En el marco del cincuentenario de la muerte de Francisco Franco, el historiador español Julián Casanova publicó este año Franco. La obra no busca reabrir trincheras ideológicas, sino que ofrece una lectura documentada, desapasionada y rigurosa sobre uno de los personajes más decisivos —y polémicos— del siglo XX hispánico.
Para América Latina, donde la democracia ha oscilado tantas veces entre promesas de libertad y tentaciones autoritarias, este libro funciona como un recordatorio oportuno: la historia no se repite, pero rima. Y entender a Franco es una forma de entender mejor las derivas autoritarias en nuestra propia región.

Un joven forjado en África
Casanova subraya con particular claridad un dato que suele perderse en los relatos escolares: Franco no se hizo en España, sino en África. Su participación en las campañas del norte de Marruecos, especialmente en la Guerra del Rif, moldeó no solo su estilo militar —disciplinado, jerárquico, obsesionado con el orden— sino su visión del mundo. Allí conoció la violencia colonial, la guerra dura, el mando sin democracia, y construyó una mentalidad que veía el conflicto no como una anomalía sino como un instrumento legítimo para imponer orden.
Ese Franco “africanista” explica después su actuar en la Guerra Civil: la dureza, la disciplina absoluta, la falta de límites en el uso de la fuerza. Casanova no hace juicios, pero la relación es evidente: África fue el laboratorio donde se formó un líder militar que después trasladaría sus métodos a la política española.

España antes de Franco
Otro aporte central del libro es desmontar la idea de que la Guerra Civil fue inevitable. España no era una prolongación de la Primera Guerra Mundial, ni vivía las tensiones ideológicas al estilo de la Europa de entreguerras. Su conflicto era, más bien, el resultado de una modernización incompleta, desigual y acelerada. De una República que buscó reformar demasiado rápido a una sociedad demasiado diversa. Y de élites que, a izquierda y derecha, no siempre creyeron que la democracia fuera la mejor vía para resolver las tensiones.
Casanova insiste en que, aunque existían fracturas profundas, España no estaba condenada al enfrentamiento total. Franco y los militares que se sublevaron no fueron producto mecánico de una fatalidad histórica. Tomaron decisiones concretas, con consecuencias concretas.
El franquismo como autoritarismo
A lo largo del libro, Casanova documenta con precisión el funcionamiento del régimen: su mezcla de autoritarismo burocrático, control militar, nacionalcatolicismo y censura sistemática. El franquismo no fue un régimen totalitario en el sentido clásico de los fascismos europeos, pero sí un autoritarismo férreo, enemigo de las libertades básicas y sostenido en una mezcla de represión, legitimidad militar y apoyo de ciertos sectores económicos y sociales.
Sin embargo, la reseña de Casanova no cae en maniqueísmos. Explica también cómo el régimen fue mutando, cómo se abrió de manera pragmática al exterior en los años cincuenta, y cómo esa apertura económica convivió con un atraso político que se prolongó hasta la transición democrática.
Una biografía para pensar América Latina
Quizá el mayor mérito del libro —y la razón de su pertinencia para el público latinoamericano— es que muestra cómo figuras como Franco no surgen en un contexto vacío. Surgen cuando las instituciones se debilitan, cuando la polarización convierte al adversario en enemigo, cuando la política deja de ser un espacio de mediación y se transforma en una batalla existencial.
En sociedades como las nuestras, donde la tentación populista y autoritaria está siempre al acecho —venga envuelta en discursos de izquierda o de derecha—, la obra de Casanova recuerda algo fundamental: los liderazgos fuertes pueden ser necesarios en momentos de crisis. Pero cuando se vuelven incontestables, dejan de ser fuerza y se vuelven amenaza.
Memoria sin revancha, historia sin propaganda
Desde una posición de centroderecha democrática, la lectura del libro deja una enseñanza clara: no se trata de revivir viejos rencores, sino de aprender del pasado para evitar repetirlo. En tiempos de polarización, conviene mirar la historia con precisión y serenidad, sin caer en simplificaciones ni en nostalgias artificiales. El franquismo fue un régimen autoritario que trajo orden para algunos, pero al precio de la libertad de todos. Y la libertad, en cualquier tradición democrática —conservadora, liberal, socialcristiana o progresista—, es siempre un valor irrenunciable.
Ficha
Editorial: Crítica
ISBN: 978-84-9199-756-6
Nº de páginas: 543
Publicación: febrero, 2025

