudios de Asia y América Latina del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe de la Universidad de Buenos Aires.
Plataforma para el diálogo democrático entre los influenciadores políticos sobre América Latina. Ventana de difusión de la Fundación Konrad Adenauer en América Latina.
Disturbios en Cuba: Causas, desarrollos, perspectivas
Las últimas protestas en Cuba muestran a una población cubana que, ante la precaria situación que padeció durante décadas y que solo ha empeorado durante la pandemia ocasionada por el coronavirus, ahora toma las calles con valentía y manifiesta su descontento y desesperación.
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
El acceso a internet y las nuevas tecnologías han sido un catalizador del cambio en la sociedad cubana y juegan un papel clave en la movilización de grandes segmentos de la población en estas manifestaciones sin precedentes.
Manifestaciones históricas
Las protestas en Cuba, aunque frecuentes, son generalmente aisladas, con baja convocatoria y han sido infravaloradas por la prensa extranjera, recibiendo así, muy poca atención internacional. No obstante, durante las últimas décadas las organizaciones de derechos humanos han denunciado en repetidas ocasiones la brutal represión y censura del gobierno cubano en las áreas de libertad de expresión, libertad de prensa y protección de los derechos humanos.[1] Lo que comenzó como una protesta local y focalizada, ahora se ha extendido por toda la isla y ha despertado cada vez más el interés de los medios de comunicación y de la comunidad internacional.
El Movimiento de San Isidro (SMI) ha surgido en los últimos años como una protesta más sociopolítica, en contraste con las protestas más comunes iniciadas por los grupos políticos clásicos de oposición. Como resultado, el movimiento fue recibido con mayor interés no solo dentro de Cuba, sino también a nivel internacional. Históricamente, sin embargo, el ciudadano promedio no participó activamente en estas protestas. Por eso son tan importantes las manifestaciones de los últimos días, ya que revelan un compromiso completamente nuevo y diferente por parte de la población cubana.
Datos clave sobre la política cubana
Por primera vez en seis décadas, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, no es miembro directo de la familia Castro. Sin embargo, no fue sorprendente que cuando asumió el cargo no hubo cambios significativos en las políticas de gobierno del país ya que los vínculos entre el Partido Comunista, las fuerzas armadas y Díaz-Canel eran y siguen siendo estrechos.
Por otro lado, Cuba ha estado sujeta a sanciones económicas estadounidenses desde 1958 y al embargo comercial que se impuso en 1962. La administración Obama realizó tímidos intentos de flexibilizar estas restricciones, pero luego la administración Trump los revocó. Hasta el momento, el presidente Biden no ha tomado ninguna medida política concreta respecto a Cuba, lo que significa que el statu quo establecido bajo Trump se mantiene por el momento. Las sanciones mencionadas han sido ampliamente criticadas por la comunidad internacional. Apenas el mes pasado, la Asamblea General de la ONU emitió una resolución en la que urgía la necesidad de poner fin al embargo comercial de Estados Unidos sobre Cuba.[2]
Aunque el panorama externo apenas ha evolucionado en los últimos años, algo ha cambiado en la propia Cuba: en particular, el mayor acceso y uso de Internet y otras tecnologías (especialmente las redes sociales) que han tenido un gran impacto en la vida cotidiana en la isla. Los cubanos están cada vez menos aislados de lo que sucede en el mundo, así como en la propia isla y en la misma medida, la comunidad internacional tiene más información y conocimiento en tiempo real de la situación política, económica y social del país. Como consecuencia, las detenciones arbitrarias y el hostigamiento de miembros de la oposición por parte del régimen que participaron en manifestaciones por la paz en Cuba pueden documentarse y publicarse con mayor intensidad.
En este contexto, cabe destacar la huelga del Movimiento San Isidro (MSI) en noviembre del año pasado, la cual se transmitió en vivo por Facebook así como la detención del rapero y miembro del MSI Denís Solís. La posterior huelga de hambre y la detención de otros 14 miembros de MSI también fueron transmitidas por todo el mundo. Estos hechos no solo provocaron la participación de mas sectores de la sociedad civil cubana, sino que también atrajeron la atención internacional. Varias organizaciones y gobiernos, incluido el gobierno de Estados Unidos, condenaron las detenciones ilegales y pidieron respeto por los derechos humanos, en particular la libertad de expresión.
¿Qué está pasando en Cuba? Desarrollos actuales
El domingo 11 de julio de 2021, miles de cubanos salieron a las calles de San Antonio de los Baños, un pequeño pueblo a unos 30 km al suroeste de La Habana. Con el cántico «Patria y Vida» los manifestantes exigieron acceso a la alimentación, la salud y la libertad. La protesta fue transmitida en vivo por las redes sociales, mientras los manifestantes declararon con valentía que ya no tienen miedo y que se debe lograr un cambio estructural y fundamental en Cuba para asegurar los servicios básicos en el largo plazo y así garantizar que los ciudadanos cubanos puedan sobrevivir y vivir en democracia y libertad.
La cantidad de manifestantes, por miles, es una cifra impresionante en Cuba, un país donde las manifestaciones son formalmente ilegales y sancionadas con penas de privación de la libertad. Cabe destacar que el país no ha visto protestas de esta magnitud desde 1994. Gracias al acceso a Internet y las redes sociales, las imágenes de la primera manifestación se difundieron rápidamente por toda la isla y posteriormente fueron replicadas en numerosos lugares de Cuba (ver mapa).
Las imágenes en vivo capturaron todos los acontecimientos: manifestantes volcando patrullas, saqueos de tiendas estatales, pero también intervenciones masivas de las fuerzas de seguridad y detenciones.[3] Las organizaciones internacionales de derechos humanos han documentado cierres de Internet inducidos por el gobierno, detenciones arbitrarias y uso excesivo de la fuerza, así como disparos de la policía contra manifestantes. Además se informa que hay una larga lista de personas desaparecidas. Al momento de la redacción de este informe, aún no existe información confiable sobre el número de detenciones, desapariciones forzadas, heridos o incluso ejecuciones.
¿Por qué? Los orígenes de las protestas
Durante el 2020, el gobierno cubano parecía tener la pandemia bajo control. Sin embargo, la tercera ola de covid-19 en la isla ha provocado un rápido aumento en el número de contagios, según informes de la sociedad civil cubana.[4] La falta de atención médica adecuada, la escasez de medicamentos y la limitada disponibilidad de vacunas contra el covid-19 solo han agravado la precaria situación en la que viven los cubanos. A eso se suma la falta de alimentos, así como el suministro inadecuado y poco confiable de electricidad y agua.
Aunado a esto, permea la difícil situación económica de Cuba que solo sigue deteriorándose en medio de la pandemia, con consecuencias directas para la vida de muchos cubanos. En el contexto de las restricciones comerciales, la economía de la isla depende en gran medida del turismo, que ha caído drásticamente el año pasado debido a la pandemia. A esto se suma la nueva política monetaria que se puso en marcha a principios de 2021 (eliminación del sistema de doble moneda), en la que, entre otras cosas, la unificación de la moneda cubana mermó el poder adquisitivo de los cubanos, que ya no tienen un “flujo de caja” debido a la falta de turismo.[5]
Pero más allá de estas condiciones del marco económico, conviene volver a señalar el enorme efecto que tiene en este contexto la mejora del acceso a Internet en Cuba. Los puntos de Wi-Fi se han vuelto más frecuentes en La Habana, los teléfonos móviles son más fáciles de conseguir y la red 3G ha mejorado. Como resultado, el uso de redes sociales y plataformas de comunicación (Facebook, Twitter, WhatsApp, Telegram e incluso Zoom) se está volviendo cada vez más popular en toda la isla. Eso significa que los cubanos ahora pueden acceder a noticias de todo el mundo, crear contenido independiente (que todavía es ilegal) y compartir sus opiniones políticas en línea entre ellos, y también fuera de Cuba.
Las condiciones generales, es decir, el drástico deterioro de la situación económica y de salud, son las causas principales del profundo descontento, enojo y frustración de la población con su gobierno. Pero dado que las protestas públicas y cualquier tipo de crítica y oposición al régimen, incluida la existencia de otros partidos además del Partido Comunista, son ilegales, hasta hace poco solo unas pocas personas se atrevían a salir a la calle y expresar su descontento. Los movimientos de oposición como la Mesa de Unidad Democrática (MUAD) están sujetos a constantes represalias y detenciones de sus miembros. Por lo tanto, un acceso significativamente mayor a las redes sociales es clave para comprender por qué estas recientes protestas se propagaron tan rápidamente y por qué los ciudadanos que normalmente estarían en silencio ahora se han sentido alentados y decididos a formar parte de estas protestas masivas.
Perspectivas: ¿Qué sigue en Cuba?
Díaz-Canel atribuyó las protestas al intervencionismo estadounidense, una justificación habitualmente utilizada por el gobierno cubano cuando se trata de crisis en la isla, incluso cuando no se hay pruebas de esto. Inmediatamente después de las protestas, el Partido Comunista de Cuba (PCC) realizó una reunión de emergencia a la que asistieron Díaz Canel y Raúl Castro. Sin embargo, la información sobre las protestas en curso ha sido limitada desde el lunes (07/12/21). Según los informes, WhatsApp, Facebook, Telegram e Instagram han sido bloqueados y la señal de Internet controlada por la estatal ETECSA (Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A.) está restringida en su mayoría.[6]
Los cubanos en el exilio creen que este es un punto de inflexión y ven esperanzas de cambio en estas protestas tan orgánicas e intrépidas. Sin embargo, dada la actual falta de información, es difícil evaluar y predecir si las protestas continuarán o el gobierno usará la fuerza militar para aplacarlas. En este contexto preocupan las declaraciones inquietantes del presidente cubano llamando a los comunistas leales de Cuba a manifestarse o incluso «luchar» contra los manifestantes.
Las protestas dentro y fuera de la isla han tenido un gran impacto. Esto también incluye la sorprendente renuncia del viceministro del Interior del gobierno cubano, Jesús Manuel Burón, quien dio como razón no querer apoyar el uso excesivo de la fuerza por parte de las fuerzas de seguridad.
La comunidad internacional ha expresado su profunda preocupación, con las principales condenas provenientes de Estados Unidos. Desde entonces, el presidente Biden ha hablado públicamente sobre las protestas y ha prometido su apoyo a los manifestantes, pero se encuentra en el constante dilema de la política exterior estadounidense: mantener el embargo que está exacerbando la crisis económica en Cuba y continuamente antagoniza la relación entre los Estados Unidos. y Cuba o poner fin al bloqueo, con el riesgo de que esto provoque conflictos internos estadounidenses y sea instrumentalizado a nivel nacional por Díaz Canel para aumentar su apoyo y legitimidad entre los cubanos.
En América Latina no sorprende tanto que los presidentes de México, Andrés Manuel López Obrador y Argentina, Alberto Fernández, se hayan manifestado con cierta cercanía al gobierno cubano mientras que los gobiernos de Brasil, Chile, Uruguay, Perú y otros expresaron su solidaridad con los manifestantes.
Con respecto a la Unión Europea (UE) y la comunidad internacional en su conjunto, les parece difícil salir de los simples discursos y condenas normativas y avanzar hacia el ámbito de la acción concreta. No obstante, las violaciones de derechos humanos que se están cometiendo en Cuba no pueden ni deben seguir siendo toleradas y por lo tanto, no bastan únicamente las condenas enérgicas. Ante las masivas protestas de la población en Cuba, estas violaciones también deben ser contrarrestadas con acciones concretas de la comunidad internacional siempre con apego al derecho internacional.
[2] UN General Assembly, A/75/L.97 ‘Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba’ (9 junio 2021), https://undocs.org/es/A/75/L.97 184 votes in favor 2 against 2 abstentions
[5] Desde el 1 de enero está en circulación la nueva moneda única (1 USD = 24 pesos). Esto significa que las dos monedas Peso Cubano y Peso Convertible Cubano (CUC) ya no existen, pero ahora ambas se llaman “Peso Cubano”. A dos meses de la desaparición del CUC, la espiral inflacionaria ya ha impactado gravemente a las familias cubanas.
Hans-Hartwig Blomeier es el representante, Ilse Reyes es gerente de proyectos y Laura Philipps es la representante adjunta de la Fundación Konrad Adenauer en México
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Implicaciones para las pymes que competirán en el ámbito birregional.
Han pasado dos años desde que concluyó la etapa de negociación del acuerdo birregional entre el Mercosur y la UE. Son veintidós años desde que se acordó iniciar negociaciones. Y treinta años desde que se comenzó a conversar sobre la conveniencia de un acuerdo birregional. A pesar de ello, hoy el futuro de este acuerdo sigue siendo incierto. Aún es posible que el acuerdo se firme y que entre en vigencia. Incluso sería lo deseable. En tal caso, quizás el contenido podría ser modificado en los próximos meses. Pero también es posible que no.
¿Qué quiere decir esto para quienes se interrogan —por ejemplo, las pymes de la Argentina— sobre cómo prepararse para competir en el futuro con sus bienes y sus servicios en el amplio espacio birregional?
Lo primero a señalar es que sería un error dar por cierto tanto un escenario como el otro (según sea que se firme o no el acuerdo), como asimismo sus distintas consecuencias. En todo caso, los alcances de ambos escenarios pueden ser muy distintos al que ha predominado en las últimas tres décadas, al menos para las empresas de los países del Mercosur.
Lo recomendable sería interrogarse sobre lo que implicaría para una empresa prepararse para competir, tanto en el mercado del Mercosur como en el birregional, en el caso que se concrete o no la entrada en vigencia del acuerdo de asociación. La capacidad para competir en cualquiera de los escenarios requeriría, para muchas empresas, de ajustes en sus estrategias y modalidades operativas.
El tiempo disponible para adaptarse a un escenario u otro (o a las múltiples variantes imaginables, si es que el acuerdo originalmente concluido se modifica) podría ser de dos o tres años como mínimo. En el caso de que entre en vigencia el acuerdo, tal plazo puede extenderse aun más, si se toman en cuenta los previstos para que se complete la desgravación arancelaria. También hay que tomar en cuenta los plazos mínimos necesarios para adaptar una empresa a condiciones de competitividad que podrían ser muy diferentes a los actuales. Por ello parece recomendable, para una empresa, comenzar a explorar ya la incidencia que uno u otro escenario pudiera tener en su capacidad de competir en su propio país, en el Mercosur o en el espacio birregional. Puede ser natural que una empresa considere innecesario prepararse ya para escenarios aún tan inciertos, pero algunos de sus actuales o potenciales competidores pueden haber empezado ya a hacerlo.
En el caso de las empresas pymes, tres cuestiones requerirían atención a fin de prepararse para el día después de la entrada en vigencia del acuerdo de asociación.
La primera se refiere al desarrollo de las disposiciones previstas en el acuerdo birregional para el apoyo a la efectiva participación de las pymes, esto es, los programas de cooperación técnica y financiamiento de transformación productiva que se desarrollen con la UE, a fin de facilitar la adaptación de las pymes a las nuevas condiciones de competitividad que surgirán de la efectiva vigencia del acuerdo de asociación. Además de la experiencia que la UE ha desarrollado con sus políticas de apoyo a la reconversión productiva, más recientemente ha acumulado otras como consecuencia de la incorporación de países de Europa del Este, muchas de ellas inspiradas en lo que fueron los efectos del Plan Marshall para la propia Europa de la posguerra. Son experiencias que pueden servir de guía a políticas de cooperación con las pymes del Mercosur.
Una segunda cuestión se refiere a la participación activa de gobiernos locales en el aprovechamiento, por sus sectores productivos, de las oportunidades que se abrirían con el acuerdo birregional. Algunos ya tienen programas referidos al comercio y a las inversiones con la UE. En ese sentido, el acuerdo de asociación abre oportunidades para acentuar el desarrollo de programas de cooperación técnica y financiera destinados a facilitar la participación de regiones, provincias y ciudades de países del Mercosur en el espacio económico birregional, y para estimular la cooperación y acciones conjuntas con la participación de empresas pymes de los dos lados del Atlántico.
Y la tercera cuestión es la de los múltiples desdoblamientos a que puede dar lugar el acuerdo birregional, si se lo inserta con sus respectivas reglas de origen en las redes de acuerdos de comercio preferencial del Mercosur y la UE con otros países y regiones, y en especial, con los de la Alianza del Pacífico. El vínculo entre reglas de origen, acuerdos regionales preferenciales y cadenas de valor podría nutrir políticas de cooperación birregional que promuevan la acción conjunta entre pymes de ambos lados del Atlántico, con las de otras regiones con las que existan distintas modalidades de acuerdos preferenciales, en la propia América Latina, África y el Asia-Pacífico.
Director del Instituto de Comercio Internacional de la Fundación ICBC. Director de la Maestría en Relaciones Comerciales Internacionales, Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF, Argentina). Miembro del Comité Ejecutivo y vicepresidente del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI).
En Latinoamérica, la confianza en la democracia ha perdido adeptos. La deriva autoritaria gana peso dentro de las sociedades e incluso en algunos Estados.
En Latinoamérica, la confianza en la democracia ha perdido adeptos. La deriva autoritaria gana peso dentro de las sociedades e incluso en algunos Estados. Qué clasificación se puede hacer en los países de la región, a qué se debe esta pérdida de empuje de los principios democráticos y cuáles son los peligros que ello entraña para nuestras sociedades.
En Latinoamérica, la confianza en la democracia ha perdido adeptos. La deriva autoritaria gana peso dentro de las sociedades e incluso en algunos Estados. Qué clasificación se puede hacer en los países de la región, a qué se debe esta pérdida de empuje de los principios democráticos y cuáles son los peligros que ello entraña para nuestras sociedades son algunas de las preguntas que hoy ponemos Bajo la Lupa.
Participan:
Armando Chaguaceda, licenciado en Educación e Historia, máster en Ciencia Política (2004) y doctor en Historia y Estudios Regionales. Especializado en el estudio de la relación sociedad civil-democratización-autoritarismo en Latinoamérica y Rusia.
Fernando Pedrosa, egresado de la carrera de Historia de la Universidad de Buenos Aires, máster en Estudios Latinoamericanos y doctor en Procesos Políticos Contemporáneos por la Universidad de Salamanca.
Bajo la Lupa es un podcast de Diálogo político. Un proyecto de la Fundación Konrad Adenauer.
Doctor en Comunicación Política por la Freie Universität Berlin. Especialista en política alemana. Creador de «eleccionesenalemania.com», único blog de análisis político en español sobre Alemania. Conductor del pódcast «Bajo la Lupa».
La deliberación política en las redes sociales e ineludiblre. Coloca a la ciudadanía, frente a dilemas como el anonimato, límites, transparencia y verificación.
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
«Líbrame del anonimato que de las cuentas bravas me libro yo»
Hace unos días opté por la autocensura. Preferí evitar hacer comentarios de tipo político en mi cuenta de Twitter porque, diga lo que diga, en el escenario actual de polarización es recurrente la agresión. Ojalá esto invitara a una deliberación con altura entre personas pero, lamentablemente, de manera veloz llegan las manadas de trolls y cuentas falsas que, en vez de propiciar una discusión interesante, lo único que hacen es descalificar y lanzar improperios. Claro, porque es fácil y hasta cobarde hacerlo detrás de una cuenta anónima, sin identidad.
Hoy, un gran porcentaje de las cuentas en las principales redes sociales son cuentas anónimas. En las que uno no sabe quién está detrás. Y que se sienten libres de decir cualquier cosa: inventar, mentir, exagerar, descontextualizar, tergiversar la realidad. Cuentas falsas y anónimas que además acosan, hostigan, difaman y agreden. La realidad no puede ser peor. El anonimato constituye el ingrediente perfecto para lograr un ambiente tóxico en las redes sociales.
Ciudadanía responsable
En más de una ocasión he escuchado decir «es mejor optar por una cuenta con otro nombre para expresarse libremente». Algo que en lo personal estoy en desacuerdo y rechazo tajantemente. En primer lugar, porque desde que inicié promoviendo la democracia digital siempre he sido crítica de la presencia de trolls, bots y cuentas falsas que alimentan la desinformación online. Esto impide la construcción de un espacio cívico donde el diálogo y el intercambio de puntos de vista sean los pilares de una democracia participativa entre personas con raciocinio y no producto de los algoritmos o la inteligencia artificial.
En segundo lugar, porque siempre he promovido la ciudadanía digital responsable. Esto significa reforzar la identidad, actuar con tolerancia, empatía y respeto en la red. Y, justamente, el anonimato online representa todo lo contrario. Es la carta blanca para decir lo que plazca sin límites, quebrantando todas las normas tácitas del ámbito online. Además, esto también implica afectar los derechos de terceras personas y hasta perturbar el espacio público.
Límites a la difusión
Pero hay un punto central en todo esto: los límites. Recientemente se realizó en Canadá un evento global llamado #RightsCity. En una de sus sesiones se analizó si la democracia podría sobrevivir a la tecnología, frente a lo cual expertos señalaban la necesidad de establecer una línea de base para el comportamiento en la red, en donde se definan principios básicos bajo un consenso preestablecido.
Por ejemplo, que se incluyan aspectos concernientes a la precisión de la información divulgada o hacer una preverificación de los contenidos. Principios referidos a evitar el anonimato mediante la participación de personas reales en las redes sociales. Y otros asuntos como: la necesidad de reducir drásticamente los bots, de actuar con amabilidad y respeto, no difundir pornografía, entre otros aspectos que quizás para algunos significa comportamientos ya puestos en práctica y que resultan obvios, pero para otros no lo son. Por eso, el llamado a establecer una línea de base, que sea un primer límite en la interacción online.
Coincido en que ha llegado el momento para dar ese paso más asertivo y definir hacia dónde queremos dirigir el futuro de la participación y la deliberación en las redes sociales. Es decir, un comportamiento que no socave nuestros cimientos democráticos y nuestra convivencia ciudadana.
Transparencia y verificación
En los últimos años, fomentando más transparencia y verificación de contenidos, las big tech han dado pasos importantes para reducir estos malos hábitos online. Sin embargo, aún tienen mucho por hacer, considerando la gran responsabilidad que recae en ellas. Desde la Secretaría de las Naciones Unidas se impulsó la Hoja de Ruta de Cooperación Digital que recoge, también, esta preocupación. A través de su enviado especial en temas de tecnología, se pueden encarrilar esfuerzos a nivel global que luego se ajusten a nuestros ámbitos locales.
Además, considero que es de suma relevancia trabajar coordinadamente entre los distintos stakeholders nacionales para reflexionar sobre estos temas y buscar posibles salidas que no afecten las libertades y derechos en línea, sino más bien refuercen las buenas prácticas ciudadanas en el entorno digital.
El anonimato, las cuentas falsas online, la manipulación con algoritmos a través de bots, la desinformación son elementos nocivos en nuestra frágil democracia, cuyo efecto puede ser severo, no solo por polarizar a la sociedad, sino por fomentar el odio, la violencia y la convulsión social.
Por esa razón, si reclamas y exiges una sociedad más participativa, que se exprese libremente sin recurrir a la agresión o la mentira, empieza por eliminar esas cuentas falsas y dejar el anonimato.
Es promotora de la democracia digital en el Perú y Latinoamérica. Directora fundadora de D&D Internacional - Democracia Digital, con sede en Lima. Fue presidente de Internet Society Perú (2016-2021) y es autora de diversos libros, entre otros, «El reto de la democracia digital. Hacia una ciudadanía interconectada» (2019).
El nuevo gobierno encara una agenda ambiciosa. Sin descuidar la vacunación deberá abordar la reactivación en el período pospandemia. En un contexto regional complicado, la aprobación mayoritaria ciudadana constituye una oportunidad.
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Ecuador inició un nuevo período de su historia institucional. Una vez renovados el Gobierno y la Asamblea Nacional, hace algo más de un mes, al momento transita por un ambicioso plan masivo de vacunación, que apunta a generar un punto de impulso para la reactivación de su alicaída economía.
Si bien el presidente Guillermo Lasso tuvo una victoria holgada frente a su adversario del correísmo, su movimiento político no logró un espacio significativo en el Legislativo. Esta realidad condujo a la construcción de una primera mayoría en la Asamblea, con pronóstico reservado para el avance de su agenda.
Se presentan aquí las primeras acciones y líneas de trabajo del gobierno de Lasso, así como algunos retos que enfrentará.
Agenda prioritaria del nuevo gobierno
Luego de siete semanas en el poder, la administración de Guillermo Lasso ha priorizado los asuntos sociales en su agenda de acción inmediata. Esto es consistente con su discurso inaugural que, si bien no entró en detalle de planes específicos, marcó la cancha de su visión democrática de la gestión del poder y abordó temas sociales de interés ciudadano.
Las cinco prioridades que Lasso ha planteado al Ecuador al inicio de su mandato son:
Plan de vacunación 9-100: Con el propósito de inocular a nueve millones de ecuatorianos durante los primeros cien días, el régimen ha dirigido buena parte de sus esfuerzos a la denominada diplomacia de las vacunas y, al parecer, podría lograr su cometido, ya que en las últimas semanas arribarán importantes cantidades de dosis al país. Además, ha arrancado una nueva etapa de vacunación para edades que concentran la mayor cantidad poblacional, con el apoyo del sector privado.
Política para atender la desnutrición infantil: En línea con el enfoque social, se lanzó el plan Ecuador sin Desnutrición Crónica Infantil, que cuenta con el apoyo del sector privado, para cuidar a los niños durante los primeros mil días de vida.
Apertura a la inversión extranjera directa: De la mano del concepto «Más Ecuador en el mundo y más mundo en el Ecuador», Lasso ha enviado señales de apertura a la inversión internacional. Su sola elección produjo la caída en casi cuatrocientos puntos en el indicador de riesgo país. Además, logró el retorno de Ecuador al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI).
Cambio en la política petrolera nacional: Con la firma del decreto #95, el gobierno nacional busca aumentar la producción petrolera a un millón de barriles diarios. Entre las principales líneas de acción Lasso busca cambiar de manera libre y voluntaria la modalidad de contratos de servicio a contratos de participación, crear un fondo de estabilización petrolera, vender gasolineras y delegar al sector privado campos manejados por la estatal Petroecuador, además de que esta última cotice en bolsa.
Política pública enfocada en la transición ecológica: Mediante normativa ejecutiva, Lasso reenfocó el manejo de temas ambientales hacia la economía circular sostenible. Además, busca promover nuevos modelos de producción y consumo sostenible.
No deja de ser relevante la mención a los esfuerzos en materia de diálogo democrático que el Gobierno ha hecho, por ejemplo, con los sectores del transporte ante sus preocupaciones por el destino del subsidio a los combustibles y con los trabajadores ante una reforma laboral pronta a ser enviada a la Asamblea.
Expectativas ciudadanas
Desde el retorno a la democracia, a fines de los años ochenta, los presidentes ecuatorianos han gozado de un importante impulso en el inicio de sus mandatos, fenómeno que popularmente se ha conocido como luna de miel. Así, según CEDATOS-Gallup, Guillermo Lasso es el presidente que registra la mejor evaluación positiva de entrada, con el apoyo de un 71,4% de los ecuatorianos, goza de una credibilidad de 61,7%, y un 58,7% consideran que la situación del Ecuador será mejor en el futuro.
Estas expectativas ciudadanas, que tienen su raíz en las demandas de soluciones económicas, deben ser matizadas con la compleja situación, en especial, de la economía real y el mercado laboral que vive la nación. Por ello, representará un gran reto para el régimen balancear estos positivos números de arranque con la capacidad de generar resultados en el corto plazo. Por ello, el proceso de pedagogía política será determinante para gestionar dichas expectativas.
Retos
El gran desafío para el gobierno de Guillermo Lasso será sortear el corto plazo en lo político y económico para encaminar su agenda de mediano y largo plazo. Si bien apunta a dar un importante golpe de timón en los campos económico, político e institucional, los procesos de cambio usualmente requieren de tiempo y recursos, elementos que lucen escasos al momento.
Para ello, serán determinantes en el corto plazo el acceso a financiamiento, un acuerdo de largo plazo con el FMI y un aumento de la producción petrolera. En el mediano y largo plazo serán fundamentales, para la consolidación de un nuevo cauce de crecimiento, acuerdos de comercio con México y Estados Unidos para multiplicar las exportaciones, consolidación del sector minero, incorporación formal a la Alianza del Pacífico y una reforma institucional de las empresas públicas.
Finalmente, la situación política que vive la región podría representar una oportunidad única para Lasso a fin de convertir a Ecuador en un destino de inversiones y así cumplir su meta de crear empleo y bienestar para los ciudadanos.
Director senior de Asuntos Públicos y Crisis de LLYC en Ecuador. Máster in Political Management (The George Washington University) y economista (Universidad Católica del Ecuador). Director Cámara de Comercio de Quito.
DP Enfoque Nro. 5 Entre la geopolítica y las ideas. Reflexiones para una renovación democrática
Diversos actores autocráticos utilizan las oportunidades (instituciones, derechos, espacio público) de la sociedad abierta para promover ideas y agendas particulares en un sentido contrario a la democracia.
Escrito por los investigadores de Gobierno y Análisis Político AC (GAPAC) Armando Chaguaceda, doctor en historia y estudios regionales, especializado en el estudio de la relación sociedad civil-democratización-autoritarismo en Latinoamérica y Rusia; y Fernando Pedrosa, doctor en procesos políticos contemporáneos y coordinador Grupo de Estudios de Asia y América Latina del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe de la Universidad de Buenos Aires.
En el contexto de una Latinoamérica inmersa en un proceso de avances y retrocesos en términos de sus luchas por la democracia, diversos actores autocráticos (liderazgos, regímenes, movimientos, intelectuales) utilizan las oportunidades (instituciones, derechos, espacio público) de la sociedad abierta para promover ideas y agendas particulares en un sentido contrario a la democracia. Comprender algunas expresiones básicas de este fenómeno y delinear una primera ruta de medidas para resistirlo son objetivos de este documento.
Doctor en historia y estudios regionales. Investigador de Gobierno y Análisis Político AC. Autor de "La otra hegemonía. Autoritarismo y resistencias en Nicaragua y Venezuela" (Hypermedia, 2020).
Historiador por la Universidad de Buenos Aires. Máster en Estudios Latinoamericanos. Doctor en Procesos Políticos Contemporáneos por la Universidad de Salamanca. Profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.
La tónica general de los acontecimientos fue la diversidad, masividad y politización de las manifestaciones. No fueron turbas pidiendo limosnas, sino ciudadanos exigiendo derechos. La idea de un pueblo genéticamente incapacitado para reclamar a sus gobernantes se desmorona.
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Estallaron en Cuba las mayores protestas sociales en sesenta años de régimen posrevolucionario. Como sucede en estos casos, las señales se acumularon pero la chispa prendió cuando (y donde) nadie la esperaba. Así sucede siempre con los grandes eventos sociales, que producen el milagro arendtiano. Pese a su decurso incierto. Pese a que el inmovilismo, el cinismo y el pesimismo de tanta gente se niegue a reconocerlo.
Entendamos el contexto. Una severa crisis derivada del agotamiento del modelo estatista, agravada por la parálisis de las reformas económicas. Impacto económico de la pandemia —que afectó al turismo, fuente de divisas— y efecto de las sanciones norteamericanas. Dolarización de la economía, que incrementó la pobreza, la desigualdad y la escasez; mientras tanto, el gobierno privilegiaba la inversión inmobiliaria por sobre el gasto social. Ausencia de politicas eficaces de apoyo al empresariado y los trabajadores, coincidentes con un férreo control punitivo del comportamiento ciudadano. Por último, una politica sanitaria que apostó todo al desarrollo de vacunas propias contra el covid-19, sin atender al resto de las condiciones —infraestructura, insumos y personal— que sostienen, en cualquier parte, la salud pública.
Vayamos a los hechos. Estallaron protestas en una localidad de la periferia habanera, rápidamente viralizadas —gracias al acceso a Internet— en más de treinta localidades de todo el país. [1] Miles de personas, en su inmensa mayoría pacíficamente, marcharon gritando consignas de contenido social y político. Con el avance de la tarde, se produjeron enfrentamientos con las fuerzas policiales, movilizadas para controlar las manifestaciones. También hubo algunos saqueos —análogos a los que suceden durante protestas similares, por todo el orbe— de las tiendas en divisas, depositarias de productos de primera necesidad y foco de la ira popular.
La tónica general de los acontecimientos (al momento en que se escribe esta columna) fue la diversidad, masividad y politización de las manifestaciones. No fueron turbas pidiendo limosnas, sino ciudadanos exigiendo derechos. La idea de un pueblo genéticamente incapacitado para reclamar a sus gobernantes se desmorona. También el mito de una revolución eterna, que disuelve las responsabilidades del Estado autoritario en la supuesta identificación pueblo-gobierno-partido único.
Las reacciones no se hicieron esperar. Medios de prensa y usuarios de redes sociales, por todo el mundo, difundieron los eventos. Las imágenes y audios de miles de personas reclamando derechos en el espacio público quedarán para quien quiera verlos. Los silencios y solidaridades para con el régimen y la ciudadanía cubanos se harán, desde ahora, más visibles. Estamos en uno de esos momentos de la historia en los que cada quien elige el bando que acompaña. Y asumirá la responsabilidad de hacerlo.
El gobierno cubano ha construido por décadas una aceitada maquinaria de control social, sustento de una vocación de poder total. Esto —el rechazo a la pluralidad— es lo que reflejó el discurso televisado del presidente Miguel Díaz Canel, llamando a sus simpatizantes a salir a las calles y amenazando con «estar dispuestos a todo». Como lo han hecho los gobiernos iraní, nicaragüense o bielorruso ante protestas populares en sus respectivos países. Porque si, como dijera Brecht, el pueblo se opone a su gobierno, este se arroga el derecho a disolverlo.
Como sucede hoy en muchos países, la gente en Cuba está cansada de soportar el peso combinado de la pandemia, la explotación y la desidia gubernamental. De que los de arriba les esquilmen, hablando (para colmo) en su nombre. La supuesta excepcionalidad cubana languidece. Se mantiene solo en la naturaleza de un régimen negado al reconocimiento del derecho de su pueblo, real y diverso, a tener (y ejercer) derechos.
Es irresponsable cualquier llamado a la violencia, pro o antigubernamental, en la isla. El único final feliz de estos acontecimientos sería la aceptación, por las autoridades, del reclamo de la ciudadanía. Y el aislamiento por los manifestantes de cualquier provocación —inducida o espontánea— que favorezca la represión estatal. Cuba no necesita más épica ensangrentada y redentora, sino un diálogo nacional que recupere la normalidad republicana y haga realidad la promesa socialista del bien común. La suma posible de libertad y la justicia, contenida en esa frase que corean ahora mismo millones de gargantas: Patria y vida.
Doctor en historia y estudios regionales. Investigador de Gobierno y Análisis Político AC. Autor de "La otra hegemonía. Autoritarismo y resistencias en Nicaragua y Venezuela" (Hypermedia, 2020).
¿Cómo pasó Chile en pocas décadas de una transición ejemplar desde un régimen autoritario a una democracia a evidenciar un descontento social tan amplio?
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Para establecer la legitimidad y los propios desafíos del constituyente en Chile, la pregunta es ¿cómo pasó el país en pocas décadas de una transición ejemplar desde un régimen autoritario a una democracia, para luego evidenciar un descontento social tan amplio? Ello no es fácil de explicar o argumentar en una mirada situada en la historia presente, es decir, sobre sucesos que se han desencadenado recientemente y que fundamentalmente se explican por un cambio cultural profundo en el seno de la sociedad chilena.
Al respecto, primeramente, no puede soslayarse una manifiesta erosión del tejido social, que no tendría explicación lógica aparente en un país que era clasificado o rankeado en las puertas del desarrollo económico y social por organismos internacionales y por la propia elite política y empresarial del país hasta hace muy poco tiempo. Pero ello comienza a tener sentido al observar el desacople de prácticamente toda la elite respecto de la percepción y emoción de los ciudadanos promedio, que manifestaban un aumento en su malestar respecto al sistema político.
Rol de las redes
Un estudio de Criteria Research sobre las emociones en las redes sociales antes, durante y después de octubre de 2019 exhibió la magnitud del malestar que se desprendía del análisis de contenidos de estas. Al respecto, el estudio arrojó que la emoción predominante en tiempos del preestallido era precisamente el malestar provocado por la percepción de que «las cosas o situaciones que me afectan» no se podían cambiar (sentimiento de resignación, frustración e impotencia), lo cual se transformó en octubre de 2019 en rabia y compromiso con cambios estructurales.
Así, luego del estallido social del 18 de octubre de 2019 se abrió un futuro incierto respecto al devenir de Chile, principalmente respecto a cómo renovar la confianza en las instituciones de la República para generar las condiciones de una representación política efectiva.
Por cierto, la pandemia de covid-19 permitió un respiro a las autoridades de gobierno para retomar la conducción al objeto de enfrentar la crisis que amenazaba, y aún lo hace, a la salud de la población. Aunque, por cierto, la crisis política e institucional sigue presente.
Conflictividad y crispación
El Chile de hoy pareciera sin sentido común, el cual habría sido reemplazado por una conflictividad y crispación social ascendente, provocada principalmente por una percepción de abuso generalizado del sistema político y económico. En tal sentido, si bien esta percepción tiene muy buenas razones, llama la atención que hasta el momento la actitud en el seno de la constituyente electa en las pasadas elecciones del 15 y 16 de mayo, y que ha entrado en funciones el 4 de julio, no atisba una capacidad de diálogo que sugiera la posibilidad cierta de construir un camino de representación social y política que margine a la descalificación como estrategia principal en las discusiones públicas.
Esta columna, lejos de exhibir un prejuicio pesimista frente al proceso político que vive Chile, consigna que la salida institucional que permitió el acuerdo político de la reforma a la Constitución del 2005 del presidente Ricardo Lagos (al que muchos restan legitimidad de origen por representar el espíritu del constituyente de 1980) ha sido una muy particular búsqueda de superación del conflicto político. Ciertamente, en los medios de comunicación se han soslayado las características de un proceso paritario (entre hombres y mujeres), por tener cupos reservados para los representantes de pueblos originarios (17 de los 155), o por el hecho de que ha sido la propia elite política la que acordó cambiar la carta fundamental evitando un quiebre democrático, como sucedió en el Chile de inicio de inicios del siglo XX que desembocó en la Constitución de 1925 o el golpe militar de 1973 que conllevó la Constitución de 1980.
La labor constituyente
Sin embargo, el aspecto más singular del proceso político ha sido precisamente intentar acotar la misión del constituyente a la labor de acordar y redactar la carta fundamental, mientras las demás instituciones siguen funcionando con «normalidad». Por esto, sin duda la experiencia chilena está siendo observada con interés desde distintas latitudes, ya que está intentando responder a los desafíos de un cambio de época, es decir, a una transformación cultural profunda.
La labor de un constituyente que emerge precisamente por la falta de credibilidad y legitimidad de las instituciones de la República es un camino pedregoso por el cual se pretende transitar para la realización de los cambios que el soberano ha mandatado.
Perspectivas
Al respecto, que en la presidencia del constituyente haya sido electa una líder mapuche, Elisa Loncón, denota uno de los derroteros por los que se intenta simbolizar varios procesos de cambios que exhibe en el ámbito cultural la ciudadanía en Chile, tales como el respeto a los pueblos originarios en relación con sus tradiciones, reivindicaciones y cosmovisiones, el fin del patriarcado (asumiendo para Chile un enfoque de género) y la superación del centralismo. Es decir, un renacimiento de las identidades y respeto a las diferencias. Ello como contraparte a la uniformidad y homogeneidad de la chilenidad.
El proceso recién se inicia; sin embargo, es deseable que los constituyentes y los movimientos que los apoyan estén dispuestos a crear puentes de entendimiento que promuevan el diálogo que el país requiere. No será fácil conseguirlo en medio de un contexto en el que están representados tanto sectores que están por refundar Chile en una lógica de adversarios del modelo neoliberal como quienes pretenden mínimas reformas al sistema político y social. En definitiva, posiciones maximalistas que polarizan la realidad del país entre buenos y malos, entre quienes defienden sus intereses por sobre el bien común. En consecuencia, el camino no es fácil, pero pareciera el único que pudiera conseguir un nuevo pacto social para el futuro del país.
Director del Centro de Derecho Público y Sociedad (PUBLICUSS) de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Universidad San Sebastián, Chile. Doctor en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales (Instituto Universitario Ortega y Gasset, España). Cientista político. Periodista
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
América Latina es una parte importante del hemisferio occidental. En tiempo de cambios rápidos y profundos resurge el tema de la diversidad en cada país. Colombia es un ejemplo de sociedad diversa, multiétnica y pluricultural. ¿Qué oportunidad encierran estas características para la identidad del país?
Colombia fue uno de los países que conformó el gran proyecto histórico y genuino de integración de América para lograr la independencia, las primeras acciones políticas que buscaron en la alianza ideológica el surgimiento de un bloque de naciones llamado la Gran Colombia. De esta manera, se estructuró el discurso, la organización política y una identidad nacional enmarcada en el nuevo orden social de la época. Desde entonces, ha venido cabalgando sobre complejos dilemas políticos y sociales tales como el centralismo, la desintegración territorial, los movimientos guerrilleros, el conflicto armado y la manifestación de problemas en la fragmentación social relacionados con las políticas de Estado y las formas de poder impuestas por las clases dominantes, situaciones que han configurado la identidad colombiana.
Sergio Guzmán
Esta representación identitaria, forjada desde el dolor, ha permitido dilatar las diferencias, superar las heridas del transcurrir de la violencia y reconocerse como una sociedad diversa, multiétnica y pluricultural. El diálogo entre las diversas perspectivas permitió que sus ciudadanos alcanzaran, tras años de luchas y acompañados de organizaciones internacionales, el Acuerdo de Paz de Colombia, el cual ha significado una conciliación entre las estructuras políticas, económicas, sociales y culturales en el país.
En esta entrevista a Sergio Guzmán conoceremos los puntos de encuentro cultural para los colombianos, su carácter resiliente, las problemáticas políticas y sociales actuales. Asimismo, la apertura de Colombia en los ámbitos internacionales, sus relaciones bilaterales, en particular con Estados Unidos y China. Y, por último, un comentario sobre cómo Latinoamérica se proyecta ante el mundo.
Sergio Guzmán es el director de Colombia Risk Analysis, una consultora de riesgo político. Proporciona inteligencia empresarial, seguridad y análisis de riesgos políticos para la región andina. Su experiencia está en el conflicto colombiano, la resolución de conflictos internacionales y el desarrollo internacional. Antes de fundar la consultora, trabajó en la consultora Control Risks, donde fue consultor internacional en riesgos políticos y de seguridad, y en Accion International, donde formó parte de un equipo de especialistas globales que promueven prácticas y estándares de préstamos justos, en un proyecto llamado The Smart Campaign. Sergio también tiene experiencia trabajando para el Congreso de los Estados Unidos y grupos de expertos regionales y ong como Diálogo Interamericano, el Instituto de Estudios Políticos y Oxfam América, todas ubicadas en Washington DC. Tiene una maestría en Economía Internacional y Relaciones Internacionales de la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins y una licenciatura en Relaciones Internacionales e Historia de la Universidad George Washington.
Identidad
Cuando piensas en identidad, en términos de tu país Colombia y Latinoamérica en general, ¿qué te viene a la mente?
–Colombia es un país megadiverso y las identidades se superponen significativamente según la región donde vive una persona, su etnia y su edad. Ciertamente, los símbolos que unen a Colombia incluyen nuestra bandera, nuestro himno nacional y nuestra selección nacional de fútbol; parecería superficial argumentar esto, pero creo que en una época de tanta división política hay pocas cosas que realmente nos unan como el éxito en los deportes. Hasta cierto punto, creo que lo que nos da una identidad son las cosas que nos unen y, desafortunadamente, parece que estamos escasos de esas cosas en la actualidad. A pesar de esto, hay algunos aspectos culturales como la comida, la música, el idioma e incluso los rituales religiosos que unen a los colombianos.
América Latina es un grupo de personas mucho más amplio y diverso, que tiene una rica diversidad en su interior. Aunque tenemos grandes similitudes en el idioma —excepto en Brasil y las Guyanas, por supuesto—, la cultura y la religión, cada país tiene grandes diferencias dentro de sí. Es imposible forjar una identidad general de América Latina sin afectar la sensibilidad de los involucrados.
Ciertamente, cada país del continente ha tenido su propia historia antes de la llegada de los europeos, y desde entonces ha desarrollado su propio carácter. ¿Qué dirías que define a Colombia hoy en día?
-La resiliencia está en el ADN de Colombia. Creo que es el rasgo de carácter más increíble del país y lo que nos define. La geografía de Colombia dificultaba que un solo grupo étnico aborigen colonizara grandes extensiones de territorio. La geografía del país era un impedimento importante para el desarrollo del país durante la colonización y lo mismo es válido para el país ahora. A pesar de esto, Colombia ha seguido y sigue. Hemos enfrentado muchos obstáculos, incluida la guerra civil, la incompetencia administrativa, la corrupción, la centralización extrema, la influencia religiosa en los asuntos gubernamentales, la intervención extranjera y el abandono estatal. Sin embargo, existe la sensación de que el pueblo de Colombia tiene el potencial para superar estas circunstancias adversas y más. Por eso digo que la resiliencia es quizás nuestro rasgo de carácter más importante como país. El historiador estadounidense David Bushnell lo resume muy bien en el título de su libro sobre la historia moderna de Colombia La construcción de la Colombia moderna: una nación a pesar de sí misma.
Lo que nos da una identidad son las cosas que nos unen y, desafortunadamente, parece que estamos escasos de esas cosas en la actualidad. A pesar de esto, hay algunos aspectos culturales como la comida, la música, el idioma e incluso los rituales religiosos que unen a los colombianos.
Escenario actual de una integración histórica, económica y social entre Colombia y sus vecinos
Colombia, Ecuador y Venezuela pertenecieron a una misma entidad. ¿Dirías, por lo tanto, que los lazos con esos países son más fuertes que con otros?
-Más o menos, pero no olvide incluir a Panamá, que perteneció a Colombia hasta 1899 y se independizó gracias a la influencia de Estados Unidos y sus esfuerzos por construir un canal interoceánico a través del istmo ahora conocido como el Canal de Panamá. Creo que estos tres países tienen vínculos más estrechos que otros países de la región debido a la historia compartida, pero es importante decir que las subdivisiones administrativas diseñadas por los españoles como resultado de las reformas borbónicas de 1700 hicieron poco para crear un sentido de compartir identidad. Poco después de que la Nueva Granada declarara su independencia y se convirtiera en la Gran Colombia, la entidad se disolvió dejando a los tres países prácticamente solos en términos de crear su propia narrativa nacional. Aunque, a lo largo de los años, múltiples gobiernos han tratado de reavivar este sentido de hermandad entrelazada, lo cierto es que las sociedades se han desarrollado mucho por sí mismas. En términos de economía e interconexión, creo que existe un sentido de interdependencia y asistencia mutua entre los tres países. La migración también ha hecho que sociedades entretejidas con la violencia insurgente y relacionada con las drogas en Colombia se convirtiera en el principal exportador de personas a mediados de los noventa, y ahora tanto Colombia como Ecuador albergan a millones de venezolanos debido al deterioro económico en ese país provocado por la dictadura de Maduro.
Latinoamérica como parte del hemisferio occidental desde su Estado, cultura, religión y lenguas
¿Dirías que Latinoamérica es parte del hemisferio occidental, puesto que los países de este hemisferio son democracias cuyo orden está basado en los derechos humanos y el cumplimiento de la ley?
-Creo que América Latina es una parte importante del hemisferio occidental, tanto por su posición geográfica como por su relación con los valores democráticos. Salvo algunas excepciones, todos los gobiernos de la región son signatarios de la Carta Interamericana, que se basa en el respeto a los derechos humanos y en el Estado de derecho. Creo que en la región hay bastante captura estatal por parte de múltiples organizaciones criminales, particularmente en Centroamérica, y la erosión de la gobernabilidad democrática en otros países de la región como Cuba, Nicaragua y Venezuela se ha permitido vergonzosamente (y en algunos casos con apoyo) por muchos de los gobiernos de la región. Además, las instituciones interamericanas diseñadas para preservar el Estado de derecho y el orden han demostrado ser inútiles para evitar la captura del Estado y la erosión de la democracia. Dicho esto, creo que nominalmente todos los gobiernos latinoamericanos aspiran a mejorar el Estado de derecho y los derechos humanos. Creo que tanto las instituciones interamericanas como otros socios occidentales, incluida la ocde, deben hacer más para hacernos responsables, pero también proporcionar incentivos a los gobiernos para mejorar su desempeño actual.
Histórica y sociológicamente Latinoamérica y Europa han compartido mucho en los últimos cinco siglos. ¿Qué tan importante es hoy la religión, la cultura y el idioma para identificar la pertenencia al mismo hemisferio?
-Creo que la cultura, la religión, el idioma y, lo que es más importante, los valores occidentales europeos influyen fuertemente en la América Latina moderna. Los niveles europeos de riqueza y desarrollo humano se consideran principalmente un objetivo al que aspiran la mayoría de los habitantes de la región. El catolicismo sigue siendo la religión dominante en América Latina. Aunque ha habido un tremendo crecimiento del cristianismo evangélico en toda la región, en particular en Brasil, la influencia y credibilidad de las instituciones católicas romanas en todo el continente sigue siendo primordial. El español y el portugués son los idiomas dominantes en la región y, debido a la población de América Latina, son la segunda y sexta primera lengua más hablada a nivel global, lo que también ha contribuido cultural y económicamente con España y Portugal. Creo que los elementos culturales, religiosos y lingüísticos presentes en la región crean un sentido de identidad compartida, aunque existe una barrera inextricable entre la América Latina hispanohablante y la lusófona.
Dinámicas políticas entre Latinoamérica y Estados Unidos
Estados Unidos, a la vuelta de la esquina, ciertamente también juega un papel en la búsqueda de una identidad. ¿Cómo percibes a los Estados Unidos y de qué manera la relación con Latinoamérica es (o no lo es) diferente de la herencia europea?
-Desde la doctrina Monroe, América Latina y Estados Unidos han estado íntimamente vinculados. Estados Unidos ha hecho un esfuerzo manifiesto por influir en la región económica, política y culturalmente. Muchas identidades latinoamericanas, en particular la del Caribe y México, han sido moldeadas por su posición con respecto a Estados Unidos, especialmente después del resultado de la guerra hispanoamericana de 1898. Estados Unidos ha tratado abierta y encubiertamente de influir en los gobiernos de la región y en gran medida impidieron que otras potencias globales hicieran lo mismo durante la guerra fría. Creo que, en el orden posterior a la guerra fría, Estados Unidos ha buscado influir en América Latina a través de acuerdos comerciales, pero también ha buscado promover la gobernabilidad democrática, sin necesariamente reconocer o expiar ninguna de las andanzas que promovió activamente durante la Guerra Fría.
El imperialismo estadounidense y el imperialismo europeo en América Latina son similares en el sentido de que hay una historia compartida de intervencionismo sin una reparación por las malas acciones.
-En ese sentido, el imperialismo estadounidense y el imperialismo europeo en América Latina son similares en el sentido de que hay una historia compartida de intervencionismo sin una reparación por las malas acciones. Claramente, dado que el intervencionismo estadounidense ha sido más reciente, también hay razones para creer que los esfuerzos de reparación justifican una acción más inmediata. Sin embargo, el colonialismo europeo sugiere que es posible que esto nunca suceda. Hasta cierto punto, la participación de Europa en América Latina es menos paternalista que la de Estados Unidos, pero la región sin duda se beneficiaría de una presencia más sólida de los países europeos.
Con una nueva administración en Washington, existe una posibilidad de que la relación de ambas partes de América como un todo, entren en una nueva era de reconocimiento y, por lo tanto, de responsabilidad compartida. ¿Cuáles serían tus deseos para una relación renovada con los Estados Unidos?
-América Latina, afortunadamente, no fue una región prioritaria para la pasada administración de Donald Trump. Salvo por una política de inmigración mucho más dura y racista, que afectó principalmente a Centroamérica y México, la región no sucumbió a la inclinación de Trump de despedir a sus aliados y acoger a sus adversarios. Con Joe Biden, Estados Unidos tendrá las mismas prioridades en la región, que incluyen la lucha contra las drogas, la inmigración, la lucha contra la corrupción, el comercio y la estrategia hacia Venezuela. Sin embargo, aunque es poco probable que se produzca un cambio de sustancia, es casi seguro que se produzca un cambio de tono.
Creo que Biden, y el personal que lo asesora, son conscientes de la carga compartida y el bagaje que tiene la relación. A pesar de esto, no creo que Estados Unidos tenga el financiamiento o la disposición para atender los asuntos latinoamericanos tan de cerca; considerando que atraviesa un momento de autoaislamiento y con la devastación económica provocada por covid-19, esto también ha hecho que Estados Unidos y otros países occidentales sean menos generosos. Si alguna vez hubo un momento para un gran estímulo keynesiano, es este. Sin embargo, no creo que Estados Unidos o Europa parezcan estar políticamente dispuestos a hacer un esfuerzo adicional en la coyuntura actual.
Tampoco creo que muchos de los gobiernos de América Latina estén dispuestos a asumir su propia responsabilidad en la implementación de la gobernabilidad democrática haciendo cumplir la legislación anticorrupción o combatiendo la deforestación o luchando contra la evasión fiscal, solo por nombrar tres asuntos, lo que me hace creer que la relación no será muy productiva a medio plazo. El tono puede cambiar, lo que probablemente mejore la voluntad de colaborar, pero es probable que los puntos conflictivos que incluyen el dinero y la voluntad política continúen siendo barreras infranqueables para mejorar la gobernabilidad democrática en América Latina.
Consecuencias de la presencia de China en América Latina
China también ha intentado poner un pie en Latinoamérica. ¿De qué manera resuena el compromiso del reino autocrático de Ji Jinping con Colombia y con Latinoamérica en general (si es que se puede hacer una declaración tan amplia)?
-El aliado político y económico más importante de Colombia sigue siendo Estados Unidos, que es al mismo tiempo el gran rival geoestratégico de China. Washington ve con gran preocupación la creciente influencia política y comercial de China en América Latina. Asimismo, también ha mostrado sensibilidad respecto a la posición económica dominante que tienen los intereses chinos en países como Venezuela, Ecuador, Bolivia y Brasil. En el corto plazo, Estados Unidos no buscará arruinar la floreciente relación comercial entre Colombia y China, pero Mauricio Claver-Carone, un ideólogo de Trump que fue elegido para convertirse en presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, sugiere que Estados Unidos quiere orientar ideológicamente al bid para colocar los intereses estadounidenses por encima de los de China en América Latina.
A pesar de esto, China y Colombia no comparten los mismos valores democráticos; esto incluye la importancia de elecciones libres y justas en la gobernabilidad democrática, el respeto a los derechos humanos de las minorías étnicas y religiosas y los derechos legítimos a hacer oposición política. Aunque Colombia tiene un historial mixto en algunos de los puntos anteriores, se informa que China tiene un desempeño muy pobre en estos campos. El trato a los opositores en Hong Kong, los campos de reeducación para los musulmanes uigures en Xinjiang, la ausencia de elecciones democráticas y la inflexibilidad del régimen con sus críticos internos (incluido Liu Xiaobo, ganador del Premio Nobel de la Paz 2010) son ejemplos del carácter del poder chino, lo que sugiere importantes diferencias con Colombia.
China y Colombia no comparten los mismos valores democráticos; esto incluye la importancia de elecciones libres y justas en la gobernabilidad democrática, el respeto a los derechos humanos de las minorías étnicas y religiosas y los derechos legítimos a hacer oposición política.
A pesar de que China ha tratado agresivamente de expandir su capital económico global a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, un ambicioso proyecto de inversión directa de más de 89.000 millones de dólares para financiar importantes obras de infraestructura, incluidos trenes, carreteras y puertos, Colombia, por el momento, es el único país andino que no ha sido vinculado formalmente al proyecto.
¿Qué debería aprender el mundo de Latinoamérica?
-Una de las principales historias de éxito de la América Latina moderna es la virtual ausencia de conflictos interestatales que resulten en una guerra. Esto no significa que la tensión entre Estados esté ausente, sino que los gobiernos latinoamericanos rara vez entran en guerra entre sí. Atribuiría esto a que los gobiernos latinoamericanos están más preocupados por atender los conflictos internos y las circunstancias políticas; sin embargo, la creciente preocupación por la erosión de la gobernabilidad democrática en América Central y Venezuela probablemente se convertirá en un factor de desestabilización para el futuro. Al mirar la historia mundial, es notable que América Latina no haya tenido significativamente más conflictos interestatales. Ciertamente, hay lecciones aquí para el resto del mundo.
En los últimos años, Colombia ha experimentado cambios significativos en materia política y económica y una reivindicación cultural que va reparando paulatinamente el tejido social afectado durante tantos años por los conflictos. Ha promovido en los pilares de la paz acuerdos y negociaciones entre diversos sectores para garantizar la estabilidad y tranquilidad de los colombianos. Así mismo ha generado mejores alianzas internacionales y ha promovido la democracia y la estabilidad para Venezuela.
Estas dinámicas sociopolíticas y los progresos alcanzados constituyen parte fundamental de la identidad de este país, que impulsa cambios no solo en materia política, sino en la definición de los mismos colombianos. Un país que sin lugar a duda se sobrepone a su pasado histórico y lucha por construir una nueva historia desde la diversidad.
Miembro principal del Consejo Carnegie para la Ética en Asuntos Internacionales y del Centro de Investigación en Artes, Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Cambridge. Doctor en Lingüística y Religión Comparada. Es colaborador de opinión en el «New York Times» y «Neue Zürcher Zeitung».
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Fredy Vargas Lama nos invita a conocer en sus reflexiones la importancia de los elementos identitarios que representan a la sociedad peruana. La apertura de Latinoamérica hacia el hemisferio oriental, las apreciaciones que se tienen sobre Europa y Estados Unidos en distintos países de América Latina, la actual crisis de la representación política y la amenaza a la democracia latinoamericana, así como la poca factibilidad en los modelos de desarrollo frente a la pobreza, son temas de esta conversación.
El proceso de colonización vino a marcar un antes y un después en la historia de la identidad latinoamericana, en un contexto en el que las imposiciones, las pugnas por territorios, las ideas nacionalistas, los preceptos religiosos y la estructuración de la sociedad reforzaron el devenir de este continente.
Hoy la construcción de la identidad latinoamericana implica más que circunscripción histórica; es un proceso al que se vinculan otros factores que también han transformado las realidades socioculturales, a decir la política, la economía y la globalización, alterando o enriqueciendo los escenarios nacionales.
Retos de la identidad peruana
Fredy Vargas Lamas nos acerca a los retos de la identidad latinoamericana, especialmente la peruana, de cara a la tercera década del siglo xxi. Las aperturas comerciales con el hemisferio oriental y el nuevo orden mundial. Las distintas maneras en que los latinoamericanos miran a Europa y a Estados Unidos. La debilitada institucionalidad y liderazgo político. La aguda brecha de desigualdad presente en el continente debido a los modelos de desarrollo. Y el riesgo latente del crecimiento de los autoritarismos en la región.
Reconocido docente peruano, se ha destacado como investigador en estrategia y prospectiva en Colombia, Costa Rica y Perú. Es consultor académico de universidades en América y Asia, directivo en empresas del sector público y privado latinoamericano, con más de diecisiete años de experiencia laboral en planeamiento estratégico, desarrollo económico, evaluación de proyectos de inversión, innovación tecnológica y cooperación internacional. Fue director nacional de Prospectiva del gobierno peruano, negociador del tlc con Estados Unidos en el aspecto laboral, asesor del ministro de Trabajo del Perú y gerente técnico del Proceso de Transferencia de Gobierno. Economista con maestría en Prospectiva y Pensamiento Estratégico, maestría en Administración Estratégica de Empresas, posgrado en Proyectos de Inversión, Negocios de Telecomunicaciones y Project Management Mastery de la Universidad de Stanford, es miembro de asociaciones profesionales internacionales de riesgos, fraudes, auditoría (acfe, iia, cfca), economía (aea), y representante del Nodo Colombia en el Millenium Project.
Fredy Vargas Lamas
En cuanto a identidad, ¿cuál es su primera reflexión sobre el término?
-Cuando escucho la palabra identidad lo primero que viene a mi mente es cultura como reflejo del conjunto vivo de tradiciones, herencia, valores que van conformando las bases de un grupo social específico; pero, a la vez, es un sincretismo entre lo cognitivo racional y lo emocional sentimental. Esto debido a que el ser humano en su identidad guarda no solo patrones de información, sino un conjunto de sensaciones y emociones y sentimientos que pueden ser de carácter individual, pero también pueden tener un componente comunitario muy fuerte.
En el caso de América Latina, el término identidad denota una construcción que se está desarrollando a lo largo del tiempo y que aún no logra un equilibrio, debido a sus múltiples dinámicas y cambios que iniciaron en el mestizaje y el contacto de América con Europa y que no han parado a lo largo de cinco siglos. Así mismo, denotan un conjunto de experiencias acumulativas que conceptualiza cada una de nuestras naciones en la región, las cuales tienen un mix distinto de mestizaje y una herencia cultural asimismo variada. Ejemplo de esto es mi patria, el Perú, donde nací, que tiene un componente mestizo con rasgos indígenas y afroperuanos mucho más fuertes de lo que uno puede encontrar en Colombia, que es mi patria adoptiva, donde uno encuentra un componente criollo derivado de las tradiciones españolas bastante más puro en ese sentido. Creo que todo esto tiene un impacto directo en la conceptualización de la civilización para cada uno de nosotros, que lo entiende en una forma diversa, como dicen los antropólogos, pero que a la vez plantea miradas diferentes respecto al futuro.
Identidad
El término identidad denota una construcción que se está desarrollando a lo largo del tiempo y que aún no logra un equilibrio, debido a sus múltiples dinámicas y cambios que iniciaron en el mestizaje y el contacto de América con Europa y que no han parado a lo largo de cinco siglos.
¿Cómo es el discurso sobre la identidad en el Perú?
-En el caso peruano, el discurso sobre la identidad ha ido variando a lo largo del tiempo. A comienzos del siglo xx, el discurso estaba mucho más orientado hacia un reemplazo de la cultura occidental por las antiguas tradiciones e identidad de los pobladores peruanos originarios y de los mestizos. Pese a ello, se da una revalorización fuerte del papel del indígena y del mestizo como identidades propias nacionales, en el primer indigenismo de la primera mitad del siglo xx. Sin embargo, el papel del indio y de toda su presencia en lo que se podría conocer como cultura, hacia mediados del siglo xx aún era visto como un producto secundario. Y no fue sino hasta después del gobierno militar de Juan Velasco Alvarado que este mestizaje no se escondió debajo de las alfombras, sino que denotó el nacimiento de un nuevo país que está en sus albores de formación. Durante los años ochenta y noventa, la identidad relacionada al mestizo sufrió una alta discriminación al tratar de lograr un nuevo papel dentro de la sociedad peruana, y no fue sino hasta el surgimiento de una nueva clase empresarial emergente, con bases evidentemente andinas y mestizas, que logró tener un reconocimiento real hacia finales de los años noventa. En el caso del Perú, en concreto, hoy podemos afirmar que la identidad se encuentra afectada no solo en lo práctico, sino también en lo semiótico: existe en este momento una búsqueda seria de elementos simbólicos que representen lo que es ser peruano en la tercera década del siglo xxi.
Occidente y Oriente, nuevos escenarios en América Latina
¿Términos como occidental están oscilando en el discurso peruano sobre la identidad?
-En mi modesta opinión, no está tan claro el tema de poder generar un discurso hacia lo occidental versus lo indígena en este momento en el Perú. Más bien, se presenta una creación propia con fuerte influencia occidental, pero con bases y sustrato en lo nacional, en lo que implica ser peruano, con este mix mestizo que trata de conglomerar una nueva idea. Sin embargo, es un punto interesante para investigar hacia futuro, porque podría ser uno de los paradigmas a explorar en la creación de futuros nacionales. ¿Necesitamos sentirnos occidentales? No lo sé, creo que no en el sentido estricto.
En su opinión: ¿América Latina es parte del hemisferio occidental y, de ser así, por qué?
-Claramente está localizada en el hemisferio occidental y comparte en gran medida valores culturales y sociales que han venido a nosotros tanto en la época de la colonia, por la influencia española, como en la época republicana, en la cual las grandes naciones del orbe, fundamentalmente las de Europa Occidental y Estados Unidos —en los siglos xix y xx, respectivamente— han influido en el desarrollo político social y económico en nuestras naciones. Sin embargo, hoy en día, en algunas naciones de América Latina se siente no una desconexión con el hemisferio occidental, sino una apertura hacia el hemisferio oriental, como un nuevo horizonte a explorar en el mediano plazo. Esto, dada la influencia y el desarrollo tan importante que está teniendo Asia hoy en día.
Hoy en día, en algunas naciones de América Latina se siente no una desconexión con el hemisferio occidental, sino una apertura hacia el hemisferio oriental, como un nuevo horizonte a explorar en el mediano plazo.
¿Existe diferencia en cómo la gente en Perú, y en América Latina en general, perciben a Europa y Estados Unidos?
-En América Latina hay distintas percepciones respecto a Europa y Estados Unidos, dependiendo de cuáles sean los países que uno analice. En casos como el peruano se siente un equilibrio de participación y de relación exterior entre lo que puede ser la interacción entre Perú y Europa y Perú y Estados Unidos; en casos como el colombiano o el chileno, claramente el peso que tiene Estados Unidos, tanto en política exterior como en todos los aspectos relacionados a cultura y sociedad, es mucho más amplio que lo que puede observarse con Europa. El caso de Argentina, Uruguay y Brasil es diferente, dado que por razones étnicas, culturales y sociales la relación con Europa siempre históricamente ha sido mucho más fluida que con Estados Unidos.
Quiebre de la democracia y los modelos de desarrollo en América Latina
La democracia está amenazada en Perú y en varias otras partes de América Latina. ¿Se soltará el continente del resto del mundo democrático?
-En América Latina estamos sufriendo un quiebre en el contrato social, como nos decía Jean Jacques Rousseau. El ciudadano no se siente representado por sus líderes; adicionalmente, siente una desconexión absoluta con los generadores de capital, entre ellos el empresariado, quienes a su vez tienen una amplia desconfianza del ciudadano y del gobierno. Finalmente, el gobierno brinda más servicios a los ciudadanos y a las empresas, lo que es visto como una carga para todos. Lo anterior genera un caldo de cultivo perfecto para las rebeliones, insurrecciones y populismos, como nos dice Levitsky en sus libros. Y si bien todos estos fenómenos son comunes en varias partes del mundo, y no son exclusivos de América Latina o el mundo emergente, en nuestro continente cobran una especial relevancia, dado que esta ruptura del contrato social se refleja en violencia e irrespeto por las débiles instituciones de cada una de nuestras naciones, y es un riesgo latente el crecimiento de los autoritarismos en la región.
Es complicado que en el mundo de democracias capitalistas se generen golpes de Estado, pero existe por el contrario una cooptación del poder por grupos que buscan intereses particulares y, en algunos casos, incluso intereses que pueden estar al margen de la ley. Creo firmemente que esto va a pasar en los próximos meses y años en toda la región y es algo contra lo que tenemos que luchar firmemente, para evitar desbordes populares o quiebres institucionales que nadie desea. Pero para ello es necesario trabajar fuertemente en reducción de la pobreza, reducción de la inequidad en la región y el desarrollo de instituciones sólidas que puedan concebir lineamientos de políticas de Estado de largo plazo.
En mi opinión, los países democráticos y libres, cuyo orden se basa en el reconocimiento de los derechos humanos, forman una gran familia que incluye América Latina, Europa, América del Norte, Australia y Nueva Zelanda, y también Japón, Corea y Taiwán.
¿Se perciben las personas en América Latina como parte de esta familia global libre?
-Siguiendo un poco a Harari, podemos decir que los derechos humanos son una de las más importantes creaciones artificiales que ha tenido el hombre, puesto que no son biológicos, pero nos permiten vivir en una sociedad armoniosa. Lo mismo sucede con el contar con Estados eficientes que trabajen por el bien del ciudadano, como nos decía Pierre Bourdieu. Ambos son requisitos para la construcción de democracias realmente libres y sólidas; más allá de ello, hace falta un tercer elemento, que es la institucionalidad, que no solamente debe de incluir las normas escritas, sino la institucional informal, que refleje el conjunto de creencias de una nación, como nos decía Douglas North. Finalmente, para esa construcción es necesario un ciudadano que entienda el valor de lo colectivo y de lo que implica vivir en una república, que también es suya, como nos dice Alberto Vergara.
Respecto a si somos parte de una familia global libre, nuevamente depende del grupo de países que uno analice. Los países de la Alianza del Pacífico claramente van en esa línea, y a estos yo sumaría algunas naciones como Uruguay, que especialmente está dirigido hacia este propósito, pero es un camino aún por recorrer en toda la región. El respeto irrestricto por los derechos humanos tiene que ser una de las banderas a desarrollar en los próximos años.
Futuro de Latinoamérica: sostenibilidad social económica y ambiental
¿Hacia dónde se dirige el continente, en su opinión? Asia ha estado en las noticias durante décadas como la estrella en ascenso, mientras que las noticias provenientes de muchas partes de América Latina, por otro lado, no son tranquilizadoras.
-América Latina se encuentra en un momento muy especial, en el que se están generando quiebres estructurales en lo social, en lo político y en lo económico. Un momento en el que se están desnudando las carencias que hemos tenido en nuestros modelos de desarrollo y de crecimiento en las últimas décadas. La institucionalidad se ve corta de cara a las necesidades de la población, y se desafía todo.
Se están desnudando las carencias que hemos tenido en nuestros modelos de desarrollo y de crecimiento en las últimas décadas. La institucionalidad se ve corta de cara a las necesidades de la población
Existen muchas voces en los países que han tenido un crecimiento económico muy grande, respecto a mantener el statu quo de las cosas versus otras voces que lo quieren cambiar todo, dado el infeliz resultado de la falta de equidad y de crecimiento, así como el aumento del producto interno bruto en los últimos veinte años. Sin embargo, probablemente la mejor salida no sea ni una ni otra, sino una intermedia, en la cual realmente podamos aspirar a un desarrollo con una economía liberal, en todo el sentido de la palabra, pero más justa y solidaria con todos. Esta visión intermedia es totalmente factible y posible y es adicionalmente la que necesitamos para darle el componente de sostenibilidad social, económica y ambiental a nuestro desarrollo.
¿Qué puede aprender el resto del mundo de América Latina?
-Pues es una pregunta muy amplia y bonita. Diría que del pasado puede aprender cómo con determinación, solidaridad y mirada puesta en el futuro se pudieron dominar las difíciles condiciones geográficas que tocaron a nuestros pobladores originarios. Del presente, que pese a las múltiples dificultades que tiene nuestra población en el día a día para crecer y darles lo mejor posible a los suyos, siempre el espíritu de lucha y perseverancia está detrás. Y del futuro, creo firmemente que el mundo aprenderá que los latinoamericanos también tenemos la posibilidad de soñar y de crear una sociedad más justa y próspera para todos.
La definición de la identidad guarda una vinculación estrecha con las actuaciones políticas y el desarrollo económico de las naciones, así como con las interacciones dentro del marco de la globalización. Se trata, entonces, de un sistema identitario compuesto por una serie de elementos complejos que dan vida a esta multiculturalidad que muta en su construcción y deconstrucción continua, y que se evidencia en los quiebres y manifestaciones sociales de distintas ideologías y eventos de crisis política o crisis económica que se repiten en muchas de las realidades que acompañan a la sociedad latinoamericana hasta ahora. Esto nos deja ver la necesidad de una verdadera unión para afrontar los desafíos que traen la globalización y los cambios en la economía mundial, los problemas ambientales y el combate a la pobreza en el mundo.
Miembro principal del Consejo Carnegie para la Ética en Asuntos Internacionales y del Centro de Investigación en Artes, Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Cambridge. Doctor en Lingüística y Religión Comparada. Es colaborador de opinión en el «New York Times» y «Neue Zürcher Zeitung».
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Al cien por ciento de las actas contabilizadas, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) daba por ganador de las elecciones presidenciales en segunda vuelta de las elecciones peruanas al profesor y líder sindicalista Pedro Castillo sobre Keiko Fujimori. La diferencia es mínima, menos de 50.000 votos o 0,3 %, y sería la tercera derrota consecutiva en segunda vuelta de la hija de Alberto Fujimori y lideresa de Fuerza Popular.
Sin embargo, los entes electorales aún no pueden oficializar la victoria del postulante de Perú Libre debido los recursos legales presentados por su contrincante, que alega fraude en el proceso. Acusaciones que un sector reducido insiste en mantener a pesar de que el Jurado Nacional de Elecciones desestimó la existencia de votos fraudulentos y a pesar de las expresiones de respaldo al proceso electoral por la comunidad internacional.
La intención de instalar sospechas en el electorado de un proceso manipulado también parece haber fracasado, ya que el 87 % de los peruanos no creen que haya habido fraude en contra de Keiko Fujimori, según una reciente encuesta de Ipsos. En este sentido, la oficialización de Pedro Castillo como presidente electo sería cuestión de tiempo, aunque con algunos retrasos en el proceso de transición de gobierno que a estas alturas ya debería haber comenzado. Pero, mientras en el frente electoral todo parece estar dicho, en el frente político y social la historia recién comienza.
No habrá luna de miel para el gobierno de izquierda
Castillo ha anunciado como primera medida de su eventual gobierno la convocatoria de firmas para un proceso constituyente que remplace la Constitución de 1993, aprobada durante el gobierno de Alberto Fujimori. Esta insistencia en el cambio de Constitución, con énfasis en el capítulo económico y la libertad de prensa, ha puesto el pie en el acelerador para organizar lo que parece será una oposición férrea en el Congreso futuro, con miras a impedir que Perú Libre implemente los cambios que necesita para ejecutar su propuesta programática.
A eso se le suma una reciente investigación fiscal que vincula dinero ilegal de los Dinámicos del Centro, una organización criminal presuntamente instalada en el gobierno regional de Junín, con la campaña de Perú Libre. El fundador del partido, Vladimir Cerrón, fue gobernador regional de Junín y tiene una condena por corrupción que incluso lo excluyó de participar del actual proceso electoral como postulante a la segunda vicepresidencia.
Escenarios preocupantes
Este es un escenario sumamente peligroso para la continuidad del gobierno entrante, ya que si se le llega a vincular en la investigación podría dar pie a sus opositores en el Congreso para iniciar, ni bien instalado su gobierno, un proceso de vacancia. La historia política reciente del país otorga los fundamentos para esta sospecha.
Recordemos que en el quinquenio anterior, el expresidente Pedro Pablo Kuczynski renunció en medio de un proceso de vacancia tras revelarse vínculos de una empresa suya con la constructora Odebrecht por el caso Lava Jato. Su sucesor, el expresidente Martín Vizcarra, fue vacado por el actual Congreso en noviembre de 2020, tras acusaciones de corrupción por hechos ocurridos bajo su gestión como gobernador de la región Moquegua entre el 2011 y 2014.
En el próximo Congreso, el partido de gobierno tendrá la primera mayoría con 37 de 130 escaños parlamentarios y a esto se le sumarán seguramente sus aliados de otros partidos afines con la izquierda. Considerando la historia reciente, los presuntos vínculos con los Dinámicos del Centro podrían ser sumamente problemáticos para el siguiente gobierno, ya que no tendría el apoyo suficiente para bloquear un proceso o sucesivas mociones de vacancia presidencial.
Un escenario social complicado
Ha pasado más de un mes de la elección del 6 de junio y ya entramos al mes de la conmemoración del Bicentenario del Perú. Sin embargo, estamos muy lejos de comenzar un proceso de reconciliación tras las secuelas de lo que fue una campaña muy polarizada que enfrentó a peruanos contra peruanos. Hoy continuamos enfrascados en un enfrentamiento sin sentido, alentado por ambas tiendas políticas, que ha socavado cualquier posibilidad de entendimiento y donde el centro prácticamente se ha extinguido.
Es un juego muy peligroso el que se está planteando desde ambos lados, que no han dejado de convocar a marchas y mítines en defensa de sus posturas poselectorales. Son dos trenes rumbo a un choque frontal que podrían guiar al Perú a una coalición social que los alejaría mucho más de solucionar los urgentes temas que nos apremian: el proceso de vacunación, el regreso a clases presenciales y la recuperación económica del país y del empleo tras la pandemia.
En un escenario de confrontación política permanente, en la práctica no hay ganadores. Perdemos todos, una situación fatal especialmente después de los estragos que ha dejado la pandemia.
La pandemia confrontó a la humanidad con límites desconocidos o ignorados. La incertidumbre acompaña desde entonces las tomas de decisión y a la política. ¿Habremos aprendido lo suficiente para lo que vendrá?
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Una de las palabras más repetidas en este tiempo de pandemia es incertidumbre. Y una de las novedades de la crisis provocada por el coronavirus es que esa incertidumbre se ha instalado en todo el planeta. Nadie está a salvo de ella. Aunque evidentemente la situación previa de cada país o de cada persona modula el grado. La política, la gestión de lo público, del común, ha tenido que tomar decisiones rápidas con muy poca información y en un escenario escaso de certezas. La dimensión ética de la política ha cobrado fuerza, enfrentando dilemas en los que está en juego algo tan serio como la vida de las personas.
Ética y política
Pandemocracia. Una filosofía de la crisis del coronavirus (2020, Galaxia Gutenberg) es el último libro de Daniel Innerarity, director del Instituto de Gobernanza Democrática de la Universidad del País Vasco. Se trata de uno de los filósofos más influyentes de habla hispana. En su texto, Innerarity apuesta por una sana recuperación del debate público, de la conciencia colectiva de que vivimos en sociedades complejas y plurales, del fortalecimiento de las instituciones y la cooperación global. El filósofo vasco está convencido de que esta crisis fortalecerá la tendencia hacia un mundo de bienes comunes, más integrado y consciente de la interdependencia.
Pero ¿es posible ser tan optimista como Daniel Innerarity? ¿Se aprovechará esta crisis para avanzar hacia procesos de toma de decisiones más democráticos, inclusivos e interconectados? ¿El papel que ha jugado la comunidad científica en la gestión de la lucha contra la pandemia ¿servirá de modelo para futuras crisis?
En su introducción plantea una cuestión de vital importancia: la ética en la política. Y escribe lo siguiente: «Para muchos, la ética es una cuestión cosmética. Pero es algo mucho más profundo, fundamental, algo que hace realmente la diferencia, especialmente entre quienes tienen responsabilidad sobre el bien común. Las decisiones políticas tienen una dimensión ética que reclama un serio debate público y una reflexión conjunta. El nodo más problemático de la política en nuestra época no son las cuestiones técnicas, sino los cimientos antropológicos y éticos de las sociedades democráticas».
El profesor Pastorino termina su prefacio anunciando un reto de considerables dimensiones. Para él, en un cambio sociocultural de magnitudes insospechadas, aprender a vivir en la incertidumbre, pensar a largo plazo y trabajar en procesos de humanización de las estructuras sociales se han vuelto desafíos ineludibles para la política. En relación con la pandemia, en el texto de Miguel Pastorino se insiste en que en la toma de decisiones tienen que verse involucrados diferentes actores: políticos, científicos, filósofos, etc.
«En algunos casos se ha visto la importancia de que un gobierno cuente con comités de expertos en diversos campos, que han colaborado en muchísimas situaciones de crisis», explica Pastorino en relación con el rol de la ciencia en la toma de decisiones durante la pandemia de coronavirus. No obstante, el filósofo uruguayo aclara que la decisión final corresponde a «quienes tienen la responsabilidad pública, la responsabilidad política, pero eso no quiere decir que no escuchen a los que saben». Según Pastorino, es importante fortalecer el intercambio entre gobierno y universidad, generar estructuras que canalicen el diálogo entre ambos sectores.
Decidir rápido
La gestión de la pandemia, como cualquier crisis, ha exigido un ritmo de toma de decisiones mucho más veloz que en una situación de normalidad. Ese ritmo empeora el proceso de decisión y debilita la participación en él de más agentes, por falta de tiempo y de espacios para ello. Es obvio que los mecanismos democráticos se han deteriorado. Ha habido una prevalencia del poder ejecutivo, que toma las medidas, y el judicial, que revisa que no se vulneren derechos esenciales, en detrimento del control de los parlamentos, donde reside la soberanía popular.
Para Pastorino, esta crisis nos puede permitir generar protocolos o manuales sobre los que pueda edificarse la toma de decisiones: «Creo que en todas las crisis lo que se aprende es a crear un manual para la próxima crisis y poder cumplir esos pasos sabiendo que son efectivos porque ya han funcionado y sabiendo qué cosas no funcionan».
La exitosa estrategia inicial de Corea del Sur contra el coronavirus tiene estrecha relación con lo que explica el filósofo de la Universidad Católica del Uruguay. Un país que estaba preparado para afrontar esta epidemia desde 2019, cuando se tuvo que enfrentar al MERS (síndrome respiratorio de Medio Oriente).
La ética en la gestión pública más allá de la pandemia
«Creo que la ética está presente en todo, el problema es cuáles son los criterios que mueven esas decisiones. Creo que hoy hay un desgaste de la palabra ética, que, como dijera Adela Cortina, no hay que confundirla con cosmética, con una cuestión de reputación o de imagen, como si uno debiera ser ético por una razón de que le vaya bien o de que los demás no desconfíen», explica Pastorino. Él se apoya en Aristóteles. que decía que primero hay gobernarse a sí mismo. Siguiendo al filósofo uruguayo, Aristóteles tenía un concepto clásico que es el de la amistad cívica. No es que todos tengan que ser amigos de todos, sino que se vive en una sociedad que comparte un destino común. Y esto es algo que se ha hecho muy presente durante la pandemia.
Esta idea aristotélica, que explica que si le va mal a uno nos terminará yendo mal a todos, surge casi como la contradicción en tiempos donde prima el individualismo. El profesor Pastorino es categórico en su paper: «La presunción actual de que todas las cosas giran en torno a uno mismo, de que yo soy el centro del universo y la realidad es mi realidad, va creando una incapacidad progresiva de entender que hay otros modos de pensar y de ver el mundo. Y esto tiene consecuencias sociales y políticas devastadoras: si lo único que importa es mi interés y las cosas son solamente como yo las veo, ¿qué sentido tiene hablar de bien común?, ¿cómo es posible que entienda que tengo que aceptar límites a mi egoísmo para dar lugar al bien ajeno?”.
Escenario complejo para la idea de comunidad, del bien común. Y, en ese sentido, resulta urgente contradecir esta tendencia individualista tan marcada. Pastorino sostiene la importancia de la educación en esa tarea.
«Yo creo que en el largo plazo tenemos que pensar en fortalecer una educación ciudadana, una educación que fortalezca en virtudes cívicas y en valores que sostengan las estructuras en las que tanto hoy creemos, porque creemos en los valores que las sostienen», concluye Pastorino.
La política tiene el deber de pensar en el largo plazo y en el bien común. Incorporando a la toma de decisiones todo el conocimiento técnico disponible, pero sobre todo una dimensión ética reconocible y compartida. Es un horizonte que necesita fortalecer la idea de comunidad frente al creciente individualismo. Si no es así, tendrá pocas posibilidades de éxito. Ojalá la incertidumbre en la que estamos sumidos tenga el efecto de reforzar lo colectivo.
Doctor en Comunicación Política por la Freie Universität Berlin. Especialista en política alemana. Creador de «eleccionesenalemania.com», único blog de análisis político en español sobre Alemania. Conductor del pódcast «Bajo la Lupa».
En este episodio hablamos sobre la construcción del mensaje electoral. ¿Cómo debe asumirlos el candidato?, ¿Cómo usar la técnica del ‘storytelling’ para asociar los mensajes electorales a historias?
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
En el cuarto episodio de En Campaña abordamos el tema del mensaje electoral. Este es el siguiente paso tras poner en marcha la investigación, la planificación y la estrategia electoral. ¿Cuál es su importancia?, ¿cómo usar los mensajes para captar la atención del votante?, ¿cómo debe asumirlos el candidato?, ¿cómo usar la técnica del ‘storytelling’ para asociar el mensaje electorale a la historia de campaña?
Para responder a estas preguntas contamos con la participación de Andoni Aldekoa, periodista, consultor de comunicación política y profesor de cursos de posgrado; César Martínez, experto en narrativas electorales, fundador de MAS Consulting en Estados Unidos y México y presidente de la misma en ambos países; Roberto Rodríguez, doctor en Periodismo, profesor universitario y consultor de comunicación política electoral y de crisis; Roberto Izurieta, profesor en la George Washington University-GSPM Latinoamérica, escritor y consultor político; Miguel de la Fuente, director de Investigación y Análisis de Sigma Dos; Daniel Ureña, socio fundador de MAS Consulting y presidente de la compañía en España; y María José Canel, catedrática de Comunicación Política y Sector Público en la Universidad Complutense de Madrid.
En Campaña es un podcast de Diálogo Político. Un proyecto de la Fundación Konrad Adenauer.
Las elecciones no son todo en la democracia, pero ciertamente sin ellas no hay democracia. No son un mal necesario, sino un elemento que define la calidad democrática y el elemento clave que dota de legitimidad a las autoridades. Lo mismo aplica a las campañas electorales. La gente no vota solamente por la campaña, pero sin una campaña electoral profesional y bien planteada, difícilmente se gana en democracia.
Algunas preguntas que respondemos en nuestra edición especial Campañas electorales:
¿Cómo se construyen los liderazgos, en especial el femenino, en tiempos de desconfianza?
¿Qué rol tiene la investigación electoral en la planificación de la campaña y la corrección de errores?
¿Cómo serán en el futuro las campañas, las encuestas y la construcción del mensaje? En este sentido, ¿qué rol ocupará el arte de contar historias?
¿Cuál será la relevancia de las redes y la publicidad?
Y finalmente, ¿cuál será el rol del periodismo y la gestión de los medios?
El tango se baila de a tres: el poder de las vacunas
Más de la mitad de las vacunas que usan los argentinos fueron desarrolladas en Moscú y Beijing. El presidente Vladimir Putin se convirtió en un «amigo» para el mandatario Alberto Fernández. China también aporta millones de dosis. Y los empresarios argentinos entran en escena.
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Ni Estados Unidos, ni el «Norte global», ni sus corporaciones farmacéuticas. Las vacunas contra el covid-19 llegan y seguirán llegando predominantemente desde Rusia y China, mientras que el resto tendrán el sello de laboratorios argentinos. Una decisión que empalma perfectamente con el discurso de varios gobiernos latinoamericanos, que desafían al «imperio» de Washington.
Más del 60% de las vacunas que reciben los argentinos fueron desarrolladas, patrocinadas, impulsadas por los Estados de Rusia y China: 11,2 millones de dosis Sputnik y 6,7 millones de Sinopharm con base en Beijing.
A futuro, la dependencia en la Sputnik-V será mayor, porque otro laboratorio argentino (Richmond) apuesta a envasar las dosis en el país. Y también crecerá la participación de vacunas patrocinadas por China: el Gobierno anunció un acuerdo por 24 millones de vacunas Sinopharm que debieran llegar entre julio y septiembre. Pero también entrará en juego el producto de Cansino, que fue autorizado «con carácter de emergencia», lo que revela el sumo interés del Gobierno.
En cambio, la bandera de Estados Unidos aún no flamea en la campaña de vacunación. El gobierno peronista-kirchnerista de Alberto y Cristina Fernández de Kirchner empantanó el acuerdo con la empresa Pfizer. Por ese convenio, el país hubiera recibido 8 millones más de dosis en el primer semestre de 2021, cuando el país sufrió la faltante de inoculaciones para sus ciudadanos. La oferta data de julio de 2020, cuando Argentina fue elegida para testear la (en ese entonces) nonata vacuna de Pfizer, por lo que tenía ventaja para adquirir un monto de dosis. Pero desde el gobierno incluyeron términos de “negligencia” que ahuyentaron a la empresa, así como Fernández se espantó con la garantía de ejecución en el exterior que Pfizer reclama en sus contratos.
Sin embargo, el Gobierno tuvo que recular en los últimos días, ante la faltante de segundas dosis. A través de un decreto, cambió la normativa para que lleguen vacunas de Pfizer, Moderna y Janssen. Aunque sea, las que está donando Estados Unidos a otros países de la región, como Colombia. Esto puede llevar tiempo. Hasta el momento las farmaceúticas estadounidenses no desembarcaron de este lado del Río de la Plata.
¿Esto sugiere algún posicionamiento ideológico/geopolítico del Gobierno a la hora de comprar vacunas? No, pero… Históricamente, el kirchnerismo promovió y acordó asociaciones estratégicas con Rusia y China, durante los gobiernos de la actual vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015), mientras que mantuvo una relación distante con Estados Unidos y las «corporaciones» del «norte». Es posible que el Gobierno hoy busque más autonomía respecto a Washington mientras negocia la deuda con el FMI, por USD 44.0000 millones.
Pero también coincide con una pertenencia ideológica a la teoría de que Washington ejerce una «hegemonía» global y que Latinoamérica es la periferia del mundo por culpa de los países centrales, del norte. Siguiendo esta teoría, durante la pandemia, los países desarrollados refuerzan su posición dominante al acaparar las vacunas.
Algunos trazos de estas ideas aparecen en discursos del presidente Fernández, como cuando convocó a sus pares del G20 a «construir otro capitalismo». O cuando habló con el premier ruso Vladimir Putin, durante una conferencia con Moscú el último 4 de junio. «Los amigos se conocen en los momentos difíciles y cuando pasamos un momento difícil, el Gobierno de Rusia, el Fondo Soberano de Rusia, y el Instituto Gamaleya estuvo al lado de los argentinos ayudándonos a conseguir las vacunas, que el mundo no nos estaba dando», planteó. Por tanto, en la cabeza del Gobierno está la idea de que «el mundo» le dio la espalda a la Argentina.
El Gobierno argentino no es el único que piensa así. Entre el 18 y 21 de junio, la ministra de Salud, Carla Vizotti, participó de la Cumbre por el Internacionalismo de las Vacunas, junto con sus pares de Cuba, Venezuela y hasta el líder laborista británico Jeremy Corbyn, entre otros. El encuentro protestó contra una «coalición de corporaciones farmacéuticas, filántropos billonarios y gobiernos del Norte global» que interfieren para que las vacunas no se distribuyan en todo el mundo. La ministra Vizzotti es quien conduce la negociación para la compra de nuevas dosis tanto con Rusia y China, como con las corporaciones farmacéuticas del «Norte global».
La tercera posición
Otra pata importante de la estrategia del gobierno consiste en producir la vacuna, a través de laboratorios con los que mantiene buenos lazos. Más del 30 % de las inyecciones que se aplican en la Argentina son del producto AstraZeneca (AZ), de origen británico. Después de meses de demora, arriban las dosis con principio activo producido por el laboratorio del argentino Hugo Sigman.
El Gobierno redobla la apuesta con el corporativismo nacional. Ahora esperan que el laboratorio argentino Richmond, con el que tienen buenos vínculos, «produzca» la Sputnik-V en el país. En realidad, el laboratorio envasará los 300 litros de principio activo que Moscú le envió a la Argentina a principios de junio. Con este paso y bastante optimismo, el empresario Marcelo Figueira espera entregar 500.000 dosis por semana desde julio.
La expectativa del Gobierno es que en este segundo semestre el país tenga vacunas y llegue a inocular al total de la población objetivo: 25 millones de personas. ¿Llegará? A este ritmo, lo más probable es que el Gobierno solo logre aplicarle una dosis a este sector prioritario de la comunidad durante el 2021. Es que la escasez de segundas dosis pone en duda que la población objetivo reciba la inoculación completa. A diferencia de Brasil, México, Chile y Uruguay, la Argentina aún no alcanzó al 10 % de su población con ambas dosis. Lo insólito es que ante esta escasez, en el Gobierno salieron a defenderse resaltando el nivel de inmunidad que alcanzan las personas con una sola dosis.
Hasta ahora, la decisión política es apostar a la alianza con Rusia, China y la producción de los empresarios locales, mientras demoran las negociaciones con otros proveedores como Pfizer. Esto puede ser un error. Y en esta crisis, las malas decisiones cuestan vidas. La Argentina ronda las 100.000 muertes por covid-19, una tasa bastante alta a nivel global. ¿El Gobierno está haciendo todo lo posible para priorizar la salud de sus ciudadanos?
Periodista político. Corresponsal en la Casa de Gobierno argentina entre 2016 y 2020. Exredactor de «El Cronista Comercial». Msc Global Politics (Birkbeck, University of London). Actualmente cursa posgrado en Sociología de la Universidad de Bielefeld, Alemania
La pandemia provocó cambios en las personas y en las instituciones. La etapa posterior presentará nuevos desafíos a los que el Estado tendrá que responder.
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
La pandemia del coronavirus ha trastocado las agendas gubernamentales de los Estados, tanto de los nacionales como de los subnacionales, más allá de las ideologías políticas de sus gobernantes de turno o del desarrollo económico y social de cada uno de los países. Consecuentemente, se han cuestionado los marcos teóricos y los modelos metodológicos para el diseño y la gestión de políticas públicas. Atento a ello, es necesario que redefinamos el rol del Estado en relación con dichos procesos, para salir de la pandemia y, sobre todo, para la pospandemia.
En Latinoamérica, la pandemia ha demostrado que excesos neoliberales son parte del problema y que el Estado populista no es parte de la solución. El neoliberalismo promueve un Estado ausente que ajusta sin eficiencia, mientras que el populismo propicia un Estado omnipresente que reparte sin eficacia. Ambos fracasaron. Desde una política humanista, hay que rescatar el rol del Estado como responsable principal de las políticas públicas. Para recuperar la confianza perdida por la ausencia o la omnipresencia estatal, tenemos que innovar su rol. Al respecto, me permito cuatro conjuntos de innovaciones.
1. Gobierno y administración
Es fundamental el cumplimiento de las funciones específicas del gobierno y de la administración del Estado, siempre al servicio de la sociedad y no de los gobernantes o administradores de turno. Un Estado responsable implica que los gobernantes decidan y que los administradores accionen en el marco de sus competencias legales. Hace falta un trabajo en equipo entre unos y otros, atentos a sus responsabilidades como servidores públicos. Hace falta que se consulten, para que las políticas públicas puedan lograr sus objetivos y resultados en términos de satisfacción social y aceptación ciudadana.
2. Gobernabilidad y gobernanza
Es primordial la gobernabilidad del gobierno y la gobernanza en el proceso de gobernar, sin apriorismos ideológicos. Un Estado responsable implica un gobierno representativo y rendidor de cuentas y, sobre esa base, un proceso de gobernar receptivo y legítimo. Hace falta que los representantes sean fieles a los representados, para que haya gobernabilidad, y que los gobernantes sean servidores de los gobernados, para que haya gobernanza. Hace falta que la gobernabilidad del gobierno sea la base de la gobernanza en el proceso de gobernar y que, por lo tanto, esta sea el punto de partida de aquella.
3. Integración y descentralización
Es indispensable que los Estados nacionales se integren y, asimismo, descentralicen sus competencias y recursos. Un Estado responsable implica que no se aíslen de la región del mundo a la que pertenecen por su geografía y su historia, por encima de los partidos o las ideologías. Hace falta que los gobiernos y las administraciones públicas no decidan ni accionen lejos de sus destinatarios. Hace falta que la integración no se detenga frente a los extremos del librecambismo ni del proteccionismo y que la descentralización supere los límites del ajuste y del derroche.
4. Subsidiariedad
Es imprescindible que el Estado intervenga cuando los actores sociales no puedan satisfacer sus necesidades y, en cambio, se abstenga cuando dichos actores pueden hacerlo, siempre para fortalecer y nunca para debilitar a la sociedad. Hace falta un Estado que decida y accione subsidiariamente, a favor de la participación de los actores privados y ciudadanos. Un Estado que no se desentienda de las necesidades sociales ni abandone a los ciudadanos en nombre de la iniciativa individual y, a la vez, no se adueñe de las necesidades sociales ni someta a los ciudadanos en nombre del destino colectivo.
Politólogo y jurista. Doctor en Derecho y Ciencias Sociales (UNC), en Gobierno y Administración Pública (UCM) y en Política y Gobierno (UCC). Presidente del Consejo para la Planificación Estratégica de Córdoba, Argentina.
A pesar de acuerdo internacionales, la pena de muerte existe en numerosos países. Un ejemplo dramático es Irán, donde además se aplica a menores. ¿Podrán las condenas internacionales cambiar esto?
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
En el tercer Examen Periódico Universal se reitera la preocupación sobre la aplicación regular de la pena de muerte por el aparato estatal, en especial, con personas menores de edad. El código penal islámico mantiene hasta el día de hoy la pena de muerte a partir de los 15 años, en el caso de los niños, y de los 9 años en el caso de las niñas. Esta situación se contrapone, de forma manifiesta, a lo dispuesto por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y a la Convención sobre los Derechos del Niño, ambos tratados de derechos humanos ratificados por Irán, el primero en 1975 y el último en 1994. Además, hay un patrón sistémico de presión mental y física que se aplica a los detenidos para obtener confesiones por la fuerza, incluso algunas se transmiten públicamente.
Según datos de Amnistía Internacional sobre las condenas de muerte yejecucionesen 2020, al menos 483 personas fueron ejecutadas, e Irán fue el país con el mayor número de muertes por ejecución en el mundo (al menos 246), excluyendo a China, del cual se desconoce la magnitud exacta del empleo de la pena de muerte. Si bien la suma es más baja en relación con años anteriores, es un patrón de acción del Estado que perdura desde hace mucho tiempo. Esto ha quedado plasmado en el tercer ciclo del último Examen Periódico Universal (EPU), que es llevado a cabo en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y al cual se sometió la República Islámica de Irán el pasado 8 de noviembre de 2019. En este examen, que tiene como objetivo medir la observancia y el respeto de los derechos humanos en los países que forman parte de la organización, se evidencian los patrones sistemáticos de violación de los derechos humanos del Estado iraní.
En el EPU se reitera la preocupación, ya expresada, sobre la aplicación regular de la pena de muerte por el aparato estatal, en especial, con personas menores de edad. El código penal islámico mantiene hasta el día de hoy la pena de muerte a partir de los 15 años, en el caso de los niños, y de los 9 años en el caso de las niñas. Esta situación se contrapone, de forma manifiesta, a lo dispuesto por el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y a la Convención sobre los Derechos del Niño, ambos tratados de derechos humanos ratificados por Irán, el primero en 1975 y el último en 1994. Además, hay un patrón sistémico de presión mental y física que se aplica a los detenidos para obtener confesiones por la fuerza, incluso algunas se transmiten públicamente.
Otra cuestión que ha sido destacada en el EPU es la relativa a la administración de justicia y el estado de Derecho. Se han observado numerosas violaciones de las garantías procesales y el derecho a un juicio imparcial, en particular, respecto de defensores de los derechos humanos, sindicalistas, periodistas, miembros de la oposición, extranjeros y personas con doble nacionalidad. Este patrón se caracteriza por llevar a cabo arrestos ilegales, aislamientos prolongados de los detenidos y la denegación del acceso a un abogado de su elección.
También figura en el examen una persistente discriminación de los miembros de las minorías religiosas, algunas ni siquiera reconocidas por el Estado como la minoría bahaí, y una censura generalizada de la información. Cualquier pieza de información es pasible de ser restringida sin justificación alguna. Hay partes del informe que también destacan la represión a organizaciones no gubernamentales que trabajan en el ámbito de los derechos humanos, como la Sociedad Estudiantil del Socorro de Iman Ali, y la persecución de los defensores de esos derechos.
Un caso que ha resonado en los últimos meses es el de Nazanin Zaghari-Ratcliffe, una trabajadora humanitaria, de nacionalidad británico-iraní, que ha sido acusada de actividades de propaganda contra la República Islámica. Fue detenida en 2016 en el aeropuerto de Teherán y luego de varios años en la cárcel fue liberada en 2020, con una tobillera electrónica. Sin embargo, a raíz de la situación producto de la pandemia del COVID-19, ha sido puesta en detención nuevamente.
El sistema político iraní combina elementos religiosos y democráticos. Es una herencia directa de la revolución islámica de 1979, que estableció la República Islámica de Irán luego de varios años de monarquía. Hay una evidente influencia del islam chiita, que profesa la mayoría de la población iraní, que permea a todo el sistema político. Por eso, la autoridad más importante dentro del territorio es el líder supremo, el cual es elegido por la Asamblea de Expertos para ocupar el cargo de por vida. Actualmente, la posición de líder supremo es ocupada por Ali Khamenei desde 1989, luego de que falleciera su predecesor Ruhollah Jomeini, primero en ocupar el cargo y figura clave en la Revolución.
Según el índice Freedom in the World, de Freedom House, la República Islámica de Irán es un país «no libre». Si bien se celebran elecciones de manera periódica, se puede observar un detrimento en los estándares democráticos necesarios para que las elecciones sean libres y limpias. Hay una manifiesta concentración del poder. Los cuerpos que componen las distintas instituciones no están sometidos a la voluntad popular y, por lo tanto, padecen la manipulación del Ejecutivo. Estas instituciones, como las fuerzas armadas o el Poder Judicial, juegan un rol importante en la supresión de las voces disidentes en el territorio y en la restricción de libertades fundamentales.
En el plenario del Consejo de Derechos Humanos, los países han hecho sus observaciones y recomendaciones a raíz de los resultados del EPU. En este diálogo interactivo entre los países, hubo también varios pronunciamientos de delegaciones latinoamericanas.
Argentina, Chile y Uruguay hicieron hincapié en la adopción de medidas para eliminar la pena de muerte de la legislación iraní, y que se establezcan moratorias sobre las ejecuciones de personas que ya estuvieran condenadas a muerte. Brasil también recomendó que se adopten medidas para abolir la ejecución de niños y conmutar las sentencias de muerte de todos los menores en el corredor de la muerte. Aparte de la pena de muerte, Argentina y Chile mencionaron también la preocupante situación de la libertad de expresión y pidieron que se garanticen este y otros derechos como el libre ejercicio del periodismo y la prensa.
Tampoco faltaron las observaciones de las delegaciones correspondientes a las democracias plenas, utilizando el término que acuña el Democracy Index de The Economist. Estados Unidos tuvo la oportunidad de reclamar la liberación de ciudadanos estadounidenses detenidos en el territorio, mientras pedía por un poder judicial iraní con más autonomía e independencia, en detrimento de los tribunales revolucionarios.
Canadá propuso que se eliminen las restricciones jurídicas y los obstáculos sociales a la participación de las mujeres en la gestión de los asuntos públicos, junto con aumentar el acceso a la educación y garantizar la no discriminación de las minorías étnicas y religiosas.
Además, Alemania, junto con otros países como Noruega, Suecia y Dinamarca, se inclinaron también por abolir la pena de muerte y establecer una moratoria sobre los que ya fueron condenados, y pidieron por la libertad de los medios de comunicación y la igualdad de condiciones entre hombres y mujeres.
Para concluir, vale decir que la República Islámica de Irán aún no se ha tomado seriamente cualquiera de las recomendaciones que los demás países le hicieron e implementado alguna medida para ponerlas en práctica. Según Human Rights Watch, el presidente Hassan Rouhaní y su administración han mostrado poca cooperación e intención para confrontar las severas violaciones a los derechos humanos perpetradas por las agencias de seguridad iraníes, mientras las autoridades continúan dando luz verde a estos abusos.
Cuando las hipótesis sobre una recuperación económica volvían al ruedo y la esperanza en la vacuna encendía expectativas, la información sugiere, una vez más, que el optimismo debe revisarse fríamente.
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Las proyecciones de la OCDE apuntan que a los países emergentes les tomará entre uno y cuatro años recuperar el PIB per cápita que tenían en la prepandemia. El camino será más largo de lo esperado.
Al pensar la recuperación, a menudo solo se pone el foco en la economía, como si fuera el único ámbito donde la pandemia hubiera impactado. ¿Pero cuál ha sido el impacto social y político de la pandemia en América Latina? ¿Cómo queda el vínculo entre la sociedad y la política luego de esta crisis?
La crisis del covid-19 llegó en el momento en que se estaba gestando la tormenta perfecta, con tres corrientes de descontento en alza: malestar social, desafección política y pesimismo económico.
El malestar social se explica por un deterioro estructural en las condiciones materiales de existencia. A finales del 2010, América Latina cerraba una década en la que se redujo sustancialmente la cantidad de personas que vivían en pobreza (del 43,9 % al 31,7 %). Diez años más tarde no hubo avances sino retrocesos. Durante el 2020, más de 20 millones de personas vieron empeorar críticamente su situación social. Para encontrar un índice de pobreza igual al actual (33,7 %) hay que irse 12 años atrás.
América Latina (18 países). Personas en situación de pobreza y pobreza extrema, 1990-2020
Fuente: CEPAL.
A los crecientes niveles de pobreza hay que sumarles mayor desigualdad. Lo que abruma es la permanente y creciente distancia entre los que más tienen y los que menos tienen. Los actuales niveles de pobreza extrema (12,5 %) son los mismos que hace 20 años atrás. El problema es que se acumulan años de marginalidad estructural y una baja expectativa colectiva de una mejora de la vida en sociedad.
De acuerdo con los últimos resultados publicados por la Encuesta Mundial de Valores, más del 80 % de los latinoamericanos consideran que la distribución del ingreso en su país es injusta y hay una creciente cantidad de personas que declaran que su ingreso no les alcanza para cubrir sus necesidades.
A la percepción de injusticia distributiva y la escasez económica, hay que agregarle la ausencia de un proyecto colectivo en común. América Latina acumula malestares; al social se le suma el político. ¿Dónde canalizar el descontento o esperar una salida, cuando más del 80 % tiene poca o nula confianza en los gobiernos, en los partidos o en el parlamento?
Aprobación media de los gobiernos, confianza en los gobiernos y en los partidos políticos
Fuente: Elaboración propia, basada en Latinobarómetro.
¿Dónde se expresan los reclamos cuando las instituciones públicas y los representantes no generan confianza? En la calle. La ruptura de la confianza entre los partidos y la sociedad llevó a que durante el ciclo 2015-2020 la región registrase un nuevo periodo de protestas sociales y polarización política. [1] Durante buena parte del año 2020 la pandemia impuso una pausa social y política, incluso cierto reverdecer de los gobiernos durante el primer semestre. La pausa trajo expectativas optimistas, y la vacuna, el avistaje de «luz al final del túnel». Meses después, la realidad se encarga de volver humoradas a los presagios optimistas.
Las movilizaciones y protestas sociales durante el 2021 volvieron a los niveles prepandemia. Que sea cada vez más frecuente que la sociedad salga a la calle no solo habla de un malestar social sino de la ausencia de un vehículo de expresión institucional. Estos reclamos no consiguen ser representados por el sistema de partidos existente ni por los liderazgos vigentes.
Un dato del último estudio de la Encuesta Mundial de Valores ilustra el punto. El 80 % de los latinoamericanos creen que su país es gobernado por unos cuantos grupos poderosos en su propio beneficio, número que aumentó un 20 % en comparación a la anterior medición. Mientras los gobiernos entienden a la política como el medio que usa una sociedad para conseguir sus fines, la sociedad ve a la política como el medio que usan los políticos para reproducir su propio orden.
En este contexto, hablar de la pospandemia es querer mirar adelante sin mirar el presente. Una esperanza vaga, algo ciega pero llena de sueños, se mantiene encendida en una región donde la realidad es un astringente de ilusiones. El optimismo que profesan algunos gobiernos debe ser procesado a través de la lente de sociedades con malestar creciente y expectativa menguante.
Nota:
[1] Según datos del Armed Conflict Location & Event Data Project (ACLED), en el último cuatrimestre de 2019, América Latina tuvo un pico de protestas y movilizaciones que se contabilizaron en 4694 eventos. La información puede consultarse en acleddata.com.
Politólogo. Consultor político. Director de Doserre y del Observatorio Pulsar de la Universidad de Buenos Aires. Coautor del manual de marketing y comunicación política «Acciones para una buena comunicación de campañas electorales» (KAS, 2013).
¿Cuáles son las diferencias entre la polarización afectiva y la polarización ideológica? ¿Cómo afecta la polarización afectiva a la participación electoral? ¿Cómo se relaciona con el auge de posiciones extremas?
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Polarización es una palabra de moda. Se habla mucho de ella. Se la culpa, por ejemplo, del deterioro del debate público y de la fuerza que han adquirido algunos planteamientos políticos extremos. Pero ¿la conocemos bien? ¿Sabías que hay, al menos, dos clases de polarización? Por un lado, tenemos la polarización ideológica: esa que se genera en torno al posicionamiento que los partidos políticos y la ciudadanía adoptan sobre los grandes temas de debate en la sociedad. Se trata de algo que, hasta un cierto punto, puede considerarse parte del debate democrático. Sin embargo, existe otro tipo de polarización. Se la denomina polarización afectiva. Esta no se basa en posiciones políticas, sino en identidades. Se rige por la lógica de la pertenencia y la exaltación del conflicto.
La polarización afectiva
Sabemos que en política el debate es muy importante. Sobre él se articula la competencia en los sistemas de partidos y facilita la decisión de los votantes entre las alternativas partidistas.
Ahora bien, en estos últimos años estamos asistiendo en muchas democracias a un conflicto basado fundamentalmente en identidades básicas que nos aleja de discusiones serenas sobre políticas públicas, soluciones y propuestas concretas, así como sobre sus logros y fracasos. Incluso, deja a un lado debates constructivos sobre aspectos ideológicos fundamentales.
Se trata, por tanto, de una polarización basada en visiones maniqueas y simplistas de los adversarios políticos (nosotros frente a ellos), a quienes se presenta y se perciben como enemigos a eliminar y a los que se les niega la legitimidad de su propia existencia.
Mariano Torcal es catedrático de Ciencia Política de la Universitat Pompeu Fabra en España y director del Research and Expertise Centre for Survey Methodology (RECSM). Desde hace tiempo estudia la polarización afectiva y sus consecuencias. Según su definición, polarización ideológica «es la que se genera en torno al posicionamiento que los ciudadanos adoptan sobre los grandes temas de debate en la sociedad». En cambio, la polarización afectiva es la que se genera en torno a grandes identidades. «Identidades que pueden existir en una sociedad y que se rigen por la lógica de la pertenencia y la exaltación del conflicto que generan», explica el politólogo, y concluye: «no se basan, por tanto, en principios ideológicos, sino en la lógica identitaria grupal: nosotros/ellos.»
¿Aumenta la movilización?
En caso de existir partidos políticos con un discurso identitario extremo, es posible que la polarización afectiva aliente la movilización. Sin embargo, Torcal advierte que también «pueden favorecer mecanismos de participación violenta y no legal. Todo depende de la existencia o no de una oferta partidista que recoja dicha propuesta identitaria y de conflicto».
Según lo expresado por Mariano Torcal, la trampa además estaría en que para evitar esa deriva deberían existir ofertas políticas menos convencionales y más rupturistas, más extremas, lo que termina produciendo una espiral muy peligrosa para la democracia. Avisaba de esto Toni Roldán, director del Centro de Política Económica de ESADE, en un artículo en el diario El País: «En la era de las redes sociales y con un Parlamento con más fuerzas políticas y más radicales en ambos lados del tablero, la competición por la atención se ha vuelto furibunda. Los partidos necesitan diferenciarse. Necesitan que se hable de ellos. Para lograrlo, la inercia es proponer cada vez más (malas) políticas polarizantes y menos (buenas) políticas complejas. En ese mundo, la mayoría siente cada vez más desinterés por la política. Y la democracia, poco a poco, se va deteriorando».
En ese mismo artículo pone un ejemplo muy explicativo: cuando Trump propone construir un muro de 20 metros «para que no vengan más inmigrantes mexicanos», no le preocupa solucionar el tema de la inmigración. Lo que quiere es definir el marco mental para que el debate se polarice en torno al tema que a él le conviene. Y para eso nada mejor que una propuesta simple, simbólica y divisiva.
El caso de Estados Unidos
Obviamente, bajo la presidencia de Trump, se reforzó la polarización afectiva en los Estados Unidos. Pero sería erróneo decir que la polarización afectiva nació con el polémico exocupante de la Casa Blanca. Ya en 2012, los investigadores Shanto Iyengar y Yphtach Lelkes explicaban que a los demócratas y a los republicanos no solo les desagrada cada vez más el partido contrario, sino que también imputan rasgos negativos a las bases del partido contrario.
Estos investigadores han demostrado que la polarización afectiva ha impregnado los juicios sobre las relaciones interpersonales, superando la polarización basada en otras divisiones sociales destacadas, y que los niveles de afecto partidista son significativamente más altos en Estados Unidos, en comparación con otros países como el Reino Unido.
En su investigación han probado que la exposición a las campañas políticas es un factor potencialmente contribuyente. Las pruebas son inequívocas, concluyen: en términos de afecto, los estadounidenses están polarizados según las líneas partidistas.
Para Iyengar y Lelke, el aumento del nivel de polarización afectiva plantea retos considerables al proceso democrático. El sesgo partidista en las percepciones de las condiciones económicas significa que los votantes no reconocerán a los dirigentes del partido contrario. Aun cuando la economía crezca bajo su gestión. Y a la vez, tampoco penalizarán a los responsables del partido al que apoyan, cuando sus resultados económicos no sean buenos.
Para estos expertos, una preocupación más seria es que aquellos que impugnan los motivos y el carácter de los oponentes políticos son menos propensos a tratar como legítimas las decisiones y políticas promulgadas cuando los oponentes controlan el gobierno. También pueden estar menos satisfechos con las instituciones que responden a la voluntad popular.
En los últimos años en Estados Unidos, los partidarios del bando perdedor han estado sustancialmente más insatisfechos. La insatisfacción con los resultados de las políticas y las instituciones democráticas puede escalar. Puede hasta convertirse en protestas masivas y, en algunos casos, en actos de violencia. Hay muchos ejemplos de ello.
El reemplazo del debate político
El panorama es preocupante. Encontramos ejemplos de ello en muchos países del mundo. Líderes políticos que explican las cosas de forma binaria. Entre correcto o incorrecto, entre el bien y el mal.
Lo pudimos ver, por ejemplo, en el caso de Brasil a través de la figura de su presidente Jair Bolsonaro. Tanto durante la campaña electoral como luego de esta, el líder brasileño no ha dudado en apelar a la polarización afectiva y ha generado un discurso abiertamente discriminador contra distintos grupos. Sus declaraciones abiertamente homofóbicas, racistas y misóginas son públicamente conocidas. El deterioro democrático es obvio. Cuando las posiciones políticas dejan de serlo y pasan a convertirse en mandatos morales, los que ganan son los dogmáticos.
Esta idea se desarrolla en Aliados estratégicos puestos a prueba,policy paper de Sebastian Grundberger, director del programa KAS Partidos. El autor habla de la problemática de la moralización de la política en detrimento de un debate político más racional, basado en análisis, datos y evaluación de escenarios. Este y otros policy papers del programa KAS Partidos están disponibles en la sección DP Enfoque del sitio web de Diálogo Político.
«Los partidos extremistas y radicales no surgen de la nada. Solo surgen si se produce el caldo de cultivo generado por el conflicto que se ha exacerbado en un principio», explica el catedrático de la UPF, Mariano Torcal.
Teniendo en cuenta que la polarización afectiva se sostiene sobre la base de las identidades básicas y favorece la aparición de opciones políticas extremas, cabe preguntarse si entonces no es posible apelar a las identidades en política sin favorecer el crecimiento de ambos fenómenos. Torcal es contundente: «Por definición, la apelación a identidades excluyentes siempre genera y favorece el conflicto ellos/nosotros».
¿Qué hacer frente a la polarización afectiva?
Los partidos políticos moderados deben trabajar para reducir el nivel de polarización afectiva. El problema es si en la situación actual, con la población ordenada cada vez más en torno a identidades, tienen incentivos para ello. En principio, un incentivo es la propia protección de la democracia. Y en ese marco es necesario aprender a valorar el pluralismo. Que haya gente que piensa distinto no solo es algo bueno sino necesario. El pluralismo es un valor en sí mismo, ya que fomenta el debate constructivo y otorga a distintas partes de la población la posibilidad de sentirse representada.
En esa batalla sería necesario contar con el concurso de los medios de comunicación, que en muchas ocasiones favorecen la polarización porque se nutren de ella. Según Torcal, «los medios favorecen porque reproducen y simplifican los términos de esos conflictos y los priman por su afán de fomentar el espectáculo y en detrimento de la información».
Las redes sociales también contribuyen al crecimiento de la polarización afectiva, sobre todo porque permiten el anonimato y las posiciones más radicales, pero también porque viralizan fake news y desinformación.
La política actual no necesita ni más polarización ni más tipos de polarización, ya que ello solo contribuye al deterioro democrático. No solo porque erosiona la legitimidad de los gobiernos, al existir un importante porcentaje de la población que no los acepta como propios, sino porque empeora la calidad de las políticas públicas. En este ambiente tóxico, muchos políticos tienen la tentación de tomar decisiones simples y simbólicas para los que consideran suyos. Buscando también generar el rechazo del contrario. La polarización afectiva alimenta las posiciones políticas extremas, y estas alimentan la polarización afectiva. No es sencillo detener esta peligrosa dinámica. Sobre todo, porque muchos políticos creen que no tienen incentivos para ello.
Es preciso apelar a la moderación de dirigentes y partidos políticos. Se hace necesario, si queremos proteger nuestra democracia. También necesitamos más sosiego y menos posiciones encontradas en medios de comunicación y redes sociales. Desgraciadamente, todo indica que tendremos que convivir mucho tiempo con la polarización afectiva. Y eso no es una buena noticia.
Doctor en Comunicación Política por la Freie Universität Berlin. Especialista en política alemana. Creador de «eleccionesenalemania.com», único blog de análisis político en español sobre Alemania. Conductor del pódcast «Bajo la Lupa».
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
¿Cómo está presente la diversidad de género en la construcción de la identidad latinoamericana? Hoy es un día para discutir esto, y Diálogo Político invita a leer la entrevista a Genaro Lozano (México) hecha por el Dr. Alexander Görlach para el e-book Diversamente occidentales.
Plataforma para el diálogo democrático entre los influenciadores políticos sobre América Latina. Ventana de difusión de la Fundación Konrad Adenauer en América Latina.
El poder blando de Biden, un reto para América Latina
Los esfuerzos del presidente estadounidense por reforzar la alianza transatlántica deberían alcanzar a nuestra región, muy seducida por China en tiempos de pandemia.
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Hace poco tiempo, el expresidente Barack Obama reconoció públicamente el influyente papel del entonces vicepresidente Joe Biden en la política exterior de su gobierno, particularmente en las definiciones de su administración sobre Afganistán. Su ventaja comparativa, la experiencia acumulada en asuntos de política exterior, su habilidad en ver las oportunidades de poder estadounidense «con los pies en la tierra», una actitud pragmática más que ideológica.
Y ese fue, precisamente, el talante de su gira europea la semana pasada, con el broche de oro de la primera cumbre que mantuvo con el presidente de Rusia, Vladimir Putin: encuadrar a la autocracia de Moscú y de Pekín como el problema global más importante para la democracia, teniendo muy presente que su primera salida como jefe de Estado era demostrar al mundo que Estados Unidos ha vuelto al escenario mundial.
Ha vuelto al camino de la cooperación multilateral para encauzar los problemas globales; a confiar en sus aliados naturales desde la Guerra Fría; y a liderar un bloque en defensa de los valores fundamentales de la democracia, ejes de una política internacional desde el fin de la Segunda Guerra Mundial que fueron desechadas por el expresidente republicano Donald Trump y perjudicaron al eje europeo.
Gestos del presidente
Los gestos del presidente demócrata son los de un líder que cree en el carácter excepcional de Estados Unidos —el credo republicano y en los valores como el de la libertad— y que rezuma optimismo con relación al papel que puede jugar la primera potencia del mundo en el escenario internacional.
Y una política exterior que, en su modo de ejercer el poder, se fortalece en las relaciones personales con los líderes de países aliados, algo inocultable en la interacción que tuvo con los jefes de Estado o de gobierno en las reuniones del G7 en Londres.
Es cierto que hubo diferencias entre el punto de vista más drástico de Biden en comparación a líderes europeos sobre el lenguaje a utilizar en los cuestionamientos a los dos gobiernos cesaristas, incluso sobre cuál de ellos debería ser una prioridad de choque.
Para varios miembros de la OTAN, Rusia es más urgente que China, por la vocación expansionista del Kremlin en territorio europeo, una amenaza directa y permanente en el problema de Ucrania, y que obliga a fijar la vista con anteojos prismáticos en Bulgaria, República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Rumania y Eslovaquia, inquietos por las presiones agresivas del gobierno ruso.
Pero en las reuniones no hubo fisuras en el tema de fondo que es el de fortalecer la alianza transatlántica para enfrentar los desafíos que representan China y Rusia para las democracias occidentales.
Las preguntas constantes de Biden en tiempos de Obama sobre Afganistán no por simples dejan de ser iluminadoras para entender el modo en que el experimentado político demócrata enfrenta las circunstancias del mundo. «¿Por qué, exactamente, es que estamos ahí? ¿De qué recursos podemos echar mano para lograr metas específicas?», le confiesa Obama al periodista Evan Osnos que escribió una reciente biografía sobre Biden.
Y eso es justamente lo que Biden analiza ante periodistas al final de su periplo europeo: «He hecho lo que he venido a hacer».
Sus objetivos cumplidos eran básicamente tres: fortalecer el instrumento del multilateralismo, lograr unificar a las principales democracias del mundo contra la influencia de las autocracias mencionadas, y advertirle civilizadamente en la cara a Putin que Estados Unidos no tolerará más actividades dañinas del Kremlin como los ciberataques de piratas informáticos que operan desde Moscú.
La imagen de Estados Unidos
El presidente Biden tiene toda la intención de mejorar la performance de Estados Unidos frente a China en la guerra de poder blando, un aspecto en el que Washington ha perdido batallas frente a Pekín, y en el que tiene mucho por hacer, particularmente en la olvidada América Latina.
El prestigio internacional de Estados Unidos mejoró con la llegada de Biden a la Casa Blanca, de acuerdo con un estudio de opinión pública de Pew Research Center en Canadá y 15 países de Europa, Asia y el Pacífico, incluyendo a sus principales aliados europeos, difundida el pasado 10 de junio,
En 12 países contemplados en una pregunta sobre si se tiene confianza en que Biden hará lo correcto en los asuntos mundiales, más de 6 de cada 10 encuestados respondieron afirmativamente, frente a un 17 % que obtuvo Trump el año pasado. Según Pew, 62 % de las personas interrogadas tienen una imagen favorable de Estados Unidos en 2021, contra solo 34 % al final del mandato aislacionista de Trump.
El presidente demócrata recibió vítores por reincorporar a su país a la Organización Mundial de la Salud (89 % de aprobación) y al Acuerdo de París contra el cambio climático (85 %).
Pero todavía tiene por delante el reto de mejorar la imagen mundial de Estados Unidos en torno a sus compromisos reales con una política exterior favorable a sus aliados y recuperar el terreno perdido en cuanto a la imagen de su democracia, todo ello a las puertas de un nuevo mundo signado por la rivalidad entre Estados Unidos y China.
Escenario mundial
En el escenario mundial, China ocupa un segundo lugar, a distancia de Estados Unidos, pero ello no afecta la dinámica de un sistema bipolar de dos titanes que pujan por el comercio, la tecnología y la influencia geopolítica. «Un sistema bipolar —afirma el pensador indoestadounidense Fareed Zakaria— se explica más por la distancia de las dos principales potencias con el resto».
Y el desafío de Estados Unidos hoy es complejo por el auge de China en el contexto de la pandemia de covid-19. Aunque la tragedia sanitaria se inició en Wuhan, ahora solo tenemos presente el éxito del gobierno de Xi Jinping en combatir al coronavirus a una velocidad sin precedente y su «amistosa mano extendida» a países en crisis por el coronavirus, como los de América Latina.
El poder real de Estados Unidos es innegable: la mayor economía del planeta, con el dólar como moneda de reserva mundial, las fuerzas armadas más imponentes y compañías tecnológicas a la vanguardia.
Pero como revelan las encuestas de Pew, se ha deteriorado su poder blando, un instrumento significativo también para la influencia de los países en el mundo globalizado, donde China está ganando protagonismo, a lo que se suma su fenomenal aporte a la economía mundial.
El creciente poder blando chino se refleja muy bien en su plan faraónico de una Nueva Ruta de la Seda, que alcanza a casi todos los continentes, con inversiones millonarias en infraestructura, que no solo tiene un objetivo económico-comercial, sino también de influjo diplomático.
Un poder blando de China que en tiempos de pandemia se traduce en una rápida y eficiente distribución de su vacuna Sinovac por el mundo, mucho antes que Estados Unidos, a quien, pese a que le sobran vacunas por doquier, reaccionó de manera tardía.
La actual Copa América, organizada en Brasil, es una potente puesta en escena de la jugada estratégica de China en nuestra región.
Las canchas de fútbol del campeonato regional se convirtieron en territorio chino con la publicidad estática de Sinovac, así como la firma tecnológica TCL estampada en las mangas de las camisetas de los árbitros. Hasta en la plataforma de la Copa América está presente Pekín con publicidad de la red social Kwai.
Por eso, el diario argentino La Nación interpretó que la «donación» de Sinovac de 50.000 vacunas a la Conmebol «poco tiene que ver con un simple un acto solidario».
El comercio bilateral entre China y los países latinoamericanos ascendió en 2020 a más de 300.000 millones de dólares, lo que supone un salto de 1,7 % del comercio de la región a 14,4 % en veinte años, según datos manejados por el economista chileno y exministro de Hacienda Felipe Larraín B. y Pepe Zhang, director asociado del Centro para América Latina Adrienne Arsht del Atlantic Council. Además, casi un 10 % de la inversión extranjera directa de los últimos años en América Latina provino de China.
La «colaboración» de Pekín es un alivio para una región que subestima las consecuencias que suponen depender de un gobierno autoritario que no tiene empacho en presionar a los países para que acepten sus ideas y acciones.
Reconociendo que los gobiernos latinoamericanos tienen que aprender a moverse en las aguas de la nueva bipolaridad, Estados Unidos debería ampliar su horizonte más allá de los aliados europeos, muy necesario, por cierto, pero insuficiente para las batallas contra las autocracias.
Antes de que sea tarde, el optimismo y proactividad de Biden tendría que incluir una vigorosa agenda de desarrollo en América Latina, tanto económica como institucional, para asegurar o robustecer la democracia, ante el avance pertinaz del dragón al que si algo lo caracteriza es la paciencia.
Miembro del Consejo de Redacción de Diálogo Político. Investigador y analista en el think tank CERES. Profesor de periodismo en la Universidad de Montevideo.
Albina Ruiz Ríos: una perspectiva actual sobre la identidad latinoamericana
La óptica de la reconocida ambientalista peruana Albina Ruiz Ríos, el proceso de identidad actual y sus vinculaciones históricas con Europa y Estados Unidos.
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
En esta entrevista a Albina Ruiz Ríos se abordan conceptos relacionados con la identidad latinoamericana, enmarcados en tópicos globales de índole política, ambiental y cultural. Muestra la óptica de la reconocida ambientalista, el proceso de identidad actual y sus vinculaciones históricas con Europa y Estados Unidos, las dinámicas sociales y políticas, los elementos identitarios frente a otras culturas y los desafíos ambientales de las comunidades autóctonas.
La historia de Latinoamérica se define desde un proceso de consolidación cultural, complementada por sus pueblos originarios, sus riquezas, su historia, su organización social, religión y lenguas. A partir de esta realidad, Latinoamérica conforma su identidad y sus sistemas de inclusión en las dinámicas de las grandes potencias y corrientes globales.
Albina Ruiz Ríos es peruana, ingenieraindustrial, docente, fundadora y presidenta de la ong Ciudad Saludable. Es consultora del Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, Corporación Andina de Fomento y Sociedad Alemana para la Cooperación Internacional (giz). Es miembro del Consejo Consultivo del Ministerio del Ambiente y viceministra de Gestión Ambiental del Ministerio del Ambiente del Perú. Asesora al despacho ministerial del Ministerio de Producción y al despacho viceministerial de Pesca y Acuicultura del Perú.
Albina Ruiz Ríos
Ha sido ganadora de una serie de premios y reconocimientos nacionales e internacionales, entre los que se destacan el de mejor ambientalista de Latinoamérica otorgado por la revista de negocios Bravo de Estados Unidos, el premio al proyecto más innovador en el mundo por el pnud y la municipalidad de Dubai, el premio Global Energy en la categoría Tierra otorgado por el Parlamento Europeo en Bruselas, el premio Leadership del Global Fairness Initiative, eua, y el premio Albert Medal otorgado por la Royal Society for the Encouragement of Arts de Inglaterra.
Frente a los diversos debates sobre el concepto de identidad, ¿qué significa para usted la identidad?
-Creo que es importante diferenciar que uno puede tener una identidad personal pero también una identidad cultural y, más allá, una identidad nacional o latinoamericana. En este caso, para mí, identidad es el sentido de pertenencia que uno tiene a su país, con base en nuestra propia historia, identificarnos con nuestra cultura, nuestras costumbres, nuestra gastronomía, nuestras características como seres emprendedores, innovadores, saber poner el hombro ante la adversidad, entre otras cualidades.
Por más de cuarenta años el término identidad ha sido un recurso ineludible en sociología. ¿Qué cree que ha cambiado en su conceptualización? ¿Por qué las personas expresan hoy el término identidad ya no solo como individuo, sino como grupo?
-Creo que siempre estuvo presente. Por ello los países tienen símbolos, banderas, himnos, que serían aspectos que nos llevan a construir una identidad, aunque más patriótica. Hoy en día ha ido cambiando hacia una identidad de los orígenes culturales, de nuestras raíces, de nuestros ancestros. Antes la gente tenía vergüenza de decir que venía del interior del país, de la sierra, de la selva o de una comunidad negra. Hoy los medios de comunicación han influido positivamente en valorar esos orígenes y se habla de la identidad asociada a una identidad cultural, que tiene que ver con nuestras danzas, nuestras comidas, nuestras celebraciones, entre otros. De allí que existan los clubes departamentales, las hermandades en torno a un santo, virgen o ser mítico, que sin lugar a duda también construye una identidad.
¿Cómo es el discurso sobre la identidad en su país?
-Hoy el discurso de identidad está más relacionado a la gastronomía. Hay muchos programas que valoran las costumbres de los pueblos. Hay una serie de acciones desde los propios gobiernos locales por rescatar las tradiciones como las danzas, la biodiversidad, las semillas y las comidas como ingredientes de una cultura y una gastronomía peruana que se diferencia del resto del mundo.
Una visión actual sobre Occidente desde la identidad latinoamericana
¿Cómo se percibe hoy a Estados Unidos y Europa, desde la identidad forjada en Latinoamérica a partir de sus propias raíces?
-Creo que, cada vez más, los países han ido trabajando y haciendo descubrimientos sobre las ruinas y el legado de los incas, así como de los nativos de cada lugar, permitiendo una valorización cultural recíproca. Pero también hay un sentimiento de descontento, de rabia hacia los conquistadores, o hacia las políticas económicas que vienen de organismos ligados a los Estados Unidos. Sin embargo, la tecnología ha hecho que ello se difumine en una aleación cultural global, sin perder la esencia, la historia de los propios pueblos. Además, América Latina ha ido generando también sus propias características, como emprendedores, como personas que disfrutan más de la vida, en donde la felicidad no está tan valorada en términos materiales y de dinero, sino en el disfrute de la familia, de la comida, de los bailes, etc.
América Latina ha ido generando también sus propias características, como emprendedores, como personas que disfrutan más de la vida, en donde la felicidad no está tan valorada en términos materiales y de dinero, sino en el disfrute de la familia, de la comida, de los bailes, etc.
En Europa se ha iniciado un proceso que analiza críticamente la época y las prácticas del colonialismo. ¿Cómo ven las personas en América Latina este período de su historia? ¿Hay un cambio de actitud hacia Occidente aquí?
-Va cambiando. Cuando estamos en la escuela o en el colegio, al leer la historia nos llenamos de rabia, de impotencia; luego lo vamos asimilando, buscando los beneficios de ese proceso. Lo más difícil de asimilar es la agresividad con la que quisieron eliminar las costumbres o culturas religiosas, la medicina alternativa y las lenguas nativas. En ese proceso, lamentablemente, la intervención de la religión con sus misioneros jugó un papel nefasto, incluso de maltrato con los niños y niñas que no se querían doblegar a hablar su idioma o cuando los retiraban de sus familias, rompiendo así la transferencia cultural inmediata en comida, canciones, idioma, vestimenta, etc. Por esto muchos jóvenes se apartan de la religión.
En América Latina se expresa una especie de amor por Europa, por el viejo mundo. Estados Unidos, aunque está mucho más cerca y es mucho más crucial para el desarrollo de América Latina, es visto de manera más crítica. Europa es amada, Estados Unidos aceptado. ¿Es esa su percepción también?
-Para la gran mayoría de jóvenes desempleados, o de muchas familias, su sueño dorado es USA, porque lo ven como el país de la oportunidad de trabajo y de mejorar. Aunque no siempre las condiciones de trabajo sean las más óptimas y no puedan ejercer la carrera que hayan estudiado, terminan quedándose; mientras que Europa se aprecia más para el viaje de vacaciones, para ir a estudiar, conocer aquello que se ha visto en los libros estudiando historia universal.
Para la gran mayoría de jóvenes desempleados, o de muchas familias, su sueño dorado es USA, porque lo ven como el país de la oportunidad de trabajo y de mejora […]; mientras que Europa se aprecia más para el viaje de vacaciones, para ir a estudiar, conocer aquello que se ha visto en los libros estudiando historia universal.
Latinoamérica: identidad y democracia
¿La democracia como parte de las categorías identitarias de la organización política latinoamericana se ha visto amenazada frente a la desigualdad?
-Latinoamérica ha pasado a lo largo de su vida histórica por varios golpes militares, con la ruptura de la democracia, con el alto costo de muchas vidas de sus ciudadanos, también por procesos de terrorismo. Es importante ver que la gran mayoría se identifica con procesos democráticos, con rechazo a la violencia y a la corrupción, una de las mayores problemáticas de los últimos tiempos en toda Latinoamérica. Y esos aspectos felizmente no son recogidos en la identidad nacional, que está más asociada a los rasgos o aspectos positivos de la democracia.
La identidad cultural china le ha permitido desarrollar un nacionalismo exacerbado, fundamentado en el Estado hegemónico que se caracteriza por impulsar la entidad étnica como defensa al autoritarismo en países del mundo libre. ¿Este desarrollo también existe en América Latina? ¿Qué opina al respecto?
-El autoritarismo ha estado presente; esperamos que no vuelva más. No creo que el autoritarismo genere identidad. La identidad es sentimiento, apego; es orgullo y es un concepto que puede desenvolverse en países democráticos.
El conflicto que existe hoy con Estados Unidos me parece que se basa en imágenes históricas de enemigos. Por un lado, el protestante británico; por otro, el católico español. ¿Es esa la razón por la que Donald Trump hablaba frente a sus partidarios de la infiltración extranjera de latinoamericanos?
-La verdad es que nada que se construya atacando a otros puede generar empatía. La única manera de construir sociedades más justas e igualitarias es con el respeto al otro a sus creencias, a su identidad, a sus costumbres, siempre y cuando este no afecte los derechos a la libertad y a un ambiente saludable para todos.
Pachamama, médula de la identidad
América Latina está experimentando una grave sobreexplotación de la naturaleza. ¿Pueden las fuentes de los pueblos indígenas provocar aquí un cambio de tendencia?
-Los pueblos indígenas están cada vez más organizados para proteger a la naturaleza y cuentan con mayor participación ante el Estado y la comunidad extranjera, generando convenios internacionales que permiten proteger tanto a los pueblos indígenas como a sus tierras, resguardando sus recursos naturales, su lengua, sus servicios básicos, y rechazando las intervenciones que se hacen sin respetar sus costumbres y cultura, dado que pueden destruir no solo equilibrio de la naturaleza sino también las costumbres ancestrales de los pueblos originarios.
Por último, ¿cómo debería plantearse la discursiva identitaria de su país en todo el continente?
-Me gustaría que fuera respetando todas las lenguas, las culturas y, sobre todo, valorando los saberes ancestrales sin dejar de lado los avances tecnológicos. Pero nuestra fortaleza y orgullo está en revalorar nuestra cultura, nuestra biodiversidad, nuestro patrimonio cultural y ambiental. Nuestra identidad también está ligada a las características de sus ciudadanos como somos en América Latina: emprendedores, solidarios, innovadores, creativos.
Podemos decir que en Latinoamérica persiste un proceso de culturización que se confronta y complementa, donde confluyen concepciones, razas, lenguas, historias, mitologías y creencias que construyen en sí misma a esta identidad, tan diversa y particular, creada desde una mirada colectiva del nosotros, que participa, busca y da, al mismo tiempo que confronta al pasado y al futuro, en un proceso tan dinámico y contradictorio como lo es su relación en torno a la idílica Europa y su rechazo a la colonia.
Es una construcción de identidad que refleja esas nuevas resistencias y afinidades, así como nuevas sumisiones y rechazos a cambios culturales, ambientales, tecnológicos, políticos y económicos en los que Latinoamérica continúa el diálogo pluricultural promoviendo nuevos modelos de identidades que avanzan al unísono en los contextos globales y progresan en la inclusión de los sistemas de las grandes potencias.
Miembro principal del Consejo Carnegie para la Ética en Asuntos Internacionales y del Centro de Investigación en Artes, Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Cambridge. Doctor en Lingüística y Religión Comparada. Es colaborador de opinión en el «New York Times» y «Neue Zürcher Zeitung».
Son pocos los políticos que han llegado a Twitch. Un terreno inexplorado para muchos. Sin embargo, para llegar a los jóvenes puede convertirse en la clave.
Artículo original en español. Traducción realizada por inteligencia artificial.
Son pocos los políticos que han llegado a Twitch. Un terreno inexplorado para muchos. Sin embargo, para llegar a los jóvenes puede convertirse en la clave.
Son pocos los políticos que han llegado a Twitch. Un terreno inexplorado para muchos. Sin embargo, para llegar a los jóvenes puede convertirse en la clave. ¿Por qué tiene tanto éxito, qué le diferencia de otros canales de vídeos como Youtube, y de qué manera está entrando la política? son algunas preguntas que hoy ponemos Bajo la Lupa.
Especialista invitada:
Teresa Ciges, doctoranda en comunicación política en la Universitat de Barcelona, consultora en comunicación estratégica y colaboradora en los diarios À Punt y La Vanguardia.
Bajo la Lupa es un podcast de Diálogo político. Un proyecto de la Fundación Konrad Adenauer.
Plataforma para el diálogo democrático entre los influenciadores políticos sobre América Latina. Ventana de difusión de la Fundación Konrad Adenauer en América Latina.