Después de 25 años de arduas negociaciones, finalmente ha llegado el momento: el Comité de Representantes Permanentes de los Gobiernos de los Estados miembros ante la Unión Europea ha aprobado el acuerdo comercial con el Mercosur. El objetivo es crear una de las zonas de libre comercio más grandes del mundo, con más de 700 millones de habitantes. Este pacto entre la Unión Europea y los países del Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) es mucho más que un simple tratado comercial. Es una ganancia para todos los involucrados: económica, geopolítica y culturalmente.
En un acuerdo mixto como este existen diferentes vías de ratificación: la parte comercial puede ser aprobada a nivel de la UE y entra en vigor rápidamente, mientras que la parte política requiere también la aprobación de los parlamentos nacionales de los Estados miembros. Esta división ofrece la ventaja de que pronto se podrán aprovechar las oportunidades económicas inmediatas, mientras que las demás directrices comunes seguirán su camino a través de las instituciones democráticas.
Beneficios mutuos
Las economías del Mercosur y la UE se complementan perfectamente. Mientras las empresas europeas exportan principalmente maquinaria, automóviles y productos químicos a través del Atlántico, los países del Mercosur exportan principalmente materias primas a Europa. Hasta el último momento se discutieron las cuotas de exportación de carne vacuna, pero mucho más importante es el acceso de Europa a recursos críticos y energía de Sudamérica, mientras que el Mercosur espera un impulso de inversiones desde Europa.
Actualmente, el volumen anual de comercio supera los 100 mil millones de euros y sigue creciendo. Con la eliminación del 91% de los aranceles, los productos se comercializarán mucho más baratos. Esto traerá nuevas oportunidades de crecimiento para las empresas y más opciones a precios más bajos para los consumidores. La Comisión Europea estima que las exportaciones de la UE a los países del Mercosur podrían aumentar hasta un 39% (unos 49 mil millones de euros adicionales) gracias al acuerdo, un impulso enorme que asegurará y creará nuevos empleos. Al mismo tiempo, aumentan las oportunidades de exportación para los productos sudamericanos en Europa. A largo plazo, el comercio simplificado también reduce los costos de transacción y acerca más a las regiones económicas. En conjunto, el libre comercio entre la UE y el Mercosur genera ganancias de bienestar a ambos lados del Atlántico.
Reafirmar el multilateralismo
En un mundo lleno de incertidumbre y cambios geopolíticos, se necesitan socios confiables con intereses comunes. Europa y los países del Mercosur envían con este acuerdo una señal fuerte de apertura, multilateralismo y cooperación entre aliados. En tiempos de volatilidad global, dos regiones amigas se unen y apuestan por la cooperación en vez de la confrontación. Ambos socios comparten el interés de mantener el orden mundial liberal basado en un multilateralismo regulado. “Este acuerdo no es solo de naturaleza económica, sino que tiene una dimensión geopolítica”, destacó acertadamente en los años noventa el expresidente brasileño Fernando Henrique Cardoso.
Además, el acuerdo Mercosur fortalece la soberanía estratégica de Europa, forjando nuevas alianzas y reduciendo la dependencia de otras grandes potencias. Es una señal clara de que el libre comercio y los valores compartidos son mejores recetas para la prosperidad y la estabilidad que el aislamiento y el proteccionismo. No por casualidad, el acuerdo fue calificado por la parte europea como un “hito” en la política comercial, un paso importante para consolidar la posición de Europa en el comercio mundial.

Hito histórico
Que este pacto se haya concretado es especialmente notable dada su historia. La gestión del acuerdo llevó casi un cuarto de siglo. Hubo repetidos retrocesos y demoras, especialmente los largos procesos de coordinación interna en la UE resultaron ser un obstáculo. Hubo que conciliar intereses divergentes. Por ejemplo, las preocupaciones agrícolas y ambientalistas en Europa provocaron retrasos. Los mecanismos internos de coordinación de la UE a menudo resultaron engorrosos, lo que hizo que las negociaciones fueran lentas. Además de Francia, principalmente Polonia, Hungría, Austria, Bélgica e Irlanda se opusieron al acuerdo, mientras que España y Alemania fueron sus mayores defensores.
Para los socios latinoamericanos, esta incertidumbre no fue fácil. Las largas dudas de los europeos afectaron temporalmente la imagen de la UE en la región.
Con el avance en el acuerdo Mercosur, la UE demuestra a sus amigos latinoamericanos que, a pesar de los debates internos, es capaz de una línea estratégica común. Este acuerdo también genera confianza y eleva las relaciones entre Europa y Sudamérica a un nuevo nivel. Se puede calificar sin exagerar como un paso histórico, comparable a cómo generaciones anteriores forjaron grandes alianzas. Ahora surge un espacio económico transatlántico que crea nuevos hechos y apunta al futuro.
Trabajar en un futuro común
Pocas regiones del mundo están tan estrechamente vinculadas culturalmente como Europa y el área del Mercosur. Millones de personas en países como Argentina, Uruguay, Paraguay o Brasil tienen raíces europeas. A su vez, muchos europeos se sienten muy conectados con América Latina. Idioma, religión, arte y estilo de vida: en todos estos ámbitos hay un intercambio activo y una historia común. Estos lazos culturales generan comprensión y confianza a través de los océanos. Constituyen una base natural sobre la que puede construirse una cooperación más intensa.
El nuevo acuerdo no solo fortalecerá los flujos comerciales. A largo plazo también fomentará el intercambio humano y cultural. Cuando empresas, estudiantes, turistas y artistas de ambos continentes se encuentren más fácilmente, crecerá una comprensión mutua que va mucho más allá de cifras y contratos. Por eso es apropiado que este acuerdo comercial se haya firmado precisamente entre socios de valores como la UE y el Mercosur, y que se pueda trabajar en un futuro común.
Este artículo es una editorial del director de Diálogo Político, Henning Suhr.

